La energía hidráulica aprovecha la caída del agua desde alturas para generar energía cinética y luego eléctrica a través de turbinas y generadores. Se ha utilizado históricamente para moler grano y en el siglo XIX para producir electricidad. Las centrales hidroeléctricas usan presas o desniveles naturales para dirigir el agua, y pueden ser de baja, mediana o alta presión dependiendo del desnivel. Proporcionan energía renovable pero también alteran ecosistemas fluviales.