Club de lectura
María
Casares
Diario de lectura
Curso 2012-2013
Cuentan que, más allá de los Montes de Hielo, más
allá de la Ciudad de Cristal, habita la emperatriz en un
deslumbrante palacio, tan grande que sus torres más
altas rozan las nubes, y tan delicado que parece
creado con gotas de lluvia.
Página 6. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Dicen que la Emperatriz es tan bella que
nadie puede mirarla sin perder la razón:
dicen también que es inmortal y que lleva
miles de años viviendo en su palacio en el
Reino Etéreo, un lugar de maravilla y
misterio que aguarda a todos los que son lo
bastante osados como para aventurarse
hasta él.
Páginas 7-8. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Aen... Todo en él era extraño, desde su nombre hasta
sus ojos, más claros que los de cualquier otra persona
que Bina conociera. A diferencia de ella, y de los otros
niños, Aen era más bien delgaducho, hablaba poco y,
por el contrario se fijaba mucho en todo.
Constantemente estaba desapareciendo y regresando
en los momentos más inesperados. Prestaba atención
a cosas sin importancia.
Página 9. María Florencia del Pópolo
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Las otras chicas estaban en la edad de
coquetear y mirar disimuladamente a
los chicos, y de sonrojarse y reír si
ellos les devolvían la mirada. Estaban
en la edad de soñar despiertas y de
imaginar cómo sería su futuro, de
contemplarse en las heladas aguas del
arroyo y verse, ya más mujeres que
niñas, como mariposas emergiendo de
la crisálida.
Página 18. Irene Macías Tarrio
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Pero sí le llamó la atención un círculo rojo
que pendía sobre las cabezas de las
figuras. Por alguna razón le recordó al
fuego de su hogar, y la reconfortó, aunque
no dejó de preguntarse, esta vez sí, qué
representaría y por qué aparecía
suspendido en el aire.
Página 27. María Florencia del Pópolo
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Había algo en el cielo, una esfera azulada, clara y fría,
que emitía un pálido resplandor. Estaba lejos, muy lejos;
sin embargo, transmitía una sensación sobrecogedora,
como si fuese un ojo de hielo que los contemplaba desde
la lejanía […] Alargó la mano hacia la supuesta estrella.
Sus dedos se bañaron en una luz fantasmal que a Bina le
pareció espantosamente fría e inhumana.
Páginas 47-48-49. María Florencia del Pópolo
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Bipa iba a decir algo, pero él no la dejó. Aún
sonriendo, la besó en la frente y se perdió en
la oscuridad de la noche. La muchacha se
quedó un momento en la puerta sin ser capaz
de reaccionar. Cuando por fin pudo cerrar, se
llevó una mano temblorosa a la frente. Le
había sorprendido el gesto de él, pero más
todavía el sentir que sus labios tenían el tacto
frío de un cadáver.
Página 51. Irene Macías Tarrio
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Nadie regresaba de la muerte. La Diosa no devolvía nunca lo
que reclamaba para sí. Por eso no sabían bien cómo
comportarse con Aer. Lo acogieron con alegría, pero a la vez,
con cierta reserva. Hasta Taba mantenía las distancias.
Era como si la presencia de Aer fuera solamente un
espejismo; como si esperasen que desapareciera de nuevo
en cualquier momento.
Página 107. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Aquello le sacaba varias cabezas, y era
demasiado compacto y de forma humanoide
lo bastante definida como para no ser
simplemente un cúmulo de nieve caído así
por azar.
Página 145. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Se aproximó de nuevo y alargó la mano para
tocarla, sólo para comprobar si era tan sólida
como parecía o, por el contrario, se desmoronaría
al primer roce. Apenas sus dedos tocaron la mano
de la estatua de nieve, percibió un súbito destello
en el ópalo que pendía sobre su pecho y una
especie de oleada de calor que se desparramó por
todo su cuerpo...
Páginas 146-147. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
La caverna entera albergaba un
bosque de cristales de cuarzo,
enormes, simétricos, y todos
ellos reverberaban con un
resplandor blanquecino cuando la
luz de la antorcha los alcanzaba.
Página 148-149. María Florencia
del Pópolo
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
El ópalo es una fuente de vida -dijo
Umen- acariciando el suyo con la
yema del dedo índice.-Es el poder de
la Diosa y concentra la fuerza que un
día, en el pasado, cubrió la superficie
del mundo como un manto lleno de
color.
Página 263. Inés Rodríguez Chas.
Cuando miró a Bipa, con el rostro empapado, pareció
que lloraba.
Ella lloró también.
Se arrodilló junto a él y trató de recomponerlo, a pesar
de que sabía que era inútil: lo que quedaba de Nevado
se derretía entre sus dedos.
Página 350. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
Vivir la vida -dijo-, eso no tiene precio. Quien
no haya pasado nunca frío no apreciará el
valor de una hoguera.
Quien nunca haya llorado no disfrutará nunca
de los momentos de risas. Quien no haya
pasado hambre, no valorará un plato de
estofado caliente. Quien no conozca la
muerte no sentirá amor por la vida. Eso es lo
que Maga me enseñó.
Página 392. Inés Rodríguez Chas
La emperatriz de los etéreos Laura Gallego

La emperatriz de los etéreos: diario de lectura

  • 1.
