ANTOLOGIA
maria alejandra ayala
1103
julioflores
1
libros griegos
La eneida
La lliada
La ciclope
La bucolicas
La odisea
Edipo rey
Electra
antigona
Virgilio
Homero
Erupides
Virgilio
Homero
Sofocles
Sofocles
Sofocles
2
LA ENEIDA
Yo que en la tenue flauta campesina toqué de joven, y
dejando luego las selvas, obligué a los vecinos campos a
que obedeciesen al ávido labriego, ahora canto las
terribles armas de Marte y el varón que, huyendo de las
riberas de Troya por el rigor del Hado, pisó el primero
Italia y las costas Lavinias. Largo tiempo anduvo errante
por tierra y por mar,arrastrado a impulso de los dioses,
por el furor de la rencorosa Juno. Mucho padeció en la
guerra antes de que lograse edificar la gran ciudad y
llevar a sus dioses al Lacio, de donde vienen el linaje
latino y los senadores Albanos, y las murallas de la
soberbia Roma.
Musa, recuérdame por qué causas, dime qué decreto de
su divina voluntad violado tanto dolió a la reina de los
dioses que impulsó a un varón insigne por su piedad a
arrostrar tantas aventuras, a pasar tantos afanes. ¡Tan
grande ira cabe en celestiales pechos
1
LA LLIADA
"Y a ambos lados de Príamo, Pántoo,Timetes, Lampo,
Clitio e Icetaon el compañero de Ares,Ucalegon y
Anténor, muy discretos entrambos,sentados se
encontraban los ancianos del pueblo todos ellos, de las
puertas Esceas por encima, por vejez de la guerra
retirados más bravos oradores semejantes a las cigarras
que en medio del bosque, en un árbol posadas,emiten
una voz que es como un lirio; tales los jefes eran,
justamente, de los troyanos, que estaban sentados en
la torre adosada a la muralla. Y éstos, pues, cuando
vieron a Helena encaminándose a la torre, hablábanse
los unos a los otros, con aladas palabras, quedamente:
«Cosa no es que indignación suscite que vengan
padeciendo tanto tiempo dolores los troyanos y los
aqueos de grebas hermosas por mujer cual es ésa pues
que tremendamente se parece, al mirarla de frente, a
diosas inmortales;pero aun así y siendo tal cual digo,
en las naves se vuelva y no se quede para mal nuestro y
de nuestros hijos en el tiempo futuro.”
2
LA CICLOPE
ella tambien es un dulce remedio contra el hambre hay
queso cuajado y leche de vaca traedlo, pues para las
compras se necesita luz ¿y cuanto oro daras a
cambio?dime. oro no sino la bebida de dioniso que llevo
conmigo que palabra queridisma acabas de pronuciar
con el tiempo que hacer que careciamos de ella es mas
maron hijo del dios nos ha regalado la bebida al que yo
una vez crie entre mis brazos. el hijo de baco para que
lo comprendas con mas claridad. esta en el puente de
la nave o lo llevas contigo he aquí el odre que lo contiene
como puedes ver anciano ese no sireve ni para llenarme
la mandibula si la bebida es doble de lo que podria
derramar el odre. aludes a una fuente bella y agradable
para mi.
1
LA BUCOLICAS
"¡Oh, si tú quisieras al menos habitar conmigo los
miserables campos y sus rústicas cabañas, flechar los
ciervos y arrear el hato de cabritos al verde malvavisco!
Cantando junto a mí imitarás conmigo en las selvas al
dios Pan. Pan fue el primero que enseñó a juntar con
cera muchas cañas, Pan guarda las ovejas y a sus
rabadanes. Y no te pese rozar tu labio tierno con la
flauta: ¿qué no hacía Amintas por saber esto mismo que
sé yo? Tengo una flauta compuesta de siete cañas
desiguales, que en otro tiempo me regaló Dametas,
diciéndome al morir: “Tú eres ahora su segundo dueño”.
Así dijo Dametas y el necio Amintas me la envidia.
