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De repente recordó las cosas que sucedieron cuando la cono-
ció por vez primera.
Fue una noche de verano. Sucedió después que Guren termi-
nara sus entrenamientos diarios. Él fue al cauce de río cerca de su
casa para calmar un poco su cuerpo herido.
— ¿…eres Guren?
— ¿Quién?
Él se volvió, y vio a una hermosa chica con cabello cenizo allí
de pie.
Probablemente tenían la misma edad. Era una niña de unos
5 o 6 años de edad.
Sin embargo, él nunca había visto su rostro. Los terrenos veci-
nos pertenecían a la Casa Ichinose, no debería haber nadie en las
cercanías, que él no reconociera.
La chica miró la parte superior desnuda del cuerpo de Guren
y entrecerró sus ojos.
— Esas son unas heridas bastante serias. ¿Te estaban inti-
midando?
— No –respondió él–, no me estaban intimidando.
— ¿Entonces por qué tienes esas heridas tan serias?
— Es por el entrenamiento.
— ¿Entrenamiento?
— Si.
— ¿Qué tipo de entrenamiento?
Él dirigió su mirada hacia la espada de madera que estaba
clavada en las rocas del cauce del río. Cuando ella miró dicho
objeto, dijo:
— Eh. Entonces debes ser fuerte, Guren.
Volvió a decir Guren. Eso quiere decir que ella sabe quién soy.
— Oye, ¿de dónde eres? –preguntó él.
— Me pregunto dónde… si te digo que soy el hada de este
bosque, ¿qué vas a hacer? –dijo sonriendo traviesamente.
— Este no es un bosque, es una montaña.
— Bueno, el hada de la montaña.
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— ¿Entonces que negocios tiene conmigo, hada ojou-san?
— Si te están intimidando, puedo ayudarte~
— Ya dije que no es eso.
Él se levantó del rio y secó su cuerpo con una toalla. La joven-
cita se le acercó y estuvo a punto de tocarle las heridas cuando…
— Oye…
Él habló y retrocedió, haciendo que ella volviera a reía.
— Guren, eres muy tímido.
— No quiero que una desconocida me toque, ni siquiera se
tu nombre.
— Entonces si te digo mi nombre, ¿podré tocarte?
— No.
— Jajaja –dijo eso mientras reía. La luz de la luna ese día
era especialmente luminosa y etérea, iluminando su hermosura.
Cómo él estaba siendo cautivado por su sonrisa, ella le dijo su
nombre–. Me llamo Mahiru.
— ¿Mahiru?
— Si.
— ¿Es como la Mahiru que significa almorzar?
— Sí, sí. La Mahiru que significa almorzar. Un bonito nom-
bre, ¿cierto?
Aunque él no sabía si eso podría considerarse un buen nom-
bre, él sintió que era bastante acorde para una niña como ella, que
sonreía tan brillantemente.
— Bueno, ¿de dónde eres, Mahiru?
A lo mejor, ella era la hija de un seguidor del «Mikado no
Tsuki».
Pues, entre los más obedientes de la Casa Ichinose, solo aque-
llos que eran completamente leales y destacados podían entrar a
esta área.
— Si vienes a un lugar como este, a estas horas, tus padres
te regañaran –dijo. Ciertamente, ya eran más de la 1 de la maña-
na. La gente del «Mikado no Tsuki» no tendrían permitido acer-
carse a Guren a tales horas.
A pesar de eso, Mahiru sonrió.
— No tengo padres.
Eso era imposible. Una niña sin padres no podría ser capaz
de entrar a esa área. Sin embargo, ¿quién era ella exactamente?
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Guren la miró con cautela, y ella volvió a reía.
— Por eso es que te dije, que yo soy el hada de este bosque.
— Déjate de bromas. ¿Quién eres exactamente?
— Si quieres que te lo diga. Mañana, a esta hora, vuelve a
bañarte aquí. De esa forma, serás capaz de volverme a ver –dijo
eso antes de desaparecer en la profundidad del bosque. Así, él
la perdió de vista con facilidad.
La primera vez que ellos se vieron, ella era un hada.
Desde entonces, y durante unos meses, ella aparecía cada día.
Mahiru eligió aparecer en frente de él, estuviesen o no, los
adultos presente, y conversaba con él.
— Oye, Guren.
— ¿Hmm?
— ¿Cuál es tu color favorito?
— Incluso si me lo preguntas…
— Oye, Guren.
— ¿Qué?
— ¿Has detestado los entrenamientos?
— No realmente. Después de todo, todos depositan sus ex-
pectativas en mí.
— Oye, Guren.
— ¿Hmm?
— ¿Tuviste una relación amorosa anteriormente? ¿Tienes
una novia o algo por el estilo?
— Acerca de eso…
— Oye, Guren…
—……….
— Oye, oye, Guren.
— ¿Ahora qué, Mahiru?
— ¿Qué tipo de chico quieres ser cuando crezcas?
— ¿En el futuro?
— Si.
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— Bueno, definitivamente quiero ser fuerte.
— ¿Qué pasará si lo logras?
— ¿Eh? ¿Hmm, qué sucederá? Bueno, si me hago fuerte, pue-
do hacer lo que sea.
— ¡¿Lo que sea?! Si es así, entonces si te pido que me traigas
algún pastel, ¿podrías hacerlo?
— Ehh, probablemente, no podría.
— ¿No puedes hacer nada, cierto?
Mahiru rió mientras decía eso.
Al ver su sonrisa, él también rió.
Él la veía cada día, durante varios meses. Sentía como si su
encuentro con ella era el centro de su día.
Independientemente de si podía ver a Mahiru, la severidad
de sus entrenamientos diarios no cambiaba. Casi no tenía tiempo
para descansar mientras estudiaba el manejo de la espada y he-
chicería. Los entrenamientos para volverse la próxima Cabeza de
la Casa Ichinose también procedían como siempre.
Todas las esperanzas estaban sobre él.
Él era visto como el talentoso en la espada y hechicería.
La Casa Ichinose nunca antes había tenido un chico tan ta-
lentoso.
Su padre también se veía bastante feliz con esto.
Por eso, él era adiestrado para ser el más fuerte.
Él mismo también quería animar esas expectativas, creyendo
que todo podría resolverse una vez que se fortaleciera.
Todo podría resolverse una vez que se hiciera fuerte.
— Oye, ¿qué quieres llegar a ser en el futuro, Mahiru?
— ¿Yo?
— Si. Pues siempre estás haciéndome preguntas.
— Yo… bueno… primero, quiero ser una novia hermosa.
Guren pensó que ya ella era lo suficientemente hermosa, pero
él no lo dijo.
— Y quiero comer pastel todos los días.
— ¿Todos los días?
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— Si.
— ¿Te gustan mucho, cierto?
— ¿A ti no?
— ¿Hmm? Eh, nunca antes he comido uno.
— ¿Ehhhh, nunca has probado un pastel?
— Asi es.
— Entonces comamos uno la próxima vez. Recuerda pre-
pararlo, Guren.
— ¿Eh, se supone que debe ser así?
— ¿Acaso quieres que una chica lo prepare?
—…sobre eso, no tengo dinero, por lo que no podré com-
prarlo.
Al oír eso, Mahiru lo miró y sonrió amablemente.
— Bueno, hagamos un pastel de arena.
— Lo siento –se disculpó Guren.
— ¿Por qué te disculpas?
— Por no poder comprar un pastel.
— Tranquilo, está bien. Incluso si no tengo el pastel, el po-
der jugar cada día contigo, me hace feliz.
—…………
— Más que eso, definitivamente te volverás fuerte, y un día
me conseguirás un pastel, ¿cierto, Guren?
Aunque él no creía que pudiese elaborar un pastel solo siendo
fuerte, él respondió:
— Si.
Si se fortalecía, probablemente tendría dinero para comprar
pasteles. Probablemente.
Después de eso, Mahiru rió alegremente.
— Bueno, esperaré hasta que te hagas fuerte.
— Me tomará mucho tiempo. Actualmente, no tengo dinero
de bolsillo.
— Está bien. Pero debes dejarme convertirme en una novia
muy linda.
— ¿Eh?
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— La linda novia de Guren. En el futuro, quiero llegar a
ser así.
Mientras decía eso, ella era ciertamente hermosa, era como
si brillara.
Al día siguiente, Guren habló con su padre.
— Eh, padre, ¿puedo tener tu atención un momento?
— ¿Qué sucede? Pareces muy formal.
— ¿Puedo tener algo de dinero de bolsillo?
— ¿Dinero de bolsillo? ¿Por qué? ¿Quieres comprar algo?
— Si.
— ¿Qué es?
— Bueno… un pastel.
— ¿Pastel? No te puedo permitir eso. Tu dieta necesita estar
controlada. Eso te retrasará en tu proceso de fortalecerte.
— Ah, pero, no soy el que se lo comerá.
Al oír esas palabras, una sonrisa gentil apareció en el rostro
de su padre.
— Ah, ¿no lo comerás?
— Asi es.
— Entonces, así si lo permito. ¿Cuánto necesitas?
— Ni idea. Nunca antes he tenido un pastel.
— ¿En serio?
— Si.
— Bueno, te daré 1.000 yenes. Puedes comprar dos.
—……….
— ¿Es necesario que compre dos, no? El otro es para cierta
persona a las que ves cada noche.
—…..
— Por cierto, ¿de qué casa es? ¿Yukimi? ¿O es Hanayori?
Aunque lo encuentro un poco apresurado, pero, ser popular es
algo bueno. En fin, es necesario que un día te cases.
El padre llamó a un subordinado y le dio a Guren 1.000 yenes.
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Durante todo ese momento, Guren, quien no sabía por qué
estaba avergonzado, quedó completamente en silencio.
Aun podía recordar a su padre bastante complacido.
Su padre siempre era así. Observándolo alegremente mien-
tras crecía.
A Guren le gustaba eso de su padre. Poderoso, gentil, y res-
petado por sus seguidores. Él levantaba la mirada a tal existencia.
Después de eso, él fue a comprar el pastel. Con mil yenes, él
podía comprar un pastel incluso si todavía no se había fortaleci-
do. Como había una gran variedad de pasteles, él no sabía cuál
comprar. Por eso, él le preguntó al asistente de ventas: ¿Cuál pue-
de ser el pastel, que al dárselo a una chica, la haga feliz?, y compró
el pastel de fresas y uno de chocolate.
Fue en eso cuando le preguntaron qué cuánto tiempo lo iba
a preservar, con eso recordó que, al igual que otros días, él solo
podría verla temprano en la mañana.
Por eso, él guardó el pastel en el refrigerador.
Esta noche, junto al lecho del río, él disfrutaría un pastel con
la hermosa hada del bosque.
Sin embargo, cuando llegó la noche, un grupo desconocido
invadió la Casa Ichinose. Aparentemente, era gente del «Mika-
do no Oni», una organización religiosa más grande que la que la
Casa Ichinose regía. Luego de eso, se dijo que una persona, bajo la
cual el «Mikado no Oni» operaba, estaba desaparecida.
El nombre de la desaparecida era Mahiru Hiiragi.
Por primera vez en todo el tiempo, Guren presenció los ros-
tros de completo pánico de la Casa Ichinose y de los maestros
más fuertes del «Mikado no Tsuki», esos que lo entrenaron a él.
Su padre parecía estar bastante asustado. Muchas veces bajó
su cabeza.
Cuando preguntó lo sucedido, se le dijo, por primera vez, la
relación entre la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose, y la relación en-
tre el «Mikado no Oni» y el «Mikado no Tsuki».
La diferencia opresiva en relación a la fuerza. Era una existen-
cia que la Casa Ichinose no podía desobedecer. Que palabras tan
veraces aunque desesperanzada.
Y Mahiru…
Ella era un miembro de la Casa Hiiragi.
Esa noche, Guren tomó el pastel y lo llevó al lecho del río.
El hada del bosque apareció.
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Estaba tan alegre como antes. Viendo lo que él sostenía en las
manos, sonrió amablemente.
—…trajiste el pastel.
Él asintió y ella volvió a reír.
— ¿Es porque creíste que eso me alegraría?
—……
— Guren.
— ¿Hmm?
— Lo amo mucho.
— ¿Amas el pastel?
— Te amo, Guren.
—……..
Fuese lo que fuese que le pasara, los latidos de su corazón se
incrementarían y se le dificultaría hablar.
Mahiru se inclinó hacia él y dijo:
— ¿Qué tipo de pastel?
— Chocolate y frutillas.
— ¡Ambos me fascinan! ¡Oye, Guren, vamos a dividirlos!
— No es necesario, si te gustan tantos, puedes quedártelos.
Sin embargo, ella sacudió su cabeza.
— Quiero partirlos a la mitad. Oye, oye, ¿dónde está el cu-
chillito?
— Ah…
— ¡Bueno, vamos a comerlos con las manos!
Mientras decía eso, ella tomó el pastel de frutillas y comenzó
a comerlo.
— ¡Que rico!
Ella parecía bastante feliz al decirlo. Guren comenzó a ale-
grarse con solo ver su rostro. Luego de eso, ella dio un pequeño
mordisco a la fresa. Sus labios tocaron la fruta y quedó con una
pequeña marca de su mordida. Luego de eso…
— Oye, Guren.
— ¿Qué?
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— Toma, una fresa.
Ella sujetó la fresa medio mordida cerca de la boca de Guren.
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— Vamos, abre la boca.
—……..
En eso, Guren habló:
— Oye, Mahiru.
— ¿Eh?
— Hoy escuché que no eres el hada del bosque.
— Pero, ciertamente soy el hada del bosque.
— Escuche las cosas relacionadas con la Casa Hiiragi y la
Casa Ichinose.
—………
Las manos de Mahiru dejaron de moverse. El jugo rojo co-
menzó a caerse de la fresa medio mordida.
— ¿Entonces…?
— Bueno…
— ¿Ahora no me quieres?
Guren sacudió su cabeza. No había razón para no quererla.
Pero de lo que su padre había dijo, existía un conflicto sanguí-
neo entre la Casa Ichinose y la Casa Hiiragi que estaba persistien-
do durante unos cientos de años.
Ambos eran completamente incompatibles.
Eso era también porque el oponente era más fuerte que ellos.
Eran tan fuertes, que la Casa Ichinose no podría quejarse sin im-
portar cuanta humillación recibiera.
Él recordó el rostro pálido de su padre. Ese, que una vez asu-
mió ser muy fuerte, se había vuelto lamentable y maltratado.
Pero eso también significaba que él y Mahiru…
— Guren –dijo ella–, ¿te volverá fuerte y me tendrás, cierto?
Anteriormente, él solía sentir que esto era posible.
Solía sentir que podía tener todo, siempre y cuando fuera
fuerte.
Solía sentir que podría tenerlo todo, una vez que se fortale-
ciera.
Solía sentir que cualquier sueño podría cumplirse si trabajaba
duro.
Él tenía talento. Las personas tenían sus esperanzas en él.
Solía creer que definitivamente podría lograrlo todo.
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Sin embargo, su mundo se transformó dramáticamente en
tan solo un día.
— Oye, Guren.
—…….
— Oye, Guren.
Escuchando eso, dijo:
— Oye, Mahiru.
— Hasta que finalmente respondes.
— Tú… no, siendo de la Casa Hiiragi, ¿por qué estás aquí?
— ¿Debe existir alguna razón para nuestro encuentro?
— En cuanto a mí, no le encuentro necesidad. Pero debes
estar pensando en algo. Te acercaste a mí, aun conociéndome.
Sabias mi nombre desde un principio. Sabias todo sobre la Casa
Ichinose y la Casa Hiiragi. Sabías que ellos eran las familias se-
cundaria y principal respectivamente.
— Si.
— Entonces, ¿por qué te me acercaste?
— Yo…
Ella estuvo a punto de responder cuando sintieron que al-
guien se acercaba. Un grupo de hombres vistiendo un uniforme
distinto estaba caminando hacia ellos. No era gente del «Mikado
no Tsuki».
— Oye, mocoso –dijo uno de los hombres.
El hombre llamó a Guren mocoso en terreno Ichinose. Eso no
debería permitirse.
Su padre estaba detrás del hombre. Su padre no objetó.
El hombre estuvo a punto de agarrar a Guren por el cuello.
Sus movimientos fueron muy lentos. Si el agarraba su brazo, se
lo fracturaría. Mientras pensaba sus movimientos, sus pupilas se
dilataron de inmediato.
Sin embargo, su padre, Sakae Ichinose, dijo:
— Guren.
La precaución fue evidente en su voz.
Estaba ordenándole detenerse. Por eso, dejó de moverse.
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El cuello de su camisa fue agarrado por el hombre. Un cuerpo
joven era ligero. Él estaba siendo levantado fácilmente y su cuello
resultó herido. Sin embargo, en lugar de dolor, él sintió ira ante
esa injusticia repentina.
— Oye, mocoso. Había noticias que tenían reuniones secretas
con una persona. ¿Quién es?
Guren no sabía si debía responder esa pregunta.
