Este documento ofrece consuelo a quienes sufren la pérdida de un ser querido, señalando que las almas de los justos están en manos de Dios y que aunque el cuerpo muere, el espíritu regresa a Él. Exhorta a no dejarse dominar por la tristeza sino a depositar todas las preocupaciones en Dios mediante la oración constante, ya que sólo la oración es más fuerte.