El Urutaú        Textos y Fotos: Martín R. de la Peña, Víctor Merlino y Francisco Junkers

 Un grupo de ornitólogos nos presenta al Urutaú, una extraña ave de comportamiento y canto muy singular que ha alimentado la ima-
 ginación del hombre de campo argentino, derivando en un sin números de leyendas, poesías y coplas. En esta ocasión, en un trabajo
 digno de admiración por su compromiso con las aves y la naturaleza, los autores han realizado el seguimiento día a día del crecimiento
 y comportamiento de un pichón desde su estadío de huevo. Un documento único, nunca antes difundido. (N. de R.).




                                                                                                               Urutaú con su pichón de 14 días.


 Ficha descriptiva                             Comportamiento                                    pecas y manchitas grisáceas purpúreas y
 URUTAÚ COMÚN. Nyctibius griseus               Se posa en el extremo de ramas verti-             algunas pardas.
 Otros nombres comunes: Bacuí. Cacuí.          cales. Por su plumaje críptico es difícil         Medidas : 38,7 x 27,6 mm.
 Cacuy. Guaimí-cué. Guaimingué. La             de ver. Anda solitario. El canto es una           Hábitat
 vieja. Pacuí. Turay. Urutaú. Urutauguá.       potente sucesión de 5 a 8 lastimeras              Sabanas, montes, capueras, orillas de
 Vieja.                                        notas, Juoooo..juo..juo..ju..ju..jur con          selvas, palmares.
 Largo: 33-38 cm. 			                          una marcada modulación de frecuencia              Distribución geográfica
 Descripción                                   descendente.                                      Nyctibius griseus griseus desde el norte
 Coloración general grisácea manchado          Se alimenta de insectos (escarabajos,             del país hasta Catamarca, Santiago del
 y estriado de negro, con canela en el pe-     coleópteros, chicharras, hormigas vola-           Estero, San Luis, centro de Santa Fe y
 cho y en las cubiertas alares. Garganta       doras, termites, polillas, mariposas).            norte de Entre Ríos.
 blanquecina.                                  Nido                                              Identificación en el campo
 Alas pardo grisáceas con manchitas            Deposita el huevo sobre troncos secos             Pardo grisáceo con manchas y estrías
 ocráceas en la lámina externa de las          o postes.                                         negras en el pecho. Negro en el borde
 primarias. Borde anterior de las alas,        Huevos                                            de las alas. Alas y cola largos.
 negro. Cola con bandas pardas y grises.       Pone 1 huevo blanquecino opaco con


pag. 10                                ECOCIENCIA & NATURALEZA           Nº 7 | 2008
LOCALIZACIÓN DE UN NIDO
El 5 de diciembre de 2007 en Jacinto
Arauz, Dpto. Las Colonias, Santa Fe, se
localizó un nido en un poste de alambra-
do, en el monte.
El monte estaba conformado por árboles
bajos y de mediano porte, principalmen-
te Algarrobos (Prosopis alba), Ñandubay
                                                                                      Detalle del nido en un
(Prosopis affinis), Aromos (Acacia caven),
                                              Adulto cuidando el huevo.               poste de alambrado.
Aromo negro (Acacia atramentaria), Tala
(Celtis sp.). Era explotado con ganadería.
El poste tenía la superficie irregular, con
un hueco de 1 a 2 cm de diámetro x 5
cm de largo y 5 cm de profundidad.
El huevo estaba ubicado en forma
transversal en la parte más angosta del
hueco. Por lo tanto una parte quedaba
sin tocar el poste.
El adulto que incubaba no cubría total-
mente al huevo.
El 13 nació el pichón.
Tenía todo el cuerpo cubierto de plu-
món blanquecino. Patas grisáceas. Pico
negro. Ojos amarillentos. (Similar a la
descripción de Saibene 1987 y fotogra-
fías de Schmidt 1948).
A los 14 días de edad el pichón está con
la misma postura del adulto. La cabeza
hacia arriba, con el lomo adosado a la
parte ventral del que lo cuida. Plumaje
blanquecino, notándose el raquis oscuro
de las plumas, lo que le da un aspecto
jaspeado. Se notan bastante largas las
vainas de las plumas alares.
Los ojos cerrados o entreabiertos.
Se puede parar una persona al lado, a         Adulto cuidando al pichón de 4 días.   Pichón de 14 días.
pocos centímetros sin que se inmuten.
A los 20 días se notan las plumas de
cobertura del ala, oscuras. De noche los
ojos están abiertos.
A los 25 días tiene las cubiertas alares
oscuras. La cola de 3,4-4 cm. Dorsal-
mente más gris. Mástiles oscuros.
Plumas de las cejas ligeramente eleva-
das. Primarias oscuras.
El adulto más vivaracho. Ubicado al
lado. Entreabre los ojos.
A los 26 días el pichón queda solo.
Todas las noches a la misma hora
(20:40) cuando comenzaba a oscure-
cer un adulto alimentaba al pichón. El
pichón aletea cuando ve al adulto.                                                   Detalle de la cabeza
                                              Adulto y pichón de 20 días.            del pichón a los 20 días.