Él no sintió la presencia de Mahiru. Quizá ya ella había es-
capado. En cuanto Mahiru, sería bastante terrible para ella si sus
reuniones allí eran expuesta. Si él quería protegerla, entonces no
podía decir su nombre.
Pero en ese momento, su padre dijo:
— Guren, habla con la verdad.
Él miró a su padre, quien parecía extremadamente cansado,
no sabía que elección tomar.
El hombre levantó su puño. Su movimiento fue bastante len-
to. Incluso ahora, él podía fracturarle ese brazo que lo sujetaba,
sacarle los ojos y matarlo.
Y su padre era incluso más fuerte.
A pesar de eso, su padre no se movió.
Quizá era porque incluso su ellos asesinaban a esos hombres,
ellos serían inútiles cuando las fuerzas principales de la Casa Hii-
ragi llegaran. No importa cuán fuerte sea un cuerpo. No importa
cuán habilidosos sean con la espada. Nada de ello importaría.
— ¡Maldito mocoso, respóndeme! –le gritó.
— ¿Con quién te reunías aquí?
Él no sabía cómo responder a esa pregunta. Ni sabía cuál era
la respuesta correcta. Sin importar qué, no tenía idea.
Por eso, él eligió lo que quiso.
— No.
— ¿En serio?
— Es cierto.
— No puedo garantizar tu vida tan insignificante si mientes.
— No miento –en realidad, Guren si estaba mintiendo.
Otro hombre tiró de la espalda del hombre y dijo:
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— No debería existir razón alguna para que Mahiru-sama vi-
niese aquí, ¿cierto?
— Pero de acuerdo a la información que tenemos…
— Eso podría ser información falsa entregada por ella mis-
ma…
— Que fastidio… ella sigue siendo una niña, ¿en qué está
pensando realmente, Mahiru-sama?
En eso, el hombre soltó a Guren.
Justo cuando él creyó que todo había acabado, el hombre es-
tuvo a punto de patear a Guren. Él podía evitarlo también.
Pero recibió el golpe a propósito. Le pegó en medio del estó-
mago. No podía respirar.
— Ugh…
Dejó escapar un gemido y aterrizó en el suelo.
— Basura de la familia secundaria, que vista tan molesta.
Él escupió a Guren, quien estaba tosiendo. La saliva cayó en
su cabeza.
Su padre no se movía. La tristeza se marcaba en su rostro.
En otras palabras, esta era la relación entre la Casa Hiiragi y
la Casa Ichinose.
Los chicos de la Casa Hiiragi se fueron.
Solo quedó su padre.
Era tarde en la noche.
Todo lo que se podía oír en los alrededores era el sonido del
agua fluyendo y el sonido de los latidos de su corazón. Él podía
sentir el dolor de ser pateado en el abdomen.
Mahiru realmente se había ido.
Su padre dijo:
— Lo siento, Guren.
— ¿Por qué te disculpas?
— Te dejé ver la parte más indignante de mí.
— No fuiste indignante.
—…..
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Guren se levantó. Miró a su espalda, realmente Mahiru no
estaba allí. Había desaparecido completamente.
Su padre dijo:
— ¿Duele donde te patearon?
— No.
— ¿Mentiste?
—……….
— Estuviste reuniéndote aquí con una chica.
—……….
— ¿Se llama Mahiru Hiiragi?
— No.
— ¿Entonces con quién te comiste el pastel?
— Me lo comí yo solo.
— Si mientes, te mataran. Ellos no serán piadosos con noso-
tros.
—………..
— Oye, Guren. Escucha apropiadamente. No quiero perder a
mi hijo por algo como eso.
Dijo su padre, mirándolo con sinceridad.
Guren también miró esos ojos amables.
— No mentí –dijo tal mentira. A su propio padre.
Incluso hasta ahora, él no sabía si eso había sido la elección
correcta.
Su padre lo miró, sus pupilas estaban inmóviles. Aun había
cansancio en su rostro. Sin embargo, por alguna razón, él parecía
un poco orgulloso.
— Bueno, está bien. Elige lo que sientas que sea lo correcto
–dijo de repente. Guren levantó su cabeza y miró el rostro de su
padre.
— ¿Lo que crea correcto?
— Si.
— Pero, padre.
— ¿Qué?
— Realmente no entiendo lo que significa lo correcto.
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Al oír eso, su padre respondió.
— Tienes razón en ello. Yo tampoco lo entiendo mucho. Des-
pués de esto, habrá muchas cosas más que no entenderemos
El padre colocó su palma en la cabeza de Guren, y se la aca-
rició con amabilidad. A él le encantaba la calidez de esas manos.
Siempre había querido a su padre.
— Por eso, si no entiendes lo que es hacer lo correcto. Enton-
ces comienza haciendo las cosas que creas correctas.
—………
— Después de eso, ya que eres más fuerte que yo, tu respuesta
se acercará más a la correcta en comparación a la mía.
Guren pudo sentir cómo esa frase atravesaba lo más profun-
do de su corazón.
Hacer algo que creyese correcto.
Su padre también se fue.
Guren quedó completamente solo en el lecho del río.
Aunque esperó por dos horas, Mahiru no volvió esa noche,
Unos cuantos días después, Mahiru apareció durante el des-
canso de la tarde.
Era un área bastante amplia. Los rayos luminosos de un día
soleado bañaban el campo, produciendo una tonalidad verdosa.
Era un lugar hermoso.
Mahiru continuó riendo de esa forma tan inocente y hermo-
sa.
— Oye, Guren. ¿Te asustaste, no?
— ¿…está bien que vengas a este lugar? Si te ven…
— No importa. Ya he verificado que no haya nadie. Ade-
más, incluso si me descubren, tú te volverás fuerte y me prote-
gerás, ¿cierto? –dijo.
Él agarró su espada de madera con fuerza. Su yo actual no
tenía el poder para protegerla. Él ni siquiera sabía cuán poderoso
debía volverse para prologarla.
Sin embargo, ella sonrió. Lo miró de forma preciosa y rió.
Guren le dijo:
— Aunque ya te lo pregunté antes…
— Si.
— ¿Por qué quieres venir aquí? ¿Por qué estás aquí ahora?
Ella sonrió amablemente y respondió:
— Odio estás en casa.
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— ¿En la Casa Hiiragi?
— Si.
— ¿Por qué la odias?
— Porque mi mamá fue asesinada.
—……….
— Mi madre fue forzada a entrar en un punto muerto por
la Casa Hiiragi antes de morir. Papá no ha querido mirarme
ni una sola vez. Por eso, quiero hacer algo que la Casa Hiiragi
odie más.
— ¿…acercarte a mí?
—……..
— Acercarte a escorias como nosotros, la casa secundaria, la
Casa Ichinose. Para la Casa Hiiragi, esto es lo más irritante que
los haría perder la cabeza. Por eso es que te me acercaste, ¿no?
Mahiru dio un paso más cerca.
— Hmm, sí. Ya que hablar con el hijo de la asquerosa Casa
Ichinose debe ser lo que más odia mi padre. Sin embargo…
Mientras decía eso, Mahiru extendió su brazo y acunó el ros-
tro de Guren. Su mirada estaba llena de amor mientras lo miraba.
— Sin embargo, las cosas no progresaron tan rápidamente.
Pues el hijo de la Casa Ichinose es demasiado hermoso, acci-
dentalmente me enamoré.
Guren tomó su mano, pero no podía hablar.
Digamos si su amor por él era genuino.
Digamos si él la amaba también.
Él aun no tenía el poder para tenerla.
— Guren.
—……
— Oye, Guren. Te amo.
—…….
— ¿Qué hay de ti, Guren?
—….yo.
La conversación terminó allí, él no podía responderle ese día.
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Pero Mahiru tampoco dijo mucho. Ella alegremente se sentó
al lado de Guren.
Desde entonces, los días así continuaron por algún tiempo.
Ella ya no aparecía de noche en el lecho del río. En lugar de
eso, ella optó por aparecer durante el descanso vespertino.
Ellos tuvieron muchas conversaciones ingenuas y aburridas.
Ya no hablaban del futuro o de cómo las cosas avanzarían
desde entonces.
Sin embargo, él entrenó más fuerte que antes.
Necesitaba ser más fuerte. Mucho, mucho más fuerte.
Pero antes de volverse lo suficientemente fuerte como para
obtener lo deseado, el día en que todo terminara llegó.
Fue en el mismo lugar. En el mismo espacio lleno de pasto.
— Oye, Guren –dijo Mahiru.
—…….
— Oye, Ichinose Guren.
— ¿Hmm?
— Sobre eso… nosotros…
—….
— Luego que nos volvamos adultos… eh, ¿n-nos podemos
casar?
Ella, quien siempre habló del futuro, dijo algo así. Ella debió
saber en ese entonces que las cosas como estas llegarían pronto
a su fin.
— Tal como estamos ahora, ¿podremos estar juntos por
siempre? –dijo. Pero ese sueño fue despedazado de inmediato.
Ambos fueron separados, y una década transcurrió desde la
última vez que se vieron.
Encima de eso, ellos estaban en lados opuestos cuando se vol-
vieron a encontrar.
Ella estaba siendo poseída. Si no la asesinaban, su familia y
subordinados serian ejecutados.
La fecha límite era el treinta de septiembre. Antes del 30 de
septiembre, si Mahiru no era asesinada, él perdería cosas impor-
tantes.
Y hoy era…
23
2 de octubre.
Guren Ichinose estaba siendo llevado al centro penitenciario.
El mismo en el que su padre estaba siendo retenido. Al ver a
su hijo entrar en prisión, hizo que su padre se mostrara apático.
— ¿…por qué estás viniendo este lugar?
Guren miró el rostro de su padre – Sakae Ichinose. Él no se
parecía mucho a su padre.
Ojos amables, piel blanco-leche. Una personalidad estoica.
Ese padre había sido gentil con Guren mientras él lo bañaba
con elogios.
Por eso, comparado conmigo, definitivamente te convertirás
en una mejor Cabeza de la Casa Ichinose.
Él extrañaba a ese padre que no era competitivo y era tran-
quilo y alegre sin importar lo que sucediera.
Sin embargo, el actual padre estaba carente de energías. Su ca-
bello estaba desaliñado y se veía feo. Su blanca cabellera era muy
notable. Círculos negros adornaban sus ojos, haciéndolo parecer
más anciano de lo usual.
Aunque a estas alturas Guren no recordaba la edad exacta de
su padre, él estaba seguro que no estaba tan viejo como la última
vez que se vieron en Nagoya.
— ¿…te interrogaron? –preguntó Guren.
— No, es falta de sueño. Es todo –dijo su padre, sonriendo
amablemente.
—………
— Más que eso, Guren, con respecto a ti. ¿Qué haces acá?
—………..
— ¿Es por mí? ¿Porque te atraje?
— No, padre, no es tu error.
— Pero, Guren.
— Está bien. No me interrogaron. Tranquilo.
— ¿En serio?
24
— Si.
— Entonces, ¿qué haces aquí?
Al oírlo, él frunció el ceño.
¿Por qué vino?
Estaba allí para mirar a su padre. Para reunirse con él. Eso fue
permitido por Kureto.
—……….
Antes de la ejecución, ellos podrían verse una vez. Hiiragi-sa-
ma amablemente le garantizó tener la oportunidad de venir y re-
unirse con su padre, aunque era duro de hacer.
Sus manos temblaban. Parecía como si, aunque estuviese un
poco relajado, él pudiese ser tragado por las llamas de la ira. Por-
que el Demonio en su cuerpo ya estaba preparado para aprove-
charse. Por eso, él trató mucho de no dejar que sus emociones
aumentaran. Sin embargo, a pesar de eso…
—…padre, lo siento –su voz seguía temblando.
— ¿Qué? –respondió su padre con calma, como siempre.
— No puedo… salvarte.
— ¿Entonces me ejecutarán?
— Si.
— Ya veo.
— Todo es mi culpa.
Su padre sonrió y dijo:
— No, no lo es.
— Pero…
Su padre lo interrumpió y colocó su mano sobre la cabeza de
Guren. Tal como cuando era un niño, le acarició la cabeza. Como
ya era más alto que su padre, él no levantó la mirada como hacía
de niño.
En lugar de eso, inclinó su cabeza.
— Lo siento, padre.
Volviendo a sonreír, su padre dijo:
— No llores, idiota.
25
— Pero…
— Lo has hecho muy bien. Soy afortunado de tener un hijo
como tú, y eso me alegra.
—……..
Las lágrimas fluyeron sin cesar; no podían detenerse sin im-
portar qué. Él quedó en silencio mientras pensaba en su debilidad
lamentable.
— Bueno –dijo su padre–, si muero, ¿los demás subordinados
serán rescatados?
Guren asintió.
— Si, ya lo negocié.
Encima de eso, Mahiru le dio un «Kiju» desconocido con
Asuramaru residiendo en él. Esto debería servir como la mayor
cosecha de la guerra. Asuramaru tenía la posibilidad de ser capaz
de incrementar substancialmente la capacidad natural de las ar-
mas «Kiju» con una ligera investigación.
Kureto lo recompensó por eso. Al principio fue para que la
fecha de ejecución de su padre y subordinados fuera suspendida.
Sin embargo, no fue así.
Durante la reunión de los altos mandos del «Mikado no Oni»,
la ejecución de Sakae Ichinose fue decidida.
Los miembros de la reunión de los altos mandos incluían a la
Cabeza de la Casa Hiiragi –Tenri Hiiragi–, y sus nueve unidades.
Esas nueve unidades consistían en las nueve Cabezas restan-
tes, excluyendo a la Casa Ichinose.
La Casa Nii.
La Casa Sanguu.
La Casa Shijin.
La Casa Goshi.
La Casa Rikudou.
La Casa Shichikai.
La Casa Hakke.
La Casa Kuki.
La Casa Jūjō.
27
26
Los padres de Goshi y Mito también deberían estar entre
ellos.
La decisión de la ejecución de Sakae Ichinose fue unánime.
La razón fue atroz.
Todos acordaron que por traer de vuelta a la vampira y a Asu-
ramaru, la cosecha de Guren Ichinose, quien juró lealtad a Kureto
Hiiragi, podría incrementar el número de seguidores del «Mika-
do no Tsuki».
Por eso, para el balance, la ejecución de la Cabeza de la Casa
Ichinose –Sakae Ichinose–, fue decidida para reforzar su posi-
ción. Esa era la conclusión obtenida.
Los minutos de esa reunión fueron escuchados por Goshi y
Mito, por lo que fue bastante precisa.
En otras palabras, matar a Sakae era un acto para protegerse
contra Guren, quien mostró sus habilidades con mucha arrogan-
cia.
Por eso, Guren Ichinose, quien ni siquiera pudo evitar la
muerte de su padre, aumentaría su reputación como un esclavo
leal a la Casa Hiiragi.
— Oye, padre –preguntó Guren.
— ¿Qué? –respondió su padre mientras le acariciaba su ca-
beza.
— ¿Para qué estamos viviendo?
—……
— Si esto continua, solo quedaremos como esclavos. Sin im-
portar cuanto nos esforcemos, las cosas no se moverán en la di-
rección que queremos.
— Todos quieren invertir esta situación –respondió su pa-
dre–. Pero esto se debe a la diferencia en el nivel de habilidades,
por esto las cosas terminaron de esta forma.
— Pero gracias al egoísmo de esos bastardos, vas a morir, pa-
dre.
— Sí, es cierto. Si me entristezco por eso, entonces, quizá, no
exista razón para vivir. Sin embargo, ¿doy la impresión de estar
triste?
Guren levantó la mirada, y vio que su padre sonreía como
siempre.
Mirando a su padre de esa forma, él frunció el ceño y dijo:
— Siempre sonríes. No lo entiendo.
— Porque estoy feliz. Siempre he sentido la felicidad.
27
— Mentiroso.
— Cielos.
— ¿Dónde está esa felicidad? Tener todas esas cosas terribles
siendo lanzadas sobre nosotros, solo para morir lamentablemen-
te.
A pesar de eso, su padre sonrió amablemente y le dio una
palmadita en la cabeza.
— Pero puedes seguir viviendo. Luego de mi muerte, serás la
Cabeza de la Casa Ichinose. Si se trata de ti, nadie protestará. De
eso me siento muy satisfecho.
Su padre parecía bastante feliz con eso mientras miraba a Gu-
ren sin duda que se presentara en sus ojos.
Al oír eso…
—…….
Guren sintió un dolor amargo recorrer su corazón. Sus lágri-
mas amenazaban con volver a brotar…
—…f-fui incapaz de ser como tú, padre.
— Puedes hacerlo.
— Pero…
Su padre lo interrumpió:
— Si se trata de ti, entonces, todo se puede lograr. Por eso,
continúa haciendo lo que creas correcto.
En eso, una voz resonó desde fuera.
— Oigan, ustedes, salgan. Es hora de ejecutar a Sakae Ichi-
nose.
Esa frase no sonó como era en realidad. Sin embargo, esas
palabras se convertirían en realidad al instante. Su padre sería
ejecutado.
