Este documento describe cómo los creyentes son el pueblo de Dios. Somos un linaje escogido y un sacerdocio real, destinados a proclamar las obras maravillosas de Dios que nos sacó de las tinieblas a su luz. Antes no éramos pueblo ni recibíamos misericordia, por lo que debemos estar agradecidos y no olvidar de dónde venimos.