                                       ECOCIENCIA & NATURALEZA        Nº 7 | 2008                                pag. 11
Martín de la Peña observando muy de         A los 30 días el pichón entreabre
                                                       cerca al adulto con el pichón de 14 días.   los ojos cuando se le acercan.


  Se buscó en un radio de 100 metros a los adultos, varias veces pero no se los
  pudo localizar. A los 30 días mueve la cabeza levemente al aproximarnos.
  Ojos entreabiertos. Amarillos.
  Plumaje como adulto pero más claro. Cola de unos 7 cm.
  A los 39 días color claro. Cola de 10 cm.
  Dos líneas oscuras por debajo del pico. Algunas manchas en el pecho.
  A los 41 días se cambió a una varilla a 2 m del poste.
  Al día siguiente voló a un árbol seco a 12 m del nido.
  A los 43 días de edad abandonó el lugar y no se lo pudo localizar.




Detalle de la garra en la punta de una rama.                                                        A los 42 días el pichón vuela hacia un árbol seco.



 pag. 12                                       ECOCIENCIA & NATURALEZA         Nº 7 | 2008
Leyendas
                                   En el noroeste se lo conoce como Cacuy. En la región guaranítica como Urutaú.
                                   Turay (en quichua quiere decir “hermano”).
                                   En Cuentos y leyendas populares de la Argentina, de Berta Elena Vidal de Battini, están :


