JAIME DE ARMIÑÁN
Fracaso con gustavitos
(1954-2008)
Antolejía-Dossier
Edición:
Julio Tamayo
cinelacion@yahoo.es
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NOTA
Más vale una vez colorado que ciento amarillo. La frase fetiche de Jaime de Armiñán,
aparece en casi todas sus series, películas, obras de teatro, libros. La que mejor resume su
obra, y su propia trayectoria personal, que tiene de cualquier cosa menos de complaciente,
mediocre, vulgar. Abandonó un trabajo fijo, seguro, gris, de oficinista, había estudiado
derecho, luego opositado sin éxito, para hacer realidad su sueño de convertirse en narrador
de historias. Cosa que logró en todas las facetas posibles, periodismo, teatro, televisión,
cine, literatura, y con gran éxito de crítica y público (sobre todo en su faceta televisiva, y
sólo puntualmente en cine, “El amor del Capitán Brando”, “El nido”, “Mi querida
señorita”), cosa que muy pocas veces se conjuga. ¿Y qué son los gustavitos? Las tapas, las
comestibles, no las de los libros. Luego fracaso con tapas. ¿Y qué tapas? La ternura y el
humor. Fracaso con ternura y humor. Fracaso el vino, un vino recio, denso, del Priorato, y la
ternura y el humor los entrantes necesarios para que el fracaso no se suba a la cabeza, ni
baje a los pies. Un fracaso que se sobrelleva con estoicismo, con naturalidad, el éxito es
muy poco español, un extranjerismo, un barbarismo. Un fracaso torrencial, si sumamos
todas sus facetas creativas, la cifra supera los tres ceros. Una obra inabarcable para un
español con obligaciones, cargas, y profundamente irregular, como todos los genios. Esta
antolejía-dossier no tiene la finalidad de abrir boca, sino la de matar el hambre, saciarlo, con
un chuletón de buey de kilo y medio. Como la vida es corta y llena de mierda, como la
escalera de un gallinero, me limito a hacer quince recomendaciones (y a rejuntar en orden
cronológico todos los textos que he escrito sobre él), las suficientes para tener una visión de
conjunto. Quien no sepa apreciar su grandeza, tiene un problema gustativo, degustativo.
Julio Tamayo
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MIS 15 OBRAS FAVORITAS
(en orden cronológico)
01- “Café del Liceo” (1957) (teatro)
PDF: https://mega.nz/file/UqYGVSjJ#AZ0vu6oYVxoeQxjCbFLw3m3S8REh-8DjY4rmVC_Unqg
Versión televisiva: https://www.rtve.es/play/videos/estudio-1/cafe-del-liceo/6755852/
02- “Con derecho a fantasma” (1958) Eduardo de Filippo (traducción)
PDF: https://mega.nz/file/wr5khZAR#WsATrlRJdg9irueEoeA4gn61Za0ObPzUT1rvaz7PARc
03- “El fúnebre” (Galería de maridos) (1960) (televisión)
Guión en la página 7
04- “La oposición de Germán Ferrer” (El personaje y su mundo) (1961) (televisión)
Guión en la página 13
05- “La señorita” (Tiempo y Hora) (1966) (televisión)
Guión en la página 21
06- “La zorra y las uvas” (Fábulas) (1968) (televisión)
Guión en la página 41
07- “El amor del capitán Brando” (1974) (cine)
08- “Suspiros de España” (1974-75) (televisión)
Serie completa: https://www.rtve.es/play/videos/suspiros-de-espana-serie/
09- “El nido” (1980) (cine)
10- “Cuentos imposibles” (1984) (televisión) + “Juncal” (primer episodio) (1988) (televisión)
Serie completa: https://www.youtube.com/channel/UCPj15trIDzacqpMIcdx1OHw
Juncal: https://www.rtve.es/play/videos/juncal/
11- “Stico” (1985) (cine)
12- “Mi general” (1987) (cine)
13- “Al otro lado del túnel” (1994) (cine)
14- “La isla de los pájaros” (1999) (novela)
PDF: https://mega.nz/file/07gTQD4K#QHH6vBhBrKujkeluJaFtVk6wRET5ieuM79YZZYDAmLE
Germen: https://mega.nz/file/B2RkjZTC#cdWr4KbIJwvkcr7YqujPz8uiDDWHUREUgl18BQawXxE
15- “14, Fabian Road” (2008) (cine)
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ÍNDICE
ANTOLEJÍA DE GUIONES
01- “El fúnebre” (Galería de maridos) (1960)………………………………………………………..7
02- “La oposición de Germán Ferrer” (El personaje y su mundo) (1961)……………………….....13
03- “La señorita” (Tiempo y Hora) (1966)…………..……………………………………………...21
04- “La zorra y las uvas” (Fábulas) (1968)…………………….……………………..…….41
DOSSIER
05- El cine según Jaime de Armiñán……………………………………………………..…67
06- Cuestionario a Jaime de Armiñán………………………………………………………69
07- Las siete vidas de Jaime de Armiñán……………………………………………….…..71
08- El feminismo montuno, ultramontano, de Armiñán……………………………………77
09- “La Lola dicen que no vive sola” (1971)……………………………………………….81
10- Feminismo en “Las doce caras de Eva” (1971)……………………………………...…83
11- Feminismo en “Tres eran tres” (1972)……………………………………………….…99
12- “El amor del capitán Brando” (1974)……………………………………………...….101
13- “Suspiros de España” (serie) (1974-75)…………………………………………...….107
14- Armiñán o el respeto por la libertad (Manuel Vázquez Montalbán)……………….…149
15- La polémica “¡Jo, papá” (1975)…………………………………………………….....151
16- “El nido” (1980)………….………………………………………………………..…..161
17- “Cuentos imposibles” (serie) (1984)…………………………………………….…….165
18- “Juncal” (Cuentos imposibles y primer episodio serie) (1984-88)…………..………..167
19- “Stico” (1985)…………………………….…………………………………………...169
20- “Mi general” (1987)…………………………………………………………………...171
21- “Al otro lado del túnel” (1994)…………………………….………………..………...175
22- “La isla de los pájaros” (1999)………………………………………………………..179
23- “14, Fabian Road” (2008)…………………………………………………….……….183
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EL FÚNEBRE
(“Galería de maridos”, 1960)
(Una chica —PAULA— está sentada en una silla. Parece muy satisfecha.
Va vestida alegremente. BRUNO se acerca a ella; al fondo suena la música.)
BRUNO.—Buenas tardes, señorita.
PAULA.—¡Buenas tardes!
BRUNO.—¿Está ocupada esta silla?
PAULA.—¡No! (BRUNO se sienta. Una pausa.) ¿Usted conoce a Lolita?
BRUNO.—Sí.
PAULA.—¡Es prima mía!
BRUNO.—Me alegro.
PAULA.—¡Hoy cumple veinte años!
BRUNO.—Ya lo sé. Por eso he venido.
PAULA.—¿Le ha traído usted algún regalo?
BRUNO.—Sí, señorita.
PAULA.—¿Puedo preguntarle qué regalo le ha traído?
BRUNO.—Sí.
PAULA.—¿Qué regalo le ha traído?
BRUNO.—Un cinturón de corcho.
PAULA.—¿Cómo ha dicho?
BRUNO.—Un cinturón de corcho. Tengo entendido que Lolita se va de veraneo a
Ribadesella. La playa de Ribadesella es muy mala. En Ribadesella se ahogó un amigo mío.
Es muy peligrosa...
PAULA.—Pero Lolita nada muy bien.
BRUNO.—Nunca se sabe. Los cortes de digestión son traicioneros. No es que e1
cinturón de corcho sirva de mucho, pero al menos se tiene la seguridad de recuperar el
cadáver...
PAULA.—¡Qué horror!
(Asciende la música. Un muchacho se acerca a PAULA.)
BRUNO.—¿Quieres bailar?
PAULA.—Sí. ¡Gracias!
(Se levanta y comienza a bailar con el CHICO. Con el rostro de BRUNO tristísimo,
funde la escena. Pasamos al piso de PAULA y BRUNO. Han transcurrido algunos años.
PAULA se dirige al público.)
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PAULA.—Yo me casé con Bruno, el fúnebre; le conocí aquella tarde en el guateque de
mi prima Lolita. Bruno me dio el pego. Le vi tan triste, tan serio, que le confundí con un
hombre interesante. ¿Por qué las mujeres, en cuanto encontramos a un hombre serio, le
confundimos con un hombre interesante? Me parece estar oyendo aquella música... (Suena
la música que oímos antes.) Yo bailaba con un chico... Pero no escuchaba sus palabras... Sin
querer, pensaba en el melancólico Bruno y en el cinturón de corcho de mi prima Lolita; en
la playa de Ribadesella y en los traidores cortes de digestión... Estaba deseando volver al
lado de aquel hombre tan interesante y tan serio…
(BRUNO sigue sentado. Se oye la música. PAULA regresa hasta él, de nuevo años atrás.)
PAULA.—¿Sigue usted aquí?
BRUNO.—Sí.
PAULA.—Pensé que se habría marchado. Como no le veo bailar...
BRUNO.—Bailar es una frivolidad. Además, puede ocurrirme lo mismo que a mi amigo
Rafael.
PAULA.—¿Qué 1e ocurrió a su amigo Rafael?
BRUNO.—Mi amigo Rafael veraneaba en Gijón. Fue a una romería y se puso a bailar
con una chica...
PAULA.—¿Por lo suelto o por lo «agarrao»?
BRUNO.—Por lo suelto. Ese fue su error... Bailaba con La chica sin darse cuenta de que
allí había un precipicio sobre el mar... Estaba muy entusiasmado, porque la chica era muy
mona... Se fue echando hacia atrás, dando vueltecitas... Dio una vueltecita y no volvimos a
verle... Desde el prado al mar había una distancia de treinta metros... Es el baile suelto más
trágico que he presenciado en mi vida... Desde entonces, yo no bailo...
PAULA.—¿Y por qué dice que su error fue bailar por lo suelto?
BRUNO.—Porque si baila agarrado a la chica, al menos se la hubiera llevado por
delante…
(Ríe, de forma un tanto siniestra.)
PAULA.—¿Y eso le hace gracia?
BRUNO.—Sí. (La contempla.) Es usted muy mona. ¿Quiere que bailemos?
PAULA.—No sé… Después de lo que me ha contado...
BRUNO.—Estoy dispuesto a hacer una excepción por usted...
PAULA.—¿Y si nos caemos por el acantilado?
BRUNO.—Aquí no hay acantilados.
(Suena un tango.)
PAULA.—Bueno...
(Bailan el tango.)
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BRUNO.—Claro, que hay balcones... Lolita vive en un séptimo piso.
PAULA.—No se acerque mucho a los balcones...
BRUNO.—A mí me gusta el tango por lo melancólico y por lo triste. Además, me
recuerda la trágica muerte de Carlos Gardel. ¡Pobre Carlos Gardel!
(Salen de campo bailando el tango. Asciende la música y pasamos al decorado donde está
PAULA.)
PAULA.—Pero Bruno me atraía como el espejuelo atrae a la alondra. Jamás ningún
muchacho había intentado enamorarme contándome desgracias. Algún tiempo después
—casi nos veíamos a diario— lo encontré en un parque del paseo…
(BRUNO está sentado en un banco. Es un forillo con un parque pintado.
Mira su reloj. Está tan fúnebre como siempre.)
BRUNO.—Lo que yo me temía... La ha atropellado un tranvía... Era natural... Cuando
una persona se cita con otra a las seis en punto, y son las seis y cinco y no ha llegado, sólo
puede haberle ocurrido una cosa: le ha atropellado un tranvía.
(Entra PAULA en campo, muy alegre.)
PAULA.—¡Hola, Bruno! ¿Te he hecho esperar? (Bruno se levanta, muy serio.)
No parece que te alegre el verme...
BRUNO.—Al contrario, me alegra mucho. ¿Quieres sentarte?
PAULA.—Sí, quiero sentarme.
(Se sientan los dos.)
BRUNO.—Paula, he decidido casarme contigo...
PAULA.—¡Bruno!
BRUNO.—No me interrumpas. Eres muy mona, pero no es por eso. Mucho más mona
que tú era Helena de Troya, y ya ves, se murió. Mucho más mona que tú era Cleopatra, y
también se murió. Mucho más mona que tú era la princesa de Éboli, y, además de faltarle un
ojo, se murió. Conque no es por eso.
PAULA.—Entonces no me lo explico, Bruno.
BRUNO.—Pienso en la vejez, y quizá en la invalidez. Dicen que «el buey suelto bien se
lame», pero yo creo que si me quedo impedido necesitaré a alguien que me cuide. No me
ocurra lo que a don José...
PAULA.—¿Qué le ocurrió a don José?
BRUNO.—Don José era un viejecito soltero. Vivía en un piso. Un día se dejó una
ventana abierta y se acatarró. Intentó llegar a la ventana para cerrarla, pero como era tan
viejecito iba muy despacio. En la mitad de la habitación le dio una pulmonía. Siguió
avanzando, ya con cuarenta grados; cada vez entraba más frío... No pudo llegar, el pobre
don José. Ya ves, tú; si hubiera estado casado, quizá viviría don José... ¿Quieres casarte
conmigo?
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PAULA.—No sé...
BRUNO.—Piénsalo de aquí a mañana. Buenas tardes…
(BRUNO se levanta. Da la mano ceremoniosamente a PAULA y sale de campo.
La chica queda sola.)
PAULA.—Y me casé con Bruno. A ustedes es probable que les extrañe el que me casara
con un sujeto tan fúnebre. Pero yo les voy a decir un secreto: me casé con Bruno porque
estaba enamorada de él, y esto del amor es muy raro… (Suena una marcha nupcial.)
Cuando terminó la ceremonia, Bruno dijo: Ya la hemos hecho buena. ¿Y saben ustedes cuál
fue la felicitación que agradeció más? La de un amigo suyo, de luto, que le dio la mano,
muy triste, y le dijo: Bruno, ahora ya uniditos hasta la tumba…
(Pasamos al decorado del piso. BRUNO, en una butaca, está leyendo un libro.
En la portada vemos el título: «El ladrón de cadáveres».)
BRUNO.—«La condesa necesitaba glándulas de muerto para rejuvenecerse. Allí estaba,
tan consumidita, tocando el piano, cuando su marido, el siniestro ladrón de cadáveres,
empuñando la jeringuilla, se dirigió hacia ella. Detrás del cuello le inyectó las glándulas,
que obraron milagrosamente en la consumida naturaleza de la condesa...» (Suena el
teléfono. BRUNO levanta la vista.) Alguna desgracia... Cuando suena el teléfono siempre es
por alguna desgracia... En estos casos, lo mejor es no tocarlo... (Sigue leyendo.) «En el
sótano tenían cadáveres de todas clases. La condesa necesitaba siempre una buena
provisión...» (Deja de sonar el teléfono.) Ya no suena el teléfono. (Se arrellana en la butaca
y lee.) «Hacía una noche espantosa. Negros presagios rodeaban las torres del castillo...»
(Vuelve a sonar el teléfono.) ¡No tiene arreglo! ¡Cuando las cosas van mal, no tienen
arreglo! (Descuelga.) ¿Diga?... Ya me pongo en lo peor. ¿Diga usted? ¿Dos localidades para
«La quimera del oro»? Me parece que se confunde usted, caballero... Aquí no ponemos «La
quimera del oro»... En todo caso le aconsejo que vaya a ver una película bien triste y no esa
tontería de «La quimera del oro»... ¡Además, se ha equivocado usted! ¡Esto es la funeraria!
(Cuelga, riendo siniestramente, y se dirige a su sillón. Entra PAULA.)
PAULA.—Buenas noches, Bruno.
BRUNO.—Buenas noches. Ya me tenías intranquilo.
PAULA.—Milagro. (Le da un beso y se sienta junto a él.) Al entrar me pareció que te
reías.
BRUNO.—Sí.
(PAULA le mira asombrada.)
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BRUNO.—Parece que te extraña.
PAULA.—No... Es que me ha cogido de sorpresa... Como no te reías desde el año
cuarenta y ocho...
BRUNO.—Es que soy muy gracioso...
PAULA.—¡Cuenta! ¡Cuenta!
BRUNO.—Figúrate que ha llamado un tipo creyendo que esto era un cine... Quería
comprar dos localidades para ver «La quimera del oro», y entonces yo le he dicho...
PAULA.—¿Qué le has dicho?
BRUNO.—¡Que se había confundido! ¡Que esto es la funeraria! (Ríe.) ¿A que soy
gracioso? No creo que a nadie se le haya ocurrido nunca dar por teléfono una réplica tan
graciosa...
PAULA.—Sí que es gracioso...
BRUNO.—Pero ya está bien de reírse. Hay una enfermedad horrible que se llama «mal
de la risa». Empieza uno tan contento, tan contento, y de pronto se le desencajan las
mandíbulas...
PAULA.—¡No me cuentes esas cosas horribles, Bruno! ¡La risa es muy bonita!
BRUNO.—¿Que la risa es bonita? ¿Cuál es el animal más siniestro del mundo? ¿Es la
gallina? ¡No! ¡No es la gallina! ¿Es la mosca? ¡Tampoco es la mosca! ¡Es la hiena! Y ¿qué
hace la hiena? ¡Se ríe! ¡La hiena se ríe!
PAULA.—¡Calla, Bruno! ¡Me estás poniendo los pelos de punta! (Tratando de cambiar
de conversación.) ¿Sabes...? ¡He estado en el sastre!
BRUNO.—No sé para qué se va a comprar uno trajes...
PAULA.—¡Para estar guapa!
BRUNO.—¿Te he contado la historia de aquel amigo de mi padre que se iba a comprar
un traje...?
PAULA.—¡No! ¡No me la cuentes! (Saca varias muestras del bolsillo.) Necesitas un
traje... Escoge entre todas estas muestras...
BRUNO.—¿Tú crees? (Los mira distraído.) No... Marrón no puedo llevarlo... Ni este a
cuadritos tampoco... Y mucho menos azul... ¡Ni gris clarito! ¡Pero, por Dios, Paula! ¿Por
quién me has tomado? Si quieres que me haga un traje, tendrá que ser negro...
PAULA.—¡Ya tienes siete trajes negros!
BRUNO.—Nunca está de más. Suponte que te da una gripe...
PAULA.—¡Bruno!
BRUNO.—Hay que ser realista, Paula... La ropa, al teñirla, se hace polvo... Más vale que
sea negra, negra de entrada... (PAULA le mira, muy triste.) Está bien. Haré una excepción:
en vista de que es verano, encárgame un traje gris marengo. ¡Pero que sea bien oscurito!
(PAULA se pone en pie y sale de la habitación.) No hay quien entienda a las mujeres... Les
concede uno un capricho, y encima se enfadan... ¡Paula!
PAULA (Off ).—¿Qué quieres?
BRUNO.—¿Me has traído el periódico de la noche?
PAULA (Off).—¡Lo he dejado encima de la mesita! ¿No lo ves?
BRUNO.—¡Sí! (Toma el periódico y lo despliega.) Sucesos... Sucesos... Sucesos...
(Busca la página de sucesos, ávidamente.) Aquí está... (PAULA vuelve y se sienta con un
libro entre las manos.) «Asesina a una anciana, a hachazos, para robarla. Teruel, 9...»
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PAULA.—¡No leas eso, Bruno!
BRUNO.—¡Pero si es muy bonito! (Pasando la mirada por la página.) Da gusto cómo
vienen los periódicos: «Se despeña un autobús en la provincia de Ciudad Real, y mueren
todos sus ocupantes».
PAULA.—¡Por favor, Bruno!
BRUNO.—Está bien... ¡Cuántas esquelas! Para que luego digan que en verano se muere
menos gente... Fíjate, Paula, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... ¡Lo mismo que en invierno!
PAULA.—¡Bruno, deja ese periódico!
BRUNO.—Como quieras…
(Abandona el periódico y toma el libro.)
PAULA.—¡Deja también El ladrón de cadáveres!
BRUNO (Condescendiente).—Y tú, ¿qué lees?
PAULA.—¿Yo? Caperucita Roja. ¡Para equilibrar la balanza!
BRUNO.—Caperucita Roja es muy bonito... Muere el lobo, y muere la abuelita y muere
la mismísima Caperucita Roja...
PAULA.—¡Pero luego los salvan los leñadores!
BRUNO.—¡Que te crees tú eso! ¡Es un final amañado y blandengue! ¿Quieres saber cuál
es la verdadera historia de «Caperucita»?
PAULA.—¡No! ¡No quiero saberla! (PAULA, se pone en pie. BRUNO La imita. La
contempla muy serio.), ¿Por qué me miras así? (BRUNO se acerca a ella.) ¿Por qué me
miras así, Bruno?
BRUNO.—Tienes el blanco de los ojos amarillo... Mal síntoma, Paula... Tío Gerardo
empezó igual... Se le puso el blanco de los ojos amarillo de tanto comer huevos fritos, y
luego el resto del cuerpo también se le puso amarillo. Después se convirtió en chino, pero
duró muy poco... El pobre tío Gerardo no resistió la impresión.
PAULA.—¡Bruno! (Huye de su marido y desaparece.)
BRUNO.—El caso es que es muy mona. (Avanza hacia el teléfono y marca un número.)
¿Es la sastrería?... Soy Bruno Méndez... (Baja la voz.) Oiga usted, cuando vaya mi mujer a
encargarles un traje gris marengo, no le hagan caso… Háganmelo negro... Lo voy a
necesitar pronto... (Cuelga y avanza hacia la cámara.) Desgraciadamente, abundan los
sujetos como Bruno el fúnebre, y, justo es reconocerlo, no les faltan motivos... Lo que
ocurre es que, a la página de sucesos, debemos intentar oponerle, como hace Paula, el
cuento de Caperucita Roja, que acaba bien. No lo duden ustedes: acaba bien.
(Aparece la palabra fin.)
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LA OPOSICIÓN DE GERMÁN FERRER
(“El personaje y su mundo”, 1961)
Una mesa junto a la cual se sientan tres catedráticos —de espaldas a la cámara—.
La mesa está sobre un estrado. Suponemos que la sala se pierda al fondo. Los rótulos van
sobreimpresionados con un montón de libros de texto. Suena la música. Una música triste y
melancólica.
El Secretario del tribunal llama:
SECRETARIO: ¡Número 2.313! ¡Don Germán Ferrer Castro!
Una breve pausa.
¡Número 2.313! ¡Don Germán Ferrer Castro!
Avanza hasta el tribunal el opositor. Es un hombre de unos treinta y cinco años,
vestido con pulcritud y humildad. Sonríe con timidez y lleva gafas.
GERMÁN: Buenos días.
El Presidente del tribunal inclina la cabeza.
PRESIDENTE: Siéntese.
GERMÁN: Con su permiso.
PRESIDENTE: Saque tres bolas.
GERMÁN: Sí, señor.
Toma el pequeño bombo que hay sobre la mesa.
¿Puedo beber un vaso de agua?
El Presidente inclina la cabeza. Germán bebe.
Tres bolas... Tres bolas...
Las va extrayendo.
Cuatrocientos catorce. Setenta y dos. Ciento nueve.
Las entrega al Presidente, que comprueba los números.
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Que corresponden a los temas...
Lee un programa.
Las obligaciones profesionales de los comerciantes. El matrimonio. Y la ley de 27 de
diciembre de 1947.
Carraspea.
PRESIDENTE: Muy bien.
Germán Ferrer saca un reloj y lo pone encima de la mesa.
Tiene usted quince minutos.
GERMÁN: Sí, ya lo sé.
Toma la jarra.
Perdón.
Bebe un vaso de agua.
PRESIDENTE: Quince minutos.
Vuelve a carraspear.
Obligación referente a la contabilidad y a la conservación la correspondencia...
Se detiene.
¿Puedo fumar?
El Presidente inclina la cabeza. Germán saca una cajetilla.
¿Ustedes fuman?
Ninguno habla.
Perdonen... Me tranquiliza... Esto de fumar me tranquiliza… Ya sé que no debía hacerlo;
pero como son ustedes tan amables...
Enciende el pitillo.
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La obligación referencia a la contabilidad y a la con... con… conservación de la co... de
la corres... de la correspondencia.
Ha comenzado a tartamudear.
PRESIDENTE: Cálmese.
Germán asiente. Luego se vuelve hacia el público.
Tiene usted quince minutos.
GERMÁN: Sí, señor.
Reanuda el examen.
Obligaciones profesionales de los comerciantes.
Se calla.
¿Les importa a ustedes que cambie el orden de los temas?
Preferiría decir antes otro y después éste.
PRESIDENTE: Es lo mismo.
GERMÁN: Muchas gracias.
Lee el cuestionario.
Bien. Tenemos «El matrimonio». «Las obligaciones profesionales de los comerciantes» y
«La ley de 27 de diciembre de 1947». Empezaré por la ley de 27 de diciembre de 1947.
Cierra los ojos e intenta concentrarse.
Se refiere a la falsificación de la moneda. Las figuras de delito de esta ley son, según el
artículo 263, cuatro...
Comienza a quitarse las gafas y a ponérselas con gesto nervioso.
Al que fabricare moneda falsa. Al que cercenare o alterase la moneda falsa. ¡No! La
moneda buena... O sea la válida… Tercero. La expedición de moneda... No, ése es el cuarto.
Tercero. Al que introdujere moneda falsa, cercenada o alterada, y cuarto, la expendición de
moneda falsa, cercenada o alterada.
Apaga el cigarrillo.
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La costumbre del comerciante de inscribir en una determinada forma de contabilidad y de
resumir periódicamente las anotaciones en un balance…
PRESIDENTE: Estaba usted refiriéndose al tema ciento nueve.
GERMÁN: Sí... Al tema ciento nueve... Y me he pesado al otro… Perdón.
Bebe un vaso de agua.
PRESIDENTE: Tiene usted doce minutos.
GERMÁN: Doce minutos. Tres por cuatro doce. A más de tres minutos por tema.
Intenta concentrarse.
Estaba refiriéndome a la ley de... de... de 27 de diciembre de 1947. Según el artículo 284
se entiende por moneda: al papel moneda, billetes del Estado y de banco y... y...
Se pone las gafas.
El matrimonio es el único modo constitutivo de la sociedad conyugal y, a la vez, base
fundamental de la familia…
PRESIDENTE: Se refiere usted al tema setenta y dos.
GERMÁN: Eso es.
PRESIDENTE: Pero estaba usted diciendo el ciento nueve.
GERMÁN: Sí.
Se quita las gafas.
La falsificación de moneda tiene que tener una falsificación tal que sea posible pasarla
entre el público... Entre el público... O sea, no es necesario que sólo la puedan distinguir los
peritos... porque en ese caso... En ese caso... Si las monedas falsificadas sólo fueran o fuesen
reconocidas por los peritos...
Va desinflándose.
Por los peritos... Sólo fuesen reconocidas por los peritos...
Una ligera pausa. Germán mira a sus jueces desamparado.
PRESIDENTE: ¿Ha terminado ya?
GERMÁN: Le juro a usted que me sé los temas.
PRESIDENTE: Continúe.
Mira el reloj.
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Tiene nueve minutos.
Germán se tapa la cara con las manos.
GERMÁN: Voy a empezar por el matrimonio.
Breve pausa.
Es opinión corriente la de derivar la palabra castellana «matrimonio» de la latina
«matrimonium».
Se calla.
¿Puedo retirarme?
El Presidente, sorprendido, mira a sus colegas.
PRESIDENTE: Ahora iba usted muy bien.
GERMÁN: No sé seguir.
PRESIDENTE: Retírese.
GERMÁN: Sí, señor.
No se mueve.
PRESIDENTE: ¿Qué le ocurre?
GERMÁN: Nada, ya me voy. ¿Cuánto tiempo me quedaba?
PRESIDENTE: Ocho minutos.
GERMÁN: Tengo derecho a esos ocho minutos, ¿verdad? Ya sé… Ya sé que estoy
suspendido... Que tampoco esta vez sacaré la plaza... Pero quisiera, quisiera pedirles a
ustedes un favor… Pierdan ocho minutos conmigo.
PRESIDENTE: Continúe.
GERMÁN: No, no es eso... No voy a hablarles del matrimonio, ni de la ley de 27 de
diciembre de 1947, ni de las obligaciones del comerciante, aunque yo les juro que me sé
esos temas y los quinientos nueve del cuestionario... Llevo estudiando once años a más de
diez horas diarias... Calculen ustedes las horas que he pasado estudiando... Voy a hablarles
de cualquier otra cosa... por no dejar de hablar... Para que me vean... No, no trato de
gastarles ninguna broma.. ¡sí que estoy para bromas! Ahí detrás... En un banco... En el
último banco de la sala están mis padres... Han venido del pueblo a darme fuerzas...
Son viejos... Si yo me levantara ahora les causaría mucha pena... Sabrían que he fracasado
otra vez... En cambio, si permanezco sentado los quince minutos, si me ven hablar, puedo
decir luego que conmigo se ha cometido una injusticia... Perdónenme, no se va a enterar
nadie más que ellos... Que yo no tenía recomendación y, al menos, eso les consolará. ¿Me
dejan decir que ha sido una injusticia y que yo no tenía recomendación?
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El Presidente inclina la cabeza.
Muchas gracias.
Una breve pausa.
Yo empecé la carrera de Derecho en 1946... Vine del pueblo, como tantos otros... Ya sé
que esto no les importa... No es necesario que me escuchen... yo lo que quiero es que me
dejen hablar... mis padres tenían un pequeño negocio y yo, en lugar de trabajar en casa, me
empeñé en estudiar... Ahora me doy por vencido... Vivía en una pensión... Todas las
semanas
me mandaban dinero y un paquete de comida, porque en la pensión se comía muy mal... Y
yo estudiaba... Fui un alumno brillante. Aprobé todos los cursos. Saqué matrículas y
sobresalientes. Pueden ustedes preguntar por mí a don Federico de Castro y al señor
Garrigues y al señor Urcisino… Me conocen bien... Yo era muy distinto... Tenía confianza
en mí mismo. Al acabar la carrera mi padre me regaló un reloj.
Se lo enseña.
Mírelo. «A Germán, abogado, con el cariño de su padre.» Era el mes de junio de 1951.
Abogado. En España todo el mundo es abogado. Y decidí hacer oposiciones. Yo creí que
esto de las oposiciones sería lo mismo que lo de la carrera. Empecé notarías. Me encerré a
estudiar. Desde 1951 hasta hoy han pasado once años. ¡Once años estudiando para nada!
Sigo siendo estudiante y, mire, ya tengo el pelo blanco por las sienes. He perdido la cuenta
de las convocatorias. Cada vez vengo con más miedo... Lo que llevo en la cabeza no lo
puedo decir… Soy muy nervioso... Incluso fui a un psiquiatra... He hecho de todo... Soy un
hombre inteligente... Le doy mi palabra de que soy un hombre inteligente, y no lo tomen a
vanidad… Quieren saber lo que he hecho durante estos once años? Estudiar desde las seis
de la mañana a las ocho de la tarde… Irme a dar una vuelta por el barrio y a tomar una caña
con otros opositores y hablar de derecho mercantil, de derecho civil y de leyes. Sé mucho
más que cientos de opositores que han aprobado. No he visto el sol. Estoy pálido. Ya no
tengo fuerza en los brazos. ¿Y para qué? ¿Qué buscaba yo? Ahora me doy cuenta de que he
sido un imbécil y he perdido la juventud. Otros, que valían infinitamente menos que yo, son
diplomáticos, técnicos, abogados del Estado, notarios, registradores. No voy a culpar al
sistema. ¡Yo soy el culpable! ¿Pero creen ustedes que es lógico que un hombre se juegue su
porvenir en quince minutos? ¿Que en quince minutos haya de decir tres temas? ¿Que valga
más el que tiene más memoria? ¡No es justo!
Da un golpe en la mesa.
¡No es justo!
Se calla.
19
Perdónenme. Estoy abusando de su bondad. ¿Cuánto tiempo me queda?
PRESIDENTE: Tres minutos.
GERMÁN: Me marcho al pueblo. No me verán más por aquí. Intentaré recuperar lo que
he perdido. Al menos, en el comercio de mis padres. Colgaré el título de abogado que, poco
a poco, se irá llenando de polvo.
Toma el reloj y comienza a ponérselo.
«A Germán, abogado, con el cariño de su padre.»
Sonríe.
Yo tuve una novia. Se llamaba Rosita. La conocí en la pensión. También venía de un
pueblo y trabajaba en el Ministerio de Marina. Ella sí había ganado sus oposiciones. Todas
las noches, después de cenar, me tomaba los temas en el comedor. ¿Les he dicho que era
muy mona? Doña Soledad —la dueña de la pensión— me dejaba un vaso de leche. Yo
estaba muy enamorado de Rosita. Algunas veces se ha sentado en ese banco, donde hoy
están mis padres, para animarme, y una y otra vez me ha visto levantarme sin despegar los
labios o después de haber tirado un vaso de agua al presidente del tribunal... Yo soy muy
nervioso... Un día, Rosita... Bueno, cuando les conté antes que tomaba una caña todas las
noches me olvidé decirles que mi novia solía acompañarme. ¿Por dónde íbamos? ¡Pobre!
¡Hemos sido novios diez años! Un día trasladaron a un compañero de Rosita a su negociado.
Era de Bilbao y se llamaba Jacinto. Ella, estoy seguro, luchó contra Jacinto hasta que se le
acabaron las fuerzas. Noté que Rosita se había enamorado porque ya no me tomaba las
lecciones en el comedor de doña Soledad. Porque me huía, Dios sabe que no le guardo
rencor. Se casaron, Ahora tienen ya un hijo. Un hijo que podría ser mío.
Golpea la mesa.
¡No es justo! ¡También eso me lo han robado los quinientos temas de la oposición!
Germán, mientras hablaba, fue haciendo pajaritas de papel.
Ahora, la mesa casi está llena.
Anoche llegaron mis padres del pueblo... Yo no quería que viniesen aquí... Pero se han
empeñado... «Ya verás como ahora sacas la plaza...», me dijo mi madre... Con nosotros allí
no puedes fallar... Piensa en nosotros y desde lejos te daremos fuerzas... No te pongas
nervioso... Sabes mucho más que los demás... Nos lo ha dicho el registrador...
¿Cuánto falta?
Se detiene.
20
PRESIDENTE: Quince segundos.
Hace una pausa que dura ese tiempo. El Presidente hace sonar un timbre.
GERMÁN: Quince segundos... Los últimos quince segundos… ¡Ya está!
Comienza a guardar los programas en la cartera.
Muchas gracias. Han sido ustedes muy buenos. No lo olvidaré nunca.
Los mira en silencio. Luego habla con voz apagada.
Miren a un hombre oscuro que ha fracasado y que no sirve para la administración y que a
lo mejor servía para otra cosa.
Se levanta.
Buenos días.
Da la vuelta y se aleja. La mesa está llena de pajaritas de papel.
El Secretario llama.
SECRETARIO: ¡Número 2.314! ¡Don Santiago Álvarez Álvarez!
Asciende la música. La cámara llega hasta las pajaritas de papel.
Aparece la palabra «Fin».
21
LA SEÑORITA
(“Tiempo y Hora”, 1966)
Una habitación humilde. Hay una cama. Una pequeña ventana. Un armario. Es el
cuarto de una chica de servir.
La chica —se llama Guadalupe y le dicen “Lupe”— está sentada al borde de la cama.
Tiene los ojos llenos de lágrimas. Cerca de ella hay una pobre maleta abierta y llena de
ropa.
Se abre la puerta. Entra otra muchacha: Loren. Es un poco mayor que Lupe. Trae un
montoncito de ropa.
LOREN.—¿Estás mejor?
LUPE.—Sí.
LOREN.—Pues no lo parece.
Lupe se encoge de hombros.
Te he traído esto.
Lupe no responde.
Lo he lavado yo misma.
LUPE.—Gracias.
LOREN.—No te ibas a ir con la ropa sucia...
LUPE.—Es lo mismo.
LOREN.—¿Te la guardo en la maleta?
LUPE.—Déjala ahí.
LOREN.—Hija, no lo tomes así. Lo único que no tiene remedio es la muerte...
LUPE.—Es que yo preferiría estar muerta.
LOREN.—No digas eso, que es un pecado.
Lupe no responde. Loren guarda la ropa en la maleta.
Encuentra un tríptico de plástico con tres fotografías.
¿Estos son tus padres?
LUPE.—Sí.
22
LOREN.—¿Y éste es él?
Lupe calla.
A cualquier hora llevaba yo su fotografía.
LUPE.—Es mi hermano.
LOREN.—Muy majo.
Lo observa.
Aquí está de soldado.
LUPE.—Ya lo ves.
LOREN.—¿Dónde hizo la mili?
LUPE.—No lo sé.
LOREN.—¿No lo sabes?
LUPE.—No me acuerdo.
LOREN.—¡Hay que vivir...!
Deja el tríptico en la maleta.
¿A dónde vas?
Lupe no dice nada.
¿Al pueblo?
LUPE.—No.
LOREN.—¿Viven tus padres?
LUPE.—Sí.
LOREN.—¿Y lo saben?
LUPE.—No.
LOREN.—¿Quieres un consejo?
LUPE.—No.
LOREN.—Mujer... Yo lo hago por tu bien...
Se ha sentado junto a ella.
Lo mejor es decirlo. Lo sueltas de golpe y como ya no tiene remedio... No eres la
primera…
23
LUPE.—¿Qué hora es?
LOREN.—Las siete y cinco.
Una pausa.
¿Y si no vas al pueblo, adónde piensas ir?
LUPE.—A casa de una tía.
LOREN.—¿Te vas a quedar allí los siete meses?
LUPE.—Sí.
LOREN.—Dame las señas.
Lupe no responde.
¿Me has oído?
LUPE.—Sí.
Una pausa.
No quiero ver a nadie.
LOREN.—Yo lo digo por si te envían aquí alguna carta...
LUPE.—Nadie va a escribirme.
LOREN.—¿Ni él?
Lupe calla.
Desde luego los hombres no pagan ahorcados...
Nuevo silencio.
¿Dónde vive tu tía?
LUPE.—En Sepúlveda.
LOREN.—¿Y tus padres?
LUPE.—En La Velilla.
LOREN.—¿Cae cerca?
Lupe asiente.
24
¿Y tu novio dónde está?
Lupe se encoge de hombros.
¿Te preparo una taza de tila?
LUPE.—No.
LOREN.—A lo mejor te sentaba bien una taza de tila... Como estás nerviosa...
LUPE.—No estoy nerviosa.
LOREN.—Entonces, una copa de coñac. Eso levanta el ánimo...
Lupe no dice nada.
Hija, desde luego es como si le lavaras la cabeza a un tiñoso. Comprenderás que a mí
todo esto ni me va ni me viene…
LUPE.—Perdóname, Loren.
LOREN.—Yo lo comprendo.
LUPE.—Te lo agradezco mucho.
LOREN.—No tienes por qué agradecerme nada; hoy por ti y mañana por mí...
Ríe.
¡Qué tonterías estoy diciendo! Cualquiera pilla a la hija de mi madre... Tú eres una tonta,
una ingenua que no sabe en qué mundo vive... ¿Quieres un consejo?
Lupe mueve la cabeza negativamente.
Tienes razón: ya es tarde para darte un consejo.
Una pausa.
¿A qué hora sale el tren?
LUPE.—A las nueve.
LOREN.—¿Has sacado billete?
Lupe asiente. Loren se acerca a ella.
Pues aunque no quieras un consejo pienso dártelo: habla con la señorita. Habla
francamente con ella. La señorita es una santa…
* * *
25
Del rostro de Lupe, que no responde a su amiga, pasamos al de una mujer de edad
indefinida. Está bebiendo lentamente una taza de té. La deja —con delicadeza— sobre una
mesita.
MARITA. Yo debo de tener un antepasado inglés...
Marita —así se llama la mujer— está en una habitación de su casa. Una habitación un
tanto recargada y, desde luego, fuera de tiempo. Le acompañan dos damas
aproximadamente de sus mismas características. Se llaman Leonor y Anuncia.
LEONOR.—A mí también me vuelve loca el té...
ANUNCIA.—El café tampoco está mal.
MARITA.—Es otra cosa.
LEONOR.—¿A vosotras os desvela?
ANUNCIA.—¿El qué?
LEONOR.—El té.
ANUNCIA.—No.
LEONOR.—¿Y el café?
ANUNCIA.—Tampoco.
MARITA.—Yo nunca tomo café.
ANUNCIA.—Pues hija, yo, sin mi buen café con leche de la mañana, soy incapaz de dar
un paso.
MARITA.—Eso son costumbres. Yo, si el café no es muy bueno, prefiero no tomarlo.
ANUNCIA.—¿Insinúas que en mi casa no se hace buen café?
MARITA.—Hija, yo no he insinuado nada.
Se vuelve hacia Leonor, que está tomando una pasta.
¿Verdad, tú?
LEONOR.—¡Yo soy neutral!
Ríe.
Exquisitas pastas. ¿Las haces tú misma?
MARITA.—Son de la “Bella Pastora”.
LEONOR.—Ya decía yo...
Mordisquea otra.
Inconfundibles. Inconfundibles…
26
MARITA.—A mí me cansa la cocina.
ANUNCIA.—Sí... Es muy esclava...
MARITA.—Volviendo al tema del café...
ANUNCIA.—No tienes por qué volver a ese tema...
MARITA.—Mujer, no te piques.
ANUNCIA.—No me pico.
MARITA.—Es que te debo una explicación. Vosotras sabéis que papá era cubano. Él,
que en paz descanse, nos hacía siempre el café. En un pucherito de barro y con manga. Sin
que hirviera el agua, porque el agua no tiene que hervir jamás; digan lo que digan los
italianos, que de esto del café no saben una palabra, por muchas cafeteras que inventen.
ANUNCIA.—Te diré que mi cafetera...
MARITA.—Permíteme.
ANUNCIA.—Hace un café riquísimo.
MARITA.—Modernismos.
LEONOR.—¿Habéis probado estas de piñoncitos?
MARITA.—Volviendo al tema que nos ocupa...
LEONOR.—Son como hechas en casa...
MARITA.—Son mejor que hechas en casa.
Se dirige a Anuncia.
Resumiendo: desde que murió papá, que en paz descanse, no he vuelto a probar el café.
ANUNCIA.—Es una muestra emocionante de amor filial.
MARITA.—No es amor filial: es reconocimiento al mérito. Por desgracia, las cosas de
ahora ya no son como las de antes…
ANUNCIA.—Eso es cierto: se han invertido los valores.
LEONOR.—Las pastas son mucho más pequeñas.
MARITA. Las pastas y otras cosas.
LEONOR.—Y otras cosas, sí, otras cosas...
ANUNCIA.—¿A qué os referís?
MARITA.—Hablábamos en general...
Toma la tetera.
Ahora ya no echo de menos el café.
Sirve a sus amigas.
Por eso os decía antes que debo de tener un antepasado inglés...
27
Al tiempo que pronuncia esta frase se abre la puerta y entra en la habitación Loren.
Trae una bandeja con una jarra de porcelana. Se acerca a la mesa de las señoras.
Marita destapa la tetera.
¿Está caliente?
LEONOR.—Sí, señorita.
MARITA.—¿No se te habrá enfriado por el camino?
LEONOR.—No, señorita.
MARITA.—Como el pasillo es tan largo...
Loren echa agua en la tetera.
¿Y Lupe?
LEONOR.—Haciendo la maleta.
Marita suspira.
MARITA.—¿Está decidida a marcharse?
LEONOR.—Creo que sí, señorita.
MARITA.—Allá ella. Esta casa es su casa.
LEONOR.—La señorita es muy buena...
MARITA.—Si no vamos a tener caridad con el prójimo cuando falta, Loren…
Vuelve a suspirar.
Dile que antes de irse debo de hablar con ella.
LEONOR.—Sí, señorita.
Una pausa.
¿Quiere usted algo más?
MARITA.—No.
Loren salen de la habitación.
Qué pena de chica... Tan dispuesta, tan trabajadora, tan seriecita…
28
LEONOR.—Las chicas, hoy en día, tienen demasiada libertad.
MARITA.—Es cierto. Y no saben usarla. Mucho pantalón, mucho fumar, mucha moto,
mucho “cock-tail”...
ANUNCIA.—Mujer, tampoco creo que Lupe fuera a demasiados “cock-tails”...
MARITA.—Por lo visto, a los suficientes...
ANUNCIA.—Esas cosas han ocurrido siempre.
MARITA.—Ahora en mayor escala. Nosotras éramos distintas.
LEONOR.—Estoy de acuerdo con Marita.
MARITA.—La juventud de hoy es diferente. Tú lo has dicho hace un momento,
Anuncia, mujer: se han invertido los valores.
Anuncia asiente.
Claro que yo tengo a salvo mi responsabilidad. Y además, le he dicho que se quede.
Es ella quien quiere marcharse.
LEONOR.—En eso has tenido suerte.
Marita mira a su amiga con frialdad.
MARITA.—Bien sabe Dios que yo no la he provocado.
ANUNCIA.—¿El qué?
MARITA.—La suerte.
ANUNCIA.—Una cosa así siempre resulta una lata.
MARITA.—Algo más que una lata: es una tragedia.
ANUNCIA.—Eso he querido decir.
LEONOR.—¿Se han enterado en el barrio?
MARITA.—No, mujer. Afortunadamente...
Las mira con cierta desconfianza.
Cuento con vuestra discreción.
ANUNCIA.—Puedes contar. ¿Verdad, Leonor?
LEONOR.—Desde luego.
Una pausa.
¿Dónde consigues esta mermelada?
MARITA.—Donde todo el mundo: en la tienda de ultramarinos.
LEONOR.—Creí que era hecha en casa.
MARITA.—Es de fábrica.
29
Toma una cajetilla y enciende un cigarrillo. Sus dos amigas la observan en silencio.
Ella les ofrece un pitillo.
ANUNCIA.—No, gracias.
LEONOR.—No fumamos.
MARITA.—Es mi único vicio.
ANUNCIA.—¿Has fumado delante del padre José María?
MARITA.—¿Por qué no?
ANUNCIA.—Qué valor, hija...
MARITA.—Fumar no es malo.
ANUNCIA.—En principio, no; pero...
MARITA.—¿Pero qué?
ANUNCIA.—Nada.
LEONOR.—Yo tengo que probar un día...
Anuncia le mira secamente. Leonor parece desinflarse.
En Navidad...
Una pausa.
MARITA.—Bueno, chicas...
ANUNCIA.—Tú dirás.
MARITA.—Estamos perdiendo el tiempo.
LEONOR.—Yo sigo pensando en el festival taurino. Los festivales dan mucho dinero.
MARITA.—Pero hacen falta toreros y becerros. ¿Quién iba a torear para nuestros
pobres?
LEONOR.—"El Cordobés".
MARITA.—No tiene otra cosa que hacer "el Cordobés".
LEONOR.—Se le pide...
ANUNCIA.—Esta es idiota...
LEONOR.—Mujer...
MARITA.—Debemos ser realistas.
LEONOR.—Es lo que yo estaba diciendo.
Marita la mira en silencio, fríamente.
Perdona.
MARITA.—Creo que lo mejor es montar una función de teatro.
LEONOR.—¡Qué buena idea has tenido, Marita!
ANUNCIA.—¿Y qué función?
30
LEONOR.—¡"El divino impaciente"! ¡"El divino impaciente" siempre ha gustado
muchísimo aquí! ¿Os acordáis del año treinta y cinco?
MARITA.—Hay una dificultad.
LEONOR.—¿Cuál?
MARITA.—¿Quién lo interpreta?
LEONOR.—No lo sé...
MARITA.—Aquí no hay aficionados al teatro.
ANUNCIA.—Sí que es una lata...
MARITA.—Más que una lata, es una tragedia.
LEONOR.—Eso queremos decir.
MARITA.—Yo tengo una idea.
Leonor ríe.
¿Qué pasa?
LEONOR.—Fumas muy bien...
ANUNCIA.—No seas idiota, Leonor.
LEONOR.—Yo lo decía...
ANUNCIA.—Cállate.
MARITA.—Podemos dar la función con los niños.
ANUNCIA.—¿Con qué niños?
MARITA.—Con todos los niños.
ANUNCIA.—No te sigo.
MARITA.—¿Cuánto dinero necesitan nuestros pobres?
ANUNCIA.—Mucho. Por desgracia, mucho.
MARITA.—Reunimos a cuatrocientos niños y damos la función con ellos. Claro que
tienen que ser cuatrocientos niños ricos.
ANUNCIA.—¿Estás bromeando?
MARITA.—En absoluto. Pongamos una media de tres parientes por niño. Cuatro por
tres, doce. Mil doscientas localidades. Tenemos asegurada la venta de mil doscientas
localidades. Sin contar a las familias numerosas...
ANUNCIA.—¿Y qué pueden hacer cuatrocientos niños?
MARITA.—Tonterías. Se les saca al escenario por grupos: unos cantan, otros recitan,
otros bailan. Algunos hacen pasadas mudas... Cuadros plásticos...
ANUNCIA.—¿Y el comité tiene que ensayar con cuatrocientos niños?
MARITA.—Claro.
ANUNCIA.—Podemos volvernos locas.
LEONOR.—Eso es: podemos volvemos locas.
MARITA.—Es nuestro deber.
LEONOR.—¿Y tu no crees que "El divino impaciente"...?
Una mirada de Marita hace enmudecer a Leonor.
31
MARITA.—Debemos de pensar en el prójimo. Todos los sacrificios son pequeños...
Loren vuelve. Anuncia a Marita:
LEONOR.—Lupe se marcha.
MARITA.—¿Le has dicho que quiero hablar con ella?
La chica asiente.
Dile que estoy en la salita.
Loren asiente de nuevo. Va hacia la puerta y allí se vuelve.
LEONOR.—¿Qué ponemos esta noche de cena, señorita?
MARITA.—Judías verdes rehogadas y merlucita en blanco.
LEONOR.—¿Nada más?
MARITA.—Hay que cenar poco. Debemos de ser parcas.
LEONOR.—Sí, señorita.
La chica sale definitivamente. Marita apaga el pitillo y suspira.
MARITA.—Me perdonáis, ¿verdad?
ANUNCIA.—Tómate el tiempo que necesites.
MARITA.—Es un triste caso...
Se pone en pie suspirando.
Esta bulsitis va a acabar conmigo... Un día u otro tendré que decidirme y afrontar el
quirófano...
Llega a la puerta.
Estáis en vuestra casa.
Ni Anuncia ni Leonor responden. Marita sale.
Recorre un pequeño pasillo. Endereza un cuadrito y coloca bien el teléfono.
Abre una puerta y entra en la sala.
La sala es una habitación casi herméticamente cerrada,
donde —sin duda— huele a humedad y que se utiliza en las grandes ocasiones.
Marita entra. Enciende la luz eléctrica. Se acerca a una vitrina y,
con un pañuelo, limpia tal vez una huella imaginaria.
Alguien llama —suavemente— a la puerta.
32
¡Adelante!
Lupe abre. Se ha puesto un abriguito raído. Martita no dice nada.
LUPE.—Buenas tardes.
MARITA.—¿Por qué te quedas ahí parada?
LUPE.—Es que no sé si entrar la maleta o dejarla en el pasillo.
MARITA.—Déjala en el pasillo.
LUPE.—Con su permiso.
Lope entra.
MARITA.—Y cierra la puerta.
Marita se ha sentado. Lupe entra. Está indecisa, no sabe qué hacer.
¿Has hablado por teléfono?
Lupe no responde.
El teléfono estaba colgado al revés…
LUPE.—He sido yo, señorita.
MARITA.—Ya.
Una breve pausa.
No me gusta que se utilice sin mi permiso. Recordarás que el mes pasado pagamos un
dineral de teléfono...
Lupe no responde.
Supongo que no habrás hablado con ese sinvergüenza...
Lupe niega.
¿Con quién, entonces?
LUPE.—Llamé para pedir un taxi.
33
MARITA.—¿Un taxi?
La chica asiente.
¿Para quién?
LUPE.—Para mí.
MARITA.—¿Te vas en taxi?
Lupe calla.
Es una novedad.
Mira insistentemente a la chica.
¿No es suficiente para la señorita el tranvía o el autobús?
LUPE.—No me dejan llevar la maleta...
MARITA.—La estación no está lejos. Podía haberte acompañado alguna amiga.
LUPE.—La maleta pesa mucho.
MARITA.—Allá tú. Si quieres escuchar un consejo te diré que no estás en disposición de
tirar el dinero. Los taxis cuestan mucho. Yo misma no voy en taxi desde hace años... Pero
como ahora se han invertido los valores...
Suspira.
En fin, no hablemos de eso. Ya no tiene remedio.
Una pausa.
Siéntate.
LUPE.—Estoy bien así.
MARITA.—Haz el favor de sentarte.
LUPE.—Muchas gracias, señorita.
Se sienta frente a Marita.
MARITA.—¿Estás decidida a irte?
Lupe asiente.
¿Y puede saberse adónde vas?
34
LUPE.—A Sepúlveda. A casa de una tía.
MARITA.—Supongo que será una persona decente, ¿no?
LUPE.—En mi familia todos somos personas decentes.
Marita la mira en silencio. Lupe baja los ojos.
MARITA.—Lo celebro.
La señorita continúa hablando.
Quede bien claro que te marchas por tu voluntad. Mi casa es la tuya. No puedo aprobar
tu conducta, ni justificar tu error, pero te ofrezco mi casa.
LUPE.—Gracias.
Marita suspira.
MARITA.—Ahora te darás cuenta de que las advertencias que os hacemos no son,
simplemente, sermones. Disfrutáis de excesiva libertad, y tú vas a pagar la consecuencia.
Tómalo como una expiación y procura no reincidir.
LUPE.—¿Por qué voy a reincidir?
MARITA.—Perdona; olvidaba que en tu familia todos sois decentes.
Lupe se muerde los labios.
¿Quieres que hable con tu novio?
Lupe niega.
¿Dónde está?
LUPE.—No lo sé.
MARITA.—Podemos denunciarle a la policía.
La chica vuelve a negar.
Eres muy generosa.
Un nuevo silencio.
35
¿Por qué no te casas con él?
Lupe calla.
¿Es casado?
LUPE.—¡No!
MARITA.—¿Entonces?
LUPE.—No sé dónde está.
MARITA.—¿Qué vas a hacer con el niño?
LUPE.—Tenerlo conmigo.
MARITA.—Voy a hablarte como si fuera tu madre...
LUPE.—Por favor, no me diga usted nada más.
MARITA.—Eso es orgullo.
LUPE.—No. Es que estoy muy cansada.
MARITA.—Yo debo dejar a salvo mi responsabilidad...
LUPE.—Usted no tiene ninguna responsabilidad, señorita.
MARITA.—Si algún día me piden cuenta tus padres...
LUPE.—Nadie va a pedirle cuentas.
MARITA.—Aquí no te ha faltado de nada. Yo he cumplido contigo y este es el pago que
tú me das. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Me pediste un sueldo y yo no regateé
una peseta. Me dijiste que querías salir dos días a la semana y yo accedí. Me parecieron
muchos días, pero accedí. Mas te hubiera valido haberte quedado en casa.
Lope sigue en silencio.
Estamos viviendo en una época de decadencia y de desconcierto. ¿Sabes lo que estás
necesitando? Jarabe de palo. Yo quisiera que hubieses tropezado con mi padre o con mi
abuelo. No te encontrarías así. Una buena ración de jarabe de palo a tiempo y asunto
solucionado.
LUPE.—No es tan sencillo.
MARITA.—¿Pretendes discutir conmigo?
LUPE.—No.
MARITA.—Supongo que, al menos, estarás arrepentida.
Lupe asiente.
Y que te servirá de lección, ¿no?
La chica apenas susurra.
LUPE.—Sí.
36
Una pausa.
MARITA.—Bien... Creo que ya no tenemos nada más que hablar. ¿Necesitas algo?
Lupe no responde.
Si algún día vuelves por aquí, ven a verme.
Se ha puesto en pie. Lupe la mira desamparada.
LUPE.—Quiero quedarme.
Ahora quien ha enmudecido es Marita.
No quiero ir a Sepúlveda. Me da vergüenza.
MARITA.—Podías haber pensado antes en la vergüenza...
LUPE.—Quiero quedarme en su casa.
Marita vuelve a sentarse.
MARITA.—Debes de reflexionar.
LUPE.—No hago otra cosa desde hace mucho tiempo.
MARITA.—Pero tú... tú has rechazado mi ofrecimiento, ¿no?
LUPE.—Por no molestar...
MARITA.—Estás nerviosa.
LUPE.—No.
MARITA.—No es lógico, Lupe, hija mía. Tu relación conmigo es superficial. Es una
relación de trabajo. Debes de ir con tu familia.
Sonríe a la chica.
Te diré lo que vamos a hacer. Hoy te quedas en casa. Mañana escribo a tus padres y les
digo que vengan por ti. Y no tienes que preocuparte del billete del tren. Se pierde el de
hoy y yo te pago otro con muchísimo gusto. Ni del taxi; tampoco debes preocuparte por el
taxi.
LUPE.—No quiero ir a mi pueblo.
MARITA.—¿Por qué razón?
LUPE.—Me da vergüenza. Todo el mundo me conoce.
MARITA.—Sin embargo…
37
LUPE.—Por favor.
MARITA.—Bien... Si te empeñas...
Lupe sonríe a la señorita.
Vete con tu tía. Puede que tengas razón. No voy a discutir ese extremo. Tienes vergüenza.
Es lógico y yo lo aplaudo. Es un principio de reacción que te honra. Las malas noticias es
mejor darlas poco a poco y tus padres ya son viejos...
Lupe no habla.
Tu tía es una mujer de toda mi confianza. Yo estaré en contacto con ella. Te escribiré.
LUPE.—Quiero quedarme aquí.
Marita no responde.
Usted lo dijo.
Una pausa.
¿O lo dijo porque sabía que yo me marchaba?
MARITA.—¿Cómo puedes pensar eso?
Se acerca a la chica.
No me juzgues mal. El primer pronto es el que vale. Tú no querías quedarte.
Instintivamente lo rechazabas. Yo te ofrezco mi casa, llevada de mi caridad y de mi
generosidad a pesar de la falta, que me hace odiosa tu presencia. Y tú quieres marcharte por
ti y por mí. Yo soy muy conocida en esta ciudad. Soy soltera. Tengo una reputación que
defender. Algunas, aunque tu nos llames anticuadas, le damos importancia a estas cosas.
Comprende que tu presencia aquí no me beneficia. Por otra parte, a nada conduce el que
te quedes en esta casa. Solo hay una habitación de servicio. Yo no soy rica…
LUPE.—Pero estoy sola...
MARITA.—Todas estamos solas. Yo más que tú. Mucho más que tú. Tienes familia.
En estos trances amargos se necesita a la familia. Créeme que, en cierto modo, te envidio.
LUPE.—Sí, señorita.
MARITA.—¿Lo comprendes?
LUPE.—Sí.
38
MARITA.—Celebro que seas tan razonable.
Una pausa.
Tú eres buena, Lupe. En el fondo, eres buena.
Lupe no habla.
¿Vas a marcharte, entonces?
LUPE.—Sí.
MARITA.—¿Estás segura?
LUPE.—No me quedaría aquí por nada del mundo.
MARITA.—Mi casa no es tan mala...
LUPE.—No, señorita, las hay peores...
Se abre la puerta. Reaparece Loren.
LOREN.—Ha venido el taxi...
Lope se levanta.
MARITA.—¿Llevas merienda?
Lupe calla.
Aquí me tienes, hija... Para todo lo que quieras. A tu disposición.
Tiende los brazos. Lupe no se mueve. Una larga pausa. Marita baja los brazos.
A pesar de todo, si necesitas informes míos, yo te los daré.
LUPE.—Muchas gracias, señorita.
Sale sin mirar a la señorita, que —aliviada— suspira.
* * *
Luego abandona la habitación. Recorre el pasillo y entra en el cuarto donde están sus
dos amigas. Vuelve a suspirar.
39
MARITA.—Daría cualquier cosa por aliviarle la pena a esa pobre chica...
Se sienta.
ANUNCIA.—Ella se lo ha buscado.
MARITA.—Pero debemos de tener caridad...
Se sienta.
Hubiera estado aquí mucho mejor, pero...
Deja la frase en el aire.
LEONOR.—Eres demasiado buena...
MARITA.—Nunca se es demasiado bueno, Leonor.
LEONOR.—Eso es verdad.
MARITA.—En fin...
ANUNCIA.—Hemos estado dándole vueltas a lo de los niños...
MARITA.—¿Y qué?
ANUNCIA.—Tienes razón. Vale la pena el sacrificio. Si hay que ensayar, el comité
ensaya...
MARITA.—De acuerdo, entonces.
Toma la tetera.
¿Otra taza de té?
LEONOR.—Si te empeñas, mujer...
Tiende su taza vacía. Marita le sirve.
40
41
LA ZORRA Y LAS UVAS
(“Fábulas”, 1968)
Una chica cantando. Es muy guapa. Se llama Luciana; pero como Luciana es nombre
poco cartelero, su agente le puso “IVETTE BARDOT”. Quiere decirse que
“Luciana-Ivette” canta en un cabaret.
La chica, como es costumbre, tiene poca voz, pero el hilo de voz es agradable y
acariciador.
Va vestida con un traje muy ceñido, insinuante [El censor advierte de los adjetivos
“ceñido” e “insinuante” y pide que, en ningún caso, el vestuario sea “incitante”] y tan
agradable, a los ojos, como a los oídos resulta su voz.
Y allí está JULIO, en una mesa, escuchándola. JULIO es un provinciano solterón, que ya
dejó atrás el cabo de los cuarenta años. Tiene un vaso de whisky en la mano. Sigue el
compás de la música con el vaso y con la cabeza.
A JULIO le acompaña su amigo ANDRÉS. Aproximadamente tiene la misma edad que
su compañero y ambos han acudido a la capital, para rematar un negocio emprendido en la
provincia.
Algunas PAREJAS bailan en la pista del anticuado cabaret, cuando JULIO dice:
JULIO.—Vaya mujer, Andrés…
ANDRÉS le mira distraído.
JULIO.—De estas no tenemos en casa…
La chica cantando. JULIO vuelve a hablar.
JULIO.—Está de miedo, Andrés…
ANDRÉS le roza el brazo.
ANDRÉS.—Oye…
JULIO no le hace ningún caso.
42
ANDRÉS.—Yo creo que debemos de aceptar…
JULIO.—Claro que con ese vestido…
ANDRÉS.—Lo del porcentaje…
JULIO.—¿Te has fijado en los ojos? Yo he sido un espiritual, de toda la vida, yo lo
primero que miro en una mujer son los ojos. Me lo enseñó mi madre: “De la mujer, el ojo y
el conejo, al matojo”. Nunca he entendido la segunda parte, pero la primera, sí.
ANDRÉS.—Fíjate.
Ha comenzado a escribir.
JULIO.—Después viene lo demás; porque como te digo una cosa te digo la otra…
¡No va uno a quedarse en los ojos!
Ríe. ANDRÉS continúa escribiendo.
La chica canta. Oímos la voz de JULIO.
JULIO.—(Off.) ¿Y los labios? ¿Tú has visto, alguna vez en la vida, unos labios como
esos?
ANDRÉS le presenta el papel.
ANDRÉS.—Podemos reducir el porcentaje a diez y ocho por ciento, como ellos piden, y
aún nos queda una ganancia del treinta y seis.
JULIO le mira con horrorizado desprecio.
JULIO.—¿Pero qué dices?
ANDRÉS.—Es que si nos empecinamos en discutir un dos por ciento, por ganar un
cuarenta, vamos a perder el treinta y seis…
JULIO.—¡Déjame en paz! (Aparta el papel.) ¡Yo aquí no he venido a hacer negocios!
¡Yo aquí he venido a divertirme!
ANDRÉS.—Sí, pero es que mañana tenemos que ver a esos señores…
JULIO.—¡Pues mañana se decidirá!
ANDRÉS.—¡Es que no hemos hablado en todo el día!
JULIO.—¡Cállate! ¿Quieres? ¡Me estás dando la noche!
Se vuelve hacia la chica, que, ahora, acompasadamente, sigue la música.
JULIO.—(Off.) ¿Te acuerdas de Gilda, macho?
ANDRÉS, dignísimo, no responde.
43
JULIO.—Cuando se quitaba el guante en la pista… (Pasa el brazo por encima del
hombro de su compañero.) Yo lo vi en Francia…
La chica ha terminado de cantar. JULIO se pone en pie aplaudiendo.
ANDRÉS le tira de la chaqueta.
JULIO.—(Grita.) ¡Muy bien! ¡Bis! ¡Bis!
La chica le dedica una coqueta reverencia y sale de la pista.
JULIO, excitadísimo, se sienta.
JULIO.—¿Te has dado cuenta? ¡Me ha mirado! (Se lleva la mano al pecho.) Fíjate…
¡Fíjate como tengo el corazón!
Toma la mano de ANDRÉS. Forcejea con él.
ANDRÉS.—¡Suelta! ¡Que van a murmurar! ¡Que esto llega al círculo…!
JULIO.—¡Esa mujer es para mí!
ANDRÉS.—¿Para ti? (Se barrena una sien.) ¡Tú estás…!
JULIO.—¡Yo estoy hambriento, Andrés!
ANDRÉS.—¡Toma y yo! ¡Y todos! ¡Vaya una novedad! (Mira en torno suyo.) Esas
mujeres son de lujo… Tendrá a la puerta un tío con un “Cadillac” hasta la acera de
enfrente…
JULIO.—¡Me río yo de ese tío!
ANDRÉS.—¿Por qué no nos vamos a dormir? Mira que mañana nos van a pillar
cansados…
JULIO.—¡Vete tú!
Llama al MAITRE chistando. El MAITRE le mira sin ninguna simpatía.
ANDRÉS.—Que ya hemos bebido bastante…
JULIO repite la llamada. El MAITRE, a regañadientes, se acerca.
MAITRE.—¿Deseaba algo señor?
JULIO.—¿Cómo se llama esa chica?
MAITRE.—¿Qué chica, señor?
JULIO.—La que estaba cantando…
MAITRE.—Viene en los programas, señor.
Y se dispone a alejarse. JULIO le retiene.
44
JULIO.—No me interesan nada los programas…
Le desliza un billete en la manga.
MAITRE.—Ivette Bardot.
JULIO.—(Agradablemente sorprendido.) ¿Es francesa?
MAITRE.—Sí, señor. (Pretende irse.) Con el permiso, señor, del señor…
JULIO se lo impide.
JULIO.—¡Un momento! (Se acerca a él.) ¿Quiere decirle que nos gustaría muchísimo
invitarla a tomar una copa en buen plan?
MAITRE.—Lo siento, señor. No me será posible. La señorita Ivette se va directamente a
su casa.
JULIO le da otro billete mientras dice.
JULIO.—Haga un esfuerzo, hombre…
El MAITRE mira el dinero, se lo guarda y niega.
MAITRE.—Imposible, señor: don Arturo lo prohíbe.
JULIO.—¿Quién es don Arturo?
MAITRE.—El jefe. Tiene absolutamente prohibido que los artistas alternen con la
clientela.
JULIO le da otro billete.
JULIO.—¿Y si la señorita fuera amiga mía particular?
MAITRE.—Prohibido.
JULIO.—(Sobornándole una vez más.) ¿Y si fuese mi prima?
MAITRE.—Siendo parientes, ya es otra cosa… (Se inclina.)
Con el permiso, señor, del señor, voy a avisar a la señorita Ivette.
JULIO.—Traiga una botella de champagne bien frío y tres copas.
El MAITRE se aleja. JULIO sonríe a su amigo.
JULIO.—¿Te das cuenta?
ANDRÉS—. Así cualquiera… Te ha costado ochocientas pesetas.
JULIO.—¿Para qué quiere uno el dinero? ¿Qué son ochocientas pesetas?
ANDRÉS.—Y una botella de champagne, porque yo no entro en este negocio.
45
JULIO.—¡Claro que no entras! ¡Tú ahora te tomas una copa y te largas a la cama!
ANDRÉS.—¿Y tú?
JULIO.—¡La noche es joven!
ANDRÉS.—Mira que mañana hay que tener la cabeza despejada…
JULIO.—¡Mañana será otro día!
ANDRÉS.—Te vas a meter en un lío muy tonto, Julio…
JULIO.—¿Tonto? (Ríe.)
ANDRÉS.—Que no es tan fácil como parece… ¡Que estas saben mucho!
JULIO.—Y yo sé más.
ANDRÉS.—¡Que es francesa!
JULIO.—¡Aunque sea francesa! (Se acerca a su amigo y le dice confidencialmente.)
Para conquistar a una mujer hacen falta tres cosas: talento, tiempo y dinero. Y a mí me
sobran las tres…
Oímos una voz acariciadora, una voz que, con falso acento francés, dice.
IVETTE.—(Off.) Buenas noches.
JULIO y ANDRÉS se sobresaltan. JULIO, poniéndose en pie, dice.
JULIO.—Buenas noches.
JULIO y ANDRÉS se sobresaltan. JULIO, poniéndose en pie, dice:
JULIO.—Buenas noches.
ANDRÉS, incapaz de articular palabra, observa a la chica.
IVETTE se ha cambiado de ropa. Está más guapa, si cabe, que cuando cantaba.
Sonríe con naturalidad. JULIO le tiende la mano.
JULIO.—Yo soy Julio. (Le da la mano.) Y este, Andrés…
IVETTE.—Ivette Bardot.
JULIO.—¡Levántate!
