Jesús sufrió un deterioro físico extremo en las 12 horas previas a su muerte, incluyendo sudoración con sangre, golpes, flagelación, coronación con espinas y crucifixión. Esto causó shock, pérdida masiva de sangre, dificultad para respirar y paro cardíaco, resultando en su muerte a las 3 pm. La lanza en su costado confirmó que ya había fallecido.