Investigadores del IRB Barcelona han descubierto que el hígado y el cerebro se comunican para regular el apetito, ya que los ratones con altos niveles de glucógeno en el hígado muestran una disminución en el consumo de alimentos. Este hallazgo sugiere que aumentar la producción de glucógeno hepático podría ser una estrategia efectiva para tratar la diabetes y la obesidad. La conexión entre el hígado y el cerebro se encuentra mediada por el ATP, que influye en la saciedad y el control del apetito.