Los niños de diferentes orígenes se reunían en la casa de la autora para escuchar historias de África y otras galaxias. Jugaban juntos sin preocuparse por las diferencias de color, y aprendían sobre la hermosura y la libertad de África. La autora escribía poemas para crear un mundo donde todos fueran iguales y pudieran amarse más allá de los colores. Estos eran tiempos de libertad del alma donde la razón y el espíritu eran lo más importante.