Además tengo yo dos cabritillos que he encontrado en
un valle poco seguro, salpicados todavía de pintas
blancas en sus pieles; cada día agotan dos ubres de
oveja: los guardo para ti. Ya hace tiempo que Testilis me
ruega me los deje arrebatar y lo conseguirá, puesto que
a ti te desagradan nuestras dádivas. Ven acá, ¡hermoso
niño!, que las Ninfas te traen canastos de azucenas
llenos; en tu honor la blanca Náyade, cortando pálidas
violetas y adormideras de tallos altos, las junta al
narciso y a la flor del oloroso eneldo, y entretejiendo
luego la casia y otras delicadas hierbas al suave jacinto,
varia los colores con la caléndula amarilla. Yo mismo te
escogeré blanquecinas frutas de tierno vello y castañas
que amaba mi Amarilis, añadiré céreas ciruelas, también
esta fruta tendrá su honor, y a vosotros, oh laureles,
también os cogeré, y a ti, mirto vecino, puesto que así
2
juntos mezcláis suaves olores. Eres un rústico, Coridón;
Alexis ni se cuida de tus dones, ni, si en dádivas
compites, te es inferior Yolas. ¡Ay, ay! ¿Qué es lo que
quise, mísero de mí? Enajenado arrojé el Austro sobre
las flores y los jabalíes en las fuentes cristalinas. ¡Ah,
insensato!, ¿de quién huyes? También los dioses moraron
en los bosques y el dardanio Paris. Habite Palas el
alcázar que ella misma levantó; a nosotros, por encima
de todo, placearnos las selvas. La torva leona persigue
al lobo, a su vez el lobo a la cabrita, la retozona cabrita
va tras el cantueso en flor y en pos tuyo, oh Alexis,
Coridón: a cada uno le arrastra su placer. Mira, los
novillos traen pendientes del yugo los arados y, al
ocultarse el sol dobla las crecientes sombras; a mí, sin
embargo, abrásame el amor, pues ¿qué medida cabe en
el amor? "
1
LA ODISE
Entretanto la sólida nave en su curso ligero se enfrentó
a las Sirenas: un soplo feliz la impelía más de pronto
cesó aquella brisa, una calma profunda se sintió
alrededor: algún dios alisaba las olas .Levantárnosle
entonces mis hombres, plegaron la vela, la dejaron caer
al fondo del barco y, sentándose al remo, blanqueaban
de espumas el mar con las palas pulidas. Yo entretanto
cogí el bronce agudo, corté un pan de cera y,
partiéndolo en trozos pequeños, los fui pellizcando con
mi mano robusta: ablandárnosle pronto, que eran
poderosos mis dedos y el fuego del sol de lo alto. Uno a
uno a mis hombres con ellos tapé los oídos y, a su vez,
me ataron de piernas y manos en el mástil, derecho, con
fuertes maromas y, luego, a azotar con los remos
volvieron al mar espumante. Ya distaba la costa no más
que el alcance de un grito y la nave crucera volaba, más
bien percibieron las Sirenas su paso y alzaron su canto
sonoro: "Llega acá, de los dánaos honor, gloriosísimo
Ulises, de tu marcha refrena el ardor para oír nuestro
canto, porque nadie en su negro bajel pasa aquí sin que
atienda a esta voz que en dulzores de miel de los labios
nos fluye. Quien la escucha contento se va conociendo
mil cosas: los trabajos sabemos que allá por la Tróade y
sus campos de los dioses impuso el poder a troyanos y
argivos y aún aquello que ocurre doquier en la tierra
fecunda". Tal decían exhalando dulcísima voz y en mi
pecho yo anhelaba escucharlas. Frunciendo mis cejas
mandaba a mis hombres soltar mi atadura; bogaban
doblados contra el remo y en pie Perimedes y Euríloco,
echando sobre mí nuevas cuerdas, forzaban cruelmente
sus nudos. Cuando al fin las dejamos atrás y no más se
2
escuchaba voz alguna o canción de Sirenas, mis fieles
amigos se sacaron la cera que yo en sus oídos había
colocado al venir y librarme a mí de mis lazos.
