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Culturas 11 · Edición Especial Argentina–España
Los géneros cinematográficos,
entre la historia de la sociedad
y la historia de un lenguaje
Ximena Triquell
Universidad Nacional de Córdoba – CONICET.
Palabras clave:
géneros cinematográficos,
cine y sociedad, Bajtin.
Artículos / Eje 3. Producciones cinematográficas contemporáneas:
características y estrategias narrativas
Resumen
El título de este trabajo remite a la frase de Mijail
­
Bajtin: «Los enunciados y sus tipos, es decir, los géneros
discursivos, son correas de transmisión entre la histo-
ria de la sociedad y la historia de la lengua» (Bajtin,
1952–1953:251). Resulta evidente que Bajtin en esta frase
se está refiriendo a géneros en un sentido muy diferente
que el que éste término adquiere en relación a la produc-
ción cinematográfica. No obstante, creemos que en ella
puede encontrarse una hipótesis interesante para abordar
la compleja relación entre el cine y la sociedad en que
éste es producido y consumido. En efecto, recordemos
que la preocupación fundamental de Bajtin está dada
por el estudio del «enunciado», esto es la lengua, no
como sistema abstracto sino en sus usos concretos. En
este marco, la noción de género sirve a este autor para
superar la distinción tajante entre sistema (lengua) y uso
individual (habla). Entre ambas, los géneros, en tanto
160 ·
«tipos relativamente fijos de enunciados», regulan nues-
tros intercambios lingüísticos, desde los más simples,
como el saludo (a los que llama géneros primarios) hasta
los más complejos como una novela (a los que llama
secundarios o ideológicos). De allí que Bajtin considere
que «el género es una entidad más sociohistórica que for-
mal» y que por lo tanto «las transformaciones del género
deben ser puestas en relación con los cambios sociales».
Para Todorov, la posición privilegiada del concepto de
género dentro del pensamiento bajtiniano se sostiene
precisamente en esta función mediadora entre «la his-
toria de la sociedad y la historia de la lengua» (Todorov,
1991:165–ss). En este trabajo nos interesa recuperar esta
noción para pensar los géneros cinematográficos como
mediadores entre las formas cinematográficas y la histo-
ria de la sociedad en las que éstas son producidas.
Abstract
Film Genres, between the History of Society
and the History of a Language
The title of this work refers to Mijail Bakhtin’s claim:
«Utterance and their types, that is, speech genres, are
the drive belts between the history of society and the
history of language» (Bakhtin, 1952–1953:251). It is clear
that in this sentence Bakhtin is referring to genres in
a very different sense than the one this term acquires
in relation to film production. However, we can find
there an interesting hypothesis to address the complex
relation between cinema and the society in which it is
produced and consumed.
Indeed, let us remember that Bakhtin´s main concern
is the study of «utterances», that is of langue, not as an
abstract system but in its specific uses. In this context,
the notion of gender allows Bakhtin to overcome the
distinction between system (langue) and single use
(speech). In between both of these concepts, genres,
Keywords:
cinematographic genres,
cinema & society, Bakhtin.
Los géneros cinematográficos. Triquell
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as «relatively stable types of utterances», regulate our lin-
guistic exchanges, from the simplest ones, like greetings
(which Bakhtin refers to as primary genres) to the most
complex ones such as novels (secondary or ideological
genres). Bakhtin considers that «gender is a social, rather
than formal, entity» and therefore «the transformations
of genre should be related to social changes». For Todo-
rov, the privileged position of the concept of genre in
Bakhtin’s line of thinking lies precisely in this mediating
function between «the history of society and the history
of language» (Todorov, 1991:165–ss).
In this work we intend to recover this notion of genre
to analyze film genres as mediators between cinemato-
graphic forms and the history of the society in which
they are produced.
recuperar estos catálogos es señalar cómo
las categorías genéricas han ido variando
a lo largo del tiempo, también podrían
utilizarse para testimoniar lo contrario,
esto es, cómo desde su origen, la indus-
tria del cine ha recurrido a etiquetas para
clasificar la oferta y la demanda bajo la
forma de géneros. De allí que Rick Alt-
man afirme que:
No podemos hablar de género si este no ha
sido definido por la industria y reconocido
por el público, puesto que los géneros cine-
matográficos, por esencia, no son categorías
de origen científico o el producto de una
construcción teórica: es la industria quien
los certifica y el público quien los compar-
te. (2000:37)
Los géneros cinematográficos
Stephen Neale, en su artículo «Questions
of genre» (1990), refiere, entre otros, al
catálogo publicado por la distribuidora
Biograph en 1902, recuperado por Keale
Niver en una edición facsimilar de 1971.
En este inventario temprano puede leerse
la siguiente clasificación de filmes para
la venta: Comedia, Vistas de deportes y
pasatiempos, Vistas militares, Vistas de
trenes, Vistas escénicas, Vistas de persona-
jes notables, Vistas Misceláneas, Películas
de trucos, Vistas marinas, Películas de
niños, Vistas de bomberos y patrulleros,
Vistas de las Exposiciones Panamericanas,
Vistas de Vaudeville y Películas de desfiles
(Niver, 1971, citado en Neale, 1990, mi
traducción). Si bien el interés de Neale al
162 ·
La temprana dependencia de la indus-
tria y su carácter de evidencia entre espec-
tadores y críticos lleva a David Bordwell
a ir aún más lejos y proponer que «la
mejor forma de identificar un género es
reconocer como lo hacen los cineastas y
el público (...) de forma intuitiva, un tipo
de película de otro» (Bordwell y Thomp-
son, 1995:82). Pero esta formulación, a la
vez que dictamina la esterilidad de toda
reflexión teórica sobre los géneros, ignora
las numerosas desavenencias que a menu-
do se dan entre los críticos y entre estos
y los espectadores a la hora de definir el
género de un filme.
A esto se agrega que, apenas se comien-
za a indagar en las categorías fijadas por
la industria, surgen nuevos problemas.
En primer lugar, los criterios que se
utilizan para definir a los géneros resul-
tan diferentes en cada caso. A modo de
ejemplo: para la definición del western se
recurre fundamentalmente a un criterio
espacio–temporal (el oeste americano
entre 1840 y 1900), para las películas de
gangsters se apela a un criterio actoral
(personajes protagónicos que responden
a este rol temático), la definición del mu-
sical descansa en una distinción formal
(la incorporación de escenas musicales
a la trama), los filmes de acción se defi-
nen por el dinamismo de su estructura
narrativa, las películas de horror o de
suspenso remiten explícitamente a cierta
reacción que se pretende obtener en la
audiencia, etc.
En segundo lugar, el afán de sistemati-
zación requerido por la necesidad de cla-
sificar la oferta en función de la demanda
(en las carteleras de cine o las etiquetas
en videoclubs, o incluso por parte de
la crítica no especializada) acentúa la
rigidez de las definiciones genéricas las
que aparecen entonces como entidades
fijas, ahistóricas, inalterables. Es evidente
que, así conceptualizadas, estas fórmulas
permiten definir un grupo sumamente
limitado de películas, compuesto sólo
por aquellas que se ajustan estrictamente
a tales reglas y que constituirían el núcleo
duro de los llamados «filmes de géneros».
A pesar de estos problemas y salvo
algunas excepciones, la teoría cinemato-
gráfica ha aceptado las clases heredadas
por la industria y se ha concentrando
en su análisis, ya sea del fenómeno en
general o de la consolidación y evolución
de algunos géneros en particular. En
principio, estas aproximaciones parecen
encuadrarse en dos líneas: La primera
maneja un concepto más cercano a lo
textual del «género cinematográfico»
como un set de convenciones (en temas,
acciones, personajes, escenarios, etc.) que
pueden estudiarse y abordarse con cierta
sistematicidad. La segunda pone el acen-
to sobre el contexto más que sobre los
textos fílmicos en sí, y desde allí propone
al género como el espacio de negociación
entre el sistema de producción y el públi-
co al que destina sus productos. En este
caso, ya no se trataría, o al menos no sólo,
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1 Podemos referir este planteo al realizado por Greimás y Courtés cuando contraponen el género como
una clase de discurso cuya distinción descansa sobre parámetros sociolectales —comparable a nuestra
segunda opción— y el género como un tipo de discurso reconocible a partir de propiedades formales
—nuestra primera definición—. Cfr.: «Con el término género designamos una clase de discurso, identifi-
cable merced a criterios de naturaleza sociolectal. Estos pueden provenir de una clasificación implícita
que descansa —en las sociedades de tradición oral— en una categorización particular del mundo, ya
de una «teoría de los géneros« que, para muchas sociedades, se presenta en forma de una taxonomía
explícita, de carácter no científico. Dicha teoría, que resulta de un relativismo cultural evidente y se
basa en postulados ideológicos implícitos, no tiene nada que ver con una tipología de los discursos que
trata de constituirse a partir del reconocimiento de sus propiedades formales específicas. El estudio
de la teoría de los géneros, característica de una cultura (o de un área cultural) dada, no tiene interés
sino en la medida en que permite poner en evidencia la axiología subyacente a la clasificación; se la
puede comparar a la descripción de otras etno– o sociotaxonomías». (Greimas y Courtés 1982: 197).
de ciertas características formales y por lo
tanto sistematizables de los filmes, sino de
ciertas funciones atribuidas socialmente a
un grupo de estos sobre bases intuitivas
como señala Bordwell.1
Entre ambas definiciones, nos inte-
resa proponer que la noción de género
cinematográfico funciona precisamente
en ese límite, como nexo que articula lo
textual —las características formales que
permitirían considerar una película en
relación con un género particular— con
lo social —las condiciones de producción
y recepción de un filme—, pero para
hacerlo es necesario revisar ambas pre-
suposiciones: los géneros no dependen
exclusivamente de características forma-
les pero tampoco es la industria la que
los establece —aunque sí sea a menudo
quien los nombre y se beneficie de su
potencialidad clasificatoria.
