Un discípulo de Cristo discipula a otros ayudándoles a seguir a Cristo. La labor de discipular implica iniciar una relación en la cual se enseña, corrige, se actúa como modelo y se ama a la otra persona. El objetivo es ver vidas transformadas a medida que orientamos nuestras vidas hacia el bienestar espiritual de los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús.