3. Capitulo Tres
                                    If you only believe
                                     By Laysa L’espoir
&.
   —¿No es romántico? —Preguntó Megan ensoñadora mientras abrazaba a Darren
desde atrás por el cuello.
     —Sí, claro. —Contestaron Darren y Brandon al mismo tiempo.
    —El pobre apenas tiene dieciocho y ya tiene designada a la chica que compartirá el
resto de su existencia… —Comentó Brandon con diversión. —Gracias a que no morimos.
—Aclaró.
     —Gracias, Brandon. —Contestó Darren con ironía.
   —Cuando desees, Darry. —Antes de que Brandon pudiera seguir, Darren lo había
golpeado en la cabeza gracias al odioso sobrenombre por el cual siempre lo llamaba para
molestarlo.
    —Niños, dejen de pelear y veamos que hay en esa caja… —Dijo Megan quitándole la
caja de las manos a Darren y sentándose en la escalera que daba el tercer piso, mientras
los dos chicos se sentaban a su lado.
   La castaña intentó abrir la caja, pero no pudo. Utilizó la fuerza sobrenatural que poseía
y que tanto la caracterizaba, pero no logró hacer nada.
    Ambos jóvenes intentaban no reírse mientras la observaban pelear contra la pequeña
caja, pero les era casi imposible.
   —Megan, cariño, ¿recuerdas lo que Peter dijo sobre la caja? —Le preguntó Brandon
con amabilidad en parte fingida, ya que el tono divertido de su voz era hasta casi palpable.
—Por supuesto, dijo que la caja únicamente… —Megan se detuvo al recordar todo con
claridad. Ella sonrió ampliamente y le entregó la caja a Darren algo avergonzada mientras
ambos muchachos intentaban disimular su risa.
    —Muy bien, aquí vamos… —Susurró Darren animándose a sí mismo antes de quitarle
el pequeño cerrojo a la caja con total delicadeza.
   Megan lo miró impresionada. —¿Tienes idea la fuerza que generé sobre ese maldito
cerrojo? —Preguntó irónicamente y molesta al mismo tiempo.
   —Me lo imagino, Megan. —Contestó Darren con diversión. La chica rodó los ojos.
   —¡Vamos, sigue! —Le ordenó Brandon impaciente. Darren respiró profundamente
antes de seguir con su tarea.
   Una vez que el pequeño cerrojo estuviera abierto, el chico abrió delicadamente la caja,
asustándose con lo que de allí adentro salió.
   Muchos pequeños cristales de color violeta salieron volando hacia arriba en forma de
mariposas y del símbolo por el cual se identificaban los Lerions. Luego de unos segundos
en el que las mariposas revolotearon por el lugar, todo cayó al suelo como polvo, pero ese
polvo seguía siendo violeta y brillaba intensamente. El lugar estaba impregnado de aquel
hermoso color y de un extraño olor a coco y mandarinas entremezclados.
    —Wow. —Exclamó Brandon cortando con el silencio en el que se habían quedado los
tres jóvenes.
   —Eso fue demasiado extraño… —Dijo Darren con la respiración agitada, sin poder
creer todo lo que habían visto, y un tanto atontado por aquel aroma que le resultaba
extrañamente conocido.
   —¡Claro que no! —Protestó Megan poniéndose en pie. —¿Qué no se dan cuenta? ¡Es
magia de Syma! Ella era así, romántica y hermosa como lo que acabamos de ver… —Ella
sonrió antes de girarse, tomar un poco del polvo brilloso que había en el suelo y tirarlo
hacia el aire, provocando que se volvieran a convertir en mariposas y que salieran por la
ventana.
   —¿A tu novia se le subió el desayuno a la cabeza? —Le preguntó Darren a Brandon,
que asintió algo preocupado por la actuación de Megan.
   —Hombres… —Protestó Megan mientras rodaba los ojos y volvía a su lugar en la
escalera. Darren prosiguió en abrir aquella pequeña caja dejando pasar el pequeño
comentario de su mejor amiga.
    Por dentro, la caja era hermosa comparada con el aspecto que tenía por fuera. Tenía
diamantes y cristales violetas pegados en la parte de adentro, y en el centro, estaba
depositado el pequeño brazalete. Era de plata -lo cual servía de protección para todo
Lerion-, con muchos pequeños y delicados detalles, como cristales negros y algunas
piedras de cristales en distintas formas bañadas también en plata.
   Todo Lerion debía de tener algo, algún objeto de aquel extraño metal. Les servía de
protección, ya que sus pieles no se adaptaban completamente a cualquier otro planeta
que no fuera Starship -su planeta de origen-.
Cuando Darren tomó aquel brazalete para examinarlo mejor, se quedó embobado. No
podía creer ni entender el porqué se sentía tan atraído hacia ese pequeño artefacto. Era
como si nada le importara, tan solo cuidar del hermoso brazalete hasta que su dueña lo
encontrara, o mejor dicho el brazalete encontrara a su dueña.
  Lo extraño era que mientras observaba el brazalete, solo una persona cruzaba por su
mente, una persona que lo traía loco desde que la vio.
   .
   .
    —¡Dejen de reír! No fue divertido… —Dijo Darren molesto a sus amigos mientras
ingresaban en el Instituto.
   —Sí lo fue. —Dijo Brandon tentado de la risa. —Estabas tan concentrado en el
brazalete, y luego… ¡Boom! Cuando Megan hizo que saltaras del susto… ¡Fue genial! —
Sobreactuó el chico entremedio de sus nada contenidas carcajadas.
   —Sí, qué divertido. —Dijo Darren con sarcasmo, justo cuando esa persona en la que
pensaba día y noche, mañana y tarde, cada segundo de su existencia, estaba parada a
unos cuantos pasos de él.
   Julie buscaba los libros que necesitaría para su siguiente clase en su casillero,
omitiendo completamente a la cantidad de estudiantes que iban y venían. Solo estaba
concentrada en sus cosas, y ansiosa en lo que ocurriría a la tarde con la tal Janice.
   —Sigues pensando en ella, ¿cierto? —Le preguntó Brandon a su amigo una vez ya
calmado cuando lo notó quedarse parado observando a Julie.
    —Cada segundo de mi existencia… —Contestó Darren con pura sinceridad mientras
soltaba un suspiro, y por supuesto, sin poder dejar de mirarla.
   —Tienes que olvidarte de ella, Darren. —Insistió otra vez el chico preocupado por su
mejor amigo.
   —No puedo. No dejo de preocuparme en cómo esta, qué es lo que piensa, qué es lo
que hace el resto del día… Mi mundo gira a su alrededor. Yo giro a su alrededor, y no
puedo evitarlo…
   “Y no quiero evitarlo”, pensó para él sin dejar de mirarla ensoñadoramente.
    —Lo siento, hermano. Pero sino no la olvidas, será peor para ti cuando encuentres a la
Hija de la Esperanza. —Dijo Brandon palmeando la espalda de su mejor amigo antes de
correr para alcanzar a su novia que había seguido el camino hacia su casillero.
    Darren suspiró antes de ir hacia Julie, restándole importancia a lo que Brandon había
dicho, aunque algo de razón tenía. Le dolería tener que intentar olvidarse de ella. Julie era
lo más preciado que él tenía, razón por la cual se quedaba en este planeta dispuesto a
protegerla de todo, hasta de el aire que respiraba si fuera necesario. Pero hasta que
llegara la Luna Llena, que para eso faltaba únicamente una semana, disfrutaría de sus
últimos días con Julie.
   —Hola, Julie. —Le saludó Darren a la aludida desde atrás, tomándola por sorpresa y
haciendo que se sonrojara.
Cuando Julie escuchó esa voz que tanto extrañó escuchar el día anterior, no pudo
evitar sonrojarse. Ella estaba perdidamente enamorada de Darren Johnson desde el día
que lo vio entrar por primera vez en su clase de Química y lo designaron a que se sentase
con ella, ya que era la única que no tenía compañero. Todo había ocurrido como una
atracción a primera vista. Cuando esos ojos color celestes, tan profundos como el océano
mismo, se encontraron con los suyos… Fue todo lo que necesitó para enamorarse de él, y
eso que ni siquiera se conocían. Ni siquiera sabían el nombre del otro, ni siquiera se
habían pronunciado un ligero “Hola”.
    Pero no se necesitó nada de eso, porque para Darren no había sido muy diferente.
Cuando él entró en aquella clase y lo designaron a que se sentara con aquella extraña
muchacha de cabello castaño que caía sobre sus hombros hasta la mitad de su espalda,
con algunos mechones envueltos en pequeñas trencitas perfectamente hechas y de
distintos colores, y la única que no tenía un compañero, se sintió algo preocupado. Todos
lo miraban fijamente, llevándolo a preguntarse a sí mismo si alguno había descubierto lo
que en realidad era.
   Sin embargo, cuando esos dulces y delicados ojos grisáceos se encontraron con los
suyos, todo le restó importancia. En ese momento, supo que ella sería su todo.
   —Hola, Darren. —Le saludó Julie intentando ocultar su sonrojo.
   Pasaron varios minutos de un eterno e irritante silencio. Al menos, hasta que ella se
animó a romper con aquel silencio mientras cerraba su casillero.
   —No te vi ayer. —Comentó mientras se giraba a él.
   —No. Ammm… Problemas familiares. —Contestó el chico mirando directo a esos
hermosos ojos de ella. —¿Me extrañaste? —Le preguntó divertido.
    —Idiota. —Le contestó ella riendo mientras comenzaban a caminar hacia su siguiente
clase.
   El silencio reinaba otra vez entre los dos jóvenes mientras iban por ese pasillo medio
vacío de estudiantes. Ellos casi nunca tenían que hablar para saber cuánto se querían, a
pesar de que ninguno se animara a decirlo en voz alta. Ellos, con solo una mirada, lo
decían todo y se podría decir que hasta más.
   La realidad era que Darren muchas veces se había acercado a Julie para besarla, pero
siempre ocurría algo que los distraía a ambos o alguien que los interrumpía. El castaño se
moría por gritar a los cuatro vientos cuánto la amaba, pero ahora que él se había enterado
que ya tenía destinada a la mujer con quien compartiría su eternidad, cambiaba todos sus
planes. Y no hacía más que entristecerlo. ¿Podría amar a la hija de la esperanza de la
misma forma en que amaba a Julie? No, definitivamente no.
    Julie iba sumergida en sus pensamientos al lado de Darren. Hacía tiempo que ella se
moría porque él diera un paso más, y la realidad era que ya lo había intentado. Solo que
siempre se metían los amigos de él o alguien de su familia -en especial su hermano mayor-
interrumpiendo cualquier lindo momento que podría pasar con Darren. Parecía que el
destino estaba en su contra cada vez que él se acercaba a besarla, y eso la enfurecía.
   —¡Julie! —Gritó una voz sacándola de sus pensamientos. Ella se giró junto con Darren
para encontrarse con Max corriendo hacia ella.
—Hola, Max. —Dijo ella deteniéndose a esperarlo, únicamente por educación.
    Cuando Darren vio a aquel chico corriendo hacia Julie, una fuerte sensación de enojo
lo invadió, y aún más cuando lo vio de cerca y se dio cuenta de lo que en realidad ese tal
Max era.
   Sus ojos lo delataban, él era un Lerion.
   Ambos muchachos se observaron detenidamente durante unos minutos, olvidándose
de que Julie estaba allí parada, viendo como se miraban desafiantes.
    —Darren. —Lo llamó Julie agarrándolo del brazo, haciendo que éste se estremeciera
por su toque a pesar de la furia que lo llenaba. —Está por sonar la campana… —Dijo ella
tirando de él. —Vamos, llegaremos tarde.
   Cuando Julie vio a aquellos chicos mirarse de esa forma, sintió miedo. Miedo de que
alguno perdiera el control y se lanzara sobre el otro para desfigurarlo, ya que ambos
tenían las manos cerradas en puños. Por lo que decidió llevarse a Darren, gracias a que
tenían una clase juntos.
   En el camino, Darren estaba tenso, metido en su mente, pensando en ese otro Lerion
que conocía a Julie. Preocupado de que su misión fuera lastimarla. Pero volvió a la
realidad olvidándose de todo cuando sintió una pequeña y delicada mano tomada a la
suya.
    Julie no se había dado cuenta que cuando lo había sacado de esa incómoda escena su
mano fue directa a la de Darren, como si esta tuviera un imán hacia la suya. Para él, ese
hermoso tacto era cálido y suave, se sentía con la suficiente fuerza como para matar a
cien Moghts con los ojos cerrados. Para ella, ese tacto impensado era reconfortante. La
hacía sentirse especial, y sobre todo, querida.
    Darren no pudo evitar sonreír cuando vio pasar muchos chicos que se quedaron
atónitos al verlos de las manos. Él se paró derecho y los miró fijo, como advirtiéndoles que
Julie era suya.
   A pesar de que ella pensara que no era igual de linda como las porristas, Darren sabía
que ella poseía una belleza de la cual muchos de los estudiantes estaban detrás, y él no
dejaría que la lastimaran, ni siquiera que la tocaran.
