La explotación sexual incluye la violencia y abuso sexual con fines comerciales. Históricamente se remonta a la conquista española y trata de personas en los siglos posteriores. Factores como la pobreza, redes de tráfico infantil y crisis humanitarias contribuyen a esta práctica. Existen posturas a favor y en contra de criminalizar a los clientes o considerar la prostitución un trabajo. Soluciones éticas deben respetar la autonomía y considerar las consecuencias de los actos para el mayor bienestar.