Finalmente, la relación de un texto
(en nuestro caso, un filme) y un género
particular no puede proponerse en térmi-
nos de mera inclusión o exclusión, como
suele ser abordado por la crítica no espe-
cializada, ya que la regla que fija el género
establece al mismo tiempo los principios
de su transgresión. Todorov, para quien
«los géneros [literarios] proceden, como
cualquier acto de lenguaje, de la codifica-
ción de propiedades discursivas» (1988:10)
refiere este principio a través de una cita
extraída de El libro por venir de Maurice
Blanchot:
Todo ocurriría, por tanto, como si en
la literatura novelesca, y quizás en toda
literatura, nunca pudiéramos reconocer
la regla nada más que por la excepción
que la deroga: la regla o más exactamen-
te el centro del cual la obra estable es la
afirmación inestable, la manifestación ya
destructora, la presencia momentánea y al
punto negativa. (El libro por venir, citado
en Todorov 1988:3)
164 ·
Esta imposibilidad de una fijación
permanente de los géneros es también
señalada por Jacques Derrida, quien pro-
pone por ello la relación entre un texto
y determinado género como «una suerte
de participación sin pertenencia» esto es,
un participar («tomar parte en») más que
un ser «parte de» (Derrida 1979:206). En
palabras de Derrida:
Ley del Género (…) es precisamente un
principio de contaminación, una ley de la
impureza, una economía parasitaria. En el
código de la teoría de conjuntos, si puedo
remitirme a ella al menos figurativamente,
se hablaría de una suerte de participación
sin pertenencia —un tomar «parte en»
sin ser «parte de», sin ser un miembro del
conjunto. (1979:206, mi traducción)
Esta última observación de Derrida,
formulada originalmente en relación a
los géneros literarios, resulta particular-
mente útil para el caso de los géneros
cinematográficos, dado que entre estos
se establecen permanentemente nuevos
cruces y combinaciones (subgéneros,
entregéneros o diagéneros).2
A modo de
ejemplo, películas como las que compo-
nen la saga de Las guerra de las galaxias
(George Lucas y otros) participan de los
géneros de la ciencia ficción y de fantasía,
esto es, poseen características atribuidas
a ambos, del mismo modo que Bailarina
en la oscuridad (Lars von Triers, 2000)
combina, de manera más dramática,
elementos reconocibles como pertene-
cientes a la comedia musical y al drama.
Lejos de constituir una excepción estos
cruces son habituales y sólo un excesivo
afán clasificatorio nos impide percibirlo.
Hablamos así de filmes que «parti-
cipan» de uno o varios géneros y no
que «pertenecen» a estos. Con este giro
pretendemos señalar que la atribución
de un filme a determinados géneros —o
más bien su participación en varios de
estos— es una operación compleja. No
obstante, no radica aquí nuestro principal
interés en el tema sino en explorar los
mecanismos por los cuáles los géneros se
constituyen como tales, esto es, la manera
en que un conjunto de operaciones tex-
tuales se estabilizan —al menos mínima-
mente— como para definir un espacio de
participación como es el de determinado
género y la relación que tales construc-
ciones guardan con el espacio social en
el que se originan.
Géneros discursivos
y géneros cinematográficos
Pensando en los usos del lenguaje, Med-
vedev y Bajtin enunciaban, en 1928, que
2 Jorge Marín propone hablar de diagénero para referirse a la unión de dos géneros predominantes
(mayores), los que pueden compartir aspectos básicos de uno y otro.
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el estudio de la literatura debía «partir
precisamente del género» esto es de las
formas «relativamente estables» de la len-
gua en su uso cotidiano y/o artístico. Esta
centralidad de la noción de «género» en
el pensamiento bajtiniano se enmarca en
su preocupación por el estudio del «enun-
ciado», esto es la lengua, no como siste-
ma abstracto —acusando a Saussure de
construir precisamente un «objetivismo
abstracto»—3
sino en sus usos concretos.
En el marco de una teoría del enunciado
como esta, la noción de género discursivo
le sirve a Bajtin para superar la distin-
ción tajante entre sistema (lengua) y uso
individual (habla): «Todo enunciado
particular es seguramente individual,
pero cada esfera de uso del lenguaje ela-
bora sus “tipos relativamente estables” de
enunciados, y es lo que llamamos géneros
discursivos» (Bajtin 1982:248).
A estos géneros de la lengua oral o
escrita, que encuentran su raíz en el uso
cotidiano de la lengua, Bajtin los de-
nomina «géneros primarios»: el saludo,
la invitación, la anécdota, la carta, son
todos géneros primarios que surgen en
distintas esferas de la actividad humana.
Sobre éstos se construyen los géneros
secundarios (entre ellos, los diferentes
géneros literarios). A diferencia de los
primeros, estos ya no dependen de la
situación concreta que da origen a los
anteriores sino que son reabsorbidos
en formas más complejas en el ámbito
artístico, periodístico, político, judicial,
etc. En esta formulación, la noción de
género no sólo refiere a una categoría
estética sino que da cuenta de diversas
formas de funcionamiento del lenguaje
en la esfera de lo social.
Las distintas esferas de la vida social
generan sus propios géneros discursivos.
Por este motivo, Todorov agrega, para-
fraseando a Bajtin, que «el género es una
entidad más sociohistórica que formal
y que las transformaciones del género
deben ser puestas en relación con los
cambios sociales»; es más, los géneros
constituyen esa instancia mediadora entre
«la historia de la sociedad y la historia de
la lengua» (1991:165–166).
¿No puede acaso decirse lo mismo
de los géneros cinematográficos? No
podemos acaso pensar que, en ciertos
momentos históricos, la aparición, recu-
peración o transformación de un género
cinematográfico se relaciona (en formas
y grados que quedarán por analizar) con
ciertas transformaciones sociales? En este
artículo quisiera proponer que, también
en el marco del lenguaje audiovisual, los
géneros median entre un sistema (un
lenguaje, con las diferencias que Metz ya
señalara respecto de la lengua4
) y los usos
individuales que cada filme hace de estos.
3 Ver Voloshinov: El marxismo y la filosofía del lenguaje, publicado originalmente en ruso en 1929.
4 Ver Metz: «El cine: lengua o lenguaje« publicado originalmente en Comunicaciones n° 4, 1964.
166 ·
Géneros audiovisuales
primarios y secundarios
Cuando en la década del sesenta Metz
se preguntaba si el cine constituía una
lengua o un lenguaje, el desarrollo del
medio audiovisual pasaba principalmente
por el cine: esto es por el uso artístico
del lenguaje audiovisual, y, en menor
medida, por la televisión.
Hoy se han multiplicado los medios de
producción y recepción de textos visuales
y audiovisuales; cámaras y pantallas se
ofrecen a una amplia mayoría de ciudada-
nos en los países occidentales, y es por eso
que —esta es nuestra hipótesis— recién
ahora es posible pensar verdaderamente
en «géneros discursivos» primarios en
el marco de los discursos audiovisuales.
Hoy efectivamente podemos reconocer
usos primarios del lenguaje audiovisual
que se aprenden en relación con la co-
tidianeidad: la filmación de la fiesta de
cumpleaños, el registro con el celular
ante un acontecimiento sorprendente
(fenómenos naturales, accidentes, en-
cuentros con celebridades), el «video»
de fin de curso, entre otras, son todas
formas establecidas de usos cotidianos
del lenguaje audiovisual.
En este sentido, podemos considerarlos
«géneros primarios» equiparables a los
usos cotidianos del lenguaje en las lenguas
naturales. Sobre éstos —y con recurso
a éstos— se construirán los géneros se-
cundarios, entre los cuales se encuentran
aquellos referidos al lenguaje cinemato-
gráfico, el de los filmes profesionales, ya
sean independientes o comerciales.
La distinción que estamos proponien-
do entre géneros primarios —surgidos
de la experiencia cotidiana con relación
a un lenguaje— y géneros secundarios
—propios de una dimensión artística
que implica una distancia y una rea-
propiación de los anteriores— puede
igualmente observarse en el lenguaje
fotográfico, en el marco del cual se dio de
manera temprana con la popularización
de las cámaras fotográficas portátiles: la
instantánea, la foto de cumpleaños, la
imagen turística, la foto escolar, cons-
tituyen géneros primarios del lenguaje
fotográfico. La reelaboración de estos con
fines artísticos, científicos o periodísticos,
da por resultado los géneros secundarios
(el retrato, el paisaje, la composición,
entre los primeros, la prueba científica, el
fotoperiodismo, entre los dos siguientes).
Esta reformulación del problema nos
permite alejarnos de los fundamentos
de la industria para pensar a los géneros
desde otra dimensión, ya no ligada a la
percepción del espectador o a los fines de
los productores sino al análisis de los tex-
tos y a las relaciones que estos establecen
con sus condiciones de producción y re-
cepción —que involucran a productores
y espectadores pero que evidentemente
los superan.
Un aspecto fundamental de la teoriza-
ción de Bajtin, recuperada por Todorov,
es, como mencionamos, que la historia
Los géneros cinematográficos. Triquell
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Culturas 11 · Edición Especial Argentina–España
de los géneros guarda relación con la
historia de la sociedad. Esto implica que
el surgimiento, permanencia, transfor-
mación o evolución de determinados
géneros secundarios está relacionado
con modificaciones en el espacio social.
Al respecto señala Todorov refiriéndose a
los géneros literarios:
A través de la institucionalización, los gé-
neros comunican con la sociedad en la que
están vigentes. (…) Como cualquier institu-
ción, los géneros evidencian los rasgos cons-
titutivos de la sociedad a la que pertenecen.
(…) una sociedad elige y codifica los actos
que corresponden más exactamente a su
ideología; por lo que tanto la existencia
de ciertos géneros en una sociedad, como
su ausencia en otra, son reveladoras de esa
ideología y nos permiten precisarla con
mayor o menor exactitud. No es una ca-
sualidad que la epopeya sea posible en una
época y la novela en otra, ni que el héroe
individual de esta se oponga al héroe colec-
tivo de aquélla: cada una de estas opciones
depende del marco ideológico en el seno
del cual se opera. (1987:8)
En el caso del lenguaje cinematográfico
es necesario agregar un elemento más:
por tratarse de un lenguaje complejo
los géneros secundarios en el marco de
lo audiovisual, no sólo se construyen
sobre los géneros primarios de su misma
materia —esto es, los textos audiovisuales
realizados en el marco de la vida coti-
diana que mencionamos arriba— sino
también sobre los de otros lenguajes,
entre ellos fundamentalmente, los de las
lenguas naturales. Dicho de otra manera:
los géneros cinematográficos reelaboran
ciertas formas del lenguaje audiovisual
provenientes de su uso primario —el
ejemplo más claro de esto es quizás el
foundfootage— pero también lo hacen
sobre los géneros discursivos primarios
de la lengua. Ciertas formas de saludar-
se, de hablar o escribir en el marco de
la cotidianeidad —actos que originan
géneros discursivos primarios— aparecen
«representados» en los filmes y les otorgan
a estos una marca de época.
