La historia cuenta la vida real de Mel Gibson, quien fue brutalmente golpeado en Australia dejándolo sin rostro. Pasó un año en el hospital y aunque se recuperó físicamente, su rostro deformado le impedía encontrar trabajo. Trabajó en un circo como "El hombre sin rostro" hasta que un sacerdote lo ayudó a conseguir una cirugía estética gratuita que reconstruyó su rostro. Gibson pudo entonces casarse, formar una familia y tener éxito profesional, inspirando la película "El hombre sin rostro".