Este documento discute el debate actual sobre la diversidad en la educación argentina. Argumenta que si bien la atención a la diversidad se ha vuelto un imperativo, a menudo se ha convertido en un eufemismo para la educación de los pobres que no cuestiona las desigualdades subyacentes. Propone que la educación debe enfocarse en la igualdad y la justicia en lugar de la piedad. Se necesita repensar la igualdad para incorporar formas más dinámicas y plurales que valoren las contribuciones únicas de cada persona.