Esta relación entre los géneros cine-
matográficos y los géneros discursivos
primarios puede percibirse con claridad
en la valoración que Pierre Sorlin hace del
filme Roma, ciudad abierta cuando afirma:
Sobre Roma, Città Aperta hay tres aspectos
diferentes. La historia, que es un vulgar
melodrama sin interés; en segundo lugar,
se trata de una película de propaganda, que
intenta demostrar que todos los italianos
lucharon en la Resistencia; y el tercer, y el
más interesante aspecto de esta película, es
que fue realizada dos meses después de la
liberación de Roma. En ese momento, la
gente todavía tenía las costumbres, la con-
ducta de antes: la manera de hacer cola ante
una tienda, ante una panadería, la manera
de asustarse de los ruidos. Así que basta
168 ·
observar a la gente en su conducta diaria,
para ver que puede dar una imagen real,
documental de Roma, del final de la ocu-
pación alemana. (Fijo y Gil Delgado, 2001)
En este caso, los dos primeros aspectos
que Sorlin señala refieren a los géneros de
los que el filme participa —el melodrama
y el filme de propaganda—. El tercero en
cambio, remite a los géneros primarios
audiovisuales —el registro documental—
y discursivo —aunque evidentemente
Sorlin no lo propone en estos términos—
que aparecen reelaborados en la película:
la conversación cotidiana en la cola de la
panadería o la manera de asustarse de la
gente en la calle.
Los géneros secundarios
en el lenguaje audiovisual
A partir del desarrollo anterior, debería
quedar claro que desde nuestra pers-
pectiva, los géneros cinematográficos
establecidos por la industria, a menudo
llamados temáticos o subgéneros —para
diferenciarlos de los tres grandes géneros
que refieren a la técnica: ficción, docu-
mental y animación—, constituyen géne-
ros secundarios. Al igual que los géneros
primarios, estos se hallan enraizados en el
espacio social que les da origen a través del
sistema de intercambio del que participan,
en este caso, la industria cinematográfica.
En el marco de este sistema, se trata de
ubicar productos —los filmes— de mane-
ra que resulten atractivos para un número
significativo —sino el mayor número
posible— de espectadores. En función
de este objetivo se recurre a temáticas,
formas narrativas, retóricas y visuales que,
al menos en principio, se presupone serán
aceptados por una audiencia amplia en
determinado estado de sociedad. De allí
que los filmes de género se encuentren
estrechamente ligados con el sistema
de estudios5
; pero también que sean un
medio privilegiado donde observar ciertas
tendencias hegemónicas en el marco de la
discursividad social (Angenot).
Evidentemente, no se trata de es-
tablecer una conexión lineal, sino de
proponer a los géneros temáticos y a sus
subgéneros, como formas que articulan
en determinado momento no sólo los
«deseos de las masas» como señalaba
Sigfried Kracauer en 1923 al analizar
el cine producido en la República de
Weimar, sino también sus certezas, sus
prejuicios, sus dudas, sus expectativas,
sus temores.… y esto en función de que,
como afirma Thomas Schatz, «los géneros
cinematográficos expresan la sensibilidad
5 Para Claudio España esta estrecha relación entre los géneros y el «sistema de estudios», que se ca-
racteriza por la producción en serie sobre normas ya probadas, se hace evidente en el hecho de que en
el momento de auge de esta industria cada estudio se ocupaba de un género: Universal hacía películas
de terror; la Metro, musicales; Warner, películas de gánsters (Cfr. España, 1995).
Los géneros cinematográficos. Triquell
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Culturas 11 · Edición Especial Argentina–España
social y estética no sólo de los cineastas
de Hollywood sino también del conjun-
to de espectadores» (1981:14). Nosotros
agregamos «a los que se espera convocar
en virtud de estas emociones».
Algunos ejemplos
En un artículo publicado en la revista
Comunicación y cultura en 1978, Ignacio
Ramonet6
establecía una serie de rela-
ciones entre los géneros producidos en
Hollywood y determinados momentos de
la historia de Estados Unidos. Más allá de
que el lenguaje utilizado en su análisis hoy
pueda resultarnos algo lejano, los ejemplos
que aborda y la fuerza de su análisis resul-
tan sumamente interesantes. En efecto, en
este texto propone, por ejemplo, que la
crisis del ‘29 guarda directa relación con la
película de gangsters o el «filme negro», en
el cual la sociedad norteamericana podía
verse retratada en sus aspectos más deca-
dentes de manera bastante literal, pero
también con el filme de terror, un género
que, según Ramonet, resulta:
más neurótico, concebido para dirigirse a
esos norteamericanos que, habiendo atra-
vesado con euforia los roaring twenties (los
desaforados años veinte), convencidos de
que nada podía frenar su irresistible pros-
peridad, fueron precipitados brutalmente a
las más terrible de las depresiones y vieron,
aterrorizados, que el pánico y el desorden se
instalaban en sus hogares. (1978:138)
Para el autor, estos filmes representan,
mejor que aquellos de contenido docu-
mental o social, el imaginario de la época:
Esas películas responden —«histerizándo-
los»— a los miedos de la época, constituyen
verdaderos ritos de «desposesión» en los que
los espectadores participan, para liberarse de
sus obsesiones cotidianas: trabajo, dinero,
subsistencia. De mercaderes de sueños, los
productores hollywoodenses se convierten
en mercaderes de pesadillas. (139)
La crisis del ‘29 no es la única que dará
lugar a nuevos géneros. De igual manera
la crisis de los setenta (que suma a la ines-
tabilidad económica, la derrota militar en
Vietnam y Camboya y los escándalos de
Watergate) dan lugar al género conocido
como cine catástrofe. Éste es el eje princi-
pal del artículo:
Natural, accidental o criminal, la catástrofe
permite reunir, tras un mismo objetivo,
6 Si bien Ramonet es más conocido por su actividad periodística como director del Le Monde Diploma-
tique, posición que ocupó entre 1990 y 2008, es también doctor en Semiología e Historia de la Cultura
por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y profesor de Teoría de la Comunicación
en la Universidad Denis Diderot (París VII). La Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional
de Rosario le han otorgado Doctorados Honoris Causa.
170 ·
la salvación, a personajes hasta entonces
dispersos en la ficción (…). El siniestro
provoca en todos los casos una especie de
estado de excepción que confiere todos los
poderes de la ciudad a las autoridades (po-
licía y/o ejército). Estos aparatos represivos
del Estado son presentados como el recurso
último, capaces de oponerse —gracias a su
organización y estadio técnico, pero tam-
bién a la audacia de sus miembros menos
disciplinados (cf.Terremoto, La aventura del
Poseidón)— a los peligros, a los desórdenes
y a la descomposición que amenazan a la
sociedad. Otra constante, corolario de la
precedente, es la «infantilización» de los
civiles, quienes son mantenidos siempre en
la ignorancia de las dimensiones reales de la
catástrofe, preservados de tomar cualquier
decisión (solamente los jefes —ingenieros,
arquitectos, promotores— intervienen de
manera determinante, pero, finalmente,
siempre son relevados por los aparatos
del Estado), distraídos por espectáculos
imbéciles (cf. Terror en el Británico) y es-
timulados a obedecer con disciplina a una
autoridad paternal y benévola que hace
cualquier cosa para protegerlos e, incluso,
se sacrifica por ellos si es necesario. (144)
Pero el cine estadounidense, a pesar de
ser una enorme máquina de producción
de filmes de géneros, no es el único que
encuentra en la pantalla un espacio don-
de «proyectar» los temores y angustias
de la sociedad en el marco de la cual se
produce y consume.
En relación al cine alemán de postgue-
rra, Robert y Carol Reimer sistematizan y
definen un sub género al que denominan
Naziretro. Con este término pretenden
reemplazar la noción de Vergangenheits-
bewältigung films utilizada para describir
de acuerdo a su traducción «películas para
elaborar/asumir el pasado» dado que para
ellos, esta expresión, de uso habitual en
alemán, sintetiza dos cuestiones diferen-
tes: por un lado, define a las películas
—en este caso, a través de su temática—,
pero a la vez señala una concepción con
respecto al medio —al que se le atribuye
la función de facilitar un proceso social
como el de «elaborar el pasado»—. Frente
a éste, el término Naziretro posee, para
los autores, la ventaja de definir al género
tanto en sus connotaciones positivas (el
interés por revisar el pasado y explicarlo)
como las negativas (la explotación co-
mercial y la trivialización del holocausto).
En esta misma línea, se enmarca el tra-
bajo de Jeanine Basinger sobre películas
de combate en la Segunda Guerra Mun-
dial (Basinger, 1986). En este, la autora
considera un corpus total de alrededor
de 200 filmes y, a partir de su análisis,
establece las características definitorias
del género que ella denomina «World
War 11 Combat Film», su desarrollo y las
modificaciones sufridas en el cruce con
otros géneros. La hipótesis de base de su
reflexión consiste en postular que la Se-
gunda Guerra Mundial dio lugar al sur-
gimiento de una estructura nueva, que no
Los géneros cinematográficos. Triquell
· 171
Culturas 11 · Edición Especial Argentina–España
existía anteriormente (aunque pudieran
existir algunos de sus elementos) y que es
reconocida como «Género de combate»
(combat genre) más allá de que la acción
se sitúe en la Segunda Guerra, en Corea
o en Vietnam.
En el caso del cine argentino también
es posible encontrar momentos históricos
en los cuáles se establecen, desarrollan o
transforman determinados géneros. Un
caso particular lo constituye el cine pro-
ducido en los años ochenta a partir del
retorno a la democracia. En este momen-
to surge una serie de filmes que tematizan
el período inmediatamente anterior y
que son reconocidas por la crítica como
«Nuevo Cine Argentino».7
El término
duró poco y no llegó a instalarse en el
tiempo, siendo reemplazado por «cine
de los ochenta» o «cine posdictadura».