El Cacuy                                     evitar el ataque de las abejas. La niña       la noche, apegada al tronco de los
	         Eran dos hermanos huérfanos,       se sentó en una horqueta y esperó las         árboles, con la cabeza tendida hacia
un varón y una mujer, que vivían solos       órdenes del hermano que debía dirigir la      la altura, los ojos cerrados y en rara
en el campo. Caco, que era el nombre         faena. El muchacho fingió abrirse paso        actitud de espera, llama angustiada al
familiar del muchacho, cuidaba su maja-      entre el ramaje hacia el enjambre, pero       hermano que nunca volverá :
dita de cabras, buscaba miel y juntaba       comenzó a bajar, y al bajar fue cortando      	          ¡Cacuy!.....¡Cacuy!........
algarroba u otras frutas silvestres. Con     uno a uno todos los gajos del tronco.         	          Los lugareños de los cerros y
esto tenían suficiente para vivir. La niña   	          ¡Sabrás, ahora, lo que es tener    las selvas del norte se estremecen al
cuidaba la casa y preparaba la comida.       hambre!- le gritó desde abajo- ¡Ahí te        oír el grito del ave nocturna, solitaria y
	         Los dos hermanos eran de           quedarás hasta el resto de tu vida!           huraña, y cuentan su historia a los hijos
condición opuesta. Él era generoso, ella     	          La niña se desembolzó y vio el     dándoles así una lección ejemplar.
mezquina. La niña nunca había sentido        tronco despejado y altísimo. Imposible
cariño por su hermano, y este desapego       era bajar por él. Largarse, era estrellarse
se fue convirtiendo en provocación. 	        en el suelo. Rompió a llorar y le pidió       El Urutaú
	         Amasaba el pan y preparaba la      al hermano que la bajara. Le prometió         	          Había una vez una joven tan
comida para ella sola. Cuando el herma-      ser buena, atender sus obligaciones y         amiga de divertirse, que todo lo olvida-
no regresaba después de todo un día de       ayudarlo. Pero él no se ablandó, echó a       ba por una hora de entretenimiento.
andanzas y fatigas no tenía nada para        correr y la dejó abandonada.                  	          Un día, mientras bailaba en
comer. Él llevaba la vida dura y triste      	          En su desesperación, la mucha-     una gran fiesta de la comarca, le avisa-
con resignación, pero ella inventaba         cha comenzó a llamarlo por su nombre y        ron que la madre estaba muy enferma y
pretextos para herirlo y hacerlo sufrir.     lo llamó hasta que se apagó la voz en su      mandaba por ella.
Tomó el hábito de mortificarlo y no          garganta.                                     	          La muchacha se sobresal-
disimulaba su satisfacción cuando lo         	          -¡Caco, huy!...¡Caco,huy!...       tó con la noticia, pero, como estaba
conseguía.                                   ¡Cacuy!....¡Cacuy!                            acostumbrada a no privarse de ninguna
	         El hermano trató por todos         	          Su grito de horror y de arre-      diversión, el gusto pudo más que su
los medios de cambiar el carácter y los      pentimiento se fue haciendo cada vez          deber de hija, y quedó hasta el fin.
sentimientos de la hermana, pero no          más lastimero y desesperado, pero nadie       	          Cuando volvió a su casa, la
lo consiguió. Agotada su paciencia,          podía oírlo, su hermano estaba ya muy         madre había muerto. La muchacha la
amargado y aturdido, resolvió darle un       lejos, y hasta a gran distancia del lugar,    lloró sin consuelo. La Providencia casti-
castigo tan grande como su crueldad.         no se encontraba una sola habitación          gó su culpa convirtiéndola en el urutaú,
	         Un día le pidió que le ayudara     humana.                                       ave de aspecto raro y siniestro que huye
a sacar, de un árbol alto, la miel de un     	          Sobre aquel castigo, cayó otro     de toda presencia y vaga solitaria. En la
enjambre que acababa de descubrir. Ella      castigo superior; la hermana cruel se         oscuridad de la noche, y en el silencio
aceptó. Cruzaron el bosque y treparon        transformó en ave y echó a volar en           de la selva, llora y llorará con un grito
a un árbol gigantesco. Cuando llegaron       busca de su hermano.                          extraño y lastimero hasta el fin de los
a la copa, se cubrieron la cabeza para       	          Desde entonces, cuando llega       siglos.


                                      ECOCIENCIA & NATURALEZA       Nº 7 | 2008                                               pag. 13
Leyendas
Leyendas del Urutaú
          En el Diccionario Folklórico argentino, de Félix Coluccio está la siguiente leyenda :

