El jaguar presumía de su hermoso pelaje amarillo, pero un día los monos le mancharon el pelaje con un mamey. Enfurecido, el jaguar atacó y devoró a uno de los monos. Los otros monos acusaron al jaguar ante el Señor del Monte. Éste castigó al jaguar haciendo que los monos y jabalíes le arrojaran aguacates, manchando para siempre su pelaje. Desde entonces el jaguar quedó con manchas en su piel.