   Julie había notado toda la situación, y también había sonreído con cierta timidez,
pegándose más a Darren para ocultar su enrojecimiento. A ella le gustó la forma en que él
dejó en claro que ella era suya, eso demostraba que realmente la quería, a pesar de no
decirlo en voz alta.

IYOB_Cap Tres

  • 1.
    3. Capitulo Tres If you only believe By Laysa L’espoir &. —¿No es romántico? —Preguntó Megan ensoñadora mientras abrazaba a Darren desde atrás por el cuello. —Sí, claro. —Contestaron Darren y Brandon al mismo tiempo. —El pobre apenas tiene dieciocho y ya tiene designada a la chica que compartirá el resto de su existencia… —Comentó Brandon con diversión. —Gracias a que no morimos. —Aclaró. —Gracias, Brandon. —Contestó Darren con ironía. —Cuando desees, Darry. —Antes de que Brandon pudiera seguir, Darren lo había golpeado en la cabeza gracias al odioso sobrenombre por el cual siempre lo llamaba para molestarlo. —Niños, dejen de pelear y veamos que hay en esa caja… —Dijo Megan quitándole la caja de las manos a Darren y sentándose en la escalera que daba el tercer piso, mientras los dos chicos se sentaban a su lado. La castaña intentó abrir la caja, pero no pudo. Utilizó la fuerza sobrenatural que poseía y que tanto la caracterizaba, pero no logró hacer nada. Ambos jóvenes intentaban no reírse mientras la observaban pelear contra la pequeña caja, pero les era casi imposible. —Megan, cariño, ¿recuerdas lo que Peter dijo sobre la caja? —Le preguntó Brandon con amabilidad en parte fingida, ya que el tono divertido de su voz era hasta casi palpable.
  • 2.
    —Por supuesto, dijoque la caja únicamente… —Megan se detuvo al recordar todo con claridad. Ella sonrió ampliamente y le entregó la caja a Darren algo avergonzada mientras ambos muchachos intentaban disimular su risa. —Muy bien, aquí vamos… —Susurró Darren animándose a sí mismo antes de quitarle el pequeño cerrojo a la caja con total delicadeza. Megan lo miró impresionada. —¿Tienes idea la fuerza que generé sobre ese maldito cerrojo? —Preguntó irónicamente y molesta al mismo tiempo. —Me lo imagino, Megan. —Contestó Darren con diversión. La chica rodó los ojos. —¡Vamos, sigue! —Le ordenó Brandon impaciente. Darren respiró profundamente antes de seguir con su tarea. Una vez que el pequeño cerrojo estuviera abierto, el chico abrió delicadamente la caja, asustándose con lo que de allí adentro salió. Muchos pequeños cristales de color violeta salieron volando hacia arriba en forma de mariposas y del símbolo por el cual se identificaban los Lerions. Luego de unos segundos en el que las mariposas revolotearon por el lugar, todo cayó al suelo como polvo, pero ese polvo seguía siendo violeta y brillaba intensamente. El lugar estaba impregnado de aquel hermoso color y de un extraño olor a coco y mandarinas entremezclados. —Wow. —Exclamó Brandon cortando con el silencio en el que se habían quedado los tres jóvenes. —Eso fue demasiado extraño… —Dijo Darren con la respiración agitada, sin poder creer todo lo que habían visto, y un tanto atontado por aquel aroma que le resultaba extrañamente conocido. —¡Claro que no! —Protestó Megan poniéndose en pie. —¿Qué no se dan cuenta? ¡Es magia de Syma! Ella era así, romántica y hermosa como lo que acabamos de ver… —Ella sonrió antes de girarse, tomar un poco del polvo brilloso que había en el suelo y tirarlo hacia el aire, provocando que se volvieran a convertir en mariposas y que salieran por la ventana. —¿A tu novia se le subió el desayuno a la cabeza? —Le preguntó Darren a Brandon, que asintió algo preocupado por la actuación de Megan. —Hombres… —Protestó Megan mientras rodaba los ojos y volvía a su lugar en la escalera. Darren prosiguió en abrir aquella pequeña caja dejando pasar el pequeño comentario de su mejor amiga. Por dentro, la caja era hermosa comparada con el aspecto que tenía por fuera. Tenía diamantes y cristales violetas pegados en la parte de adentro, y en el centro, estaba depositado el pequeño brazalete. Era de plata -lo cual servía de protección para todo Lerion-, con muchos pequeños y delicados detalles, como cristales negros y algunas piedras de cristales en distintas formas bañadas también en plata. Todo Lerion debía de tener algo, algún objeto de aquel extraño metal. Les servía de protección, ya que sus pieles no se adaptaban completamente a cualquier otro planeta que no fuera Starship -su planeta de origen-.
