El documento explora el concepto de santidad en la Biblia, destacando cómo Dios espera que su pueblo sea santo, como se menciona en Éxodo y Levítico. Se establece un paralelo entre la santidad del antiguo Israel y la de la iglesia en el Nuevo Testamento, enfatizando que los cristianos deben vivir de acuerdo a esta separación y dedicación a Dios. La santidad implica no solo abstenerse de pecado, sino también consagrarse plenamente a la misión de Dios en todos los aspectos de la vida.