El ermitaño explica que los animales que dice tener que domar y entrenar son en realidad representaciones metafóricas de las partes de su ser que debe controlar y someter a través de la oración y la penitencia: sus ojos (los halcones), sus manos (las águilas), sus pies (los conejos), su lengua (la serpiente), su cuerpo (el asno) y su corazón (el león). Debe guiar estas partes hacia la virtud y alejarlas del pecado a través del autocontrol espiritual.