El documento explora la relación entre el mito de Frankenstein y la educación, cuestionando la idea de formar a un individuo como un objeto fabricado. Philippe Meirieu argumenta que el educador debe facilitar el desarrollo del estudiante en lugar de controlarlo, abogando por un enfoque que promueva la autoformación. La obra reflexiona sobre la necesidad de una pedagogía que permita la autonomía del individuo en lugar de imponerle un modelo predefinido.