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La primera vez que a Shinya se le permitió conocer a su pro-
metida fue cuanto tenía diez años de edad. Realmente se sentía
extraño tener tu propia prometida y compañera de toda la vida,
que además escogían por ti, a tan temprana edad, pero Shinya
recordaba que su corazón latía con fuerza debido a la emoción
de descubrir que finalmente se le permitiría conocerla. La chica
–su prometida– ¿cómo era? ¿Sería hermosa? ¿Amable? ¿Podrían
llevarse bien mutuamente?
Decir que «tales pensamientos tan dulces similares al amor
no estarían flotando en su cabeza» sería una mentira. Pensaba en
ambos. En un futuro alegre. Momentos divertidos con su amor.
Todos esos sueños llenaban su mente.
—……….
Pero, dicho eso, los sueños no iban a hacer que su corazón
latiera con más fuerza. Después de todo, una intensa sensación de
amor hacia una chica a la que nunca antes había conocido – era
algo que realmente no sucedía.
Más que eso, existía otra razón para que su corazón latiera
más y más.
Otra razón para su emoción.
Se le había permitido conocer a su prometida – cuando escu-
chó eso, lo que lo sacudió fue ese tipo de sentimiento de: …ah,
viví, sobreviví sin morir.
Diez años de edad.
Ya a esa edad, él había asesinado muchas veces. Esos a los que
él mato estaban en el mismo bote que él. Candidatos a prometi-
dos de Mahiru Hiiragi, la jovencita de la Casa Hiiragi. Candidatos
a prometidos que eventualmente se casarían con Mahiru Hiiragi
y traerían a la vida a otro chico con un ADN excelente y superior
para los Hiiragi.
El proceso de selección comenzó cuando Shinya tenía cinco
años de edad. Al principio, sin embargo, el proceso no fue ni cruel
ni rudo.
¿Corres rápido?
¿Aprendes rápido?
¿Eres bendecido con los talentos en los hechizos?
Shinya asistió a uno de los pocos jardines de niño en el país
que era regidos por el «Mikado no Oni», un culto religioso lide-
rado por la familia Hiiragi. Entre los diversos pequeños, él fue
elegido para formar parte de un equipo seleccionado compuesto
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completamente alegre. Era más talentoso que los demás. Era
superior a otros. Reconocible. Un niño excelente. Un niño muy
excelente. Eso se lo decían cada día, y su corazón latía de forma
anticipada por la forma en cómo llegaría a ser mejor y derrotaría
a los demás niños. Su placer llegaba del aprendizaje y memori-
zación de varios hechizos y de los entrenamientos de su cuerpo.
Pero un día, el director le dijo:
— Shinya-kun, has sido un trabajador ejemplar y un exce-
lente estudiante. ¡Por tal razón, la casa principal te ha llamado
para que vayas a Tokio! ¡Buen trabajo! ¡Serás transferido a Tokio
mañana, así que prepárate!
Y desde ese día, no s ele permitió volver a su hogar. Escuchó
que sus padres recibirían 300 millones de yenes por parte de los
Hiiragi, y que su rango dentro del «Mikado no Oni» ascendería
varios escalones. Escuchó que sus padres estuvieron extasiados
que fueron elogiados por la casa principal. Pero, también se le
dijo que no tendría permitido ver a sus padres, nunca más. Shin-
ya lloró, aulló, y dijo que odiaba eso, que ya no quería nada, pero
ningún adulto lo escuchó. Al contrario, solo decían que eso era
un honor. Dijeron que no comentara cosas estúpidas. Pero su
vida a partir de entonces se volvió extremadamente ruda y cruel.
Tokio – Shibuya.
Una vez que lo transfirieron a una de las instalaciones de allí,
ya no tuvo tiempo de llorar. En la prueba que se realizaba una vez
cada tres meses, eras eliminado si no alcazabas el 30%.
En la competencia realizada una vez al año, donde se podía
matar a los demás, te eliminaban si no ganabas.
Si no ganas, mueres.
Si no ganas, mueres.
Si no ganas, mueres.
Dicho de otro modo, una y solo una persona podía sobrevivir.
Ya no recordaba cuantas personas eran cuando comenzó.
Solo lo intentaba desesperadamente cada día.
Aprender nuevos hechizos de magia.
Aprender nuevos hechizo de ilusión.
Obtener nuevas habilidades físicas.
Una vez, de vez en cuando, se hacía amigo de alguien. Un
amigo para celebrar su supervivencia juntos.
Pero ese amigo era eliminado por no llegar al 30%.
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Eso llenaba de temor a todos, y cada vez ponían más esfuer-
zos, más que nunca.
Conocía un amigo.
Ese amigo moría.
Conocía un amigo.
Ese amigo moría.
Al final, dejó de hacer amistades.
Pero aun así, muchos fueron eliminados.
Recordaba que comenzó a sonreír indiscretamente con el fin
de manejar el enorme estrés. Quizá esa fue la mejor opción. Co-
menzó a aprender hechizos a mayor velocidad que esos que co-
menzaban a callarse, o esos que todo el tiempo estaban enojados.
Sonreír le hacia la vida más eficiente. Más que eso, había veces
cuando su oponente se autodestruía solo porque su rostro son-
riente lo obstinaba.
Sobrevivió desesperadamente con sonrisas indiscretas. Los
oponentes se volvían más fuertes, y las batallas dolorosamente
difíciles, pero sonreía y sobrevivía con desesperación.
—……..
Luego, un día, cuando fue al edificio de entrenamientos, no
vio más rostros familiares que él suyo. Un hombre extremada-
mente anciano que se presentó como un instructor de la familia
Hiiragi, quien le gritó una y otra vez a él y a los demás hasta el
día de ayer, hoy, repentinamente, hizo una reverencia de respeto
y le dijo:
— Felicidades, Hiiragi Shinya-sama. Al final, usted fue el ele-
gido para ser el prometido de Mahiru-sama.
Fue llamado Hiiragi.
El nombre de la casa principal – el nombre que lideraba la
secta religiosa «Mikado no Oni», cuyas reglas y enseñanzas fue-
ron seguidas por Shinya – ahora era parte de su propio nombre.
Incluso la actitud del instructor era completamente distinta
a la de antes. Parecía como si el instructor respetara realmente a
Shinya, no, le diera miedo.
A lo que el instructor le dijo, Shinya respondió sonriente.
— ¿Entonces, ya no tengo que seguir compitiendo?
— Así es.
— ¿Sobreviví?
— Si.
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— Ah, lo hice…
Al principio, no sintió nada especial. Fue muy repentino.
Competir con los demás había sido una rutina, parte de su vida, y
por eso, fue incapaz de reaccionar apropiadamente.
Pero el instructor continuó:
— Y muy pronto, su prometida, Mahiru-sama, estará aquí de
visita. Ella misma pidió hacerlo. Parece que ella alberga un enor-
me interés en usted, Shinya-sama.
—……….
— Deseamos grandemente que el encuentro de los dos futu-
ros pilares de la familia Hiiragi se convierta en una experiencia
hermosa.
Habiendo dicho eso, el instructor se disculpó.
Shinya quedó solo en el salón de entrenamientos vacío. Se le
había dicho que conocería allí a su prometida. La conocería allí,
donde los interminable baños de sangre tomaron lugar. Una vez
se dijo eso, Shinya finalmente pudo sentirlo.
Había sobrevivido.
Pensó que el interminable baño de sangre seguiría por toda la
eternidad. Pero finalmente sobrevivió.
Al mismo tiempo, una chica apareció en la entrada del salón
de entrenamientos, la cual estaba un poco alejada de Shinya. En
una esquina de su mente, una muy pequeña, esos pensamientos
brotaron.
¿Qué tipo de chica era su prometida?
¿Sería hermosa?
¿Amable?
—……….
Mahiru se acercó. Parecía exceder todas y cada una de las
ideas que Shinya había tenido jamás.
Un largo y brillante cabello color ceniza. Unos ojos dignos
llenos de una poderosa determinación. Una piel completamente
blanca, casi transparente. Elegante, calmada, y con una voz reso-
nante y fría como el hielo.
— ¿Entonces tu eres el que sobrevivió para plantar tus se-
millas dentro de mí?
Shinya hizo una reverencia.
— Si. Por primera vez a sus servicios.
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— ¿Te llamas…?
— Me llamo Shinya.
— Shinya… ¿y cómo se escribiría tu nombre en kanji?
— Está escrito como profundo y noche.
— Es uno poco común.
— ¿En serio? No lo había notado.
Después de todo, se encontraba allí a la corta edad de cin-
co años. Ni siquiera tuvo tiempo para pensar en esas cosas. Pero
ahora que se lo decían, parecía que sí, su nombre era poco co-
mún. Con una sonrisa, Shinya miró a Mahiru y le dijo:
— Pero, para una persona que vivirá bajo la sombra de usted,
«Mahiru»-sama, quien irradia como un sol, creo que es un nom-
bre ideal.
Pero una vez que Mahiru escuchó eso, su rostro mostró un
poco de disgusto.
— Esa es una forma demasiado servil de ponerlo.
Parecía que a Mahiru le disgustaba ese acercamiento. Pero
Shinya necesitaba ser aceptado por ella. La única razón por la que
se le era permitido existir en ese momento era debido a su estatus
como prometido de Mahiru.
Y Mahiru, al menos sintió interés por él y fue a ver a Shinya
en persona. Luego, allí mismo, Shinya necesitaba impresionarla.
Por eso, él pensó: ¿Qué tipo de actitud quería ella de él? ¿Qué tipo
de chicos prefería?
Sonriendo, Shinya exploró unas respuestas.
— Lo lamento muchísimo. Acabo de descubrir que he so-
brevivir, por eso no estoy muy seguro de cómo debería tratar a
una persona de la familia Hiiragi…
Pero Mahiru lo interrumpió y dijo:
— ¡No siento interés alguno en ti, así que se tú mismo!
Shinya miró el rostro de Mahiru. Observó y buscó que tipo de
expresión estaba mostrando, qué tipo de pensamientos llenaban
su mente.
Ella era una Hiiragi.
Desde el momento en que nació, se convirtió en un dios para
los seguidores del «Mikado no Oni». De seguro ya estaba enfer-
ma y cansada de la gente que trataba de absorberla.
Por eso, probablemente era mejor impresionarla de forma
distinta…
Pero, como si cortara sus pensamientos, Mahiru habló:
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— Ya tengo a una persona a quien amar. Por eso, no puedo
aceptarte. Hoy solo vine para decirte eso.
Parecía que esa era la realidad.
Shinya miró a Mahiru.
—……………..
No dijo nada. Las palabras sin cuidado eran peligrosas. Mahi-
ru dijo que no lo elegiría. Pero si ese era el caso, Shinya no tendría
valor alguno. Y hasta ayer, todos los que perdieron y ya no tenían
valor eran eliminados.
Pero Mahiru siguió su historia como si leyese los pensamien-
tos de Shinya.
— Ah, no tengas miedo de hablar libremente. Puedo ase-
gurarte de que no hay vigilancia.
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Shinya respondió:
— No puedo confiar en eso.
Ante esa respuesta, Mahiru sonrió un poco:
— ¿Así es cómo hablas? Entonces, por favor, continúa.
— ¿Es lo que prefieres?
— Bueno, sí. Pero aun así no me enamoraría de ti.
— ¿Hm? Que problemático. Y yo que sobreviví solo por esa
razón.
— Qué mal.
— ¿No te puedes enamorar de mí?
Escuchando eso, Mahiru volvió a sonreír un poco.
— Dejando de lado el poder o no poder, apenas nos veni-
mos conociendo.
— Entonces todavía hay una oportunidad…
— No la hay –lo rechazó inmediatamente.
Mahiru dijo esas palabras de forma muy tranquila, y al mis-
mo tiempo, Shinya fue capaz de sentir una poderosa determi-
nación en su voz, tanta, que no le permitiría objeciones. Lo que
significaba…
— Si es así, entonces hoy me matarán…
— No –dijo Mahiru sacudiendo la cabeza–, fingiré que esta-
mos saliendo, que te estoy agarrando cariño.
Ante esas palabras, Shinya pensó muchas cosas:
¿Por qué Mahiru hacia eso? ¿Qué razones tenia para venir
a conocerlo? Pero la respuesta brotó de inmediato de la boca de
Shinya.
— Entonces, eso significa que la persona que amas no es per-
mitida por la familia Hiiragi.
Como si se sorprendiera un poco, los ojos de Mahiru se am-
pliaron notablemente. Luego dijo:
— Como era de esperar, eres inteligente.
— Entonces me elegiste para encubrirte.
Mahiru sonrió. Su rostro brilló notablemente como si pensar
en la persona que amaba la hiciera feliz.
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— Entonces, así es. Desde que escuché que eras de la Casa
Hiiragi, me preguntaba qué tipo de persona serias. Y ahora que lo
veo, solo eres una jovencita enamorada.
— Si –rió Mahiru–. Solo soy una jovencita enamorada, na-
cida en una casa en la que no se permite amar normalmente.
— ¿Y te puedes llamar a ti misma una jovencita?
— Jajaja. Como deseaba haber nacido como una niña nor-
mal.
—………….
— En una casa en la que se me permitiera amar a quien yo
quisiera.
Eso de desear haber nacido como un niño normal era lo mis-
mo para Shinya.
Matar a otros para sobrevivir.
Ser eliminado si fallabas en la obtención de un buen resulta-
do.
No quería vivir mientras luchaba con tales miedos.
— Pero, tú también –dijo Mahiru mientras miraba a Shin-
ya.– ¿No estás feliz de no tener elección y salir con alguien a
quien ni siquiera quieres?
Shinya respondió a eso.
— Si es con una chica encantadora como usted, Mahiru-sa-
ma…
— No me elogies, no es necesario.
Mahiru lo interrumpió, pero Shinya seguía sonriendo.
— No lo hago. Realmente eres bonita. Y aunque se dijo que
nunca obtendré tu amor – incluso si hasta ahora no tenía interés
alguno, estoy comenzando a desearlo, aunque sea un poco.
—……….
— Después de todo, nunca he perdido.
Shinya apuntó al lugar donde estaban, esa instalación de en-
trenamientos, donde lo forzaron a competir contra otros por el
simple hecho de sobrevivir. Y todo desde los cinco años.
— Tienes razón –sonrió Mahiru–. Porque si hubieses perdi-
do, te habrían eliminado.
— Por eso, estoy contento aun si solo estoy para encubrirte,
al menos por ahora. Luego me ganaré tu corazón. Si. Hagámoslo.
Esa será mi próxima meta.
Pero, aun sonriendo, Mahiru miró a Shinya con lastima, lue-
go dijo:
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— Entonces, ¿te gustaría perder una vez, justo aquí?
— ¿Eh?
— Si pierdes una vez, ¿ya no seguirías obsesionado con eso?
— ¿Pero que di…?
Pero ya Mahiru se movía directamente hacia él.
Sus movimientos eran frescos, pero no rápidos.
Shinya abrió sus ojos a medio camino, miró en su dirección,
y dijo:
— ¿Esto es un Hiiragi?
Pudo sentir su corazón enrollarse con un latido. ¿Fuimos for-
zados a arriesgar nuestras vidas por una persona que solo puede
moverse de esa forma? Shinya pudo sentir como perdía rápida-
mente el interés y su deseo por ella.
Mahiru levantó su puño. Fue fácil detenerla. Una persona con
su nivel de habilidad habría sido eliminada hace mucho, mucho
tiempo.
Shinya levantó su mano, sujetó la mano de Mahiru.
No, creyó haberlo hecho.
Mahiru desapareció frente a sus ojos. Todo era una ilusión.
En eso, alguien le tocó la espalda, y una voz fluyó por sus
oídos.
— Jajaja, ¿piensas plantar tus semillas en mí, teniendo este
nivel? Ni siquiera fuiste capaz de tocarme.
Ella estaba en otro nivel. A un nivel distinto al de los chicos
con quien compitió hasta ayer.
Ella era un oponente a quien no podía tomar a la ligera. Eso
le hizo maldecir su estupidez.
Probablemente era un talismán de papel con hechizos con-
jurados pegados en su espalda. En eso Mahiru dijo suavemente:
— Explota.
Al mismo tiempo, Shinya se movió. Lo hizo con todas sus
fuerzas. Se colocó un talismán en sí mismo para contratacar los
hechizos y trató de minimizar el daño.
Dio unos cuantos pasos y se volvió.
Mahiru sonreía. Lo hacía tristemente.
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Él simplemente no pudo encontrar aberturas en ella. Esta vez,
sintió una presión distinta.
Shinya y ella. ¿Quién sería el más fuerte?
Probablemente. Lo más seguro.
— Bueno, entonces esta vez, supongo que perdí, ¿no?
Mahiru sonrió.
— ¿Es tu primera derrota? Si es así, a partir de ahora te ha-
rás más fuerte –y dijo. Pero ante eso, Shinya sonrió y respondió.
— No. A estas alturas, al estar aquí, significa que perdí hace
mucho tiempo.
Desde el momento en que sus padres lo vendieron.
Desde el momento en que no pudo escapar.
Desde el momento en que no pudo rechazar el encuentro.
Desde el momento en que dejó de vivir libremente.
Desde eso, ya había perdido.
Pero Mahiru era distinta. Esta chica sí que lo era.
Ella llegó allí, no para perder. Sino para continuar amando a
la persona a la que le habían prohibido que amara. Ella llegó hasta
allí para elegir, con sus propias manos, su destino.
— Por eso, tengo una pregunta –dijo Shinya.
— ¿Cuál?
— La persona que amas, ¿es más fuerte que tú?
Mahiru sonrió con alegría. Lo hacía como si se divirtiese. El
rostro dejaba ver que era el de una chica que está perdidamente
enamorada.
En ese momento, ella parecía la más atractiva.
Era como si pensara en ello. Volvió ligeramente su cabeza a
un lado y dijo:
— Hmm, ¿Me pregunto… como es Guren? Ya sea fuerte o
débil, sin embargo, no me hará cambiar de idea.
— Eh, eso no es justo. Entonces no vendrá mi turno.
Ante las palabras de Shinya, Mahiru volvió a reír. Una sonrisa
brillante parecía a esa serena y tranquila tarde.
— Guren es fuerte, probablemente. Más fuerte que yo. Mu-
cho.
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— ¿Entonces quieres a ese tal Guren?
— Hmmm.
— ¿Porque es fuerte?
— Hmmm.
— Ya veo. Es así. Bien, lo tengo. Actuaré como tu cómplice.
Hasta que puedas estar con la persona que amas. Actuaré como
tu cómplice en este lugar.
— Bien –sonrió Mahiru alegremente–. Entonces, por favor,
cuida de mí a partir de ahora, Hiiragi Shinya-san.
— Solo llámame por mi nombre. Yo haré lo mismo. De esa
forma seria menos sospechoso, ¿no? Por eso, Mahiru. Cuida de
mí también.
Una vez más, ante las palabras de Shinya, Mahiru sonrió:
Su rostro era increíblemente hermoso.
—…….
Y allí, por primera vez, él sintió un poco de celos hacia Guren,
a quien aún no conocía.
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Guren Ichinose miraba la sangre que era retirada de su brazo.
Cuando la aguja penetró, esta extrajo una sangre de color ne-
gro que contenía una gran cantidad de dióxido de carbono.
—…Guren-sama.
La mujer científica le habló. Guren la miró. Allí, de pie, esta-
ba una chica de unos veinte años de edad que vestía una bata de
laboratorio blanca.
Era una investigadora de maldiciones perteneciente al «Mi-
kado no Tsuki» al cual estaba afiliado la Casa Ichinose – Mitsuki
Iori.
Cuando la quinta jeringa fue retirada, Mitsuki dijo:
— Ahora la investigación está completa.
— ¿Hm? Ah, gracias.
Guren asintió, y desenrolló su manga.
— Y, ¿para cuándo estarán listos los resultados de los exáme-
nes?
—…los demás investigadores ya han comenzado a investigar
su estatus, Guren-sama, por ello ya ha habido algunos resultados.
— Hm, ¿y?
—…todo indica que hay veneno en su cuerpo.
— ¿Qué tipo de veneno es?
—………..
Tras un momento de silencio, Mitsuki respondió de inme-
diato.
— Es desconocido… pero parece que es un veneno casero
que está inyectado con una maldición. En este estado, aun es no
está claro que tipo de maldición es.
— ¿Nuestras instalaciones de investigación es incapaz de ana-
lizar esta maldición avanzada?
—…así parece.
— ¿Eres capaz de investigarlo detalladamente?
— ¡Claro! Por favor, déjenos seguir trabajando. ¡Seguiremos
erosionado el veneno en su cuerpo, Guren-sama!
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Guren miró con ojos entrecerrados la expresión determinada
en el rostro de Mitsuki, y en eso pensó en otro rostro. El rostro de
la chica que había colocado el veneno en él.
El hermoso rostro de Mahiru Hiiragi.
Ella estaba empeñada en hacer hasta lo imposible y sellar con
éxito el «Demonio» en el arma usando el «Kiju».
No, parece más bien que ya tiene una habilidad de combate
considerable. Sin importar qué, fui capaz de cortar a un miem-
bro de la aristocracia vampírica abrumadoramente poderoso al
cual los humanos nunca habrían sido capaz de igualar. Esto ya se
encuentra significativamente más allá de la ciencia y tecnología
actual, y el poder normal actual de las maldiciones.
—…….
Guren lo volvió a recordar. La sonrisa de Mahiru, y lo que ella
le había dicho:
— Pero ya no eres humano. Tu brazo fue cortado y aun así
fue capaz de volver a unirse. En tu alma, ya tienes una mezcla
del «Demonio». Por eso, al final, se romperá. Al igual que yo, tu
corazón se destrozado por la oscuridad. Ah, Guren. Parece que
nunca nos separaremos. Convirtámonos juntos en demonios,
¿sí?
Demonio.
Veneno de Demonio.
Veneno «Kiju».
Guren se tocó suavemente el lugar donde su brazo había sido
cortado, y que ahora estaba sanamente unido.
En eso, Mitsuki habló:
— Guren-sama, ¿puedo decir algo?
— ¿Qué es?
— Por favor, permita que el veneno sea experimentado en
unos cuantos sujetos humanos más.
—…………
— Aunque actualmente el «Mikado no Tsuki» no permite ta-
les experimentos…
Pero antes de poder finalizar, Guren sacudió su cabeza:
— No.
— Pero, para resolver esto, es…
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— No, no lo permito. Soy el único con quien deben experi-
mentar. ¿No es suficiente? –respondió Guren.
No, claro, es imposible. Para llevar a cabo una investigación
de maldiciones así, lo esencial seria la experimentación humana,
sin embargo, debido a esto, tales experimentos fueron prohibidos.
Y no fue el «Mikado no Tsuki» quien promovió esa prohibición.
No, sino los maestros arrogantes – para ser exactos, los dirigidos
por la Casa Hiiragi, es decir, el «Mikado no Oni».
Si la Casa Ichinose comienza la experimentación humana, y
si se sabe que llevamos a cabo la investigación de la maldición
prohibida, entonces eso se convertiría en una declaración de gue-
rra contra el «Mikado no Oni». Si ese fuese el caso, el «Mikado no
Tsuki» seria derrotado al instante. La brecha de poder es inmen-
sa. Por eso…
—…úsenme solo a mí. En curarme – usen esa única razón
para investigar también.
Pero Mitsuki dejó ver una expresión de descontento.
— ¡No puedo hacer eso! ¡La toxina ahora está erosionando
de su cuerpo, Guren-sama! ¡Esta es una investigación urgente…!
— ¡Te dije que no! –gritó Guren, y Mitsuki se detuvo. En eso,
Guren volvió a decirle.
— Una vez que inicies la experimentación humana, no podrás
parar, ¿cierto? Investigar una nueva maldición, usar un nuevo ex-
perimento, crear nuevos poderes, el poder, el poder… y luego,
¿qué sigue? Serás consumida por ese poder, o serás derrotada por
la Casa Hiiragi. Sea cual sea el caso, el resultado es la destrucción.
Guren pensó en Mahiru.
— Guren, me gustas.
Obsesionada por el poder, Mahiru colapsó.
— Me gustas, Guren. Tu y yo somos iguales, donde la locura
y los demonios viven dentro de nosotros.
— Mitsuki –dijo Guren–, aún no hemos llegado a ese estado.
No uses la experimentación humana.
—………..
— Solo úsame como sujeto de pruebas. Experimentar con-
migo es suficiente. No es necesario completar la investigación
«Kiju». Con encontrar la forma de contrarrestar la toxina es su-
ficiente…
En eso, Mitsuki sonrió:
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— Guren-sama.
— ¿Hm?
— Soy igual que usted, Guren-sama. Mi tipo de sangre es «A».
— ¿Y…?
¿Qué? Quise preguntar, pero lo que Mitsuki planeaba hacer,
era algo que ya me imaginaba.
— Detente…
Pero ya era demasiado tarde. Sus manos sujetaban la jeringa.
Dentro de esta estaba la sangre de Guren. Mitsuki introdujo la
aguja en su muñeca.
—…no puedo dejar que usted se convierta en un material de
pruebas -e inyectó la sangre.
— ¡Idiota! –Guren sujetó la jeringa, pero ya la sangre había
sido inyectada.
Claro, existía una posibilidad de que nada sucediera. Al mez-
clar la sangre de Guren, podría no surgir resultado alguno.
No, en realidad, Mitsuki sonríe.
—…de esta forma, la experimentación puede llevarse a cabo
un poco más. Usando mi cuerpo como material experimental…
—………..
Pero, con eso, Mitsuki fue incapaz de continuar. Su expresión
cambió por completo. Su cuerpo temblaba, colocó su mano dere-
cha sobre la izquierda, donde la sangre había sido inyectada.
— ¿…qué es…esto… tan poderoso…? –gritaba–. Este po-
der… yo… no puedo, no quiero…
Su mano izquierda se hinchó. La maldición de la espada cu-
brió su mano. Al levantarla, notó que se parecía a la mano de un
demonio.
— ¿Cómo? No puedo, controlar esto…
En eso, Guren sacó su espada. Esa espada que obtuvo de
Hiiragi Kureto, la espada demoniaca «Hakushi». Cortó el brazo
mutado de Mitsuki. Pero la mano izquierda comenzó a hinchar-
se más y más. Desde donde cortó, patas de araña comenzaron a
emerger, levantándose.
La mano que fue cortada ya era más grande que una camilla
del laboratorio.
En la palma, había tres ojos. También una boca llena de dien-
tes apareció – la cual quiso tragarse a Mitsuki:
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— ¡¡Vete al infierno!!
Una vez más, Guren usó todo su poder y volvió a levantar la
espada. La clavó entre el dedo medio y el anular, cortando toda la
mano. La espada realizó una curva.
En ese instante, el monstruo de tres ojos lo miró. Luego abrió
su boca, y habló con una voz baja y ahogada.
— ¿…qué es esto, tu también eres un «Demonio»?
— ¡Cállate, monstruo! –habló Guren, y volvió a cortar la
mano. Esta cayó en silencio. Fue un corte en forma de cruz, y
cayó en la cama.
Esta vez, las puertas del laboratorio se abrieron, y unos cuan-
tos investigadores con batas blancas entraron.
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— ¡Guren-sama!
— ¡Guren-sama!
— Olvídense de mí. ¡Traten a Mitsuki!
Guren les dijo a los demás investigadores.
Se volvió a ver a Mitsuki, quien había caído tendida en la
cama. Había perdido su brazo. Varios talismanes fueron fijados
en la zona de corte. Parecía que ya el sangrado estaba detenido.
Los investigadores quisieron mover a Mitsuki. Pero ella no
estaba escuchando lo que la gente a su alrededor le decía. Miró
sobre la cama, la enorme mano que había sido envenenada…
—…que poderoso. Este tipo de poder… ¿qué está pasando?
Nunca lo había visto… necesito… estudiarlo.
Ya había perdido su brazo. Ya no podía controlar el poder.
Pero aun así tenía una expresión placentera al hablar.
En eso, Guren volvió a pensar en las palabras de Mahiru:
— No puedes resistir el deseo de poder. Esa sed de poder.
Pues tu y yo somos iguales, vivimos en las profundidades de la
cueva sin fin…
La arrogancia en la infección. El deseo por la infección.
Varios investigadores estaban mirando el cuerpo del demo-
nio que estaba en la cama, interesados.
Alguien quiso tocarlo, pero Mitsuki habló:
— No lo toques. Eso sigue siendo contagioso. A partir de
ahora tienen que llevar uniformes anti maldiciones.
Ella fue apoyada por los otros investigadores, y luego miró a
Guren.
— Guren-sama, es vergonzoso que me vea de esta forma.
Pero, una sola palabra y progresaré con la investigación. Esta mis-
teriosa maldición la revelaré para usted.
Guren quiso reírse de sus palabras, y dijo:
—…acabas de perder un brazo, ¿y aun dices eso?
Pero Mitsuki malinterpretó esas palabras, pensó que la elo-
giaban, y por eso sonrió.
— Con el fin de que la humanidad progrese… con el fin de
que el «Mikado no Tsuki», liderado por usted, Guren-sama, sea
más poderoso, un sacrificio es necesario.
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Si hubiese un espía Hiiragi entre ellos, eso habría sido trata-
do como un «intento de rebelión» y el «Mikado no Tsuki» habría
sido eliminado. Sin embargo, cada investigador en ese cuarto Gu-
ren los conocía desde su infancia.
Sin importar qué, el lugar estaba lejos de la base Hiiragi – en
Shibuya solo había personas del «Mikado no Tsuki» viviendo el
pueblo montañoso del distrito Aichi. Y ellos estaban en el centro
del sótano de la mansión Ichinose, en el laboratorio de investiga-
ciones.
— ¿La humanidad? Parece que es un poco indulgente hablar
así –dijo Guren. En eso, Mitsuki rió:
— Para los investigadores, todos son iguales… bien, escu-
chen, comencemos. Ya al menos tenemos un comienzo para este
experimento. Y, ¿Guren-sama?
— ¿Qué?
— Es la hora.
Guren miró el reloj en la habitación. Era la una de la mañana.
Si quiero llegar a la escuela Hiiragi, debo partir ahora.
—…yo volveré. Continua con la investigación –asintió Gu-
ren.
— Si, obtendré resultados para usted.
— No te apresures. Si la situación se vuelve riesgosa…
En eso, Mitsuki respondió:
— Tendremos mucha precaución para que la Casa Hiiragi no
lo descubra… bien, comprendo. Hoy fui un poco valiente. Fue
porque quise establecer algo de información frente a usted, Gu-
ren-sama.
Con que era eso. Aunque ella quería investigar muy en serio
«Kiju», ella no tuvo la aprobación para ello. Por eso es que ella
quiso realizar tal movimiento frente a mí… no.
— ¿…no me digas que todos los que están aquí sienten lo mis-
mo?
—……….
Todos se notaban nerviosos.
Bueno, es natural. Pues todos saben en lo que estarían invo-
lucrándose.
Camaradas.
Mitsuki Iori – aunque ella sabe que puede morir, aun siguió
adelante con esas cosas, con descuido.
25
Guren miró el exterior de la habitación. Ya había unos cuan-
tos soldados del «Mikado no Tsuki» en sus labores. Todos ellos
eran conocidos.
Parece que estamos reuniendo mucha fuerza.
—…..Guren-sama –dijo Mitsuki–. Si este experimento llega a
ser exitoso, el anhelado deseo del «Mikado no Tsuki» finalmente
será…
— Ya basta, Mitsuki –la interrumpió Guren. Él comprendió
lo que ella estaba por decir.
El deseo del «Mikado no Tsuki» - es simplemente erradicar
por completo al «Mikado no Oni». Dejar de ser utilizados, humi-
llados e insultados. Y ahora, justo frente a nosotros se encuentra
la posibilidad de alcanzar tal anhelado deseo. Por esa razón…
—…………..
Mitsuki y los demás ya han perdido el control. Lo mismo pasó
con Mahiru. Quedó completamente infectada con la arrogancia.
Una vez que empecemos, es muy seguro que la Casa Hiiragi
lo descubra. Todos seriamos asesinados en caso de que nos ex-
pongan. Y a pesar de saberlo…
— ¿…están listos para luchar contra la Casa Hiiragi?
— No tenemos intención alguna de dejarlo luchar solo, Gu-
ren-sama –respondió Mitsuki.
—……..
— Aunque nuestros padres son leales al suyo, es decir, a Ichi-
nose Sakae-sama – nosotros somos fieles a usted.
—……….
— Pero lo más importante, luego que Sakae-sama fuese tor-
turado por la Casa Hiiragi, nuestra determinación aumentó. No
queremos que nos vuelvan a humillar…
Pero, Guren, sin dejarla terminar, dijo:
—…suficiente. Lo entiendo. Ahora puedes parar.
— Pero.
— No, esto es suficiente. No voy a aceptar tus expectativas.
La expresión de Mitsuki se tornó clara. Una expresión alegre
emergió del rostro de los investigadores.
Retar a una organización que es 1000 veces más fuerte que
ellos, eso es suicidarse. Para lograr esa meta se necesita arrogan-
cia. Pero…
26
—…minimicen las pruebas humanas. Queremos ganar mien-
tras mantengamos un estado racional.
— Pero.
— Nada de peros. Esta es una orden. Si llegamos a ser descu-
biertos de inmediato por la Casa Hiiragi, las cosas se complica-
rían. Por eso, no hagan nada demasiado obvio.
—………….
— En cuanto a la declaración de guerra, es algo que yo deci-
diré.
— Pero, llevar a cabo eso de forma tan calmada…
— Si quieres hacerlo –la interrumpió Guren–, entonces hazlo
dentro de un año.
De repente, todos los investigadores se alarmaron, pues ya se
encontraban a mediados de agosto.
Por eso hacerlo dentro de un año, antes de comenzar la gue-
rra, eso sería en solo cuatro meses. Pero con el fin de mantener
esto como un secreto para la Casa Hiiragi, ese sería el tiempo
límite. Incluso Mahiru lo dijo:
— Déjame decirte un secreto, el mundo será destruido este
año, en Navidad.
— Las campanas del apocalipsis sonaran y el virus se propa-
gará. Por eso es que el mundo necesita hacerse más fuerte.
El virus – eso significa que hay una posibilidad de lucha bio-
lógica. Con respecto a la escala de la destrucción, parece que todo
el mundo se verá involucrado.
Aunque no sé cómo la «Secta Hyakuya» va a encargarse de
esto, el sentido común me dice que ellos pueden tener la vacuna.
Y solo con el fin de amenazar al mundo.
Si no se rinden ante nosotros, todos morirán – quizá todo
termine así. Pues la «Secta Hyakuya» es una organización a nivel
mundial. Por eso, la posibilidad de que eso pase, existe.
Por esta razón, la «Secta Hyakuya» ha comenzado la guerra.
Ya queda muy poco tiempo antes de que el mundo sea des-
truido, por eso, ellos no se preocupan por el poder de los demás y
dieron inicio a la guerra contra el «Mikado no Oni».
—…ah. El día de Navidad, ¿habrá un ángel de los cielos que
tendrá parte en la destrucción del mundo? Tienes que estar bro-
meando, después de todo, esto es Japón –dijo Guren, sonriendo.
27
Por eso, antes de que sea demasiado tarde, tengo que obtener
más poder en mis manos. Ya no queda tiempo. El tiempo no es-
pera a nadie.
Eso lo entendía muy bien.
Luego, le dijo a Mitsuki.
— Entonces, queda así. Discretamente, constantemente y rá-
pidamente.
— ¡Sí!
Todos respondieron.
Ahora las cosas están en movimiento. Ahora que hemos co-
menzado una rebelión contra la Casa Hiiragi, me temo que no
seré capaz de detenerlo.
◆ ◆ ◆
Tras salir del laboratorio, las que siempre permanecían a un
lado de Guren llegaron, se abrían paso entre los soldados.
Hanayori Sayuri y Yukimi Shigure.
Ambas tenían expresiones de preocupación.
— ¡Guren-sama! –habló Sayuri–. ¡¿Qué demonios sucedió
luego que lo dejáramos?!
En eso, Shigure miró dentro de la habitación y vio a los inves-
tigadores trabajar con agitación y se volvió hacia Sayuri y le dijo:
— Iori Mitsuki perdió su brazo. Y también está el cuerpo de
un monstruo extraño allí dentro.
Sayuri, miró con sorpresa a Shigure, luego dijo:
— ¡….Guren-sama! ¿Acaso nos está ocultando algo?
— No tienen que saberlo… –dijo Guren sacudiendo su ca-
beza.
Pero Shigure lo interrumpió, y dijo con una expresión fría.
— Esto es inaceptable. Estamos aquí para protegerlo, Gu-
ren-sama. Si no comprendemos bien la situación, no podremos
lograrlo…
— Es cierto. Por eso que no se los diré. Son las más cercanas a
mí protegiéndome en la escuela Hiiragi. Por eso, trataré en lo po-
sible de no contarles nada a ustedes. Si se los hago saber, la Casa
Hiiragi les sacará esa información…
— No es un problema –respondió Sayuri de inmediato–. Si
nos atrapan, nos suicidaremos de inmediato.
Shigure estuvo de acuerdo.
28
— Por eso es que…
— ¡JA! –rió Guren–, ¿tienen la determinación para suicidar-
se? No subestimen a la Casa Hiiragi. Si ustedes conocen la situa-
ción, no podrán dejar este cuarto. Me conseguiría un reemplazo.
Por eso, si quieren estar a mi lado, entonces es mejor que se que-
den tranquilas.
Sayuri y Shigure se miraron entre sí. Luego, tras un momento,
ambas hablaron.
— Entonces, con el fin de estar cerca de usted todo el tiem-
po…
— Así es.
Guren avanzó, dejándolas atrás.
— Volveré a Tokio. ¿Dónde está el carro?
— Ya está todo listo.
— Bueno, vayámonos. Mañana tenemos que ir a la escuela.
Con eso, Guren avanzó.
29
— Este es Ichinose Guren-sama.
Eso fue lo que se escuchó en uno de los salones de la Secun-
daria Shibuya.
Hasta hace poco, todos allí habían sido un enemigo.
Los que lo saludaban eran regaños, ignorancia, y una botella
de refresco lanzada de Dios sabe dónde…
Al abrir la puerta del salón de clases, había unos cuantos es-
tudiantes susurrando en el pasillo.
— Escuché que fue elegido como el subordinado directo de
Kureto-sama.
— Ellos dicen que oculta su verdadera fuerza, pero que fue
descubierta por Kureto-sama.
— También se lleva bien con Shinya-sama, y su fuerza tam-
bién ha sido reconocida por esos dos de la Casa Jūjō y la Casa
Goshi.
— ¡¿Entonces qué idiota fue el que dijo que él era una rata de
mala familia?!
— ¡Tú mismo lo dijiste!
— ¡No jodas! ¡No fui yo!
Guren, sin embargo, estaba ignorando esas conversaciones
molestas. Se sentó en su puesto, apoyó su rostro sobre su mano y
comenzó a soñar. Era evidente que no había dormido.
Durante toda la noche, él estuvo en el puesto trasero de un
vehículo en la Autopista Tomei, con destino a Tokio desde Aichi
a 150 kilómetros por hora. Durante ese tiempo, su mente estaba
centrada en lo que podría pasar en el futuro, y por eso, no fue
capaz de dormir bien.
—……….
Guren abrió sus ojos, medio dormido, y miró por la ventana.
Aunque desde el salón de clases no podía sentirlo, debido al
excelente aire acondicionado, afuera estaba tan caliente que todo
parecía estar envuelto por una cortina de calor.
Hoy era 20 de agosto.
Para las escuelas normales, podrían ser las vacaciones de ve-
rano, pero en esta escuela, tales descansos no existían.
30
De acuerdo a las noticias, la temperatura en esos días había
alcanzado un nuevo incremento. ¿Por qué estaba tan caliente?
Si el calor persistía, podría hacer que la comida almacenada se
dañara, pero ya que, al fin y al cabo, el mundo se acabaría en
navidad, preocuparse porque la comida se dañe, sería algo com-
pletamente inútil.
— ¡….Guren! ¡Guren!
Alguien dijo su nombre. Pero Guren no lo notó y siguió mi-
rando por la ventana.
El propietario de la voz se enojó y golpeó la mesa con fuerza.
— ¡Oye, Ichinose Guren! ¡¿Por qué estás ignorando mis pre-
guntas?!
Impacientemente, Guren miró hacia la fuente del ruido. Allí
había una chica de su clase. Su rasgo más notable era su brillante
cabellera roja, una mirada fuerte, y una piel pálida.
Se trataba de la hija de la prestigiosa familia Jūjō – Mito Jūjō.
— Todos los días –continuó–, no entrenas y siempre tienes
esa actitud estúpida y aturdida… ¿acaso la fama de que Kure-
to-sama te haya notado te volvió arrogante?
— ¿…quien es arrogante?
Contestó Guren, y Mito respondió con rabia.
— ¡Estoy hablando de ti! ¡Ichinose Guren! ¡En clases actúas
como si no hubiese nadie a tu alrededor, dúrate las clases de edu-
cación física y hechizos no usas tu verdadero poder! ¿Qué demo-
nios quieres?
Ante esas preguntas, Guren se preguntaba en cómo respon-
der. En primer lugar, el contenido que cubrían las clases se encon-
traba por debajo de su nivel intelectual. Simplemente no había
nada que valiese la pena aprender.
Sin embargo, todos allí eran sus enemigos, por eso, no existía
la necesidad de que sus enemigos vieran su verdadero poder.
Y por eso, todos los días, él actuaba ociosamente y fingía ser
un imbécil – pero incluso si él explicaba todo eso, ella probable-
mente no lo entendería.
En la familia Hiiragi, tener valor o ser famoso – ante la gente
de allí, era algo que debía celebrarse.
Por lo tanto, que Guren se volviera arrogante u orgulloso no
era sorprendente, pues era algo que digno de sentirse orgulloso.
¿Entonces era mejor actuar alegre? Sin embargo, fuese su te-
rrible actitud o que su fuerza real estuviese oculta, ambas cosas
31
En medio de esos pensamientos, inesperadamente…
—…uwah~
Un bostezo se escapó de su boca.
Esto enojó aún más a Mito.
— ¿Qué tipo de actitud es esa?
— Tus aullidos me provocan dolor en los oídos.
— Primero que todo, hace poco, durante el entrenamiento
físico, vi que, de inmediato, perdiste ante un compañero de cla-
ses… ¿cómo es posible? ¡Tú fuerza no debería ser tan baja!
Guren se encogió de hombros.
— No, realmente tengo mucha fuerza.
Eso la enojó aún más.
— ¡Esa es exactamente el tipo de actitud que hace que los
demás les duela la cabeza!
— ¿Les duela la cabeza? ¿Por qué? ¡No tienes razones para
que eso te pase!
Mito habló con más intensidad.
— ¡Por supuesto que sí! ¡Si andas de ocioso, aquellos de las
familias prestigiosas que se la pasan contigo, también son objetos
de burla y pena, ¿no lo has notado?!
No era una sorpresa que estuviese tan enojada.
En otras palabras, siendo subordinado de Kureto, Guren aho-
ra había hecho grupo con Mito y Goshi, por lo que, si su mala ac-
titud era vista, él también arrastraría la reputación de los demás.
Guren sonrió y dijo:
— ¿Y por qué tengo que preocuparme de tú reputación?
— Porque… todos somos subordinados de Kureto-sama, en
un futuro también seremos compañeros de trabajo, por eso…
Sin embargo, Guren no siguió escuchando.
Compañeros. ¿Ellos eran compañeros? Los compañeros de
Kureto-sama, ¿compañeros? Ciertamente es una fortuna se ele-
gido personalmente por Kureto-sama para ser su subordinado.
Eso era lo que Guren pensaba.
32
—…jajaja –Guren rió con auto desprecio, antes de bostezar y
seguir apoyando su cabeza sobre su mano.
— ¡Oye, Guren! –gritó Mito. El chico sentado a un lado co-
menzó a reir.
Era Hiiragi Shinya.
Vamos, Mito-chan, no lo interrumpas más. No es como si su
actitud decepcionante y ociosa fuese algo nuevo.
Mito mostró una expresión de respeto hacia alguien de la fa-
milia Hiiragi.
— Ah, Shinya-sama. Pero…
— En fin, para alguien de su calibre, el programa enseñado en
esta institución debe ser inútil, ¿cierto? ¿Guren? ¿Estás de acuer-
do?
—……….
Cuando Guren ignoró a Shinya, Mito se enojó una vez más.
— ¡Oye, tú! ¡¿Cómo te atreves a ignorar las palabras de Shin-
ya-sama?!
Escuchando ese grito furioso, la gente de fuera comenzó a
susurrar.
— Oye, parece que el rumor era cierto. Realmente se lleva
muy bien con Shinya-sama y esa chica de la Familia Jūjō.
— Entonces, ¿eso significa que la rebelde familia secundaria
Ichinose ha jurado lealtad a la familia Hiiragi… a Kureto-sama?
Al oír esa voz.
—………
Guren nuevamente miró por la ventana y se mordió suave-
mente el labio.
En el pasado, la familia Ichinose había sido la más fiel a la
familia Hiiragi, y entre las familia secundarias, habían sido la más
prestigiosa y poderosa.
Pero hace 500 años – ellos se dividieron de la familia Hiiragi
y establecieron la secta religiosa «Mikado no Tsuki».
Con respecto a la situación de ese entonces, no hay reportes
exactos, pero la razón era algo que todos conocían muy bien.
La única razón era, una simple historia de amor.
Una trágica historia de amor.
Una vez hubo una hermosa chica Ichinose, y dos de los hijos
de los Hiiragi –el mayor y el segundo– compitieron para ver a
quien prefería.
33
Luego de una serie de eventos complicados, el segundo hijo,
con éxitos, se ganó el afecto de la chica.
De acuerdo a la leyenda, el hijo mayor no fue capaz de aceptar
esa realidad. Por eso, una noche, el hijo mayor violo a la chica, la
embarazó y castró al segundo hijo.
Luego de eso, el hijo mayor tuvo a su propio hijo, la chica y el
segundo hijo fueron echados de la familia.
El segundo hijo, exiliado, junto a la chica Ichinose, estable-
cieron la nueva secta religiosa «Mikado no Tsuki». Sin embargo,
su derrota fue aparente. Después de todo, cuando todo fue dicho
y hecho, el hijo mayor siguió siendo el heredero de la familia Hi-
iragi.
El que lideraba el «Mikado no Oni» era el heredero de la fa-
milia Hiiragi.
Sin embargo, el hijo mayor no destruyó la organización es-
tablecida por su hermano y la chica Ichinose. La razón: para hu-
millarlos.
Por eso, esa chica Ichinose que no lo eligió, y su hermano
menor que lo traicionó, serian productos de burla y desprecio por
toda la eternidad.
Él les permitió vivir para que sufrieran la humillación. Para
que sus descendientes tuviesen que soportar siempre el desprecio
de otros.
Claro, el hijo castrado no podría procrear hijos con la chica.
Por tal razón, el niño nacido de la violación del segundo hijo – el
chico Hiiragi se convirtió en el hijo adoptado y heredero del «Mi-
kado no Tsuki».
El segundo hijo siempre fue rechazado. La chica también lo
fue.
Sin embargo, ambos siguieron amándose profundamente.
Aunque todo lo demás le fuese arrebatado.
Todas las familias los humillaban. La humillación fue el pre-
cio de la traición. El precio de haber traicionado a la familia Hii-
ragi. Y por eso, todas las familias se acostumbraron a despreciar
a la familia Ichinose.
Por eso es que los Ichinose siempre eran ratas. Desde el mo-
mento en que nacían, eran sucias y asquerosas ratas.
Pero fue solo con el tiempo, que esto terminó convirtiéndose
en una leyenda urbana.
34
Para la nueva generación de Guren y esos de la familia Hiira-
gi, eso ya no era un tema de importancia.
Por eso fue que Kureto podía darle órdenes de forma muy
calmada a Guren. El hijo mayor de la Casa Hiiragi había perdo-
nado a la Casa Ichinose.
Mientras eso pudiese verse como una tradición violada, aún
era algo razonable de hacer. En fin, esas cosas como las historias
de amor de los ancestros, no eran algo de qué preocuparse.
Ser el solitario entre las diez familias, incluyendo a los Ichi-
nose, Nii, Sanguu, Shijin, Goshi, Rikudō, Shichikai, Hakke, Kuki
y Jūjō; los Ichinose deberían ser los más fuertes.
Si esa familia siguiera hoy a Kureto – esto fuese lo suficien-
temente importante para ser un tema considerable de discusión.
Podría deberse a su naturaleza controladora que Kureto tomó a
Guren bajo su ala.
El receso estaba por terminar, y la clase seria retomada.
Por tal razón, Mito, indignada, volvió a su asiento. Cuando lo
hizo, fue regañada por Goshi.
— Realmente no aprendes, ¿eh? ¿Por qué te preocupas por
Guren? O es que te gusta…
— ¡Cállate!
Goshi solo había logrado hablar a medias antes de ser golpea-
do. Luego rió.
Sin embargo, el resto de la clase no se atrevió a reírse. Ellos
tenían miedo de que la venganza llegase por haberse reído de un
miembro de las familias de élite.
Y por eso, todos solo pudieron mostrar sonrisas sinceras y
amables.
Al final, ya fuese Jūjō o Goshi, ambos eran venerados por los
demás.
Ya profesora, colocándose de pie en el podio, dio inicio al
cuarto periodo del día.
Esta clase trataba sobre el contrataque y manejo de magia oc-
cidental, un tema al que Guren le interesaba un poco.
Shinya, sentado junto a él, le dio una ligera palmada en el
hombro:
— Oye, Guren.
—……….
— Oye.
— Que fastidioso.
35
— Bueno, esta es la clase. Así que trata de hablar con suavi-
dad, ¿bien?
— Eso no fue lo que quise decir.
Pero Shinya acercó un poco más su silla, se inclinó hacia Gu-
ren y le susurró al oído.
— ¿…si estoy hablando tan suave, haré enojar a la profesora?
Guren se volvió, estaba completamente irritado. Shinya aun
sonreía ampliamente. En esta escuela, no había profesores que
se atreviesen a mostrar su ira hacia esos que llevaban el apellido
Hiiragi. Shinya solo dijo eso por diversión.
Guren no dijo una sola palabra. Que Shinya lo irritara, era
algo perfectamente normal, por eso, no había necesidad de res-
ponder.
Aun así, Shinya no parecía preocupado, y siguió susurrándole
al oído.
— Esta noche, la «Secta Hyakuya» vendrá. ¿Entonces, dónde
deberíamos vernos?
En ese instante, Guren no pudo evitar abrir sus ojos de par en
par, y plantar su mirada en Shinya.
Eso no era algo que debiera decirse en una escuela regida por
el «Mikado no Oni». Si a ellos los escucharan, serian arrestados y
torturados de inmediato.
Sin embargo, Shinya seguía sonriendo como siempre. Era
evidente, que antes de decir eso ya él hubiese hecho preparativos
incalculables.
Si era así…
—…no me asustes así –dijo Guren, pero Shinya volvió a son-
reír.
— Eso es porque no es bueno que siempre andes ignorando a
la gente, y haciendo enojar a Mito-chan.
— Déjate de bromas. No me interesa llevarme bien contigo
–dijo Guren, lanzándole una mirada seria a Shinya.
— No bromeo. Tampoco estoy interesado en juegos sin sen-
tido.
Guren miró a Shinya. Este último sonrió, y dejó de mirar a
Guren.
Guren no tenía inclinación a confiar en Shinya.
36
Guren no tenía inclinación a confiar en Shinya.
Shinya le había dado el pedazo de la quimera llamada «Los
Cuatro Jinetes del Apocalipsis» que Mahiru había dejado atrás,
por eso, existía un nivel hasta donde pudiese confiar en él, pero si
baja su guardia, él podría aprovecharse.
Por esa razón, era necesario actuar con cautela.
—……..
Guren no respondió.
Tomando la iniciativa, Shinya colocó un trozo de papel en
la mesa. En él, estaba escrito la dirección del encuentro de esa
noche.
Shinya había dejado sus huellas en ese trozo de papel. Si Gu-
ren se lo entregaba a Kureto, el lugar donde ellos se reunirían
con la «Secta Hyakuya» seria emboscado por la familia Hiiragi, y
hasta ese día también viviría Shinya.
En otras palabras, Shinya le había mostrado su debilidad al
oponente. Sorprendido, Guren preguntó.
— ¿…por qué confías en mí?
— ¿Por qué en lugar de ello no dices que estas asombrado por
mi estado de alerta?
— Porque tu rostro me irrita.
— Jajajaja. ¿Aunque parezca tan amigable?
— Cállate.
—….en fin, podrás no saber nada de mí, pero siempre he es-
cuchado de ti.
—……..
— Desde muy joven. Desde el primer momento en que cono-
cí a Mahiru… pues ella siempre hablaba de ti –dijo Shinya. Guren
solo pudo reír con frialdad.
— Entonces, ¿te volviste loco con los celos? Realmente te gus-
ta Mahiru, ¿no?
En respuesta, Shinya sonrió ligeramente.
— Para ser precisos, tengo buenos sentimientos hacia Mahi-
ru, pero no me gusta hasta ese nivel.
—…hmph
— Pero, si estoy realmente celoso de ti.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— Siempre me estuve imaginando cómo eras. Me pregunta-
ba si aparecerías frente a mí, sobre cuál de nosotros sería el más
fuerte, y como era tu apariencia, y otras cosas.
37
Eso hizo que Guren recodara el momento en que entró por
primera vez a la escuela. Cuando Shinya le lanzó un ataque sor-
presa.
Claro, incluso ahora no podía determinar la certeza de sus
palabras, pero quizá, en cierto nivel, él era honesto.
Aun así, Guren tomó el papel que Shinya dejo en su mesa y lo
deslizó en su bolsillo, teniendo cuidado de preservar las huellas
de Shinya en la superficie.
Esta acción de mantener las huellas a propósito fue notada
por Shinya, quien sonrió.
— Oh, qué prudente.
— Es solo para evitar el destino de la basura que no es valiosa
y que termina siendo eliminada.
Al oír eso, Shinya se enojó un poco y dijo:
—…esa charla de autocompasión… si fuese Mahiru, ella ha-
bría puesto una expresión irritada, ¿por qué demonios le gustas?
— ¿Será porque mi rostro es más amigable?
Cuando Guren dijo eso, Shinya lo miró con aparente sorpre-
sa.
—…jajajaja –rió.
Guren llevó su mirada hacia el exterior de la ventana. Como
era de esperar, el patio escolar estaba lleno de un calor seco.
Era el verano.
Verano.
Si este mundo fuese a terminar en navidad, entonces, este se-
ría el último verano.
◆ ◆ ◆
Luego que las clases y las actividades del club terminaran,
sonó el teléfono.
El identificador de llamadas rezaba: «Kureto Hiiragi». El can-
didato principal para ser el heredero de los Hiiragi, y presidente
del consejo estudiantil al que ningún estudiante podría desobe-
decer.
Tras presionar el botón «Contestar», él escuchó la voz dela
otra persona.
— ¿Qué?
— No. ¿Hay algo que necesite de mí, Kureto-sama? –así es
como debes decir.
— ¿Te gusta mucho opresar a tus subordinados?
— Nah, solo bromeo.
38
— Tus bromas no son para nada divertidas. ¿Los altos man-
dos te han mimado tanto que tu cerebro también está consentido?
— Jajajaja, ¿quieres morir?
— Te reto a que lo intentes. ¿Crees que es un destino tan fácil?
—…no, pero, sabes, realmente me gusta tu actitud.
— Huh~ ¿Qué actitud te gusta?
— Aunque tu forma de hablar es muy ruda, cuando no pue-
des ganarme, reconoces claramente tu posición; esa actitud.
—………….
Guren no respondió, pues eso era un hecho. En este momen-
to, no podía permitirse estar rodeado de enemigos.
El «Mikado no Tsuki» no podía permitirse tener como ene-
migo al «Mikado no Oni». Esta no era una simple pelea de niños.
Incluso si obtenía la victoria mediante su espada, no habría sen-
tido alguno.
Si la gente que amaba y respetaba era tachada como crimina-
les, incluso el embarazo no estaría asegurado.
Tal como hace 500 años. La situación no ha cambiado para
nada.
Mito y Goshi, quienes habían terminado de empacar y esta-
ban listos para irse a casa, se acercaron.
Goshi, mirando a Guren, emitió una risita.
— Llamando después de clases, ¿eh? Lo más seguro es que
sea tu novia.
— ¡¿Eh?! –gritó Mito al escuchar eso, y por alguna razón,
miró a Guren. Este la ignoró y siguió conversando por teléfono:
— En fin, ¿qué quieres?
— Mañana, durante la hora del almuerzo, ven al salón del
consejo estudiantil.
— No.
— Jajaja, no tienes el derecho de negarte. Nos vemos mañana.
— Tsk.
Antes de escuchar el sonido de la lengua de Guren siendo
chasqueada, Kureto terminó la llamada.
Shinya, quien estaba sentado a su lado, levantó su cabeza para
preguntar.
— ¿Kureto-nii-san?
— Mi novia.
Oyendo eso, Mito se acercó corriendo.
39
— ¡E-espera un minuto! ¡Aun estas en entrenamiento, ¿cómo
te involucras en actividades tan ociosas como tener una cita?!
¿Pero qué coño está diciendo esta chica?
Antes de suspirar e ignorarla, Guren la miró con expresión
irritada. Mito se enojó de inmediato y lo miró enérgicamente. Al
verla, Goshi estalló a carcajadas, tendría sus razones para hacerlo.
Guren no lo notó y levantó su bolso y dejó su asiento.
Detrás de él, Mito murmuró con rabia.
— ¿Por qué está huyendo cuando solo lo acaba de llamar una
chica? ¡Que porquería!
Ocultando una sonrisa, Shinya le dijo a Mito.
— El que lo llamó fue Kureto-nii-san.
— ¿Eh? ¡¿Qué, en serio?!
Shinya lo había escuchado.
— ¿Vas a ir al salón del consejo estudiantil ahora?
— No –dijo sacudiendo su cabeza–, mañana durante la hora
del almuerzo.
Pero al oírlo decir eso, Mito se desconcertó aún más.
— E-espera, ¿realmente le hablaste a Kureto-sama de esa for-
ma? ¡Esa pregunta de hace poco…!
— Que irritante.
— ¡Que irritante! ¡Espera…!
Ante los sonidos de Mito gritando, Guren dejó el salón de
clases. Parecía que Mito aun no terminaba de vociferas, por lo
que Guren cerró con fuerza la puerta.
En el pasillo, Sayuri y Shigure ya lo estaban esperando. Ellas
ahora estaban en la clase del salón contiguo.
— Ah, Guren-sama. ¡Lo hemos estado esperando! –dijo Shi-
gure con frialdad.
— ¿Esa gente poco respetable de la familia Hiiragi le hicieron
algo hoy?
Detrás de él estaba Mito, quejándose: «Esos que son irrespe-
tuosos con Kureto-sama serán bla, bla, bla», ahora, en frente de
él, estaba su seguidora, quien estaba llamando poco respetable a
la familia Hiiragi.
A punto de estallar en risas, Guren se resistió y respondió:
40
— Nada. Lo mismo de siempre.
Sayuri mostró una expresión preocupada, y dijo:
— ¿A qué se refiere con lo de siempre? ¿Acaso le lanzaron una
botella de refresco?
En eso, el rostro de Shigure se tornó gélido.
— Si es así, debemos matar a todos los de la familia Hiiragi.
De la falda de su uniforme, ella sacó un cuchillo. Hablaba en
serio. Pero Sayuri no lo notó, y habló alegremente como siempre.