Las puertas de la prisión se abrieron. Unos cuantos hombres
desconocidos entraron corriendo.
A su padre no le importó esos hombres, y abrazó fuertemente
a Guren.
— Bueno, es hora de decir adiós, Guren.
— No –Guren respondió con una voz suave y temblorosa.
— Es el final. Sonriamos mientras nos separamos.
— No quiero.
— Gracias, Guren. Por convertirte en mi hijo luego de venir
a este mundo.
— No quiero esto.
Sin embargo, su padre fue agarrado por esos hombres y en-
cadenado.
28
Él no podía detener lo que sucedía. Si trataba de intervenir, la
ejecución de cientos de sus subordinados seria lo siguiente. Por
eso, él no tenía el poder de detener eso.
Esto era el adiós. Ya ellos no serían capaces de volverse a ver.
— Maldita sea, ¿por qué? ¿Qué es lo que debería hacer exac-
tamente…?
Guren murmuró mientras su padre habló:
— Sonríe, Guren. ¡A partir de ahora, dirigirás el «Mikado no
Tsuki»!
Eso fue lo que gritó, y con eso, Guren levantó la mirada. Veía
como su padre estaba siendo sacado de la prisión.
Mirando a su padre ser llevado, él dejó salir algo que nunca
había dicho antes. Algo que debió haber dicho muchas, muchas
veces antes…
— ¡PAPAAAAAAAÁ!
—…….
— ¡T-también me siento muy orgulloso de haber venido a
este mundo siendo tu hijo!
Al oír eso, su padre sonrió desde lo más profundo de su co-
razón.
Luego, él fue sacado de la prisión. El campo de ejecución es-
taba afuera. Su padre seria asesinado allí.
Guren no podía ver la ejecución de su padre. Su cuerpo care-
cía de energías; temporalmente fue incapaz de moverse.
Se sentó en la camilla de la celda que su padre usó para acos-
tarse, tolerando el flujo del tiempo sin moverse.
Tolerando la ejecución de su padre.
Tolerando los diversos obstáculos lanzados hacia él.
En eso, sin saber cuánto tiempo había pasado, alguien lo vol-
vió a llamar.
— Oye, Guren.
Levantando la mirada, Kureto Hiiragi estaba de pie fuera de
la prisión.
Mirándolo, Kureto dijo;
— Ya terminó.
Él quería decir que su padre ya había sido ejecutado. Este
bastardo le entregaba el mensaje sin emoción alguna. Sonriendo
débilmente, Guren respondió.
29
— ¿Ya? ¿Satisfecho?
— Si, mucho.
— Bueno, lárgate.
— Si.
Kureto asintió y se preparó para irse. Pero, deteniendo a mi-
rad del camino, dijo:
— Una última cosa, estuve bastante complacido con lo que
trajiste. Por eso, me opuse a la ejecución. Mi padre fue el que
tomó la decisión final.
Guren miró a Kureto y dijo;
— Eh, ya veo.
— Pagaré con lo que trajiste.
— ¿Asi que quieres que te lo agradezca?
— Si, así eso.
— ¿…de qué coño hablar?
Al oír la suave quejad e Guren, Kureto lo miró con un poco
de pena.
— Bueno, comprendo cómo te sientes.
Ya él no quería responder. Este bastardo, por nacer en la Casa
Hiiragi, probablemente no podía entender nada de eso.
Sin embargo, Kureto continuó.
— Tus amigos están reunidos aquí. Los dejaré consolarte.
— ¿Ah? ¿Qué fue eso? ¿Estas siendo amable conmigo? ¿Qué
tipo de brisita está soplando hoy?
Kureto le dijo:
— A partir de hoy será la Cabeza de la Casa Ichinose. Serás
convocado por mi padre. Quiero que entiendas tu posición antes
de que eso suceda.
— ¿Un esclavo de la Casa Hiiragi?
Sin embargo, Kureto sacudió su cabeza.
— No. Tú eres mi subordinado.
Al oir eso, Guren miró a Kureto.
Kureto dijo algo sobre entender su posición antes de encon-
trarse con la Cabeza de la Casa Hiiragi – Tenri Hiiragi.
30
Sonaba como que debía priorizar las ordenes de Kureto pri-
mero que las de Tenri Hiiragi.
Guren siguió mirando a Kureto y dijo:
— ¿De qué va todo eso?
— Asi como suena.
— Podrías ser sospechoso de rebelión.
— No. ¿O es que acaso discutirás esto en detalla con alguien?
— ¿Y qué si lo hiciera?
— También te ejecutarán –dijo Kureto.
Pero esto era una falta de su propia debilidad. Sus objetivos
no estaban claros. Esto también podía ser una trampa.
Una trampa para determinar si Guren, quien se convertiría
en la Cabeza de la Casa Ichinose, tenía alguna intención de re-
belarse.
Por eso, Guren miró a Kureto y dijo:
— Kureto.
— ¿Hmm?
— Hace un momento dijiste que te opusiste a la ejecución de
mi padre.
— Si.
— Solo te agradeceré por eso –dijo Guren.
— Tu gratitud es simplemente natural –asintió Kureto y se
fue.
Guren se sentó en la prisión por algo más de tiempo. Salir de
allí significaba enfrentar un mundo diferente.
Él lideraría al «Mikado no Tsuki» y a sus seguidores, se con-
vertiría en la Cabeza de la Casa Ichinose.
El estrés era anormalmente opresivo. Él no creía que sería ca-
paz de emular inmediatamente a su padre.
Sin embargo…
— No tengo más elección que hacerlo…
Con eso, se levantó.
31
Porque su padre depositó sus esperanzas en él. Porque él aun
quería seguir siendo elogiado por su padre. Porque él quería que
su padre se sintiese orgulloso de él la próxima vez que se vieran.
Se levantó, salió de prisión, y después de eso, él miró los edi-
ficios y dio un paso al frente.
En el exterior, eso se había convertido en algún punto de con-
gregación. Como si intentaran rodear algo, la gente del «Mikado
no Oni» estaba mirando el centro del espacio abierto.
Las cámaras alrededor estaban ubicadas de forma estratégica,
era como si transmitieran toda la escena a los exteriores.
Un cuerpo yacía en el centro de ese espacio abierto. Era el
cuerpo de Sakae Ichinose… su padre.
Su cabeza cortada estaba a un lado, en el suelo.
Parecía que a nadie le interesaba levantar el cuerpo. A lo me-
jor ese era el trabajo de Guren. Esto también seria filmado por las
cámaras, el poder absoluto de la Casa Hiiragi y la debilidad y ser-
vilismo de la Casa Ichinose. Eso sería entregado a los seguidores.
—……..
De repente, una voz sonó junto a su oreja.
No, quizá era una voz desde su corazón.
La voz del Demonio. El Demonio en el arma demoniaca de
Guren: «Noya».
«Ah, ah, ah, que poderoso. Guren. Que odio tan poderoso.
Enloquezcamos. Esto será muy catártico»
—…….
Guren no respondió. Sin embargo, Noya seguía siendo muy
ruidoso.
«Incluso si finges estar calmado, no es de utilidad, Guren.
Una gran porción de ti ya está fusionada conmigo. Y con Mahiru.
Este odio no cesará»
Noya dijo mientras le daba poder a Guren. Un poder enorme.
Uno que le permitiría difundir su odio de inmediato.
Si este poder se descontrolaba, él, al menos, podría matar a
esos bastardos a ver como sucedía esta broma tan cruel.
Si masacraba, podría liberar su ira, entregar su cuerpo a la ira
parecía una elección bastante correcta.
—……….
32
Pero Guren no se movió. Ni escuchó el engaño de Noya.
Solo en eso, el celular en su bolsillo comenzó a vibrar. Toman-
do su celular, un número desconocido se mostró en la pantalla.
Él respondió:
Las voces de sus amigos sonaron desde el otro extremo de la
línea telefónica.
Era la voz de Shinya Hiiragi:
[¡GUREN! No tienes que hacer eso. Lo limpiaremos. No te
muevas]
La voz de Mito también se pudo oír desde muy atrás. Sonaba
como si estuviese al borde del llanto.
[¡Guren, ¿estás bien?!]
Incluso la voz de Goshi estuvo presente.
[Llegaremos allá lo más pronto posible. ¡Espera un poco
más!]
Desde la cámara, esos chicos también estaban observando.
Eso significaba que Shigure y Sayuri también lo veían.
Los seguidores del «Mikado no Tsuki» observaron el desarro-
llo de toda esta escena.
En frente de ellos, él no podía hacer nada inapropiado.
Por eso, Guren dijo:
— Shinya.
[Solo cinco minutos. Llegaremos de inmediato]
— Está bien. No es necesario que vengan.
[Imposible. Guren, ahora somos…]
Pero Guren lo interrumpió, y dijo:
— Luego pueden consolarme apropiadamente. Juguemos.
[¡OYE!]
Guren terminó la llamada, y apagó su celular.
Luego de eso, se enderezó, y miró al centro del espacio abier-
to.
Subsecuentemente, caminó hacia adelante con la valentía que
mostraba qué, a partir de hoy, él sería el que soportaría la Casa
Ichinose.
Su expresión no se distorsionó.
33
Ocultó su debilidad.
Sin importar en qué tipo de situación lo pusieran, él juró res-
ponder con calma y paciencia, tal como su padre.
Guren se acercó al cuerpo de su padre. Al hacerlo, el odio,
nuevamente, surgió de la desesperación, el miedo y la melancolía.
Las llamas de la indignación se volvieron a encender. La debilidad
e intención de escapar aparecieron.
A pesar de eso, él lo suprimió todo.
—…está bien, papá –dijo–. Está bien, lo haré. Me convertiré
en el buen chico que esperabas que fuera. Por eso, por favor, ob-
serva.
Él murmuró eso mientras tomaba la cabeza cortada de su pa-
dre y la sujetó cerca de su pecho.
Después de eso, él cargó con el cuerpo decapitado.
En ese momento, él prestó un poco del poder del demonio.
Noya le fortaleció sus habilidades físicas.
Si no fuese por Noya, probablemente él no habría tenido va-
lor y no podría haber sido capaz de mover el cuerpo de su padre.
Los espectadores que observaban a Guren estaban en com-
pleto silencio. Estaban inmersos en la vista. Observaron calmada
mente a la escoria Ichinose que estaba moviendo el cuerpo de su
padre.
Luego de eso, había más cosas por hacer, ¿no? Él no tenía más
elección que vivir una vida estructurada, ¿verdad?
Guren siempre sintió que vio la respuesta ese día.
La posición en la que estaba y lo que debía proteger.
Y en ese día, en medio de la humillación…
Guren Ichinose se convirtió en la Cabeza de la Casa Ichinose.
34
El tiempo fluyó a una velocidad asombrosa en los días si-
guientes. El cuerpo de su padre le fue permitido se llevado de
vuelta a la casa ancestral en Aichi para su respectivo funeral.
El «Mikado no Tsuki» tenía la práctica de un entierro natural.
Por eso, Guren tuvo que unir la cabeza al cuerpo de su padre an-
tes de enterrarlo en la tumba ancestral.
Un gran funeral tomó lugar luego. Duró una semana entera.
Para entonces, todos habían recibido información de que Gu-
ren se convertiría en la nueva Cabeza. Los representantes de las
prominentes casas que apoyaban al «Mikado no Tsuki» siempre
se habían centrado en el padre para sus saludos. Pero esta vez,
ellos desviaron su atención hacia Guren.
Quizá todos habían visto la transmisión de la escena en el
patio de ejecuciones. La ejecución del padre y la silueta de Guren.
Todos vieron –se les permitió ver– esa escena inapropiada de
él, y así, prometieron contribuir incansablemente con el progre-
so del «Mikado no Tsuki» dedicándolo todo. Se podía decir que
ahora, la organizaciones taba más unida.
Por otro lado, bajo esa situación, ¿cómo progresaría el «Mi-
kado no Tsuki» desde aquí? Cada vez que a él le preguntaban eso,
solo podía pensar duramente en esa pregunta.
¿Qué debería hacer exactamente, cuando su padre fue asesi-
nado de esa forma y siendo incapaz de hacer algo?
—……..
Sin embargo, esa cadena meditativa no podía durar para
siempre. Como recibía a los visitantes, él no tuvo mucho tiempo
de dormir durante unos cuantos días.
—….huh.
Guren dejó el depósito de cadáveres y regresó a casa para po-
der descansar un poco. Una vez que entró, él vio la sala de estar
de estilo patio que su padre adoraba y se sentó.
La ropa que llevaba puesta era la que su padre solía usar tam-
bién.
Ya sea que se tratase de una gran ceremonia, su padre vestía
eso. Él nunca esperó usar eso tan pronto.
Se sentó de piernas cruzadas en frente de la mesita del café
y analizó la sala de estar con una mirada de asombro. Ese jardín
también era una creación de su padre.
35
Siempre se sentía que, independientemente de que su padre
no tuviese nada que establecer, él estaría presente en esa sala de
estar o en el jardín.
En este jardín, Guren también recibió lecciones básicas del
manejo de la espada por parte de su padre.
Él recordó lo sucedido en el pasado. Su padre era estricto du-
rante sus entrenamientos, siempre le decía:
— Tienes talento.
Guren, quien era elogiado y se sentía complacido, comenzó a
obsesionarse con la espada.
Él nunca lo notó. Pero ahora que lo volvía a ver, él sentía que
el jardín era muy hermoso.
El sol había comenzado a ponerse. Debían de ser las 5 de la
tarde.
En eso, desde la esquina de su visión, sus dos asistentes aso-
maron sus cabezas desde la puerta.
— Eh, Guren-sama.
— Guren-sama.
Esas eran Sayuri y Shigure. La apatía cubría sus rostros. Tam-
bién habían observado la ejecución.
Cuando ellas lo vieron abrazar el cadáver de su padre, ambas
gritaron de melancolía.
— Lamentamos mucho no haber podido estar a su lado.
— No pudimos protegerlo, lo lamentamos muchísimo.
Ellas lo repitieron una y otra vez.
Probablemente no descansaron mucho después de eso. Tras
llevar de vuelta el cadáver a Aichi, ambas corrieron con prisa de
aquí para allá con los preparativos del funeral.
Ambas, quienes se suponían estar más apáticas, dijeron.
— Eh, Guren-sama. ¿Está cansado?
Shigure continuó.
— Un futón ha sido preparado en la habitación, por favor,
descanse un poco.
— Ustedes descansen –dijo Guren–. Probablemente hayan
dormido menos de lo que yo lo hice.
36
— ¡Estamos bien!
— Le prepararemos un cambio de ropa de inmediato, Gu-
ren-sama, descanse un poco.
Guren sacudió su cabeza,
— Aun es temprano.
— Pero…
— Pero descansaré esta noche. Ya he saludado a la gente de las
Casas prominentes. Además de eso, ¿podrían traerme una taza de
té? Estoy sediento.
Ambas parecieron bastante alegres.
— Ah, ah, lo prepararé de inmediato.
Ellas se fueron mientras respondían.
Ambas parecían estar buscando algo con lo que ayudar. Tra-
bajar de forma tan incesante, las podría hacer colapsar un día.
Hay gente que debería tener un pequeño descanso. Les orde-
naré descansar un poco luego que vuelvan –pensó Guren.
—……….
Con una mirada de asombro, él permitió que el tiempo pa-
sara.
Sin preocuparse por el futuro, él vagamente miraba el jardín
que su padre adoraba.
Se oía el susurro de las hojas. Y el fluir del agua. Ahora que
pensaba en ello, había unas carpas en el estanque. Aun podía
recordar cuan orgulloso estaba su padre cuando logró comprar
unas cuantas carpas enormes.
Muy impresionante, ¿no, Guren?
¿Cómo respondió a eso? Él dijo algo como si no estuviese in-
teresado. Si tan solo hubiese podido compartir la diversión junto
a su padre ese día. Ahora que todo era cosa del pasado, él comen-
zaba a lamentarse.
Justo en eso, un hombre que vestía un traje negro y una cor-
bata negra apareció en frente del estanque: era Shinya Hiiragi.
Él sostenía una caja grande en su mano. Luego de analizar los
alrededores, miró a Guren, y luego:
— Hola, Guren –saludó con una sonrisa.
— No te llamé para que vinieras –respondió Guren.
37
— ¿Eh? ¿En serio?
Shinya dijo mientras se acercaba. Entró en los pasillos sin
permiso antes de ir directamente a la sala de estar.
— Además, tampoco te di permiso de entrar.
Pero Shinya lo ignoró y se sentó al lado opuesto de Guren,
diciendo.
— ¿Por qué estás en kimono?
— No es tu problema.
— Eso no te queda bien.
— Que molesto.
— Solo mentía. Te queda un poco bien, supongo. ¿Es el atuen-
do ceremonial de la Casa Ichinose?
— Lo que sea. ¿Por qué estás aquí?
