Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Nueva Zelanda llevaron a cabo el Proyecto Seal, cuyo objetivo era desarrollar un arma capaz de generar tsunamis artificiales para atacar ciudades enemigas. Se realizaron casi 4,000 explosiones de prueba submarinas que sugirieron que el concepto era factible, pero el proyecto fue cancelado antes del lanzamiento de la bomba atómica contra Japón en 1945.