El pecado tuvo graves consecuencias en el cielo y la tierra. En el cielo, ocasionó rebelión y la caída de los ángeles. En la tierra, introdujo la separación entre el hombre y Dios, y entre los hombres, ocasionando conflictos, crímenes y guerras. También afectó negativamente la relación del hombre consigo mismo y con la naturaleza. Sin embargo, Cristo, al morir en la cruz, logró la victoria sobre el pecado y aseguró la salvación para la humanidad.