Periodismo judeoargentino con compromiso | Abordajes 7 NUEVA SION #979 Octubre/Noviembre 2014 
La banalidad infinita 
La reciente Guerra en Gaza abrió el dique, apenas contenido en los últimos años, del reclamo racista: lemas como 
"destruir a Israel", "Hamas, Hamas, judíos a la cámara de gas", evidenciaron la intensidad de la violencia xenófoba y 
racista que amenaza expandirse desde suburbios europeos. 
Pero también en cierta prensa latinoamericana repercuten los ecos de las consignas genocidas. Es ya de buen tono 
invertir los términos del conflicto: dibujar al islam radical, aquel que aboga abiertamente por borrar del mapa a Israel, 
como una variante anticapitalista y antiimperialista. Es ahora legítimo demonizar a Israel y aplaudir la agresión de la 
Yihad Islámica y el Hamas. Una marea de artículos y declaraciones inundó a los medios: curiosamente, los autores no 
se expidieron sobre las masacres del Isis en Irak, las matanzas y secuestros de Boko Haram, las persecuciones desata-das 
por Al Qaeda y las amenazas belicistas de la República Islámica del Irán. 
Por Moshé Rozén * 
Los cincuenta días del conflicto fueron, ciertamente, 
un período absolutamente atroz: los que vivimos en 
la frontera con Gaza supimos del desastre y el horror, 
de víctimas israelies y palestinas, civiles y soldados, 
niños y ancianos, muertos y heridos en esta luctusa 
contienda. Pero, más allá de nuestro dolor –individual 
y colectivo- no hay paralelo entre la dimensión de 
estas hostilidades con las decenas y centenares de 
miles de ciudadanos asesinados en Siria. Sin embar-go, 
Al Assad no gozó del generoso análisis periodísti-co 
deparado a Israel. 
El gatillo de Atilio 
En "Página 12" del 29 de julio último, Atilio Borón, 
bajo el título "La barbarie infinita" califica a Israel de 
genocida, sostiene que "las escuelas enseñan a los 
niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos" y 
compara "las monstruosidades perpetradas en contra 
de los palestinos en Gaza" con los horrores padecidos 
bajo el nazismo. Borón recuerda, entre otros, a 
Abraham, Moisés, Jesucristo, Maimónides, Spinoza y 
Freud como parte de la tradición humanista judía, trai-cionada 
por Israel. 
Este modelo de crítica es un calco de otras numerosas 
notas que se siguen publicando en diarios argentinos 
y latinoamericanos: combina un paralelo entre Israel 
y la Alemania nazi, una absoluta omisión de las cau-sas 
históricas, profundas, del conflicto mesooriental y 
del papel del islam radical y los intereses económicos 
que promueven el terror de Isis, Al Qaeda y Hamas. La 
alusión a las escuelas israelíes como propaladoras de 
mensajes genocidas carece de asidero pero sirve para 
obviar hechos que ni siquiera Hamas niega como el 
odio inculcado a los niños en sus programas de ense-ñanza 
básica. No es casual el olvido, en esos artícu-los, 
de los misiles disparados contra la zona en la que 
vivo: escuelas de Gaza fueron arsenales de guerra y 
plataformas de agresión contra nuestra zona. 
La reiterada mención del aporte de la civilización 
judía al acervo humanista universal opera como pan-talla 
protectora contra cualquier sospecha de antise-mitismo. 
La demonización de Israel 
El molde de pensamiento de amplios sectores de la 
izquierda radical europea respecto de Israel tiene 
múltiples fuentes de inspiración. 
La Yihad Islámica, Isis, Hamas, Al Qaeda, Hezbolla 
son percibidos en múltiples círculos de la esfera pro-gresista 
como baluartes de resistencia popular 
antiimperialista. El esquema de visualización de las 
guerras revolucionarias en el Lejano Oriente en el 
siglo pasado es transportado para definir los conflic-tos 
del Cercano Oriente de nuestros días. 
En Londres, Madrid y París, manifestantes de agrupa-ciones 
que sostienen móviles ideológicos del tronco 
marxista –laico y pacifista- levantaron banderas de 
un islam belicoso y fundamentalista. 
Los túneles construidos por Hamas para el ataque a 
poblaciones civiles israelíes son vistos, entonces, 
como copia del sistema subterráneo diseñado por el 
Vietcong para oponerse a la invasor estadounidense 
durante la Ofensiva del Tet de 1968. 
Pero la Guerra Santa del islam integrista no es here-dera 
de la consigna de Guevara ("crear dos, tres, 
muchos Vietnam"): la expansión islamista, el terror 
desplegado por Isis, las amenzas del Hamas y la 
Yihad de borrar del mapa a Israel son la antítesis de la 
idea socialista. 
Identificar a Israel con las políticas coloniales en la 
Indochina de los años sesenta o con las estrategias 
de la Alemania nazi es un absurdo que alimenta las 
ambiciones expansionistas de los focos militares islá-micos: 
Isis y Hamas, Hezbolla y Al Qaeda, no ocultan 
que su deseo de exterminio no se circunscribe al país 
de los judíos: es una guerra contra los herejes, paga-nos 
y renegados del mundo todo. 