ANDRÉS, deslumbrado por la belleza de la chica, obedece.
IVETTE.—Mucho gusto.
JULIO.—¿Quieres sentarte?
IVETTE.—Solo una copa, ¿eh? ¡Estoy muy cansada!
JULIO.—Pero, mujer, si no son más que las cuatro…
Ríe. Se sientan los tres. ANDRÉS no quita ojo a la muchacha.
Hay una pausa embarazosa.
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JULIO.—Bien…
IVETTE sonríe. Saca un cigarrillo. JULIO y ANDRÉS se apresuran a encenderlo.
JULIO enciende el suyo; cuando va a prender el de su amigo sopla la llama.
JULIO.—Trae mala suerte.
IVETTE no hace ningún comentario.
JULIO.—¿Eres supersticiosa?
IVETTE le responde con un mohín equívoco. JULIO, mundano, añade.
JULIO.—A mí me pasa lo mismo…
ANDRÉS ha encendido su cigarrillo.
JULIO.—¿Francesa?
IVETTE asiente.
JULIO.—Ivette Bardot… Ivette Bardor… Tu apellido me suena… (Sonríe encantado de
su descubrimiento.) ¿Tienes algo que ver con Brigitte Bardot?
IVETTE.—Es tía mía…
JULIO.—¿Tía? ¡Eso se nota! ¡Hay algo inconfundible en la familia! ¿Tía por parte de
madre o de padre?
IVETTE.—De mamá.
JULIO.—Por muchos años. (IVETTE no replica.) Pero tú eres más guapa… (Se dirige a
ANDRÉS, que no ha quitado ojo a la chica.) ¿Verdad, Andrés?
ANDRÉS.—¡Más! ¡Más!
El MAITRE se acerca con la botella de champagne y las copas.
JULIO grita.
JULIO.—¡Ya está aquí el champagne! (Hace sitio en la mesa.)
¡Para el champagne y para las mujeres, Francia!
ANDRÉS.—Yo conozco París.
JULIO.—¡Y yo!
ANDRÉS.—(Animadísimo.) La Tumba de Napoleón, Les Champs Elysées, L´Opera…
JULIO.—Le Lido, Le Casino, el “striptease”… (Guiña un ojo a IVETTE.) Para tener
cultura hay que salir al extranjero…. Aquí no hay nada que hacer… Estamos muy
atrasados… África empieza en los Pirineos. ¡No entendemos! [Todo este parlamento es
suprimido por la censura. Corresponde a la página 5 del guión original.]
47
ANDRÉS.—¿Bailas?
JULIO le mira sorprendido.
ANDRÉS.—¿Eh?
JULIO.—¿No tenías sueño?
ANDRÉS.—Ya, no.
JULIO.—Mademoiselle está cansada. ¿No lo has oído?
ANDRÉS.—¡Que lo diga ella!
JULIO.—¡Ya lo ha dicho!
JULIO mira a la chica.
IVETTE.—Estoy muy cansada.
El MAITRE ha servido el champagne en las copas.
MAITRE.—¿Alguna otra cosa, señor?
JULIO.—No, nada más, Mercí. (Mira triunfalmente a IVETTE y le ofrece una copa.
Luego levanta la suya.) ¡A votre santé!
IVETTE.—¡Chin, chin!
ANDRÉS, como puede, mete su copa entre las otras. Beben los tres.
ANDRÉS.—¿Bailas?
JULIO.—¡Y dale!
ANDRÉS.—Vamos a medias, ¿no?
JULIO.—¿En qué?
ANDRÉS.—¡En lo del champagne!
JULIO, con una sonrisa de conejo, se dirige a la chica.
JULIO.—¿Nos perdonas?
IVETTE.—¡Claro!
JULIO se levanta.
JULIO.—¡Ven aquí!
ANDRÉS.—Estoy bien…
JULIO.—¡Ven aquí! (Le obliga a ponerse de pie. Habla susurrando.)
¡En este negocio no entras!
ANDRÉS.—¿Por qué?
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JULIO.—Porque lo dijiste antes.
ANDRÉS.—Es que de cerca no tiene nada que ver…
JULIO.—¡Ni de cerca, ni de lejos! He invertido ochocientas pesetas y el champagne…
ANDRÉS.—Te doy mil doscientas.
JULIO.—¡No seas estúpido! (Le agarra el cuello con fingido cariño.) La caza es de
quien la levanta.
ANDRÉS.—La caza es de quien la cobra.
JULIO.—Me gustaría verlo. (Se vuelve hacia IVETTE.) ¡Ahora mismo voy, nena! (Una
pausa.) Como no te largues, ni hay diez y ocho por ciento, ni se gana el treinta y seis…
ANDRÉS.—¿Serías capaz?
JULIO.—(Asintiendo.) ¡Al garete el negocio!
ANDRÉS.—¡Eres una hiena!
JULIO.—¡La hiena se queda aquí!
ANDRÉS.—¡Y un cerdo!
JULIO.—¡También el cerdo!
ANDRÉS le mira con resentimiento.
ANDRÉS.—Esto lo cuento yo en el Círculo.
JULIO.—No lo creo.
ANDRÉS.—(Después de una larga pausa.) Fíjate en lo que te digo… ¡Como me
despiertes al volver al hotel, te acuerdas de mí!
JULIO sonríe triunfalmente.
ANDRÉS.—¡Y procura mañana tener la cabeza despejada!
Indignadísimo, sin volverse, abandona el local. JULIO, triunfalmente, se sienta de
nuevo.
IVETTE.—¡Se ha ido!
JULIO sirve champagne.
IVETTE.—¿Por qué?
JULIO.—Tiene que cuidar a su madre. (Le da una copa a la chica.) Es muy buen hijo…
(Alza la suya.) ¡Chin, chin!
IVETTE.—¡Chin, chin!
Beben los dos.
49
JULIO.—Háblame de tu tía…
IVETTE le sonríe. JULIO se acerca a ella.
JULIO.—Bueno… ¡Háblame de lo que tú quieras!
IVETTE siguen sonriendo.
JULIO.—¡O no hables! (Toma la mano de la chica.) ¿Bailamos?
IVETTE.—Ya no hay música…
Efectivamente, la música hace rato que dejó de sonar.
Los últimos clientes del local han salido. Las luces se apagan.
Desde el fondo los CAMAREROS les observan con impaciencia.
IVETTE.—Es muy tarde… (Llama el MAITRE.) ¡Manolo!
El MAITRE, que acecha, se acerca. JULIO se ve obligado a pedir:
JULIO.—La nota, Manolo…
El MAITRE se aleja.
JULIO.—¿A dónde vamos?
IVETTE no responde.
JULIO.—Tomamos la última copa y… ¡Cada mochuelo a su olivo!
IVETTE.—(Con fingida inocencia.) ¿Y eso qué quiere decir?
JULIO.—Pues que… que yo me voy al hotel y tú a… a tu casa… ¿O no?
IVETTE.—Sí.
JULIO.—(Mirando su reloj.) Conozco un sitio a las afueras que…
IVETTE.—No.
JULIO.—Pero mujer si no tiene nada de malo… Unos señores cantan flamenco y…
IVETTE.—(Interrumpiéndole.) Me aburre el flamenco.
JULIO.—¿Entonces?
IVETTE.—¿Quieres venir a casa?
JULIO.—¿Cómo?
IVETTE.—He dicho que si quieres venir a casa…
Una puerta se abre. Se recorta la figura de IVETTE, que enciende la luz. Tras ella JULIO.
50
IVETTE.—Pasa.
JULIO entra un poco azarado. Mira en torno suyo. IVETTE se quita el abrigo.
El apartamento de la muchacha, la habitación que vemos, tiene un tresillo y
un pequeño bar al fondo. El bar, con mostrador y tres banquetas, exhibe un rótulo que dice:
“Bar de IVETTE”. Hay botellas y banderitas. El cuarto está lleno de muñecas.
JULIO.—Muy bonito… Muy original… (Una pausa.) ¿Te gustan los muñecos? (Al
darse cuenta de lo estúpido de la pregunta añade.) Bueno, claro que te gustan los
muñecos… ¡Yo te regalaré uno!
IVETTE.—(Dirigiéndose hacia la puerta interior.) Ponte cómodo. (Le indica el bar.) Y
prepara algo…
JULIO.—Hablas muy bien español.
IVETTE.—Ahí tienes discos…
Y desaparece. JULIO, al quedar solo, no puede por menos que murmurar:
JULIO.—Cuando yo cuente esto en el Círculo…
Se quita el abrigo y el sombrero. Va hacia el tocadiscos. Lo hace funcionar.
Suenan las primeras notas de La Marsellesa. JULIO lo detiene y pone otra música.
Algo lento y cadencioso. Luego llega hasta el bar. Elige una botella, toma dos vasos
y sirve licor. Los hace chocar, sonriendo.
JULIO.—A votre santé!
Bebe de uno de ellos. Se apoya en el mostrador. Observa el letrero.
IVETTE reaparece. Se ha cambiado de ropa.
IVETTE.—Así estoy más cómoda… ¿Te importa?
JULIO hace un gesto que viene a significar: “¡No me importa nada!”
La chica se acerca a él. Sube a un taburete. JULIO le da un vaso.
JULIO.—¡Bar Ivette!
Ella le sonríe.
JULIO.—¡Chin, chin!
Beben los dos.
51
JULIO.—¿Quieres bailar?
IVETTE.—Bueno.
Dejan los vasos. Comienzan a bailar.
JULIO.—Cantas muy bien.
IVETTE.—Tengo poca voz.
JULIO.—Pero muy agradable. (Una pausa.) Si tu quisieras… Tía Brigitte… (Chasquea
los dedos.) ¡Puerta!
Trata de besar a la chica. Ella le aparta. Mira un instante
y se echa a llorar con desconsuelo. JULIO no sabe qué hacer.
JULIO.—Pero Ivette… Señorita Ivette… ¡Mujer, mademoiselle…!
IVETTE.—¡No me toques! ¡Déjame! (Se separa de él. Cae sobre un sofá llorando.)
Todos los hombres son iguales. ¡Siempre está pensando en lo mismo!
JULIO.—¡Yo te aseguro que no! ¡Que yo no estoy pensando en lo mismo!
IVETTE.—¡Márchate!
JULIO.—¡Oui!
Se dirige hacia al abrigo. IVETTE le mira.
IVETTE.—¿A dónde vas?
JULIO no responde.
IVETTE.—No me dejes sola… ¡Siempre estoy sola!
JULIO.—Pero usted ha dicho.
IVETTE.—¡No me llames de usted! (Una pausa.) Yo creí que tú eras diferente…
JULIO.—¿Y por qué? ¡Yo soy igual! ¡Igual a todo el mundo!
IVETTE.—¿Te has enfadado conmigo?
JULIO no responde.
IVETTE.—Perdóname… Soy una tonta muy desgraciada…
¡Quita el disco, por favor!
El hombre obedece.
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JULIO.—¿Pongo otra vez La Marsellesa?
IVETTE niega. Luego pide.
IVETTE.—Dame el vaso.
Así lo hace JULIO. La chica bebe.
IVETTE.—Siéntate a mi lado.
JULIO obedece.
IVETTE.—Tu pañuelo…
El hombre le da el pañuelo. IVETTE se limpia los ojos.
IVETTE.—Te lo he manchado.
JULIO.—Es lo mismo.
IVETTE.—No… No es lo mismo: mañana te lo devolveré limpio. (Le mira
coquetamente.) Es decir… Si tú quieres que mañana nos veamos…
JULIO.—¡Mañana y pasado mañana y al otro…!
IVETTE, de pronto, queda seria.
JULIO.—¿Y ahora qué te ocurre?
IVETTE.—¿Eres casado?
JULIO.—¡No!
IVETTE.—¿De verdad?
JULIO.—¿Quieres que te enseñe mi carné?
IVETTE.—¡Todos los hombres son casados!
JULIO.—“¡Todos los hombres son casados!” “¡Todos los hombres son iguales!”
“¡Siempre están pensando en lo mismo!” (Ha sacado su carné.) “¡Todas las mujeres son
iguales!” (Se lo pone en la mano a IVETTE.) Mira.
IVETTE.—¡Llevabas bigote! (Ríe.) ¡Me gustas más sin bigote!
(Da la vuelta al carné.) Expedido el 18 de marzo de 1964… Sesenta y cinco, sesenta y seis
y sesenta y siete… Has podido casarte en estos tres años.
JULIO.—¡Soy soltero!
IVETTE.—(Asintiendo.) Está bien; yo te creo.
JULIO se guarda el carné.
53
JULIO.—¿Ya pasó?
IVETTE asiente.
JULIO.—¿No volverás a llorar?
IVETTE niega.
JULIO.—¿Me perdonas?
IVETTE.—Eres tú quien ha de perdonarme.
JULIO.—La culpa fue mía.
IVETTE.—Mía. Yo no sé vivir mi papel…
JULIO.—¿De qué papel hablas?
IVETTE.—De la chica que canta en un cabaret.
JULIO.—Es una profesión como cualquier otra. Para mí una chica cantante en un cabaret
es tan digna de respeto como un ingeniero agrónomo.
IVETTE.—¿Sí?
JULIO.—Palabra de honor.
IVETTE.—¿Entonces, tú besarías a un ingeniero agrónomo?
JULIO.—¿Yo? (Dignísimo.) ¿Tengo yo cara de andar besando a los ingenieros
agrónomos?
IVETTE.—No lo entiendo… Acabas de decir…
JULIO.—¡Es otra cosa!
IVETTE.—¿No querías besarme?
JULIO.—¡Quiero besarte! (Se acerca a ella.) ¡Pero en homenaje a la mujer francesa! La
mujer francesa, para mí, en un pedestal… Desde Madame Curie a nuestros días… (Cierra
los ojos.) ¿Qué perfumes usas? (IVETTE no responde. JULIO abraza a la chica.) Es lo
mismo… Es un perfume de importación… ¡Mademoiselle!
IVETTE, una vez más, se echa a llorar. JULIO, destrozado, se separa de ella.
JULIO.—¿Y ahora qué? (Ella no responde.) ¡Que no tenemos mucho tiempo!
IVETTE llora desconsoladamente.
JULIO.—¿Pero qué he hecho yo?
IVETTE.—Nada.
JULIO.—¿Entonces?
IVETTE.—¡Es que no soy francesa!
JULIO.—¿No?
IVETTE.—¡Ni me llamo Ivette!
JULIO la toma de las manos.
54
IVETTE.—Brigitte Bardot no es mi tía, ni nada… ¡Te he mentido! ¡Siempre estoy
mintiendo!
JULIO.—Nena… ¡Pero nena…!
IVETTE.—¡Me llamo Luciana! (Sigue llorando.)
JULIO.—Luci… ¡Pero Luci, mujer…!
IVETTE.—¡Y he nacido en Quintanar de la Orden!
JULIO.—¡Quintanar de la Orden es muchísimo mejor que París! ¡Te lo digo yo! ¿Hay
feria en París? ¿Hay fábrica de anisados?
IVETTE.—¡Y tuvo la culpa don Gerardo! (Está inconsolable.) ¡Dice que llamándome
Luciana Carvajal no puedo triunfar…! ¡Es muy triste que una tenga que negar a su padre y a
la santa del día…! ¡Que todos somos unos catetos!
JULIO.—¿Es que en París no hay catetos? (Une las puntas con los dedos.) ¡Así…! ¡Te lo
digo yo! (Seca las lágrimas de la chica, que se va calmando.) Es más bonito Luciana que
Ivette. ¡Dónde va a parar…! Y suena a matanza, a feria, a vendimia…
IVETTE.—¡No digas eso…!
JULIO.—¡Pero si lo importante son los ojos y lo demás! (Toma la cara de la chica entre
sus manos.) ¡Y tú tienes ojos de Ivette y labios y…! ¡Y todo! ¡Qué más quisiera tu tía…!
IVETTE.—¡No es mi tía!
JULIO.—¡Mejor!
IVETTE le mira angustiada.
JULIO.—¿Has probado lo del espejo?
La chica no responde.
JULIO.—¿Quién es la más bella del lugar?
IVETTE sonríe débilmente.
JULIO.—¡Tú!
IVETTE.—¿No me desprecias?
JULIO.—¿Yo? ¿Despreciarte yo por no ser francesa? ¿Pero es que no cuenta el dos de
mayo?
IVETTE.—¿De verdad?
JULIO.—¡Viva España! (Se va acercando a la chica.) ¡Viva Quintanar de la Orden!
¡Viva La Mancha! ¡Viva Don Quijote!
Cuando sus labios casi rozan los de la muchacha, oímos una voz que dice:
55
MADRE.—(Off.) Buenas noches.
JULIO se vuelve aterrado. En la puerta, sonriendo y en bata, hay una señora.
Es la MADRE de Ivette. JULIO, desconcertado, se ha puesto en pie.
La chica, con naturalidad, presenta.
IVETTE.—Aquí, mi mamá; aquí, un amigo.
JULIO.—Mucho gusto.
MADRE.—Sigan, sigan ustedes.
JULIO.—(A IVETTE.) ¿Qué dice?
MADRE.—¡Si yo no molesto!
JULIO no sabe qué hacer.
MADRE.—¡Pero siéntese, hombre de Dios! (Va hacia el bar.)
Yo duermo con un ojo cerrado y otro abierto, como las liebres… Y oí música y como tenía
sed, me dije: “¡Eso es que hay alguien despierto! ¡A echar un traguito, María de la
Soledad…!”
Toma un vaso.
MADRE.—¡Pero siéntese, hombre de Dios! (Va hacia el bar.)
Yo duermo con un ojo cerrado y otro abierto, como las liebres… Y oí música y como tenía
sed, me dije: “¡Eso es que hay alguien despierto! ¡A echar un traguito, María de la
Soledad…!”
Toma un vaso.
IVETTE.—¡La tensión, madre!
MADRE.—¡Déjate de tensiones!
IVETTE.—¡Que tiene usted veintiuno!
MADRE.—¡Lo que se toma con gusto no hace daño! ¿Verdad, usted?
JULIO.—Y si hace…
La señora ríe encantada. Luego exclama.
MADRE.—¡Pero siéntese, hombre de Dios! (JULIO no se mueve.)
¿Y qué? ¿Se conocen hace mucho tiempo?
JULIO.—De esta noche, pero yo…
MADRE.—¡Eso está bien!
IVETTE.—Mamá es muy moderna…
56
MADRE.—Muy moderna, sí, señor. Servidora a la cabeza del progreso. (Levanta el
vaso.) ¡Salud! (Bebe.) ¡Pero, hombre de Dios, siéntese!
JULIO.—Es que iba de recogida…
MADRE.—¿Estorbo?
JULIO.—¡No!
IVETTE.—(Tirando de la manga de JULIO.) ¡Siéntate!
JULIO se ve obligado a obedecer. La señora se acomoda entre ellos.
MADRE.—¿Y qué? ¿Artista también?
JULIO.—No, señora: industrial.
MADRE.—Mejor. Más seguro. El artista nunca se sabe… ¿Otra copita para celebrarlo?
JULIO.—No, si ya iba yo…
MADRE.—(Sirviéndose.) ¿También tiene la tensión alta? (Le pone la copa en las
manos.) ¡No sea aprensivo! (Se vuelve hacia su hija.) La nena no bebe, porque mañana tiene
que cantar… (Sonríe.) ¿A que es guapa?
IVETTE.—Mamá…
MADRE.—¿Es que una madre no puede llamarle guapa a una hija? (Está encantada.) ¿A
que no has visto unos ojos tan bonitos en toda tu vida? (Un poco emocionada.) ¡Los ojos de
mi Vale! (La mira preocupada.) ¿Nena, has llorado?
JULIO.—Yo debo explicarle…
MADRE.—(Sin hacerle ningún caso.) ¿Otra vez ese canalla?
IVETTE.—¡Por favor, mamá!
MADRE.—¡Anda, vete a la cama! (A JULIO.) ¡Dígale usted a la niña que se vaya a la
cama!
JULIO.—Váyase a la cama.
MADRE.—¿Oyes? ¡Lo manda este señor! ¡Y es por tu bien!
JULIO también se levanta. IVETTE, sonriendo ingenuamente, le tiende la mano.
IVETTE.—Hasta mañana, ¿verdad?
JULIO no sabe qué responder.
IVETTE.—Porque nos veremos mañana… ¿no?
JULIO.—Sí, señorita.
IVETTE llega hasta la puerta.
IVETTE.—Buenas noches…
JULIO.—Buenas noches.
La chica ha desaparecido.
57
JULIO.—Yo también me marcho…
MADRE.—¿Se va usted a dejar la copa a medias? ¡Si yo no tengo sueño! ¡Siéntese,
hombre de Dios!
Y le obliga a sentarse.
En la habitación del hotel, a pierna suelta, duerme ANDRÉS.
Se abre la puerta y entra JULIO. Cierra. Tropieza con una silla y la tira al suelo.
ANDRÉS se despierta y enciende la luz de la mesilla de noche. Pregunta a su amigo:
ANDRÉS.—¿Qué hora es?
JULIO.—(Sombrío.) Las seis y veinte.
JULIO se quita el abrigo y el sombrero.
ANDRÉS.—¿Y qué tal?
JULIO.—Muy bien.
ANDRÉS.—Pues enhorabuena.
JULIO.—Gracias.
Entra en el cuarto de baño. ANDRÉS toma una botella de agua mineral
y se sirve en un vaso. Oímos la voz de JULIO.
JULIO.—(Off.) ¡Andrés!
ANDRÉS.—¿Qué?
JULIO.—(Off.) ¿Dónde tienes esas pastillas que tranquilizan los nervios?
ANDRÉS.—En la repisa…
Bebe ávidamente. Luego apaga la luz y cae sobre la almohada.
JULIO abre la puerta del cuarto de baño. Va en pijama.
Tropieza con una silla y la tira al suelo. ANDRÉS produce un largo e ininteligible quejido.
JULIO enciende la luz de la mesita de noche. ANDRÉS da media vuelta.
JULIO.—Andrés… (Se sienta en la cama de su amigo.) Andrés, hombre…
ANDRÉS.—Mañana me lo cuentas…
JULIO.—¡Es que no tengo sueño!
ANDRÉS no responde.
58
JULIO.—Era mentira. (Una pausa.) ¡Muy mal! (Un gruñido de ANDRÉS.) Vino su
madre… Es una especie de bruja que duerme con un ojo cerrado y el otro abierto… He
tenido que beberme casi una botella de anís… Porque a la bruja lo que le gusta es el anís…
Y me ha contado todas sus enfermedades… Tiene muchísimas enfermedades, Andrés…
¡Una hora y tres cuartos! (Sonríe.) Pero vale la pena… Si hubieses visto a Ivette, en la
puerta, diciéndome: “Hasta mañana, ¿verdad? Porque nos veremos mañana...” Con aquella
voz, con aquellos ojos…
(ANDRÉS se ha dormido.) ¡Eres un egoísta! (Despechado se mete en la cama. Luego
apaga la luz, mira al techo y murmura.) Esa mujer será mía, como me llamo Julio
Chamorro.
Y ya no dice nada más. Comienza a contar corderos…
El camerino de IVETTE. Está lleno de flores. La chica, con un sugestivo vestido de
escena [El censor advierte del adjetivo “sugestivo” y señala que, en ningún caso, la ropa que
lleva sea “incitante”.], termina de maquillarse. Escuchamos la música que viene de la sala.
Alguien llama a la puerta suavemente. IVETTE responde.
IVETTE.—¡Pase!
JULIO asoma la cabeza.
JULIO.—¿Se puede?
Ella le mira y sonríe.
IVETTE.—¡Adelante!
JULIO entra. Sostiene un espectacular paquete atado con un lazo.
Mira con desconfianza en torno suyo.
JULIO.—¿Y tu madre?
IVETTE.—Se tuvo que quedar en casa. No se encuentra bien. La tensión…
JULIO.—¡No sabes cuánto lo siento!
IVETTE.—Se lo diré de tu parte.
JULIO.—Me gustaría muchísimo…
IVETTE.—(Sonriéndole coquetamente.) Y gracias por las flores. Son preciosas…
JULIO.—(Mirando a la chica con auténtico interés.) No tiene importancia.
IVETTE.—¿No te sientas?
JULIO obedece. De pronto parece preocupado.
59
JULIO.—¿Entonces, tienes que volver a casa?
IVETTE.—¿Por qué?
JULIO.—Para acompañar a tu madre…
IVETTE.—¡No! Está mi tía con ella. (Sonríe a JULIO a través del espejo.) Y no me
refiero a tía Brigitte, sino a tía Puri… (JULIO también sonríe.) La noche es para nosotros…
JULIO.—¿Para ti y para mí?
IVETTE asiente.
JULIO.—¿Toda la noche?
La chica le lanza una mirada llena de promesas.
JULIO.—¿Y “ese canalla”?
IVETTE.—¿Cómo?
JULIO.—Tu madre dijo que había llorado por “ese canalla”…
IVETTE.—A mamá le parecen canallas todos los hombres que me acompañan. Menos
tú. Tú le has caído bien.
JULIO.—¿Quieres decir que tengo cara de tonto?
IVETTE.—Al contrario… (Sigue mirando a JULIO por el espejo.)
La pobre mamá no sabe que una chica como yo se guarda sola…
JULIO.—Ten en cuenta que ella es madre… (IVETTE no responde.) ¿A dónde quieres
que vayamos?
IVETTE.—A donde tú digas.
JULIO.—Sé un sitio que está muy bien. (Lo ha dicho con seguridad. Luego añade:) Cae
un poco lejos… (IVETTE continúa arreglándose.) Pero como no tenemos prisa, ¿verdad?
IVETTE.—Ninguna prisa.
JULIO.—(Poniéndose en pie.) ¡Luciana! (Está nerviosísimo.)
¡Ivette…! ¡Luci, yo…!
La chica le observa con curiosidad.
IVETTE.—¿Te ocurre algo?
JULIO.—¡No, nada! ¿Qué va a ocurrirme?
IVETTE.—Pues te has puesto muy pálido.
JULIO.—¡Es que no acabo de acostumbrarme!
IVETTE.—¿A qué?
JULIO.—¡A verte de cerca!
He llegado hasta ella. IVETTE se aparta con coquetería.
60
IVETTE.—Déjame cambiarme de ropa, ¿eh? Estaré lista en diez minutos.
JULIO.—¡No tardes! (Pone el paquete entre las manos de la chica.) Toma.
IVETTE.—¿Esto qué es?
JULIO.—¡Un regalo!
Antes de que pueda responder la muchacha, JULIO abre la puerta y sale del camerino.
IVETTE desenvuelve el paquete. Se trata de un muñeco: un zorro de peluche, de astuta
expresión. La chica sonríe. Acerca el morro del muñeco a sus labios y lo besa con gesto
divertido.
El CONSERJE de un hotel, aburrido, hojea un periódico. Al fondo, sentados a una
mesa, están IVETTE y JULIO. La muchacha lleva pantalones y un amplio jersey. Un
CAMARERO, tan aburrido como en CONSERJE, se acerca a ellos. Deja un platito con
monedas. JULIO se dirige a la chica.
JULIO.—¿Quieres otra copa?
IVETTE niega. JULIO le da unas monedas al CAMARERO.
CAMARERO.—Gracias, señor.
JULIO le sonríe y luego pregunta.
JULIO.—Aquí hay piscina, ¿verdad?
CAMARERO.—Sí, señor.
JULIO.—(A IVETTE.) Podíamos haber traído los bañadores.
CAMARERO.—Las piscina no tiene agua, señor. Como estamos en febrero…
JULIO.—Es natural…
CAMARERO.—¿Alguna otra cosa?
JULIO despide al CAMARERO con un gesto. Se produce un largo silencio.
JULIO.—¿No te gusta?
IVETTE.—Es un poco triste…
JULIO.—Claro… En verano resulta mucho más animado…
(Intenta parecer jovial.) ¡Ya verás las habitaciones!
Se va a poner a reír. IVETTE le retiene.
61
IVETTE.—¡Espera! (Una pausa.) Me da vergüenza.
JULIO.—¿Vergüenza de qué?
IVETTE.—Nos está mirando el conserje… A lo mejor me conoce.
JULIO.—¿Y por qué te va a conocer? ¿Has estado alguna vez aquí?
IVETTE niega. JULIO trata de levantarse.
IVETTE.—¡Un momento!
JULIO, resignado, suspira.
IVETTE.—¿Seguro que se ha estropeado el coche?
JULIO.—¿Por quién me tomas?
IVETTE.—Mamá estará muy preocupada…
JULIO.—Llamamos a tu madre y en paz.
Intenta ponerse en pie. IVETTE le sujeta.
IVETTE.—¿Y si pedimos un taxi?
JULIO.—Eso, no. De ningún modo. Los taxistas tienen derecho al descanso. Yo soy
incapaz de molestar a un trabajador a estas horas. Mi conciencia y mis principios me lo
impiden.
IVETTE.—Si lo tomas así… (JULIO no responde.) Habitaciones separadas, ¿eh?
El hombre, sonriendo conciliador, acaricia las manos de la chica.
JULIO.—Y si es posible en pisos diferentes… (Luego acaricia al zorro, que IVETTE
tiene en el regazo.) Nunca conseguiré entender a las mujeres… ¡Nunca!
Se pone en pie y se dirige hacia el CONSERJE.
JULIO.—Buenas noches.
El CONSERJE responde con voz opaca y aguardentosa.
CONSERJE.—Buenas noches.
JULIO mira hacia atrás; se inclina sobre el mostrador y pregunta:
JULIO.—¿Tienen ustedes habitaciones?
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El CONSERJE guarda un silencio lleno de reservas.
La voz de JULIO resulta misteriosa.
JULIO.—Una habitación doble.
El CONSERJE calla. JULIO vuelve a mirar a IVETTE.
JULIO.—Y si no es posible dos habitaciones comunicadas… (Una pausa.) ¿Eh?
CONSERJE.—Libro de Familia.
JULIO.—¿Cómo dice?
CONSERJE.—Libro de Familia.
JULIO.—¿De qué familia?
CONSERJE.—Carné de identidad.
JULIO.—La señora es francesa…
IVETTE le llama.
IVETTE.—¡Julio!
JULIO le responde con un gesto, pidiendo un poco más de paciencia y de comprensión.
CONSERJE.—¿Seguro que estarán ustedes casados?
JULIO.—¡Naturalmente!
CONSERJE.—Libro de Familia.
JULIO.—¿Pero usted cree que viajamos con el Libro de Familia a cuestas?
¿Y por qué no nos pide la cédula de habitabilidad o el contrato de gas?
CONSERJE.—Carné de identidad.
JULIO.—¡La señora es francesa! ¡Se va a meter usted en un lío internacional! ¡De esto
se enteran en el consulado!
La voz de IVETTE suena doliente.
IVETTE.—¡Julio!
JULIO.—¡Un momento!
El CONSERJE resume la situación con una frase.
CONSERJE.—No hay habitaciones.
JULIO.—¿Cómo que no hay habitaciones?
CONSERJE.—No, señor.
63
JULIO.—¡Está bien, hombre! ¡Aunque sean separadas, aunque estén en pisos diferentes!
CONSERJE.—No hay habitaciones.
JULIO.—¿Pero usted sabe quién soy yo?
IVETTE vuelve a llamar.
IVETTE.—¡Julio!
JULIO.—¡Que te calles! (Al CONSERJE.) ¿Usted sabe lo que llevo en este bolsillo? ¡Si
yo saco el carné, usted se cae al suelo y se muere de miedo! ¿Quiere que saque el carné y se
lo restriegue por las narices? ¡Se está usted jugando el puesto!
CONSERJE.—¡No hay habitaciones!
JULIO.—¡Demuéstremelo!
El CONSERJE descuelga el teléfono.
JULIO.—¿Qué va usted a hacer?
CONSERJE.—Llamar a la policía.
JULIO.—(Con sonrisa torcida.) ¡A mí la policía…! ¡Si yo saco el carné se pone a mis
órdenes…! (El CONSERJE marca un número.) ¡Atrévase a llamar hombre…!
IVETTE grita.
IVETTE.—¡Julio, por favor…!
JULIO.—Por la señora… Lo dejo por la señora… Para que no intervenga la embajada y
porque no quiero escándalos…
Y se aleja del Conserje prudentemente. El hombre cuelga aburrido.
JULIO entra en la habitación del hotel. Con furia tira el abrigo al suelo
y enciende la luz. ANDRÉS, sobresaltado, se incorpora en la cama.
ANDRÉS.—¿Qué pasa?
JULIO.—¿Qué va a pasar? ¡Que así no podemos prosperar, ni ponernos a nivel europeo,
ni entrar en el Mercado Común, ni hacer una autopista, ni nada! ¡Que somos un desastre!
¡Que ni hay decencia, ni sentido de colaboración, ni contraste de pareceres, ni nada!
ANDRÉS.—¿Y por qué no alquilas un apartamento?
JULIO.—¿Un apartamento?
ANDRÉS.—¡Y me dejas dormir de una vez!
Y cae sobre la almohada. Luego se cubre la cabeza con la manta.
64
JULIO tiene un racimo de uvas en la mano. Estamos en el apartamento que acaba de
alquilar. Aunque tiene aspecto impersonal y resulta frío, JULIO ha intentado prestarle calor
y personalidad. Puso algunos libros en la estantería y colocó flores en los jarrones. JULIO
se dispone a arrancar una uva, cuando suena el teléfono. Deja el racimo y corre al aparato.
Descuelga.
JULIO.—¿Diga? (Escucha.) ¿Una señorita? ¡Que suba!
Cuelga. Nerviosísimo se dirige al racimo. Va a comer una uva; pero se le ocurre una
nueva idea. Deja la fruta y llega al ventanal. Corre las cortinas. Después enciende una luz
muy suave. Alguien llama a la puerta. JULIO abre. Al otro lado está IVETTE.
IVETTE.—Hola.
JULIO.—Hola.
Le franquea la entrada. Cierra la puerta.
JULIO.—¿Te gusta?
IVETTE.—No he debido venir…
JULIO.—¿Por qué?
IVETTE se encoje de hombros.
JULIO.—¡Quítate el abrigo!
IVETTE obedece.
JULIO.—Estás muy guapa…
IVETTE.—Lo que estoy es muy nerviosa.
JULIO.—Pues aprende de mí… Yo no… Yo no estoy nervioso…
¿Hacemos algo malo? Somos libres, hemos venido a tomar una copa… ¡A tomar una copa!
Corre hacia una mesa donde hay bebidas.
IVETTE.—¿Por qué has cerrado la ventana?
JULIO.—Porque… ¡Porque la persiana está estropeada! (Observa las botellas.)
¿Chinchón? ¿Whisky? ¿Coñac? ¿Ginebra? ¿Vodka? ¿Jerez?
IVETTE.—Algo fuerte…
JULIO.—Whisky… Con coñac y unas gotitas de ginebra… (Sus manos tiemblan al
preparar el bebedizo.) Y un chorreoncito de vodka… (Le lleva el vaso.) ¡Chin, chin!
IVETTE bebe. JULIO la imita.
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JULIO.—¿Te encuentras mejor?
IVETTE.—Sí.
JULIO.—Y ahora un poco de música…
Corre al tocadiscos. Lo hace funcionar. Sonríe cautivadoramente a la chica.
JULIO.—¿Bailamos? (Ha comenzado a sonar una jota bravía. JULIO rectifica.) ¡No!
¡Eso no! (Vuelve al tocadiscos. Pone otra música. Ahora es suave y cadenciosa. Llega hasta
IVETTE, nerviosísimo le da el vaso.) ¡Chin, chin! (Los dos beben.) ¡Deja el vaso! (Toma a
la chica por la cintura y comienza a bailar con ella.) Luci… Ivette… Estoy loco por ti…
Eres la única mujer que me importa en el mundo… Te voy a organizar una “gala” en el
Círculo, ya verás… Ya verás, ya verás, ya verás, ya verás…
El disco se ha atrancado. Repite siempre la misma frase.
IVETTE, sonriendo divertida, se separa de JULIO.
IVETTE.—¡El disco!
JULIO.—(Reaccionando.) ¡Sin música! ¡Mejor sin música! (Detiene el infernal
mecanismo. Y toma la mano de IVETTE.) ¡Siéntate! (El racimo de uvas está ante ellos.)
Amor mío… Querida… Vida mía… ¡Ivette!
Se dispone a besar a la chica. Cuando sus labios se acercan a los de la mujer,
suena un extraño ruido. IVETTE se separa de él.
IVETTE.—¿Eso qué es?
JULIO.—¿El qué?
IVETTE.—Ese ruido…
JULIO.—¡No oigo nada! (Se acerca a la muchacha con voz acariciadora.) ¡Qué
importan los ruidos cuando tú y yo estamos encerrados en una campana de cristal, en una
torre de marfil…! (Una pausa.) ¡Ivette, mon amour!
El absurdo ruido se repite. IVETTE se separa de JULIO.
IVETTE.—¿No lo oyes?
JULIO.—¿Será una cañería?
IVETTE.—No… No es una cañería…
JULIO.—(Algo excitado.) ¡Y qué importan las cañerías!
Trata de besar a la chica. El ruido se repite en tono agudísimo.
IVETTE.—¡Soy yo! Perdóname… Los nervios.
JULIO.—¡Es el patio!
IVETTE.—¡Calla!
66
JULIO obedece. Los dos escuchan.
JULIO.—No se oye nada… (Suspira tranquilizado y reanuda la conquista de IVETTE.)
Mi vida empezó la noche en que te conocí, Ivette… Hasta entonces, Luci… Tu voz y tus
ojos… ¡Luci! (Ante la expresión ausente de la chica, grita destemplado:) ¡Que te estoy
hablando! (IVETTE asiente e intenta atender a las palabras de JULIO.) Tu voz y tus ojos y
la noche… ¡Tus labios!
Va a besarla. Otra vez el ruido impertinente. La chica se separa de él.
IVETTE.—Eres tú. Estoy segura. ¡Eres tú! (Le responde un extraño borboteo. IVETTE
se echa a reír. Su risa resulta incontenible, avasalladora, definitiva… Intenta hablar.)
¡Perdóname! ¿Qué te voy a decir…? ¡No es po… posible! (Las lágrimas se le saltan. Se
pone de pie. Toma su abrigo e intenta despedirse.) Adiós, ¡Ju…!
No puede terminar. Muerta de risa, abandona el apartamento.
JULIO está sentado en el casino del pueblo. Le rodean sus AMIGOS. Entre ellos vemos
a ANDRÉS. JULIO habla enfáticamente.
JULIO.—¿Las mujeres? ¡Así! (Une los dedos.) Pero a mí no me interesan… (Mira a
ANDRÉS.) ¡Que lo diga este! (ANDRÉS sonríe.) ¡Ninguna vale un pimiento! ¿Yo? ¡Ni
regaladas! (Comienza a sonar la música.) Cuando voy a Madrid me ocupo, exclusivamente,
de los negocios…
Fuma su magnífico puro, mientras oímos como un tenor, de afinada voz, canta.
CANCIÓN.—Es voz común que a más del mediodía
en ayunas la zorra iba cazando:
halla una parra, quédase mirando
de la alta vid el fruto pendía.
Causábale mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaturas
pero vio el imposible ya de fijo,
entonces fue cuando la zorra dijo:
“No las quiero comer; no están maduras.”
Sobre la canción y la imagen de JULIO,
han aparecido los títulos de crédito del programa.
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EL CINE SEGÚN JAIME DE ARMIÑÁN
“A mí me parece que yo busco la máxima sencillez. No soy un esteta de la
cinematografía ni una persona que tenga una fundamentación cinematográfica en la
imagen, sino en la literatura. Así resulta que lo fundamental para mí en una película que
cuenta una historia es esa historia, que es la piedra angular. Yo parto siempre del guión
cinematográfico. En cuanto a la técnica de esta película es la que a mí me gusta, la que yo
sé emplear: relatar con imágenes la historia con la mayor sencillez posible, es decir, dar al
espectador lo que está pidiendo, sin tratar de hacer artificioso el tema.”
Jaime de Armiñán
«El humor, como todo -dice Chumy-, es un reflejo de la realidad. La evolución del humor
español ha sido el reflejo de la realidad española, entendiendo por realidad no solamente lo
que ocurría, sino también las fuerzas que hacían que se conociesen sólo algunos aspectos
de esa realidad. Algún día se verá que el humor reflejaba perfectamente su tiempo.»
Jaime de Armiñán
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“A mí me gusta escribir y hacer un cine de lo que sé, de lo que entiendo, y de lo que veo.
Y lo que veo son esos personajes, es decir, son los personajes de nuestro pueblo, los
personajes de nuestro país, y fundamentalmente los personajes marginados, como las
mujeres, los niños, los cesantes, etcétera, etcétera. Por otra parte a mí esos personajes no
me parecen vulgares, me parecen unos personajes absolutamente maravillosos, y mágicos,
en cierto modo. Es decir, el espectáculo yo creo que debe tener magia, y esos personajes
hay que decantarlos, de tal manera que acaben siendo pues casi ejemplificadores, esos
personajes son los que a mí me interesan, y los que me gustan. Por eso lo hago así.”
Jaime de Armiñán
“El final no debe ser feliz ni infeliz. El final debe ser sugerido. A mí me parece mucho
más bonito que el espectador ponga de su parte imaginación, que no que le demos todo
hecho.” Jaime de Armiñán
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CUESTIONARIO A JAIME DE ARMIÑÁN
ABC - 27-09-1992
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LAS SIETE VIDAS DE JAIME DE ARMIÑÁN
Paradójico porque hablamos de un amante devoto de los perros, más concretamente de
las perras. Cosa que ha generado alguna que otra injusta polémica entre las feministas
tiquismiquis, talibanes, las literales, al comparar de manera elogiosa, metafórica, a las
mujeres con las perras, para Jaime de Armiñán más inteligentes, fieles, leales, que los
perros. Acusar de machista al director más feminista, igualitario, de la historia del cine
español, el que más hizo por la visibilización del feminismo, de las mujeres, desde el
altavoz privilegiado de la franquista TVE, no deja de tener su aquel, su gracia, la soberbia
de las ignorantes. Siete vidas por sus siete renacimientos, evoluciones. La primera, la
pragmática, licenciado en derecho, empleado de oficina; la segunda autor de teatro; la
tercera guionista de cine y televisión; la cuarta director de televisión y cine; la quinta
articulista; la sexta novelista; la séptima jubilado, retirado, forzoso, ya cumplidos los
noventa. Una continua pasión por narrar, por transmitir ideas progresistas sin olvidarse de
los sentimientos, diversificada en diferentes formatos, planos, con la característica común de
la humanidad panteísta con retranca, de la profundidad accesible, anti-elitista, de la
tragicomedia piadosa, compasiva. Un universo abierto, unisex, intergeneracional, en el que
todavía caben la ternura, los fatalismos activos, las nostalgias sin rencor, y las redenciones,
inmolaciones, por amor.
Siempre desde el humanismo, entendiendo por humanista a quien ama al ser humano por
encima de todo, incluyendo sus contradicciones, sus debilidades, que no juzga, que trata de
comprender, que hace un esfuerzo de comunicación. Razón por la que nunca podré serlo,
porque ni acepto mis contradicciones, ni las de los demás, la estúpida enfermedad,
complejo, del absoluto. Lo contrario de los personajes de Armiñán (recuerdo que es Piscis,
el signo menos sectario), que perdonan, aceptan, a los demás, porque perdonan, se aceptan,
a sí mismos, aunque les cueste, no hablamos de santos, de ángeles. En una película de Jaime
de Armiñán ninguno de sus personajes principales va a rechazar a otra persona por
prejuicio, por convencionalismo social, le va a dar la oportunidad de conocerle, de
comprenderle, tal como es, sin máscaras, sin atavismos. Algunos ejemplos:
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—“Carola de día, Carola de noche”, su primera película, aunque reniegue de ella porque le
censuraron el guión, más bien porque es muy mala. La protagonista es una reina en el exilio,
sin oficio ni beneficio, que decide trabajar para vivir, y lo hace en un club nocturno
cantando, porque la encargada del local le da una oportunidad a ciegas haciéndole cantar.
Conoce el local gracias al pinchadiscos, que trabaja para sacarse los estudios, y del que se
enamora a pesar de ser un plebeyo, y comunista.
—“La Lola, dicen que no vive sola” (originalmente “La Lola dicen que no duerme sola”),
una prostituta chapada a la antigua hace una promesa de castidad de un año a la virgen si
sana a su hija. En el intervalo conoce a un viudo empresario, mucho mayor que ella, que
decide esperar, a regañadientes, ese año. Ambos se enamoran y terminan casándose,
pasándose por el forro el pasado de ella, confiando en ella, en su amor, borrando de un
plumazo, y de manera verosímil, cualquier sospecha de interés.
—“Mi querida señorita”, señorona de provincias enamorada en secreto de una jovencita
criada, que trata de despertarle celos con novios ocasionales. La señorona descubre que
realmente es un hombre y huye a la gran ciudad. Allí, ya como hombre, se hace amigo de
una compañera de piso prostituta que cuando descubre que en la maleta lleva ropa de mujer
no monta ni el menor escándalo, ni se extraña, “allá cada cual con lo suyo”, “me gusta la
imaginación”. Contacta de nuevo con la criada, que ahora trabaja de camarera, acaban
saliendo juntos, y se enamoran, mejor dicho, se vuelven a enamorar, porque ella en todo
momento es consciente, aunque no lo diga, que él es ella, su vieja señorita. Todo esto sin
escenas, ni melodramas, con naturalidad, aceptando las cosas como hechos consumados, y
normales, naturales.
Se me dirá que cómo tiene que ser, pero que casi nunca es así, y mucho menos si
hablamos de la pacata, conservadora, reaccionaria, sociedad española de posguerra, inmersa
en plena dictadura nacional-catolicista. Por lo que estas tres películas, sin ser de las mejores
de su obra, formalmente no tienen casi nada destacable, solo la sutileza del guión, de la
creación de personajes, marca propia de la casa (genial como les dibuja una personalidad
con pequeños gestos repetidos (cómo desenvuelve una magdalena), miradas (cómo entorna
los ojos), objetos (el monedero)), tienen su importancia sociológica, sobre todo “Mi querida
señorita”. Reflejan el puritanismo, hipocresía, de una sociedad, utilizando como vehículo
algo tan escabroso para la época como el lesbianismo, como el trasvestismo, la
transexualidad, sin caer en ningún momento en el morbo, en el sensacionalismo, en la
exageración, es de ser un valiente, de ser un humanista, un demócrata, un progresista, como
la copa de un pino. Y sus tres primeras películas no son una excepción:
—“Un casto varón español” (originalmente “Cinco lobitas”, precuela de su libro “La isla de
los pájaros”), reprimido solterón niño de mamá, descubre que su verdadera madre regentaba
un prostíbulo que hereda a su muerte. Comienza llamando objetos a las meretrices, y
termina conviviendo con ellas con total normalidad como si fueran compañeros,
compañeras, de piso, “-Eres marica. -No soy marica. -Yo tampoco.”, con derecho a roce, lo
que viene siendo el paso de la virginidad al harén, de la España de los 70 a la Dinamarca de
los 70. Un ajuste de cuentas con la castradora educación, con la mojigatería sexual del
franquismo, del catolicismo, de los sacrosantos mandamientos, imposiciones, de la religión
cristiana, y su consecuencia lógica, hipócrita, la prostitución, el beatos en casa, puteros en la
calle.
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Disonancia cognitiva, sexual, que vistas las cifras de consumo sexual en la España del
siglo XXI, no ha variado ni un ápice, el español sigue siendo un animal de bellota, un
frustrado, un enfermo. El protagonista tiene que elegir entre vivir una vida falsa de
apariencias, de limitaciones: pecado, culpa, o ser libre, y Armiñán, como buen libertario,
escoge la segunda opción, repito, en plena dictadura.
—“El amor del Capitán Brando” (se barajaron varios títulos “La maestra”, “Los amores de
Marlon Brando”, “Los amores del capitán Brando”, “El gran amor del Capitán Brando”), un
niño, y su yo adulto, tirando a viejo, se enamoran de una joven, y libertaria, profesora de
pueblo. Los demás no les entienden, pero ellos sí, para qué más.
—“¡Jo, Papá!” (originalmente “Papá”), un viejo franquista nostálgico, y su hija, una joven
de su tiempo, se pasan por el forro la brecha generacional, ideológica, y aunque no se
comprendan del todo, se respetan, conviven, se quieren. “Vive y deja vivir”.
—“Nunca es tarde” (tuvo varios títulos antes del definitivo, “Háblame de amor”, “El
nacimiento de Úrsula”, “Úrsula”), una anciana virgen y ecologista se enamora de un joven
casado, se queda embarazada de él sin coyunta ni contacto sexual de ningún tipo. La criada,
el joven, y su mujer, lo aceptan con total normalidad, incluso se hacen amigas, y le acaban
dando el bote a él. Tolerancia al cubo.
—“Al servicio de la mujer española”, sádico misógino homosexual pendiente de salir del
armario, entabla una extraña amistad filo-amorosa con una consejera sentimental tradicional
con tendencias masoquistas.
—“El nido” (originalmente “El nido del estrafalario”), un quijote moderno y melómano, y
una niña vieja, bruja, comparten una tierna amistad, y se enamoran, como hombre y mujer,
sin llegar a las manos, al sexo.
—“En septiembre”, excursión de viejos alumnos 24 años después, afloran las cuentas
pendientes, también los amores pendientes. Pero como hablamos del humanista Armiñán,
los maltratadores se reconcilian, redimen, con los maltratados, y lo que parece ser una
película nostálgica sobre la educación represiva del franquismo, se convierte en un canto a
la libertad, al presente.
—“Stico” (originalmente “Stico (escucho y obedezco)”), un catedrático se convierte en
esclavo de un antiguo alumno, una forma como otra cualquiera de denunciar la cultura del
pelotazo, el capitalismo de amiguetes. ¿Quién romperá el yugo? La entrañable amistad del
esclavo con una hija del amo, Atocha, una de las hijas del director de fotografía Teo
Escamilla.
—“La hora bruja”, un hombre al borde del chocheo, y una mujer celosa, posesiva, suben a
la chica de la curva, a una bruja, a su autobús cine-ambulante. Embruja a los dos, se tira a
los dos, y gracias a su influjo recuperan la juventud y su amor en horas bajas. “También es
bonito traicionar.”
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—“Mi general” (originalmente “Mi querido general”, ¿cambiado para no confundirla con
“Mi querida señorita”?) , o hay que matar al padre, pero si el padre demuestra ser una
bellísima persona, pues no hay por qué, y más si los hijos son más viejos. “El mundo es
nuestro, pues cómanselo con patatas”.
—“Al otro lado del túnel” (originalmente “La sinopsis”), una femme fatale de pueblo juega
con dos afamados guionistas, uno anciano y otro de mediana edad, como si fueran dos
zarandillos, dos peleles. Poliamor que lo llamarían ahora, o putón verbenero en la
antigüedad.
—“El palomo cojo”, casa cortijera andaluza de familia venida a menos, en la que todos los
miembros, incluido el servicio, están con las hormonas disparadas, sin discriminar ni por
sexo, ni por edad, ni por orientación sexual. Una comuna a lo Hermanos Quintero. (“Los
hombres no deben de tener opiniones”. “Ladrones somos todos”. “Si no tienes dinero no
sabes a nada”)
—“14, Fabian Road”, escritora vampiro consigue escribir de verdad gracias a una mujer
que se quiere vengar de ella por haber utilizado a su padre de negro. Por supuesto acaban
siendo amigas íntimas, y amantes.
Recogiendo el Premio del Público en el Festival de Berlín de 1974
75
Como se puede ver, el irregular Jaime de Armiñán, como todos los directores incluido
Ford, tiene un universo propio, un vocabulario propio, sus películas son geografías, grandes
odas a la conversación, a la tertulia amistosa, a la confrontación respetuosa de ideas, con
sentido del humor, pausas, silencios, tiempo para pensar, algo en vías de extinción tanto en
el cine español como en la vida real. Que su forma no está siempre a la altura de sus
contenidos puede ser cierto, pero también que ese sublime contenido la mayoría de las veces
logra redimir, elevar, la forma, el contenido es su forma.
Julio Tamayo
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EL FEMINISMO MONTUNO, ULTRAMONTANO, DE ARMIÑÁN
Supuestamente, criarte rodeado de mujeres, hace que las valores y comprendas mejor.
Una afirmación que tiene su lógica porque conocer es amar, y el roce hace el cariño. La
reacción contraria, el odio, la misoginia, también puede ser una reacción natural. Lo que se
conoce demasiado acaba generando rechazo, hastío, la confianza da asco. Armiñán podría
pasar por el paradigma de la primera postura, y Regueiro de la segunda. Ambos fueron
niños enfermos sobreprotegidos por las mujeres de la familia, y uno les guarda devoción
absoluta, y el otro una cierta inquina, rencor. Uno las ama con sus complejidades, maldades,
lo que viene siendo la igualdad, y el otro se centra exclusivamente en la parte negativa, que
la tienen, como debe ser. Regueiro perpetúa una tradición misógina, machista, muy asentada
en la cultura española, y Armiñán fue un pionero, el pionero, del feminismo durante la
dictadura franquista (antes de la dictadura lo fue el cabestro de Unamuno, con su hembrista
“La tía Tula”). Ya en su primera obra de teatro publicada, premio Calderón de la Barca (ex-
aequo con “Un diablo que se llama Leopoldo” de José Manuel Ruiz-Castillo y “¡Qué
salvajes!”, quinta obra de teatro (posteriormente otras cinco, todas inéditas, y seguramente
geniales) de la mejor humorista española de todos los tiempos, Remedios Orad, y que
casualmente no fue publicada, ni estrenada), la comedia “Eva sin manzana” (1954),
explicita claramente su revolucionaria visión de las mujeres, hablamos de la época de la
Sección Femenina:
MARTA.—¿Fumas, Montserrat?
MONTSERRAT.—No.
MARTA.—Haces mal; esto es cosa de mujeres. Un símbolo de virilidad abatido.
MONTSERRAT.—Me gusta ser débil, sentirme protegida, pensar que la casualidad rige mis
actos y que la casualidad puede ser gobernada por una mano firme que no sea la mía.
MARTA.—Tú eres mujer en embrión, una larva.
MONTSERRAT.—En todos sus actos, la mujer es pasiva.
MARTA.—Era. Porque a ellos les convenía así. Físicamente somos recias. Moralmente, más
aún. Tan idiotas o tan sabias como ellos. Estropeamos el mundo como ellos.
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La obra empieza con qué malos son los hombres, y acaba derivando en qué malas son las
mujeres, luego ni los hombres ni las mujeres son buenos ni malos, igualdad, sin buenismos,
maniqueísmos, ni paternalismos. “Él me hizo ver que los malos son malos porque no
pueden ser buenos, y que los buenos son buenos porque no saben ser malos”. Aunque el
verdadero tema de la obra sea la falsedad de las apariencias, de los prejuicios, que en el
fondo no deja de ser lo mismo, el elitismo, el clasismo, es incompatible con la igualdad, con
el feminismo. Armiñán ya desde sus comienzos como creador haciendo un alarde de
tolerancia, de comprensión.
SERAFÍN.—La vida es amor Marta, el odio casi la muerte. El perdón, consecuencia del
pecado. El pecado es perdón y, por tanto, el pecado es también amor.
El feminismo anti-sectario, anti guerra de sexos, de Armiñán continúa en sus siguientes
obras de teatro, que en términos globales no son demasiado buenas, como la práctica
totalidad del teatro comercial, de evasión, de la época, e incluyo al misógino Poncela.
Sinfonía acabada (obra de teatro): En el prólogo Armiñán define a la perfección la
quintaesencia de su estilo, de su universo, no importa el medio de expresión. “Tiene
ternura, pero como la ternura es algo cursi e inconfesable en nuestros días, he procurado
taparla con humor. Por eso, quizá, le desconcierte un poco la forma. Ternura y humor.
Poesía y risa están unidos indisolublemente, y hablo desde un punto de vista personal.
Puede ser la ternura un flan en un molde de humor. El “flan” solo, se desintegra. El molde
aislado no es nada”.
La espinosa cuestión del huevo frito (artículo en “Don José”): ¿La mujer en casa y con la
pata quebrada? “Tenga usted en cuenta que freír huevos está al alcance de cualquiera; pero
que lo que no está al alcance de cualquiera es ganar el premio Nadal, pongo por caso y no
aludo a nadie. Que la ganadora del premio Nadal, sigo sin eludir a nadie, puede freír
huevos y que la freidora de huevos -freidora pura- jamás ganará el premio Nadal. Y siempre
será más agradable tener en casa a la ganadora del premio Nadal que a la freidora de
huevos”.
El anticuado (serie “Galería de esposos”): “¿No recuerdas el tanto monta, monta tanto…?
Pues aquel matrimonio era medieval, y, además de medieval, eran reyes. ¡Conque aprende!
E intenta comprender a tu época, hombre, y no la rechaces sin conocimiento de causa,
porque, por algo es tu siglo”.
La tonta (serie “Galería de esposas”): “Yo sé que ninguna de ustedes es tonta, pero si tienen
alguna amiga que lo sea o se hace la tonta, aconséjenla que no es ése el sistema. Que lo
primer que hay que ser en el mundo, aunque se nazca mujer, es listo. O al menos hay que
intentarlo. Las tontas ya no tienen nada que hacer en el mundo. Su número está pasado de
moda”.
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Un viejo tema (serie “Las chicas de la ciudad”): “¡La mujer existe para algo más
importante que para freír huevos y limpiar los zapatos al marido, y esperar en casita a que
el hombre vuelva a la oficina! ¡La mujer no es un mueble, ni una esclava! ¡Es un ser
humano! ¡Si yo hubiese vivido en el siglo diecinueve, hubiera sido sufragista y me hubiera
encadenado a las tapias del Parlamento! ¡Llevamos más de un siglo luchando por los
derechos de la mujer, para que estas retrasadas mentales…! ¿Sabéis por qué se oponen los
hombres a que seamos notarios, o ingenieros, o arquitectos? ¡Porque les resulta mucho más
cómodo que les planchemos las camisas! ¡Una competencia terrorífica, porque las mujeres
somos más listas, más fuertes, y estudiamos más! ¡Por la definitiva emancipación de la
mujer!”.
Partir de cero (serie “Tiempo y hora”): “El mundo no se acaba con un novio. Yo quisiera
poder decírselo a todas las mujeres que se han quedado solas, como yo… Como tú ahora…
La carrera de la mujer no es el matrimonio, aunque lo dijeran los papás… La carrera de la
mujer es vivir”.
Sólo hay un motor (serie “Tiempo y hora”): “—¿No piensas casarte? —No. Me gusta vivir
sola y no depender de nadie. —¿Y te quedarás para “vestir santos”… —¿Tú dices eso?
Mientras las mujeres piensen que el no casarse es una deshonra o al menos un fracaso, el
mundo seguirá siendo de los hombres…”
Mi querida señorita: “Más que el problema sexual, es el problema de la mujer el que está
ahí. Son las dos cosas, están tan unidas que no puedes separarlas, pero sí, siempre pensé
que esa película había que llevarla por el camino de la represión a las mujeres y la
marginación. ¡Y seguimos con el tema!” (Jaime de Armiñán)
Nunca es tarde: “Ya he dicho que las mujeres me parecen mucho más listas, más sensibles,
inteligentes y más malas que los hombres. Son, por lo tanto, más ricas de sentimiento, de
maldad, de bondad y de posibilidades.” (Jaime de Armiñán)
El nido: “A mí siempre me han parecido las mujeres mucho más inteligentes que los
hombres, y mucho más malas”. “La iniciativa en esos amores la lleva la niña. Goyita se
sabe amada, adorada e idolatrada, y él es mucho más pequeño. Ella es más adulta, más
mala y sabia y él, más ingenuo, más inocente.” (Jaime de Armiñán)
En septiembre: “En esa película también las mujeres son superiores a los hombres,
algunos de los cuales están completamente perdidos, pobres hombres, como el personaje de
José Luis Pellicena. Ellas, casi todas, son gente que sabe lo que quiere, sobre todo Carmen
de la Maza, que es quién acaba escapándose, se larga de allí, si bien de una manera
totalmente literaria, se va en bicicleta sola no se sabe a dónde; no va a volver a su casa.”
(Jaime de Armiñán)
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Con Mónica Randall en Toronto (“Mi general”)
Ingrid Bloom (serie “Cuentos imposibles”): “—¡Anda hija, sirve a tu padre! —Siempre me
tiene que tocar a mí. —¡No me contestes por favor! —¿Y por qué no se lo dices a Pelayo?
—¡Por que Pelayo es un hombre! —¿Y eso qué? —¡Bueno basta ya! —¡Pues es una
injusticia para que lo sepas!”
Al otro lado del tunel: “—¿Sabes tú lo que es una mujer? No, ni tú ni ningún hombre lo
sabe. —¿Qué quieres? ¿Quieres colaborar en el guión? —No, quiero más. Quiero ser
Dios.”. “—Los hombres están completamente chiflados. Claro que, las mujeres, no se
quedan atrás. —Algunas mujeres.”
“Yo creo que detrás de un gran hombre hay siempre varias grandes mujeres y detrás de
cada gran mujer hay siempre demasiados hombres grandes o pequeños.” Jaime de
Armiñán
“Las mujeres son mucho más complicadas. A parte de que a mí el interés que me producen
las mujeres también es un interés sexual, como es lógico (o como no es lógico), pero
siempre he encontrado que las mujeres son más sensibles, e inteligentes sobre todo, que los
machos. A mí los machos me parecen deplorables. Por eso me han interesado más ellas,
tienen un mundo más rico y variado, son más malas, pero al mismo tiempo son mil veces
más válidas y más interesantes. Eso lo he llevado a los perros: siempre he tenido perras.
Siempre me ha parecido que las perras son más listas, más fieles, cariñosas e inteligentes;
esto ocurre con las mujeres también. La mujer tiene más recovecos, y más historias dentro y
más maldades, seguramente.” Jaime de Armiñán
Julio Tamayo
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LA LOLA DICEN QUE NO VIVE SOLA (1971)
La principal diferencia entre el cine y la literatura española de los años 70 y la actual, es
que no hay tantas protagonistas prostitutas, ni la prostitución está tan omnipresente.
Paradójicamente ha dejado de estar presente, visible, pero se ha incrementado en mucho el
consumo de prostitución, y el número de puteros. Para los niños de los 70 criados en los
barrios obreros, la prostitución era algo cotidiano, natural. La madre de un compañero era
prostituta, una vecina también, las tardes las pasábamos acechando a las prostitutas y
pajilleras del barrio, que trabajaban en una fábrica textil abandonada. Al menos había cuatro
puticlubs en el barrio, uno enfrente del colegio, que estaba situado al borde de una autovía,
y justo al lado de un área de descanso para camioneros. Había varios cines porno, para
mayores de 18 años, pero como pasa ahora, y antes, con el alcohol, hacían la vista gorda,
muy gorda, estas salas y los recreativos eran el paraíso de la pederastia. La prostitución no
estaba en los suburbios, en los polígonos, sino en el centro, en la calle Torrecilla, donde
ahora están los Juzgados, creo que antes también, y en los soportales del cine Zorrilla (Plaza
Mayor), lo sé pura poesía. Los kioscos estaban abarrotados de revistas porno, los video-
clubs de películas porno, incluso canales comunitarios, los periódicos llenos de anuncios
clasificados de prostitución, y había un sex-shop en cada barrio. Vamos que los que piensen
que vivimos en una época hipersexualizada gracias a internet, que se pasen por los 70-80. El
landismo, el berlanguismo, el sacristanismo, el ozorismo, el cine de destape, se quedaban
muy cortos. El sexo era la gran obsesión española, 40 años de represión acaban salpicando
el techo. “La Lola dicen que no vive sola”, el título original censurado era “La Lola dicen
que no duerme sola”, más o menos es una inocente farsa que reflejo este estado de cosas,
este salidismo generalizado, en la línea de “No somos de piedra” de Summers, la película
está producida por él. Obviamente no es una gran película, formalmente es muy torpe,
arrítmica (su precuela, el genial episodio “La zorra y las uvas” de la serie escrita por
Armiñán “Las fábulas” (1970), protagonizado por la hiperbella Sonia Bruno, es mucho
mejor), pero tiene un sarcasmo muy reivindicable, y la inexpresiva interpretación de Serena
Vergano tiene su punto.
Julio Tamayo
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“Quiero significar primero que la palabra «destape» me produce urticaria. La odio
apasionadamente. Es una auténtica clave de nuestro subdesarrollo intelectual. Es un una
cortina de humo. Es una muestra de paletería incalificable y es una «antigualla». Por
supuesto no estoy a favor o en contra del desnudo en el cine o en el teatro. Es un elemento
más de la posible creación dramática. Nos lo debemos plantear con absoluta naturalidad:
si es necesario el desnudo, en un guión o en una comedia, lógico es que se presente a los
espectadores: pero entendámonos, tanto monta un desnudo masculino como un desnudo
femenino. Hora es ya de que las mujeres dejen de ser «objeto»; O todos somos «objeto» o
rompemos la baraja. La odiosa palabra «destape» no significa liberalización política, ni
muchísimo menos. ¿A cuento de qué? ¿Qué tiene que ver el c... con las témporas? La
liberalización política sólo tiene un camino y está bien claro. No veo la relación entre
amnistía y pecho de señorita, la verdad. Lo que sí ocurre es que nuestra paternal censura
ha utilizado —quizás inteligentemente— ese pequeño escape del pequeño desnudo, que se
nos autoriza, para seguir poniendo un chal a algo mucho más importante. Yo no estoy
contra la pornografía y no me preocupa nada ese «primer paso». La pornografía puede ser
una posición estética como otra cualquiera. Estoy —naturalmente— contra la pornografía
barata. Un director de cine es muy dueño de plantearse un tema pornográfico a condición
de que haga una buena película —o lo intente— de que no le lleve de la mano un propósito
bastardo ajeno a la misma película. A quien no le guste la pornografía que no acuda al cine
donde se exhiban películas de ese género, pero no veo la razón para que a una persona
adulta y libre se le impida contemplar una película pornográfica. El mismo planteamiento
de este tema es entristecedor: ya va siendo llora de que los españoles alcancemos nuestra
bien ganada mayoría de edad y podamos elegir entre «Histoire D'O» o «Los tres cerditos»,
por ejemplo.” Jaime de Armiñán
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FEMINISMO EN “LAS DOCE CARAS DE EVA” (1971)
De primeras desactivar las posibles objeciones al título de la serie, es la secuela de otra
serie titulada “Las doce caras de Juan” (1967) también de Jaime de Armiñán, luego no
existe ningún tipo de discriminación positiva, ni negativa, son series complementarias, y a la
vez completamente autónomas. Lo mismo que cada capítulo, que al contrario que “Las doce
caras de Juan” no está protagonizada por un único actor, Alberto Closas, sino por 12 actrices
diferentes. Una decisión que tiene más miga de lo que parece, que haya 12 caras, que haya
12 mujeres distintas, desmiente el tópico machista de todas las mujeres son iguales, del
eterno femenino. Si alguien piensa que por el simple hecho de que la serie esté
protagonizada por mujeres el feminismo se le supone, se equivoca, es mucho suponer,
hablamos de los años 70, España, inmersa en una dictadura fascista, seguía siendo todavía
un país invivible, una auténtica cárcel, para las mujeres. Que Armiñán en casi todas sus
series desde los años 60 colara de rondón, en segundo plano, y muchas veces en primero
como en esta serie, la igualdad de sexos, la liberación de la mujer, no era muy frecuente que
digamos, basta pasarse por el cine, televisión, teatro, literatura, prensa de la época para
constatar los excepcional de su enfoque igualitario, democrático, aunque nunca se le haya
reconocido. Antes de nada aclarar que feminismo significa igualdad, no estar en contra de
los hombres, que eso es androfobia, hembrismo, el equivalente al machismo, todavía hay
muchas personas, desgraciadamente también mujeres, que confunden, interesadamente, los
términos. Nadie puede sentirse incómodo con el apelativo de feminista, sea hombre o mujer,
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no es una cuestión de género, sino de derechos, luchar por la no discriminación, por la
igualdad, es una obligación, no algo de lo que avergonzarse. Armiñán es, era, un feminista
convencido, activo, y en una época en la que casi ningún hombre lo era, ni por
aproximación. También fue de los pocos que estudió en colegios mixtos (“Aquél Colegio
Estudio, que yo viví, era único. Los chicos y las chicas estábamos juntos, aprendíamos a
enamorarnos locamente y, sobre todo, aprendíamos a respetarnos y ya entonces
aprendíamos que las mujeres son las mujeres y los hombres, los hombres, pero que todos
somos lo mismo y da igual cambiarle el pañal a un niño, que hacer la cama o una tesis
sobre Rilke. Era un soplo de libertad en la más agobiada España que vieron los siglos.”), y
se nota, para él las mujeres no eran elementos extraños e idealizados, "yo aprendí a tratar
las mujeres con naturalidad y sin ansias". “Hace muchos años, cuando aún la Tierra no era
redonda del todo, yo hice una serie en TVE que se titulaba “Las doce caras de Juan”. Vista
la buena acogida por parte de los sufridos espectadores, repetí garbosamente con otra que
respondía al nombre de “Las doce caras de Eva”. La primera fue interpretada por el
estupendo Alberto Closas, y la segunda por trece -eran trece- no menos estupendas actrices.
