El ruiseñor vivía en el jardín del palacio imperial y cautivaba a todos con su canto, excepto al emperador que no lo había escuchado. Un día el emperador oyó su canto y quedó tan emocionado que lloró. Para que siempre lo escuchara, encerraron al ruiseñor en una jaula, pero su canto se volvió triste. Más tarde, el ruiseñor ayudó a curar al enfermo emperador con su canto y prefirió su libertad a vivir enjaulado aunque el emperador