          Leyenda del NE argentino.
          	         Próximo al río Uruguay vivía Ñeambiú , joven guaraní, hija de un aguerrido y valiente cacique. En su
          corazón florecía el amor de Cuimaé, guerrero tupí, prisionero de su padre. Negado el asentimiento del cacique y de
          su esposa para unirse a su elegido, huyó a los bosques del Iguazú, donde lloraba silenciosamente su frustrado amor.
          Pronto fueron a buscarla los indios y las indias de la tribu y a rogarle el retorno al hogar. Nada pudieron las súplicas.
          Impasible escuchaba sus anhelos. Nada decía, y retornaba sin que pudieran evitarlo, a la espesura de la selva donde
          reinaba Caá Porá, monstruo horroroso que hacía desgraciado al que osaba solamente mirarle. Un día, para conmover
          su corazón que ya parecía de piedra, le anunciaron la muerte de sus padres. Ni una lágrima derramaron sus ojos. Por
          fin el hechicero de la tribu, Aguará-Payé, dijo con voz pausada : ¡Cuimbaé ha muerto! La selva toda pareció estre-
          mecerse con los lamentos de Ñeambiú que a poco fue transformándose en pájaro : el Urutaú. Los que estaban cerca
          transformáronse en sauces. Y sobre sus ramas desnudas de hojas llora y llora eternamente el Urutaú su perdido amor.
                                                              José Cruz Rolla en su libro Ñandé ipikuera retá, relata una
                                                              leyenda del noreste argentino:
                                                              Se trata de una joven india convertida en pájaro, cuyo grito, en la
                                                              soledad de la noche, es una tristísima súplica de amor.
                                                              Urú, hija de un poderoso cacique, se anamoró de Kiyá, gallardo
                                                              mozo perteneciente a una tribu enemiga. Enterados los padres de
                                                              Urú, se opusieron al matrimonio, por tratarse de un enemigo del
                                                              pueblo y pensando que con el tiempo ella lo olvidaría. Pero una
                                                              tarde Urú desapareció, y tan grande fue la angustia del cacique,
                                                              que todo el pueblo se puso en movimiento para hallar a la joven.
                                                              Llegaron hasta la casa de Kiyá, y se encontraron con que el mozo
                                                              nada sabía de la suerte de Urú.
                                                              Pero al fin dieron con ella. Y si grande fue la pena que produjo su
                                                              desaparición, más fue el dolor que experimentaron al verla. Con
                                                              la mirada perdida, no escuchaba ni las súplicas, ni el llanto, ni las
                                                              amenazas. Para ella todo era lo mismo, y con indiferente actitud
                                                              se volvió a la espesura.
                                                              Llamaron a los médicos de las tribus vecinas y le administraron
                                                              toda clase de medicamentos, sin ningún resultado. Vinieron
                                                              los caciques, y cada uno contaba de las alegrías, de las penas
                                                              de su tribu, le hablaron de los pájaros que ella más quería, de
                                                              los hermanos, de los padres, y ella miraba con indiferencia, sin
                                                              responder. Y como último recurso, el más viejo de la tribu le dijo :
                                                              “Kiyá murió ahogado”.
                                                              Un terrible y desgarrador alarido se escuchó en la selva. Y al
                                                              volverse todos para ver a Urú, no la hallaron. Esta vez había
                                                              desaparecido sin dejar rastro.
                                                              Desde entonces la niña, convertida en Urutaú, golpea con su lla-
                                                              mado la noche, buscando a su amado, quien para ir a su encuen-
                                                              tro se zambullo en las aguas.




pag. 14                             ECOCIENCIA & NATURALEZA        Nº 7 | 2008
del Urutaú
Sánchez Labrador, en Peces y aves del
Paraguay natural, dice :
	         “el canto y voz lúgubre de
estas aves espanta, porque varias veces
por la noche levantan su voz triste. Se
oye desde lejos. Hasta que yo supe de
donde salían aquellas voces, estuve con
algún cuidado, recelándome no fuesen
de los pérfidos indios Paraguas, que
contrahacen los cantos de varias aves,
para sorprender a la gente y dar con
mayor seguridad el golpe”.

Según Lehmann Nitsche, tiene otra
leyenda :
	          Una muchacha es engañada por
el Sol. Abandonada a su suerte, se sube
a un árbol para seguirlo en su carrera.
Allí es transformada en ave, llorando de
desesperación en la noche cuando el Sol
se oculta en el horizonte.

Versos de Guido Spano :

	        ¡Llora, llora, urutaú
	        en las ramas del yatay!
	        Ya no existe el Paraguay
	        Donde nací como tú...
	        ¡Llora, llora, urutaú!

Coplas populares de Norte :

	        De los montes de Santiago
	        a los cerros de Jujuy,
	        me quejo como el crespín
	        y lloro como el kakuy.

