El documento analiza la transición del sistema internacional de un paradigma bipolar, dominado por Estados Unidos y la URSS, a uno multipolar donde emergen nuevas potencias como China y actores regionales en América Latina. Se enfatiza la importancia de la interdependencia y el surgimiento de nuevas alianzas que desafían la unipolaridad, abriendo espacios para una mayor autonomía regional. Además, se señala que la crisis económica de 2008 impulsó esta transformación hacia un orden multipolar, que conlleva tanto desafíos como oportunidades en las relaciones de poder globales.