Al oír eso, Shinya se encogió de hombros y dijo:
— Deberías comprenderlo por la forma en la que ando ves-
tido…
Obviamente era un atuendo de funeral. En otras palabras,
este bastardo también había venido para eso.
— Al hacer esto, ¿no creíste que un Hiiragi seria cálidamente
bienvenido al funeral de la Casa Ichinose?
— No, no lo hice.
— Pero eres un Hiiragi.
— Bueno, es cierto… pero, está bien porque no vine por el
funeral.
— Entonces, ¿para qué estás aquí?
— Eh, obviamente, vine a verte.
— ¿Eh?
— ¿No lo dijiste por teléfono? Algo así como «consolarme».
Verás, traje el juego.
El colocó la gran caja en la mesa. El videojuego debería estar
dentro.
Mirando la caja, las comisuras de los labios de Guren comen-
zaron a levantarse sin querer. Con el fin de negarlo, Guren cha-
queó su lengua.
— Tsk, no puedo andar perdiendo el tiempo como un idiota.
Al oír eso, Shinya sonrió.
38
— Aunque digas eso, en realidad estás muy feliz…
— No.
— ¿Eh? ¿Quisiste decir que tener amigos a estas alturas de la
vida se siente grandioso, no?
— Nunca dije algo así.
— Ahora que hablamos de ello, ¿aquí en tu casa hay algún
televisor? Conectemos el jugo.
— Ahora estoy muy ocupado, no tengo tiempo para los jue-
guitos.
— Pero compre un nuevo videojuego, ¿sabes?
— ¿Y qué me importa?
— Oye, Guren.
— ¿Qué?
— ¿Está todo bien?
Shinya dijo mientras observaba a Guren con una preocupa-
ción presente en sus ojos.
— Escucharé si necesitas quejarte.
—……..
— Está bien si solo necesitas gritar para deshacerte del estrés.
Toleraré un poco los gritos y te escucharé.
Que molesto, que bastardo tan irritante. Venir todo el camino
hasta Aichi con un videojuego y tener tal actitud.
— ¿Quién eres?
— Tu amigo, ¿bien? –respondió Shinya.
— Huh.
— Por eso, incluso si lloras en frente de tu amigo, todo está
bien. Este es el momento para llorar, ¿no? haber pasado por cosas
tan tristes. Ven, llora todo lo que quieras. Llora, llora.
Guren frunció el ceño con irritación y dijo:
— Realmente eres un bastardo ruidoso.
— Pero escuché que si lloras, el cortisol en tu cuerpo saldrá.
Eso te ayuda a salir del estrés, ¿sabías?
39
— Ya he llorado. Todo está bien.
Shinya lo miró.
— Ahh, ¿en serio?
— SI.
— ¿En frente de quién? Debe ser Shigure o Sayuri, ¿no? Llo-
rando de todo corazón diciendo cosas como: esto es tan doloroso,
uwahhh, ¿no?
Pero Guren miró al jardín y dijo:
— En frente de mi padre. Ahí fue cuando lloré. Antes de la
ejecución.
—…ah, ya veo.
— Si.
Shinya también miró al jardín.
— ¿Este es el jardín de tu padre?
— Si.
— Es muy hermoso.
— Si, mucho… aunque hoy es la primera vez que lo siento de
esa forma.
En eso, otros visitantes llegaron. Goshi y Mito, quienes ves-
tían un traje y atuendo de funeral respectivamente, aparecieron
en el jardín.
Esto debió haber sido algo imposible. La Casa Ichinose estaba
fuertemente custodiada; invadirla era algo fuerte.
Claro, si ellos revelaban que eran un Hiiragi, un Goshi y una
Jūjō, los cuales eran las Casa prominentes del «Mikado no Oni»,
ellos podrían entrar de acuerdo a los procedimientos regulares.
Sin embargo, Guren no recibió reportes de ello.
En otras palabras, no importaba si eran Shinya, Goshi y Mito;
todos tomaron sus responsabilidades e invadieron su casa.
— Ustedes –dijo Guren–, ¿qué hicieron con las alarmas?
— Las desactivamos –dijo Shinya, quien estaba sentado a un
lado. Su voz fue calmada.
— Sin romperlas. Costó un poco.
— Fue porque esas cosas fueron fáciles de destruir. Los guar-
dias eran como monos.
40
Imposible. Pero esos tipos podían usar sus armas «Kiju». Po-
dían hacer cosas que estaban mucho más allá de los límites de las
habilidades humanas. Ellos pudieron evadir las CCTV, y desacti-
var la red de seguridad debería ser un trozo de pastel.
Más que eso, todo el «Mikado no Oni» ha comenzado a uti-
lizar las armas «Kiju». Los rumores también dicen que el veneno
del Demonio ha sido inyectado en las masas inocentes por las
calles.
Una experimentación humana con miles de sujetos experi-
mentales ha comenzado.
Si ese fuera el caso, la red de seguridad necesitaba ser revisada
para evitar objetivos no humanos.
Mito miró a su alrededor y luego a Guren.
— ¡Ah, allí está! –dijo mientras apuntaba a Guren.
Goshi miró también y se acercó, saludando.
— Eh, ¿qué tal, Guren? ¿No estás rebosando de vitalidad?
Mito continuó,
— ¡Estúpido Goshi! ¡¿Cómo puede estar rebosando de vitali-
dad?! ¡Guren, eh, ¿estás bien?! Esto, ehhh…
Esos dos entraron saludando también. Mito parecía sentir
dolor mientras observaba.
— Ehh…
— ¿Qué?
— Por favor, no te sientas triste…
Parecía que le tomó mucho tiempo decir eso. Aun así, Guren
asintió.
— Si –dijo. Y Mito continuó:
— Bueno, si existe algo con lo que pueda ayudar…
— No hay nada.
— Pero…
Con su presencia es suficiente, gracias.
— Ah…
Mito se detuvo. Lo miró, parecía querer decir algo, pero se
limitó a no hacerlo.
41
— Comprendo –respondió y se sentó un poco alejada.
Goshi se levantó y miró a su alrededor.
— Asi que aquí fue donde creciste, ¿eh? Se siente bastante
simple.
Shinya levantó la mirada hacia Goshi y dijo:
— Pero, Goshi, tu provienes de una Casa prominente tam-
bién. ¿Acaso tu residencia no es una de estilo japonés?
— No, mi residencia tiene un diseño fundamentalmente Oc-
cidental. ¡No solo en eficiencia sino que también posee fuerza! ¡Y
yo soy el que los retiene a todos!
Goshi sonrió frívolamente mientras decía eso.
Caminó lentamente sobre el tatami y cruzó sus brazos mien-
tras miraba las volutas de pared antes de intentar enrollarlos.
— Oye, Guren.
— ¿Hmm?
— ¿Son caros?
— Ni idea.
— Pero esta es una decoración de la Casa Ichinose, debe ser
costosa. Nunca he podido comprender por qué esta cosa es tan
buena.
Luego de mirar la voluta por un rato…
— Ah, hablando de esto, Guren. Con el fin de alegrarte, te
traje un regalo.
Al decirlo, él sacó unas cuantas revistas de la bolsa de plástico
que llevaba en su mano. Lo que apareció fue una revista cuya por-
tada mostraba una mujer usando ropa obscena. Y unas palabras
vulgares adornaban su pecho y trasero.
— ¡Oye, Goshi! –aunque Mito gritó mientras se levantaba,
Goshi…
— Oye, oye, Mito-chan. Esto es para Guren. Los hombres
recuperan la vitalidad cuando miran cosas como estas durante
momentos de tristeza.
— Mentiroso.
— No miento. Deberías entregar tu cuerpo al deseo, así como
esto. Si solo piensas en cosas estúpidas, la tristeza disminuirá…
Mito-chan, ¿también piensas así, no? además de dejar que Guren
entristezca, quieres que él se relaje, ¿cierto?
— No, ehh. Así es como lo pones tú… pero al ver esto, no
todo es tan fácil…
— Los hombres somos así. Que criaturas tan lamentables.
¿Verdad, Guren? ¿Verdad que es así?
42
— ¿Es así, Guren? De serlo, entonces, solo por esta vez, te
permitiré satisfacerte… y leer algo como esto que está aquí.
Mito estaba sonrojada por alguna razón. Incluso tenía una
mirada misteriosa en su rostro.
43
44
Goshi alegremente abrió la revista porno.
Shinya sonrió suavemente mientras miraba a Goshi y a Gu-
ren.
Sin importar qué, esos tres estaban allí para confortarlo.
Amigos, estaba haciendo el tonto por esa inmensa palabra.
Ellos incluso hicieron un viaje especial a Aichi.
Guren le respondió:
— ¿La Casa Goshi y la Casa Jūjō permiten que ustedes ven-
gan?
Goshi y Mito se miraron entre si y no respondieron.
En otras palabras, no se les permitía. La gente de las familias
prominentes del «Mikado no Oni» no tenían permitido asistir al
funeral de la Casa Ichinose. Eso no era todo, la Cabeza de las
Casas Jūjō y Goshi también acordaron la ejecución de Sakae Ichi-
nose.
Estos chicos hicieron algo prohibido y vinieron acá.
Sin embargo, Goshi sonrió:
— Estamos de vacaciones en Aichi. Por eso no nos castigarán.
Sin embargo, como pagar un hotel es demasiado caro, decidimos
quedarnos en la casa de un amigo.
— ¿Incluso quieren quedarse?
— Preparemos comida deliciosa.
— ¿Por qué no se regresan?
En eso, Shigure y Sayuri entraron, y, de acuerdo al número de
gente presente, trajeron té y bocadillos.
— Ah, Sayuri-chan, Shigure-chan, ha pasado mucho tiempo
–saludó Goshi.
Sayuri y Shigure lo miraron e inclinaron sus cabezas.
Mito le siguió:
— Ah, Shigure-san, si hay algo en lo que pueda ayudar.
— No es necesario –respondió Shigure–. Todo está bien,
como visitantes, por favor, diviértanse.
Ella colocó las tazas de té en la mesa de café mientras decía
eso.
— Guren-sama.
— ¿Hmm?
45
— Si necesita algo, llámenos.
— Quédense –interrumpió Goshi.
— Pero, esto está contra las reglas.
— ¿Somos amigos, no?
— Somos las subordinadas.
Al oír eso, Guren asintió.
— No, si se quedan aquí, todo estará bien.
Sayuri y Shigure se miraron entre sí antes de sonreír alegre-
mente. Luego se sentaron en una esquina de la habitación.
— Espera –dijo Goshi mientras las miraba–, ¿cómo es posible
que esas dos sean tan hermosas, Guren? ¿Qué sucede? ¿Acaso la
Casa Ichinose contrata a sus subordinadas de acuerdo a la belle-
za? Que pervertido, Guren.
Ambas ignoraron la broma de Goshi.
— Ehhh, bueno –dijo Mito–, aunque esto no se hará como
tributo…
Ella le entregó un regalo a Sayuri y a Shigure.
Independientemente si esos chicos iban, los alrededores eran
muy ruidosos.
Guren pudo sentir su ira interna, venganza, miedo y senti-
mientos similares que estaban disminuyendo poco a poco.
Luego de eso, él pudo sentir el cordón sobre-tensado en su
energía. De repente se sintió muy somnoliento. Guren tomó un
sorbo del té, esforzándose para reducir el cansancio.
— Hmm –murmuró.
Al final, él seguía sintiéndose somnoliento.
Goshi, Mito, Sayuri y Shigure habían estado muy ruidosos.
Goshi hojeaba la revista justo en frente de las chicas, causando
un alboroto.
En medio de la conmoción, Shinya levantó la caja con el vi-
deojuego y se levantó antes de acercarse –a propósito– a un lado
de Guren.
— Hablemos, Guren. Quiero discutir sobre este nuevo video-
juego contigo.
Se sentó y comenzó a abrir la caja mientras murmuraba algo
más.
— ¿Entonces, qué planeas hacer luego de esto?
—……..
46
Guren pensó en el significado de esas palabras.
¿Le estaba preguntando cómo planeaba vivir luego de la
muerte de su padre, o sobre la desaparecida Mahiru?
La ejecución de cientos de subordinados en caso de que Ma-
hiru no fuese asesinada ya había sido revocada.
Se intercambió por la muerte de su padre, haber llevado vivo
un vampiro y un arma «Kiju» desconocida que contenía a «Asu-
ramaru».
Además, luego de ver cómo Guren se mantuvo leal a Kureto
Hiiragi a pesar de la muerte de su padre, los seguidores del «Mi-
kado no Oni» parecieron haber tenido una impresión sobre él
ligeramente mejor.
Un esclavo fiel.
Por eso, no existía la necesidad de continuar buscado a Ma-
hiru para matarla.
Shinya también debería saberlo.
No había que seguir buscando a Mahiru.
No existía nada para resistirse al «Mikado no Oni».
Entonces, ¿qué acciones de deberían tomar a partir de ahora?
Temporalmente estaba viviendo la vida de un esclavo. Si exis-
tiera la oportunidad de que él avanzara, el único punto de avance
estaba oculto en Mahiru.
Ya que ella fue la única que tuvo éxito en rebelarse contra el
«Mikado no Oni».
Hasta ahora, nadie comprendía sus acciones.
Aliarse con la «Secta Hyakuya», llevar a cabo experimentos,
por su cuenta, y así militarizar el «Kiju» y luego aliarse con los
vampiros para avanzar más.
Si él quería superar su situación actual de ser impotente in-
cluso contra la muerte de su propio padre, entonces era necesario
encontrarse con ella.
—…..
Guren meditaba con los brazos cruzas.
Era una venganza personal. Y la paz para los numerosos se-
guidores del «Mikado no Tsuki».
¿Cuál lado era el importante? Mahiru le concedió un poder
maldito. Un poder que solo podía volverlo fuerte si renunciaba a
todo.
Aunque sentía que no podía aceptar ese poder, a pesar de
eso…
—…es necesario volver a ver a Mahiru –dijo y Shinya asintió:
47
— Incluso si no la buscas, si lo que está escrito en su carta de
amor, entonces el mundo ciertamente terminará en Navidad.
Ciertamente. Todos los que estaban allí lo sabían.
El plan del «Serafín del Final» conducido por la «Secta
Hyakuya».
Aun no estaba claro que daría como resultado. Quizá solo
podría tratarse de una amenaza al mundo sin el uso de armas,
pero ¿eso era para usar una arma destructiva que pudiese destruir
todo el mundo?
A pesar de eso, Mahiru solía decir eso.
Era necesario renunciar a la humanidad con el fin de vivir.
Porque después que el mundo acabase, los humanos no se-
rían capaces de sobrevivir.
—……….
Aun así, Mahiru seguía dirigiendo el camino frente a él. Sin
embargo, si el mundo realmente acabase en la navidad presente,
entonces era necesario alcanzarla para proteger a sus amigos y
seguidores.
Por eso, Guren dijo:
— Buscar a Mahiru, para proteger a mis amigos.
Shinya lo miró y asintió:
— Si, te ayudaré. Sin embargo, ¿quieres jugar algunos juegui-
tos hoy, verdad? Luego de eso, querrás descansar. Te ves somno-
liento.
— Si, tanto así, que me quiero morir.
— ¿Quieres dormir ahora?
— Si me duermo ahora, probablemente me despertaré a mi-
tad de la noche. Mejor jugaré contigo. ¿Cuál juego compraste?
Shinya sacó la consola de la caja.
— Béisbol y lucha libre profesional. ¡Oigan, Guren dijo que
quería jugar!
Al oír eso, sus amigos lo miraron con diversión.
Guren sonrió amargamente.
Hace poco había muerto su padre, sin embargo, él se relajó
un poco con la gente a su alrededor. Estaba atónito ante su inge-
nuidad.
Ese día, él no trató de dormir. En lugar de eso, jugó hasta las
2 de la mañana.
48
El juego de lucha libre fue inesperadamente interesante. El
gas venenoso que lanzó el avatar enmascarado de Mito fue muy
fuerte, haciendo que todos gritaran que ella hacia trampa. Todos
los presentes fueron impulsados en medio de la conmoción.
Luego del juego, Guren colocó un futón en frente de las con-
solas de juego y durmió como un muerto.
Sus otros compañeros probablemente también querían des-
cansar.
Pasar el tiempo con esos amigos, realmente le permitió olvi-
dar, en segundos, su ira.
Olvidar el estrés opresivo, el miedo.
Eso fue algo realmente placentero.
Los amigos probablemente lo fortalecen a uno. Luego del uso
de las armas demoniacas, esta convicción se vuelve más fuerte.
Porque si uno, en frente de sus amigos y familiares, no posee
ese tipo de convicción que solo un ser humano podría dominar,
entonces, el corazón seria controlado al instante por el Demonio.
Por eso es que, tener a Shinya y a los demás visitándolo ese
día fue algo realmente grandioso.
Sin embargo, a pesar de eso...
◆
Él tuvo un sueño.
No, quizá se trataba del mundo dentro de su corazón.
En el medio de ese mundo completamente blanco, estaba un
pequeño Demonio.
Era Noya. Sonreía.