	        Soy como el urutaú
	        que canta mirando al cielo;
	        porque no puedo encontrar
	        la prienda de mi consuelo.
                                                                 Agradecimientos
	        Mañana me voy pa ’ Salta                                Al señor Juan Raspo y a su señora, propietarios del campo.
	        y a la puna de Jujuy,
	        suspirando por los campos,                              Bibliografía
	        los ojos como kakuy.                                    Battini, B. E. Vidal de. 1960. Cuentos y leyendas populares
                                                                 de la Argentina. Selección para niños. Buenos Aires.
                                                                 Coluccio, F. 1981. Diccionario folklórico argentino. Buenos Aires.
                                                                 Saibene, C.A. 1987. Observaciones sobre la conducta reproductiva del Urutaú
                                                                 y la Mosqueta amarilla en el Parque Nacional Iguazú. N. Aves 14 : 14-16.
                                                                 Schmidt, Hans. 1948. Die vögel Südamerikas. Pag. 219-222. Buenos Aires.


                                       ECOCIENCIA & NATURALEZA     Nº 7 | 2008                                                        pag. 15

Kakuy

  • 1.
    El Urutaú Textos y Fotos: Martín R. de la Peña, Víctor Merlino y Francisco Junkers Un grupo de ornitólogos nos presenta al Urutaú, una extraña ave de comportamiento y canto muy singular que ha alimentado la ima- ginación del hombre de campo argentino, derivando en un sin números de leyendas, poesías y coplas. En esta ocasión, en un trabajo digno de admiración por su compromiso con las aves y la naturaleza, los autores han realizado el seguimiento día a día del crecimiento y comportamiento de un pichón desde su estadío de huevo. Un documento único, nunca antes difundido. (N. de R.). Urutaú con su pichón de 14 días. Ficha descriptiva Comportamiento pecas y manchitas grisáceas purpúreas y URUTAÚ COMÚN. Nyctibius griseus Se posa en el extremo de ramas verti- algunas pardas. Otros nombres comunes: Bacuí. Cacuí. cales. Por su plumaje críptico es difícil Medidas : 38,7 x 27,6 mm. Cacuy. Guaimí-cué. Guaimingué. La de ver. Anda solitario. El canto es una Hábitat vieja. Pacuí. Turay. Urutaú. Urutauguá. potente sucesión de 5 a 8 lastimeras Sabanas, montes, capueras, orillas de Vieja. notas, Juoooo..juo..juo..ju..ju..jur con selvas, palmares. Largo: 33-38 cm. una marcada modulación de frecuencia Distribución geográfica Descripción descendente. Nyctibius griseus griseus desde el norte Coloración general grisácea manchado Se alimenta de insectos (escarabajos, del país hasta Catamarca, Santiago del y estriado de negro, con canela en el pe- coleópteros, chicharras, hormigas vola- Estero, San Luis, centro de Santa Fe y cho y en las cubiertas alares. Garganta doras, termites, polillas, mariposas). norte de Entre Ríos. blanquecina. Nido Identificación en el campo Alas pardo grisáceas con manchitas Deposita el huevo sobre troncos secos Pardo grisáceo con manchas y estrías ocráceas en la lámina externa de las o postes. negras en el pecho. Negro en el borde primarias. Borde anterior de las alas, Huevos de las alas. Alas y cola largos. negro. Cola con bandas pardas y grises. Pone 1 huevo blanquecino opaco con pag. 10 ECOCIENCIA & NATURALEZA Nº 7 | 2008
  • 2.