1
EDIPO REY
"Tiresias.-Me voy; pero diciendo antes aquello por lo que
fui llamado, sin temor a tu mirada; que no tienes poder
para quitarme la vida. Así, pues, te digo: ese hombre
que tanto tiempo buscas y a quien amenazas y pregonas
como asesino de Layo, está aquí, se le tiene por
extranjero domiciliado; pero pronto se descubrirá que es
tebano de nacimiento, y no se regocijará al conocer su
desgracia. Privado de la vista y caído de la opulencia en
la pobreza, con un bastón que le indique el camino se
expatriará hacia extraña tierra. Él mismo se reconocerá
a la vez hermano y padre de sus propios hijos; hijo y
marido de la mujer que lo parió, y comparado y asesino
de su padre. Retírate, pues, y medita sobre estas cosas;
que si me coges en mentira, ya podrás decir que nada
entiendo del arte adivinatorio. Edipo.-Que no sea lo
mejor lo que he hecho, ni tienes que decírmelo ni
tampoco darme consejos. Pues yo no sé con qué ojos, si
la vista conservara, hubiera podido mirar a mi padre en
llegando al infierno, ni tampoco a mi infortunada madre,
cuando mis crímenes con ellos dos son mayores que los
que expían con la estrangulación. Pero ¿acaso la vista de
mis hijos engendrados corno fueron engendrados podía
serme grata? No, de ningún modo; a mis ojos, jamás. Ni
la ciudad, ni las torres, ni las imágenes sagradas de los
dioses, de todo lo cual, yo, en mi malaventura siendo el
único que tenía la más alta dignidad en Tebas, me privé
a mí mismo al ordenar a todos que expulsaran al impío,
al que los dioses y mi propia familia hacían aparecer
como impura pestilencia; y habiendo yo manifestado tal
2
deshonra como mía, ¿podía mirar con buenos ojos a
éstos? De ninguna manera; porque si del sentido del oído
pudiese haber cerradura en las orejas, no aguantaría yo
el no habérselas cerrado a mí desdichado cuerpo, para
que fuese ciego y además nada oyese, pues vivir con el
pensamiento apartado de los males es cosa dulce.
El entonces arrancó los broches de oro que adornaban
sus ropas, y enseguida los clavó en sus ojos, exclamando
que así ya no vería más, ni su miseria, ni su crimen En la
oscuridad no volverían ver a quien no debía ver, y que
mejor jamás hubieran visto. Gritando así se punzaba los
ojos una y otra vez, la sangre que corría le bañaba hasta
la barba, no eran gotitas lo que fluía de sus ojos, era un
torrente oscuro, como una granizada de sangre. En todo
esto ambos fueron los artífices, y la desgracia acabó con
la mujer y con el hombre. Su antigua felicidad fue en su
momento verdadera. Ahora no es más que culpa,
muerte, vergüenza, de todos los males que tienen
nombre, ninguno falta."
1
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3

Antologia

  • 1.
  • 3.
    1 libros griegos La eneida Lalliada La ciclope La bucolicas La odisea Edipo rey Electra antigona Virgilio Homero Erupides Virgilio Homero Sofocles Sofocles Sofocles
  • 4.
    2 LA ENEIDA Yo queen la tenue flauta campesina toqué de joven, y dejando luego las selvas, obligué a los vecinos campos a que obedeciesen al ávido labriego, ahora canto las terribles armas de Marte y el varón que, huyendo de las riberas de Troya por el rigor del Hado, pisó el primero Italia y las costas Lavinias. Largo tiempo anduvo errante por tierra y por mar,arrastrado a impulso de los dioses, por el furor de la rencorosa Juno. Mucho padeció en la guerra antes de que lograse edificar la gran ciudad y llevar a sus dioses al Lacio, de donde vienen el linaje latino y los senadores Albanos, y las murallas de la soberbia Roma. Musa, recuérdame por qué causas, dime qué decreto de su divina voluntad violado tanto dolió a la reina de los dioses que impulsó a un varón insigne por su piedad a arrostrar tantas aventuras, a pasar tantos afanes. ¡Tan grande ira cabe en celestiales pechos
  • 5.
    1 LA LLIADA "Y aambos lados de Príamo, Pántoo,Timetes, Lampo, Clitio e Icetaon el compañero de Ares,Ucalegon y Anténor, muy discretos entrambos,sentados se encontraban los ancianos del pueblo todos ellos, de las puertas Esceas por encima, por vejez de la guerra retirados más bravos oradores semejantes a las cigarras que en medio del bosque, en un árbol posadas,emiten una voz que es como un lirio; tales los jefes eran, justamente, de los troyanos, que estaban sentados en la torre adosada a la muralla. Y éstos, pues, cuando vieron a Helena encaminándose a la torre, hablábanse los unos a los otros, con aladas palabras, quedamente: «Cosa no es que indignación suscite que vengan padeciendo tanto tiempo dolores los troyanos y los aqueos de grebas hermosas por mujer cual es ésa pues que tremendamente se parece, al mirarla de frente, a diosas inmortales;pero aun así y siendo tal cual digo, en las naves se vuelva y no se quede para mal nuestro y de nuestros hijos en el tiempo futuro.”