Entre los filmes de esta serie el más
conocido es sin duda La historia oficial
(Puenzo, 1985) ya que, entre otros pre-
mios, se hizo acreedor de un Oscar, pero
la serie es extensa e incluye: Los chicos
de la guerra (Kamín, 1984); Cuarteles de
invierno (Murúa, 1984); Sentimientos...
Mirta de Liniers a Estambul (Coscia y
Saura, 1985); Contar hasta diez (Barney
Finn, 1985); Los días de Junio (Fischer-
man, 1985); El rigor del destino (Vallejo,
1985); El dueño del sol (Mórtola, 1986);
Made in Argentina (Jusid, 1986); A dos
aguas (Olguín, 1986); Sofía (Doria, 1987);
Los dueños del silencio (Lemos, 1987); La
deuda interna (Pereira, 1988).
En cuanto a los géneros, estos filmes
participan simultáneamente de ciertas
formas del cine testimonial y del melo-
drama.8
Entre las primeras, exponen una
voluntad referencial explícita que impli-
ca: una ubicación espacio–temporal pre-
cisa, la contextualización rigurosa en lo
referido a la puesta en escena, el recurso
a textos periodísticos o televisivos dentro
de los filmes como modo de anclaje. Pero
a la vez se recurre a mecanismos tendien-
tes a la movilización pasional del espec-
tador, propios del melodrama, como la
fuerte identificación con el protagonista,
el conflicto entre los valores morales de
este y la corrupción del medio, o la cons-
trucción de un mundo cerrado, centrado
en el ámbito familiar. Algunos filmes de
la serie participan también de otros géne-
ros: En retirada (Desanzo, 1984) lo hace
entre el testimonial y el suspenso o El
exilio de Gardel (Solanas, 1985) que agrega
a la voluntad testimonial, elementos de
la comedia musical.
Ahora bien, ¿por qué, con el retorno
de la democracia, tras siete años de
7 Ver por ejemplo la publicación del entonces Instituto Nacional de Cine (INC), hoy INCAA, titulada Primer
Catálogo del Nuevo Cine Argentino, 1987.
8 Por este motivo, en trabajos anteriores, me he referido a este género como documelodrama. (Ver
TRIQUELL, Ximena, 2000). Hoy esta denominación ya no me resulta convincente.
172 ·
dictadura cívico–militar se impone esta
forma para narrar lo sucedido? Sin dudas
las explicaciones son múltiples y en estas
escasas páginas sólo podemos hipotetizar
algunas, no por ello menos válidas.
Los primeros años de democracia se
caracterizaron por una serie de iniciativas
tendientes, primero, a dar a conocer y,
después, a juzgar, las acciones represivas
impuestas por el terrorismo de estado.
En esta línea se encuadra la creación de
la CONADEP, a días de asumir el nuevo
gobierno, y la consecuente publicación
del Nunca más; la conformación en 1984
del Equipo Argentino de Antropología
Forense; la derogación de la llamada ley
de autoamnistía; el Juicio a las Juntas
Militares (abril a diciembre de 1985). El
periodo concluye con la promulgación de
las leyes de Punto Final (diciembre 1986)
y Obediencia Debida (junio de 1987) —a
los que se agregarían los indultos en la dé-
cada del noventa— pero, en términos ge-
nerales, podemos decir que esta etapa se
caracteriza por la búsqueda de la verdad
y la condena al terrorismo de estado. En
este marco puede entenderse la voluntad
testimonial de los filmes mencionados.
Ahora bien, junto con las acciones
mencionadas arriba, se impone durante
el alfonsinismo, el marco explicativo que
se conoce como la Teoría de los dos demo-
nios. Según ésta, la sociedad argentina
se habría visto atrapada en medio de un
enfrentamiento entre dos «demonios» de
iguales características: el gobierno militar
y las organizaciones guerrilleras, ambos
con las mismas responsabilidades e igual-
mente ajenos a los intereses, disputas y
reclamos de ésta. En línea con esta inter-
pretación de los hechos, el decreto que
ordenaba llevar a juicio a los integrantes
de las Juntas Militares fue acompañado
por otro, sancionado el mismo día, que
ordenaba procesar a los principales di-
rigentes de las agrupaciones guerrilleras
ERP y Montoneros. El primer prólogo del
Nunca más expresa claramente esta teoría.
Basta citar algunos párrafos:
Durante la década del ‘70 la Argentina fue
convulsionada por un terror que provenía
tanto desde la extrema derecha como de
la extrema izquierda, fenómeno que ha
ocurrido en muchos otros países. (…)
a los delitos de los terroristas, las Fuerzas
Armadas respondieron con un terrorismo
infinitamente peor que el combatido, por-
que desde el 24 de marzo de 1976 contaron
con el poderío y la impunidad del Estado
absoluto, secuestrando, torturando y asesi-
nando a miles de seres humanos.
(…) Se nos ha acusado, en fin, de denunciar
sólo una parte de los hechos sangrientos
que sufrió nuestra nación en los últimos
tiempos, silenciando los que cometió el
terrorismo que precedió a marzo de 1976, y
hasta, de alguna manera, hacer de ellos una
tortuosa exaltación. Por el contrario, nues-
tra Comisión ha repudiado siempre aquel
terror, y lo repetimos una vez más en estas
Los géneros cinematográficos. Triquell
· 173
Culturas 11 · Edición Especial Argentina–España
mismas páginas. Nuestra misión no era la
de investigar sus crímenes sino estrictamen-
te la suerte corrida por los desaparecidos,
cualesquiera que fueran, proviniesen de uno
o de otro lado de la violencia. Los familiares
de las víctimas del terrorismo anterior no
lo hicieron, seguramente, porque ese terror
produjo muertes, no desaparecidos. Por
lo demás el pueblo argentino ha podido
escuchar y ver cantidad de programas
televisivos, y leer infinidad de artículos
en diarios y revistas, además de un libro
entero publicado por el gobierno militar,
que enumeraron, describieron y condena-
ron minuciosamente los hechos de aquel
terrorismo. (CONADEP, 1984)
En concordancia con esta teoría, hege-
mónica en la década de los ochenta, los
filmes que mencionamos arriba exponen,
junto a la voluntad testimonial, la necesi-
dad de cerrar el universo del filme sobre
sí mismo, de manera de efectivamente
producir en el espectador la idea de que
lo que se muestra en la pantalla ocurrió a
otros, sin que lo involucre desde posicio-
nes ideológicas o políticas. A estos fines
sirven las convenciones del melodrama.
Es la tensión entre ambos conjuntos
de marcas de género de las que participa
—convenciones provenientes del cine
testimonial y del melodrama— la que ha
suscitado la mayor crítica a este cine. A
modo de ejemplo, el cineasta y teórico del
cine, Raúl Beceyro señalaba en un texto
de 1994 reeditado en 2014:
Hay muchos ejemplos de películas que,
tomando temas globales como el problema
del Sida o la dictadura militar argentina
del 76 al 83, han utilizado procedimientos
similares. En Filadelfia, filme con el cual
La lista de Schindler tiene muchos puntos
comunes, también el Sida está «personaliza-
do» en el abogado que la empresa despidió
porque tiene Sida. En La historia oficial los
30 000 desaparecidos toman el camino de
los conflictos de una profesora de historia
de la escuela secundaria cuya hija adoptiva
es, al parecer, hija de una desaparecida. Esta
brutal «reducción» conduce a que, en esos
filmes, sus temas globales, tamizados por
la peripecia individual, sean prácticamente
evacuados de los filmes, en los hechos, es
decir en la propia película. (2012:20)
Pero no se trata de cuestionar a este
conjunto de filmes por carecer de la po-
liticidad que nos gustaría exigirle sino de
reconocer que el cruce de géneros de los
que participa, y en el que se define, tiene
que ver con las condiciones históricas de
su surgimiento.
A modo de conclusión
Los ejemplos que señalamos arriba dan
cuenta de la productividad de recuperar la
noción de género en la discusión respecto
a la relación entre el cine y la sociedad en
que este es producido y consumido. Esta
propuesta pretende así diferenciarse de
aquellos enfoques que abordan la relación
entre representación y hechos represen-
174 ·
tados en términos de reproducción, con
mayor o menor fidelidad, de una realidad
preexistente pero también del análisis
semiótico que aborda su construcción
discursiva. Para continuar con el ejemplo
anterior, en este trabajo podríamos haber
asumido el análisis de las representacio-
nes de la última dictadura cívico–militar
argentina expuestas en los filmes de la
serie y su comparación con otras que
aparecen en otros períodos,9
pero en este
caso optamos por encarar un problema
diferente como es la relación entre la
historia del lenguaje, en nuestro caso el
lenguaje cinematográfico, y la historia de
la sociedad, tal el título de nuestro texto.
Postular a los géneros como instancia
de articulación entre lo textual y lo social
permite superar la relación directa entre
ambas esferas y, consecuentemente, las
teorías que postulan una relación directa,
de reflejo o espejo entre ambas dimensio-
nes. En el medio, articulándolas encon-
tramos a los géneros cinematográficos, los
que, al igual que los géneros discursivos
constituyen verdaderas «correas de trans-
misión entre la historia de la sociedad y
la historia de un lenguaje».
El análisis que proponemos no bus-
ca explicar las películas a partir de su
adscripción a determinados géneros
cinematográficos sino analizar a partir
de estos últimos —de su conformación,
su permanencia o transformación—
cierta ideología instituida en el marco
de la discursividad social, la que puede
leerse en el uso específico que se hace del
lenguaje cinematográfico, en este caso,
ciertos códigos estéticos pero también,
narrativos y retóricos que definen a los
géneros cinematográficos.
Como se desprende de lo anterior, del
mismo modo que las formas individuales
del uso de la lengua no son creación ex-
clusiva del sujeto hablante, tampoco las
formas cinematográficas son resultado de
opciones individuales de un realizador,
ni siquiera de un equipo. Y por más que
resulte difícil explicar los mecanismos a
partir de los cuales determinadas formas
cinematográficas surgen, se desarrollan,
desaparecen o son recuperadas en deter-
minados contextos históricos, esto no
impide observar tal relación ni ensayar
alguna respuesta. No es otra cosa lo que
hemos intentado en estas páginas.
