Este poema de Carlos Alberto Boaglio habla sobre la muerte y cómo afrontar la ausencia de un ser querido. Aconseja no llorar ni lamentarse, sino recordar con cariño al difunto, seguir adelante con la vida y mantener viva la llama de su recuerdo. Finalmente, dice que aunque no se vea físicamente al que ha partido, su espíritu permanece siempre al lado de los que quedan.