Las armaduras de la Edad Media consistían en piezas de metal articuladas que protegían al guerrero. Su origen data del periodo egipcio cuando usaban cascos, corazas de tela cubiertas con placas metálicas. En la Edad Media, los guerreros también usaban armas como arcos, lanzas y hachas para defenderse, así como catapultas para derribar murallas enemigas. Las ballestas también se usaban aunque la iglesia las prohibió contra otros cristianos.