    Club de lectura María Casares Diariode lectura Curso 2012-2013
  • 2.
    Cuentan que, másallá de los Montes de Hielo, más allá de la Ciudad de Cristal, habita la emperatriz en un deslumbrante palacio, tan grande que sus torres más altas rozan las nubes, y tan delicado que parece creado con gotas de lluvia. Página 6. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 3.
    Dicen que laEmperatriz es tan bella que nadie puede mirarla sin perder la razón: dicen también que es inmortal y que lleva miles de años viviendo en su palacio en el Reino Etéreo, un lugar de maravilla y misterio que aguarda a todos los que son lo bastante osados como para aventurarse hasta él. Páginas 7-8. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 4.
    Aen... Todo enél era extraño, desde su nombre hasta sus ojos, más claros que los de cualquier otra persona que Bina conociera. A diferencia de ella, y de los otros niños, Aen era más bien delgaducho, hablaba poco y, por el contrario se fijaba mucho en todo. Constantemente estaba desapareciendo y regresando en los momentos más inesperados. Prestaba atención a cosas sin importancia. Página 9. María Florencia del Pópolo La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 5.
    Las otras chicasestaban en la edad de coquetear y mirar disimuladamente a los chicos, y de sonrojarse y reír si ellos les devolvían la mirada. Estaban en la edad de soñar despiertas y de imaginar cómo sería su futuro, de contemplarse en las heladas aguas del arroyo y verse, ya más mujeres que niñas, como mariposas emergiendo de la crisálida. Página 18. Irene Macías Tarrio La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 6.
    Pero sí lellamó la atención un círculo rojo que pendía sobre las cabezas de las figuras. Por alguna razón le recordó al fuego de su hogar, y la reconfortó, aunque no dejó de preguntarse, esta vez sí, qué representaría y por qué aparecía suspendido en el aire. Página 27. María Florencia del Pópolo La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 7.
    Había algo enel cielo, una esfera azulada, clara y fría, que emitía un pálido resplandor. Estaba lejos, muy lejos; sin embargo, transmitía una sensación sobrecogedora, como si fuese un ojo de hielo que los contemplaba desde la lejanía […] Alargó la mano hacia la supuesta estrella. Sus dedos se bañaron en una luz fantasmal que a Bina le pareció espantosamente fría e inhumana. Páginas 47-48-49. María Florencia del Pópolo La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 8.
    Bipa iba adecir algo, pero él no la dejó. Aún sonriendo, la besó en la frente y se perdió en la oscuridad de la noche. La muchacha se quedó un momento en la puerta sin ser capaz de reaccionar. Cuando por fin pudo cerrar, se llevó una mano temblorosa a la frente. Le había sorprendido el gesto de él, pero más todavía el sentir que sus labios tenían el tacto frío de un cadáver. Página 51. Irene Macías Tarrio La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 9.
    Nadie regresaba dela muerte. La Diosa no devolvía nunca lo que reclamaba para sí. Por eso no sabían bien cómo comportarse con Aer. Lo acogieron con alegría, pero a la vez, con cierta reserva. Hasta Taba mantenía las distancias. Era como si la presencia de Aer fuera solamente un espejismo; como si esperasen que desapareciera de nuevo en cualquier momento. Página 107. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 10.
    Aquello le sacabavarias cabezas, y era demasiado compacto y de forma humanoide lo bastante definida como para no ser simplemente un cúmulo de nieve caído así por azar. Página 145. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 11.
    Se aproximó denuevo y alargó la mano para tocarla, sólo para comprobar si era tan sólida como parecía o, por el contrario, se desmoronaría al primer roce. Apenas sus dedos tocaron la mano de la estatua de nieve, percibió un súbito destello en el ópalo que pendía sobre su pecho y una especie de oleada de calor que se desparramó por todo su cuerpo... Páginas 146-147. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 12.
    La caverna enteraalbergaba un bosque de cristales de cuarzo, enormes, simétricos, y todos ellos reverberaban con un resplandor blanquecino cuando la luz de la antorcha los alcanzaba. Página 148-149. María Florencia del Pópolo La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 13.
    La emperatriz delos etéreos Laura Gallego El ópalo es una fuente de vida -dijo Umen- acariciando el suyo con la yema del dedo índice.-Es el poder de la Diosa y concentra la fuerza que un día, en el pasado, cubrió la superficie del mundo como un manto lleno de color. Página 263. Inés Rodríguez Chas.
  • 14.
    Cuando miró aBipa, con el rostro empapado, pareció que lloraba. Ella lloró también. Se arrodilló junto a él y trató de recomponerlo, a pesar de que sabía que era inútil: lo que quedaba de Nevado se derretía entre sus dedos. Página 350. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego
  • 15.
    Vivir la vida-dijo-, eso no tiene precio. Quien no haya pasado nunca frío no apreciará el valor de una hoguera. Quien nunca haya llorado no disfrutará nunca de los momentos de risas. Quien no haya pasado hambre, no valorará un plato de estofado caliente. Quien no conozca la muerte no sentirá amor por la vida. Eso es lo que Maga me enseñó. Página 392. Inés Rodríguez Chas La emperatriz de los etéreos Laura Gallego