9 Hemos abordado este tipo de análisis en otros trabajos, entre ellos la tesis citada anteriormente.
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Los géneros cinematográficos. Triquell

7004-Texto del artículo-20186-1-10-20171220.pdf

  • 1.
    · 159 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España Los géneros cinematográficos, entre la historia de la sociedad y la historia de un lenguaje Ximena Triquell Universidad Nacional de Córdoba – CONICET. Palabras clave: géneros cinematográficos, cine y sociedad, Bajtin. Artículos / Eje 3. Producciones cinematográficas contemporáneas: características y estrategias narrativas Resumen El título de este trabajo remite a la frase de Mijail ­ Bajtin: «Los enunciados y sus tipos, es decir, los géneros discursivos, son correas de transmisión entre la histo- ria de la sociedad y la historia de la lengua» (Bajtin, 1952–1953:251). Resulta evidente que Bajtin en esta frase se está refiriendo a géneros en un sentido muy diferente que el que éste término adquiere en relación a la produc- ción cinematográfica. No obstante, creemos que en ella puede encontrarse una hipótesis interesante para abordar la compleja relación entre el cine y la sociedad en que éste es producido y consumido. En efecto, recordemos que la preocupación fundamental de Bajtin está dada por el estudio del «enunciado», esto es la lengua, no como sistema abstracto sino en sus usos concretos. En este marco, la noción de género sirve a este autor para superar la distinción tajante entre sistema (lengua) y uso individual (habla). Entre ambas, los géneros, en tanto
  • 2.
    160 · «tipos relativamentefijos de enunciados», regulan nues- tros intercambios lingüísticos, desde los más simples, como el saludo (a los que llama géneros primarios) hasta los más complejos como una novela (a los que llama secundarios o ideológicos). De allí que Bajtin considere que «el género es una entidad más sociohistórica que for- mal» y que por lo tanto «las transformaciones del género deben ser puestas en relación con los cambios sociales». Para Todorov, la posición privilegiada del concepto de género dentro del pensamiento bajtiniano se sostiene precisamente en esta función mediadora entre «la his- toria de la sociedad y la historia de la lengua» (Todorov, 1991:165–ss). En este trabajo nos interesa recuperar esta noción para pensar los géneros cinematográficos como mediadores entre las formas cinematográficas y la histo- ria de la sociedad en las que éstas son producidas. Abstract Film Genres, between the History of Society and the History of a Language The title of this work refers to Mijail Bakhtin’s claim: «Utterance and their types, that is, speech genres, are the drive belts between the history of society and the history of language» (Bakhtin, 1952–1953:251). It is clear that in this sentence Bakhtin is referring to genres in a very different sense than the one this term acquires in relation to film production. However, we can find there an interesting hypothesis to address the complex relation between cinema and the society in which it is produced and consumed. Indeed, let us remember that Bakhtin´s main concern is the study of «utterances», that is of langue, not as an abstract system but in its specific uses. In this context, the notion of gender allows Bakhtin to overcome the distinction between system (langue) and single use (speech). In between both of these concepts, genres, Keywords: cinematographic genres, cinema & society, Bakhtin. Los géneros cinematográficos. Triquell
  • 3.
    · 161 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España as «relatively stable types of utterances», regulate our lin- guistic exchanges, from the simplest ones, like greetings (which Bakhtin refers to as primary genres) to the most complex ones such as novels (secondary or ideological genres). Bakhtin considers that «gender is a social, rather than formal, entity» and therefore «the transformations of genre should be related to social changes». For Todo- rov, the privileged position of the concept of genre in Bakhtin’s line of thinking lies precisely in this mediating function between «the history of society and the history of language» (Todorov, 1991:165–ss). In this work we intend to recover this notion of genre to analyze film genres as mediators between cinemato- graphic forms and the history of the society in which they are produced. recuperar estos catálogos es señalar cómo las categorías genéricas han ido variando a lo largo del tiempo, también podrían utilizarse para testimoniar lo contrario, esto es, cómo desde su origen, la indus- tria del cine ha recurrido a etiquetas para clasificar la oferta y la demanda bajo la forma de géneros. De allí que Rick Alt- man afirme que: No podemos hablar de género si este no ha sido definido por la industria y reconocido por el público, puesto que los géneros cine- matográficos, por esencia, no son categorías de origen científico o el producto de una construcción teórica: es la industria quien los certifica y el público quien los compar- te. (2000:37) Los géneros cinematográficos Stephen Neale, en su artículo «Questions of genre» (1990), refiere, entre otros, al catálogo publicado por la distribuidora Biograph en 1902, recuperado por Keale Niver en una edición facsimilar de 1971. En este inventario temprano puede leerse la siguiente clasificación de filmes para la venta: Comedia, Vistas de deportes y pasatiempos, Vistas militares, Vistas de trenes, Vistas escénicas, Vistas de persona- jes notables, Vistas Misceláneas, Películas de trucos, Vistas marinas, Películas de niños, Vistas de bomberos y patrulleros, Vistas de las Exposiciones Panamericanas, Vistas de Vaudeville y Películas de desfiles (Niver, 1971, citado en Neale, 1990, mi traducción). Si bien el interés de Neale al
  • 4.
    162 · La tempranadependencia de la indus- tria y su carácter de evidencia entre espec- tadores y críticos lleva a David Bordwell a ir aún más lejos y proponer que «la mejor forma de identificar un género es reconocer como lo hacen los cineastas y el público (...) de forma intuitiva, un tipo de película de otro» (Bordwell y Thomp- son, 1995:82). Pero esta formulación, a la vez que dictamina la esterilidad de toda reflexión teórica sobre los géneros, ignora las numerosas desavenencias que a menu- do se dan entre los críticos y entre estos y los espectadores a la hora de definir el género de un filme. A esto se agrega que, apenas se comien- za a indagar en las categorías fijadas por la industria, surgen nuevos problemas. En primer lugar, los criterios que se utilizan para definir a los géneros resul- tan diferentes en cada caso. A modo de ejemplo: para la definición del western se recurre fundamentalmente a un criterio espacio–temporal (el oeste americano entre 1840 y 1900), para las películas de gangsters se apela a un criterio actoral (personajes protagónicos que responden a este rol temático), la definición del mu- sical descansa en una distinción formal (la incorporación de escenas musicales a la trama), los filmes de acción se defi- nen por el dinamismo de su estructura narrativa, las películas de horror o de suspenso remiten explícitamente a cierta reacción que se pretende obtener en la audiencia, etc. En segundo lugar, el afán de sistemati- zación requerido por la necesidad de cla- sificar la oferta en función de la demanda (en las carteleras de cine o las etiquetas en videoclubs, o incluso por parte de la crítica no especializada) acentúa la rigidez de las definiciones genéricas las que aparecen entonces como entidades fijas, ahistóricas, inalterables. Es evidente que, así conceptualizadas, estas fórmulas permiten definir un grupo sumamente limitado de películas, compuesto sólo por aquellas que se ajustan estrictamente a tales reglas y que constituirían el núcleo duro de los llamados «filmes de géneros». A pesar de estos problemas y salvo algunas excepciones, la teoría cinemato- gráfica ha aceptado las clases heredadas por la industria y se ha concentrando en su análisis, ya sea del fenómeno en general o de la consolidación y evolución de algunos géneros en particular. En principio, estas aproximaciones parecen encuadrarse en dos líneas: La primera maneja un concepto más cercano a lo textual del «género cinematográfico» como un set de convenciones (en temas, acciones, personajes, escenarios, etc.) que pueden estudiarse y abordarse con cierta sistematicidad. La segunda pone el acen- to sobre el contexto más que sobre los textos fílmicos en sí, y desde allí propone al género como el espacio de negociación entre el sistema de producción y el públi- co al que destina sus productos. En este caso, ya no se trataría, o al menos no sólo, Los géneros cinematográficos. Triquell
  • 5.
    · 163 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España 1 Podemos referir este planteo al realizado por Greimás y Courtés cuando contraponen el género como una clase de discurso cuya distinción descansa sobre parámetros sociolectales —comparable a nuestra segunda opción— y el género como un tipo de discurso reconocible a partir de propiedades formales —nuestra primera definición—. Cfr.: «Con el término género designamos una clase de discurso, identifi- cable merced a criterios de naturaleza sociolectal. Estos pueden provenir de una clasificación implícita que descansa —en las sociedades de tradición oral— en una categorización particular del mundo, ya de una «teoría de los géneros« que, para muchas sociedades, se presenta en forma de una taxonomía explícita, de carácter no científico. Dicha teoría, que resulta de un relativismo cultural evidente y se basa en postulados ideológicos implícitos, no tiene nada que ver con una tipología de los discursos que trata de constituirse a partir del reconocimiento de sus propiedades formales específicas. El estudio de la teoría de los géneros, característica de una cultura (o de un área cultural) dada, no tiene interés sino en la medida en que permite poner en evidencia la axiología subyacente a la clasificación; se la puede comparar a la descripción de otras etno– o sociotaxonomías». (Greimas y Courtés 1982: 197). de ciertas características formales y por lo tanto sistematizables de los filmes, sino de ciertas funciones atribuidas socialmente a un grupo de estos sobre bases intuitivas como señala Bordwell.1 Entre ambas definiciones, nos inte- resa proponer que la noción de género cinematográfico funciona precisamente en ese límite, como nexo que articula lo textual —las características formales que permitirían considerar una película en relación con un género particular— con lo social —las condiciones de producción y recepción de un filme—, pero para hacerlo es necesario revisar ambas pre- suposiciones: los géneros no dependen exclusivamente de características forma- les pero tampoco es la industria la que los establece —aunque sí sea a menudo quien los nombre y se beneficie de su potencialidad clasificatoria. Finalmente, la relación de un texto (en nuestro caso, un filme) y un género particular no puede proponerse en térmi- nos de mera inclusión o exclusión, como suele ser abordado por la crítica no espe- cializada, ya que la regla que fija el género establece al mismo tiempo los principios de su transgresión. Todorov, para quien «los géneros [literarios] proceden, como cualquier acto de lenguaje, de la codifica- ción de propiedades discursivas» (1988:10) refiere este principio a través de una cita extraída de El libro por venir de Maurice Blanchot: Todo ocurriría, por tanto, como si en la literatura novelesca, y quizás en toda literatura, nunca pudiéramos reconocer la regla nada más que por la excepción que la deroga: la regla o más exactamen- te el centro del cual la obra estable es la afirmación inestable, la manifestación ya destructora, la presencia momentánea y al punto negativa. (El libro por venir, citado en Todorov 1988:3)
  • 6.