  • 3.
    Cuando Darren tomóaquel brazalete para examinarlo mejor, se quedó embobado. No podía creer ni entender el porqué se sentía tan atraído hacia ese pequeño artefacto. Era como si nada le importara, tan solo cuidar del hermoso brazalete hasta que su dueña lo encontrara, o mejor dicho el brazalete encontrara a su dueña. Lo extraño era que mientras observaba el brazalete, solo una persona cruzaba por su mente, una persona que lo traía loco desde que la vio. . . —¡Dejen de reír! No fue divertido… —Dijo Darren molesto a sus amigos mientras ingresaban en el Instituto. —Sí lo fue. —Dijo Brandon tentado de la risa. —Estabas tan concentrado en el brazalete, y luego… ¡Boom! Cuando Megan hizo que saltaras del susto… ¡Fue genial! — Sobreactuó el chico entremedio de sus nada contenidas carcajadas. —Sí, qué divertido. —Dijo Darren con sarcasmo, justo cuando esa persona en la que pensaba día y noche, mañana y tarde, cada segundo de su existencia, estaba parada a unos cuantos pasos de él. Julie buscaba los libros que necesitaría para su siguiente clase en su casillero, omitiendo completamente a la cantidad de estudiantes que iban y venían. Solo estaba concentrada en sus cosas, y ansiosa en lo que ocurriría a la tarde con la tal Janice. —Sigues pensando en ella, ¿cierto? —Le preguntó Brandon a su amigo una vez ya calmado cuando lo notó quedarse parado observando a Julie. —Cada segundo de mi existencia… —Contestó Darren con pura sinceridad mientras soltaba un suspiro, y por supuesto, sin poder dejar de mirarla. —Tienes que olvidarte de ella, Darren. —Insistió otra vez el chico preocupado por su mejor amigo. —No puedo. No dejo de preocuparme en cómo esta, qué es lo que piensa, qué es lo que hace el resto del día… Mi mundo gira a su alrededor. Yo giro a su alrededor, y no puedo evitarlo… “Y no quiero evitarlo”, pensó para él sin dejar de mirarla ensoñadoramente. —Lo siento, hermano. Pero sino no la olvidas, será peor para ti cuando encuentres a la Hija de la Esperanza. —Dijo Brandon palmeando la espalda de su mejor amigo antes de correr para alcanzar a su novia que había seguido el camino hacia su casillero. Darren suspiró antes de ir hacia Julie, restándole importancia a lo que Brandon había dicho, aunque algo de razón tenía. Le dolería tener que intentar olvidarse de ella. Julie era lo más preciado que él tenía, razón por la cual se quedaba en este planeta dispuesto a protegerla de todo, hasta de el aire que respiraba si fuera necesario. Pero hasta que llegara la Luna Llena, que para eso faltaba únicamente una semana, disfrutaría de sus últimos días con Julie. —Hola, Julie. —Le saludó Darren a la aludida desde atrás, tomándola por sorpresa y haciendo que se sonrojara.
  • 4.
