El cuento trata sobre un príncipe malhumorado llamado Pedro que solo le gustaban los pepinos. Obligaba a su reino a comer pepinos también aunque a nadie más le gustaban, lo que causó hambre y enfermedades. El cocinero intentó servirle otros alimentos amargos y salados para que dejara los pepinos, pero tampoco le gustaron. Finalmente le dio dulces, que mejoraron su humor, y desde entonces solo comió dulces. La lección es no obligar a otros a ser como uno mismo.