Cuando iba por el capítulo séptimo -más o menos- de “Las doce caras de Eva” recibí un
anónimo, con un dibujo obsceno incluido, que decía: “Las doce caras de Juan”, doce
espléndidos caracteres de hombre; “Las doce caras de Eva”, doce bodrios. Jaime de
Armiñán, machista y maricón.” Todo escrito con letras de imprenta y seguramente trazadas
por mano femenina, que esto de las mujeres es muy intricado. Lo cierto es que puse el
mismo amor en Juan que en Eva, y si me apuran un poquito, mucho más en Eva que en
Juan, porque a mí las mujeres me gustan, si me apuran un poquito, mucho más que los
hombres, no sólo por fuera, sino por dentro también.” Jaime de Armiñán
Empecemos con la declaración de intenciones de la entradilla del primer episodio:
“Y en esta sociedad que camina a pasos agigantados hacia el matriarcado, donde las
mujeres triunfan cada vez con mayor fuerza.”
Dicho en la patriarcal, paternalista, dictadura fascista de Franco, tiene una carga de
profundidad, de valentía, que es justo reconocer.
Serie completa: https://www.rtve.es/play/videos/las-doce-caras-de-eva/
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1- ARIES
Desde el primer segundo vemos quien manda, domina, en casa: ¡ARRIBA, CABALLO
MORO! (la expresión habitual es Rey Moro, el cambio es muy significativo), lo que
eufemísticamente se llama llevar los pantalones, expresión machista donde las haya, al
menos hasta que las mujeres empezaron a utilizarlos también, anulando por completo su
menosprecio de género. Poco se ha escrito sobre el carácter revolucionario que tuvo, que
tiene, el empleo de pantalones por parte de las mujeres, fue uno de los primeros grandes
pasitos hacia la igualdad. No es casual que los primeros pantalones los utilizaran de forma
generalizada las mujeres obreras durante la Segunda Guerra Mundial (aunque ya los
llevaban las mujeres amazonas en la Antigua Grecia), llevaban los de sus maridos
destinados en el frente, luego pantalones e independencia están íntimamente ligados, no es
una mera prenda de vestir.
“Todos los hombres son cretinos, Encarnita, pero tú y yo y todas las demás mujeres del
mundo tenemos que sufrirlos.”
Repito, la España de la Sección Femenina, del ordeno y mando, y la mujer callar y
obedecer, sin cuestionar la autoridad paterna, filial, marital, eclesiástica. La mujer
protagonista, la genial Amparo Soler Leal, es una mujer de éxito que trabaja fuera de casa, y
no solo eso, es la jefa, en un trabajo creativo, una agencia de publicidad, en el que ella toma
todas las decisiones importantes, también en casa, se levantan a la hora que ella quiere, se
limpia cuando ella quiere. Y fuma, sí, fuma, un detalle que puede parecer anecdótico pero
que no lo es, fumar y beber fueron los primeros símbolos que utilizaron las mujeres para
mostrar públicamente su rebeldía, una forma de provocar como otra cualquiera. Por si fuera
poco a mayores es conferenciante, ante un público compuesto únicamente por mujeres,
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otra excepción, y bajo el lema: “Una mujer organizada vale por dos”, tomado de la escritora
Christiane Collange, una de las primeras jefas de redacción europeas e incansable
reivindicadora de la liberación de la mujer desde los años 60 con libros como “La francesa
de hoy” (1961) o “La segunda vida de las mujeres” (2004), centrado en la vida después de la
menopausia, tema bastante tabú en la literatura, salvo el seminal “La edad peligrosa” (1910)
de Karin Michaëlis. Sus primeras palabras son: “Señoras, no empiezo por el tradicional
señoras y señores porque aquí afortunadamente no hay hombres.” Dicho con retranca pero
una forma de poner de manifiesto que las mujeres no necesitan estar tuteladas por ningún
hombre, que pueden desarrollar una vida plena completamente autónoma sin la constante
supervisión, presencia, de ningún hombre.
“El acerbo de las mujeres no solo debe de ser comunitario sino utilizable
obligatoriamente en nuestra emprendida y no concluida lucha por alcanzar la igualdad de
derechos con el hombre.”
Discurso interrumpido por una espectadora, Chus Lampreave, que grita:
¡LAALCANZAREMOS!, grito secundado, aplaudido, por otras asistentes.
“A pesar de nuestros maridos, porque no olvidemos que en esta época, quizá por
desgaste (risas), los hombres son mucho más frívolos e inconscientes que las mujeres.”
Lo que se llama empezar una serie poniendo los ovarios encima de la mesa. Finaliza la
conferencia y hace corrillo con la conferenciante:
—¿Y Benito por qué no ha venido?
—No podemos hacer excepciones.
—Pero hija, el marido de una.
—Ese menos que nadie.
Un zasca en toda la boca de la sagrada institución del matrimonio
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2- TAURO
Dos mujeres bebiendo en la cocina un licor carísimo, una de ellas se va a por fumeque.
¿No es la habitual representación de una ama de casa, verdad? Y menos si hablamos de una
reciente viuda, que sí, que va de negro, pero en minifalda y botas altas, y al poco suelta, me
voy a quitar el luto mañana. Su marido la ha dejado en la ruina y cuál es la solución que le
encuentra, ¿pedir un préstamo?, ¿recurrir a la caridad, al cobijo de la familia?, ¿volver a
casarse?, pues va a ser que no, decide ponerse a trabajar, sacarse las habichuelas por sí
misma. Por si fuera poco estaba pensando en divorciarse de su marido, ni más ni menos que
divorciarse, pecado de lesa humanidad para la Iglesia, el brazo ejecutor principal de la
sojuzgación de las mujeres durante la dictadura. La loa de la amiga al marido es para
enmarcar:
“—Hay que ser realista Margarita, hay que ser realista, y llamar a las cosas por su
verdadero nombre, no has sido feliz en tu matrimonio, no tienes un céntimo, y no cambia
nada que tu marido se haya muerto, era un miserable, y los miserables también se mueren
Margarita, por suerte para ti.
—Eres una salvaje.
—Lo principal es que te has liberado.
—¿Y los niños?
—Te los hubiera quitado. Mientras no se demuestre lo contrario los hombres siempre
tienen razón, y cualquiera lo demuestra en una sociedad en la que solo mandan los
hombres.
—Puede que sí.
—¿Solo puede?
—Tienes razón.”
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No hay que ser muy retorcido, conspiranoico, para asociar al marido con el dictador, con
Paquito, las pocas dudas se despejan cuando en un alarde de mala baba descomunal
subterránea, Jaime de Armiñán hace que la madre sorteé qué van a comer los niños, y ante el
disgusto por el resultado de uno de ellos, la madre contesta: “Lo siento Marcelo, la
democracia es la democracia.” Que dicho en plena dictadura tiene su punto, su puntazo.
Lógicamente para encontrar trabajo recurre a los pocos contactos que puede tener, un amigo
de su difunto marido, que trata de conseguir sus favores sexuales a cambio del trabajo, cosa
que ella rechaza de plano (refrito del episodio “La viuda” (1966) de la serie “Tiempo y
hora”), en una película de Godard hubiera accedido.
“He buscado trabajo y no lo he encontrado, no culpo a nadie porque no estoy
preparada. Resulta, que a casi todas las mujeres de mi generación las han educado para
una sola cosa, el matrimonio, una especie de caza del hombre que asegure el porvenir, y a
nuestras abuelas no digamos. Yo no sé nada ni sirvo para nada, pero poco he de poder o
acabo sirviendo.”
Como se puede ver un mensaje que se aleja por completo del victimismo, del
conformismo, del fatalismo, una auténtica arenga llena de positividad, de activismo, o de
empoderamiento que dirían en la actualidad. ¿Y termina saliendo adelante? Por supuesto, se
convierte en una emprendedora rural, en una empresaria hostelera de éxito.
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3-GÉMINIS
Aquí la subversión de los valores establecidos, de los estereotipos, es más sutil. El ideal
romántico de la novela rosa de mujer enamorada hasta las trancas del príncipe de sus
sueños, que pena por no poder estar cerca del amado, se da la vuelta. Tres son los
románticos enamorados, comiendo en la mano de la princesa con atributos, derechos, de
príncipe, la genial Enma Cohen. Ella es quien lleva la iniciativa, la que entra a los hombres,
la que va y viene cuando le da la gana porque es libre, segura de sí misma, enérgica, y solo
está con los hombres cuando quiere estar, no por conveniencia o necesidad. Es
contradictoria, compleja, ambigua, odia las rutinas, las convenciones, lo contrario a la
muñequita de porcelana sumisa y acobardada del cine clásico, también del español. El solo
detalle de que esté en una discoteca sola marca la diferencia, las mujeres solas, solteras, y no
amargadas, ansiosas, por tal hecho, no existían en la televisión pública. La mujer era un
objeto que solo adquiría la categoría de personaje cuando se veía irradiada, transfigurada,
por el halo de grandeza, de superioridad moral, física e intelectual, del macho cabrío, del
héroe masculino. Héroe, héroes, con pies de barro, y en zapatillas de andar por casa, como
demuestra este episodio, en el que los hombres son sujetos pasivos, pacientes, nostálgicos,
llorones, abrumados, arrollados, por la avasalladora personalidad de una mujer fuerte,
poderosa, arrogante, sobrada.
“Yo soy libre, no tengo que ir a la oficina. Vivo en la selva con una familia de gorilas.”
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4-CÁNCER
Primera secuencia, dos mujeres trabajando en una tienda, cuando que las mujeres
trabajaran fuera todavía estaba mal visto, encima la protagonista llevando pantalones,
sacrilegio. Vende un perro muy por debajo de su precio por razones sentimentales, la
ofrecen pasta por su negocio ruinoso y lo rechaza, se ve que las mujeres no son tan
materialistas, pragmáticas, como las pintaban, las pintan. Ante el retrato de su padre suelta
este discurso libertario, feminista: “Tú si que me entiendes papá. Tampoco es tan difícil,
basta con que a una la dejen vivir a su modo, y con que no se meten en la vida de una”.
Vive sola, por decisión propia, le sobran los pretendientes, sin frustración ni miedo, disfruta
de su soledad, de sus inquietudes, la lectura, la música, el estudio. Deja entrar a un hombre
en su casa con total normalidad, aunque sea para enseñarle a escribir, con las habladurías
que eso generaba en la época. Sale a altas horas de la noche, sola, y acude a un cabaret a
tomarse una copa, repito lo de sola, entre el público también hay otras mujeres solas. Se
sienta en una mesa con tres hombres desconocidos, se queda luego con uno solo y acepta
una invitación a ir a su barco, una libertad de movimientos bastante inusual en una mujer de
posguerra. La piden en matrimonio, un viudo viejo amigo de la familia, para convertirla en
una mujer de su casa, en una ama de cría de sus hijos, y cuando se pone en plan posesivo,
controlador, le manda a la mierda y le suelta una bofetada. Que al final acepte la propuesta
cuando ya no sigue en pie no es más que un intento de salvaguardar el orgullo de macho
herido rechazado del viudo, no una claudicación, jamás se hubiera casado con él de verdad.
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5-LEO
La protagonista es soberbia, autoritaria, intransigente, características que según el
catecismo oficial del cristianismo, del franquismo, son completamente ajenas a la mujer.
Las que más se ajustan a su delicada, débil, naturaleza son: la dulzura, la comprensión, la
sumisión, el conformismo, la paciencia, la resignación. Luego Armiñán se pasa por el forro
los estereotipos, también las mujeres pueden ser injustas, tiranas, como cualquier hombre.
Se reúnen varias criadas, sin avisar a sus parejas con las que habían quedado, le dan al
morapio, al fumeque, y hablan de lo importante que es la unión y la educación. De fondo
suena el grupo femenino más famoso de todos los tiempos después de Vainica Doble, Las
Grecas, que revolucionó el flamenco, el pop español.
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6-VIRGO
Mujer trabajadora que desayuna sola en un bar. Del despacho es la más profesional, la
única, y ante las injustas acusaciones de nepotismo, de enchufismo, de desidia laboral,
decide presentar una petición de traslado, recriminando a su jefe el paternalismo. Sus
compañeros la tratan de invitar en el bar por ser mujer y les contesta que entre compañeros
está prohibido. “La señorita Luz es todo un hombre”. Su principal afición es la mecánica,
profesión casi siempre asociada a los hombres, lo que no deja de ser ir a contracorriente, o
mostrar diferentes caminos a las mujeres de la época. Ante las presiones por parte de sus
padres, sobre todo de su madre, para que se case las rechaza alegando que solo se casará, si
se casa, por amor, el matrimonio no es un destino, una profesión, femenina. Sale sola de
madrugada para visitar a un hombre en su habitación, contraviniendo las órdenes de sus
padres. Toma la decisión de no seguir con la relación:
—Yo necesitaría una mujer como tú.
—Lo malo es que yo no necesito a un hombre como tú.
“Estaba preparando el capítulo y me llamaron para decirme: “¿No pensarás emitir este
episodio hoy?” Yo no sabía a qué se referían, claro que después me di cuenta de que era el
día de la Purísima y el capítulo era el de Virgo. Ese día retransmitieron un partido de
fútbol.”
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7-LIBRA
Primera transgresión, mencionar a Simone de Beauvoir, la autora de “El segundo sexo”,
un hito del feminismo. Ropa de importación, el pantalón es más cómodo. Viste y se
maquilla para ella misma, no para los demás, para los hombres. Va al casino,
exclusivamente para hombres, con su pareja. Cuestiona la autoridad de la suegra, y no
rompe con su relación de conveniencia aunque lo desee, solo por no provocar un conflicto.
Sacrifica su felicidad, sus deseos, por la felicidad, deseos, de los demás. Es decir,
indecisión, sumisión, falta de voluntad, de fortaleza, incapacidad para decir no. ¿Dónde está
el feminismo en esto? Pues en el cómo, Armiñán desarrolla la historia de manera que el
supuesto final feliz tópico de todas las películas románticas, la boda, sea un final infeliz.
Que el cliché de que el matrimonio es el destino ideal de la mujer, el único digno, que hacer
caso a tu futuro marido, a tu madre, y a tu suegra, es lo mejor, porque todo lo hacen por ti,
por tu felicidad, sea visto como algo negativo, nocivo. Luego el episodio es un ejemplo en
negativo, una farsa, una forma didáctica de decirte lo que tienes que hacer mostrándote lo
que no tienes que hacer. La forma más inteligente, y sarcástica, de saltarte la censura de lo
políticamente correcto, simular que acatas pero ensañando la patita, mostrando el camino de
la insumisión, de la rebelión. Matrimonio: “Me parece una cosa horrible”.
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8-ESCORPIÓN
En este episodio es muy difícil encontrar un mensaje feminista ni forzándolo. Una
antigua estrella venida muy a menos que vive ajena al mundo real gracias a la benefactora
ayuda de su representante. Aunque si nos atenemos a la definición clásica de feminismo,
búsqueda de la igualdad, pues entonces sí. Porque la relación que se establece entre los dos
es completamente igualitaria, no de ama y esclavo, no de hombre y mujer, sino de amigos,
que se protegen, engañan, mutuamente. Que él la ame a ella, ella a él no, no la condiciona
para nada, ni la hace sentirse culpable, en deuda, lo asume con total naturalidad. Sin por ello
convertirse en una mujer fatal, ni en una bruja. Ella pone las cartas sobre la mesa, sin
eufemismos, si él las acepta es asunto suyo, el masoquismo, el amor no correspondido, es
unisex. El amor de conveniencia, interesado, ni lo contempla, tampoco él, son dos seres
puros, de una pieza. Lo que más destaca en ella es su honestidad brutal, su salvajismo, la
crueldad con que expresa lo que siente, y su autoritarismo, “a mí nunca nadie me ha dado
órdenes”. Al margen del feminismo, uno de los mejores capítulos de la serie, una mezcla de
“El crepúsculo de los dioses” y “El último tranvía”.
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9-SAGITARIO
—¡Qué ganas tengo de que te cases!
—¿Tú crees que ese es el estado ideal de una mujer?
Principios del siglo XIX, una madre y sus dos hijas viven solas y trabajan como músicas
en un café, su canción fetiche es “Placer de amor”. Beben vino en las comidas.
“Las mujeres no somos objetos de adorno, un capricho de señores. Igualdad, como ellos,
y si hay que morir en las barricadas se muere.”
La hermana mayor pone a prueba a unos machistas que reivindican la superioridad moral,
intelectual de los hombres, les hace un test de cultura general que suspenden
estrepitosamente. Dolidos en su orgullo sabotean su actuación, la contestación es la
siguiente:
“—¡Tocamos lo que nos da la gana, y cuando nos da la gana!”
Se matriculan en derecho y por las tardes trabajan en una oficina, el feminismo echa a
andar y no lo para ni la Guardia Civil, la Guerra Civil sí.
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10-CAPRICORNIO
Las tres eses de la mujer como Dios manda: sensible, sumisa, sentimental. Luego la
mujer que protagoniza este episodio no es una mujer como Dios manda, como el Hombre
manda. La que manda es ella, de forma fría, racional, autoritaria. La disciplina la impone, no
se la imponen. Crítica la ignorancia, frivolidad, de su criada, y trata de culturizarla, “la
cultura no está reñida con el buen gusto, sino todo lo contrario”. Colecciona fotos de arte,
no de actores ni de modelitos, otro topicazo tirado a la basura. “Yo recorto cosas serias”. Y
no es el último, la ambiciosa es ella y no el marido, quien toma la iniciativa, quien protege,
es ella y no él. Lo que antiguamente se llamaba llevar los pantalones, o por oposición,
calzonazos. Vayamos con el siguiente: “La donna è mobile, qual piuma al vento, muta
d´accento, e di pensiero” (la mujer es mutable, como pluma al viento, muda de acento, y de
pensamiento). Pues va a ser que no, la mujer protagonista, la maravillosa Marisa Prendes, es
voluntariosa, obstinada, constante, paciente, cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para
hasta conseguirlo, tenga o no el respaldo, la autorización, de los demás, de los hombres. Lo
que viene siendo una mujer con carácter, con ideas, y acciones, propias. “Lo que está bien
hecho. Bien hecho parece”. Y como guinda el marido coge la botella de vino y le ofrece a la
mujer, esta deniega y coge la jarra de agua y llena el vaso de los dos, donde manda patrona
no manda marinero.
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11-ACUARIO
Mujer a punto de casarse con el novio de toda la vida y que a última hora decide tomarse
un tiempo para pensar yendo a un balneario sola. Allí se encuentra con un hombre y en todo
momento lleva la iniciativa sin dejarse avasallar, mandar, ni que la den consejos. Decide no
casarse, odia la rutina, y deja a su nueva conquista con un palmo de narices. Mujer libre al
cuadrado. “¿Quién eres tú para darme órdenes?”. “Yo puedo irme cuando quiera”. De
rondón, camuflado en una conversación en broma, Armiñán nos cuela la igualdad en las
tareas domésticas, haciendo una comparación entre los españoles y los ingleses, para que al
menos la copla vaya sonando. “-Pronto tendrás que hacerte la cama. -Y fregar los
cacharros como en el extranjero. -¿Y qué dice la nueva generación, vais a fregar o no?”.
98
12-PISCIS
Episodio final y especie de resumen que carece de interés para analizar desde un punto
de vista feminista ya que está completamente centrado en el amor, en el hombre ideal de 12
mujeres, cada una de distinto signo. Forzando mucho esto puede servir para demostrar que
no todas las mujeres son iguales, y por extensión tampoco los hombres, ya que a cada una le
gusta un tipo de hombre diferente, demostrando que igualdad no es sinónimo de
uniformidad.
99
FEMINISMO EN “TRES ERAN TRES” (1972)
Si bien no es una de las mejores series de Jaime de Armiñán, o de las más compactas,
dos episodios destacan sobre el resto, el 10, una magistral exhibición de Lola Gaos, un
genial episodio sobre la diferencia de clases, y sobre los límites, contradicciones, del
feminismo femenino, y el 12, con un entrañable Juan Diego, que trata sobre los límites,
contradicciones, del feminismo masculino, tiene su importancia como termómetro de la
situación de la mujer, del feminismo, a principios de los años 70, una etapa de transición del
rol tradicional de la mujer, a otro más abierto, libre, moderno, pero sin extremismos. Las
diversas posturas están reflejadas en las tres hermanas, la más tradicional, conservadora,
Paloma, Julieta Serrano, aunque no busque casarse a toda costa y trabaje fuera del hogar; la
nueva feminista, o entre dos aguas, que trata de adaptarse a los nuevos tiempos con pleno
convencimiento, que también trabaja fuera de casa como ejecutiva de una agencia de
publicidad (como en el episodio “Aries” de “Las doce caras de Eva”, también interpretado
por Amparo Soler Leal) y huye como de la peste del matrimonio; y la feminista-anarquista,
Julia, Emma Cohen, impagable su camiseta de Hendrix, aparentemente la más radical y
libre pero con sus ambigüedades, es la única que no trabaja, que solo estudia. En definitiva
tres mujeres que no huyen de los hombres pero que tampoco los necesitan, que no viven su
soltería, su no maternidad, con angustia, desesperación, prefieren dedicar sus esfuerzos a
crecer como personas y profesionalmente.
100
“Ante nuestros ojos han vivido, hablado, discutido, reído, tres mujeres solteras que no
querían hacer un problema de su soltería y trataban de solucionar su vida trabajando. Para
ellas, el matrimonio no era ni una obligación, ni una servidumbre, ni una solución cómoda.
El que mujeres normales, hasta cierto punto al menos, se puedan permitir el lujo de ser
libres, independientes y críticas es algo insólito, al menos en nuestra TV.” Ramón María
Iribarren – 1973 – Reseña
Serie completa: https://www.rtve.es/play/videos/tres-eran-tres/
101
ELAMOR DEL CAPITÁN BRANDO (1974)
Hay películas muy disfrutables formalmente, que duda cabe, de hecho son mis
favoritas, pero hay que reconocer que el poso que dejan no suele ir más allá del goce
estético. Por el contrario hay otras en las que la forma simplemente no estorba, no
aparenta, no porque sea chapucera, o no esté lograda, sino porque la película va mucho
más allá, es más completa, compleja. En “El amor del Capitán Brando” hay planos,
secuencias, bellísimas, pero es lo de menos, lo importante es lo que sucede dentro de las
imágenes, no son sólo bellas fotografías que poder enmarcar. Y no es que el contenido
devore a la forma, simplemente la sobrepasa, la rebosa, la trasciende.
Armiñán, en el imaginario cinéfilo español, es poco más que un buen guionista
televisivo, que en España suena a insulto. Es más conocido por la serie “Juncal” que por
sus geniales películas, y por supuesto siempre destacando únicamente la actuación de
Paco Rabal, que por lo visto se dirige solo, algo desmentido en muchas de sus películas,
y se olvida lo evidente, que sin un buen personaje, Rabal y cualquier otro actor,
naufragan estrepitosamente. Y ese es uno de los grandes fuertes de Armiñán, la creación
de inolvidables, entrañables, personajes, y la posterior ejecución, la impecable dirección
de actores.
Pero con eso no es suficiente para hacer una gran película, se necesita una buena
historia y habilidad narrativa, placer por narrar, y en eso Armiñán se sale, porque no
solo es un magistral guionista, televisivo, cinematográfico, teatral, aunque casi nunca se
le incluya al lado de Azcona o Borau, a pesar de que el conjunto de su obra como
guionista es bastante más compacta, regular, que la de los dos, e igual de brillante, y
subversivo, o quizás más. La diferencia es que Armiñán es mucho más sutil en su
rebeldía, grita sin levantar la voz, es un director democrático, probablemente el único
que ha dado este mesiánico país. Alguien mesurado, equilibrado, centrado, que no de
centro, que denuncia las injusticias, que plantea revoluciones, como de refilón, sin
molestar, convenciendo con las armas del diálogo, y la imaginación.
102
Un director morboso, que trata los temas escabrosos con la comprensión, naturalidad,
con la que se habla del tiempo, tal es su conocimiento, reconocimiento, de las
debilidades del ser humano, y de sus grandezas. Jamás juzga a sus personajes, jamás se
ceba con ellos, los respeta, los quiere, y se nota. La vuelta de un rojillo exiliado a su
pueblo natal castellano, en manos de otro director más sectario, pongamos por caso a
Bardem, Camus o Saura, hubiera sido un completo panfleto, político, lo que no es ni de
lejos “El amor del Capitán Brando”, una película que hace política de los sentimientos,
sin caer en lo sentimental, llena de lecturas, de interpretaciones, de matices, en pleno
franquismo, sin necesidad de barnizarla con varias capas de alegorías, metáforas,
símbolos, como los premeditadamente, pretenciosamente, crípticos, no siempre, Saura o
Gutiérrez Aragón.
103
Ese equilibrio entre política (“La madre de esta película era otro proyecto que nunca llegó
a cuajar, porque trataba de las huelgas estudiantiles de la época. Me dieron que ni se me
ocurriera… Como pequeña venganza en “El amor…” hay una huelga, pero de niños,
claro.”) y sentimientos, entre Historia e historia, sin revanchismos ni frentismos, se
multiplica a varios niveles, con la sencillez, falta de artificio, de las grandes obras. Armiñán
conjuga, fusiona, una película crepuscular, interpretada magistralmente por Fernando
Fernán Gómez, con otra de iniciación interpretada no menos magistralmente por el niño
Jaime Gamboa (“Está rodada en Pedraza de la Sierra (Segovia) donde teníamos una casa y
unos amigos, el director del parador y su familia. Hicimos una busca muy extensa de niños
hasta que yo pensé “¡Si lo tenemos aquí: es Jaimito Gamboa! -el chico del parador-. El
crío estuvo muy arropado por los actores. […] El niño hizo después dos o tres películas,
pero no le gustaba nada ese trabajo, ni quería ser actor. Ahora trabaja en una agencia de
publicidad y es uno de esos creativos que hacen cosas maravillosas. Además es una persona
inteligente y estupenda, como toda su familia, quienes siguen siendo muy amigos nuestros y
de nuestros hijos. Todo eso se nota en la película.”), que en el fondo, y en la superficie, no
es más que el personaje de Fernando de joven, fundiendo pasado y presente sin
necesidad de recurrir a flash-backs. Como posteriormente hizo Regueiro en “Diario de
invierno”, que en un auténtico tour de force hace interpretar al niño y al adulto por el
mismo actor Eliseo Subiela, y sin ningún tipo de caracterización, a pelo, con resultados
bastante más creíbles que los de “La prima Angélica” de Saura. El cine español es muy
dado a los desdoblamientos, a la esquizofrenia, a los extremos, que se lo digan a
Buñuel, “Ese oscuro objeto del deseo”. Además de Buñuel, el comienzo tristanero,
también planea Berlanga, el discurso del alcalde en el balcón, encarnado por el gran
Ferrandis, parodia de Franco, recuerda al genial de Pepe Isbert en “¡Bienvenido, Mister
Marshall!”, y es difícil no emparentar al ornitólogo interpretado por Fernando Fernán
Gómez con el apicultor de “El espíritu de la colmena”, también interpretado por él. Son
casi del mismo año así que no se puede hablar de influencias, y sí de coincidencias, o de
películas complementarias, ambas tratan sobre la frustración, sobre la nostalgia, sobre la
resistencia a los cambios, sobre los derrotados de la Guerra Civil, con idéntica grandeza,
a años luz de la torpe “Los días del pasado” de Camus. A la de Erice le faltó el morbo
de mostrar a Ana Belén en pelotas para ser un éxito de público tan rotundo como la de
Armiñán, casi quintuplicó la cifra de espectadores de “El espíritu de la colmena”
(530.925 - 2.089.475). Por supuesto como la película fue un inesperado éxito comercial,
muchos directores trataron de apuntarse al carro, “Deseo” de Balcázar, protagonizada
por el mismo niño, el contenido Jaime Gamboa, “Mi primer pecado” y “Ya soy mujer”
de Summers, la propia “El nido” de Armiñán, gemela de ésta, y se quedaron en la
superficie, en la parte supuestamente morbosa, la relación “amorosa” entre la maestra y
el alumno, que en ningún momento es tal, tratada con la elegancia, ternura, habitual de
Armiñán.
104
Pedraza, diciembre 1973
Armiñán hace una película moderna con apariencia de costumbrista, europeizando
España, sin asimilaciones, sumando casticismo y existencialismo francés, no es casual
que el padre ausente se llame François, hay ecos de “Les mistons” y “Los 400 golpes”,
y el niño se apellide Doinel, el héroe de las películas de François Truffaut, porque “El
amor del capitán Brando” podría pasar por una precuela, o secuela según se mire, del
Ciclo Doinel. La infancia es tratada con igual falta de prejuicio, sin ñoñeces idílicas, sin
exceso de paternalismo, de protección. Los niños en las películas de Armiñán, de
Truffaut, son tratados como adultos, como amigos, como personas inteligentes, con
criterio propio, con iniciativa, con instintos, no son sujetos pasivos, sumisos,
conformistas. Y aunque parezca influenciada por “La piel dura”, va a ser que no, es un
año posterior. En la actualidad una película como “El amor del Capitán Brando” no
hubiera podido ser rodada, hubiera sido censurada previamente, lo políticamente
correcto hubiera impedido que un niño fumara, bebiera, que tuviera inquietudes
políticas, artísticas, sexuales.
Con el ayudante Roberto Parra y Luis Cuadrado
105
Pero no se queda solo en eso, también es una película feminista, por momentos
andrófoba, el personaje de Ana Belén (“Empezamos rodando con una actriz portuguesa,
que a mí me había gustado mucho, pero esta chica, María Cabral, no daba el papel, no lo
hacía bien; era angustioso, y estuvimos rodando tres semanas. A mí me gustó mucho, la vi
en una película portuguesa (¿“El cerco”?) en el Festival de San Sebastián y estaba
estupenda. Era una chica medio hippie además, y vino muy ilusionada a hacer la película,
pero no encontraba el sitio por ningún lado. Y el niño, Jaime, que tenía entonces 13 años, se
desconcertaba con ella. Y aquello no funcionaba. A las tres semanas tuvimos en Madrid una
proyección y una reunión en Incine y les dije a los productores: “Vamos a una catástrofe
absoluta. Si seguimos rodando esto así, y es culpa mía”, porque era culpa mía, yo me había
empeñado en aquella chica. Lo pasé muy mal, muy mal. Entonces me dijeron “Adelante,
vamos a cambiarla”. Y tiramos a la basura un montón de rodaje. Yo encontré a Ana Belén
libre por casualidad. Yo conocía mucho a Ana, habíamos trabajado juntos en la televisión y
se lo dije y lo aceptó de una manera sorprendente, porque eso es para decir que no, claro.
Imagínate lo que es el trago. Y se vino. El primer rodaje que hicimos con Ana era en un
restaurante de Segovia y lo pasó tan mal… metiéndose en un rodaje a las tres semanas de
haber empezado, que al día siguiente la pobre tuvo una urticaria terrible, del susto, de los
nervios. Rodamos luego la secuencia de la cena con Fernando Fernán Gómez y el niño, y
éste funcionó de otra manera, se creció de tal forma al sentir frente a él a un actor que le
transmitía seguridad, porque aquella actriz portuguesa no lo hacía, al contrario, le daba
más miedo. En cuanto tuvo a Ana enfrente se creyó la historia, se creyó que aquélla era la
profesora de la que estaba enamorado.”) reivindica su igualdad y lleva la iniciativa también
en el sexo. Libertaria, el amor, la amistad, no tienen edad. Contrapunteada mediante el
machismo, la misoginia, tanto de hombres, como de mujeres, vamos que no es maniquea, ni
falsamente progre, muestra las dos caras de la moneda, como todo en esta vida, aunque el
cine español actual parezca olvidarlo, obviarlo. En “El amor del
Capitán Brando” los modernos toman carajillo (café + cognac), beben el vino en porrón,
y escuchan música clásica. El cine costumbrista, social, convive con el cine de género,
del Oeste. Brando, Cooper, Peck, Mitchum, con James Dean, Jane Fonda, los hermanos
Marx. “Los crímenes del museo de cera”, “El Padrino”, “Superman”, “Sombrero de
copa” con “Gritos y susurros”, aunque con buen criterio prefieran pasear.
“Oliver Twist”, Maigret, con “Moby Dick”, “Drácula”, “Dossier Negro”. El Palace
madrileño con un bar de pueblo, Pedraza, Segovia. Fantasía con realidad. Desarraigo
con raíces. Sensualidad con inocencia. La mirada de Armiñán es abierta, generosa, no
hace compartimentos estancos entre cine clásico y moderno, como la mayoría de sus
compañeros de generación tanto directores como críticos. Coge lo mejor de cada uno y
lo integra, lo sublima, sin excesos autorales, autocomplacientes, retóricos. Vamos que
“El amor del Capitán Brando” es un recuerdo de lo que fue el cine español en algún
momento, y ya no es, algo profundo, inteligente, cercano, serio, pero sin gravedad, con
humor.
106
Mención aparte merecen los títulos, del gran dibujante, ilustrador, Eguillor, las
actuaciones de la inquietantemente bella Ana Belén, que casi está todavía a medio
camino entre la infancia y el mundo adulto, y que borda su ambiguo papel de jovencita
echada palante, soberbia, y Amparo Soler Leal, haciendo de madre castradora tipo, sin
olvidar a las geniales secundarias Chus Lampreave, Julieta Serrano y Verónica Llimera,
con su habitual inexpresividad bressoniana, y los siempre impecables Antonio Ferrandis
y Eduardo Calvo.
“No hay ninguna necesidad de hacer cine directamente político. La política debe estar más
en el planteamiento de los seres humanos que en los hechos mismos. Lo importante es que
los artistas seamos libres y nos expresemos en libertad.” Jaime de Armiñán
107
SUSPIROS DE ESPAÑA (1974-75) (Primer suspiro)
Jesús Yagüe (y Jaime de Armiñán)
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-primer-
suspiro/2691666/
El cine de Jaime de Armiñán tiene una rara cualidad muy poco apreciada en España, la
sencillez, lo que equivale a decir que sus películas son mucho más grandes de lo que
parecen, su envoltorio, su contenido, no es espectacular, aparente, es profundo, algo que en
este país de pandereta y castañuelas pasa desapercibido. De primeras a Jaime de Armiñán le
debemos gratitud eterna por animar a las "Vainica Doble" a que grabaran, poniéndolas en
contacto con Pepe Nieto, el célebre compositor de bandas sonoras, que a mayores es el
mejor batería de la historia del pop-rock español. De segundas le debemos la serie de culto
española por antonomasia, “Juncal” (1988), puesto de honor que pasados casi 30 años nadie
le ha arrebatado. Y de terceras, que haya contribuido a la grandeza del cine español con
algunas de sus mejores películas, ni una, ni dos, ni tres, las geniales “El amor del Capitán
Brando”, “El nido”, “Stico”, “Juncal” y un pequeño escalón por debajo “Mi querida
señorita”, “Mi general”, “Al servicio de la mujer española”, “Una gloria nacional” y “Al
otro lado del túnel”. Por si fuera poco también es un gran guionista, en muchas ocasiones
mejor que Azcona, miedo da pensar lo que hubiera podido ser "Cuéntame" en sus manos, no
solo de sus propias películas, sino de ajenas, como “Yo he visto a la muerte” o “El secreto
de Mónica”, ambas de Forqué, y de multitud de series de televisión, que por razones de
edad, nací en el 74, desconocía por completo, y que gracias a la impresionante labor que
está haciendo RTVE con su archivo gratuito y online estoy viendo poco a poco. Hace unos
meses subieron la serie “Tres eran tres” (1972-73), también dirigida por él, y en esta ocasión
108
le ha tocado el turno a “Suspiros de España” (1974-75), en la que solo se encarga del guión
(13 capítulos de 28 minutos), y que para ir centrando la cuestión, es “La España de los
Botejara” (1978) de principios de los 70, cubriendo un espectro mucho más amplio no solo
la clase media-baja, es decir, con el condicionante de que nuestro querido dictador todavía
no había estirado la pata, con todo lo que eso supone a nivel de libertad creativa. Una serie
cercana al documental como la de Amestoy, con españoles hablando abiertamente de sus
miedos y anhelos, hubiera sido impensable en 1974, a Armiñán le tocó apechugar con la
ficción pura y dura, y como buen anarquista silencioso, tranquilo, hiló fino, muy fino,
tirando de sarcasmo, de mala ostia, en su crítico, ácido, retrato de la época, que a pesar de
situarse en la década de los 70 en poco difiere de la de los años 50, es lo que tiene el
aislamiento dictatorial, que aísla, congela, el tiempo. “He escrito la serie con la intención
de herir un poquito. He querido hacer un retablo de los personajes que actúan en nuestro
país; trato de presentar vicios, defectos, y en general la problemática de personaje y
generaciones de nuestro país. No he pretendido dar una visión global, ni tampoco algo
concreto al estilo de los siete pecados capitales de Díaz-Plaja; sería más bien un
anecdotario de situaciones y matices típicos de los españoles, pero no exclusivos de ellos.
Tiene, eso sí, una caracterización española, y están casi siempre localizados, tanto en
profesiones como en ciudades. Es justo reconocer que he tenido la suficiente libertad,
dentro de lo relativo que es esto; ha pasado al texto.., bueno, la única frase que no pasó, fue
"me c.., en la mar", que la cambiaron por "mecachis en la mar", y que al final no se dijo
nada.” Jaime de Armiñán
A nivel formal poco que decir, es la típica serie de televisión española de los años 60 y 70
que no pasa de ser una especie de teatrillo costumbrista filmado, algo que no pudo
trascender del todo ni tan siquiera el genial Miguel Picazo con “Entre visillos”, vamos que
no era una cuestión de talento sino de presupuestos ridículos, que impedían cualquier opción
de realizar planos de exteriores o decorados decentes. Pero bueno como hablamos de una
serie con guión de Armiñán, cuyo fuerte es la creación de entrañables personajes, diálogos,
esa precariedad de medios técnicos pasa a un muy segundo plano y se convierte en un
continuo juego de la verdad. Todos los capítulos comenzaban con la maravillosa sintonía
(dos versiones diferentes, la del primer capítulo y el último) creada por las "Vainica Doble"
(y con preciosas fotografías de archivo diferentes en cada capítulo, que en la serie en un
arrebato de genialidad se denominan suspiros), un genial pasadoble psicodélico, con
irónicos suspiros, que debería ser el verdadero himno de España, junto con la canción “Dos
españoles tres opiniones” también de las "Vainica Doble", el mejor grupo español de todos
los tiempos, el más complejamente sencillo. También finalizaba con otra canción de las
"Vainica Doble", una diferente para cada capítulo (exceptuando el último capítulo que se
cierra con una emocionante versión en directo del pasodoble "Suspiros de España" cantado
por Estrellita Castro), relacionada con el tema tratado, algunas de ellas permanecían
inéditas, así que gracias de nuevo a RTVE por este regalazo inesperado. El reparto no puede
109
ser más impresionante, unos descomunales Irene Gutiérrez Caba y Antonio Ferrandis, más
la fuera de categoría Queta Claver, y unos jovencísimos Juan Diego de tartaja con mostacho
setentero, el vallisoletano Emilio Laguna, al que nunca se le hará justicia, María Isbert, la
bellísima, y gran actriz, Mercedes Alonso, Chus Lampreave, Félix Rotaeta, y Carmen
Maura, entre otros, con un cameo de Estrellita Castro incluido, la protagonista de la popular
película con el mismo título de 1939, que pasa de llamarse Sole a Doña Luz, casi nada la
evolución. Y como no podía ser de otro modo, la serie comienza con un velatorio, con un
pésame, con una disputa de herencia, como en “La tía Tula” de Miguel Picazo, en el que se
lanzan refranes, pullitas, navajazos, a diestro y siniestro, vamos como en toda reunión
española que se precie con más de una persona, cualquier película o serie española que no
empiece con la muerte no puede ser calificada de española, de castiza, de castellana. Lo
triste es que 40 años después España, los españoles, no han cambiado ni un ápice (sólo hay
que ver la película “Carmina y Amén” (2014) de Paco León que es exactamente lo mismo,
pero bastante peor, menos cruda, cruel, castiza, más superficial, ramplona, con un humor
más zafio, vulgar, salvo el entierro al ralentí, y con uno de los finales más estúpidos, falsos,
de la historia del cine español, todo lo contrario que aquí, que el final es sublime), la misma
miseria moral, intelectual, existe ahora multiplicada por los años del boom económico, de
las múltiples burbujas, también cinematográfica, por lo que la serie “Suspiros de España” no
ha envejecido ni un segundo, y sigue siendo el análisis más certero, punzante, que se ha
hecho nunca de nuestra mediocre, mezquina, hipócrita, idiosincrasia.
“¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!” Gustavo Adolfo Bécquer
110
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SUSPIROS DE ESPAÑA (serie) (1974-75) Jesús Yagüe (y Jaime de Armiñán)
“La serie pretende, ante todo, presentar los defectos de los españoles. La cosa es bastante
difícil, porque es preciso hacerlo con elegancia y buen gusto. Se intenta en ella que el
espectador reflexione, que saque consecuencias, que haya sonrisa, no carcajada. Pienso
que lo que Armiñán pretende es que el público, como indica el título, suspire…” Jesús
Yagüe
Creo que no le he hecho justicia del todo a la serie “Suspiros de España”, que a pesar de
mis habituales, e inconscientes, exageraciones para conseguir que deis el paso a verla, lo
único importante, escribir sobre cine debe ser un medio, un mediador, no un fin, me he
quedado corto. El cuerpo, y la cabeza, me piden decir que es la mejor serie española que he
visto nunca (con el permiso de “Cuentos imposibles” (1984), también de Armiñán), lo
siento “Juncal”, la que cuenta con las interpretaciones más soberbias, en algunos capítulos
un auténtico recital. El hecho de que siempre sea el mismo elenco interpretando papeles
diferentes le confiere mucho encanto, complejidad, y demuestra la increíble versatilidad de
actores como Antonio Ferrandis, al que injustamente se le recuerda solo por el entrañable
Chanquete. En el capítulo 5, el Quinto suspiro, da una auténtica lección, Máster, de
actuación, de variedad de registros. También he sido muy injusto con el director, Jesús
Yagüe (“Megatón Ye-Ye” y la serie “Media naranja” (escrita por Rosa Montero)), porque de
teatrillo filmado tiene lo justo, en los mejores capítulos realmente consigue hacer cine, del
bueno, a pesar de las múltiples limitaciones, muchos decorados parecen hechos por el
enemigo, y la dirección de actores es sencillamente magistral. Con el único con el que he
sido justo es con Jaime de Armiñán, los guiones son realmente buenísimos, certeros, llenos
de matices, de sutilezas, de sarcasmo. Su análisis de la época es tan preciso, afilado, que
sigue intacto, es inevitable hacer extrapolaciones con la situación actual, que casi es un
calco.
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“Me llamó Chicho Ibáñez Serrador porque le habían nombrado Director de Programas de
Televisión Española y quería que yo hiciera una serie, “Suspiros de España”. Yo le dije que
la hacía, siempre y cuando no me la censuraran. Chicho lo consultó con el ministro Pío
Cabanillas y éste le dijo: “Bueno, depende de él”. Y no me la censuraron, pero, claro, me la
censuraba yo. Fue la llamada “apertura del 12 de febrero”, y conseguí hacer los “Suspiros
de España”. Fue muy sorprendente para aquel momento que dejaran decir esas cosas,
porque Pío Cabanillas cumplió su promesa. Recuerdo que uno de aquellos programas era
el homenaje que le daban a un ministro en un restaurante y durante la cena se enteraba de
que le habían cesado, y ese programa se emitió, precisamente, el día que cesaron a Pío
Cabanillas.” Jaime de Armiñán
Rodaje de "Juncal"
113
Paso a destacar lo que más me gusta de cada capítulo:
PRIMER SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-primer-
suspiro/2691666/
El primer suspiro, seguramente mi favorito, como ya he dicho trata de la muerte, mejor
dicho, de los vivos, en todas sus acepciones, incluida la de eres un vivo. El argumento
podría resumirse en el muerto al hoyo y el vivo al bollo, como el título del primer capítulo
de “La España de los Botejara”. Toda la hipocresía española, casi una segunda piel, en la
mayoría una primera, sacada a la luz del día en un multitudinario pésame. En el que llueven
las alusiones, los sobreentendidos, las maldades, soltadas a bocajarro, pero con cara de
póker, de farol de mus. Incluyendo homofobia por supuesto, hablamos de España, cuna de
machotes, de calzonazos. ¿Algún cambio con respecto a la España de 2014? Vean acto
seguido "Carmina y Amén" y jueguen a las coincidencias.
Diálogos antológicos:
Chus Lampreave: Pues yo le he encontrado muchísimo mejor que ayer.
Veladora: Como más reposado...
Chus Lampreave: Es lo que tienen los difuntos.
Emilio Laguna: ¡Buitres, y nada más que buitres, eso es lo que son!
Queta Claver: Los buitres tienen sentimientos.
Emilio Laguna: Eso es verdad...
Queta Claver: Me dan ganas de coger la escoba...
Emilio Laguna: ... y echar a volar.
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Frases castizas:
“Alicia tiene mucho remango.”
“Le da lo mismo pelo que pluma.”
“Se lo llevará la trampa.”
“No quiero remover huesos en las tumbas.”
“Hay que vestir el cargo.”
“¿Sabe lo que cobra?, lo que no gana.”
“No hagas frases.”
Con escenas sublimes como el sorteo a ciegas de la herencia, o Emilio Laguna recitando
una poesía que supuestamente había escrito en el colegio con 14 añitos y que realmente es
de Gustavo Adolfo Bécquer (“¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”). Más puntazos
como el de la anciana sorda que mientras se escucha el guirigay de la discusión familiar por
la herencia pronuncia convencida: -A mí este silencio me pone los pelos punta.
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Y señor@s, aquí hay cine:
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"Con descarada indecencia
pero vestidos de luto
disputan su pobre herencia
en las barbas del difunto
Disputan su pobre herencia
en las barbas del difunto
con protestas de inocencia
Derechos van a su asunto
no hay respeto ni clemencia
no hay respeto ni clemencia
para el que abandona el mundo
Derechos van a su asunto
no hay respeto ni clemencia
no hay respeto ni clemencia
para el que abandona el mundo"
Vainica Doble
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SEGUNDO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-segundo-
suspiro/2692394/
El segundo suspiro, o la vida es una tómbola, un férreo sistema de castas, o si naces
pobre pues te jodes, que eso de compartir, de redistribuir la riqueza, la suerte, está muy feo,
es de mala educación, cristiana, populismo de izquierdas, de rojillos, de muertos de hambre.
Mercedes Alonso está inquietantemente bella, malvada, Irene Gutiérrez Caba de otro
mundo, como siempre, y la puesta en escena de Yagüe es tan minimalista, sobria, que parece
firmada por Bergman. No me imagino eso planos sostenidos, suspendidos, en una serie
televisiva actual, ya no digamos un episodio en una sola, y maravillosa, secuencia.
Magistral como Armiñán pasa de la comedia al drama sin apenas transición. En el periódico
que lee el gran Ferrandis, que tiene cuenta en Suiza, se destacan las siguientes noticias: una
huelga, la Universidad, la gasolina, fricciones en la frontera entre Siria e Israel... ¿Os suena
de algo? ¿Todo es cíclico? Tampoco cambia la actitud de los poderosos, afortunados,
privilegiados, ante la realidad, desgracia, de los demás: “No me explico porque lees el
periódico, estamos mucho mejor sin saber nada”, o por favor no te mueras, en mi portal, de
"Los Toreros Muertos", u ojos que no ven, conciencia que no siente. Que los pobres
hubieran nacido ricos, no es nuestro problema, nuestra culpa, que cada palo sujete su vela,
que cada cual apechugue con su destino, “siempre manda alguien”. Si los elegidos fuéramos
todos, ¿qué sentido tendría la palabra elegido, elite, casta, desigualdad? Un poquito de por
favor, y zapatero a tus zapatos, que con un buen cepillado, brillan más que el sol (“Juncal”).
Paciencia, resignación, renuncia, amén.
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Diálogo, secuencia, antológica (una oda a la sutileza):
Señora: ¿Te importa que te llame de tú?
Aspirante a criada: No señora.
Señora: Lo hago por costumbre. Me resulta dificilísimo emplear el usted.
El otro día estuvo cenando en casa el embajador de no sé que república americana y le tuteé.
Mi marido se puso furioso, porque quería hacer un negocio que luego no le salió. Pero al
embajador le hizo gracia. Te cuento esto para que no creas que entre el embajador y tú hay
ninguna diferencia.
Aspirante a criada: Supongo que el embajador la llamaría de tú.
Señora: Por supuesto. Sí claro, tú no puedes tutearme, y créeme que no me importaría lo
más mínimo, pero al servicio le chocaría tantísimo. Haré un esfuerzo y te llamaré de usted.
Aspirante a criada: No me importa que me llame de tú.
Señora: ¿De verdad?
Aspirante a criada: Palabra.
Señora: Gracias.
120
Frases castizas:
“Con lo a gusto que estábamos con Charo (la criada cuidadora), ¡qué manía tiene la gente
de casarse!”
“Los pantalones son como mangas de café.”
“Sepulcros blanqueados (como sinónimo de pudorosos).”
“Debería darle pisto.”
121
Mercedes Alonso
122
"Margarita, Margarita,
la de cabellos dorados
te acuerdas de mi uniforme
veinte veces remendado
veinte veces remendado
Mira Alicia yo lo siento
de ti no me acuerdo nada
solo sé que en tu mirada
había un resentimiento
había un resentimiento
Deja que se lleve el viento
los sentimientos del ayer
abre el corazón
dale un buen jabón
y ponlo a tender
Deja que se lleve el viento
los sentimientos del ayer
abre el corazón
dale un buen jabón
y ponlo a tender
Deja que se lleve el viento
los sentimientos del ayer
abre el corazón
dale un buen jabón
y ponlo a tender"
Vainica Doble
123
TERCER SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-tercer-
suspiro/2691956/
El tercer suspiro, o Padre Patrón, o al patriarcado se le ven las vergüenzas, las carencias.
O los hombres, además de egoístas, cobardes. O hay que matar al padre para que el hijo
haga de padre, no hablamos de evolución, revolución, sino de a rey muerto rey puesto. Los
tópicos, hiperrealistas, conflictos entre padres e hijos, entre generaciones, el machismo, la
misoginia, desarrollados por Armiñán con una clarividencia, precisión, que asustan,
cualquier hijo, hija, que lo vea, va a pensar para sus adentros, ¿dónde estaba la cámara?
Antonio Ferrandis bordando al voceras padre autoritario, tirano, prototipo español, a
mayores enmadrado, ensuegrado, Imanol Arias (“Cuéntame”) tomó buena nota. No menos
sublime Irene Gutiérrez Caba clavando el papel de madre alcahueta, sobreprotectora,
cómplice, del hijo, varón, con un ramalazo punk, “me gustaría tanto que organizaras un
escándalo, que te fueras a vivir por ahí, que te hicieras músico, o torero, o lo que sea”. Ni
Juan Diego, el universal hijo rebelde sesentaochero trasmutado por cobardía en gris
opositor, la bíblica, conservadora, reaccionaria, Parábola del Hijo Pródigo, o como diría la
madre: “No has podido, y como no has podido, hocicas”. La secuencia de charla en la cama
entre los cónyuges, interrumpida por la irrupción de la suegra, con arroró incluido, es de
antología del humor, del sarcasmo, “un Valbuena es algo muy serio, trascendental diría yo”.
124
Diálogos antológicos:
Madre: ¿Vas a marcharte tú de casa?
Hijo: Aún no lo sé.
Madre: Eres muy pequeño Ramón.
Hijo: 28 años, mamá.
Madre: Aunque tengas 100, eres muy pequeño.
Padre: ¿Cómo se llama?
Hijo: Almudena León Perales.
Padre: ¿Es de Granada?
Hijo: No, de Valladolid.
Hijo: ¿Qué hay?
Madre: Patatas a lo pobre.
Hijo: Ajajá, ¿y de segundo?
Madre: Soldaditos de Pavía.
Frases castizas:
“Como el dinero se lo rasca un servidor.”
“Se me va a pasar el estómago.”
“Mientras estés a la sopa boba en mi casa, haces lo que yo mande, si no estás conforme...
(chasquido de dedos, vamos puerta)”
“Jarabe de palo, como decía el abuelo.”
“¿Y cómo se llama ese pirandón?”
“España digan lo que digan es una nación agrícola, en el campo está la verdad.”
“A ver si coges lo que no tienes.”
“Lo que no sepamos las madres.”
“No me contestes que te parto la cara.”
“Es de una familia de toda la vida.”
125
126
Retablo, bodegón, clase media española
"Paternidad investida
de poder omnipresente
Autoridad sin medida
con derecho omnipotente
Descarada tiranía
pretenciosa y omnisciente
dictadura consentida
despotismo inconsecuente
¡Ehh Oh Papi!"
Vainica Doble
127
CUARTO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-cuarto-
suspiro/2691920/
El cuarto suspiro, o los ricos, los aristócratas venidos a menos, también tienen picores, o
sólo picores, es lo que tiene el aburrimiento, el tedio. O donde esté el aparentar que se quite
el ser, donde esté un título que se quite el dinero. O se pilla a un mentiroso antes que a un
cojo, y donde esté una buena mentira que se quite una mala verdad. O la procesión solo se
lleva por dentro, y si la llevamos también por fuera es por el que dirán, no vayan a pensar
que no sufrimos, sufrir y vivir son compatibles, de hecho en eso consiste la vida, nadie sufre
las 24 horas del día, y el que lo hace se suicida, lo demás es un desfile de máscaras. La
persona que invente un detector de falsas depresiones se forra. El juego del gato y del ratón
sustituyendo a los contendientes por ratas, o el Príncipe a la Cenicienta le sale rana.
128
Diálogos antológicos (soterrado humor negro sublime):
Criada: Sabe el señor que han nacido gibelurdiñas junto a la tumba de la Señora. Y que
unos mirlos han hecho nido en los árboles de en frente. Junto al panteón de los Zaragüeta
que en paz descansen.
Señor: ¿Les has oído cantar?
Criada: Como ángeles, diríase que el alma de la Señora se ha apoderado del cuerpo de los
ruiseñores.
Señor: Había entendido mirlos, ¿no?
Criada: Mirlos, ruiseñores, al fin y al cabo, pájaros.
Señor: ¡Se me hace muy cuesta arriba! (tratando de besar a la criada)
Criada: Pues las cuestas hay que subirlas.
Frase castiza:
“¿Sabes que la cicuta se parece mucho a los berros?”
129
Antonio Ferrandis bailando solo el pasodoble “Suspiros de España”
"El precio de la nobleza
muy caro pagó Beatriz
Sus delirios de grandeza
llevaron a la infeliz
a cargar con el noble fardo
de Bernardo, ay Beatriz
Deme usted la mano ay señor marqués
un pasito alante y otro del revés"
Vainica Doble
130
QUINTO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-quinto-
suspiro/2691719/
El quinto suspiro, o por muy bajo que estés en el escalafón social, siempre habrá alguien
a quien podrás gritar, putear. O la diferencia entre un empresario y un obrero, entre un rico y
un pobre, es únicamente de dinero. Todos somos hermanos, putativos, puteados. Alguien
que para evitar problemas, disgustos, está dispuesto a tragar con todo, lo que antiguamente
se llamaba un hombre de empresa, un pelele, un manso. La radiografía de un calzonazos, de
un impotente, de un borrego, alguien incapaz de luchar, rebelarse, contra las injusticias, de
defender sus legítimos derechos, de decir no. El típico buenazo, noblote, que de tan bueno
acaba pareciendo tonto, del que todo el mundo acaba abusando. O los buenos van al cielo, y
los malos a todas partes. O el matrimonio, la convivencia, la paternidad, es el infierno en
vida. Armiñán lejos de cebarse con el personaje, de juzgarle, prefiere criticar la situación,
exponerla objetivamente, tratar de comprender. Antonio Ferrandis compone uno de los
mejores personajes de toda su carrera, sosteniendo a base de geniales monólogos todo el
capítulo.
131
"En la estructura
del mundo moderno
no encaja Darío
no encaja Darío
Tiembla como un crío
ante la figura
del ejecutivo
del ejecutivo
Intenta obtener aumento de sueldo
y no dice pío
quisiera volver al claustro materno
y desaparecer
desaparecer
uuhh"
Vainica Doble
132
SEXTO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-sexto-
suspiro/2691975/
El sexto suspiro, o la esperanza es lo último que se pierde, o sin los sueños de riqueza el
índice de suicidios en España rondaría el 60%. Sueños de riqueza imposibles de encauzar
por métodos tradicionales, legales, nadie se ha hecho rico de manera honrada, vamos
trabajando, una verdad como un templo. Como los protagonistas del capítulo no aspiran a
ser políticos, la manera más directa, y relajada, de conseguirlo, pues sólo les quedan dos
opciones, el braguetazo, que como hablamos de pobres ni se contempla, o los juegos de
azar, la lotería, la quiniela, cuando la lotería y la quiniela eran el espíritu santo. Armiñán se
descojona de esta esotérica costumbre tan española, la de los sueños de grandeza, la de la
megalomanía, con su ternura, comprensión, habitual, sin mirar por encima del hombro,
porque como buen español, sabe que donde esté buen sueño, que se quite una mala realidad.
O dinero, dinero, dinero, y la puta madre, padre, que lo parió.
133
Diálogos antológicos:
Novia: (haciendo la quiniela con una pirindola): Dos.
Novio: Otra vez. Pero te das cuenta de lo que estamos haciendo, Betis-Salamanca.
Novia: ¿Tienes algo en contra el Salamanca?
Novio: No, pero es muy raro que gane en el Heliópolis.
Novia: ¿Cuántos jugadores tiene el Salamanca?
Novio: ¡María!
Novia: ¿Y el Betis? ¿Hay algún cojo en el Salamanca?
Novio: No, hombre no, que no se puede discutir contigo...
Novia: Yo amortizo esta pirindola como que me llamo María de las Mercedes Cigüeñales.
Frase castiza:
“Violetas a la tumba.”
Discusión de pareja en tasca popular, con tapa de queso y tintorro peleón, y calentón posterior
"Una patada certera puede hacerte millonario
esa bendita quimera viven soñando a diario
el pobre, el rico, el hortera
empleados, funcionarios, el médico, la enfermera
el ingeniero, el notario
Y hay a quien llega la suerte
al par que su propia muerte
y al par que su propia muerte
Y hay a quien llega la suerte
y hay a quien llega la suerte
al par que su propia muerte"
Vainica Doble
134
SÉPTIMO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-septimo-
suspiro/2691480/
El séptimo suspiro, o el abismo insuperable entre lo que decimos y lo que pensamos.
O para que quieres enemigos si ya tienes amigos. O la imposibilidad absoluta de una
relación de amistad sincera, igualitaria, entre hombres. O como diría Unamuno con respecto
a los catalanes, haciéndolo Armiñán extensivo a todo el mundo, si se les pudiera comprar
por lo que realmente valen y venderlos por lo que creen valer el negocio sería perfecto.
135
Jaime de Armiñán
"Noble y tierna amistad
forjada en la disciplina
eterna verdad
eterna verdad
del alma que se encamina
por los senderos de la mar
Tatataratata
Tatataratata
Tatarara Taratatata
Noble camaradería
de los que en algún momento
unieron sus días
unieron sus días
en el campamento
para siempre, siempre jamás
Yuleiriri Yuleiri Yuleririlala"
Vainica Doble
136
OCTAVO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-octavo-
suspiro/2691882/
Octavo suspiro, o los viejos son como niños, apestados, que nadie quiere a su lado. O no
hay nada más inmoral, falso, que un moralista. O la amistad también es imposible entre
mujeres, o el aburrimiento es la madre de todos los vicios, de todas las amistades. Irene
Gutiérrez Caba realizando un auténtico despliegue de talento, de genialidad, de maldad. El
discurso, a gritos, de la reunión de asociadas de la residencia de ancianos de beneficencia,
está a la altura del discurso de Pepe Isbert en “¡Bienvenido, Mister Marshall!” de Berlanga.
137
Pilar Miró y Jaime de Armiñán
"Mi conciencia se calla, con caramelo
una obrita piadosa, al pobre un consuelo
un pañuelo al que llora
y derecha al cielo
un pañuelo al que llora
y derecha al cielo"
Mi conciencia se calla, con caramelo
una obrita piadosa y al pobre un consuelo
un pañuelo al que llora
y derecha al cielo
un pañuelo al que llora
y derecha al cielo"
Vainica Doble
138
NOVENO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-noveno-
suspiro/2691517/
Noveno suspiro, una genial diatriba contra el machismo, sobre todo de las mujeres, esas
misóginas vocacionales. O el hombre, y la mujer según el día, es el ser más despreciable,
ruin, mezquino, egoísta, vago, de la creación. El personaje de gorrón “idealista” interpretado
magistralmente por Ferrandis, claro antecedente del mítico Juncal.
139
Diálogo antológico:
Antonio: ¿Me has sido fiel durante todo ese tiempo (30 años)?
Puedes decirme la verdad, yo soy un hombre de ideas avanzadas.
Sufridora: Por desgracia yo soy imbécil Antonio.
Pero no es que te haya sido fiel a ti, es que yo soy imbécil.
Frases castizas:
“No hay más copitas que luego te arrebatas.”
“Ya va siendo hora de que te acostumbres a oír su nombre sin que te dé una alferecía.”
“Vaya manga hija.”
Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir
"Adonde fuiste marido
dejándome en la estacada
solita y desamparada
abandonando a tus hijos
¡Irene
has de comprender
que un hombre tiene que correr aventuras
de cuando en vez!
Eres un caradura
no te puedo ni ver
¡Perdóname mujer!
Antonio
eres el mismísimo demoniooo"
Vainica Doble
140
DÉCIMO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-decimo-
suspiro/2691632/
El décimo suspiro, o el exilio interior provocado por las depuraciones tras la Guerra
Civil, disimulado en la historia de un juguete roto, parodia de Joselito. O el amor no es otra
cosa que la megalómana aspiración a ser atendido, valorado, a tiempo completo, sin exigir
contrapartida, reciprocidad. O nadie escucha a nadie, ni falta que hace, nadie tiene nada
interesante que decir. O Peter Pan vuelve al claustro materno.
141
Jaime de Armiñán
"Fui niña precoz
muñequita de oro que al crecer
se le fue el tesoro de su voz
Y resulta atroz
el verme olvidada por aquel
público fiel
que en mi infancia me admiró
Fui una estrellita de pro
y bailaba claqué
cual si fuera de New York
y dominaba el cuplé
y el ballet de tutú
cual si fuera de Moscú"
Vainica Doble
142
UNDÉCIMO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-undecimo-
suspiro/2691874/
El undécimo suspiro, o la figura paterna debería desvanecerse, desaparecer, una vez
soltada la semillita. O ya que pocas personas se atreven a llevar a cabo literalmente el
concepto matar al padre, existe la vejez paterna para poder sacarse los atrasos, resarcirse,
parcialmente. O las heridas de la infancia no se cierran ni con la sepultura. O si ya existe la
herencia genética, para que se tuvieron que inventar el infierno. O solo los viejos saben
divertirse como deberían hacerlo los jóvenes.
143
Diálogo antológico:
Nuera: En un pueblo de Valladolid ha nacido un perro con dos cabezas.
Suegro: No me extraña, una vez nació un gato con alas.
"Un mal entendido amor
mal reprimido rencor
La mano dura en la educación
aunque sea con buena intención
engendra amargura en el corazón
Mal reprimido rencor
mal entendido amor
mal reprimido rencor"
Vainica Doble
144
DUODÉCIMO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-duodecimo-
suspiro/2691674/
El duodécimo suspiro, o en el corazón de toda puritana anida el alma de una ninfómana.
O los reprimidos son aquellos que tienen instintos que reprimir. O la castidad es la virtud de
los viciosos, de los impuros. O los ermitaños son extrovertidos de interior. O cría cuervos y
de mayores te saldrán buitres, hienas.
145
Diálogo antológico:
Puritana: El sexo no tiene nada que ver con el matrimonio, se lo he oído decir a la abuela
docenas de veces. Ella en 52 años de matrimonio jamás...
Frases castizas:
“¡Por la confusión del turco!” (brindis en honor de la victoria en la batalla de Lepanto)
“No se me hace el cuerpo a las realidades del mundo.”
"Una persiana espesa que no deje paso a la luz
por que puedes perder la cabeza
reza, reza, brazos en cruz
Teje, teje, un velo de niebla
que no deje paso al sol
tú dominas las tinieblas
nadie escapa a tú control
¡Sueña, sueña, Doña Virtudes
Señora y Dueña de tu mansión!
Dueña y Señora de oración"
Vainica Doble
146
ÚLTIMO SUSPIRO
http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-ultimo-
suspiro/2691408/
El último suspiro, o los culturetas, como buenos autistas, elitistas, sociópatas, sin
testigos, sin oyentes, sin palmeros, se sienten como la cucaracha de Kafka, muy pequeñitos,
mediocres, impotentes. O solo los tontos, los necios, necesitan demostrar, arrojar, sus
conocimientos, su cultura, a los demás. O la inteligencia ofende a los tontos, que cuanto más
tontos más listos se creerán. O la cultura es a la inteligencia lo que un Vega Sicilia a un tinto
de verano. O a mayor cultura mayor incapacidad para la alegría epidérmica, para dejarse
llevar. O para comerse un coño no hace falta babero ni cubiertos. O que grande es España,
los españolitos, vistos desde la luna, como muy cerca.
147
Dialogo antológico:
Comensal airado: RAUS! (fuera en alemán)
Camarera: Por que tengo estudios, que si no...
Frase castiza:
“¡Viva España, hija!” (piropo)
“Una cosa es la cultura y otra perder el tiempo leyendo.”
Estrellita Castro interpretando "Suspiros de España"
"¡España mía
ya no te miro!
Tú eres mi día
por ti brota mi suspiro
tu eres toda mi alegría
¡De noche y día
yo no te olvido!
¡Ay quién pudiera!
¡Ay quién volviera!
¡Qué no daría!
¡Por mirarme patria mía
en tu cielo azul!"
Vainica Doble
148
149
ARMIÑÁN O EL RESPETO POR LA LIBERTAD
La denuncia de la represión moral, cultural, sexual emprendida por Armiñán
en su serie televisiva “Suspiros de España”, de la que vemos sobre estas líneas,
un fotograma, afecta a las raíces mismas de la coartada ideológica
de un orden agonizante.
EN el mismo momento en que se consolida la serie televisiva de Jaime de Armiñán
“Suspiros de España” se estrena “El amor del capitán Brando”, última película hasta la
fecha del autor de Mi querida señorita. Sigo el programa televisivo de Armiñán cada
semana, convencido de que asisto a uno de los mejores programas emitidos por Televisión
Española y a lo mejor que televisualmente ha creado Armiñán. Tanto la serie como la
película obligan a una reflexión sobre la extensión de un talante social, cada vez más amplio
y profundo, que se convierte en un silencioso referéndum en pro de la libertad. Desde hace
unos cinco o seis años la cultura española ha iniciado un ajuste de cuentas a fondo contra las
pretendidas constantes peculiares del “ser español”, y ese ajuste de cuenta se produce a
distintos niveles de contenido y continente, de emisores y receptores. Ya no se trata de un
fenómeno como el del realismo social de los años cincuenta, que no consiguió salvar las
barreras de la organización cultural, que se quedó en el campo de concentración de la
burguesía ilustrada y de la Universidad. Lo que desde hace cinco o seis años se está
produciendo afecta a un conjunto social más amplio y circula incluso por los canales de la
organización cultural más establecida, como, por ejemplo, la televisión.
Asistimos a un síntoma de que aparatos ideológicos de lo más defensivo, de lo más
pegados a la piel del sistema, testimonian también la crisis del propio sistema. El dato es
importante, porque avala la amplitud y profundidad de la aspiración de cambio y de que ese
cambio sea tan serio que se lleve al desván de los malos recuerdos el torpe y largo intento de
convertir a España en la reserva espiritual de Occidente, dando a la palabra reserva todas las
connotaciones de trastienda, trastero, desván, trapería. Puede trazarse una trama crítica que
ya pertenece a la cultura de masas y que une en estos momentos la serie de Armiñán,
El amor del capitán Brando, La prima Angélica y El espíritu de la colmena. Son
fenómenos de cultura de masas muy seguidos por el público, situados a distintos niveles de
lenguaje y presupuestos, pero unidos por el común objetivo de dinamitar la conspiración
ideológica de la España subnormal.
150
El desfase entre los que siguen empeñados en la conspiración de la subnormalidad de
España y cualquier peatón de nuestra historia de cada día es abismal. Ya no se trata de la
soledad del “bunker” en el extrarradio de una ciudad, sino de la soledad del “bunker” en una
isla situada en medio de un océano de nadie y nada. Los ojos del político televisivo que ha
dado paso al programa de Armiñán son los ojos abiertos más pequeños del país y, sin
embargo, han visto claro. En el catálogo de monstruos de Suspiros de España también hay
un catálogo de criaturas normales que tratan de afirmarse, en lucha contra los monstruos. La
denuncia de la represión moral, cultural, sexual emprendida por Armiñán en Suspiros de
España afecta a las raíces misma de la coartada ideológica de un orden agonizante, y ese
empeño en extirpar las raíces de esa coartada se ha convertido en un código expresivo
público, al alcance de miles, millones de espectadores. Esto ha sido posible porque los
responsables de la tijera son cada día más conscientes de que el público español hoy no
puede aceptar otros mensajes que los que concierten con su propia crítica de la realidad y su
pasado. Es decir, la serie de Armiñán o las películas de que hemos hablado jamás hubieran
prosperado o si hubieran sido un mero empeño voluntarista de profesionales de la progresía.