«Sin embargo, sin importar cuán calmado pretendas estar,
aun puedo comprender la naturaleza de tu corazón, Guren»
—……….
«Antes de yo llegar aquí, en tu corazón ya residía un Demo-
nio. Ese es un fuerte deseo de no perder ante nadie y obtener
todo lo posible. Cuando eras joven, creíste que todo era posible,
¿cierto? Esa idea aun la posees»
—……..
«Normalmente, este sueño ya debería haber sido abandona-
do. Eres como un niño, queriendo cumplir sus sueños. Incluso si
eso significa herir a alguien,
49
aun quieres hacerlo. Los deseos se descontrolan. Eso es lo que
a Mahiru debió haberle gustado de ti»
—……….
«A mi también me gusta esa versión de ti. Jajaja, que lamen-
table. Tu padre fue asesinado. Te esforzaste para ocultar tu ira. Te
resististe a la necesidad de llorar. Jugaste alegremente con todos.
Sin embargo, durante ese proceso… tratas de pensar en una for-
ma de darle la vuelta al mundo…»
— Cállate.
«Estas considerando vengart…»
— Te dije que te callaras.
«Jajaja, me gustas más. Guren. Me gustas. Si puedes conver-
tirte en un Demonio, me alegraría muchísimo. Necesitaría agra-
decerle a Mahiru»
◆
Se despertó. El sudor bañaba su espalda.
En la sala de estar, Shinya, Goshi, Mito, Shigure y Sayuri co-
lapsaron en sus futones y dormían, amontonados.
Miró el reloj: eran las 4 de la mañana.
— ¿…este no es algún tipo de trasnocho?
Graznó mientras levantaba su cabeza para ver el techo. Su
garganta ardía por la sed.
Guren deslizó la puerta y salió.
Una hermosa luna colgaba en lo alto del cielo, iluminando el
jardín que su padre construyó.
Bajo la brillante luz de luna, un Guren débil se paró.
No podía suprimir ese aburrido deseo de venganza.
Bajo la luna, un Demonio insaciable –el Demonio de la luna–
, miró el cielo nocturno iluminado.
◆ ◆ ◆
El funeral duró dos días más.
50
Los fieles seguidores, esos que estaban esparcidos por el país y
no se veían con regularidad, se habían congregado en Aichi.
Guren se reunió con todos y cada uno de ellos.
Todos lamentaron la muerte de Sakae Ichinose y felicitaron a
Guren por convertirse en la nueva Cabeza.
Le juro mi lealtad a usted.
He escuchado mucho sobre usted, Guren-sama.
Al tener un sucesor tan excepcional, Sakae-sama debe estar
muy feliz.
Los mismos saludos se repitieron durante todo el día, dos jó-
venes de aproximadamente diez años de edad aparecieron ante él.
Uno habló:
— ¡Oye, Guren Ichinose!
Todos los adultos que estaban cerca quedaron sorprendidos
por la forma en como ese chico se dirigió hacia Guren.
— Oye, tú.
Pero Guren levantó su mano para detener al adulto.
— Tranquilo, déjenlo continuar. Después de todo, él vino al
funeral.
Luego miró al chico, este tenía un cabello marrón té, y unos
parpados ligeramente caídos.
Detrás de él estaba un chico de cabello negro y una expresión
calmada.
— ¿Tu nombre? –preguntó Guren.
Parpados caídos respondió:
— Soy Makoto, y él es Shusaku.
— Makoto Narumi y Shusaki Iwasaki –añadió el que se lla-
mada Shusaku.
Guren había oído esos nombres con anterioridad.
Narumi e Iwasaki.
Aunque ellos no eran parte de las reconocidas familias funda-
doras, ellos habían liderado numerosos seguidores durante bas-
tante tiempo. Familias extraordinarias. Por lo que él pudo recor-
dar, ellos residían en Nagoya.
Guren asintió y dijo:
— Asi que eso era. Parece que tienen algo que decir.
51
Narumi asintió fervientemente con su cabeza.
— Claro. ¡N-nosotros vimos el video de la ejecución!
—……
En lo que Narumi dijo eso, todo el lugar quedó en silencio.
Pues eso era un tema prohibido.
Podía haber espías de los Hiiragi presentes. Ese era un tema
prohibido. Quizá, este tal Narumi era un espía enviado por los
Hiiragi para verificar la actitud de Guren.
Sin embargo, Guren preguntó.
— ¿Entonces?
— ¿Entonces qué? Quiero conocer tu opinión luego de haber
sido forzado a tolerar eso.
— Si.
— Crecí en un lugar donde todos a mi alrededor decían que el
«Mikado no Tsuki» es la mejor organización existente. Entonces,
¿de qué va todo eso?
—…………
— ¿Qué fue ese tipo de trato humillante, eh? Yo, yo te admiro
mucho. Pues mi padre dijo que los Ichinose son fuertes y gentiles.
Ellos pueden dirigirnos por el camino correcto hacia un futuro
brillante… pero, eso…
Los ojos de Narumi comenzaron a cristalizarse con lágrimas.
Parecía que no estaba listo para resistirlo todo. Este sentimiento
se podía entender. Cuando Guren conoció por primera vez esa
existencia que su yo actual nunca sería capaz de poder contactar,
él tuvo la misma sensación.
— Si vas a convertirte en la Cabeza de la Casa Ichinose –dijo
Narumi–, entonces dímelo. ¿Vamos a ser menospreciados por
siempre?
—…….
— ¿Debemos continuar tolerando esas cosas?
—……….
— Mi padre no me dio la respuesta. Todo lo que pudo decir
fue que tolerara esto, que no había elección y cosas así. Entonces,
¿puedes responderme? Guren Ichinose. Si te vas a convertir en la
Cabeza de la Casa Ichinose y liderarnos, entonces, dime, ¿vamos
a mantenernos como escorias el resto de nuestras vidas?
Narumi lloró. Lloró tanto que parecía poco presentable.
52
Él no era un espía. Eso era seguro. Era un seguidor extrema-
damente leal.
Pero lo traicioné todo.
Los adultos quedaron completamente en silencio mientras
esperaban la respuesta de Guren.
— ¿Te me acercaste solo para preguntarme esto? –habló Gu-
ren.
— Si –asintió Narumi. Y Guren le respondió:
— Bueno, déjame decirte la verdad. Tal como tu padre lo
puso. Somos escorias. Por eso, por mi bien, toleraré esto. Es algo
que no se puede evitar.
Las lágrimas volvieron a brotar de los ojos del chico, mientras
la desesperación y la tristeza cubrían su rostro.
Pero Guren ignoró eso y agarró el collar de Narumi y lo acer-
có.
— Pero esto es temporal. No seas ruidoso y digas cosas tan
inútiles. Solo sígueme. Te dejaré ver como es un futuro apropiado.
Ante eso, Narumi abrió sus ojos de par en par.
En ese momento, las puertas del depósito de cadáveres se ce-
rraron rápidamente. Las puertas de la habitación en la que Guren
y los demás seguidores estaban también se cerraron.
Quizá sus palabras fueron consideradas una información que
no debía escaparse.
Solo las familias prominentes estaban presente. Y los hom-
bres que eran la mano derecha de su padre. Todos eran élites que
adiestraron a Guren en el manejo de la espada y la hechicería. Sus
movimientos eran rápidos.
Ellos rápidamente notarían la presencia de espías.
En eso, un hombre de unos cuarenta años de edad, el cual
estaba descansando al final, habló. Era el padre de Shigure: Sami-
dare Yukimi.
— Guren-sama, por favor, compórtese con dignidad.
— Esta forma de ponerlo no es nada acorde, ¿cierto?
Preguntó Guren. Esta vez, el padre de Sauri, Seishō Hanayori
respondió.
— No, estamos calmados. Guren-sama, incluso después de
ir a Shibuya, que es donde se encuentran los Hiiragi, usted no ha
cambiado.
Esos dos hombres parecían haber crecido con el padre de Gu-
ren. Ellos debieron haberse sentido muy tristes desde el fondo de
sus corazones.
53
— Si –asintió Guren, soltó a Narumi y amablemente le dio un
empujón en el pecho.
Narumi, quien retrocedió unos pasos, parecía un poco alar-
mado.
— Bueno, ¿te vengarás en nombre de nosotros?
Venganza. Venganza. ¿Qué era la venganza? ¿Qué debía ha-
cerse para traer felicidad a los seguidores? Aunque era necesario
considerarlo, Guren respondió.
— ¿Qué acabas de decir?
— Eh… ah, cállate, y síguelo.
— Eso haré.
Narumi levantó la mirada con un poco de felicidad en su ros-
tro.
— ¿P-puedo confiar en ti?
Guren se encogió de hombros.
— Confía en lo que quieras confiar.
—…y-yo quiero confiar en ti.
— Cielos. Entonces mejora. Los enemigos son fuertes. Forta-
lécete y ayúdame.
— ¡Si!
Narumi sonó bastante alegre mientras respondía. Iwasaki,
quien estaba detrás de él, le palmeó la espalda y asintió.
Viendo a esos dos, Guren entendió que el video de la ejecu-
ción lo hirió profundamente a todos.
¿Qué era lo que esos –los que lo seguían a pesar de todo–,
estaban persiguiendo?
¿La venganza?
¿La paz?
¿O acaso ambas?
¿Qué debería hacer él?
Él comenzó a meditar en la forma en la que debía progresar
como Cabeza de la Casa Ichinose.
◆ ◆ ◆
El funeral terminó.
54
Guren planeaba volver a Tokio al día siguiente.
Él, quien heredó la posición como Cabeza de la Casa Ichi-
nose, fue llamado a asistir a la reunión con los altos mandos del
«Mikado no Oni».
Era la 1 de la mañana.
El metro estaba fuera de servicio. Era necesario tomar un
carro hasta Tokio. Si él se iba ahora, llegaría pasadas las 6 de la
mañana.
Shinya condujo una minivan para recoger a Guren.
— Hola, Guren. Bien, volvamos –dijo Shinya. Las ventanas en
la parte trasera se abrieron, mostrando a Goshi y a Mito.
— Vayamos a casa, Guren.
— Vámonos.
Al oír eso, Guren respondió.
— Se supone que esta es mi casa.
— Bueno –dijo Shinya riendo–, eso es cierto.
Shigure y Sayuri prepararon su equipaje:
— Guren-sama, todo está preparado. Podemos irnos en cual-
quier momento.
Guren asintió mientras se preparaba para sentarse en la parte
posterior del vehículo. Sin embargo, sería muy ruidoso ir junto a
Goshi y Mito. Por eso, él se sentó en el asiento junto al conductor.
— Entonces, ¿de qué va esto?
— Ciertamente, incluso tenemos cartas de póquer listas.
Al oír las palabras de Mito, Guren frunció el ceño.
— ¿Acaso existe alguien que juegue póquer hasta altas horas
de la noche?
— Pero es muy interesante. Aparentemente hay una variante
llamada «Póquer Cerrado».
En eso, ella procedió a explicar cómo jugar Póquer Cerrado,
pero Guren la ignoró.
Shigure y Sayuri cargaron el equipaje en la van. Todo el es-
cuadrón se había reunido y estaba listo para partir.
— ¡Bien, nos vamos! ¡Es una oportunidad fuerte la que se
avecina, así que mantengámonos despiertos toda la noche y orde-
nemos platillos deliciosos en todas las áreas de servicio que haya
por el camino!
55
Dijo Goshi con entusiasmo. Y así, el caro comenzó a dirigirse
a Tokio.
56
En las profundidades de un calmado sitio residencial en Shi-
buya, se encontraba un edificio.
Era un lugar que podía llamarse: la sede del «Mikado no Oni».
Esta era la primera vez que a Guren lo hacían ir. Aparente-
mente, se decía que, sin importar lo que pasase, era necesario
reportar al «Mikado no Oni» acerca de la llegada de la nueva Ca-
beza de la Casa Ichinose.
Luego del estricto chequeo de seguridad y la verificación de
identidad, él fue llevado a situarse frete a una enorme puerta ne-
gra.
La dama que lo recibió le dijo:
— Por favor, espere aquí a que sea llamado –y se fue. Guren
asintió y esperó allí desde ese momento.
Parecía que la Cabeza de la Casa Hiiragi –Tenri Hiiragi–, que
también era padre de Kureto, Mahiru y Seishirō, se encontraba en
esa habitación.
La figura autoritaria que gobernaba todo el «Mikado no Oni».
Además de él, se decía que las nueve Casas que decidieron la
ejecución del padre de Guren también estaban presente.
—…que lentos.
Nadie pareció responderle. En ese espacio vacío, 10… no, 20
minutos transcurrieron.
¿Acaso era para reforzar la diferencia en su estatus, o lo había
olvidado por completo? Él no lo sabía. En eso, una hora pasó…
—…adelante –habló alguien, y con eso, Guren entró en la ha-
bitación.
Había una mesa redonda. Unos cuantos hombres y mujeres
de mediana edad estaban sentados alrededor de la misma.
Eran 10 personas en total.
Probablemente, Tenri Hiiragi y las nueve Cabezas de las Ca-
sas. En otras palabras, los padres o madres de Goshi y Mito de-
berían estar presentes. Pero Guren no estaba seguro de quienes
eran.
El hombre sentado en la parte más interna de la mesa redon-
da, habló:
— ¿Eres el hijo de Sakae Ichinose?
57
El hombre hacia que uno se sintiera oprimido. Un cuerpo ro-
busto y grande, pupilas gélidas. Probablemente era muy fuerte.
Por el aura que emitía, se podía deducir que él era el maestro aquí.
En otras palabras, era Tenri Hiiragi.
Guren asintió y bajó su cabeza.
— Ciertamente, así es.
Tenri mantuvo su expresión fría y dijo:
— Oye, ¿qué te sucede?
— ¿Que qué me sucede?
— ¿No comprendes tu estatus? Arrodíllate. Baja más tu ca-
beza. Bájala lo suficiente como para destrozar tu estúpida autoes-
tima –le ordenó. Debía arrodillarse. Le ordenó adoptar una po-
sición que mostrase un servilismo completo al desgraciado que
mató a su padre.
Guren levantó su cabeza, miró a Tenri y dijo:
— Ciertamente, esta es una falta de respeto de mi parte.
Al decirlo, sus rodillas tocaron el suelo.
— ¿No estás dispuesto a resignarte?
—…no, ¿cómo podría?
— Es imposible. No ocultaste la furia en tus ojos.
—……
— Tu padre fue más fuerte que tú. Incluso cuando se le orde-
nó bailar desnudo allí, él siempre sonreía.
Guren sintió como apretaba sus puños de inmediato. Él no
ocultó su ira, por eso estaba así. Él aún no se había vuelto más
fuerte que su padre.
— Bueno –dijo Tenri–, además de fuerte, debería ponerlo
como inútil.
—….
— Pero, escuché que tú eres, más o menos, un poco inteligen-
te. Parece que te las arreglaste para engañar una vez a Seishirō,
¿no?
Él había mentido. Dijo algo como, con el fin de investigar las
acciones de Kureto, él recibió unas órdenes especiales de Tenri.
Después de eso, él le dijo a Seishirō que lo mantuviese en secreto.
Pero parecía que ese estúpido hijo era un boquiflojo.
Guren levantó su cabeza, y dijo:
58
— ¿Cómo podría? Eso fue una simple broma. No creí que
Seishirō-sama escucharía a alguien como yo.
— Si –asintió Tenri–, es cierto. Fue culpa de Seishirō por ha-
berle creído a una escoria como tú. La Casa Hiiragi no necesita
cobardes. Si no fuera mi favorito, no me interesara que fuese ase-
sinado.
— Le ruego que no diga esas bromas.
— Porque por una broma como esta podría matar a todos los
del «Mikado no Tsuki».
— SI, lo entiendo.
— Ya que lo entiendes, ¿dime por qué tienes esa mirada en
tus ojos?
— Me disculpo profundamente. Incluso si este es el caso, se-
guiré siendo obediente.
Tenri lo miró como si lo juzgara.
— Oye, ¿conoces el significado de tu existencia?
— ¿…disculpe?
— Te estoy haciendo una pregunta. ¿Conoces la historia de
cómo la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose se dividieron?
Claro que lo sabía. Una mujer Ichinose se enamoró del se-
gundo hijo de la Casa Hiiragi –el primogénito de dicha Casa en-
loqueció de la rabia por eso. El momento en el que él cargó contra
esa pareja por desesperación, fue el momento en el que la historia
del «Mikado no Tsuki» comenzó.
Desde entonces, la humillación constante que la Casa Ichi-
nose recibía fue permitida por la Casa Hiiragi. Menospreciar a
la Casa Ichinose ya era parte del sistema educativo de la Casa
Hiiragi y del «Mikado no Oni».
— Una basura de Casa Secundaria como ustedes solo existen
para ser discriminados –dijo Tenri.
—……
— Aunque no tengo intención de contar la historia de amor
de los ancestros hasta la actualidad, este sistema parece funcionar
muy bien. Los seguidores del «Mikado no Oni» fueron capaces de
reforzar sus identidades y unirse para discriminarlos a ustedes.