    164 · Esta imposibilidadde una fijación permanente de los géneros es también señalada por Jacques Derrida, quien pro- pone por ello la relación entre un texto y determinado género como «una suerte de participación sin pertenencia» esto es, un participar («tomar parte en») más que un ser «parte de» (Derrida 1979:206). En palabras de Derrida: Ley del Género (…) es precisamente un principio de contaminación, una ley de la impureza, una economía parasitaria. En el código de la teoría de conjuntos, si puedo remitirme a ella al menos figurativamente, se hablaría de una suerte de participación sin pertenencia —un tomar «parte en» sin ser «parte de», sin ser un miembro del conjunto. (1979:206, mi traducción) Esta última observación de Derrida, formulada originalmente en relación a los géneros literarios, resulta particular- mente útil para el caso de los géneros cinematográficos, dado que entre estos se establecen permanentemente nuevos cruces y combinaciones (subgéneros, entregéneros o diagéneros).2 A modo de ejemplo, películas como las que compo- nen la saga de Las guerra de las galaxias (George Lucas y otros) participan de los géneros de la ciencia ficción y de fantasía, esto es, poseen características atribuidas a ambos, del mismo modo que Bailarina en la oscuridad (Lars von Triers, 2000) combina, de manera más dramática, elementos reconocibles como pertene- cientes a la comedia musical y al drama. Lejos de constituir una excepción estos cruces son habituales y sólo un excesivo afán clasificatorio nos impide percibirlo. Hablamos así de filmes que «parti- cipan» de uno o varios géneros y no que «pertenecen» a estos. Con este giro pretendemos señalar que la atribución de un filme a determinados géneros —o más bien su participación en varios de estos— es una operación compleja. No obstante, no radica aquí nuestro principal interés en el tema sino en explorar los mecanismos por los cuáles los géneros se constituyen como tales, esto es, la manera en que un conjunto de operaciones tex- tuales se estabilizan —al menos mínima- mente— como para definir un espacio de participación como es el de determinado género y la relación que tales construc- ciones guardan con el espacio social en el que se originan. Géneros discursivos y géneros cinematográficos Pensando en los usos del lenguaje, Med- vedev y Bajtin enunciaban, en 1928, que 2 Jorge Marín propone hablar de diagénero para referirse a la unión de dos géneros predominantes (mayores), los que pueden compartir aspectos básicos de uno y otro. Los géneros cinematográficos. Triquell
  • 7.
    · 165 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España el estudio de la literatura debía «partir precisamente del género» esto es de las formas «relativamente estables» de la len- gua en su uso cotidiano y/o artístico. Esta centralidad de la noción de «género» en el pensamiento bajtiniano se enmarca en su preocupación por el estudio del «enun- ciado», esto es la lengua, no como siste- ma abstracto —acusando a Saussure de construir precisamente un «objetivismo abstracto»—3 sino en sus usos concretos. En el marco de una teoría del enunciado como esta, la noción de género discursivo le sirve a Bajtin para superar la distin- ción tajante entre sistema (lengua) y uso individual (habla): «Todo enunciado particular es seguramente individual, pero cada esfera de uso del lenguaje ela- bora sus “tipos relativamente estables” de enunciados, y es lo que llamamos géneros discursivos» (Bajtin 1982:248). A estos géneros de la lengua oral o escrita, que encuentran su raíz en el uso cotidiano de la lengua, Bajtin los de- nomina «géneros primarios»: el saludo, la invitación, la anécdota, la carta, son todos géneros primarios que surgen en distintas esferas de la actividad humana. Sobre éstos se construyen los géneros secundarios (entre ellos, los diferentes géneros literarios). A diferencia de los primeros, estos ya no dependen de la situación concreta que da origen a los anteriores sino que son reabsorbidos en formas más complejas en el ámbito artístico, periodístico, político, judicial, etc. En esta formulación, la noción de género no sólo refiere a una categoría estética sino que da cuenta de diversas formas de funcionamiento del lenguaje en la esfera de lo social. Las distintas esferas de la vida social generan sus propios géneros discursivos. Por este motivo, Todorov agrega, para- fraseando a Bajtin, que «el género es una entidad más sociohistórica que formal y que las transformaciones del género deben ser puestas en relación con los cambios sociales»; es más, los géneros constituyen esa instancia mediadora entre «la historia de la sociedad y la historia de la lengua» (1991:165–166). ¿No puede acaso decirse lo mismo de los géneros cinematográficos? No podemos acaso pensar que, en ciertos momentos históricos, la aparición, recu- peración o transformación de un género cinematográfico se relaciona (en formas y grados que quedarán por analizar) con ciertas transformaciones sociales? En este artículo quisiera proponer que, también en el marco del lenguaje audiovisual, los géneros median entre un sistema (un lenguaje, con las diferencias que Metz ya señalara respecto de la lengua4 ) y los usos individuales que cada filme hace de estos. 3 Ver Voloshinov: El marxismo y la filosofía del lenguaje, publicado originalmente en ruso en 1929. 4 Ver Metz: «El cine: lengua o lenguaje« publicado originalmente en Comunicaciones n° 4, 1964.
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    166 · Géneros audiovisuales primariosy secundarios Cuando en la década del sesenta Metz se preguntaba si el cine constituía una lengua o un lenguaje, el desarrollo del medio audiovisual pasaba principalmente por el cine: esto es por el uso artístico del lenguaje audiovisual, y, en menor medida, por la televisión. Hoy se han multiplicado los medios de producción y recepción de textos visuales y audiovisuales; cámaras y pantallas se ofrecen a una amplia mayoría de ciudada- nos en los países occidentales, y es por eso que —esta es nuestra hipótesis— recién ahora es posible pensar verdaderamente en «géneros discursivos» primarios en el marco de los discursos audiovisuales. Hoy efectivamente podemos reconocer usos primarios del lenguaje audiovisual que se aprenden en relación con la co- tidianeidad: la filmación de la fiesta de cumpleaños, el registro con el celular ante un acontecimiento sorprendente (fenómenos naturales, accidentes, en- cuentros con celebridades), el «video» de fin de curso, entre otras, son todas formas establecidas de usos cotidianos del lenguaje audiovisual. En este sentido, podemos considerarlos «géneros primarios» equiparables a los usos cotidianos del lenguaje en las lenguas naturales. Sobre éstos —y con recurso a éstos— se construirán los géneros se- cundarios, entre los cuales se encuentran aquellos referidos al lenguaje cinemato- gráfico, el de los filmes profesionales, ya sean independientes o comerciales. La distinción que estamos proponien- do entre géneros primarios —surgidos de la experiencia cotidiana con relación a un lenguaje— y géneros secundarios —propios de una dimensión artística que implica una distancia y una rea- propiación de los anteriores— puede igualmente observarse en el lenguaje fotográfico, en el marco del cual se dio de manera temprana con la popularización de las cámaras fotográficas portátiles: la instantánea, la foto de cumpleaños, la imagen turística, la foto escolar, cons- tituyen géneros primarios del lenguaje fotográfico. La reelaboración de estos con fines artísticos, científicos o periodísticos, da por resultado los géneros secundarios (el retrato, el paisaje, la composición, entre los primeros, la prueba científica, el fotoperiodismo, entre los dos siguientes). Esta reformulación del problema nos permite alejarnos de los fundamentos de la industria para pensar a los géneros desde otra dimensión, ya no ligada a la percepción del espectador o a los fines de los productores sino al análisis de los tex- tos y a las relaciones que estos establecen con sus condiciones de producción y re- cepción —que involucran a productores y espectadores pero que evidentemente los superan. Un aspecto fundamental de la teoriza- ción de Bajtin, recuperada por Todorov, es, como mencionamos, que la historia Los géneros cinematográficos. Triquell
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    · 167 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España de los géneros guarda relación con la historia de la sociedad. Esto implica que el surgimiento, permanencia, transfor- mación o evolución de determinados géneros secundarios está relacionado con modificaciones en el espacio social. Al respecto señala Todorov refiriéndose a los géneros literarios: A través de la institucionalización, los gé- neros comunican con la sociedad en la que están vigentes. (…) Como cualquier institu- ción, los géneros evidencian los rasgos cons- titutivos de la sociedad a la que pertenecen. (…) una sociedad elige y codifica los actos que corresponden más exactamente a su ideología; por lo que tanto la existencia de ciertos géneros en una sociedad, como su ausencia en otra, son reveladoras de esa ideología y nos permiten precisarla con mayor o menor exactitud. No es una ca- sualidad que la epopeya sea posible en una época y la novela en otra, ni que el héroe individual de esta se oponga al héroe colec- tivo de aquélla: cada una de estas opciones depende del marco ideológico en el seno del cual se opera. (1987:8) En el caso del lenguaje cinematográfico es necesario agregar un elemento más: por tratarse de un lenguaje complejo los géneros secundarios en el marco de lo audiovisual, no sólo se construyen sobre los géneros primarios de su misma materia —esto es, los textos audiovisuales realizados en el marco de la vida coti- diana que mencionamos arriba— sino también sobre los de otros lenguajes, entre ellos fundamentalmente, los de las lenguas naturales. Dicho de otra manera: los géneros cinematográficos reelaboran ciertas formas del lenguaje audiovisual provenientes de su uso primario —el ejemplo más claro de esto es quizás el foundfootage— pero también lo hacen sobre los géneros discursivos primarios de la lengua. Ciertas formas de saludar- se, de hablar o escribir en el marco de la cotidianeidad —actos que originan géneros discursivos primarios— aparecen «representados» en los filmes y les otorgan a estos una marca de época. Esta relación entre los géneros cine- matográficos y los géneros discursivos primarios puede percibirse con claridad en la valoración que Pierre Sorlin hace del filme Roma, ciudad abierta cuando afirma: Sobre Roma, Città Aperta hay tres aspectos diferentes. La historia, que es un vulgar melodrama sin interés; en segundo lugar, se trata de una película de propaganda, que intenta demostrar que todos los italianos lucharon en la Resistencia; y el tercer, y el más interesante aspecto de esta película, es que fue realizada dos meses después de la liberación de Roma. En ese momento, la gente todavía tenía las costumbres, la con- ducta de antes: la manera de hacer cola ante una tienda, ante una panadería, la manera de asustarse de los ruidos. Así que basta
