Jesús sufrió terribles tormentos físicos y emocionales al ser azotado, coronado de espinas y finalmente crucificado, donde murió después de varias horas de agonía. Soportó todo este sufrimiento por amor a la humanidad, muriendo en lugar de los pecados de la humanidad. Su muerte en la cruz fue uno de los métodos de ejecución más crueles y dolorosos jamás ideados.