—………
— Esta es la razón por la que vives. Si esta razón no existiera,
se hubiesen desintegrado hace mucho. Es mejor que aceptes tu
destino.
59
Tenri se levantó y se acercó a Guren, quien estaba arrodillado.
— Vuelve a bajar tu cabeza.
Al oír la orden, Guren bajó su cabeza.
Lo siguiente que supo, era que su cabeza fue pisada fuerte-
mente.
60
61
Su frente golpeó el piso con tanta fuerza, que la piel se le ras-
gó y la sangre comenzó a fluir de la herida. Pero él no se quejó.
Incluso si se sentía como si fuese a ser despedazado por la
humillación, él no se quejó.
Debió ser en el mismo lugar.
En esa misma habitación, su padre experimentó algo similar.
Una vez cada tantos años, su padre era llamado a asistir a
la reunión de los altos mandos del «Mikado no Oni». Cada vez
que esto sucedía, su padre sonreía y decía: «Iré a pasear a Tokio»,
antes de salir de casa.
Luego de eso, este tipo de cosas pasaban.
Si ese fuera el caso, entonces él también debería ser capaz de
tolerar esto.
Su cabeza fue pisoteada otra vez. El dolor ya no se sentía. La
ira era la única cosa que se encontraba en su corazón; hizo lo
posible para suprimir esa furia.
—…muy bien –dijo Tenri–. Ahora te reconozco como la Ca-
beza de la Casa Ichinose. Por mi bien, esfuérzate en mantener tu
existencia obediente.
Su hombro fue pateado, forzando su cabeza a levantar la mi-
rada.
La sangre brotando de su herida tiñó su ojo derecho; él no
podía abrir ese ojo. Por eso, Guren estudió la habitación con su
ojo izquierdo.
Unos cuantos hombres se reían de él. Parecía que esa era una
escena divertida.
En eso, Guren comprendió que Mahiru realmente había cre-
cido en ese lugar.
Detrás de este padre.
Ella solía ser un sujeto de experimentación humana. Una
pequeñita, en medio de un ambiente tan cruel. Durante su cre-
cimiento, ella nunca recibió el amor de nadie. ¿En qué tipo de
persona se convertiría? Todo eso era lo que él pensó.
Guren recordó su rostro durante su primer encuentro. Ella
dijo ser un hada del bosque.
— Oye, ¿de dónde eres?
— Me preguntó dónde. Si te digo que soy el hada de este
bosque, ¿qué vas a hacer?
— Este no es un bosque, es una montaña.
— Bueno, el hada de la montaña.
— ¿Entonces que negocios tiene conmigo, hada ojou-san?
62
— Si te están intimidando, puedo ayudarte~
Pero, quien necesitaba ayuda, probablemente era ella. Ella
debió estar esperando su redención. Ella quería un compañero
para rebelarse de ese destino. Incluso si se trataba de la basura
Ichinose.
Esa esperanza debió haber persistido hasta ahora. Ella había
estado esperando su redención.
Esperando que alguien cambiara su destino incurable.
— Puedes irte. Desaparece.
Dijo Tenri mientras regresaba a su asiento. Guren se levantó
y bajó su cabeza.
—…muy bien, me retiro.
Se retiró y salió de la habitación.
Luego que saliera, otro de los hijos de Tenri estaba esperando
en los pasillos: Kureto Hiiragi.
Cruzó sus brazos y se inclinó contra el muro. Mirando al en-
sangrentado Guren, Kureto habló:
— Que vista tan inapropiada.
Guren lo ignoró y siguió caminando. Como resultado, Kureto
lo siguió.
— ¿Qué? ¿No viniste a ver a tu padre?
— No, vine a verte.
— ¿Para humillarme?
— Bueno, eso puede ser.
— Entonces, ríete.
— Jajaja.
Era una risa que sonaba seca y carente de humor. Luego, Ku-
reto alcanzó a Guren.
— ¿Te reuniste con mi padre?
—…….
— ¿Qué sucedió?
— Al menos no me puso a bailar desnudo.
— Eso es porque padre estaba de muy buen humor hoy.
63
Parecía que él estaba de buen humor. Fue salvado por una
vez. Guren se frotó el ojo derecho con su palma. La sangre había
cesado. Quizá la herida comenzaría a sanarse también. Ese era el
poder del «Kiju». Una habilidad curativa que los humanos nor-
males no poseían. Guren se frotó los rastros de sangre.
Kureto le entregó un pañuelo.
— Usa esto.
Guren lo ignoró y Kureto se encogió de hombros.
Ambos quedaron en silencio mientras avanzaban por los pa-
sillos y salían del edificio. El coche con chofer de Kureto estaba
estacionado afuera.
— ¡¿Quieres pasear?! Puedo llevarte de vuelta.
— ¿Qué tipo de brisita está soplando hoy? –respondió Guren.
— Al verte en tus débiles momentos, pensé en venderte un
poco de amabilidad.
Pero no era necesario. Kureto tenía la autoridad absoluta. Eso
era algo que Guren no podía contradecir.
Después de todo, este desgraciado estaba reservado para ser
la próxima Cabeza de la Casa.
Por esa razón, si existiese una necesidad para ayudar a Guren,
entonces esa era…
—…el débil, ¿no eres tú, Kureto? –dijo Guren.
Por alguna razón, él pensó en Mahiru. Pensó en ella, quien
nació en la Casa Hiiragi y que esperaba redención.
Kureto sonrió ligeramente. Mientras se sentaba en la parte
trasera del vehículo.
— Bueno, él hecho de que no te hayan matado hoy es bueno.
Porque tu eres una pieza de ajedrez importante para mí.
Pero, ¿qué es lo que estaba tratando de lograr? Eso fue algo
que Guren pensó en silencio.
Kureto lo tenía todo. El poder de hacer todo posible estaba en
sus manos. Si había algo que faltara, entonces ese sería el poder
para rebelarse ante su padre.
Mahiru odió su nacimiento.
¿Con Kureto era igual?
Guren miró al carro irse.
Al final, todos trataban duramente de lograr algo.
64
¿Acaso era un lugar más feliz que este?
Guren levantó la mirada mientras pensaba en eso. Observaba
el cielo de Shibuya.
◆ ◆ ◆
Guren fue a casa todo golpeado y ensangrentado. Tanto Sayu-
ri como Shigure quedaron en shock al ver eso.
— ¡Guren-sama!
— ¿Qué sucedió?
— Nada serio –respondió él.
Sayuri entró en pánico.
— Sin embargo, necesitamos tratar esto de inmediato.
A pesar de eso, la herida ya a estas alturas debería estar sana-
da. Pues el «Kiju» ya poseía habilidades regenerativas inhumanas.
Noya estaba ayudando a sanar la herida. Por eso…
— La herida ya ha desaparecido. Déjenme tomar un baño y
quitarme la sangre –respondió Guren.
— Lo prepararé de inmediato.
Mientras decía eso, Shigure se preparó para alistar el agua.
Guren caminó entre el dúo ruidoso y entró en la sala de estar.
Había un visitante. Un hombre de traje negro: el espía de la
«Secta Hyakuya» que conspiró con Mahiru – Saitou.
Saitou estaba sentado en el sofá. Sonrió ligeramente mientras
lentamente se volvía hacia él.
— Yuju, bienvenido de nuevo, Guren-kun.
Guren miró a Saitou y dijo:
— ¿Qué haces aquí?
— ¿Esto no debería sorprenderte, cierto? Despeas de todo,
bajo la situación especial sobre la investigación del «Kiju», la
«Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni» son aliados.
65
— ¿Y? Soy la basura del «Mikado no Tsuki». Esta alianza no
me concierne, ¿cierto?
— No de nuevo –sonrió Saitou–. Te llevaste a «Asuramaru» y
el progreso de la investigación logró dar otro salto al frente, ¿cier-
to? El que lideró las líneas delanteras, fuiste tú.
Podría estar diciendo eso, pero él era, de hecho, compañero
de Mahiru.
Y la persona que le pasó «Asuramaru» a él, fue Mahiru. Es
decir, este tipo estaba con quien lo controlaba todo.
Guren colocó su mano en la katana en su cintura. Había cosas
que él necesitaba preguntarle a ese tipo.
A pesar de eso, Saitou mantuvo su sonrisa.
— Ah, hablando de tus subordinadas, ellas no están aquí a
pesar de hablamos durante un rato. ¿Sucedió algo? –dijo. Guren
se volvió.
Sayuri y Shigure estaban envueltas con cadenas, habían per-
dido el conocimiento en el pasillo.
Eran las cadenas que Saitou había usado antes.
Guren estaba preparado para desenvainar su espada y cortar
las cadenas, pero…
— Muy bien, te mueves, y mato a tus subordinadas, ¿queda
claro?
—……….
Guren se detuvo.
Saitou lo miró y sonrió.
— Ohh, te detuviste. Sacrificar a tus subordinadas y atacarme
habría sido la mejor opción, ¿no crees?
Guren se volvió y miró a Saitou. Este seguía sonriendo.
— Debido a que eres así, no podrás alcanzar a Mahiru Hiira-
gi. Esto va en contra de tu deseo de fuerza. Hay demasiadas cosas
que atesoras…
Antes de poder terminar, Guren preparó su espada. Absorbió
el poder de Noya y estuvo a punto de descontrolarse mientras
atacaba con todas sus fuerzas. Así, logró reventar las cadenas al-
rededor de Sayuri y Shigure.
Guren pudo sentir un aura asesina desde detrás. Las cadenas
de Saitou se dispararon hacia él. Si él se volviera para acertar al
objetivo, podría ser demasiado tarde. Por eso, él cerró sus ojos y
sintió la atmosfera.
66
Sintió las vibraciones en el aire. Existía una ligera disonancia.
La imagen de él cortado esa disonancia apareció en su mente.
— ¡Ahora, Noya!
Guren se volvió y osciló su espada de acuerdo a lo que ima-
ginó. Siete cadenas fueron disparadas hacia él. Pero él las cortó
todas.
— Ay, ¿qué sucede? Esto es demasiada fuerza.
Saitou saltó hacia atrás para mantener la distancia. Observó
las acciones de Guren con cautela.
Ya que los movimientos de Guren fueron más rápidos de lo
esperado. En eso, Guren miró a Saitou.
— ¿A quién dijiste que no podía alcanzar?
Sin embargo, a Saitou no pareció importarle, y solo sonrió
frívolamente.
— Tú eres el que entiende más esto.
Era cierto. Él aun no podía igualarse a Mahiru.
— ¿Exactamente, quién eres?
— Un asesino de la «Secta Hyakuya»
— Mentiroso. Tú traicionaste a la «Secta Hyakuya».
Más bien, el número de cosas inexplicables serian demasia-
das.
Por ejemplo, el caso de «Yūichirō Amane».
Saitou era la razón por la que se dio a conocer ese incidente.
Normalmente, tales sucesos nunca serian reportados en los bo-
letines.
Fue lo mismo cuando Guren se descontroló. Él intentó borrar
el raciocinio de Guren. Sin embargo, ¿para qué fue eso?
Para la «Secta Hyakuya» esto solo era un error. Después de
todo, que Guren se descontrolara fue permitido por el «Mika-
do no Oni» para obtener el poder del «Kiju», igualándolos con
la «Secta Hyakuya» y haciéndolos formar una alianza. Gracias al
acuerdo de esas dos organizaciones, el progreso del «Kiju» se in-
crementó por saltos y límites.
Más allá de ello, esto debía ser algo que Mahiru esperara.
En resumen, este desgraciado estaba controlando el mundo
junto a Mahiru.
— ¿Qué punto en común compartes con Mahiru? –preguntó
Guren.
— Si te dijera que ahora somos amantes, ¿qué harías? –dijo
Saitou, sonriendo.
67
—…..
— Ah, ¿no te vas a enojar? Bueno, no somos amantes, así que,
relájate. No me atrevería acercarme a una muchachita tan terri-
ble…
Guren lo interrumpió y dijo:
— Cállate. No intento involucrarme en una conversación tan
aburrida. Solo respóndeme.
— Solo si haces una pregunta interesante.
— ¿Quién es «Mikaela Shindo»?
Al oír eso, la expresión de Saitou cambió.
— ¿Y «Yūichirō Amane»?
Ambos de los cuales habían aparecido junto a Saitou.
Más allá de ello, esos dos nombres también aparecían en los
documentos provistos por Mahiru.
El experimento militar llamado «El Serafín del Final» que ac-
tualmente ella conducido por la «Secta Hyakuya» y que requería
sujetos humanos.
Encima de eso, había muchos nombres escritos.
Amane Yūichirō. Mikaela Shindo.
Saotome Yoichi. Saotome Tomoe.
………… …………..
………… …………..
¿Quién sabía si todos tenían algún tipo de conexión con él?
Este tipo definitivamente apreció junto a esos dos chicos.
Encima de ello, podría decirse que este desgraciado quería
que Guren viera eso.
¿De qué iba todo esto?
— ¿Exactamente qué es «El Serafín del Final»? –preguntó
Guren.
— ¿Qué era lo que estaba escrito en los documentos que Ma-
hiru ojou-san dejó?
Se plasmaba que era un arma mágica capaz de destruir masi-
vamente. Superaba al «Kiju» y podría llevar todo a un apocalipsis.
Además de eso, ella dejó unas cuantas pistas. Guren recordó
unas palabras proféticas que ella dijo:
68
— El primero de los escenarios de la destrucción visitará a los
avaros y horrendos adultos. Para ser más precisos, a nivel mun-
dial, todos lo que sean mayores de 13 años morirán. La tierra será
un caos. Los monstruos vagaran por la tierra. El veneno lloverá
del cielo. El Serafín del Final tocará la trompeta. El mundo será
destruido. Los humanos no vivirán. Los débiles humanos serán
incapaces de vivir en un mundo así.
Eso era lo que ella solía decir.
Solía decir que el mundo sería destruido en la navidad próxi-
ma.
Un apocalipsis haría su visita. Un virus desconocido provo-
caría una epidemia global. En otras palabras, «El Serafín del Fi-
nal»…
— ¿Se trata de un arma biológica a gran escala?
Saitou se rió de lo que Guren decía.
— No, no es eso.
— Entonces, ¿qué es exactamente?
— Un castigo de los dioses.
— ¿Ah?
— Es un castigo de los dioses, para castigar a los humanos
arrogantes. Pero esos estúpidos quisieron utilizarlo, militarizarlo.
Ellos ni siquiera saben que hay mejores formas de usarlo.
Guren miró a Saitou y habló.
— Dices qué, si eres tú, ¿tendrías una mejor forma de usarlo?
Saitou asintió con algunos rastros de duda.
— Si, ciertamente así es. Después de eso, Guren Ichinose-san,
¿no te volverías nuestro aliado?
—……..
— Ah, no te preocupes por ser espiado. Todos están destroza-
dos. Todos los que observaban esto también están muertos.
—……….
— Asi que, por favor, sea sincero con sus deseos. Ahora, es-
tas acercándote a la verdad de este mundo. Puedes saberlo antes
que la «Secta Hyakuya», el «Mikado no Oni», y que la mismísima
Casa Hiiragi, conviértete en el centro de todo. Puedes tener todo
lo que deseas. Siempre y cuando tomes mi mano y expreses tu
deseo de ser mi compañero.
69
Saitou extendió su mano. Guren miró esa palma y dijo:
— ¿…que tipo de engaño religioso es este?
— Jajaja, ¿acaso la Cabeza de la Casa Ichinose, la cual gobier-
na una organización religiosa, diría esto?
— Además, no tengo razón alguna en cooperar contigo. Ni
siquiera me has ofrecido algo que quiera.
Saitou se encogió de hombros.
— Una vez que seamos aliados, te daré la información que
quieres. La información de Mahiru ojou-san. Información rela-
cionada al «Serafín del Final». Información para controlar este
mundo.
— ¿Qué necesito ofrecer? ¿Cuál es el precio por toda esta in-
formación?
Saitou pareció bastante sonreír alegremente.
— Tu alma.
—…………
— Para ser más precisos, mata a esas dos subordinadas detrás
de ti. Si puedes hacerlo, entonces serás mi compañero.
—………
— Hay muchas cosas aburridas y engorrosas que estas car-
gando. No puedes moverte rápidamente hacia adelante debido a
eso. No puedes igualar a Mahiru ojou-san. Si quieres ser más rá-
pido y más fuerte que nadie, y obtener lo que quieres…
— ¿Entonces mato a mis amigos?
Saitou sonrió.
— Ellas no son tus amigas. La tiranía que anticipan de ti es
completamente inútil.
—…..
— Ellas simplemente son… obstáculos. Acábalos rápido.
—…….
— Bueno, te diré la verdad, si te hubiese ayudado a matarlas
cuanto estábamos en el tejado de la escuela, las cosas habrían sido
mucho mejores. Sin embargo, debe haber un crecimiento mayor
si las matas con tu propia voluntad. Por eso, mátalas, por favor.