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    168 · observar ala gente en su conducta diaria, para ver que puede dar una imagen real, documental de Roma, del final de la ocu- pación alemana. (Fijo y Gil Delgado, 2001) En este caso, los dos primeros aspectos que Sorlin señala refieren a los géneros de los que el filme participa —el melodrama y el filme de propaganda—. El tercero en cambio, remite a los géneros primarios audiovisuales —el registro documental— y discursivo —aunque evidentemente Sorlin no lo propone en estos términos— que aparecen reelaborados en la película: la conversación cotidiana en la cola de la panadería o la manera de asustarse de la gente en la calle. Los géneros secundarios en el lenguaje audiovisual A partir del desarrollo anterior, debería quedar claro que desde nuestra pers- pectiva, los géneros cinematográficos establecidos por la industria, a menudo llamados temáticos o subgéneros —para diferenciarlos de los tres grandes géneros que refieren a la técnica: ficción, docu- mental y animación—, constituyen géne- ros secundarios. Al igual que los géneros primarios, estos se hallan enraizados en el espacio social que les da origen a través del sistema de intercambio del que participan, en este caso, la industria cinematográfica. En el marco de este sistema, se trata de ubicar productos —los filmes— de mane- ra que resulten atractivos para un número significativo —sino el mayor número posible— de espectadores. En función de este objetivo se recurre a temáticas, formas narrativas, retóricas y visuales que, al menos en principio, se presupone serán aceptados por una audiencia amplia en determinado estado de sociedad. De allí que los filmes de género se encuentren estrechamente ligados con el sistema de estudios5 ; pero también que sean un medio privilegiado donde observar ciertas tendencias hegemónicas en el marco de la discursividad social (Angenot). Evidentemente, no se trata de es- tablecer una conexión lineal, sino de proponer a los géneros temáticos y a sus subgéneros, como formas que articulan en determinado momento no sólo los «deseos de las masas» como señalaba Sigfried Kracauer en 1923 al analizar el cine producido en la República de Weimar, sino también sus certezas, sus prejuicios, sus dudas, sus expectativas, sus temores.… y esto en función de que, como afirma Thomas Schatz, «los géneros cinematográficos expresan la sensibilidad 5 Para Claudio España esta estrecha relación entre los géneros y el «sistema de estudios», que se ca- racteriza por la producción en serie sobre normas ya probadas, se hace evidente en el hecho de que en el momento de auge de esta industria cada estudio se ocupaba de un género: Universal hacía películas de terror; la Metro, musicales; Warner, películas de gánsters (Cfr. España, 1995). Los géneros cinematográficos. Triquell
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    · 169 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España social y estética no sólo de los cineastas de Hollywood sino también del conjun- to de espectadores» (1981:14). Nosotros agregamos «a los que se espera convocar en virtud de estas emociones». Algunos ejemplos En un artículo publicado en la revista Comunicación y cultura en 1978, Ignacio Ramonet6 establecía una serie de rela- ciones entre los géneros producidos en Hollywood y determinados momentos de la historia de Estados Unidos. Más allá de que el lenguaje utilizado en su análisis hoy pueda resultarnos algo lejano, los ejemplos que aborda y la fuerza de su análisis resul- tan sumamente interesantes. En efecto, en este texto propone, por ejemplo, que la crisis del ‘29 guarda directa relación con la película de gangsters o el «filme negro», en el cual la sociedad norteamericana podía verse retratada en sus aspectos más deca- dentes de manera bastante literal, pero también con el filme de terror, un género que, según Ramonet, resulta: más neurótico, concebido para dirigirse a esos norteamericanos que, habiendo atra- vesado con euforia los roaring twenties (los desaforados años veinte), convencidos de que nada podía frenar su irresistible pros- peridad, fueron precipitados brutalmente a las más terrible de las depresiones y vieron, aterrorizados, que el pánico y el desorden se instalaban en sus hogares. (1978:138) Para el autor, estos filmes representan, mejor que aquellos de contenido docu- mental o social, el imaginario de la época: Esas películas responden —«histerizándo- los»— a los miedos de la época, constituyen verdaderos ritos de «desposesión» en los que los espectadores participan, para liberarse de sus obsesiones cotidianas: trabajo, dinero, subsistencia. De mercaderes de sueños, los productores hollywoodenses se convierten en mercaderes de pesadillas. (139) La crisis del ‘29 no es la única que dará lugar a nuevos géneros. De igual manera la crisis de los setenta (que suma a la ines- tabilidad económica, la derrota militar en Vietnam y Camboya y los escándalos de Watergate) dan lugar al género conocido como cine catástrofe. Éste es el eje princi- pal del artículo: Natural, accidental o criminal, la catástrofe permite reunir, tras un mismo objetivo, 6 Si bien Ramonet es más conocido por su actividad periodística como director del Le Monde Diploma- tique, posición que ocupó entre 1990 y 2008, es también doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y profesor de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis Diderot (París VII). La Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de Rosario le han otorgado Doctorados Honoris Causa.
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    170 · la salvación,a personajes hasta entonces dispersos en la ficción (…). El siniestro provoca en todos los casos una especie de estado de excepción que confiere todos los poderes de la ciudad a las autoridades (po- licía y/o ejército). Estos aparatos represivos del Estado son presentados como el recurso último, capaces de oponerse —gracias a su organización y estadio técnico, pero tam- bién a la audacia de sus miembros menos disciplinados (cf.Terremoto, La aventura del Poseidón)— a los peligros, a los desórdenes y a la descomposición que amenazan a la sociedad. Otra constante, corolario de la precedente, es la «infantilización» de los civiles, quienes son mantenidos siempre en la ignorancia de las dimensiones reales de la catástrofe, preservados de tomar cualquier decisión (solamente los jefes —ingenieros, arquitectos, promotores— intervienen de manera determinante, pero, finalmente, siempre son relevados por los aparatos del Estado), distraídos por espectáculos imbéciles (cf. Terror en el Británico) y es- timulados a obedecer con disciplina a una autoridad paternal y benévola que hace cualquier cosa para protegerlos e, incluso, se sacrifica por ellos si es necesario. (144) Pero el cine estadounidense, a pesar de ser una enorme máquina de producción de filmes de géneros, no es el único que encuentra en la pantalla un espacio don- de «proyectar» los temores y angustias de la sociedad en el marco de la cual se produce y consume. En relación al cine alemán de postgue- rra, Robert y Carol Reimer sistematizan y definen un sub género al que denominan Naziretro. Con este término pretenden reemplazar la noción de Vergangenheits- bewältigung films utilizada para describir de acuerdo a su traducción «películas para elaborar/asumir el pasado» dado que para ellos, esta expresión, de uso habitual en alemán, sintetiza dos cuestiones diferen- tes: por un lado, define a las películas —en este caso, a través de su temática—, pero a la vez señala una concepción con respecto al medio —al que se le atribuye la función de facilitar un proceso social como el de «elaborar el pasado»—. Frente a éste, el término Naziretro posee, para los autores, la ventaja de definir al género tanto en sus connotaciones positivas (el interés por revisar el pasado y explicarlo) como las negativas (la explotación co- mercial y la trivialización del holocausto). En esta misma línea, se enmarca el tra- bajo de Jeanine Basinger sobre películas de combate en la Segunda Guerra Mun- dial (Basinger, 1986). En este, la autora considera un corpus total de alrededor de 200 filmes y, a partir de su análisis, establece las características definitorias del género que ella denomina «World War 11 Combat Film», su desarrollo y las modificaciones sufridas en el cruce con otros géneros. La hipótesis de base de su reflexión consiste en postular que la Se- gunda Guerra Mundial dio lugar al sur- gimiento de una estructura nueva, que no Los géneros cinematográficos. Triquell
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    · 171 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España existía anteriormente (aunque pudieran existir algunos de sus elementos) y que es reconocida como «Género de combate» (combat genre) más allá de que la acción se sitúe en la Segunda Guerra, en Corea o en Vietnam. En el caso del cine argentino también es posible encontrar momentos históricos en los cuáles se establecen, desarrollan o transforman determinados géneros. Un caso particular lo constituye el cine pro- ducido en los años ochenta a partir del retorno a la democracia. En este momen- to surge una serie de filmes que tematizan el período inmediatamente anterior y que son reconocidas por la crítica como «Nuevo Cine Argentino».7 El término duró poco y no llegó a instalarse en el tiempo, siendo reemplazado por «cine de los ochenta» o «cine posdictadura». Entre los filmes de esta serie el más conocido es sin duda La historia oficial (Puenzo, 1985) ya que, entre otros pre- mios, se hizo acreedor de un Oscar, pero la serie es extensa e incluye: Los chicos de la guerra (Kamín, 1984); Cuarteles de invierno (Murúa, 1984); Sentimientos... Mirta de Liniers a Estambul (Coscia y Saura, 1985); Contar hasta diez (Barney Finn, 1985); Los días de Junio (Fischer- man, 1985); El rigor del destino (Vallejo, 1985); El dueño del sol (Mórtola, 1986); Made in Argentina (Jusid, 1986); A dos aguas (Olguín, 1986); Sofía (Doria, 1987); Los dueños del silencio (Lemos, 1987); La deuda interna (Pereira, 1988). En cuanto a los géneros, estos filmes participan simultáneamente de ciertas formas del cine testimonial y del melo- drama.8 Entre las primeras, exponen una voluntad referencial explícita que impli- ca: una ubicación espacio–temporal pre- cisa, la contextualización rigurosa en lo referido a la puesta en escena, el recurso a textos periodísticos o televisivos dentro de los filmes como modo de anclaje. Pero a la vez se recurre a mecanismos tendien- tes a la movilización pasional del espec- tador, propios del melodrama, como la fuerte identificación con el protagonista, el conflicto entre los valores morales de este y la corrupción del medio, o la cons- trucción de un mundo cerrado, centrado en el ámbito familiar. Algunos filmes de la serie participan también de otros géne- ros: En retirada (Desanzo, 1984) lo hace entre el testimonial y el suspenso o El exilio de Gardel (Solanas, 1985) que agrega a la voluntad testimonial, elementos de la comedia musical. Ahora bien, ¿por qué, con el retorno de la democracia, tras siete años de 7 Ver por ejemplo la publicación del entonces Instituto Nacional de Cine (INC), hoy INCAA, titulada Primer Catálogo del Nuevo Cine Argentino, 1987. 8 Por este motivo, en trabajos anteriores, me he referido a este género como documelodrama. (Ver TRIQUELL, Ximena, 2000). Hoy esta denominación ya no me resulta convincente.
