Una niña de 9 años que vivía sola la mayor parte del tiempo debido a los compromisos políticos de sus padres, se volvió inseparable de su perro que le compraron para hacerle compañía. Una noche, algo despertó a la niña y asustada tocó a su perro para que la lamiera como solían hacer para calmarse, pero a la mañana siguiente descubrió a su perro crucificado y una amenaza escrita con sangre en el espejo. La niña quedó traumatizada por el evento y nunca volvió a ser la misma.