Mahiru también le había dicho eso incontables veces.
No puedes tomar acciones de esa forma. No puedes avanzar
con rapidez.
70
Él también lo sentí así.
¿Qué puedes obtener protegiendo a tus amigos?
Si uno quería ser más fuerte que los demás y moverse con ra-
pidez, tal debilidad errónea no era más que un obstáculo. Incluso
si él mataba a Shigure y a Sayuri, si él no deseaba, con todo el
corazón, avanzar, él no se volvería fuerte.
Al menos, Kureto estaba avanzando por ese camino.
Quizá Tenri Hiiragi también era así.
Y ni hablar de Mahiru.
¿Qué sacrificaron para volverse más fuerte?
¿En qué estaba pensado él? ¿Realmente quería fortalecerse?
Guren sujetó su espada con fuerza. Y en su corazón, habló
con Noya.
— Noya.
«¿Qué?»
— Quiero poder. El tipo de poder que pueda callar a ese tipo.
«Pero lo que él dijo es cierto»
—……….
«Lo más triste es que tu también lo sabes. Si no renuncias a
esa debilidad, nunca podrás avanzar»
—….a pesar de esto, ya he decidido avanzar por este camino.
Esta convicción ya fue decidida cuando Shinya, Goshi, Mito,
Shigure y Sayuri arriesgaron sus vidas para salvarlo y le ofrecie-
ron sus manos.
Él quería caminar por ese sendero. Manteniendo esa aburrida
amista. Así quería avanzar.
Shinya dijo que eso era una locura. Dijo que en este aloca-
do mundo, gritar sobre los amigos y la amistad como un mismo
idiota estaba más allá de la imaginación de Kureto.
Pero él también dijo que por eso, él tuvo que tomar la respon-
sabilidad. Esa responsabilidad de ser el pionero.
Y ahora, Guren quería tomar esa responsabilidad.
Por eso…
71
— Ya basta, dame poder. Entrégale a mi yo actual, el poder
que pueda hacer que todo se rinda ante mí.
Él pudo sentir que Noya reía amargamente.
«Me convertí en el Demonio de un anfitrión obstinado»
Luego de eso, él se sintió como recibía el poder más grande.
Una inimaginable cantidad de maldiciones comenzaron a circu-
lar en sus brazos y rostro.
Saitou miró a Guren y dijo:
— ¿Vas a volver a usar el mismo truco?
—……
— ¿Hacerme rendir con un poder absoluto, forzarme a darte
la información?
— Si.
— Si este es el caso, no puedes volverte fuerte. Incluso me
lograr rendirme con ese poder, no podrás ser capaz de alcanzar a
Mahiru ojou-san.
— Si no lo intento, ¿cómo podré saberlo?
— Lo sé. Además, no puedes ganarme.
Guren no lo sentía de esa forma.
Las cadenas de Saitou no fueron muy rápidas.
Seguía siendo el mismo poder que posiblemente podría ser
una amenaza. Pero ahora, una vez que Guren se concentró, él po-
dría solucionar eso de inmediato.
Saitou, con quien peleó unas cuantas veces, también debería
saber eso.
La investigación «Kiju» estaba progresando a un ritmo sor-
prendente. Entre todo esto, él frecuentemente producía los me-
jores resultados.
Incluso si Saitou estaba equipado con el «Kiju», aun así él po-
dría ganar –esa era la conclusión a la que él había llegado.
— Saca tus armas «Kiju». De todas formas la tienes, ¿cierto?
— No. eso no es bueno para el cuerpo.
— ¿Entonces viniste con las manos vacías?
— Si.
— ¿Eres olvidadizo o despreocupado?
— ¿En serio? Yo, por otro lado, siento que podría derrotarte
con mis manos desnudas. Tu yo actual no puede ni siquiera re-
nunciar a su debilidad.
72
— ¡Haré que te arrepientas de ser tan arrogante!
Guren levantó su espada en alto. Y avanzó.
Fue tan rápido que Saitou no pudo reaccionar a tiempo. Él os-
ciló su espada lateralmente. La parte inferior del cuerpo de Saitou
seria cortada. Sin embargo…
— ¿Hmmm?
Se sintió como si el corte no se realizó.
Saitou saló a una velocidad impresionante y se situó en el te-
jado. Mientras miraba a Guren lánguidamente, él mantenía una
sonrisa relajada.
— Ay, por favor, haz que me arrepienta.
Guren lo atacó. Pero su espada no hizo golpe. No fue solo eso.
El cuerpo completo de Saitou desapareció.
Lo único que él pudo sentir fue un aura asesina llegándole
desde detrás.
— ¡Mierda!
Se volvió para atacar. El cuello de Saitou se encontraba en la
punta de su espada. Aunque sintió que finalmente podría decapi-
tarlo, el golpe seguía sintiéndose como si no alcanzó nada. Saitou
retrocedió y lo esquivó.
— Eh, aun no puedes golpearme.
Cadenas volaron del pecho de Saitou. Eran 2. Los movimien-
tos fueron lentos. Guren pudo romper esas cadenas con su espa-
da. Pero Saitou volvió a desaparecer.
Sus movimientos ni siquiera parecían ser de la misma per-
sona.
Aunque los sonidos que hacia mientras pisaba el techo y las
paredes podían oírse, sus movimientos eran indetectables.
Desde detrás de él, algo sonó.
Guren levantó nuevamente su espada hacia el origen del so-
nido –sin embargo, Shigure estaba ubicada donde su espada pro-
yectaba el corte.
— ¡¿QUÉ?!
Guren usó todas sus fuerzas para detener la espada. Pero no
pudo.
— ¡NOYA! –gritó. Era una orden para que el Demonio se de-
tuviera. No este no lo hizo.
Utilizó todos los músculos de su cuerpo para detener la espa-
da. Finalmente, logró cambiar el curso del arma. Pero a pesar de
eso, solo fue un ligero cambio.
73
Él cortó el brazo izquierdo de Shigure. Fue cortado tan fácil-
mente y enviado a volar. Estando en un estado comatoso, ella no
aulló de dolor.
Pero aun así, el brazo salió volando.
Había cortado el brazo de su amiga.
La sangre se esparcía por todos lados. No cesaba.
La sangre de su amiga brotaba como si de una fuente se tra-
tara.
De pie ante toda esa sangre, el sonriente Saitou se paró.
— Jajaja, esa estuvo buena. Avanza paso a paso. La próxima
vez, será el cuello.
La furia circulaba por su cuerpo. Mientras tanto, Noya devo-
raba esa furia.
Se la tragaba con grandes bocados.
«Muy bien, Guren. Por eso, te daré más poder»
La cantidad de poder que Guren recibió fue unas cuantas ve-
ces mayor a la de hace poco.
Estaba a punto de descontrolarse.
Era necesario suprimir esa ira. Sin embargo, eso no se podía
lograr.
— Maldito….
Luego de eso, Saitou incluso colgó a Sayuri con sus cadenas.
Ella, que estaba detrás de Shigure, también había perdido el co-
nocimiento.
— Tengo 2 escudos. ¿Podrás ser capaz de derrotarme?
—……
— Bueno, hablando de eso, incluso si no tuviese estos dos es-
cudos conmigo, seguirá siendo más fuerte. ¿Por qué crees que sea
así? ¿Por qué es que yo, quien no está usando un «Kiju», puedo
derrotarte?
Guren miró a Saitou y dijo:
— Di lo que te dé la gana.
— Es porque aún no te has acercado a la verdad. Pero si te
vuelves nuestro compañero, podrás tener el mismo poder. Ven,
elige. Corta el escudo y ven a mi lado. Te llevaré a un lugar com-
pletamente nuevo.
Guren no se movió. Su atención estaba en la sangre que fluía
del brazo de Shigure.
Mirando a Guren, Saitou dijo:
74
— Bueno, este aspecto es el que le gusta a Mahiru ojou-san,
tus ventajas.
—……..
— El final no cambiará, sin embargo, has desperdiciado ener-
gía con tanto forcejeo. Al final, tienes que elegir, pero…
Saitou soltó a Shigure y Sayuri. Parecía que no planeaba ma-
tarlas.
No, eso era lo que parecía, si no era Guren el que las mataba,
no valdría la pena.
Guren seguía sin moverse.
De la batalla reciente, él podía decir que este tipo era indes-
tructible. Después de todo, sus movimientos eran más rápidos
que los del vampiro noble, Ferid, con quien luchó en Ueno.
— ¿…exactamente, quién eres? –preguntó Guren.
— Un humano –respondió Saitou.
— ¿A quién perteneces?
— A nadie, ¿no lo dije antes? Los obstáculos y romances abu-
rridos solo debilitan a la gente.
Ciertamente, él no estaba junto a la «Secta Hyakuya».
Saitou abrió sus ojos de par en par. Cosas que parecían lentes
de contacto cayeron.
Sus pupilas eran rojas. Rojo sangre.
Ese tipo de pupilas rojas eran una característica de los vampi-
ros. En su boca, también había colmillos presentes.
— ¡¿ERES un vampiro?!
Saitou sonrió y asintió.
— No, soy humano a la vez. Aunque eso fue hace miles de
años… las cosas del pasado ya no importan. Lo diré otra vez. Eres
el elegido. Puedes convertirte en nuestro compañero. Mata a tus
amigos y toma mi mano.
Guren miró al vampiro frente a él.
— ¿Quieres que me convierta en vampiro?
— No, no –dijo Saitou sacudiendo su cabeza–. Yo no perte-
nezco a los vampiros. Han pasado cientos de años desde que fui
llamado el Segundo Progenitor.
Guren pudo recordar al vampiro llamado Ferid Bathory, a
quien conoció en Ueno, confesar una vez que él era el Séptimo
Progenitor. Parecía que existía algún tipo
75
de jerarquía en el mundo de los vampiros. Si el menor núme-
ro era el mayor rango, entonces este bastardo debió haber tenido
una posición bastante elevada.
— ¿Qué estás buscando? –preguntó Guren.
— Te lo diré cuando seamos amigos.
— ¿Acaso los amigos no son obstáculos?
— Jajaja –rió Saitou. Lo hacía frívolamente y de una forma
que no parecía humana.
— ¿Por qué yo? ¿Qué puedo ofrecer?
— Es porque eres lindo, ¿bien?
— No me jodas.
— Al menos, Mahiru ojou-san cree que eres muy lindo. Ella
te eligió como su pareja.
— ¿Pareja para qué?
— Una pareja con quien ir al infierno.
— Deja de evadir mi pregunta. ¡Respóndeme apropiadamen-
te!
Al oir el grito de Guren, Saitou rió otra vez.
— No estoy obligado a responder. Sin embargo, bueno, hay
un aspecto que si puedo.
Saitou miró a Shigure, quien estaba tendida en el suelo. La
sangre brotaba de su brazo. Si su brazo no era único por los pode-
res regenerativos del «Kiju», ella podría morir por derrame.
— ¿Qué piensas hacer después de esto? –dijo Saitou–. ¿Seguir
conversando? Luego que ella muera, responderé lo que sea.
Guren frunció el ceño y Saitou rió.
— Está bien. Sigue con tu romance y no progreses. Llegará
el día en que te lamentes de no haber matado a tus subordinadas
para avanzar. Pues deseas todo con codicia. Porque recogiste algo
aburrido… y perdiste otras cosas.
Las cadenas se movieron y rompieron el cristal.
Ráfagas de viento entraron.
Ese era el vigésimo quinto piso. Una persona normal no po-
dría escapar por las ventanas.
Sin embargo, para este desgraciado, eso no era un problema.
76
Encima de eso, Guren no podía detenerlo. Y a pesar de eso,
habló.
— Déjame preguntarte algo más.
— ¿Qué?
— ¿Fuiste tú quien hizo que Mahiru se descontrolara?
— Ya ella estaba loca desde el comienzo –dijo Saitou enco-
giéndose de hombros.
—………
Él no tenía idea de lo cierto de eso. Saitou controlaba la infor-
mación. Controlaba a la gente a su alrededor, a las organizacio-
nes, al mundo entero…
A pesar de eso, Guren preguntó…
— ¿Y Mahiru… qué es lo que ella quiere?
— Eso –respondió Saitou con calma–, eso tú lo sabes, ¿no?
—……..
— Escuché que ustedes hicieron una promesa cuando eran
unos niños. Ella solo te quiere a ti. Y solo vive por eso. Para cons-
truir un futuro contigo.
En eso, Saitou volvió a mirar a Shigure.
— Ella imaginó y esperó a que despertaras, que renunciaras a
esas mujeres aburridas y toda esa mierda de estar acaramelados,
por irla a salvar.
Luego de decir eso, él sonrió. Durante ese tiempo, la sangre
seguía brotando del brazo de Shigure. Ya no quedaba tiempo. No
había tiempo para charlar.
— Vete. Desaparece de mi vista.
Al oír eso, Saitou volvió a sonreía.
— Que amante tan traicionero.
Dijo. Saltó por la ventana y Guren lo vio irse.
— Maldita sea.
Entró en pánico y rápidamente tomó el brazo cortado de Shi-
gure antes de colocarlo en su punto de corte. Mantuvo esa postu-
ra mientras tomaba a Shigure y la llevaba a su habitación.
La habitación de Shigure tenía el color rosa como paleta prin-
cipal, algo que era sorprendente para alguien que siempre carecía
de emociones, ingeniosa y tranquila. Había demasiadas mario-
netas de tela presentes. Guren entró en la habitación y tomó la
katana que estaba junto a la mesa.
77
El arma «Kiju» con la que Shigure hizo su contrato.
Guren colocó el arma en el pecho de Shigure. El «Kiju» debe-
ría ser capaz de fortalecer sus habilidades curativas. Mientras más
cerca estuviese… la katana al corazón, más fuerte era el poder del
Demonio.
— ¡Oye, Shigure, despierta! Activa el «Kiju». ¡Debes unir tu
brazo!
Pero Shigure no despertó. Guren abofeteó ligeramente su
rostro y presionó el punto de acupuntura que ayudaba a la gente
a despertar, tratando de lograr que recuperara el conocimiento.
Pero no lo logró.
— ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Fui un estúpido? Hable dema-
siado.
A pesar de eso, el brazo estaba comenzando a regenerarse.
Pero lo hacía muy lento. Si eso continuaba, ella moriría por derra-
me antes de que su brazo pudiese ser unido de nuevo.
Guren sacó su celular del bolsillo. Ella necesitaba una transfu-
sión de sangre. ¿Era necesario llevarla a un hospital?
No, ella no podía ir. Incluso si era salvada, su brazo no podría
ser capaz de regenerarse. Además, si se le practicaba la transfu-
sión de sangre, no se podía garantizar su supervivencia.
Era necesario llevarla a un lugar donde se pudiese lograr que
su «Kiju» se descontrolara. Y este…
Guren miró el registro telefónico. Y marcó un número.
Sonó un par de veces, y luego contestaron.
— ¿Qué pasa?
Al otro lado de la línea, la voz de Kureto resonó.
— Por favor, ayúdame esta vez. Mi amiga está herida. Haz que
el «Kiju»…
Kureto le interrumpió.
— Te enviaré un helicóptero. Llévala al laboratorio que usas
comúnmente.
Ahí terminó la llamada. Parecía que ellos serían recogidos.
Guren cargó con Shigure y corrió hacia la puerta.
78
Fuera de los laboratorios del «Mikado no Oni», Guren se sen-
tó en la silla de los pasillos, esperando que el tratamiento de Shi-
gure terminara.
Cuando ellos llegaron, la vida de Shigure pendía de un hilo.
La velocidad de la pérdida de sangre era mayor a la de su recu-
peración; si ellos hubiesen llegado un poco más tarde, ella habría
perdido la vida.
Pero ahora, el poder del «Demonio» había sido controlado a
la fuerza por equipos externos y su brazo había sido unido exito-
samente.
La persona que le había cortado el brazo había sido él.
Un error cometido por su ser arrogante que creyó que Saitou
podía ser derrotado.
Si él tuviese poder, las cosas no habrían terminado así.
Si él tuviese más poder, la ejecución de su padre y el hecho de
haber sido forzado a ir a un punto muerto por Mahiru, no habría
sucedido.
Poder.
— ¿…poder, eh?
Guren murmuró suavemente. En eso, su celular volvió a so-
nar.
— Soy yo.
— Ah, ¿todo está bien?
— ¿Qué?
— Ah, lo escuché todo…
— No andes espiando a los demás.
— ¿Quién salió herido?
— Shigure.
— ¿Qué sucedió?
— Ella estaba a punto de cortar un rábano, pero vio algo raro
en esa cosa y al final se picó el brazo.
— ¿…qué fue lo que pasó exactamente?
Guren respondió.
— Estoy seguro que hay otros allí que comparten tu mal há-
bito de estar espiando.
79
— Bien. Entonces hablaremos cuando nos veamos. Iré esta
noche a tu casa.
El realmente estaba acaramelándose nuevamente con sus
amigos.
Esa fue la elección que tomó.
