La conversión y la fe son esenciales para vivir la nueva vida que Jesús ofrece, implicando un acto de aceptación y un cambio profundo en el corazón del individuo. Este proceso incluye reconocer el pecado, arrepentirse, y una entrega total a Dios, lo que lleva a una purificación y restauración de la relación con Él. La verdadera conversión se manifiesta no solo en la creencia, sino en la acción y el compromiso de seguir el camino de Jesús.