Si han prosperado es porque conectan con una amplia conciencia social hacia la cuestión,
porque se ha establecido lo que los comunicólogos llamarían un “feed-back” que los
elementos más conscientes y avisados del sistema no pueden reprimir.
Armiñán ha acometido este empeño sin falsear la imagen y los rostros de la España real.
Es un acierto que esos rostros tan hispánicos de Irene Gutiérrez Caba o Antonio Ferrandis
no se encasillen en el bien o en el mal, sino que presten sus rasgos unas veces al represor y
otras al reprimido, a la víctima o al verdugo, al retrógrado o al liberador. No hay otra
fórmula mejor de aceptar las profundas contradicciones en que se debate la España
“madura” que encarnan esos dos geniales intérpretes; sobre todo la España madura que
estrena crisis en este momento, una crisis impuesta por las progresivas quiebras en la
realidad falsificada. Sería un error situar la serie de Armiñán dentro del catálogo muerto de
la “crítica de costumbres”; sería no entender la función que puede cumplir en unos días
decisivos para nuestro porvenir colectivo. Más que crítica de costumbres, Armiñán practica
la crítica de esa ideología-coartada que están en el origen de todos los intentos de
falsificación de la mecánica del comportamiento personal y colectivo, de la mecánica de la
realización individual y de la realización histórica.
No es casualidad que tanto en El amor del capitán Brando, El espíritu de la colmena
o en La prima Angélica uno de los personajes claves sea un español vencido, silenciado,
que aporta un análisis de la galaxia desde la otra cara, oculta, de la Luna, Luna de España
cascabelera, Luna de ojos azules, cara morena.
Manuel Vázquez Montalbán – 21-12-1974 - Triunfo
151
LA POLÉMICA “¡JO, PAPÁ!” (1975)
Con sus padres durante el rodaje en Peñíscola
El consenso crítico, una anomalía muy española, dice que “¡Jo, papá!” es ni chicha ni
limoná, que se queda a medio camino, que lo que podía haber sido una gran película
política, crítica con la dictadura (en plena dictadura, todavía no había muerto la momia),
queda reducida a la mera brecha generacional (Armiñan no opina lo mismo: “Mi idea se
basaba en el aspecto político, y el tema generacional, que, por otra parte, se ha estudiado
más, es aquí adyacente al hilo de la película. A mi juicio, todo el tema está informado por lo
político. Creo, además, que ésta es la primera expresión de un tema político en nuestro
cine. No por culpa de los directores…”). El propio Armiñán contribuye a este consenso
afirmando que la película podía haber sido muy diferente de haberse rodado unos meses
después, vamos que la película nació muerta, con un lenguaje, con una autocensura, que ya
no tenía que existir después de la reciente muerte del dictador (“A esa película le ocurrió
una cosa muy mala: el momento elegido por mí para hacerla, cuando se está muriendo
Franco. Aquí la política sí incide en el cine, no cabe la menor duda. Entonces la película es
blanda, no se cuentan las cosas que se debían haber contado. Si esa película la ruedo dos
años después, hubiera sido completamente distinta y supongo que hubiera tenido éxito,
porque era una historia muy de verdad. Es la historia muy cierta del franquista que ha
hecho la guerra y lleva a su familia a contarle la batalla de siempre. Y que se encuentra con
los personajes con quienes ha hecho la guerra y contra los que luchó. Hay partes de la
historia que son verdad, que yo conozco por mi padre. La censura prohibió a muerte
aquella película varias veces, varias versiones del guión. Fue absolutamente machacada. El
director general de cine con el que hablé en cierto momento me dio textualmente:
“Mientras viva la momia del Pardo esta película no se estrena”. La momia del Pardo se
murió tres meses después y la película se estrenó al poco tiempo. Pero cuando se estrenó,
los periódicos, y la gente, y la radio ya decían otras cosas y se hablaba de otra manera, y
contaban la Guerra Civil de otra forma. En meses. Fue una catarsis total. Esta película se
estrenó en diciembre del año 75, y la momia había muerto menos de un mes antes. Una vez
muerto Franco… adelante, se estrena la película. Y ya en ese momento se contaban las
cosas de otra forma, en sólo 20 días. Y, claro, la película queda sosa, blanda. En esta
película cortaban frases como cuando el personaje de Ferrandis decía “Estamos cruzando
152
España”. Tachaban la frase y yo no sabía por qué. Y claro, era por la cruzada. Hasta ese
extremo. Entonces los estamentos oficiales le estaban dando una cierta cobilla a las
izquierdas o a los progres por lo menos. No se podía decir “los rojos”, pero ¡si era lo que
se decía! Tampoco me dejaban decir “los republicanos”, no se podía hablar de la
república. Entonces teníamos que rodar un diálogo en tres versiones distintas, diciendo
“rojos”, “republicanos” y “el enemigo”. Luego creo que el final -el suicidio de este
hombre- era metafórico: se mete en el agua y echa a andar hacia allá porque comprende
que todo lo que ha hecho durante su vida ha sido un fracaso total; el público no acabó de
entenderlo. Pero tenías que recurrir a los símbolos y a las metáforas. Él tenía que haberse
pegado un tiro en la tienda de campaña o lo que fuera. Si hubiera podido hacer esta
película dos años después, hubiera hecho la película de verdad. Mala suerte. […] Nos
quedamos cortos y blandos. El hombre que sigue el trayecto que vivió en la guerra civil,
con su familia, es bonito, pero estaba desperdiciado. Quizá es que la película estaba hecha
con demasiada honradez, era demasiado lineal y le faltaba espectacularidad”). Algo que
lejos de quitarle importancia, para mí se la da. No es una película revanchista, algo muy
razonable después de décadas de dictadura, aunque las revanchas post-mortem carecen de
valor, en su doble acepción, es una película transicional, tolerante, y eso es incompatible con
los extremos, con el maniqueo la Guerra Civil fue una cuestión de buenos y malos (“He
querido hacer un personaje de verdad, no una caricatura de fascista. He presentado un tipo
que tiene bondades y debilidades. Ya no se pueden manejar criaturas de cartón-piedra
totalmente buenas o totalmente malas. Ferrandis defendió el papel, en términos de
interpretación, con sinceridad, porque él creía en la existencia de un hombre así y en su
razón. Por eso su labor es convincente.”) Una simplificación llamada “Memoria Histórica”
que no resiste el menor análisis histórico, sociológico. Como no me gusta repetirme,
conscientemente, corto y pego lo que escribí sobre la película:
“¡Hombres de España, ni el pasado ha muerto, ni está el mañana -ni el ayer-escrito!”
Antonio Machado
153
España es un país extraño, de los pocos en los que las únicas personas incapaces de
olvidar, de pasar página, son las personas que no vivieron, sufrieron, los hechos de forma
directa, ni indirecta, vamos que ni habían nacido. Por supuesto me refiero a la Guerra Civil
y a la Posguerra, al comodín del franquismo, del esotérico franquismo sociológico, que sirve
para justificar, encubrir, la falta de proyectos de presente y de futuro, para establecer
comparaciones absurdas, imposibles, entre dictadura y democracia, para denigrar todo lo
que tenga que ver con España y lo español, incluida su cultura. El lema publicitario con el
que se presentaba la película, “¿Llegó ya el momento de olvidar?” (¿quién es el inútil que
dibuja bizca a Ana Belén en el póster?), deja bien a las claras que los españoles progresistas
de la época, entre los que se encontraba el humanista Armiñán, se lo planteaban, lo veían
posible, deseable. 40 años después, los nietos, los bisnietos, de estos españoles han decidido
que no, que lo que toca es fomentar de nuevo el odio, el resentimiento, entre españoles.
“¡Jo, papá!” (originalmente “Papá”) puede, debe, considerarse como la última película
realizada durante el franquismo, y un anticipo del infame periodo del destape, los desnudos
de Ana Belén son muy gratuitos, tanto por la fecha de su estreno, al poco tiempo de morir el
dictador, como por el contenido, una confrontación relativamente amistosa, comprensiva,
entre el franquismo y la inminente transición, algo que ya flotaba en el ambiente incluso
antes de la muerte de Franco. Armiñán se enfrenta a este contraste con su habitual capacidad
para comprender, para respetar, para no juzgar con saña ni a sus personajes ni a los
españoles, lo que algunos subnormales definen como buenismo, sosería.
154
Todo el mundo, incluso el propio Armiñán, coinciden en que el fracaso comercial de la
película se debió a este navegar entre dos tierras, a que era demasiado blandita para los
nuevos tiempos, que rodada unos meses después hubiera sido muy diferente, mucho más
contundente, crítica, Armiñán tuvo que hacer varias versiones de algunas escenas por temor
a la censura, aún así estuvo a punto de no poder ser distribuida. Algo realmente absurdo
porque no se le puede pedir a los directores que ejerzan de visionarios, como mucho se les
debe pedir que sean capaces de reflejar, analizar, con profundidad el tiempo presente. El
valor de la película radica precisamente en esa condición de canto de cisne de toda una
época, de toda una serie de limitaciones ligadas a la censura, a la auto-censura, es una
plantilla de lo que se podía y no se podía hacer, un resumen de las libertades cosechadas y
de las que faltaban por cosechar, un terreno lleno de sutilezas, de sobreentendidos, de
sabiduría, en el que Armiñán se sabía mover como pez en el agua ("No me ha quedado por
decir nada de lo que pretendí. El guión adolece nada más de mis autolimitaciones,
provocadas por el exterior. En otro marco o circunstancias, quizá hubiera concebido otra
película diferente. Pero tal como ha salido, la pensé. Cualquier fallo que se le vea es
imputable a mí y no a los demás. No me gusta dármelas de censurado y perseguido. El
guión pasó por numerosos problemas, pero la película no. Se discutió el argumento y el
personaje principal, y parte del diálogo, y algunas palabras que no se debían mencionar.
Pero, al final, se puso realizar conforme a mi propuesta original"). La vulgaridad, el
maniqueísmo, nunca fueron sus fuertes, ni el de ninguno de los grandes directores
españoles, a los que la dictadura les obligó a ser más inteligentes, más complejos, cosa que
se perdió en gran parte con la llegada de la democracia, la última gran obra maestra
universal del cine español es “El espíritu de la colmena”, de 1973, en 1977 no hubiera
tenido sentido, no se hubiera realizado. Franco, por supuesto sin pretenderlo, más bien a su
pesar, dio un plus de grandeza, de sutileza, a la cinematografía española. Al excesivo
temperamento, impulsividad, machismo, del cabestro español, nunca le ha sentado mal el
frenillo de la conciencia, de la auto-censura, la frontera entre libertad y libertinaje, entre
buen gusto y guarrada siempre ha sido muy difusa en democracia. Que bien le vendría al
cine español actual una buena dictadura, solo al cine español.
155
Al margen de su condición de película fronteriza, transitiva, en términos políticos, lo
importante, como en todas las películas de Armiñán, es los sentimientos, razón por la que
ninguna de sus películas puede caducar jamás. El tema principal no es la Guerra Civil, la
política, sino la brecha generacional, no solo intelectual, también sexual, entre padres e
hijos, la brecha emocional entre hombres y mujeres. Es a la vez una película iniciática y
nostálgica, como “El amor del Capitán Brando”, un canto al presente desde la obsesión por
el pasado. Mirar hacia atrás, con o sin ira, no sirve de nada, la vida es una road-movie, no un
flash-back, los recuerdos siempre mienten. El personaje de Ferrandis vive anclado en el
pasado, y el personaje de su hija, la inquietante Ana Belén, con justicia el mito sexual de los
70, atropellado por el presente, lo que en manos de cualquier otro director se hubiera
convertido en una relación marcada por una profunda incomunicación, incomprensión. En
Armiñán no, en Armiñán son los dos personajes, inspirados en la relación con su padre Luis
Armiñán, que mejor se comprenden, la habitual atracción, equilibrio, de sus películas entre
madurez e inocencia, entre racionalidad e impulsividad, entre ilusión y desencanto, que
poco, nada, tiene que ver con la pederastia, con el incesto, Edipo y Electra, sí. Armiñán es
un voyeur casual, un provocador, un nostálgico de la infancia, no un sátiro. España no se
merece a un director tan tolerante, tan clarividente, tan español. No en vano en su nombre y
apellido están incluidas las dos letras más españolas, castizas, la jota y la eñe, y no
necesariamente en ese sacrosanto orden.
«¿No va siendo hora de olvidar la guerra civil? ¿No es hora de que vivamos en paz y
libertad? Ya va siendo hora de olvidar y enterrar a los fantasmas. Tenemos derecho a vivir
en paz y libremente. Las generaciones actuales no pueden enterrarse bajo un ¿Qué sabéis
vosotros, que no vivisteis la guerra?» Jaime de Armiñán
156
Establecido el contexto, vayamos al texto, a la polémica: “Flotats me parece un
magnífico actor y además es una persona estupenda; se enfadó muchísimo conmigo, yo me
enfadé con él, nos escribimos unas cartas desagradabilísimas y luego volvimos a ser
amigos, aunque no nos veamos hoy. Porque él tenía razón en parte de lo que decía y yo
también la tenía en lo que contesté. Pero los dos estuvimos agrios, desagradables y
antipáticos”. “La película sí tiene los personajes que yo quería, aunque José María Flotats
entró un poco de clavo, desgraciadamente también por culpa mía. Yo creo que mis errores
de reparto casi nunca son atribuibles a los actores”. “No era papel para Flotats, no era
aquel personaje. Tenía que haber sido otro chico, pero como en España, y sobre todo en esa
época hemos tenido una enorme falta de lo que mi abuela llamaba galanes, como se dice en
el teatro: “¡No hay galanes!”… Pues Flotats lo era, era un actor con un físico
extraordinario, con una preciosa voz, pero yo le doblé porque tenía un acento raro, entre
catalán y francés, que resultaba un poco sorprendente para un locutor, que era su papel”.
¿Alguien tiene curiosidad malsana en leer esas cartas bomba? Pues vuestros deseos son
órdenes. La polémica comienza con una entrevista a Flotats en la que se publica a mayores
una carta dedicada a Armiñán (que se volvió a publicar en "Fotogramas" el 4 de febrero de
1976), y que tuvo doble contestación por parte de Armiñán:
Uno de los protagonistas de “¡Jo, papá!”
Josep María Flotats: "Me desolidarizo de la película que hice con Armiñán"
Josep Maria Flotats es un actor catalán afincado desde hace muchos años en Francia
donde se ha desarrollado prácticamente toda su carrera. Recientemente se ha incorporado
al cine español, protagonizando «Pim, pam, pum, ¡fuego!», de Pedro Olea, y a continuación
«¡Jo, papá» de Jaime de Armiñán.
«¡Jo, papá!», se ha estrenado hace unos quince días en Madrid y a Flotats no le ha
gustado, por las razones que apunta en la carta a Armiñán que reproducimos.
—¿Tú viste por primera vez la película en el cine donde se proyecta?
—Sí. Me pilló por sorpresa. No había visto proyección antes ni me había doblado. No
me permitieron doblarme aduciendo que tenía acento catalán y el personaje era de Vigo. En
suma, hasta que me metí en el cine no sabía lo que me esperaba.
—¿Y qué te esperaba?
—Durante el rodaje se creyó interesante hacer doble versión de algunas escenas, por si
acaso.
—¿Por si acaso? ¿Qué tipo de escenas tuvieron doble versión? ¿Las eróticas?
157
—No, no, la cosa era a nivel político. Puede que Armiñán tuviera miedo, no sé, pero el
hecho es que el espíritu de la película no corresponde al del guión, ni a lo que yo pensé que
ideológicamente podía ser. Hay pequeños cambios en frases, pero sobre todo ha variado el
enfoque: lo que podía ser una película polémica sobre la mentalidad del «bunker» se ha
convertido en un conflicto generacional,
—Pero, bueno, ¿de qué trata la película?
—Se trata de un señor que hizo la guerra con los nacionales y al cabo de los años decide
recorrer con su mujer y sus hijas los lugares por donde anduvo durante la contienda. El
final, por ejemplo, era así: Ferrandis llegaba al mar y se sumergía en él hasta el cuello. Y
decía, más o menos: «Hasta aquí llegamos con el ejército victorioso de Galicia y vimos
llegar una lancha de Cataluña, con rojos. Y nosotros, como el lobo del cuento, nos
relamíamos». Ahora, en cambio (aparte de que «rojos» se ha sustituido siempre por
«republicanos»), dice algo así como «he envejecido, estoy calvo y gordo...»
—Y aparte de haberle escrito a Armiñán, ¿qué piensas hacer?
—Nada, los actores no podemos hacer nada. Se nos considera un objeto, se puede
desvirtuar algo en que, tal vez ingenuamente, creímos ver unas secretas intenciones. Yo
trabajé en «¡Jo, papá!» porque creí ver esas intenciones, y ahora el resultado es otro, un
resultado en el que no hubiera querido colaborar, porque tengo una trayectoria, y entiendo
que el actor tiene unas obligaciones para con su pueblo. Comprendo que, lo mismo que a
mí, esto le puede haber pasado a muchos actores que empiezan y no se atreven a
denunciarlo, pero los que podemos permitirnos el lujo de hacerlo tenemos la obligación de
protestar.
—¿Crees que si Armiñán hubiera rodado la película ahora y no el verano pasado sería
igual? ¿O se hubiera atrevido a hacerla como tú creíste que sería?
—No sé, pero el hecho es que se ha estrenado hace quince días, y la publicidad insiste en
lo de olvidar las fechas de la guerra y en convertir el producto en un conflicto entre
generaciones, desposeyéndole de su carga política, una carga política que yo creí posibilista
pero yendo al máximo de lo que se podía decir, como «Pim, pam, pum, ¡fuego!».
—¿Conclusión?
—Desconfianza. A partir de ahora, cuando haga una película en España, miraré mucho el
guión, trataré de ver cómo es la gente que la hace y qué intenciones lleva. Y exigiré
doblarme y que no se hagan modificaciones sustanciales a posteriori, y todo eso deberá
figurar en el contrato.
Tras Lola Gaos, Josep Maria Flotats. Los actores empiezan a dejar claro que tienen
opiniones políticas y reivindican su derecho a tenerlas.
Iván Tubau
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Carta al director de “¡Jo, papá!”
Querido Jaime:
Acabo de salir del cine aterrado después de haber visto tu película. Aterrado no
solamente por mi interpretación, si interpretación se le puede llamar a lo que hago, ni por el
monstruoso doblaje al que se me ha sometido: pero sí, y sobre todo, porque la película que
he visto es un vehículo ideológico contrario al guión que leí, y también porque como actor y
como simple ciudadano responsable no puedo aceptar la publicidad de la película —casi un
subtítulo— que habla de fechas y olvidos.
Se presta a una confusión no tan ambigua a la que no quiero, ahora menos que nunca,
colaborar. Como comprenderás es mi deber de desolidarizarme públicamente de todo esto.
Puedo suponer los cambios que se te pueden haber impuesto por razones administrativo-
político-comerciales, pero la falta de tu disconformidad pública y tajante te convierte en el
máximo responsable de la película y sus consecuencias. Es por esto que dirijo esta carta a tu
persona.
Espero que sepas comprender mi posición. Tu amigo
JOSE MARÍA.
Diario de Barcelona - Viernes 30 de enero de 1976
Con Ana Belén durante el rodaje en Teruel (1974)
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Tribuna libre
Armiñán responde o Josep María Flotats
Sin ánimo de entrar en polémica alguna publicamos en esta sección de «Tribuna Libre»
la carta que el director de cine, Jaime de Armiñán, transmite a José María Flotats, en
respuesta a la que este actor le dirigió en su día y que apareció en nuestra edición del
pasado viernes, junto a unas declaraciones del propio artista catalán:
«Querido José María:
En primer lugar te diré que me parece de muy mal estilo airear tu antipática carta privada
de esa manera. Podías tener más imaginación y mandar otra. Eso no lo hubiera hecho nunca
Oscar Wilde, hijo.
Por lo pronto veo que te ha ocurrido lo mismo que a los críticos de «Arriba» y «El
Alcázar» [Se refiere a Marcelo Arroita-Jaúregui y a Félix Martialay, que le dedicó la friolera
de 10 obsesivos artículos (primero en “El Alcázar”, y posteriormente republicados en
“Flores y Abejas” entre marzo y mayo de 1976) a Armiñán, y todo porque Jaime de
Armiñán en una entrevista de Maruja Torres para Fotogramas (n.º 1.427) había dicho de la
crítica de este buen hombre titulada “Jo, a secas”: “La opinión del crítico no me sorprende,
porque qué se va a esperar de un señor que escribía en “Flores y Abejas”.”]. Es natural.
Comprendo que "¡Jo, papá!" no se puede entender lo mismo desde España que desde un
teatro más o menos "snob", lleno de señores con abrigos de pieles en París. Exactamente
igual —pero en serio— ocurrió con nuestra guerra civil, que no es un mero asunto de
buenos y malos. Perdóname que no te conceda la menor beligerancia en este terreno.
Naturalmente que soy responsable de la película, no faltaría más. No vas a serlo tú,
querido, que no tienes por qué meterte en un trabajo que no te concierne. Tú a lo tuyo, que
para eso has cobrado.
Bien sabes que la película está rodada exactamente con el mismo guión que tú tienes.
Bien sabes que hicimos "primeras", "segundas" y hasta "terceras" versiones, que tú
aceptaste sin la menor vacilación. Haberlo dicho, entonces. Y bien sabes, por último, que se
utilizó la primera versión escrupulosamente. Tranquilízate, pues, como simple ciudadano —
lo de simple me parece bien— o aprende a leer.
En cuanto a la interpretación, estoy absolutamente de acuerdo contigo. Estás flojito. Yo
ya lo sabía el primer día de rodaje, pero por amistad hacia ti intenté sacarte a flote. Es difícil
tener la expresividad cinematográfica de Ana Belén, Ferrandis o Amparo Soler Leal. Lo del
“monstruoso doblaje” es consecuencia de tu poca facilidad para hablar normalmente. No
digas lo de que tienes acento catalán: tienes un acento que yo no sabría clasificar. Qué más
hubiera querido yo que no doblarte; entre otras cosas has estropeado el sonido directo.
Lo de la publicidad es aún más chocante... ¿No va siendo hora de olvidar la guerra civil?
¿Tenemos que seguir matándonos como en 1938? ¿No es hora ya de que vivamos en paz y
en libertad? Todo eso se dice en "¡Jo, papá!", y tú bien lo sabes. Para protestar en serio hay
que "echarse al monte" y vivir en España. No hablar de oídas acolchado en un bonito
escenario de París.
Un abrazo de tu amigo y director,
JAIME DE ARMIÑÁN.
Diario de Barcelona - Miércoles 4 de febrero de 1976
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“¡Jo, papá!”: Armiñán replica a Flotats
El señor Flotats, que, por lo visto, no sólo no sabe hablar -desgraciadamente, hubo que
doblarle en “¡Jo, papá!”, destruyendo el esfuerzo que hicimos al intentar rodar con sonido
directo-, tampoco sabe leer y, ni siquiera, escuchar. Esa frase melodramática a la que alude
en la sección “Gente” de ByN: “Ahora tengo ganas de olvidar, he cambiado”, se la ha
inventado él solito. No existe, ni jamás ha existido. Y bien fácil es comprobarlo. La frase
suprimida del final -tampoco se la sabe- está bien claro que si no está en la película no fue
por mi culpa. Por otra parte, tampoco es definitoria, ni muchísimo menos. La película está
rodada exactamente -como dice Ana Belén- tal como fue escrita en el guión que prohibió la
censura en abril de 1975. Yo también siento que el señor Flotats haya participado en “esta
historia” y lo siento por la película, no por la recia contextura política del señor Flotats, que
vive en un escenario de París -por muchos años- y que no tiene ni idea de lo que se cuece en
España.
Jaime de Armiñán
Madrid
ABC – 7 de febrero de 1976
161
EL NIDO (1980)
Armiñán no es formalmente un virguero precisamente, más bien todo lo contrario.
Cuando trata de hacer secuencias en plan, mira que poeta soy, como en el principio y el
final de "El nido", naufraga estrepitosamente. Cuando no lo busca encuentra poesía
hasta debajo de los planos. Sobre todo en la construcción de personajes, y en la
dirección de actores. Armiñán no sólo crea muñecos, sino que además les da vida,
muñecos más cercanos a Pinocho que a Frankenstein.
La humanidad, en su sentido más amplio, sin ñoñeces, que respiran sus personajes, los
convierte en personas de carne y hueso, llenas de contradicciones, de pasiones. Son
solitarios extrovertidos profundamente descreídos, profundamente vitales, es decir, más
creyentes que los mismos creyentes. Armiñán es el último romántico del cine español,
el último que cree en la amistad, en el amor, en la amistad como forma de amar. Julieta
Serrano y su querida señorita, Héctor Alterio y el cura, Hector Alterio y Goyita, Héctor
Alterio y su general, Juncal y "El brujo".
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Cuando un pollito se cae del nido es para darse la ostia, o para volar, o las dos cosas a la
vez, el amor. El amor llevado a sus últimas consecuencias, la muerte. Para morir primero
hay que estar vivo.
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“La película surge a través del personaje de Goyita. Ella es la imagen de una niña mucho
mayor que la edad representada; recuerda que en un fragmento de la película Goyita dice
tener ciento doce años. Es una pequeña vampiresa, de ahí su entronque con Lady Macbeth.
Ella y don Alejandro son dos personajes solitarios, marginados en el pueblo, destinados a
encontrarse. Pienso que la película encierra una carga erótica, lo que sucede es que dicha
carga se traduce en una relación blanca, cerebral. […] “El nido” es lo que busca Goyita
porque es precisamente lo que no tiene en su casa, en la escuela, en su entorno. “El nido”
es la casa de don Alejandro, un hombre solitario hasta el extremo, refugiado en la música y
en sus placeres solitarios. Ambos buscan en su soledad, en los pájaros, esa atmósfera
entrañable de la que carecen. […] Es una historia de amor imposible, de soledad,
esperanza y busca de libertad. Pese a este final no es pesimista; al contrario, está dentro
del optimismo. Supone para un hombre, no vamos a decir viejo, pero sí mayor, la capacidad
de volver a ser joven y de vivir. Sobre todo, de volver a vivir.” Jaime de Armiñán
164
165
CUENTOS IMPOSIBLES (1984)
El único genio con mayúsculas, y en el sentido más amplio, versátil, de la palabra, que
ha dado la cultura española desde el tardofranquismo hasta la democracia, pasando por la
Transición, se llama Jaime de Armiñán, aunque el consenso progre le haya colgado ese
intimidante sambenito a Fernando Fernán Gómez, un aprendiz en comparación. El defecto
de Armiñán, el mejor guionista español de todos los tiempos, el gran lastre que le impide ser
reconocido por todo el mundo como el gran genio que es, es la modestia, el sarcasmo y la
humanidad. Armiñán es el español más comprensivo, el único demócrata, humanista,
también con mayúsculas, que ha dado este sectario país, alguien que es condescendiente con
las debilidades, vicios, de los demás, porque sabe que son propios, universales. Su crítica de
la idiosincrasia española siempre es feroz, ajustada, pero nunca hace sangre ni mira por
encima del hombro. Armiñán te canta las cuarenta con sarcasmo, con ternura, no te juzga,
simplemente te pone delante del espejo para que recapacites, para que despiertes, para que
mejores. Con dos personas como Armiñán, el frentismo de la sociedad española actual no
existiría, su empatía, su bonhomía, es incompatible con la cerrazón, con la estrechez mental,
y sentimental. Si Buñuel es el bellotero que todos llevamos fuera, Armiñán es el santo varón
que algunos llevamos dentro, y que no dejamos mostrar para que no se nos caiga la máscara
del todo, ni nos devoren los lobos, con o sin piel de cordero, con o sin pasividad agresiva.
En cuanto a la serie (que en principio se iba a titular, irónicamente, “Cuentos morales”,
supongo que como homenaje envenenado a las pacatas películas de Rohmer), aunque
realmente sean 6 películas independientes rodadas en 16 milímetros entre noviembre de
1983 y abril de 1984, un perfecto resumen de toda su filmografía, de toda su seriografía,
“Suspiros de España” en color y sin autocensura, o dicho de otro modo, “Suspiros de
España” sin la existencia de la censura. Por supuesto con su habitual, y sutil, feminismo
montuno, sus personajes femeninos siempre son más resolutivos, decididos, complejos, que
los masculinos, "nada hay más fácil que un hombre", y su certera disección de los sueños
del gris españolito medio, de la vilipendiada clase media, la gran despreciada de la
intelectualidad, la clase que siempre ha levantado a España de sus cenizas. La aristocracia,
la casta política, artística, y la clase baja, siempre han mamado de su generosa teta caída.
Una obra maestra de sarcasmo, de construcción narrativa, que precisamente por eso, pasó
completamente desapercibida para el público en general, y eso que fue emitida en La 1 en
Prime Time (los martes a las 21:30 y 21:00, en 1984 y en 1987). Lo mismo que “Stico”,
rodada casi a la par, y que podría pasar por un cuento imposible más. Armiñán solo compite
consigo mismo, y “Juncal” ha opacado el resto de sus series, incluso mejores. No nos
merecemos a Armiñán, en España siempre vuelve a atardecer, y a los genios se les trata
como puta en rastrojo.
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1-INGRID BLOOM: Landismo crepuscular, el cine del destape se mira en el espejo del
costumbrismo satírico.
2-NUEVO AMANECER: Versión mejorada, lograda, de "Atraco a las tres", o los caudillos
no siempre mueren en la cama.
3-ROSA FRESCA: La versión feminista de todas las películas de Woody Allen, con un plus
de maltrato animal.
4-¡HA DICHO PAPÁ!: El mejor cuento moral de Rohmer, con la sana pachorra,
inmoralidad, de los católicos practicantes.
5-HOSTAL VALLADOLID: “Suspiros de España” condensada en una hora, o donde tengas
la olla no metas la polla. P.D: Refrito del episodio “Decir que no” de la serie “Tiempo y
hora” (1966).
6-JUNCAL: El sublime origen de la serie “Juncal”, el print the legend fordiano versión
fantasmada castiza.
“Son sólo relatos de imposibilidades cotidianas. En la cabecera de cada episodio va a ir
un pequeño diálogo del tipo ‘¿a que no sabes que fulanita va a tener un niño?’, ‘¿fulanita
un niño? ¡Imposible!’. La imposibilidad no va más allá. Son lo que se ve. Temas que nos
preocupan y que antes no se podían contar en TVE, si no era de tapadillo.” Jaime de
Armiñán
P.D: La serie se puede ver completa en youtube (una vergüenza que no esté en el archivo de
RTVE)
https://www.youtube.com/channel/UCPj15trIDzacqpMIcdx1OHw
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JUNCAL (Cuentos imposibles y episodio 1) (1984-88)
(comienzo del episodio de “Cuentos imposibles”)
La serie de culto española por antonomasia (orginalmente se iba a llamar “Maestro”), la
más inteligente, la más profunda, la más entrañable, la más crepuscular. Con unas
actuaciones increíbles de Francisco Rabal, Emma Penella, que se sale, y del Brujo, entre
muchos otros.
Pongo solo el primer episodio, porque como sucede con todas las series de Armiñán, e
incluyo “Una gloria nacional”, pone toda la carne en el asador como si se tratase de una
película piloto, y el resto de la serie nunca está a la altura. Pero resulta efectivo, porque
una vez que te has comido el cebo, Juncal ya forma parte de tu familia, y no vas a dejar
a un familiar solo, en la calle, y lloviendo.
El reflejo del gorrión que todos llevamos dentro, y fuera. La torería como actitud vital.
¡ABAJO LOS GORRIONES!
P.D: Imprescindible ver su precuela (que a su vez es el remake casi literal de “Agua
pasada”, un episodio de la serie “Tiempo y hora” (1966), la principal diferencia es que
Juncal, Higinio (Antonio Ferrandis), no rompe el cheque, vamos que tiene menos dignidad),
“Cuentos imposibles: Juncal” (1984), aunque realmente sea la secuela del primer episodio,
empieza justo donde acaba (el personaje de Juncal ya sale en la película de “La becerrada”,
Juncalito (Fernando Fernán Gómez), dirigida por Forqué, con guión del propio Armiñán,
aunque tiene un origen real:
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“Está inspirado en mucha gente que conozco o imagino, en parte también en el Papa
Negro, el padre de los Bienvenida, que no era Juncal, pero sí tenía ese lenguaje. Como yo
pasé media vida en casa de los Bienvenida, en el ambiente de los toros, oyéndoles hablar,
aquello era una fuente enriquecedora. El verdadero Juncal era un malagueño partidario de
toreros, partidario de Manolo Bienvenida hijo, que murió en el año 38. Cuando murió
Manolo, Juncal se hizo partidario de Pepe Bienvenida y luego de Antonio: fueron
heredándolo. Juncal era un personaje absolutamente maravilloso que nunca dio ni golpe y
que estaba casado con la cocinera del obispo de Málaga, y su vida consistía en levantarse a
las doce de la mañana, irse al café Español a hablar de toros, volvía a su casa, se comía lo
que le había dejado la pobre mártir aquélla, volvía al café Español y se acostaba a las seis
de la mañana, una hora antes de que la otra se levantara, ¡tenía una pinta!: alto, delgado,
con el pelo blanco, cuidado, ¡si no había trabajado nunca! Le llamaban Juncalito, pero no
había sido torero, sólo era “partidario de toreros”. […] Era un personaje que existió en
Málaga. Yo le conocí en la década de los 60, entonces tenía unos setenta años y ya ha
fallecido. No era torero, sino aficionado a los toros, le llamaban Juncal, Juncalito y estaba
casado con la cocinera del obispo de Málaga. Con los años yo he transformado el
personaje hasta quedarse en el que ahora aparece en la serie. […] Expresiones como
“tomo nota”, “tunanta”, “qué sabe la gente”… eran todas invención mía. […] Ya entonces
Juncal era Paco Rabal. Era el único actor, y no lo digo en detrimento de los demás, que
podían interpretar a este personaje. Hablamos entonces del proyecto de hacer de Juncal en
una serie. Juncal no podía ser otro que Rabal. […] Ha sido un rodaje muy largo, siete
meses es mucho tiempo, y eso que lo hemos hecho muy rápido. En total han sido como
cuatro semanas por episodio. […] Juncal en caló significa espléndido. Así ha sido todo el
rodaje. […] Tipos como Juncal han existido siempre y continúan existiendo, es el típico
pícaro que se ha dado en este país desde hace tres siglos. […] Recuerdo cuando rodábamos
el final de “Juncal”, en el que Paco Rabal muere en la mesa de operaciones de la
enfermería. Llevábamos una hora en silencio total como si estuviese herido de verdad y
cuando por fin muere, noté que unas lágrimas me impedía ver. Me giré y vi que todo el
equipo estaba igual, Si eso lo notamos en el plató, luego transciende al público. Cuando
miras por cámara y te llega lo que hace el actor, te lo crees todo. […] Uno de los momentos
más emocionantes de mi vida fue en la Feria de Abril, en Sevilla, toreando Julio Aparicio.
Comienza la música e interpretan el pasodoble de Juncal… […] De pronto sonó un
pasodoble… Juncal… Yo no lo esperaba. La música de Juncal había llegado a la plaza de
toros de Madrid de la mano del maestro Fernando Zabala. No tengo más remedio que darle
las gracias en nombre de Vainica Doble -sus autoras- porque ellas no suelen ir a los toros.
A mí me emocionó un poquito oír la música nacida de la ficción de un ruedo irreal,
acompañando a los toreros de verdad, en el ruedo de la primera plaza del mundo, que es la
de mi pueblo. […] Otra vez, en Madrid, en un homenaje a Paco Rabal, él tenía que abrir el
toril y le tocaron Juncal, y había que ver a Paco en el centro del ruedo, saludando con el
sombrero en mano. ¡Días antes, en Las Ventas, deseaba suerte a los toreros y era
respondido con un: “¡Gracias maestro!”. Hasta que un día le dije: “¡Pero Paco, no te
pongas tan contento cuando te dicen maestro, ¡si tú no eres torero!”, y se volvió y contestó:
“¡Eso te crees tú!…”, porque él se creía torero.”). Viendo estas dos películas seguidas, el
primer episodio y el capítulo de “Cuentos imposibles”, el resto de la serie es completamente
prescindible. La única diferencia entre una y otra es que la faena de la serie “Juncal” es más
pinturera, más libre, y la de “Cuentos imposibles” más sobria, compacta, más técnica,
ambas de vuelta al ruedo.
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STICO (1985)
"No somos libres ni para decidir dejar de ser libres". Punto en boca.
Todas las contradicciones, bajezas, del capitalismo, de la democracia, del cristianismo,
diseccionadas en clave de humor, negro betún. Con una mala leche, sorna, crueldad,
bastante inéditas en el habitualmente campechano, buenista, Jaime de Armiñán, o más
bien un inocente con doblez, con retranca, como las canciones de “Vainica Doble”.
La esclavitud como forma de tiranía, de dependencia, del verdugo sobre la víctima. La
sumisión, la obediencia, como acto de rebeldía, de transgresión. El Capital, la Religión,
humillados, vejados, por la Anarquía, la Libertad. Una inocentada de Armiñán contra la
hipocresía, la doble moral, con regusto a atentado.
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MI GENERAL (1987)
Póster checo, el español da grima verlo
O me cago en la juventud. Juventud no es sinónimo de vitalidad, de optimismo, de
capacidad de riesgo, de acción. Los viejos generales, tratados con la ternura, dignidad,
delicadeza, habitual de Armiñán, ríen, comen, cantan, bailan, ligan, follan, los jóvenes
profesores tienen gatillazos, son serios, amargados, frustrados, intransigentes. “Mi general”
no es una comedia política, crítica, paródica, sobre el estamento militar, que también, y en
un país en el que nadie se atreve a reírse del ejército, salvo desde el trazo grueso de
Berlanga, “La vaquilla” (1985), y sus émulos, “¡Biba la banda!” (1987), es sobre todo una
película de colegio, crepuscular, con todos los clichés del género, bromas a los profesores,
escaramuzas sexuales, borracheras, baile de graduación, el chivato de turno, huidas, peleas,
llena de vitalidad, de humanismo, como “En septiembre” (1982), sobre el choque
generacional, sobre el poder, sobre la libertad, sobre el aprendizaje.
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No importa la edad que tengas, ni los conocimientos adquiridos a lo largo de toda una
vida, es afrontar un curso de reciclaje y sentirte de inmediato como un inseguro colegial,
como un subalterno, como un cadete, aunque seas general. Ante la ignorancia, ante la
autoridad, todos nos sentimos desvalidos, humillados. Supuestamente la vida es un
constante aprendizaje, pero hablamos de España, el país en el que una vez que sacas una
oposición, o una carrera, o una plaza, ya te sientes legitimado para no volver a tocar un libro
en lo que te resta de vida. Aquí el conocimiento es finalista, pragmático, no un afán de
superación, de crecimiento continuo. Siempre se puede aprender, mejorar, no es una
cuestión de años, sino de actitud, lo último que dice López-Vázquez antes de morir es:
¿Cuál es el próximo curso?, imposible dar un mensaje más positivo, vitalista. Y Armiñán
(“Nunca es tarde”, 1977) lo hace extensible al sexo, al amor, a cualquier cosa, nunca es
tarde para cambiar de vida, como ya demostró en el final de “Al servicio de la mujer
española” (1978) y en “En septiembre” (1982), nada tiene que interrumpir el baile, ni tan
siquiera la muerte.
Armiñán durante el rodaje de la película
Por si fuera poco, la película también es una reflexión sobre el poder, sobre la diferente
actitud que tomamos según cual sea nuestra responsabilidad, según estemos en un lado u
otro de la barrera, del escalafón. Un general sin su posición de poder, de autoridad, vestido
de soldado raso, es un alumno más, una persona más. Una forma cristalina de denunciar los
sistemas de castas, casi siempre hereditarias, de demostrar que el elitismo es un absurdo,
que nadie está por encima, ni debajo, de nadie, que la única forma de autoridad aceptable es
la que concede el conocimiento, la educación. Un maestro, un profesor, es solo eso, alguien
que tiene un mayor volumen, profundidad, de conocimientos, que tiene la obligación de
compartir, de transmitir, a los demás. Es un privilegio transitorio que no otorga ninguna
carta blanca a quien los posee, ni trae consigo sumisión, obediencia ciega, ni legitima a
nadie para comportarse de manera despótica, arrogante, injusta. Todo conocimiento está
sujeto a crítica, a revisión, a actualización.
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No es la primera vez que Jaime de Armiñán trata el tema del despotismo ilustrado, el
dictatorial personaje del general interpretado por Fernando Fernán Gómez (¿homenaje a “El
último caballo”?) confrontado a un vengativo viejo alumno damnificado, Joaquín Kremel,
es una directa derivada de un episodio de la serie “Del dicho al hecho” (episodio 5, "No hay
mayor dolor que ser pobre después de ser señor", 1971), en el que también Fernando Fernán
Gómez interpretando a un viejo maestro en horas bajas, se enfrenta a un antiguo alumno
humillado por él, Juan Diego, que ahora ejerce el papel de empleador, utilizando esa
posición de poder para tratar de resarcirse del daño sufrido por el profesor, sin lograrlo del
todo. Porque hablamos del humanista Jaime de Armiñán, que critica, condena, al verdugo,
pero sin ensañarse, siempre se pone del lado de la víctima, la resarce, pero no se ceba con el
verdugo, porque Jaime de Armiñán sabe que en cualquier momento la víctima puede pasar a
ocupar la posición del verdugo, cosa que pasa tanto en la película como en la serie. El
humanista, humorista, Armiñán, es incompatible con el buenismo, con el maniqueismo, con
el moralismo de salón, de púlpito.
“¡Hitler era un caballerazo!”
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AL OTRO LADO DEL TÚNEL (1994)
O “La sinopsis”, el título original que por lo visto no le gustaba a nadie, y que realmente
es fiel al contenido de la película, porque no hay el desarrollo de un guión habitual, solo la
sinopsis mostrada de diferentes maneras, imaginada, escrita, y puesta en acción.
Metaficción pura y dura, proceso creativo en marcha y resultado final a la par, sin el
intermediario de un guión, o sin que el guión solo sea un paso sino la película misma. El
título final también se ajusta a la película, es fiel a su espíritu, remite a la muerte, a la vejez,
al misterio de la creación, y al pozo negro del deseo sexual. Campo en el que las mujeres
tienen todas las de ganar porque son las dueñas de la Caja de Pandora, por mucho deseo que
haya si la caja no se abre voluntariamente, no hay nada que hacer. Los dos guionistas de la
película se creen que tienen el poder de la trama, que manejan los hilos de la historia, y una
panadera espontánea les demuestra que bastan una mirada, una sonrisa, un horno, un culo y
dos tetas, para convertirles en dos peleles, en dos secundarios. Una cura de humildad, la
productora es mujer, un baño de realidad, coherente con la visión de la mujer que tiene
Armiñán, más inteligente, y mala, que el hombre. Aquí Caperucita Roja son ellos, que viven
en un convento de clausura con prohibición expresa de entrada a las mujeres, y la loba una
panadera que les encuentra en el bosque, y se les lleva a su casita de chocolate para poder
comérselos mejor, “quiero ser Dios, Dios”. Maestro y discípulo, que muerde la manzana
del pecado en su primer plano, demuestran que el amor, y los celos, no son una cuestión de
edad, que el deseo, el romanticismo, son inmortales. También que la creación nunca es algo
cerrado, individual, que es un proceso permeable a todo tipo de influencias, de
interferencias, de casualidades.
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P.D: En la película, el fraile Benito (Rafael Alonso) hace el amago de contar una historia
pero Fernando Rey le corta en seco. En concreto el diálogo es el siguiente:
—Yo creí que trabajaban ustedes con ordenador.
—Yo con ordenador —responde Aurelio amablemente—. El señor Marcos es…
—Más de siempre —le interrumpe el fraile, que añade meloso—. Me gustaría contarles
la historia de dos escritores: uno era partidario de la estilográfica, el otro de una vieja
Hispano Olivetti…
—Buenas noches —le interrumpe Miguel Marcos, que no está para bromas.
Pues bien, la historia es la siguiente, la cuenta el propio Jaime de Armiñán en su “Diario en
blanco y negro”, el diario de la película:
“De una discusión parecida yo fui testigo hace muchos años: los protagonistas eran mi
padre y Wenceslao Fernández Flórez. Mi padre defendía el uso de la máquina de escribir, y
Fernández Flórez la pluma estilográfica de toda la vida. Recuerdo que mi padre puso como
ejemplo a varios escritores de fama reconocida y buenas maneras, y que Fernández Flórez
cerró el tema, sin dejarse ganar por los inventos que él consideraba perniciosos:
—¡Bueno, pues escribirían mucho mejor con pluma estilográfica!”
Esta misma anécdota sirvió como base para uno de sus artículos publicados en la revista
humorística “Don José” (n.º 128):
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A MÁQUINA O CON PLUMA
HE aquí una de las cuestiones más tremendas que se pueden plantear en torno al llamado
"tema literario". ¿Los escritores deben de escribir valiéndose de la vieja pluma, o, por el
contrario, pergeñarán sus cositas con ese chisme lleno de letras y que se conoce con el
nombre de máquina de escribir o "tiperiter del doctor Wonder"?
¡Ah!
Los defensores de la pluma -hay quien aboga por la pluma de ave- suelen ser ancianos
venerables, respetables reliquias. Los partidarios del "tiperiter" son jóvenes fogosos,
verdaderos entusiastas del certamen literario y de la novela autobiográfica. Los ancianos
afirman que el ruido de las teclas no les deja coordinar sus viejas y queridas ideas y que
aquellas ideas, que ellos exhiben orgullosamente desde las últimos años del siglo XIX, no
resisten ni la cinta de nylon, ni la espaciadora esa, ni nada. Aseguran los venerables que a
pluma, y a pluma de ave, fueron escritos el Quijote, Hamlet y la Divina Comedia y que el
Quijote, Hamlet y la Divina Comedia están ahí para lo que queramos mandar. Lo que
olvidan los venerables es que antes se escribía en pergamino y mucho antes en piedra y que
según su sistema seguiríamos escribiendo en los cantos del río.
Uno de estos literatos, un glorioso, afirma que el escritor que escribe a máquina lo haría
mucho mejor a mano y que el literato a mano de pluma está en la cumbre de la poesía y de
la exquisitez. Se dicen todas esas cosas del maquinismo, del ruido, de los tranvías y de la
inspiración. Al parecer las musas huyen horrorizadas ante el ruido de la máquina de
escribir...
No estoy de acuerdo, venerables.
Huirán vuestras musas, que son unas señoritas, vestidas con gasas rosas y que se
desmayan cada dos por tres. Huirán vuestras musas que necesitan carabina; pero las
nuestras, vestidas con amplios chalecos de lana y calzadas con gruesas botas de montaña, no
huyen por tan poca cosa. Nuestras musas están en la máquina de escribir.
¡La máquina de escribir!
¡Las ventajas de la máquina de escribir!
En primer lugar el ruido, el tan cacareado ruido. Ese ruido es la música del escritor, la
música que sólo él entiende. El acompañamiento de la copla.
En segundo lugar, la letra. La letra de la máquina de escribir es mucho más bonita que la
otra. Es perfecta.
Y en tercer lugar, la velocidad. El pensamiento es más rápido que la luz. La máquina es
más rápida que la pluma: luego la máquina es mejor vehículo que la pluma.
Y ya está, hombre, ya está bien.
Grtesdwzxcbm;
JAIME DE ARMIÑÁN
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LA ISLA DE LOS PÁJAROS (1999)
(Prólogo a “Cartas desde el faro”)
Fernando Rey en “La luz del fin del mundo” (1971), adaptación del libro de Verne
Jaime de Armiñán tiene más facetas, caras, que un diamante, y todas igual de valiosas, de
brillantes. Las más conocidas con diferencia son la cinematográfica, aunque no por su mejor
película, “Mi querida señorita”, no porque sea mala sino porque las tiene mucho mejores,
“El amor del capitán Brando”, “El nido”, “Stico”, “Mi general”, “Al otro lado del túnel”, y
las televisivas, “Suspiros de España”, “Cuentos imposibles”, y de manera muy limitada,
“Juncal”, un auténtico delito porque hablamos del mejor guionista, director, televisivo que
ha dado este país, “Fábulas”, “Del dicho al hecho”, “Las doce caras de Eva”, “Las doce
caras de Juan”, y un larguísimo etcétera. Las facetas teatral y literaria son casi desconocidas,
la teatral solo en la actualidad, cuando la desarrolló en los años 50 y 60 lo hizo con gran
éxito tanto de público como de crítica, ganó los principales certámenes teatrales de la época,
el Calderón de la Barca (“Eva sin manzana”) y el Lope de Vega (“Nuestro fantasma”),
aunque realmente su única gran obra es “Café del Liceo”. Una suerte que no ha corrido con
esta última etapa literaria, desde los años 80 a la actualidad, que cubre cientos de artículos
(más unos pocos que escribió para la revista humorística “Don José” en los años 50, que
nunca se mencionan en sus biografías), varios cuentos y seis novelas, entre las cuales solo
“La isla de los pájaros” (1999) ha obtenido cierto reconocimiento, probablemente con
justicia, también es mi favorita. Lo que nunca se menciona en las pocas reseñas dedicadas a
la novela, es que el germen del libro, del mágico universo Mouriño, un universo
completamente inventado de reminiscencias faulknerianas, gallegas, está en una serie de
artículos, de cartas, englobadas dentro de su sección semanal en el periódico ABC “El Cine
de la Flor” (desaparecido cine madrileño). Una pequeña selección de estos artículos fueron
publicados en forma de libro en 1992, no se incluyen estas cartas publicadas posteriormente
entre 1994 y 1997, una lástima porque constituyen un material imprescindible para
comprender el origen del libro, y ampliar su contenido, una especie de play-list de películas,
libros y homenajes.
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“La isla de los pájaros” es el gran libro de la cinefilia clásica, porque la moderna tiene un
mayor componente formal, real, y un escaso gusto por la aventura, por la ensoñación. Son
cientas las referencias cinéfilas, literarias, en el libro, unas veces como simple dato,
recuerdo, y la gran mayoría formando parte esencial de la historia, de los personajes. Todo
tiene una conexión con el cine, hasta el más mínimo detalle de la ambientación, de la trama,
pero no es un homenaje baboso, o solo sentimental, hay humor, distancia paródica, metacine
crepuscular. Es una relectura del gran cine clásico de aventuras, de las grandes novelas
clásicas de aventuras, desde el punto de vista irónico de quien ya está de vuelta de todo, por
edad, aunque conserve intacta la capacidad de fascinación, de dejarse llevar, emocionar. Por
supuesto está la humanidad, la ternura, la mala leche sin sangre, de las películas de Jaime de
Armiñán, su increíble capacidad para construir personajes, amistades, entrañables, de carne
y hueso, y el suplemento vitamínico del sexo, el gran motor del libro. Un libro que
milagrosamente consigue mantener el equilibrio entre el pasado y el presente, entre la
nostalgia y la vitalidad, entre la distopía y la utopía, entre la frivolidad y la reflexión, entre
el costumbrismo y la ficción, entre la fantasía y la realidad.
181
Los personajes interpretan la realidad en base a las experiencias vividas en los libros, las
películas, fabrican su propia biografía con retazos de diferentes historias de ficción,
construyen su personalidad por imitación, por emulación devota. Comparando siempre las
experiencias presentes con las ficticias, saliendo victoriosa la realidad, por lo que a pesar del
continuo despliegue de imaginación el libro en el fondo se puede interpretar como un
alegato en favor del realismo a pesar de todo, a pesar de la mediocridad del día a día.
Aparentemente puede parecer un libro machista, no deja de ser una fantasía masculina, en la
línea del landismo, un pobre hombre que de repente se convierte en un conquistador, pero es
todo lo contrario, es más bien el landismo crepuscular de “El pecador impecable” (1987) o
“Tata mía” (1986), es decir, un pobre hombre, en este caso viejo, el mito del Rey David y
“La casa de las bellas durmientes” de Kawabata planea por el faro, que piensa que
conquista, y que no es más que un pelele en manos de las mujeres, que hacen de él su santa
voluntad, que le exprimen sexualmente como a un limón. Como todo mundo ideal, esta
Arcadia feliz, este Walden galaico, acaba saturando, agobiando, a sus habitantes, la
felicidad, la calma, a diario, es insoportable, un poco de normalidad, de caos, es
imprescindible para vivir, para valorar los momentos de felicidad. Al final puede ser que
sobrevivir en una buhardilla en el centro de Madrid sea una aventura de mayor calado que
vivir en el último faro del mundo, o no, Armiñán deja la pregunta abierta como buen
humanista, todos tenemos pájaros en la cabeza.
Julio Tamayo
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14, FABIAN ROAD (2008)
Lo más importante en esta vida es saber cuando te tienes que ir de los sitios, y de las
personas. Justo antes de perder la ilusión, o de que te vayan a echar. Jaime de Armiñán con
81 años decidió que era su momento, que el cine ya no le llenaba tanto como la literatura, y
que lo mejor era dejarlo en todo lo alto, con la espada clavada hasta el corbejón. Un
testamento fílmico (aunque en 2007 ya estaba trabajando en otro proyecto: “mi próxima
película la rodaré aquí [Galicia, “esta vez quiero rodar en el norte, en Lugo, y a lo mejor
hasta acabo rodando en esta ciudad, en A Coruña. No sería de extrañar”]. Ya tengo el
guión, que escribí en colaboración con mi hijo Eduardo. Tengo ya la historia, pero no se la
voy a contar, no me gusta hablar de mis películas”), una película meta-cinematográfica,
meta-literaria, con aroma, espíritu, de bautizo. El mejor resumen, summa, de toda su obra
cinematográfica, en la que de nuevo las mujeres son Dios, el principio y fin de todo.
Mujeres complejas, malas, las buenas suelen ser demasiado simples, aburridas. Femmes
fatales inteligentes, independientes, misteriosas, como las del cine clásico, como Rita
Hayworth, a la que homenajea en el famoso plano de los espejos de “El embrujo de
Shanghai”, como Barbara Stanwyck (“Perdición”), Ana Torrent tiene su mismo temple,
dureza. Los diálogos afilados, punzantes, marca de la casa, tampoco faltan, la única
diferencia es que aquí también son deslenguados, soeces, como tiene que ser, no es una
película acartonada, correcta. Lo que ha hecho grande a Armiñán, sus maravillosas,
entrañables, desprejuiciadas, imposibles, amistades entre viejos y jóvenes, entre hombres y
mujeres, entre mujeres y mujeres, por supuesto también están aquí, su pasión por las
relaciones amorosas diferentes, que huyen de las clasificaciones, de los tópicos
heterosexuales, lo mismo de lo mismo, la pansexualidad en Armiñán viene de serie, siempre
ha sido el director español más moderno, más progresista.
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“14, Fabian Road” (“una calle de Londres donde vivía un amigo mío, los fabianos eran
anarquistas y este es mi homenaje”) es su película más personal por muchas razones, la
primera su propia presencia como personaje, como actor, aunque sea en penumbra,
Severino, el escritor negro, profesión con la que empezó a trabajar en TVE, escribiendo
guiones de tapadillo (“Entre nosotras”). La segunda porque aparecen los escritores, los
libros, que han marcado su vida, Julio Verne, las aventuras de Pipo y Pipa de Bartolozzi, “El
circo” de Gómez de la Serna. Tercera porque recupera a varios de sus actores fetiche, Ana
Torrent, la inolvidable Goyita de “El nido”, Angela Molina “Nunca es tarde”, la aparición de
nuevo de su hija Carmen, que en “¡Jo, Papá!” se merendaba la película con su mirada
(también sale en “El amor del Capitán Brando”, como el resto de sus hijos). Y finalmente
porque hay ecos de otras películas suyas (y libros, la película no deja de ser una relectura de
“La isla de los pájaros” o mejor aún, la novela inédita del farero Onésimo Juncadella, “La
ciudad encontrada”), la omnipresencia de los pájaros como en “El nido”, Shakespeare, la
metaficción vampírica como en “Al otro lado del túnel”, la relación amo-esclavo como en
“Stico” o “Mi querida señorita”, las brujas fatales como en “La hora bruja”. Despedirse del
cine, con 81 añazos, con una película de culto, maldita (tardó tres años en estrenarse en el
Festival de Málaga, no llegó a estrenarse en cines, y llevó a la ruina a los productores),
formalmente la más redonda, mejor cuadrada, después de estar 12 años inactivo desde “El
palomo cojo”, no está al alcance de cualquiera, lo normal en España es que la última corrida
termine con almohadillas. La película ganó el Premio al mejor guión en Málaga, cosa que
hace justicia a Jaime de Armiñán, el mejor guionista televisivo, cinematográfico, que ha
dado este país, por cantidad y calidad, pero que no se la hace a la película, que mereció
mucha mejor suerte, tener su público, sus Goyas, el cortijo de los Trueba. Resumiendo, que
aunque Armiñán formalmente no siempre estuvo a la altura de sí mismo, de sus excelentes
guiones, de su increíble dirección, selección, de actores, de sus inteligentes diálogos,
localizaciones, es con diferencia mi director español favorito, el que mejor ha sabido reflejar
la contradictoria, sublime, esencia de España, de los españoles.
“¿Sabes qué es lo más bonito del mundo? Salvar el pellejo.”
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Nota del director
Debo de confesar que escribir estas líneas, que pretenden resumir el proyecto, me cuesta
un notable esfuerzo. No me gusta hablar de mi mismo y tampoco de mis películas: una
mezcla de timidez y de sonrojo me contiene la mano. Sin embargo voy a tratar de pasar el
trance por prescripción del viejo doctor Freud, que hoy me acoge en su diván olvidado y
como penitencia a mi atrevimiento, porque no cabe la menor duda de que encarar la tarea de
iniciar la imprudente tarea de ponerse detrás de una cámara y pronunciar la ritual palabra
¡acción!, no sólo supone un salto al vacío, sino que pide —al menos— una explicación.
Hipócritamente me refugio en las frases que un magnífico escritor, apasionado por el cine,
dedicó a mi trabajo hace algunos años:
"Si el amor es una naranja, Jaime de Armiñán se ha dedicado concienzudamente a
explorar la corteza. Donde están los aceites que hacen perdurar el aroma. El perfume
—bien lo sabe él— es lo que permanece más tiempo en la memoria de los espectadores, en
la memoria de las gentes en suma. Amores de corteza, amores al límite, amores difíciles y
difícilmente olvidables.
[Nota: el primero en utilizar el concepto “amores difíciles” para definir el cine de Armiñán fue Ángel
Fernández Santos, en su crítica a “El nido” (1980) titulada “Los amores difíciles”]
Hay, además, en Armiñán, un gusto decidido por las imágenes directas, funcionalmente
líricas y pragmáticas. Imágenes que se ven aureoladas de una luz especial, de la mirada
Armiñán, que contempla y hace contemplar a sus criaturas con una ternura no exenta de
crítica, de acidez estimulante, reactiva, que actúa sobre el cuerpo social al que casi siempre
de una forma periférica, como sus amores, pertenecen. Esa mencionada acidez crítica
revela, fundamentalmente, la clave de sus sensibilidades. Porque en Armiñán hay una
sensibilidad sentimental, como hay una sensibilidad social, y una sensibilidad, al cabo,
política. Contra la hipocresía, disfrazada de buena educación o a pelo; contra las fobias,
contra la intolerancia.”
186
Ahora, para cruzar fronteras en Europa, no hace falta pasaporte. Para disimular
aprensiones yo me he servido del laissez-passer, que un día me extendió el escritor Pedro
Crespo en el diario ABC de Madrid. Ya estoy al otro lado, me encuentro mucho mejor:
gracias.
¿Cómo se empieza a escribir un guión? ¿De qué hay que vestirse? No basta un simple
deseo, ni mucho menos la rutina, la costumbre del trabajo o la necesidad de ganar dinero.
Para hacer una película hay que enamorarse de ella. Yo me enamoré de “14 Fabian Road”
antes de que naciera el título, antes de saber quienes eran sus personajes: tenía un tema y
ganas de escribir.
Tampoco es raro, pero hay momentos en que ese impulso resulta imperativo. Voy a tomar
ahora un camino de circunvalación. Pido perdón por hablar de mi familia, pero creo que los
individuos cuentan poco sin su entorno: yo he nacido en España, en una época crucial.
Desde muy pequeño me gusta escribir. Todos los días escribo. Confío más en el trabajo que
en la inspiración. Hice la carrera de Derecho y me licencié en la Universidad de Madrid. Por
una razón: mis padres —y sobre todo mi abuela Carmen Cobeña— querían apartarme del
difícil camino del teatro, de la literatura, del periódico y luego del cine y de la televisión. Su
ideal se centraba en que fuera juez o funcionario, pero naturalmente no les hice ningún caso.
Mi abuela Carmen Cobeña fue una gran actriz en su tiempo, mi abuelo Federico Oliver
escultor, autor dramático y director de teatro. Mi madre fue la actriz más prometedora de su
tiempo y se retiró al casarse con Luis de Armiñán, periodista. Mis abuelos estrenaron en
España “Casa de muñecas”, de Ibsen, la primera comedia de Jacinto Benavente, y
representaron casi todas las obras de Benito Pérez Galdós y los clásicos: Lope de Vega,
Calderón de la Barca, Tirso de Molina. Valle Inclán fue actor en la compañía de mis
abuelos. A mi casa venían de visita los hermanos Machado, Pio Baroja, Azorín y un largo
etcétera. Mis abuelos murieron pobres. Mi otro abuelo —Luis de Armiñán— fue político y
cervantista. También murió pobre. Es lógico que temieran por mi futuro, pero hay cosas que
no tienen remedio.
Por estas y otras razones, por costumbre de trato y parentesco, siempre me han atraído
los cómicos y los he querido. Los actores son de mi familia, sé como cuidar su vanidad e
intento sacarles lo mejor que guardan. Dirigir una película no es trabajo sencillo y escribir
un guión, a veces, es como escalar el K-2.
No consigo entender porqué se menosprecia al guión como pieza dramática: tiene
situaciones, retratos de personajes y diálogos, como una obra teatral. Para mi el guión es
clave en la futura película. Ya sé que hay directores de cine, algunos muy ilustres, que
ignoran o incluso desprecian al guión, que improvisan diálogos o que dejan a los actores
campo libre para repentizar. En este terreno yo soy un tanto maniático y disfruto escribiendo
las acotaciones. Pienso en el lector, aunque ya sé que no es buena costumbre. También me
gusta conocer la biografía, los antecedentes familiares o de trabajo de los personajes. De
nada le sirve al montador, seguramente al productor tampoco, ni al director de fotografía,
pero para los cómicos resulta casi imprescindible.
187
En “14 Fabian Road” hay siete personajes: cuatro mujeres y tres hombres, además de
unos cuantos de menor relevancia. Sabemos la historia de todos ellos, excepto de una de las
mujeres. Y no es casualidad. Esta mujer, —joven, inteligente, maliciosa y atractiva— tal vez
perversa, se llama Vega Galindo y se mueve, quizá por celos, y seguramente por venganza.
Vega significa el misterio. Claro que Vega puede mentir, pero mucho se cuida de no hablar
de sí misma y deja que otros se imaginen quien es, de donde viene y por donde irá. Los
demás personajes cuentan en algún momento parte de su biografía o inducimos su realidad
de los datos familiares o laborales que les rodean. La otra mujer —también hermosa, joven
e inteligente— se llama Camila. Nació en Córdoba, República argentina, es escritora. Ganó
un importante premio literario y empieza de triunfadora. Ella nos cuenta la historia de su
familia y dice que estuvo casada, pero que se divorció a tiempo y no tuvo hijos. Pasó en
Londres una larga temporada, estudio en Madrid y en Oxford e hizo su tesis doctoral sobre
Julio César, de William Shakespeare. No acaba de confiar en Vega, pero termina
reconociendo que fue amante de un anciano profesor español al que abandona, porque así es
la vida. Ella misma se lo dice a Vega. Silverio (el profesor) sólo tenía un defecto: era viejo.
¿Miente la escritora Camila Ponte? ¿Y quién no miente? ¿Tiene un rincón oscuro? Hay
quien guarda siete. El nombre de Camila no es casual. Alguien —a lo largo de “14 Fabian
Road”— la relaciona con la Condesa Millarka Karstein —la vampira Camille— que
desapareció del mundo de los vivos, al cual ya no pertenecía, en 1872. Naturalmente esto es
una exageración, que inquieta a Camila Ponte.
Silverio Nieto vivía en Londres, 14 Fabian Road. En la película tiene una sola secuencia
—un flash back— y dice apenas cuatro frases. Más tarde asistimos a su entierro, también en
Londres. Sin embargo el personaje de Silverio es el motor que mueve la historia de Vega y
de Camila, historia de amor y de venganza. Silverio estuvo relacionado con las dos mujeres,
abandonó a una de ellas y fue abandonado por la otra. Silverio murió de soledad en 14,
Fabian Road.
¿Qué es una película? ¿Cómo hay que rodar una película? ¿Cual será la forma de la aún
no nacida “14 Fabian Road”? Por lo pronto no quiero que se note la técnica, aborrezco el
amaneramiento y la pedantería. Sé —por experiencia— que todo cambia al llegar a un
decorado y, sobre todo, cuando los actores están presentes. Soy, en cierto modo, el guía del
espectador, del público. Siempre desconfié de aquellos que, por alabar a una película, dicen
que su fotografía es magnífica o que la música es inolvidable. Para mi el mejor elogio es
una pregunta ingenua, por ejemplo: ¿Ah, pero tiene música? Nadie lo debe advertir: la
fotografía, la música, el movimiento de la cámara, la actuación de los actores han de formar
un conjunto por sí mismo. ¿Te has fijado que bonitos son los ojos del tigre? No,
simplemente he visto al tigre y es bellísimo... Pero ahora que lo dices los ojos del tigre son
hermosos. Lo que a mi me importa es que el público entre en la escena, que los personajes
—los actores— se enganchen al espectador y que se entiendan, que hablen en silencio en la
oscuridad del cine, que el público no advierta las miserias del trabajo, ni el movimiento de
la cámara. Por este camino llegamos a la peligrosa palabra ritmo. ¿Qué es el ritmo? Una
pausa de cinco segundos puede sobrecoger, un aluvión de palabras, que casi nunca se
entienden, abruma. En España hay un dicho que dice: no hay que confundir la velocidad con
el tocino. Ignoro si tiene su equivalencia en otro idioma, pero es cierto que la velocidad y el
tocino son muy diferentes, que no se juntan ni con engrudo, ni con un pegamento de última
generación.
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No puedo olvidar a Billy Wilder, a Cukor, ni a Fritz Lang, ni siquiera a Ford, a Huston o
a Hitchcock. Los maestros existen y no están en los museos, sino en las pantallas del mundo
entero, soplándonos su comprometida sencillez.
¿Pero que color tiene tu película? Esta pregunta es desconcertante para mí y la respuesta
—sin duda— puede rozar la pedantería. Digamos blanco y negro. El cine era blanco y
negro, pero el blanco y el negro no son colores. Hotel Palmira tiene todos los colores del
arco iris. La pintura de los grandes maestros nos ilustra visualmente. Claro que hay
excepciones bien notables: Ives Klein pintó con un solo color, azul añil profundo, y llegó a
patentarlo dándole el nombre de azul klein. Caravaggio utiliza la luz como si tuviera a su
disposición un foco cinematográfico. No olvidemos a Velázquez, ni a Goya o a Rembrandt y
a Vermeer, entre tantos otros: ellos nos han enseñado a iluminar al cine y a unir exteriores e
interiores.
Sé de autores de teatro y directores de cine que aborrecen al amarillo, porque aseguran
que Molière murió vestido de amarillo. Yo no voy a renunciar a ningún color. El campo es
verde en primavera, las flores son amarillas o moradas, el crepúsculo es cárdeno. El
decorado principal donde rodar “14 Fabian Road” —luego me referiré más extensamente a
este espacio— es un viejo convento de frailes franciscanos del siglo XVI y esta situado en el
sur de España.
Ha llegado el momento de hablar de los actores que interpretarán “14 Fabian Road”.
Vienen todos de un guión cinematográfico y se juntan entre sus páginas. Centremos la foto
familiar en cinco personajes. Hay un momento difícil, terrible, para el autor del guión: una
página en blanco.
Antes de empezar a escribir, trato de imaginar el rostro de los actores, siento su voz y los
veo moverse. En este caso —y en otros anteriores— el deseo se ha hecho realidad. Así
ocurrió con tres piezas fundamentales de Hotel Palmira: Ana Torrent (Vega Galindo),
Ángela Molina (Palmira Mendoza) y Omero Antonutti (Benson).
Ana Torrent trabajó conmigo en “El nido”, tenía entonces trece años. Yo la había visto
—de niña— en “El espíritu de la colmena” (Victor Erice) y en “Cría cuervos” (Carlos
Saura). Era una chica introvertida, tímida, a veces malhumorada, pero intuitiva y muy lista.
No sabía aún que camino tomar y dudaba entre la medicina —creo— y la carrera artística.
Por fortuna eligió la segunda opción. Ana Torrent se ha convertido en una actriz
paradójicamente sólida e ingrávida, inteligente y de una frescura admirable. Tiene unos ojos
negros maravillosos.