* Miembro del Kibutz Nir Itzjak, Israel

4.10.14,Buenos Aires_ Nueva Sión, edición impresa

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    Periodismo judeoargentino concompromiso | Abordajes 7 NUEVA SION #979 Octubre/Noviembre 2014 La banalidad infinita La reciente Guerra en Gaza abrió el dique, apenas contenido en los últimos años, del reclamo racista: lemas como "destruir a Israel", "Hamas, Hamas, judíos a la cámara de gas", evidenciaron la intensidad de la violencia xenófoba y racista que amenaza expandirse desde suburbios europeos. Pero también en cierta prensa latinoamericana repercuten los ecos de las consignas genocidas. Es ya de buen tono invertir los términos del conflicto: dibujar al islam radical, aquel que aboga abiertamente por borrar del mapa a Israel, como una variante anticapitalista y antiimperialista. Es ahora legítimo demonizar a Israel y aplaudir la agresión de la Yihad Islámica y el Hamas. Una marea de artículos y declaraciones inundó a los medios: curiosamente, los autores no se expidieron sobre las masacres del Isis en Irak, las matanzas y secuestros de Boko Haram, las persecuciones desata-das por Al Qaeda y las amenazas belicistas de la República Islámica del Irán. Por Moshé Rozén * Los cincuenta días del conflicto fueron, ciertamente, un período absolutamente atroz: los que vivimos en la frontera con Gaza supimos del desastre y el horror, de víctimas israelies y palestinas, civiles y soldados, niños y ancianos, muertos y heridos en esta luctusa contienda. Pero, más allá de nuestro dolor –individual y colectivo- no hay paralelo entre la dimensión de estas hostilidades con las decenas y centenares de miles de ciudadanos asesinados en Siria. Sin embar-go, Al Assad no gozó del generoso análisis periodísti-co deparado a Israel. El gatillo de Atilio En "Página 12" del 29 de julio último, Atilio Borón, bajo el título "La barbarie infinita" califica a Israel de genocida, sostiene que "las escuelas enseñan a los niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos" y compara "las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza" con los horrores padecidos bajo el nazismo. Borón recuerda, entre otros, a Abraham, Moisés, Jesucristo, Maimónides, Spinoza y Freud como parte de la tradición humanista judía, trai-cionada por Israel. Este modelo de crítica es un calco de otras numerosas notas que se siguen publicando en diarios argentinos y latinoamericanos: combina un paralelo entre Israel y la Alemania nazi, una absoluta omisión de las cau-sas históricas, profundas, del conflicto mesooriental y del papel del islam radical y los intereses económicos que promueven el terror de Isis, Al Qaeda y Hamas. La alusión a las escuelas israelíes como propaladoras de mensajes genocidas carece de asidero pero sirve para obviar hechos que ni siquiera Hamas niega como el odio inculcado a los niños en sus programas de ense-ñanza básica. No es casual el olvido, en esos artícu-los, de los misiles disparados contra la zona en la que vivo: escuelas de Gaza fueron arsenales de guerra y plataformas de agresión contra nuestra zona. La reiterada mención del aporte de la civilización judía al acervo humanista universal opera como pan-talla protectora contra cualquier sospecha de antise-mitismo. La demonización de Israel El molde de pensamiento de amplios sectores de la izquierda radical europea respecto de Israel tiene múltiples fuentes de inspiración. La Yihad Islámica, Isis, Hamas, Al Qaeda, Hezbolla son percibidos en múltiples círculos de la esfera pro-gresista como baluartes de resistencia popular antiimperialista. El esquema de visualización de las guerras revolucionarias en el Lejano Oriente en el siglo pasado es transportado para definir los conflic-tos del Cercano Oriente de nuestros días. En Londres, Madrid y París, manifestantes de agrupa-ciones que sostienen móviles ideológicos del tronco marxista –laico y pacifista- levantaron banderas de un islam belicoso y fundamentalista. Los túneles construidos por Hamas para el ataque a poblaciones civiles israelíes son vistos, entonces, como copia del sistema subterráneo diseñado por el Vietcong para oponerse a la invasor estadounidense durante la Ofensiva del Tet de 1968. Pero la Guerra Santa del islam integrista no es here-dera de la consigna de Guevara ("crear dos, tres, muchos Vietnam"): la expansión islamista, el terror desplegado por Isis, las amenzas del Hamas y la Yihad de borrar del mapa a Israel son la antítesis de la idea socialista. Identificar a Israel con las políticas coloniales en la Indochina de los años sesenta o con las estrategias de la Alemania nazi es un absurdo que alimenta las ambiciones expansionistas de los focos militares islá-micos: Isis y Hamas, Hezbolla y Al Qaeda, no ocultan que su deseo de exterminio no se circunscribe al país de los judíos: es una guerra contra los herejes, paga-nos y renegados del mundo todo. * Miembro del Kibutz Nir Itzjak, Israel