  • 6.
    2 LA CICLOPE ella tambienes un dulce remedio contra el hambre hay queso cuajado y leche de vaca traedlo, pues para las compras se necesita luz ¿y cuanto oro daras a cambio?dime. oro no sino la bebida de dioniso que llevo conmigo que palabra queridisma acabas de pronuciar con el tiempo que hacer que careciamos de ella es mas maron hijo del dios nos ha regalado la bebida al que yo una vez crie entre mis brazos. el hijo de baco para que lo comprendas con mas claridad. esta en el puente de la nave o lo llevas contigo he aquí el odre que lo contiene como puedes ver anciano ese no sireve ni para llenarme la mandibula si la bebida es doble de lo que podria derramar el odre. aludes a una fuente bella y agradable para mi.
  • 7.
    1 LA BUCOLICAS "¡Oh, sitú quisieras al menos habitar conmigo los miserables campos y sus rústicas cabañas, flechar los ciervos y arrear el hato de cabritos al verde malvavisco! Cantando junto a mí imitarás conmigo en las selvas al dios Pan. Pan fue el primero que enseñó a juntar con cera muchas cañas, Pan guarda las ovejas y a sus rabadanes. Y no te pese rozar tu labio tierno con la flauta: ¿qué no hacía Amintas por saber esto mismo que sé yo? Tengo una flauta compuesta de siete cañas desiguales, que en otro tiempo me regaló Dametas, diciéndome al morir: “Tú eres ahora su segundo dueño”. Así dijo Dametas y el necio Amintas me la envidia. Además tengo yo dos cabritillos que he encontrado en un valle poco seguro, salpicados todavía de pintas blancas en sus pieles; cada día agotan dos ubres de oveja: los guardo para ti. Ya hace tiempo que Testilis me ruega me los deje arrebatar y lo conseguirá, puesto que a ti te desagradan nuestras dádivas. Ven acá, ¡hermoso niño!, que las Ninfas te traen canastos de azucenas llenos; en tu honor la blanca Náyade, cortando pálidas violetas y adormideras de tallos altos, las junta al narciso y a la flor del oloroso eneldo, y entretejiendo luego la casia y otras delicadas hierbas al suave jacinto, varia los colores con la caléndula amarilla. Yo mismo te escogeré blanquecinas frutas de tierno vello y castañas que amaba mi Amarilis, añadiré céreas ciruelas, también esta fruta tendrá su honor, y a vosotros, oh laureles, también os cogeré, y a ti, mirto vecino, puesto que así
  • 8.
    2 juntos mezcláis suavesolores. Eres un rústico, Coridón; Alexis ni se cuida de tus dones, ni, si en dádivas compites, te es inferior Yolas. ¡Ay, ay! ¿Qué es lo que quise, mísero de mí? Enajenado arrojé el Austro sobre las flores y los jabalíes en las fuentes cristalinas. ¡Ah, insensato!, ¿de quién huyes? También los dioses moraron en los bosques y el dardanio Paris. Habite Palas el alcázar que ella misma levantó; a nosotros, por encima de todo, placearnos las selvas. La torva leona persigue al lobo, a su vez el lobo a la cabrita, la retozona cabrita va tras el cantueso en flor y en pos tuyo, oh Alexis, Coridón: a cada uno le arrastra su placer. Mira, los novillos traen pendientes del yugo los arados y, al ocultarse el sol dobla las crecientes sombras; a mí, sin embargo, abrásame el amor, pues ¿qué medida cabe en el amor? "
  • 9.
