Un pastorcito se aburría cuidando su rebaño de ovejas, así que comenzó a mentir gritando "¡El lobo!" para divertirse y asustar a los campesinos cercanos. Cuando finalmente apareció un lobo de verdad, los campesinos no le creyeron porque antes los había engañado, poniendo a su rebaño en peligro. El pastorcito aprendió que no debe mentir porque puede tener consecuencias graves.