Ángela Molina fue la protagonista de mi película “Nunca es tarde”. Estaba al comienzo
de su carrera. Era entonces impetuosa, valiente, divertida e ingenua. Ha ido creciendo y no
ha perdido un ápice de su disparatada espontaneidad. El rostro de Ángela Molina se ha
hecho para el cine. Es la propietaria del Hotel Palmira.
189
Con Omero Antonutti nunca he coincidido, pero nos conocemos bien. Admiro su trabajo
en “El Sur” (Víctor Erice), en “El maestro de esgrima” (Pedro Olea) y en muchas otras
películas españolas e italianas. Aquí será Benson, que nació durante el cerco de Leningrado,
quedó huérfano y fue adoptado por un compositor soviético: Sergei Prokovich. Fue locutor
en Radio Moscú y a la muerte de Franco volvió a España, la tierra de su familia. En el Hotel
Palmira ha montado una emisora de radio, que según parece sólo se oye en el viejo
convento de los frailes franciscanos. Benson es republicano, bebe vodka, le gustan las
chicas y vive de la música que le dejó en herencia el compositor.
Julieta Cardinali es Camila. Al escribir no podía imaginarla, porque no la conocia.
Describí al personaje en el guión y pensé en Camila Ponte. Pero había que buscarla.
Siempre he confiado en los actores argentinos, en su magnífica escuela y en su intuición.
Nunca olvidaré a Luis Politti, a Héctor Alterio, a Margot Cottens —de la otra orilla del Río
de la Plata— a Ana María Picchio y a Marilina Ross. A todas las actrices que juntan su vena
dramática con el sentido del humor e incluso con un inesperado disfraz de payaso.
Cruzamos el charco, fuimos a Buenos Aires y nos encontramos frente a cincuenta o
sesenta actrices. Cuando vi a Julieta Cardinali no lo dudé: es Camila, me dije. A partir de
aquel momento volví a la primera página de “14 Fabian Road” y a Camila le puse el rostro
de Julieta Cardinali.
Nos falta un personaje, ya aludido: el convento franciscano del siglo XVI. También lo
conocía: ahora es un hotel lleno de encanto. El silencio es casi mágico Se recorta en un
paisaje de encinas y alcornoques. En la torre de la capilla anidan las cigüeñas. Tiene
docenas de pasillos, por donde se pierde habitualmente Camila. En una de las terrazas hay
una antena de radio, el mar está cerca y lejos. Benson —el locutor de radio Moscú—
asegura que se tarda en llegar cuarenta minutos en bicicleta y dos horas en moto. No hay
clientes en el hotel, que tiene una plantilla muy reducida: un guapo moro y una criadita
andaluza. Palmira, que fue concebida en las ruinas en el desierto, entre Damasco y el
Eúfrates, es la dueña de aquel recinto, donde parece que el tiempo se ha detenido: Palmira
es un poco bruja y un tanto misteriosa.
De nuevo —y para terminar estas rápidas notas— pido ayuda a una voz ajena a la mía:
"Se dice que todo verdadero autor no hace, a lo largo de su vida de creación, más que
insistir en un mismo tema, en una misma historia, de la que ofrece versiones distintas, tanto
como oportunidades se le presenten. Con Jaime de Armiñán, en la sustancia común a toda
su filmografía, sólo cabría decir que su historia repetida es la de dos seres de distinto sexo
que se encuentran, un poco por casualidad, y que en ocasiones se aman y en otras no llegan
a expresar su mutuo sentimiento. Con la muerte al fondo, apenas sugerida por lo general.
Como la vida misma, vista eso sí con propósitos de luz y de belleza".
Quiera hacer una pequeña salvedad: los dos seres que se encuentran en “14 Fabian
Road” son del mismo sexo, los conduce el odio, el amor y la venganza, efectivamente la
muerte está al fondo, pero no se encuentran un poco por casualidad, porque Vega Galindo ha
urdido la trama.
Jaime de Armiñán
190

JAIME DE ARMIÑÁN (Dossier)

  • 1.
    JAIME DE ARMIÑÁN Fracasocon gustavitos (1954-2008) Antolejía-Dossier Edición: Julio Tamayo cinelacion@yahoo.es
  • 2.
  • 3.
    3 NOTA Más vale unavez colorado que ciento amarillo. La frase fetiche de Jaime de Armiñán, aparece en casi todas sus series, películas, obras de teatro, libros. La que mejor resume su obra, y su propia trayectoria personal, que tiene de cualquier cosa menos de complaciente, mediocre, vulgar. Abandonó un trabajo fijo, seguro, gris, de oficinista, había estudiado derecho, luego opositado sin éxito, para hacer realidad su sueño de convertirse en narrador de historias. Cosa que logró en todas las facetas posibles, periodismo, teatro, televisión, cine, literatura, y con gran éxito de crítica y público (sobre todo en su faceta televisiva, y sólo puntualmente en cine, “El amor del Capitán Brando”, “El nido”, “Mi querida señorita”), cosa que muy pocas veces se conjuga. ¿Y qué son los gustavitos? Las tapas, las comestibles, no las de los libros. Luego fracaso con tapas. ¿Y qué tapas? La ternura y el humor. Fracaso con ternura y humor. Fracaso el vino, un vino recio, denso, del Priorato, y la ternura y el humor los entrantes necesarios para que el fracaso no se suba a la cabeza, ni baje a los pies. Un fracaso que se sobrelleva con estoicismo, con naturalidad, el éxito es muy poco español, un extranjerismo, un barbarismo. Un fracaso torrencial, si sumamos todas sus facetas creativas, la cifra supera los tres ceros. Una obra inabarcable para un español con obligaciones, cargas, y profundamente irregular, como todos los genios. Esta antolejía-dossier no tiene la finalidad de abrir boca, sino la de matar el hambre, saciarlo, con un chuletón de buey de kilo y medio. Como la vida es corta y llena de mierda, como la escalera de un gallinero, me limito a hacer quince recomendaciones (y a rejuntar en orden cronológico todos los textos que he escrito sobre él), las suficientes para tener una visión de conjunto. Quien no sepa apreciar su grandeza, tiene un problema gustativo, degustativo. Julio Tamayo
  • 4.
    4 MIS 15 OBRASFAVORITAS (en orden cronológico) 01- “Café del Liceo” (1957) (teatro) PDF: https://mega.nz/file/UqYGVSjJ#AZ0vu6oYVxoeQxjCbFLw3m3S8REh-8DjY4rmVC_Unqg Versión televisiva: https://www.rtve.es/play/videos/estudio-1/cafe-del-liceo/6755852/ 02- “Con derecho a fantasma” (1958) Eduardo de Filippo (traducción) PDF: https://mega.nz/file/wr5khZAR#WsATrlRJdg9irueEoeA4gn61Za0ObPzUT1rvaz7PARc 03- “El fúnebre” (Galería de maridos) (1960) (televisión) Guión en la página 7 04- “La oposición de Germán Ferrer” (El personaje y su mundo) (1961) (televisión) Guión en la página 13 05- “La señorita” (Tiempo y Hora) (1966) (televisión) Guión en la página 21 06- “La zorra y las uvas” (Fábulas) (1968) (televisión) Guión en la página 41 07- “El amor del capitán Brando” (1974) (cine) 08- “Suspiros de España” (1974-75) (televisión) Serie completa: https://www.rtve.es/play/videos/suspiros-de-espana-serie/ 09- “El nido” (1980) (cine) 10- “Cuentos imposibles” (1984) (televisión) + “Juncal” (primer episodio) (1988) (televisión) Serie completa: https://www.youtube.com/channel/UCPj15trIDzacqpMIcdx1OHw Juncal: https://www.rtve.es/play/videos/juncal/ 11- “Stico” (1985) (cine) 12- “Mi general” (1987) (cine) 13- “Al otro lado del túnel” (1994) (cine) 14- “La isla de los pájaros” (1999) (novela) PDF: https://mega.nz/file/07gTQD4K#QHH6vBhBrKujkeluJaFtVk6wRET5ieuM79YZZYDAmLE Germen: https://mega.nz/file/B2RkjZTC#cdWr4KbIJwvkcr7YqujPz8uiDDWHUREUgl18BQawXxE 15- “14, Fabian Road” (2008) (cine)
  • 5.
    5 ÍNDICE ANTOLEJÍA DE GUIONES 01-“El fúnebre” (Galería de maridos) (1960)………………………………………………………..7 02- “La oposición de Germán Ferrer” (El personaje y su mundo) (1961)……………………….....13 03- “La señorita” (Tiempo y Hora) (1966)…………..……………………………………………...21 04- “La zorra y las uvas” (Fábulas) (1968)…………………….……………………..…….41 DOSSIER 05- El cine según Jaime de Armiñán……………………………………………………..…67 06- Cuestionario a Jaime de Armiñán………………………………………………………69 07- Las siete vidas de Jaime de Armiñán……………………………………………….…..71 08- El feminismo montuno, ultramontano, de Armiñán……………………………………77 09- “La Lola dicen que no vive sola” (1971)……………………………………………….81 10- Feminismo en “Las doce caras de Eva” (1971)……………………………………...…83 11- Feminismo en “Tres eran tres” (1972)……………………………………………….…99 12- “El amor del capitán Brando” (1974)……………………………………………...….101 13- “Suspiros de España” (serie) (1974-75)…………………………………………...….107 14- Armiñán o el respeto por la libertad (Manuel Vázquez Montalbán)……………….…149 15- La polémica “¡Jo, papá” (1975)…………………………………………………….....151 16- “El nido” (1980)………….………………………………………………………..…..161 17- “Cuentos imposibles” (serie) (1984)…………………………………………….…….165 18- “Juncal” (Cuentos imposibles y primer episodio serie) (1984-88)…………..………..167 19- “Stico” (1985)…………………………….…………………………………………...169 20- “Mi general” (1987)…………………………………………………………………...171 21- “Al otro lado del túnel” (1994)…………………………….………………..………...175 22- “La isla de los pájaros” (1999)………………………………………………………..179 23- “14, Fabian Road” (2008)…………………………………………………….……….183
  • 6.
  • 7.
    7 EL FÚNEBRE (“Galería demaridos”, 1960) (Una chica —PAULA— está sentada en una silla. Parece muy satisfecha. Va vestida alegremente. BRUNO se acerca a ella; al fondo suena la música.) BRUNO.—Buenas tardes, señorita. PAULA.—¡Buenas tardes! BRUNO.—¿Está ocupada esta silla? PAULA.—¡No! (BRUNO se sienta. Una pausa.) ¿Usted conoce a Lolita? BRUNO.—Sí. PAULA.—¡Es prima mía! BRUNO.—Me alegro. PAULA.—¡Hoy cumple veinte años! BRUNO.—Ya lo sé. Por eso he venido. PAULA.—¿Le ha traído usted algún regalo? BRUNO.—Sí, señorita. PAULA.—¿Puedo preguntarle qué regalo le ha traído? BRUNO.—Sí. PAULA.—¿Qué regalo le ha traído? BRUNO.—Un cinturón de corcho. PAULA.—¿Cómo ha dicho? BRUNO.—Un cinturón de corcho. Tengo entendido que Lolita se va de veraneo a Ribadesella. La playa de Ribadesella es muy mala. En Ribadesella se ahogó un amigo mío. Es muy peligrosa... PAULA.—Pero Lolita nada muy bien. BRUNO.—Nunca se sabe. Los cortes de digestión son traicioneros. No es que e1 cinturón de corcho sirva de mucho, pero al menos se tiene la seguridad de recuperar el cadáver... PAULA.—¡Qué horror! (Asciende la música. Un muchacho se acerca a PAULA.) BRUNO.—¿Quieres bailar? PAULA.—Sí. ¡Gracias! (Se levanta y comienza a bailar con el CHICO. Con el rostro de BRUNO tristísimo, funde la escena. Pasamos al piso de PAULA y BRUNO. Han transcurrido algunos años. PAULA se dirige al público.)
  • 8.
    8 PAULA.—Yo me casécon Bruno, el fúnebre; le conocí aquella tarde en el guateque de mi prima Lolita. Bruno me dio el pego. Le vi tan triste, tan serio, que le confundí con un hombre interesante. ¿Por qué las mujeres, en cuanto encontramos a un hombre serio, le confundimos con un hombre interesante? Me parece estar oyendo aquella música... (Suena la música que oímos antes.) Yo bailaba con un chico... Pero no escuchaba sus palabras... Sin querer, pensaba en el melancólico Bruno y en el cinturón de corcho de mi prima Lolita; en la playa de Ribadesella y en los traidores cortes de digestión... Estaba deseando volver al lado de aquel hombre tan interesante y tan serio… (BRUNO sigue sentado. Se oye la música. PAULA regresa hasta él, de nuevo años atrás.) PAULA.—¿Sigue usted aquí? BRUNO.—Sí. PAULA.—Pensé que se habría marchado. Como no le veo bailar... BRUNO.—Bailar es una frivolidad. Además, puede ocurrirme lo mismo que a mi amigo Rafael. PAULA.—¿Qué 1e ocurrió a su amigo Rafael? BRUNO.—Mi amigo Rafael veraneaba en Gijón. Fue a una romería y se puso a bailar con una chica... PAULA.—¿Por lo suelto o por lo «agarrao»? BRUNO.—Por lo suelto. Ese fue su error... Bailaba con La chica sin darse cuenta de que allí había un precipicio sobre el mar... Estaba muy entusiasmado, porque la chica era muy mona... Se fue echando hacia atrás, dando vueltecitas... Dio una vueltecita y no volvimos a verle... Desde el prado al mar había una distancia de treinta metros... Es el baile suelto más trágico que he presenciado en mi vida... Desde entonces, yo no bailo... PAULA.—¿Y por qué dice que su error fue bailar por lo suelto? BRUNO.—Porque si baila agarrado a la chica, al menos se la hubiera llevado por delante… (Ríe, de forma un tanto siniestra.) PAULA.—¿Y eso le hace gracia? BRUNO.—Sí. (La contempla.) Es usted muy mona. ¿Quiere que bailemos? PAULA.—No sé… Después de lo que me ha contado... BRUNO.—Estoy dispuesto a hacer una excepción por usted... PAULA.—¿Y si nos caemos por el acantilado? BRUNO.—Aquí no hay acantilados. (Suena un tango.) PAULA.—Bueno... (Bailan el tango.)
  • 9.
    9 BRUNO.—Claro, que haybalcones... Lolita vive en un séptimo piso. PAULA.—No se acerque mucho a los balcones... BRUNO.—A mí me gusta el tango por lo melancólico y por lo triste. Además, me recuerda la trágica muerte de Carlos Gardel. ¡Pobre Carlos Gardel! (Salen de campo bailando el tango. Asciende la música y pasamos al decorado donde está PAULA.) PAULA.—Pero Bruno me atraía como el espejuelo atrae a la alondra. Jamás ningún muchacho había intentado enamorarme contándome desgracias. Algún tiempo después —casi nos veíamos a diario— lo encontré en un parque del paseo… (BRUNO está sentado en un banco. Es un forillo con un parque pintado. Mira su reloj. Está tan fúnebre como siempre.) BRUNO.—Lo que yo me temía... La ha atropellado un tranvía... Era natural... Cuando una persona se cita con otra a las seis en punto, y son las seis y cinco y no ha llegado, sólo puede haberle ocurrido una cosa: le ha atropellado un tranvía. (Entra PAULA en campo, muy alegre.) PAULA.—¡Hola, Bruno! ¿Te he hecho esperar? (Bruno se levanta, muy serio.) No parece que te alegre el verme... BRUNO.—Al contrario, me alegra mucho. ¿Quieres sentarte? PAULA.—Sí, quiero sentarme. (Se sientan los dos.) BRUNO.—Paula, he decidido casarme contigo... PAULA.—¡Bruno! BRUNO.—No me interrumpas. Eres muy mona, pero no es por eso. Mucho más mona que tú era Helena de Troya, y ya ves, se murió. Mucho más mona que tú era Cleopatra, y también se murió. Mucho más mona que tú era la princesa de Éboli, y, además de faltarle un ojo, se murió. Conque no es por eso. PAULA.—Entonces no me lo explico, Bruno. BRUNO.—Pienso en la vejez, y quizá en la invalidez. Dicen que «el buey suelto bien se lame», pero yo creo que si me quedo impedido necesitaré a alguien que me cuide. No me ocurra lo que a don José... PAULA.—¿Qué le ocurrió a don José? BRUNO.—Don José era un viejecito soltero. Vivía en un piso. Un día se dejó una ventana abierta y se acatarró. Intentó llegar a la ventana para cerrarla, pero como era tan viejecito iba muy despacio. En la mitad de la habitación le dio una pulmonía. Siguió avanzando, ya con cuarenta grados; cada vez entraba más frío... No pudo llegar, el pobre don José. Ya ves, tú; si hubiera estado casado, quizá viviría don José... ¿Quieres casarte conmigo?
  • 10.
    10 PAULA.—No sé... BRUNO.—Piénsalo deaquí a mañana. Buenas tardes… (BRUNO se levanta. Da la mano ceremoniosamente a PAULA y sale de campo. La chica queda sola.) PAULA.—Y me casé con Bruno. A ustedes es probable que les extrañe el que me casara con un sujeto tan fúnebre. Pero yo les voy a decir un secreto: me casé con Bruno porque estaba enamorada de él, y esto del amor es muy raro… (Suena una marcha nupcial.) Cuando terminó la ceremonia, Bruno dijo: Ya la hemos hecho buena. ¿Y saben ustedes cuál fue la felicitación que agradeció más? La de un amigo suyo, de luto, que le dio la mano, muy triste, y le dijo: Bruno, ahora ya uniditos hasta la tumba… (Pasamos al decorado del piso. BRUNO, en una butaca, está leyendo un libro. En la portada vemos el título: «El ladrón de cadáveres».) BRUNO.—«La condesa necesitaba glándulas de muerto para rejuvenecerse. Allí estaba, tan consumidita, tocando el piano, cuando su marido, el siniestro ladrón de cadáveres, empuñando la jeringuilla, se dirigió hacia ella. Detrás del cuello le inyectó las glándulas, que obraron milagrosamente en la consumida naturaleza de la condesa...» (Suena el teléfono. BRUNO levanta la vista.) Alguna desgracia... Cuando suena el teléfono siempre es por alguna desgracia... En estos casos, lo mejor es no tocarlo... (Sigue leyendo.) «En el sótano tenían cadáveres de todas clases. La condesa necesitaba siempre una buena provisión...» (Deja de sonar el teléfono.) Ya no suena el teléfono. (Se arrellana en la butaca y lee.) «Hacía una noche espantosa. Negros presagios rodeaban las torres del castillo...» (Vuelve a sonar el teléfono.) ¡No tiene arreglo! ¡Cuando las cosas van mal, no tienen arreglo! (Descuelga.) ¿Diga?... Ya me pongo en lo peor. ¿Diga usted? ¿Dos localidades para «La quimera del oro»? Me parece que se confunde usted, caballero... Aquí no ponemos «La quimera del oro»... En todo caso le aconsejo que vaya a ver una película bien triste y no esa tontería de «La quimera del oro»... ¡Además, se ha equivocado usted! ¡Esto es la funeraria! (Cuelga, riendo siniestramente, y se dirige a su sillón. Entra PAULA.) PAULA.—Buenas noches, Bruno. BRUNO.—Buenas noches. Ya me tenías intranquilo. PAULA.—Milagro. (Le da un beso y se sienta junto a él.) Al entrar me pareció que te reías. BRUNO.—Sí. (PAULA le mira asombrada.)
  • 11.
    11 BRUNO.—Parece que teextraña. PAULA.—No... Es que me ha cogido de sorpresa... Como no te reías desde el año cuarenta y ocho... BRUNO.—Es que soy muy gracioso... PAULA.—¡Cuenta! ¡Cuenta! BRUNO.—Figúrate que ha llamado un tipo creyendo que esto era un cine... Quería comprar dos localidades para ver «La quimera del oro», y entonces yo le he dicho... PAULA.—¿Qué le has dicho? BRUNO.—¡Que se había confundido! ¡Que esto es la funeraria! (Ríe.) ¿A que soy gracioso? No creo que a nadie se le haya ocurrido nunca dar por teléfono una réplica tan graciosa... PAULA.—Sí que es gracioso... BRUNO.—Pero ya está bien de reírse. Hay una enfermedad horrible que se llama «mal de la risa». Empieza uno tan contento, tan contento, y de pronto se le desencajan las mandíbulas... PAULA.—¡No me cuentes esas cosas horribles, Bruno! ¡La risa es muy bonita! BRUNO.—¿Que la risa es bonita? ¿Cuál es el animal más siniestro del mundo? ¿Es la gallina? ¡No! ¡No es la gallina! ¿Es la mosca? ¡Tampoco es la mosca! ¡Es la hiena! Y ¿qué hace la hiena? ¡Se ríe! ¡La hiena se ríe! PAULA.—¡Calla, Bruno! ¡Me estás poniendo los pelos de punta! (Tratando de cambiar de conversación.) ¿Sabes...? ¡He estado en el sastre! BRUNO.—No sé para qué se va a comprar uno trajes... PAULA.—¡Para estar guapa! BRUNO.—¿Te he contado la historia de aquel amigo de mi padre que se iba a comprar un traje...? PAULA.—¡No! ¡No me la cuentes! (Saca varias muestras del bolsillo.) Necesitas un traje... Escoge entre todas estas muestras... BRUNO.—¿Tú crees? (Los mira distraído.) No... Marrón no puedo llevarlo... Ni este a cuadritos tampoco... Y mucho menos azul... ¡Ni gris clarito! ¡Pero, por Dios, Paula! ¿Por quién me has tomado? Si quieres que me haga un traje, tendrá que ser negro... PAULA.—¡Ya tienes siete trajes negros! BRUNO.—Nunca está de más. Suponte que te da una gripe... PAULA.—¡Bruno! BRUNO.—Hay que ser realista, Paula... La ropa, al teñirla, se hace polvo... Más vale que sea negra, negra de entrada... (PAULA le mira, muy triste.) Está bien. Haré una excepción: en vista de que es verano, encárgame un traje gris marengo. ¡Pero que sea bien oscurito! (PAULA se pone en pie y sale de la habitación.) No hay quien entienda a las mujeres... Les concede uno un capricho, y encima se enfadan... ¡Paula! PAULA (Off ).—¿Qué quieres? BRUNO.—¿Me has traído el periódico de la noche? PAULA (Off).—¡Lo he dejado encima de la mesita! ¿No lo ves? BRUNO.—¡Sí! (Toma el periódico y lo despliega.) Sucesos... Sucesos... Sucesos... (Busca la página de sucesos, ávidamente.) Aquí está... (PAULA vuelve y se sienta con un libro entre las manos.) «Asesina a una anciana, a hachazos, para robarla. Teruel, 9...»
  • 12.
    12 PAULA.—¡No leas eso,Bruno! BRUNO.—¡Pero si es muy bonito! (Pasando la mirada por la página.) Da gusto cómo vienen los periódicos: «Se despeña un autobús en la provincia de Ciudad Real, y mueren todos sus ocupantes». PAULA.—¡Por favor, Bruno! BRUNO.—Está bien... ¡Cuántas esquelas! Para que luego digan que en verano se muere menos gente... Fíjate, Paula, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... ¡Lo mismo que en invierno! PAULA.—¡Bruno, deja ese periódico! BRUNO.—Como quieras… (Abandona el periódico y toma el libro.) PAULA.—¡Deja también El ladrón de cadáveres! BRUNO (Condescendiente).—Y tú, ¿qué lees? PAULA.—¿Yo? Caperucita Roja. ¡Para equilibrar la balanza! BRUNO.—Caperucita Roja es muy bonito... Muere el lobo, y muere la abuelita y muere la mismísima Caperucita Roja... PAULA.—¡Pero luego los salvan los leñadores! BRUNO.—¡Que te crees tú eso! ¡Es un final amañado y blandengue! ¿Quieres saber cuál es la verdadera historia de «Caperucita»? PAULA.—¡No! ¡No quiero saberla! (PAULA, se pone en pie. BRUNO La imita. La contempla muy serio.), ¿Por qué me miras así? (BRUNO se acerca a ella.) ¿Por qué me miras así, Bruno? BRUNO.—Tienes el blanco de los ojos amarillo... Mal síntoma, Paula... Tío Gerardo empezó igual... Se le puso el blanco de los ojos amarillo de tanto comer huevos fritos, y luego el resto del cuerpo también se le puso amarillo. Después se convirtió en chino, pero duró muy poco... El pobre tío Gerardo no resistió la impresión. PAULA.—¡Bruno! (Huye de su marido y desaparece.) BRUNO.—El caso es que es muy mona. (Avanza hacia el teléfono y marca un número.) ¿Es la sastrería?... Soy Bruno Méndez... (Baja la voz.) Oiga usted, cuando vaya mi mujer a encargarles un traje gris marengo, no le hagan caso… Háganmelo negro... Lo voy a necesitar pronto... (Cuelga y avanza hacia la cámara.) Desgraciadamente, abundan los sujetos como Bruno el fúnebre, y, justo es reconocerlo, no les faltan motivos... Lo que ocurre es que, a la página de sucesos, debemos intentar oponerle, como hace Paula, el cuento de Caperucita Roja, que acaba bien. No lo duden ustedes: acaba bien. (Aparece la palabra fin.)
  • 13.
    13 LA OPOSICIÓN DEGERMÁN FERRER (“El personaje y su mundo”, 1961) Una mesa junto a la cual se sientan tres catedráticos —de espaldas a la cámara—. La mesa está sobre un estrado. Suponemos que la sala se pierda al fondo. Los rótulos van sobreimpresionados con un montón de libros de texto. Suena la música. Una música triste y melancólica. El Secretario del tribunal llama: SECRETARIO: ¡Número 2.313! ¡Don Germán Ferrer Castro! Una breve pausa. ¡Número 2.313! ¡Don Germán Ferrer Castro! Avanza hasta el tribunal el opositor. Es un hombre de unos treinta y cinco años, vestido con pulcritud y humildad. Sonríe con timidez y lleva gafas. GERMÁN: Buenos días. El Presidente del tribunal inclina la cabeza. PRESIDENTE: Siéntese. GERMÁN: Con su permiso. PRESIDENTE: Saque tres bolas. GERMÁN: Sí, señor. Toma el pequeño bombo que hay sobre la mesa. ¿Puedo beber un vaso de agua? El Presidente inclina la cabeza. Germán bebe. Tres bolas... Tres bolas... Las va extrayendo. Cuatrocientos catorce. Setenta y dos. Ciento nueve. Las entrega al Presidente, que comprueba los números.
  • 14.
    14 Que corresponden alos temas... Lee un programa. Las obligaciones profesionales de los comerciantes. El matrimonio. Y la ley de 27 de diciembre de 1947. Carraspea. PRESIDENTE: Muy bien. Germán Ferrer saca un reloj y lo pone encima de la mesa. Tiene usted quince minutos. GERMÁN: Sí, ya lo sé. Toma la jarra. Perdón. Bebe un vaso de agua. PRESIDENTE: Quince minutos. Vuelve a carraspear. Obligación referente a la contabilidad y a la conservación la correspondencia... Se detiene. ¿Puedo fumar? El Presidente inclina la cabeza. Germán saca una cajetilla. ¿Ustedes fuman? Ninguno habla. Perdonen... Me tranquiliza... Esto de fumar me tranquiliza… Ya sé que no debía hacerlo; pero como son ustedes tan amables... Enciende el pitillo.
  • 15.
    15 La obligación referenciaa la contabilidad y a la con... con… conservación de la co... de la corres... de la correspondencia. Ha comenzado a tartamudear. PRESIDENTE: Cálmese. Germán asiente. Luego se vuelve hacia el público. Tiene usted quince minutos. GERMÁN: Sí, señor. Reanuda el examen. Obligaciones profesionales de los comerciantes. Se calla. ¿Les importa a ustedes que cambie el orden de los temas? Preferiría decir antes otro y después éste. PRESIDENTE: Es lo mismo. GERMÁN: Muchas gracias. Lee el cuestionario. Bien. Tenemos «El matrimonio». «Las obligaciones profesionales de los comerciantes» y «La ley de 27 de diciembre de 1947». Empezaré por la ley de 27 de diciembre de 1947. Cierra los ojos e intenta concentrarse. Se refiere a la falsificación de la moneda. Las figuras de delito de esta ley son, según el artículo 263, cuatro... Comienza a quitarse las gafas y a ponérselas con gesto nervioso. Al que fabricare moneda falsa. Al que cercenare o alterase la moneda falsa. ¡No! La moneda buena... O sea la válida… Tercero. La expedición de moneda... No, ése es el cuarto. Tercero. Al que introdujere moneda falsa, cercenada o alterada, y cuarto, la expendición de moneda falsa, cercenada o alterada. Apaga el cigarrillo.
  • 16.
    16 La costumbre delcomerciante de inscribir en una determinada forma de contabilidad y de resumir periódicamente las anotaciones en un balance… PRESIDENTE: Estaba usted refiriéndose al tema ciento nueve. GERMÁN: Sí... Al tema ciento nueve... Y me he pesado al otro… Perdón. Bebe un vaso de agua. PRESIDENTE: Tiene usted doce minutos. GERMÁN: Doce minutos. Tres por cuatro doce. A más de tres minutos por tema. Intenta concentrarse. Estaba refiriéndome a la ley de... de... de 27 de diciembre de 1947. Según el artículo 284 se entiende por moneda: al papel moneda, billetes del Estado y de banco y... y... Se pone las gafas. El matrimonio es el único modo constitutivo de la sociedad conyugal y, a la vez, base fundamental de la familia… PRESIDENTE: Se refiere usted al tema setenta y dos. GERMÁN: Eso es. PRESIDENTE: Pero estaba usted diciendo el ciento nueve. GERMÁN: Sí. Se quita las gafas. La falsificación de moneda tiene que tener una falsificación tal que sea posible pasarla entre el público... Entre el público... O sea, no es necesario que sólo la puedan distinguir los peritos... porque en ese caso... En ese caso... Si las monedas falsificadas sólo fueran o fuesen reconocidas por los peritos... Va desinflándose. Por los peritos... Sólo fuesen reconocidas por los peritos... Una ligera pausa. Germán mira a sus jueces desamparado. PRESIDENTE: ¿Ha terminado ya? GERMÁN: Le juro a usted que me sé los temas. PRESIDENTE: Continúe. Mira el reloj.
  • 17.
    17 Tiene nueve minutos. Germánse tapa la cara con las manos. GERMÁN: Voy a empezar por el matrimonio. Breve pausa. Es opinión corriente la de derivar la palabra castellana «matrimonio» de la latina «matrimonium». Se calla. ¿Puedo retirarme? El Presidente, sorprendido, mira a sus colegas. PRESIDENTE: Ahora iba usted muy bien. GERMÁN: No sé seguir. PRESIDENTE: Retírese. GERMÁN: Sí, señor. No se mueve. PRESIDENTE: ¿Qué le ocurre? GERMÁN: Nada, ya me voy. ¿Cuánto tiempo me quedaba? PRESIDENTE: Ocho minutos. GERMÁN: Tengo derecho a esos ocho minutos, ¿verdad? Ya sé… Ya sé que estoy suspendido... Que tampoco esta vez sacaré la plaza... Pero quisiera, quisiera pedirles a ustedes un favor… Pierdan ocho minutos conmigo. PRESIDENTE: Continúe. GERMÁN: No, no es eso... No voy a hablarles del matrimonio, ni de la ley de 27 de diciembre de 1947, ni de las obligaciones del comerciante, aunque yo les juro que me sé esos temas y los quinientos nueve del cuestionario... Llevo estudiando once años a más de diez horas diarias... Calculen ustedes las horas que he pasado estudiando... Voy a hablarles de cualquier otra cosa... por no dejar de hablar... Para que me vean... No, no trato de gastarles ninguna broma.. ¡sí que estoy para bromas! Ahí detrás... En un banco... En el último banco de la sala están mis padres... Han venido del pueblo a darme fuerzas... Son viejos... Si yo me levantara ahora les causaría mucha pena... Sabrían que he fracasado otra vez... En cambio, si permanezco sentado los quince minutos, si me ven hablar, puedo decir luego que conmigo se ha cometido una injusticia... Perdónenme, no se va a enterar nadie más que ellos... Que yo no tenía recomendación y, al menos, eso les consolará. ¿Me dejan decir que ha sido una injusticia y que yo no tenía recomendación?
  • 18.
    18 El Presidente inclinala cabeza. Muchas gracias. Una breve pausa. Yo empecé la carrera de Derecho en 1946... Vine del pueblo, como tantos otros... Ya sé que esto no les importa... No es necesario que me escuchen... yo lo que quiero es que me dejen hablar... mis padres tenían un pequeño negocio y yo, en lugar de trabajar en casa, me empeñé en estudiar... Ahora me doy por vencido... Vivía en una pensión... Todas las semanas me mandaban dinero y un paquete de comida, porque en la pensión se comía muy mal... Y yo estudiaba... Fui un alumno brillante. Aprobé todos los cursos. Saqué matrículas y sobresalientes. Pueden ustedes preguntar por mí a don Federico de Castro y al señor Garrigues y al señor Urcisino… Me conocen bien... Yo era muy distinto... Tenía confianza en mí mismo. Al acabar la carrera mi padre me regaló un reloj. Se lo enseña. Mírelo. «A Germán, abogado, con el cariño de su padre.» Era el mes de junio de 1951. Abogado. En España todo el mundo es abogado. Y decidí hacer oposiciones. Yo creí que esto de las oposiciones sería lo mismo que lo de la carrera. Empecé notarías. Me encerré a estudiar. Desde 1951 hasta hoy han pasado once años. ¡Once años estudiando para nada! Sigo siendo estudiante y, mire, ya tengo el pelo blanco por las sienes. He perdido la cuenta de las convocatorias. Cada vez vengo con más miedo... Lo que llevo en la cabeza no lo puedo decir… Soy muy nervioso... Incluso fui a un psiquiatra... He hecho de todo... Soy un hombre inteligente... Le doy mi palabra de que soy un hombre inteligente, y no lo tomen a vanidad… Quieren saber lo que he hecho durante estos once años? Estudiar desde las seis de la mañana a las ocho de la tarde… Irme a dar una vuelta por el barrio y a tomar una caña con otros opositores y hablar de derecho mercantil, de derecho civil y de leyes. Sé mucho más que cientos de opositores que han aprobado. No he visto el sol. Estoy pálido. Ya no tengo fuerza en los brazos. ¿Y para qué? ¿Qué buscaba yo? Ahora me doy cuenta de que he sido un imbécil y he perdido la juventud. Otros, que valían infinitamente menos que yo, son diplomáticos, técnicos, abogados del Estado, notarios, registradores. No voy a culpar al sistema. ¡Yo soy el culpable! ¿Pero creen ustedes que es lógico que un hombre se juegue su porvenir en quince minutos? ¿Que en quince minutos haya de decir tres temas? ¿Que valga más el que tiene más memoria? ¡No es justo! Da un golpe en la mesa. ¡No es justo! Se calla.
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    19 Perdónenme. Estoy abusandode su bondad. ¿Cuánto tiempo me queda? PRESIDENTE: Tres minutos. GERMÁN: Me marcho al pueblo. No me verán más por aquí. Intentaré recuperar lo que he perdido. Al menos, en el comercio de mis padres. Colgaré el título de abogado que, poco a poco, se irá llenando de polvo. Toma el reloj y comienza a ponérselo. «A Germán, abogado, con el cariño de su padre.» Sonríe. Yo tuve una novia. Se llamaba Rosita. La conocí en la pensión. También venía de un pueblo y trabajaba en el Ministerio de Marina. Ella sí había ganado sus oposiciones. Todas las noches, después de cenar, me tomaba los temas en el comedor. ¿Les he dicho que era muy mona? Doña Soledad —la dueña de la pensión— me dejaba un vaso de leche. Yo estaba muy enamorado de Rosita. Algunas veces se ha sentado en ese banco, donde hoy están mis padres, para animarme, y una y otra vez me ha visto levantarme sin despegar los labios o después de haber tirado un vaso de agua al presidente del tribunal... Yo soy muy nervioso... Un día, Rosita... Bueno, cuando les conté antes que tomaba una caña todas las noches me olvidé decirles que mi novia solía acompañarme. ¿Por dónde íbamos? ¡Pobre! ¡Hemos sido novios diez años! Un día trasladaron a un compañero de Rosita a su negociado. Era de Bilbao y se llamaba Jacinto. Ella, estoy seguro, luchó contra Jacinto hasta que se le acabaron las fuerzas. Noté que Rosita se había enamorado porque ya no me tomaba las lecciones en el comedor de doña Soledad. Porque me huía, Dios sabe que no le guardo rencor. Se casaron, Ahora tienen ya un hijo. Un hijo que podría ser mío. Golpea la mesa. ¡No es justo! ¡También eso me lo han robado los quinientos temas de la oposición! Germán, mientras hablaba, fue haciendo pajaritas de papel. Ahora, la mesa casi está llena. Anoche llegaron mis padres del pueblo... Yo no quería que viniesen aquí... Pero se han empeñado... «Ya verás como ahora sacas la plaza...», me dijo mi madre... Con nosotros allí no puedes fallar... Piensa en nosotros y desde lejos te daremos fuerzas... No te pongas nervioso... Sabes mucho más que los demás... Nos lo ha dicho el registrador... ¿Cuánto falta? Se detiene.
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    20 PRESIDENTE: Quince segundos. Haceuna pausa que dura ese tiempo. El Presidente hace sonar un timbre. GERMÁN: Quince segundos... Los últimos quince segundos… ¡Ya está! Comienza a guardar los programas en la cartera. Muchas gracias. Han sido ustedes muy buenos. No lo olvidaré nunca. Los mira en silencio. Luego habla con voz apagada. Miren a un hombre oscuro que ha fracasado y que no sirve para la administración y que a lo mejor servía para otra cosa. Se levanta. Buenos días. Da la vuelta y se aleja. La mesa está llena de pajaritas de papel. El Secretario llama. SECRETARIO: ¡Número 2.314! ¡Don Santiago Álvarez Álvarez! Asciende la música. La cámara llega hasta las pajaritas de papel. Aparece la palabra «Fin».
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    21 LA SEÑORITA (“Tiempo yHora”, 1966) Una habitación humilde. Hay una cama. Una pequeña ventana. Un armario. Es el cuarto de una chica de servir. La chica —se llama Guadalupe y le dicen “Lupe”— está sentada al borde de la cama. Tiene los ojos llenos de lágrimas. Cerca de ella hay una pobre maleta abierta y llena de ropa. Se abre la puerta. Entra otra muchacha: Loren. Es un poco mayor que Lupe. Trae un montoncito de ropa. LOREN.—¿Estás mejor? LUPE.—Sí. LOREN.—Pues no lo parece. Lupe se encoge de hombros. Te he traído esto. Lupe no responde. Lo he lavado yo misma. LUPE.—Gracias. LOREN.—No te ibas a ir con la ropa sucia... LUPE.—Es lo mismo. LOREN.—¿Te la guardo en la maleta? LUPE.—Déjala ahí. LOREN.—Hija, no lo tomes así. Lo único que no tiene remedio es la muerte... LUPE.—Es que yo preferiría estar muerta. LOREN.—No digas eso, que es un pecado. Lupe no responde. Loren guarda la ropa en la maleta. Encuentra un tríptico de plástico con tres fotografías. ¿Estos son tus padres? LUPE.—Sí.
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    22 LOREN.—¿Y éste esél? Lupe calla. A cualquier hora llevaba yo su fotografía. LUPE.—Es mi hermano. LOREN.—Muy majo. Lo observa. Aquí está de soldado. LUPE.—Ya lo ves. LOREN.—¿Dónde hizo la mili? LUPE.—No lo sé. LOREN.—¿No lo sabes? LUPE.—No me acuerdo. LOREN.—¡Hay que vivir...! Deja el tríptico en la maleta. ¿A dónde vas? Lupe no dice nada. ¿Al pueblo? LUPE.—No. LOREN.—¿Viven tus padres? LUPE.—Sí. LOREN.—¿Y lo saben? LUPE.—No. LOREN.—¿Quieres un consejo? LUPE.—No. LOREN.—Mujer... Yo lo hago por tu bien... Se ha sentado junto a ella. Lo mejor es decirlo. Lo sueltas de golpe y como ya no tiene remedio... No eres la primera…
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    23 LUPE.—¿Qué hora es? LOREN.—Lassiete y cinco. Una pausa. ¿Y si no vas al pueblo, adónde piensas ir? LUPE.—A casa de una tía. LOREN.—¿Te vas a quedar allí los siete meses? LUPE.—Sí. LOREN.—Dame las señas. Lupe no responde. ¿Me has oído? LUPE.—Sí. Una pausa. No quiero ver a nadie. LOREN.—Yo lo digo por si te envían aquí alguna carta... LUPE.—Nadie va a escribirme. LOREN.—¿Ni él? Lupe calla. Desde luego los hombres no pagan ahorcados... Nuevo silencio. ¿Dónde vive tu tía? LUPE.—En Sepúlveda. LOREN.—¿Y tus padres? LUPE.—En La Velilla. LOREN.—¿Cae cerca? Lupe asiente.
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    24 ¿Y tu noviodónde está? Lupe se encoge de hombros. ¿Te preparo una taza de tila? LUPE.—No. LOREN.—A lo mejor te sentaba bien una taza de tila... Como estás nerviosa... LUPE.—No estoy nerviosa. LOREN.—Entonces, una copa de coñac. Eso levanta el ánimo... Lupe no dice nada. Hija, desde luego es como si le lavaras la cabeza a un tiñoso. Comprenderás que a mí todo esto ni me va ni me viene… LUPE.—Perdóname, Loren. LOREN.—Yo lo comprendo. LUPE.—Te lo agradezco mucho. LOREN.—No tienes por qué agradecerme nada; hoy por ti y mañana por mí... Ríe. ¡Qué tonterías estoy diciendo! Cualquiera pilla a la hija de mi madre... Tú eres una tonta, una ingenua que no sabe en qué mundo vive... ¿Quieres un consejo? Lupe mueve la cabeza negativamente. Tienes razón: ya es tarde para darte un consejo. Una pausa. ¿A qué hora sale el tren? LUPE.—A las nueve. LOREN.—¿Has sacado billete? Lupe asiente. Loren se acerca a ella. Pues aunque no quieras un consejo pienso dártelo: habla con la señorita. Habla francamente con ella. La señorita es una santa… * * *
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    25 Del rostro deLupe, que no responde a su amiga, pasamos al de una mujer de edad indefinida. Está bebiendo lentamente una taza de té. La deja —con delicadeza— sobre una mesita. MARITA. Yo debo de tener un antepasado inglés... Marita —así se llama la mujer— está en una habitación de su casa. Una habitación un tanto recargada y, desde luego, fuera de tiempo. Le acompañan dos damas aproximadamente de sus mismas características. Se llaman Leonor y Anuncia. LEONOR.—A mí también me vuelve loca el té... ANUNCIA.—El café tampoco está mal. MARITA.—Es otra cosa. LEONOR.—¿A vosotras os desvela? ANUNCIA.—¿El qué? LEONOR.—El té. ANUNCIA.—No. LEONOR.—¿Y el café? ANUNCIA.—Tampoco. MARITA.—Yo nunca tomo café. ANUNCIA.—Pues hija, yo, sin mi buen café con leche de la mañana, soy incapaz de dar un paso. MARITA.—Eso son costumbres. Yo, si el café no es muy bueno, prefiero no tomarlo. ANUNCIA.—¿Insinúas que en mi casa no se hace buen café? MARITA.—Hija, yo no he insinuado nada. Se vuelve hacia Leonor, que está tomando una pasta. ¿Verdad, tú? LEONOR.—¡Yo soy neutral! Ríe. Exquisitas pastas. ¿Las haces tú misma? MARITA.—Son de la “Bella Pastora”. LEONOR.—Ya decía yo... Mordisquea otra. Inconfundibles. Inconfundibles…
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    26 MARITA.—A mí mecansa la cocina. ANUNCIA.—Sí... Es muy esclava... MARITA.—Volviendo al tema del café... ANUNCIA.—No tienes por qué volver a ese tema... MARITA.—Mujer, no te piques. ANUNCIA.—No me pico. MARITA.—Es que te debo una explicación. Vosotras sabéis que papá era cubano. Él, que en paz descanse, nos hacía siempre el café. En un pucherito de barro y con manga. Sin que hirviera el agua, porque el agua no tiene que hervir jamás; digan lo que digan los italianos, que de esto del café no saben una palabra, por muchas cafeteras que inventen. ANUNCIA.—Te diré que mi cafetera... MARITA.—Permíteme. ANUNCIA.—Hace un café riquísimo. MARITA.—Modernismos. LEONOR.—¿Habéis probado estas de piñoncitos? MARITA.—Volviendo al tema que nos ocupa... LEONOR.—Son como hechas en casa... MARITA.—Son mejor que hechas en casa. Se dirige a Anuncia. Resumiendo: desde que murió papá, que en paz descanse, no he vuelto a probar el café. ANUNCIA.—Es una muestra emocionante de amor filial. MARITA.—No es amor filial: es reconocimiento al mérito. Por desgracia, las cosas de ahora ya no son como las de antes… ANUNCIA.—Eso es cierto: se han invertido los valores. LEONOR.—Las pastas son mucho más pequeñas. MARITA. Las pastas y otras cosas. LEONOR.—Y otras cosas, sí, otras cosas... ANUNCIA.—¿A qué os referís? MARITA.—Hablábamos en general... Toma la tetera. Ahora ya no echo de menos el café. Sirve a sus amigas. Por eso os decía antes que debo de tener un antepasado inglés...
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    27 Al tiempo quepronuncia esta frase se abre la puerta y entra en la habitación Loren. Trae una bandeja con una jarra de porcelana. Se acerca a la mesa de las señoras. Marita destapa la tetera. ¿Está caliente? LEONOR.—Sí, señorita. MARITA.—¿No se te habrá enfriado por el camino? LEONOR.—No, señorita. MARITA.—Como el pasillo es tan largo... Loren echa agua en la tetera. ¿Y Lupe? LEONOR.—Haciendo la maleta. Marita suspira. MARITA.—¿Está decidida a marcharse? LEONOR.—Creo que sí, señorita. MARITA.—Allá ella. Esta casa es su casa. LEONOR.—La señorita es muy buena... MARITA.—Si no vamos a tener caridad con el prójimo cuando falta, Loren… Vuelve a suspirar. Dile que antes de irse debo de hablar con ella. LEONOR.—Sí, señorita. Una pausa. ¿Quiere usted algo más? MARITA.—No. Loren salen de la habitación. Qué pena de chica... Tan dispuesta, tan trabajadora, tan seriecita…
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    28 LEONOR.—Las chicas, hoyen día, tienen demasiada libertad. MARITA.—Es cierto. Y no saben usarla. Mucho pantalón, mucho fumar, mucha moto, mucho “cock-tail”... ANUNCIA.—Mujer, tampoco creo que Lupe fuera a demasiados “cock-tails”... MARITA.—Por lo visto, a los suficientes... ANUNCIA.—Esas cosas han ocurrido siempre. MARITA.—Ahora en mayor escala. Nosotras éramos distintas. LEONOR.—Estoy de acuerdo con Marita. MARITA.—La juventud de hoy es diferente. Tú lo has dicho hace un momento, Anuncia, mujer: se han invertido los valores. Anuncia asiente. Claro que yo tengo a salvo mi responsabilidad. Y además, le he dicho que se quede. Es ella quien quiere marcharse. LEONOR.—En eso has tenido suerte. Marita mira a su amiga con frialdad. MARITA.—Bien sabe Dios que yo no la he provocado. ANUNCIA.—¿El qué? MARITA.—La suerte. ANUNCIA.—Una cosa así siempre resulta una lata. MARITA.—Algo más que una lata: es una tragedia. ANUNCIA.—Eso he querido decir. LEONOR.—¿Se han enterado en el barrio? MARITA.—No, mujer. Afortunadamente... Las mira con cierta desconfianza. Cuento con vuestra discreción. ANUNCIA.—Puedes contar. ¿Verdad, Leonor? LEONOR.—Desde luego. Una pausa. ¿Dónde consigues esta mermelada? MARITA.—Donde todo el mundo: en la tienda de ultramarinos. LEONOR.—Creí que era hecha en casa. MARITA.—Es de fábrica.
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    29 Toma una cajetillay enciende un cigarrillo. Sus dos amigas la observan en silencio. Ella les ofrece un pitillo. ANUNCIA.—No, gracias. LEONOR.—No fumamos. MARITA.—Es mi único vicio. ANUNCIA.—¿Has fumado delante del padre José María? MARITA.—¿Por qué no? ANUNCIA.—Qué valor, hija... MARITA.—Fumar no es malo. ANUNCIA.—En principio, no; pero... MARITA.—¿Pero qué? ANUNCIA.—Nada. LEONOR.—Yo tengo que probar un día... Anuncia le mira secamente. Leonor parece desinflarse. En Navidad... Una pausa. MARITA.—Bueno, chicas... ANUNCIA.—Tú dirás. MARITA.—Estamos perdiendo el tiempo. LEONOR.—Yo sigo pensando en el festival taurino. Los festivales dan mucho dinero. MARITA.—Pero hacen falta toreros y becerros. ¿Quién iba a torear para nuestros pobres? LEONOR.—"El Cordobés". MARITA.—No tiene otra cosa que hacer "el Cordobés". LEONOR.—Se le pide... ANUNCIA.—Esta es idiota... LEONOR.—Mujer... MARITA.—Debemos ser realistas. LEONOR.—Es lo que yo estaba diciendo. Marita la mira en silencio, fríamente. Perdona. MARITA.—Creo que lo mejor es montar una función de teatro. LEONOR.—¡Qué buena idea has tenido, Marita! ANUNCIA.—¿Y qué función?
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    30 LEONOR.—¡"El divino impaciente"!¡"El divino impaciente" siempre ha gustado muchísimo aquí! ¿Os acordáis del año treinta y cinco? MARITA.—Hay una dificultad. LEONOR.—¿Cuál? MARITA.—¿Quién lo interpreta? LEONOR.—No lo sé... MARITA.—Aquí no hay aficionados al teatro. ANUNCIA.—Sí que es una lata... MARITA.—Más que una lata, es una tragedia. LEONOR.—Eso queremos decir. MARITA.—Yo tengo una idea. Leonor ríe. ¿Qué pasa? LEONOR.—Fumas muy bien... ANUNCIA.—No seas idiota, Leonor. LEONOR.—Yo lo decía... ANUNCIA.—Cállate. MARITA.—Podemos dar la función con los niños. ANUNCIA.—¿Con qué niños? MARITA.—Con todos los niños. ANUNCIA.—No te sigo. MARITA.—¿Cuánto dinero necesitan nuestros pobres? ANUNCIA.—Mucho. Por desgracia, mucho. MARITA.—Reunimos a cuatrocientos niños y damos la función con ellos. Claro que tienen que ser cuatrocientos niños ricos. ANUNCIA.—¿Estás bromeando? MARITA.—En absoluto. Pongamos una media de tres parientes por niño. Cuatro por tres, doce. Mil doscientas localidades. Tenemos asegurada la venta de mil doscientas localidades. Sin contar a las familias numerosas... ANUNCIA.—¿Y qué pueden hacer cuatrocientos niños? MARITA.—Tonterías. Se les saca al escenario por grupos: unos cantan, otros recitan, otros bailan. Algunos hacen pasadas mudas... Cuadros plásticos... ANUNCIA.—¿Y el comité tiene que ensayar con cuatrocientos niños? MARITA.—Claro. ANUNCIA.—Podemos volvernos locas. LEONOR.—Eso es: podemos volvemos locas. MARITA.—Es nuestro deber. LEONOR.—¿Y tu no crees que "El divino impaciente"...? Una mirada de Marita hace enmudecer a Leonor.
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    31 MARITA.—Debemos de pensaren el prójimo. Todos los sacrificios son pequeños... Loren vuelve. Anuncia a Marita: LEONOR.—Lupe se marcha. MARITA.—¿Le has dicho que quiero hablar con ella? La chica asiente. Dile que estoy en la salita. Loren asiente de nuevo. Va hacia la puerta y allí se vuelve. LEONOR.—¿Qué ponemos esta noche de cena, señorita? MARITA.—Judías verdes rehogadas y merlucita en blanco. LEONOR.—¿Nada más? MARITA.—Hay que cenar poco. Debemos de ser parcas. LEONOR.—Sí, señorita. La chica sale definitivamente. Marita apaga el pitillo y suspira. MARITA.—Me perdonáis, ¿verdad? ANUNCIA.—Tómate el tiempo que necesites. MARITA.—Es un triste caso... Se pone en pie suspirando. Esta bulsitis va a acabar conmigo... Un día u otro tendré que decidirme y afrontar el quirófano... Llega a la puerta. Estáis en vuestra casa. Ni Anuncia ni Leonor responden. Marita sale. Recorre un pequeño pasillo. Endereza un cuadrito y coloca bien el teléfono. Abre una puerta y entra en la sala. La sala es una habitación casi herméticamente cerrada, donde —sin duda— huele a humedad y que se utiliza en las grandes ocasiones. Marita entra. Enciende la luz eléctrica. Se acerca a una vitrina y, con un pañuelo, limpia tal vez una huella imaginaria. Alguien llama —suavemente— a la puerta.
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    32 ¡Adelante! Lupe abre. Seha puesto un abriguito raído. Martita no dice nada. LUPE.—Buenas tardes. MARITA.—¿Por qué te quedas ahí parada? LUPE.—Es que no sé si entrar la maleta o dejarla en el pasillo. MARITA.—Déjala en el pasillo. LUPE.—Con su permiso. Lope entra. MARITA.—Y cierra la puerta. Marita se ha sentado. Lupe entra. Está indecisa, no sabe qué hacer. ¿Has hablado por teléfono? Lupe no responde. El teléfono estaba colgado al revés… LUPE.—He sido yo, señorita. MARITA.—Ya. Una breve pausa. No me gusta que se utilice sin mi permiso. Recordarás que el mes pasado pagamos un dineral de teléfono... Lupe no responde. Supongo que no habrás hablado con ese sinvergüenza... Lupe niega. ¿Con quién, entonces? LUPE.—Llamé para pedir un taxi.
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    33 MARITA.—¿Un taxi? La chicaasiente. ¿Para quién? LUPE.—Para mí. MARITA.—¿Te vas en taxi? Lupe calla. Es una novedad. Mira insistentemente a la chica. ¿No es suficiente para la señorita el tranvía o el autobús? LUPE.—No me dejan llevar la maleta... MARITA.—La estación no está lejos. Podía haberte acompañado alguna amiga. LUPE.—La maleta pesa mucho. MARITA.—Allá tú. Si quieres escuchar un consejo te diré que no estás en disposición de tirar el dinero. Los taxis cuestan mucho. Yo misma no voy en taxi desde hace años... Pero como ahora se han invertido los valores... Suspira. En fin, no hablemos de eso. Ya no tiene remedio. Una pausa. Siéntate. LUPE.—Estoy bien así. MARITA.—Haz el favor de sentarte. LUPE.—Muchas gracias, señorita. Se sienta frente a Marita. MARITA.—¿Estás decidida a irte? Lupe asiente. ¿Y puede saberse adónde vas?
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    34 LUPE.—A Sepúlveda. Acasa de una tía. MARITA.—Supongo que será una persona decente, ¿no? LUPE.—En mi familia todos somos personas decentes. Marita la mira en silencio. Lupe baja los ojos. MARITA.—Lo celebro. La señorita continúa hablando. Quede bien claro que te marchas por tu voluntad. Mi casa es la tuya. No puedo aprobar tu conducta, ni justificar tu error, pero te ofrezco mi casa. LUPE.—Gracias. Marita suspira. MARITA.—Ahora te darás cuenta de que las advertencias que os hacemos no son, simplemente, sermones. Disfrutáis de excesiva libertad, y tú vas a pagar la consecuencia. Tómalo como una expiación y procura no reincidir. LUPE.—¿Por qué voy a reincidir? MARITA.—Perdona; olvidaba que en tu familia todos sois decentes. Lupe se muerde los labios. ¿Quieres que hable con tu novio? Lupe niega. ¿Dónde está? LUPE.—No lo sé. MARITA.—Podemos denunciarle a la policía. La chica vuelve a negar. Eres muy generosa. Un nuevo silencio.
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    35 ¿Por qué note casas con él? Lupe calla. ¿Es casado? LUPE.—¡No! MARITA.—¿Entonces? LUPE.—No sé dónde está. MARITA.—¿Qué vas a hacer con el niño? LUPE.—Tenerlo conmigo. MARITA.—Voy a hablarte como si fuera tu madre... LUPE.—Por favor, no me diga usted nada más. MARITA.—Eso es orgullo. LUPE.—No. Es que estoy muy cansada. MARITA.—Yo debo dejar a salvo mi responsabilidad... LUPE.—Usted no tiene ninguna responsabilidad, señorita. MARITA.—Si algún día me piden cuenta tus padres... LUPE.—Nadie va a pedirle cuentas. MARITA.—Aquí no te ha faltado de nada. Yo he cumplido contigo y este es el pago que tú me das. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Me pediste un sueldo y yo no regateé una peseta. Me dijiste que querías salir dos días a la semana y yo accedí. Me parecieron muchos días, pero accedí. Mas te hubiera valido haberte quedado en casa. Lope sigue en silencio. Estamos viviendo en una época de decadencia y de desconcierto. ¿Sabes lo que estás necesitando? Jarabe de palo. Yo quisiera que hubieses tropezado con mi padre o con mi abuelo. No te encontrarías así. Una buena ración de jarabe de palo a tiempo y asunto solucionado. LUPE.—No es tan sencillo. MARITA.—¿Pretendes discutir conmigo? LUPE.—No. MARITA.—Supongo que, al menos, estarás arrepentida. Lupe asiente. Y que te servirá de lección, ¿no? La chica apenas susurra. LUPE.—Sí.
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    36 Una pausa. MARITA.—Bien... Creoque ya no tenemos nada más que hablar. ¿Necesitas algo? Lupe no responde. Si algún día vuelves por aquí, ven a verme. Se ha puesto en pie. Lupe la mira desamparada. LUPE.—Quiero quedarme. Ahora quien ha enmudecido es Marita. No quiero ir a Sepúlveda. Me da vergüenza. MARITA.—Podías haber pensado antes en la vergüenza... LUPE.—Quiero quedarme en su casa. Marita vuelve a sentarse. MARITA.—Debes de reflexionar. LUPE.—No hago otra cosa desde hace mucho tiempo. MARITA.—Pero tú... tú has rechazado mi ofrecimiento, ¿no? LUPE.—Por no molestar... MARITA.—Estás nerviosa. LUPE.—No. MARITA.—No es lógico, Lupe, hija mía. Tu relación conmigo es superficial. Es una relación de trabajo. Debes de ir con tu familia. Sonríe a la chica. Te diré lo que vamos a hacer. Hoy te quedas en casa. Mañana escribo a tus padres y les digo que vengan por ti. Y no tienes que preocuparte del billete del tren. Se pierde el de hoy y yo te pago otro con muchísimo gusto. Ni del taxi; tampoco debes preocuparte por el taxi. LUPE.—No quiero ir a mi pueblo. MARITA.—¿Por qué razón? LUPE.—Me da vergüenza. Todo el mundo me conoce. MARITA.—Sin embargo…
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    37 LUPE.—Por favor. MARITA.—Bien... Site empeñas... Lupe sonríe a la señorita. Vete con tu tía. Puede que tengas razón. No voy a discutir ese extremo. Tienes vergüenza. Es lógico y yo lo aplaudo. Es un principio de reacción que te honra. Las malas noticias es mejor darlas poco a poco y tus padres ya son viejos... Lupe no habla. Tu tía es una mujer de toda mi confianza. Yo estaré en contacto con ella. Te escribiré. LUPE.—Quiero quedarme aquí. Marita no responde. Usted lo dijo. Una pausa. ¿O lo dijo porque sabía que yo me marchaba? MARITA.—¿Cómo puedes pensar eso? Se acerca a la chica. No me juzgues mal. El primer pronto es el que vale. Tú no querías quedarte. Instintivamente lo rechazabas. Yo te ofrezco mi casa, llevada de mi caridad y de mi generosidad a pesar de la falta, que me hace odiosa tu presencia. Y tú quieres marcharte por ti y por mí. Yo soy muy conocida en esta ciudad. Soy soltera. Tengo una reputación que defender. Algunas, aunque tu nos llames anticuadas, le damos importancia a estas cosas. Comprende que tu presencia aquí no me beneficia. Por otra parte, a nada conduce el que te quedes en esta casa. Solo hay una habitación de servicio. Yo no soy rica… LUPE.—Pero estoy sola... MARITA.—Todas estamos solas. Yo más que tú. Mucho más que tú. Tienes familia. En estos trances amargos se necesita a la familia. Créeme que, en cierto modo, te envidio. LUPE.—Sí, señorita. MARITA.—¿Lo comprendes? LUPE.—Sí.
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    38 MARITA.—Celebro que seastan razonable. Una pausa. Tú eres buena, Lupe. En el fondo, eres buena. Lupe no habla. ¿Vas a marcharte, entonces? LUPE.—Sí. MARITA.—¿Estás segura? LUPE.—No me quedaría aquí por nada del mundo. MARITA.—Mi casa no es tan mala... LUPE.—No, señorita, las hay peores... Se abre la puerta. Reaparece Loren. LOREN.—Ha venido el taxi... Lope se levanta. MARITA.—¿Llevas merienda? Lupe calla. Aquí me tienes, hija... Para todo lo que quieras. A tu disposición. Tiende los brazos. Lupe no se mueve. Una larga pausa. Marita baja los brazos. A pesar de todo, si necesitas informes míos, yo te los daré. LUPE.—Muchas gracias, señorita. Sale sin mirar a la señorita, que —aliviada— suspira. * * * Luego abandona la habitación. Recorre el pasillo y entra en el cuarto donde están sus dos amigas. Vuelve a suspirar.
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    39 MARITA.—Daría cualquier cosapor aliviarle la pena a esa pobre chica... Se sienta. ANUNCIA.—Ella se lo ha buscado. MARITA.—Pero debemos de tener caridad... Se sienta. Hubiera estado aquí mucho mejor, pero... Deja la frase en el aire. LEONOR.—Eres demasiado buena... MARITA.—Nunca se es demasiado bueno, Leonor. LEONOR.—Eso es verdad. MARITA.—En fin... ANUNCIA.—Hemos estado dándole vueltas a lo de los niños... MARITA.—¿Y qué? ANUNCIA.—Tienes razón. Vale la pena el sacrificio. Si hay que ensayar, el comité ensaya... MARITA.—De acuerdo, entonces. Toma la tetera. ¿Otra taza de té? LEONOR.—Si te empeñas, mujer... Tiende su taza vacía. Marita le sirve.
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    41 LA ZORRA YLAS UVAS (“Fábulas”, 1968) Una chica cantando. Es muy guapa. Se llama Luciana; pero como Luciana es nombre poco cartelero, su agente le puso “IVETTE BARDOT”. Quiere decirse que “Luciana-Ivette” canta en un cabaret. La chica, como es costumbre, tiene poca voz, pero el hilo de voz es agradable y acariciador. Va vestida con un traje muy ceñido, insinuante [El censor advierte de los adjetivos “ceñido” e “insinuante” y pide que, en ningún caso, el vestuario sea “incitante”] y tan agradable, a los ojos, como a los oídos resulta su voz. Y allí está JULIO, en una mesa, escuchándola. JULIO es un provinciano solterón, que ya dejó atrás el cabo de los cuarenta años. Tiene un vaso de whisky en la mano. Sigue el compás de la música con el vaso y con la cabeza. A JULIO le acompaña su amigo ANDRÉS. Aproximadamente tiene la misma edad que su compañero y ambos han acudido a la capital, para rematar un negocio emprendido en la provincia. Algunas PAREJAS bailan en la pista del anticuado cabaret, cuando JULIO dice: JULIO.—Vaya mujer, Andrés… ANDRÉS le mira distraído. JULIO.—De estas no tenemos en casa… La chica cantando. JULIO vuelve a hablar. JULIO.—Está de miedo, Andrés… ANDRÉS le roza el brazo. ANDRÉS.—Oye… JULIO no le hace ningún caso.
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    42 ANDRÉS.—Yo creo quedebemos de aceptar… JULIO.—Claro que con ese vestido… ANDRÉS.—Lo del porcentaje… JULIO.—¿Te has fijado en los ojos? Yo he sido un espiritual, de toda la vida, yo lo primero que miro en una mujer son los ojos. Me lo enseñó mi madre: “De la mujer, el ojo y el conejo, al matojo”. Nunca he entendido la segunda parte, pero la primera, sí. ANDRÉS.—Fíjate. Ha comenzado a escribir. JULIO.—Después viene lo demás; porque como te digo una cosa te digo la otra… ¡No va uno a quedarse en los ojos! Ríe. ANDRÉS continúa escribiendo. La chica canta. Oímos la voz de JULIO. JULIO.—(Off.) ¿Y los labios? ¿Tú has visto, alguna vez en la vida, unos labios como esos? ANDRÉS le presenta el papel. ANDRÉS.—Podemos reducir el porcentaje a diez y ocho por ciento, como ellos piden, y aún nos queda una ganancia del treinta y seis. JULIO le mira con horrorizado desprecio. JULIO.—¿Pero qué dices? ANDRÉS.—Es que si nos empecinamos en discutir un dos por ciento, por ganar un cuarenta, vamos a perder el treinta y seis… JULIO.—¡Déjame en paz! (Aparta el papel.) ¡Yo aquí no he venido a hacer negocios! ¡Yo aquí he venido a divertirme! ANDRÉS.—Sí, pero es que mañana tenemos que ver a esos señores… JULIO.—¡Pues mañana se decidirá! ANDRÉS.—¡Es que no hemos hablado en todo el día! JULIO.—¡Cállate! ¿Quieres? ¡Me estás dando la noche! Se vuelve hacia la chica, que, ahora, acompasadamente, sigue la música. JULIO.—(Off.) ¿Te acuerdas de Gilda, macho? ANDRÉS, dignísimo, no responde.
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    43 JULIO.—Cuando se quitabael guante en la pista… (Pasa el brazo por encima del hombro de su compañero.) Yo lo vi en Francia… La chica ha terminado de cantar. JULIO se pone en pie aplaudiendo. ANDRÉS le tira de la chaqueta. JULIO.—(Grita.) ¡Muy bien! ¡Bis! ¡Bis! La chica le dedica una coqueta reverencia y sale de la pista. JULIO, excitadísimo, se sienta. JULIO.—¿Te has dado cuenta? ¡Me ha mirado! (Se lleva la mano al pecho.) Fíjate… ¡Fíjate como tengo el corazón! Toma la mano de ANDRÉS. Forcejea con él. ANDRÉS.—¡Suelta! ¡Que van a murmurar! ¡Que esto llega al círculo…! JULIO.—¡Esa mujer es para mí! ANDRÉS.—¿Para ti? (Se barrena una sien.) ¡Tú estás…! JULIO.—¡Yo estoy hambriento, Andrés! ANDRÉS.—¡Toma y yo! ¡Y todos! ¡Vaya una novedad! (Mira en torno suyo.) Esas mujeres son de lujo… Tendrá a la puerta un tío con un “Cadillac” hasta la acera de enfrente… JULIO.—¡Me río yo de ese tío! ANDRÉS.—¿Por qué no nos vamos a dormir? Mira que mañana nos van a pillar cansados… JULIO.—¡Vete tú! Llama al MAITRE chistando. El MAITRE le mira sin ninguna simpatía. ANDRÉS.—Que ya hemos bebido bastante… JULIO repite la llamada. El MAITRE, a regañadientes, se acerca. MAITRE.—¿Deseaba algo señor? JULIO.—¿Cómo se llama esa chica? MAITRE.—¿Qué chica, señor? JULIO.—La que estaba cantando… MAITRE.—Viene en los programas, señor. Y se dispone a alejarse. JULIO le retiene.
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    44 JULIO.—No me interesannada los programas… Le desliza un billete en la manga. MAITRE.—Ivette Bardot. JULIO.—(Agradablemente sorprendido.) ¿Es francesa? MAITRE.—Sí, señor. (Pretende irse.) Con el permiso, señor, del señor… JULIO se lo impide. JULIO.—¡Un momento! (Se acerca a él.) ¿Quiere decirle que nos gustaría muchísimo invitarla a tomar una copa en buen plan? MAITRE.—Lo siento, señor. No me será posible. La señorita Ivette se va directamente a su casa. JULIO le da otro billete mientras dice. JULIO.—Haga un esfuerzo, hombre… El MAITRE mira el dinero, se lo guarda y niega. MAITRE.—Imposible, señor: don Arturo lo prohíbe. JULIO.—¿Quién es don Arturo? MAITRE.—El jefe. Tiene absolutamente prohibido que los artistas alternen con la clientela. JULIO le da otro billete. JULIO.—¿Y si la señorita fuera amiga mía particular? MAITRE.—Prohibido. JULIO.—(Sobornándole una vez más.) ¿Y si fuese mi prima? MAITRE.—Siendo parientes, ya es otra cosa… (Se inclina.) Con el permiso, señor, del señor, voy a avisar a la señorita Ivette. JULIO.—Traiga una botella de champagne bien frío y tres copas. El MAITRE se aleja. JULIO sonríe a su amigo. JULIO.—¿Te das cuenta? ANDRÉS—. Así cualquiera… Te ha costado ochocientas pesetas. JULIO.—¿Para qué quiere uno el dinero? ¿Qué son ochocientas pesetas? ANDRÉS.—Y una botella de champagne, porque yo no entro en este negocio.