    1 LA ODISE Entretanto lasólida nave en su curso ligero se enfrentó a las Sirenas: un soplo feliz la impelía más de pronto cesó aquella brisa, una calma profunda se sintió alrededor: algún dios alisaba las olas .Levantárnosle entonces mis hombres, plegaron la vela, la dejaron caer al fondo del barco y, sentándose al remo, blanqueaban de espumas el mar con las palas pulidas. Yo entretanto cogí el bronce agudo, corté un pan de cera y, partiéndolo en trozos pequeños, los fui pellizcando con mi mano robusta: ablandárnosle pronto, que eran poderosos mis dedos y el fuego del sol de lo alto. Uno a uno a mis hombres con ellos tapé los oídos y, a su vez, me ataron de piernas y manos en el mástil, derecho, con fuertes maromas y, luego, a azotar con los remos volvieron al mar espumante. Ya distaba la costa no más que el alcance de un grito y la nave crucera volaba, más bien percibieron las Sirenas su paso y alzaron su canto sonoro: "Llega acá, de los dánaos honor, gloriosísimo Ulises, de tu marcha refrena el ardor para oír nuestro canto, porque nadie en su negro bajel pasa aquí sin que atienda a esta voz que en dulzores de miel de los labios nos fluye. Quien la escucha contento se va conociendo mil cosas: los trabajos sabemos que allá por la Tróade y sus campos de los dioses impuso el poder a troyanos y argivos y aún aquello que ocurre doquier en la tierra fecunda". Tal decían exhalando dulcísima voz y en mi pecho yo anhelaba escucharlas. Frunciendo mis cejas mandaba a mis hombres soltar mi atadura; bogaban doblados contra el remo y en pie Perimedes y Euríloco, echando sobre mí nuevas cuerdas, forzaban cruelmente sus nudos. Cuando al fin las dejamos atrás y no más se
  • 10.
    2 escuchaba voz algunao canción de Sirenas, mis fieles amigos se sacaron la cera que yo en sus oídos había colocado al venir y librarme a mí de mis lazos.
  • 11.
    1 EDIPO REY "Tiresias.-Me voy;pero diciendo antes aquello por lo que fui llamado, sin temor a tu mirada; que no tienes poder para quitarme la vida. Así, pues, te digo: ese hombre que tanto tiempo buscas y a quien amenazas y pregonas como asesino de Layo, está aquí, se le tiene por extranjero domiciliado; pero pronto se descubrirá que es tebano de nacimiento, y no se regocijará al conocer su desgracia. Privado de la vista y caído de la opulencia en la pobreza, con un bastón que le indique el camino se expatriará hacia extraña tierra. Él mismo se reconocerá a la vez hermano y padre de sus propios hijos; hijo y marido de la mujer que lo parió, y comparado y asesino de su padre. Retírate, pues, y medita sobre estas cosas; que si me coges en mentira, ya podrás decir que nada entiendo del arte adivinatorio. Edipo.-Que no sea lo mejor lo que he hecho, ni tienes que decírmelo ni tampoco darme consejos. Pues yo no sé con qué ojos, si la vista conservara, hubiera podido mirar a mi padre en llegando al infierno, ni tampoco a mi infortunada madre, cuando mis crímenes con ellos dos son mayores que los que expían con la estrangulación. Pero ¿acaso la vista de mis hijos engendrados corno fueron engendrados podía serme grata? No, de ningún modo; a mis ojos, jamás. Ni la ciudad, ni las torres, ni las imágenes sagradas de los dioses, de todo lo cual, yo, en mi malaventura siendo el único que tenía la más alta dignidad en Tebas, me privé a mí mismo al ordenar a todos que expulsaran al impío, al que los dioses y mi propia familia hacían aparecer como impura pestilencia; y habiendo yo manifestado tal
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    2 deshonra como mía,¿podía mirar con buenos ojos a éstos? De ninguna manera; porque si del sentido del oído pudiese haber cerradura en las orejas, no aguantaría yo el no habérselas cerrado a mí desdichado cuerpo, para que fuese ciego y además nada oyese, pues vivir con el pensamiento apartado de los males es cosa dulce. El entonces arrancó los broches de oro que adornaban sus ropas, y enseguida los clavó en sus ojos, exclamando que así ya no vería más, ni su miseria, ni su crimen En la oscuridad no volverían ver a quien no debía ver, y que mejor jamás hubieran visto. Gritando así se punzaba los ojos una y otra vez, la sangre que corría le bañaba hasta la barba, no eran gotitas lo que fluía de sus ojos, era un torrente oscuro, como una granizada de sangre. En todo esto ambos fueron los artífices, y la desgracia acabó con la mujer y con el hombre. Su antigua felicidad fue en su momento verdadera. Ahora no es más que culpa, muerte, vergüenza, de todos los males que tienen nombre, ninguno falta."
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