El ermitaño explica mediante una alegoría que la vida solitaria en el desierto no significa falta de trabajo o esfuerzo. Debe "domar" y entrenar seis animales que representan diferentes partes de sí mismo: sus ojos (halcones), manos (águilas), pies (conejos), lengua (serpiente), cuerpo (burro) y corazón (león). Cada día debe guiar y controlar estas partes para evitar que hagan daño y cumplan con su deber.