La tortuga Franklin vivía feliz en el bosque, riendo todo el tiempo. Un día, mientras paseaba y comía hojas, una liebre notó que Franklin no paraba de reír. Cuando la liebre le preguntó por qué reía, Franklin respondió que reía de todo porque la vida es hermosa. Más tarde, cuando comenzó a llover, Franklin se metió dentro de su caparazón para protegerse mientras seguía riendo, haciendo que la liebre notara las ventajas de tener un caparazón. De repente apareció un león