El documento advierte que tanto judíos como gentiles están sujetos al juicio de Dios. Aquellos que juzgan a otros por sus pecados se condenan a sí mismos, ya que todos han pecado y caído cortos de la gloria de Dios. Dios es paciente para dar oportunidad al arrepentimiento, pero quienes permanecen endurecidos en su pecado atesoran ira para el día del juicio divino, cuando Dios pagará a cada uno conforme a sus obras.