— Oh, sí, ¡Guren-sama! ¡¿Qué quiere para comer?! Puedo ha-
cer lo que sea que usted quiera, Guren-sama…
— Curry.
— ¿Eh, otra vez~?
En ese momento, la puerta del salón de clases se abrió. Mito
salió y notó la mirada fría de Shigure.
— Ah, Yukimi-san… que expresión tan tenebrosa, ¿sucedió
algo?
— No, nada, en lo absoluto.
— Aun así, es mejor que aquí hables de cosas alegres. Como
tal, hay muchas cosas que deberías decirle a Guren, Yukimi-san.
Por la forma irrespetuosa en que él trata a Kureto-sama, la posi-
ción de Guren no es nada buena.
Sin embargo, Shigure dirigió su mirada gélida hacia Mito, y
respondió:
— Guren-sama no hizo nada erróneo.
— Siendo su aliada, siempre lo encubres…
— Los extraños no tienen derecho a criticar mi casa. Tu voz
es desgarradora, ¿será que te puedes callar?
—…uh.
Y con eso, Mito se silenció, avergonzada. Incluso le lanzó a
Guren una súplica silenciosa para que lo ayudara.
— ¿Y por qué me miras? –dijo Guren, lo que hizo que ella se
ruborizara sin razón.
—…s-solo estaba pensando por tu bien…
— No te metas en los «asuntos» de los demás.
Goshi caminó detrás de Mito.
41
— Bien, ya basta, dejen de intimidar a Mito-chan. Hoy es el
día, ¿no? El día en que todos se llevan bien y van a la casa de Gu-
ren a jugar, ¿cierto? Bueno, vamos a llevarnos bien.
Pero, en realidad, esta era la primera vez que Guren escucha-
ba sobre eso.
— ¿Eh? ¿Qué pasa con eso? –estalló Guren. Y Goshi, sonrien-
do, explicó.
— Bueno~ verás, todos estamos unidos como subordinados
de Kureto-sama, por lo que de vez en cuando deberíamos acer-
carnos más, ¿no?
— No, nunca escuché de ello.
— Si. De acuerdo. Ya que solo me surgió esa brillante idea,
vayamos a la casa de Guren.
— Déjate de bromas. Eso obviamente nunca pasará.
Desafortunadamente, otra molestia emergió del salón de cla-
ses, esta vez fue Shinya quien salió.
— ¿Que qué? Que idea tan interesante. Yo también quiero ir~
Con su expresión llena de irritación, Guren se giró para irse.
— Que idiotas. Vamos.
Y en lo que se alejó, Shigure y Sayuri lo siguieron.
Sin embargo, Sayuri miró hacia atrás sobre su hombro. Al es-
cuchar los pasos, Guren preguntó:
— ¿…esos tres nos siguen?
— Si.
—…ja, esos idiotas se lo tomaron en serio.
Shigure inclinó su cabeza, y preguntó:
— ¿Debo destruirlos?
— Si te puedes deshacer de Mito, eso no me parecería malo.
—….es cierto… uuu… no soy lo suficientemente fuerte, lo
siento mucho…
— No, olvídalo, no estoy enojado ni nada parecido.
Guren dio una palmada gentil en la cabeza de Shigure, ha-
ciendo que ella lo mirara, sorprendida. En su rostro inexpresivo,
un rastro de confusión parecía estar emergiendo.
42
Comparado a esto, la reacción del otro lado parecía mucho
mayor. El rostro de Sayuri estaba lleno de pánico.
— ¡Ah! ¡Ah! ¡¿Qué acaba de pasar?! Shigure es tan astuta. ¡Yo
también! ¡Yo también quiero que Guren-sama me dé una palma-
da!
Pero Shigure sujetó y limitó la mano de Sayuri, diciendo:
—…no, la última vez te le confesaste a Guren-sama y te dio
una palmada. Esta vez me toca a mí.
— Eh~ Yuki-chan, eres tan astuta. Yo también quiero que me
acaricie.
— No.
— Pero, pero.
Ambas discutían, pero al final mostraron expresiones de
comprensión.
Cuando palmeó la cabeza de Shigure antes, Guren deslizó el
papel que Shinya le había dado, pasándolo por detrás de la oreja
de la chica. En él estaba escrito la hora y el lugar del encuentro.
Parque Hikarigaoka, 2 am. Frente al campo de práctica de te-
nis.
Ese era el encuentro con la «Secta Hyakuya». Naturalmente,
el nombre de «Secta Hyakuya» no estaba escrito en el papel, pero,
por lo visto, era necesario realizar los preparativos. Las armas de-
bían prepararse. O quizá tenían que moverse sigilosamente y que
nadie los notase.
— Dejando las bromas de lado –dijo Shigure–, hoy necesita-
mos ir a la lavandería, por eso, debería irme primero. ¿Qué hay
de ti, Sayuri?
— Necesito ir al supermercado. Hoy todos...
Miró detrás de sí. Y Guren lo confirmó.
— Es probable. Esa banda de idiotas es irritante, no podemos
quitárnoslos de encima.
— Ya veo. Entonces, solo para estar seguros, prepararé sus
partes también.
Cuando Sayuri dijo eso, Goshi habló:
— Ah, ¿seré capaz de comer lo que Sayuri-chan prepara?
Realmente lo espero con ansias.
Sayuri respondió a su sonrisa con un aura fría, y luego dijo:
— Entonces debo preparar curry, Guren-sama.
Con esa última declaración, ella se volvió y de inmediato se
alejó con Shigure.
43
Viéndolas irse, Goshi aceleró el paso y se situó junto a Guren.
—…Guren, realmente eres pícaro~ teniendo esas dos precio-
suras como tus subordinadas.
Shinya también caminó junto a Guren.
— Deberías pedirle a tu familia lo mismo.
— Ah, Shinya-sama… nah, no soy tan bueno como mi her-
manito. En realidad, ellos no piensan mucho en mí…
— Pero ahora eres subordinado de Kureto-nii-san.
— Oh, sí, eso es cierto. Después de todo, las actitudes que mis
asistentes tienen hacia mí han cambiado, pero ese cambio inme-
diato es algo repulsivo… se siente como si mi hermano también
está más nervioso…
Ambas personas charlaban junto a Guren mientras camina-
ban.
— ¿Realmente se hicieron la idea de ir a mi casa?
Cuando Guren preguntó, Goshi asintió.
— Si. ¿Podemos?
— ¿Ah, es así? ¿Has ocultado muchos libros eróticos en tu
casa, lo que hace que nuestra visita te sea un problema?
En realidad, que él se sintiese acorralado, no era porque ocul-
tara revistas pornográficas. Incluso si gente de la Casa Hiiragi
fuese a investigar, ellos no encontrarían nada parecido.
¿Por qué Goshi quería visitar de repente la casa de Guren?
Shinya también había notado eso.
Sin importar como lo pusieses, hoy era el día en que ellos pu-
diesen reunirse con la «Secta Hyakuya». ¿Era posible que Kureto
hubiese descubierto eso?
Que además, el encuentro de mañana en la tarde en el salón
del consejo estudiantil fuese una farsa, y que realmente él supiese
que se encontrarían hoy con la «Secta Hyakuya».
— ¿…Kureto te ordenó que me mantuvieras vigilado? –le
preguntó Guren directamente a Goshi.
Shinya miró a Goshi y a Guren. Era evidente que él también
estaba pensando en ello.
— Nope –dijo Goshi encogiéndose de hombros–, no he reci-
bido ninguna instrucción de Kureto-sama.
44
— Entonces, ¿por qué de repente quieres ir a mi casa?
— Pues, porque somos compañeros.
— ¿Eh?
— Además, somos compañeros de clases, si esta fuese una
escuela normal, estaríamos en las vacaciones de verano.
— ¿Y?
— Es el momento en que todos juegan juntos, ¿no?
Sin embargo, Guren tenía una expresión de completa perple-
jidad y sacudió su cabeza.
— No tengo ni la más remota idea de lo que estás hablando.
— ¿En serio? –rió Goshi–. Está bien, la verdad es que~ ayer
mis padres me regañaron.
— ¿Tus padres? ¿Qué dijeron, que has ganado tanta preferen-
cia de Kureto como los Ichinose?
— N-no –Goshi sacudió su cabeza–, en realidad, lo contrario.
Ellos dijeron que la basura Ichinose sigue siendo traidora y que
pronto volverán a ser rechazados, y que por eso no debería aso-
ciarme mucho con ellos.
Ciertamente sus padres tenían prudencia, pensó Guren para
sí. Sin embargo, parecía que Goshi trataba de ignorar las críticas
de sus padres.
— Deberías escuchar a tus padres, o terminarás mal.
— ¿Y que tiene si lo soy?
— Que pícaro rebelde.
— Jajaja, ¿tal como esos que roban motocicletas para una ca-
rrera divertida? Eso parece una actividad de verano esplendida~
— Muérete.
— Jajaja –rió Goshi. Desde un lado, Shinya preguntó.
— Goshi, ¿tienes licencia de motocicletas?
— Ah, no, ¿y usted, Shinya-sama?
— Tampoco. Pero puedo montar una durante el entrena-
miento.
— Ah, yo también~ pero es más divertido tomar las posesio-
nes del público, ¿no? también quiero montar una.
45
Incluso mientras conversaban, ellos seguían junto a Guren.
Era obvio que planeaban seguirlo hasta su casa. En medio de la
discusión de motocicletas entre Shinya y Goshi, Mito habló:
—…eh, ¿puedo preguntarles algo?
Parecía que ella también intentaba seguir a Guren hasta su
casa.
—…eh, hace poco, acariciaste la cabeza de Yukimi-san.
— Si.
— Ah, eh… eh…
— ¿Qué tiene?
Mito estaba teniendo problemas para forzar sus palabras.
— ¿…ustedes dos, eh, están saliendo?
— ¿Ah?
— Eh, ¿o es que incluso si no están saliendo oficialmente, to-
cas tan cariñosamente a tus subordinadas? O, a menos, a menos,
incluso de noche…
— ¿Qué diablos dices?
— ¿Qué tipo de persona eres para ponerle una mano a tus
subordinadas, quienes no pueden desobedecerte?
— Realmente eres ruidosa.
Guren suspiró y dejó de escuchar.
¿Qué estaban haciendo este grupo de idiotas? Su absurda
charla era como la de los estudiantes normales. En primer lugar,
jugar con los amigos era algo que Guren no podía entender. ¿Para
qué querían reunirse en su casa? ¿Era para jugar al póker?
—….que fastidio.
Salieron del colegio. El clima era el de siempre, un calor opre-
sivo.
Aún quedaban estudiantes entrenando en la institución. Así
era esta escuela. Incluso si la «Secta Hyakuya» atacó y disminuyó
la cantidad de estudiantes, nadie se detendría a descansar.
Con el fin de confinar toda la información que aún tenía que
ser eliminada. Solo unos pocos altos rangos sabían el estado de la
guerra con la «Secta Hyakuya».
46
Aun así, los pequeños conflictos seguían formándose sin ce-
sar. No solo en Japón, sino incluso en las organizaciones asocia-
das en todo el mundo, las batallas comenzaban a tomar lugar.
Por tal razón, decir que las sedes del «Mikado no Oni» en
Shibuya eran los lugares más pacíficos que quedaban en la tierra
no podía ser una mentida.
Incluso la «Secta Hyakuya» no podía sitiar a Shibuya tan fá-
cilmente.
Sin embargo, esta escuela, con sus traidores ocultos, era una
historia distinta.
Mientras Guren miraba la escuela, pensó en todo lo que Ma-
hiru había hecho.
Teñir esta escuela de carmesí con la sangre de los estudiantes,
y lo que él había hecho en su juventud.
Mito, notando su mirada distante, habló:
—…el tiempo pasa rápido, ¿eh?
¿Acaso Mito estaba comparando el patio escolar ante sus ojos,
con lo sucedido ese día?
Las escenas de la sangre y los cuerpos esparcidos por todos
lados.
— Si, eso es cierto.
Parecía que él no había progresado en avanzar, pero ya se es-
taba acabando.
— En este corto periodo de tiempo –dijo Mito–, ya he sido
salvada por ti, dos veces.
— Solo fue suerte.
Riéndose amargamente, ella inclinó su cabeza para mirar a
Guren.
—…dijiste que fue suerte, pero ¿no fue por eso que terminas-
te gravemente herido y en coma durante un mes?
— Solo fui descuidado. Además, dormir es mi pasatiempo.
— Tú y tus chistes malos para siempre cambiar el tema…
pero, Guren.
Diciendo eso, ella sujetó un trozo de la parte posterior de la
camiseta de Guren.
—…realmente quiero mostrarte mi gratitud. Por eso, quiero
devolverte el favor.
— ¿Devolverlo, eh? ¿Cómo?
—…bueno, hasta el día que Kureto-sama te reconozca oficial-
mente, y te dé la posición de honor que mereces en el «Mikado no
Oni», te estaré apoyando, siempre.
47
Siempre metiendo la nariz donde no debe –eso fue lo que Gu-
ren pensó, pero no lo dijo:
—….además, al actual Guren, padre nunca aceptaría…
— ¿Eh?
— Nada, solo hablaba conmigo misma.
Por alguna razón, ella retrocedió, nerviosa.
Guren no podía comprender realmente sus sentimientos.
Tampoco podía comprender los sentimientos de Goshi.
¿Por qué se preocupaban por la basura Ichinose? ¿Por qué lo
apoyaban? En Aichi, la investigación del Kiju –que de ser descu-
bierta por la familia Hiiragi, serian castigados–, ya había comen-
zado.
Este grupo de gente confiaba en él con tanta facilidad.
¿Compañeros? ¿Amigos? ¿Ganarse una posición bajo Kure-
to? Ese tipo de cosas eran demasiado estúpidas.
Era tal como los padres de Goshi dijeron, la traidora familia
Ichinose que estaba podrida hasta el núcleo, era demasiado peli-
grosa como para acercárseles.
Pero incluso si ellos dijeron querer ser sus amigos. También
dijeron que querían profundizar su amistad como compañeros
subordinados de Kureto. Parecía que ellos no sospechaban de él,
y eran tan inocentes y alegres en sus roles de la joven señora y
maestro que eran cubiertos por sus familias.
—……
¿Podría matar a esos dos con sus propias manos?
Eso era lo que Guren consideraba en su mente.
Como eran enemigos, enemigos de la familia Ichinose, po-
dría llegar el día cuando tuviese un final. Cuando eso sucediera,
¿podría hacerlo con sus propias manos?
En Ueno él no los mató. Ese debió haber sido el momento de
hacerlo, pero no pudo. Ya fuese que tuviese o no el derecho de ha-
cerlo, no tuvo idea alguna. No se trataba de principios. El punto
era que él debió haber actuado, pero no pudo.
No puedo hacerlo.
—……..
Esa frase resonó en su cabeza.
Una vez más, recordó lo que Kureto le dijo:
48
Aunque tu forma de hablar es muy ruda, cuando no me pue-
des ganar, reconoces claramente tu posición –se lo había dicho
antes. Pero, ¿era cierto?
Su ambición últimamente eran palabras vacías, si Shigure y
Sayuri fuesen capturadas y tomadas como rehenes, ¿esa ambición
seria desechada tan fácilmente?
¿O era que él aún tenía una forma de pensar tan inocente que
no le permitía matar a Mito y a Goshi?
Si era así, solo debería dejar esa ambición. Pues ya había
arrastrado a sus camaradas a los Ichinose.
La guerra ya había empezado, y había empezado hace mucho
tiempo.
A pesar de eso, Goshi no exhibió ningún tipo de ansiedad, y
preguntó con su rostro lleno de expectativas.
— Oye, ¿tú casa queda muy lejos?
— Si digo que sí, ¿te irás a tu casa?
— Ni lo sueñes.
Guren suspiró.
— No, no está lejos… –respondió cansadamente.
49
«Reportando en vivo desde el lugar de los hechos. Los bom-
beros están dándolo todo, pero sus esfuerzos parecen ser en
vano. Hasta ahora, el fuego no muestra signos de reducirse».
Las noticias parecían bastante ruidosas. Por lo visto, un in-
cendio se produjo en un condominio. Y parecía que el fuego esta-
ba esparciéndose gradualmente.
Una vista aérea del accidente fue mostrado en pantalla. El pú-
blico del boletín de las 6 de la tarde estaba centrado en el incen-
dio. De repente, la escena regresaba al reportero principal, quien
bajaba su cabeza en silencio.
El boletín de las 6 de la tarde había empezado. En otras pala-
bras, ya era de noche.
Pero…
— ¡Oiga, General~!
De repente, la voz de Shinya sonó en la sala de estar del con-
dominio de Guren. Justo delante de Shinya, estaba un equipo en
miniatura de shogi que fue comprado en una tienda de conve-
niencia vecina.
— ¡Oye, oye, oye, espera… espera un momento, detente ahí!
Mito apretó sus brazos mientras reflexionaba sobre el juego,
estaba irritada.
Goshi estaba sentado en el sofá, tomando una gaseosa mien-
tras estudiaba el encuentro.
— Bueno, bueno, voy a comenzar la cuenta regresiva. Mito
solo te quedan unos segundos para que realices el próximo mo-
vimiento.
— ¡Eso ya lo sé! ¡No seas tan ruidoso!
— Bien, tienes…
— ¡Ya basta!
Justo en eso, Guren, quien estaba sentado al otro lado de la
mesita de café, haciendo un esfuerzo para distanciarse un poco,
habló:
— ¿Saben? Ustedes deberían…
— ¡DIJE QUE TE QUEDES QUIETO! –gritó Mito.
La realidad era que ninguno de ellos sabía como jugar shogi.
Quizá era debido a su falta de tiempo libre durante todos esos
años, o quizá la falta de oportunidades
50
para intentarlo. A pesar de que Guren estuvo en contra de
comprar el shogi, cuando ninguno lo había jugado antes, Goshi
insistió en hacerlo, e incluso obtuvo una hoja con las instruccio-
nes del juego. Eso marcó el comienzo de una ronda de elimina-
torias.
1º Ronda: Goshi VS Guren: Guren sufrió una derrota espec-
tacular.
2º Ronda: Shinya VS Mito: Mito estaba en desventaja.
Shinya tarareó una melodía divertida.
— Lalala… lalala… veo que estás en una situación donde ya
no puedes girar las cosas…
— Espere, por favor, espere, Shinya-sama.
— Bueno, puedo esperar todo lo que quieras. ¿Cuánto tiempo
más?
Al oír eso, Goshi respondió.
— 40 segundos.
— Hmmmm.
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52
Mito murmuró, completamente concentrada, tanto, que te-
nía las pupilas dilatadas. Un aire de seriedad también la estaba
rodeando. Sin embargo, todo era inútil.
El Shogi realmente era un juego interesante. Obtener una
ventaja en el juego es necesario para anticipar una estrategia.
Para unos principiantes como ellos, quienes nunca habían leído
el manual, la única opción viable era realizar movimientos im-
provisados.
Guren ya había quedado mentalmente drenado de gravedad
durante el encuentro contra Goshi. Mientras Goshi no lo notaba,
él descubrió una forma de perder de inmediato. Eso funcionó a
la perfección, tanto, que Goshi estaba completamente alegre ante
su victoria.
De hecho, funcionó tan bien, que Mito tuvo que consolar a
Guren.
Sin embargo, Shinya podría haber sentido que Guren movió
unos cuantos hilos.
Terminar el encuentro de forma rápida – Guren trataba de
apresurarse en finalizar ese juego tan aburrido y dispersarlos a
todos, pero el encuentro de Shinya y Mito era increíblemente ex-
tenso.
Shinya se volvió hacia Guren y suspiró con un tono de entre-
tenimiento.
—…….
De hecho, su expresión revelaba que estaba completamente al
tanto de los trucos sucios de Guren.
— Que tipo tan aburrido…
El murmullo de Guren fue escuchado por Shinya, quien una
vez más sonrió con alegría.
— Aunque no lo dijiste de forma tan audible, sé exactamente
lo que querías decir.
— 20 segundos más… –dijo Goshi.
— ¡Solo apaga ese televisor, me aburre y no me deja concen-
trarme!
Goshi miró la televisión.
— ¡Tengo que admitirlo, el incidente que están transmitiendo
parece bastante grave!
Las escenas del incendio eran mostradas por toda la pantalla.
El presentador que reportaba en vivo parecía estar diciendo algo.
La multitud presente cerca del edificio observaba como el barro y
los ladrillos explotaban desde el edificio en llamas.
53
De repente, una mujer salió de la multitud de espectadores.
Parecía tener unos 25 o 26 años.
— ¡YUU! ¡YUUICHIRO! –gritaba la mujer.
Quizá había perdido a su hijo dentro del edificio en llamas.
Los bomberos cercanos corrieron rápidamente para evitar que
ella se acercara a la edificación.
— ¡Señora! ¡Por favor, cálmese! ¡Déjenos este asunto a noso-
tros!
— ¡Suéltame! ¡YUU! ¡Yuu aún está atrapado allí!
— ¡Oigan! ¡Eviten las cámaras! ¡Muestren más discreción!
La cámara se centró en el rostro de la madre. Ella parecía
haber sido una madre hermosa con una larga y sedosa cabelle-
ra negra. Pero en ese instante, ella estaba en un completo estado
desaliñado, de desespero y agonía que estaba escrito en su rostro.
En eso, Goshi detuvo la cuenta regresiva. Mito incluso miró
la pantalla. No, para ser más precisos, todos los que estaban en la
sala de estar, centraron su atención en la pantalla.
Uno de los bomberos gritó.
— ¡Alguien que venga a ayudar! ¡Ella es muy fuerte… señora,
por favor, cálmese!
— ¡YUU! ¡YUUICHIRO! –parecía estar sujetando algo.
Como la cámara se sacudía, no se podía ver con claridad. Pero
por la silueta borrosa, parecía que sacudía algo.
— ¡Señora, cálmese por favor!
De repente, la dama golpeó al bombero.
— Auch… ¡¿qué está haciendo?!
El bombero se aferró a su brazo. En la palma de su mano esta-
ba algo brillando. Parecía un encendedor. El bombero no lo notó.
Nadie lo notó.
La madre lloraba de agonía.
— ¡No se atrevan a apagar ese fuego! ¡Él es un demonio! ¡Ese
maldito mocoso es un demonio! ¡Necesita ser asesinado! ¡Aquí y
ahora!
— ¡¿P-pero qué está pasando?!
La dama levantó su mano derecha, la cual sostenía una bote-
lla de plástico. Algún tipo de líquido salió y mojó sus ropas.
— ¡Gasolina! ¡Ella está sosteniendo gasolina!
Trató de activar el encendedor, pero la llama no se prendió.
Uno de los bomberos corrió hacia adelante y lanzó un golpe al
rostro de la dama. Muchos otros también llegaron corriendo para
ayudar al sujetarla en el suelo.
54
— ¡Un demonio! –gritó la madre–. ¡Él necesita ser asesinado!
¡Necesita MORIR!
En eso, un hombre que vestía un abrigo se acercó a la cámara.
Aunque Guren solo captó una breve mirada del rostro del hom-
bre, sabía quién era.
Saitou. Un miembro de la «Secta Hyakuya».
El bastardo que cooperó con Mahiru para lanzar el ataque a
la Secundaria Shibuya. En otras palabras, el incendio fue orques-
tado por la «Secta Hyakuya». Este «accidente» pudo haber sido
intencional. Sin embargo, si este estaba dentro de los planes de
esa organización, no debería haber sido un reporte público. Todo
el incidente en sí debió haber sido cubierto.
De repente, la cambara quedó en blanco y la escena regresó
al reportero principal, quien rápidamente siguió con el boletín.
Con respecto al evento sorprendente de hace poco, ya todo
había quedado en un caos total.
Ahora que la situación del incendio se había estabilizado, el
boletín continuó:
Era bastante improbable que más noticias con respecto al in-
cendio fuesen reportadas. O a lo mejor, lo que presentaran fuesen
reportes fabricados.
— ¿…qu-qué acaba de suceder? –habló Mito.
Ella y Goshi no sabían quién era Saitou. Probablemente ni su-
piesen que el incendio tuviese algo que ver con la «Secta Hyaku-
ya».
Shinya debió haberlo notado. No, el «Mikado no Oni» debió
haberlo notado también.
Tal como sucedió en el Zoológico Ueno, el «Mikado no Oni»
investigaría detalladamente todo en lo que estaba involucrado la
«Secta Hyakuya». Quizá las órdenes de Kureto llegarían pronto.
— ¡Que aguafiestas! Quiero decir, me olvidé por completo de
la cuenta regresiva, Mito ¿estás planificando tu próximo movi-
miento?
Mito sacudió su cabeza:
— Bueno, anuncio a Shinya-sama como el ganador~. Antes
del próximo encuentro, Guren.
— ¿Sí?
— Tengo hambre.
— Bueno, deberías irte.
Sayuri y Shigure no habían vuelto aun. Los planes de hoy to-
marían algo de esfuerzo.
55
Lo peor podría llegar, es decir, el encuentro de esta noche con
la «Secta Hyakuya» incluso podría cancelarse debido al incendio.
Sin embargo, si uno consideraba esto desde otra perspectiva,
el incendio podía ser una bendición disfrazada. El «Mikado no
Oni» desviaría su atención al incidente, dándome más libertad de
llevar a cabo mis planes.
Entonces, ¿cuál es la mejor forma de tomar esto?
— Muy bien –dijo Shinya levantándose–, es hora de que vol-
vamos. Tengo cosas que hacer también.
Finalmente, Hiiragi-sama habló, ¿eh? Quien sabe, él podría
volver para investigar el caso. Definitivamente, él no va a reunirse
con la «Secta Hyakuya» en un estado ignorante.
Luego que Shinya se levantara, Goshi y Mito lo siguieron.
— Incluso Shinya-sama se quiere ir.
Mito se levantó.
— Lucharemos de nuevo la próxima vez. Esta es la última vez
que me vez en un estado tan vergonzoso.
— Muy bien~. Ahora lo veo más interesante. Juguemos la
próxima vez.
Todos se levantaron. Shinya dejó su celular en el piso, ganán-
dose una mirada de Guren, quien no se preocupaba en recordar-
lo.
Frente a la puerta, Mito habló:
—…todos pertenecemos al mismo escuadrón. Tengo unas
palabras que decirle a Yukimi-san y Hanayori-san, pero…
Goshi interrumpió:
— Realmente quiero probar el curry de Sayuri… pero, no im-
porta, aun quedas muchas oportunidades en el futuro.
— ¿Qué, aun planeas seguir visitando?
— ¿No soy bienvenido? ¿Iras a mi casa entonces?
Guren se calló y los despidió. Shinya abrió la puerta y trató de
despedirse de Guren.
— Bueno, nos vamos~.
Y así, el trio se fue.
Guren cerró la puerta y regresó a la sala de estar, tomó el telé-
fono de Shinya. Cuando presionó el teléfono, notó que no pedio
contraseña. Lo que apareció ante él fue un mensaje sin enviar que
decía:
56
— Cielos, revisar el teléfono de otros sin permiso, que per-
vertido eres, Guren.
— Ese bastardo aún tiene tiempo para los emoticones.
Guren murmuró para sí, irritado. Mientras exploraba la de-
más aplicaciones por si había rastro de algún tipo de informa-
ción, comprendió que en el teléfono no había nada guardado.
Estaba limpio, era un celular vacío.
Guren regresó a la entrada. Al mismo tiempo, el timbre sonó.
Guren abrió la puerta solo para ver a Shinya riéndose de él.
— Dejé mi teléfono~ –dijo Shinya.
Guren miró el celular en su mano derecha, y Shinya continuó:
— ¿Lo viste, no?
— ¿La cosa pervertida?
— ¡JAJAJAJA!
— Lo dejaste a propósito, ¿no?
— Sip. Perdiste a propósito, ¿cierto?
— ¿De qué diablos hablas?
— No esto otra vez~ batallemos la próxima vez y descubra-
mos quien es mejor estratega y planificador.
— No me interesa.
— No escapes~
— ¿Con quién estaremos probando nuestra habilidad cuando
decidamos el ganador entonces?
— Hmmm, en nuestro caso, ¿Mahiru?
— Ahora esto me aburre más.
— Oye, vamos~
Shinya sonrió:
— Jaja, está bien…
Mientras seguía, Shinya miró la pantalla del televisor que es-
taba detrás de Guren. Las noticias de las 6 de la tarde aún conti-
nuaban. Su mirada hablaba del hecho de que vio la breve apari-
ción de Saitou en la televisión.
57
Dejó su teléfono a propósito, luego volvió a buscarlo y apro-
vechar de discutir sobre esa escena. No es seguro si la reunión con
la «Secta Hyakuya» se llevará a cabo.
— Oh, cierto, ¿cuáles son tus planes? ¿Guren-kun? ¿Quién
parece ser más astuto que sí mismo?
— No vayas –respondió Guren–. Es demasiado peligroso.
— Hmm. Quizá.
— Hay que investigar la fuente del incendio producido. Pri-
mero necesitamos comprender completamente la situación.
— Hmm, hmmm… oye Guren.
— ¿Qué?
— La gente se irritará contigo por mentirle a tus camaradas
sobre tus planes~ Estas planeando enfrentar a la «Secta Hyakuya»
sin nadie cerca de ti, ¿cierto?
Guren asintió:
— Pues no eres mi camarada.
— Jajajaja, parece que estas considerando seriamente no ir.
No quedaban otras opciones.
No había suficiente información. Depender solo de las inves-
tigaciones no facilitaría el progreso. Quizá había otras formas más
sólidas y seguras por las que avanzar, pero no quedaba tiempo.
La guerra entre el «Mikado no Oni» y la «Secta Hyakuya»
está progresando a una velocidad increíble. Quizá un evento apo-
calíptico podría suceder cuando llegue diciembre. Si me asusto y
me retiro ahora, solo podría esperar que llegue mi final. O quizá
colapsaré antes de que la catástrofe llegue apropiadamente.
Si ese fuera el caso, una acción inmediata debería tomarse.
Hasta ahora, la «Secta Hyakuya» mostró interés en compartir la
información. Información relacionada a ellos, al «Kiju» y a la bes-
tia salvaje en el Zoológico Ueno, «Los Cuatro Jinetes del Apoca-
lipsis», criaturas hibridas que han sido modificadas genéticamen-
te con ADNs extraños.
La razón detrás de eso era la traición de Mahiru.
Mahiru robó ese monstruo hibrido y desapareció.
Para la «Secta Hyakuya», ese era un sujeto experimental muy
importante. Ellos querían tenerlo de vuelta. Por eso es que ellos
querían intercambiar la información que tengo en esa criatura
por información de Mahiru.
58
En otras palabras, la «Secta Hyakuya» no está al tanto del he-
cho de que poseo una parte de ese monstruo hibrido. Esa es la
razón principal por la que tengo que descubrir qué tipo de bestia
es esa exactamente.
Después de todo, el monstruo no parece estar interesado en
los humanos, raramente aparece en áreas densamente pobladas.
Incluso a los vampiros les interesa. La «Secta Hyakuya», Mahiru,
y los vampiros quieren un trozo de eso.
Guren miró a Shinya.
Hasta ahora, ese trozo de monstruo hibrido fue dividido en
dos, compartiéndolo con Shinya.
La mitad de ello fue enviada a Aichi para investigarla, pero no
se habían producido resultados concretos.
Guren no tenía idea de lo que Shinya planease hacer con la
otra mitad.
— ¿…cómo va la investigación? –preguntó Guren.
Shinya sacudió su cabeza mientras interrumpía.
— Ese es tu trabajo, incluso si hubiese laboratorios operando
bajo mi cargo, no podría decirlo~
No tengo ni la más remota idea de cómo va progresando la
investigación.
Shinya habló con un ligero tono de desaprobación.
— ¿Sabes qué? Ya tienes unos cuantos camaradas contigo.
Bajo esas circunstancias, ¿aun tratas de mentirme? Eso es irritan-
te, ¿sabías?
— No ha habido progresos en la investigación –respondió
Guren–. Quizá es para prevenir la fuga de información, el núme-
ro mínimo de investigadores de confianza han sido enviados a
analizarlo, parece que aun no lo sabemos. Pero…
— ¿Esta noche debemos reunirnos con la «Secta Hyakuya»?
Guren asintió. De repente, la voz de Mito resonó desde atrás.
— ¿Shinya-sama, encontró su teléfono?
Mito y Goshi estaban en la entrada. Shinya se volvió y les dijo:
— ¡Si, lo encontré! ¡No tenía idea de haberlo dejado caer de-
bajo del sofá~!
Goshi sonrió:
— Todo está bien entonces.
Guren le entregó el teléfono a Shinya, y dijo:
— Lárgate de una vez.
59
— Lo haré~ está vez me despido de verdad~
Antes de que Shinya pudiese terminar, Guren cerró la puerta
frontal y regresó a la sala de estar.
Ya eran las 6:17 de la tarde.
El boletín informativo de las 6 de la tarde todavía continuaba.
Sin embargo, sin importar que canal colocara Guren, ya no había
más reportes del incendio. Parecía que la censura había comen-
zado.
Guren de repente recordó a la dama bañada con gasolina, esa
madre histérica.
La madre insistía en matar al demonio.
—…demonio –murmuró Guren.
¿A qué demonio se refería?
Claro, era posible que la dama hubiese enloquecido y gritara
cosas sin sentido.
Diciembre.
El apocalipsis en navidad.
El virus.
Los ángeles del Libro de Revelaciones.
Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
—…solo se trata de una lamentable jerga de un montón de
religiosos.
Sea lo que fuese sugerido, parecía estar relacionado con la Bi-
blia. O quizá fuesen seudónimos y dialectos sobre el virus y el
terrorismo.
Los anuncios destellaron en la pantalla. Una celebridad feme-
nina estaba disfrutando el último sabor del pollo frito.
Guren analizó la pantalla del televisor y de repente transfirió
su mirada de la TV hacia el shogi tendido en el piso frente a él.
Consideró vagamente la idea de que el shogi era un juego re-
lajante.
Ya que mis enemigos están en mi campo visual, solo necesito
considerar el medio para deshacerme de esos a quien puedo ver.
Para lograrlo, la habilidad de mi enemigo tiene que estar nivelada
con la mía.
Sin embargo, la realidad eran un juego completamente dis-
tinto.
La mayoría de mis enemigos son más fuertes de lo que soy.
Me encuentro en desventaja. Eso sin mencionar su alto nivel de
complejidad. Por eso es que, quienes sean mis aliados, quienes
sean mis oponentes, al traicionar, al formar una alianza…
60
Un error podría resultar una completa derrota. El tiempo no
espera por nadie.
—…………..
Guren miró el shogi barato y tomó la pieza de Mito, colo-
cándola frente al Rey de Shinya. Claro, tal movimiento podría
causarle la derrota a Mito, y Shinya podría haberse deshecho del
Rey de Mito en su turno.
El juego estaba acabado. Sin embargo, la realidad era distin-
ta. A pesar de la muerte del Rey, el ejército seguía presente.
Guren movió la pieza hacia adelante y se deshizo del Rey de
Shinya.
—…..
Deshacerse del «Rey» de la «Secta Hyakuya».
Eliminar al «Rey» del «Mikado no Oni».
Si este fuese el caso, incluso si muriese, no tendría nada que
tener. Me he preparado para esto, sin mencionar el hecho de que
tengo ambiciones incluso mayores. Pero después de todo, ¿cómo
avanzarán las cosas?
¿Mis compañeros sobrevivirán? ¿Cuál es esta ambición eter-
na que poseo?
Este sueño no hará nada para lograrlo, incluso si el costo es
mi vida y la de mis camaradas.
—…….
Guren tomó la lata de gaseosa vacía que estaba en el piso.
Justo en ese instante, el timbre sonó. Parecía que Shigure y
Sayuri habían vuelto.
— Volvimos~♪
Era la voz de Sayuri. Entró a la sala de estar con las manos
llenas de bolsas, la compra del supermercado. Al ver a Guren
recoger la basura, Sayuri aceleró el paso.
— ¡Ah, por favor, déjenos eso a nosotras! ¡Ordenaremos la
casa! –dijo mientras le quitaba la lata a Guren. Por su parte, Shi-
gure entró y miró a Guren.
— Volvimos.
Ella bajó su mirada y comenzó a recoger los envoltorios de
patatas fritas dispersos por toda la mesita del café.
Guren las miró organizar la casa.
—…….
Se preguntó cuál sería el propósito de mantenerse desespera-
damente si ellas dos fueren interrogadas, o asesinadas. Claro, ya
no había marcha atrás. Era el
61
comienzo. La investigación llevada a cabo a espaldas de los
Hiiragi también había comenzado.
Después de todo, si el apocalipsis decembrino fuese a tomar
lugar, simplemente no puedo sentarme y esperar mi muerte.
Pero a pesar de eso, él siguió pensando.
—………….
¿Qué estoy protegiendo?
¿Cuáles son las cosas más preciadas para mí?
Shigure miró a Guren.
— Está en el armario que usamos siempre.
Guren asintió. Los talismanes y los uniformes de batalla para
combatir estaban en ese armario.
Encima de eso, había muchas otras cosas relacionadas a las
maldiciones prohibidas y equipos de maldición que eran desco-
nocidos para la Casa Hiiragi, sin mencionar esos personalizados
por Guren.
Existía una alta posibilidad de que la Casa Hiiragi quisiera
investigar, pero había demasiadas cosas en ese condominio que
necesitaban ocultarse de la vista de esa gente.
Shigure siguió:
— Nosotras…
— No sigan. Hoy lo haré por mi cuenta.
— Pero…
— Arruinarán mis planes.
— Oh…
Shigure, renuente, quedó en silencio.
Guren la miró y dijo:
— Si no regreso al amanecer… diríjanse a Aichi.
Tanto Shigure como Sayuri miraron a Guren. Ambas com-
prendieron que la vida de Guren estaba en juego. De hecho, ya
sabían eso cuando prepararon el equipamiento para que lo usara.
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Para la Casa Ichinose no sería desastroso incluso si Guren
fuese a morir. Él aun no era el Jefe de la Casa. Por eso, la persona
que pudiese arriesgarse en esta situación solo podía ser él.
Sayuri lo miró, y sonrió forzadamente.
—…hoy tendremos curry de pollo.
—…oh, lo estoy desenado.
— Pero ahora cocinaré…
— Lo que sea está bien. Tu curry siempre ha sido delicioso.
Tras finalizar, él se preguntó por qué Sayuri se sonrojó y son-
rió. En fin, todo estaba bien.
— Shigure, me gustaría ponerme ropa de civil. Ayúdame a
prepararla.
— Sí, señor –asintió.
Ella desapareció por el pasillo. Sayuri, colocándose un delan-
tal, entró en la cocina.
Guren miró esa silueta antes de ver su reloj: 6:30 de la tarde.
Quedaban siete horas y media antes de la reunión con la
«Secta Hyakuya».
— Supongo que tendré un pequeño descanso –murmuró
mientras veía a Sayuri esforzarse lo mejor posible para cocinar.
Después…
—…descansaré luego de comer el curry –se corrigió.
◆ ◆ ◆
1:30 de la mañana. Tokio, Nerima-ku.
El punto de encuentro con la «Secta Hyakuya» estaba en el
Parque Hikarigaoka, un parque de gran escala. Estaba cerca de
la estación de metro Hikarigaoka, una que pertenecía a la Línea
Toei-Oedo.
Si Guren fuese a entrar por los lados de la estación del me-
tro, podría haber sido captado por los CCTV. Por eso, él deci-
dió montar una motocicleta y entrar por el lado oeste del parque,
donde predominada la vegetación densa. Con esto, él no sería
descubierto con facilidad, mientras atravesaba en secreto las sen-
das oscuras que llevaban al lugar de reunión.
Guren aparcó la motocicleta en un carril, apagó el motor y se
quitó el casco. Mirando hacia adelante, vio un parque completa-
mente oscuro, y vacío. Las copas de los arboles cercanos eran tan
densas que no había rastro de la luz lunar.
Colgó el casco en la motocicleta y se pasó la mochila hacia
adelante antes de sacar los lentes de visión nocturna por infrarro-
jos. Después de todo, estos eran
63
necesarios para movilizarse por un parque completamente
oscuro. Luego, Guren guardó un denso fajo de talismanes en sus
mangas y bolsillos. Se colocó la mochila y recortó las cintas para
evitar que otros se aferraran.
Poco después que Guren tocara suelo, otra motocicleta con
mayor CC llegó. Se detuvo a un lado y se alineó con la de Guren.
Shinya había llegado.
Apagando el motor, y quitarse el casco, se podía ver que Shin-
ya estaba sonriendo.
—…me imaginé que entrarías por esta dirección~ pero, sea
quien fuere el que estudiase el mapa, era obvio que elegiría esta
ruta.
De hecho, el mapa indicaba que esta era la única ruta para
infiltrarse en el parque.
La ruta con la vegetación densa demostraba la dificultad de
colocar cámaras de vigilancia.
El punto de reunión era un único campo de tenis ubicado al
este del parque. Siempre y cuando uno estuviese alerta de la si-
tuación en el lado este, sería posible mantener una ruta de escape.
— Los chicos Hyakuya probablemente predijeron que entra-
ríamos por aquí, ¿no? –respondió Guren.
— Es probable. Déjame preguntarte algo, Guren. ¿Tienes li-
cencia para conducir motocicletas?
— No.
— No la tienes, ¿eh? Eso quiere decir que esa motocicleta
fue…
— Robada.
— Lo imaginé, robaste una motocicleta.
Guren sonrió.
— ¿Es a eso lo que llamas juventud?
Colocándose los lentes de visión nocturna por infrarrojo, el
campo de visión de Guren se tornó verde. Shinya descendió con
una expresión resignada en su rostro.
— Gastar mi juventud usando unos lentes de visión nocturna
e infiltrarme en un parque… yo no firmé para esto. Solo quiero
ese tipo de juventud llena de romance.
— Bueno, después de todo, es verano.
— ¿Dónde? ¿Dónde?
Guren lo ignoró y comenzó a caminar en el parque.
64
— Eh, espera, ahí voy.
Guren escuchó a Shinya colocarse el par de lentes de visión
nocturna por infrarrojo, pero no se volvió. Después de confirmar
que no había trampas adelante, Guren siguió avanzando.
Los movimientos de Shinya eran perfectos.
Apenas había unas pisada. Calmadas, cuidadosas, y ligeras.
De hecho, él había pasado por entrenamientos fuertes.
— Aún queda un poco de tiempo antes de nuestro encuentro
–susurró Shinya–. ¿Nos ocultamos?
— No es necesario –Guren sacudió su cabeza–, quiero deter-
minar la situación desde lejos.
— Bueno, está bien. Hay demasiado espacio vacío cerca del
campo de tenis. No encaja para ocultarse~
Esa era la verdadera razón por la que el campo de tenis se
eligió para la reunión.
— Entonces, ¿desde dónde vamos a observar a esos tipos?
Guren no respondió, solo miró su reloj. Era la 1:38 de la ma-
ñana. Quedaban 22 minutos para el encuentro.
Guren se detuvo. En ese momento, ellos estaban transitando
por una pequeña área boscosa. El punto de reunión estaba justo
delante de un espacio verdoso, una vez que emergieran de allí,
quedarían totalmente expuestos.
Si ese fuese el caso…
—…desde esos árboles de allí.
— ¿Espiaremos a una pareja romántica?
— Hmm… hmm…
— Eres un completo provocador.
— ¿A quién estoy provocando?
— Lo que sea~
Guren comenzó a prepararse mientras sacaba unos cuantos
talismanes de su bolsillo y los colocaba en el tronco del árbol que
intentaba escalar. Si el enemigo fuese a atacar, esos talismanes le
comparan algo de tiempo. Subió al árbol y descubrió una rama
estable para anclarse allí.
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Sonidos susurrantes podían escucharse del árbol contiguo.
Shinya lo siguió. Guren se volvió hacia el sonido y vio a Shinya
saludarlo antes de apuntar al este, que era el lugar donde estaba
el campo de tenis.
—………
Guren asintió y miró al frente. Observando a través de los
lentes de visión nocturna, todo el parque era visible.
Las estrellas que adornaban el cielo nocturno parpadeaban
y la luz lunar cubría toda el área forestal. Guren incrementó el
zoom de los lentes y los centró en el punto de reunión.
Adelante del camino verdoso estaba un pequeño camino ser-
penteante. Adelante del mismo estaba otra senda y unas cuantas
áreas recreativas.
Incluso más allá estaba un área cerrada. Allí era donde estaba
el campo de tenis.
Allí de pie, había ocho hombres vestidos con traje. Era obvio
que no estaban allí para verse con sus amantes. Todos eran hom-
bres, muy bien entrenados. Sus trajes se parecían bastantes a esos
usados por los miembros de la «Secta Hyakuya» cuando lanzaron
su ataque a la Secundaria Shibuya. Si poseyesen el poder de Sai-
tou, la derrota sería inminente.
En otras palabras, este era un intercambio injusto.
—………
Guren miró su reloj: era la 1:45 de la mañana. Quedaban
quince minutos.
¿Entonces debería proceder hacia el punto de reunión? –Gu-
ren levantó la vista de su reloj y miró a los hombres de la «Secta
Hyakuya». En ese instante, él notó que algo extraño les estaba
sucediendo. Estaban aullando algo mientras rápidamente prepa-
raban una formación de batalla.
¿Quedamos expuestos? –pensó Guren mientras se tensaba.
Parecía que no era así.
Algo emergió de la oscuridad y atacó a esos hombres.
Ellos trataron desesperadamente de defenderse, extrayen-
do cadenas metálicas de sus cuerpos. De hecho, todos parecían
haber sufrido una modificación corporal como pasó con Saitou.
Varias cadenas emergieron de la oscuridad y volaron hacia esa
cosa…
La cosa evitó las cadenas con facilidad mientras decapitaba
a uno de los hombres y se preparaba para hacerle lo mismo a los
otros dos.
66
Luego de eso, eso agarró el cabello de otro hombre que trata-
ba de escapar y le mordió el cuello. Los que sobrevivieron estaban
temblando de miedo, habían perdido su voluntad de batalla.
Parecía que el monstruo ese estaba ingiriendo sangre huma-
na.
—…vampiros, no otra vez –murmuró Guren en voz muy
baja.
El vampiro que estaba atacando el campo de tenis era com-
pletamente distinto al noble que apareció en el Zoológico Ueno.
Juzgando por su uniforme, probablemente no era un noble. Pero
era obvio que no era humano. Si realmente era un vampiro, la
«Secta Hyakuya» no tendría ninguna oportunidad de ganarle.
La disparidad de poderes entre los humanos y los vampiros
era inmensa.
Eso sin mencionar la imposibilidad de luchar contra los vam-
piros en la oscuridad.
—……………
La batalla terminó en cuestión de segundos.
Todos los miembros de la «Secta Hyakuya» fueron asesinados
por los vampiros.
Guren presenció toda la escena que se desarrolló ante él y
pensó en lo sucedido.
¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué los miembros de la «Secta
Hyakuya» fueron asesinados? Los vampiros no deberían tener in-
terés en los humanos y sus asuntos. Para ellos, los humanos son
solo ganado. Por esa razón, a ellos no deberían interesarles las
batallas humanas. Pero, ¿Por qué es que recientemente, los vam-
piros han aparecido con más frecuencia? ¿Qué es lo que acaba de
suceder?
El vampiro probablemente no los había notado, estaba de-
masiado lejos. Sin embargo, si ellos hubiesen llegado al punto de
encuentro en lugar de observar desde lejos, ellos habrían muerto
también. En cuanto Guren pensó en eso, un escalofrió recorrió
su espalda…
—………
De repente, el vampiro se volvió hacia ellos.
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Era una mujer. Tenía un hermoso y extenso cabello. Estaba
mirándolos, sin siquiera pestañear.
Pero, era imposible. Desde esa distancia ella no podría haber-
los notado.
Aun así la dama sonrió engreídamente. Unos colmillos ador-
naban su dentadura. Incluso en su boca le quedaba algo de san-
gre. Por su postura, se podía deducir que se estaba preparando
para abalanzarse hacia Guren y Shinya.
— ¡Oye! ¡Guren!
La voz de Shinya resonó desde el árbol colindante.
— ¡Ya lo sé!
Guren bajó del árbol. Para evitar que su visión se viese obs-
truida, se quitó los lentes.
Sin más dilación, el descendió a toda prisa y salió del parque.
Sacando las llaves de su bolsillo, Guren corrió hacia su moto-
cicleta y rápidamente encendió el motor.
En lo que el motor prendió, la vampira llegó.
Guren pisó el acelerador y, gracias al repentino incremento
de velocidad, la motocicleta de 1100cc se levantó verticalmente y
corrió hacia la vampira…
Sin embargo, ella parecía imperturbable mientras sujetaba la
rueda delantera de la moto y sonreía.
— Mierda.
Las uñas filosas del vampiro pincharon la rueda, haciendo
que esta explotara con un ¡Dong!
En lo que Guren saltó de la motocicleta, desenvainó la espada
en su cintura y cortó a ciegas. La vampira evadió fácilmente todas
sus ofensas.
Tampoco era como si fuese a golpear.
La vampira se preparó para lanzarle la motocicleta. No había
escapatoria.
Voy a mor…
— ¡Guren, sujeta mi mano! –gritó Shinya. Guren extendió su
brazo hacia el llamado de Shinya. Casi de inmediato, sintió que
su brazo era arrastrado fuertemente mientras era dirigido por
Shinya. Le tomó unos cuantos saltos hasta finalmente alcanzar el
asiento trasero.
La motocicleta que salió volando aterrizó en un taxi recién
llegado, el cual fue aplastado al instante.
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Literalmente, esto era un caos completo.
La vampira los estaba siguiendo. Guren sacó unos cuantos
talismanes de su mochila y se los lanzó.
Los talismanes explotaron en el momento que entraron en
contacto con el suelo, con uno que explotó cerca de los pies de
la vampira, los quemó. A pesar de las llamas, ese pie se regeneró
casi de inmediato. Parecía que los talismanes no funcionaban con
los vampiros. A pesar del hecho de que su ropa estaba ardiendo,
la vampira o se preocupó en extinguir las llamas y saltó del suelo,
se dirigía hacia ellos.
Viendo eso, Guren le dijo a Shinya, quien estaba conduciendo
la motocicleta.
—…Shinya.
— ¿Eh?
— Ella nos está siguiendo.
— ¡No me jodas! ¡Vamos a casi 70 millas por hora!
— Se está acercando.
Justo cuando Guren terminó, la vampira saltó y giró hacia
ellos, aunque ese movimiento no era tan suave como sus movi-
mientos en tierra. En un esfuerzo por perderla, ambos estaban
huyendo a 100km/hora.
Shinya volvió a pisar el acelerador.
A pesar de eso, parecía que la vampira los atraparía de inme-
diato.
Tal vez si yo pudiese bloquear su ataque antes, podría haber
una ligera oportunidad para sobrevivir. Una vez que aterrice en el
suelo, necesitará algo de tiempo para volver a saltar. Eso compro-
meterá su velocidad.
A esa velocidad, la motocicleta podría acelerar.
En eso, ella atacó…
Si pudiese bloquear este ataque…
—…………………
Guren sujetó su espada en su mano derecha y se aferró al
hombro de Shinya con la izquierda. Respiró profundamente.
La vampira se estaba acercando.
Guren atacó a esa mano. La vampira trató de agarrar la espa-
da de Guren.
No, no debo dejarla hacer eso. Necesito cortarla con éxito.
70
Guren desvió con movimientos hábiles los intentos de la
vampira y realizó un corte.
Si este golpe falla, estaremos muertos.
Si ella agarra la espada, moriremos.
Por eso…
— ¡….NO ME FALLES AHORA! –Guren rugió mientras en-
viaba a la vampira a volar. Antes de que ella pudiese entrar en
contacto con la espada, su mano ya había sido cortada.
— ¡Bien! ¡El golpe tuvo éxito! ¡Rápido, Shinya, vamos!
— ¡Ya estamos yendo a toda velocidad!
La vampira miró su muñeca cortada. De hecho, ella no se vio
afectada, en lo más mínimo.
Sin embargo, decidió detener su persecución. Aterrizó en el
suelo, y miró a Guren.
La motocicleta corrió a una velocidad de miedo. Probable-
mente iba a más de 150km/h. sin embargo, si ellos descendieran
la velocidad, sería posible que ella retomara la persecución.
Aunque no había necesidad de mantener esa velocidad con el
fin de asegurarse de que ella ya no los seguía, la velocidad actual
parecía ser problemática. Eso sin mencionar el hecho de que girar
era imposible, caer de la motocicleta en estos momentos sería lo
mismo que caer en tu tumba.
Guren se agarró del hombro de Shinya y se volvió. Luces de
advertencia rojas habían sido golpeadas, pero la motocicleta ya
no podía reducir velocidad.
Un enorme camión giró a la derecha y se dirigía hacia ellos.
Unos cuantos taxis bloqueaban el paso adelante. Shinya planeó
zigzaguear entre esos vehículos…
— ¡Agárrate, Guren! –gritó Shinya.
— ¡Que mala suerte, este día ha sido horrible!
Con eso, Guren enrolló sus brazos por el cuerpo de Shinya.
Uno de los espejos retrovisores golpeó al camión y se des-
pedazó, enviando fragmentos hacia el rostro de Guren, y este
respondió de inmediato cubriéndose los ojos con la base de su
espada, pero aun así su frente recibió un corte. Se sentía como si
su piel fuese perforada.
A pesar de todo, la batalla había terminado.
—……..
71
La vampira ya no los seguía. Quizá debido a la hora, la carre-
tera más adelante estaba vacía, permitiéndoles seguir a esa velo-
cidad. Parece que después de esto, la vampira se había resignado
por completo.
Ahora, el problema era…
— ¡Oye, Shinya! ¡Baja la velocidad o la policía nos atrapará!
–dijo Guren. Al oírlo, Shinya preguntó.
— ¿Y la vampira?
— Parece que ya se dio por vencida.
— ¿Oh… en serio? ¡GRANDIOSO!
— Reduce la velocidad, ahora.
Al oírlo, Shinya rió:
— Pero para alguien que maneja sin un casco y sujeta una
katana en sus manos… si reducimos la velocidad, te arrestarán de
inmediato… ¡te llamarán un bosozoku1 del pasado!
1 Un bosozoku literalmente significa ‘descontrolado’ – eso en
relación a los vehículos. Es una subcultura juvenil japonesa aso-
ciada a las motocicletas personalizadas y las violaciones constan-
tes de tráfico. En otras palabras, gánster de carretera.
Oyendo eso, Guren miró la katana en su mano y sonrió:
—…bueno, tienes razón… pero apenas logramos escapar de
la muerte. No voy a justificar la muerte por culpa de tu pésima
habilidad de conducción.
— No pasará nada.
— ¿Acaso no estas conduciendo sin licencia?
— Bajo tales circunstancias, conducir sin licencia no hará
diferencia. Pero, si reducimos la velocidad ahora, pareceremos
sospechosos, ¿no? Contigo sin casco y abrazándome tan fuerte,
aunado al hecho de que ambos somos chicos, ¿qué parecerá, eh?
— Cállate y baja la velocidad.
— Si, si.
Shinya comenzó a desacelerar gradualmente y condujo en
una pequeña y oscura vereda antes de aparcar la motocicleta.
— ¿Realmente la perdimos?
Guren, asintiendo, dijo:
72
— Probablemente.
— Ese «probablemente» es problemático.
— Entonces, ¿por qué no vas y lo confirmas tu mismo?
— No. Oh, cierto, Guren.
— ¿Si?
— Estás herido.
Shinya dijo mientras observaba la herida en la frente de Gu-
ren.
— ¿Te lo hizo la vampira?
Guren descendió y dijo:
— No. ¿Esto? Esto es gracias a tus asquerosas habilidades de
conducir. Resulta que al espejo retrovisor le dio por lanzarme un
ataque.
— Jajaja, eso pudiste haberlo evitado.
Guren lo ignoró y se tocó la herida. Había bastante sangre.
Esa era sangre maldita. Esta sangre había sido inyectada en
Mitsuki, haciéndole perder el control y convirtiéndose en un
monstruo.
Guren no sabía cuanta sangre fue necesaria para ser inyec-
tada con el fin de deshacerse de la maldición. Pero, de cualquier
forma, entrar en contacto con esa sangre era peligroso.
Guren enfundó su katana y sacó unos cuantos vendajes de su
mochila.
— Déjame ayudarte con eso –dijo Shinya.
— No es necesario. Yo solito puedo.
— Pero probablemente no puedas ver la herida en tu frente,
¿o sí?
Guren lo ignoró y presionó la herida.
— No seas tan rustico. Si no la tratas como es debido, te que-
dará una cicatriz allí.
— ¿Ohh, en serio? Gracias por tu preocupación.
— Nadie va a querer casarte contigo~
— Ah, lo sé, lo sé. Que fastidio, ya cállate.
— Jajaja.
Tras reírse, Shinya volvió a suspirar para relajar su tensado
cuerpo.
73
—…para ser honestos, eso fue bastante peligroso. ¿Qué pasó?
¿Por qué lo que salió fue un vampiro?
— ¿Y tú crees que lo sé?
— Todos los de la «Secta Hyakuya» fueron asesinados.
Guren miró su reloj. Ya eran las 2 de la mañana. La hora pau-
tada para el encuentro con la «Secta Hyakuya».
Sin embargo, ellos ya no podían volver al Parque Hirakigaoka
para reunirse con ellos. Al fin y al cabo, todos los enviados por
esa organización fueron asesinados y, además, la vampira podría
estar allí.
Bajo tales circunstancias, que ellos hayan sobrevivido, puede
considerarse un milagro.
Un golpe de suerte.
Si no hubiese sido por un evento de suerte seguido de otro, lo
único que habría resultado de ello era la muerte.
Los vampiros eran los archienemigos de los humanos; sin
importar cuan fuerte fueran estos últimos, no podrían derrotar
a un vampiro. Si esos monstruos decidieran jugar con las vidas
humanas, eso sería algo muy fácil para ellos.
Pero ella me dejó ir.
No, esto también podría ponerse de otra forma: ella ni siquie-
ra me vio como un oponente digno.
Para los vampiros, los humanos eran una bola de ganado rui-
doso, tener más o tener menos no era mucha diferencia.
Por eso es que los vampiros raramente interferían en la socie-
dad humana; era muy raro verlos.
—……….
Pero los vampiros eran vistos con más frecuencia estos últi-
mos días. Parecía que estaban incomodos por los experimentos
prohibidos de la «Secta Hyakuya».
Ferid, el vampiro noble que cruzó espadas con Mahiru, apun-
tó al monstruo hibrido y dijo algo parecido.
— Esto es bastante problemático. Es increíble ver como los hu-
manos se atreven a experimentar cosas como estas. Si ustedes obtie-
nen la maldición prohibida, el fin del mundo llegará pronto~
74
Las maldiciones prohibidas que podrían acabar con el mun-
do. En otras palabras, el secreto de esas maldiciones prohibidas
estaban, de hecho, ocultas en el cuerpo de ese monstruo hibrido.
Y eso era exactamente lo que los vampiros odiaban. Ellos
odiaban que los humanos respondieran abiertamente a sus de-
seos y lujuria más profundos, destruyendo cruelmente al mundo.
Shinya parecía pensar lo mismo que él, por eso preguntó.
— Si estamos siendo tomados seriamente como objetivos de
los vampiros, incluso la «Secta Hyakuya» caerá, ¿no?
Era posible, sin embargo.