    LOCALIZACIÓN DE UNNIDO El 5 de diciembre de 2007 en Jacinto Arauz, Dpto. Las Colonias, Santa Fe, se localizó un nido en un poste de alambra- do, en el monte. El monte estaba conformado por árboles bajos y de mediano porte, principalmen- te Algarrobos (Prosopis alba), Ñandubay Detalle del nido en un (Prosopis affinis), Aromos (Acacia caven), Adulto cuidando el huevo. poste de alambrado. Aromo negro (Acacia atramentaria), Tala (Celtis sp.). Era explotado con ganadería. El poste tenía la superficie irregular, con un hueco de 1 a 2 cm de diámetro x 5 cm de largo y 5 cm de profundidad. El huevo estaba ubicado en forma transversal en la parte más angosta del hueco. Por lo tanto una parte quedaba sin tocar el poste. El adulto que incubaba no cubría total- mente al huevo. El 13 nació el pichón. Tenía todo el cuerpo cubierto de plu- món blanquecino. Patas grisáceas. Pico negro. Ojos amarillentos. (Similar a la descripción de Saibene 1987 y fotogra- fías de Schmidt 1948). A los 14 días de edad el pichón está con la misma postura del adulto. La cabeza hacia arriba, con el lomo adosado a la parte ventral del que lo cuida. Plumaje blanquecino, notándose el raquis oscuro de las plumas, lo que le da un aspecto jaspeado. Se notan bastante largas las vainas de las plumas alares. Los ojos cerrados o entreabiertos. Se puede parar una persona al lado, a Adulto cuidando al pichón de 4 días. Pichón de 14 días. pocos centímetros sin que se inmuten. A los 20 días se notan las plumas de cobertura del ala, oscuras. De noche los ojos están abiertos. A los 25 días tiene las cubiertas alares oscuras. La cola de 3,4-4 cm. Dorsal- mente más gris. Mástiles oscuros. Plumas de las cejas ligeramente eleva- das. Primarias oscuras. El adulto más vivaracho. Ubicado al lado. Entreabre los ojos. A los 26 días el pichón queda solo. Todas las noches a la misma hora (20:40) cuando comenzaba a oscure- cer un adulto alimentaba al pichón. El pichón aletea cuando ve al adulto. Detalle de la cabeza Adulto y pichón de 20 días. del pichón a los 20 días. ECOCIENCIA & NATURALEZA Nº 7 | 2008 pag. 11
  • 3.
    Martín de laPeña observando muy de A los 30 días el pichón entreabre cerca al adulto con el pichón de 14 días. los ojos cuando se le acercan. Se buscó en un radio de 100 metros a los adultos, varias veces pero no se los pudo localizar. A los 30 días mueve la cabeza levemente al aproximarnos. Ojos entreabiertos. Amarillos. Plumaje como adulto pero más claro. Cola de unos 7 cm. A los 39 días color claro. Cola de 10 cm. Dos líneas oscuras por debajo del pico. Algunas manchas en el pecho. A los 41 días se cambió a una varilla a 2 m del poste. Al día siguiente voló a un árbol seco a 12 m del nido. A los 43 días de edad abandonó el lugar y no se lo pudo localizar. Detalle de la garra en la punta de una rama. A los 42 días el pichón vuela hacia un árbol seco. pag. 12 ECOCIENCIA & NATURALEZA Nº 7 | 2008
  • 4.
    Leyendas En el noroeste se lo conoce como Cacuy. En la región guaranítica como Urutaú. Turay (en quichua quiere decir “hermano”). En Cuentos y leyendas populares de la Argentina, de Berta Elena Vidal de Battini, están : El Cacuy evitar el ataque de las abejas. La niña la noche, apegada al tronco de los Eran dos hermanos huérfanos, se sentó en una horqueta y esperó las árboles, con la cabeza tendida hacia un varón y una mujer, que vivían solos órdenes del hermano que debía dirigir la la altura, los ojos cerrados y en rara en el campo. Caco, que era el nombre faena. El muchacho fingió abrirse paso actitud de espera, llama angustiada al familiar del muchacho, cuidaba su maja- entre el ramaje hacia el enjambre, pero hermano que nunca volverá : dita de cabras, buscaba miel y juntaba comenzó a bajar, y al bajar fue cortando ¡Cacuy!.....¡Cacuy!........ algarroba u otras frutas silvestres. Con uno a uno todos los gajos del tronco. Los lugareños de los cerros y esto tenían suficiente para vivir. La niña ¡Sabrás, ahora, lo que es tener las selvas del norte se estremecen al cuidaba la casa y preparaba la comida. hambre!