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    45 JULIO.—¡Claro que noentras! ¡Tú ahora te tomas una copa y te largas a la cama! ANDRÉS.—¿Y tú? JULIO.—¡La noche es joven! ANDRÉS.—Mira que mañana hay que tener la cabeza despejada… JULIO.—¡Mañana será otro día! ANDRÉS.—Te vas a meter en un lío muy tonto, Julio… JULIO.—¿Tonto? (Ríe.) ANDRÉS.—Que no es tan fácil como parece… ¡Que estas saben mucho! JULIO.—Y yo sé más. ANDRÉS.—¡Que es francesa! JULIO.—¡Aunque sea francesa! (Se acerca a su amigo y le dice confidencialmente.) Para conquistar a una mujer hacen falta tres cosas: talento, tiempo y dinero. Y a mí me sobran las tres… Oímos una voz acariciadora, una voz que, con falso acento francés, dice. IVETTE.—(Off.) Buenas noches. JULIO y ANDRÉS se sobresaltan. JULIO, poniéndose en pie, dice. JULIO.—Buenas noches. JULIO y ANDRÉS se sobresaltan. JULIO, poniéndose en pie, dice: JULIO.—Buenas noches. ANDRÉS, incapaz de articular palabra, observa a la chica. IVETTE se ha cambiado de ropa. Está más guapa, si cabe, que cuando cantaba. Sonríe con naturalidad. JULIO le tiende la mano. JULIO.—Yo soy Julio. (Le da la mano.) Y este, Andrés… IVETTE.—Ivette Bardot. JULIO.—¡Levántate! ANDRÉS, deslumbrado por la belleza de la chica, obedece. IVETTE.—Mucho gusto. JULIO.—¿Quieres sentarte? IVETTE.—Solo una copa, ¿eh? ¡Estoy muy cansada! JULIO.—Pero, mujer, si no son más que las cuatro… Ríe. Se sientan los tres. ANDRÉS no quita ojo a la muchacha. Hay una pausa embarazosa.
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    46 JULIO.—Bien… IVETTE sonríe. Sacaun cigarrillo. JULIO y ANDRÉS se apresuran a encenderlo. JULIO enciende el suyo; cuando va a prender el de su amigo sopla la llama. JULIO.—Trae mala suerte. IVETTE no hace ningún comentario. JULIO.—¿Eres supersticiosa? IVETTE le responde con un mohín equívoco. JULIO, mundano, añade. JULIO.—A mí me pasa lo mismo… ANDRÉS ha encendido su cigarrillo. JULIO.—¿Francesa? IVETTE asiente. JULIO.—Ivette Bardot… Ivette Bardor… Tu apellido me suena… (Sonríe encantado de su descubrimiento.) ¿Tienes algo que ver con Brigitte Bardot? IVETTE.—Es tía mía… JULIO.—¿Tía? ¡Eso se nota! ¡Hay algo inconfundible en la familia! ¿Tía por parte de madre o de padre? IVETTE.—De mamá. JULIO.—Por muchos años. (IVETTE no replica.) Pero tú eres más guapa… (Se dirige a ANDRÉS, que no ha quitado ojo a la chica.) ¿Verdad, Andrés? ANDRÉS.—¡Más! ¡Más! El MAITRE se acerca con la botella de champagne y las copas. JULIO grita. JULIO.—¡Ya está aquí el champagne! (Hace sitio en la mesa.) ¡Para el champagne y para las mujeres, Francia! ANDRÉS.—Yo conozco París. JULIO.—¡Y yo! ANDRÉS.—(Animadísimo.) La Tumba de Napoleón, Les Champs Elysées, L´Opera… JULIO.—Le Lido, Le Casino, el “striptease”… (Guiña un ojo a IVETTE.) Para tener cultura hay que salir al extranjero…. Aquí no hay nada que hacer… Estamos muy atrasados… África empieza en los Pirineos. ¡No entendemos! [Todo este parlamento es suprimido por la censura. Corresponde a la página 5 del guión original.]
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    47 ANDRÉS.—¿Bailas? JULIO le mirasorprendido. ANDRÉS.—¿Eh? JULIO.—¿No tenías sueño? ANDRÉS.—Ya, no. JULIO.—Mademoiselle está cansada. ¿No lo has oído? ANDRÉS.—¡Que lo diga ella! JULIO.—¡Ya lo ha dicho! JULIO mira a la chica. IVETTE.—Estoy muy cansada. El MAITRE ha servido el champagne en las copas. MAITRE.—¿Alguna otra cosa, señor? JULIO.—No, nada más, Mercí. (Mira triunfalmente a IVETTE y le ofrece una copa. Luego levanta la suya.) ¡A votre santé! IVETTE.—¡Chin, chin! ANDRÉS, como puede, mete su copa entre las otras. Beben los tres. ANDRÉS.—¿Bailas? JULIO.—¡Y dale! ANDRÉS.—Vamos a medias, ¿no? JULIO.—¿En qué? ANDRÉS.—¡En lo del champagne! JULIO, con una sonrisa de conejo, se dirige a la chica. JULIO.—¿Nos perdonas? IVETTE.—¡Claro! JULIO se levanta. JULIO.—¡Ven aquí! ANDRÉS.—Estoy bien… JULIO.—¡Ven aquí! (Le obliga a ponerse de pie. Habla susurrando.) ¡En este negocio no entras! ANDRÉS.—¿Por qué?
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    48 JULIO.—Porque lo dijisteantes. ANDRÉS.—Es que de cerca no tiene nada que ver… JULIO.—¡Ni de cerca, ni de lejos! He invertido ochocientas pesetas y el champagne… ANDRÉS.—Te doy mil doscientas. JULIO.—¡No seas estúpido! (Le agarra el cuello con fingido cariño.) La caza es de quien la levanta. ANDRÉS.—La caza es de quien la cobra. JULIO.—Me gustaría verlo. (Se vuelve hacia IVETTE.) ¡Ahora mismo voy, nena! (Una pausa.) Como no te largues, ni hay diez y ocho por ciento, ni se gana el treinta y seis… ANDRÉS.—¿Serías capaz? JULIO.—(Asintiendo.) ¡Al garete el negocio! ANDRÉS.—¡Eres una hiena! JULIO.—¡La hiena se queda aquí! ANDRÉS.—¡Y un cerdo! JULIO.—¡También el cerdo! ANDRÉS le mira con resentimiento. ANDRÉS.—Esto lo cuento yo en el Círculo. JULIO.—No lo creo. ANDRÉS.—(Después de una larga pausa.) Fíjate en lo que te digo… ¡Como me despiertes al volver al hotel, te acuerdas de mí! JULIO sonríe triunfalmente. ANDRÉS.—¡Y procura mañana tener la cabeza despejada! Indignadísimo, sin volverse, abandona el local. JULIO, triunfalmente, se sienta de nuevo. IVETTE.—¡Se ha ido! JULIO sirve champagne. IVETTE.—¿Por qué? JULIO.—Tiene que cuidar a su madre. (Le da una copa a la chica.) Es muy buen hijo… (Alza la suya.) ¡Chin, chin! IVETTE.—¡Chin, chin! Beben los dos.
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    49 JULIO.—Háblame de tutía… IVETTE le sonríe. JULIO se acerca a ella. JULIO.—Bueno… ¡Háblame de lo que tú quieras! IVETTE siguen sonriendo. JULIO.—¡O no hables! (Toma la mano de la chica.) ¿Bailamos? IVETTE.—Ya no hay música… Efectivamente, la música hace rato que dejó de sonar. Los últimos clientes del local han salido. Las luces se apagan. Desde el fondo los CAMAREROS les observan con impaciencia. IVETTE.—Es muy tarde… (Llama el MAITRE.) ¡Manolo! El MAITRE, que acecha, se acerca. JULIO se ve obligado a pedir: JULIO.—La nota, Manolo… El MAITRE se aleja. JULIO.—¿A dónde vamos? IVETTE no responde. JULIO.—Tomamos la última copa y… ¡Cada mochuelo a su olivo! IVETTE.—(Con fingida inocencia.) ¿Y eso qué quiere decir? JULIO.—Pues que… que yo me voy al hotel y tú a… a tu casa… ¿O no? IVETTE.—Sí. JULIO.—(Mirando su reloj.) Conozco un sitio a las afueras que… IVETTE.—No. JULIO.—Pero mujer si no tiene nada de malo… Unos señores cantan flamenco y… IVETTE.—(Interrumpiéndole.) Me aburre el flamenco. JULIO.—¿Entonces? IVETTE.—¿Quieres venir a casa? JULIO.—¿Cómo? IVETTE.—He dicho que si quieres venir a casa… Una puerta se abre. Se recorta la figura de IVETTE, que enciende la luz. Tras ella JULIO.
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    50 IVETTE.—Pasa. JULIO entra unpoco azarado. Mira en torno suyo. IVETTE se quita el abrigo. El apartamento de la muchacha, la habitación que vemos, tiene un tresillo y un pequeño bar al fondo. El bar, con mostrador y tres banquetas, exhibe un rótulo que dice: “Bar de IVETTE”. Hay botellas y banderitas. El cuarto está lleno de muñecas. JULIO.—Muy bonito… Muy original… (Una pausa.) ¿Te gustan los muñecos? (Al darse cuenta de lo estúpido de la pregunta añade.) Bueno, claro que te gustan los muñecos… ¡Yo te regalaré uno! IVETTE.—(Dirigiéndose hacia la puerta interior.) Ponte cómodo. (Le indica el bar.) Y prepara algo… JULIO.—Hablas muy bien español. IVETTE.—Ahí tienes discos… Y desaparece. JULIO, al quedar solo, no puede por menos que murmurar: JULIO.—Cuando yo cuente esto en el Círculo… Se quita el abrigo y el sombrero. Va hacia el tocadiscos. Lo hace funcionar. Suenan las primeras notas de La Marsellesa. JULIO lo detiene y pone otra música. Algo lento y cadencioso. Luego llega hasta el bar. Elige una botella, toma dos vasos y sirve licor. Los hace chocar, sonriendo. JULIO.—A votre santé! Bebe de uno de ellos. Se apoya en el mostrador. Observa el letrero. IVETTE reaparece. Se ha cambiado de ropa. IVETTE.—Así estoy más cómoda… ¿Te importa? JULIO hace un gesto que viene a significar: “¡No me importa nada!” La chica se acerca a él. Sube a un taburete. JULIO le da un vaso. JULIO.—¡Bar Ivette! Ella le sonríe. JULIO.—¡Chin, chin! Beben los dos.
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    51 JULIO.—¿Quieres bailar? IVETTE.—Bueno. Dejan losvasos. Comienzan a bailar. JULIO.—Cantas muy bien. IVETTE.—Tengo poca voz. JULIO.—Pero muy agradable. (Una pausa.) Si tu quisieras… Tía Brigitte… (Chasquea los dedos.) ¡Puerta! Trata de besar a la chica. Ella le aparta. Mira un instante y se echa a llorar con desconsuelo. JULIO no sabe qué hacer. JULIO.—Pero Ivette… Señorita Ivette… ¡Mujer, mademoiselle…! IVETTE.—¡No me toques! ¡Déjame! (Se separa de él. Cae sobre un sofá llorando.) Todos los hombres son iguales. ¡Siempre está pensando en lo mismo! JULIO.—¡Yo te aseguro que no! ¡Que yo no estoy pensando en lo mismo! IVETTE.—¡Márchate! JULIO.—¡Oui! Se dirige hacia al abrigo. IVETTE le mira. IVETTE.—¿A dónde vas? JULIO no responde. IVETTE.—No me dejes sola… ¡Siempre estoy sola! JULIO.—Pero usted ha dicho. IVETTE.—¡No me llames de usted! (Una pausa.) Yo creí que tú eras diferente… JULIO.—¿Y por qué? ¡Yo soy igual! ¡Igual a todo el mundo! IVETTE.—¿Te has enfadado conmigo? JULIO no responde. IVETTE.—Perdóname… Soy una tonta muy desgraciada… ¡Quita el disco, por favor! El hombre obedece.
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    52 JULIO.—¿Pongo otra vezLa Marsellesa? IVETTE niega. Luego pide. IVETTE.—Dame el vaso. Así lo hace JULIO. La chica bebe. IVETTE.—Siéntate a mi lado. JULIO obedece. IVETTE.—Tu pañuelo… El hombre le da el pañuelo. IVETTE se limpia los ojos. IVETTE.—Te lo he manchado. JULIO.—Es lo mismo. IVETTE.—No… No es lo mismo: mañana te lo devolveré limpio. (Le mira coquetamente.) Es decir… Si tú quieres que mañana nos veamos… JULIO.—¡Mañana y pasado mañana y al otro…! IVETTE, de pronto, queda seria. JULIO.—¿Y ahora qué te ocurre? IVETTE.—¿Eres casado? JULIO.—¡No! IVETTE.—¿De verdad? JULIO.—¿Quieres que te enseñe mi carné? IVETTE.—¡Todos los hombres son casados! JULIO.—“¡Todos los hombres son casados!” “¡Todos los hombres son iguales!” “¡Siempre están pensando en lo mismo!” (Ha sacado su carné.) “¡Todas las mujeres son iguales!” (Se lo pone en la mano a IVETTE.) Mira. IVETTE.—¡Llevabas bigote! (Ríe.) ¡Me gustas más sin bigote! (Da la vuelta al carné.) Expedido el 18 de marzo de 1964… Sesenta y cinco, sesenta y seis y sesenta y siete… Has podido casarte en estos tres años. JULIO.—¡Soy soltero! IVETTE.—(Asintiendo.) Está bien; yo te creo. JULIO se guarda el carné.
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    53 JULIO.—¿Ya pasó? IVETTE asiente. JULIO.—¿Novolverás a llorar? IVETTE niega. JULIO.—¿Me perdonas? IVETTE.—Eres tú quien ha de perdonarme. JULIO.—La culpa fue mía. IVETTE.—Mía. Yo no sé vivir mi papel… JULIO.—¿De qué papel hablas? IVETTE.—De la chica que canta en un cabaret. JULIO.—Es una profesión como cualquier otra. Para mí una chica cantante en un cabaret es tan digna de respeto como un ingeniero agrónomo. IVETTE.—¿Sí? JULIO.—Palabra de honor. IVETTE.—¿Entonces, tú besarías a un ingeniero agrónomo? JULIO.—¿Yo? (Dignísimo.) ¿Tengo yo cara de andar besando a los ingenieros agrónomos? IVETTE.—No lo entiendo… Acabas de decir… JULIO.—¡Es otra cosa! IVETTE.—¿No querías besarme? JULIO.—¡Quiero besarte! (Se acerca a ella.) ¡Pero en homenaje a la mujer francesa! La mujer francesa, para mí, en un pedestal… Desde Madame Curie a nuestros días… (Cierra los ojos.) ¿Qué perfumes usas? (IVETTE no responde. JULIO abraza a la chica.) Es lo mismo… Es un perfume de importación… ¡Mademoiselle! IVETTE, una vez más, se echa a llorar. JULIO, destrozado, se separa de ella. JULIO.—¿Y ahora qué? (Ella no responde.) ¡Que no tenemos mucho tiempo! IVETTE llora desconsoladamente. JULIO.—¿Pero qué he hecho yo? IVETTE.—Nada. JULIO.—¿Entonces? IVETTE.—¡Es que no soy francesa! JULIO.—¿No? IVETTE.—¡Ni me llamo Ivette! JULIO la toma de las manos.
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    54 IVETTE.—Brigitte Bardot noes mi tía, ni nada… ¡Te he mentido! ¡Siempre estoy mintiendo! JULIO.—Nena… ¡Pero nena…! IVETTE.—¡Me llamo Luciana! (Sigue llorando.) JULIO.—Luci… ¡Pero Luci, mujer…! IVETTE.—¡Y he nacido en Quintanar de la Orden! JULIO.—¡Quintanar de la Orden es muchísimo mejor que París! ¡Te lo digo yo! ¿Hay feria en París? ¿Hay fábrica de anisados? IVETTE.—¡Y tuvo la culpa don Gerardo! (Está inconsolable.) ¡Dice que llamándome Luciana Carvajal no puedo triunfar…! ¡Es muy triste que una tenga que negar a su padre y a la santa del día…! ¡Que todos somos unos catetos! JULIO.—¿Es que en París no hay catetos? (Une las puntas con los dedos.) ¡Así…! ¡Te lo digo yo! (Seca las lágrimas de la chica, que se va calmando.) Es más bonito Luciana que Ivette. ¡Dónde va a parar…! Y suena a matanza, a feria, a vendimia… IVETTE.—¡No digas eso…! JULIO.—¡Pero si lo importante son los ojos y lo demás! (Toma la cara de la chica entre sus manos.) ¡Y tú tienes ojos de Ivette y labios y…! ¡Y todo! ¡Qué más quisiera tu tía…! IVETTE.—¡No es mi tía! JULIO.—¡Mejor! IVETTE le mira angustiada. JULIO.—¿Has probado lo del espejo? La chica no responde. JULIO.—¿Quién es la más bella del lugar? IVETTE sonríe débilmente. JULIO.—¡Tú! IVETTE.—¿No me desprecias? JULIO.—¿Yo? ¿Despreciarte yo por no ser francesa? ¿Pero es que no cuenta el dos de mayo? IVETTE.—¿De verdad? JULIO.—¡Viva España! (Se va acercando a la chica.) ¡Viva Quintanar de la Orden! ¡Viva La Mancha! ¡Viva Don Quijote! Cuando sus labios casi rozan los de la muchacha, oímos una voz que dice:
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    55 MADRE.—(Off.) Buenas noches. JULIOse vuelve aterrado. En la puerta, sonriendo y en bata, hay una señora. Es la MADRE de Ivette. JULIO, desconcertado, se ha puesto en pie. La chica, con naturalidad, presenta. IVETTE.—Aquí, mi mamá; aquí, un amigo. JULIO.—Mucho gusto. MADRE.—Sigan, sigan ustedes. JULIO.—(A IVETTE.) ¿Qué dice? MADRE.—¡Si yo no molesto! JULIO no sabe qué hacer. MADRE.—¡Pero siéntese, hombre de Dios! (Va hacia el bar.) Yo duermo con un ojo cerrado y otro abierto, como las liebres… Y oí música y como tenía sed, me dije: “¡Eso es que hay alguien despierto! ¡A echar un traguito, María de la Soledad…!” Toma un vaso. MADRE.—¡Pero siéntese, hombre de Dios! (Va hacia el bar.) Yo duermo con un ojo cerrado y otro abierto, como las liebres… Y oí música y como tenía sed, me dije: “¡Eso es que hay alguien despierto! ¡A echar un traguito, María de la Soledad…!” Toma un vaso. IVETTE.—¡La tensión, madre! MADRE.—¡Déjate de tensiones! IVETTE.—¡Que tiene usted veintiuno! MADRE.—¡Lo que se toma con gusto no hace daño! ¿Verdad, usted? JULIO.—Y si hace… La señora ríe encantada. Luego exclama. MADRE.—¡Pero siéntese, hombre de Dios! (JULIO no se mueve.) ¿Y qué? ¿Se conocen hace mucho tiempo? JULIO.—De esta noche, pero yo… MADRE.—¡Eso está bien! IVETTE.—Mamá es muy moderna…
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    56 MADRE.—Muy moderna, sí,señor. Servidora a la cabeza del progreso. (Levanta el vaso.) ¡Salud! (Bebe.) ¡Pero, hombre de Dios, siéntese! JULIO.—Es que iba de recogida… MADRE.—¿Estorbo? JULIO.—¡No! IVETTE.—(Tirando de la manga de JULIO.) ¡Siéntate! JULIO se ve obligado a obedecer. La señora se acomoda entre ellos. MADRE.—¿Y qué? ¿Artista también? JULIO.—No, señora: industrial. MADRE.—Mejor. Más seguro. El artista nunca se sabe… ¿Otra copita para celebrarlo? JULIO.—No, si ya iba yo… MADRE.—(Sirviéndose.) ¿También tiene la tensión alta? (Le pone la copa en las manos.) ¡No sea aprensivo! (Se vuelve hacia su hija.) La nena no bebe, porque mañana tiene que cantar… (Sonríe.) ¿A que es guapa? IVETTE.—Mamá… MADRE.—¿Es que una madre no puede llamarle guapa a una hija? (Está encantada.) ¿A que no has visto unos ojos tan bonitos en toda tu vida? (Un poco emocionada.) ¡Los ojos de mi Vale! (La mira preocupada.) ¿Nena, has llorado? JULIO.—Yo debo explicarle… MADRE.—(Sin hacerle ningún caso.) ¿Otra vez ese canalla? IVETTE.—¡Por favor, mamá! MADRE.—¡Anda, vete a la cama! (A JULIO.) ¡Dígale usted a la niña que se vaya a la cama! JULIO.—Váyase a la cama. MADRE.—¿Oyes? ¡Lo manda este señor! ¡Y es por tu bien! JULIO también se levanta. IVETTE, sonriendo ingenuamente, le tiende la mano. IVETTE.—Hasta mañana, ¿verdad? JULIO no sabe qué responder. IVETTE.—Porque nos veremos mañana… ¿no? JULIO.—Sí, señorita. IVETTE llega hasta la puerta. IVETTE.—Buenas noches… JULIO.—Buenas noches. La chica ha desaparecido.
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    57 JULIO.—Yo también memarcho… MADRE.—¿Se va usted a dejar la copa a medias? ¡Si yo no tengo sueño! ¡Siéntese, hombre de Dios! Y le obliga a sentarse. En la habitación del hotel, a pierna suelta, duerme ANDRÉS. Se abre la puerta y entra JULIO. Cierra. Tropieza con una silla y la tira al suelo. ANDRÉS se despierta y enciende la luz de la mesilla de noche. Pregunta a su amigo: ANDRÉS.—¿Qué hora es? JULIO.—(Sombrío.) Las seis y veinte. JULIO se quita el abrigo y el sombrero. ANDRÉS.—¿Y qué tal? JULIO.—Muy bien. ANDRÉS.—Pues enhorabuena. JULIO.—Gracias. Entra en el cuarto de baño. ANDRÉS toma una botella de agua mineral y se sirve en un vaso. Oímos la voz de JULIO. JULIO.—(Off.) ¡Andrés! ANDRÉS.—¿Qué? JULIO.—(Off.) ¿Dónde tienes esas pastillas que tranquilizan los nervios? ANDRÉS.—En la repisa… Bebe ávidamente. Luego apaga la luz y cae sobre la almohada. JULIO abre la puerta del cuarto de baño. Va en pijama. Tropieza con una silla y la tira al suelo. ANDRÉS produce un largo e ininteligible quejido. JULIO enciende la luz de la mesita de noche. ANDRÉS da media vuelta. JULIO.—Andrés… (Se sienta en la cama de su amigo.) Andrés, hombre… ANDRÉS.—Mañana me lo cuentas… JULIO.—¡Es que no tengo sueño! ANDRÉS no responde.
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    58 JULIO.—Era mentira. (Unapausa.) ¡Muy mal! (Un gruñido de ANDRÉS.) Vino su madre… Es una especie de bruja que duerme con un ojo cerrado y el otro abierto… He tenido que beberme casi una botella de anís… Porque a la bruja lo que le gusta es el anís… Y me ha contado todas sus enfermedades… Tiene muchísimas enfermedades, Andrés… ¡Una hora y tres cuartos! (Sonríe.) Pero vale la pena… Si hubieses visto a Ivette, en la puerta, diciéndome: “Hasta mañana, ¿verdad? Porque nos veremos mañana...” Con aquella voz, con aquellos ojos… (ANDRÉS se ha dormido.) ¡Eres un egoísta! (Despechado se mete en la cama. Luego apaga la luz, mira al techo y murmura.) Esa mujer será mía, como me llamo Julio Chamorro. Y ya no dice nada más. Comienza a contar corderos… El camerino de IVETTE. Está lleno de flores. La chica, con un sugestivo vestido de escena [El censor advierte del adjetivo “sugestivo” y señala que, en ningún caso, la ropa que lleva sea “incitante”.], termina de maquillarse. Escuchamos la música que viene de la sala. Alguien llama a la puerta suavemente. IVETTE responde. IVETTE.—¡Pase! JULIO asoma la cabeza. JULIO.—¿Se puede? Ella le mira y sonríe. IVETTE.—¡Adelante! JULIO entra. Sostiene un espectacular paquete atado con un lazo. Mira con desconfianza en torno suyo. JULIO.—¿Y tu madre? IVETTE.—Se tuvo que quedar en casa. No se encuentra bien. La tensión… JULIO.—¡No sabes cuánto lo siento! IVETTE.—Se lo diré de tu parte. JULIO.—Me gustaría muchísimo… IVETTE.—(Sonriéndole coquetamente.) Y gracias por las flores. Son preciosas… JULIO.—(Mirando a la chica con auténtico interés.) No tiene importancia. IVETTE.—¿No te sientas? JULIO obedece. De pronto parece preocupado.
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    59 JULIO.—¿Entonces, tienes quevolver a casa? IVETTE.—¿Por qué? JULIO.—Para acompañar a tu madre… IVETTE.—¡No! Está mi tía con ella. (Sonríe a JULIO a través del espejo.) Y no me refiero a tía Brigitte, sino a tía Puri… (JULIO también sonríe.) La noche es para nosotros… JULIO.—¿Para ti y para mí? IVETTE asiente. JULIO.—¿Toda la noche? La chica le lanza una mirada llena de promesas. JULIO.—¿Y “ese canalla”? IVETTE.—¿Cómo? JULIO.—Tu madre dijo que había llorado por “ese canalla”… IVETTE.—A mamá le parecen canallas todos los hombres que me acompañan. Menos tú. Tú le has caído bien. JULIO.—¿Quieres decir que tengo cara de tonto? IVETTE.—Al contrario… (Sigue mirando a JULIO por el espejo.) La pobre mamá no sabe que una chica como yo se guarda sola… JULIO.—Ten en cuenta que ella es madre… (IVETTE no responde.) ¿A dónde quieres que vayamos? IVETTE.—A donde tú digas. JULIO.—Sé un sitio que está muy bien. (Lo ha dicho con seguridad. Luego añade:) Cae un poco lejos… (IVETTE continúa arreglándose.) Pero como no tenemos prisa, ¿verdad? IVETTE.—Ninguna prisa. JULIO.—(Poniéndose en pie.) ¡Luciana! (Está nerviosísimo.) ¡Ivette…! ¡Luci, yo…! La chica le observa con curiosidad. IVETTE.—¿Te ocurre algo? JULIO.—¡No, nada! ¿Qué va a ocurrirme? IVETTE.—Pues te has puesto muy pálido. JULIO.—¡Es que no acabo de acostumbrarme! IVETTE.—¿A qué? JULIO.—¡A verte de cerca! He llegado hasta ella. IVETTE se aparta con coquetería.
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    60 IVETTE.—Déjame cambiarme deropa, ¿eh? Estaré lista en diez minutos. JULIO.—¡No tardes! (Pone el paquete entre las manos de la chica.) Toma. IVETTE.—¿Esto qué es? JULIO.—¡Un regalo! Antes de que pueda responder la muchacha, JULIO abre la puerta y sale del camerino. IVETTE desenvuelve el paquete. Se trata de un muñeco: un zorro de peluche, de astuta expresión. La chica sonríe. Acerca el morro del muñeco a sus labios y lo besa con gesto divertido. El CONSERJE de un hotel, aburrido, hojea un periódico. Al fondo, sentados a una mesa, están IVETTE y JULIO. La muchacha lleva pantalones y un amplio jersey. Un CAMARERO, tan aburrido como en CONSERJE, se acerca a ellos. Deja un platito con monedas. JULIO se dirige a la chica. JULIO.—¿Quieres otra copa? IVETTE niega. JULIO le da unas monedas al CAMARERO. CAMARERO.—Gracias, señor. JULIO le sonríe y luego pregunta. JULIO.—Aquí hay piscina, ¿verdad? CAMARERO.—Sí, señor. JULIO.—(A IVETTE.) Podíamos haber traído los bañadores. CAMARERO.—Las piscina no tiene agua, señor. Como estamos en febrero… JULIO.—Es natural… CAMARERO.—¿Alguna otra cosa? JULIO despide al CAMARERO con un gesto. Se produce un largo silencio. JULIO.—¿No te gusta? IVETTE.—Es un poco triste… JULIO.—Claro… En verano resulta mucho más animado… (Intenta parecer jovial.) ¡Ya verás las habitaciones! Se va a poner a reír. IVETTE le retiene.
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    61 IVETTE.—¡Espera! (Una pausa.)Me da vergüenza. JULIO.—¿Vergüenza de qué? IVETTE.—Nos está mirando el conserje… A lo mejor me conoce. JULIO.—¿Y por qué te va a conocer? ¿Has estado alguna vez aquí? IVETTE niega. JULIO trata de levantarse. IVETTE.—¡Un momento! JULIO, resignado, suspira. IVETTE.—¿Seguro que se ha estropeado el coche? JULIO.—¿Por quién me tomas? IVETTE.—Mamá estará muy preocupada… JULIO.—Llamamos a tu madre y en paz. Intenta ponerse en pie. IVETTE le sujeta. IVETTE.—¿Y si pedimos un taxi? JULIO.—Eso, no. De ningún modo. Los taxistas tienen derecho al descanso. Yo soy incapaz de molestar a un trabajador a estas horas. Mi conciencia y mis principios me lo impiden. IVETTE.—Si lo tomas así… (JULIO no responde.) Habitaciones separadas, ¿eh? El hombre, sonriendo conciliador, acaricia las manos de la chica. JULIO.—Y si es posible en pisos diferentes… (Luego acaricia al zorro, que IVETTE tiene en el regazo.) Nunca conseguiré entender a las mujeres… ¡Nunca! Se pone en pie y se dirige hacia el CONSERJE. JULIO.—Buenas noches. El CONSERJE responde con voz opaca y aguardentosa. CONSERJE.—Buenas noches. JULIO mira hacia atrás; se inclina sobre el mostrador y pregunta: JULIO.—¿Tienen ustedes habitaciones?
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    62 El CONSERJE guardaun silencio lleno de reservas. La voz de JULIO resulta misteriosa. JULIO.—Una habitación doble. El CONSERJE calla. JULIO vuelve a mirar a IVETTE. JULIO.—Y si no es posible dos habitaciones comunicadas… (Una pausa.) ¿Eh? CONSERJE.—Libro de Familia. JULIO.—¿Cómo dice? CONSERJE.—Libro de Familia. JULIO.—¿De qué familia? CONSERJE.—Carné de identidad. JULIO.—La señora es francesa… IVETTE le llama. IVETTE.—¡Julio! JULIO le responde con un gesto, pidiendo un poco más de paciencia y de comprensión. CONSERJE.—¿Seguro que estarán ustedes casados? JULIO.—¡Naturalmente! CONSERJE.—Libro de Familia. JULIO.—¿Pero usted cree que viajamos con el Libro de Familia a cuestas? ¿Y por qué no nos pide la cédula de habitabilidad o el contrato de gas? CONSERJE.—Carné de identidad. JULIO.—¡La señora es francesa! ¡Se va a meter usted en un lío internacional! ¡De esto se enteran en el consulado! La voz de IVETTE suena doliente. IVETTE.—¡Julio! JULIO.—¡Un momento! El CONSERJE resume la situación con una frase. CONSERJE.—No hay habitaciones. JULIO.—¿Cómo que no hay habitaciones? CONSERJE.—No, señor.
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    63 JULIO.—¡Está bien, hombre!¡Aunque sean separadas, aunque estén en pisos diferentes! CONSERJE.—No hay habitaciones. JULIO.—¿Pero usted sabe quién soy yo? IVETTE vuelve a llamar. IVETTE.—¡Julio! JULIO.—¡Que te calles! (Al CONSERJE.) ¿Usted sabe lo que llevo en este bolsillo? ¡Si yo saco el carné, usted se cae al suelo y se muere de miedo! ¿Quiere que saque el carné y se lo restriegue por las narices? ¡Se está usted jugando el puesto! CONSERJE.—¡No hay habitaciones! JULIO.—¡Demuéstremelo! El CONSERJE descuelga el teléfono. JULIO.—¿Qué va usted a hacer? CONSERJE.—Llamar a la policía. JULIO.—(Con sonrisa torcida.) ¡A mí la policía…! ¡Si yo saco el carné se pone a mis órdenes…! (El CONSERJE marca un número.) ¡Atrévase a llamar hombre…! IVETTE grita. IVETTE.—¡Julio, por favor…! JULIO.—Por la señora… Lo dejo por la señora… Para que no intervenga la embajada y porque no quiero escándalos… Y se aleja del Conserje prudentemente. El hombre cuelga aburrido. JULIO entra en la habitación del hotel. Con furia tira el abrigo al suelo y enciende la luz. ANDRÉS, sobresaltado, se incorpora en la cama. ANDRÉS.—¿Qué pasa? JULIO.—¿Qué va a pasar? ¡Que así no podemos prosperar, ni ponernos a nivel europeo, ni entrar en el Mercado Común, ni hacer una autopista, ni nada! ¡Que somos un desastre! ¡Que ni hay decencia, ni sentido de colaboración, ni contraste de pareceres, ni nada! ANDRÉS.—¿Y por qué no alquilas un apartamento? JULIO.—¿Un apartamento? ANDRÉS.—¡Y me dejas dormir de una vez! Y cae sobre la almohada. Luego se cubre la cabeza con la manta.
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    64 JULIO tiene unracimo de uvas en la mano. Estamos en el apartamento que acaba de alquilar. Aunque tiene aspecto impersonal y resulta frío, JULIO ha intentado prestarle calor y personalidad. Puso algunos libros en la estantería y colocó flores en los jarrones. JULIO se dispone a arrancar una uva, cuando suena el teléfono. Deja el racimo y corre al aparato. Descuelga. JULIO.—¿Diga? (Escucha.) ¿Una señorita? ¡Que suba! Cuelga. Nerviosísimo se dirige al racimo. Va a comer una uva; pero se le ocurre una nueva idea. Deja la fruta y llega al ventanal. Corre las cortinas. Después enciende una luz muy suave. Alguien llama a la puerta. JULIO abre. Al otro lado está IVETTE. IVETTE.—Hola. JULIO.—Hola. Le franquea la entrada. Cierra la puerta. JULIO.—¿Te gusta? IVETTE.—No he debido venir… JULIO.—¿Por qué? IVETTE se encoje de hombros. JULIO.—¡Quítate el abrigo! IVETTE obedece. JULIO.—Estás muy guapa… IVETTE.—Lo que estoy es muy nerviosa. JULIO.—Pues aprende de mí… Yo no… Yo no estoy nervioso… ¿Hacemos algo malo? Somos libres, hemos venido a tomar una copa… ¡A tomar una copa! Corre hacia una mesa donde hay bebidas. IVETTE.—¿Por qué has cerrado la ventana? JULIO.—Porque… ¡Porque la persiana está estropeada! (Observa las botellas.) ¿Chinchón? ¿Whisky? ¿Coñac? ¿Ginebra? ¿Vodka? ¿Jerez? IVETTE.—Algo fuerte… JULIO.—Whisky… Con coñac y unas gotitas de ginebra… (Sus manos tiemblan al preparar el bebedizo.) Y un chorreoncito de vodka… (Le lleva el vaso.) ¡Chin, chin! IVETTE bebe. JULIO la imita.
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    65 JULIO.—¿Te encuentras mejor? IVETTE.—Sí. JULIO.—Yahora un poco de música… Corre al tocadiscos. Lo hace funcionar. Sonríe cautivadoramente a la chica. JULIO.—¿Bailamos? (Ha comenzado a sonar una jota bravía. JULIO rectifica.) ¡No! ¡Eso no! (Vuelve al tocadiscos. Pone otra música. Ahora es suave y cadenciosa. Llega hasta IVETTE, nerviosísimo le da el vaso.) ¡Chin, chin! (Los dos beben.) ¡Deja el vaso! (Toma a la chica por la cintura y comienza a bailar con ella.) Luci… Ivette… Estoy loco por ti… Eres la única mujer que me importa en el mundo… Te voy a organizar una “gala” en el Círculo, ya verás… Ya verás, ya verás, ya verás, ya verás… El disco se ha atrancado. Repite siempre la misma frase. IVETTE, sonriendo divertida, se separa de JULIO. IVETTE.—¡El disco! JULIO.—(Reaccionando.) ¡Sin música! ¡Mejor sin música! (Detiene el infernal mecanismo. Y toma la mano de IVETTE.) ¡Siéntate! (El racimo de uvas está ante ellos.) Amor mío… Querida… Vida mía… ¡Ivette! Se dispone a besar a la chica. Cuando sus labios se acercan a los de la mujer, suena un extraño ruido. IVETTE se separa de él. IVETTE.—¿Eso qué es? JULIO.—¿El qué? IVETTE.—Ese ruido… JULIO.—¡No oigo nada! (Se acerca a la muchacha con voz acariciadora.) ¡Qué importan los ruidos cuando tú y yo estamos encerrados en una campana de cristal, en una torre de marfil…! (Una pausa.) ¡Ivette, mon amour! El absurdo ruido se repite. IVETTE se separa de JULIO. IVETTE.—¿No lo oyes? JULIO.—¿Será una cañería? IVETTE.—No… No es una cañería… JULIO.—(Algo excitado.) ¡Y qué importan las cañerías! Trata de besar a la chica. El ruido se repite en tono agudísimo. IVETTE.—¡Soy yo! Perdóname… Los nervios. JULIO.—¡Es el patio! IVETTE.—¡Calla!
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    66 JULIO obedece. Losdos escuchan. JULIO.—No se oye nada… (Suspira tranquilizado y reanuda la conquista de IVETTE.) Mi vida empezó la noche en que te conocí, Ivette… Hasta entonces, Luci… Tu voz y tus ojos… ¡Luci! (Ante la expresión ausente de la chica, grita destemplado:) ¡Que te estoy hablando! (IVETTE asiente e intenta atender a las palabras de JULIO.) Tu voz y tus ojos y la noche… ¡Tus labios! Va a besarla. Otra vez el ruido impertinente. La chica se separa de él. IVETTE.—Eres tú. Estoy segura. ¡Eres tú! (Le responde un extraño borboteo. IVETTE se echa a reír. Su risa resulta incontenible, avasalladora, definitiva… Intenta hablar.) ¡Perdóname! ¿Qué te voy a decir…? ¡No es po… posible! (Las lágrimas se le saltan. Se pone de pie. Toma su abrigo e intenta despedirse.) Adiós, ¡Ju…! No puede terminar. Muerta de risa, abandona el apartamento. JULIO está sentado en el casino del pueblo. Le rodean sus AMIGOS. Entre ellos vemos a ANDRÉS. JULIO habla enfáticamente. JULIO.—¿Las mujeres? ¡Así! (Une los dedos.) Pero a mí no me interesan… (Mira a ANDRÉS.) ¡Que lo diga este! (ANDRÉS sonríe.) ¡Ninguna vale un pimiento! ¿Yo? ¡Ni regaladas! (Comienza a sonar la música.) Cuando voy a Madrid me ocupo, exclusivamente, de los negocios… Fuma su magnífico puro, mientras oímos como un tenor, de afinada voz, canta. CANCIÓN.—Es voz común que a más del mediodía en ayunas la zorra iba cazando: halla una parra, quédase mirando de la alta vid el fruto pendía. Causábale mil ansias y congojas no alcanzar a las uvas con la garra, al mostrar a sus dientes la alta parra negros racimos entre verdes hojas. Miró, saltó y anduvo en probaturas pero vio el imposible ya de fijo, entonces fue cuando la zorra dijo: “No las quiero comer; no están maduras.” Sobre la canción y la imagen de JULIO, han aparecido los títulos de crédito del programa.
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    67 EL CINE SEGÚNJAIME DE ARMIÑÁN “A mí me parece que yo busco la máxima sencillez. No soy un esteta de la cinematografía ni una persona que tenga una fundamentación cinematográfica en la imagen, sino en la literatura. Así resulta que lo fundamental para mí en una película que cuenta una historia es esa historia, que es la piedra angular. Yo parto siempre del guión cinematográfico. En cuanto a la técnica de esta película es la que a mí me gusta, la que yo sé emplear: relatar con imágenes la historia con la mayor sencillez posible, es decir, dar al espectador lo que está pidiendo, sin tratar de hacer artificioso el tema.” Jaime de Armiñán «El humor, como todo -dice Chumy-, es un reflejo de la realidad. La evolución del humor español ha sido el reflejo de la realidad española, entendiendo por realidad no solamente lo que ocurría, sino también las fuerzas que hacían que se conociesen sólo algunos aspectos de esa realidad. Algún día se verá que el humor reflejaba perfectamente su tiempo.» Jaime de Armiñán
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    68 “A mí megusta escribir y hacer un cine de lo que sé, de lo que entiendo, y de lo que veo. Y lo que veo son esos personajes, es decir, son los personajes de nuestro pueblo, los personajes de nuestro país, y fundamentalmente los personajes marginados, como las mujeres, los niños, los cesantes, etcétera, etcétera. Por otra parte a mí esos personajes no me parecen vulgares, me parecen unos personajes absolutamente maravillosos, y mágicos, en cierto modo. Es decir, el espectáculo yo creo que debe tener magia, y esos personajes hay que decantarlos, de tal manera que acaben siendo pues casi ejemplificadores, esos personajes son los que a mí me interesan, y los que me gustan. Por eso lo hago así.” Jaime de Armiñán “El final no debe ser feliz ni infeliz. El final debe ser sugerido. A mí me parece mucho más bonito que el espectador ponga de su parte imaginación, que no que le demos todo hecho.” Jaime de Armiñán
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    69 CUESTIONARIO A JAIMEDE ARMIÑÁN ABC - 27-09-1992
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    71 LAS SIETE VIDASDE JAIME DE ARMIÑÁN Paradójico porque hablamos de un amante devoto de los perros, más concretamente de las perras. Cosa que ha generado alguna que otra injusta polémica entre las feministas tiquismiquis, talibanes, las literales, al comparar de manera elogiosa, metafórica, a las mujeres con las perras, para Jaime de Armiñán más inteligentes, fieles, leales, que los perros. Acusar de machista al director más feminista, igualitario, de la historia del cine español, el que más hizo por la visibilización del feminismo, de las mujeres, desde el altavoz privilegiado de la franquista TVE, no deja de tener su aquel, su gracia, la soberbia de las ignorantes. Siete vidas por sus siete renacimientos, evoluciones. La primera, la pragmática, licenciado en derecho, empleado de oficina; la segunda autor de teatro; la tercera guionista de cine y televisión; la cuarta director de televisión y cine; la quinta articulista; la sexta novelista; la séptima jubilado, retirado, forzoso, ya cumplidos los noventa. Una continua pasión por narrar, por transmitir ideas progresistas sin olvidarse de los sentimientos, diversificada en diferentes formatos, planos, con la característica común de la humanidad panteísta con retranca, de la profundidad accesible, anti-elitista, de la tragicomedia piadosa, compasiva. Un universo abierto, unisex, intergeneracional, en el que todavía caben la ternura, los fatalismos activos, las nostalgias sin rencor, y las redenciones, inmolaciones, por amor. Siempre desde el humanismo, entendiendo por humanista a quien ama al ser humano por encima de todo, incluyendo sus contradicciones, sus debilidades, que no juzga, que trata de comprender, que hace un esfuerzo de comunicación. Razón por la que nunca podré serlo, porque ni acepto mis contradicciones, ni las de los demás, la estúpida enfermedad, complejo, del absoluto. Lo contrario de los personajes de Armiñán (recuerdo que es Piscis, el signo menos sectario), que perdonan, aceptan, a los demás, porque perdonan, se aceptan, a sí mismos, aunque les cueste, no hablamos de santos, de ángeles. En una película de Jaime de Armiñán ninguno de sus personajes principales va a rechazar a otra persona por prejuicio, por convencionalismo social, le va a dar la oportunidad de conocerle, de comprenderle, tal como es, sin máscaras, sin atavismos. Algunos ejemplos:
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    72 —“Carola de día,Carola de noche”, su primera película, aunque reniegue de ella porque le censuraron el guión, más bien porque es muy mala. La protagonista es una reina en el exilio, sin oficio ni beneficio, que decide trabajar para vivir, y lo hace en un club nocturno cantando, porque la encargada del local le da una oportunidad a ciegas haciéndole cantar. Conoce el local gracias al pinchadiscos, que trabaja para sacarse los estudios, y del que se enamora a pesar de ser un plebeyo, y comunista. —“La Lola, dicen que no vive sola” (originalmente “La Lola dicen que no duerme sola”), una prostituta chapada a la antigua hace una promesa de castidad de un año a la virgen si sana a su hija. En el intervalo conoce a un viudo empresario, mucho mayor que ella, que decide esperar, a regañadientes, ese año. Ambos se enamoran y terminan casándose, pasándose por el forro el pasado de ella, confiando en ella, en su amor, borrando de un plumazo, y de manera verosímil, cualquier sospecha de interés. —“Mi querida señorita”, señorona de provincias enamorada en secreto de una jovencita criada, que trata de despertarle celos con novios ocasionales. La señorona descubre que realmente es un hombre y huye a la gran ciudad. Allí, ya como hombre, se hace amigo de una compañera de piso prostituta que cuando descubre que en la maleta lleva ropa de mujer no monta ni el menor escándalo, ni se extraña, “allá cada cual con lo suyo”, “me gusta la imaginación”. Contacta de nuevo con la criada, que ahora trabaja de camarera, acaban saliendo juntos, y se enamoran, mejor dicho, se vuelven a enamorar, porque ella en todo momento es consciente, aunque no lo diga, que él es ella, su vieja señorita. Todo esto sin escenas, ni melodramas, con naturalidad, aceptando las cosas como hechos consumados, y normales, naturales. Se me dirá que cómo tiene que ser, pero que casi nunca es así, y mucho menos si hablamos de la pacata, conservadora, reaccionaria, sociedad española de posguerra, inmersa en plena dictadura nacional-catolicista. Por lo que estas tres películas, sin ser de las mejores de su obra, formalmente no tienen casi nada destacable, solo la sutileza del guión, de la creación de personajes, marca propia de la casa (genial como les dibuja una personalidad con pequeños gestos repetidos (cómo desenvuelve una magdalena), miradas (cómo entorna los ojos), objetos (el monedero)), tienen su importancia sociológica, sobre todo “Mi querida señorita”. Reflejan el puritanismo, hipocresía, de una sociedad, utilizando como vehículo algo tan escabroso para la época como el lesbianismo, como el trasvestismo, la transexualidad, sin caer en ningún momento en el morbo, en el sensacionalismo, en la exageración, es de ser un valiente, de ser un humanista, un demócrata, un progresista, como la copa de un pino. Y sus tres primeras películas no son una excepción: —“Un casto varón español” (originalmente “Cinco lobitas”, precuela de su libro “La isla de los pájaros”), reprimido solterón niño de mamá, descubre que su verdadera madre regentaba un prostíbulo que hereda a su muerte. Comienza llamando objetos a las meretrices, y termina conviviendo con ellas con total normalidad como si fueran compañeros, compañeras, de piso, “-Eres marica. -No soy marica. -Yo tampoco.”, con derecho a roce, lo que viene siendo el paso de la virginidad al harén, de la España de los 70 a la Dinamarca de los 70. Un ajuste de cuentas con la castradora educación, con la mojigatería sexual del franquismo, del catolicismo, de los sacrosantos mandamientos, imposiciones, de la religión cristiana, y su consecuencia lógica, hipócrita, la prostitución, el beatos en casa, puteros en la calle.
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    73 Disonancia cognitiva, sexual,que vistas las cifras de consumo sexual en la España del siglo XXI, no ha variado ni un ápice, el español sigue siendo un animal de bellota, un frustrado, un enfermo. El protagonista tiene que elegir entre vivir una vida falsa de apariencias, de limitaciones: pecado, culpa, o ser libre, y Armiñán, como buen libertario, escoge la segunda opción, repito, en plena dictadura. —“El amor del Capitán Brando” (se barajaron varios títulos “La maestra”, “Los amores de Marlon Brando”, “Los amores del capitán Brando”, “El gran amor del Capitán Brando”), un niño, y su yo adulto, tirando a viejo, se enamoran de una joven, y libertaria, profesora de pueblo. Los demás no les entienden, pero ellos sí, para qué más. —“¡Jo, Papá!” (originalmente “Papá”), un viejo franquista nostálgico, y su hija, una joven de su tiempo, se pasan por el forro la brecha generacional, ideológica, y aunque no se comprendan del todo, se respetan, conviven, se quieren. “Vive y deja vivir”. —“Nunca es tarde” (tuvo varios títulos antes del definitivo, “Háblame de amor”, “El nacimiento de Úrsula”, “Úrsula”), una anciana virgen y ecologista se enamora de un joven casado, se queda embarazada de él sin coyunta ni contacto sexual de ningún tipo. La criada, el joven, y su mujer, lo aceptan con total normalidad, incluso se hacen amigas, y le acaban dando el bote a él. Tolerancia al cubo. —“Al servicio de la mujer española”, sádico misógino homosexual pendiente de salir del armario, entabla una extraña amistad filo-amorosa con una consejera sentimental tradicional con tendencias masoquistas. —“El nido” (originalmente “El nido del estrafalario”), un quijote moderno y melómano, y una niña vieja, bruja, comparten una tierna amistad, y se enamoran, como hombre y mujer, sin llegar a las manos, al sexo. —“En septiembre”, excursión de viejos alumnos 24 años después, afloran las cuentas pendientes, también los amores pendientes. Pero como hablamos del humanista Armiñán, los maltratadores se reconcilian, redimen, con los maltratados, y lo que parece ser una película nostálgica sobre la educación represiva del franquismo, se convierte en un canto a la libertad, al presente. —“Stico” (originalmente “Stico (escucho y obedezco)”), un catedrático se convierte en esclavo de un antiguo alumno, una forma como otra cualquiera de denunciar la cultura del pelotazo, el capitalismo de amiguetes. ¿Quién romperá el yugo? La entrañable amistad del esclavo con una hija del amo, Atocha, una de las hijas del director de fotografía Teo Escamilla. —“La hora bruja”, un hombre al borde del chocheo, y una mujer celosa, posesiva, suben a la chica de la curva, a una bruja, a su autobús cine-ambulante. Embruja a los dos, se tira a los dos, y gracias a su influjo recuperan la juventud y su amor en horas bajas. “También es bonito traicionar.”
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    74 —“Mi general” (originalmente“Mi querido general”, ¿cambiado para no confundirla con “Mi querida señorita”?) , o hay que matar al padre, pero si el padre demuestra ser una bellísima persona, pues no hay por qué, y más si los hijos son más viejos. “El mundo es nuestro, pues cómanselo con patatas”. —“Al otro lado del túnel” (originalmente “La sinopsis”), una femme fatale de pueblo juega con dos afamados guionistas, uno anciano y otro de mediana edad, como si fueran dos zarandillos, dos peleles. Poliamor que lo llamarían ahora, o putón verbenero en la antigüedad. —“El palomo cojo”, casa cortijera andaluza de familia venida a menos, en la que todos los miembros, incluido el servicio, están con las hormonas disparadas, sin discriminar ni por sexo, ni por edad, ni por orientación sexual. Una comuna a lo Hermanos Quintero. (“Los hombres no deben de tener opiniones”. “Ladrones somos todos”. “Si no tienes dinero no sabes a nada”) —“14, Fabian Road”, escritora vampiro consigue escribir de verdad gracias a una mujer que se quiere vengar de ella por haber utilizado a su padre de negro. Por supuesto acaban siendo amigas íntimas, y amantes. Recogiendo el Premio del Público en el Festival de Berlín de 1974
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    75 Como se puedever, el irregular Jaime de Armiñán, como todos los directores incluido Ford, tiene un universo propio, un vocabulario propio, sus películas son geografías, grandes odas a la conversación, a la tertulia amistosa, a la confrontación respetuosa de ideas, con sentido del humor, pausas, silencios, tiempo para pensar, algo en vías de extinción tanto en el cine español como en la vida real. Que su forma no está siempre a la altura de sus contenidos puede ser cierto, pero también que ese sublime contenido la mayoría de las veces logra redimir, elevar, la forma, el contenido es su forma. Julio Tamayo
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    77 EL FEMINISMO MONTUNO,ULTRAMONTANO, DE ARMIÑÁN Supuestamente, criarte rodeado de mujeres, hace que las valores y comprendas mejor. Una afirmación que tiene su lógica porque conocer es amar, y el roce hace el cariño. La reacción contraria, el odio, la misoginia, también puede ser una reacción natural. Lo que se conoce demasiado acaba generando rechazo, hastío, la confianza da asco. Armiñán podría pasar por el paradigma de la primera postura, y Regueiro de la segunda. Ambos fueron niños enfermos sobreprotegidos por las mujeres de la familia, y uno les guarda devoción absoluta, y el otro una cierta inquina, rencor. Uno las ama con sus complejidades, maldades, lo que viene siendo la igualdad, y el otro se centra exclusivamente en la parte negativa, que la tienen, como debe ser. Regueiro perpetúa una tradición misógina, machista, muy asentada en la cultura española, y Armiñán fue un pionero, el pionero, del feminismo durante la dictadura franquista (antes de la dictadura lo fue el cabestro de Unamuno, con su hembrista “La tía Tula”). Ya en su primera obra de teatro publicada, premio Calderón de la Barca (ex- aequo con “Un diablo que se llama Leopoldo” de José Manuel Ruiz-Castillo y “¡Qué salvajes!”, quinta obra de teatro (posteriormente otras cinco, todas inéditas, y seguramente geniales) de la mejor humorista española de todos los tiempos, Remedios Orad, y que casualmente no fue publicada, ni estrenada), la comedia “Eva sin manzana” (1954), explicita claramente su revolucionaria visión de las mujeres, hablamos de la época de la Sección Femenina: MARTA.—¿Fumas, Montserrat? MONTSERRAT.—No. MARTA.—Haces mal; esto es cosa de mujeres. Un símbolo de virilidad abatido. MONTSERRAT.—Me gusta ser débil, sentirme protegida, pensar que la casualidad rige mis actos y que la casualidad puede ser gobernada por una mano firme que no sea la mía. MARTA.—Tú eres mujer en embrión, una larva. MONTSERRAT.—En todos sus actos, la mujer es pasiva. MARTA.—Era. Porque a ellos les convenía así. Físicamente somos recias. Moralmente, más aún. Tan idiotas o tan sabias como ellos. Estropeamos el mundo como ellos.
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    78 La obra empiezacon qué malos son los hombres, y acaba derivando en qué malas son las mujeres, luego ni los hombres ni las mujeres son buenos ni malos, igualdad, sin buenismos, maniqueísmos, ni paternalismos. “Él me hizo ver que los malos son malos porque no pueden ser buenos, y que los buenos son buenos porque no saben ser malos”. Aunque el verdadero tema de la obra sea la falsedad de las apariencias, de los prejuicios, que en el fondo no deja de ser lo mismo, el elitismo, el clasismo, es incompatible con la igualdad, con el feminismo. Armiñán ya desde sus comienzos como creador haciendo un alarde de tolerancia, de comprensión. SERAFÍN.—La vida es amor Marta, el odio casi la muerte. El perdón, consecuencia del pecado. El pecado es perdón y, por tanto, el pecado es también amor. El feminismo anti-sectario, anti guerra de sexos, de Armiñán continúa en sus siguientes obras de teatro, que en términos globales no son demasiado buenas, como la práctica totalidad del teatro comercial, de evasión, de la época, e incluyo al misógino Poncela. Sinfonía acabada (obra de teatro): En el prólogo Armiñán define a la perfección la quintaesencia de su estilo, de su universo, no importa el medio de expresión. “Tiene ternura, pero como la ternura es algo cursi e inconfesable en nuestros días, he procurado taparla con humor. Por eso, quizá, le desconcierte un poco la forma. Ternura y humor. Poesía y risa están unidos indisolublemente, y hablo desde un punto de vista personal. Puede ser la ternura un flan en un molde de humor. El “flan” solo, se desintegra. El molde aislado no es nada”. La espinosa cuestión del huevo frito (artículo en “Don José”): ¿La mujer en casa y con la pata quebrada? “Tenga usted en cuenta que freír huevos está al alcance de cualquiera; pero que lo que no está al alcance de cualquiera es ganar el premio Nadal, pongo por caso y no aludo a nadie. Que la ganadora del premio Nadal, sigo sin eludir a nadie, puede freír huevos y que la freidora de huevos -freidora pura- jamás ganará el premio Nadal. Y siempre será más agradable tener en casa a la ganadora del premio Nadal que a la freidora de huevos”. El anticuado (serie “Galería de esposos”): “¿No recuerdas el tanto monta, monta tanto…? Pues aquel matrimonio era medieval, y, además de medieval, eran reyes. ¡Conque aprende! E intenta comprender a tu época, hombre, y no la rechaces sin conocimiento de causa, porque, por algo es tu siglo”. La tonta (serie “Galería de esposas”): “Yo sé que ninguna de ustedes es tonta, pero si tienen alguna amiga que lo sea o se hace la tonta, aconséjenla que no es ése el sistema. Que lo primer que hay que ser en el mundo, aunque se nazca mujer, es listo. O al menos hay que intentarlo. Las tontas ya no tienen nada que hacer en el mundo. Su número está pasado de moda”.
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    79 Un viejo tema(serie “Las chicas de la ciudad”): “¡La mujer existe para algo más importante que para freír huevos y limpiar los zapatos al marido, y esperar en casita a que el hombre vuelva a la oficina! ¡La mujer no es un mueble, ni una esclava! ¡Es un ser humano! ¡Si yo hubiese vivido en el siglo diecinueve, hubiera sido sufragista y me hubiera encadenado a las tapias del Parlamento! ¡Llevamos más de un siglo luchando por los derechos de la mujer, para que estas retrasadas mentales…! ¿Sabéis por qué se oponen los hombres a que seamos notarios, o ingenieros, o arquitectos? ¡Porque les resulta mucho más cómodo que les planchemos las camisas! ¡Una competencia terrorífica, porque las mujeres somos más listas, más fuertes, y estudiamos más! ¡Por la definitiva emancipación de la mujer!”. Partir de cero (serie “Tiempo y hora”): “El mundo no se acaba con un novio. Yo quisiera poder decírselo a todas las mujeres que se han quedado solas, como yo… Como tú ahora… La carrera de la mujer no es el matrimonio, aunque lo dijeran los papás… La carrera de la mujer es vivir”. Sólo hay un motor (serie “Tiempo y hora”): “—¿No piensas casarte? —No. Me gusta vivir sola y no depender de nadie. —¿Y te quedarás para “vestir santos”… —¿Tú dices eso? Mientras las mujeres piensen que el no casarse es una deshonra o al menos un fracaso, el mundo seguirá siendo de los hombres…” Mi querida señorita: “Más que el problema sexual, es el problema de la mujer el que está ahí. Son las dos cosas, están tan unidas que no puedes separarlas, pero sí, siempre pensé que esa película había que llevarla por el camino de la represión a las mujeres y la marginación. ¡Y seguimos con el tema!” (Jaime de Armiñán) Nunca es tarde: “Ya he dicho que las mujeres me parecen mucho más listas, más sensibles, inteligentes y más malas que los hombres. Son, por lo tanto, más ricas de sentimiento, de maldad, de bondad y de posibilidades.” (Jaime de Armiñán) El nido: “A mí siempre me han parecido las mujeres mucho más inteligentes que los hombres, y mucho más malas”. “La iniciativa en esos amores la lleva la niña. Goyita se sabe amada, adorada e idolatrada, y él es mucho más pequeño. Ella es más adulta, más mala y sabia y él, más ingenuo, más inocente.” (Jaime de Armiñán) En septiembre: “En esa película también las mujeres son superiores a los hombres, algunos de los cuales están completamente perdidos, pobres hombres, como el personaje de José Luis Pellicena. Ellas, casi todas, son gente que sabe lo que quiere, sobre todo Carmen de la Maza, que es quién acaba escapándose, se larga de allí, si bien de una manera totalmente literaria, se va en bicicleta sola no se sabe a dónde; no va a volver a su casa.” (Jaime de Armiñán)
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    80 Con Mónica Randallen Toronto (“Mi general”) Ingrid Bloom (serie “Cuentos imposibles”): “—¡Anda hija, sirve a tu padre! —Siempre me tiene que tocar a mí. —¡No me contestes por favor! —¿Y por qué no se lo dices a Pelayo? —¡Por que Pelayo es un hombre! —¿Y eso qué? —¡Bueno basta ya! —¡Pues es una injusticia para que lo sepas!” Al otro lado del tunel: “—¿Sabes tú lo que es una mujer? No, ni tú ni ningún hombre lo sabe. —¿Qué quieres? ¿Quieres colaborar en el guión? —No, quiero más. Quiero ser Dios.”. “—Los hombres están completamente chiflados. Claro que, las mujeres, no se quedan atrás. —Algunas mujeres.” “Yo creo que detrás de un gran hombre hay siempre varias grandes mujeres y detrás de cada gran mujer hay siempre demasiados hombres grandes o pequeños.” Jaime de Armiñán “Las mujeres son mucho más complicadas. A parte de que a mí el interés que me producen las mujeres también es un interés sexual, como es lógico (o como no es lógico), pero siempre he encontrado que las mujeres son más sensibles, e inteligentes sobre todo, que los machos. A mí los machos me parecen deplorables. Por eso me han interesado más ellas, tienen un mundo más rico y variado, son más malas, pero al mismo tiempo son mil veces más válidas y más interesantes. Eso lo he llevado a los perros: siempre he tenido perras. Siempre me ha parecido que las perras son más listas, más fieles, cariñosas e inteligentes; esto ocurre con las mujeres también. La mujer tiene más recovecos, y más historias dentro y más maldades, seguramente.” Jaime de Armiñán Julio Tamayo
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    81 LA LOLA DICENQUE NO VIVE SOLA (1971) La principal diferencia entre el cine y la literatura española de los años 70 y la actual, es que no hay tantas protagonistas prostitutas, ni la prostitución está tan omnipresente. Paradójicamente ha dejado de estar presente, visible, pero se ha incrementado en mucho el consumo de prostitución, y el número de puteros. Para los niños de los 70 criados en los barrios obreros, la prostitución era algo cotidiano, natural. La madre de un compañero era prostituta, una vecina también, las tardes las pasábamos acechando a las prostitutas y pajilleras del barrio, que trabajaban en una fábrica textil abandonada. Al menos había cuatro puticlubs en el barrio, uno enfrente del colegio, que estaba situado al borde de una autovía, y justo al lado de un área de descanso para camioneros. Había varios cines porno, para mayores de 18 años, pero como pasa ahora, y antes, con el alcohol, hacían la vista gorda, muy gorda, estas salas y los recreativos eran el paraíso de la pederastia. La prostitución no estaba en los suburbios, en los polígonos, sino en el centro, en la calle Torrecilla, donde ahora están los Juzgados, creo que antes también, y en los soportales del cine Zorrilla (Plaza Mayor), lo sé pura poesía. Los kioscos estaban abarrotados de revistas porno, los video- clubs de películas porno, incluso canales comunitarios, los periódicos llenos de anuncios clasificados de prostitución, y había un sex-shop en cada barrio. Vamos que los que piensen que vivimos en una época hipersexualizada gracias a internet, que se pasen por los 70-80. El landismo, el berlanguismo, el sacristanismo, el ozorismo, el cine de destape, se quedaban muy cortos. El sexo era la gran obsesión española, 40 años de represión acaban salpicando el techo. “La Lola dicen que no vive sola”, el título original censurado era “La Lola dicen que no duerme sola”, más o menos es una inocente farsa que reflejo este estado de cosas, este salidismo generalizado, en la línea de “No somos de piedra” de Summers, la película está producida por él. Obviamente no es una gran película, formalmente es muy torpe, arrítmica (su precuela, el genial episodio “La zorra y las uvas” de la serie escrita por Armiñán “Las fábulas” (1970), protagonizado por la hiperbella Sonia Bruno, es mucho mejor), pero tiene un sarcasmo muy reivindicable, y la inexpresiva interpretación de Serena Vergano tiene su punto. Julio Tamayo
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    82 “Quiero significar primeroque la palabra «destape» me produce urticaria. La odio apasionadamente. Es una auténtica clave de nuestro subdesarrollo intelectual. Es un una cortina de humo. Es una muestra de paletería incalificable y es una «antigualla». Por supuesto no estoy a favor o en contra del desnudo en el cine o en el teatro. Es un elemento más de la posible creación dramática. Nos lo debemos plantear con absoluta naturalidad: si es necesario el desnudo, en un guión o en una comedia, lógico es que se presente a los espectadores: pero entendámonos, tanto monta un desnudo masculino como un desnudo femenino. Hora es ya de que las mujeres dejen de ser «objeto»; O todos somos «objeto» o rompemos la baraja. La odiosa palabra «destape» no significa liberalización política, ni muchísimo menos. ¿A cuento de qué? ¿Qué tiene que ver el c... con las témporas? La liberalización política sólo tiene un camino y está bien claro. No veo la relación entre amnistía y pecho de señorita, la verdad. Lo que sí ocurre es que nuestra paternal censura ha utilizado —quizás inteligentemente— ese pequeño escape del pequeño desnudo, que se nos autoriza, para seguir poniendo un chal a algo mucho más importante. Yo no estoy contra la pornografía y no me preocupa nada ese «primer paso». La pornografía puede ser una posición estética como otra cualquiera. Estoy —naturalmente— contra la pornografía barata. Un director de cine es muy dueño de plantearse un tema pornográfico a condición de que haga una buena película —o lo intente— de que no le lleve de la mano un propósito bastardo ajeno a la misma película. A quien no le guste la pornografía que no acuda al cine donde se exhiban películas de ese género, pero no veo la razón para que a una persona adulta y libre se le impida contemplar una película pornográfica. El mismo planteamiento de este tema es entristecedor: ya va siendo llora de que los españoles alcancemos nuestra bien ganada mayoría de edad y podamos elegir entre «Histoire D'O» o «Los tres cerditos», por ejemplo.” Jaime de Armiñán
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    83 FEMINISMO EN “LASDOCE CARAS DE EVA” (1971) De primeras desactivar las posibles objeciones al título de la serie, es la secuela de otra serie titulada “Las doce caras de Juan” (1967) también de Jaime de Armiñán, luego no existe ningún tipo de discriminación positiva, ni negativa, son series complementarias, y a la vez completamente autónomas. Lo mismo que cada capítulo, que al contrario que “Las doce caras de Juan” no está protagonizada por un único actor, Alberto Closas, sino por 12 actrices diferentes. Una decisión que tiene más miga de lo que parece, que haya 12 caras, que haya 12 mujeres distintas, desmiente el tópico machista de todas las mujeres son iguales, del eterno femenino. Si alguien piensa que por el simple hecho de que la serie esté protagonizada por mujeres el feminismo se le supone, se equivoca, es mucho suponer, hablamos de los años 70, España, inmersa en una dictadura fascista, seguía siendo todavía un país invivible, una auténtica cárcel, para las mujeres. Que Armiñán en casi todas sus series desde los años 60 colara de rondón, en segundo plano, y muchas veces en primero como en esta serie, la igualdad de sexos, la liberación de la mujer, no era muy frecuente que digamos, basta pasarse por el cine, televisión, teatro, literatura, prensa de la época para constatar los excepcional de su enfoque igualitario, democrático, aunque nunca se le haya reconocido. Antes de nada aclarar que feminismo significa igualdad, no estar en contra de los hombres, que eso es androfobia, hembrismo, el equivalente al machismo, todavía hay muchas personas, desgraciadamente también mujeres, que confunden, interesadamente, los términos. Nadie puede sentirse incómodo con el apelativo de feminista, sea hombre o mujer,
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    84 no es unacuestión de género, sino de derechos, luchar por la no discriminación, por la igualdad, es una obligación, no algo de lo que avergonzarse. Armiñán es, era, un feminista convencido, activo, y en una época en la que casi ningún hombre lo era, ni por aproximación. También fue de los pocos que estudió en colegios mixtos (“Aquél Colegio Estudio, que yo viví, era único. Los chicos y las chicas estábamos juntos, aprendíamos a enamorarnos locamente y, sobre todo, aprendíamos a respetarnos y ya entonces aprendíamos que las mujeres son las mujeres y los hombres, los hombres, pero que todos somos lo mismo y da igual cambiarle el pañal a un niño, que hacer la cama o una tesis sobre Rilke. Era un soplo de libertad en la más agobiada España que vieron los siglos.”), y se nota, para él las mujeres no eran elementos extraños e idealizados, "yo aprendí a tratar las mujeres con naturalidad y sin ansias". “Hace muchos años, cuando aún la Tierra no era redonda del todo, yo hice una serie en TVE que se titulaba “Las doce caras de Juan”. Vista la buena acogida por parte de los sufridos espectadores, repetí garbosamente con otra que respondía al nombre de “Las doce caras de Eva”. La primera fue interpretada por el estupendo Alberto Closas, y la segunda por trece -eran trece- no menos estupendas actrices. Cuando iba por el capítulo séptimo -más o menos- de “Las doce caras de Eva” recibí un anónimo, con un dibujo obsceno incluido, que decía: “Las doce caras de Juan”, doce espléndidos caracteres de hombre; “Las doce caras de Eva”, doce bodrios. Jaime de Armiñán, machista y maricón.” Todo escrito con letras de imprenta y seguramente trazadas por mano femenina, que esto de las mujeres es muy intricado. Lo cierto es que puse el mismo amor en Juan que en Eva, y si me apuran un poquito, mucho más en Eva que en Juan, porque a mí las mujeres me gustan, si me apuran un poquito, mucho más que los hombres, no sólo por fuera, sino por dentro también.” Jaime de Armiñán Empecemos con la declaración de intenciones de la entradilla del primer episodio: “Y en esta sociedad que camina a pasos agigantados hacia el matriarcado, donde las mujeres triunfan cada vez con mayor fuerza.” Dicho en la patriarcal, paternalista, dictadura fascista de Franco, tiene una carga de profundidad, de valentía, que es justo reconocer. Serie completa: https://www.rtve.es/play/videos/las-doce-caras-de-eva/
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    85 1- ARIES Desde elprimer segundo vemos quien manda, domina, en casa: ¡ARRIBA, CABALLO MORO! (la expresión habitual es Rey Moro, el cambio es muy significativo), lo que eufemísticamente se llama llevar los pantalones, expresión machista donde las haya, al menos hasta que las mujeres empezaron a utilizarlos también, anulando por completo su menosprecio de género. Poco se ha escrito sobre el carácter revolucionario que tuvo, que tiene, el empleo de pantalones por parte de las mujeres, fue uno de los primeros grandes pasitos hacia la igualdad. No es casual que los primeros pantalones los utilizaran de forma generalizada las mujeres obreras durante la Segunda Guerra Mundial (aunque ya los llevaban las mujeres amazonas en la Antigua Grecia), llevaban los de sus maridos destinados en el frente, luego pantalones e independencia están íntimamente ligados, no es una mera prenda de vestir. “Todos los hombres son cretinos, Encarnita, pero tú y yo y todas las demás mujeres del mundo tenemos que sufrirlos.” Repito, la España de la Sección Femenina, del ordeno y mando, y la mujer callar y obedecer, sin cuestionar la autoridad paterna, filial, marital, eclesiástica. La mujer protagonista, la genial Amparo Soler Leal, es una mujer de éxito que trabaja fuera de casa, y no solo eso, es la jefa, en un trabajo creativo, una agencia de publicidad, en el que ella toma todas las decisiones importantes, también en casa, se levantan a la hora que ella quiere, se limpia cuando ella quiere. Y fuma, sí, fuma, un detalle que puede parecer anecdótico pero que no lo es, fumar y beber fueron los primeros símbolos que utilizaron las mujeres para mostrar públicamente su rebeldía, una forma de provocar como otra cualquiera. Por si fuera poco a mayores es conferenciante, ante un público compuesto únicamente por mujeres,
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    86 otra excepción, ybajo el lema: “Una mujer organizada vale por dos”, tomado de la escritora Christiane Collange, una de las primeras jefas de redacción europeas e incansable reivindicadora de la liberación de la mujer desde los años 60 con libros como “La francesa de hoy” (1961) o “La segunda vida de las mujeres” (2004), centrado en la vida después de la menopausia, tema bastante tabú en la literatura, salvo el seminal “La edad peligrosa” (1910) de Karin Michaëlis. Sus primeras palabras son: “Señoras, no empiezo por el tradicional señoras y señores porque aquí afortunadamente no hay hombres.” Dicho con retranca pero una forma de poner de manifiesto que las mujeres no necesitan estar tuteladas por ningún hombre, que pueden desarrollar una vida plena completamente autónoma sin la constante supervisión, presencia, de ningún hombre. “El acerbo de las mujeres no solo debe de ser comunitario sino utilizable obligatoriamente en nuestra emprendida y no concluida lucha por alcanzar la igualdad de derechos con el hombre.” Discurso interrumpido por una espectadora, Chus Lampreave, que grita: ¡LAALCANZAREMOS!, grito secundado, aplaudido, por otras asistentes. “A pesar de nuestros maridos, porque no olvidemos que en esta época, quizá por desgaste (risas), los hombres son mucho más frívolos e inconscientes que las mujeres.” Lo que se llama empezar una serie poniendo los ovarios encima de la mesa. Finaliza la conferencia y hace corrillo con la conferenciante: —¿Y Benito por qué no ha venido? —No podemos hacer excepciones. —Pero hija, el marido de una. —Ese menos que nadie. Un zasca en toda la boca de la sagrada institución del matrimonio
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    87 2- TAURO Dos mujeresbebiendo en la cocina un licor carísimo, una de ellas se va a por fumeque. ¿No es la habitual representación de una ama de casa, verdad? Y menos si hablamos de una reciente viuda, que sí, que va de negro, pero en minifalda y botas altas, y al poco suelta, me voy a quitar el luto mañana. Su marido la ha dejado en la ruina y cuál es la solución que le encuentra, ¿pedir un préstamo?, ¿recurrir a la caridad, al cobijo de la familia?, ¿volver a casarse?, pues va a ser que no, decide ponerse a trabajar, sacarse las habichuelas por sí misma. Por si fuera poco estaba pensando en divorciarse de su marido, ni más ni menos que divorciarse, pecado de lesa humanidad para la Iglesia, el brazo ejecutor principal de la sojuzgación de las mujeres durante la dictadura. La loa de la amiga al marido es para enmarcar: “—Hay que ser realista Margarita, hay que ser realista, y llamar a las cosas por su verdadero nombre, no has sido feliz en tu matrimonio, no tienes un céntimo, y no cambia nada que tu marido se haya muerto, era un miserable, y los miserables también se mueren Margarita, por suerte para ti. —Eres una salvaje. —Lo principal es que te has liberado. —¿Y los niños? —Te los hubiera quitado. Mientras no se demuestre lo contrario los hombres siempre tienen razón, y cualquiera lo demuestra en una sociedad en la que solo mandan los hombres. —Puede que sí. —¿Solo puede? —Tienes razón.”