— ¿Crees que la «Secta Hyakuya» provocará a los vampiros
directamente? Ellos deberían tener presente que los vampiros no
pueden ser derrotados.
Si los vampiros realmente advirtieron a la «Secta Hyakuya»
con respecto a la investigación de maldiciones prohibidas, ellos
no debieron haber tenido más opción que detenerlas.
Shinya respondió:
— ¿…que pasará ahora? ¿Por qué los vampiros aparecieron?
No se sabía. No, la verdad era que el número de cosas cono-
cidas eran demasiado pocas en comparación a lo desconocido.
Con los deseos y lujuria de cada una de las organizaciones
encontrándose, la verdad no podía ser vista.
Sin embargo…
—………….
Shinya miró a Guren, quien sabía lo que él pensaba. Ambos
ya sabían quiénes eran los que movían los hilos detrás de todo,
y quienes llevó a la «Secta Hyakuya» y al «Mikado no Oni» al
pánico.
—…………
Quizá Mahiru se encontraba en el centro de todo.
Mahiru Hiiragi planeó todo eso en secreto. Claro, no se sabía
si este incidente de hoy también contó con su ayuda.
—…parece que si seguimos manteniéndonos ingenuos sobre
todo, la verdad desaparecerá sin que lo notemos.
Shinya ya sonaba un poco cansado.
75
Guren comprendió de donde llegaba. Como Mahiru iba to-
mando bastante ventaja, solo mirar su tenue silueta era agotador.
Guren se quitó los vendajes de la herida. La sangre había ce-
sado. Lo bueno era que la herida estaba cerca de la línea capilar,
por lo que era fácil cubrirla con el flequillo.
Guren colocó los vendajes ensangrentados dentro de su mo-
chila y comenzó a caminar.
— ¿Holaaa, adónde vas? –preguntó Shinya.
— A casa –respondió Guren.
— ¿A pie?
— ¿Acaso hay otra forma? ¿Sigo conduciendo por la calle sin
un casco, o qué?
— Hmmm…
Oyendo eso, Shinya descendió de la motocicleta y abandonó
el vehículo. Parecía que también lo había robado.
— Pero parece que este lugar sigue perteneciendo a Nerima,
¿no crees? Shibuya está a unos 20 kilómetros desde aquí, supon-
go.
— ¿Y qué?
— ¿Robaras una motocicleta? ¿O quizá deberíamos arreglár-
nosla para volver?
— Por supuesto que la última.
— Bueno, aquí nos separamos.
— Bien.
Guren respondió mientras se daba la vuelta.
Shinya se despidió.
— Bueno, te veré mañana en la escuela.
— Si. Está bien.
— ‘nas noches.
En eso, Guren dejó de caminar y se volvió. Al ver a Shinya
despedirse, dijo:
— Shinya.
— ¿Sí?
—……..
76
— ¿Qué?
Guren miró a Shinya y continuó:
—…gracias por lo de hoy. Si no hubiese sido por ti, habría
estado en mi tumba.
Escuchando eso, Shinya quedó un poco sorprendido.
— O-oye, ¿qué ha sido eso? ¿Estás expresando tu grati…?
— ¡Qué gratitud ni que nada! –lo interrumpió Guren–. Sin mí
habrías muerto también.
— Bueno, eso es verdad.
En realidad, no había necesidad de que Shinya salvara a Gu-
ren. Cuando fueron perseguidos por la vampira, manejar la mo-
tocicleta mientras salvaba a Guren era algo riesgoso.
La elección racional habría sido abandonarme y huir. Pero no
lo hizo.
Por eso, dejó la cortesía.
—…confió un poco más en ti.
Oyendo eso, Shinya sonrió amargamente.
— ¿Un poco más?
— Si. Solo un poquito.
— Bueno, muchas gracias. ¿Eso es todo?
— Si.
— Bueno, te veo mañana.
— Hasta mañana.
Con eso, Guren se dirigió hacia Shibuya.
◆ ◆ ◆
Le tomó más de tres horas llegar a casa.
Tanto Shigure como Sayuri estaban despiertas.
En el momento en que Guren pasó por la entrada.
— ¡¡GUREN-SAMA!! –ellas corrieron con lágrimas en los
ojos. Mirándolas, Guren dijo.
— ¿…por qué están en pijamas? ¿No les dije que si no regre-
saba al amanecer, se dirigieran hacia Aichi…?
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Antes de poder terminar, Shigure lo interrumpió.
— No, estábamos confiadas de que regresaría con vida, Gu-
ren-sama.
— Incluso cuando me desobedecen, lo hacen con actitud…
Esta vez, Sayuri interrumpió. Ella miró a Guren con lágrimas
fluyendo por su rostro.
— ¡¡¡AHHHHHHH, Guren-sama, ¿por qué está cubierto de
sangre?!!!
Sayuri quiso abrazarlo mientras lloraba, pero fue detenida
cuando Guren la tomó por las muñecas.
—…aléjate. Mi sangre está contaminada.
— ¡Eso no me importa!
— A mí sí. Shigure, ayúdame a preparar un baño. Necesito
quitarme esta sangre.
Shigure tampoco se movió. Las lágrimas inundaban sus ojos.
—…uwah, uwah, lo lamentamos mucho… es porque somos
demasiado débiles.
Sayuri vio la cicatriz en la frente de Guren y lloró con más
fuerza.
—…estábamos muy preocupabas. Si no volvía, ¿qué íbamos
a hacer? Es por nuestra debilidad que no pudimos ayudarlo, Gu-
ren-sama…
Guren se paró en la entrada y respondió letárgicamente.
— ¿Eh? ¿De qué están hablando?
Shigure habló:
— Cuando usted se veía involucrado en batallas riesgosas y
luchas parecidas, al menos, nosotras éramos capaces de estar a su
lado. Odiamos quedarnos en casa. Incluso si no podemos ayudar,
incluso si somos débiles… al menos, podríamos ser su escudo.
Ella quedó en silencio cuando su voz comenzó a temblar. Shi-
gure raramente lloraba, pero esta vez no pudo contenerse.
Parece que estaban preocupadísimas por mí.
Ambas dejaron salir sus lágrimas y corrieron hacia Guren.
—…idiotas, les dije que no se acercaran…
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79
Guren quedó atrapado en su abrazo de oso. Quizá la sangre
seca ya había entrado en contacto con ella.
No pasó nada. Con esta cantidad, nada pasó. El contacto fí-
sico no infectará a nadie con el Demonio, ¿eh? Quizá era la can-
tidad. ¿Acaso debía reunirse algunas condiciones antes de ser
infectado?
Ya que era así…
—…oigan las dos, las castigaré luego. Les dije que no se acer-
cara. Además, necesitan ir a Aichi para un chequeo inmediato.
Sayuri miró a Guren y dijo:
— ¡Ah! ¡¿Usted vendrá con nosotras?!
— No, yo me quedaré aquí.
— Nos quedaremos a su lado, Guren-sama –dijo Shigure.
— ¿Pero qué diablos están diciendo? Tienen que obedecerme.
— No.
— No lo dejaremos.
— Me voy a enojar…
— Uwahhh….
Ambas parecían que fuesen a llorar de nuevo.
Guren miró a las dos chicas negándose a dejarlo, y pensó:
—……..
Al verlas, Guren comprendió lo afortunado de no haberlas
llevado con él.
Pues lo más seguro es que las hubiesen matado. Eso lo hizo
pensar, en la muerte de sus camaradas y en lo débil que era. Ma-
hiru si pudo matar a los camaradas suyos. Incluso Shinya se lo
recordaba.
— Tú eres incapaz de llegar a ser como Mahiru. Pero no creo
que sea una debilidad. Poniéndolo de otra forma, si eliges lo
mismo que ella eligió, no habrá necesidad de salvarla.
¿Era cierto?
¿No era la excusa de un cobarde?
Sayuri y Shigure estaban dispuestas a sacrificarse por Guren.
¿Eso era considerado fuerza o debilidad?
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No era por sus propias metas o deseos egoístas. Era por los
demás. ¿Eso era fuerza o debilidad?
—…oigan, ¿cuándo piensan soltarme? Estoy muerto del can-
sancio. Quiero tomar un baño y dormir.
Shigure y Sayuri se miraron entre sí. Por alguna razón, se son-
rojaron. En eso, Sayuri dijo:
—…eh, eh, le lavaré la espalda…
— Cállate –la interrumpió Guren.
Ya eran más de las cuatro de la mañana cuando Guren salió
del baño.
Había muchas cosas que organizar en la escuela. Pero, más
allá de ello, Kureto lo llamaría durante la hora del almuerzo. Por
eso, él necesitaba descansar lo que pudiese.
—…que irritante. Que dolor.
Guren murmuró mientras caía tendido en la cama. Pero por
alguna razón, no pudo dormir.
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Ya era de mañana. Dentro de un salón de clases normal en la
Secundaria Shibuya.
La cuarta lección del día era un bloque de auto-estudio. Te-
niendo esa sección ubicada justo antes de la hora del almuerzo,
significaba que dicho descanso sería más extenso para los estu-
diantes. Por eso, la mayoría de los alumnos ya había abandonado
el salón.
Aunque ese era el caso, no había vagos en la escuela. Si era la
hora de auto-estudio, todos deberían estar enfrascados en alguna
forma de aprendizaje. Si alguno no lo hacía bien durante las prue-
bas de selección mágica, podrían experimentar la posibilidad de
ser expulsados. Encima de eso, los estudiantes eran forzados a
medirse unos con otros; lo que terminaría en la muerte si no se
tenía cuidado.
Por eso, todos estaban esforzándose lo más que podían.
Se rumoraba que si uno recibía un reconocimiento allí, po-
drían obtener una posición de alto rango dentro del «Mikado no
Oni». Por eso, todos mantenían las esperanzas y sueños de sus
seres queridos y trabajaban arduamente.
La mitad de la clase había dejado el salón. Guren no se movió.
Viéndolo de otra forma, él sufría por la falta de sueño.
Shinya, quien se encontraba a su lado, estaba tendido sobre la
mesa y actualmente en su mundo de sueños. Probablemente tam-
poco había descansado bien. Sin embargo, en una escuela abarro-
tada de enemigos, definitivamente Guren no querría tomar una
siestecita.
Guren miró con envidia al dormilón Shinya con sus ojos en-
trecerrados, antes de mirar por la ventana.
Desde su versión periférica, él vio a una irritante pelirroja que
se acercaba: Mito.
En sus manos estaba un shogi. ¿Acaso estaba allí para tener
una partida de shogi?
Mientras se acercaba, Mito escondió el shogi detrás de sí. Jus-
to cuando Guren se preguntaba si expondría el hecho de que la
había visto ocultarlo…
— ¡UWAAAHHH~!
Él bostezó y se olvidó del asunto.
— ¿Qué pasa? ¿Falta de sueño? –preguntó.
82
— Si.
— Cuidar de su propio cuerpo también es el trabajo de un
seguidor del «Mikado no Oni». Deberías apegarte a ello.
De hecho, ella era irritante. Si Guren le replicaba, seria pro-
blemático. Por eso, él simplemente asintió. Por otro lado, él estaba
soñoliento y deseaba salir rápido de esa conversación aburrida.
Por eso…
— Si, lo pensaré –respondió Guren. Mito quedó ligeramente
sorprendida por ello.
— Eh… eh, sobre eso.
Con una expresión de deleita, Mito dijo.
— F-finalmente lo comprendes. Es bueno. Ese tipo de humil-
dad es la estamos buscando. Para nosotros los estudiantes que
servimos a la Casa Hiiragi…
Mito siguió con entusiasmo.
Completamente somnoliento, Guren le permitió a Mito que
continuara ese discurso productor de sueño. En eso, Mito se acer-
có:
—…sobre eso.
— ¿Eh?
— ¿Ayer?
Mito frunció el ceño, ligeramente avergonzada.
— A-ayer fue divertido.
¿Qué demonios dice? Hablar de esto parece que la avergüen-
za.
Las palabras casuales de Mito despertaron los recuerdos de
Guren sobre el día anterior. Para Guren, ser perseguidos y casi
asesinados por una vampira era el incidente más inolvidable que
hubiese ocurrido.
— ¿En serio?
— Si, bueno… ¿no lo encontraste divertido?
Ella miró con un poco de soledad. Su expresión facial traicio-
nó el hecho de que esperaba que él lo hubiese encontrado diver-
tido.
— Ah, no fue tan mal. Quizá si fue algo divertido –respondió
Guren.
— ¡T-tienes razón sobre eso!
Inmediatamente se alegró. Su expresión se tornó muy fácil de
leer.
83
— De hecho, al ser compañeros bajo las órdenes de Kure-
to-sama, ese tipo de interacción y relación es muy importante.
Aunque estoy en desacuerdo, supongo que solo tengo que se-
guirle la corriente.
— Si.
— Por eso, me preguntaba si podríamos reunirnos de nuevo
en un futuro cercano. Eso seria…
— Está bien.
— Sobre eso.
— Está bien.
De repente, los ojos de Mito se tornaron agudos y miró a Gu-
ren.
— ¿…solo estás siguiéndome la corriente, no?
Se jodió al llegar a esa conclusión. De hecho, todo es gracias
a esta falta de sueño.
— Que horrible ese tipo de actitud…
— Deja de parlotear, que es irritante.
— ¡Eso no era irritante! ¡Guren, escucha! ¡Esto es por tu pro-
pio benefic…!
— Ay, si, si, lo sé.
— No, no lo…
— Mito.
— ¿Qué?
— Me divertí mucho ayer. Nunca lo había experimentado. El
shogi fue más interesante de lo que esperaba y las patatas estaba
deliciosas… ¿y? ¿Algo más que haya olvidado?
— Si, eh, ¿r-realmente te divertiste?
— Si.
Eso no fue una mentira.
Tomar gaseosa, comer patatas y pasar el tiempo si preocupar-
se del mundo fue divertido, mucho. Pero más allá de eso, Goshi
y Mito eran idiotas. Unos idiotas que clamaron querer ayudar a
Guren solo porque él les salvó sus vidas.
Quizá Shinya no era distinto. Arriesgó su vida para salvar a
Guren.
—……..
84
Compañeros. Escuadrón. Armonía.
Bajo el estado de estar divididos en la Casa Hiiragi y la Casa
Ichinose, Guren no sabía si todas esas aburridas sesiones de amis-
tad tendrían valor. Sin embargo, mientras seguía menos sentido
tenia.
—…si. De hecho, probablemente fue divertido.
Al decirlo, Mito se alegró mucho más. Por lo que con alegría
respondió.
— ¿…si? ¿Sí? ¡La amistad del equipo y la armonía son muy
importantes!
En general, su personalidad era estúpidamente franca. Una
dama que desea pagarme el favor de salvarle la vida…
Con el mismo deleite sacó el shogi de detrás de ella.
— Mira. Compré esto esta mañana en la tienda de convenien-
cia porque nosotros dos no habíamos jugado aun. ¿Quieres jugar
una partida?
Guren quiso rehusarse debido a su cansancio. Pero él no po-
día dormir en la escuela. Por eso, aceptó la petición.
— ¿Dónde jugaremos esto?
En eso, el estudiante sentado frente a Guren se levantó de in-
mediato.
— Jyuu… Jūjō-sama, siéntese aquí, por favor.
— Gracias.
Ella se sentó correctamente y colocó el tablero de shogi en el
escritorio de Guren. Goshi se acercó desde el centro de salón.
— Oh, ¿continuando lo que dejamos inconcluso ayer?
Shinya, quien se suponía que dormía, habló sin levantar su
cabeza.
— ¿…oh, Guren va a mostrarse como en realidad es? Si es así,
entonces voy a ver.
Oyendo eso, Goshi dijo:
— ¿Eh? ¿No jugaron ayer con seriedad?
— Él no. Pues Guren es un tramposo asquer…
Goshi se posó junto a la mesa y dijo:
— Entonces fui subestimado. Entonces tengamos una revan-
cha. Déjame ver cómo eres, Mito, quítate.
— No, hoy me toca –respondió ella.
85
En eso, Shinya levantó su cabeza:
— No, si Guren trata de ir en serio, entonces yo seré su opo-
nente~
Al ver eso, Mito y Goshi se miraron el uno al otro, y se resig-
naron.
Guren miró al aun soñoliento Shinya, y dijo:
— ¿…qué significado tiene esto?
Shinya respondió, sonriendo.
— Guren, Kureto-nii-san podría llamarte durante la hora del
almuerzo. Por eso, siento que deberías verlo complemente des-
pierto.
— ¿Entonces quieres despertarme?
— Bueno, sí.
Guren se rió ante eso.
— No lo lograrás.
— Entonces demuéstralo.
Con respecto a las palabras de Guren, Mito dijo:
— Guren, mide tus palabras…
Pero Guren la interrumpió…
— Bien. Ya que hay algo de tiempo antes de la hora del al-
muerzo, jugaré contra ti.
En eso, Shinya se levantó, ajustó su respiración y sonrió:
— Comencemos. El tiempo límite es cinco segundos por tur-
nos.
— Que sean 3 –dijo Guren.
En las batallas reales, incluso un segundo de confusión o ne-
gligencia podría decidir si una persona muere o no. eso sin men-
cionar los cinco segundos de meditación.
Shinya asintió. La batalla para decidir al último ganador co-
menzaba.
En una hora, Guren tuvo un total de 7 partidas contra Guren.
Guren ganó el juego con 4 victorias y 3 derrotas, pero estuvo
cerca. Con algo de suerte, y las circunstancias, las cosas podrían
cambiar.
Aunque él ganó cada encuentro contra Mito y Goshi, un
compañero llamado Tanaka-kun, quien era experto en shogi, se
acercó. Bajo tal habilidad y poder abrumadores, todos perdieron
fácilmente.
86
Por eso, el asunto sobre quién sería el ganador y quien sería el
perdedor, terminó volviéndose una broma.
Al final, al igual que aquellos entrenados para la batalla, gana-
rían; aquellos entrenados en shogi, saldrían victoriosos.
Si ese fuese el caso, ¿me encuentro entrenando para la actual
batalla en desarrollo?
—……….
El timbre sonó. Eso marcaba el fin de las cuatro horas de cla-
ses.
— Al final, gané –le dijo Guren a Shinya, quien estaba senta-
do a su lado.
— ¿No fue Tanaka-kun quien ganó? –dijo sonriendo.
— Me refería a nuestras partidas.
— La próxima vez te ganaré. Aprenderé las tácticas relevan-
tes, ya verás.
Mito y Goshi le siguieron:
— Quiero aprender también.
— Quiero aprender también.
Dijeron al mismo tiempo.
— ¿Acaso se hicieron adictos al shogi?
Guren dijo eso antes de levantarse, la irritación recorría todo
su rostro.
El trío miró a Guren.
— ¿Ya llegó el llamado de Kureto-sama? –habló Goshi.
— Por favor, no seas irrespetuoso… –respondió Mito.
— Está bien –aceptó Guren sin pensarlo–, haré lo mejor po-
sible para hablar decentemente.
— ¿En serio?
Mito parecía realmente preocupada. Preocupada por alguien
como Guren, quien se suponía que era un extranjero. Goshi no
era distinto. Se preocupaba por su amigo.
Guren asintió y dijo:
— Ah, tendré cuidado, necesitan decir más.
87
Luego de eso, se levantó, retiró la katana de su casillero y la
colgó en su cintura. Con eso, respondió al llamado de la persona
con la posición más alta en la escuela, y caminó hacia el salón de
reuniones del consejo estudiantil.
◆ ◆ ◆
Había una chica de pie en la entrada del salón de reuniones
del consejo estudiantil.
Guren no la había visto mucho en clases, pero ella debería ser
una de sus compañeras.
Al igual que Mito, ella era una jovencita muy hermosa que
pertenecía a una Casa muy famosa.
Usando dos colitas de caballo de color dorado, la chica llama-
da Sanguu Aoi estaba esperando a Guren.
Mirándola, Guren dijo:
— Tu maestro me llamó.
— Espere un momento, por favor.
— ¿Acaso Kureto no está en el salón del consejo?
— Por aquí, por favor –Aoi comenzó a caminar.
Guren la siguió. Aunque vestía el uniforme de la Secunda-
ria Shibuya, su falda era un poco corta. Parecía que no estuvie-
se ocultando armas debajo. Por su la apariencia, ella tenía cierta
cantidad de poder y habilidad en su interior. Al deducir por el
hecho de que no tenía ningún arma, probablemente Aoi luchaba
usando magia.
En cuanto a su habilidad, probablemente ella se encontrara a
la par con Mito y Shigure. Incluso si ataca, es probable que pueda
matarla sin resultar herido –pensó Guren mientras le preguntaba
a Aoi.
— Aparentemente estas en la misma clase que yo, ¿es posible
que los subordinados de Kureto se salten las clases?
Él raramente la veía. Desde que comenzó la escuela, él solo la
había visto tres veces.
— Es porque detesto las actividades inútiles –respondió.
— ¿Ir a clases es considerado inútil? Bueno, estoy completa-
mente de acuerdo contigo.
— No, quiero decir que esta conversación es… -respondió.
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— ¿Inútil?
— Si. Al fin y al cabo no tienes interés en mí, y tampoco voci-
ferarás tus verdaderos pensamientos, ¿me equivoco? Después de
todo, eres un extranjero.
Extranjero. Extranjero. Todos en esta escuela eran iguales.
Entonces, ¿por qué es que Mito y Goshi estúpidamente mantie-
nen conversaciones conmigo?
— Lo mismo va para mí –continuó Aoi–, yo tampoco vocife-
raré mis verdaderas opiniones. Aun con todo esto, ¿por qué es que
estamos hablando?
Aoi soltó una sonrisa fría.
— Quizá como… el clima abrazador de estos últimos días…
o algo así, ¿no?
Guren sonrió.
— De hecho.
— Bueno, ahora, por favor, cállate.
— Seguro.
— Kureto-sama actualmente se encuentra en el sótano del
gimnasio.
Eso despertó los recuerdos de Guren. Recientemente, Guren
fua aprisionado en una de las habitaciones del sótano del gimna-
sio y pasó por un fuerte interrogatorio por parte de Kureto.
— ¿Otra sesión de interrogaciones? ¿Cuánto le gusta interro-
gar a la gente?
— Es porque se trata del método más efectivo.
— ¿Entonces quiere volverme a interrogar?
— No, en este momento está interrogando a alguien.
— ¿A quién?
Aoi se volvió y dijo:
— A la hermanita de Hiiragi Mahiru-sama, Shinoa-sama.
Aoi miró su expresión facial. Guren mantuvo una cara inex-
presiva. Él sabía que cuando Aoi se volviera, diría algo para pro-
vocarlo. Pero él no se vería afectado tan fácilmente. Al menos en
lo que a expresiones se refiere.
— ¿Quién es esa?
En lo que Guren preguntó, el celular de Aoi, el cual estaba
ubicado en el bolsillo de su falda, comenzó a sonar. Ella contestó:
— ¿Hola? Si, habla Aoi Sanguu. ¿En serio? Entendido.
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Aoi finalizó la llamada y levantó la vista.
—…tu expresión ha sido fotografiada. Parece que no mentis-
te. Has pasado la prueba.
— ¿Qué prueba?
— Una para determinar si has interactuado con Hiiragi Shi-
noa.
— ¿Que qué? ¿Por qué una prueba así?
— Lo demás lo explicará Kureto-sama. Ven conmigo hasta la
sala de interrogatorios.
Aoi siguió caminando. Mientras Guren seguía su farsa. Fin-
giendo no conocer a Shinoa, y no haberse encontrado con la per-
dida Mahiru.
Pero al mismo tiempo, Guren sintió la fuerte necesidad de
acelerar sus planes. Las cosas podrían empeorar más rápido de
lo esperado.
Las pistas sobre el paradero de Mahiru fueron descubiertas.
Shinoa había sido interrogada. En otras palabras, Kureto estaba
considerando a Mahiru como la traidora.
Mahiru le había hablado a Shinoa sobre Guren, sus senti-
mientos, sus planes actuales. Sobre la liberación de un poder for-
midable que podía derrumbar a la Casa Hiiragi. Sobre su alianza
con la «Secta Hyakuya» en la traición de la Casa Hiiragi antes de
traicionar a la mismísima Secta.
Todo eso se lo había revelado a Shinoa.
La pequeña podría ser interrogada, asesinada o tomada como
rehén.
Si Shinoa admitiese la vedad, Guren seria asesinado. Ahora,
cuando Kureto le realizó esa prueba a Guren, demostraba que
Shinoa aún no revelaba nada. Pero eso solo sería cuestión de
tiempo.
La pequeña Shinoa podria admitir la verdad dentro de poco.
Necesita ser asesinada antes de que eso suceda. Disfrazar su
muerte como un accidente.
¿Soy capaz de hacerlo?
No, ¿esa es la mejor elección?
—……….
Guren pensó eso mientras avanzaba por el pasillo, en direc-
ción a la sala de interrogación.
Él no podría predecir lo que pasaría después. Había muy poca
información. Como tal, él meditó lo que pudo sobre el caso de
90
¿Ha progresado hasta el escenario donde incluso sacrificar a
su hermana ya no le importa? ¿Sacrificar a la única hermana en
quien puede confiar solo para seguir hacia adelante?
Las metas de Mahiru, de Kureto, las de la «Secta Hyakuya» y
el «Mikado no Oni». Todo esto era, de hecho, un juego de pelota
completamente distinto comparado al shogi. Demasiados enemi-
gos. En el logro de cada una de sus metas, un mínimo error po-
dría matarlo.
— Entonces, ¿qué hago?
A pesar de susurrar tan suave, que solo él pudiese oírse, Aoi
se volvió:
— ¿…que acabas de decir?
— Ah, estaba quejándome del calor.
— Ya veo. Aparentemente, el número de días con este calor
fue mayor, comparado a los que hubo en los años anteriores.
— Bueno, cosas sin sentido después de todo.
Que irritante. Cosas sin sentido después de todo.
Con eso, Guren se dirigió hacia la sala de interrogación en el
sótano del gimnasio.
◆ ◆ ◆
El momento en que la puerta del cuarto de interrogación se
abrió, Guren olió la sangre.
Había una silla ubicada en el centro del pequeño cuarto. Y so-
bre ella estaba una niña obligada, sus manos y pies estaban atados.
La niña parecía tener unos 7 u 8 años de edad. Era una peque-
ña que poseía los ojos fríos y la belleza de Mahiru: Shinoa Hiiragi.
La sangre corría de donde sus uñas habían sido removidas
con fuerza.
Presentaba rasguños en su rostro, parecía que había sido gol-
peada.
Shinoa levantó la mirada y vió a Guren.
Sonriendo, dijo:
— ¿Otra~ persona está para ser interrogada? No hice nada
malo, es hora de que me suelten~
Que voz tan alegre.
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Sin embargo, se podía concluir por lo que decía, que ella no
había revelado nada sobre Guren. Ella no había admitido la ver-
dad. Pero él sintió que su expresión facial había cambiado.
El momento en que vio a Shinoa. Ese momento en que vio a
la hermana de Mahiru ser interrogada, él mostró una expresión
de disgusto.
— ¿…que tipo de expresión es esa, Guren Ichinose?
Una voz resonó desde dentro de la habitación. Levantando
su cabeza, él vio a un hombre de pie en la oscuridad. Esa persona
tenía una mirada masculina racional e inexpresiva: Era Kureto
Hiiragi.
Estaba apoyado contra la pared, tenía sus brazos cruzados y
una katana colgando de su cinturón.
Ya fuese que estuviese allí desde el principio o que solo aca-
base de llegar no importaba –Guren no sintió la presencia de Ku-
reto. Si él le lanzare un ataque sorpresa a Guren, era posible que
resultase muerto. Kureto era muy poderoso.
Carente de cualquier emoción, los ojos calculadores de Kure-
to estaban mirando fijamente a Guren desde la oscuridad.
Guren lo miró a los ojos y dijo:
— Detesto la tortura de niños.
— Yo también.
— ¿Entonces por qué lo haces?
— Para nosotros los Hiiragi, esas cosas no nos importan en lo
más mínimo. Mira, está sonriendo –dijo Kureto.
De hecho, Shinoa sonreía alegremente. Parecía que había sido
entrenada en soportar los interrogatorios. Si ese era el caso, en-
tonces ella estaba probablemente bien. Pero, a pesar de eso…
—…no me gusta tu forma de hacer las cosas.
Al oírlo, Kureto sonrió.
— No necesito tu aprobación.
— Es verdad.
— En otras palabras, Shinoa no abrió su boca, ni siquiera bajo
un interrogatorio. Los Hiiragi fueron entrenados así.
—……..
93
— Por eso, este cuarto de interrogatorio es inútil. Sin impor-
tar cómo la torture, ella no dirá nada. Incluso si es asesinada, ella
no soltará ni una sola palabra.
¿Era cierto eso de que los Hiiragi pasaban por tales entre-
namientos tan fuertes? ¿O solo mentía acerca de que Shinoa no
había admitido la verdad para calmar a Guren?
A lo mejor era la primera opción.
Este era un lugar para locos. Una organización insana regida
por personas despreciables. Shinoa, Mahiru, Kureto y Shinya pa-
saron por esos entrenamientos fuertes para asegurarse de que no
revelarían nada, sin importar cuan dura fuera el interrogatorio.
Kureto seguía mirándolo:
— Incluso si no dices la verdad, también tienes cosas que,
una vez perdidas, no serás capaz de volver a recuperar. ¿Cierto,
Guren?
—…..
— Ella solo tiene ocho años. Ni siquiera ha tenido un primer
amor. Pero perdió algo importante aquí… ¿qué crees?
—….
— Ya que te disguste ver niños siendo interrogados, significa
que quieres protegerla, ¿no?
Guren murmuró:
—...maldito.
Kureto volvió a sonreír.
— No me interesa lo que pienses de mí. ¿Vas a sermonearme
por lo injusto e inmoral en este mundo?
—………
— Bueno, seguiré. La «Secta Hyakuya» convocó una reunión.
Se rumora que la traidora es Mahiru. ¿Es cierto?
De repente, Kureto preguntó de forma muy directa. Continuó
mirando a Guren mientras paciente y calmadamente observaba
alguna respuesta. Pero no la hubo.
Con eso, Kureto entrecerró sus ojos y dijo:
— Silencio, ¿eh? Lo tomaré como tu consentimiento, enton-
ces.
Guren no supo cómo responder a eso. Guren no sabía cuál
era la elección correcta. Eso era porque no tenía ni idea de cuánto
sabia Kureto.
94
Sin embargo, él no podía permanecer en silencio por siempre.
Aunque las palabras erradas lo llevaran a la muerte, el silencio lo
enviaría también a la tumba.
—…no lo sé –respondió Guren.
— ¿Qué parte no sabes?
— No sé si Mahiru es la traidora o no.
— ¿Entonces el traidor eres tú?
— No. La Casa Ichinose no tiene el poder suficiente para con-
vertirse en traidores. Encima de eso, incluso si los traicionamos,
no significaría mucho para la Casa Hiiragi.
— Eso es correcto. Cuando ustedes nos traicionen, todo lo
que tendremos que hacer es matarlos. Bien, voy a creer eso. Pero
seguramente sabes de la tracción de Mahiru.
— No.
— ¿No te amaba? ¿Te lo dijo, no?
— Nunca escuché nada parecido.
— Pero Shinoa y Mahiru discutieron eso contigo.
— Ya deja de mentir.
De hecho, Shinoa había accedido al fuerte interrogatorio.
Ahora, Guren probablemente seria tildado de traidor y asesinado.
Quizá ella le reveló a Kureto su reunión con la «Secta Hyaku-
ya» y Mahiru. El fin y al cabo seria asesinado de todas formas.
Sin embargo, Kureto sonrió:
— Bueno, a ti no se te engaña tan fácilmente.
Parcia que había elegido la opción correcta. Pero eso era tan
peligroso como caminar en una cuerda floja. Kureto parecía ha-
ber recibido solamente información de la traición de Mahiru por
parte de la «Secta Hyakuya».
Pero, ¿qué estaba planeando la «Secta Hyakuya al revelar esta
información?
Claro, el deterioro de la moral de Mahiru comenzó desde el
momento en que traicionó a la «Secta Hyakuya». O quizá, la no-
ticias de la traición también eran una mentira, quizá Mahiru aun
trabajaba con la «Secta Hyakuya». Entonces, ¿las noticias sobre
la traición de Mahiru a la Casa Hiiragi también fueron liberadas
por Mahiru?
Esa era una verdad incomprensible. Nadie sabía que era lo
correcto.
95
Aunque Guren no tenía sospechas, él fue forzado a estar en
una posición donde una pequeña respuesta errónea pudiese pro-
vocarle la muerte.
— Ante todo –habló–, ¿creíste fácilmente lo que la «Secta
Hyakuya» dijo?
— ¿Eh?
— Estoy preguntándote, ¿la Casa Hiiragi creyó fácilmente las
palabras del enemigo, sobre todo cuando están en guerra?
— No –respondió Kureto–, yo solo creo lo que ven mis ojos.
Por eso es que no te he matado a ti o a Shinoa. Es necesario con-
firmar lo que la «Secta Hyakuya» está planeando al revelar esto.
No intento ser apartado por esta guerra de información. Bueno,
el mensajero enviado por la «Secta Hyakuya» fue provocado por
el interrogador y murió.
Mientras Kureto hablaba, él lanzó su mirada por los alrede-
dores. A la habitación contigua. Era esa donde Guren había sido
interrogado, con Kureto esperando a un lado. Un líquido rojo bri-
llante estaba esparcido por la pared que separaba los dos cuartos.
El constante olor a sangre parecía ser del cuerpo en esa habita-
ción.
— ¿…estás feliz de que una niña vea esto? –preguntó Guren,
y Kureto sonrió.
— Los Ichinose son demasiado gentiles. Por eso es que no
pueden ganarnos.
—…en primer lugar no intentamos ganar.
— Jajaja, me gusta esa parte de ti, Guren. Ese lado tuyo auto-
consciente.
Guren caminó hacia adelante, y se puso detrás de Shinoa.
Acariciando su cabeza, él libero sus ataduras.
Shinoa fue liberada. En eso, miró a Kureto.
— ¿…puedo levantarme?
Kureto sacudió su cabeza ante esa pregunta.
— Quédate ahí.
—……….
Guren miró a Shinoa. Miró sus delgadas piernas. Había su-
frido heridas graves: sus uñas fueron removidas, su piel estaba
agrietada. Parecía que no podía levantarse.
— Esas heridas son simple maquillaje –dijo Kureto–. Ni si-
quiera la interrogué. Aunque compartimos padres distintos, nun-
ca interrogaría inútilmente a una hermanita tan hermosa, Guren.
96
— ¿No te dije que te quedaras sentada? –dijo Kureto.
— Seguir la corriente con este acto tan aburrido, me cansé un
poco.
— No, necesitamos continuar. Llamaremos después a Shinya.
No te quites el maquillaje.
—……………
Shinoa parecía un poco confundida y preocupada. Guren es-
peró ganar alguna pista nueva por medio de esos ojos, pero fue
inútil.
— Entonces, ¿esto desde un principio fue una prueba? –dijo
Guren.
— No –dijo Kureto sacudiendo la cabeza–, solo es para reunir
información. En el rostro de los enemigos fuertes, la verdad es
incierta.
— Entonces, ¿la conclusión?
— Confiaré en ti. De hecho, eres un subordinado importan-
te para mí –respondió Kureto. Pero Guren no sabía por qué. No
sabía que parte de la conversación tomó Kureto para llegar a esa
conclusión. En eso…
— ¿No entiendes? –preguntó Kureto. Sus ojos fríos parecían
leer los pensamientos de Guren.
Guren mantuvo una cara inexpresiva. Solo con eso, su dedo se
dobló un poco. Preparándose para cualquier circunstancia impre-
vista. Para permitirle a su mano llegar rápidamente a su katana.
Pero Kureto no se movió. Solo dijo fríamente.
—…ya estoy informado de tu reunión con Shinoa. Por eso la
mataré primero.
— ¿…qué?
Shinoa reaccionó al instante. Kureto se estiró y agarró el cue-
llo de la chica.
Al instante, Guren desenfundó su espada y cargó hacia Ku-
reto.
Kureto respondió calmadamente con el desenfunde a medias
de su katana y bloqueó el ataque de Guren.
—…no te muevas o la columna de Shinoa quedará fracturada.
—….
Guren bloqueó el ataque de Kureto con su espada y detuvo sus
movimientos. Kureto sonrió:
— Jajaja, esa casa. Por eso es que confió en ti. Tú, siendo in-
capaz de abandonar a Shinoa, quien es tan humano. Por cierto,
también pasé condena a Hiiragi Shinoa.
97
Y le dije a la «Secta Hyakuya», de una forma que solo aquellos
que espíen la Casa Hiiragi puedan entender, su castigo. Ah, pero
mantuve alejada esa información de ti y de Shinya. Bueno, siga-
mos, ¿cómo crees que progresen las cosas a partir de aquí?
Guren lo miró. El motivo de Kureto para anunciar era muy
fácil de entender. Era una trampa para hacer salir a Mahiru Hii-
ragi. Pero…
— ¿Estas siendo ignorado por Mahiru?
Al oir eso, Kureto volvió a sonreír. Soltando a Shinoa, metió
sus manos en sus bolsillos. Sacó su celular, mostró una pantalla
con un mensaje recién recibido.
El remitente era desconocido.
El tema: «Mahiru Hiiragi».
El cuerpo del mensaje decía: Haz lo que te dé la gana.
Guren miró la pantalla. Miró el mensaje de Mahiru. Ella,
quien fue capaz de abandonar tranquilamente a su hermana.
No, fuera cual fuese la verdad, Guren no la sabia. Había de-
masiadas mentiras flotando en el mundo. No era posible discer-
nir lo que era cierto.
Pero quizá, eso realmente era de Mahiru. Podía hacer eso. Te-
nía lo suficiente para hacerlo.
Al menos, cuando Guren la vio en Ueno, ella parecía estar
careciendo de todo sentido común y la moralidad por el demonio
poseyéndola. Por todo eso, ella realmente hacer algo así.
Shinoa miró el teléfono. Parecía encontrarse en un dilema.
Las lágrimas llenaron sus ojos, mientras que, por primera vez,
dejó escapar una expresión acorde a una niña de ocho años de
edad.
Abandonada por su hermana. Esa hermana en la que confia-
ba plenamente.
Pero rápidamente recuperó la compostura. La expresión del
dilema desapareció, pero en frente de Kureto, fue demasiado tar-
de.
Kureto retiró su espada, retrocedió, y como vio que ya no era
necesario luchar, la enfundó.
Mientras continuaba, él mantenía una expresión que parecía
mostrar le hecho de que estaba cansado de todo esto y que trataba
todo lo sucedido como una broma.
— Que irritante. Sorprendente de hecho, ¿no crees? Nunca le
revelé mi dirección. ¿Cuándo se filtró?
98
— Y qué control. ¡Que inteligente! Molestarme con solo un
mensaje de texto. ¿Puedo matar a Shinoa? ¿A Guren? ¿A Shinya?
¿Quién es el enemigo, y quien es el aliado? ¿Hasta dónde orques-
tará toda la escena? ¿No estamos andando en sus planes? Co-
mencé muy tarde. La escuela fue atacada por la «Secta Hyakuya»,
produciéndose muchos sacrificios. Todo progresó de acuerdo a
sus planes.
—…………..
— Que irritante, ella da tanto miedo como antes. Es total-
mente distinta a ti. Tú, que desenfundaste tu espada de inmediato
cuando la hermana de tu amada estuvo a punto de morir. Pero
por eso es que confió en ti. Tu que eres humano y nunca traicio-
naras a tus camarada. No eres el centro de la historia, pues eres
una estúpida basura siendo usado por esa mujer.
—………..
— Por cierto, Guren, ¿ya te has encontrado con Mahiru, cier-
to?
Guren no dijo nada. Pero Kureto pareció no haberlo notado.
— Después de todo no es necesario responder, no creería
nada de lo que dijeras. Pero déjame advertirte, no le creas. Ella es
una preciosa… monstruosidad, Guren.
Monstruo. De hecho, quizá es cierto.
Pero, él no podría comprender por qué ella terminó convir-
tiéndose en algo así. Durante sus días infantiles, ella solo era una
preciosa niña. Aunque parecía majestuosa, era, de hecho, una
niña que le temía a la soledad.
Ese día. Ese día soleado y brillante, tras ser secuestrada, ¿qué
le pasó exactamente a su cuerpo?
— Sin embargo –siguió Kureto–, si pudieses controlar ese
monstruo… ayudarme a decirle algo. Esa mujer te es muy fiel.
Quizá te llegue a escuchar.
— ¿…que quieres que le diga? –respondió Guren?
— Vuelve a la Casa Hiiragi –dijo Kureto–. No me importa un
matrimonio entre tú y Guren.
— ¿Qué? ¿Por qué quieres que me case con Mahiru?
— ¿No son amantes?
— Eso fue algo de niños.
— A ella le gustas.
— ¿Y que tiene eso que ver conm…?
— Lo que sea está bien –lo interrumpió Kureto–. Pero si in-
tentas, aunque sea un poco, salvarla, cásate con ella, Guren.
99
Puedo permitirlo.
—………
— Al fin y al cabo nunca me interesó nuestros pasados. No
veo ningún problema en el matrimonio entre un Hiiragi y un
Ichinose. Que aburrido, he tenido demasiadas batallas ineficien-
tes. Si todos se vuelven mis subordinados, los aceptaré a todos.
Por eso Guren, si la encuentras, mantenla cerca, no la dejes ir
otra vez.
—………
— O mátala. Si no, ella traerá mala suerte a los que la rodean.
¿Quieres conocer la cantidad de muertes del ataque hecho por la
«Secta Hyakuya»?
— No me interesa –dijo Guren sacudiendo su cabeza.
— ¿Un compañero desinteresado salvará a sus camaradas?
Goshi y Mito te colman con cumplidos. Dicen que eres de con-
fianza, eres amable y que eres una buena persona.
Bajo tales circunstancias, él no podía estar seguro si ellos lo
elogiaban y se burlaban de él.
— Por eso, hoy, te perdono la vida. Pues eres distinto a Ma-
hiru. Tienes un buen autocontrol. Para alguien que valora a sus
camaradas, no eres una amenaza. Eres alguien servicial. Además,
solo puedes liberar tus verdaderos poderes cuando eres usado
por otros.
Guren miró a Kureto. Todo lo que decía era cierto. Su yo ac-
tual nunca sería capaz de destruir a la Casa Hiiragi.
— ¿…sabias que hablas demasiado? –dijo Guren–. Decir pú-
blicamente tus opiniones, ¿qué te pone tan nervioso?
— Hay dos persona conectadas actualmente con Mahiru –
dijo Kureto sonriendo–, esas palabras serán escuchadas por Ma-
hiru, ¿no?
En otras palabras, Kureto le hablaba a Mahiru. Kureto volvió
su mirada hacia Shinoa, quien escuchaba cuidadosamente; ella
parecía estar en un trance.
Guren enfundó su espada.
— Responde el mensaje. Ni siquiera sé cómo comunicarme
con ella.
— Jajaja, pero ella no me escuchará, ¿cierto?
— ¿Entonces crees que a mí sí me escuchará?
— En comparación conmigo, hay una gran posibilidad de
persuadirla, ¿no?
Kureto tecleó un poco en su celular.
100
Luego, el celular de Guren sonó.
Guren sacó su celular y vio el mensaje de Kureto. Lo que ha-
bia escrito allí era una dirección IP nunca antes vista.
A lo mejor era la dirección IP de Mahiru.
— Reúnete con ella, y persuádela, es una orden.
— ¿Qué si no quiero hacerlo?
— Repito, es una orden.
Guren miró su celular otra vez, y preguntó.
— Kureto, necesito preguntarte algo.
— ¿Qué?
— Entre tú y Mahiru, ¿quién es más fuerte?
— Mahiru –respondió directamente.
—……….
—…………
— Ella es una chica genio. Un prodigio que no comprende el
dolor de los demás no debería liderar una organización.
Guren le sonrió a Kureto.
— En otras palabras, ¿puedes entender el dolor de otros?
— Comparado a ella, sí. Por eso es que puedo comprender
tus sentimientos, Guren. Puedo comprender el sentimiento de
ser engañado por otros. Que agotador.
— Que estupidez.
Guren suspiró y miró su celular.
Incluso hasta ahora, él no sabía si esa dirección IP y el conte-
nido del mensaje que Kureto recibió de Mahiru eran reales. Había
una gran posibilidad de que todas esas cosas fueran mentiras pla-
neadas para provocar a Guren y Shinoa.
Pero, si a pesar de todo eso, cada cosa era cierta… entonces
podría concluirse que, ciertamente, Mahiru era un monstruo.
—…bueno, puedes comenzar de una vez –habló Kureto–.
Responde el mensaje.
—…lo dejaré todo claro de una vez. Incluso si esperas que
Mahiru y yo…
— Si, si, solo envía el mensaje –le ordenó.
Guren comenzó a escribir. El contenido del mensaje era: Soy
Guren. Respóndeme.
Eso fue todo, luego presionó el botón ‘enviar’.
101
No hubo respuesta.
Guren miró a Kureto y dijo:
— ¿Satisfecho?
Asintiendo en silencio, dijo:
— Una vez que haya contacto, infórmamelo de inmediato. Y
dile a Mahiru que no se equivoque con el enemigo. La Casa Hii-
ragi no es su enemiga.
— Si ustedes no lo son, entonces ella no los traicionará más,
¿cierto?
— Esa es tu tarea, Guren, hacérselo saber. Bajo mi orden, de-
tén a esa mujer. A esa enamorada que se ha deshecho y está cer-
niéndose en el borde de la confusión –respondió Kureto.
Guren miró su celular nuevamente, y lo guardó en su bolsillo.
— ¿…eso es todo?
Si –asintió Kureto–. Ya puedes irte.
Shinoa miró a Guren, pero su mirada fue breve. Aunque no
estaba seguro de lo que pensaba, era demasiado peligroso mirarla
fijamente. Kureto lo notaria sin importar cuan breve y sutil fuese.
Guren estuvo a punto de dejar la habitación, pero en eso, un
celular sonó. Era el móvil de Guren. Las miradas de todos se cen-
traron en ese teléfono.
Guren sacó el celular, y vio que el número era desconocido.
— ¿Es Mahiru? –preguntó Kureto.
Guren se encogió de hombros:
— Puede ser una llamada indeseada de algún promotor.
— Contéstala.
—…….
No tuvo más opción que hacerlo. Una voz surgió desde el otro
lado de la línea.
— ¿Quién es? –respondió una voz femenina.
— Eso mismo iba a decir yo.
Con eso, las identidades de ambos fueron expuestas. Cierta-
mente era Mahiru.
La chica sonaba alegre:
— ¿Oh, estás vivo?
102
— No me mates sin permiso. Además, ¿cómo obtuviste mi
número?
— Es porque me gustas.
— Déjate de eso.
— Jajaja.
Ella rió alegremente. Era como si se deleitara al hablar con
Guren.
— ¿Shinoa está viva?
— La tengo a un lado.
— ¿Su cadáver?
— No.
— Pásale el teléfono.
— No puedo.
— ¿Es porque Kureto está cerca? ¿O porque te están espian-
do? Gracias por preocuparte por mi hermana. Eres tan gentil
como siempre, Guren. Pero está bien, déjala que hable conmi-
go.
—…….
Guren removió el celular de su oído y levantó la vista.
— Ella quiere hablar con Shinoa.
Kureto dudó y dijo:
— Ponlo en altavoz.
Guren presionó dicho botón, y una voz clara resonó desde el
teléfono.
— ¿Shinoa, todo está bien?
Shinoa miró el teléfono con los ojos entrecerrados y sonrió.
— Cuando dices que «si todo está bien», ¿a qué te refieres?
— Mmm~, tus emociones son misteriosas. Por eso, real-
mente, ¿cómo está todo?
Por eso, Shinoa, quien estaba ligeramente molesta, reclamó y
dijo:
— Bueno, fue exactamente como lo predijiste. Aunque todo
estaba bien… experimenté un peligro al que una pequeña de ocho
años de edad es incapaz de defenderse.
— ¿Si~ Kureto está cerca, lolicon(2)?
(2)Tal cual está en la novela original. Ustedes vean como lo toman. xD
103
— Que irritante… suenas como si no te preocupara en lo ab-
soluto. Leí el mensaje. Decía: Haz lo que te dé la gana.
— Jajajaja, si, lo escribí. ¿Estás herida?
— No –dijo sacudiendo su cabeza–. Sé que no hay otra forma.
No me interrogaron.
— Ciertamente. Kureto no usará métodos ineficientes que
no darán resultados. Por eso es que es débil. Bueno, me alegra
que todo esté bien. ¿Estoy en altavoz?
— Si.
— ¿Quién escucha?
— Guren, Kureto-nii-san, y una tipa de cabello rubio que no
reconozco.
— Es Aoi Sanguu. ¿Papá no está allí?
— Padre no sabe que estás desaparecida –dijo Kureto.
— Oh, Kureto-onii-san.
—…..
— Tiempo sin saber de ti.
— Déjate de estupideces –la interrumpió Kureto–. Te perdiste
luego de traicionar a la Casa Hiiragi. Muchos de tus camaradas
han muerto. ¿Por qué fue todo eso? ¿Por qué desaparecer?
Mahiru parecía contenta al responder.
— Jajaja, no pienso hablarle a un mentiroso.
— ¿De qué demonios hablas? No mentí…
— ¿Padre no sabe que estoy desaparecida? Padre, ¿quién
cree fielmente en mí?
— Es la verdad.
— La, lalala, lalala... ¿qué viene luego? ¿Padre está enoja-
do? Con respecto a la traición de la próxima Cabeza de la Casa
Hiiragi.
— Ya dije que padre no lo sabe.
104
— Mentiroso. Por favor, dile. Que no intenté traicionar-
los. Caí en la trampa de Kureto-nii-san debido a sus celos. Fui
apartada.
—……….
Kureto parecía más serio ahora. Pero Mahiru no se detuvo.
— Dile, Kureto-nii-san se alió con la «Secta Hyakuya» y
planeó traicionar a la Casa Hiiragi. Dile, no planeé traicionar
a la Casa Hiiragi.
Pero Kureto respondió:
— Que palabras tan estúpidas, nadie las creerá, Mahiru.
— ¿En serio? Pero creo que la confianza que tiene padre
en mi es superior a la que tiene en ti. Lógicamente hablando,
esos que son débil serán celoso de los que son más fuertes. Esto
es fácil de comprender, ¿no? entonces, entre tú y yo, ¿quién es
más fuerte, Kureto-nii-san? La realidad es dura. No estaré ce-
losa de ti. En otras palabras, ¿eso será…?
— Cállate, Mahiru.
— Oh, y… Kureto-nii-san, cometiste un gran error. Cuan-
do hablamos de este tema, debiste haber cortado la llamada
de inmediato. Al no terminarla… ¿quieres seguirme? Cierta-
mente, comprar algo de tiempo para así ubicarme. Después de
todo, no intenté ocultarme.
Kureto rió fríamente.
— No. Ya te he encontrado, Mahiru. Las operaciones espe-
ciales…
— Todos están muertos –interrumpió Mahiru.
—………
— Ay, lo siento, Kureto-onii-san, debes estar destrozado
por la muerte de tus camaradas. Pero ¿esos al menos lo eran?
Habiéndote aliado con la «Secta Hyakuya», ¿puede conside-
rarse a tus subordinados, siquiera camaradas del «Mikado no
Oni»?
En eso, la puerta se abrió. Un chico llevando el uniforme de la
Secundaria Shibuya gritó:
— ¡Kureto-san! ¡La conversación entre usted y Mahiru-san
actualmente se encuentra siendo transmitida por todo el campo
escolar!
Kureto lo miró fríamente.
Guren se volvió y vio los talismanes fijados en la esquina de la
puerta. Talismanes para prevenir que el sonido entrara. Con ese
talismán, sería difícil que las ondas sonoras viajaran por el aire.
105
Anteriormente, esta habitación había sido intervenida para
asegurarse que sus habitantes no escucharan lo que sucedía en el
exterior.
Era una trampa de Mahiru.
No se sabía cuándo los talismanes habían sido fijados. Quizá
ya habían sido puesto mucho antes de que Mahiru desapareciera.
Todos estaban a merced de Mahiru. Ya no era sobre traicionar
a más nadie.
Estaba siendo forzadamente manipulado en la palma de un
monstruo.
— Que cosa más terrible –continuó Mahiru–. ¿Exactamente
cuántos espías de la «Secta Hyakuya» están dentro del «Mika-
do no Oni»?
—…termina la llamada, Guren. Perdí esta vez.
Mahiru admitió la derrota. Pero Mahiru no se detuvo.
— Después de eso, la tragedia se volverá a repetir. La tra-
gedia donde muchos estudiantes morirán. Hiiragi Kureto, si
tú, un traidor, continua como presidente estudiantil de esta
escuela…
Kureto le arrebató el celular a Guren y le apagó el altavoz an-
tes de colocarlo cerca de su oreja. Pero fue inútil, pues todo ya
había sido transmitido por toda la escuela.
— Estás acabada, Mahiru –dijo Kureto–. Lo que estás hacien-
do dará como resultados muertes inocentes.
De hecho. Mahiru lo planeó todo. Si las luchas infernales se
desataban, mas gente del «Mikado no Oni» moriría.
— ¿De qué hablas, traidor? –respondió Mahiru.
— Te prohíbo hacer esto. No me quedaré a un lado viendo
como matas a seguidores inocentes del «Mikado no Oni» como
si no tuvieses nada mejor que hacer. Protegeré a mis camaradas.
— Jajaja, ¿de qué estás hablando? ¿El que hace esto no eres
tú, Kureto-nii-san? Planeaste violarme. Cuando los planes no
siguieron tu rumbo, la ira y el odio te hicieron perder el con-
trol…
En eso, Kureto dejó salir un profundo suspiro. Con una voz lo
suficientemente alta para silenciar la de Mahiru, gritó.
— ¡Prepara el encuentro! ¡El tema será una sentencia para la
traidora Mahiru!
Con eso, Kureto terminó la llamada.
Hubo un silencio inmediato.
106
— ¿…sabias todo eso? –preguntó mirando a Guren.
— ¿Te refieres a…? –respondió Guren.
— De lo que acaba de pasar.
— ¿Y crees que lo sabré?
Guren dijo con un todo autocritico.
— No lo creo. Los primeros sospechosos, tú y Shinoa pro-
bablemente no tuvieron la posibilidad de pasarle información.
Todo esto lo debió haber hecho ella. Ella sola se las ingenió para
enfrentar al «Mikado no Oni» contra la «Secta Hyakuya». Algo
muy anormal. Un poco de duda con miedo.
Guren se sentía de la misma manera.
¿Desde cuándo y a lo largo de cual línea de lógica Mahiru
logró tal cosa?
Sin importar qué, las dos organizaciones a las que declaró
como enemigos eran las dos organizaciones hechiceras más gran-
des del país.
Ella mantuvo todo controlado alimentando la guerra entre
ambos bandos y haciendo que ambas comenzaran a colapsar por
conflictos internos.
Todo por si sola.
— Las noticias de que atacaste a Mahiru… –preguntó Guren.
— ¿Le creíste? –le interrumpió Kureto con una voz llena de
irritación.
— Allá afuera es donde debe haber quienes le creyeron.
—…ah, cierto. Debería.
Kureto susurró. Él no parecía confundido o perdido. Así, él
parecía estar pensando en algo y quedó en silencio por un mo-
mento.
—…la Casa Hiiragi no colapsará todavía.
—…….
— Pero la «Secta Hyakuya» debe haber escuchado lo que se
dijo. Ellos debieron haber descubierto la debilidad y el conflicto
interno en la Casa Hiiragi. Luego de eso, hasta los seguidores más
devotos comenzarán a dudar. La «Secta Hyakuya» se aprovechará
de esto. Habrá muertes involucradas. Muchos de los compañeros
morirán.
Él dijo camaradas. Kureto usó esa palabra. ¿Acaso eran sus
verdaderos pensamientos, o solo un montaje?
Mirando a Guren, Kureto habló:
107
— Eh, Guren.
— ¿Qué?
— ¿Por qué razón vives? ¿No tienes deseos egoístas?
—……….
— ¿Destruir a la Casa Hiiragi? ¿Acabar con el «Mikado no
Oni», el cual ha estado abusando de ustedes durante mucho tiem-
po, y llegar a la cima? Pero, para logar eso, ¿cuántos sacrificios
puedes tolerar?
—………
— Salvaste a Goshi y Mito. No puedes ignorar la muerte de
Shinoa. Para alguien así, ¿puedes siquiera compartir el mismo
sueño que Mahiru? –preguntó Kureto. Pero Guren fue incapaz
de responder a eso.
¿Se volvería como Mahiru?
¿Se convertiría en un monstruo?
Shinya lo dijo una vez: Si eliges lo mismo que Mahiru, enton-
ces no habrá necesidad de que la salvemos.
Pero su deseo egoísta no era salvar a Mahiru.
Entonces, ¿qué debería hacer? ¿Qué esperaba?
— ¿Quieres decir algo? –preguntó Guren. Kureto le respon-
dió:
— Te creo. Pues eres humano, no un monstruo. Por eso, Gu-
ren, vuélvete mi aliado.
—……….
— De esta forma, muchas vidas se salvarán. Trabajaremos
juntos para resolver este problema con las menores perdidas po-
sibles –dijo eso extendiendo su mano.
108
109
Quizá Kureto necesitaba camaradas. Camaradas de confian-
za. Esos que no hubiesen sido influenciados por la «Secta Hyaku-
ya». Esos que no estuviesen aliados con Mahiru. Camaradas que
no soportaran las muertes a su alrededor, y que son fácilmente
explotables.
En otras palabras, la desintegración comenzaba.
Hiiragi Kureto había sido forzado a llegar a un punto muerto.
Forzado a confiar en la basura Ichinose.
—……..
Mirando la palma extendida de Kureto, y los ojos como en
trance de Shinoa, Guren habló sin tomar esa mano.
—…incluso si me niego, ¿es inútil, no?
— Exacto –sonrió Kureto–. Bien. Mata a Mahiru.
Pero eso no llevaría nada a una conclusión. Kureto debería
haberlo sabido. El fuego de las guerras internas ya había sido en-
cendido.
Y ese era de una guerra contra la «Secta Hyakuya».
Actualmente estaban en el día 21 de agosto. Solo quedaban
cuatro meses para navidad, fecha en la cual llegaría la destrucción
del mundo.
— Ya sabes, esto es demasiado frenético, Mahiru.
Guren murmuró tan suave para que nadie pudiese oír.
◆ ◆ ◆
Tanto Guren como Shinoa fueron liberados.
Caminaron desde el cuarto de interrogación hasta el gimna-
sio. En la entrada, Shinya, quien estaba apoyado contra la pared
del gimnasio, estaba esperando.
Shinya los miró y quiso decir algo, pero se detuvo cuando vio
la silueta de la ensangrentada Shinoa.
—…cielos, parece que te interrogaron.
Shinoa sacudió sus manos aparentemente ensangrentadas y
sonrió.
— No, esto es maquillaje. Parezco un cadáver, ¿no?
GAOWW…
Shinoa infantilmente sacudió sus manos. Shinya se encogió
de hombros y sonrió.
— Un cadáver no diría «Gaoww», ¿bien?
— ¿Oh, en serio?
110
111
— Seria algo como GROWLL…
— No le veo diferencia.
— Jajajaja. Eso no fue tan malo. ¿Era para engañarnos a mí y
a Guren?
— Si –asintió Shinoa–. ¿Te engañó?
— Si. ¡Caí por completo! ¡Creí que eras un cadáver de verdad!
