Este documento cuenta la historia real de Mel Gibson, quien fue brutalmente atacado en Australia, dejándolo sin rostro. Pasó un año en el hospital recuperándose y luego fue rechazado por su apariencia. Encontró consuelo en la iglesia y gracias a la ayuda de un sacerdote pudo someterse a una cirugía reconstructiva exitosa con el mejor cirujano del país. Su fe en Dios lo ayudó a superar la adversidad y convertirse en un ejemplo de coraje y esperanza.