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    88 No hay queser muy retorcido, conspiranoico, para asociar al marido con el dictador, con Paquito, las pocas dudas se despejan cuando en un alarde de mala baba descomunal subterránea, Jaime de Armiñán hace que la madre sorteé qué van a comer los niños, y ante el disgusto por el resultado de uno de ellos, la madre contesta: “Lo siento Marcelo, la democracia es la democracia.” Que dicho en plena dictadura tiene su punto, su puntazo. Lógicamente para encontrar trabajo recurre a los pocos contactos que puede tener, un amigo de su difunto marido, que trata de conseguir sus favores sexuales a cambio del trabajo, cosa que ella rechaza de plano (refrito del episodio “La viuda” (1966) de la serie “Tiempo y hora”), en una película de Godard hubiera accedido. “He buscado trabajo y no lo he encontrado, no culpo a nadie porque no estoy preparada. Resulta, que a casi todas las mujeres de mi generación las han educado para una sola cosa, el matrimonio, una especie de caza del hombre que asegure el porvenir, y a nuestras abuelas no digamos. Yo no sé nada ni sirvo para nada, pero poco he de poder o acabo sirviendo.” Como se puede ver un mensaje que se aleja por completo del victimismo, del conformismo, del fatalismo, una auténtica arenga llena de positividad, de activismo, o de empoderamiento que dirían en la actualidad. ¿Y termina saliendo adelante? Por supuesto, se convierte en una emprendedora rural, en una empresaria hostelera de éxito.
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    89 3-GÉMINIS Aquí la subversiónde los valores establecidos, de los estereotipos, es más sutil. El ideal romántico de la novela rosa de mujer enamorada hasta las trancas del príncipe de sus sueños, que pena por no poder estar cerca del amado, se da la vuelta. Tres son los románticos enamorados, comiendo en la mano de la princesa con atributos, derechos, de príncipe, la genial Enma Cohen. Ella es quien lleva la iniciativa, la que entra a los hombres, la que va y viene cuando le da la gana porque es libre, segura de sí misma, enérgica, y solo está con los hombres cuando quiere estar, no por conveniencia o necesidad. Es contradictoria, compleja, ambigua, odia las rutinas, las convenciones, lo contrario a la muñequita de porcelana sumisa y acobardada del cine clásico, también del español. El solo detalle de que esté en una discoteca sola marca la diferencia, las mujeres solas, solteras, y no amargadas, ansiosas, por tal hecho, no existían en la televisión pública. La mujer era un objeto que solo adquiría la categoría de personaje cuando se veía irradiada, transfigurada, por el halo de grandeza, de superioridad moral, física e intelectual, del macho cabrío, del héroe masculino. Héroe, héroes, con pies de barro, y en zapatillas de andar por casa, como demuestra este episodio, en el que los hombres son sujetos pasivos, pacientes, nostálgicos, llorones, abrumados, arrollados, por la avasalladora personalidad de una mujer fuerte, poderosa, arrogante, sobrada. “Yo soy libre, no tengo que ir a la oficina. Vivo en la selva con una familia de gorilas.”
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    90 4-CÁNCER Primera secuencia, dosmujeres trabajando en una tienda, cuando que las mujeres trabajaran fuera todavía estaba mal visto, encima la protagonista llevando pantalones, sacrilegio. Vende un perro muy por debajo de su precio por razones sentimentales, la ofrecen pasta por su negocio ruinoso y lo rechaza, se ve que las mujeres no son tan materialistas, pragmáticas, como las pintaban, las pintan. Ante el retrato de su padre suelta este discurso libertario, feminista: “Tú si que me entiendes papá. Tampoco es tan difícil, basta con que a una la dejen vivir a su modo, y con que no se meten en la vida de una”. Vive sola, por decisión propia, le sobran los pretendientes, sin frustración ni miedo, disfruta de su soledad, de sus inquietudes, la lectura, la música, el estudio. Deja entrar a un hombre en su casa con total normalidad, aunque sea para enseñarle a escribir, con las habladurías que eso generaba en la época. Sale a altas horas de la noche, sola, y acude a un cabaret a tomarse una copa, repito lo de sola, entre el público también hay otras mujeres solas. Se sienta en una mesa con tres hombres desconocidos, se queda luego con uno solo y acepta una invitación a ir a su barco, una libertad de movimientos bastante inusual en una mujer de posguerra. La piden en matrimonio, un viudo viejo amigo de la familia, para convertirla en una mujer de su casa, en una ama de cría de sus hijos, y cuando se pone en plan posesivo, controlador, le manda a la mierda y le suelta una bofetada. Que al final acepte la propuesta cuando ya no sigue en pie no es más que un intento de salvaguardar el orgullo de macho herido rechazado del viudo, no una claudicación, jamás se hubiera casado con él de verdad.
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    91 5-LEO La protagonista essoberbia, autoritaria, intransigente, características que según el catecismo oficial del cristianismo, del franquismo, son completamente ajenas a la mujer. Las que más se ajustan a su delicada, débil, naturaleza son: la dulzura, la comprensión, la sumisión, el conformismo, la paciencia, la resignación. Luego Armiñán se pasa por el forro los estereotipos, también las mujeres pueden ser injustas, tiranas, como cualquier hombre. Se reúnen varias criadas, sin avisar a sus parejas con las que habían quedado, le dan al morapio, al fumeque, y hablan de lo importante que es la unión y la educación. De fondo suena el grupo femenino más famoso de todos los tiempos después de Vainica Doble, Las Grecas, que revolucionó el flamenco, el pop español.
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    92 6-VIRGO Mujer trabajadora quedesayuna sola en un bar. Del despacho es la más profesional, la única, y ante las injustas acusaciones de nepotismo, de enchufismo, de desidia laboral, decide presentar una petición de traslado, recriminando a su jefe el paternalismo. Sus compañeros la tratan de invitar en el bar por ser mujer y les contesta que entre compañeros está prohibido. “La señorita Luz es todo un hombre”. Su principal afición es la mecánica, profesión casi siempre asociada a los hombres, lo que no deja de ser ir a contracorriente, o mostrar diferentes caminos a las mujeres de la época. Ante las presiones por parte de sus padres, sobre todo de su madre, para que se case las rechaza alegando que solo se casará, si se casa, por amor, el matrimonio no es un destino, una profesión, femenina. Sale sola de madrugada para visitar a un hombre en su habitación, contraviniendo las órdenes de sus padres. Toma la decisión de no seguir con la relación: —Yo necesitaría una mujer como tú. —Lo malo es que yo no necesito a un hombre como tú. “Estaba preparando el capítulo y me llamaron para decirme: “¿No pensarás emitir este episodio hoy?” Yo no sabía a qué se referían, claro que después me di cuenta de que era el día de la Purísima y el capítulo era el de Virgo. Ese día retransmitieron un partido de fútbol.”
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    93 7-LIBRA Primera transgresión, mencionara Simone de Beauvoir, la autora de “El segundo sexo”, un hito del feminismo. Ropa de importación, el pantalón es más cómodo. Viste y se maquilla para ella misma, no para los demás, para los hombres. Va al casino, exclusivamente para hombres, con su pareja. Cuestiona la autoridad de la suegra, y no rompe con su relación de conveniencia aunque lo desee, solo por no provocar un conflicto. Sacrifica su felicidad, sus deseos, por la felicidad, deseos, de los demás. Es decir, indecisión, sumisión, falta de voluntad, de fortaleza, incapacidad para decir no. ¿Dónde está el feminismo en esto? Pues en el cómo, Armiñán desarrolla la historia de manera que el supuesto final feliz tópico de todas las películas románticas, la boda, sea un final infeliz. Que el cliché de que el matrimonio es el destino ideal de la mujer, el único digno, que hacer caso a tu futuro marido, a tu madre, y a tu suegra, es lo mejor, porque todo lo hacen por ti, por tu felicidad, sea visto como algo negativo, nocivo. Luego el episodio es un ejemplo en negativo, una farsa, una forma didáctica de decirte lo que tienes que hacer mostrándote lo que no tienes que hacer. La forma más inteligente, y sarcástica, de saltarte la censura de lo políticamente correcto, simular que acatas pero ensañando la patita, mostrando el camino de la insumisión, de la rebelión. Matrimonio: “Me parece una cosa horrible”.
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    94 8-ESCORPIÓN En este episodioes muy difícil encontrar un mensaje feminista ni forzándolo. Una antigua estrella venida muy a menos que vive ajena al mundo real gracias a la benefactora ayuda de su representante. Aunque si nos atenemos a la definición clásica de feminismo, búsqueda de la igualdad, pues entonces sí. Porque la relación que se establece entre los dos es completamente igualitaria, no de ama y esclavo, no de hombre y mujer, sino de amigos, que se protegen, engañan, mutuamente. Que él la ame a ella, ella a él no, no la condiciona para nada, ni la hace sentirse culpable, en deuda, lo asume con total naturalidad. Sin por ello convertirse en una mujer fatal, ni en una bruja. Ella pone las cartas sobre la mesa, sin eufemismos, si él las acepta es asunto suyo, el masoquismo, el amor no correspondido, es unisex. El amor de conveniencia, interesado, ni lo contempla, tampoco él, son dos seres puros, de una pieza. Lo que más destaca en ella es su honestidad brutal, su salvajismo, la crueldad con que expresa lo que siente, y su autoritarismo, “a mí nunca nadie me ha dado órdenes”. Al margen del feminismo, uno de los mejores capítulos de la serie, una mezcla de “El crepúsculo de los dioses” y “El último tranvía”.
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    95 9-SAGITARIO —¡Qué ganas tengode que te cases! —¿Tú crees que ese es el estado ideal de una mujer? Principios del siglo XIX, una madre y sus dos hijas viven solas y trabajan como músicas en un café, su canción fetiche es “Placer de amor”. Beben vino en las comidas. “Las mujeres no somos objetos de adorno, un capricho de señores. Igualdad, como ellos, y si hay que morir en las barricadas se muere.” La hermana mayor pone a prueba a unos machistas que reivindican la superioridad moral, intelectual de los hombres, les hace un test de cultura general que suspenden estrepitosamente. Dolidos en su orgullo sabotean su actuación, la contestación es la siguiente: “—¡Tocamos lo que nos da la gana, y cuando nos da la gana!” Se matriculan en derecho y por las tardes trabajan en una oficina, el feminismo echa a andar y no lo para ni la Guardia Civil, la Guerra Civil sí.
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    96 10-CAPRICORNIO Las tres esesde la mujer como Dios manda: sensible, sumisa, sentimental. Luego la mujer que protagoniza este episodio no es una mujer como Dios manda, como el Hombre manda. La que manda es ella, de forma fría, racional, autoritaria. La disciplina la impone, no se la imponen. Crítica la ignorancia, frivolidad, de su criada, y trata de culturizarla, “la cultura no está reñida con el buen gusto, sino todo lo contrario”. Colecciona fotos de arte, no de actores ni de modelitos, otro topicazo tirado a la basura. “Yo recorto cosas serias”. Y no es el último, la ambiciosa es ella y no el marido, quien toma la iniciativa, quien protege, es ella y no él. Lo que antiguamente se llamaba llevar los pantalones, o por oposición, calzonazos. Vayamos con el siguiente: “La donna è mobile, qual piuma al vento, muta d´accento, e di pensiero” (la mujer es mutable, como pluma al viento, muda de acento, y de pensamiento). Pues va a ser que no, la mujer protagonista, la maravillosa Marisa Prendes, es voluntariosa, obstinada, constante, paciente, cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta conseguirlo, tenga o no el respaldo, la autorización, de los demás, de los hombres. Lo que viene siendo una mujer con carácter, con ideas, y acciones, propias. “Lo que está bien hecho. Bien hecho parece”. Y como guinda el marido coge la botella de vino y le ofrece a la mujer, esta deniega y coge la jarra de agua y llena el vaso de los dos, donde manda patrona no manda marinero.
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    97 11-ACUARIO Mujer a puntode casarse con el novio de toda la vida y que a última hora decide tomarse un tiempo para pensar yendo a un balneario sola. Allí se encuentra con un hombre y en todo momento lleva la iniciativa sin dejarse avasallar, mandar, ni que la den consejos. Decide no casarse, odia la rutina, y deja a su nueva conquista con un palmo de narices. Mujer libre al cuadrado. “¿Quién eres tú para darme órdenes?”. “Yo puedo irme cuando quiera”. De rondón, camuflado en una conversación en broma, Armiñán nos cuela la igualdad en las tareas domésticas, haciendo una comparación entre los españoles y los ingleses, para que al menos la copla vaya sonando. “-Pronto tendrás que hacerte la cama. -Y fregar los cacharros como en el extranjero. -¿Y qué dice la nueva generación, vais a fregar o no?”.
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    98 12-PISCIS Episodio final yespecie de resumen que carece de interés para analizar desde un punto de vista feminista ya que está completamente centrado en el amor, en el hombre ideal de 12 mujeres, cada una de distinto signo. Forzando mucho esto puede servir para demostrar que no todas las mujeres son iguales, y por extensión tampoco los hombres, ya que a cada una le gusta un tipo de hombre diferente, demostrando que igualdad no es sinónimo de uniformidad.
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    99 FEMINISMO EN “TRESERAN TRES” (1972) Si bien no es una de las mejores series de Jaime de Armiñán, o de las más compactas, dos episodios destacan sobre el resto, el 10, una magistral exhibición de Lola Gaos, un genial episodio sobre la diferencia de clases, y sobre los límites, contradicciones, del feminismo femenino, y el 12, con un entrañable Juan Diego, que trata sobre los límites, contradicciones, del feminismo masculino, tiene su importancia como termómetro de la situación de la mujer, del feminismo, a principios de los años 70, una etapa de transición del rol tradicional de la mujer, a otro más abierto, libre, moderno, pero sin extremismos. Las diversas posturas están reflejadas en las tres hermanas, la más tradicional, conservadora, Paloma, Julieta Serrano, aunque no busque casarse a toda costa y trabaje fuera del hogar; la nueva feminista, o entre dos aguas, que trata de adaptarse a los nuevos tiempos con pleno convencimiento, que también trabaja fuera de casa como ejecutiva de una agencia de publicidad (como en el episodio “Aries” de “Las doce caras de Eva”, también interpretado por Amparo Soler Leal) y huye como de la peste del matrimonio; y la feminista-anarquista, Julia, Emma Cohen, impagable su camiseta de Hendrix, aparentemente la más radical y libre pero con sus ambigüedades, es la única que no trabaja, que solo estudia. En definitiva tres mujeres que no huyen de los hombres pero que tampoco los necesitan, que no viven su soltería, su no maternidad, con angustia, desesperación, prefieren dedicar sus esfuerzos a crecer como personas y profesionalmente.
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    100 “Ante nuestros ojoshan vivido, hablado, discutido, reído, tres mujeres solteras que no querían hacer un problema de su soltería y trataban de solucionar su vida trabajando. Para ellas, el matrimonio no era ni una obligación, ni una servidumbre, ni una solución cómoda. El que mujeres normales, hasta cierto punto al menos, se puedan permitir el lujo de ser libres, independientes y críticas es algo insólito, al menos en nuestra TV.” Ramón María Iribarren – 1973 – Reseña Serie completa: https://www.rtve.es/play/videos/tres-eran-tres/
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    101 ELAMOR DEL CAPITÁNBRANDO (1974) Hay películas muy disfrutables formalmente, que duda cabe, de hecho son mis favoritas, pero hay que reconocer que el poso que dejan no suele ir más allá del goce estético. Por el contrario hay otras en las que la forma simplemente no estorba, no aparenta, no porque sea chapucera, o no esté lograda, sino porque la película va mucho más allá, es más completa, compleja. En “El amor del Capitán Brando” hay planos, secuencias, bellísimas, pero es lo de menos, lo importante es lo que sucede dentro de las imágenes, no son sólo bellas fotografías que poder enmarcar. Y no es que el contenido devore a la forma, simplemente la sobrepasa, la rebosa, la trasciende. Armiñán, en el imaginario cinéfilo español, es poco más que un buen guionista televisivo, que en España suena a insulto. Es más conocido por la serie “Juncal” que por sus geniales películas, y por supuesto siempre destacando únicamente la actuación de Paco Rabal, que por lo visto se dirige solo, algo desmentido en muchas de sus películas, y se olvida lo evidente, que sin un buen personaje, Rabal y cualquier otro actor, naufragan estrepitosamente. Y ese es uno de los grandes fuertes de Armiñán, la creación de inolvidables, entrañables, personajes, y la posterior ejecución, la impecable dirección de actores. Pero con eso no es suficiente para hacer una gran película, se necesita una buena historia y habilidad narrativa, placer por narrar, y en eso Armiñán se sale, porque no solo es un magistral guionista, televisivo, cinematográfico, teatral, aunque casi nunca se le incluya al lado de Azcona o Borau, a pesar de que el conjunto de su obra como guionista es bastante más compacta, regular, que la de los dos, e igual de brillante, y subversivo, o quizás más. La diferencia es que Armiñán es mucho más sutil en su rebeldía, grita sin levantar la voz, es un director democrático, probablemente el único que ha dado este mesiánico país. Alguien mesurado, equilibrado, centrado, que no de centro, que denuncia las injusticias, que plantea revoluciones, como de refilón, sin molestar, convenciendo con las armas del diálogo, y la imaginación.
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    102 Un director morboso,que trata los temas escabrosos con la comprensión, naturalidad, con la que se habla del tiempo, tal es su conocimiento, reconocimiento, de las debilidades del ser humano, y de sus grandezas. Jamás juzga a sus personajes, jamás se ceba con ellos, los respeta, los quiere, y se nota. La vuelta de un rojillo exiliado a su pueblo natal castellano, en manos de otro director más sectario, pongamos por caso a Bardem, Camus o Saura, hubiera sido un completo panfleto, político, lo que no es ni de lejos “El amor del Capitán Brando”, una película que hace política de los sentimientos, sin caer en lo sentimental, llena de lecturas, de interpretaciones, de matices, en pleno franquismo, sin necesidad de barnizarla con varias capas de alegorías, metáforas, símbolos, como los premeditadamente, pretenciosamente, crípticos, no siempre, Saura o Gutiérrez Aragón.
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    103 Ese equilibrio entrepolítica (“La madre de esta película era otro proyecto que nunca llegó a cuajar, porque trataba de las huelgas estudiantiles de la época. Me dieron que ni se me ocurriera… Como pequeña venganza en “El amor…” hay una huelga, pero de niños, claro.”) y sentimientos, entre Historia e historia, sin revanchismos ni frentismos, se multiplica a varios niveles, con la sencillez, falta de artificio, de las grandes obras. Armiñán conjuga, fusiona, una película crepuscular, interpretada magistralmente por Fernando Fernán Gómez, con otra de iniciación interpretada no menos magistralmente por el niño Jaime Gamboa (“Está rodada en Pedraza de la Sierra (Segovia) donde teníamos una casa y unos amigos, el director del parador y su familia. Hicimos una busca muy extensa de niños hasta que yo pensé “¡Si lo tenemos aquí: es Jaimito Gamboa! -el chico del parador-. El crío estuvo muy arropado por los actores. […] El niño hizo después dos o tres películas, pero no le gustaba nada ese trabajo, ni quería ser actor. Ahora trabaja en una agencia de publicidad y es uno de esos creativos que hacen cosas maravillosas. Además es una persona inteligente y estupenda, como toda su familia, quienes siguen siendo muy amigos nuestros y de nuestros hijos. Todo eso se nota en la película.”), que en el fondo, y en la superficie, no es más que el personaje de Fernando de joven, fundiendo pasado y presente sin necesidad de recurrir a flash-backs. Como posteriormente hizo Regueiro en “Diario de invierno”, que en un auténtico tour de force hace interpretar al niño y al adulto por el mismo actor Eliseo Subiela, y sin ningún tipo de caracterización, a pelo, con resultados bastante más creíbles que los de “La prima Angélica” de Saura. El cine español es muy dado a los desdoblamientos, a la esquizofrenia, a los extremos, que se lo digan a Buñuel, “Ese oscuro objeto del deseo”. Además de Buñuel, el comienzo tristanero, también planea Berlanga, el discurso del alcalde en el balcón, encarnado por el gran Ferrandis, parodia de Franco, recuerda al genial de Pepe Isbert en “¡Bienvenido, Mister Marshall!”, y es difícil no emparentar al ornitólogo interpretado por Fernando Fernán Gómez con el apicultor de “El espíritu de la colmena”, también interpretado por él. Son casi del mismo año así que no se puede hablar de influencias, y sí de coincidencias, o de películas complementarias, ambas tratan sobre la frustración, sobre la nostalgia, sobre la resistencia a los cambios, sobre los derrotados de la Guerra Civil, con idéntica grandeza, a años luz de la torpe “Los días del pasado” de Camus. A la de Erice le faltó el morbo de mostrar a Ana Belén en pelotas para ser un éxito de público tan rotundo como la de Armiñán, casi quintuplicó la cifra de espectadores de “El espíritu de la colmena” (530.925 - 2.089.475). Por supuesto como la película fue un inesperado éxito comercial, muchos directores trataron de apuntarse al carro, “Deseo” de Balcázar, protagonizada por el mismo niño, el contenido Jaime Gamboa, “Mi primer pecado” y “Ya soy mujer” de Summers, la propia “El nido” de Armiñán, gemela de ésta, y se quedaron en la superficie, en la parte supuestamente morbosa, la relación “amorosa” entre la maestra y el alumno, que en ningún momento es tal, tratada con la elegancia, ternura, habitual de Armiñán.
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    104 Pedraza, diciembre 1973 Armiñánhace una película moderna con apariencia de costumbrista, europeizando España, sin asimilaciones, sumando casticismo y existencialismo francés, no es casual que el padre ausente se llame François, hay ecos de “Les mistons” y “Los 400 golpes”, y el niño se apellide Doinel, el héroe de las películas de François Truffaut, porque “El amor del capitán Brando” podría pasar por una precuela, o secuela según se mire, del Ciclo Doinel. La infancia es tratada con igual falta de prejuicio, sin ñoñeces idílicas, sin exceso de paternalismo, de protección. Los niños en las películas de Armiñán, de Truffaut, son tratados como adultos, como amigos, como personas inteligentes, con criterio propio, con iniciativa, con instintos, no son sujetos pasivos, sumisos, conformistas. Y aunque parezca influenciada por “La piel dura”, va a ser que no, es un año posterior. En la actualidad una película como “El amor del Capitán Brando” no hubiera podido ser rodada, hubiera sido censurada previamente, lo políticamente correcto hubiera impedido que un niño fumara, bebiera, que tuviera inquietudes políticas, artísticas, sexuales. Con el ayudante Roberto Parra y Luis Cuadrado
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    105 Pero no sequeda solo en eso, también es una película feminista, por momentos andrófoba, el personaje de Ana Belén (“Empezamos rodando con una actriz portuguesa, que a mí me había gustado mucho, pero esta chica, María Cabral, no daba el papel, no lo hacía bien; era angustioso, y estuvimos rodando tres semanas. A mí me gustó mucho, la vi en una película portuguesa (¿“El cerco”?) en el Festival de San Sebastián y estaba estupenda. Era una chica medio hippie además, y vino muy ilusionada a hacer la película, pero no encontraba el sitio por ningún lado. Y el niño, Jaime, que tenía entonces 13 años, se desconcertaba con ella. Y aquello no funcionaba. A las tres semanas tuvimos en Madrid una proyección y una reunión en Incine y les dije a los productores: “Vamos a una catástrofe absoluta. Si seguimos rodando esto así, y es culpa mía”, porque era culpa mía, yo me había empeñado en aquella chica. Lo pasé muy mal, muy mal. Entonces me dijeron “Adelante, vamos a cambiarla”. Y tiramos a la basura un montón de rodaje. Yo encontré a Ana Belén libre por casualidad. Yo conocía mucho a Ana, habíamos trabajado juntos en la televisión y se lo dije y lo aceptó de una manera sorprendente, porque eso es para decir que no, claro. Imagínate lo que es el trago. Y se vino. El primer rodaje que hicimos con Ana era en un restaurante de Segovia y lo pasó tan mal… metiéndose en un rodaje a las tres semanas de haber empezado, que al día siguiente la pobre tuvo una urticaria terrible, del susto, de los nervios. Rodamos luego la secuencia de la cena con Fernando Fernán Gómez y el niño, y éste funcionó de otra manera, se creció de tal forma al sentir frente a él a un actor que le transmitía seguridad, porque aquella actriz portuguesa no lo hacía, al contrario, le daba más miedo. En cuanto tuvo a Ana enfrente se creyó la historia, se creyó que aquélla era la profesora de la que estaba enamorado.”) reivindica su igualdad y lleva la iniciativa también en el sexo. Libertaria, el amor, la amistad, no tienen edad. Contrapunteada mediante el machismo, la misoginia, tanto de hombres, como de mujeres, vamos que no es maniquea, ni falsamente progre, muestra las dos caras de la moneda, como todo en esta vida, aunque el cine español actual parezca olvidarlo, obviarlo. En “El amor del Capitán Brando” los modernos toman carajillo (café + cognac), beben el vino en porrón, y escuchan música clásica. El cine costumbrista, social, convive con el cine de género, del Oeste. Brando, Cooper, Peck, Mitchum, con James Dean, Jane Fonda, los hermanos Marx. “Los crímenes del museo de cera”, “El Padrino”, “Superman”, “Sombrero de copa” con “Gritos y susurros”, aunque con buen criterio prefieran pasear. “Oliver Twist”, Maigret, con “Moby Dick”, “Drácula”, “Dossier Negro”. El Palace madrileño con un bar de pueblo, Pedraza, Segovia. Fantasía con realidad. Desarraigo con raíces. Sensualidad con inocencia. La mirada de Armiñán es abierta, generosa, no hace compartimentos estancos entre cine clásico y moderno, como la mayoría de sus compañeros de generación tanto directores como críticos. Coge lo mejor de cada uno y lo integra, lo sublima, sin excesos autorales, autocomplacientes, retóricos. Vamos que “El amor del Capitán Brando” es un recuerdo de lo que fue el cine español en algún momento, y ya no es, algo profundo, inteligente, cercano, serio, pero sin gravedad, con humor.
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    106 Mención aparte merecenlos títulos, del gran dibujante, ilustrador, Eguillor, las actuaciones de la inquietantemente bella Ana Belén, que casi está todavía a medio camino entre la infancia y el mundo adulto, y que borda su ambiguo papel de jovencita echada palante, soberbia, y Amparo Soler Leal, haciendo de madre castradora tipo, sin olvidar a las geniales secundarias Chus Lampreave, Julieta Serrano y Verónica Llimera, con su habitual inexpresividad bressoniana, y los siempre impecables Antonio Ferrandis y Eduardo Calvo. “No hay ninguna necesidad de hacer cine directamente político. La política debe estar más en el planteamiento de los seres humanos que en los hechos mismos. Lo importante es que los artistas seamos libres y nos expresemos en libertad.” Jaime de Armiñán
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    107 SUSPIROS DE ESPAÑA(1974-75) (Primer suspiro) Jesús Yagüe (y Jaime de Armiñán) http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-primer- suspiro/2691666/ El cine de Jaime de Armiñán tiene una rara cualidad muy poco apreciada en España, la sencillez, lo que equivale a decir que sus películas son mucho más grandes de lo que parecen, su envoltorio, su contenido, no es espectacular, aparente, es profundo, algo que en este país de pandereta y castañuelas pasa desapercibido. De primeras a Jaime de Armiñán le debemos gratitud eterna por animar a las "Vainica Doble" a que grabaran, poniéndolas en contacto con Pepe Nieto, el célebre compositor de bandas sonoras, que a mayores es el mejor batería de la historia del pop-rock español. De segundas le debemos la serie de culto española por antonomasia, “Juncal” (1988), puesto de honor que pasados casi 30 años nadie le ha arrebatado. Y de terceras, que haya contribuido a la grandeza del cine español con algunas de sus mejores películas, ni una, ni dos, ni tres, las geniales “El amor del Capitán Brando”, “El nido”, “Stico”, “Juncal” y un pequeño escalón por debajo “Mi querida señorita”, “Mi general”, “Al servicio de la mujer española”, “Una gloria nacional” y “Al otro lado del túnel”. Por si fuera poco también es un gran guionista, en muchas ocasiones mejor que Azcona, miedo da pensar lo que hubiera podido ser "Cuéntame" en sus manos, no solo de sus propias películas, sino de ajenas, como “Yo he visto a la muerte” o “El secreto de Mónica”, ambas de Forqué, y de multitud de series de televisión, que por razones de edad, nací en el 74, desconocía por completo, y que gracias a la impresionante labor que está haciendo RTVE con su archivo gratuito y online estoy viendo poco a poco. Hace unos meses subieron la serie “Tres eran tres” (1972-73), también dirigida por él, y en esta ocasión
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    108 le ha tocadoel turno a “Suspiros de España” (1974-75), en la que solo se encarga del guión (13 capítulos de 28 minutos), y que para ir centrando la cuestión, es “La España de los Botejara” (1978) de principios de los 70, cubriendo un espectro mucho más amplio no solo la clase media-baja, es decir, con el condicionante de que nuestro querido dictador todavía no había estirado la pata, con todo lo que eso supone a nivel de libertad creativa. Una serie cercana al documental como la de Amestoy, con españoles hablando abiertamente de sus miedos y anhelos, hubiera sido impensable en 1974, a Armiñán le tocó apechugar con la ficción pura y dura, y como buen anarquista silencioso, tranquilo, hiló fino, muy fino, tirando de sarcasmo, de mala ostia, en su crítico, ácido, retrato de la época, que a pesar de situarse en la década de los 70 en poco difiere de la de los años 50, es lo que tiene el aislamiento dictatorial, que aísla, congela, el tiempo. “He escrito la serie con la intención de herir un poquito. He querido hacer un retablo de los personajes que actúan en nuestro país; trato de presentar vicios, defectos, y en general la problemática de personaje y generaciones de nuestro país. No he pretendido dar una visión global, ni tampoco algo concreto al estilo de los siete pecados capitales de Díaz-Plaja; sería más bien un anecdotario de situaciones y matices típicos de los españoles, pero no exclusivos de ellos. Tiene, eso sí, una caracterización española, y están casi siempre localizados, tanto en profesiones como en ciudades. Es justo reconocer que he tenido la suficiente libertad, dentro de lo relativo que es esto; ha pasado al texto.., bueno, la única frase que no pasó, fue "me c.., en la mar", que la cambiaron por "mecachis en la mar", y que al final no se dijo nada.” Jaime de Armiñán A nivel formal poco que decir, es la típica serie de televisión española de los años 60 y 70 que no pasa de ser una especie de teatrillo costumbrista filmado, algo que no pudo trascender del todo ni tan siquiera el genial Miguel Picazo con “Entre visillos”, vamos que no era una cuestión de talento sino de presupuestos ridículos, que impedían cualquier opción de realizar planos de exteriores o decorados decentes. Pero bueno como hablamos de una serie con guión de Armiñán, cuyo fuerte es la creación de entrañables personajes, diálogos, esa precariedad de medios técnicos pasa a un muy segundo plano y se convierte en un continuo juego de la verdad. Todos los capítulos comenzaban con la maravillosa sintonía (dos versiones diferentes, la del primer capítulo y el último) creada por las "Vainica Doble" (y con preciosas fotografías de archivo diferentes en cada capítulo, que en la serie en un arrebato de genialidad se denominan suspiros), un genial pasadoble psicodélico, con irónicos suspiros, que debería ser el verdadero himno de España, junto con la canción “Dos españoles tres opiniones” también de las "Vainica Doble", el mejor grupo español de todos los tiempos, el más complejamente sencillo. También finalizaba con otra canción de las "Vainica Doble", una diferente para cada capítulo (exceptuando el último capítulo que se cierra con una emocionante versión en directo del pasodoble "Suspiros de España" cantado por Estrellita Castro), relacionada con el tema tratado, algunas de ellas permanecían inéditas, así que gracias de nuevo a RTVE por este regalazo inesperado. El reparto no puede
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    109 ser más impresionante,unos descomunales Irene Gutiérrez Caba y Antonio Ferrandis, más la fuera de categoría Queta Claver, y unos jovencísimos Juan Diego de tartaja con mostacho setentero, el vallisoletano Emilio Laguna, al que nunca se le hará justicia, María Isbert, la bellísima, y gran actriz, Mercedes Alonso, Chus Lampreave, Félix Rotaeta, y Carmen Maura, entre otros, con un cameo de Estrellita Castro incluido, la protagonista de la popular película con el mismo título de 1939, que pasa de llamarse Sole a Doña Luz, casi nada la evolución. Y como no podía ser de otro modo, la serie comienza con un velatorio, con un pésame, con una disputa de herencia, como en “La tía Tula” de Miguel Picazo, en el que se lanzan refranes, pullitas, navajazos, a diestro y siniestro, vamos como en toda reunión española que se precie con más de una persona, cualquier película o serie española que no empiece con la muerte no puede ser calificada de española, de castiza, de castellana. Lo triste es que 40 años después España, los españoles, no han cambiado ni un ápice (sólo hay que ver la película “Carmina y Amén” (2014) de Paco León que es exactamente lo mismo, pero bastante peor, menos cruda, cruel, castiza, más superficial, ramplona, con un humor más zafio, vulgar, salvo el entierro al ralentí, y con uno de los finales más estúpidos, falsos, de la historia del cine español, todo lo contrario que aquí, que el final es sublime), la misma miseria moral, intelectual, existe ahora multiplicada por los años del boom económico, de las múltiples burbujas, también cinematográfica, por lo que la serie “Suspiros de España” no ha envejecido ni un segundo, y sigue siendo el análisis más certero, punzante, que se ha hecho nunca de nuestra mediocre, mezquina, hipócrita, idiosincrasia. “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!” Gustavo Adolfo Bécquer
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    111 SUSPIROS DE ESPAÑA(serie) (1974-75) Jesús Yagüe (y Jaime de Armiñán) “La serie pretende, ante todo, presentar los defectos de los españoles. La cosa es bastante difícil, porque es preciso hacerlo con elegancia y buen gusto. Se intenta en ella que el espectador reflexione, que saque consecuencias, que haya sonrisa, no carcajada. Pienso que lo que Armiñán pretende es que el público, como indica el título, suspire…” Jesús Yagüe Creo que no le he hecho justicia del todo a la serie “Suspiros de España”, que a pesar de mis habituales, e inconscientes, exageraciones para conseguir que deis el paso a verla, lo único importante, escribir sobre cine debe ser un medio, un mediador, no un fin, me he quedado corto. El cuerpo, y la cabeza, me piden decir que es la mejor serie española que he visto nunca (con el permiso de “Cuentos imposibles” (1984), también de Armiñán), lo siento “Juncal”, la que cuenta con las interpretaciones más soberbias, en algunos capítulos un auténtico recital. El hecho de que siempre sea el mismo elenco interpretando papeles diferentes le confiere mucho encanto, complejidad, y demuestra la increíble versatilidad de actores como Antonio Ferrandis, al que injustamente se le recuerda solo por el entrañable Chanquete. En el capítulo 5, el Quinto suspiro, da una auténtica lección, Máster, de actuación, de variedad de registros. También he sido muy injusto con el director, Jesús Yagüe (“Megatón Ye-Ye” y la serie “Media naranja” (escrita por Rosa Montero)), porque de teatrillo filmado tiene lo justo, en los mejores capítulos realmente consigue hacer cine, del bueno, a pesar de las múltiples limitaciones, muchos decorados parecen hechos por el enemigo, y la dirección de actores es sencillamente magistral. Con el único con el que he sido justo es con Jaime de Armiñán, los guiones son realmente buenísimos, certeros, llenos de matices, de sutilezas, de sarcasmo. Su análisis de la época es tan preciso, afilado, que sigue intacto, es inevitable hacer extrapolaciones con la situación actual, que casi es un calco.
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    112 “Me llamó ChichoIbáñez Serrador porque le habían nombrado Director de Programas de Televisión Española y quería que yo hiciera una serie, “Suspiros de España”. Yo le dije que la hacía, siempre y cuando no me la censuraran. Chicho lo consultó con el ministro Pío Cabanillas y éste le dijo: “Bueno, depende de él”. Y no me la censuraron, pero, claro, me la censuraba yo. Fue la llamada “apertura del 12 de febrero”, y conseguí hacer los “Suspiros de España”. Fue muy sorprendente para aquel momento que dejaran decir esas cosas, porque Pío Cabanillas cumplió su promesa. Recuerdo que uno de aquellos programas era el homenaje que le daban a un ministro en un restaurante y durante la cena se enteraba de que le habían cesado, y ese programa se emitió, precisamente, el día que cesaron a Pío Cabanillas.” Jaime de Armiñán Rodaje de "Juncal"
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    113 Paso a destacarlo que más me gusta de cada capítulo: PRIMER SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-primer- suspiro/2691666/ El primer suspiro, seguramente mi favorito, como ya he dicho trata de la muerte, mejor dicho, de los vivos, en todas sus acepciones, incluida la de eres un vivo. El argumento podría resumirse en el muerto al hoyo y el vivo al bollo, como el título del primer capítulo de “La España de los Botejara”. Toda la hipocresía española, casi una segunda piel, en la mayoría una primera, sacada a la luz del día en un multitudinario pésame. En el que llueven las alusiones, los sobreentendidos, las maldades, soltadas a bocajarro, pero con cara de póker, de farol de mus. Incluyendo homofobia por supuesto, hablamos de España, cuna de machotes, de calzonazos. ¿Algún cambio con respecto a la España de 2014? Vean acto seguido "Carmina y Amén" y jueguen a las coincidencias. Diálogos antológicos: Chus Lampreave: Pues yo le he encontrado muchísimo mejor que ayer. Veladora: Como más reposado... Chus Lampreave: Es lo que tienen los difuntos. Emilio Laguna: ¡Buitres, y nada más que buitres, eso es lo que son! Queta Claver: Los buitres tienen sentimientos. Emilio Laguna: Eso es verdad... Queta Claver: Me dan ganas de coger la escoba... Emilio Laguna: ... y echar a volar.
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    114 Frases castizas: “Alicia tienemucho remango.” “Le da lo mismo pelo que pluma.” “Se lo llevará la trampa.” “No quiero remover huesos en las tumbas.” “Hay que vestir el cargo.” “¿Sabe lo que cobra?, lo que no gana.” “No hagas frases.” Con escenas sublimes como el sorteo a ciegas de la herencia, o Emilio Laguna recitando una poesía que supuestamente había escrito en el colegio con 14 añitos y que realmente es de Gustavo Adolfo Bécquer (“¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”). Más puntazos como el de la anciana sorda que mientras se escucha el guirigay de la discusión familiar por la herencia pronuncia convencida: -A mí este silencio me pone los pelos punta.
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    117 "Con descarada indecencia perovestidos de luto disputan su pobre herencia en las barbas del difunto Disputan su pobre herencia en las barbas del difunto con protestas de inocencia Derechos van a su asunto no hay respeto ni clemencia no hay respeto ni clemencia para el que abandona el mundo Derechos van a su asunto no hay respeto ni clemencia no hay respeto ni clemencia para el que abandona el mundo" Vainica Doble
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    118 SEGUNDO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-segundo- suspiro/2692394/ El segundosuspiro, o la vida es una tómbola, un férreo sistema de castas, o si naces pobre pues te jodes, que eso de compartir, de redistribuir la riqueza, la suerte, está muy feo, es de mala educación, cristiana, populismo de izquierdas, de rojillos, de muertos de hambre. Mercedes Alonso está inquietantemente bella, malvada, Irene Gutiérrez Caba de otro mundo, como siempre, y la puesta en escena de Yagüe es tan minimalista, sobria, que parece firmada por Bergman. No me imagino eso planos sostenidos, suspendidos, en una serie televisiva actual, ya no digamos un episodio en una sola, y maravillosa, secuencia. Magistral como Armiñán pasa de la comedia al drama sin apenas transición. En el periódico que lee el gran Ferrandis, que tiene cuenta en Suiza, se destacan las siguientes noticias: una huelga, la Universidad, la gasolina, fricciones en la frontera entre Siria e Israel... ¿Os suena de algo? ¿Todo es cíclico? Tampoco cambia la actitud de los poderosos, afortunados, privilegiados, ante la realidad, desgracia, de los demás: “No me explico porque lees el periódico, estamos mucho mejor sin saber nada”, o por favor no te mueras, en mi portal, de "Los Toreros Muertos", u ojos que no ven, conciencia que no siente. Que los pobres hubieran nacido ricos, no es nuestro problema, nuestra culpa, que cada palo sujete su vela, que cada cual apechugue con su destino, “siempre manda alguien”. Si los elegidos fuéramos todos, ¿qué sentido tendría la palabra elegido, elite, casta, desigualdad? Un poquito de por favor, y zapatero a tus zapatos, que con un buen cepillado, brillan más que el sol (“Juncal”). Paciencia, resignación, renuncia, amén.
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    119 Diálogo, secuencia, antológica(una oda a la sutileza): Señora: ¿Te importa que te llame de tú? Aspirante a criada: No señora. Señora: Lo hago por costumbre. Me resulta dificilísimo emplear el usted. El otro día estuvo cenando en casa el embajador de no sé que república americana y le tuteé. Mi marido se puso furioso, porque quería hacer un negocio que luego no le salió. Pero al embajador le hizo gracia. Te cuento esto para que no creas que entre el embajador y tú hay ninguna diferencia. Aspirante a criada: Supongo que el embajador la llamaría de tú. Señora: Por supuesto. Sí claro, tú no puedes tutearme, y créeme que no me importaría lo más mínimo, pero al servicio le chocaría tantísimo. Haré un esfuerzo y te llamaré de usted. Aspirante a criada: No me importa que me llame de tú. Señora: ¿De verdad? Aspirante a criada: Palabra. Señora: Gracias.
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    120 Frases castizas: “Con loa gusto que estábamos con Charo (la criada cuidadora), ¡qué manía tiene la gente de casarse!” “Los pantalones son como mangas de café.” “Sepulcros blanqueados (como sinónimo de pudorosos).” “Debería darle pisto.”
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    122 "Margarita, Margarita, la decabellos dorados te acuerdas de mi uniforme veinte veces remendado veinte veces remendado Mira Alicia yo lo siento de ti no me acuerdo nada solo sé que en tu mirada había un resentimiento había un resentimiento Deja que se lleve el viento los sentimientos del ayer abre el corazón dale un buen jabón y ponlo a tender Deja que se lleve el viento los sentimientos del ayer abre el corazón dale un buen jabón y ponlo a tender Deja que se lleve el viento los sentimientos del ayer abre el corazón dale un buen jabón y ponlo a tender" Vainica Doble
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    123 TERCER SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-tercer- suspiro/2691956/ El tercersuspiro, o Padre Patrón, o al patriarcado se le ven las vergüenzas, las carencias. O los hombres, además de egoístas, cobardes. O hay que matar al padre para que el hijo haga de padre, no hablamos de evolución, revolución, sino de a rey muerto rey puesto. Los tópicos, hiperrealistas, conflictos entre padres e hijos, entre generaciones, el machismo, la misoginia, desarrollados por Armiñán con una clarividencia, precisión, que asustan, cualquier hijo, hija, que lo vea, va a pensar para sus adentros, ¿dónde estaba la cámara? Antonio Ferrandis bordando al voceras padre autoritario, tirano, prototipo español, a mayores enmadrado, ensuegrado, Imanol Arias (“Cuéntame”) tomó buena nota. No menos sublime Irene Gutiérrez Caba clavando el papel de madre alcahueta, sobreprotectora, cómplice, del hijo, varón, con un ramalazo punk, “me gustaría tanto que organizaras un escándalo, que te fueras a vivir por ahí, que te hicieras músico, o torero, o lo que sea”. Ni Juan Diego, el universal hijo rebelde sesentaochero trasmutado por cobardía en gris opositor, la bíblica, conservadora, reaccionaria, Parábola del Hijo Pródigo, o como diría la madre: “No has podido, y como no has podido, hocicas”. La secuencia de charla en la cama entre los cónyuges, interrumpida por la irrupción de la suegra, con arroró incluido, es de antología del humor, del sarcasmo, “un Valbuena es algo muy serio, trascendental diría yo”.
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    124 Diálogos antológicos: Madre: ¿Vasa marcharte tú de casa? Hijo: Aún no lo sé. Madre: Eres muy pequeño Ramón. Hijo: 28 años, mamá. Madre: Aunque tengas 100, eres muy pequeño. Padre: ¿Cómo se llama? Hijo: Almudena León Perales. Padre: ¿Es de Granada? Hijo: No, de Valladolid. Hijo: ¿Qué hay? Madre: Patatas a lo pobre. Hijo: Ajajá, ¿y de segundo? Madre: Soldaditos de Pavía. Frases castizas: “Como el dinero se lo rasca un servidor.” “Se me va a pasar el estómago.” “Mientras estés a la sopa boba en mi casa, haces lo que yo mande, si no estás conforme... (chasquido de dedos, vamos puerta)” “Jarabe de palo, como decía el abuelo.” “¿Y cómo se llama ese pirandón?” “España digan lo que digan es una nación agrícola, en el campo está la verdad.” “A ver si coges lo que no tienes.” “Lo que no sepamos las madres.” “No me contestes que te parto la cara.” “Es de una familia de toda la vida.”
  • 125.
  • 126.
    126 Retablo, bodegón, clasemedia española "Paternidad investida de poder omnipresente Autoridad sin medida con derecho omnipotente Descarada tiranía pretenciosa y omnisciente dictadura consentida despotismo inconsecuente ¡Ehh Oh Papi!" Vainica Doble
  • 127.
    127 CUARTO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-cuarto- suspiro/2691920/ El cuartosuspiro, o los ricos, los aristócratas venidos a menos, también tienen picores, o sólo picores, es lo que tiene el aburrimiento, el tedio. O donde esté el aparentar que se quite el ser, donde esté un título que se quite el dinero. O se pilla a un mentiroso antes que a un cojo, y donde esté una buena mentira que se quite una mala verdad. O la procesión solo se lleva por dentro, y si la llevamos también por fuera es por el que dirán, no vayan a pensar que no sufrimos, sufrir y vivir son compatibles, de hecho en eso consiste la vida, nadie sufre las 24 horas del día, y el que lo hace se suicida, lo demás es un desfile de máscaras. La persona que invente un detector de falsas depresiones se forra. El juego del gato y del ratón sustituyendo a los contendientes por ratas, o el Príncipe a la Cenicienta le sale rana.
  • 128.
    128 Diálogos antológicos (soterradohumor negro sublime): Criada: Sabe el señor que han nacido gibelurdiñas junto a la tumba de la Señora. Y que unos mirlos han hecho nido en los árboles de en frente. Junto al panteón de los Zaragüeta que en paz descansen. Señor: ¿Les has oído cantar? Criada: Como ángeles, diríase que el alma de la Señora se ha apoderado del cuerpo de los ruiseñores. Señor: Había entendido mirlos, ¿no? Criada: Mirlos, ruiseñores, al fin y al cabo, pájaros. Señor: ¡Se me hace muy cuesta arriba! (tratando de besar a la criada) Criada: Pues las cuestas hay que subirlas. Frase castiza: “¿Sabes que la cicuta se parece mucho a los berros?”
  • 129.
    129 Antonio Ferrandis bailandosolo el pasodoble “Suspiros de España” "El precio de la nobleza muy caro pagó Beatriz Sus delirios de grandeza llevaron a la infeliz a cargar con el noble fardo de Bernardo, ay Beatriz Deme usted la mano ay señor marqués un pasito alante y otro del revés" Vainica Doble
  • 130.
    130 QUINTO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-quinto- suspiro/2691719/ El quintosuspiro, o por muy bajo que estés en el escalafón social, siempre habrá alguien a quien podrás gritar, putear. O la diferencia entre un empresario y un obrero, entre un rico y un pobre, es únicamente de dinero. Todos somos hermanos, putativos, puteados. Alguien que para evitar problemas, disgustos, está dispuesto a tragar con todo, lo que antiguamente se llamaba un hombre de empresa, un pelele, un manso. La radiografía de un calzonazos, de un impotente, de un borrego, alguien incapaz de luchar, rebelarse, contra las injusticias, de defender sus legítimos derechos, de decir no. El típico buenazo, noblote, que de tan bueno acaba pareciendo tonto, del que todo el mundo acaba abusando. O los buenos van al cielo, y los malos a todas partes. O el matrimonio, la convivencia, la paternidad, es el infierno en vida. Armiñán lejos de cebarse con el personaje, de juzgarle, prefiere criticar la situación, exponerla objetivamente, tratar de comprender. Antonio Ferrandis compone uno de los mejores personajes de toda su carrera, sosteniendo a base de geniales monólogos todo el capítulo.
  • 131.
    131 "En la estructura delmundo moderno no encaja Darío no encaja Darío Tiembla como un crío ante la figura del ejecutivo del ejecutivo Intenta obtener aumento de sueldo y no dice pío quisiera volver al claustro materno y desaparecer desaparecer uuhh" Vainica Doble
  • 132.
    132 SEXTO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-sexto- suspiro/2691975/ El sextosuspiro, o la esperanza es lo último que se pierde, o sin los sueños de riqueza el índice de suicidios en España rondaría el 60%. Sueños de riqueza imposibles de encauzar por métodos tradicionales, legales, nadie se ha hecho rico de manera honrada, vamos trabajando, una verdad como un templo. Como los protagonistas del capítulo no aspiran a ser políticos, la manera más directa, y relajada, de conseguirlo, pues sólo les quedan dos opciones, el braguetazo, que como hablamos de pobres ni se contempla, o los juegos de azar, la lotería, la quiniela, cuando la lotería y la quiniela eran el espíritu santo. Armiñán se descojona de esta esotérica costumbre tan española, la de los sueños de grandeza, la de la megalomanía, con su ternura, comprensión, habitual, sin mirar por encima del hombro, porque como buen español, sabe que donde esté buen sueño, que se quite una mala realidad. O dinero, dinero, dinero, y la puta madre, padre, que lo parió.
  • 133.
    133 Diálogos antológicos: Novia: (haciendola quiniela con una pirindola): Dos. Novio: Otra vez. Pero te das cuenta de lo que estamos haciendo, Betis-Salamanca. Novia: ¿Tienes algo en contra el Salamanca? Novio: No, pero es muy raro que gane en el Heliópolis. Novia: ¿Cuántos jugadores tiene el Salamanca? Novio: ¡María! Novia: ¿Y el Betis? ¿Hay algún cojo en el Salamanca? Novio: No, hombre no, que no se puede discutir contigo... Novia: Yo amortizo esta pirindola como que me llamo María de las Mercedes Cigüeñales. Frase castiza: “Violetas a la tumba.” Discusión de pareja en tasca popular, con tapa de queso y tintorro peleón, y calentón posterior "Una patada certera puede hacerte millonario esa bendita quimera viven soñando a diario el pobre, el rico, el hortera empleados, funcionarios, el médico, la enfermera el ingeniero, el notario Y hay a quien llega la suerte al par que su propia muerte y al par que su propia muerte Y hay a quien llega la suerte y hay a quien llega la suerte al par que su propia muerte" Vainica Doble
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    134 SÉPTIMO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-septimo- suspiro/2691480/ El séptimosuspiro, o el abismo insuperable entre lo que decimos y lo que pensamos. O para que quieres enemigos si ya tienes amigos. O la imposibilidad absoluta de una relación de amistad sincera, igualitaria, entre hombres. O como diría Unamuno con respecto a los catalanes, haciéndolo Armiñán extensivo a todo el mundo, si se les pudiera comprar por lo que realmente valen y venderlos por lo que creen valer el negocio sería perfecto.
  • 135.
    135 Jaime de Armiñán "Nobley tierna amistad forjada en la disciplina eterna verdad eterna verdad del alma que se encamina por los senderos de la mar Tatataratata Tatataratata Tatarara Taratatata Noble camaradería de los que en algún momento unieron sus días unieron sus días en el campamento para siempre, siempre jamás Yuleiriri Yuleiri Yuleririlala" Vainica Doble
  • 136.
    136 OCTAVO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-octavo- suspiro/2691882/ Octavo suspiro,o los viejos son como niños, apestados, que nadie quiere a su lado. O no hay nada más inmoral, falso, que un moralista. O la amistad también es imposible entre mujeres, o el aburrimiento es la madre de todos los vicios, de todas las amistades. Irene Gutiérrez Caba realizando un auténtico despliegue de talento, de genialidad, de maldad. El discurso, a gritos, de la reunión de asociadas de la residencia de ancianos de beneficencia, está a la altura del discurso de Pepe Isbert en “¡Bienvenido, Mister Marshall!” de Berlanga.
  • 137.
    137 Pilar Miró yJaime de Armiñán "Mi conciencia se calla, con caramelo una obrita piadosa, al pobre un consuelo un pañuelo al que llora y derecha al cielo un pañuelo al que llora y derecha al cielo" Mi conciencia se calla, con caramelo una obrita piadosa y al pobre un consuelo un pañuelo al que llora y derecha al cielo un pañuelo al que llora y derecha al cielo" Vainica Doble
  • 138.
    138 NOVENO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-noveno- suspiro/2691517/ Noveno suspiro,una genial diatriba contra el machismo, sobre todo de las mujeres, esas misóginas vocacionales. O el hombre, y la mujer según el día, es el ser más despreciable, ruin, mezquino, egoísta, vago, de la creación. El personaje de gorrón “idealista” interpretado magistralmente por Ferrandis, claro antecedente del mítico Juncal.
  • 139.
    139 Diálogo antológico: Antonio: ¿Mehas sido fiel durante todo ese tiempo (30 años)? Puedes decirme la verdad, yo soy un hombre de ideas avanzadas. Sufridora: Por desgracia yo soy imbécil Antonio. Pero no es que te haya sido fiel a ti, es que yo soy imbécil. Frases castizas: “No hay más copitas que luego te arrebatas.” “Ya va siendo hora de que te acostumbres a oír su nombre sin que te dé una alferecía.” “Vaya manga hija.” Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir "Adonde fuiste marido dejándome en la estacada solita y desamparada abandonando a tus hijos ¡Irene has de comprender que un hombre tiene que correr aventuras de cuando en vez! Eres un caradura no te puedo ni ver ¡Perdóname mujer! Antonio eres el mismísimo demoniooo" Vainica Doble
  • 140.
    140 DÉCIMO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-decimo- suspiro/2691632/ El décimosuspiro, o el exilio interior provocado por las depuraciones tras la Guerra Civil, disimulado en la historia de un juguete roto, parodia de Joselito. O el amor no es otra cosa que la megalómana aspiración a ser atendido, valorado, a tiempo completo, sin exigir contrapartida, reciprocidad. O nadie escucha a nadie, ni falta que hace, nadie tiene nada interesante que decir. O Peter Pan vuelve al claustro materno.
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    141 Jaime de Armiñán "Fuiniña precoz muñequita de oro que al crecer se le fue el tesoro de su voz Y resulta atroz el verme olvidada por aquel público fiel que en mi infancia me admiró Fui una estrellita de pro y bailaba claqué cual si fuera de New York y dominaba el cuplé y el ballet de tutú cual si fuera de Moscú" Vainica Doble
  • 142.
    142 UNDÉCIMO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-undecimo- suspiro/2691874/ El undécimosuspiro, o la figura paterna debería desvanecerse, desaparecer, una vez soltada la semillita. O ya que pocas personas se atreven a llevar a cabo literalmente el concepto matar al padre, existe la vejez paterna para poder sacarse los atrasos, resarcirse, parcialmente. O las heridas de la infancia no se cierran ni con la sepultura. O si ya existe la herencia genética, para que se tuvieron que inventar el infierno. O solo los viejos saben divertirse como deberían hacerlo los jóvenes.
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    143 Diálogo antológico: Nuera: Enun pueblo de Valladolid ha nacido un perro con dos cabezas. Suegro: No me extraña, una vez nació un gato con alas. "Un mal entendido amor mal reprimido rencor La mano dura en la educación aunque sea con buena intención engendra amargura en el corazón Mal reprimido rencor mal entendido amor mal reprimido rencor" Vainica Doble
  • 144.
    144 DUODÉCIMO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-duodecimo- suspiro/2691674/ El duodécimosuspiro, o en el corazón de toda puritana anida el alma de una ninfómana. O los reprimidos son aquellos que tienen instintos que reprimir. O la castidad es la virtud de los viciosos, de los impuros. O los ermitaños son extrovertidos de interior. O cría cuervos y de mayores te saldrán buitres, hienas.
  • 145.
    145 Diálogo antológico: Puritana: Elsexo no tiene nada que ver con el matrimonio, se lo he oído decir a la abuela docenas de veces. Ella en 52 años de matrimonio jamás... Frases castizas: “¡Por la confusión del turco!” (brindis en honor de la victoria en la batalla de Lepanto) “No se me hace el cuerpo a las realidades del mundo.” "Una persiana espesa que no deje paso a la luz por que puedes perder la cabeza reza, reza, brazos en cruz Teje, teje, un velo de niebla que no deje paso al sol tú dominas las tinieblas nadie escapa a tú control ¡Sueña, sueña, Doña Virtudes Señora y Dueña de tu mansión! Dueña y Señora de oración" Vainica Doble
  • 146.
    146 ÚLTIMO SUSPIRO http://www.rtve.es/alacarta/videos/suspiros-de-espana/suspiros-espana-ultimo- suspiro/2691408/ El últimosuspiro, o los culturetas, como buenos autistas, elitistas, sociópatas, sin testigos, sin oyentes, sin palmeros, se sienten como la cucaracha de Kafka, muy pequeñitos, mediocres, impotentes. O solo los tontos, los necios, necesitan demostrar, arrojar, sus conocimientos, su cultura, a los demás. O la inteligencia ofende a los tontos, que cuanto más tontos más listos se creerán. O la cultura es a la inteligencia lo que un Vega Sicilia a un tinto de verano. O a mayor cultura mayor incapacidad para la alegría epidérmica, para dejarse llevar. O para comerse un coño no hace falta babero ni cubiertos. O que grande es España, los españolitos, vistos desde la luna, como muy cerca.
  • 147.
    147 Dialogo antológico: Comensal airado:RAUS! (fuera en alemán) Camarera: Por que tengo estudios, que si no... Frase castiza: “¡Viva España, hija!” (piropo) “Una cosa es la cultura y otra perder el tiempo leyendo.” Estrellita Castro interpretando "Suspiros de España" "¡España mía ya no te miro! Tú eres mi día por ti brota mi suspiro tu eres toda mi alegría ¡De noche y día yo no te olvido! ¡Ay quién pudiera! ¡Ay quién volviera! ¡Qué no daría! ¡Por mirarme patria mía en tu cielo azul!" Vainica Doble
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  • 149.
    149 ARMIÑÁN O ELRESPETO POR LA LIBERTAD La denuncia de la represión moral, cultural, sexual emprendida por Armiñán en su serie televisiva “Suspiros de España”, de la que vemos sobre estas líneas, un fotograma, afecta a las raíces mismas de la coartada ideológica de un orden agonizante. EN el mismo momento en que se consolida la serie televisiva de Jaime de Armiñán “Suspiros de España” se estrena “El amor del capitán Brando”, última película hasta la fecha del autor de Mi querida señorita. Sigo el programa televisivo de Armiñán cada semana, convencido de que asisto a uno de los mejores programas emitidos por Televisión Española y a lo mejor que televisualmente ha creado Armiñán. Tanto la serie como la película obligan a una reflexión sobre la extensión de un talante social, cada vez más amplio y profundo, que se convierte en un silencioso referéndum en pro de la libertad. Desde hace unos cinco o seis años la cultura española ha iniciado un ajuste de cuentas a fondo contra las pretendidas constantes peculiares del “ser español”, y ese ajuste de cuenta se produce a distintos niveles de contenido y continente, de emisores y receptores. Ya no se trata de un fenómeno como el del realismo social de los años cincuenta, que no consiguió salvar las barreras de la organización cultural, que se quedó en el campo de concentración de la burguesía ilustrada y de la Universidad. Lo que desde hace cinco o seis años se está produciendo afecta a un conjunto social más amplio y circula incluso por los canales de la organización cultural más establecida, como, por ejemplo, la televisión. Asistimos a un síntoma de que aparatos ideológicos de lo más defensivo, de lo más pegados a la piel del sistema, testimonian también la crisis del propio sistema. El dato es importante, porque avala la amplitud y profundidad de la aspiración de cambio y de que ese cambio sea tan serio que se lleve al desván de los malos recuerdos el torpe y largo intento de convertir a España en la reserva espiritual de Occidente, dando a la palabra reserva todas las connotaciones de trastienda, trastero, desván, trapería. Puede trazarse una trama crítica que ya pertenece a la cultura de masas y que une en estos momentos la serie de Armiñán, El amor del capitán Brando, La prima Angélica y El espíritu de la colmena. Son fenómenos de cultura de masas muy seguidos por el público, situados a distintos niveles de lenguaje y presupuestos, pero unidos por el común objetivo de dinamitar la conspiración ideológica de la España subnormal.