- le gritó desde abajo- ¡Ahí te oír el grito del ave nocturna, solitaria y Los dos hermanos eran de quedarás hasta el resto de tu vida! huraña, y cuentan su historia a los hijos condición opuesta. Él era generoso, ella La niña se desembolzó y vio el dándoles así una lección ejemplar. mezquina. La niña nunca había sentido tronco despejado y altísimo. Imposible cariño por su hermano, y este desapego era bajar por él. Largarse, era estrellarse se fue convirtiendo en provocación. en el suelo. Rompió a llorar y le pidió El Urutaú Amasaba el pan y preparaba la al hermano que la bajara. Le prometió Había una vez una joven tan comida para ella sola. Cuando el herma- ser buena, atender sus obligaciones y amiga de divertirse, que todo lo olvida- no regresaba después de todo un día de ayudarlo. Pero él no se ablandó, echó a ba por una hora de entretenimiento. andanzas y fatigas no tenía nada para correr y la dejó abandonada. Un día, mientras bailaba en comer. Él llevaba la vida dura y triste En su desesperación, la mucha- una gran fiesta de la comarca, le avisa- con resignación, pero ella inventaba cha comenzó a llamarlo por su nombre y ron que la madre estaba muy enferma y pretextos para herirlo y hacerlo sufrir. lo llamó hasta que se apagó la voz en su mandaba por ella. Tomó el hábito de mortificarlo y no garganta. La muchacha se sobresal- disimulaba su satisfacción cuando lo -¡Caco, huy!...¡Caco,huy!... tó con la noticia, pero, como estaba conseguía. ¡Cacuy!....¡Cacuy! acostumbrada a no privarse de ninguna El hermano trató por todos Su grito de horror y de arre- diversión, el gusto pudo más que su los medios de cambiar el carácter y los pentimiento se fue haciendo cada vez deber de hija, y quedó hasta el fin. sentimientos de la hermana, pero no más lastimero y desesperado, pero nadie Cuando volvió a su casa, la lo consiguió. Agotada su paciencia, podía oírlo, su hermano estaba ya muy madre había muerto. La muchacha la amargado y aturdido, resolvió darle un lejos, y hasta a gran distancia del lugar, lloró sin consuelo. La Providencia casti- castigo tan grande como su crueldad. no se encontraba una sola habitación gó su culpa convirtiéndola en el urutaú, Un día le pidió que le ayudara humana. ave de aspecto raro y siniestro que huye a sacar, de un árbol alto, la miel de un Sobre aquel castigo, cayó otro de toda presencia y vaga solitaria. En la enjambre que acababa de descubrir. Ella castigo superior; la hermana cruel se oscuridad de la noche, y en el silencio aceptó. Cruzaron el bosque y treparon transformó en ave y echó a volar en de la selva, llora y llorará con un grito a un árbol gigantesco. Cuando llegaron busca de su hermano. extraño y lastimero hasta el fin de los a la copa, se cubrieron la cabeza para Desde entonces, cuando llega siglos. ECOCIENCIA & NATURALEZA Nº 7 | 2008 pag. 13
  • 5.
    Leyendas Leyendas del Urutaú En el Diccionario Folklórico argentino, de Félix Coluccio está la siguiente leyenda : Leyenda del NE argentino. Próximo al río Uruguay vivía Ñeambiú , joven guaraní, hija de un aguerrido y valiente cacique. En su corazón florecía el amor de Cuimaé, guerrero tupí, prisionero de su padre. Negado el asentimiento del cacique y de su esposa para unirse a su elegido, huyó a los bosques del Iguazú, donde lloraba silenciosamente su frustrado amor. Pronto fueron a buscarla los indios y las indias de la tribu y a rogarle el retorno al hogar. Nada pudieron las súplicas. Impasible escuchaba sus anhelos. Nada decía, y retornaba sin que pudieran evitarlo, a la espesura de la selva donde reinaba Caá Porá, monstruo horroroso que hacía desgraciado al que osaba solamente mirarle. Un día, para conmover su corazón que ya parecía de piedra, le anunciaron la muerte de sus padres. Ni una lágrima derramaron sus ojos. Por fin el hechicero de la