El documento describe una anécdota de la infancia del autor sobre una visita a un autódromo durante el Día del Niño. Ganó un sorteo para dar una vuelta en el circuito en el automóvil de su ídolo, el "Trueno Naranja", pero se decepcionó al descubrir que tendría que compartirlo con otros niños. A pesar de esto, el recuerdo perduró como una de las primeras expresiones de su pasión compartida con su padre por el automovilismo.