Este documento discute los desafíos que plantea la globalización para la educación en países en vías de desarrollo. Señala que la globalización ha homogeneizado los hábitos de consumo y producción al tiempo que ha aumentado las desigualdades entre países. Argumenta que los sistemas educativos deben formar estudiantes con habilidades para aprender de por vida y trabajar de manera flexible para competir en la economía global, al tiempo que promueven valores humanistas como los derechos humanos y la democracia.