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    172 · dictadura cívico–militarse impone esta forma para narrar lo sucedido? Sin dudas las explicaciones son múltiples y en estas escasas páginas sólo podemos hipotetizar algunas, no por ello menos válidas. Los primeros años de democracia se caracterizaron por una serie de iniciativas tendientes, primero, a dar a conocer y, después, a juzgar, las acciones represivas impuestas por el terrorismo de estado. En esta línea se encuadra la creación de la CONADEP, a días de asumir el nuevo gobierno, y la consecuente publicación del Nunca más; la conformación en 1984 del Equipo Argentino de Antropología Forense; la derogación de la llamada ley de autoamnistía; el Juicio a las Juntas Militares (abril a diciembre de 1985). El periodo concluye con la promulgación de las leyes de Punto Final (diciembre 1986) y Obediencia Debida (junio de 1987) —a los que se agregarían los indultos en la dé- cada del noventa— pero, en términos ge- nerales, podemos decir que esta etapa se caracteriza por la búsqueda de la verdad y la condena al terrorismo de estado. En este marco puede entenderse la voluntad testimonial de los filmes mencionados. Ahora bien, junto con las acciones mencionadas arriba, se impone durante el alfonsinismo, el marco explicativo que se conoce como la Teoría de los dos demo- nios. Según ésta, la sociedad argentina se habría visto atrapada en medio de un enfrentamiento entre dos «demonios» de iguales características: el gobierno militar y las organizaciones guerrilleras, ambos con las mismas responsabilidades e igual- mente ajenos a los intereses, disputas y reclamos de ésta. En línea con esta inter- pretación de los hechos, el decreto que ordenaba llevar a juicio a los integrantes de las Juntas Militares fue acompañado por otro, sancionado el mismo día, que ordenaba procesar a los principales di- rigentes de las agrupaciones guerrilleras ERP y Montoneros. El primer prólogo del Nunca más expresa claramente esta teoría. Basta citar algunos párrafos: Durante la década del ‘70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. (…) a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, por- que desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesi- nando a miles de seres humanos. (…) Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nues- tra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas Los géneros cinematográficos. Triquell
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    · 173 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crímenes sino estrictamen- te la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condena- ron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo. (CONADEP, 1984) En concordancia con esta teoría, hege- mónica en la década de los ochenta, los filmes que mencionamos arriba exponen, junto a la voluntad testimonial, la necesi- dad de cerrar el universo del filme sobre sí mismo, de manera de efectivamente producir en el espectador la idea de que lo que se muestra en la pantalla ocurrió a otros, sin que lo involucre desde posicio- nes ideológicas o políticas. A estos fines sirven las convenciones del melodrama. Es la tensión entre ambos conjuntos de marcas de género de las que participa —convenciones provenientes del cine testimonial y del melodrama— la que ha suscitado la mayor crítica a este cine. A modo de ejemplo, el cineasta y teórico del cine, Raúl Beceyro señalaba en un texto de 1994 reeditado en 2014: Hay muchos ejemplos de películas que, tomando temas globales como el problema del Sida o la dictadura militar argentina del 76 al 83, han utilizado procedimientos similares. En Filadelfia, filme con el cual La lista de Schindler tiene muchos puntos comunes, también el Sida está «personaliza- do» en el abogado que la empresa despidió porque tiene Sida. En La historia oficial los 30 000 desaparecidos toman el camino de los conflictos de una profesora de historia de la escuela secundaria cuya hija adoptiva es, al parecer, hija de una desaparecida. Esta brutal «reducción» conduce a que, en esos filmes, sus temas globales, tamizados por la peripecia individual, sean prácticamente evacuados de los filmes, en los hechos, es decir en la propia película. (2012:20) Pero no se trata de cuestionar a este conjunto de filmes por carecer de la po- liticidad que nos gustaría exigirle sino de reconocer que el cruce de géneros de los que participa, y en el que se define, tiene que ver con las condiciones históricas de su surgimiento. A modo de conclusión Los ejemplos que señalamos arriba dan cuenta de la productividad de recuperar la noción de género en la discusión respecto a la relación entre el cine y la sociedad en que este es producido y consumido. Esta propuesta pretende así diferenciarse de aquellos enfoques que abordan la relación entre representación y hechos represen-
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    174 · tados entérminos de reproducción, con mayor o menor fidelidad, de una realidad preexistente pero también del análisis semiótico que aborda su construcción discursiva. Para continuar con el ejemplo anterior, en este trabajo podríamos haber asumido el análisis de las representacio- nes de la última dictadura cívico–militar argentina expuestas en los filmes de la serie y su comparación con otras que aparecen en otros períodos,9 pero en este caso optamos por encarar un problema diferente como es la relación entre la historia del lenguaje, en nuestro caso el lenguaje cinematográfico, y la historia de la sociedad, tal el título de nuestro texto. Postular a los géneros como instancia de articulación entre lo textual y lo social permite superar la relación directa entre ambas esferas y, consecuentemente, las teorías que postulan una relación directa, de reflejo o espejo entre ambas dimensio- nes. En el medio, articulándolas encon- tramos a los géneros cinematográficos, los que, al igual que los géneros discursivos constituyen verdaderas «correas de trans- misión entre la historia de la sociedad y la historia de un lenguaje». El análisis que proponemos no bus- ca explicar las películas a partir de su adscripción a determinados géneros cinematográficos sino analizar a partir de estos últimos —de su conformación, su permanencia o transformación— cierta ideología instituida en el marco de la discursividad social, la que puede leerse en el uso específico que se hace del lenguaje cinematográfico, en este caso, ciertos códigos estéticos pero también, narrativos y retóricos que definen a los géneros cinematográficos. Como se desprende de lo anterior, del mismo modo que las formas individuales del uso de la lengua no son creación ex- clusiva del sujeto hablante, tampoco las formas cinematográficas son resultado de opciones individuales de un realizador, ni siquiera de un equipo. Y por más que resulte difícil explicar los mecanismos a partir de los cuales determinadas formas cinematográficas surgen, se desarrollan, desaparecen o son recuperadas en deter- minados contextos históricos, esto no impide observar tal relación ni ensayar alguna respuesta. No es otra cosa lo que hemos intentado en estas páginas. 9 Hemos abordado este tipo de análisis en otros trabajos, entre ellos la tesis citada anteriormente. Referencias bibliográficas · · Altman, R. (2000). Los Géneros Cinematográficos. Barcelona: Paidós. Los géneros cinematográficos. Triquell
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    · 175 Culturas 11· Edición Especial Argentina–España · · Bajtin, M. (1985). Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI Editores. · · Basinger, J. (1986). The World War II Combat Film: Anatomy of a Genre. New York: Columbia University Press. · · Beceyro, R. (1994). Los límites. Sobre La lista de Schindler. Punto de Vista, (49). Reimpreso en Toma Uno, Revista del De- partamento de Cine y Tv, (1), UNC, 2012, Córdoba. · · Bordwell, D. y Thompson, K. (1995). El arte cinematográ- fico: una introducción. Barcelona: Paidós. · · CONADEP (1984). Nunca Más. Buenos Aires: Eudeba. Disponi- ble en: http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/ articulo/nuncamas/nmas0002.htm · · Derrida, J. (1979). The Law of Genre. Traducido al inglés por Avital Ronell. En Appendix. Bulletin of the International Collo- quium on Genre, Universidad de Estrasburgo, julio. · · Fijo, A. y Gil Delgado, F. (2001). Conversación con Pierre Sorlin. Cine–Historia, XI(12). Disponible en: http://www.­ publicacions.ub.es/bibliotecadigital/cinema/filmhistoria/2001/ sorlinentrevista.htm (consultado 27/12/2016). · · Greimas, A.J. y Courtés, J. (1982). Semiótica: Diccionario razonado de la teoría del lenguaje, Traducido al español por Enrique Ballón Aguirre y Hermis Campodónico Carrión. Madrid: Gredos. Original en francés (1979), Sémiotique: dictionnaire raisonné de la théorie de langage. Paris: Hachette. · · Metz, C. (1972). Ensayos sobre la significación en el cine. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo. · · Neale, S. (1990). Questions of genre. Screen, 31(1), 45–66. · · Niver, K. (Comp.) (1971). Biograph Bulletins, 1896–1908. Los Angeles: Locaire Research Group. · · Ramonet, I. (1978). El filme catástrofe norteamericano: ficción de una crisis. Comunicación y cultura en América Latina: El im- perialismo cultural. Aportes para el análisis de la dominación, 6(6), 137–146. · · Reimer, R.; Reimer, C. (1992). Nazi–retro Film: How German Narrative Cinema Remembers the Past. New York: Twayne Publishers.
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    176 · · · Schatz,T. (1981). Hollywood genres: formulas, filmaking and the Studio System. Philadelphia: Temple University Press. · · Todorov, T. (1988). El origen de los géneros. En Garrido Gallardo, M.A. (1988), Teoría de los géneros literarios. Madrid: Arco Libros. · · ——— (1991). El principio dialógico. Traducido al español por C.E. Carreras. Universidad Nacional de Córdoba. · · Triquell, X. (2000). Projecting History: A Socio–semiotic Approach to the Representations of the Military Dictatorship (1976–1983) in the Cinematic Discourses of Argentine Demo- cracy. Tesis doctoral, publicada electrónicamente en 2010 en: http://etheses.nottingham.ac.uk/1710/ · · Volóshinov, V. (2009). El Marxismo y la filosofía del lenguaje. Buenos Aires: Ediciones Godot. Los géneros cinematográficos. Triquell