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    150 El desfase entrelos que siguen empeñados en la conspiración de la subnormalidad de España y cualquier peatón de nuestra historia de cada día es abismal. Ya no se trata de la soledad del “bunker” en el extrarradio de una ciudad, sino de la soledad del “bunker” en una isla situada en medio de un océano de nadie y nada. Los ojos del político televisivo que ha dado paso al programa de Armiñán son los ojos abiertos más pequeños del país y, sin embargo, han visto claro. En el catálogo de monstruos de Suspiros de España también hay un catálogo de criaturas normales que tratan de afirmarse, en lucha contra los monstruos. La denuncia de la represión moral, cultural, sexual emprendida por Armiñán en Suspiros de España afecta a las raíces misma de la coartada ideológica de un orden agonizante, y ese empeño en extirpar las raíces de esa coartada se ha convertido en un código expresivo público, al alcance de miles, millones de espectadores. Esto ha sido posible porque los responsables de la tijera son cada día más conscientes de que el público español hoy no puede aceptar otros mensajes que los que concierten con su propia crítica de la realidad y su pasado. Es decir, la serie de Armiñán o las películas de que hemos hablado jamás hubieran prosperado o si hubieran sido un mero empeño voluntarista de profesionales de la progresía. Si han prosperado es porque conectan con una amplia conciencia social hacia la cuestión, porque se ha establecido lo que los comunicólogos llamarían un “feed-back” que los elementos más conscientes y avisados del sistema no pueden reprimir. Armiñán ha acometido este empeño sin falsear la imagen y los rostros de la España real. Es un acierto que esos rostros tan hispánicos de Irene Gutiérrez Caba o Antonio Ferrandis no se encasillen en el bien o en el mal, sino que presten sus rasgos unas veces al represor y otras al reprimido, a la víctima o al verdugo, al retrógrado o al liberador. No hay otra fórmula mejor de aceptar las profundas contradicciones en que se debate la España “madura” que encarnan esos dos geniales intérpretes; sobre todo la España madura que estrena crisis en este momento, una crisis impuesta por las progresivas quiebras en la realidad falsificada. Sería un error situar la serie de Armiñán dentro del catálogo muerto de la “crítica de costumbres”; sería no entender la función que puede cumplir en unos días decisivos para nuestro porvenir colectivo. Más que crítica de costumbres, Armiñán practica la crítica de esa ideología-coartada que están en el origen de todos los intentos de falsificación de la mecánica del comportamiento personal y colectivo, de la mecánica de la realización individual y de la realización histórica. No es casualidad que tanto en El amor del capitán Brando, El espíritu de la colmena o en La prima Angélica uno de los personajes claves sea un español vencido, silenciado, que aporta un análisis de la galaxia desde la otra cara, oculta, de la Luna, Luna de España cascabelera, Luna de ojos azules, cara morena. Manuel Vázquez Montalbán – 21-12-1974 - Triunfo
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    151 LA POLÉMICA “¡JO,PAPÁ!” (1975) Con sus padres durante el rodaje en Peñíscola El consenso crítico, una anomalía muy española, dice que “¡Jo, papá!” es ni chicha ni limoná, que se queda a medio camino, que lo que podía haber sido una gran película política, crítica con la dictadura (en plena dictadura, todavía no había muerto la momia), queda reducida a la mera brecha generacional (Armiñan no opina lo mismo: “Mi idea se basaba en el aspecto político, y el tema generacional, que, por otra parte, se ha estudiado más, es aquí adyacente al hilo de la película. A mi juicio, todo el tema está informado por lo político. Creo, además, que ésta es la primera expresión de un tema político en nuestro cine. No por culpa de los directores…”). El propio Armiñán contribuye a este consenso afirmando que la película podía haber sido muy diferente de haberse rodado unos meses después, vamos que la película nació muerta, con un lenguaje, con una autocensura, que ya no tenía que existir después de la reciente muerte del dictador (“A esa película le ocurrió una cosa muy mala: el momento elegido por mí para hacerla, cuando se está muriendo Franco. Aquí la política sí incide en el cine, no cabe la menor duda. Entonces la película es blanda, no se cuentan las cosas que se debían haber contado. Si esa película la ruedo dos años después, hubiera sido completamente distinta y supongo que hubiera tenido éxito, porque era una historia muy de verdad. Es la historia muy cierta del franquista que ha hecho la guerra y lleva a su familia a contarle la batalla de siempre. Y que se encuentra con los personajes con quienes ha hecho la guerra y contra los que luchó. Hay partes de la historia que son verdad, que yo conozco por mi padre. La censura prohibió a muerte aquella película varias veces, varias versiones del guión. Fue absolutamente machacada. El director general de cine con el que hablé en cierto momento me dio textualmente: “Mientras viva la momia del Pardo esta película no se estrena”. La momia del Pardo se murió tres meses después y la película se estrenó al poco tiempo. Pero cuando se estrenó, los periódicos, y la gente, y la radio ya decían otras cosas y se hablaba de otra manera, y contaban la Guerra Civil de otra forma. En meses. Fue una catarsis total. Esta película se estrenó en diciembre del año 75, y la momia había muerto menos de un mes antes. Una vez muerto Franco… adelante, se estrena la película. Y ya en ese momento se contaban las cosas de otra forma, en sólo 20 días. Y, claro, la película queda sosa, blanda. En esta película cortaban frases como cuando el personaje de Ferrandis decía “Estamos cruzando
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    152 España”. Tachaban lafrase y yo no sabía por qué. Y claro, era por la cruzada. Hasta ese extremo. Entonces los estamentos oficiales le estaban dando una cierta cobilla a las izquierdas o a los progres por lo menos. No se podía decir “los rojos”, pero ¡si era lo que se decía! Tampoco me dejaban decir “los republicanos”, no se podía hablar de la república. Entonces teníamos que rodar un diálogo en tres versiones distintas, diciendo “rojos”, “republicanos” y “el enemigo”. Luego creo que el final -el suicidio de este hombre- era metafórico: se mete en el agua y echa a andar hacia allá porque comprende que todo lo que ha hecho durante su vida ha sido un fracaso total; el público no acabó de entenderlo. Pero tenías que recurrir a los símbolos y a las metáforas. Él tenía que haberse pegado un tiro en la tienda de campaña o lo que fuera. Si hubiera podido hacer esta película dos años después, hubiera hecho la película de verdad. Mala suerte. […] Nos quedamos cortos y blandos. El hombre que sigue el trayecto que vivió en la guerra civil, con su familia, es bonito, pero estaba desperdiciado. Quizá es que la película estaba hecha con demasiada honradez, era demasiado lineal y le faltaba espectacularidad”). Algo que lejos de quitarle importancia, para mí se la da. No es una película revanchista, algo muy razonable después de décadas de dictadura, aunque las revanchas post-mortem carecen de valor, en su doble acepción, es una película transicional, tolerante, y eso es incompatible con los extremos, con el maniqueo la Guerra Civil fue una cuestión de buenos y malos (“He querido hacer un personaje de verdad, no una caricatura de fascista. He presentado un tipo que tiene bondades y debilidades. Ya no se pueden manejar criaturas de cartón-piedra totalmente buenas o totalmente malas. Ferrandis defendió el papel, en términos de interpretación, con sinceridad, porque él creía en la existencia de un hombre así y en su razón. Por eso su labor es convincente.”) Una simplificación llamada “Memoria Histórica” que no resiste el menor análisis histórico, sociológico. Como no me gusta repetirme, conscientemente, corto y pego lo que escribí sobre la película: “¡Hombres de España, ni el pasado ha muerto, ni está el mañana -ni el ayer-escrito!” Antonio Machado
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    153 España es unpaís extraño, de los pocos en los que las únicas personas incapaces de olvidar, de pasar página, son las personas que no vivieron, sufrieron, los hechos de forma directa, ni indirecta, vamos que ni habían nacido. Por supuesto me refiero a la Guerra Civil y a la Posguerra, al comodín del franquismo, del esotérico franquismo sociológico, que sirve para justificar, encubrir, la falta de proyectos de presente y de futuro, para establecer comparaciones absurdas, imposibles, entre dictadura y democracia, para denigrar todo lo que tenga que ver con España y lo español, incluida su cultura. El lema publicitario con el que se presentaba la película, “¿Llegó ya el momento de olvidar?” (¿quién es el inútil que dibuja bizca a Ana Belén en el póster?), deja bien a las claras que los españoles progresistas de la época, entre los que se encontraba el humanista Armiñán, se lo planteaban, lo veían posible, deseable. 40 años después, los nietos, los bisnietos, de estos españoles han decidido que no, que lo que toca es fomentar de nuevo el odio, el resentimiento, entre españoles. “¡Jo, papá!” (originalmente “Papá”) puede, debe, considerarse como la última película realizada durante el franquismo, y un anticipo del infame periodo del destape, los desnudos de Ana Belén son muy gratuitos, tanto por la fecha de su estreno, al poco tiempo de morir el dictador, como por el contenido, una confrontación relativamente amistosa, comprensiva, entre el franquismo y la inminente transición, algo que ya flotaba en el ambiente incluso antes de la muerte de Franco. Armiñán se enfrenta a este contraste con su habitual capacidad para comprender, para respetar, para no juzgar con saña ni a sus personajes ni a los españoles, lo que algunos subnormales definen como buenismo, sosería.
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    154 Todo el mundo,incluso el propio Armiñán, coinciden en que el fracaso comercial de la película se debió a este navegar entre dos tierras, a que era demasiado blandita para los nuevos tiempos, que rodada unos meses después hubiera sido muy diferente, mucho más contundente, crítica, Armiñán tuvo que hacer varias versiones de algunas escenas por temor a la censura, aún así estuvo a punto de no poder ser distribuida. Algo realmente absurdo porque no se le puede pedir a los directores que ejerzan de visionarios, como mucho se les debe pedir que sean capaces de reflejar, analizar, con profundidad el tiempo presente. El valor de la película radica precisamente en esa condición de canto de cisne de toda una época, de toda una serie de limitaciones ligadas a la censura, a la auto-censura, es una plantilla de lo que se podía y no se podía hacer, un resumen de las libertades cosechadas y de las que faltaban por cosechar, un terreno lleno de sutilezas, de sobreentendidos, de sabiduría, en el que Armiñán se sabía mover como pez en el agua ("No me ha quedado por decir nada de lo que pretendí. El guión adolece nada más de mis autolimitaciones, provocadas por el exterior. En otro marco o circunstancias, quizá hubiera concebido otra película diferente. Pero tal como ha salido, la pensé. Cualquier fallo que se le vea es imputable a mí y no a los demás. No me gusta dármelas de censurado y perseguido. El guión pasó por numerosos problemas, pero la película no. Se discutió el argumento y el personaje principal, y parte del diálogo, y algunas palabras que no se debían mencionar. Pero, al final, se puso realizar conforme a mi propuesta original"). La vulgaridad, el maniqueísmo, nunca fueron sus fuertes, ni el de ninguno de los grandes directores españoles, a los que la dictadura les obligó a ser más inteligentes, más complejos, cosa que se perdió en gran parte con la llegada de la democracia, la última gran obra maestra universal del cine español es “El espíritu de la colmena”, de 1973, en 1977 no hubiera tenido sentido, no se hubiera realizado. Franco, por supuesto sin pretenderlo, más bien a su pesar, dio un plus de grandeza, de sutileza, a la cinematografía española. Al excesivo temperamento, impulsividad, machismo, del cabestro español, nunca le ha sentado mal el frenillo de la conciencia, de la auto-censura, la frontera entre libertad y libertinaje, entre buen gusto y guarrada siempre ha sido muy difusa en democracia. Que bien le vendría al cine español actual una buena dictadura, solo al cine español.
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    155 Al margen desu condición de película fronteriza, transitiva, en términos políticos, lo importante, como en todas las películas de Armiñán, es los sentimientos, razón por la que ninguna de sus películas puede caducar jamás. El tema principal no es la Guerra Civil, la política, sino la brecha generacional, no solo intelectual, también sexual, entre padres e hijos, la brecha emocional entre hombres y mujeres. Es a la vez una película iniciática y nostálgica, como “El amor del Capitán Brando”, un canto al presente desde la obsesión por el pasado. Mirar hacia atrás, con o sin ira, no sirve de nada, la vida es una road-movie, no un flash-back, los recuerdos siempre mienten. El personaje de Ferrandis vive anclado en el pasado, y el personaje de su hija, la inquietante Ana Belén, con justicia el mito sexual de los 70, atropellado por el presente, lo que en manos de cualquier otro director se hubiera convertido en una relación marcada por una profunda incomunicación, incomprensión. En Armiñán no, en Armiñán son los dos personajes, inspirados en la relación con su padre Luis Armiñán, que mejor se comprenden, la habitual atracción, equilibrio, de sus películas entre madurez e inocencia, entre racionalidad e impulsividad, entre ilusión y desencanto, que poco, nada, tiene que ver con la pederastia, con el incesto, Edipo y Electra, sí. Armiñán es un voyeur casual, un provocador, un nostálgico de la infancia, no un sátiro. España no se merece a un director tan tolerante, tan clarividente, tan español. No en vano en su nombre y apellido están incluidas las dos letras más españolas, castizas, la jota y la eñe, y no necesariamente en ese sacrosanto orden. «¿No va siendo hora de olvidar la guerra civil? ¿No es hora de que vivamos en paz y libertad? Ya va siendo hora de olvidar y enterrar a los fantasmas. Tenemos derecho a vivir en paz y libremente. Las generaciones actuales no pueden enterrarse bajo un ¿Qué sabéis vosotros, que no vivisteis la guerra?» Jaime de Armiñán
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    156 Establecido el contexto,vayamos al texto, a la polémica: “Flotats me parece un magnífico actor y además es una persona estupenda; se enfadó muchísimo conmigo, yo me enfadé con él, nos escribimos unas cartas desagradabilísimas y luego volvimos a ser amigos, aunque no nos veamos hoy. Porque él tenía razón en parte de lo que decía y yo también la tenía en lo que contesté. Pero los dos estuvimos agrios, desagradables y antipáticos”. “La película sí tiene los personajes que yo quería, aunque José María Flotats entró un poco de clavo, desgraciadamente también por culpa mía. Yo creo que mis errores de reparto casi nunca son atribuibles a los actores”. “No era papel para Flotats, no era aquel personaje. Tenía que haber sido otro chico, pero como en España, y sobre todo en esa época hemos tenido una enorme falta de lo que mi abuela llamaba galanes, como se dice en el teatro: “¡No hay galanes!”… Pues Flotats lo era, era un actor con un físico extraordinario, con una preciosa voz, pero yo le doblé porque tenía un acento raro, entre catalán y francés, que resultaba un poco sorprendente para un locutor, que era su papel”. ¿Alguien tiene curiosidad malsana en leer esas cartas bomba? Pues vuestros deseos son órdenes. La polémica comienza con una entrevista a Flotats en la que se publica a mayores una carta dedicada a Armiñán (que se volvió a publicar en "Fotogramas" el 4 de febrero de 1976), y que tuvo doble contestación por parte de Armiñán: Uno de los protagonistas de “¡Jo, papá!” Josep María Flotats: "Me desolidarizo de la película que hice con Armiñán" Josep Maria Flotats es un actor catalán afincado desde hace muchos años en Francia donde se ha desarrollado prácticamente toda su carrera. Recientemente se ha incorporado al cine español, protagonizando «Pim, pam, pum, ¡fuego!», de Pedro Olea, y a continuación «¡Jo, papá» de Jaime de Armiñán. «¡Jo, papá!», se ha estrenado hace unos quince días en Madrid y a Flotats no le ha gustado, por las razones que apunta en la carta a Armiñán que reproducimos. —¿Tú viste por primera vez la película en el cine donde se proyecta? —Sí. Me pilló por sorpresa. No había visto proyección antes ni me había doblado. No me permitieron doblarme aduciendo que tenía acento catalán y el personaje era de Vigo. En suma, hasta que me metí en el cine no sabía lo que me esperaba. —¿Y qué te esperaba? —Durante el rodaje se creyó interesante hacer doble versión de algunas escenas, por si acaso. —¿Por si acaso? ¿Qué tipo de escenas tuvieron doble versión? ¿Las eróticas?
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    157 —No, no, lacosa era a nivel político. Puede que Armiñán tuviera miedo, no sé, pero el hecho es que el espíritu de la película no corresponde al del guión, ni a lo que yo pensé que ideológicamente podía ser. Hay pequeños cambios en frases, pero sobre todo ha variado el enfoque: lo que podía ser una película polémica sobre la mentalidad del «bunker» se ha convertido en un conflicto generacional, —Pero, bueno, ¿de qué trata la película? —Se trata de un señor que hizo la guerra con los nacionales y al cabo de los años decide recorrer con su mujer y sus hijas los lugares por donde anduvo durante la contienda. El final, por ejemplo, era así: Ferrandis llegaba al mar y se sumergía en él hasta el cuello. Y decía, más o menos: «Hasta aquí llegamos con el ejército victorioso de Galicia y vimos llegar una lancha de Cataluña, con rojos. Y nosotros, como el lobo del cuento, nos relamíamos». Ahora, en cambio (aparte de que «rojos» se ha sustituido siempre por «republicanos»), dice algo así como «he envejecido, estoy calvo y gordo...» —Y aparte de haberle escrito a Armiñán, ¿qué piensas hacer? —Nada, los actores no podemos hacer nada. Se nos considera un objeto, se puede desvirtuar algo en que, tal vez ingenuamente, creímos ver unas secretas intenciones. Yo trabajé en «¡Jo, papá!» porque creí ver esas intenciones, y ahora el resultado es otro, un resultado en el que no hubiera querido colaborar, porque tengo una trayectoria, y entiendo que el actor tiene unas obligaciones para con su pueblo. Comprendo que, lo mismo que a mí, esto le puede haber pasado a muchos actores que empiezan y no se atreven a denunciarlo, pero los que podemos permitirnos el lujo de hacerlo tenemos la obligación de protestar. —¿Crees que si Armiñán hubiera rodado la película ahora y no el verano pasado sería igual? ¿O se hubiera atrevido a hacerla como tú creíste que sería? —No sé, pero el hecho es que se ha estrenado hace quince días, y la publicidad insiste en lo de olvidar las fechas de la guerra y en convertir el producto en un conflicto entre generaciones, desposeyéndole de su carga política, una carga política que yo creí posibilista pero yendo al máximo de lo que se podía decir, como «Pim, pam, pum, ¡fuego!». —¿Conclusión? —Desconfianza. A partir de ahora, cuando haga una película en España, miraré mucho el guión, trataré de ver cómo es la gente que la hace y qué intenciones lleva. Y exigiré doblarme y que no se hagan modificaciones sustanciales a posteriori, y todo eso deberá figurar en el contrato. Tras Lola Gaos, Josep Maria Flotats. Los actores empiezan a dejar claro que tienen opiniones políticas y reivindican su derecho a tenerlas. Iván Tubau
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    158 Carta al directorde “¡Jo, papá!” Querido Jaime: Acabo de salir del cine aterrado después de haber visto tu película. Aterrado no solamente por mi interpretación, si interpretación se le puede llamar a lo que hago, ni por el monstruoso doblaje al que se me ha sometido: pero sí, y sobre todo, porque la película que he visto es un vehículo ideológico contrario al guión que leí, y también porque como actor y como simple ciudadano responsable no puedo aceptar la publicidad de la película —casi un subtítulo— que habla de fechas y olvidos. Se presta a una confusión no tan ambigua a la que no quiero, ahora menos que nunca, colaborar. Como comprenderás es mi deber de desolidarizarme públicamente de todo esto. Puedo suponer los cambios que se te pueden haber impuesto por razones administrativo- político-comerciales, pero la falta de tu disconformidad pública y tajante te convierte en el máximo responsable de la película y sus consecuencias. Es por esto que dirijo esta carta a tu persona. Espero que sepas comprender mi posición. Tu amigo JOSE MARÍA. Diario de Barcelona - Viernes 30 de enero de 1976 Con Ana Belén durante el rodaje en Teruel (1974)
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    159 Tribuna libre Armiñán respondeo Josep María Flotats Sin ánimo de entrar en polémica alguna publicamos en esta sección de «Tribuna Libre» la carta que el director de cine, Jaime de Armiñán, transmite a José María Flotats, en respuesta a la que este actor le dirigió en su día y que apareció en nuestra edición del pasado viernes, junto a unas declaraciones del propio artista catalán: «Querido José María: En primer lugar te diré que me parece de muy mal estilo airear tu antipática carta privada de esa manera. Podías tener más imaginación y mandar otra. Eso no lo hubiera hecho nunca Oscar Wilde, hijo. Por lo pronto veo que te ha ocurrido lo mismo que a los críticos de «Arriba» y «El Alcázar» [Se refiere a Marcelo Arroita-Jaúregui y a Félix Martialay, que le dedicó la friolera de 10 obsesivos artículos (primero en “El Alcázar”, y posteriormente republicados en “Flores y Abejas” entre marzo y mayo de 1976) a Armiñán, y todo porque Jaime de Armiñán en una entrevista de Maruja Torres para Fotogramas (n.º 1.427) había dicho de la crítica de este buen hombre titulada “Jo, a secas”: “La opinión del crítico no me sorprende, porque qué se va a esperar de un señor que escribía en “Flores y Abejas”.”]. Es natural. Comprendo que "¡Jo, papá!" no se puede entender lo mismo desde España que desde un teatro más o menos "snob", lleno de señores con abrigos de pieles en París. Exactamente igual —pero en serio— ocurrió con nuestra guerra civil, que no es un mero asunto de buenos y malos. Perdóname que no te conceda la menor beligerancia en este terreno. Naturalmente que soy responsable de la película, no faltaría más. No vas a serlo tú, querido, que no tienes por qué meterte en un trabajo que no te concierne. Tú a lo tuyo, que para eso has cobrado. Bien sabes que la película está rodada exactamente con el mismo guión que tú tienes. Bien sabes que hicimos "primeras", "segundas" y hasta "terceras" versiones, que tú aceptaste sin la menor vacilación. Haberlo dicho, entonces. Y bien sabes, por último, que se utilizó la primera versión escrupulosamente. Tranquilízate, pues, como simple ciudadano — lo de simple me parece bien— o aprende a leer. En cuanto a la interpretación, estoy absolutamente de acuerdo contigo. Estás flojito. Yo ya lo sabía el primer día de rodaje, pero por amistad hacia ti intenté sacarte a flote. Es difícil tener la expresividad cinematográfica de Ana Belén, Ferrandis o Amparo Soler Leal. Lo del “monstruoso doblaje” es consecuencia de tu poca facilidad para hablar normalmente. No digas lo de que tienes acento catalán: tienes un acento que yo no sabría clasificar. Qué más hubiera querido yo que no doblarte; entre otras cosas has estropeado el sonido directo. Lo de la publicidad es aún más chocante... ¿No va siendo hora de olvidar la guerra civil? ¿Tenemos que seguir matándonos como en 1938? ¿No es hora ya de que vivamos en paz y en libertad? Todo eso se dice en "¡Jo, papá!", y tú bien lo sabes. Para protestar en serio hay que "echarse al monte" y vivir en España. No hablar de oídas acolchado en un bonito escenario de París. Un abrazo de tu amigo y director, JAIME DE ARMIÑÁN. Diario de Barcelona - Miércoles 4 de febrero de 1976
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    160 “¡Jo, papá!”: Armiñánreplica a Flotats El señor Flotats, que, por lo visto, no sólo no sabe hablar -desgraciadamente, hubo que doblarle en “¡Jo, papá!”, destruyendo el esfuerzo que hicimos al intentar rodar con sonido directo-, tampoco sabe leer y, ni siquiera, escuchar. Esa frase melodramática a la que alude en la sección “Gente” de ByN: “Ahora tengo ganas de olvidar, he cambiado”, se la ha inventado él solito. No existe, ni jamás ha existido. Y bien fácil es comprobarlo. La frase suprimida del final -tampoco se la sabe- está bien claro que si no está en la película no fue por mi culpa. Por otra parte, tampoco es definitoria, ni muchísimo menos. La película está rodada exactamente -como dice Ana Belén- tal como fue escrita en el guión que prohibió la censura en abril de 1975. Yo también siento que el señor Flotats haya participado en “esta historia” y lo siento por la película, no por la recia contextura política del señor Flotats, que vive en un escenario de París -por muchos años- y que no tiene ni idea de lo que se cuece en España. Jaime de Armiñán Madrid ABC – 7 de febrero de 1976
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    161 EL NIDO (1980) Armiñánno es formalmente un virguero precisamente, más bien todo lo contrario. Cuando trata de hacer secuencias en plan, mira que poeta soy, como en el principio y el final de "El nido", naufraga estrepitosamente. Cuando no lo busca encuentra poesía hasta debajo de los planos. Sobre todo en la construcción de personajes, y en la dirección de actores. Armiñán no sólo crea muñecos, sino que además les da vida, muñecos más cercanos a Pinocho que a Frankenstein. La humanidad, en su sentido más amplio, sin ñoñeces, que respiran sus personajes, los convierte en personas de carne y hueso, llenas de contradicciones, de pasiones. Son solitarios extrovertidos profundamente descreídos, profundamente vitales, es decir, más creyentes que los mismos creyentes. Armiñán es el último romántico del cine español, el último que cree en la amistad, en el amor, en la amistad como forma de amar. Julieta Serrano y su querida señorita, Héctor Alterio y el cura, Hector Alterio y Goyita, Héctor Alterio y su general, Juncal y "El brujo".
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    162 Cuando un pollitose cae del nido es para darse la ostia, o para volar, o las dos cosas a la vez, el amor. El amor llevado a sus últimas consecuencias, la muerte. Para morir primero hay que estar vivo.
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    163 “La película surgea través del personaje de Goyita. Ella es la imagen de una niña mucho mayor que la edad representada; recuerda que en un fragmento de la película Goyita dice tener ciento doce años. Es una pequeña vampiresa, de ahí su entronque con Lady Macbeth. Ella y don Alejandro son dos personajes solitarios, marginados en el pueblo, destinados a encontrarse. Pienso que la película encierra una carga erótica, lo que sucede es que dicha carga se traduce en una relación blanca, cerebral. […] “El nido” es lo que busca Goyita porque es precisamente lo que no tiene en su casa, en la escuela, en su entorno. “El nido” es la casa de don Alejandro, un hombre solitario hasta el extremo, refugiado en la música y en sus placeres solitarios. Ambos buscan en su soledad, en los pájaros, esa atmósfera entrañable de la que carecen. […] Es una historia de amor imposible, de soledad, esperanza y busca de libertad. Pese a este final no es pesimista; al contrario, está dentro del optimismo. Supone para un hombre, no vamos a decir viejo, pero sí mayor, la capacidad de volver a ser joven y de vivir. Sobre todo, de volver a vivir.” Jaime de Armiñán
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    165 CUENTOS IMPOSIBLES (1984) Elúnico genio con mayúsculas, y en el sentido más amplio, versátil, de la palabra, que ha dado la cultura española desde el tardofranquismo hasta la democracia, pasando por la Transición, se llama Jaime de Armiñán, aunque el consenso progre le haya colgado ese intimidante sambenito a Fernando Fernán Gómez, un aprendiz en comparación. El defecto de Armiñán, el mejor guionista español de todos los tiempos, el gran lastre que le impide ser reconocido por todo el mundo como el gran genio que es, es la modestia, el sarcasmo y la humanidad. Armiñán es el español más comprensivo, el único demócrata, humanista, también con mayúsculas, que ha dado este sectario país, alguien que es condescendiente con las debilidades, vicios, de los demás, porque sabe que son propios, universales. Su crítica de la idiosincrasia española siempre es feroz, ajustada, pero nunca hace sangre ni mira por encima del hombro. Armiñán te canta las cuarenta con sarcasmo, con ternura, no te juzga, simplemente te pone delante del espejo para que recapacites, para que despiertes, para que mejores. Con dos personas como Armiñán, el frentismo de la sociedad española actual no existiría, su empatía, su bonhomía, es incompatible con la cerrazón, con la estrechez mental, y sentimental. Si Buñuel es el bellotero que todos llevamos fuera, Armiñán es el santo varón que algunos llevamos dentro, y que no dejamos mostrar para que no se nos caiga la máscara del todo, ni nos devoren los lobos, con o sin piel de cordero, con o sin pasividad agresiva. En cuanto a la serie (que en principio se iba a titular, irónicamente, “Cuentos morales”, supongo que como homenaje envenenado a las pacatas películas de Rohmer), aunque realmente sean 6 películas independientes rodadas en 16 milímetros entre noviembre de 1983 y abril de 1984, un perfecto resumen de toda su filmografía, de toda su seriografía, “Suspiros de España” en color y sin autocensura, o dicho de otro modo, “Suspiros de España” sin la existencia de la censura. Por supuesto con su habitual, y sutil, feminismo montuno, sus personajes femeninos siempre son más resolutivos, decididos, complejos, que los masculinos, "nada hay más fácil que un hombre", y su certera disección de los sueños del gris españolito medio, de la vilipendiada clase media, la gran despreciada de la intelectualidad, la clase que siempre ha levantado a España de sus cenizas. La aristocracia, la casta política, artística, y la clase baja, siempre han mamado de su generosa teta caída. Una obra maestra de sarcasmo, de construcción narrativa, que precisamente por eso, pasó completamente desapercibida para el público en general, y eso que fue emitida en La 1 en Prime Time (los martes a las 21:30 y 21:00, en 1984 y en 1987). Lo mismo que “Stico”, rodada casi a la par, y que podría pasar por un cuento imposible más. Armiñán solo compite consigo mismo, y “Juncal” ha opacado el resto de sus series, incluso mejores. No nos merecemos a Armiñán, en España siempre vuelve a atardecer, y a los genios se les trata como puta en rastrojo.
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    166 1-INGRID BLOOM: Landismocrepuscular, el cine del destape se mira en el espejo del costumbrismo satírico. 2-NUEVO AMANECER: Versión mejorada, lograda, de "Atraco a las tres", o los caudillos no siempre mueren en la cama. 3-ROSA FRESCA: La versión feminista de todas las películas de Woody Allen, con un plus de maltrato animal. 4-¡HA DICHO PAPÁ!: El mejor cuento moral de Rohmer, con la sana pachorra, inmoralidad, de los católicos practicantes. 5-HOSTAL VALLADOLID: “Suspiros de España” condensada en una hora, o donde tengas la olla no metas la polla. P.D: Refrito del episodio “Decir que no” de la serie “Tiempo y hora” (1966). 6-JUNCAL: El sublime origen de la serie “Juncal”, el print the legend fordiano versión fantasmada castiza. “Son sólo relatos de imposibilidades cotidianas. En la cabecera de cada episodio va a ir un pequeño diálogo del tipo ‘¿a que no sabes que fulanita va a tener un niño?’, ‘¿fulanita un niño? ¡Imposible!’. La imposibilidad no va más allá. Son lo que se ve. Temas que nos preocupan y que antes no se podían contar en TVE, si no era de tapadillo.” Jaime de Armiñán P.D: La serie se puede ver completa en youtube (una vergüenza que no esté en el archivo de RTVE) https://www.youtube.com/channel/UCPj15trIDzacqpMIcdx1OHw
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    167 JUNCAL (Cuentos imposiblesy episodio 1) (1984-88) (comienzo del episodio de “Cuentos imposibles”) La serie de culto española por antonomasia (orginalmente se iba a llamar “Maestro”), la más inteligente, la más profunda, la más entrañable, la más crepuscular. Con unas actuaciones increíbles de Francisco Rabal, Emma Penella, que se sale, y del Brujo, entre muchos otros. Pongo solo el primer episodio, porque como sucede con todas las series de Armiñán, e incluyo “Una gloria nacional”, pone toda la carne en el asador como si se tratase de una película piloto, y el resto de la serie nunca está a la altura. Pero resulta efectivo, porque una vez que te has comido el cebo, Juncal ya forma parte de tu familia, y no vas a dejar a un familiar solo, en la calle, y lloviendo. El reflejo del gorrión que todos llevamos dentro, y fuera. La torería como actitud vital. ¡ABAJO LOS GORRIONES! P.D: Imprescindible ver su precuela (que a su vez es el remake casi literal de “Agua pasada”, un episodio de la serie “Tiempo y hora” (1966), la principal diferencia es que Juncal, Higinio (Antonio Ferrandis), no rompe el cheque, vamos que tiene menos dignidad), “Cuentos imposibles: Juncal” (1984), aunque realmente sea la secuela del primer episodio, empieza justo donde acaba (el personaje de Juncal ya sale en la película de “La becerrada”, Juncalito (Fernando Fernán Gómez), dirigida por Forqué, con guión del propio Armiñán, aunque tiene un origen real:
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    168 “Está inspirado enmucha gente que conozco o imagino, en parte también en el Papa Negro, el padre de los Bienvenida, que no era Juncal, pero sí tenía ese lenguaje. Como yo pasé media vida en casa de los Bienvenida, en el ambiente de los toros, oyéndoles hablar, aquello era una fuente enriquecedora. El verdadero Juncal era un malagueño partidario de toreros, partidario de Manolo Bienvenida hijo, que murió en el año 38. Cuando murió Manolo, Juncal se hizo partidario de Pepe Bienvenida y luego de Antonio: fueron heredándolo. Juncal era un personaje absolutamente maravilloso que nunca dio ni golpe y que estaba casado con la cocinera del obispo de Málaga, y su vida consistía en levantarse a las doce de la mañana, irse al café Español a hablar de toros, volvía a su casa, se comía lo que le había dejado la pobre mártir aquélla, volvía al café Español y se acostaba a las seis de la mañana, una hora antes de que la otra se levantara, ¡tenía una pinta!: alto, delgado, con el pelo blanco, cuidado, ¡si no había trabajado nunca! Le llamaban Juncalito, pero no había sido torero, sólo era “partidario de toreros”. […] Era un personaje que existió en Málaga. Yo le conocí en la década de los 60, entonces tenía unos setenta años y ya ha fallecido. No era torero, sino aficionado a los toros, le llamaban Juncal, Juncalito y estaba casado con la cocinera del obispo de Málaga. Con los años yo he transformado el personaje hasta quedarse en el que ahora aparece en la serie. […] Expresiones como “tomo nota”, “tunanta”, “qué sabe la gente”… eran todas invención mía. […] Ya entonces Juncal era Paco Rabal. Era el único actor, y no lo digo en detrimento de los demás, que podían interpretar a este personaje. Hablamos entonces del proyecto de hacer de Juncal en una serie. Juncal no podía ser otro que Rabal. […] Ha sido un rodaje muy largo, siete meses es mucho tiempo, y eso que lo hemos hecho muy rápido. En total han sido como cuatro semanas por episodio. […] Juncal en caló significa espléndido. Así ha sido todo el rodaje. […] Tipos como Juncal han existido siempre y continúan existiendo, es el típico pícaro que se ha dado en este país desde hace tres siglos. […] Recuerdo cuando rodábamos el final de “Juncal”, en el que Paco Rabal muere en la mesa de operaciones de la enfermería. Llevábamos una hora en silencio total como si estuviese herido de verdad y cuando por fin muere, noté que unas lágrimas me impedía ver. Me giré y vi que todo el equipo estaba igual, Si eso lo notamos en el plató, luego transciende al público. Cuando miras por cámara y te llega lo que hace el actor, te lo crees todo. […] Uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue en la Feria de Abril, en Sevilla, toreando Julio Aparicio. Comienza la música e interpretan el pasodoble de Juncal… […] De pronto sonó un pasodoble… Juncal… Yo no lo esperaba. La música de Juncal había llegado a la plaza de toros de Madrid de la mano del maestro Fernando Zabala. No tengo más remedio que darle las gracias en nombre de Vainica Doble -sus autoras- porque ellas no suelen ir a los toros. A mí me emocionó un poquito oír la música nacida de la ficción de un ruedo irreal, acompañando a los toreros de verdad, en el ruedo de la primera plaza del mundo, que es la de mi pueblo. […] Otra vez, en Madrid, en un homenaje a Paco Rabal, él tenía que abrir el toril y le tocaron Juncal, y había que ver a Paco en el centro del ruedo, saludando con el sombrero en mano. ¡Días antes, en Las Ventas, deseaba suerte a los toreros y era respondido con un: “¡Gracias maestro!”. Hasta que un día le dije: “¡Pero Paco, no te pongas tan contento cuando te dicen maestro, ¡si tú no eres torero!”, y se volvió y contestó: “¡Eso te crees tú!…”, porque él se creía torero.”). Viendo estas dos películas seguidas, el primer episodio y el capítulo de “Cuentos imposibles”, el resto de la serie es completamente prescindible. La única diferencia entre una y otra es que la faena de la serie “Juncal” es más pinturera, más libre, y la de “Cuentos imposibles” más sobria, compacta, más técnica, ambas de vuelta al ruedo.
  • 169.
    169 STICO (1985) "No somoslibres ni para decidir dejar de ser libres". Punto en boca. Todas las contradicciones, bajezas, del capitalismo, de la democracia, del cristianismo, diseccionadas en clave de humor, negro betún. Con una mala leche, sorna, crueldad, bastante inéditas en el habitualmente campechano, buenista, Jaime de Armiñán, o más bien un inocente con doblez, con retranca, como las canciones de “Vainica Doble”. La esclavitud como forma de tiranía, de dependencia, del verdugo sobre la víctima. La sumisión, la obediencia, como acto de rebeldía, de transgresión. El Capital, la Religión, humillados, vejados, por la Anarquía, la Libertad. Una inocentada de Armiñán contra la hipocresía, la doble moral, con regusto a atentado.
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  • 171.
    171 MI GENERAL (1987) Póstercheco, el español da grima verlo O me cago en la juventud. Juventud no es sinónimo de vitalidad, de optimismo, de capacidad de riesgo, de acción. Los viejos generales, tratados con la ternura, dignidad, delicadeza, habitual de Armiñán, ríen, comen, cantan, bailan, ligan, follan, los jóvenes profesores tienen gatillazos, son serios, amargados, frustrados, intransigentes. “Mi general” no es una comedia política, crítica, paródica, sobre el estamento militar, que también, y en un país en el que nadie se atreve a reírse del ejército, salvo desde el trazo grueso de Berlanga, “La vaquilla” (1985), y sus émulos, “¡Biba la banda!” (1987), es sobre todo una película de colegio, crepuscular, con todos los clichés del género, bromas a los profesores, escaramuzas sexuales, borracheras, baile de graduación, el chivato de turno, huidas, peleas, llena de vitalidad, de humanismo, como “En septiembre” (1982), sobre el choque generacional, sobre el poder, sobre la libertad, sobre el aprendizaje.
  • 172.
    172 No importa laedad que tengas, ni los conocimientos adquiridos a lo largo de toda una vida, es afrontar un curso de reciclaje y sentirte de inmediato como un inseguro colegial, como un subalterno, como un cadete, aunque seas general. Ante la ignorancia, ante la autoridad, todos nos sentimos desvalidos, humillados. Supuestamente la vida es un constante aprendizaje, pero hablamos de España, el país en el que una vez que sacas una oposición, o una carrera, o una plaza, ya te sientes legitimado para no volver a tocar un libro en lo que te resta de vida. Aquí el conocimiento es finalista, pragmático, no un afán de superación, de crecimiento continuo. Siempre se puede aprender, mejorar, no es una cuestión de años, sino de actitud, lo último que dice López-Vázquez antes de morir es: ¿Cuál es el próximo curso?, imposible dar un mensaje más positivo, vitalista. Y Armiñán (“Nunca es tarde”, 1977) lo hace extensible al sexo, al amor, a cualquier cosa, nunca es tarde para cambiar de vida, como ya demostró en el final de “Al servicio de la mujer española” (1978) y en “En septiembre” (1982), nada tiene que interrumpir el baile, ni tan siquiera la muerte. Armiñán durante el rodaje de la película Por si fuera poco, la película también es una reflexión sobre el poder, sobre la diferente actitud que tomamos según cual sea nuestra responsabilidad, según estemos en un lado u otro de la barrera, del escalafón. Un general sin su posición de poder, de autoridad, vestido de soldado raso, es un alumno más, una persona más. Una forma cristalina de denunciar los sistemas de castas, casi siempre hereditarias, de demostrar que el elitismo es un absurdo, que nadie está por encima, ni debajo, de nadie, que la única forma de autoridad aceptable es la que concede el conocimiento, la educación. Un maestro, un profesor, es solo eso, alguien que tiene un mayor volumen, profundidad, de conocimientos, que tiene la obligación de compartir, de transmitir, a los demás. Es un privilegio transitorio que no otorga ninguna carta blanca a quien los posee, ni trae consigo sumisión, obediencia ciega, ni legitima a nadie para comportarse de manera despótica, arrogante, injusta. Todo conocimiento está sujeto a crítica, a revisión, a actualización.
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    173 No es laprimera vez que Jaime de Armiñán trata el tema del despotismo ilustrado, el dictatorial personaje del general interpretado por Fernando Fernán Gómez (¿homenaje a “El último caballo”?) confrontado a un vengativo viejo alumno damnificado, Joaquín Kremel, es una directa derivada de un episodio de la serie “Del dicho al hecho” (episodio 5, "No hay mayor dolor que ser pobre después de ser señor", 1971), en el que también Fernando Fernán Gómez interpretando a un viejo maestro en horas bajas, se enfrenta a un antiguo alumno humillado por él, Juan Diego, que ahora ejerce el papel de empleador, utilizando esa posición de poder para tratar de resarcirse del daño sufrido por el profesor, sin lograrlo del todo. Porque hablamos del humanista Jaime de Armiñán, que critica, condena, al verdugo, pero sin ensañarse, siempre se pone del lado de la víctima, la resarce, pero no se ceba con el verdugo, porque Jaime de Armiñán sabe que en cualquier momento la víctima puede pasar a ocupar la posición del verdugo, cosa que pasa tanto en la película como en la serie. El humanista, humorista, Armiñán, es incompatible con el buenismo, con el maniqueismo, con el moralismo de salón, de púlpito. “¡Hitler era un caballerazo!”
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    175 AL OTRO LADODEL TÚNEL (1994) O “La sinopsis”, el título original que por lo visto no le gustaba a nadie, y que realmente es fiel al contenido de la película, porque no hay el desarrollo de un guión habitual, solo la sinopsis mostrada de diferentes maneras, imaginada, escrita, y puesta en acción. Metaficción pura y dura, proceso creativo en marcha y resultado final a la par, sin el intermediario de un guión, o sin que el guión solo sea un paso sino la película misma. El título final también se ajusta a la película, es fiel a su espíritu, remite a la muerte, a la vejez, al misterio de la creación, y al pozo negro del deseo sexual. Campo en el que las mujeres tienen todas las de ganar porque son las dueñas de la Caja de Pandora, por mucho deseo que haya si la caja no se abre voluntariamente, no hay nada que hacer. Los dos guionistas de la película se creen que tienen el poder de la trama, que manejan los hilos de la historia, y una panadera espontánea les demuestra que bastan una mirada, una sonrisa, un horno, un culo y dos tetas, para convertirles en dos peleles, en dos secundarios. Una cura de humildad, la productora es mujer, un baño de realidad, coherente con la visión de la mujer que tiene Armiñán, más inteligente, y mala, que el hombre. Aquí Caperucita Roja son ellos, que viven en un convento de clausura con prohibición expresa de entrada a las mujeres, y la loba una panadera que les encuentra en el bosque, y se les lleva a su casita de chocolate para poder comérselos mejor, “quiero ser Dios, Dios”. Maestro y discípulo, que muerde la manzana del pecado en su primer plano, demuestran que el amor, y los celos, no son una cuestión de edad, que el deseo, el romanticismo, son inmortales. También que la creación nunca es algo cerrado, individual, que es un proceso permeable a todo tipo de influencias, de interferencias, de casualidades.
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    177 P.D: En lapelícula, el fraile Benito (Rafael Alonso) hace el amago de contar una historia pero Fernando Rey le corta en seco. En concreto el diálogo es el siguiente: —Yo creí que trabajaban ustedes con ordenador. —Yo con ordenador —responde Aurelio amablemente—. El señor Marcos es… —Más de siempre —le interrumpe el fraile, que añade meloso—. Me gustaría contarles la historia de dos escritores: uno era partidario de la estilográfica, el otro de una vieja Hispano Olivetti… —Buenas noches —le interrumpe Miguel Marcos, que no está para bromas. Pues bien, la historia es la siguiente, la cuenta el propio Jaime de Armiñán en su “Diario en blanco y negro”, el diario de la película: “De una discusión parecida yo fui testigo hace muchos años: los protagonistas eran mi padre y Wenceslao Fernández Flórez. Mi padre defendía el uso de la máquina de escribir, y Fernández Flórez la pluma estilográfica de toda la vida. Recuerdo que mi padre puso como ejemplo a varios escritores de fama reconocida y buenas maneras, y que Fernández Flórez cerró el tema, sin dejarse ganar por los inventos que él consideraba perniciosos: —¡Bueno, pues escribirían mucho mejor con pluma estilográfica!” Esta misma anécdota sirvió como base para uno de sus artículos publicados en la revista humorística “Don José” (n.º 128):
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    178 A MÁQUINA OCON PLUMA HE aquí una de las cuestiones más tremendas que se pueden plantear en torno al llamado "tema literario". ¿Los escritores deben de escribir valiéndose de la vieja pluma, o, por el contrario, pergeñarán sus cositas con ese chisme lleno de letras y que se conoce con el nombre de máquina de escribir o "tiperiter del doctor Wonder"? ¡Ah! Los defensores de la pluma -hay quien aboga por la pluma de ave- suelen ser ancianos venerables, respetables reliquias. Los partidarios del "tiperiter" son jóvenes fogosos, verdaderos entusiastas del certamen literario y de la novela autobiográfica. Los ancianos afirman que el ruido de las teclas no les deja coordinar sus viejas y queridas ideas y que aquellas ideas, que ellos exhiben orgullosamente desde las últimos años del siglo XIX, no resisten ni la cinta de nylon, ni la espaciadora esa, ni nada. Aseguran los venerables que a pluma, y a pluma de ave, fueron escritos el Quijote, Hamlet y la Divina Comedia y que el Quijote, Hamlet y la Divina Comedia están ahí para lo que queramos mandar. Lo que olvidan los venerables es que antes se escribía en pergamino y mucho antes en piedra y que según su sistema seguiríamos escribiendo en los cantos del río. Uno de estos literatos, un glorioso, afirma que el escritor que escribe a máquina lo haría mucho mejor a mano y que el literato a mano de pluma está en la cumbre de la poesía y de la exquisitez. Se dicen todas esas cosas del maquinismo, del ruido, de los tranvías y de la inspiración. Al parecer las musas huyen horrorizadas ante el ruido de la máquina de escribir... No estoy de acuerdo, venerables. Huirán vuestras musas, que son unas señoritas, vestidas con gasas rosas y que se desmayan cada dos por tres. Huirán vuestras musas que necesitan carabina; pero las nuestras, vestidas con amplios chalecos de lana y calzadas con gruesas botas de montaña, no huyen por tan poca cosa. Nuestras musas están en la máquina de escribir. ¡La máquina de escribir! ¡Las ventajas de la máquina de escribir! En primer lugar el ruido, el tan cacareado ruido. Ese ruido es la música del escritor, la música que sólo él entiende. El acompañamiento de la copla. En segundo lugar, la letra. La letra de la máquina de escribir es mucho más bonita que la otra. Es perfecta. Y en tercer lugar, la velocidad. El pensamiento es más rápido que la luz. La máquina es más rápida que la pluma: luego la máquina es mejor vehículo que la pluma. Y ya está, hombre, ya está bien. Grtesdwzxcbm; JAIME DE ARMIÑÁN
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    179 LA ISLA DELOS PÁJAROS (1999) (Prólogo a “Cartas desde el faro”) Fernando Rey en “La luz del fin del mundo” (1971), adaptación del libro de Verne Jaime de Armiñán tiene más facetas, caras, que un diamante, y todas igual de valiosas, de brillantes. Las más conocidas con diferencia son la cinematográfica, aunque no por su mejor película, “Mi querida señorita”, no porque sea mala sino porque las tiene mucho mejores, “El amor del capitán Brando”, “El nido”, “Stico”, “Mi general”, “Al otro lado del túnel”, y las televisivas, “Suspiros de España”, “Cuentos imposibles”, y de manera muy limitada, “Juncal”, un auténtico delito porque hablamos del mejor guionista, director, televisivo que ha dado este país, “Fábulas”, “Del dicho al hecho”, “Las doce caras de Eva”, “Las doce caras de Juan”, y un larguísimo etcétera. Las facetas teatral y literaria son casi desconocidas, la teatral solo en la actualidad, cuando la desarrolló en los años 50 y 60 lo hizo con gran éxito tanto de público como de crítica, ganó los principales certámenes teatrales de la época, el Calderón de la Barca (“Eva sin manzana”) y el Lope de Vega (“Nuestro fantasma”), aunque realmente su única gran obra es “Café del Liceo”. Una suerte que no ha corrido con esta última etapa literaria, desde los años 80 a la actualidad, que cubre cientos de artículos (más unos pocos que escribió para la revista humorística “Don José” en los años 50, que nunca se mencionan en sus biografías), varios cuentos y seis novelas, entre las cuales solo “La isla de los pájaros” (1999) ha obtenido cierto reconocimiento, probablemente con justicia, también es mi favorita. Lo que nunca se menciona en las pocas reseñas dedicadas a la novela, es que el germen del libro, del mágico universo Mouriño, un universo completamente inventado de reminiscencias faulknerianas, gallegas, está en una serie de artículos, de cartas, englobadas dentro de su sección semanal en el periódico ABC “El Cine de la Flor” (desaparecido cine madrileño). Una pequeña selección de estos artículos fueron publicados en forma de libro en 1992, no se incluyen estas cartas publicadas posteriormente entre 1994 y 1997, una lástima porque constituyen un material imprescindible para comprender el origen del libro, y ampliar su contenido, una especie de play-list de películas, libros y homenajes.
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    180 “La isla delos pájaros” es el gran libro de la cinefilia clásica, porque la moderna tiene un mayor componente formal, real, y un escaso gusto por la aventura, por la ensoñación. Son cientas las referencias cinéfilas, literarias, en el libro, unas veces como simple dato, recuerdo, y la gran mayoría formando parte esencial de la historia, de los personajes. Todo tiene una conexión con el cine, hasta el más mínimo detalle de la ambientación, de la trama, pero no es un homenaje baboso, o solo sentimental, hay humor, distancia paródica, metacine crepuscular. Es una relectura del gran cine clásico de aventuras, de las grandes novelas clásicas de aventuras, desde el punto de vista irónico de quien ya está de vuelta de todo, por edad, aunque conserve intacta la capacidad de fascinación, de dejarse llevar, emocionar. Por supuesto está la humanidad, la ternura, la mala leche sin sangre, de las películas de Jaime de Armiñán, su increíble capacidad para construir personajes, amistades, entrañables, de carne y hueso, y el suplemento vitamínico del sexo, el gran motor del libro. Un libro que milagrosamente consigue mantener el equilibrio entre el pasado y el presente, entre la nostalgia y la vitalidad, entre la distopía y la utopía, entre la frivolidad y la reflexión, entre el costumbrismo y la ficción, entre la fantasía y la realidad.
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    181 Los personajes interpretanla realidad en base a las experiencias vividas en los libros, las películas, fabrican su propia biografía con retazos de diferentes historias de ficción, construyen su personalidad por imitación, por emulación devota. Comparando siempre las experiencias presentes con las ficticias, saliendo victoriosa la realidad, por lo que a pesar del continuo despliegue de imaginación el libro en el fondo se puede interpretar como un alegato en favor del realismo a pesar de todo, a pesar de la mediocridad del día a día. Aparentemente puede parecer un libro machista, no deja de ser una fantasía masculina, en la línea del landismo, un pobre hombre que de repente se convierte en un conquistador, pero es todo lo contrario, es más bien el landismo crepuscular de “El pecador impecable” (1987) o “Tata mía” (1986), es decir, un pobre hombre, en este caso viejo, el mito del Rey David y “La casa de las bellas durmientes” de Kawabata planea por el faro, que piensa que conquista, y que no es más que un pelele en manos de las mujeres, que hacen de él su santa voluntad, que le exprimen sexualmente como a un limón. Como todo mundo ideal, esta Arcadia feliz, este Walden galaico, acaba saturando, agobiando, a sus habitantes, la felicidad, la calma, a diario, es insoportable, un poco de normalidad, de caos, es imprescindible para vivir, para valorar los momentos de felicidad. Al final puede ser que sobrevivir en una buhardilla en el centro de Madrid sea una aventura de mayor calado que vivir en el último faro del mundo, o no, Armiñán deja la pregunta abierta como buen humanista, todos tenemos pájaros en la cabeza. Julio Tamayo
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    183 14, FABIAN ROAD(2008) Lo más importante en esta vida es saber cuando te tienes que ir de los sitios, y de las personas. Justo antes de perder la ilusión, o de que te vayan a echar. Jaime de Armiñán con 81 años decidió que era su momento, que el cine ya no le llenaba tanto como la literatura, y que lo mejor era dejarlo en todo lo alto, con la espada clavada hasta el corbejón. Un testamento fílmico (aunque en 2007 ya estaba trabajando en otro proyecto: “mi próxima película la rodaré aquí [Galicia, “esta vez quiero rodar en el norte, en Lugo, y a lo mejor hasta acabo rodando en esta ciudad, en A Coruña. No sería de extrañar”]. Ya tengo el guión, que escribí en colaboración con mi hijo Eduardo. Tengo ya la historia, pero no se la voy a contar, no me gusta hablar de mis películas”), una película meta-cinematográfica, meta-literaria, con aroma, espíritu, de bautizo. El mejor resumen, summa, de toda su obra cinematográfica, en la que de nuevo las mujeres son Dios, el principio y fin de todo. Mujeres complejas, malas, las buenas suelen ser demasiado simples, aburridas. Femmes fatales inteligentes, independientes, misteriosas, como las del cine clásico, como Rita Hayworth, a la que homenajea en el famoso plano de los espejos de “El embrujo de Shanghai”, como Barbara Stanwyck (“Perdición”), Ana Torrent tiene su mismo temple, dureza. Los diálogos afilados, punzantes, marca de la casa, tampoco faltan, la única diferencia es que aquí también son deslenguados, soeces, como tiene que ser, no es una película acartonada, correcta. Lo que ha hecho grande a Armiñán, sus maravillosas, entrañables, desprejuiciadas, imposibles, amistades entre viejos y jóvenes, entre hombres y mujeres, entre mujeres y mujeres, por supuesto también están aquí, su pasión por las relaciones amorosas diferentes, que huyen de las clasificaciones, de los tópicos heterosexuales, lo mismo de lo mismo, la pansexualidad en Armiñán viene de serie, siempre ha sido el director español más moderno, más progresista.
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    184 “14, Fabian Road”(“una calle de Londres donde vivía un amigo mío, los fabianos eran anarquistas y este es mi homenaje”) es su película más personal por muchas razones, la primera su propia presencia como personaje, como actor, aunque sea en penumbra, Severino, el escritor negro, profesión con la que empezó a trabajar en TVE, escribiendo guiones de tapadillo (“Entre nosotras”). La segunda porque aparecen los escritores, los libros, que han marcado su vida, Julio Verne, las aventuras de Pipo y Pipa de Bartolozzi, “El circo” de Gómez de la Serna. Tercera porque recupera a varios de sus actores fetiche, Ana Torrent, la inolvidable Goyita de “El nido”, Angela Molina “Nunca es tarde”, la aparición de nuevo de su hija Carmen, que en “¡Jo, Papá!” se merendaba la película con su mirada (también sale en “El amor del Capitán Brando”, como el resto de sus hijos). Y finalmente porque hay ecos de otras películas suyas (y libros, la película no deja de ser una relectura de “La isla de los pájaros” o mejor aún, la novela inédita del farero Onésimo Juncadella, “La ciudad encontrada”), la omnipresencia de los pájaros como en “El nido”, Shakespeare, la metaficción vampírica como en “Al otro lado del túnel”, la relación amo-esclavo como en “Stico” o “Mi querida señorita”, las brujas fatales como en “La hora bruja”. Despedirse del cine, con 81 añazos, con una película de culto, maldita (tardó tres años en estrenarse en el Festival de Málaga, no llegó a estrenarse en cines, y llevó a la ruina a los productores), formalmente la más redonda, mejor cuadrada, después de estar 12 años inactivo desde “El palomo cojo”, no está al alcance de cualquiera, lo normal en España es que la última corrida termine con almohadillas. La película ganó el Premio al mejor guión en Málaga, cosa que hace justicia a Jaime de Armiñán, el mejor guionista televisivo, cinematográfico, que ha dado este país, por cantidad y calidad, pero que no se la hace a la película, que mereció mucha mejor suerte, tener su público, sus Goyas, el cortijo de los Trueba. Resumiendo, que aunque Armiñán formalmente no siempre estuvo a la altura de sí mismo, de sus excelentes guiones, de su increíble dirección, selección, de actores, de sus inteligentes diálogos, localizaciones, es con diferencia mi director español favorito, el que mejor ha sabido reflejar la contradictoria, sublime, esencia de España, de los españoles. “¿Sabes qué es lo más bonito del mundo? Salvar el pellejo.”
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    185 Nota del director Debode confesar que escribir estas líneas, que pretenden resumir el proyecto, me cuesta un notable esfuerzo. No me gusta hablar de mi mismo y tampoco de mis películas: una mezcla de timidez y de sonrojo me contiene la mano. Sin embargo voy a tratar de pasar el trance por prescripción del viejo doctor Freud, que hoy me acoge en su diván olvidado y como penitencia a mi atrevimiento, porque no cabe la menor duda de que encarar la tarea de iniciar la imprudente tarea de ponerse detrás de una cámara y pronunciar la ritual palabra ¡acción!, no sólo supone un salto al vacío, sino que pide —al menos— una explicación. Hipócritamente me refugio en las frases que un magnífico escritor, apasionado por el cine, dedicó a mi trabajo hace algunos años: "Si el amor es una naranja, Jaime de Armiñán se ha dedicado concienzudamente a explorar la corteza. Donde están los aceites que hacen perdurar el aroma. El perfume —bien lo sabe él— es lo que permanece más tiempo en la memoria de los espectadores, en la memoria de las gentes en suma. Amores de corteza, amores al límite, amores difíciles y difícilmente olvidables. [Nota: el primero en utilizar el concepto “amores difíciles” para definir el cine de Armiñán fue Ángel Fernández Santos, en su crítica a “El nido” (1980) titulada “Los amores difíciles”] Hay, además, en Armiñán, un gusto decidido por las imágenes directas, funcionalmente líricas y pragmáticas. Imágenes que se ven aureoladas de una luz especial, de la mirada Armiñán, que contempla y hace contemplar a sus criaturas con una ternura no exenta de crítica, de acidez estimulante, reactiva, que actúa sobre el cuerpo social al que casi siempre de una forma periférica, como sus amores, pertenecen. Esa mencionada acidez crítica revela, fundamentalmente, la clave de sus sensibilidades. Porque en Armiñán hay una sensibilidad sentimental, como hay una sensibilidad social, y una sensibilidad, al cabo, política. Contra la hipocresía, disfrazada de buena educación o a pelo; contra las fobias, contra la intolerancia.”
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    186 Ahora, para cruzarfronteras en Europa, no hace falta pasaporte. Para disimular aprensiones yo me he servido del laissez-passer, que un día me extendió el escritor Pedro Crespo en el diario ABC de Madrid. Ya estoy al otro lado, me encuentro mucho mejor: gracias. ¿Cómo se empieza a escribir un guión? ¿De qué hay que vestirse? No basta un simple deseo, ni mucho menos la rutina, la costumbre del trabajo o la necesidad de ganar dinero. Para hacer una película hay que enamorarse de ella. Yo me enamoré de “14 Fabian Road” antes de que naciera el título, antes de saber quienes eran sus personajes: tenía un tema y ganas de escribir. Tampoco es raro, pero hay momentos en que ese impulso resulta imperativo. Voy a tomar ahora un camino de circunvalación. Pido perdón por hablar de mi familia, pero creo que los individuos cuentan poco sin su entorno: yo he nacido en España, en una época crucial. Desde muy pequeño me gusta escribir. Todos los días escribo. Confío más en el trabajo que en la inspiración. Hice la carrera de Derecho y me licencié en la Universidad de Madrid. Por una razón: mis padres —y sobre todo mi abuela Carmen Cobeña— querían apartarme del difícil camino del teatro, de la literatura, del periódico y luego del cine y de la televisión. Su ideal se centraba en que fuera juez o funcionario, pero naturalmente no les hice ningún caso. Mi abuela Carmen Cobeña fue una gran actriz en su tiempo, mi abuelo Federico Oliver escultor, autor dramático y director de teatro. Mi madre fue la actriz más prometedora de su tiempo y se retiró al casarse con Luis de Armiñán, periodista. Mis abuelos estrenaron en España “Casa de muñecas”, de Ibsen, la primera comedia de Jacinto Benavente, y representaron casi todas las obras de Benito Pérez Galdós y los clásicos: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina. Valle Inclán fue actor en la compañía de mis abuelos. A mi casa venían de visita los hermanos Machado, Pio Baroja, Azorín y un largo etcétera. Mis abuelos murieron pobres. Mi otro abuelo —Luis de Armiñán— fue político y cervantista. También murió pobre. Es lógico que temieran por mi futuro, pero hay cosas que no tienen remedio. Por estas y otras razones, por costumbre de trato y parentesco, siempre me han atraído los cómicos y los he querido. Los actores son de mi familia, sé como cuidar su vanidad e intento sacarles lo mejor que guardan. Dirigir una película no es trabajo sencillo y escribir un guión, a veces, es como escalar el K-2. No consigo entender porqué se menosprecia al guión como pieza dramática: tiene situaciones, retratos de personajes y diálogos, como una obra teatral. Para mi el guión es clave en la futura película. Ya sé que hay directores de cine, algunos muy ilustres, que ignoran o incluso desprecian al guión, que improvisan diálogos o que dejan a los actores campo libre para repentizar. En este terreno yo soy un tanto maniático y disfruto escribiendo las acotaciones. Pienso en el lector, aunque ya sé que no es buena costumbre. También me gusta conocer la biografía, los antecedentes familiares o de trabajo de los personajes. De nada le sirve al montador, seguramente al productor tampoco, ni al director de fotografía, pero para los cómicos resulta casi imprescindible.
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    187 En “14 FabianRoad” hay siete personajes: cuatro mujeres y tres hombres, además de unos cuantos de menor relevancia. Sabemos la historia de todos ellos, excepto de una de las mujeres. Y no es casualidad. Esta mujer, —joven, inteligente, maliciosa y atractiva— tal vez perversa, se llama Vega Galindo y se mueve, quizá por celos, y seguramente por venganza. Vega significa el misterio. Claro que Vega puede mentir, pero mucho se cuida de no hablar de sí misma y deja que otros se imaginen quien es, de donde viene y por donde irá. Los demás personajes cuentan en algún momento parte de su biografía o inducimos su realidad de los datos familiares o laborales que les rodean. La otra mujer —también hermosa, joven e inteligente— se llama Camila. Nació en Córdoba, República argentina, es escritora. Ganó un importante premio literario y empieza de triunfadora. Ella nos cuenta la historia de su familia y dice que estuvo casada, pero que se divorció a tiempo y no tuvo hijos. Pasó en Londres una larga temporada, estudio en Madrid y en Oxford e hizo su tesis doctoral sobre Julio César, de William Shakespeare. No acaba de confiar en Vega, pero termina reconociendo que fue amante de un anciano profesor español al que abandona, porque así es la vida. Ella misma se lo dice a Vega. Silverio (el profesor) sólo tenía un defecto: era viejo. ¿Miente la escritora Camila Ponte? ¿Y quién no miente? ¿Tiene un rincón oscuro? Hay quien guarda siete. El nombre de Camila no es casual. Alguien —a lo largo de “14 Fabian Road”— la relaciona con la Condesa Millarka Karstein —la vampira Camille— que desapareció del mundo de los vivos, al cual ya no pertenecía, en 1872. Naturalmente esto es una exageración, que inquieta a Camila Ponte. Silverio Nieto vivía en Londres, 14 Fabian Road. En la película tiene una sola secuencia —un flash back— y dice apenas cuatro frases. Más tarde asistimos a su entierro, también en Londres. Sin embargo el personaje de Silverio es el motor que mueve la historia de Vega y de Camila, historia de amor y de venganza. Silverio estuvo relacionado con las dos mujeres, abandonó a una de ellas y fue abandonado por la otra. Silverio murió de soledad en 14, Fabian Road. ¿Qué es una película? ¿Cómo hay que rodar una película? ¿Cual será la forma de la aún no nacida “14 Fabian Road”? Por lo pronto no quiero que se note la técnica, aborrezco el amaneramiento y la pedantería. Sé —por experiencia— que todo cambia al llegar a un decorado y, sobre todo, cuando los actores están presentes. Soy, en cierto modo, el guía del espectador, del público. Siempre desconfié de aquellos que, por alabar a una película, dicen que su fotografía es magnífica o que la música es inolvidable. Para mi el mejor elogio es una pregunta ingenua, por ejemplo: ¿Ah, pero tiene música? Nadie lo debe advertir: la fotografía, la música, el movimiento de la cámara, la actuación de los actores han de formar un conjunto por sí mismo. ¿Te has fijado que bonitos son los ojos del tigre? No, simplemente he visto al tigre y es bellísimo... Pero ahora que lo dices los ojos del tigre son hermosos. Lo que a mi me importa es que el público entre en la escena, que los personajes —los actores— se enganchen al espectador y que se entiendan, que hablen en silencio en la oscuridad del cine, que el público no advierta las miserias del trabajo, ni el movimiento de la cámara. Por este camino llegamos a la peligrosa palabra ritmo. ¿Qué es el ritmo? Una pausa de cinco segundos puede sobrecoger, un aluvión de palabras, que casi nunca se entienden, abruma. En España hay un dicho que dice: no hay que confundir la velocidad con el tocino. Ignoro si tiene su equivalencia en otro idioma, pero es cierto que la velocidad y el tocino son muy diferentes, que no se juntan ni con engrudo, ni con un pegamento de última generación.
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    188 No puedo olvidara Billy Wilder, a Cukor, ni a Fritz Lang, ni siquiera a Ford, a Huston o a Hitchcock. Los maestros existen y no están en los museos, sino en las pantallas del mundo entero, soplándonos su comprometida sencillez. ¿Pero que color tiene tu película? Esta pregunta es desconcertante para mí y la respuesta —sin duda— puede rozar la pedantería. Digamos blanco y negro. El cine era blanco y negro, pero el blanco y el negro no son colores. Hotel Palmira tiene todos los colores del arco iris. La pintura de los grandes maestros nos ilustra visualmente. Claro que hay excepciones bien notables: Ives Klein pintó con un solo color, azul añil profundo, y llegó a patentarlo dándole el nombre de azul klein. Caravaggio utiliza la luz como si tuviera a su disposición un foco cinematográfico. No olvidemos a Velázquez, ni a Goya o a Rembrandt y a Vermeer, entre tantos otros: ellos nos han enseñado a iluminar al cine y a unir exteriores e interiores. Sé de autores de teatro y directores de cine que aborrecen al amarillo, porque aseguran que Molière murió vestido de amarillo. Yo no voy a renunciar a ningún color. El campo es verde en primavera, las flores son amarillas o moradas, el crepúsculo es cárdeno. El decorado principal donde rodar “14 Fabian Road” —luego me referiré más extensamente a este espacio— es un viejo convento de frailes franciscanos del siglo XVI y esta situado en el sur de España. Ha llegado el momento de hablar de los actores que interpretarán “14 Fabian Road”. Vienen todos de un guión cinematográfico y se juntan entre sus páginas. Centremos la foto familiar en cinco personajes. Hay un momento difícil, terrible, para el autor del guión: una página en blanco. Antes de empezar a escribir, trato de imaginar el rostro de los actores, siento su voz y los veo moverse. En este caso —y en otros anteriores— el deseo se ha hecho realidad. Así ocurrió con tres piezas fundamentales de Hotel Palmira: Ana Torrent (Vega Galindo), Ángela Molina (Palmira Mendoza) y Omero Antonutti (Benson). Ana Torrent trabajó conmigo en “El nido”, tenía entonces trece años. Yo la había visto —de niña— en “El espíritu de la colmena” (Victor Erice) y en “Cría cuervos” (Carlos Saura). Era una chica introvertida, tímida, a veces malhumorada, pero intuitiva y muy lista. No sabía aún que camino tomar y dudaba entre la medicina —creo— y la carrera artística. Por fortuna eligió la segunda opción. Ana Torrent se ha convertido en una actriz paradójicamente sólida e ingrávida, inteligente y de una frescura admirable. Tiene unos ojos negros maravillosos. Ángela Molina fue la protagonista de mi película “Nunca es tarde”. Estaba al comienzo de su carrera. Era entonces impetuosa, valiente, divertida e ingenua. Ha ido creciendo y no ha perdido un ápice de su disparatada espontaneidad. El rostro de Ángela Molina se ha hecho para el cine. Es la propietaria del Hotel Palmira.
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    189 Con Omero Antonuttinunca he coincidido, pero nos conocemos bien. Admiro su trabajo en “El Sur” (Víctor Erice), en “El maestro de esgrima” (Pedro Olea) y en muchas otras películas españolas e italianas. Aquí será Benson, que nació durante el cerco de Leningrado, quedó huérfano y fue adoptado por un compositor soviético: Sergei Prokovich. Fue locutor en Radio Moscú y a la muerte de Franco volvió a España, la tierra de su familia. En el Hotel Palmira ha montado una emisora de radio, que según parece sólo se oye en el viejo convento de los frailes franciscanos. Benson es republicano, bebe vodka, le gustan las chicas y vive de la música que le dejó en herencia el compositor. Julieta Cardinali es Camila. Al escribir no podía imaginarla, porque no la conocia. Describí al personaje en el guión y pensé en Camila Ponte. Pero había que buscarla. Siempre he confiado en los actores argentinos, en su magnífica escuela y en su intuición. Nunca olvidaré a Luis Politti, a Héctor Alterio, a Margot Cottens —de la otra orilla del Río de la Plata— a Ana María Picchio y a Marilina Ross. A todas las actrices que juntan su vena dramática con el sentido del humor e incluso con un inesperado disfraz de payaso. Cruzamos el charco, fuimos a Buenos Aires y nos encontramos frente a cincuenta o sesenta actrices. Cuando vi a Julieta Cardinali no lo dudé: es Camila, me dije. A partir de aquel momento volví a la primera página de “14 Fabian Road” y a Camila le puse el rostro de Julieta Cardinali. Nos falta un personaje, ya aludido: el convento franciscano del siglo XVI. También lo conocía: ahora es un hotel lleno de encanto. El silencio es casi mágico Se recorta en un paisaje de encinas y alcornoques. En la torre de la capilla anidan las cigüeñas. Tiene docenas de pasillos, por donde se pierde habitualmente Camila. En una de las terrazas hay una antena de radio, el mar está cerca y lejos. Benson —el locutor de radio Moscú— asegura que se tarda en llegar cuarenta minutos en bicicleta y dos horas en moto. No hay clientes en el hotel, que tiene una plantilla muy reducida: un guapo moro y una criadita andaluza. Palmira, que fue concebida en las ruinas en el desierto, entre Damasco y el Eúfrates, es la dueña de aquel recinto, donde parece que el tiempo se ha detenido: Palmira es un poco bruja y un tanto misteriosa. De nuevo —y para terminar estas rápidas notas— pido ayuda a una voz ajena a la mía: "Se dice que todo verdadero autor no hace, a lo largo de su vida de creación, más que insistir en un mismo tema, en una misma historia, de la que ofrece versiones distintas, tanto como oportunidades se le presenten. Con Jaime de Armiñán, en la sustancia común a toda su filmografía, sólo cabría decir que su historia repetida es la de dos seres de distinto sexo que se encuentran, un poco por casualidad, y que en ocasiones se aman y en otras no llegan a expresar su mutuo sentimiento. Con la muerte al fondo, apenas sugerida por lo general. Como la vida misma, vista eso sí con propósitos de luz y de belleza". Quiera hacer una pequeña salvedad: los dos seres que se encuentran en “14 Fabian Road” son del mismo sexo, los conduce el odio, el amor y la venganza, efectivamente la muerte está al fondo, pero no se encuentran un poco por casualidad, porque Vega Galindo ha urdido la trama. Jaime de Armiñán
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