Kate & Leopold

Estados Unidos, 2001

Dirigida por James Mangold, con Meg Ryan, Hugh Jackman, Liev Schreiber,
Breckin Meyer, Natasha Lyonne, Bradley Whitford.

No es Cuando Harry conoció a Sally (1989), Sintonía de amor (1993) o French
Kiss (1995). Pero es otra comedia romántica. Una más. Esta vez Meg Ryan es
Kate y su candidato es Leopold (Hugh Jackman). Y lo que ha cambiado no son
los conflictos, los obstáculos, el tratamiento formal del film, ni el final feliz. Lo
que ha cambiado son las circunstancias: por qué esta vez los enamorados se
encuentran o dejan de encontrarse.

Leopold es un duque que vive en 1876. Es ingeniero y, como tal, se interesa
más por los inventos científicos que por pertenecer a la realeza; sin embargo,
esa noche debe elegir a su futura -y millonaria- esposa. Por obra de una grieta
abierta en el tiempo y de la mano del joven Stuart, que la ha atravesado cual
Michael Fox en Volver al futuro, Leo aparece en la Nueva York actual.

El personaje de Stuart y su descubrimiento son sólo pretextos para que los
protagonistas se conozcan. Así que el “nuevo amigo” de Leopold pronto sufre
un accidente por el que debe ser hospitalizado y él queda al cuidado de su ex
novia -justamente Kate- y su hermano Charlie (Breckin Meyer). Lo primero que
ocurre es lo más obvio: se nos muestra el asombro de Leo frente a la gran
ciudad, su ritmo y sus avances tecnológicos. Lo que sigue tampoco es muy
original: el duque corteja a Kate “a la antigua” y se gana a esta ejecutiva
moderna, práctica y bastante desilusionada.

Las idas y vueltas del romance, algunos toques de humor y de drama, y pocas
sorpresas en la trama y en la puesta en escena desembocan en un desenlace
tan fantástico -y malo- como las circunstancias mismas que unieron a Kate y
Leopold la primera vez. Meg Ryan comentó por televisión que había aceptado
el papel en esta nueva comedia romántica del director de Inocencia
interrumpida (Girl Interrupted, 1999) porque era diferente a todas las demás.
Creo que estaba equivocada: los espectadores juzgarán, si es que aún tienen
ganas de verla.

Yvonne Yolis

Kate & Leopold

  • 1.
    Kate & Leopold EstadosUnidos, 2001 Dirigida por James Mangold, con Meg Ryan, Hugh Jackman, Liev Schreiber, Breckin Meyer, Natasha Lyonne, Bradley Whitford. No es Cuando Harry conoció a Sally (1989), Sintonía de amor (1993) o French Kiss (1995). Pero es otra comedia romántica. Una más. Esta vez Meg Ryan es Kate y su candidato es Leopold (Hugh Jackman). Y lo que ha cambiado no son los conflictos, los obstáculos, el tratamiento formal del film, ni el final feliz. Lo que ha cambiado son las circunstancias: por qué esta vez los enamorados se encuentran o dejan de encontrarse. Leopold es un duque que vive en 1876. Es ingeniero y, como tal, se interesa más por los inventos científicos que por pertenecer a la realeza; sin embargo, esa noche debe elegir a su futura -y millonaria- esposa. Por obra de una grieta abierta en el tiempo y de la mano del joven Stuart, que la ha atravesado cual Michael Fox en Volver al futuro, Leo aparece en la Nueva York actual. El personaje de Stuart y su descubrimiento son sólo pretextos para que los protagonistas se conozcan. Así que el “nuevo amigo” de Leopold pronto sufre un accidente por el que debe ser hospitalizado y él queda al cuidado de su ex novia -justamente Kate- y su hermano Charlie (Breckin Meyer). Lo primero que ocurre es lo más obvio: se nos muestra el asombro de Leo frente a la gran ciudad, su ritmo y sus avances tecnológicos. Lo que sigue tampoco es muy original: el duque corteja a Kate “a la antigua” y se gana a esta ejecutiva moderna, práctica y bastante desilusionada. Las idas y vueltas del romance, algunos toques de humor y de drama, y pocas sorpresas en la trama y en la puesta en escena desembocan en un desenlace tan fantástico -y malo- como las circunstancias mismas que unieron a Kate y Leopold la primera vez. Meg Ryan comentó por televisión que había aceptado el papel en esta nueva comedia romántica del director de Inocencia interrumpida (Girl Interrupted, 1999) porque era diferente a todas las demás. Creo que estaba equivocada: los espectadores juzgarán, si es que aún tienen ganas de verla. Yvonne Yolis