— ¡GAOWWW…!
— Te dije que era Growlll…
Ignorando la estúpida conversación, Guren salió del gimna-
sio.
— Oye, ¿nos ignoras?
Shinya lo alcanzó.
— ¿Cómo está la situación allá afuera? –preguntó Guren.
La conversación entre Mahiru y Kureto había sido transmiti-
da por toda la escuela.
— Fue muy poderoso –respondió Shinya–. Sin embargo,
dentro de la escuela está todo silencioso. Parece que todos están
meditando cuál es la verdad y cómo rechazar la existencia de este
incidente y hacer que el asunto sea olvidado.
— ¿Y Mito y Goshi?
— ¿Eh? Qué raro. ¿Preocuparte por amigos de shogi con los
que te llevas bien?
Shinya respondió alegremente. Pero Guren, en cambio, lo
miró con irritación.
Shinya sonrió y caminó a su lado.
— Kureto dijo que te llamaría también –dijo Guren–. ¿Te lla-
mó?
Shinya sacudió su cabeza:
— No, pero eso no significa que no me llamará. Después de
todo, ya sé que Shinoa-chan se disfrazó de cadáver… ahora no es
el momento de hablar de esto.
Caminado hacia adelante, las siluetas de los estudiantes de la
escuela llegaron a verse. Nadie sonreía. Parecían estar atrapados
en algún tipo de discusión.
El tema debía ser eso que escucharon desde aquí.
Un estudiante normal probablemente no estaría al tanto del
conflicto entre la «Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni». Pero,
una guerra total estallaría pronto. No, la guerra ya tenía mucho
tiempo de haber comenzado. Solo que ahora todos lo sabían.
Aunado con la guerra interna desarrollándose en la Casa
Hiiragi.
112
Guren ni siquiera había hecho algo y ya la Casa Hiiragi co-
menzaba a desmoronarse. El mundo estaba pasando por una re-
volución.
— ¿Desde qué momento fue transmitida la conversación?
¿También se incluyó lo que hablé con Mahiru?
En lo que Guren preguntó, Shinya lo miró.
— Ah, tu también hablaste, ¿eh?
Parecía que solo la parte sobre Kureto fue transmitida.
— ¿Qué te dijo?
— Me preguntó que si estaba vivo –respondió Guren.
— Jajajaja, así es ella. Debieron haber sido palabras honestas.
Al oírlo, Shinoa interrumpió.
— En ese momento, todo lo que mi hermana dijo fueron
mentiras. No creo que hayan sido honestas.
Guren miró a Shinoa. La pequeña continuó:
— Además, su voz estaba más alegre de lo usual. Probable-
mente porque estaba muy contenta de hablar con Guren, parece
que le gustas mucho.
Shinya sonrió:
— Es-espera. Si es así, entonces como su prometido, ¿qué de-
bería hacer yo?
— Quien sabe. Cuando se enfrenta a relaciones románticas
entre adultos, una niña como yo no sabría nada.
Shinoa entrecerró sus ojos y se encogió de hombros.
Guren observó sus acciones, inseguro del por qué ella diría
algo como eso. Antes, cuando Shinoa fue interrogada sobre el
lado al que pertenecía, su respuesta fue el lado más interesante.
Ella no estaba interesada en la Casa Hiiragi y no se uniría
a la «Secta Hyakuya». Aunque quería a su hermana porque era
amable…
— Shinoa.
— Aquí estoy.
— Fuiste abandonada por Mahiru. Tu muerte no le impor-
tará.
— Sí, es cierto –asintió.
— A pesar de eso, ¿aún eres su camarada?
113
Al preguntarle eso, Shinoa enrolló sus ojos y miró al techo,
confundida.
— Sin embargo, creo que la persona que estaría en contra de
mi muerte seria mi hermana. El resto de la gente no se preocupa-
ría si muriese un día de estos en un lugar extraño.
Guren miró mientras Shinoa hablaba calmadamente:
— Me preocuparía un poco.
— ¿Eh? Eres extraño.
Shinya, quien estaba caminado a su lado, añadió.
— A mi también, si te mueres, lloraría. Estaría muy preocu-
pado si te vuelves un cadáver.
— ¿GAOWW?
— GROWLL…
Shinoa entrecerró sus ojos y sonrió. Había algunas áreas de
su rostro que la hacían parecerse a Mahiru. Inclinó su cabeza y
encontró su mirada con la de Guren y Shinya.
— Si, si… me sorprende que dos personas a las que poco veo
se preocupen y depriman por mi muerte. Esto debe significar que
aman profundamente a mi hermana. Estoy siendo cuidada como
reemplazo de mi hermana.
Ella parecía tener muy baja autoestima. Pero era de entender,
pues su hermana era completamente extraordinaria.
— Que pena –dijo Shinoa–, creo, que mi hermana no vea a
nadie como su igual, ni siquiera a mí, a Guren-san, o a Shinya-
onii-san. Hoy quedó claro, que oficialmente estoy abandonada.
Ella probablemente no me contactará más. Mi hermana ha cum-
plido lo que trató de hacer a esta escuela.
Era cierto. La llama que fue encendida aquí podría darle una
paliza a todo el «Mikado no Oni».
De acuerdo a las circunstancias, la guerra entre la «Secta
Hyakuya» y el «Mikado no Oni» ocurriría rápidamente.
Al mismo tiempo, la vigilancia en Guren y Shinya probable-
mente sería más relajada. Las acciones que realizó Mahiru hoy
harían que las cosas progresaran de esa forma. Tanto Shinya
como Guren tenían secretos ocultos de la Casa Hiiragi. Pero esos
secretos ya no importaban; las acciones de Mahiru resultaron ser
ramificaciones tan extensas que esos secretos serian ignorados.
Pero lo más importante, si la guerra entre la «Secta Hyakuya»
y el «Mikado no Oni» se revelaba a los estudiantes, las cosas em-
peorarían al instante.
114
Ambas organizaciones le ocultaban secretos a sus seguidores.
Eventualmente seria incapaces de continuar con su farsa y todos
sus planes serian revelados.
Por eso, si el caso de Mahiru traicionando a la «Secta Hyaku-
ya» resultaba ser cierto, dicha organización también entraría en
pánico. O ¿podría ser que todo eso era el fruto de la cooperación
entre Mahiru y la «Secta Hyakuya»?
—………….
Pero dentro de todo esto, ya no hay lugar donde yo pueda
interferir. La protagonista es Mahiru, la Casa Hiiragi, y la «Secta
Hyakuya». No queda lugar para la Casa Ichinose. A ellos ni les
importa. Es tal cual lo dijeron Kureto y Shinoa.
Ya su presencia no era una amenaza. ¿Cuál era la verdadera
razón para abismo de diferencia.
En eso, recordó lo que dijo Mahiru.
— Pero, tu YO actual no puede cumplir esto, ¿verdad? Qué
triste, soy la más fuerte. Después de todo, soy la liebre. La lie-
bre que valientemente se abalanza hacia la destrucción. Por
eso es que estoy esperando por tortuga-ojii-san. Antes de mi
destrucción, trata de salvarme, Guren.
Ella había aceptado la destrucción. Aceptó su pérdida de mo-
ral y todo lo demás. Pero sacrificarlo todo vale la pena proteger.
¿Es el movimiento correcto o no?
—…………
Por alguna razón, el brazo derecho de Guren se sentía un
poco mal. Una ola de dolor agudo lo atravesó. El brazo que fue
amputado pero unido nuevamente con el poder del «Demonio»
le comenzaba a doler. Guren lo tocó con la mano izquierda.
— ¿…entonces que hacemos, Guren? –habló Shinya.
Sin importar qué, ya no había nada que pudiesen hacer.
Lo único era quedarse a un lado y observar cómo los planes
de Mahiru progresaban rápidamente.
La guerra comenzaría pronto. Una guerra a gran escala pron-
to iniciaría.
Para entonces, ¿dónde se encontraría la Casa Ichinose? ¿Qué
lugar le permitiría a la Casa Ichinose superar el peligro y aprove-
char un poco la ventaja de ese asunto?
No, el punto principal es, ¿tengo tal comprensión?
Para acabar con la Casa Hiiragi sin cederle el paso a la «Secta
Hyakuya».
115
Para acabar con la Casa Hiiragi solo para dejar que la «Secta
Hyakuya» nos proteja no se diferenciará de la situación actual.
Entonces ¿qué debería hacer? ¿Cuál es la mejor salida?
Ya no queda tiempo. No. ya no queda tiempo para agonizar en
esto. Piensa. Piensa con detalle. ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo
que quiero realmente? Si no hago nada, tal como ahora, ¿la guerra
terminará, no? Una conclusión posible es la victoria. Pero la des-
trucción también es la otra posibilidad.
De cualquier manera, habrá una innumerable cantidad de
víctimas. Fue debido a los deseos egoístas de cierta persona lo que
produjo tantas muertes inocentes. A pesar de eso, si yo fuese a ac-
tuar de acuerdo a mis propios deseos, seguramente caminara en
una guerra de odio. Un camino forzosamente lleno de incontables
cadáveres.
Cuando las cosas finalmente se calmen, todo lo que quedará
será una montaña de puros cadáveres. Entonces ¿por qué existirá la
necesidad de jugar a la liebre y la tortuga? No importa si las cosas
proceden rápida o lentamente. El final ya está decidido.
Si ese fuese el caso, ya no tendría tiempo de elegir mis planes.
Guren dejó de avanzar.
— ¿Por qué? –preguntó Shinya. Pero Guren lo ignoró.
Olas de dolor se disparaban por su brazo. La herida que sufrió
de la invasión del demonio comenzaba a dolerle de nuevo. No ha-
bía cicatrices. La piel lacerada alrededor del punto de amputación
estaba completamente sana. Entonces ¿por qué dicha área donde
su brazo fue unido estaba ardiendo de dolor?
— ¿Guren?
— ¿…si?
— ¿Todo está bien?
Guren sacudió su cabeza:
— Todo está bien.
— ¿En serio?
— Si.
Entonces, la campana que indicaba el fin de la hora del al-
muerzo sonó. Shinya y Guren miraron a la fuente del sonido.
— Ah, la quinta lección va a comenzar –dijo Shinya.
En eso, Shinoa extendió su delgada palma hacia Guren.
Guren le miró la mano extendida y preguntó:
116
— ¿Qué?
— Necesito dinero.
— ¿Eh?
— Me voy. Los adultos con rostros llenos de complejidad van
a comenzar una guerra aburrida, ¿no? Sin embargo, eso no me
interesa.
—…………..
— Pero a pesar de eso, fui atacada cuando estaba en casa y
secuestrada aquí. No solo dejé mi carterita, ni siquiera me puse
zapatos. Por eso quiero tomar un taxi e irme a mi casita.
— Oh. ¿Entonces por qué me pides dinero?
— Es natural, por preocuparte por la preciosa hermanita de
tu pareja de infancia.
— No me interesa.
— Eh…
Shinoa rió.
Shinya, quien permanecía a un lado, se echó a reír también
antes de sacar un billete de 10.000 yenes de su cartera.
— Te ayudaré a llamar el taxi. Por eso, ayúdame a entregarle
un mensaje a Mahiru: ¿recuerdas quien es tu prometido?
Shinoa miró a Shinya y dijo:
— ¿Te gusta mi hermana?
— Hmm, ¿cómo lo describiría…?
— ¿Entonces por qué quieres que yo le entregue tal mensaje
a ella?
— Porque no quiero perder ante Guren.
— Ah, ¿todo esto es sobre ganar o perder?
Al oír eso, Shinya repitió, y rió.
— Hmm, ¿cómo lo describiría…?
Shinoa, con una expresión de duda, inclinó su cabeza y dijo:
— ¿De qué lado estás?
— ¿Tu qué crees?
— Ni idea. Tampoco es que me interese.
117
— Cierto… bueno, llamemos un taxi.
Después de eso, Shinya comenzó a teclear su teléfono. Shinoa
sacudió sus manos, las cuales estaban pintadas de rojo escarlata,
y dijo:
— ¿Los cadáveres pueden tomar taxis?
— Ya que eres adorable, eso no será problema, Shinoa-chan.
— Bueno~ es cierto, estoy completamente consciente de que,
por naturaleza, soy una preciosidad muy parecida a su hermana~
Ignorando esa conversación, Guren comenzó a meditar sobre
el incidente reciente.
Su mente estaba llena de los asuntos relacionados a las gue-
rras aburridas. Y especialmente a su falta de poder.
Le faltaba poder para atrapar a Mahiru.
Si ese fuese el caso, ¿qué debería hacer? ¿Qué debería hacer
para continuar avanzando? Ella era un prodigio. Una liebre dis-
puesta a venderle su alma a un demonio con el fin de obtener
poder para seguir corriendo.
¿Qué es lo que él debería hacer para atraparla y seguir avan-
zando?
Guren meditó sobre eso.
Justo en ese instante, su celular comenzó a sonar. Lo sacó de
su bolsillo, y vio que en la pantalla se mostraba el mismo número
de hace poco: era Mahiru.
Hiiragi Mahiru lo estaba llamando.
—…………..
Guren no estaba seguro si responder la llamada. Kureto po-
dría espiar el momento en el que contestara y lo tachara como
traidor, matándolo.
Soy demasiado débil, frecuentemente apartado, forzado a ele-
gir entre la vida y la muerte.
—…que irritante, ya he tenido suficiente.
Guren se distanció de Shinoa y Shinya y respondió la llamada.
— ¿Entonces?
—……..
Mahiru no respondió. Él no tenía idea si la que llamaba era
Mahiru o alguien más.
— ¿Por qué me estás llamándome? Este celular…
118
La voz de Mahiru resonó al otro lado.
— Nadie está espiándonos.
— No puedes asegurarlo.
— No te preocupes.
— ¿Y qué?
— Bueno, quería… oír tu voz.
Ella habló suavemente. Era una voz completamente distinta
de la que usó para amenazar a Kureto.
Guren sonrió.
— Hace poco estuviste divirtiéndose con tus preguntas bro-
mistas de que si estaba vivo todavía.
Mahiru quedó momentáneamente en silencio. Solo se podía
oir su ligera respiración.
—…esa no fui yo.
— ¿Entonces quien fue?
— El Demonio.
—…..
— Un Demonio que me controla.
— El «Kiju», ¿cierto?
—…si.
— ¿El Demonio se aprovechó de ti?
—…si.
Mahiru habló dulcemente. Sonaba muy distinta a la forma
como se expresó cuando habló con Kureto; su voz era un poco
inmadura y con un rastro de inocencia. Esta era la voz de la Ma-
hiru que Guren conocía.
Ella usó tal tono de voz para decirle que estaba siendo contro-
lada por el Demonio.
Demonio. La maldición del Demonio.
Guren entrecerró sus ojos y tocó su brazo derecho con el cual
sostenía el teléfono. La maldición del Demonio se había mezcla-
do también en su cuerpo. Había veneno en su sangre; por inyec-
tarse dicha sangre, la mano de Mitsuki se había convertido en un
monstruo.
119
El monstruo poseyó y controló el cuerpo de Mahiru.
Sin embargo…
— ¿…tienes evidencia que pruebe que la personas que me
está hablando no es un Demonio?
— No.
— Si ese es el caso. Colgaré.
— ¡Espera! ¡Espera! ¡No cuelgues todavía, Guren! ¡Si lo ha-
ces, existe una ligera posibilidad de que nunca más sea capaz
de hablar contigo!
Mahiru habló con un tono de voz asustado.
Guren no estaba seguro si eso era una trampa o la verdad. Por
eso, él podría considerar colgar ahora. Kureto había cometido un
error. Mahiru era inteligente. Excepcionalmente inteligente. Era
posible para uno se controlado solo por hablar con ella.
No debería seguir esta conversación.
El pulgar de Guren se dobló. Sin embargo…
—………
No pudo colgar.
Debió haber terminado la llamada, pero no pudo hacerlo.
— ¿De qué quieres hablar exactamente? –preguntó Guren.
Mahiru se calmó y respondió con calma.
—…me gustaría que me hicieras un favor.
— ¿Ah? ¿Quieres aprovecharte de mí?
— No. no es eso. No… eh, ah, no… el tiempo es.
Mahiru sonó como si tuviese dolor, jadeaba muy fuerte.
Guren había visto un caso similar. Fue en las pocas veces que
Mahiru exhibida síntomas y un comportamiento de doble perso-
nalidad dentro de un único cuerpo.
La Mahiru de ese entonces le dijo a Guren que corriera. Ella le
dijo que no entrara en contacto con el Demonio. También le dijo
que ya no era ella misma. Si todo eso no fue una farsa…
— ¿…eres la verdadera Mahiru?
Guren preguntó, y Mahiru respondió con dolor.
120
—…si. Te llamé… mientras el Demonio dentro de mí está
durmiendo.
Guren no estaba seguro si eso era una simple actuación he-
cha por Mahiru. Pero, ¿incluso existía la necesidad de hacer eso?
Mahiru era capaz de engañar por si sola a la «Secta Hyakuya» y al
«Mikado no Oni» para que siguieran sus planes al pie de la letra.
Entonces, ¿por qué necesitaba el poder de Guren?
— ¿Qué quieres que haga?
— Por favor…
Mahiru dijo con voz agónica.
— Por favor, mátame.
—………….
— Dentro de un día, no me da mucho tiempo cuando re-
cupero mi conciencia… por eso, por favor, mientras aun soy
capaz de resistir… cuando yo…
— No me jodas –la interrumpió–. Dime dónde estás, te ayu-
daré a controlar el Demonio en tu cuerpo.
—…no. no es necesario mantener esos pensamientos. Si
me vez, me matarás de inmediato.
— Ya basta. Dame tu dirección.
— ¡GUREN! ¡Por favor! ¡Ahora es la única oportunidad!
Pronto desapareceré. Si no lo haces, no habrá nadie más que
pueda matarme.
— Que confianza. ¿Nadie más que pueda matarte? ¿Te crees
dios?
— ¡Por favor, no hay mucho tiempo…!
— Me niego. Dime dónde estás. Te salvaré.
— Guren, ya es demasiado tarde.
— Corta con eso. Dame tu dirección.
— ¡¡GUREN!! –aulló Mahiru. Lo hizo con voz llorosa.
No, al otro lado de la línea telefónica, probablemente ella llo-
raba. Guren la escuchó tratar de suprimir las lágrimas.
— Ya, es muy tarde –dijo.
—………….
— Quieres salvarme sin importar qué, eso me alegra mu-
cho… pero ya no puedo volver. Ya no soy humana. Por eso…
121
— Por eso es que quieres que te mate.
— Pues, además de ti, no hay nadie a quien le pueda confiar
hacer eso.
— ¿…quieres que realmente te mate?
— Lo siento, lo siento.
— ¿Cómo exactamente…?
¿Por qué las cosas terminaron así? Era lo que Guren quería
preguntarle. ¿Por qué era que una persona tan inteligente elegiría
una opción tan estúpida?
¿Por qué desistió de ser humana? ¿Por qué caminar por una
senda sin vía para volver?
¿Por qué, tú…?
— ¿…no me esperaste…?
Guren dijo. Pero fue insanamente estúpido e irresponsable
decirlo. Incluso si ella lo esperara, las oportunidades, y las cosas
no cambiarían. Para el Guren actual, él no había logrado obtener
el poder suficiente para cambiar las leyes y reglas dictadas por la
Casa Hiiragi. Y mucho menos el poder suficiente para salvarla.
Por eso, todas las palabras actuales no tenían sentido. Todo
era una falsa demostración de fuerza hecha por un hombre sin
poder.
Los sollozos de Mahiru podían oírse desde el otro lado de la
línea telefónica. Con voz titubeante, dijo:
—…sniff… Guren…
—……
— Te amo muchísimo, Guren.
—…….
— Por eso, por favor, déjame morir con este afecto persis-
tente que siento por ti.
—…no puedo permitir esto –interrumpió Guren–. Te salva-
ré.
— Por favor.
— No.
— Mátame.
— Cállate. Dime tu ubicación. Dejemos el resto para después.
122
Seguido de eso, Mahiru le dijo su ubicación y programó un
encuentro con Guren. Pues solo había tiempos específicos en los
que ella podría recuperar la consciencia. Sin embargo, esos pe-
riodos breves de sobriedad se acortaban más y más. Por eso, la
presión necesitaba tiempo.
Ellos se reunirían hoy. Si ellos esperaban hasta mañana, la
conciencia de Mahiru podría evaporarse por completo.
Por eso era que Guren tenía que verla hoy.
Claro, eso podría ser una trampa. Quizá solo estaba actuando.
Él tampoco estaba en la obligación de ir.
Sus pensamientos racionales y su juicio prácticamente le gri-
taban que no siguiera sus instrucciones. Sin embargo, a pesar de
eso.
—………..
Guren Ichinose, un chico débil, ingenuo y humano (no demo-
nio), decidió continuar y reunirse con Mahiru Hiiragi.
◆ ◆ ◆
El lugar que Mahiru eligió estaba a unos quince minutos de
distancia de la estación Ikejiri- Ohashi, la cual estaba ubicada en
la Línea Tokyo Den-en-toshi, y estaba a una parada de distancia
de Shibuya. Era un condominio de color blanco de cinco pisos. Y
en cada piso, cinco habitaciones.
La habitación que Mahiru alquiló estaba en el último piso. Su
unidad era la Nº501, la habitación de la esquina. Guren pasó por
la pequeña entrada y abordó el elevador que tenía una capacidad
aproximada de cuatro personas como máximo. Si fuese atacado
allí, no sería capaz de lanzar un ataque a gran escala con su espa-
da. Miró la espada demoniaca que cargaba en el bolso colgado en
su espalda.
Probablemente no estaba siendo seguido. Y si así fuera, los
habría perdido luego de cambiar de trenes unas cuantas veces en
todo el camino. Lo más importante, era fácil detectar seguidores
mientras las calles fuesen amplias y vacías. Probablemente por
eso Mahiru eligió ese lugar.
Además, también porque realmente vivía allí.
En lo que el elevador llegó, Guren caminó hacia la habitación
número 501. El pasillo era muy estrecho también. Fue construido
de una forma que si hubiese más de dos enemigos atacando, las
oportunidades de ser atacados fueren mínimas.
Eran las 5:30 de la tarde. Aun afuera brillaba el sol. Los alre-
dedores estaban un poco cálidos. Guren se situó ante la puerta de
la habitación 501.
123
¿Mahiru realmente estaba en este condominio?
—……………..
Aunque Guren verificó los movimientos dentro de la habi-
tación, él no pudo estar seguro de si realmente estaba presente.
¿Debería tocar el timbre o abrir la puerta de inmediato?
Guren eligió la última y gentilmente abrió la puerta. Estaba
sin seguro. Sintió una ligera brisa. La ventana probablemente es-
taba abierta.
Un par de zapatos femeninos estaban cerca de la puerta. El
pasillo estaba tenuemente iluminado. El váter y el cuarto de baño
estaban cerca del pasillo. Las habitaciones probablemente estaban
al otro lado.
Guren caminó sin removerse los zapatos.
Ciertamente, dentro no había nadie.
Luego de pasar por el pasillo, Guren entró en una habitación
que ocupaba unos 8 tatamis. Era una habitación sencilla con una
mesa y una cama.
El uniforme de marinero de la Secundaria Shibuya estaba col-
gado en la pared.
Guren vio una liebre y una tortuga de juguete.
La liebre que corría más rápido y la tortuga que era lenta y
estúpida…
—…huh, ¿acaso soy tomado como un idiota?
Guren murmuró ligeramente irritado.
Pero la atmosfera a su alrededor parecía sugerir que alguien
vivía allí. La esencia de Mahiru seguía presente. La ligera esencia
del perfume. Esa esencia a Guren no le parecía molesta.
Sin embargo, no había nadie. La ventana estaba abierta y las
cortinas se movían en dirección al viento. La luz se colaba en la
habitación. El reloj de mesa indicaba que eran las 5:33 de la tarde.
La hora acordada con Mahiru era a la 5:30. En otras palabras,
Mahiru se había retrasado 3 minutos.
—……………..
Guren se situó junto a la mesa sin hacer ruido.
Una foto y un espeso bloc de notas estaban ubicado en la
mesa.
La foto mostraba a una niña de unos cinco o seis años que
alegremente colgaba del brazo de un chico de, aparentemente, la
misma edad. El chico fue un poco astuto y alejó la vista de la
cama.
Era la imagen de infancia de Mahiru y Guren. Ella todavía
mantenía eso. Así lo pensó Guren.
124
—………..
Guren hojeó el bloc de notas abierto.
Palabas escritas a mano adornaban el paginado. ¿Fue escrito
por Mahiru? ¿Lo hicieron otros? Eso era algo que Guren no podía
decir. Pero lo que estaba escrito allí, era algo que tenía que ver con
los experimentos «Kiju».
Principalmente, la experimentación humana.
Unos datos relacionados a la muerte del sujeto experimental.
El dueño del diario siempre escribía pequeños párrafos de sus
propias opiniones. ¿Por qué falló el experimento, cómo el sujeto
experimental pudo tolerar al Demonio comparado a los anterio-
res, si siempre estuvo presente una oportunidad de éxito y los pa-
sos a tomar para aumentar la factibilidad del experimento en sí?
—………
Una enorme porción del diario estaba dedicado a eso.
Al convertirme así, probablemente no me permitirá ser capaz
de volver a ver a Guren…
Mahiru era un sujeto de prueba.
No, tanto Mahiru como Shinoa lo eran.
Mahiru y Shinoa eran niñas nacidas de este experimento:
inseminación artificial de la esperma perteneciente al Jefe de la
Casa Hiiragi en el cuerpo de un sujeto de prueba del Demonio,
de sexo femenino.
En otras palabras, cuando Mahiru y Shinoa nacieron, ambas
ya eran sujetos experimentales.
El experimento tomó mucho tiempo y requería más del pre-
supuesto. Los únicos bebes humanos normales nacidos eran Ma-
hiru y Shinoa.
Pero ambas fueron existencias humanas. Aunque excepcio-
nales, seguían siendo existencias humanas.
Debido a eso, el experimento fue puesto en alto. Militarizar
al «Kiju» era netamente imposible. Usar más presupuesto para
continuar experimentando era ilógico.
Pero el experimento no terminó allí. Los investigadores se
rindieron, pero el experimento continuó.
Un día, Mahiru comenzó a soñar. Ella tuvo un sueño oscuro.
Un sueño infinitamente oscuro. En esa completa oscuridad, ella
era constantemente interrogada por un Demonio.
125
El mismo sueño fue compartido con la pequeña Shinoa. Ma-
hiru le advirtió a su hermana que no le contara a nadie sobre eso.
La pequeña Shinoa pasó por arduos entrenamientos para sopor-
tar interrogatorios.
Si las conversaciones con el Demonio llegaban a los oídos de
padre – se conocería por la Casa Hiiragi, y los experimentos se re-
anudarían. De ahí en adelante, ya nos seriamos capaces de vivir
como humanos normales.
—……………
A pesar de esto, no importa cuánto me oculte, la voz del De-
monio se hace más fuerte cada día. Esa voz repite lo mismo, una y
otra vez.
Mata a alguien. Deja que tus deseos hagan estragos. Destruye
todo.
Era como si cada vez que crecía y el deseo se rendirme ante mi
vanidad, lujuria y deseos profundos por reconocerlo se incrementa-
ban, la voz del Demonio se hacía más fuerte.
La razón por la que parezco un ser humano normal es porque
ya había comenzado a actuar por mis deseos. Pero el presente es
distinto. Es de una forma completamente distinta.
Los deseos se han levantado en mi corazón. Quiero estar junto
a Guren. Junto a la persona que amo. Quiero ser abrazada por la
persona que amo.
Si ese fuera el caso, destrúyelo todo.
Eso dijo el Demonio. Eso fue lo que ordenó.
Si esto sigue así, un día, seré anormal. Podría incluso perder mi
humanidad.
Para seguir viviendo, tengo que calmar este poder.
El incremento en intensidad de esos deseos parece estar conec-
tados al crecimiento de las características sexuales secundarias.
Al momento del inicio de la pubertad, el contacto iniciado por el
Demonio se incrementa exponencialmente. Hubo momentos en los
que perdí el conocimiento. Hubo casos en los que me perdí debido a
esos deseos. Tales casos han incrementado gradualmente.
Existe una necesidad urgente de suprimir este poder.
Antes de que mi hermanita Shinoa-chan experimento este pri-
mer periodo, el experimento debe ser completado.
—…………..
Por eso fue que Mahiru retomó los experimentos humanos.
Para completar las experimentación del «Kiju». Y su socio era la
«Secta Hyakuya».
126
Vender la información de la Casa Hiiragi a la «Secta Hyaku-
ya» a cambio de conocimiento y fondos para el experimento.
No puedo aliarme con la Casa Hiiragi. Pues al hacerlo, ellos co-
nocerían el Demonio presente en el cuerpo de mi hermana. Una vez
revelado, tengo la certeza de que llevaran a cabo experimentación
humana en ella.
Por eso, Mahiru se convirtió en un sujeto experimental y car-
gó hacia la batalla por su cuenta.
—…………..
Esa fue la primera parte de ese denso diario. Algunas palabras
sonaban infantiles, un poco, claro está. Guren miró el reloj en la
pared.
Ya eran las 7 de la noche. La habitación estaba oscura. El solo
se había puesto y ya no podía leer las palabras con tanta claridad
como antes.
—…que dolor. ¿Cuánto más se piensa tardar? –suspiró Gu-
ren. Aún seguía en la oscuridad.
Mahiru estaba llevando a cabo los experimentos del «Kiju»
no por sus propios deseos. Ella no esperaba que el experimento
continuara. Pero no tuvo más elección. Todo estaba documenta-
do en su diario.
—………….
Guren escuchó un débil sonido. Provenía de las cortinas on-
dulantes. Fuera de la ventana.
Allí había la silueta de una mujer.
127
128
— ¿…Mahiru? –preguntó.
—…sí –respondió la silueta.
— ¿Estuviste allí todo el tiempo?
— No, acabo de llegar.
—….llegaste bastante tarde.
—…….
Mahiru no respondió. Guren observó cuidadosamente a Ma-
hiru antes de correr el cierre del bolso que contenía su espada
demoniaca. No es necesario decir que Mahiru lo notó.
— ¿…podía ser que no sabías que hoy era nuestro encuentro?
–preguntó Guren.
Si ella no lo sabía, entonces esa persona allí detrás de las cor-
tinas no era Mahiru. Sino el Demonio.
Un Demonio que poseyó el cuerpo de Mahiru.
Guren sujetó la base de la espada demoniaca, y se preparó
para atacar en cualquier momento.
— Jajaja –rió Mahiru–. Si dijo que no lo sé, ¿qué harás?
—……
— ¿Matarme?
—…tú me dijiste que te matara –respondió Guren.
— ¿Así que vas a matarme? ¿Tienes el coraje para hacerlo?
Era el Demonio. El Demonio era quien estaba allí.
— ¿Mahiru ha desaparecido? –preguntó Guren. Ella se echó
a reír otra vez.
— Nope. Yo soy Mahiru.
— No, no lo eres.
Ella rió. Lo hizo con alegría.
— Jajajajajajajajajajajajajajajaja. Que irritante. Si no es así,
¿entonces quién soy? ¿Exactamente quién soy?
—…………
— He estado esperándote. He estado esperando que me sal-
ves. Quiero abrazarte. Abrazarte muy fuerte.
129
—………..
— Por eso es que he conservado mi virginidad. Quiero en-
tregarte mi primera vez. Ven, Guren.
— Cállate.
— Guren, no seas tímido…
— ¡Cállate! –Guren gritó y echó las cortinas a un lado.
Mahiru, vistiendo un uniforme de marinera, estaba de pie en
el balcón.
No sonreía. En lo absoluto. Las lágrimas inundaban sus ojos.
El momento en que vio a Guren, el rostro de Mahiru se retor-
ció de dolor, era como si sus emociones amenazaran con aflorar.
Las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, y retrocedió como
si sintiese mucho miedo.
Antes de que lo supiera, Mahiru se preparaba para escapar.
Guren le agarró la muñeca. Si ella intentaba asesinarse, todo
terminaría, fuesen los enemigos o el Demonio, él también seria
asesinado.
Pero Guren no se preocupó por ninguno de esos. Él sujetó su
muñeca con fuerza y la atrajo hacia sí, para abrazarla.
Ella temblaba.
—…llegas tarde, Guren. El atrasado… el atrasado no soy
yo –dijo.
—…ah, sí –respondió–, lo siento.
No hubo más palabras después de eso. Mahiru se estremeció
con fuerza, tratando de liberarse de ese abrazo.
—…suéltame.
— Mahiru, cálmate.
—….ya, es demasiado tarde.
— Mahiru.
130
Guren la abrazó con fuerza, tratando de calmarla.
El cuerpo de Mahiru temblaba demasiado.
Guren fue incapaz de enterrar esa oscuridad abismal que re-
sidía en su corazón. Lo único que podía hacer ahora era sujetarla
con fuerza, tal como estaba haciéndolo.
—…………..
131
El cuerpo de Mahiru comenzó a destensarse. Ella sujetó a
Guren como si estuviese involucrada en una oración. Mahiru
enterró su rostro en el pecho de Guren. Emitía sonidos como si
tratara de suprimir sus lágrimas, que eran audibles.
Guren no podía hacer nada por eso. Hasta ahora, él no tenía
poder para garantizarle ayuda inmediata. Por eso él solo pudo
calmarla. El cuerpo de Mahiru era suave, como el de las mujeres.
La luz de la luna comenzaba a entrar por las aberturas en las
cortinas, iluminando la foto en la mesa.
La imagen los mostraba a ambos, pero como niños. La Mahi-
ru de la foto estaba sonriendo alegre y amablemente. Guren era
incapaz de mirarla directamente debido a su timidez.
Pero desde entonces, ¿Mahiru estaba cargando con el peso de
esa oscuridad abismal? ¿Escapando continuamente de la voz del
Demonio?
Guren de repente recordó sus palabras.
Mahiru solía decirle.
— Yo… no quiero separarme de ti, Guren.
A pesar de eso, los dos se separaron. Y una década pasó desde
entonces.
Ahora, la Mahiru actual ya no podía sonreír tan amable e
inocentemente. Solo podía llorar, o sonreír como si lo hubiese
perdido todo.
¿Qué debería hacer? –pensó Guren.
Él acarició gentilmente la cabeza de Mahiru y dijo:
—…de todas formas, no me dejes más. No he llegado tarde,
estoy aquí para salvarte. Por eso…
— Es imposible –respondió Mahiru, estaba obstinada. Gu-
ren sacudió su cabeza:
— ¿Por qué lo es?
— Porque es imposible.
— Es posible.
— ¡Ya te dije que es imposible!
Mahiru gritó, las lágrimas corrían por su rostro, y su voz tem-
blaba.
132
A pesar de ver así a Mahiru, Guren volvió a hablar:
— Que si es posible.
Al mismo tiempo, él estaba agonizando por su debilidad. ¿Por
qué es que solo podía decir cosas tan irresponsables?
Palabras sin confianza y sin objetivo.
Sin embargo, al menos…
—…no estás solas.
Mahiru se aferró a Guren con más fuerza. Su cuerpo temblo-
roso comenzó a calmarse. Levantó la vista, las lágrimas seguían
brotando de sus ojos. A pesar de eso, seguía siendo sorprenden-
temente hermosa.
—…Guren –dijo con suavidad–. ¿Aún me amas?
Guren no tuvo la respuesta a esa pregunta. Desde el comien-
zo, ellos ya eran de mundos distintos.
Cuando él tenía seis años, no había duda de que a él le gus-
taba, podría ir tan lejos como para decir que ella era todo para
él. Para traerla de vuelta, él quería poder –eso era lo que pensaba
siempre.
Pero, eso fue hace mucho tiempo atrás.
10 años. Tiempo en el que no se vieron ni una vez.
Ahora había subordinados que le servían; él ahora era el res-
ponsable de las vidas de sus camaradas seguidores del «Mikado
no Tsuki», el cual operaba bajo la Casa Ichinose. Un juicio erró-
neo, y su vida será el precio.
Él no tenía el sentir de actuar apresurada e irresponsablemen-
te.
Más bien, todas sus labores y responsabilidades fueron deja-
das de lado este día.
Él estaba abrazando a alguien a quien no debería, en un lugar
en el que no debería estar. Por eso, la posibilidad de que lo mata-
ran allí, existía.
Una vez muerto, todo habría terminado. No podría proteger
a nadie más. Ni salvar a nadie más.
Asi fuesen los deseos o ambiciones acumuladas con los años,
todo seria a la basura.
Mahiru parecía un poco asustada mientras sonreía.
— ¿…ya no me amas? Bueno, de hech o, han pasado 10
años después de todo.
—…….
133
— Para estar enamorado… de un… un monstruo inhuma-
no y repugnante.
Guren la interrumpió y dijo con impaciencia.
— Ah, que irritante, ruidosa. Debería haber tenido un senti-
miento de esta situación. No debería estar aquí, no debería haber-
te contactado. Lo que estoy haciendo…
Ya estaba harto. Harto de su debilidad. De traicionar a esos
camaradas que lo seguían y que creían en él.
Pero ¿realmente no tenía idea de los planes actuales? ¿Real-
mente no tenía ningún plan? Si él pudiese convencer a Mahiru
para que se volviese su aliada, sería demasiado desventajoso para
él. Si él pensaba así, entonces debería perdonarse así mismo.
—…que irritante, soy la personificación de un idiota.
Guren murmuró, desesperado.
La expresión de Mahiru comenzó a distorsionarse. Era por-
que estaba feliz. Las lágrimas comenzaron a brotar nuevamente
de sus ojos.
— Guren, te amo demasiado.
Mahiru enterró su rostro profundamente en el pecho de Gu-
ren. Ya no temblaba.
Tal como estoy ahora, ¿soy capaz de enterrar, aunque sea un
poco, la oscuridad que ella ha estado cargando? Una oscuridad
interminable. Una radiante luz de luna. Cortinas ondulantes.
¿Qué debería hacer con el fin de echar esa oscuridad hacia
atrás?
Mahiru, manteniendo su posición, dijo:
— ¿…entonces, p-podrías abrazarme?
—…………
— ¿Podrías abrazarme aunque sea un monstruo repugnan-
te?
—……..
Ella se llamaba a sí misma, monstruo. Un monstruo repug-
nante.
Guren sabía que ella debería estar sufriendo graves heridas
emocionales. Es solo natural. Pues ella tenía la misma edad que
él. Solo tenía dieciséis años de edad.
Ella solo se tenía a sí misma. Todo el tiempo había sido así.
—…si te abrazo –preguntó Guren–, ¿la oscuridad que te en-
vuelve se disipará?
—…no lo sé –dijo–. Ya no se nada, Guren. Yo… yo, estoy
cansada…
134
Solo entonces, antes de poder terminar, Guren le tocó suave-
mente el rostro. Le levantó el mentón, y cubrió sus labios con los
de él.
Él no sabía si esta era la opción correcta. Sus labios se sin-
tieron suaves. No como los de un monstruo. No como los de un
monstruo repugnante.
Los ojos de Mahiru se ampliaron, y sus pupilas se dilataron.
Luego de eso, ella cerró lentamente sus ojos.
Guren pudo sentir, en lo profundo de su corazón, sus deseos
por ella.
Se dice que al Demonio le gustan los deseos humanos.
Deseos. Deseos asquerosos.
Ambos mantuvieron esa posición durante un rato.
La brisa nocturna sopló por las cortinas y entró en la casa.
Ellos perdieron el conteo de cuán largo fue el beso.
Mahiru retrocedió.
— Jajaja –rió, un poco avergonzada. Mantuvo sus manos cer-
ca de su pecho y dijo–. …como Guren dio un beso repentino…
mi corazón late con tanta fuerza que parece que explotará.
— ¿Estás más calmada ahora? –preguntó Guren.
Ella lo miró con una expresión ligeramente melancólica.
—…e-eso fue para callarme…
— No –la interrumpió Guren.
Mahiru sonrió tímidamente. Un sonrojo apareció en sus me-
jillas.
— ¿En serio…? Entonces no fue por eso…
— Si.
— Si es así –con el rubor esparciéndose por su rostro, pre-
guntó–. ¿Eh… entonces… aunque sea así, aun me quieres?
Si, definitivamente, sí. De eso no cabe la menor duda –eso era
lo que su corazón deseaba.
Una habitación estrecha. Su aroma. Una brillante luz de luna.
Cortinas. Brisa. La foto en la mesa. Una noche de verano. Los
recuerdos.
Promesas. Sueños. Deseos egoístas.
Desesperación. Esperanza.
135
El Mundo. Navidad. Destrucción.
Camaradas. La Casa Hiiragi. La «Secta Hyakuya». La Casa
Ichinose.
Si el tratara de pensar en todo eso con calma, los pensamien-
tos racionales, de seguro, se formarían en su mente.
Sin embargo, Mahiru parecía a punto de llorar.
— Oye, Guren. Yo…
Guren no la dejó continuar.
La tomó por el brazo y la acercó hacia él. Ella parecía haber
esperado por ese momento durante mucho tiempo. Mientras le
daba un fuerte abrazo, las lágrimas volvieron a recorrer su rostro.
¿Era una trágica historia de amor? ¿O una lamentable?
Guren no sabía la respuesta a eso. Él ni siquiera sabía si valía
la pena conocer la respuesta.
Ese día, ellos lo hicieron.
◆ ◆ ◆
—……………
Cuando todo terminó, Mahiru se levantó de la cama.
La oscuridad residía en la casa.
Ella se colocó el uniforme de marinero en silencio. Y sin decir
nada, decidió irse.
Irse así como así.
Cuando ella abrazó a Guren, ella pareció feliz y triste al mis-
mo tiempo.
Era para hacerla olvidar momentáneamente la oscuridad
permanente. Guren aun podía recordar el toque de su suave piel.
Era la misma de cuando eran unos niños. La Mahiru de enton-
ces tenía una sonrisa asombrosa en ella. Solía creer que mientras
estuviesen juntos, cualquier sueño, sin importar cuan imposible
fuese, se haría realidad.
«¡Te amo mucho! ¿Qué hay de ti? ¿Guren?»
«……………»
«Oye, oye, oye»
«…………..»
136
«¡Oye, Guren, di que también me amas!»
«No quiero»
«¿Por qué no? ¡Yo te amo muchísimo!»
Cuando ella era una pequeña, Mahiru era una niña consenti-
da que solía decir mucho eso. Pero él, siendo un chico tímido, era
incapaz de responder a sus sentimientos.
Ahora era demasiado tarde. Muy tarde que ya uno había per-
dido las esperanzas.
— ¿…te vas? –preguntó Guren. Mahiru asintió.
—…sí.
— ¿No puedo salvarte?
— Nah. Me acabas de salvar.
— No te vayas, Mahiru. Yo…
— Ya no puedes protegerme más. No tienes lo suficiente
para hacerlo. Estoy segura que ambos lo sabemos.
—………
— A quien quieres proteger no es a mí, Guren. Es a tus ca-
maradas.
—………..
— Si pudieras demostrármelo ahora, quizá podría seguir
junto a ti. Si realmente me amas y quieres estar junto a mí…
entonces mata a tus camaradas.
Ella se volvió con lágrimas en los ojos.
—….no puedes hacerlo, ¿cierto?
—……..
— Guren, ciertamente eres una persona muy gentil. Tan
gentil que me abrazaste para consolar a esta lamentable yo.
Eres totalmente distinto a lo egoísta que soy.
Guren miró a Mahiru. Bajo la luz de la luna, su rostro era
celestial.
— ¿Acaso proteger a los camaradas es un movimiento muy
estúpido?
Ella sacudió su cabeza:
— No. creo que es muy gentil. Tú eres muy gentil. Pero eso
no te puede hacer fuerte.
— ¿No estás protegiendo también a tu hermanita?
137
— SI. Eso es cierto. Por eso es que engullí al Demonio de
Shinoa. Para salvarla, me tragué al Demonio en su cuerpo. Por
eso es que he comenzado a decaer. Albergar dos demonios en
un cuerpo, es la razón por la que estoy destrozada. Pero -miró
a Guren y dijo–. …ahora… instantáneamente, el aspecto débil
de mi corazón ha muerto. Esa pequeña Mahiru de seis años de
edad, la débil, esa que te llamaba y te amaba con valentía, ha
visto demasiado de este mundo, y ha muerto.
Guren miró a Mahiru y dijo:
— ¿…me usaste para lograr eso?
— Si.
— ¿Para borrar tu debilidad? Si ese fue el caso, ¿Mahiru se ha
desvanecido? ¿Te has convertido en un Demonio?
— Si.
— No jodas más. ¿Pretendes que te crea, cuando dices eso
con lágrimas en los ojos?
Mahiru levantó la vista, tenía una expresión melancólica. Pa-
recía humana. Parecía una jovencita débil. Pero, ella habló con
desolación.
—…todos los datos del «Kiju» están aquí. Si intentas sal-
varme, entonces mátalos y reúnete conmigo.
— Mahiru. ¿Con qué estás batallando realmente?
—……….
— Te comiste al Demonio en el cuerpo de Shinoa. En otras
palabras, Shinoa ya no es un peligro, ¿cierto? Si ese fuere el caso,
¿qué otros problemas tienes? ¿El Demonio en tu cuerpo? Mis la-
boratorio…
— ¿…solo esos son tus deseos más insanos?
—…..
— ¿Tenerme contigo será la única cosa que te hará feliz?
Para alguien con tanto que proteger, ¿eres capaz de abandonar
todo y escapar conmigo?
—…….
— ¿Ves? No puedes.
Ella sonrió con nostalgia.
Guren, observando su rostro, dijo:
— ¿Entonces cuáles son tus deseos egoístas? ¿Cuáles son
tus sueños? ¿Por qué haces esto? ¿Para acabar con la Casa Hi-
iragi?
138
Pero Mahiru permaneció en silencio. Ella se bajó de la cama.
Su pequeño cuerpo se dirigió hacia la ventana. Guren no pudo
ni agarrarla ni detenerla. El actuar Guren no podía caminar a su
lado.
—…sin embargo –dijo Mahiru–, lamento haberte involu-
crado, Guren.
— ¿Por qué?
— Con el fin de limpiar completamente el cuerpo de Shi-
noa de ese Demonio. Tuve que compartir algo del Demonio.
Por eso, tu también te convertirás en uno. Debo estar actuando
como una niña mimada…
— Entonces, si así es todo, quédate. Lucha a mi lado.
Mahiru sacudió su cabeza.
— Ya no queda tiempo.
¿Qué tipo de tiempo?
¿El tiempo que le quedaba como humana?
¿O el tiempo que quedaba para el apocalipsis?
— ¿Qué sucederá exactamente durante la Navidad?
Mahiru respondió con simpleza:
— Tal como lo dije antes, tal como lo describen las palabras:
Destrucción. La destrucción inicial les ocurrirá a los avaricio-
sos y horrendos adultos. Poniéndolo de forma más precisa, en
todo el mundo, todos aquellos mayores de 13 años, morirán.
— ¿…ah?
— Los dioses están furiosos. Molestos por tal avaricia. Mo-
lestos por todos esos asquerosos experimentos. Los humanos
que dejaron que sus deseos más oscuros y profundos hicieran
estragos son inimaginablemente horrendos. Es por eso que en
la Tierra ya ha comenzado a pudrirse. Los monstruos vagan. El
veneno llueve del cielo. El Serafín del Final sonará la trompeta,
y el mundo será destruido. Los humanos no vivirán. Los débi-
les humanos son incapaces de vivir en un mundo así.
Escuchando las palabras de Mahiru, Guren recordó:
Navidad. Destrucción. Virus.
— ¿…es el terrorismo? ¿Acaso la «Secta Hyakuya» lanzará al-
gún tipo de virus?
Mahiru rió tristemente y con fascinación.
En eso, las cortinas detrás de ella comenzaron a ondularse
otra vez. Pero no era debido a la brisa. Lo que apareció fue una
sombra. Las cortinas fueron rasgadas.
139
La dama, a quien Guren vio la tarde anterior en el parque,
entró.
Era una mujer hermosa. Cuando abrió su boca, unos colmi-
llos aparecieron.
Era una vampira.
Para los humanos, ellos eran enemigos invencibles.
—…finalmente nos encontramos, Hiiragi Mahiru –dijo la
vampira.
— ¡Mahiru! –aulló Guren. Pero Mahiru seguía riendo.
—…ven aquí, Asuramaru.
Mahiru dijo un nombre que Guren no reconocía. Después,
como si respondiera a su llamado, una espada negra se materiali-
zó de repente desde el aire denso y se ajustó en su mano derecha.
Ella osciló esa espada. Se podía ver que la espada podría ser
un arma «Kiju» mientras que sus movimientos no eran visibles.
Definitivamente eran más rápidas que las de la vampira.
— Ah…
La vampira fue cortada a la mitad, una expresión sorprendida
se plasmó en su rostro. Pero todo terminó allí: tanto la parte supe-
rior como inferior de su cuerpo desapareció.
140
141
Guren quedó fijado en su sitio. Él solo pudo aullar su nombre.
Mahiru sujetó la espada «Kiju» y se volvió, una expresión me-
lancólica seguía en su rostro.
— Entonces, Guren. Al ser perseguido por un vampiro
ayer, ¿tuviste miedo?
—…entonces, fuiste tú.
— Elaboré las noticias de que la Casa Hiiragi estaba pla-
neando eliminar a la «Secta Hyakuya». Por eso, ellos comen-
zaron su venganza. Esto despertará a la Casa Hiiragi para ven-
garse de ellos. Después de todo, la «Secta Hyakuya» será…
Unos sonidos explosivos los interrumpió.
Dong-dong-dong… dong-dong-dong –sonaba como algo
parecido a una película de guerra.
Momentos después, las sirenas de carros policiales y ambu-
lancias se podían oir.
Eso provenía de Shibuya. Pero Mahiru seguía riendo:
— Ah, ya comenzó. Hasta ayer, yo solo era la liebre… pero
a partir de hoy, las cosas serán distintas. Todos serán forzados
a ser la liebre. Todos en este mundo lo son. Rápidos, rápidos.
Guren miró a Mahiru antes de mirar por la ventana.
Los sonidos explosivos no cesaban.
Esos sonidos se podían escuchar a 3 kilómetros de Shibuya.
— Ah, jaja, ¿te preocupan tus camaradas? ¿Podrá ser que
Shigure-chan y Sayuri-chan, a quienes amas mucho, ya hayan
muerto?
Guren miró a Mahiru.
— No me mires a mí. ¿Me amas, no? Después de todo, lo
hicimos.
— ¿…este era, tu objetivo?
— Lo mismo que tú.
— No me jodas.
— No te estoy jodiendo.
— ¡No me jodas!
Mahiru volvió a reír.
— Para seguir viviendo contigo. Para continuar viviendo
junto a ti en este mundo. Incluso si el mundo deja de ser habi-
table. Para esto fue que elegí ser un Demonio.
142
—…no soy igual que tú.
— Si… dijiste antes que queras tenerme a tu lado.
— Ven a mi lado. No permitiré que desistas de tu humanidad.
El rostro de Mahiru cayó.
Los sonidos de explosiones volvieron a sonar. Algo explotó
detrás de Mahiru. Llantos y gritos eran oídos. Así como también
¡Maten a los bastardos Hyakuya!
Una batalla se desarrollaba allá afuera.
Mahiru vio por la ventana y dijo:
— Jajajaja, ¿aun deseas permanecer al lado de los huma-
nos? ¿Los horrendos humanos que se matan unos a otros in-
cluso si solo queda un poco de paranoia?
— Mahiru.
Ella no esperó, y siguió retrocediendo.
— Oye, Guren. Lo sé. Eres fuerte. Mucho diría yo. Por eso
es que te amo. Kureto y todas esas personas ni siquiera pueden
acercarse. Si te enserias más, puedes destruir incluso el mun-
do entero. Por eso es que la fuerza humana es ingenua, débil y
nacida de lo horrendo. Por eso es que es la comida favorita del
Demonio.
— ¡Espera, Mahiru!
Pero ella no se detuvo. Dándole la espalda a Guren, ella trató
de saltar por la ventana. Pero antes de hacerlo, se volvió una últi-
ma vez como si hubiese olvidado algo.
— Ah, cierto, Guren. Actualmente, ¿qué edad tenemos?
Ella desapareció.
Todo lo que quedó fue su aroma en la densa oscuridad dentro
de la vivienda.
¿Qué edad tenemos? Eso fue lo que me preguntó.
Él había cumplido 16 en agosto.
El virus podía matar a todos aquellos mayores de 13 años. De
tal forma, sus palabras eran extrañas.
Un mundo en el que los humanos podrían vivir más.
Un mundo donde los débiles humanos ya no podrían vivir.
Su celular, el cual estaba en la cama, comenzó a sonar. Guren
lo tomó, respondió la llamada, y notó que era Sayuri.
143
— Todo está bien, Sayu…
— ¡GUREN-SAMA! –gritó–. Escape ahora… la «Secta
Hyakuya»…
La llamada fue interrumpida. Guren marcó inmediatamente,
pero nadie contestó.
Llamó a Shigure. Nadie respondía.
— ¡Mierda…!
Se abotonó la camisa y tomó su espada que estaba tendida en
el suelo.
Los sonidos de explosiones seguían.
Su teléfono comenzó a sonar al mismo tiempo. Guren lo
tomó de inmediato.
— ¿Sayuri?
Pero no era ella, sino Mito. Lloraba.
— G-Guren… ¡sigues vivo! ¡¿D-dónde estás?!
— ¿Dónde están ustedes?
— El salón de clase audiovisual en la escuela! ¡Estoy atrapada
aquí con unos cuantos estudiantes!
— Voy de inmediato.
— ¡No lo hagas! ¡Te matarán!
— ¡¿Entonces por qué me llamas?! ¡Quieres ayudarme, ¿no?!
¡Entonces detállame…!
— No, no es eso –le interrumpió–. Esto… esta llamada… es
para agradecerte…
Guren tomó l diario de la mesa y se fue hacia la entrada.
Mito continuó:
— En realidad… haber ido ayer a la casa de un amigo. La casa
de un chico. Fue mi primera vez…
El elevador llegó a un piso y se detuvo. No había mucho tiem-
po para esperar. El elevador siguió descendiendo.
— Todo el tiempo, como era la señorita de la Casa Jūjō, todos
se ponían nerviosos cerca de mí. Ellos no me decían lo que pen-
saban realmente…
El elevador aterrizó en el primer piso. Guren salió de inme-
diato. Aunque los sonidos de las explosiones sonaron en el vecin-
dario, no había signos de batalla en un aria cercana.
144
— Todo está bien, Sayu…
— ¡GUREN-SAMA! –gritó–. Escape ahora… la «Secta
Hyakuya»…
La llamada fue interrumpida. Guren marcó inmediatamente,
pero nadie contestó.
Llamó a Shigure. Nadie respondía.
— ¡Mierda…!
Se abotonó la camisa y tomó su espada que estaba tendida en
el suelo.
Los sonidos de explosiones seguían.
Su teléfono comenzó a sonar al mismo tiempo. Guren lo
tomó de inmediato.
— ¿Sayuri?
Pero no era ella, sino Mito. Lloraba.
— G-Guren… ¡sigues vivo! ¡¿D-dónde estás?!
— ¿Dónde están ustedes?
— El salón de clase audiovisual en la escuela! ¡Estoy atrapada
aquí con unos cuantos estudiantes!
— Voy de inmediato.
— ¡No lo hagas! ¡Te matarán!
— ¡¿Entonces por qué me llamas?! ¡Quieres ayudarme, ¿no?!
¡Entonces detállame…!
— No, no es eso –le interrumpió–. Esto… esta llamada… es
para agradecerte…
Guren tomó l diario de la mesa y se fue hacia la entrada.
Mito continuó:
— En realidad… haber ido ayer a la casa de un amigo. La casa
de un chico. Fue mi primera vez…
El elevador llegó a un piso y se detuvo. No había mucho tiem-
po para esperar. El elevador siguió descendiendo.
— Todo el tiempo, como era la señorita de la Casa Jūjō, todos
se ponían nerviosos cerca de mí. Ellos no me decían lo que pen-
saban realmente…
El elevador aterrizó en el primer piso. Guren salió de inme-
diato. Aunque los sonidos de las explosiones sonaron en el vecin-
dario, no había signos de batalla en un aria cercana.
145
— La puerta ya fue forzada a abrirse.
— Cálmate, Mito. Voy en camino, espera solo un poco más.
Está bien. Los salvaré a todos. Cálmate. Aguanta. No te rindas.
— Por favor, no vengas. Si lo hacer… tu también…
— No te preocupes innecesariamente. Antes de llegar, debes
defenderte a toda costa en el salón audiovisual.
— Guren…
— ¿Qué?
— Sálvame…
En eso, una explosión se pudo escuchar al otro lado de la lí-
nea telefónica. Y con eso, la llamada terminó.
— Maldita sea…
Murmuró Guren.
— Maldición. Maldición. Maldición. Maldición. ¡NO ME JO-
DAS!
Ignorando las miradas de quienes lo rodeaban y gritó.
¿Cómo se atrevía a anunciar que iría a salvarlos a todos? Él no
tenía el poder necesario. Sin importar cuanto hablara de valentía
y grandes ambiciones, eso no le importaba a él. Él no podía tal
poder, y mucho menos ese carisma.
Para proteger a alguien, para centrarse en proteger a alguien,
él tendría que haber corrido hacia adelante hace mucho.
Aun así, ¿qué era toda esa payasada? Exactamente, ¿qué
era…?
—………
Pero en eso, dejó de pensar.
Descubrió algo increíble al borde de su visión. Dentro de un
callejón oscuro. El motor de una motocicleta sin dueño estaba
encendida.
Además de la motocicleta, una espada negra estaba insertada
en el suelo, se mantenía verticalmente.
Iluminada por la brillante luz lunar, una espada negra estaba
brillando con una preciosa maldad.
—……..
Era la espada que Mahiru acababa de usar.
146
La espada que había inyectado el veneno del Demonio en él.
La espada maldita con el «Kiju».
Guren miró la espada. Ese gran poder estaba ante él. Mirando
el intocable poder, Guren se sintió cansado.
¿Cuánto más puedo tolerar estar haciendo de tonto y lamen-
table cerca de Mahiru antes de rendirme?
— Jajajajaja –sonrió ante la espada–. Está bien. Lo sé, Mahiru.
Me rindo. Me convertiré también en la liebre. Me volveré un De-
monio también. Pero soy distinto a ti. Desisto de mi humanidad
porque no quiero abandonarlo todo.
Después de eso, él llamó a Kureto. El teléfono sonó una vez
antes de ser contestado.
— ¿Qué?
— ¿Estás bien?
— ¡JA! ¿Y esto qué es? ¿Te preocupas por mí? ¿Dónde estás?
Guren le dijo su ubicación. Cuando Mahiru decidió el lugar,
él hizo una investigación detallada de los edificios cercanos y los
memorizó. Por eso, él dio una respuesta inmediata.
— ¿Ikejiri…? –respondió Kureto–. ¿Por qué esa dirección?
— Me reuní con Mahiru Hiiragi –respondió.
— ¿Y entonces…?
La voz de Kureto se tornó fría de inmediato.
— La persona que mató a la «Secta Hyakuya» fue Mahiru.
— ¿Y? ya no importa lo que hagamos, la guerra ya no se pue-
de parar.
— Es cierto.
— ¿Entonces?
— A partir de ahora, mi cuerpo pasará por la experimenta-
ción «Kiju» de Mahiru. Voy a usar ese poder para rescatar a todos
los de la escuela.
