El Emperador de China se entera por unos libros que un ruiseñor que canta en su jardín es lo mejor de su imperio, a pesar de no haberlo oído antes. Buscan al ruiseñor y lo encuentran cantando en el bosque. Canta para el Emperador, que queda encantado. Más tarde le regalan un ruiseñor mecánico que canta la misma canción una y otra vez. El ruiseñor real se escapa y es criticado, mientras que el artificial es alabado.