Este documento describe la importancia de la experiencia de Dios para los catequistas. Explica que los catequistas deben tener una experiencia viva de Dios antes de poder transmitir el mensaje de Dios a otros. También destaca que la oración es fundamental para alimentar la experiencia de Dios y que la espiritualidad debe ser la base de la formación de los catequistas. Finalmente, señala que los catequistas están llamados a ser testigos de Dios y ayudar a otros a descubrirlo.