—……
— Sin embargo, si fuese a perder el conocimiento y conver-
tirme en una maquina asesina, entonces mátame. Con respecto
a la información del «Kiju», esta se encuentra en el suelo en la
ubicación que te acabo de dar. Si se trata de ti, quizá tras ver esto,
puedas encontrar una forma de matarme.
147
— ¿De qué estás hablando? –respondió Kureto–. ¿Quién te
llevó a decir eso?
— No hay nadie controlándome para que diga esto. Solo soy
la impotente basura Ichinose. Además, en esta situación, no hay
nadie en quien yo pueda confiar además de ti. Por eso, te lo ruego.
— ¿Por qué… confiar en mí?
— Porque tú confías en mí –respondió Guren.
—…………..
Kureto no respondió. Pero eso estaba bien. El había dicho lo
que quería decir. Dejar que las cosas progresaran como querían.
En eso, cuando Guren trató de colgar, Kureto respondió:
—…entendido. Derrotemos juntos a la «Secta Hyakuya».
Y así, Guren colgó. Llamó a Shinya, y este contestó de inme-
diato.
— ¿Guren? ¿Sigues vivo?
— SI. Necesito decirte algo.
— Claro que tienes algo que decir. Bajo estas circunstancias…
— Dormí con Mahiru.
Shinya quedó en silencio inmediatamente.
—…si~ ¿te estas jactando o qué?
— ¿Estás enojado?
— ¿…cómo lo pondría? Después de todo, a quien Mahiru
ama es a ti… pero, ya que es así… la sensación de derrota es ho-
rrible. ¿Me pregunto por qué?
— Pregúntale al diablo.
— Jajaja, ¿qué tal se siente el éxito de tu amor de todos estos
años?
— Se siente como si las cosas ya no pueden ir peor que ahora.
— En otras palabras… te entiendo a la perfección. ¿Qué si-
gue?
— Acepté el «Kiju» y me volví un Demonio.
— ¿Ah? ¿Por qué?
— Sayuri, Shigure, Mito y Goshi todavía siguen en la escuela,
están siendo atacados por la «Secta Hyakuya».
— Si.
148
— Voy a rescatarlos.
Con respecto a lo que Guren dijo, Shinya quedó atónito. Sus-
piró y dijo:
— ¿…realmente eres un idiota, cierto?
Guren no pudo encontrar razones para negarlo. No dijo nada,
pero Shinya continuó:
—…entonces ¿por qué me llamas?
—…si muero –dijo Guren–, te dejaré a Mahiru.
— ¿Quieres decir que quieres la mate o que me case con ella?
Guren colgó. No quedaba más que decir.
Guren miró la espada «Kiju» insertada en el suelo. Antes,
cuando la tomó, el Demonio aprovechó la oportunidad para in-
vadir su cuerpo, y él no tuvo el poder para resistirse.
Esta vez podría ser igual.
Tomar esa espada significaba renunciar a tu humanidad.
Pero, sin importar qué, el poder era necesario.
No había elección, el poder era la clave. No había tiempo para
dudar.
Guren recordó lo que Mahiru dijo antes.
— ¿Qué edad tenemos ahora?
Dieciséis. A la edad de dieciséis, él ya no era humano. Pero al
mismo tiempo, ya no tenía más preocupaciones. Ni dudas.
Por lo tanto, si él podía salvar a alguien. Incluso si era un in-
útil pedazo de basura, si el pudiese salvar a sus camaradas, él po-
día seguir avanzando alegremente.
— Salvar a Mito. A Goshi. A Sayuri. A Shigure.
Guren seguía mirando la espada «Kiju» clavada en el suelo,
murmurando eso como si lo persuadiera.
—…soy distinto a Mahiru. Renuncio a mi humanidad por-
que quiero salvar a los míos…
Tomó la espada. En ese momento, la oscuridad cubrió su vi-
sión.
Una completa oscuridad. La interminable oscuridad atacó.
Desde ese momento, la catástrofe de Ichinose Guren a sus
dieciséis años… comenzó.
149
150
PALABRAS DE AUTOR
Y aquí está el volumen tres de la novela ligera de Owari no
Seraph!
Esta vez, las cosas han evolucionado a una situación increíble,
¿cómo se sienten todos por ello?
La gente que ha estado divirtiéndose por ahí, destruyendo
el mundo en el proceso: Guren, Kureto, Shinya, Mahiru, Shinoa,
¿qué les sucederá a todos en la Secundaria Shibuya?
Y, ¿cómo se conecta al mundo destruido en el manga?
¡Manténgase a la espera!
A propósito, esta vez se me pidió escribir tres páginas en las
palabras de autor. Pero luego recibí una llamada del supervisor.
Supervisor: Kagami-san, ¿ya ha escrito las palabras de autor?
Yo: ¡No, aun no! ¡Lo siento! ¡Siempre me atraso con eso!
Supervisor: No, no, está bien que se atrase esta vez. Yamamo-
to-san dijo que quería dibujar unas cuantas escenas, por lo que él
estaba pensando en dibujar otra página… ¡¿?!
Yo: ¡OOOOOOOOOOOOOHH! ¿Quiere decir que tendre-
mos 11 ilustraciones? ¡Eso es grandioso! ¿Cuál escena?
151
152

kiwaguro

  • 1.
  • 2.
  • 3.
  • 4.
  • 5.
    5 La primera vezque a Shinya se le permitió conocer a su pro- metida fue cuanto tenía diez años de edad. Realmente se sentía extraño tener tu propia prometida y compañera de toda la vida, que además escogían por ti, a tan temprana edad, pero Shinya recordaba que su corazón latía con fuerza debido a la emoción de descubrir que finalmente se le permitiría conocerla. La chica –su prometida– ¿cómo era? ¿Sería hermosa? ¿Amable? ¿Podrían llevarse bien mutuamente? Decir que «tales pensamientos tan dulces similares al amor no estarían flotando en su cabeza» sería una mentira. Pensaba en ambos. En un futuro alegre. Momentos divertidos con su amor. Todos esos sueños llenaban su mente. —………. Pero, dicho eso, los sueños no iban a hacer que su corazón latiera con más fuerza. Después de todo, una intensa sensación de amor hacia una chica a la que nunca antes había conocido – era algo que realmente no sucedía. Más que eso, existía otra razón para que su corazón latiera más y más. Otra razón para su emoción. Se le había permitido conocer a su prometida – cuando escu- chó eso, lo que lo sacudió fue ese tipo de sentimiento de: …ah, viví, sobreviví sin morir. Diez años de edad. Ya a esa edad, él había asesinado muchas veces. Esos a los que él mato estaban en el mismo bote que él. Candidatos a prometi- dos de Mahiru Hiiragi, la jovencita de la Casa Hiiragi. Candidatos a prometidos que eventualmente se casarían con Mahiru Hiiragi y traerían a la vida a otro chico con un ADN excelente y superior para los Hiiragi. El proceso de selección comenzó cuando Shinya tenía cinco años de edad. Al principio, sin embargo, el proceso no fue ni cruel ni rudo. ¿Corres rápido? ¿Aprendes rápido? ¿Eres bendecido con los talentos en los hechizos? Shinya asistió a uno de los pocos jardines de niño en el país que era regidos por el «Mikado no Oni», un culto religioso lide- rado por la familia Hiiragi. Entre los diversos pequeños, él fue elegido para formar parte de un equipo seleccionado compuesto
  • 6.
    6 completamente alegre. Eramás talentoso que los demás. Era superior a otros. Reconocible. Un niño excelente. Un niño muy excelente. Eso se lo decían cada día, y su corazón latía de forma anticipada por la forma en cómo llegaría a ser mejor y derrotaría a los demás niños. Su placer llegaba del aprendizaje y memori- zación de varios hechizos y de los entrenamientos de su cuerpo. Pero un día, el director le dijo: — Shinya-kun, has sido un trabajador ejemplar y un exce- lente estudiante. ¡Por tal razón, la casa principal te ha llamado para que vayas a Tokio! ¡Buen trabajo! ¡Serás transferido a Tokio mañana, así que prepárate! Y desde ese día, no s ele permitió volver a su hogar. Escuchó que sus padres recibirían 300 millones de yenes por parte de los Hiiragi, y que su rango dentro del «Mikado no Oni» ascendería varios escalones. Escuchó que sus padres estuvieron extasiados que fueron elogiados por la casa principal. Pero, también se le dijo que no tendría permitido ver a sus padres, nunca más. Shin- ya lloró, aulló, y dijo que odiaba eso, que ya no quería nada, pero ningún adulto lo escuchó. Al contrario, solo decían que eso era un honor. Dijeron que no comentara cosas estúpidas. Pero su vida a partir de entonces se volvió extremadamente ruda y cruel. Tokio – Shibuya. Una vez que lo transfirieron a una de las instalaciones de allí, ya no tuvo tiempo de llorar. En la prueba que se realizaba una vez cada tres meses, eras eliminado si no alcazabas el 30%. En la competencia realizada una vez al año, donde se podía matar a los demás, te eliminaban si no ganabas. Si no ganas, mueres. Si no ganas, mueres. Si no ganas, mueres. Dicho de otro modo, una y solo una persona podía sobrevivir. Ya no recordaba cuantas personas eran cuando comenzó. Solo lo intentaba desesperadamente cada día. Aprender nuevos hechizos de magia. Aprender nuevos hechizo de ilusión. Obtener nuevas habilidades físicas. Una vez, de vez en cuando, se hacía amigo de alguien. Un amigo para celebrar su supervivencia juntos. Pero ese amigo era eliminado por no llegar al 30%.
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    7 Eso llenaba detemor a todos, y cada vez ponían más esfuer- zos, más que nunca. Conocía un amigo. Ese amigo moría. Conocía un amigo. Ese amigo moría. Al final, dejó de hacer amistades. Pero aun así, muchos fueron eliminados. Recordaba que comenzó a sonreír indiscretamente con el fin de manejar el enorme estrés. Quizá esa fue la mejor opción. Co- menzó a aprender hechizos a mayor velocidad que esos que co- menzaban a callarse, o esos que todo el tiempo estaban enojados. Sonreír le hacia la vida más eficiente. Más que eso, había veces cuando su oponente se autodestruía solo porque su rostro son- riente lo obstinaba. Sobrevivió desesperadamente con sonrisas indiscretas. Los oponentes se volvían más fuertes, y las batallas dolorosamente difíciles, pero sonreía y sobrevivía con desesperación. —…….. Luego, un día, cuando fue al edificio de entrenamientos, no vio más rostros familiares que él suyo. Un hombre extremada- mente anciano que se presentó como un instructor de la familia Hiiragi, quien le gritó una y otra vez a él y a los demás hasta el día de ayer, hoy, repentinamente, hizo una reverencia de respeto y le dijo: — Felicidades, Hiiragi Shinya-sama. Al final, usted fue el ele- gido para ser el prometido de Mahiru-sama. Fue llamado Hiiragi. El nombre de la casa principal – el nombre que lideraba la secta religiosa «Mikado no Oni», cuyas reglas y enseñanzas fue- ron seguidas por Shinya – ahora era parte de su propio nombre. Incluso la actitud del instructor era completamente distinta a la de antes. Parecía como si el instructor respetara realmente a Shinya, no, le diera miedo. A lo que el instructor le dijo, Shinya respondió sonriente. — ¿Entonces, ya no tengo que seguir compitiendo? — Así es. — ¿Sobreviví? — Si.
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    8 — Ah, lohice… Al principio, no sintió nada especial. Fue muy repentino. Competir con los demás había sido una rutina, parte de su vida, y por eso, fue incapaz de reaccionar apropiadamente. Pero el instructor continuó: — Y muy pronto, su prometida, Mahiru-sama, estará aquí de visita. Ella misma pidió hacerlo. Parece que ella alberga un enor- me interés en usted, Shinya-sama. —………. — Deseamos grandemente que el encuentro de los dos futu- ros pilares de la familia Hiiragi se convierta en una experiencia hermosa. Habiendo dicho eso, el instructor se disculpó. Shinya quedó solo en el salón de entrenamientos vacío. Se le había dicho que conocería allí a su prometida. La conocería allí, donde los interminable baños de sangre tomaron lugar. Una vez se dijo eso, Shinya finalmente pudo sentirlo. Había sobrevivido. Pensó que el interminable baño de sangre seguiría por toda la eternidad. Pero finalmente sobrevivió. Al mismo tiempo, una chica apareció en la entrada del salón de entrenamientos, la cual estaba un poco alejada de Shinya. En una esquina de su mente, una muy pequeña, esos pensamientos brotaron. ¿Qué tipo de chica era su prometida? ¿Sería hermosa? ¿Amable? —………. Mahiru se acercó. Parecía exceder todas y cada una de las ideas que Shinya había tenido jamás. Un largo y brillante cabello color ceniza. Unos ojos dignos llenos de una poderosa determinación. Una piel completamente blanca, casi transparente. Elegante, calmada, y con una voz reso- nante y fría como el hielo. — ¿Entonces tu eres el que sobrevivió para plantar tus se- millas dentro de mí? Shinya hizo una reverencia. — Si. Por primera vez a sus servicios.
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    9 — ¿Te llamas…? —Me llamo Shinya. — Shinya… ¿y cómo se escribiría tu nombre en kanji? — Está escrito como profundo y noche. — Es uno poco común. — ¿En serio? No lo había notado. Después de todo, se encontraba allí a la corta edad de cin- co años. Ni siquiera tuvo tiempo para pensar en esas cosas. Pero ahora que se lo decían, parecía que sí, su nombre era poco co- mún. Con una sonrisa, Shinya miró a Mahiru y le dijo: — Pero, para una persona que vivirá bajo la sombra de usted, «Mahiru»-sama, quien irradia como un sol, creo que es un nom- bre ideal. Pero una vez que Mahiru escuchó eso, su rostro mostró un poco de disgusto. — Esa es una forma demasiado servil de ponerlo. Parecía que a Mahiru le disgustaba ese acercamiento. Pero Shinya necesitaba ser aceptado por ella. La única razón por la que se le era permitido existir en ese momento era debido a su estatus como prometido de Mahiru. Y Mahiru, al menos sintió interés por él y fue a ver a Shinya en persona. Luego, allí mismo, Shinya necesitaba impresionarla. Por eso, él pensó: ¿Qué tipo de actitud quería ella de él? ¿Qué tipo de chicos prefería? Sonriendo, Shinya exploró unas respuestas. — Lo lamento muchísimo. Acabo de descubrir que he so- brevivir, por eso no estoy muy seguro de cómo debería tratar a una persona de la familia Hiiragi… Pero Mahiru lo interrumpió y dijo: — ¡No siento interés alguno en ti, así que se tú mismo! Shinya miró el rostro de Mahiru. Observó y buscó que tipo de expresión estaba mostrando, qué tipo de pensamientos llenaban su mente. Ella era una Hiiragi. Desde el momento en que nació, se convirtió en un dios para los seguidores del «Mikado no Oni». De seguro ya estaba enfer- ma y cansada de la gente que trataba de absorberla. Por eso, probablemente era mejor impresionarla de forma distinta… Pero, como si cortara sus pensamientos, Mahiru habló:
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    10 — Ya tengoa una persona a quien amar. Por eso, no puedo aceptarte. Hoy solo vine para decirte eso. Parecía que esa era la realidad. Shinya miró a Mahiru. —…………….. No dijo nada. Las palabras sin cuidado eran peligrosas. Mahi- ru dijo que no lo elegiría. Pero si ese era el caso, Shinya no tendría valor alguno. Y hasta ayer, todos los que perdieron y ya no tenían valor eran eliminados. Pero Mahiru siguió su historia como si leyese los pensamien- tos de Shinya. — Ah, no tengas miedo de hablar libremente. Puedo ase- gurarte de que no hay vigilancia.
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    12 Shinya respondió: — Nopuedo confiar en eso. Ante esa respuesta, Mahiru sonrió un poco: — ¿Así es cómo hablas? Entonces, por favor, continúa. — ¿Es lo que prefieres? — Bueno, sí. Pero aun así no me enamoraría de ti. — ¿Hm? Que problemático. Y yo que sobreviví solo por esa razón. — Qué mal. — ¿No te puedes enamorar de mí? Escuchando eso, Mahiru volvió a sonreír un poco. — Dejando de lado el poder o no poder, apenas nos veni- mos conociendo. — Entonces todavía hay una oportunidad… — No la hay –lo rechazó inmediatamente. Mahiru dijo esas palabras de forma muy tranquila, y al mis- mo tiempo, Shinya fue capaz de sentir una poderosa determi- nación en su voz, tanta, que no le permitiría objeciones. Lo que significaba… — Si es así, entonces hoy me matarán… — No –dijo Mahiru sacudiendo la cabeza–, fingiré que esta- mos saliendo, que te estoy agarrando cariño. Ante esas palabras, Shinya pensó muchas cosas: ¿Por qué Mahiru hacia eso? ¿Qué razones tenia para venir a conocerlo? Pero la respuesta brotó de inmediato de la boca de Shinya. — Entonces, eso significa que la persona que amas no es per- mitida por la familia Hiiragi. Como si se sorprendiera un poco, los ojos de Mahiru se am- pliaron notablemente. Luego dijo: — Como era de esperar, eres inteligente. — Entonces me elegiste para encubrirte. Mahiru sonrió. Su rostro brilló notablemente como si pensar en la persona que amaba la hiciera feliz.
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    13 — Entonces, asíes. Desde que escuché que eras de la Casa Hiiragi, me preguntaba qué tipo de persona serias. Y ahora que lo veo, solo eres una jovencita enamorada. — Si –rió Mahiru–. Solo soy una jovencita enamorada, na- cida en una casa en la que no se permite amar normalmente. — ¿Y te puedes llamar a ti misma una jovencita? — Jajaja. Como deseaba haber nacido como una niña nor- mal. —…………. — En una casa en la que se me permitiera amar a quien yo quisiera. Eso de desear haber nacido como un niño normal era lo mis- mo para Shinya. Matar a otros para sobrevivir. Ser eliminado si fallabas en la obtención de un buen resulta- do. No quería vivir mientras luchaba con tales miedos. — Pero, tú también –dijo Mahiru mientras miraba a Shin- ya.– ¿No estás feliz de no tener elección y salir con alguien a quien ni siquiera quieres? Shinya respondió a eso. — Si es con una chica encantadora como usted, Mahiru-sa- ma… — No me elogies, no es necesario. Mahiru lo interrumpió, pero Shinya seguía sonriendo. — No lo hago. Realmente eres bonita. Y aunque se dijo que nunca obtendré tu amor – incluso si hasta ahora no tenía interés alguno, estoy comenzando a desearlo, aunque sea un poco. —………. — Después de todo, nunca he perdido. Shinya apuntó al lugar donde estaban, esa instalación de en- trenamientos, donde lo forzaron a competir contra otros por el simple hecho de sobrevivir. Y todo desde los cinco años. — Tienes razón –sonrió Mahiru–. Porque si hubieses perdi- do, te habrían eliminado. — Por eso, estoy contento aun si solo estoy para encubrirte, al menos por ahora. Luego me ganaré tu corazón. Si. Hagámoslo. Esa será mi próxima meta. Pero, aun sonriendo, Mahiru miró a Shinya con lastima, lue- go dijo:
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    14 — Entonces, ¿tegustaría perder una vez, justo aquí? — ¿Eh? — Si pierdes una vez, ¿ya no seguirías obsesionado con eso? — ¿Pero que di…? Pero ya Mahiru se movía directamente hacia él. Sus movimientos eran frescos, pero no rápidos. Shinya abrió sus ojos a medio camino, miró en su dirección, y dijo: — ¿Esto es un Hiiragi? Pudo sentir su corazón enrollarse con un latido. ¿Fuimos for- zados a arriesgar nuestras vidas por una persona que solo puede moverse de esa forma? Shinya pudo sentir como perdía rápida- mente el interés y su deseo por ella. Mahiru levantó su puño. Fue fácil detenerla. Una persona con su nivel de habilidad habría sido eliminada hace mucho, mucho tiempo. Shinya levantó su mano, sujetó la mano de Mahiru. No, creyó haberlo hecho. Mahiru desapareció frente a sus ojos. Todo era una ilusión. En eso, alguien le tocó la espalda, y una voz fluyó por sus oídos. — Jajaja, ¿piensas plantar tus semillas en mí, teniendo este nivel? Ni siquiera fuiste capaz de tocarme. Ella estaba en otro nivel. A un nivel distinto al de los chicos con quien compitió hasta ayer. Ella era un oponente a quien no podía tomar a la ligera. Eso le hizo maldecir su estupidez. Probablemente era un talismán de papel con hechizos con- jurados pegados en su espalda. En eso Mahiru dijo suavemente: — Explota. Al mismo tiempo, Shinya se movió. Lo hizo con todas sus fuerzas. Se colocó un talismán en sí mismo para contratacar los hechizos y trató de minimizar el daño. Dio unos cuantos pasos y se volvió. Mahiru sonreía. Lo hacía tristemente.
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    15 Él simplemente nopudo encontrar aberturas en ella. Esta vez, sintió una presión distinta. Shinya y ella. ¿Quién sería el más fuerte? Probablemente. Lo más seguro. — Bueno, entonces esta vez, supongo que perdí, ¿no? Mahiru sonrió. — ¿Es tu primera derrota? Si es así, a partir de ahora te ha- rás más fuerte –y dijo. Pero ante eso, Shinya sonrió y respondió. — No. A estas alturas, al estar aquí, significa que perdí hace mucho tiempo. Desde el momento en que sus padres lo vendieron. Desde el momento en que no pudo escapar. Desde el momento en que no pudo rechazar el encuentro. Desde el momento en que dejó de vivir libremente. Desde eso, ya había perdido. Pero Mahiru era distinta. Esta chica sí que lo era. Ella llegó allí, no para perder. Sino para continuar amando a la persona a la que le habían prohibido que amara. Ella llegó hasta allí para elegir, con sus propias manos, su destino. — Por eso, tengo una pregunta –dijo Shinya. — ¿Cuál? — La persona que amas, ¿es más fuerte que tú? Mahiru sonrió con alegría. Lo hacía como si se divirtiese. El rostro dejaba ver que era el de una chica que está perdidamente enamorada. En ese momento, ella parecía la más atractiva. Era como si pensara en ello. Volvió ligeramente su cabeza a un lado y dijo: — Hmm, ¿Me pregunto… como es Guren? Ya sea fuerte o débil, sin embargo, no me hará cambiar de idea. — Eh, eso no es justo. Entonces no vendrá mi turno. Ante las palabras de Shinya, Mahiru volvió a reír. Una sonrisa brillante parecía a esa serena y tranquila tarde. — Guren es fuerte, probablemente. Más fuerte que yo. Mu- cho.
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    16 — ¿Entonces quieresa ese tal Guren? — Hmmm. — ¿Porque es fuerte? — Hmmm. — Ya veo. Es así. Bien, lo tengo. Actuaré como tu cómplice. Hasta que puedas estar con la persona que amas. Actuaré como tu cómplice en este lugar. — Bien –sonrió Mahiru alegremente–. Entonces, por favor, cuida de mí a partir de ahora, Hiiragi Shinya-san. — Solo llámame por mi nombre. Yo haré lo mismo. De esa forma seria menos sospechoso, ¿no? Por eso, Mahiru. Cuida de mí también. Una vez más, ante las palabras de Shinya, Mahiru sonrió: Su rostro era increíblemente hermoso. —……. Y allí, por primera vez, él sintió un poco de celos hacia Guren, a quien aún no conocía.
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    17 Guren Ichinose mirabala sangre que era retirada de su brazo. Cuando la aguja penetró, esta extrajo una sangre de color ne- gro que contenía una gran cantidad de dióxido de carbono. —…Guren-sama. La mujer científica le habló. Guren la miró. Allí, de pie, esta- ba una chica de unos veinte años de edad que vestía una bata de laboratorio blanca. Era una investigadora de maldiciones perteneciente al «Mi- kado no Tsuki» al cual estaba afiliado la Casa Ichinose – Mitsuki Iori. Cuando la quinta jeringa fue retirada, Mitsuki dijo: — Ahora la investigación está completa. — ¿Hm? Ah, gracias. Guren asintió, y desenrolló su manga. — Y, ¿para cuándo estarán listos los resultados de los exáme- nes? —…los demás investigadores ya han comenzado a investigar su estatus, Guren-sama, por ello ya ha habido algunos resultados. — Hm, ¿y? —…todo indica que hay veneno en su cuerpo. — ¿Qué tipo de veneno es? —……….. Tras un momento de silencio, Mitsuki respondió de inme- diato. — Es desconocido… pero parece que es un veneno casero que está inyectado con una maldición. En este estado, aun es no está claro que tipo de maldición es. — ¿Nuestras instalaciones de investigación es incapaz de ana- lizar esta maldición avanzada? —…así parece. — ¿Eres capaz de investigarlo detalladamente? — ¡Claro! Por favor, déjenos seguir trabajando. ¡Seguiremos erosionado el veneno en su cuerpo, Guren-sama!
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    18 Guren miró conojos entrecerrados la expresión determinada en el rostro de Mitsuki, y en eso pensó en otro rostro. El rostro de la chica que había colocado el veneno en él. El hermoso rostro de Mahiru Hiiragi. Ella estaba empeñada en hacer hasta lo imposible y sellar con éxito el «Demonio» en el arma usando el «Kiju». No, parece más bien que ya tiene una habilidad de combate considerable. Sin importar qué, fui capaz de cortar a un miem- bro de la aristocracia vampírica abrumadoramente poderoso al cual los humanos nunca habrían sido capaz de igualar. Esto ya se encuentra significativamente más allá de la ciencia y tecnología actual, y el poder normal actual de las maldiciones. —……. Guren lo volvió a recordar. La sonrisa de Mahiru, y lo que ella le había dicho: — Pero ya no eres humano. Tu brazo fue cortado y aun así fue capaz de volver a unirse. En tu alma, ya tienes una mezcla del «Demonio». Por eso, al final, se romperá. Al igual que yo, tu corazón se destrozado por la oscuridad. Ah, Guren. Parece que nunca nos separaremos. Convirtámonos juntos en demonios, ¿sí? Demonio. Veneno de Demonio. Veneno «Kiju». Guren se tocó suavemente el lugar donde su brazo había sido cortado, y que ahora estaba sanamente unido. En eso, Mitsuki habló: — Guren-sama, ¿puedo decir algo? — ¿Qué es? — Por favor, permita que el veneno sea experimentado en unos cuantos sujetos humanos más. —………… — Aunque actualmente el «Mikado no Tsuki» no permite ta- les experimentos… Pero antes de poder finalizar, Guren sacudió su cabeza: — No. — Pero, para resolver esto, es…
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    19 — No, nolo permito. Soy el único con quien deben experi- mentar. ¿No es suficiente? –respondió Guren. No, claro, es imposible. Para llevar a cabo una investigación de maldiciones así, lo esencial seria la experimentación humana, sin embargo, debido a esto, tales experimentos fueron prohibidos. Y no fue el «Mikado no Tsuki» quien promovió esa prohibición. No, sino los maestros arrogantes – para ser exactos, los dirigidos por la Casa Hiiragi, es decir, el «Mikado no Oni». Si la Casa Ichinose comienza la experimentación humana, y si se sabe que llevamos a cabo la investigación de la maldición prohibida, entonces eso se convertiría en una declaración de gue- rra contra el «Mikado no Oni». Si ese fuese el caso, el «Mikado no Tsuki» seria derrotado al instante. La brecha de poder es inmen- sa. Por eso… —…úsenme solo a mí. En curarme – usen esa única razón para investigar también. Pero Mitsuki dejó ver una expresión de descontento. — ¡No puedo hacer eso! ¡La toxina ahora está erosionando de su cuerpo, Guren-sama! ¡Esta es una investigación urgente…! — ¡Te dije que no! –gritó Guren, y Mitsuki se detuvo. En eso, Guren volvió a decirle. — Una vez que inicies la experimentación humana, no podrás parar, ¿cierto? Investigar una nueva maldición, usar un nuevo ex- perimento, crear nuevos poderes, el poder, el poder… y luego, ¿qué sigue? Serás consumida por ese poder, o serás derrotada por la Casa Hiiragi. Sea cual sea el caso, el resultado es la destrucción. Guren pensó en Mahiru. — Guren, me gustas. Obsesionada por el poder, Mahiru colapsó. — Me gustas, Guren. Tu y yo somos iguales, donde la locura y los demonios viven dentro de nosotros. — Mitsuki –dijo Guren–, aún no hemos llegado a ese estado. No uses la experimentación humana. —……….. — Solo úsame como sujeto de pruebas. Experimentar con- migo es suficiente. No es necesario completar la investigación «Kiju». Con encontrar la forma de contrarrestar la toxina es su- ficiente… En eso, Mitsuki sonrió:
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    20 — Guren-sama. — ¿Hm? —Soy igual que usted, Guren-sama. Mi tipo de sangre es «A». — ¿Y…? ¿Qué? Quise preguntar, pero lo que Mitsuki planeaba hacer, era algo que ya me imaginaba. — Detente… Pero ya era demasiado tarde. Sus manos sujetaban la jeringa. Dentro de esta estaba la sangre de Guren. Mitsuki introdujo la aguja en su muñeca. —…no puedo dejar que usted se convierta en un material de pruebas -e inyectó la sangre. — ¡Idiota! –Guren sujetó la jeringa, pero ya la sangre había sido inyectada. Claro, existía una posibilidad de que nada sucediera. Al mez- clar la sangre de Guren, podría no surgir resultado alguno. No, en realidad, Mitsuki sonríe. —…de esta forma, la experimentación puede llevarse a cabo un poco más. Usando mi cuerpo como material experimental… —……….. Pero, con eso, Mitsuki fue incapaz de continuar. Su expresión cambió por completo. Su cuerpo temblaba, colocó su mano dere- cha sobre la izquierda, donde la sangre había sido inyectada. — ¿…qué es…esto… tan poderoso…? –gritaba–. Este po- der… yo… no puedo, no quiero… Su mano izquierda se hinchó. La maldición de la espada cu- brió su mano. Al levantarla, notó que se parecía a la mano de un demonio. — ¿Cómo? No puedo, controlar esto… En eso, Guren sacó su espada. Esa espada que obtuvo de Hiiragi Kureto, la espada demoniaca «Hakushi». Cortó el brazo mutado de Mitsuki. Pero la mano izquierda comenzó a hinchar- se más y más. Desde donde cortó, patas de araña comenzaron a emerger, levantándose. La mano que fue cortada ya era más grande que una camilla del laboratorio. En la palma, había tres ojos. También una boca llena de dien- tes apareció – la cual quiso tragarse a Mitsuki:
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    21 — ¡¡Vete alinfierno!! Una vez más, Guren usó todo su poder y volvió a levantar la espada. La clavó entre el dedo medio y el anular, cortando toda la mano. La espada realizó una curva. En ese instante, el monstruo de tres ojos lo miró. Luego abrió su boca, y habló con una voz baja y ahogada. — ¿…qué es esto, tu también eres un «Demonio»? — ¡Cállate, monstruo! –habló Guren, y volvió a cortar la mano. Esta cayó en silencio. Fue un corte en forma de cruz, y cayó en la cama. Esta vez, las puertas del laboratorio se abrieron, y unos cuan- tos investigadores con batas blancas entraron.
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    23 — ¡Guren-sama! — ¡Guren-sama! —Olvídense de mí. ¡Traten a Mitsuki! Guren les dijo a los demás investigadores. Se volvió a ver a Mitsuki, quien había caído tendida en la cama. Había perdido su brazo. Varios talismanes fueron fijados en la zona de corte. Parecía que ya el sangrado estaba detenido. Los investigadores quisieron mover a Mitsuki. Pero ella no estaba escuchando lo que la gente a su alrededor le decía. Miró sobre la cama, la enorme mano que había sido envenenada… —…que poderoso. Este tipo de poder… ¿qué está pasando? Nunca lo había visto… necesito… estudiarlo. Ya había perdido su brazo. Ya no podía controlar el poder. Pero aun así tenía una expresión placentera al hablar. En eso, Guren volvió a pensar en las palabras de Mahiru: — No puedes resistir el deseo de poder. Esa sed de poder. Pues tu y yo somos iguales, vivimos en las profundidades de la cueva sin fin… La arrogancia en la infección. El deseo por la infección. Varios investigadores estaban mirando el cuerpo del demo- nio que estaba en la cama, interesados. Alguien quiso tocarlo, pero Mitsuki habló: — No lo toques. Eso sigue siendo contagioso. A partir de ahora tienen que llevar uniformes anti maldiciones. Ella fue apoyada por los otros investigadores, y luego miró a Guren. — Guren-sama, es vergonzoso que me vea de esta forma. Pero, una sola palabra y progresaré con la investigación. Esta mis- teriosa maldición la revelaré para usted. Guren quiso reírse de sus palabras, y dijo: —…acabas de perder un brazo, ¿y aun dices eso? Pero Mitsuki malinterpretó esas palabras, pensó que la elo- giaban, y por eso sonrió. — Con el fin de que la humanidad progrese… con el fin de que el «Mikado no Tsuki», liderado por usted, Guren-sama, sea más poderoso, un sacrificio es necesario.
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    24 Si hubiese unespía Hiiragi entre ellos, eso habría sido trata- do como un «intento de rebelión» y el «Mikado no Tsuki» habría sido eliminado. Sin embargo, cada investigador en ese cuarto Gu- ren los conocía desde su infancia. Sin importar qué, el lugar estaba lejos de la base Hiiragi – en Shibuya solo había personas del «Mikado no Tsuki» viviendo el pueblo montañoso del distrito Aichi. Y ellos estaban en el centro del sótano de la mansión Ichinose, en el laboratorio de investiga- ciones. — ¿La humanidad? Parece que es un poco indulgente hablar así –dijo Guren. En eso, Mitsuki rió: — Para los investigadores, todos son iguales… bien, escu- chen, comencemos. Ya al menos tenemos un comienzo para este experimento. Y, ¿Guren-sama? — ¿Qué? — Es la hora. Guren miró el reloj en la habitación. Era la una de la mañana. Si quiero llegar a la escuela Hiiragi, debo partir ahora. —…yo volveré. Continua con la investigación –asintió Gu- ren. — Si, obtendré resultados para usted. — No te apresures. Si la situación se vuelve riesgosa… En eso, Mitsuki respondió: — Tendremos mucha precaución para que la Casa Hiiragi no lo descubra… bien, comprendo. Hoy fui un poco valiente. Fue porque quise establecer algo de información frente a usted, Gu- ren-sama. Con que era eso. Aunque ella quería investigar muy en serio «Kiju», ella no tuvo la aprobación para ello. Por eso es que ella quiso realizar tal movimiento frente a mí… no. — ¿…no me digas que todos los que están aquí sienten lo mis- mo? —………. Todos se notaban nerviosos. Bueno, es natural. Pues todos saben en lo que estarían invo- lucrándose. Camaradas. Mitsuki Iori – aunque ella sabe que puede morir, aun siguió adelante con esas cosas, con descuido.
  • 25.
    25 Guren miró elexterior de la habitación. Ya había unos cuan- tos soldados del «Mikado no Tsuki» en sus labores. Todos ellos eran conocidos. Parece que estamos reuniendo mucha fuerza. —…..Guren-sama –dijo Mitsuki–. Si este experimento llega a ser exitoso, el anhelado deseo del «Mikado no Tsuki» finalmente será… — Ya basta, Mitsuki –la interrumpió Guren. Él comprendió lo que ella estaba por decir. El deseo del «Mikado no Tsuki» - es simplemente erradicar por completo al «Mikado no Oni». Dejar de ser utilizados, humi- llados e insultados. Y ahora, justo frente a nosotros se encuentra la posibilidad de alcanzar tal anhelado deseo. Por esa razón… —………….. Mitsuki y los demás ya han perdido el control. Lo mismo pasó con Mahiru. Quedó completamente infectada con la arrogancia. Una vez que empecemos, es muy seguro que la Casa Hiiragi lo descubra. Todos seriamos asesinados en caso de que nos ex- pongan. Y a pesar de saberlo… — ¿…están listos para luchar contra la Casa Hiiragi? — No tenemos intención alguna de dejarlo luchar solo, Gu- ren-sama –respondió Mitsuki. —…….. — Aunque nuestros padres son leales al suyo, es decir, a Ichi- nose Sakae-sama – nosotros somos fieles a usted. —………. — Pero lo más importante, luego que Sakae-sama fuese tor- turado por la Casa Hiiragi, nuestra determinación aumentó. No queremos que nos vuelvan a humillar… Pero, Guren, sin dejarla terminar, dijo: —…suficiente. Lo entiendo. Ahora puedes parar. — Pero. — No, esto es suficiente. No voy a aceptar tus expectativas. La expresión de Mitsuki se tornó clara. Una expresión alegre emergió del rostro de los investigadores. Retar a una organización que es 1000 veces más fuerte que ellos, eso es suicidarse. Para lograr esa meta se necesita arrogan- cia. Pero…
  • 26.
    26 —…minimicen las pruebashumanas. Queremos ganar mien- tras mantengamos un estado racional. — Pero. — Nada de peros. Esta es una orden. Si llegamos a ser descu- biertos de inmediato por la Casa Hiiragi, las cosas se complica- rían. Por eso, no hagan nada demasiado obvio. —…………. — En cuanto a la declaración de guerra, es algo que yo deci- diré. — Pero, llevar a cabo eso de forma tan calmada… — Si quieres hacerlo –la interrumpió Guren–, entonces hazlo dentro de un año. De repente, todos los investigadores se alarmaron, pues ya se encontraban a mediados de agosto. Por eso hacerlo dentro de un año, antes de comenzar la gue- rra, eso sería en solo cuatro meses. Pero con el fin de mantener esto como un secreto para la Casa Hiiragi, ese sería el tiempo límite. Incluso Mahiru lo dijo: — Déjame decirte un secreto, el mundo será destruido este año, en Navidad. — Las campanas del apocalipsis sonaran y el virus se propa- gará. Por eso es que el mundo necesita hacerse más fuerte. El virus – eso significa que hay una posibilidad de lucha bio- lógica. Con respecto a la escala de la destrucción, parece que todo el mundo se verá involucrado. Aunque no sé cómo la «Secta Hyakuya» va a encargarse de esto, el sentido común me dice que ellos pueden tener la vacuna. Y solo con el fin de amenazar al mundo. Si no se rinden ante nosotros, todos morirán – quizá todo termine así. Pues la «Secta Hyakuya» es una organización a nivel mundial. Por eso, la posibilidad de que eso pase, existe. Por esta razón, la «Secta Hyakuya» ha comenzado la guerra. Ya queda muy poco tiempo antes de que el mundo sea des- truido, por eso, ellos no se preocupan por el poder de los demás y dieron inicio a la guerra contra el «Mikado no Oni». —…ah. El día de Navidad, ¿habrá un ángel de los cielos que tendrá parte en la destrucción del mundo? Tienes que estar bro- meando, después de todo, esto es Japón –dijo Guren, sonriendo.
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    27 Por eso, antesde que sea demasiado tarde, tengo que obtener más poder en mis manos. Ya no queda tiempo. El tiempo no es- pera a nadie. Eso lo entendía muy bien. Luego, le dijo a Mitsuki. — Entonces, queda así. Discretamente, constantemente y rá- pidamente. — ¡Sí! Todos respondieron. Ahora las cosas están en movimiento. Ahora que hemos co- menzado una rebelión contra la Casa Hiiragi, me temo que no seré capaz de detenerlo. ◆ ◆ ◆ Tras salir del laboratorio, las que siempre permanecían a un lado de Guren llegaron, se abrían paso entre los soldados. Hanayori Sayuri y Yukimi Shigure. Ambas tenían expresiones de preocupación. — ¡Guren-sama! –habló Sayuri–. ¡¿Qué demonios sucedió luego que lo dejáramos?! En eso, Shigure miró dentro de la habitación y vio a los inves- tigadores trabajar con agitación y se volvió hacia Sayuri y le dijo: — Iori Mitsuki perdió su brazo. Y también está el cuerpo de un monstruo extraño allí dentro. Sayuri, miró con sorpresa a Shigure, luego dijo: — ¡….Guren-sama! ¿Acaso nos está ocultando algo? — No tienen que saberlo… –dijo Guren sacudiendo su ca- beza. Pero Shigure lo interrumpió, y dijo con una expresión fría. — Esto es inaceptable. Estamos aquí para protegerlo, Gu- ren-sama. Si no comprendemos bien la situación, no podremos lograrlo… — Es cierto. Por eso que no se los diré. Son las más cercanas a mí protegiéndome en la escuela Hiiragi. Por eso, trataré en lo po- sible de no contarles nada a ustedes. Si se los hago saber, la Casa Hiiragi les sacará esa información… — No es un problema –respondió Sayuri de inmediato–. Si nos atrapan, nos suicidaremos de inmediato. Shigure estuvo de acuerdo.
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    28 — Por esoes que… — ¡JA! –rió Guren–, ¿tienen la determinación para suicidar- se? No subestimen a la Casa Hiiragi. Si ustedes conocen la situa- ción, no podrán dejar este cuarto. Me conseguiría un reemplazo. Por eso, si quieren estar a mi lado, entonces es mejor que se que- den tranquilas. Sayuri y Shigure se miraron entre sí. Luego, tras un momento, ambas hablaron. — Entonces, con el fin de estar cerca de usted todo el tiem- po… — Así es. Guren avanzó, dejándolas atrás. — Volveré a Tokio. ¿Dónde está el carro? — Ya está todo listo. — Bueno, vayámonos. Mañana tenemos que ir a la escuela. Con eso, Guren avanzó.
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    29 — Este esIchinose Guren-sama. Eso fue lo que se escuchó en uno de los salones de la Secun- daria Shibuya. Hasta hace poco, todos allí habían sido un enemigo. Los que lo saludaban eran regaños, ignorancia, y una botella de refresco lanzada de Dios sabe dónde… Al abrir la puerta del salón de clases, había unos cuantos es- tudiantes susurrando en el pasillo. — Escuché que fue elegido como el subordinado directo de Kureto-sama. — Ellos dicen que oculta su verdadera fuerza, pero que fue descubierta por Kureto-sama. — También se lleva bien con Shinya-sama, y su fuerza tam- bién ha sido reconocida por esos dos de la Casa Jūjō y la Casa Goshi. — ¡¿Entonces qué idiota fue el que dijo que él era una rata de mala familia?! — ¡Tú mismo lo dijiste! — ¡No jodas! ¡No fui yo! Guren, sin embargo, estaba ignorando esas conversaciones molestas. Se sentó en su puesto, apoyó su rostro sobre su mano y comenzó a soñar. Era evidente que no había dormido. Durante toda la noche, él estuvo en el puesto trasero de un vehículo en la Autopista Tomei, con destino a Tokio desde Aichi a 150 kilómetros por hora. Durante ese tiempo, su mente estaba centrada en lo que podría pasar en el futuro, y por eso, no fue capaz de dormir bien. —………. Guren abrió sus ojos, medio dormido, y miró por la ventana. Aunque desde el salón de clases no podía sentirlo, debido al excelente aire acondicionado, afuera estaba tan caliente que todo parecía estar envuelto por una cortina de calor. Hoy era 20 de agosto. Para las escuelas normales, podrían ser las vacaciones de ve- rano, pero en esta escuela, tales descansos no existían.
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    30 De acuerdo alas noticias, la temperatura en esos días había alcanzado un nuevo incremento. ¿Por qué estaba tan caliente? Si el calor persistía, podría hacer que la comida almacenada se dañara, pero ya que, al fin y al cabo, el mundo se acabaría en navidad, preocuparse porque la comida se dañe, sería algo com- pletamente inútil. — ¡….Guren! ¡Guren! Alguien dijo su nombre. Pero Guren no lo notó y siguió mi- rando por la ventana. El propietario de la voz se enojó y golpeó la mesa con fuerza. — ¡Oye, Ichinose Guren! ¡¿Por qué estás ignorando mis pre- guntas?! Impacientemente, Guren miró hacia la fuente del ruido. Allí había una chica de su clase. Su rasgo más notable era su brillante cabellera roja, una mirada fuerte, y una piel pálida. Se trataba de la hija de la prestigiosa familia Jūjō – Mito Jūjō. — Todos los días –continuó–, no entrenas y siempre tienes esa actitud estúpida y aturdida… ¿acaso la fama de que Kure- to-sama te haya notado te volvió arrogante? — ¿…quien es arrogante? Contestó Guren, y Mito respondió con rabia. — ¡Estoy hablando de ti! ¡Ichinose Guren! ¡En clases actúas como si no hubiese nadie a tu alrededor, dúrate las clases de edu- cación física y hechizos no usas tu verdadero poder! ¿Qué demo- nios quieres? Ante esas preguntas, Guren se preguntaba en cómo respon- der. En primer lugar, el contenido que cubrían las clases se encon- traba por debajo de su nivel intelectual. Simplemente no había nada que valiese la pena aprender. Sin embargo, todos allí eran sus enemigos, por eso, no existía la necesidad de que sus enemigos vieran su verdadero poder. Y por eso, todos los días, él actuaba ociosamente y fingía ser un imbécil – pero incluso si él explicaba todo eso, ella probable- mente no lo entendería. En la familia Hiiragi, tener valor o ser famoso – ante la gente de allí, era algo que debía celebrarse. Por lo tanto, que Guren se volviera arrogante u orgulloso no era sorprendente, pues era algo que digno de sentirse orgulloso. ¿Entonces era mejor actuar alegre? Sin embargo, fuese su te- rrible actitud o que su fuerza real estuviese oculta, ambas cosas
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    31 En medio deesos pensamientos, inesperadamente… —…uwah~ Un bostezo se escapó de su boca. Esto enojó aún más a Mito. — ¿Qué tipo de actitud es esa? — Tus aullidos me provocan dolor en los oídos. — Primero que todo, hace poco, durante el entrenamiento físico, vi que, de inmediato, perdiste ante un compañero de cla- ses… ¿cómo es posible? ¡Tú fuerza no debería ser tan baja! Guren se encogió de hombros. — No, realmente tengo mucha fuerza. Eso la enojó aún más. — ¡Esa es exactamente el tipo de actitud que hace que los demás les duela la cabeza! — ¿Les duela la cabeza? ¿Por qué? ¡No tienes razones para que eso te pase! Mito habló con más intensidad. — ¡Por supuesto que sí! ¡Si andas de ocioso, aquellos de las familias prestigiosas que se la pasan contigo, también son objetos de burla y pena, ¿no lo has notado?! No era una sorpresa que estuviese tan enojada. En otras palabras, siendo subordinado de Kureto, Guren aho- ra había hecho grupo con Mito y Goshi, por lo que, si su mala ac- titud era vista, él también arrastraría la reputación de los demás. Guren sonrió y dijo: — ¿Y por qué tengo que preocuparme de tú reputación? — Porque… todos somos subordinados de Kureto-sama, en un futuro también seremos compañeros de trabajo, por eso… Sin embargo, Guren no siguió escuchando. Compañeros. ¿Ellos eran compañeros? Los compañeros de Kureto-sama, ¿compañeros? Ciertamente es una fortuna se ele- gido personalmente por Kureto-sama para ser su subordinado. Eso era lo que Guren pensaba.
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    32 —…jajaja –Guren riócon auto desprecio, antes de bostezar y seguir apoyando su cabeza sobre su mano. — ¡Oye, Guren! –gritó Mito. El chico sentado a un lado co- menzó a reir. Era Hiiragi Shinya. Vamos, Mito-chan, no lo interrumpas más. No es como si su actitud decepcionante y ociosa fuese algo nuevo. Mito mostró una expresión de respeto hacia alguien de la fa- milia Hiiragi. — Ah, Shinya-sama. Pero… — En fin, para alguien de su calibre, el programa enseñado en esta institución debe ser inútil, ¿cierto? ¿Guren? ¿Estás de acuer- do? —………. Cuando Guren ignoró a Shinya, Mito se enojó una vez más. — ¡Oye, tú! ¡¿Cómo te atreves a ignorar las palabras de Shin- ya-sama?! Escuchando ese grito furioso, la gente de fuera comenzó a susurrar. — Oye, parece que el rumor era cierto. Realmente se lleva muy bien con Shinya-sama y esa chica de la Familia Jūjō. — Entonces, ¿eso significa que la rebelde familia secundaria Ichinose ha jurado lealtad a la familia Hiiragi… a Kureto-sama? Al oír esa voz. —……… Guren nuevamente miró por la ventana y se mordió suave- mente el labio. En el pasado, la familia Ichinose había sido la más fiel a la familia Hiiragi, y entre las familia secundarias, habían sido la más prestigiosa y poderosa. Pero hace 500 años – ellos se dividieron de la familia Hiiragi y establecieron la secta religiosa «Mikado no Tsuki». Con respecto a la situación de ese entonces, no hay reportes exactos, pero la razón era algo que todos conocían muy bien. La única razón era, una simple historia de amor. Una trágica historia de amor. Una vez hubo una hermosa chica Ichinose, y dos de los hijos de los Hiiragi –el mayor y el segundo– compitieron para ver a quien prefería.
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    33 Luego de unaserie de eventos complicados, el segundo hijo, con éxitos, se ganó el afecto de la chica. De acuerdo a la leyenda, el hijo mayor no fue capaz de aceptar esa realidad. Por eso, una noche, el hijo mayor violo a la chica, la embarazó y castró al segundo hijo. Luego de eso, el hijo mayor tuvo a su propio hijo, la chica y el segundo hijo fueron echados de la familia. El segundo hijo, exiliado, junto a la chica Ichinose, estable- cieron la nueva secta religiosa «Mikado no Tsuki». Sin embargo, su derrota fue aparente. Después de todo, cuando todo fue dicho y hecho, el hijo mayor siguió siendo el heredero de la familia Hi- iragi. El que lideraba el «Mikado no Oni» era el heredero de la fa- milia Hiiragi. Sin embargo, el hijo mayor no destruyó la organización es- tablecida por su hermano y la chica Ichinose. La razón: para hu- millarlos. Por eso, esa chica Ichinose que no lo eligió, y su hermano menor que lo traicionó, serian productos de burla y desprecio por toda la eternidad. Él les permitió vivir para que sufrieran la humillación. Para que sus descendientes tuviesen que soportar siempre el desprecio de otros. Claro, el hijo castrado no podría procrear hijos con la chica. Por tal razón, el niño nacido de la violación del segundo hijo – el chico Hiiragi se convirtió en el hijo adoptado y heredero del «Mi- kado no Tsuki». El segundo hijo siempre fue rechazado. La chica también lo fue. Sin embargo, ambos siguieron amándose profundamente. Aunque todo lo demás le fuese arrebatado. Todas las familias los humillaban. La humillación fue el pre- cio de la traición. El precio de haber traicionado a la familia Hii- ragi. Y por eso, todas las familias se acostumbraron a despreciar a la familia Ichinose. Por eso es que los Ichinose siempre eran ratas. Desde el mo- mento en que nacían, eran sucias y asquerosas ratas. Pero fue solo con el tiempo, que esto terminó convirtiéndose en una leyenda urbana.
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    34 Para la nuevageneración de Guren y esos de la familia Hiira- gi, eso ya no era un tema de importancia. Por eso fue que Kureto podía darle órdenes de forma muy calmada a Guren. El hijo mayor de la Casa Hiiragi había perdo- nado a la Casa Ichinose. Mientras eso pudiese verse como una tradición violada, aún era algo razonable de hacer. En fin, esas cosas como las historias de amor de los ancestros, no eran algo de qué preocuparse. Ser el solitario entre las diez familias, incluyendo a los Ichi- nose, Nii, Sanguu, Shijin, Goshi, Rikudō, Shichikai, Hakke, Kuki y Jūjō; los Ichinose deberían ser los más fuertes. Si esa familia siguiera hoy a Kureto – esto fuese lo suficien- temente importante para ser un tema considerable de discusión. Podría deberse a su naturaleza controladora que Kureto tomó a Guren bajo su ala. El receso estaba por terminar, y la clase seria retomada. Por tal razón, Mito, indignada, volvió a su asiento. Cuando lo hizo, fue regañada por Goshi. — Realmente no aprendes, ¿eh? ¿Por qué te preocupas por Guren? O es que te gusta… — ¡Cállate! Goshi solo había logrado hablar a medias antes de ser golpea- do. Luego rió. Sin embargo, el resto de la clase no se atrevió a reírse. Ellos tenían miedo de que la venganza llegase por haberse reído de un miembro de las familias de élite. Y por eso, todos solo pudieron mostrar sonrisas sinceras y amables. Al final, ya fuese Jūjō o Goshi, ambos eran venerados por los demás. Ya profesora, colocándose de pie en el podio, dio inicio al cuarto periodo del día. Esta clase trataba sobre el contrataque y manejo de magia oc- cidental, un tema al que Guren le interesaba un poco. Shinya, sentado junto a él, le dio una ligera palmada en el hombro: — Oye, Guren. —………. — Oye. — Que fastidioso.
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    35 — Bueno, estaes la clase. Así que trata de hablar con suavi- dad, ¿bien? — Eso no fue lo que quise decir. Pero Shinya acercó un poco más su silla, se inclinó hacia Gu- ren y le susurró al oído. — ¿…si estoy hablando tan suave, haré enojar a la profesora? Guren se volvió, estaba completamente irritado. Shinya aun sonreía ampliamente. En esta escuela, no había profesores que se atreviesen a mostrar su ira hacia esos que llevaban el apellido Hiiragi. Shinya solo dijo eso por diversión. Guren no dijo una sola palabra. Que Shinya lo irritara, era algo perfectamente normal, por eso, no había necesidad de res- ponder. Aun así, Shinya no parecía preocupado, y siguió susurrándole al oído. — Esta noche, la «Secta Hyakuya» vendrá. ¿Entonces, dónde deberíamos vernos? En ese instante, Guren no pudo evitar abrir sus ojos de par en par, y plantar su mirada en Shinya. Eso no era algo que debiera decirse en una escuela regida por el «Mikado no Oni». Si a ellos los escucharan, serian arrestados y torturados de inmediato. Sin embargo, Shinya seguía sonriendo como siempre. Era evidente, que antes de decir eso ya él hubiese hecho preparativos incalculables. Si era así… —…no me asustes así –dijo Guren, pero Shinya volvió a son- reír. — Eso es porque no es bueno que siempre andes ignorando a la gente, y haciendo enojar a Mito-chan. — Déjate de bromas. No me interesa llevarme bien contigo –dijo Guren, lanzándole una mirada seria a Shinya. — No bromeo. Tampoco estoy interesado en juegos sin sen- tido. Guren miró a Shinya. Este último sonrió, y dejó de mirar a Guren. Guren no tenía inclinación a confiar en Shinya.
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    36 Guren no teníainclinación a confiar en Shinya. Shinya le había dado el pedazo de la quimera llamada «Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis» que Mahiru había dejado atrás, por eso, existía un nivel hasta donde pudiese confiar en él, pero si baja su guardia, él podría aprovecharse. Por esa razón, era necesario actuar con cautela. —…….. Guren no respondió. Tomando la iniciativa, Shinya colocó un trozo de papel en la mesa. En él, estaba escrito la dirección del encuentro de esa noche. Shinya había dejado sus huellas en ese trozo de papel. Si Gu- ren se lo entregaba a Kureto, el lugar donde ellos se reunirían con la «Secta Hyakuya» seria emboscado por la familia Hiiragi, y hasta ese día también viviría Shinya. En otras palabras, Shinya le había mostrado su debilidad al oponente. Sorprendido, Guren preguntó. — ¿…por qué confías en mí? — ¿Por qué en lugar de ello no dices que estas asombrado por mi estado de alerta? — Porque tu rostro me irrita. — Jajajaja. ¿Aunque parezca tan amigable? — Cállate. —….en fin, podrás no saber nada de mí, pero siempre he es- cuchado de ti. —…….. — Desde muy joven. Desde el primer momento en que cono- cí a Mahiru… pues ella siempre hablaba de ti –dijo Shinya. Guren solo pudo reír con frialdad. — Entonces, ¿te volviste loco con los celos? Realmente te gus- ta Mahiru, ¿no? En respuesta, Shinya sonrió ligeramente. — Para ser precisos, tengo buenos sentimientos hacia Mahi- ru, pero no me gusta hasta ese nivel. —…hmph — Pero, si estoy realmente celoso de ti. — ¿Eh? ¿Por qué? — Siempre me estuve imaginando cómo eras. Me pregunta- ba si aparecerías frente a mí, sobre cuál de nosotros sería el más fuerte, y como era tu apariencia, y otras cosas.
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    37 Eso hizo queGuren recodara el momento en que entró por primera vez a la escuela. Cuando Shinya le lanzó un ataque sor- presa. Claro, incluso ahora no podía determinar la certeza de sus palabras, pero quizá, en cierto nivel, él era honesto. Aun así, Guren tomó el papel que Shinya dejo en su mesa y lo deslizó en su bolsillo, teniendo cuidado de preservar las huellas de Shinya en la superficie. Esta acción de mantener las huellas a propósito fue notada por Shinya, quien sonrió. — Oh, qué prudente. — Es solo para evitar el destino de la basura que no es valiosa y que termina siendo eliminada. Al oír eso, Shinya se enojó un poco y dijo: —…esa charla de autocompasión… si fuese Mahiru, ella ha- bría puesto una expresión irritada, ¿por qué demonios le gustas? — ¿Será porque mi rostro es más amigable? Cuando Guren dijo eso, Shinya lo miró con aparente sorpre- sa. —…jajajaja –rió. Guren llevó su mirada hacia el exterior de la ventana. Como era de esperar, el patio escolar estaba lleno de un calor seco. Era el verano. Verano. Si este mundo fuese a terminar en navidad, entonces, este se- ría el último verano. ◆ ◆ ◆ Luego que las clases y las actividades del club terminaran, sonó el teléfono. El identificador de llamadas rezaba: «Kureto Hiiragi». El can- didato principal para ser el heredero de los Hiiragi, y presidente del consejo estudiantil al que ningún estudiante podría desobe- decer. Tras presionar el botón «Contestar», él escuchó la voz dela otra persona. — ¿Qué? — No. ¿Hay algo que necesite de mí, Kureto-sama? –así es como debes decir. — ¿Te gusta mucho opresar a tus subordinados? — Nah, solo bromeo.
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    38 — Tus bromasno son para nada divertidas. ¿Los altos man- dos te han mimado tanto que tu cerebro también está consentido? — Jajajaja, ¿quieres morir? — Te reto a que lo intentes. ¿Crees que es un destino tan fácil? —…no, pero, sabes, realmente me gusta tu actitud. — Huh~ ¿Qué actitud te gusta? — Aunque tu forma de hablar es muy ruda, cuando no pue- des ganarme, reconoces claramente tu posición; esa actitud. —…………. Guren no respondió, pues eso era un hecho. En este momen- to, no podía permitirse estar rodeado de enemigos. El «Mikado no Tsuki» no podía permitirse tener como ene- migo al «Mikado no Oni». Esta no era una simple pelea de niños. Incluso si obtenía la victoria mediante su espada, no habría sen- tido alguno. Si la gente que amaba y respetaba era tachada como crimina- les, incluso el embarazo no estaría asegurado. Tal como hace 500 años. La situación no ha cambiado para nada. Mito y Goshi, quienes habían terminado de empacar y esta- ban listos para irse a casa, se acercaron. Goshi, mirando a Guren, emitió una risita. — Llamando después de clases, ¿eh? Lo más seguro es que sea tu novia. — ¡¿Eh?! –gritó Mito al escuchar eso, y por alguna razón, miró a Guren. Este la ignoró y siguió conversando por teléfono: — En fin, ¿qué quieres? — Mañana, durante la hora del almuerzo, ven al salón del consejo estudiantil. — No. — Jajaja, no tienes el derecho de negarte. Nos vemos mañana. — Tsk. Antes de escuchar el sonido de la lengua de Guren siendo chasqueada, Kureto terminó la llamada. Shinya, quien estaba sentado a su lado, levantó su cabeza para preguntar. — ¿Kureto-nii-san? — Mi novia. Oyendo eso, Mito se acercó corriendo.
