Las viviendas de los campesinos en la Alta Edad Media eran cabañas muy pequeñas, generalmente de 2 a 6 metros, construidas con madera, adobe y piedra. Solían tener el suelo excavado y alojaban a la familia y los animales. Las casas de los nobles eran castillos fortificados, a menudo situados en lugares estratégicos. Los monasterios eran como pequeñas ciudades donde vivían los monjes, con iglesia, dormitorios, biblioteca, hospedería y campos.