tribu, Aguará-Payé, dijo con voz pausada : ¡Cuimbaé ha muerto! La selva toda pareció estre- mecerse con los lamentos de Ñeambiú que a poco fue transformándose en pájaro : el Urutaú. Los que estaban cerca transformáronse en sauces. Y sobre sus ramas desnudas de hojas llora y llora eternamente el Urutaú su perdido amor. José Cruz Rolla en su libro Ñandé ipikuera retá, relata una leyenda del noreste argentino: Se trata de una joven india convertida en pájaro, cuyo grito, en la soledad de la noche, es una tristísima súplica de amor. Urú, hija de un poderoso cacique, se anamoró de Kiyá, gallardo mozo perteneciente a una tribu enemiga. Enterados los padres de Urú, se opusieron al matrimonio, por tratarse de un enemigo del pueblo y pensando que con el tiempo ella lo olvidaría. Pero una tarde Urú desapareció, y tan grande fue la angustia del cacique, que todo el pueblo se puso en movimiento para hallar a la joven. Llegaron hasta la casa de Kiyá, y se encontraron con que el mozo nada sabía de la suerte de Urú. Pero al fin dieron con ella. Y si grande fue la pena que produjo su desaparición, más fue el dolor que experimentaron al verla. Con la mirada perdida, no escuchaba ni las súplicas, ni el llanto, ni las amenazas. Para ella todo era lo mismo, y con indiferente actitud se volvió a la espesura. Llamaron a los médicos de las tribus vecinas y le administraron toda clase de medicamentos, sin ningún resultado. Vinieron los caciques, y cada uno contaba de las alegrías, de las penas de su tribu, le hablaron de los pájaros que ella más quería, de los hermanos, de los padres, y ella miraba con indiferencia, sin responder. Y como último recurso, el más viejo de la tribu le dijo : “Kiyá murió ahogado”. Un terrible y desgarrador alarido se escuchó en la selva. Y al volverse todos para ver a Urú, no la hallaron. Esta vez había desaparecido sin dejar rastro. Desde entonces la niña, convertida en Urutaú, golpea con su lla- mado la noche, buscando a su amado, quien para ir a su encuen- tro se zambullo en las aguas. pag. 14 ECOCIENCIA & NATURALEZA Nº 7 | 2008
  • 6.
    del Urutaú Sánchez Labrador,en Peces y aves del Paraguay natural, dice : “el canto y voz lúgubre de estas aves espanta, porque varias veces por la noche levantan su voz triste. Se oye desde lejos. Hasta que yo supe de donde salían aquellas voces, estuve con algún cuidado, recelándome no fuesen de los pérfidos indios Paraguas, que contrahacen los cantos de varias aves, para sorprender a la gente y dar con mayor seguridad el golpe”. Según Lehmann Nitsche, tiene otra leyenda : Una muchacha es engañada por el Sol. Abandonada a su suerte, se sube a un árbol para seguirlo en su carrera. Allí es transformada en ave, llorando de desesperación en la noche cuando el Sol se oculta en el horizonte. Versos de Guido Spano : ¡Llora, llora, urutaú en las ramas del yatay! Ya no existe el Paraguay Donde nací como tú... ¡Llora, llora, urutaú! Coplas populares de Norte : De los montes de Santiago a los cerros de Jujuy, me quejo como el crespín y lloro como el kakuy. Soy como el urutaú que canta mirando al cielo; porque no puedo encontrar la prienda de mi consuelo. Agradecimientos Mañana me voy pa ’ Salta Al señor Juan Raspo y a su señora, propietarios del campo. y a la puna de Jujuy, suspirando por los campos, Bibliografía los ojos como kakuy. Battini, B. E. Vidal de. 1960. Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Selección para niños. Buenos Aires. Coluccio, F. 1981. Diccionario folklórico argentino. Buenos Aires. Saibene, C.A. 1987. Observaciones sobre la conducta reproductiva del Urutaú y la Mosqueta amarilla en el Parque Nacional Iguazú. N. Aves 14 : 14-16. Schmidt, Hans. 1948. Die vögel Südamerikas. Pag. 219-222. Buenos Aires. ECOCIENCIA & NATURALEZA Nº 7 | 2008 pag. 15