El poema describe la corrupción y la falta de valores en el siglo XX, donde ya no importa ser bueno o malo, sabio o ignorante. Todos están mezclados y manoseados en el mismo lodo. Se ha perdido el respeto por la razón, y cualquiera puede ser considerado un señor o un ladrón. El siglo es problemático y febril, donde uno debe aprovecharse de los demás para sobrevivir.