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    39 — ¡E-espera unminuto! ¡Aun estas en entrenamiento, ¿cómo te involucras en actividades tan ociosas como tener una cita?! ¿Pero qué coño está diciendo esta chica? Antes de suspirar e ignorarla, Guren la miró con expresión irritada. Mito se enojó de inmediato y lo miró enérgicamente. Al verla, Goshi estalló a carcajadas, tendría sus razones para hacerlo. Guren no lo notó y levantó su bolso y dejó su asiento. Detrás de él, Mito murmuró con rabia. — ¿Por qué está huyendo cuando solo lo acaba de llamar una chica? ¡Que porquería! Ocultando una sonrisa, Shinya le dijo a Mito. — El que lo llamó fue Kureto-nii-san. — ¿Eh? ¡¿Qué, en serio?! Shinya lo había escuchado. — ¿Vas a ir al salón del consejo estudiantil ahora? — No –dijo sacudiendo su cabeza–, mañana durante la hora del almuerzo. Pero al oírlo decir eso, Mito se desconcertó aún más. — E-espera, ¿realmente le hablaste a Kureto-sama de esa for- ma? ¡Esa pregunta de hace poco…! — Que irritante. — ¡Que irritante! ¡Espera…! Ante los sonidos de Mito gritando, Guren dejó el salón de clases. Parecía que Mito aun no terminaba de vociferas, por lo que Guren cerró con fuerza la puerta. En el pasillo, Sayuri y Shigure ya lo estaban esperando. Ellas ahora estaban en la clase del salón contiguo. — Ah, Guren-sama. ¡Lo hemos estado esperando! –dijo Shi- gure con frialdad. — ¿Esa gente poco respetable de la familia Hiiragi le hicieron algo hoy? Detrás de él estaba Mito, quejándose: «Esos que son irrespe- tuosos con Kureto-sama serán bla, bla, bla», ahora, en frente de él, estaba su seguidora, quien estaba llamando poco respetable a la familia Hiiragi. A punto de estallar en risas, Guren se resistió y respondió:
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    40 — Nada. Lomismo de siempre. Sayuri mostró una expresión preocupada, y dijo: — ¿A qué se refiere con lo de siempre? ¿Acaso le lanzaron una botella de refresco? En eso, el rostro de Shigure se tornó gélido. — Si es así, debemos matar a todos los de la familia Hiiragi. De la falda de su uniforme, ella sacó un cuchillo. Hablaba en serio. Pero Sayuri no lo notó, y habló alegremente como siempre. — Oh, sí, ¡Guren-sama! ¡¿Qué quiere para comer?! Puedo ha- cer lo que sea que usted quiera, Guren-sama… — Curry. — ¿Eh, otra vez~? En ese momento, la puerta del salón de clases se abrió. Mito salió y notó la mirada fría de Shigure. — Ah, Yukimi-san… que expresión tan tenebrosa, ¿sucedió algo? — No, nada, en lo absoluto. — Aun así, es mejor que aquí hables de cosas alegres. Como tal, hay muchas cosas que deberías decirle a Guren, Yukimi-san. Por la forma irrespetuosa en que él trata a Kureto-sama, la posi- ción de Guren no es nada buena. Sin embargo, Shigure dirigió su mirada gélida hacia Mito, y respondió: — Guren-sama no hizo nada erróneo. — Siendo su aliada, siempre lo encubres… — Los extraños no tienen derecho a criticar mi casa. Tu voz es desgarradora, ¿será que te puedes callar? —…uh. Y con eso, Mito se silenció, avergonzada. Incluso le lanzó a Guren una súplica silenciosa para que lo ayudara. — ¿Y por qué me miras? –dijo Guren, lo que hizo que ella se ruborizara sin razón. —…s-solo estaba pensando por tu bien… — No te metas en los «asuntos» de los demás. Goshi caminó detrás de Mito.
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    41 — Bien, yabasta, dejen de intimidar a Mito-chan. Hoy es el día, ¿no? El día en que todos se llevan bien y van a la casa de Gu- ren a jugar, ¿cierto? Bueno, vamos a llevarnos bien. Pero, en realidad, esta era la primera vez que Guren escucha- ba sobre eso. — ¿Eh? ¿Qué pasa con eso? –estalló Guren. Y Goshi, sonrien- do, explicó. — Bueno~ verás, todos estamos unidos como subordinados de Kureto-sama, por lo que de vez en cuando deberíamos acer- carnos más, ¿no? — No, nunca escuché de ello. — Si. De acuerdo. Ya que solo me surgió esa brillante idea, vayamos a la casa de Guren. — Déjate de bromas. Eso obviamente nunca pasará. Desafortunadamente, otra molestia emergió del salón de cla- ses, esta vez fue Shinya quien salió. — ¿Que qué? Que idea tan interesante. Yo también quiero ir~ Con su expresión llena de irritación, Guren se giró para irse. — Que idiotas. Vamos. Y en lo que se alejó, Shigure y Sayuri lo siguieron. Sin embargo, Sayuri miró hacia atrás sobre su hombro. Al es- cuchar los pasos, Guren preguntó: — ¿…esos tres nos siguen? — Si. —…ja, esos idiotas se lo tomaron en serio. Shigure inclinó su cabeza, y preguntó: — ¿Debo destruirlos? — Si te puedes deshacer de Mito, eso no me parecería malo. —….es cierto… uuu… no soy lo suficientemente fuerte, lo siento mucho… — No, olvídalo, no estoy enojado ni nada parecido. Guren dio una palmada gentil en la cabeza de Shigure, ha- ciendo que ella lo mirara, sorprendida. En su rostro inexpresivo, un rastro de confusión parecía estar emergiendo.
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    42 Comparado a esto,la reacción del otro lado parecía mucho mayor. El rostro de Sayuri estaba lleno de pánico. — ¡Ah! ¡Ah! ¡¿Qué acaba de pasar?! Shigure es tan astuta. ¡Yo también! ¡Yo también quiero que Guren-sama me dé una palma- da! Pero Shigure sujetó y limitó la mano de Sayuri, diciendo: —…no, la última vez te le confesaste a Guren-sama y te dio una palmada. Esta vez me toca a mí. — Eh~ Yuki-chan, eres tan astuta. Yo también quiero que me acaricie. — No. — Pero, pero. Ambas discutían, pero al final mostraron expresiones de comprensión. Cuando palmeó la cabeza de Shigure antes, Guren deslizó el papel que Shinya le había dado, pasándolo por detrás de la oreja de la chica. En él estaba escrito la hora y el lugar del encuentro. Parque Hikarigaoka, 2 am. Frente al campo de práctica de te- nis. Ese era el encuentro con la «Secta Hyakuya». Naturalmente, el nombre de «Secta Hyakuya» no estaba escrito en el papel, pero, por lo visto, era necesario realizar los preparativos. Las armas de- bían prepararse. O quizá tenían que moverse sigilosamente y que nadie los notase. — Dejando las bromas de lado –dijo Shigure–, hoy necesita- mos ir a la lavandería, por eso, debería irme primero. ¿Qué hay de ti, Sayuri? — Necesito ir al supermercado. Hoy todos... Miró detrás de sí. Y Guren lo confirmó. — Es probable. Esa banda de idiotas es irritante, no podemos quitárnoslos de encima. — Ya veo. Entonces, solo para estar seguros, prepararé sus partes también. Cuando Sayuri dijo eso, Goshi habló: — Ah, ¿seré capaz de comer lo que Sayuri-chan prepara? Realmente lo espero con ansias. Sayuri respondió a su sonrisa con un aura fría, y luego dijo: — Entonces debo preparar curry, Guren-sama. Con esa última declaración, ella se volvió y de inmediato se alejó con Shigure.
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    43 Viéndolas irse, Goshiaceleró el paso y se situó junto a Guren. —…Guren, realmente eres pícaro~ teniendo esas dos precio- suras como tus subordinadas. Shinya también caminó junto a Guren. — Deberías pedirle a tu familia lo mismo. — Ah, Shinya-sama… nah, no soy tan bueno como mi her- manito. En realidad, ellos no piensan mucho en mí… — Pero ahora eres subordinado de Kureto-nii-san. — Oh, sí, eso es cierto. Después de todo, las actitudes que mis asistentes tienen hacia mí han cambiado, pero ese cambio inme- diato es algo repulsivo… se siente como si mi hermano también está más nervioso… Ambas personas charlaban junto a Guren mientras camina- ban. — ¿Realmente se hicieron la idea de ir a mi casa? Cuando Guren preguntó, Goshi asintió. — Si. ¿Podemos? — ¿Ah, es así? ¿Has ocultado muchos libros eróticos en tu casa, lo que hace que nuestra visita te sea un problema? En realidad, que él se sintiese acorralado, no era porque ocul- tara revistas pornográficas. Incluso si gente de la Casa Hiiragi fuese a investigar, ellos no encontrarían nada parecido. ¿Por qué Goshi quería visitar de repente la casa de Guren? Shinya también había notado eso. Sin importar como lo pusieses, hoy era el día en que ellos pu- diesen reunirse con la «Secta Hyakuya». ¿Era posible que Kureto hubiese descubierto eso? Que además, el encuentro de mañana en la tarde en el salón del consejo estudiantil fuese una farsa, y que realmente él supiese que se encontrarían hoy con la «Secta Hyakuya». — ¿…Kureto te ordenó que me mantuvieras vigilado? –le preguntó Guren directamente a Goshi. Shinya miró a Goshi y a Guren. Era evidente que él también estaba pensando en ello. — Nope –dijo Goshi encogiéndose de hombros–, no he reci- bido ninguna instrucción de Kureto-sama.
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    44 — Entonces, ¿porqué de repente quieres ir a mi casa? — Pues, porque somos compañeros. — ¿Eh? — Además, somos compañeros de clases, si esta fuese una escuela normal, estaríamos en las vacaciones de verano. — ¿Y? — Es el momento en que todos juegan juntos, ¿no? Sin embargo, Guren tenía una expresión de completa perple- jidad y sacudió su cabeza. — No tengo ni la más remota idea de lo que estás hablando. — ¿En serio? –rió Goshi–. Está bien, la verdad es que~ ayer mis padres me regañaron. — ¿Tus padres? ¿Qué dijeron, que has ganado tanta preferen- cia de Kureto como los Ichinose? — N-no –Goshi sacudió su cabeza–, en realidad, lo contrario. Ellos dijeron que la basura Ichinose sigue siendo traidora y que pronto volverán a ser rechazados, y que por eso no debería aso- ciarme mucho con ellos. Ciertamente sus padres tenían prudencia, pensó Guren para sí. Sin embargo, parecía que Goshi trataba de ignorar las críticas de sus padres. — Deberías escuchar a tus padres, o terminarás mal. — ¿Y que tiene si lo soy? — Que pícaro rebelde. — Jajaja, ¿tal como esos que roban motocicletas para una ca- rrera divertida? Eso parece una actividad de verano esplendida~ — Muérete. — Jajaja –rió Goshi. Desde un lado, Shinya preguntó. — Goshi, ¿tienes licencia de motocicletas? — Ah, no, ¿y usted, Shinya-sama? — Tampoco. Pero puedo montar una durante el entrena- miento. — Ah, yo también~ pero es más divertido tomar las posesio- nes del público, ¿no? también quiero montar una.
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    45 Incluso mientras conversaban,ellos seguían junto a Guren. Era obvio que planeaban seguirlo hasta su casa. En medio de la discusión de motocicletas entre Shinya y Goshi, Mito habló: —…eh, ¿puedo preguntarles algo? Parecía que ella también intentaba seguir a Guren hasta su casa. —…eh, hace poco, acariciaste la cabeza de Yukimi-san. — Si. — Ah, eh… eh… — ¿Qué tiene? Mito estaba teniendo problemas para forzar sus palabras. — ¿…ustedes dos, eh, están saliendo? — ¿Ah? — Eh, ¿o es que incluso si no están saliendo oficialmente, to- cas tan cariñosamente a tus subordinadas? O, a menos, a menos, incluso de noche… — ¿Qué diablos dices? — ¿Qué tipo de persona eres para ponerle una mano a tus subordinadas, quienes no pueden desobedecerte? — Realmente eres ruidosa. Guren suspiró y dejó de escuchar. ¿Qué estaban haciendo este grupo de idiotas? Su absurda charla era como la de los estudiantes normales. En primer lugar, jugar con los amigos era algo que Guren no podía entender. ¿Para qué querían reunirse en su casa? ¿Era para jugar al póker? —….que fastidio. Salieron del colegio. El clima era el de siempre, un calor opre- sivo. Aún quedaban estudiantes entrenando en la institución. Así era esta escuela. Incluso si la «Secta Hyakuya» atacó y disminuyó la cantidad de estudiantes, nadie se detendría a descansar. Con el fin de confinar toda la información que aún tenía que ser eliminada. Solo unos pocos altos rangos sabían el estado de la guerra con la «Secta Hyakuya».
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    46 Aun así, lospequeños conflictos seguían formándose sin ce- sar. No solo en Japón, sino incluso en las organizaciones asocia- das en todo el mundo, las batallas comenzaban a tomar lugar. Por tal razón, decir que las sedes del «Mikado no Oni» en Shibuya eran los lugares más pacíficos que quedaban en la tierra no podía ser una mentida. Incluso la «Secta Hyakuya» no podía sitiar a Shibuya tan fá- cilmente. Sin embargo, esta escuela, con sus traidores ocultos, era una historia distinta. Mientras Guren miraba la escuela, pensó en todo lo que Ma- hiru había hecho. Teñir esta escuela de carmesí con la sangre de los estudiantes, y lo que él había hecho en su juventud. Mito, notando su mirada distante, habló: —…el tiempo pasa rápido, ¿eh? ¿Acaso Mito estaba comparando el patio escolar ante sus ojos, con lo sucedido ese día? Las escenas de la sangre y los cuerpos esparcidos por todos lados. — Si, eso es cierto. Parecía que él no había progresado en avanzar, pero ya se es- taba acabando. — En este corto periodo de tiempo –dijo Mito–, ya he sido salvada por ti, dos veces. — Solo fue suerte. Riéndose amargamente, ella inclinó su cabeza para mirar a Guren. —…dijiste que fue suerte, pero ¿no fue por eso que terminas- te gravemente herido y en coma durante un mes? — Solo fui descuidado. Además, dormir es mi pasatiempo. — Tú y tus chistes malos para siempre cambiar el tema… pero, Guren. Diciendo eso, ella sujetó un trozo de la parte posterior de la camiseta de Guren. —…realmente quiero mostrarte mi gratitud. Por eso, quiero devolverte el favor. — ¿Devolverlo, eh? ¿Cómo? —…bueno, hasta el día que Kureto-sama te reconozca oficial- mente, y te dé la posición de honor que mereces en el «Mikado no Oni», te estaré apoyando, siempre.
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    47 Siempre metiendo lanariz donde no debe –eso fue lo que Gu- ren pensó, pero no lo dijo: —….además, al actual Guren, padre nunca aceptaría… — ¿Eh? — Nada, solo hablaba conmigo misma. Por alguna razón, ella retrocedió, nerviosa. Guren no podía comprender realmente sus sentimientos. Tampoco podía comprender los sentimientos de Goshi. ¿Por qué se preocupaban por la basura Ichinose? ¿Por qué lo apoyaban? En Aichi, la investigación del Kiju –que de ser descu- bierta por la familia Hiiragi, serian castigados–, ya había comen- zado. Este grupo de gente confiaba en él con tanta facilidad. ¿Compañeros? ¿Amigos? ¿Ganarse una posición bajo Kure- to? Ese tipo de cosas eran demasiado estúpidas. Era tal como los padres de Goshi dijeron, la traidora familia Ichinose que estaba podrida hasta el núcleo, era demasiado peli- grosa como para acercárseles. Pero incluso si ellos dijeron querer ser sus amigos. También dijeron que querían profundizar su amistad como compañeros subordinados de Kureto. Parecía que ellos no sospechaban de él, y eran tan inocentes y alegres en sus roles de la joven señora y maestro que eran cubiertos por sus familias. —…… ¿Podría matar a esos dos con sus propias manos? Eso era lo que Guren consideraba en su mente. Como eran enemigos, enemigos de la familia Ichinose, po- dría llegar el día cuando tuviese un final. Cuando eso sucediera, ¿podría hacerlo con sus propias manos? En Ueno él no los mató. Ese debió haber sido el momento de hacerlo, pero no pudo. Ya fuese que tuviese o no el derecho de ha- cerlo, no tuvo idea alguna. No se trataba de principios. El punto era que él debió haber actuado, pero no pudo. No puedo hacerlo. —…….. Esa frase resonó en su cabeza. Una vez más, recordó lo que Kureto le dijo:
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    48 Aunque tu formade hablar es muy ruda, cuando no me pue- des ganar, reconoces claramente tu posición –se lo había dicho antes. Pero, ¿era cierto? Su ambición últimamente eran palabras vacías, si Shigure y Sayuri fuesen capturadas y tomadas como rehenes, ¿esa ambición seria desechada tan fácilmente? ¿O era que él aún tenía una forma de pensar tan inocente que no le permitía matar a Mito y a Goshi? Si era así, solo debería dejar esa ambición. Pues ya había arrastrado a sus camaradas a los Ichinose. La guerra ya había empezado, y había empezado hace mucho tiempo. A pesar de eso, Goshi no exhibió ningún tipo de ansiedad, y preguntó con su rostro lleno de expectativas. — Oye, ¿tú casa queda muy lejos? — Si digo que sí, ¿te irás a tu casa? — Ni lo sueñes. Guren suspiró. — No, no está lejos… –respondió cansadamente.
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    49 «Reportando en vivodesde el lugar de los hechos. Los bom- beros están dándolo todo, pero sus esfuerzos parecen ser en vano. Hasta ahora, el fuego no muestra signos de reducirse». Las noticias parecían bastante ruidosas. Por lo visto, un in- cendio se produjo en un condominio. Y parecía que el fuego esta- ba esparciéndose gradualmente. Una vista aérea del accidente fue mostrado en pantalla. El pú- blico del boletín de las 6 de la tarde estaba centrado en el incen- dio. De repente, la escena regresaba al reportero principal, quien bajaba su cabeza en silencio. El boletín de las 6 de la tarde había empezado. En otras pala- bras, ya era de noche. Pero… — ¡Oiga, General~! De repente, la voz de Shinya sonó en la sala de estar del con- dominio de Guren. Justo delante de Shinya, estaba un equipo en miniatura de shogi que fue comprado en una tienda de conve- niencia vecina. — ¡Oye, oye, oye, espera… espera un momento, detente ahí! Mito apretó sus brazos mientras reflexionaba sobre el juego, estaba irritada. Goshi estaba sentado en el sofá, tomando una gaseosa mien- tras estudiaba el encuentro. — Bueno, bueno, voy a comenzar la cuenta regresiva. Mito solo te quedan unos segundos para que realices el próximo mo- vimiento. — ¡Eso ya lo sé! ¡No seas tan ruidoso! — Bien, tienes… — ¡Ya basta! Justo en eso, Guren, quien estaba sentado al otro lado de la mesita de café, haciendo un esfuerzo para distanciarse un poco, habló: — ¿Saben? Ustedes deberían… — ¡DIJE QUE TE QUEDES QUIETO! –gritó Mito. La realidad era que ninguno de ellos sabía como jugar shogi. Quizá era debido a su falta de tiempo libre durante todos esos años, o quizá la falta de oportunidades
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    50 para intentarlo. Apesar de que Guren estuvo en contra de comprar el shogi, cuando ninguno lo había jugado antes, Goshi insistió en hacerlo, e incluso obtuvo una hoja con las instruccio- nes del juego. Eso marcó el comienzo de una ronda de elimina- torias. 1º Ronda: Goshi VS Guren: Guren sufrió una derrota espec- tacular. 2º Ronda: Shinya VS Mito: Mito estaba en desventaja. Shinya tarareó una melodía divertida. — Lalala… lalala… veo que estás en una situación donde ya no puedes girar las cosas… — Espere, por favor, espere, Shinya-sama. — Bueno, puedo esperar todo lo que quieras. ¿Cuánto tiempo más? Al oír eso, Goshi respondió. — 40 segundos. — Hmmmm.
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    52 Mito murmuró, completamenteconcentrada, tanto, que te- nía las pupilas dilatadas. Un aire de seriedad también la estaba rodeando. Sin embargo, todo era inútil. El Shogi realmente era un juego interesante. Obtener una ventaja en el juego es necesario para anticipar una estrategia. Para unos principiantes como ellos, quienes nunca habían leído el manual, la única opción viable era realizar movimientos im- provisados. Guren ya había quedado mentalmente drenado de gravedad durante el encuentro contra Goshi. Mientras Goshi no lo notaba, él descubrió una forma de perder de inmediato. Eso funcionó a la perfección, tanto, que Goshi estaba completamente alegre ante su victoria. De hecho, funcionó tan bien, que Mito tuvo que consolar a Guren. Sin embargo, Shinya podría haber sentido que Guren movió unos cuantos hilos. Terminar el encuentro de forma rápida – Guren trataba de apresurarse en finalizar ese juego tan aburrido y dispersarlos a todos, pero el encuentro de Shinya y Mito era increíblemente ex- tenso. Shinya se volvió hacia Guren y suspiró con un tono de entre- tenimiento. —……. De hecho, su expresión revelaba que estaba completamente al tanto de los trucos sucios de Guren. — Que tipo tan aburrido… El murmullo de Guren fue escuchado por Shinya, quien una vez más sonrió con alegría. — Aunque no lo dijiste de forma tan audible, sé exactamente lo que querías decir. — 20 segundos más… –dijo Goshi. — ¡Solo apaga ese televisor, me aburre y no me deja concen- trarme! Goshi miró la televisión. — ¡Tengo que admitirlo, el incidente que están transmitiendo parece bastante grave! Las escenas del incendio eran mostradas por toda la pantalla. El presentador que reportaba en vivo parecía estar diciendo algo. La multitud presente cerca del edificio observaba como el barro y los ladrillos explotaban desde el edificio en llamas.
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    53 De repente, unamujer salió de la multitud de espectadores. Parecía tener unos 25 o 26 años. — ¡YUU! ¡YUUICHIRO! –gritaba la mujer. Quizá había perdido a su hijo dentro del edificio en llamas. Los bomberos cercanos corrieron rápidamente para evitar que ella se acercara a la edificación. — ¡Señora! ¡Por favor, cálmese! ¡Déjenos este asunto a noso- tros! — ¡Suéltame! ¡YUU! ¡Yuu aún está atrapado allí! — ¡Oigan! ¡Eviten las cámaras! ¡Muestren más discreción! La cámara se centró en el rostro de la madre. Ella parecía haber sido una madre hermosa con una larga y sedosa cabelle- ra negra. Pero en ese instante, ella estaba en un completo estado desaliñado, de desespero y agonía que estaba escrito en su rostro. En eso, Goshi detuvo la cuenta regresiva. Mito incluso miró la pantalla. No, para ser más precisos, todos los que estaban en la sala de estar, centraron su atención en la pantalla. Uno de los bomberos gritó. — ¡Alguien que venga a ayudar! ¡Ella es muy fuerte… señora, por favor, cálmese! — ¡YUU! ¡YUUICHIRO! –parecía estar sujetando algo. Como la cámara se sacudía, no se podía ver con claridad. Pero por la silueta borrosa, parecía que sacudía algo. — ¡Señora, cálmese por favor! De repente, la dama golpeó al bombero. — Auch… ¡¿qué está haciendo?! El bombero se aferró a su brazo. En la palma de su mano esta- ba algo brillando. Parecía un encendedor. El bombero no lo notó. Nadie lo notó. La madre lloraba de agonía. — ¡No se atrevan a apagar ese fuego! ¡Él es un demonio! ¡Ese maldito mocoso es un demonio! ¡Necesita ser asesinado! ¡Aquí y ahora! — ¡¿P-pero qué está pasando?! La dama levantó su mano derecha, la cual sostenía una bote- lla de plástico. Algún tipo de líquido salió y mojó sus ropas. — ¡Gasolina! ¡Ella está sosteniendo gasolina! Trató de activar el encendedor, pero la llama no se prendió. Uno de los bomberos corrió hacia adelante y lanzó un golpe al rostro de la dama. Muchos otros también llegaron corriendo para ayudar al sujetarla en el suelo.
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    54 — ¡Un demonio!–gritó la madre–. ¡Él necesita ser asesinado! ¡Necesita MORIR! En eso, un hombre que vestía un abrigo se acercó a la cámara. Aunque Guren solo captó una breve mirada del rostro del hom- bre, sabía quién era. Saitou. Un miembro de la «Secta Hyakuya». El bastardo que cooperó con Mahiru para lanzar el ataque a la Secundaria Shibuya. En otras palabras, el incendio fue orques- tado por la «Secta Hyakuya». Este «accidente» pudo haber sido intencional. Sin embargo, si este estaba dentro de los planes de esa organización, no debería haber sido un reporte público. Todo el incidente en sí debió haber sido cubierto. De repente, la cambara quedó en blanco y la escena regresó al reportero principal, quien rápidamente siguió con el boletín. Con respecto al evento sorprendente de hace poco, ya todo había quedado en un caos total. Ahora que la situación del incendio se había estabilizado, el boletín continuó: Era bastante improbable que más noticias con respecto al in- cendio fuesen reportadas. O a lo mejor, lo que presentaran fuesen reportes fabricados. — ¿…qu-qué acaba de suceder? –habló Mito. Ella y Goshi no sabían quién era Saitou. Probablemente ni su- piesen que el incendio tuviese algo que ver con la «Secta Hyaku- ya». Shinya debió haberlo notado. No, el «Mikado no Oni» debió haberlo notado también. Tal como sucedió en el Zoológico Ueno, el «Mikado no Oni» investigaría detalladamente todo en lo que estaba involucrado la «Secta Hyakuya». Quizá las órdenes de Kureto llegarían pronto. — ¡Que aguafiestas! Quiero decir, me olvidé por completo de la cuenta regresiva, Mito ¿estás planificando tu próximo movi- miento? Mito sacudió su cabeza: — Bueno, anuncio a Shinya-sama como el ganador~. Antes del próximo encuentro, Guren. — ¿Sí? — Tengo hambre. — Bueno, deberías irte. Sayuri y Shigure no habían vuelto aun. Los planes de hoy to- marían algo de esfuerzo.
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    55 Lo peor podríallegar, es decir, el encuentro de esta noche con la «Secta Hyakuya» incluso podría cancelarse debido al incendio. Sin embargo, si uno consideraba esto desde otra perspectiva, el incendio podía ser una bendición disfrazada. El «Mikado no Oni» desviaría su atención al incidente, dándome más libertad de llevar a cabo mis planes. Entonces, ¿cuál es la mejor forma de tomar esto? — Muy bien –dijo Shinya levantándose–, es hora de que vol- vamos. Tengo cosas que hacer también. Finalmente, Hiiragi-sama habló, ¿eh? Quien sabe, él podría volver para investigar el caso. Definitivamente, él no va a reunirse con la «Secta Hyakuya» en un estado ignorante. Luego que Shinya se levantara, Goshi y Mito lo siguieron. — Incluso Shinya-sama se quiere ir. Mito se levantó. — Lucharemos de nuevo la próxima vez. Esta es la última vez que me vez en un estado tan vergonzoso. — Muy bien~. Ahora lo veo más interesante. Juguemos la próxima vez. Todos se levantaron. Shinya dejó su celular en el piso, ganán- dose una mirada de Guren, quien no se preocupaba en recordar- lo. Frente a la puerta, Mito habló: —…todos pertenecemos al mismo escuadrón. Tengo unas palabras que decirle a Yukimi-san y Hanayori-san, pero… Goshi interrumpió: — Realmente quiero probar el curry de Sayuri… pero, no im- porta, aun quedas muchas oportunidades en el futuro. — ¿Qué, aun planeas seguir visitando? — ¿No soy bienvenido? ¿Iras a mi casa entonces? Guren se calló y los despidió. Shinya abrió la puerta y trató de despedirse de Guren. — Bueno, nos vamos~. Y así, el trio se fue. Guren cerró la puerta y regresó a la sala de estar, tomó el telé- fono de Shinya. Cuando presionó el teléfono, notó que no pedio contraseña. Lo que apareció ante él fue un mensaje sin enviar que decía:
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    56 — Cielos, revisarel teléfono de otros sin permiso, que per- vertido eres, Guren. — Ese bastardo aún tiene tiempo para los emoticones. Guren murmuró para sí, irritado. Mientras exploraba la de- más aplicaciones por si había rastro de algún tipo de informa- ción, comprendió que en el teléfono no había nada guardado. Estaba limpio, era un celular vacío. Guren regresó a la entrada. Al mismo tiempo, el timbre sonó. Guren abrió la puerta solo para ver a Shinya riéndose de él. — Dejé mi teléfono~ –dijo Shinya. Guren miró el celular en su mano derecha, y Shinya continuó: — ¿Lo viste, no? — ¿La cosa pervertida? — ¡JAJAJAJA! — Lo dejaste a propósito, ¿no? — Sip. Perdiste a propósito, ¿cierto? — ¿De qué diablos hablas? — No esto otra vez~ batallemos la próxima vez y descubra- mos quien es mejor estratega y planificador. — No me interesa. — No escapes~ — ¿Con quién estaremos probando nuestra habilidad cuando decidamos el ganador entonces? — Hmmm, en nuestro caso, ¿Mahiru? — Ahora esto me aburre más. — Oye, vamos~ Shinya sonrió: — Jaja, está bien… Mientras seguía, Shinya miró la pantalla del televisor que es- taba detrás de Guren. Las noticias de las 6 de la tarde aún conti- nuaban. Su mirada hablaba del hecho de que vio la breve apari- ción de Saitou en la televisión.
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    57 Dejó su teléfonoa propósito, luego volvió a buscarlo y apro- vechar de discutir sobre esa escena. No es seguro si la reunión con la «Secta Hyakuya» se llevará a cabo. — Oh, cierto, ¿cuáles son tus planes? ¿Guren-kun? ¿Quién parece ser más astuto que sí mismo? — No vayas –respondió Guren–. Es demasiado peligroso. — Hmm. Quizá. — Hay que investigar la fuente del incendio producido. Pri- mero necesitamos comprender completamente la situación. — Hmm, hmmm… oye Guren. — ¿Qué? — La gente se irritará contigo por mentirle a tus camaradas sobre tus planes~ Estas planeando enfrentar a la «Secta Hyakuya» sin nadie cerca de ti, ¿cierto? Guren asintió: — Pues no eres mi camarada. — Jajajaja, parece que estas considerando seriamente no ir. No quedaban otras opciones. No había suficiente información. Depender solo de las inves- tigaciones no facilitaría el progreso. Quizá había otras formas más sólidas y seguras por las que avanzar, pero no quedaba tiempo. La guerra entre el «Mikado no Oni» y la «Secta Hyakuya» está progresando a una velocidad increíble. Quizá un evento apo- calíptico podría suceder cuando llegue diciembre. Si me asusto y me retiro ahora, solo podría esperar que llegue mi final. O quizá colapsaré antes de que la catástrofe llegue apropiadamente. Si ese fuera el caso, una acción inmediata debería tomarse. Hasta ahora, la «Secta Hyakuya» mostró interés en compartir la información. Información relacionada a ellos, al «Kiju» y a la bes- tia salvaje en el Zoológico Ueno, «Los Cuatro Jinetes del Apoca- lipsis», criaturas hibridas que han sido modificadas genéticamen- te con ADNs extraños. La razón detrás de eso era la traición de Mahiru. Mahiru robó ese monstruo hibrido y desapareció. Para la «Secta Hyakuya», ese era un sujeto experimental muy importante. Ellos querían tenerlo de vuelta. Por eso es que ellos querían intercambiar la información que tengo en esa criatura por información de Mahiru.
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    58 En otras palabras,la «Secta Hyakuya» no está al tanto del he- cho de que poseo una parte de ese monstruo hibrido. Esa es la razón principal por la que tengo que descubrir qué tipo de bestia es esa exactamente. Después de todo, el monstruo no parece estar interesado en los humanos, raramente aparece en áreas densamente pobladas. Incluso a los vampiros les interesa. La «Secta Hyakuya», Mahiru, y los vampiros quieren un trozo de eso. Guren miró a Shinya. Hasta ahora, ese trozo de monstruo hibrido fue dividido en dos, compartiéndolo con Shinya. La mitad de ello fue enviada a Aichi para investigarla, pero no se habían producido resultados concretos. Guren no tenía idea de lo que Shinya planease hacer con la otra mitad. — ¿…cómo va la investigación? –preguntó Guren. Shinya sacudió su cabeza mientras interrumpía. — Ese es tu trabajo, incluso si hubiese laboratorios operando bajo mi cargo, no podría decirlo~ No tengo ni la más remota idea de cómo va progresando la investigación. Shinya habló con un ligero tono de desaprobación. — ¿Sabes qué? Ya tienes unos cuantos camaradas contigo. Bajo esas circunstancias, ¿aun tratas de mentirme? Eso es irritan- te, ¿sabías? — No ha habido progresos en la investigación –respondió Guren–. Quizá es para prevenir la fuga de información, el núme- ro mínimo de investigadores de confianza han sido enviados a analizarlo, parece que aun no lo sabemos. Pero… — ¿Esta noche debemos reunirnos con la «Secta Hyakuya»? Guren asintió. De repente, la voz de Mito resonó desde atrás. — ¿Shinya-sama, encontró su teléfono? Mito y Goshi estaban en la entrada. Shinya se volvió y les dijo: — ¡Si, lo encontré! ¡No tenía idea de haberlo dejado caer de- bajo del sofá~! Goshi sonrió: — Todo está bien entonces. Guren le entregó el teléfono a Shinya, y dijo: — Lárgate de una vez.
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    59 — Lo haré~está vez me despido de verdad~ Antes de que Shinya pudiese terminar, Guren cerró la puerta frontal y regresó a la sala de estar. Ya eran las 6:17 de la tarde. El boletín informativo de las 6 de la tarde todavía continuaba. Sin embargo, sin importar que canal colocara Guren, ya no había más reportes del incendio. Parecía que la censura había comen- zado. Guren de repente recordó a la dama bañada con gasolina, esa madre histérica. La madre insistía en matar al demonio. —…demonio –murmuró Guren. ¿A qué demonio se refería? Claro, era posible que la dama hubiese enloquecido y gritara cosas sin sentido. Diciembre. El apocalipsis en navidad. El virus. Los ángeles del Libro de Revelaciones. Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. —…solo se trata de una lamentable jerga de un montón de religiosos. Sea lo que fuese sugerido, parecía estar relacionado con la Bi- blia. O quizá fuesen seudónimos y dialectos sobre el virus y el terrorismo. Los anuncios destellaron en la pantalla. Una celebridad feme- nina estaba disfrutando el último sabor del pollo frito. Guren analizó la pantalla del televisor y de repente transfirió su mirada de la TV hacia el shogi tendido en el piso frente a él. Consideró vagamente la idea de que el shogi era un juego re- lajante. Ya que mis enemigos están en mi campo visual, solo necesito considerar el medio para deshacerme de esos a quien puedo ver. Para lograrlo, la habilidad de mi enemigo tiene que estar nivelada con la mía. Sin embargo, la realidad eran un juego completamente dis- tinto. La mayoría de mis enemigos son más fuertes de lo que soy. Me encuentro en desventaja. Eso sin mencionar su alto nivel de complejidad. Por eso es que, quienes sean mis aliados, quienes sean mis oponentes, al traicionar, al formar una alianza…
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    60 Un error podríaresultar una completa derrota. El tiempo no espera por nadie. —………….. Guren miró el shogi barato y tomó la pieza de Mito, colo- cándola frente al Rey de Shinya. Claro, tal movimiento podría causarle la derrota a Mito, y Shinya podría haberse deshecho del Rey de Mito en su turno. El juego estaba acabado. Sin embargo, la realidad era distin- ta. A pesar de la muerte del Rey, el ejército seguía presente. Guren movió la pieza hacia adelante y se deshizo del Rey de Shinya. —….. Deshacerse del «Rey» de la «Secta Hyakuya». Eliminar al «Rey» del «Mikado no Oni». Si este fuese el caso, incluso si muriese, no tendría nada que tener. Me he preparado para esto, sin mencionar el hecho de que tengo ambiciones incluso mayores. Pero después de todo, ¿cómo avanzarán las cosas? ¿Mis compañeros sobrevivirán? ¿Cuál es esta ambición eter- na que poseo? Este sueño no hará nada para lograrlo, incluso si el costo es mi vida y la de mis camaradas. —……. Guren tomó la lata de gaseosa vacía que estaba en el piso. Justo en ese instante, el timbre sonó. Parecía que Shigure y Sayuri habían vuelto. — Volvimos~♪ Era la voz de Sayuri. Entró a la sala de estar con las manos llenas de bolsas, la compra del supermercado. Al ver a Guren recoger la basura, Sayuri aceleró el paso. — ¡Ah, por favor, déjenos eso a nosotras! ¡Ordenaremos la casa! –dijo mientras le quitaba la lata a Guren. Por su parte, Shi- gure entró y miró a Guren. — Volvimos. Ella bajó su mirada y comenzó a recoger los envoltorios de patatas fritas dispersos por toda la mesita del café. Guren las miró organizar la casa. —……. Se preguntó cuál sería el propósito de mantenerse desespera- damente si ellas dos fueren interrogadas, o asesinadas. Claro, ya no había marcha atrás. Era el
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    61 comienzo. La investigaciónllevada a cabo a espaldas de los Hiiragi también había comenzado. Después de todo, si el apocalipsis decembrino fuese a tomar lugar, simplemente no puedo sentarme y esperar mi muerte. Pero a pesar de eso, él siguió pensando. —…………. ¿Qué estoy protegiendo? ¿Cuáles son las cosas más preciadas para mí? Shigure miró a Guren. — Está en el armario que usamos siempre. Guren asintió. Los talismanes y los uniformes de batalla para combatir estaban en ese armario. Encima de eso, había muchas otras cosas relacionadas a las maldiciones prohibidas y equipos de maldición que eran desco- nocidos para la Casa Hiiragi, sin mencionar esos personalizados por Guren. Existía una alta posibilidad de que la Casa Hiiragi quisiera investigar, pero había demasiadas cosas en ese condominio que necesitaban ocultarse de la vista de esa gente. Shigure siguió: — Nosotras… — No sigan. Hoy lo haré por mi cuenta. — Pero… — Arruinarán mis planes. — Oh… Shigure, renuente, quedó en silencio. Guren la miró y dijo: — Si no regreso al amanecer… diríjanse a Aichi. Tanto Shigure como Sayuri miraron a Guren. Ambas com- prendieron que la vida de Guren estaba en juego. De hecho, ya sabían eso cuando prepararon el equipamiento para que lo usara.
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    62 Para la CasaIchinose no sería desastroso incluso si Guren fuese a morir. Él aun no era el Jefe de la Casa. Por eso, la persona que pudiese arriesgarse en esta situación solo podía ser él. Sayuri lo miró, y sonrió forzadamente. —…hoy tendremos curry de pollo. —…oh, lo estoy desenado. — Pero ahora cocinaré… — Lo que sea está bien. Tu curry siempre ha sido delicioso. Tras finalizar, él se preguntó por qué Sayuri se sonrojó y son- rió. En fin, todo estaba bien. — Shigure, me gustaría ponerme ropa de civil. Ayúdame a prepararla. — Sí, señor –asintió. Ella desapareció por el pasillo. Sayuri, colocándose un delan- tal, entró en la cocina. Guren miró esa silueta antes de ver su reloj: 6:30 de la tarde. Quedaban siete horas y media antes de la reunión con la «Secta Hyakuya». — Supongo que tendré un pequeño descanso –murmuró mientras veía a Sayuri esforzarse lo mejor posible para cocinar. Después… —…descansaré luego de comer el curry –se corrigió. ◆ ◆ ◆ 1:30 de la mañana. Tokio, Nerima-ku. El punto de encuentro con la «Secta Hyakuya» estaba en el Parque Hikarigaoka, un parque de gran escala. Estaba cerca de la estación de metro Hikarigaoka, una que pertenecía a la Línea Toei-Oedo. Si Guren fuese a entrar por los lados de la estación del me- tro, podría haber sido captado por los CCTV. Por eso, él deci- dió montar una motocicleta y entrar por el lado oeste del parque, donde predominada la vegetación densa. Con esto, él no sería descubierto con facilidad, mientras atravesaba en secreto las sen- das oscuras que llevaban al lugar de reunión. Guren aparcó la motocicleta en un carril, apagó el motor y se quitó el casco. Mirando hacia adelante, vio un parque completa- mente oscuro, y vacío. Las copas de los arboles cercanos eran tan densas que no había rastro de la luz lunar. Colgó el casco en la motocicleta y se pasó la mochila hacia adelante antes de sacar los lentes de visión nocturna por infrarro- jos. Después de todo, estos eran
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    63 necesarios para movilizarsepor un parque completamente oscuro. Luego, Guren guardó un denso fajo de talismanes en sus mangas y bolsillos. Se colocó la mochila y recortó las cintas para evitar que otros se aferraran. Poco después que Guren tocara suelo, otra motocicleta con mayor CC llegó. Se detuvo a un lado y se alineó con la de Guren. Shinya había llegado. Apagando el motor, y quitarse el casco, se podía ver que Shin- ya estaba sonriendo. —…me imaginé que entrarías por esta dirección~ pero, sea quien fuere el que estudiase el mapa, era obvio que elegiría esta ruta. De hecho, el mapa indicaba que esta era la única ruta para infiltrarse en el parque. La ruta con la vegetación densa demostraba la dificultad de colocar cámaras de vigilancia. El punto de reunión era un único campo de tenis ubicado al este del parque. Siempre y cuando uno estuviese alerta de la si- tuación en el lado este, sería posible mantener una ruta de escape. — Los chicos Hyakuya probablemente predijeron que entra- ríamos por aquí, ¿no? –respondió Guren. — Es probable. Déjame preguntarte algo, Guren. ¿Tienes li- cencia para conducir motocicletas? — No. — No la tienes, ¿eh? Eso quiere decir que esa motocicleta fue… — Robada. — Lo imaginé, robaste una motocicleta. Guren sonrió. — ¿Es a eso lo que llamas juventud? Colocándose los lentes de visión nocturna por infrarrojo, el campo de visión de Guren se tornó verde. Shinya descendió con una expresión resignada en su rostro. — Gastar mi juventud usando unos lentes de visión nocturna e infiltrarme en un parque… yo no firmé para esto. Solo quiero ese tipo de juventud llena de romance. — Bueno, después de todo, es verano. — ¿Dónde? ¿Dónde? Guren lo ignoró y comenzó a caminar en el parque.
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    64 — Eh, espera,ahí voy. Guren escuchó a Shinya colocarse el par de lentes de visión nocturna por infrarrojo, pero no se volvió. Después de confirmar que no había trampas adelante, Guren siguió avanzando. Los movimientos de Shinya eran perfectos. Apenas había unas pisada. Calmadas, cuidadosas, y ligeras. De hecho, él había pasado por entrenamientos fuertes. — Aún queda un poco de tiempo antes de nuestro encuentro –susurró Shinya–. ¿Nos ocultamos? — No es necesario –Guren sacudió su cabeza–, quiero deter- minar la situación desde lejos. — Bueno, está bien. Hay demasiado espacio vacío cerca del campo de tenis. No encaja para ocultarse~ Esa era la verdadera razón por la que el campo de tenis se eligió para la reunión. — Entonces, ¿desde dónde vamos a observar a esos tipos? Guren no respondió, solo miró su reloj. Era la 1:38 de la ma- ñana. Quedaban 22 minutos para el encuentro. Guren se detuvo. En ese momento, ellos estaban transitando por una pequeña área boscosa. El punto de reunión estaba justo delante de un espacio verdoso, una vez que emergieran de allí, quedarían totalmente expuestos. Si ese fuese el caso… —…desde esos árboles de allí. — ¿Espiaremos a una pareja romántica? — Hmm… hmm… — Eres un completo provocador. — ¿A quién estoy provocando? — Lo que sea~ Guren comenzó a prepararse mientras sacaba unos cuantos talismanes de su bolsillo y los colocaba en el tronco del árbol que intentaba escalar. Si el enemigo fuese a atacar, esos talismanes le comparan algo de tiempo. Subió al árbol y descubrió una rama estable para anclarse allí.
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    65 Sonidos susurrantes podíanescucharse del árbol contiguo. Shinya lo siguió. Guren se volvió hacia el sonido y vio a Shinya saludarlo antes de apuntar al este, que era el lugar donde estaba el campo de tenis. —……… Guren asintió y miró al frente. Observando a través de los lentes de visión nocturna, todo el parque era visible. Las estrellas que adornaban el cielo nocturno parpadeaban y la luz lunar cubría toda el área forestal. Guren incrementó el zoom de los lentes y los centró en el punto de reunión. Adelante del camino verdoso estaba un pequeño camino ser- penteante. Adelante del mismo estaba otra senda y unas cuantas áreas recreativas. Incluso más allá estaba un área cerrada. Allí era donde estaba el campo de tenis. Allí de pie, había ocho hombres vestidos con traje. Era obvio que no estaban allí para verse con sus amantes. Todos eran hom- bres, muy bien entrenados. Sus trajes se parecían bastantes a esos usados por los miembros de la «Secta Hyakuya» cuando lanzaron su ataque a la Secundaria Shibuya. Si poseyesen el poder de Sai- tou, la derrota sería inminente. En otras palabras, este era un intercambio injusto. —……… Guren miró su reloj: era la 1:45 de la mañana. Quedaban quince minutos. ¿Entonces debería proceder hacia el punto de reunión? –Gu- ren levantó la vista de su reloj y miró a los hombres de la «Secta Hyakuya». En ese instante, él notó que algo extraño les estaba sucediendo. Estaban aullando algo mientras rápidamente prepa- raban una formación de batalla. ¿Quedamos expuestos? –pensó Guren mientras se tensaba. Parecía que no era así. Algo emergió de la oscuridad y atacó a esos hombres. Ellos trataron desesperadamente de defenderse, extrayen- do cadenas metálicas de sus cuerpos. De hecho, todos parecían haber sufrido una modificación corporal como pasó con Saitou. Varias cadenas emergieron de la oscuridad y volaron hacia esa cosa… La cosa evitó las cadenas con facilidad mientras decapitaba a uno de los hombres y se preparaba para hacerle lo mismo a los otros dos.
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    66 Luego de eso,eso agarró el cabello de otro hombre que trata- ba de escapar y le mordió el cuello. Los que sobrevivieron estaban temblando de miedo, habían perdido su voluntad de batalla. Parecía que el monstruo ese estaba ingiriendo sangre huma- na. —…vampiros, no otra vez –murmuró Guren en voz muy baja. El vampiro que estaba atacando el campo de tenis era com- pletamente distinto al noble que apareció en el Zoológico Ueno. Juzgando por su uniforme, probablemente no era un noble. Pero era obvio que no era humano. Si realmente era un vampiro, la «Secta Hyakuya» no tendría ninguna oportunidad de ganarle. La disparidad de poderes entre los humanos y los vampiros era inmensa. Eso sin mencionar la imposibilidad de luchar contra los vam- piros en la oscuridad. —…………… La batalla terminó en cuestión de segundos. Todos los miembros de la «Secta Hyakuya» fueron asesinados por los vampiros. Guren presenció toda la escena que se desarrolló ante él y pensó en lo sucedido. ¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué los miembros de la «Secta Hyakuya» fueron asesinados? Los vampiros no deberían tener in- terés en los humanos y sus asuntos. Para ellos, los humanos son solo ganado. Por esa razón, a ellos no deberían interesarles las batallas humanas. Pero, ¿Por qué es que recientemente, los vam- piros han aparecido con más frecuencia? ¿Qué es lo que acaba de suceder? El vampiro probablemente no los había notado, estaba de- masiado lejos. Sin embargo, si ellos hubiesen llegado al punto de encuentro en lugar de observar desde lejos, ellos habrían muerto también. En cuanto Guren pensó en eso, un escalofrió recorrió su espalda… —……… De repente, el vampiro se volvió hacia ellos.
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    68 Era una mujer.Tenía un hermoso y extenso cabello. Estaba mirándolos, sin siquiera pestañear. Pero, era imposible. Desde esa distancia ella no podría haber- los notado. Aun así la dama sonrió engreídamente. Unos colmillos ador- naban su dentadura. Incluso en su boca le quedaba algo de san- gre. Por su postura, se podía deducir que se estaba preparando para abalanzarse hacia Guren y Shinya. — ¡Oye! ¡Guren! La voz de Shinya resonó desde el árbol colindante. — ¡Ya lo sé! Guren bajó del árbol. Para evitar que su visión se viese obs- truida, se quitó los lentes. Sin más dilación, el descendió a toda prisa y salió del parque. Sacando las llaves de su bolsillo, Guren corrió hacia su moto- cicleta y rápidamente encendió el motor. En lo que el motor prendió, la vampira llegó. Guren pisó el acelerador y, gracias al repentino incremento de velocidad, la motocicleta de 1100cc se levantó verticalmente y corrió hacia la vampira… Sin embargo, ella parecía imperturbable mientras sujetaba la rueda delantera de la moto y sonreía. — Mierda. Las uñas filosas del vampiro pincharon la rueda, haciendo que esta explotara con un ¡Dong! En lo que Guren saltó de la motocicleta, desenvainó la espada en su cintura y cortó a ciegas. La vampira evadió fácilmente todas sus ofensas. Tampoco era como si fuese a golpear. La vampira se preparó para lanzarle la motocicleta. No había escapatoria. Voy a mor… — ¡Guren, sujeta mi mano! –gritó Shinya. Guren extendió su brazo hacia el llamado de Shinya. Casi de inmediato, sintió que su brazo era arrastrado fuertemente mientras era dirigido por Shinya. Le tomó unos cuantos saltos hasta finalmente alcanzar el asiento trasero. La motocicleta que salió volando aterrizó en un taxi recién llegado, el cual fue aplastado al instante.
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    69 Literalmente, esto eraun caos completo. La vampira los estaba siguiendo. Guren sacó unos cuantos talismanes de su mochila y se los lanzó. Los talismanes explotaron en el momento que entraron en contacto con el suelo, con uno que explotó cerca de los pies de la vampira, los quemó. A pesar de las llamas, ese pie se regeneró casi de inmediato. Parecía que los talismanes no funcionaban con los vampiros. A pesar del hecho de que su ropa estaba ardiendo, la vampira o se preocupó en extinguir las llamas y saltó del suelo, se dirigía hacia ellos. Viendo eso, Guren le dijo a Shinya, quien estaba conduciendo la motocicleta. —…Shinya. — ¿Eh? — Ella nos está siguiendo. — ¡No me jodas! ¡Vamos a casi 70 millas por hora! — Se está acercando. Justo cuando Guren terminó, la vampira saltó y giró hacia ellos, aunque ese movimiento no era tan suave como sus movi- mientos en tierra. En un esfuerzo por perderla, ambos estaban huyendo a 100km/hora. Shinya volvió a pisar el acelerador. A pesar de eso, parecía que la vampira los atraparía de inme- diato. Tal vez si yo pudiese bloquear su ataque antes, podría haber una ligera oportunidad para sobrevivir. Una vez que aterrice en el suelo, necesitará algo de tiempo para volver a saltar. Eso compro- meterá su velocidad. A esa velocidad, la motocicleta podría acelerar. En eso, ella atacó… Si pudiese bloquear este ataque… —………………… Guren sujetó su espada en su mano derecha y se aferró al hombro de Shinya con la izquierda. Respiró profundamente. La vampira se estaba acercando. Guren atacó a esa mano. La vampira trató de agarrar la espa- da de Guren. No, no debo dejarla hacer eso. Necesito cortarla con éxito.
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    70 Guren desvió conmovimientos hábiles los intentos de la vampira y realizó un corte. Si este golpe falla, estaremos muertos. Si ella agarra la espada, moriremos. Por eso… — ¡….NO ME FALLES AHORA! –Guren rugió mientras en- viaba a la vampira a volar. Antes de que ella pudiese entrar en contacto con la espada, su mano ya había sido cortada. — ¡Bien! ¡El golpe tuvo éxito! ¡Rápido, Shinya, vamos! — ¡Ya estamos yendo a toda velocidad! La vampira miró su muñeca cortada. De hecho, ella no se vio afectada, en lo más mínimo. Sin embargo, decidió detener su persecución. Aterrizó en el suelo, y miró a Guren. La motocicleta corrió a una velocidad de miedo. Probable- mente iba a más de 150km/h. sin embargo, si ellos descendieran la velocidad, sería posible que ella retomara la persecución. Aunque no había necesidad de mantener esa velocidad con el fin de asegurarse de que ella ya no los seguía, la velocidad actual parecía ser problemática. Eso sin mencionar el hecho de que girar era imposible, caer de la motocicleta en estos momentos sería lo mismo que caer en tu tumba. Guren se agarró del hombro de Shinya y se volvió. Luces de advertencia rojas habían sido golpeadas, pero la motocicleta ya no podía reducir velocidad. Un enorme camión giró a la derecha y se dirigía hacia ellos. Unos cuantos taxis bloqueaban el paso adelante. Shinya planeó zigzaguear entre esos vehículos… — ¡Agárrate, Guren! –gritó Shinya. — ¡Que mala suerte, este día ha sido horrible! Con eso, Guren enrolló sus brazos por el cuerpo de Shinya. Uno de los espejos retrovisores golpeó al camión y se des- pedazó, enviando fragmentos hacia el rostro de Guren, y este respondió de inmediato cubriéndose los ojos con la base de su espada, pero aun así su frente recibió un corte. Se sentía como si su piel fuese perforada. A pesar de todo, la batalla había terminado. —……..
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    71 La vampira yano los seguía. Quizá debido a la hora, la carre- tera más adelante estaba vacía, permitiéndoles seguir a esa velo- cidad. Parece que después de esto, la vampira se había resignado por completo. Ahora, el problema era… — ¡Oye, Shinya! ¡Baja la velocidad o la policía nos atrapará! –dijo Guren. Al oírlo, Shinya preguntó. — ¿Y la vampira? — Parece que ya se dio por vencida. — ¿Oh… en serio? ¡GRANDIOSO! — Reduce la velocidad, ahora. Al oírlo, Shinya rió: — Pero para alguien que maneja sin un casco y sujeta una katana en sus manos… si reducimos la velocidad, te arrestarán de inmediato… ¡te llamarán un bosozoku1 del pasado! 1 Un bosozoku literalmente significa ‘descontrolado’ – eso en relación a los vehículos. Es una subcultura juvenil japonesa aso- ciada a las motocicletas personalizadas y las violaciones constan- tes de tráfico. En otras palabras, gánster de carretera. Oyendo eso, Guren miró la katana en su mano y sonrió: —…bueno, tienes razón… pero apenas logramos escapar de la muerte. No voy a justificar la muerte por culpa de tu pésima habilidad de conducción. — No pasará nada. — ¿Acaso no estas conduciendo sin licencia? — Bajo tales circunstancias, conducir sin licencia no hará diferencia. Pero, si reducimos la velocidad ahora, pareceremos sospechosos, ¿no? Contigo sin casco y abrazándome tan fuerte, aunado al hecho de que ambos somos chicos, ¿qué parecerá, eh? — Cállate y baja la velocidad. — Si, si. Shinya comenzó a desacelerar gradualmente y condujo en una pequeña y oscura vereda antes de aparcar la motocicleta. — ¿Realmente la perdimos? Guren, asintiendo, dijo:
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    72 — Probablemente. — Ese«probablemente» es problemático. — Entonces, ¿por qué no vas y lo confirmas tu mismo? — No. Oh, cierto, Guren. — ¿Si? — Estás herido. Shinya dijo mientras observaba la herida en la frente de Gu- ren. — ¿Te lo hizo la vampira? Guren descendió y dijo: — No. ¿Esto? Esto es gracias a tus asquerosas habilidades de conducir. Resulta que al espejo retrovisor le dio por lanzarme un ataque. — Jajaja, eso pudiste haberlo evitado. Guren lo ignoró y se tocó la herida. Había bastante sangre. Esa era sangre maldita. Esta sangre había sido inyectada en Mitsuki, haciéndole perder el control y convirtiéndose en un monstruo. Guren no sabía cuanta sangre fue necesaria para ser inyec- tada con el fin de deshacerse de la maldición. Pero, de cualquier forma, entrar en contacto con esa sangre era peligroso. Guren enfundó su katana y sacó unos cuantos vendajes de su mochila. — Déjame ayudarte con eso –dijo Shinya. — No es necesario. Yo solito puedo. — Pero probablemente no puedas ver la herida en tu frente, ¿o sí? Guren lo ignoró y presionó la herida. — No seas tan rustico. Si no la tratas como es debido, te que- dará una cicatriz allí. — ¿Ohh, en serio? Gracias por tu preocupación. — Nadie va a querer casarte contigo~ — Ah, lo sé, lo sé. Que fastidio, ya cállate. — Jajaja. Tras reírse, Shinya volvió a suspirar para relajar su tensado cuerpo.
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    73 —…para ser honestos,eso fue bastante peligroso. ¿Qué pasó? ¿Por qué lo que salió fue un vampiro? — ¿Y tú crees que lo sé? — Todos los de la «Secta Hyakuya» fueron asesinados. Guren miró su reloj. Ya eran las 2 de la mañana. La hora pau- tada para el encuentro con la «Secta Hyakuya». Sin embargo, ellos ya no podían volver al Parque Hirakigaoka para reunirse con ellos. Al fin y al cabo, todos los enviados por esa organización fueron asesinados y, además, la vampira podría estar allí. Bajo tales circunstancias, que ellos hayan sobrevivido, puede considerarse un milagro. Un golpe de suerte. Si no hubiese sido por un evento de suerte seguido de otro, lo único que habría resultado de ello era la muerte. Los vampiros eran los archienemigos de los humanos; sin importar cuan fuerte fueran estos últimos, no podrían derrotar a un vampiro. Si esos monstruos decidieran jugar con las vidas humanas, eso sería algo muy fácil para ellos. Pero ella me dejó ir. No, esto también podría ponerse de otra forma: ella ni siquie- ra me vio como un oponente digno. Para los vampiros, los humanos eran una bola de ganado rui- doso, tener más o tener menos no era mucha diferencia. Por eso es que los vampiros raramente interferían en la socie- dad humana; era muy raro verlos. —………. Pero los vampiros eran vistos con más frecuencia estos últi- mos días. Parecía que estaban incomodos por los experimentos prohibidos de la «Secta Hyakuya». Ferid, el vampiro noble que cruzó espadas con Mahiru, apun- tó al monstruo hibrido y dijo algo parecido. — Esto es bastante problemático. Es increíble ver como los hu- manos se atreven a experimentar cosas como estas. Si ustedes obtie- nen la maldición prohibida, el fin del mundo llegará pronto~
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    74 Las maldiciones prohibidasque podrían acabar con el mun- do. En otras palabras, el secreto de esas maldiciones prohibidas estaban, de hecho, ocultas en el cuerpo de ese monstruo hibrido. Y eso era exactamente lo que los vampiros odiaban. Ellos odiaban que los humanos respondieran abiertamente a sus de- seos y lujuria más profundos, destruyendo cruelmente al mundo. Shinya parecía pensar lo mismo que él, por eso preguntó. — Si estamos siendo tomados seriamente como objetivos de los vampiros, incluso la «Secta Hyakuya» caerá, ¿no? Era posible, sin embargo. — ¿Crees que la «Secta Hyakuya» provocará a los vampiros directamente? Ellos deberían tener presente que los vampiros no pueden ser derrotados. Si los vampiros realmente advirtieron a la «Secta Hyakuya» con respecto a la investigación de maldiciones prohibidas, ellos no debieron haber tenido más opción que detenerlas. Shinya respondió: — ¿…que pasará ahora? ¿Por qué los vampiros aparecieron? No se sabía. No, la verdad era que el número de cosas cono- cidas eran demasiado pocas en comparación a lo desconocido. Con los deseos y lujuria de cada una de las organizaciones encontrándose, la verdad no podía ser vista. Sin embargo… —…………. Shinya miró a Guren, quien sabía lo que él pensaba. Ambos ya sabían quiénes eran los que movían los hilos detrás de todo, y quienes llevó a la «Secta Hyakuya» y al «Mikado no Oni» al pánico. —………… Quizá Mahiru se encontraba en el centro de todo. Mahiru Hiiragi planeó todo eso en secreto. Claro, no se sabía si este incidente de hoy también contó con su ayuda. —…parece que si seguimos manteniéndonos ingenuos sobre todo, la verdad desaparecerá sin que lo notemos. Shinya ya sonaba un poco cansado.