    Cuando Julie escuchóesa voz que tanto extrañó escuchar el día anterior, no pudo evitar sonrojarse. Ella estaba perdidamente enamorada de Darren Johnson desde el día que lo vio entrar por primera vez en su clase de Química y lo designaron a que se sentase con ella, ya que era la única que no tenía compañero. Todo había ocurrido como una atracción a primera vista. Cuando esos ojos color celestes, tan profundos como el océano mismo, se encontraron con los suyos… Fue todo lo que necesitó para enamorarse de él, y eso que ni siquiera se conocían. Ni siquiera sabían el nombre del otro, ni siquiera se habían pronunciado un ligero “Hola”. Pero no se necesitó nada de eso, porque para Darren no había sido muy diferente. Cuando él entró en aquella clase y lo designaron a que se sentara con aquella extraña muchacha de cabello castaño que caía sobre sus hombros hasta la mitad de su espalda, con algunos mechones envueltos en pequeñas trencitas perfectamente hechas y de distintos colores, y la única que no tenía un compañero, se sintió algo preocupado. Todos lo miraban fijamente, llevándolo a preguntarse a sí mismo si alguno había descubierto lo que en realidad era. Sin embargo, cuando esos dulces y delicados ojos grisáceos se encontraron con los suyos, todo le restó importancia. En ese momento, supo que ella sería su todo. —Hola, Darren. —Le saludó Julie intentando ocultar su sonrojo. Pasaron varios minutos de un eterno e irritante silencio. Al menos, hasta que ella se animó a romper con aquel silencio mientras cerraba su casillero. —No te vi ayer. —Comentó mientras se giraba a él. —No. Ammm… Problemas familiares. —Contestó el chico mirando directo a esos hermosos ojos de ella. —¿Me extrañaste? —Le preguntó divertido. —Idiota. —Le contestó ella riendo mientras comenzaban a caminar hacia su siguiente clase. El silencio reinaba otra vez entre los dos jóvenes mientras iban por ese pasillo medio vacío de estudiantes. Ellos casi nunca tenían que hablar para saber cuánto se querían, a pesar de que ninguno se animara a decirlo en voz alta. Ellos, con solo una mirada, lo decían todo y se podría decir que hasta más. La realidad era que Darren muchas veces se había acercado a Julie para besarla, pero siempre ocurría algo que los distraía a ambos o alguien que los interrumpía. El castaño se moría por gritar a los cuatro vientos cuánto la amaba, pero ahora que él se había enterado que ya tenía destinada a la mujer con quien compartiría su eternidad, cambiaba todos sus planes. Y no hacía más que entristecerlo. ¿Podría amar a la hija de la esperanza de la misma forma en que amaba a Julie? No, definitivamente no. Julie iba sumergida en sus pensamientos al lado de Darren. Hacía tiempo que ella se moría porque él diera un paso más, y la realidad era que ya lo había intentado. Solo que siempre se metían los amigos de él o alguien de su familia -en especial su hermano mayor- interrumpiendo cualquier lindo momento que podría pasar con Darren. Parecía que el destino estaba en su contra cada vez que él se acercaba a besarla, y eso la enfurecía. —¡Julie! —Gritó una voz sacándola de sus pensamientos. Ella se giró junto con Darren para encontrarse con Max corriendo hacia ella.
  • 5.
    —Hola, Max. —Dijoella deteniéndose a esperarlo, únicamente por educación. Cuando Darren vio a aquel chico corriendo hacia Julie, una fuerte sensación de enojo lo invadió, y aún más cuando lo vio de cerca y se dio cuenta de lo que en realidad ese tal Max era. Sus ojos lo delataban, él era un Lerion. Ambos muchachos se observaron detenidamente durante unos minutos, olvidándose de que Julie estaba allí parada, viendo como se miraban desafiantes. —Darren. —Lo llamó Julie agarrándolo del brazo, haciendo que éste se estremeciera por su toque a pesar de la furia que lo llenaba. —Está por sonar la campana… —Dijo ella tirando de él. —Vamos, llegaremos tarde. Cuando Julie vio a aquellos chicos mirarse de esa forma, sintió miedo. Miedo de que alguno perdiera el control y se lanzara sobre el otro para desfigurarlo, ya que ambos tenían las manos cerradas en puños. Por lo que decidió llevarse a Darren, gracias a que tenían una clase juntos. En el camino, Darren estaba tenso, metido en su mente, pensando en ese otro Lerion que conocía a Julie. Preocupado de que su misión fuera lastimarla. Pero volvió a la realidad olvidándose de todo cuando sintió una pequeña y delicada mano tomada a la suya. Julie no se había dado cuenta que cuando lo había sacado de esa incómoda escena su mano fue directa a la de Darren, como si esta tuviera un imán hacia la suya. Para él, ese hermoso tacto era cálido y suave, se sentía con la suficiente fuerza como para matar a cien Moghts con los ojos cerrados. Para ella, ese tacto impensado era reconfortante. La hacía sentirse especial, y sobre todo, querida. Darren no pudo evitar sonreír cuando vio pasar muchos chicos que se quedaron atónitos al verlos de las manos. Él se paró derecho y los miró fijo, como advirtiéndoles que Julie era suya. A pesar de que ella pensara que no era igual de linda como las porristas, Darren sabía que ella poseía una belleza de la cual muchos de los estudiantes estaban detrás, y él no dejaría que la lastimaran, ni siquiera que la tocaran. Julie había notado toda la situación, y también había sonreído con cierta timidez, pegándose más a Darren para ocultar su enrojecimiento. A ella le gustó la forma en que él dejó en claro que ella era suya, eso demostraba que realmente la quería, a pesar de no decirlo en voz alta.