La Cena del Señor no es para que los creyentes se sientan dignos, sino para recordar la gran misericordia de Dios al enviar a Jesús a morir por nosotros, los pecadores indignos. Participar indignamente significa no enfocarse en lo que Cristo hizo, sino en uno mismo. La actitud correcta es reconocer nuestra indignidad y dar gracias por la gracia divina.