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    75 Guren comprendió dedonde llegaba. Como Mahiru iba to- mando bastante ventaja, solo mirar su tenue silueta era agotador. Guren se quitó los vendajes de la herida. La sangre había ce- sado. Lo bueno era que la herida estaba cerca de la línea capilar, por lo que era fácil cubrirla con el flequillo. Guren colocó los vendajes ensangrentados dentro de su mo- chila y comenzó a caminar. — ¿Holaaa, adónde vas? –preguntó Shinya. — A casa –respondió Guren. — ¿A pie? — ¿Acaso hay otra forma? ¿Sigo conduciendo por la calle sin un casco, o qué? — Hmmm… Oyendo eso, Shinya descendió de la motocicleta y abandonó el vehículo. Parecía que también lo había robado. — Pero parece que este lugar sigue perteneciendo a Nerima, ¿no crees? Shibuya está a unos 20 kilómetros desde aquí, supon- go. — ¿Y qué? — ¿Robaras una motocicleta? ¿O quizá deberíamos arreglár- nosla para volver? — Por supuesto que la última. — Bueno, aquí nos separamos. — Bien. Guren respondió mientras se daba la vuelta. Shinya se despidió. — Bueno, te veré mañana en la escuela. — Si. Está bien. — ‘nas noches. En eso, Guren dejó de caminar y se volvió. Al ver a Shinya despedirse, dijo: — Shinya. — ¿Sí? —……..
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    76 — ¿Qué? Guren miróa Shinya y continuó: —…gracias por lo de hoy. Si no hubiese sido por ti, habría estado en mi tumba. Escuchando eso, Shinya quedó un poco sorprendido. — O-oye, ¿qué ha sido eso? ¿Estás expresando tu grati…? — ¡Qué gratitud ni que nada! –lo interrumpió Guren–. Sin mí habrías muerto también. — Bueno, eso es verdad. En realidad, no había necesidad de que Shinya salvara a Gu- ren. Cuando fueron perseguidos por la vampira, manejar la mo- tocicleta mientras salvaba a Guren era algo riesgoso. La elección racional habría sido abandonarme y huir. Pero no lo hizo. Por eso, dejó la cortesía. —…confió un poco más en ti. Oyendo eso, Shinya sonrió amargamente. — ¿Un poco más? — Si. Solo un poquito. — Bueno, muchas gracias. ¿Eso es todo? — Si. — Bueno, te veo mañana. — Hasta mañana. Con eso, Guren se dirigió hacia Shibuya. ◆ ◆ ◆ Le tomó más de tres horas llegar a casa. Tanto Shigure como Sayuri estaban despiertas. En el momento en que Guren pasó por la entrada. — ¡¡GUREN-SAMA!! –ellas corrieron con lágrimas en los ojos. Mirándolas, Guren dijo. — ¿…por qué están en pijamas? ¿No les dije que si no regre- saba al amanecer, se dirigieran hacia Aichi…?
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    77 Antes de poderterminar, Shigure lo interrumpió. — No, estábamos confiadas de que regresaría con vida, Gu- ren-sama. — Incluso cuando me desobedecen, lo hacen con actitud… Esta vez, Sayuri interrumpió. Ella miró a Guren con lágrimas fluyendo por su rostro. — ¡¡¡AHHHHHHH, Guren-sama, ¿por qué está cubierto de sangre?!!! Sayuri quiso abrazarlo mientras lloraba, pero fue detenida cuando Guren la tomó por las muñecas. —…aléjate. Mi sangre está contaminada. — ¡Eso no me importa! — A mí sí. Shigure, ayúdame a preparar un baño. Necesito quitarme esta sangre. Shigure tampoco se movió. Las lágrimas inundaban sus ojos. —…uwah, uwah, lo lamentamos mucho… es porque somos demasiado débiles. Sayuri vio la cicatriz en la frente de Guren y lloró con más fuerza. —…estábamos muy preocupabas. Si no volvía, ¿qué íbamos a hacer? Es por nuestra debilidad que no pudimos ayudarlo, Gu- ren-sama… Guren se paró en la entrada y respondió letárgicamente. — ¿Eh? ¿De qué están hablando? Shigure habló: — Cuando usted se veía involucrado en batallas riesgosas y luchas parecidas, al menos, nosotras éramos capaces de estar a su lado. Odiamos quedarnos en casa. Incluso si no podemos ayudar, incluso si somos débiles… al menos, podríamos ser su escudo. Ella quedó en silencio cuando su voz comenzó a temblar. Shi- gure raramente lloraba, pero esta vez no pudo contenerse. Parece que estaban preocupadísimas por mí. Ambas dejaron salir sus lágrimas y corrieron hacia Guren. —…idiotas, les dije que no se acercaran…
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    79 Guren quedó atrapadoen su abrazo de oso. Quizá la sangre seca ya había entrado en contacto con ella. No pasó nada. Con esta cantidad, nada pasó. El contacto fí- sico no infectará a nadie con el Demonio, ¿eh? Quizá era la can- tidad. ¿Acaso debía reunirse algunas condiciones antes de ser infectado? Ya que era así… —…oigan las dos, las castigaré luego. Les dije que no se acer- cara. Además, necesitan ir a Aichi para un chequeo inmediato. Sayuri miró a Guren y dijo: — ¡Ah! ¡¿Usted vendrá con nosotras?! — No, yo me quedaré aquí. — Nos quedaremos a su lado, Guren-sama –dijo Shigure. — ¿Pero qué diablos están diciendo? Tienen que obedecerme. — No. — No lo dejaremos. — Me voy a enojar… — Uwahhh…. Ambas parecían que fuesen a llorar de nuevo. Guren miró a las dos chicas negándose a dejarlo, y pensó: —…….. Al verlas, Guren comprendió lo afortunado de no haberlas llevado con él. Pues lo más seguro es que las hubiesen matado. Eso lo hizo pensar, en la muerte de sus camaradas y en lo débil que era. Ma- hiru si pudo matar a los camaradas suyos. Incluso Shinya se lo recordaba. — Tú eres incapaz de llegar a ser como Mahiru. Pero no creo que sea una debilidad. Poniéndolo de otra forma, si eliges lo mismo que ella eligió, no habrá necesidad de salvarla. ¿Era cierto? ¿No era la excusa de un cobarde? Sayuri y Shigure estaban dispuestas a sacrificarse por Guren. ¿Eso era considerado fuerza o debilidad?
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    80 No era porsus propias metas o deseos egoístas. Era por los demás. ¿Eso era fuerza o debilidad? —…oigan, ¿cuándo piensan soltarme? Estoy muerto del can- sancio. Quiero tomar un baño y dormir. Shigure y Sayuri se miraron entre sí. Por alguna razón, se son- rojaron. En eso, Sayuri dijo: —…eh, eh, le lavaré la espalda… — Cállate –la interrumpió Guren. Ya eran más de las cuatro de la mañana cuando Guren salió del baño. Había muchas cosas que organizar en la escuela. Pero, más allá de ello, Kureto lo llamaría durante la hora del almuerzo. Por eso, él necesitaba descansar lo que pudiese. —…que irritante. Que dolor. Guren murmuró mientras caía tendido en la cama. Pero por alguna razón, no pudo dormir.
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    81 Ya era demañana. Dentro de un salón de clases normal en la Secundaria Shibuya. La cuarta lección del día era un bloque de auto-estudio. Te- niendo esa sección ubicada justo antes de la hora del almuerzo, significaba que dicho descanso sería más extenso para los estu- diantes. Por eso, la mayoría de los alumnos ya había abandonado el salón. Aunque ese era el caso, no había vagos en la escuela. Si era la hora de auto-estudio, todos deberían estar enfrascados en alguna forma de aprendizaje. Si alguno no lo hacía bien durante las prue- bas de selección mágica, podrían experimentar la posibilidad de ser expulsados. Encima de eso, los estudiantes eran forzados a medirse unos con otros; lo que terminaría en la muerte si no se tenía cuidado. Por eso, todos estaban esforzándose lo más que podían. Se rumoraba que si uno recibía un reconocimiento allí, po- drían obtener una posición de alto rango dentro del «Mikado no Oni». Por eso, todos mantenían las esperanzas y sueños de sus seres queridos y trabajaban arduamente. La mitad de la clase había dejado el salón. Guren no se movió. Viéndolo de otra forma, él sufría por la falta de sueño. Shinya, quien se encontraba a su lado, estaba tendido sobre la mesa y actualmente en su mundo de sueños. Probablemente tam- poco había descansado bien. Sin embargo, en una escuela abarro- tada de enemigos, definitivamente Guren no querría tomar una siestecita. Guren miró con envidia al dormilón Shinya con sus ojos en- trecerrados, antes de mirar por la ventana. Desde su versión periférica, él vio a una irritante pelirroja que se acercaba: Mito. En sus manos estaba un shogi. ¿Acaso estaba allí para tener una partida de shogi? Mientras se acercaba, Mito escondió el shogi detrás de sí. Jus- to cuando Guren se preguntaba si expondría el hecho de que la había visto ocultarlo… — ¡UWAAAHHH~! Él bostezó y se olvidó del asunto. — ¿Qué pasa? ¿Falta de sueño? –preguntó.
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    82 — Si. — Cuidarde su propio cuerpo también es el trabajo de un seguidor del «Mikado no Oni». Deberías apegarte a ello. De hecho, ella era irritante. Si Guren le replicaba, seria pro- blemático. Por eso, él simplemente asintió. Por otro lado, él estaba soñoliento y deseaba salir rápido de esa conversación aburrida. Por eso… — Si, lo pensaré –respondió Guren. Mito quedó ligeramente sorprendida por ello. — Eh… eh, sobre eso. Con una expresión de deleita, Mito dijo. — F-finalmente lo comprendes. Es bueno. Ese tipo de humil- dad es la estamos buscando. Para nosotros los estudiantes que servimos a la Casa Hiiragi… Mito siguió con entusiasmo. Completamente somnoliento, Guren le permitió a Mito que continuara ese discurso productor de sueño. En eso, Mito se acer- có: —…sobre eso. — ¿Eh? — ¿Ayer? Mito frunció el ceño, ligeramente avergonzada. — A-ayer fue divertido. ¿Qué demonios dice? Hablar de esto parece que la avergüen- za. Las palabras casuales de Mito despertaron los recuerdos de Guren sobre el día anterior. Para Guren, ser perseguidos y casi asesinados por una vampira era el incidente más inolvidable que hubiese ocurrido. — ¿En serio? — Si, bueno… ¿no lo encontraste divertido? Ella miró con un poco de soledad. Su expresión facial traicio- nó el hecho de que esperaba que él lo hubiese encontrado diver- tido. — Ah, no fue tan mal. Quizá si fue algo divertido –respondió Guren. — ¡T-tienes razón sobre eso! Inmediatamente se alegró. Su expresión se tornó muy fácil de leer.
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    83 — De hecho,al ser compañeros bajo las órdenes de Kure- to-sama, ese tipo de interacción y relación es muy importante. Aunque estoy en desacuerdo, supongo que solo tengo que se- guirle la corriente. — Si. — Por eso, me preguntaba si podríamos reunirnos de nuevo en un futuro cercano. Eso seria… — Está bien. — Sobre eso. — Está bien. De repente, los ojos de Mito se tornaron agudos y miró a Gu- ren. — ¿…solo estás siguiéndome la corriente, no? Se jodió al llegar a esa conclusión. De hecho, todo es gracias a esta falta de sueño. — Que horrible ese tipo de actitud… — Deja de parlotear, que es irritante. — ¡Eso no era irritante! ¡Guren, escucha! ¡Esto es por tu pro- pio benefic…! — Ay, si, si, lo sé. — No, no lo… — Mito. — ¿Qué? — Me divertí mucho ayer. Nunca lo había experimentado. El shogi fue más interesante de lo que esperaba y las patatas estaba deliciosas… ¿y? ¿Algo más que haya olvidado? — Si, eh, ¿r-realmente te divertiste? — Si. Eso no fue una mentira. Tomar gaseosa, comer patatas y pasar el tiempo si preocupar- se del mundo fue divertido, mucho. Pero más allá de eso, Goshi y Mito eran idiotas. Unos idiotas que clamaron querer ayudar a Guren solo porque él les salvó sus vidas. Quizá Shinya no era distinto. Arriesgó su vida para salvar a Guren. —……..
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    84 Compañeros. Escuadrón. Armonía. Bajoel estado de estar divididos en la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose, Guren no sabía si todas esas aburridas sesiones de amis- tad tendrían valor. Sin embargo, mientras seguía menos sentido tenia. —…si. De hecho, probablemente fue divertido. Al decirlo, Mito se alegró mucho más. Por lo que con alegría respondió. — ¿…si? ¿Sí? ¡La amistad del equipo y la armonía son muy importantes! En general, su personalidad era estúpidamente franca. Una dama que desea pagarme el favor de salvarle la vida… Con el mismo deleite sacó el shogi de detrás de ella. — Mira. Compré esto esta mañana en la tienda de convenien- cia porque nosotros dos no habíamos jugado aun. ¿Quieres jugar una partida? Guren quiso rehusarse debido a su cansancio. Pero él no po- día dormir en la escuela. Por eso, aceptó la petición. — ¿Dónde jugaremos esto? En eso, el estudiante sentado frente a Guren se levantó de in- mediato. — Jyuu… Jūjō-sama, siéntese aquí, por favor. — Gracias. Ella se sentó correctamente y colocó el tablero de shogi en el escritorio de Guren. Goshi se acercó desde el centro de salón. — Oh, ¿continuando lo que dejamos inconcluso ayer? Shinya, quien se suponía que dormía, habló sin levantar su cabeza. — ¿…oh, Guren va a mostrarse como en realidad es? Si es así, entonces voy a ver. Oyendo eso, Goshi dijo: — ¿Eh? ¿No jugaron ayer con seriedad? — Él no. Pues Guren es un tramposo asquer… Goshi se posó junto a la mesa y dijo: — Entonces fui subestimado. Entonces tengamos una revan- cha. Déjame ver cómo eres, Mito, quítate. — No, hoy me toca –respondió ella.
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    85 En eso, Shinyalevantó su cabeza: — No, si Guren trata de ir en serio, entonces yo seré su opo- nente~ Al ver eso, Mito y Goshi se miraron el uno al otro, y se resig- naron. Guren miró al aun soñoliento Shinya, y dijo: — ¿…qué significado tiene esto? Shinya respondió, sonriendo. — Guren, Kureto-nii-san podría llamarte durante la hora del almuerzo. Por eso, siento que deberías verlo complemente des- pierto. — ¿Entonces quieres despertarme? — Bueno, sí. Guren se rió ante eso. — No lo lograrás. — Entonces demuéstralo. Con respecto a las palabras de Guren, Mito dijo: — Guren, mide tus palabras… Pero Guren la interrumpió… — Bien. Ya que hay algo de tiempo antes de la hora del al- muerzo, jugaré contra ti. En eso, Shinya se levantó, ajustó su respiración y sonrió: — Comencemos. El tiempo límite es cinco segundos por tur- nos. — Que sean 3 –dijo Guren. En las batallas reales, incluso un segundo de confusión o ne- gligencia podría decidir si una persona muere o no. eso sin men- cionar los cinco segundos de meditación. Shinya asintió. La batalla para decidir al último ganador co- menzaba. En una hora, Guren tuvo un total de 7 partidas contra Guren. Guren ganó el juego con 4 victorias y 3 derrotas, pero estuvo cerca. Con algo de suerte, y las circunstancias, las cosas podrían cambiar. Aunque él ganó cada encuentro contra Mito y Goshi, un compañero llamado Tanaka-kun, quien era experto en shogi, se acercó. Bajo tal habilidad y poder abrumadores, todos perdieron fácilmente.
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    86 Por eso, elasunto sobre quién sería el ganador y quien sería el perdedor, terminó volviéndose una broma. Al final, al igual que aquellos entrenados para la batalla, gana- rían; aquellos entrenados en shogi, saldrían victoriosos. Si ese fuese el caso, ¿me encuentro entrenando para la actual batalla en desarrollo? —………. El timbre sonó. Eso marcaba el fin de las cuatro horas de cla- ses. — Al final, gané –le dijo Guren a Shinya, quien estaba senta- do a su lado. — ¿No fue Tanaka-kun quien ganó? –dijo sonriendo. — Me refería a nuestras partidas. — La próxima vez te ganaré. Aprenderé las tácticas relevan- tes, ya verás. Mito y Goshi le siguieron: — Quiero aprender también. — Quiero aprender también. Dijeron al mismo tiempo. — ¿Acaso se hicieron adictos al shogi? Guren dijo eso antes de levantarse, la irritación recorría todo su rostro. El trío miró a Guren. — ¿Ya llegó el llamado de Kureto-sama? –habló Goshi. — Por favor, no seas irrespetuoso… –respondió Mito. — Está bien –aceptó Guren sin pensarlo–, haré lo mejor po- sible para hablar decentemente. — ¿En serio? Mito parecía realmente preocupada. Preocupada por alguien como Guren, quien se suponía que era un extranjero. Goshi no era distinto. Se preocupaba por su amigo. Guren asintió y dijo: — Ah, tendré cuidado, necesitan decir más.
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    87 Luego de eso,se levantó, retiró la katana de su casillero y la colgó en su cintura. Con eso, respondió al llamado de la persona con la posición más alta en la escuela, y caminó hacia el salón de reuniones del consejo estudiantil. ◆ ◆ ◆ Había una chica de pie en la entrada del salón de reuniones del consejo estudiantil. Guren no la había visto mucho en clases, pero ella debería ser una de sus compañeras. Al igual que Mito, ella era una jovencita muy hermosa que pertenecía a una Casa muy famosa. Usando dos colitas de caballo de color dorado, la chica llama- da Sanguu Aoi estaba esperando a Guren. Mirándola, Guren dijo: — Tu maestro me llamó. — Espere un momento, por favor. — ¿Acaso Kureto no está en el salón del consejo? — Por aquí, por favor –Aoi comenzó a caminar. Guren la siguió. Aunque vestía el uniforme de la Secunda- ria Shibuya, su falda era un poco corta. Parecía que no estuvie- se ocultando armas debajo. Por su la apariencia, ella tenía cierta cantidad de poder y habilidad en su interior. Al deducir por el hecho de que no tenía ningún arma, probablemente Aoi luchaba usando magia. En cuanto a su habilidad, probablemente ella se encontrara a la par con Mito y Shigure. Incluso si ataca, es probable que pueda matarla sin resultar herido –pensó Guren mientras le preguntaba a Aoi. — Aparentemente estas en la misma clase que yo, ¿es posible que los subordinados de Kureto se salten las clases? Él raramente la veía. Desde que comenzó la escuela, él solo la había visto tres veces. — Es porque detesto las actividades inútiles –respondió. — ¿Ir a clases es considerado inútil? Bueno, estoy completa- mente de acuerdo contigo. — No, quiero decir que esta conversación es… -respondió.
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    88 — ¿Inútil? — Si.Al fin y al cabo no tienes interés en mí, y tampoco voci- ferarás tus verdaderos pensamientos, ¿me equivoco? Después de todo, eres un extranjero. Extranjero. Extranjero. Todos en esta escuela eran iguales. Entonces, ¿por qué es que Mito y Goshi estúpidamente mantie- nen conversaciones conmigo? — Lo mismo va para mí –continuó Aoi–, yo tampoco vocife- raré mis verdaderas opiniones. Aun con todo esto, ¿por qué es que estamos hablando? Aoi soltó una sonrisa fría. — Quizá como… el clima abrazador de estos últimos días… o algo así, ¿no? Guren sonrió. — De hecho. — Bueno, ahora, por favor, cállate. — Seguro. — Kureto-sama actualmente se encuentra en el sótano del gimnasio. Eso despertó los recuerdos de Guren. Recientemente, Guren fua aprisionado en una de las habitaciones del sótano del gimna- sio y pasó por un fuerte interrogatorio por parte de Kureto. — ¿Otra sesión de interrogaciones? ¿Cuánto le gusta interro- gar a la gente? — Es porque se trata del método más efectivo. — ¿Entonces quiere volverme a interrogar? — No, en este momento está interrogando a alguien. — ¿A quién? Aoi se volvió y dijo: — A la hermanita de Hiiragi Mahiru-sama, Shinoa-sama. Aoi miró su expresión facial. Guren mantuvo una cara inex- presiva. Él sabía que cuando Aoi se volviera, diría algo para pro- vocarlo. Pero él no se vería afectado tan fácilmente. Al menos en lo que a expresiones se refiere. — ¿Quién es esa? En lo que Guren preguntó, el celular de Aoi, el cual estaba ubicado en el bolsillo de su falda, comenzó a sonar. Ella contestó: — ¿Hola? Si, habla Aoi Sanguu. ¿En serio? Entendido.
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    89 Aoi finalizó lallamada y levantó la vista. —…tu expresión ha sido fotografiada. Parece que no mentis- te. Has pasado la prueba. — ¿Qué prueba? — Una para determinar si has interactuado con Hiiragi Shi- noa. — ¿Que qué? ¿Por qué una prueba así? — Lo demás lo explicará Kureto-sama. Ven conmigo hasta la sala de interrogatorios. Aoi siguió caminando. Mientras Guren seguía su farsa. Fin- giendo no conocer a Shinoa, y no haberse encontrado con la per- dida Mahiru. Pero al mismo tiempo, Guren sintió la fuerte necesidad de acelerar sus planes. Las cosas podrían empeorar más rápido de lo esperado. Las pistas sobre el paradero de Mahiru fueron descubiertas. Shinoa había sido interrogada. En otras palabras, Kureto estaba considerando a Mahiru como la traidora. Mahiru le había hablado a Shinoa sobre Guren, sus senti- mientos, sus planes actuales. Sobre la liberación de un poder for- midable que podía derrumbar a la Casa Hiiragi. Sobre su alianza con la «Secta Hyakuya» en la traición de la Casa Hiiragi antes de traicionar a la mismísima Secta. Todo eso se lo había revelado a Shinoa. La pequeña podría ser interrogada, asesinada o tomada como rehén. Si Shinoa admitiese la vedad, Guren seria asesinado. Ahora, cuando Kureto le realizó esa prueba a Guren, demostraba que Shinoa aún no revelaba nada. Pero eso solo sería cuestión de tiempo. La pequeña Shinoa podria admitir la verdad dentro de poco. Necesita ser asesinada antes de que eso suceda. Disfrazar su muerte como un accidente. ¿Soy capaz de hacerlo? No, ¿esa es la mejor elección? —………. Guren pensó eso mientras avanzaba por el pasillo, en direc- ción a la sala de interrogación. Él no podría predecir lo que pasaría después. Había muy poca información. Como tal, él meditó lo que pudo sobre el caso de
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    90 ¿Ha progresado hastael escenario donde incluso sacrificar a su hermana ya no le importa? ¿Sacrificar a la única hermana en quien puede confiar solo para seguir hacia adelante? Las metas de Mahiru, de Kureto, las de la «Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni». Todo esto era, de hecho, un juego de pelota completamente distinto comparado al shogi. Demasiados enemi- gos. En el logro de cada una de sus metas, un mínimo error po- dría matarlo. — Entonces, ¿qué hago? A pesar de susurrar tan suave, que solo él pudiese oírse, Aoi se volvió: — ¿…que acabas de decir? — Ah, estaba quejándome del calor. — Ya veo. Aparentemente, el número de días con este calor fue mayor, comparado a los que hubo en los años anteriores. — Bueno, cosas sin sentido después de todo. Que irritante. Cosas sin sentido después de todo. Con eso, Guren se dirigió hacia la sala de interrogación en el sótano del gimnasio. ◆ ◆ ◆ El momento en que la puerta del cuarto de interrogación se abrió, Guren olió la sangre. Había una silla ubicada en el centro del pequeño cuarto. Y so- bre ella estaba una niña obligada, sus manos y pies estaban atados. La niña parecía tener unos 7 u 8 años de edad. Era una peque- ña que poseía los ojos fríos y la belleza de Mahiru: Shinoa Hiiragi. La sangre corría de donde sus uñas habían sido removidas con fuerza. Presentaba rasguños en su rostro, parecía que había sido gol- peada. Shinoa levantó la mirada y vió a Guren. Sonriendo, dijo: — ¿Otra~ persona está para ser interrogada? No hice nada malo, es hora de que me suelten~ Que voz tan alegre.
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    92 Sin embargo, sepodía concluir por lo que decía, que ella no había revelado nada sobre Guren. Ella no había admitido la ver- dad. Pero él sintió que su expresión facial había cambiado. El momento en que vio a Shinoa. Ese momento en que vio a la hermana de Mahiru ser interrogada, él mostró una expresión de disgusto. — ¿…que tipo de expresión es esa, Guren Ichinose? Una voz resonó desde dentro de la habitación. Levantando su cabeza, él vio a un hombre de pie en la oscuridad. Esa persona tenía una mirada masculina racional e inexpresiva: Era Kureto Hiiragi. Estaba apoyado contra la pared, tenía sus brazos cruzados y una katana colgando de su cinturón. Ya fuese que estuviese allí desde el principio o que solo aca- base de llegar no importaba –Guren no sintió la presencia de Ku- reto. Si él le lanzare un ataque sorpresa a Guren, era posible que resultase muerto. Kureto era muy poderoso. Carente de cualquier emoción, los ojos calculadores de Kure- to estaban mirando fijamente a Guren desde la oscuridad. Guren lo miró a los ojos y dijo: — Detesto la tortura de niños. — Yo también. — ¿Entonces por qué lo haces? — Para nosotros los Hiiragi, esas cosas no nos importan en lo más mínimo. Mira, está sonriendo –dijo Kureto. De hecho, Shinoa sonreía alegremente. Parecía que había sido entrenada en soportar los interrogatorios. Si ese era el caso, en- tonces ella estaba probablemente bien. Pero, a pesar de eso… —…no me gusta tu forma de hacer las cosas. Al oírlo, Kureto sonrió. — No necesito tu aprobación. — Es verdad. — En otras palabras, Shinoa no abrió su boca, ni siquiera bajo un interrogatorio. Los Hiiragi fueron entrenados así. —……..
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    93 — Por eso,este cuarto de interrogatorio es inútil. Sin impor- tar cómo la torture, ella no dirá nada. Incluso si es asesinada, ella no soltará ni una sola palabra. ¿Era cierto eso de que los Hiiragi pasaban por tales entre- namientos tan fuertes? ¿O solo mentía acerca de que Shinoa no había admitido la verdad para calmar a Guren? A lo mejor era la primera opción. Este era un lugar para locos. Una organización insana regida por personas despreciables. Shinoa, Mahiru, Kureto y Shinya pa- saron por esos entrenamientos fuertes para asegurarse de que no revelarían nada, sin importar cuan dura fuera el interrogatorio. Kureto seguía mirándolo: — Incluso si no dices la verdad, también tienes cosas que, una vez perdidas, no serás capaz de volver a recuperar. ¿Cierto, Guren? —….. — Ella solo tiene ocho años. Ni siquiera ha tenido un primer amor. Pero perdió algo importante aquí… ¿qué crees? —…. — Ya que te disguste ver niños siendo interrogados, significa que quieres protegerla, ¿no? Guren murmuró: —...maldito. Kureto volvió a sonreír. — No me interesa lo que pienses de mí. ¿Vas a sermonearme por lo injusto e inmoral en este mundo? —……… — Bueno, seguiré. La «Secta Hyakuya» convocó una reunión. Se rumora que la traidora es Mahiru. ¿Es cierto? De repente, Kureto preguntó de forma muy directa. Continuó mirando a Guren mientras paciente y calmadamente observaba alguna respuesta. Pero no la hubo. Con eso, Kureto entrecerró sus ojos y dijo: — Silencio, ¿eh? Lo tomaré como tu consentimiento, enton- ces. Guren no supo cómo responder a eso. Guren no sabía cuál era la elección correcta. Eso era porque no tenía ni idea de cuánto sabia Kureto.
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    94 Sin embargo, élno podía permanecer en silencio por siempre. Aunque las palabras erradas lo llevaran a la muerte, el silencio lo enviaría también a la tumba. —…no lo sé –respondió Guren. — ¿Qué parte no sabes? — No sé si Mahiru es la traidora o no. — ¿Entonces el traidor eres tú? — No. La Casa Ichinose no tiene el poder suficiente para con- vertirse en traidores. Encima de eso, incluso si los traicionamos, no significaría mucho para la Casa Hiiragi. — Eso es correcto. Cuando ustedes nos traicionen, todo lo que tendremos que hacer es matarlos. Bien, voy a creer eso. Pero seguramente sabes de la tracción de Mahiru. — No. — ¿No te amaba? ¿Te lo dijo, no? — Nunca escuché nada parecido. — Pero Shinoa y Mahiru discutieron eso contigo. — Ya deja de mentir. De hecho, Shinoa había accedido al fuerte interrogatorio. Ahora, Guren probablemente seria tildado de traidor y asesinado. Quizá ella le reveló a Kureto su reunión con la «Secta Hyaku- ya» y Mahiru. El fin y al cabo seria asesinado de todas formas. Sin embargo, Kureto sonrió: — Bueno, a ti no se te engaña tan fácilmente. Parcia que había elegido la opción correcta. Pero eso era tan peligroso como caminar en una cuerda floja. Kureto parecía ha- ber recibido solamente información de la traición de Mahiru por parte de la «Secta Hyakuya». Pero, ¿qué estaba planeando la «Secta Hyakuya al revelar esta información? Claro, el deterioro de la moral de Mahiru comenzó desde el momento en que traicionó a la «Secta Hyakuya». O quizá, la no- ticias de la traición también eran una mentira, quizá Mahiru aun trabajaba con la «Secta Hyakuya». Entonces, ¿las noticias sobre la traición de Mahiru a la Casa Hiiragi también fueron liberadas por Mahiru? Esa era una verdad incomprensible. Nadie sabía que era lo correcto.
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    95 Aunque Guren notenía sospechas, él fue forzado a estar en una posición donde una pequeña respuesta errónea pudiese pro- vocarle la muerte. — Ante todo –habló–, ¿creíste fácilmente lo que la «Secta Hyakuya» dijo? — ¿Eh? — Estoy preguntándote, ¿la Casa Hiiragi creyó fácilmente las palabras del enemigo, sobre todo cuando están en guerra? — No –respondió Kureto–, yo solo creo lo que ven mis ojos. Por eso es que no te he matado a ti o a Shinoa. Es necesario con- firmar lo que la «Secta Hyakuya» está planeando al revelar esto. No intento ser apartado por esta guerra de información. Bueno, el mensajero enviado por la «Secta Hyakuya» fue provocado por el interrogador y murió. Mientras Kureto hablaba, él lanzó su mirada por los alrede- dores. A la habitación contigua. Era esa donde Guren había sido interrogado, con Kureto esperando a un lado. Un líquido rojo bri- llante estaba esparcido por la pared que separaba los dos cuartos. El constante olor a sangre parecía ser del cuerpo en esa habita- ción. — ¿…estás feliz de que una niña vea esto? –preguntó Guren, y Kureto sonrió. — Los Ichinose son demasiado gentiles. Por eso es que no pueden ganarnos. —…en primer lugar no intentamos ganar. — Jajaja, me gusta esa parte de ti, Guren. Ese lado tuyo auto- consciente. Guren caminó hacia adelante, y se puso detrás de Shinoa. Acariciando su cabeza, él libero sus ataduras. Shinoa fue liberada. En eso, miró a Kureto. — ¿…puedo levantarme? Kureto sacudió su cabeza ante esa pregunta. — Quédate ahí. —………. Guren miró a Shinoa. Miró sus delgadas piernas. Había su- frido heridas graves: sus uñas fueron removidas, su piel estaba agrietada. Parecía que no podía levantarse. — Esas heridas son simple maquillaje –dijo Kureto–. Ni si- quiera la interrogué. Aunque compartimos padres distintos, nun- ca interrogaría inútilmente a una hermanita tan hermosa, Guren.
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    96 — ¿No tedije que te quedaras sentada? –dijo Kureto. — Seguir la corriente con este acto tan aburrido, me cansé un poco. — No, necesitamos continuar. Llamaremos después a Shinya. No te quites el maquillaje. —…………… Shinoa parecía un poco confundida y preocupada. Guren es- peró ganar alguna pista nueva por medio de esos ojos, pero fue inútil. — Entonces, ¿esto desde un principio fue una prueba? –dijo Guren. — No –dijo Kureto sacudiendo la cabeza–, solo es para reunir información. En el rostro de los enemigos fuertes, la verdad es incierta. — Entonces, ¿la conclusión? — Confiaré en ti. De hecho, eres un subordinado importan- te para mí –respondió Kureto. Pero Guren no sabía por qué. No sabía que parte de la conversación tomó Kureto para llegar a esa conclusión. En eso… — ¿No entiendes? –preguntó Kureto. Sus ojos fríos parecían leer los pensamientos de Guren. Guren mantuvo una cara inexpresiva. Solo con eso, su dedo se dobló un poco. Preparándose para cualquier circunstancia impre- vista. Para permitirle a su mano llegar rápidamente a su katana. Pero Kureto no se movió. Solo dijo fríamente. —…ya estoy informado de tu reunión con Shinoa. Por eso la mataré primero. — ¿…qué? Shinoa reaccionó al instante. Kureto se estiró y agarró el cue- llo de la chica. Al instante, Guren desenfundó su espada y cargó hacia Ku- reto. Kureto respondió calmadamente con el desenfunde a medias de su katana y bloqueó el ataque de Guren. —…no te muevas o la columna de Shinoa quedará fracturada. —…. Guren bloqueó el ataque de Kureto con su espada y detuvo sus movimientos. Kureto sonrió: — Jajaja, esa casa. Por eso es que confió en ti. Tú, siendo in- capaz de abandonar a Shinoa, quien es tan humano. Por cierto, también pasé condena a Hiiragi Shinoa.
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    97 Y le dijea la «Secta Hyakuya», de una forma que solo aquellos que espíen la Casa Hiiragi puedan entender, su castigo. Ah, pero mantuve alejada esa información de ti y de Shinya. Bueno, siga- mos, ¿cómo crees que progresen las cosas a partir de aquí? Guren lo miró. El motivo de Kureto para anunciar era muy fácil de entender. Era una trampa para hacer salir a Mahiru Hii- ragi. Pero… — ¿Estas siendo ignorado por Mahiru? Al oir eso, Kureto volvió a sonreír. Soltando a Shinoa, metió sus manos en sus bolsillos. Sacó su celular, mostró una pantalla con un mensaje recién recibido. El remitente era desconocido. El tema: «Mahiru Hiiragi». El cuerpo del mensaje decía: Haz lo que te dé la gana. Guren miró la pantalla. Miró el mensaje de Mahiru. Ella, quien fue capaz de abandonar tranquilamente a su hermana. No, fuera cual fuese la verdad, Guren no la sabia. Había de- masiadas mentiras flotando en el mundo. No era posible discer- nir lo que era cierto. Pero quizá, eso realmente era de Mahiru. Podía hacer eso. Te- nía lo suficiente para hacerlo. Al menos, cuando Guren la vio en Ueno, ella parecía estar careciendo de todo sentido común y la moralidad por el demonio poseyéndola. Por todo eso, ella realmente hacer algo así. Shinoa miró el teléfono. Parecía encontrarse en un dilema. Las lágrimas llenaron sus ojos, mientras que, por primera vez, dejó escapar una expresión acorde a una niña de ocho años de edad. Abandonada por su hermana. Esa hermana en la que confia- ba plenamente. Pero rápidamente recuperó la compostura. La expresión del dilema desapareció, pero en frente de Kureto, fue demasiado tar- de. Kureto retiró su espada, retrocedió, y como vio que ya no era necesario luchar, la enfundó. Mientras continuaba, él mantenía una expresión que parecía mostrar le hecho de que estaba cansado de todo esto y que trataba todo lo sucedido como una broma. — Que irritante. Sorprendente de hecho, ¿no crees? Nunca le revelé mi dirección. ¿Cuándo se filtró?
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    98 — Y quécontrol. ¡Que inteligente! Molestarme con solo un mensaje de texto. ¿Puedo matar a Shinoa? ¿A Guren? ¿A Shinya? ¿Quién es el enemigo, y quien es el aliado? ¿Hasta dónde orques- tará toda la escena? ¿No estamos andando en sus planes? Co- mencé muy tarde. La escuela fue atacada por la «Secta Hyakuya», produciéndose muchos sacrificios. Todo progresó de acuerdo a sus planes. —………….. — Que irritante, ella da tanto miedo como antes. Es total- mente distinta a ti. Tú, que desenfundaste tu espada de inmediato cuando la hermana de tu amada estuvo a punto de morir. Pero por eso es que confió en ti. Tu que eres humano y nunca traicio- naras a tus camarada. No eres el centro de la historia, pues eres una estúpida basura siendo usado por esa mujer. —……….. — Por cierto, Guren, ¿ya te has encontrado con Mahiru, cier- to? Guren no dijo nada. Pero Kureto pareció no haberlo notado. — Después de todo no es necesario responder, no creería nada de lo que dijeras. Pero déjame advertirte, no le creas. Ella es una preciosa… monstruosidad, Guren. Monstruo. De hecho, quizá es cierto. Pero, él no podría comprender por qué ella terminó convir- tiéndose en algo así. Durante sus días infantiles, ella solo era una preciosa niña. Aunque parecía majestuosa, era, de hecho, una niña que le temía a la soledad. Ese día. Ese día soleado y brillante, tras ser secuestrada, ¿qué le pasó exactamente a su cuerpo? — Sin embargo –siguió Kureto–, si pudieses controlar ese monstruo… ayudarme a decirle algo. Esa mujer te es muy fiel. Quizá te llegue a escuchar. — ¿…que quieres que le diga? –respondió Guren? — Vuelve a la Casa Hiiragi –dijo Kureto–. No me importa un matrimonio entre tú y Guren. — ¿Qué? ¿Por qué quieres que me case con Mahiru? — ¿No son amantes? — Eso fue algo de niños. — A ella le gustas. — ¿Y que tiene eso que ver conm…? — Lo que sea está bien –lo interrumpió Kureto–. Pero si in- tentas, aunque sea un poco, salvarla, cásate con ella, Guren.
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    99 Puedo permitirlo. —……… — Alfin y al cabo nunca me interesó nuestros pasados. No veo ningún problema en el matrimonio entre un Hiiragi y un Ichinose. Que aburrido, he tenido demasiadas batallas ineficien- tes. Si todos se vuelven mis subordinados, los aceptaré a todos. Por eso Guren, si la encuentras, mantenla cerca, no la dejes ir otra vez. —……… — O mátala. Si no, ella traerá mala suerte a los que la rodean. ¿Quieres conocer la cantidad de muertes del ataque hecho por la «Secta Hyakuya»? — No me interesa –dijo Guren sacudiendo su cabeza. — ¿Un compañero desinteresado salvará a sus camaradas? Goshi y Mito te colman con cumplidos. Dicen que eres de con- fianza, eres amable y que eres una buena persona. Bajo tales circunstancias, él no podía estar seguro si ellos lo elogiaban y se burlaban de él. — Por eso, hoy, te perdono la vida. Pues eres distinto a Ma- hiru. Tienes un buen autocontrol. Para alguien que valora a sus camaradas, no eres una amenaza. Eres alguien servicial. Además, solo puedes liberar tus verdaderos poderes cuando eres usado por otros. Guren miró a Kureto. Todo lo que decía era cierto. Su yo ac- tual nunca sería capaz de destruir a la Casa Hiiragi. — ¿…sabias que hablas demasiado? –dijo Guren–. Decir pú- blicamente tus opiniones, ¿qué te pone tan nervioso? — Hay dos persona conectadas actualmente con Mahiru – dijo Kureto sonriendo–, esas palabras serán escuchadas por Ma- hiru, ¿no? En otras palabras, Kureto le hablaba a Mahiru. Kureto volvió su mirada hacia Shinoa, quien escuchaba cuidadosamente; ella parecía estar en un trance. Guren enfundó su espada. — Responde el mensaje. Ni siquiera sé cómo comunicarme con ella. — Jajaja, pero ella no me escuchará, ¿cierto? — ¿Entonces crees que a mí sí me escuchará? — En comparación conmigo, hay una gran posibilidad de persuadirla, ¿no? Kureto tecleó un poco en su celular.
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    100 Luego, el celularde Guren sonó. Guren sacó su celular y vio el mensaje de Kureto. Lo que ha- bia escrito allí era una dirección IP nunca antes vista. A lo mejor era la dirección IP de Mahiru. — Reúnete con ella, y persuádela, es una orden. — ¿Qué si no quiero hacerlo? — Repito, es una orden. Guren miró su celular otra vez, y preguntó. — Kureto, necesito preguntarte algo. — ¿Qué? — Entre tú y Mahiru, ¿quién es más fuerte? — Mahiru –respondió directamente. —………. —………… — Ella es una chica genio. Un prodigio que no comprende el dolor de los demás no debería liderar una organización. Guren le sonrió a Kureto. — En otras palabras, ¿puedes entender el dolor de otros? — Comparado a ella, sí. Por eso es que puedo comprender tus sentimientos, Guren. Puedo comprender el sentimiento de ser engañado por otros. Que agotador. — Que estupidez. Guren suspiró y miró su celular. Incluso hasta ahora, él no sabía si esa dirección IP y el conte- nido del mensaje que Kureto recibió de Mahiru eran reales. Había una gran posibilidad de que todas esas cosas fueran mentiras pla- neadas para provocar a Guren y Shinoa. Pero, si a pesar de todo eso, cada cosa era cierta… entonces podría concluirse que, ciertamente, Mahiru era un monstruo. —…bueno, puedes comenzar de una vez –habló Kureto–. Responde el mensaje. —…lo dejaré todo claro de una vez. Incluso si esperas que Mahiru y yo… — Si, si, solo envía el mensaje –le ordenó. Guren comenzó a escribir. El contenido del mensaje era: Soy Guren. Respóndeme. Eso fue todo, luego presionó el botón ‘enviar’.
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    101 No hubo respuesta. Gurenmiró a Kureto y dijo: — ¿Satisfecho? Asintiendo en silencio, dijo: — Una vez que haya contacto, infórmamelo de inmediato. Y dile a Mahiru que no se equivoque con el enemigo. La Casa Hii- ragi no es su enemiga. — Si ustedes no lo son, entonces ella no los traicionará más, ¿cierto? — Esa es tu tarea, Guren, hacérselo saber. Bajo mi orden, de- tén a esa mujer. A esa enamorada que se ha deshecho y está cer- niéndose en el borde de la confusión –respondió Kureto. Guren miró su celular nuevamente, y lo guardó en su bolsillo. — ¿…eso es todo? Si –asintió Kureto–. Ya puedes irte. Shinoa miró a Guren, pero su mirada fue breve. Aunque no estaba seguro de lo que pensaba, era demasiado peligroso mirarla fijamente. Kureto lo notaria sin importar cuan breve y sutil fuese. Guren estuvo a punto de dejar la habitación, pero en eso, un celular sonó. Era el móvil de Guren. Las miradas de todos se cen- traron en ese teléfono. Guren sacó el celular, y vio que el número era desconocido. — ¿Es Mahiru? –preguntó Kureto. Guren se encogió de hombros: — Puede ser una llamada indeseada de algún promotor. — Contéstala. —……. No tuvo más opción que hacerlo. Una voz surgió desde el otro lado de la línea. — ¿Quién es? –respondió una voz femenina. — Eso mismo iba a decir yo. Con eso, las identidades de ambos fueron expuestas. Cierta- mente era Mahiru. La chica sonaba alegre: — ¿Oh, estás vivo?
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    102 — No memates sin permiso. Además, ¿cómo obtuviste mi número? — Es porque me gustas. — Déjate de eso. — Jajaja. Ella rió alegremente. Era como si se deleitara al hablar con Guren. — ¿Shinoa está viva? — La tengo a un lado. — ¿Su cadáver? — No. — Pásale el teléfono. — No puedo. — ¿Es porque Kureto está cerca? ¿O porque te están espian- do? Gracias por preocuparte por mi hermana. Eres tan gentil como siempre, Guren. Pero está bien, déjala que hable conmi- go. —……. Guren removió el celular de su oído y levantó la vista. — Ella quiere hablar con Shinoa. Kureto dudó y dijo: — Ponlo en altavoz. Guren presionó dicho botón, y una voz clara resonó desde el teléfono. — ¿Shinoa, todo está bien? Shinoa miró el teléfono con los ojos entrecerrados y sonrió. — Cuando dices que «si todo está bien», ¿a qué te refieres? — Mmm~, tus emociones son misteriosas. Por eso, real- mente, ¿cómo está todo? Por eso, Shinoa, quien estaba ligeramente molesta, reclamó y dijo: — Bueno, fue exactamente como lo predijiste. Aunque todo estaba bien… experimenté un peligro al que una pequeña de ocho años de edad es incapaz de defenderse. — ¿Si~ Kureto está cerca, lolicon(2)? (2)Tal cual está en la novela original. Ustedes vean como lo toman. xD
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    103 — Que irritante…suenas como si no te preocupara en lo ab- soluto. Leí el mensaje. Decía: Haz lo que te dé la gana. — Jajajaja, si, lo escribí. ¿Estás herida? — No –dijo sacudiendo su cabeza–. Sé que no hay otra forma. No me interrogaron. — Ciertamente. Kureto no usará métodos ineficientes que no darán resultados. Por eso es que es débil. Bueno, me alegra que todo esté bien. ¿Estoy en altavoz? — Si. — ¿Quién escucha? — Guren, Kureto-nii-san, y una tipa de cabello rubio que no reconozco. — Es Aoi Sanguu. ¿Papá no está allí? — Padre no sabe que estás desaparecida –dijo Kureto. — Oh, Kureto-onii-san. —….. — Tiempo sin saber de ti. — Déjate de estupideces –la interrumpió Kureto–. Te perdiste luego de traicionar a la Casa Hiiragi. Muchos de tus camaradas han muerto. ¿Por qué fue todo eso? ¿Por qué desaparecer? Mahiru parecía contenta al responder. — Jajaja, no pienso hablarle a un mentiroso. — ¿De qué demonios hablas? No mentí… — ¿Padre no sabe que estoy desaparecida? Padre, ¿quién cree fielmente en mí? — Es la verdad. — La, lalala, lalala... ¿qué viene luego? ¿Padre está enoja- do? Con respecto a la traición de la próxima Cabeza de la Casa Hiiragi. — Ya dije que padre no lo sabe.
  • 104.
    104 — Mentiroso. Porfavor, dile. Que no intenté traicionar- los. Caí en la trampa de Kureto-nii-san debido a sus celos. Fui apartada. —………. Kureto parecía más serio ahora. Pero Mahiru no se detuvo. — Dile, Kureto-nii-san se alió con la «Secta Hyakuya» y planeó traicionar a la Casa Hiiragi. Dile, no planeé traicionar a la Casa Hiiragi. Pero Kureto respondió: — Que palabras tan estúpidas, nadie las creerá, Mahiru. — ¿En serio? Pero creo que la confianza que tiene padre en mi es superior a la que tiene en ti. Lógicamente hablando, esos que son débil serán celoso de los que son más fuertes. Esto es fácil de comprender, ¿no? entonces, entre tú y yo, ¿quién es más fuerte, Kureto-nii-san? La realidad es dura. No estaré ce- losa de ti. En otras palabras, ¿eso será…? — Cállate, Mahiru. — Oh, y… Kureto-nii-san, cometiste un gran error. Cuan- do hablamos de este tema, debiste haber cortado la llamada de inmediato. Al no terminarla… ¿quieres seguirme? Cierta- mente, comprar algo de tiempo para así ubicarme. Después de todo, no intenté ocultarme. Kureto rió fríamente. — No. Ya te he encontrado, Mahiru. Las operaciones espe- ciales… — Todos están muertos –interrumpió Mahiru. —……… — Ay, lo siento, Kureto-onii-san, debes estar destrozado por la muerte de tus camaradas. Pero ¿esos al menos lo eran? Habiéndote aliado con la «Secta Hyakuya», ¿puede conside- rarse a tus subordinados, siquiera camaradas del «Mikado no Oni»? En eso, la puerta se abrió. Un chico llevando el uniforme de la Secundaria Shibuya gritó: — ¡Kureto-san! ¡La conversación entre usted y Mahiru-san actualmente se encuentra siendo transmitida por todo el campo escolar! Kureto lo miró fríamente. Guren se volvió y vio los talismanes fijados en la esquina de la puerta. Talismanes para prevenir que el sonido entrara. Con ese talismán, sería difícil que las ondas sonoras viajaran por el aire.
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    105 Anteriormente, esta habitaciónhabía sido intervenida para asegurarse que sus habitantes no escucharan lo que sucedía en el exterior. Era una trampa de Mahiru. No se sabía cuándo los talismanes habían sido fijados. Quizá ya habían sido puesto mucho antes de que Mahiru desapareciera. Todos estaban a merced de Mahiru. Ya no era sobre traicionar a más nadie. Estaba siendo forzadamente manipulado en la palma de un monstruo. — Que cosa más terrible –continuó Mahiru–. ¿Exactamente cuántos espías de la «Secta Hyakuya» están dentro del «Mika- do no Oni»? —…termina la llamada, Guren. Perdí esta vez. Mahiru admitió la derrota. Pero Mahiru no se detuvo. — Después de eso, la tragedia se volverá a repetir. La tra- gedia donde muchos estudiantes morirán. Hiiragi Kureto, si tú, un traidor, continua como presidente estudiantil de esta escuela… Kureto le arrebató el celular a Guren y le apagó el altavoz an- tes de colocarlo cerca de su oreja. Pero fue inútil, pues todo ya había sido transmitido por toda la escuela. — Estás acabada, Mahiru –dijo Kureto–. Lo que estás hacien- do dará como resultados muertes inocentes. De hecho. Mahiru lo planeó todo. Si las luchas infernales se desataban, mas gente del «Mikado no Oni» moriría. — ¿De qué hablas, traidor? –respondió Mahiru. — Te prohíbo hacer esto. No me quedaré a un lado viendo como matas a seguidores inocentes del «Mikado no Oni» como si no tuvieses nada mejor que hacer. Protegeré a mis camaradas. — Jajaja, ¿de qué estás hablando? ¿El que hace esto no eres tú, Kureto-nii-san? Planeaste violarme. Cuando los planes no siguieron tu rumbo, la ira y el odio te hicieron perder el con- trol… En eso, Kureto dejó salir un profundo suspiro. Con una voz lo suficientemente alta para silenciar la de Mahiru, gritó. — ¡Prepara el encuentro! ¡El tema será una sentencia para la traidora Mahiru! Con eso, Kureto terminó la llamada. Hubo un silencio inmediato.
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    106 — ¿…sabias todoeso? –preguntó mirando a Guren. — ¿Te refieres a…? –respondió Guren. — De lo que acaba de pasar. — ¿Y crees que lo sabré? Guren dijo con un todo autocritico. — No lo creo. Los primeros sospechosos, tú y Shinoa pro- bablemente no tuvieron la posibilidad de pasarle información. Todo esto lo debió haber hecho ella. Ella sola se las ingenió para enfrentar al «Mikado no Oni» contra la «Secta Hyakuya». Algo muy anormal. Un poco de duda con miedo. Guren se sentía de la misma manera. ¿Desde cuándo y a lo largo de cual línea de lógica Mahiru logró tal cosa? Sin importar qué, las dos organizaciones a las que declaró como enemigos eran las dos organizaciones hechiceras más gran- des del país. Ella mantuvo todo controlado alimentando la guerra entre ambos bandos y haciendo que ambas comenzaran a colapsar por conflictos internos. Todo por si sola. — Las noticias de que atacaste a Mahiru… –preguntó Guren. — ¿Le creíste? –le interrumpió Kureto con una voz llena de irritación. — Allá afuera es donde debe haber quienes le creyeron. —…ah, cierto. Debería. Kureto susurró. Él no parecía confundido o perdido. Así, él parecía estar pensando en algo y quedó en silencio por un mo- mento. —…la Casa Hiiragi no colapsará todavía. —……. — Pero la «Secta Hyakuya» debe haber escuchado lo que se dijo. Ellos debieron haber descubierto la debilidad y el conflicto interno en la Casa Hiiragi. Luego de eso, hasta los seguidores más devotos comenzarán a dudar. La «Secta Hyakuya» se aprovechará de esto. Habrá muertes involucradas. Muchos de los compañeros morirán. Él dijo camaradas. Kureto usó esa palabra. ¿Acaso eran sus verdaderos pensamientos, o solo un montaje? Mirando a Guren, Kureto habló:
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    107 — Eh, Guren. —¿Qué? — ¿Por qué razón vives? ¿No tienes deseos egoístas? —………. — ¿Destruir a la Casa Hiiragi? ¿Acabar con el «Mikado no Oni», el cual ha estado abusando de ustedes durante mucho tiem- po, y llegar a la cima? Pero, para logar eso, ¿cuántos sacrificios puedes tolerar? —……… — Salvaste a Goshi y Mito. No puedes ignorar la muerte de Shinoa. Para alguien así, ¿puedes siquiera compartir el mismo sueño que Mahiru? –preguntó Kureto. Pero Guren fue incapaz de responder a eso. ¿Se volvería como Mahiru? ¿Se convertiría en un monstruo? Shinya lo dijo una vez: Si eliges lo mismo que Mahiru, enton- ces no habrá necesidad de que la salvemos. Pero su deseo egoísta no era salvar a Mahiru. Entonces, ¿qué debería hacer? ¿Qué esperaba? — ¿Quieres decir algo? –preguntó Guren. Kureto le respon- dió: — Te creo. Pues eres humano, no un monstruo. Por eso, Gu- ren, vuélvete mi aliado. —………. — De esta forma, muchas vidas se salvarán. Trabajaremos juntos para resolver este problema con las menores perdidas po- sibles –dijo eso extendiendo su mano.
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    109 Quizá Kureto necesitabacamaradas. Camaradas de confian- za. Esos que no hubiesen sido influenciados por la «Secta Hyaku- ya». Esos que no estuviesen aliados con Mahiru. Camaradas que no soportaran las muertes a su alrededor, y que son fácilmente explotables. En otras palabras, la desintegración comenzaba. Hiiragi Kureto había sido forzado a llegar a un punto muerto. Forzado a confiar en la basura Ichinose. —…….. Mirando la palma extendida de Kureto, y los ojos como en trance de Shinoa, Guren habló sin tomar esa mano. —…incluso si me niego, ¿es inútil, no? — Exacto –sonrió Kureto–. Bien. Mata a Mahiru. Pero eso no llevaría nada a una conclusión. Kureto debería haberlo sabido. El fuego de las guerras internas ya había sido en- cendido. Y ese era de una guerra contra la «Secta Hyakuya». Actualmente estaban en el día 21 de agosto. Solo quedaban cuatro meses para navidad, fecha en la cual llegaría la destrucción del mundo. — Ya sabes, esto es demasiado frenético, Mahiru. Guren murmuró tan suave para que nadie pudiese oír. ◆ ◆ ◆ Tanto Guren como Shinoa fueron liberados. Caminaron desde el cuarto de interrogación hasta el gimna- sio. En la entrada, Shinya, quien estaba apoyado contra la pared del gimnasio, estaba esperando. Shinya los miró y quiso decir algo, pero se detuvo cuando vio la silueta de la ensangrentada Shinoa. —…cielos, parece que te interrogaron. Shinoa sacudió sus manos aparentemente ensangrentadas y sonrió. — No, esto es maquillaje. Parezco un cadáver, ¿no? GAOWW… Shinoa infantilmente sacudió sus manos. Shinya se encogió de hombros y sonrió. — Un cadáver no diría «Gaoww», ¿bien? — ¿Oh, en serio?
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    111 — Seria algocomo GROWLL… — No le veo diferencia. — Jajajaja. Eso no fue tan malo. ¿Era para engañarnos a mí y a Guren? — Si –asintió Shinoa–. ¿Te engañó? — Si. ¡Caí por completo! ¡Creí que eras un cadáver de verdad! — ¡GAOWWW…! — Te dije que era Growlll… Ignorando la estúpida conversación, Guren salió del gimna- sio. — Oye, ¿nos ignoras? Shinya lo alcanzó. — ¿Cómo está la situación allá afuera? –preguntó Guren. La conversación entre Mahiru y Kureto había sido transmiti- da por toda la escuela. — Fue muy poderoso –respondió Shinya–. Sin embargo, dentro de la escuela está todo silencioso. Parece que todos están meditando cuál es la verdad y cómo rechazar la existencia de este incidente y hacer que el asunto sea olvidado. — ¿Y Mito y Goshi? — ¿Eh? Qué raro. ¿Preocuparte por amigos de shogi con los que te llevas bien? Shinya respondió alegremente. Pero Guren, en cambio, lo miró con irritación. Shinya sonrió y caminó a su lado. — Kureto dijo que te llamaría también –dijo Guren–. ¿Te lla- mó? Shinya sacudió su cabeza: — No, pero eso no significa que no me llamará. Después de todo, ya sé que Shinoa-chan se disfrazó de cadáver… ahora no es el momento de hablar de esto. Caminado hacia adelante, las siluetas de los estudiantes de la escuela llegaron a verse. Nadie sonreía. Parecían estar atrapados en algún tipo de discusión. El tema debía ser eso que escucharon desde aquí. Un estudiante normal probablemente no estaría al tanto del conflicto entre la «Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni». Pero, una guerra total estallaría pronto. No, la guerra ya tenía mucho tiempo de haber comenzado. Solo que ahora todos lo sabían. Aunado con la guerra interna desarrollándose en la Casa Hiiragi.
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    112 Guren ni siquierahabía hecho algo y ya la Casa Hiiragi co- menzaba a desmoronarse. El mundo estaba pasando por una re- volución. — ¿Desde qué momento fue transmitida la conversación? ¿También se incluyó lo que hablé con Mahiru? En lo que Guren preguntó, Shinya lo miró. — Ah, tu también hablaste, ¿eh? Parecía que solo la parte sobre Kureto fue transmitida. — ¿Qué te dijo? — Me preguntó que si estaba vivo –respondió Guren. — Jajajaja, así es ella. Debieron haber sido palabras honestas. Al oírlo, Shinoa interrumpió. — En ese momento, todo lo que mi hermana dijo fueron mentiras. No creo que hayan sido honestas. Guren miró a Shinoa. La pequeña continuó: — Además, su voz estaba más alegre de lo usual. Probable- mente porque estaba muy contenta de hablar con Guren, parece que le gustas mucho. Shinya sonrió: — Es-espera. Si es así, entonces como su prometido, ¿qué de- bería hacer yo? — Quien sabe. Cuando se enfrenta a relaciones románticas entre adultos, una niña como yo no sabría nada. Shinoa entrecerró sus ojos y se encogió de hombros. Guren observó sus acciones, inseguro del por qué ella diría algo como eso. Antes, cuando Shinoa fue interrogada sobre el lado al que pertenecía, su respuesta fue el lado más interesante. Ella no estaba interesada en la Casa Hiiragi y no se uniría a la «Secta Hyakuya». Aunque quería a su hermana porque era amable… — Shinoa. — Aquí estoy. — Fuiste abandonada por Mahiru. Tu muerte no le impor- tará. — Sí, es cierto –asintió. — A pesar de eso, ¿aún eres su camarada?
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    113 Al preguntarle eso,Shinoa enrolló sus ojos y miró al techo, confundida. — Sin embargo, creo que la persona que estaría en contra de mi muerte seria mi hermana. El resto de la gente no se preocupa- ría si muriese un día de estos en un lugar extraño. Guren miró mientras Shinoa hablaba calmadamente: — Me preocuparía un poco. — ¿Eh? Eres extraño. Shinya, quien estaba caminado a su lado, añadió. — A mi también, si te mueres, lloraría. Estaría muy preocu- pado si te vuelves un cadáver. — ¿GAOWW? — GROWLL… Shinoa entrecerró sus ojos y sonrió. Había algunas áreas de su rostro que la hacían parecerse a Mahiru. Inclinó su cabeza y encontró su mirada con la de Guren y Shinya. — Si, si… me sorprende que dos personas a las que poco veo se preocupen y depriman por mi muerte. Esto debe significar que aman profundamente a mi hermana. Estoy siendo cuidada como reemplazo de mi hermana. Ella parecía tener muy baja autoestima. Pero era de entender, pues su hermana era completamente extraordinaria. — Que pena –dijo Shinoa–, creo, que mi hermana no vea a nadie como su igual, ni siquiera a mí, a Guren-san, o a Shinya- onii-san. Hoy quedó claro, que oficialmente estoy abandonada. Ella probablemente no me contactará más. Mi hermana ha cum- plido lo que trató de hacer a esta escuela. Era cierto. La llama que fue encendida aquí podría darle una paliza a todo el «Mikado no Oni». De acuerdo a las circunstancias, la guerra entre la «Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni» ocurriría rápidamente. Al mismo tiempo, la vigilancia en Guren y Shinya probable- mente sería más relajada. Las acciones que realizó Mahiru hoy harían que las cosas progresaran de esa forma. Tanto Shinya como Guren tenían secretos ocultos de la Casa Hiiragi. Pero esos secretos ya no importaban; las acciones de Mahiru resultaron ser ramificaciones tan extensas que esos secretos serian ignorados. Pero lo más importante, si la guerra entre la «Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni» se revelaba a los estudiantes, las cosas em- peorarían al instante.
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    114 Ambas organizaciones leocultaban secretos a sus seguidores. Eventualmente seria incapaces de continuar con su farsa y todos sus planes serian revelados. Por eso, si el caso de Mahiru traicionando a la «Secta Hyaku- ya» resultaba ser cierto, dicha organización también entraría en pánico. O ¿podría ser que todo eso era el fruto de la cooperación entre Mahiru y la «Secta Hyakuya»? —…………. Pero dentro de todo esto, ya no hay lugar donde yo pueda interferir. La protagonista es Mahiru, la Casa Hiiragi, y la «Secta Hyakuya». No queda lugar para la Casa Ichinose. A ellos ni les importa. Es tal cual lo dijeron Kureto y Shinoa. Ya su presencia no era una amenaza. ¿Cuál era la verdadera razón para abismo de diferencia. En eso, recordó lo que dijo Mahiru. — Pero, tu YO actual no puede cumplir esto, ¿verdad? Qué triste, soy la más fuerte. Después de todo, soy la liebre. La lie- bre que valientemente se abalanza hacia la destrucción. Por eso es que estoy esperando por tortuga-ojii-san. Antes de mi destrucción, trata de salvarme, Guren. Ella había aceptado la destrucción. Aceptó su pérdida de mo- ral y todo lo demás. Pero sacrificarlo todo vale la pena proteger. ¿Es el movimiento correcto o no? —………… Por alguna razón, el brazo derecho de Guren se sentía un poco mal. Una ola de dolor agudo lo atravesó. El brazo que fue amputado pero unido nuevamente con el poder del «Demonio» le comenzaba a doler. Guren lo tocó con la mano izquierda. — ¿…entonces que hacemos, Guren? –habló Shinya. Sin importar qué, ya no había nada que pudiesen hacer. Lo único era quedarse a un lado y observar cómo los planes de Mahiru progresaban rápidamente. La guerra comenzaría pronto. Una guerra a gran escala pron- to iniciaría. Para entonces, ¿dónde se encontraría la Casa Ichinose? ¿Qué lugar le permitiría a la Casa Ichinose superar el peligro y aprove- char un poco la ventaja de ese asunto? No, el punto principal es, ¿tengo tal comprensión? Para acabar con la Casa Hiiragi sin cederle el paso a la «Secta Hyakuya».
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    115 Para acabar conla Casa Hiiragi solo para dejar que la «Secta Hyakuya» nos proteja no se diferenciará de la situación actual. Entonces ¿qué debería hacer? ¿Cuál es la mejor salida? Ya no queda tiempo. No. ya no queda tiempo para agonizar en esto. Piensa. Piensa con detalle. ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que quiero realmente? Si no hago nada, tal como ahora, ¿la guerra terminará, no? Una conclusión posible es la victoria. Pero la des- trucción también es la otra posibilidad. De cualquier manera, habrá una innumerable cantidad de víctimas. Fue debido a los deseos egoístas de cierta persona lo que produjo tantas muertes inocentes. A pesar de eso, si yo fuese a ac- tuar de acuerdo a mis propios deseos, seguramente caminara en una guerra de odio. Un camino forzosamente lleno de incontables cadáveres. Cuando las cosas finalmente se calmen, todo lo que quedará será una montaña de puros cadáveres. Entonces ¿por qué existirá la necesidad de jugar a la liebre y la tortuga? No importa si las cosas proceden rápida o lentamente. El final ya está decidido. Si ese fuese el caso, ya no tendría tiempo de elegir mis planes. Guren dejó de avanzar. — ¿Por qué? –preguntó Shinya. Pero Guren lo ignoró. Olas de dolor se disparaban por su brazo. La herida que sufrió de la invasión del demonio comenzaba a dolerle de nuevo. No ha- bía cicatrices. La piel lacerada alrededor del punto de amputación estaba completamente sana. Entonces ¿por qué dicha área donde su brazo fue unido estaba ardiendo de dolor? — ¿Guren? — ¿…si? — ¿Todo está bien? Guren sacudió su cabeza: — Todo está bien. — ¿En serio? — Si. Entonces, la campana que indicaba el fin de la hora del al- muerzo sonó. Shinya y Guren miraron a la fuente del sonido. — Ah, la quinta lección va a comenzar –dijo Shinya. En eso, Shinoa extendió su delgada palma hacia Guren. Guren le miró la mano extendida y preguntó:
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    116 — ¿Qué? — Necesitodinero. — ¿Eh? — Me voy. Los adultos con rostros llenos de complejidad van a comenzar una guerra aburrida, ¿no? Sin embargo, eso no me interesa. —………….. — Pero a pesar de eso, fui atacada cuando estaba en casa y secuestrada aquí. No solo dejé mi carterita, ni siquiera me puse zapatos. Por eso quiero tomar un taxi e irme a mi casita. — Oh. ¿Entonces por qué me pides dinero? — Es natural, por preocuparte por la preciosa hermanita de tu pareja de infancia. — No me interesa. — Eh… Shinoa rió. Shinya, quien permanecía a un lado, se echó a reír también antes de sacar un billete de 10.000 yenes de su cartera. — Te ayudaré a llamar el taxi. Por eso, ayúdame a entregarle un mensaje a Mahiru: ¿recuerdas quien es tu prometido? Shinoa miró a Shinya y dijo: — ¿Te gusta mi hermana? — Hmm, ¿cómo lo describiría…? — ¿Entonces por qué quieres que yo le entregue tal mensaje a ella? — Porque no quiero perder ante Guren. — Ah, ¿todo esto es sobre ganar o perder? Al oír eso, Shinya repitió, y rió. — Hmm, ¿cómo lo describiría…? Shinoa, con una expresión de duda, inclinó su cabeza y dijo: — ¿De qué lado estás? — ¿Tu qué crees? — Ni idea. Tampoco es que me interese.
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    117 — Cierto… bueno,llamemos un taxi. Después de eso, Shinya comenzó a teclear su teléfono. Shinoa sacudió sus manos, las cuales estaban pintadas de rojo escarlata, y dijo: — ¿Los cadáveres pueden tomar taxis? — Ya que eres adorable, eso no será problema, Shinoa-chan. — Bueno~ es cierto, estoy completamente consciente de que, por naturaleza, soy una preciosidad muy parecida a su hermana~ Ignorando esa conversación, Guren comenzó a meditar sobre el incidente reciente. Su mente estaba llena de los asuntos relacionados a las gue- rras aburridas. Y especialmente a su falta de poder. Le faltaba poder para atrapar a Mahiru. Si ese fuese el caso, ¿qué debería hacer? ¿Qué debería hacer para continuar avanzando? Ella era un prodigio. Una liebre dis- puesta a venderle su alma a un demonio con el fin de obtener poder para seguir corriendo. ¿Qué es lo que él debería hacer para atraparla y seguir avan- zando? Guren meditó sobre eso. Justo en ese instante, su celular comenzó a sonar. Lo sacó de su bolsillo, y vio que en la pantalla se mostraba el mismo número de hace poco: era Mahiru. Hiiragi Mahiru lo estaba llamando. —………….. Guren no estaba seguro si responder la llamada. Kureto po- dría espiar el momento en el que contestara y lo tachara como traidor, matándolo. Soy demasiado débil, frecuentemente apartado, forzado a ele- gir entre la vida y la muerte. —…que irritante, ya he tenido suficiente. Guren se distanció de Shinoa y Shinya y respondió la llamada. — ¿Entonces? —…….. Mahiru no respondió. Él no tenía idea si la que llamaba era Mahiru o alguien más. — ¿Por qué me estás llamándome? Este celular…
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    118 La voz deMahiru resonó al otro lado. — Nadie está espiándonos. — No puedes asegurarlo. — No te preocupes. — ¿Y qué? — Bueno, quería… oír tu voz. Ella habló suavemente. Era una voz completamente distinta de la que usó para amenazar a Kureto. Guren sonrió. — Hace poco estuviste divirtiéndose con tus preguntas bro- mistas de que si estaba vivo todavía. Mahiru quedó momentáneamente en silencio. Solo se podía oir su ligera respiración. —…esa no fui yo. — ¿Entonces quien fue? — El Demonio. —….. — Un Demonio que me controla. — El «Kiju», ¿cierto? —…si. — ¿El Demonio se aprovechó de ti? —…si. Mahiru habló dulcemente. Sonaba muy distinta a la forma como se expresó cuando habló con Kureto; su voz era un poco inmadura y con un rastro de inocencia. Esta era la voz de la Ma- hiru que Guren conocía. Ella usó tal tono de voz para decirle que estaba siendo contro- lada por el Demonio. Demonio. La maldición del Demonio. Guren entrecerró sus ojos y tocó su brazo derecho con el cual sostenía el teléfono. La maldición del Demonio se había mezcla- do también en su cuerpo. Había veneno en su sangre; por inyec- tarse dicha sangre, la mano de Mitsuki se había convertido en un monstruo.
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    119 El monstruo poseyóy controló el cuerpo de Mahiru. Sin embargo… — ¿…tienes evidencia que pruebe que la personas que me está hablando no es un Demonio? — No. — Si ese es el caso. Colgaré. — ¡Espera! ¡Espera! ¡No cuelgues todavía, Guren! ¡Si lo ha- ces, existe una ligera posibilidad de que nunca más sea capaz de hablar contigo! Mahiru habló con un tono de voz asustado. Guren no estaba seguro si eso era una trampa o la verdad. Por eso, él podría considerar colgar ahora. Kureto había cometido un error. Mahiru era inteligente. Excepcionalmente inteligente. Era posible para uno se controlado solo por hablar con ella. No debería seguir esta conversación. El pulgar de Guren se dobló. Sin embargo… —……… No pudo colgar. Debió haber terminado la llamada, pero no pudo hacerlo. — ¿De qué quieres hablar exactamente? –preguntó Guren. Mahiru se calmó y respondió con calma. —…me gustaría que me hicieras un favor. — ¿Ah? ¿Quieres aprovecharte de mí? — No. no es eso. No… eh, ah, no… el tiempo es. Mahiru sonó como si tuviese dolor, jadeaba muy fuerte. Guren había visto un caso similar. Fue en las pocas veces que Mahiru exhibida síntomas y un comportamiento de doble perso- nalidad dentro de un único cuerpo. La Mahiru de ese entonces le dijo a Guren que corriera. Ella le dijo que no entrara en contacto con el Demonio. También le dijo que ya no era ella misma. Si todo eso no fue una farsa… — ¿…eres la verdadera Mahiru? Guren preguntó, y Mahiru respondió con dolor.
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    120 —…si. Te llamé…mientras el Demonio dentro de mí está durmiendo. Guren no estaba seguro si eso era una simple actuación he- cha por Mahiru. Pero, ¿incluso existía la necesidad de hacer eso? Mahiru era capaz de engañar por si sola a la «Secta Hyakuya» y al «Mikado no Oni» para que siguieran sus planes al pie de la letra. Entonces, ¿por qué necesitaba el poder de Guren? — ¿Qué quieres que haga? — Por favor… Mahiru dijo con voz agónica. — Por favor, mátame. —…………. — Dentro de un día, no me da mucho tiempo cuando re- cupero mi conciencia… por eso, por favor, mientras aun soy capaz de resistir… cuando yo… — No me jodas –la interrumpió–. Dime dónde estás, te ayu- daré a controlar el Demonio en tu cuerpo. —…no. no es necesario mantener esos pensamientos. Si me vez, me matarás de inmediato. — Ya basta. Dame tu dirección. — ¡GUREN! ¡Por favor! ¡Ahora es la única oportunidad! Pronto desapareceré. Si no lo haces, no habrá nadie más que pueda matarme. — Que confianza. ¿Nadie más que pueda matarte? ¿Te crees dios? — ¡Por favor, no hay mucho tiempo…! — Me niego. Dime dónde estás. Te salvaré. — Guren, ya es demasiado tarde. — Corta con eso. Dame tu dirección. — ¡¡GUREN!! –aulló Mahiru. Lo hizo con voz llorosa. No, al otro lado de la línea telefónica, probablemente ella llo- raba. Guren la escuchó tratar de suprimir las lágrimas. — Ya, es muy tarde –dijo. —…………. — Quieres salvarme sin importar qué, eso me alegra mu- cho… pero ya no puedo volver. Ya no soy humana. Por eso…
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    121 — Por esoes que quieres que te mate. — Pues, además de ti, no hay nadie a quien le pueda confiar hacer eso. — ¿…quieres que realmente te mate? — Lo siento, lo siento. — ¿Cómo exactamente…? ¿Por qué las cosas terminaron así? Era lo que Guren quería preguntarle. ¿Por qué era que una persona tan inteligente elegiría una opción tan estúpida? ¿Por qué desistió de ser humana? ¿Por qué caminar por una senda sin vía para volver? ¿Por qué, tú…? — ¿…no me esperaste…? Guren dijo. Pero fue insanamente estúpido e irresponsable decirlo. Incluso si ella lo esperara, las oportunidades, y las cosas no cambiarían. Para el Guren actual, él no había logrado obtener el poder suficiente para cambiar las leyes y reglas dictadas por la Casa Hiiragi. Y mucho menos el poder suficiente para salvarla. Por eso, todas las palabras actuales no tenían sentido. Todo era una falsa demostración de fuerza hecha por un hombre sin poder. Los sollozos de Mahiru podían oírse desde el otro lado de la línea telefónica. Con voz titubeante, dijo: —…sniff… Guren… —…… — Te amo muchísimo, Guren. —……. — Por eso, por favor, déjame morir con este afecto persis- tente que siento por ti. —…no puedo permitir esto –interrumpió Guren–. Te salva- ré. — Por favor. — No. — Mátame. — Cállate. Dime tu ubicación. Dejemos el resto para después.
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    122 Seguido de eso,Mahiru le dijo su ubicación y programó un encuentro con Guren. Pues solo había tiempos específicos en los que ella podría recuperar la consciencia. Sin embargo, esos pe- riodos breves de sobriedad se acortaban más y más. Por eso, la presión necesitaba tiempo. Ellos se reunirían hoy. Si ellos esperaban hasta mañana, la conciencia de Mahiru podría evaporarse por completo. Por eso era que Guren tenía que verla hoy. Claro, eso podría ser una trampa. Quizá solo estaba actuando. Él tampoco estaba en la obligación de ir. Sus pensamientos racionales y su juicio prácticamente le gri- taban que no siguiera sus instrucciones. Sin embargo, a pesar de eso. —……….. Guren Ichinose, un chico débil, ingenuo y humano (no demo- nio), decidió continuar y reunirse con Mahiru Hiiragi. ◆ ◆ ◆ El lugar que Mahiru eligió estaba a unos quince minutos de distancia de la estación Ikejiri- Ohashi, la cual estaba ubicada en la Línea Tokyo Den-en-toshi, y estaba a una parada de distancia de Shibuya. Era un condominio de color blanco de cinco pisos. Y en cada piso, cinco habitaciones. La habitación que Mahiru alquiló estaba en el último piso. Su unidad era la Nº501, la habitación de la esquina. Guren pasó por la pequeña entrada y abordó el elevador que tenía una capacidad aproximada de cuatro personas como máximo. Si fuese atacado allí, no sería capaz de lanzar un ataque a gran escala con su espa- da. Miró la espada demoniaca que cargaba en el bolso colgado en su espalda. Probablemente no estaba siendo seguido. Y si así fuera, los habría perdido luego de cambiar de trenes unas cuantas veces en todo el camino. Lo más importante, era fácil detectar seguidores mientras las calles fuesen amplias y vacías. Probablemente por eso Mahiru eligió ese lugar. Además, también porque realmente vivía allí. En lo que el elevador llegó, Guren caminó hacia la habitación número 501. El pasillo era muy estrecho también. Fue construido de una forma que si hubiese más de dos enemigos atacando, las oportunidades de ser atacados fueren mínimas. Eran las 5:30 de la tarde. Aun afuera brillaba el sol. Los alre- dedores estaban un poco cálidos. Guren se situó ante la puerta de la habitación 501.
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    123 ¿Mahiru realmente estabaen este condominio? —…………….. Aunque Guren verificó los movimientos dentro de la habi- tación, él no pudo estar seguro de si realmente estaba presente. ¿Debería tocar el timbre o abrir la puerta de inmediato? Guren eligió la última y gentilmente abrió la puerta. Estaba sin seguro. Sintió una ligera brisa. La ventana probablemente es- taba abierta. Un par de zapatos femeninos estaban cerca de la puerta. El pasillo estaba tenuemente iluminado. El váter y el cuarto de baño estaban cerca del pasillo. Las habitaciones probablemente estaban al otro lado. Guren caminó sin removerse los zapatos. Ciertamente, dentro no había nadie. Luego de pasar por el pasillo, Guren entró en una habitación que ocupaba unos 8 tatamis. Era una habitación sencilla con una mesa y una cama. El uniforme de marinero de la Secundaria Shibuya estaba col- gado en la pared. Guren vio una liebre y una tortuga de juguete. La liebre que corría más rápido y la tortuga que era lenta y estúpida… —…huh, ¿acaso soy tomado como un idiota? Guren murmuró ligeramente irritado. Pero la atmosfera a su alrededor parecía sugerir que alguien vivía allí. La esencia de Mahiru seguía presente. La ligera esencia del perfume. Esa esencia a Guren no le parecía molesta. Sin embargo, no había nadie. La ventana estaba abierta y las cortinas se movían en dirección al viento. La luz se colaba en la habitación. El reloj de mesa indicaba que eran las 5:33 de la tarde. La hora acordada con Mahiru era a la 5:30. En otras palabras, Mahiru se había retrasado 3 minutos. —…………….. Guren se situó junto a la mesa sin hacer ruido. Una foto y un espeso bloc de notas estaban ubicado en la mesa. La foto mostraba a una niña de unos cinco o seis años que alegremente colgaba del brazo de un chico de, aparentemente, la misma edad. El chico fue un poco astuto y alejó la vista de la cama. Era la imagen de infancia de Mahiru y Guren. Ella todavía mantenía eso. Así lo pensó Guren.
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    124 —……….. Guren hojeó elbloc de notas abierto. Palabas escritas a mano adornaban el paginado. ¿Fue escrito por Mahiru? ¿Lo hicieron otros? Eso era algo que Guren no podía decir. Pero lo que estaba escrito allí, era algo que tenía que ver con los experimentos «Kiju». Principalmente, la experimentación humana. Unos datos relacionados a la muerte del sujeto experimental. El dueño del diario siempre escribía pequeños párrafos de sus propias opiniones. ¿Por qué falló el experimento, cómo el sujeto experimental pudo tolerar al Demonio comparado a los anterio- res, si siempre estuvo presente una oportunidad de éxito y los pa- sos a tomar para aumentar la factibilidad del experimento en sí? —……… Una enorme porción del diario estaba dedicado a eso. Al convertirme así, probablemente no me permitirá ser capaz de volver a ver a Guren… Mahiru era un sujeto de prueba. No, tanto Mahiru como Shinoa lo eran. Mahiru y Shinoa eran niñas nacidas de este experimento: inseminación artificial de la esperma perteneciente al Jefe de la Casa Hiiragi en el cuerpo de un sujeto de prueba del Demonio, de sexo femenino. En otras palabras, cuando Mahiru y Shinoa nacieron, ambas ya eran sujetos experimentales. El experimento tomó mucho tiempo y requería más del pre- supuesto. Los únicos bebes humanos normales nacidos eran Ma- hiru y Shinoa. Pero ambas fueron existencias humanas. Aunque excepcio- nales, seguían siendo existencias humanas. Debido a eso, el experimento fue puesto en alto. Militarizar al «Kiju» era netamente imposible. Usar más presupuesto para continuar experimentando era ilógico. Pero el experimento no terminó allí. Los investigadores se rindieron, pero el experimento continuó. Un día, Mahiru comenzó a soñar. Ella tuvo un sueño oscuro. Un sueño infinitamente oscuro. En esa completa oscuridad, ella era constantemente interrogada por un Demonio.
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    125 El mismo sueñofue compartido con la pequeña Shinoa. Ma- hiru le advirtió a su hermana que no le contara a nadie sobre eso. La pequeña Shinoa pasó por arduos entrenamientos para sopor- tar interrogatorios. Si las conversaciones con el Demonio llegaban a los oídos de padre – se conocería por la Casa Hiiragi, y los experimentos se re- anudarían. De ahí en adelante, ya nos seriamos capaces de vivir como humanos normales. —…………… A pesar de esto, no importa cuánto me oculte, la voz del De- monio se hace más fuerte cada día. Esa voz repite lo mismo, una y otra vez. Mata a alguien. Deja que tus deseos hagan estragos. Destruye todo. Era como si cada vez que crecía y el deseo se rendirme ante mi vanidad, lujuria y deseos profundos por reconocerlo se incrementa- ban, la voz del Demonio se hacía más fuerte. La razón por la que parezco un ser humano normal es porque ya había comenzado a actuar por mis deseos. Pero el presente es distinto. Es de una forma completamente distinta. Los deseos se han levantado en mi corazón. Quiero estar junto a Guren. Junto a la persona que amo. Quiero ser abrazada por la persona que amo. Si ese fuera el caso, destrúyelo todo. Eso dijo el Demonio. Eso fue lo que ordenó. Si esto sigue así, un día, seré anormal. Podría incluso perder mi humanidad. Para seguir viviendo, tengo que calmar este poder. El incremento en intensidad de esos deseos parece estar conec- tados al crecimiento de las características sexuales secundarias. Al momento del inicio de la pubertad, el contacto iniciado por el Demonio se incrementa exponencialmente. Hubo momentos en los que perdí el conocimiento. Hubo casos en los que me perdí debido a esos deseos. Tales casos han incrementado gradualmente. Existe una necesidad urgente de suprimir este poder. Antes de que mi hermanita Shinoa-chan experimento este pri- mer periodo, el experimento debe ser completado. —………….. Por eso fue que Mahiru retomó los experimentos humanos. Para completar las experimentación del «Kiju». Y su socio era la «Secta Hyakuya».
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    126 Vender la informaciónde la Casa Hiiragi a la «Secta Hyaku- ya» a cambio de conocimiento y fondos para el experimento. No puedo aliarme con la Casa Hiiragi. Pues al hacerlo, ellos co- nocerían el Demonio presente en el cuerpo de mi hermana. Una vez revelado, tengo la certeza de que llevaran a cabo experimentación humana en ella. Por eso, Mahiru se convirtió en un sujeto experimental y car- gó hacia la batalla por su cuenta. —………….. Esa fue la primera parte de ese denso diario. Algunas palabras sonaban infantiles, un poco, claro está. Guren miró el reloj en la pared. Ya eran las 7 de la noche. La habitación estaba oscura. El solo se había puesto y ya no podía leer las palabras con tanta claridad como antes. —…que dolor. ¿Cuánto más se piensa tardar? –suspiró Gu- ren. Aún seguía en la oscuridad. Mahiru estaba llevando a cabo los experimentos del «Kiju» no por sus propios deseos. Ella no esperaba que el experimento continuara. Pero no tuvo más elección. Todo estaba documenta- do en su diario. —…………. Guren escuchó un débil sonido. Provenía de las cortinas on- dulantes. Fuera de la ventana. Allí había la silueta de una mujer.
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    128 — ¿…Mahiru? –preguntó. —…sí–respondió la silueta. — ¿Estuviste allí todo el tiempo? — No, acabo de llegar. —….llegaste bastante tarde. —……. Mahiru no respondió. Guren observó cuidadosamente a Ma- hiru antes de correr el cierre del bolso que contenía su espada demoniaca. No es necesario decir que Mahiru lo notó. — ¿…podía ser que no sabías que hoy era nuestro encuentro? –preguntó Guren. Si ella no lo sabía, entonces esa persona allí detrás de las cor- tinas no era Mahiru. Sino el Demonio. Un Demonio que poseyó el cuerpo de Mahiru. Guren sujetó la base de la espada demoniaca, y se preparó para atacar en cualquier momento. — Jajaja –rió Mahiru–. Si dijo que no lo sé, ¿qué harás? —…… — ¿Matarme? —…tú me dijiste que te matara –respondió Guren. — ¿Así que vas a matarme? ¿Tienes el coraje para hacerlo? Era el Demonio. El Demonio era quien estaba allí. — ¿Mahiru ha desaparecido? –preguntó Guren. Ella se echó a reír otra vez. — Nope. Yo soy Mahiru. — No, no lo eres. Ella rió. Lo hizo con alegría. — Jajajajajajajajajajajajajajajaja. Que irritante. Si no es así, ¿entonces quién soy? ¿Exactamente quién soy? —………… — He estado esperándote. He estado esperando que me sal- ves. Quiero abrazarte. Abrazarte muy fuerte.
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    129 —……….. — Por esoes que he conservado mi virginidad. Quiero en- tregarte mi primera vez. Ven, Guren. — Cállate. — Guren, no seas tímido… — ¡Cállate! –Guren gritó y echó las cortinas a un lado. Mahiru, vistiendo un uniforme de marinera, estaba de pie en el balcón. No sonreía. En lo absoluto. Las lágrimas inundaban sus ojos. El momento en que vio a Guren, el rostro de Mahiru se retor- ció de dolor, era como si sus emociones amenazaran con aflorar. Las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, y retrocedió como si sintiese mucho miedo. Antes de que lo supiera, Mahiru se preparaba para escapar. Guren le agarró la muñeca. Si ella intentaba asesinarse, todo terminaría, fuesen los enemigos o el Demonio, él también seria asesinado. Pero Guren no se preocupó por ninguno de esos. Él sujetó su muñeca con fuerza y la atrajo hacia sí, para abrazarla. Ella temblaba. —…llegas tarde, Guren. El atrasado… el atrasado no soy yo –dijo. —…ah, sí –respondió–, lo siento. No hubo más palabras después de eso. Mahiru se estremeció con fuerza, tratando de liberarse de ese abrazo. —…suéltame. — Mahiru, cálmate. —….ya, es demasiado tarde. — Mahiru.
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    130 Guren la abrazócon fuerza, tratando de calmarla. El cuerpo de Mahiru temblaba demasiado. Guren fue incapaz de enterrar esa oscuridad abismal que re- sidía en su corazón. Lo único que podía hacer ahora era sujetarla con fuerza, tal como estaba haciéndolo. —…………..
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    131 El cuerpo deMahiru comenzó a destensarse. Ella sujetó a Guren como si estuviese involucrada en una oración. Mahiru enterró su rostro en el pecho de Guren. Emitía sonidos como si tratara de suprimir sus lágrimas, que eran audibles. Guren no podía hacer nada por eso. Hasta ahora, él no tenía poder para garantizarle ayuda inmediata. Por eso él solo pudo calmarla. El cuerpo de Mahiru era suave, como el de las mujeres. La luz de la luna comenzaba a entrar por las aberturas en las cortinas, iluminando la foto en la mesa. La imagen los mostraba a ambos, pero como niños. La Mahi- ru de la foto estaba sonriendo alegre y amablemente. Guren era incapaz de mirarla directamente debido a su timidez. Pero desde entonces, ¿Mahiru estaba cargando con el peso de esa oscuridad abismal? ¿Escapando continuamente de la voz del Demonio? Guren de repente recordó sus palabras. Mahiru solía decirle. — Yo… no quiero separarme de ti, Guren. A pesar de eso, los dos se separaron. Y una década pasó desde entonces. Ahora, la Mahiru actual ya no podía sonreír tan amable e inocentemente. Solo podía llorar, o sonreír como si lo hubiese perdido todo. ¿Qué debería hacer? –pensó Guren. Él acarició gentilmente la cabeza de Mahiru y dijo: —…de todas formas, no me dejes más. No he llegado tarde, estoy aquí para salvarte. Por eso… — Es imposible –respondió Mahiru, estaba obstinada. Gu- ren sacudió su cabeza: — ¿Por qué lo es? — Porque es imposible. — Es posible. — ¡Ya te dije que es imposible! Mahiru gritó, las lágrimas corrían por su rostro, y su voz tem- blaba.
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    132 A pesar dever así a Mahiru, Guren volvió a hablar: — Que si es posible. Al mismo tiempo, él estaba agonizando por su debilidad. ¿Por qué es que solo podía decir cosas tan irresponsables? Palabras sin confianza y sin objetivo. Sin embargo, al menos… —…no estás solas. Mahiru se aferró a Guren con más fuerza. Su cuerpo temblo- roso comenzó a calmarse. Levantó la vista, las lágrimas seguían brotando de sus ojos. A pesar de eso, seguía siendo sorprenden- temente hermosa. —…Guren –dijo con suavidad–. ¿Aún me amas? Guren no tuvo la respuesta a esa pregunta. Desde el comien- zo, ellos ya eran de mundos distintos. Cuando él tenía seis años, no había duda de que a él le gus- taba, podría ir tan lejos como para decir que ella era todo para él. Para traerla de vuelta, él quería poder –eso era lo que pensaba siempre. Pero, eso fue hace mucho tiempo atrás. 10 años. Tiempo en el que no se vieron ni una vez. Ahora había subordinados que le servían; él ahora era el res- ponsable de las vidas de sus camaradas seguidores del «Mikado no Tsuki», el cual operaba bajo la Casa Ichinose. Un juicio erró- neo, y su vida será el precio. Él no tenía el sentir de actuar apresurada e irresponsablemen- te. Más bien, todas sus labores y responsabilidades fueron deja- das de lado este día. Él estaba abrazando a alguien a quien no debería, en un lugar en el que no debería estar. Por eso, la posibilidad de que lo mata- ran allí, existía. Una vez muerto, todo habría terminado. No podría proteger a nadie más. Ni salvar a nadie más. Asi fuesen los deseos o ambiciones acumuladas con los años, todo seria a la basura. Mahiru parecía un poco asustada mientras sonreía. — ¿…ya no me amas? Bueno, de hech o, han pasado 10 años después de todo. —…….
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    133 — Para estarenamorado… de un… un monstruo inhuma- no y repugnante. Guren la interrumpió y dijo con impaciencia. — Ah, que irritante, ruidosa. Debería haber tenido un senti- miento de esta situación. No debería estar aquí, no debería haber- te contactado. Lo que estoy haciendo… Ya estaba harto. Harto de su debilidad. De traicionar a esos camaradas que lo seguían y que creían en él. Pero ¿realmente no tenía idea de los planes actuales? ¿Real- mente no tenía ningún plan? Si él pudiese convencer a Mahiru para que se volviese su aliada, sería demasiado desventajoso para él. Si él pensaba así, entonces debería perdonarse así mismo. —…que irritante, soy la personificación de un idiota. Guren murmuró, desesperado. La expresión de Mahiru comenzó a distorsionarse. Era por- que estaba feliz. Las lágrimas comenzaron a brotar nuevamente de sus ojos. — Guren, te amo demasiado. Mahiru enterró su rostro profundamente en el pecho de Gu- ren. Ya no temblaba. Tal como estoy ahora, ¿soy capaz de enterrar, aunque sea un poco, la oscuridad que ella ha estado cargando? Una oscuridad interminable. Una radiante luz de luna. Cortinas ondulantes. ¿Qué debería hacer con el fin de echar esa oscuridad hacia atrás? Mahiru, manteniendo su posición, dijo: — ¿…entonces, p-podrías abrazarme? —………… — ¿Podrías abrazarme aunque sea un monstruo repugnan- te? —…….. Ella se llamaba a sí misma, monstruo. Un monstruo repug- nante. Guren sabía que ella debería estar sufriendo graves heridas emocionales. Es solo natural. Pues ella tenía la misma edad que él. Solo tenía dieciséis años de edad. Ella solo se tenía a sí misma. Todo el tiempo había sido así. —…si te abrazo –preguntó Guren–, ¿la oscuridad que te en- vuelve se disipará? —…no lo sé –dijo–. Ya no se nada, Guren. Yo… yo, estoy cansada…
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    134 Solo entonces, antesde poder terminar, Guren le tocó suave- mente el rostro. Le levantó el mentón, y cubrió sus labios con los de él. Él no sabía si esta era la opción correcta. Sus labios se sin- tieron suaves. No como los de un monstruo. No como los de un monstruo repugnante. Los ojos de Mahiru se ampliaron, y sus pupilas se dilataron. Luego de eso, ella cerró lentamente sus ojos. Guren pudo sentir, en lo profundo de su corazón, sus deseos por ella. Se dice que al Demonio le gustan los deseos humanos. Deseos. Deseos asquerosos. Ambos mantuvieron esa posición durante un rato. La brisa nocturna sopló por las cortinas y entró en la casa. Ellos perdieron el conteo de cuán largo fue el beso. Mahiru retrocedió. — Jajaja –rió, un poco avergonzada. Mantuvo sus manos cer- ca de su pecho y dijo–. …como Guren dio un beso repentino… mi corazón late con tanta fuerza que parece que explotará. — ¿Estás más calmada ahora? –preguntó Guren. Ella lo miró con una expresión ligeramente melancólica. —…e-eso fue para callarme… — No –la interrumpió Guren. Mahiru sonrió tímidamente. Un sonrojo apareció en sus me- jillas. — ¿En serio…? Entonces no fue por eso… — Si. — Si es así –con el rubor esparciéndose por su rostro, pre- guntó–. ¿Eh… entonces… aunque sea así, aun me quieres? Si, definitivamente, sí. De eso no cabe la menor duda –eso era lo que su corazón deseaba. Una habitación estrecha. Su aroma. Una brillante luz de luna. Cortinas. Brisa. La foto en la mesa. Una noche de verano. Los recuerdos. Promesas. Sueños. Deseos egoístas. Desesperación. Esperanza.
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    135 El Mundo. Navidad.Destrucción. Camaradas. La Casa Hiiragi. La «Secta Hyakuya». La Casa Ichinose. Si el tratara de pensar en todo eso con calma, los pensamien- tos racionales, de seguro, se formarían en su mente. Sin embargo, Mahiru parecía a punto de llorar. — Oye, Guren. Yo… Guren no la dejó continuar. La tomó por el brazo y la acercó hacia él. Ella parecía haber esperado por ese momento durante mucho tiempo. Mientras le daba un fuerte abrazo, las lágrimas volvieron a recorrer su rostro. ¿Era una trágica historia de amor? ¿O una lamentable? Guren no sabía la respuesta a eso. Él ni siquiera sabía si valía la pena conocer la respuesta. Ese día, ellos lo hicieron. ◆ ◆ ◆ —…………… Cuando todo terminó, Mahiru se levantó de la cama. La oscuridad residía en la casa. Ella se colocó el uniforme de marinero en silencio. Y sin decir nada, decidió irse. Irse así como así. Cuando ella abrazó a Guren, ella pareció feliz y triste al mis- mo tiempo. Era para hacerla olvidar momentáneamente la oscuridad permanente. Guren aun podía recordar el toque de su suave piel. Era la misma de cuando eran unos niños. La Mahiru de enton- ces tenía una sonrisa asombrosa en ella. Solía creer que mientras estuviesen juntos, cualquier sueño, sin importar cuan imposible fuese, se haría realidad. «¡Te amo mucho! ¿Qué hay de ti? ¿Guren?» «……………» «Oye, oye, oye» «…………..»
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    136 «¡Oye, Guren, dique también me amas!» «No quiero» «¿Por qué no? ¡Yo te amo muchísimo!» Cuando ella era una pequeña, Mahiru era una niña consenti- da que solía decir mucho eso. Pero él, siendo un chico tímido, era incapaz de responder a sus sentimientos. Ahora era demasiado tarde. Muy tarde que ya uno había per- dido las esperanzas. — ¿…te vas? –preguntó Guren. Mahiru asintió. —…sí. — ¿No puedo salvarte? — Nah. Me acabas de salvar. — No te vayas, Mahiru. Yo… — Ya no puedes protegerme más. No tienes lo suficiente para hacerlo. Estoy segura que ambos lo sabemos. —……… — A quien quieres proteger no es a mí, Guren. Es a tus ca- maradas. —……….. — Si pudieras demostrármelo ahora, quizá podría seguir junto a ti. Si realmente me amas y quieres estar junto a mí… entonces mata a tus camaradas. Ella se volvió con lágrimas en los ojos. —….no puedes hacerlo, ¿cierto? —…….. — Guren, ciertamente eres una persona muy gentil. Tan gentil que me abrazaste para consolar a esta lamentable yo. Eres totalmente distinto a lo egoísta que soy. Guren miró a Mahiru. Bajo la luz de la luna, su rostro era celestial. — ¿Acaso proteger a los camaradas es un movimiento muy estúpido? Ella sacudió su cabeza: — No. creo que es muy gentil. Tú eres muy gentil. Pero eso no te puede hacer fuerte. — ¿No estás protegiendo también a tu hermanita?
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    137 — SI. Esoes cierto. Por eso es que engullí al Demonio de Shinoa. Para salvarla, me tragué al Demonio en su cuerpo. Por eso es que he comenzado a decaer. Albergar dos demonios en un cuerpo, es la razón por la que estoy destrozada. Pero -miró a Guren y dijo–. …ahora… instantáneamente, el aspecto débil de mi corazón ha muerto. Esa pequeña Mahiru de seis años de edad, la débil, esa que te llamaba y te amaba con valentía, ha visto demasiado de este mundo, y ha muerto. Guren miró a Mahiru y dijo: — ¿…me usaste para lograr eso? — Si. — ¿Para borrar tu debilidad? Si ese fue el caso, ¿Mahiru se ha desvanecido? ¿Te has convertido en un Demonio? — Si. — No jodas más. ¿Pretendes que te crea, cuando dices eso con lágrimas en los ojos? Mahiru levantó la vista, tenía una expresión melancólica. Pa- recía humana. Parecía una jovencita débil. Pero, ella habló con desolación. —…todos los datos del «Kiju» están aquí. Si intentas sal- varme, entonces mátalos y reúnete conmigo. — Mahiru. ¿Con qué estás batallando realmente? —………. — Te comiste al Demonio en el cuerpo de Shinoa. En otras palabras, Shinoa ya no es un peligro, ¿cierto? Si ese fuere el caso, ¿qué otros problemas tienes? ¿El Demonio en tu cuerpo? Mis la- boratorio… — ¿…solo esos son tus deseos más insanos? —….. — ¿Tenerme contigo será la única cosa que te hará feliz? Para alguien con tanto que proteger, ¿eres capaz de abandonar todo y escapar conmigo? —……. — ¿Ves? No puedes. Ella sonrió con nostalgia. Guren, observando su rostro, dijo: — ¿Entonces cuáles son tus deseos egoístas? ¿Cuáles son tus sueños? ¿Por qué haces esto? ¿Para acabar con la Casa Hi- iragi?
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    138 Pero Mahiru permanecióen silencio. Ella se bajó de la cama. Su pequeño cuerpo se dirigió hacia la ventana. Guren no pudo ni agarrarla ni detenerla. El actuar Guren no podía caminar a su lado. —…sin embargo –dijo Mahiru–, lamento haberte involu- crado, Guren. — ¿Por qué? — Con el fin de limpiar completamente el cuerpo de Shi- noa de ese Demonio. Tuve que compartir algo del Demonio. Por eso, tu también te convertirás en uno. Debo estar actuando como una niña mimada… — Entonces, si así es todo, quédate. Lucha a mi lado. Mahiru sacudió su cabeza. — Ya no queda tiempo. ¿Qué tipo de tiempo? ¿El tiempo que le quedaba como humana? ¿O el tiempo que quedaba para el apocalipsis? — ¿Qué sucederá exactamente durante la Navidad? Mahiru respondió con simpleza: — Tal como lo dije antes, tal como lo describen las palabras: Destrucción. La destrucción inicial les ocurrirá a los avaricio- sos y horrendos adultos. Poniéndolo de forma más precisa, en todo el mundo, todos aquellos mayores de 13 años, morirán. — ¿…ah? — Los dioses están furiosos. Molestos por tal avaricia. Mo- lestos por todos esos asquerosos experimentos. Los humanos que dejaron que sus deseos más oscuros y profundos hicieran estragos son inimaginablemente horrendos. Es por eso que en la Tierra ya ha comenzado a pudrirse. Los monstruos vagan. El veneno llueve del cielo. El Serafín del Final sonará la trompeta, y el mundo será destruido. Los humanos no vivirán. Los débi- les humanos son incapaces de vivir en un mundo así. Escuchando las palabras de Mahiru, Guren recordó: Navidad. Destrucción. Virus. — ¿…es el terrorismo? ¿Acaso la «Secta Hyakuya» lanzará al- gún tipo de virus? Mahiru rió tristemente y con fascinación. En eso, las cortinas detrás de ella comenzaron a ondularse otra vez. Pero no era debido a la brisa. Lo que apareció fue una sombra. Las cortinas fueron rasgadas.
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    139 La dama, aquien Guren vio la tarde anterior en el parque, entró. Era una mujer hermosa. Cuando abrió su boca, unos colmi- llos aparecieron. Era una vampira. Para los humanos, ellos eran enemigos invencibles. —…finalmente nos encontramos, Hiiragi Mahiru –dijo la vampira. — ¡Mahiru! –aulló Guren. Pero Mahiru seguía riendo. —…ven aquí, Asuramaru. Mahiru dijo un nombre que Guren no reconocía. Después, como si respondiera a su llamado, una espada negra se materiali- zó de repente desde el aire denso y se ajustó en su mano derecha. Ella osciló esa espada. Se podía ver que la espada podría ser un arma «Kiju» mientras que sus movimientos no eran visibles. Definitivamente eran más rápidas que las de la vampira. — Ah… La vampira fue cortada a la mitad, una expresión sorprendida se plasmó en su rostro. Pero todo terminó allí: tanto la parte supe- rior como inferior de su cuerpo desapareció.
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    141 Guren quedó fijadoen su sitio. Él solo pudo aullar su nombre. Mahiru sujetó la espada «Kiju» y se volvió, una expresión me- lancólica seguía en su rostro. — Entonces, Guren. Al ser perseguido por un vampiro ayer, ¿tuviste miedo? —…entonces, fuiste tú. — Elaboré las noticias de que la Casa Hiiragi estaba pla- neando eliminar a la «Secta Hyakuya». Por eso, ellos comen- zaron su venganza. Esto despertará a la Casa Hiiragi para ven- garse de ellos. Después de todo, la «Secta Hyakuya» será… Unos sonidos explosivos los interrumpió. Dong-dong-dong… dong-dong-dong –sonaba como algo parecido a una película de guerra. Momentos después, las sirenas de carros policiales y ambu- lancias se podían oir. Eso provenía de Shibuya. Pero Mahiru seguía riendo: — Ah, ya comenzó. Hasta ayer, yo solo era la liebre… pero a partir de hoy, las cosas serán distintas. Todos serán forzados a ser la liebre. Todos en este mundo lo son. Rápidos, rápidos. Guren miró a Mahiru antes de mirar por la ventana. Los sonidos explosivos no cesaban. Esos sonidos se podían escuchar a 3 kilómetros de Shibuya. — Ah, jaja, ¿te preocupan tus camaradas? ¿Podrá ser que Shigure-chan y Sayuri-chan, a quienes amas mucho, ya hayan muerto? Guren miró a Mahiru. — No me mires a mí. ¿Me amas, no? Después de todo, lo hicimos. — ¿…este era, tu objetivo? — Lo mismo que tú. — No me jodas. — No te estoy jodiendo. — ¡No me jodas! Mahiru volvió a reír. — Para seguir viviendo contigo. Para continuar viviendo junto a ti en este mundo. Incluso si el mundo deja de ser habi- table. Para esto fue que elegí ser un Demonio.
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    142 —…no soy igualque tú. — Si… dijiste antes que queras tenerme a tu lado. — Ven a mi lado. No permitiré que desistas de tu humanidad. El rostro de Mahiru cayó. Los sonidos de explosiones volvieron a sonar. Algo explotó detrás de Mahiru. Llantos y gritos eran oídos. Así como también ¡Maten a los bastardos Hyakuya! Una batalla se desarrollaba allá afuera. Mahiru vio por la ventana y dijo: — Jajajaja, ¿aun deseas permanecer al lado de los huma- nos? ¿Los horrendos humanos que se matan unos a otros in- cluso si solo queda un poco de paranoia? — Mahiru. Ella no esperó, y siguió retrocediendo. — Oye, Guren. Lo sé. Eres fuerte. Mucho diría yo. Por eso es que te amo. Kureto y todas esas personas ni siquiera pueden acercarse. Si te enserias más, puedes destruir incluso el mun- do entero. Por eso es que la fuerza humana es ingenua, débil y nacida de lo horrendo. Por eso es que es la comida favorita del Demonio. — ¡Espera, Mahiru! Pero ella no se detuvo. Dándole la espalda a Guren, ella trató de saltar por la ventana. Pero antes de hacerlo, se volvió una últi- ma vez como si hubiese olvidado algo. — Ah, cierto, Guren. Actualmente, ¿qué edad tenemos? Ella desapareció. Todo lo que quedó fue su aroma en la densa oscuridad dentro de la vivienda. ¿Qué edad tenemos? Eso fue lo que me preguntó. Él había cumplido 16 en agosto. El virus podía matar a todos aquellos mayores de 13 años. De tal forma, sus palabras eran extrañas. Un mundo en el que los humanos podrían vivir más. Un mundo donde los débiles humanos ya no podrían vivir. Su celular, el cual estaba en la cama, comenzó a sonar. Guren lo tomó, respondió la llamada, y notó que era Sayuri.
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    143 — Todo estábien, Sayu… — ¡GUREN-SAMA! –gritó–. Escape ahora… la «Secta Hyakuya»… La llamada fue interrumpida. Guren marcó inmediatamente, pero nadie contestó. Llamó a Shigure. Nadie respondía. — ¡Mierda…! Se abotonó la camisa y tomó su espada que estaba tendida en el suelo. Los sonidos de explosiones seguían. Su teléfono comenzó a sonar al mismo tiempo. Guren lo tomó de inmediato. — ¿Sayuri? Pero no era ella, sino Mito. Lloraba. — G-Guren… ¡sigues vivo! ¡¿D-dónde estás?! — ¿Dónde están ustedes? — El salón de clase audiovisual en la escuela! ¡Estoy atrapada aquí con unos cuantos estudiantes! — Voy de inmediato. — ¡No lo hagas! ¡Te matarán! — ¡¿Entonces por qué me llamas?! ¡Quieres ayudarme, ¿no?! ¡Entonces detállame…! — No, no es eso –le interrumpió–. Esto… esta llamada… es para agradecerte… Guren tomó l diario de la mesa y se fue hacia la entrada. Mito continuó: — En realidad… haber ido ayer a la casa de un amigo. La casa de un chico. Fue mi primera vez… El elevador llegó a un piso y se detuvo. No había mucho tiem- po para esperar. El elevador siguió descendiendo. — Todo el tiempo, como era la señorita de la Casa Jūjō, todos se ponían nerviosos cerca de mí. Ellos no me decían lo que pen- saban realmente… El elevador aterrizó en el primer piso. Guren salió de inme- diato. Aunque los sonidos de las explosiones sonaron en el vecin- dario, no había signos de batalla en un aria cercana.
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    144 — Todo estábien, Sayu… — ¡GUREN-SAMA! –gritó–. Escape ahora… la «Secta Hyakuya»… La llamada fue interrumpida. Guren marcó inmediatamente, pero nadie contestó. Llamó a Shigure. Nadie respondía. — ¡Mierda…! Se abotonó la camisa y tomó su espada que estaba tendida en el suelo. Los sonidos de explosiones seguían. Su teléfono comenzó a sonar al mismo tiempo. Guren lo tomó de inmediato. — ¿Sayuri? Pero no era ella, sino Mito. Lloraba. — G-Guren… ¡sigues vivo! ¡¿D-dónde estás?! — ¿Dónde están ustedes? — El salón de clase audiovisual en la escuela! ¡Estoy atrapada aquí con unos cuantos estudiantes! — Voy de inmediato. — ¡No lo hagas! ¡Te matarán! — ¡¿Entonces por qué me llamas?! ¡Quieres ayudarme, ¿no?! ¡Entonces detállame…! — No, no es eso –le interrumpió–. Esto… esta llamada… es para agradecerte… Guren tomó l diario de la mesa y se fue hacia la entrada. Mito continuó: — En realidad… haber ido ayer a la casa de un amigo. La casa de un chico. Fue mi primera vez… El elevador llegó a un piso y se detuvo. No había mucho tiem- po para esperar. El elevador siguió descendiendo. — Todo el tiempo, como era la señorita de la Casa Jūjō, todos se ponían nerviosos cerca de mí. Ellos no me decían lo que pen- saban realmente… El elevador aterrizó en el primer piso. Guren salió de inme- diato. Aunque los sonidos de las explosiones sonaron en el vecin- dario, no había signos de batalla en un aria cercana.
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    145 — La puertaya fue forzada a abrirse. — Cálmate, Mito. Voy en camino, espera solo un poco más. Está bien. Los salvaré a todos. Cálmate. Aguanta. No te rindas. — Por favor, no vengas. Si lo hacer… tu también… — No te preocupes innecesariamente. Antes de llegar, debes defenderte a toda costa en el salón audiovisual. — Guren… — ¿Qué? — Sálvame… En eso, una explosión se pudo escuchar al otro lado de la lí- nea telefónica. Y con eso, la llamada terminó. — Maldita sea… Murmuró Guren. — Maldición. Maldición. Maldición. Maldición. ¡NO ME JO- DAS! Ignorando las miradas de quienes lo rodeaban y gritó. ¿Cómo se atrevía a anunciar que iría a salvarlos a todos? Él no tenía el poder necesario. Sin importar cuanto hablara de valentía y grandes ambiciones, eso no le importaba a él. Él no podía tal poder, y mucho menos ese carisma. Para proteger a alguien, para centrarse en proteger a alguien, él tendría que haber corrido hacia adelante hace mucho. Aun así, ¿qué era toda esa payasada? Exactamente, ¿qué era…? —……… Pero en eso, dejó de pensar. Descubrió algo increíble al borde de su visión. Dentro de un callejón oscuro. El motor de una motocicleta sin dueño estaba encendida. Además de la motocicleta, una espada negra estaba insertada en el suelo, se mantenía verticalmente. Iluminada por la brillante luz lunar, una espada negra estaba brillando con una preciosa maldad. —…….. Era la espada que Mahiru acababa de usar.
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    146 La espada quehabía inyectado el veneno del Demonio en él. La espada maldita con el «Kiju». Guren miró la espada. Ese gran poder estaba ante él. Mirando el intocable poder, Guren se sintió cansado. ¿Cuánto más puedo tolerar estar haciendo de tonto y lamen- table cerca de Mahiru antes de rendirme? — Jajajajaja –sonrió ante la espada–. Está bien. Lo sé, Mahiru. Me rindo. Me convertiré también en la liebre. Me volveré un De- monio también. Pero soy distinto a ti. Desisto de mi humanidad porque no quiero abandonarlo todo. Después de eso, él llamó a Kureto. El teléfono sonó una vez antes de ser contestado. — ¿Qué? — ¿Estás bien? — ¡JA! ¿Y esto qué es? ¿Te preocupas por mí? ¿Dónde estás? Guren le dijo su ubicación. Cuando Mahiru decidió el lugar, él hizo una investigación detallada de los edificios cercanos y los memorizó. Por eso, él dio una respuesta inmediata. — ¿Ikejiri…? –respondió Kureto–. ¿Por qué esa dirección? — Me reuní con Mahiru Hiiragi –respondió. — ¿Y entonces…? La voz de Kureto se tornó fría de inmediato. — La persona que mató a la «Secta Hyakuya» fue Mahiru. — ¿Y? ya no importa lo que hagamos, la guerra ya no se pue- de parar. — Es cierto. — ¿Entonces? — A partir de ahora, mi cuerpo pasará por la experimenta- ción «Kiju» de Mahiru. Voy a usar ese poder para rescatar a todos los de la escuela. —…… — Sin embargo, si fuese a perder el conocimiento y conver- tirme en una maquina asesina, entonces mátame. Con respecto a la información del «Kiju», esta se encuentra en el suelo en la ubicación que te acabo de dar. Si se trata de ti, quizá tras ver esto, puedas encontrar una forma de matarme.
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    147 — ¿De quéestás hablando? –respondió Kureto–. ¿Quién te llevó a decir eso? — No hay nadie controlándome para que diga esto. Solo soy la impotente basura Ichinose. Además, en esta situación, no hay nadie en quien yo pueda confiar además de ti. Por eso, te lo ruego. — ¿Por qué… confiar en mí? — Porque tú confías en mí –respondió Guren. —………….. Kureto no respondió. Pero eso estaba bien. El había dicho lo que quería decir. Dejar que las cosas progresaran como querían. En eso, cuando Guren trató de colgar, Kureto respondió: —…entendido. Derrotemos juntos a la «Secta Hyakuya». Y así, Guren colgó. Llamó a Shinya, y este contestó de inme- diato. — ¿Guren? ¿Sigues vivo? — SI. Necesito decirte algo. — Claro que tienes algo que decir. Bajo estas circunstancias… — Dormí con Mahiru. Shinya quedó en silencio inmediatamente. —…si~ ¿te estas jactando o qué? — ¿Estás enojado? — ¿…cómo lo pondría? Después de todo, a quien Mahiru ama es a ti… pero, ya que es así… la sensación de derrota es ho- rrible. ¿Me pregunto por qué? — Pregúntale al diablo. — Jajaja, ¿qué tal se siente el éxito de tu amor de todos estos años? — Se siente como si las cosas ya no pueden ir peor que ahora. — En otras palabras… te entiendo a la perfección. ¿Qué si- gue? — Acepté el «Kiju» y me volví un Demonio. — ¿Ah? ¿Por qué? — Sayuri, Shigure, Mito y Goshi todavía siguen en la escuela, están siendo atacados por la «Secta Hyakuya». — Si.
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    148 — Voy arescatarlos. Con respecto a lo que Guren dijo, Shinya quedó atónito. Sus- piró y dijo: — ¿…realmente eres un idiota, cierto? Guren no pudo encontrar razones para negarlo. No dijo nada, pero Shinya continuó: —…entonces ¿por qué me llamas? —…si muero –dijo Guren–, te dejaré a Mahiru. — ¿Quieres decir que quieres la mate o que me case con ella? Guren colgó. No quedaba más que decir. Guren miró la espada «Kiju» insertada en el suelo. Antes, cuando la tomó, el Demonio aprovechó la oportunidad para in- vadir su cuerpo, y él no tuvo el poder para resistirse. Esta vez podría ser igual. Tomar esa espada significaba renunciar a tu humanidad. Pero, sin importar qué, el poder era necesario. No había elección, el poder era la clave. No había tiempo para dudar. Guren recordó lo que Mahiru dijo antes. — ¿Qué edad tenemos ahora? Dieciséis. A la edad de dieciséis, él ya no era humano. Pero al mismo tiempo, ya no tenía más preocupaciones. Ni dudas. Por lo tanto, si él podía salvar a alguien. Incluso si era un in- útil pedazo de basura, si el pudiese salvar a sus camaradas, él po- día seguir avanzando alegremente. — Salvar a Mito. A Goshi. A Sayuri. A Shigure. Guren seguía mirando la espada «Kiju» clavada en el suelo, murmurando eso como si lo persuadiera. —…soy distinto a Mahiru. Renuncio a mi humanidad por- que quiero salvar a los míos… Tomó la espada. En ese momento, la oscuridad cubrió su vi- sión. Una completa oscuridad. La interminable oscuridad atacó. Desde ese momento, la catástrofe de Ichinose Guren a sus dieciséis años… comenzó.
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    150 PALABRAS DE AUTOR Yaquí está el volumen tres de la novela ligera de Owari no Seraph! Esta vez, las cosas han evolucionado a una situación increíble, ¿cómo se sienten todos por ello? La gente que ha estado divirtiéndose por ahí, destruyendo el mundo en el proceso: Guren, Kureto, Shinya, Mahiru, Shinoa, ¿qué les sucederá a todos en la Secundaria Shibuya? Y, ¿cómo se conecta al mundo destruido en el manga? ¡Manténgase a la espera! A propósito, esta vez se me pidió escribir tres páginas en las palabras de autor. Pero luego recibí una llamada del supervisor. Supervisor: Kagami-san, ¿ya ha escrito las palabras de autor? Yo: ¡No, aun no! ¡Lo siento! ¡Siempre me atraso con eso! Supervisor: No, no, está bien que se atrase esta vez. Yamamo- to-san dijo que quería dibujar unas cuantas escenas, por lo que él estaba pensando en dibujar otra página… ¡¿?! Yo: ¡OOOOOOOOOOOOOHH! ¿Quiere decir que tendre- mos 11 ilustraciones? ¡Eso es grandioso! ¿Cuál escena?
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