A pesar de ello, ¿qué era lo que le esperaba adelante exacta-
mente?
— Si. Volveré cuando la condición de Shigure se estabilice.
La llamada terminó. Su teléfono volvió a sonar. Parecía que
Sayuri acababa de despertar.
— ¡G-GUREN-SAMA!
— Cálmate, ahora todo está bien.
Sin embargo.
— Está bien. En estos momentos nos están interviniendo. No
digas nada.
— Ah…
— Shinya irá más tarde. Por favor, limpia la habitación.
La habitación en este momento debería ser un mar de sangre.
Pura sangre de Shigure.
Normalmente, tras perder tanta sangre, uno no sería capaz
de sobrevivir.
Si el tratamiento se hubiese tardado ligeramente.
Si Kureto no hubiese enviado el helicóptero.
Si la energía de Shigure no hubiese sido conservada.
Él habría matado a un amigo. Si él se hubiese detenido y re-
nunciado a la lucha luego que el brazo hubiese sido cortado, no
habría sido nada tan serio. Sin embargo, él había hecho eso.
¿Era equivalente a dejar que su amiga muriera?
—………
Él pudo escuchar los sollozos de Sayuri desde el otro lado de
la líne
— F-fui una inútil…
Al final, todos se culpaban por su falta de poder.
— Cálmate, Sayuri. No es nada serio. Cenemos curry esta no-
che.
— Eh…ah, ¡está bien, está bien!
80
La llamada terminó. En eso, alguien lo llamó.
— Oye.
Siguiendo la fuente del sonido, un Kureto uniformado apare-
ció de pie allí.
Una katana con el «Kiju» inyectado colgaba de su cinturón.
Los resultados del entrenamiento del «Kiju» de Kureto tam-
bién eran bastante impresionantes. Sin embargo, aún no era sufi-
ciente como para derrotar al monstruo de hace poco.
— ¿Qué sucedió?
Kureto preguntó de inmediato lo que no fue revelado por el
teléfono.
Él ya se había preguntado qué tipo de información él revela-
ría, que tipo de información compartiría.
La conclusión era que tenía que revelar básicamente todo.
O nunca podría igualar a Mahiru.
— ¿…atacó?
— ¿Quién?
— Un hombre llamado Saitou.
— ¿Quién es ese?
— Uno que solía ser un asesino de la «Secta Hyakuya».
— Oh. Deberíamos ser aliados de la «Secta Hyakuya».
— Ese tipo está haciendo equipo con Mahiru. Parece que ya
ha traicionado a la «Secta Hyakuya».
— Cierto. Justo ahora, la «Secta Hyakuya» no querría una ba-
talla con nosotros. Entonces, ¿es que son estúpidos?
Guren sacudió su cabeza.
— Entonces ¿dejaste que escapara?
Esta pregunta estaba en un nivel errado. Después de todo, él
no pudo ver claramente sus movimientos.
— Es un vampiro –dijo Guren.
— ¿Vampiro?
81
— Si. Ni siquiera pude bloquear un ataque con mis poderes
«Kiju». Ese desgraciado dijo ser el Segundo Progenitor. Pero pa-
rece que también ha traicionado a los vampiros. Asi que no tengo
ni la menor idea de adonde pertenece.
Kureto se situó junto a Guren. Cruzó sus brazos, miró al labo-
ratorio donde Shigure estaba siendo tratada.
—…este tipo de desgraciado, ¿qué méritos piensa recibir por
cooperar con Mahiru?
— Quien sabe.
— ¿Por qué fue a tu casa?
— No tengo idea. Parece que Mahiru estaba buscándome.
— ¿Con qué razón?
Guren se encogió de hombros.
— Si lo supieras, no habría revelado tantos detalles.
Kureto sonrió.
— Esa mujer problemática está encaprichada contigo.
— ¿Acaso no es tu hermana?
— Tenemos el mismo padre, pero madres distintas.
A pesar de eso, había demasiadas similitudes entre Mahiru y
Kureto.
— Bueno –dijo Kureto–, ¿cómo te las arreglaste con ese
monstruo?
— No hice nada. Él quería que yo matara a mis subordinadas
y lo siguiera… se resignó luego que lo rechacé. Realmente no es-
taba siendo tomado en serio. Y así terminó.
— Bueno, gracias por esforzarte. ¿Cómo está la condición de
tu subordinada?
— Parece estar recuperándose.
— Ahora, ¿dónde quedaron los agradecimientos?
— Odio eso de ti –respondió Guren.
— Jajaja.
— Pero, ¿será suficiente con solo agradecerte?
— Si –asintió Kureto–. Eso será suficiente. Trataré de investi-
gar a ese tal Saitou. Si hay casos serios que involucren a los vam-
piros, necesitaríamos poder para cambiar.
82
— ¿Ese tipo de poder será algo que seremos capaces de obte-
ner de inmediato?
Kureto lo miró y dijo:
— Gracias al «Asuramaru» que trajiste, nuestra comprensión
del «Kiju» ha mejorado a un nivel notable. Con eso, deberíamos
ser capaces de superar cualquier cosa, incluso si se trata de Mahi-
ru o los vampiros.
¿En serio? ¿Ya esto no estaba bajo su control?
— Estamos llevando el poder del «Kiju» al próximo nivel. En
un mes comenzaremos la distribución masiva. Espero me ayudes
con eso.
— ¿No he estado ayudándote con eso todo este tiempo?
— Es cierto. Pero ayúdame más.
Ya eso no importa –pensó Guren. Si él podía alcanzar a Mahi-
ru, aportaría toda la ayuda necesaria. Sin embargo.
— Kureto.
— ¿Hmm?
— Voy en serio con lo de alcanzar a Mahiru.
—……
Kureto lo miró y dijo:
— Sígueme, y serás capaz de alcanzarla.
Guren sonrió y levantó la mirada.
— ¿Seguirte aun cuando eres más lento que Mahiru?
— Nuestro método de acercarnos es distinto, te digo. Yo seré
el ultimo ganador.
— Eh.
— Si sientes que no es suficiente, ven y ayúdame.
Guren asintió.
— Haré lo que pueda. En fin, es necesario superar a Mahiru.
Por esto, era necesario utilizar los poderes del «Mikado no
Oni» y de la «Secta Hyakuya». Él admitía su debilidad actual. Ad-
mitía que era una débil hormiga que no podía cumplir nada sin
esa gente.
Encima de eso, él planeaba ir más allá de la imaginación de
Mahiru.
Kureto habló:
83
— Esto es cómo lo ponemos. Pero no es algo que se pueda
lograr en un dia. Por eso, descansemos. Debes estar cansado, ¿no?
Ciertamente había sido un día bastante agotador.
Forzado a arrodillarse, su cabeza fue pisoteada, incluso se vio
forzado a saber que su padre bailó desnudo y además de haber
cortado el brazo de Shigure.
Kureto lo miró una vez y se fue.
Parecía que Shigure aún no recuperaba el conocimiento. Pero
eso era porque se encontraba anestesiada, quizá mañana desper-
taría.
Aunque su brazo había sido unido, quedaba una cicatriz.
Guren se quedó a su lado durante unas horas más antes de
decidir irse a casa.
◆ ◆ ◆
De regreso a casa, él se enfrentó con una tropa de fuerzas ar-
madas que le tendieron una emboscada.
De pie en el centro de ella, estaba Seishirō Hiiragi.
— Oye, basura Ichinose, maldito, te atreviste a subestimarme.
Él parecía bastante enojado. Aparentemente había compren-
dido la mentira de Guren. Quizá también fue reprendido por su
padre.
Todos tenían armas «Kiju» con ellos.
Diez soldados rodearon lentamente a Guren.
Parecía que él no sería capaz de ganar esa batalla por su cuen-
ta. Quizá lo asesinarían.
A pesar de eso, Guren suspiró ante esa gente. Sintió que estaba
siendo salvado por su ingenuidad – que ellos apenas habían llega-
do luego de ser avergonzados y buscaban venganza. Al menos no
se trataba de vampiros.
— Ah, mierda, si solamente todo fuera ingenuo.
— ¡¿AH?! ¿Qué murmuras? –rugió Seishirō.
— Una débil basura Ichinose… ¡déjame decirte cuales son las
consecuencias de haberme mentido!
—…….
84
— ¡JA! ¿Qué tipo de actitud es esa? ¿Estás tan asustado que
quedaste sin habla? ¡Si no quieres esto, entonces arrodíllate!
Recibió la orden de arrodillarse. Era la segunda vez en ese dia.
Este desgraciado, ciertamente, era hijo de Tenri.
— ¡Arrodíllate aquí mismo, di soy tan estúpido, discúlpate
conmigo y teme como un perro!
Al oír esas palabras, Guren sonrió cansadamente.
— Jajaja, realmente te las arreglaste para pensar en un dialogo
tan extenso y estúpido.
En eso, la expresión de Seishirō cambió.
— ¿Qué dijiste?
Guren continuó:
—…hablando de ellos, la culpa es tuya. Tú te dejaste engañar.
— ¡¿AH?!
— Tu padre lo dijo antes. Para un bastardo inútil que ni si-
quiera es digno del apellido Hiiragi, incluso si muere, no es algo
que importe mucho.
— ¡¿QUÉ?! ¿Qué dijiste? ¡P-padre nunca diría cosas como
esas!
Sin embargo, este tipo sabía que su padre dijo algo así. Sin su
padre como escudo, este bastardo colapsaría en el primer golpe.
— Imposible. Soy excepcional.
Él ciertamente no era una persona de nivel tan bajo. Él tam-
bién produjo unos resultados bastante impresionantes en los ex-
perimentos de prueba del «Kiju».
Aunque él era peor que Guren, Kureto, Shinya…
— Maldito. Incluso te atreviste a menospreciarme. Ni siquie-
ra pienses que te dejaré salir de esta, ¿de acuerdo?
Claro que no. cualquier cosa que dijera no lo beneficiaria. Por
eso, la elección correcta arrodillarse de inmediato. Dejar que su
cabeza fuese pisoteada una o dos veces. Este bastardo se sentiría
satisfecho, ¿cierto? Así no incrementaría el número de enemigos
aburridos.
Sin embargo, su humor había tocado fondo hoy.
Perdió ante Saitou.
Le ordenaron arrodillarse 2 veces.
85
En otras palabras, era momento de descargar esta ira en al-
guien. Encima de eso, este desgraciado una vez derrotó a Sayuri.
La venganza era algo necesario.
Guren miró a Seishirō y dijo:
— Ay, ya baste. Muévete.
— ¿Ah? ¿Eres estúpido o qué? ¿No eres capaz de ver los sol-
dados que tengo…?
— No me interesa cuanta gente tengas –le interrumpió Gu-
ren–. Si te mato, todo acabará, ¿no es así, Seishirō Hiiragi?
— ¿Qu…?
Guren colocó su mano en la katana en su cintura. Y llamó el
poder del «Kiju». El poder fluyó por todo su cuerpo.
— Oye, oye, ¿no crees que por hacer esto, tú…?
— Ya me dieron permiso de matar a los bastardos inútiles.
— ¡Tonterías! ¡Y-yo soy un Hiiragi!
— Cállate y desenvaina tu espada.
— O-oigan, protéjanme…
Guren ya había corrido hacia adelante. No había forma de
acabar con esto tan rápido.
Era necesario suprimir a Seishirō antes de que las interferen-
cias problemáticas llegaran.
Él solo dio un gran paso al frente y ya la distancia entre Sei-
shirō y él había sido recortada notablemente.
La reacción de esos guardias fue muy lenta. Esto era comple-
tamente incomparable con Saitou. Un grupo de ellos finalmente
había desenvainado sus armas. Pero ni siquiera pudieron igualar
a Guren.
— Muere.
Guren levantó su espada. Seishirō desenvainó la suya de in-
mediato para bloquear el ataque.
Ciertamente, este era un joven maestro de la Casa Hiiragi. Su
respuesta fue totalmente distinta a la de los soldados.
Las espadas de Guren y Seishirō chocaron entre sí, producien-
do ruidos metálicos ensordecedores.
Luego de unos cuantos intercambios, Seishirō sonrió.
86
— Jajaja, debiste haberme matado con el primer golpe. Oigan,
chicos, ¡maten a este bastardo!
— Mostré piedad –dijo Guren–. Debiste sentir miedo, ¿no?
— Eh.
En eso, Guren osciló su espada con todas sus fuerzas. Esta
vez, él estaba apuntando a la espada de Seishirō.
Si el quisiera cortarlo, la cabeza de Seishirō ahora estuviese
rodando. Pero con el fin de que su oponente entendiera la dife-
rencia entre sus poderes, él cortó hacia la espada.
Un choque resonó; ni siquiera sonó como una colisión me-
tálica. Fue más bien un sonido anormal. Seishirō fue incapaz de
bloquear el golpe, su brazo fue lanzado hacia atrás y hacia afuera.
La espada voló y giró en el aire.
Guren rió.
— Muere…
En ese momento, desde un lateral, una voz resonó.
— No puedes hacer eso…
Era la voz de Shinya.
Por eso, él se vio forzado a parar. Guren fue golpeado y voló
hacia un lado. Rodó unas cuantas veces en el suelo y se detuvo.
Mientras Shinya clavaba a Guren en el suelo…
— Oye, Guren. Si realmente matas a un Hiiragi, sin importar
qué, te castigarán –dijo. Y Guren sonrió mientras decía.
— Te vi.
— Eh, ¿así que querías detenerme como el prerrequisito, eh?
— Luego de esto, utilizaré la autoridad de Hiiragi-sama para
tratar con esto.
— Eh… siento que se aprovecharon de mi masivamente.
— Somos amigos, ¿no?
— Siempre usas esa palabra en situaciones así.
Shinya se levantó. Al ver esto, Seishirō gritó.
— ¡Oye, SHINYA! ¡Ese desgraciado es un rebelde! ¡Mátalo!
Shinya entrecerró los ojos, y miró a Seishirō.
87
— See, lo vi todo, esa fue una batalla, ¿cierto…? Además, per-
der luego de tener un equipo respaldándote, ¿qué crees que pen-
sará padre de esto?
— Ehh…–Seishirō frunció el ceño–. Tú simplemente eres un
adoptado, UN ADOPTADO. ¿Cómo puedes entender a padre?
— Incluso si no puedo comprenderlo, sigo estando muy cons-
ciente de la situación aquí entre los Hiiragi. Pues me educaron a
la fuerza de esta forma.
—……….
— Por eso, sea lo que sea que haya pasado, no lo divulgue-
mos. Esta es la mejor elección. Además, Seishirō-nii…
— ¿Qué?
— Vengarte de una escoria Ichinose y cosas similares es algo
que no se puede hacer. Esto es algo inapropiado para un Hiiragi.
Después de todo, tu y yo –el adoptado–, somos diferentes. El ver-
dadero Hiiragi aquí, eres tú.
—……
— Además, Guren es el tipo de persona que se escapa de las
manos una vez que se enoja. Por eso, lo convenceré. ¿Podrías irte?
Seishirō los miró por un momento. Rastros de temor aun col-
gaban en su rostro.
Eso fue suficiente. Seishirō miró a Guren.
— Oigan, chicos, me voy.
Y se fue. Luego de verlo irse, Shinya miró a Guren y dijo:
— ¿Qué tipo de cosas tan molestas se te atravesaron en el ca-
mino esta vez?
— Un montón –respondió Guren.
— ¿Quieres contarme?
— Luego que llegue a casa, y tome un baño.
Al final, la sangre de la herida en su frente, la que tuvo en
horas de la tarde, aun no había sido limpiada apropiadamente.
Aunque se la limpió con una toalla.
Shinya extendió su mano y dijo:
— Ven, toma mi mano.
Guren tomó esa mano y se levantó.
— Huh.
Guren suspiró y Shinya rió.
88
— Que vista tan rara.
— ¿Qué?
— Hace un momento, tu actitud hacia Seishirō-nii. Usual-
mente eres bastante racional bajo tales situaciones.
Cierto. Pero él estaba cansado. Ser obediente. Ocultar su po-
der, esperar el momento en que exponga sus colmillos. Aunque
él se esforzaba mientras pensaba en eso, Mahiru estuvo desapa-
recida durante ese tiempo. Su padre fue asesinado. El brazo de
Shigure fue cortado, y aun no recuperaba el conocimiento.
Entonces, ¿cuándo es que podría exponer sus colmillos?
— Un pequeño vacío.
Shinya sonrió amargamente.
— A pesar de eso, te aseguraste de que estaba presente antes
de atacar, ¿cierto?
— Si.
— Si no hubiese interferido, ¿qué habrías hecho?
— Tu habrías intervenido.
— Deja de actuar como un niño mimado… es un poco mo-
lesto.
Es cierto, estuve actuando como un niño mimado.
¿O podría ser que él estaba pensando cosa que no importa-
ban incluso si se abandonaba en la desesperación? Si él hubiese
matado a Seishirō, las cosas habrían cambiado de inmediato. Gu-
ren seria sentenciado a muerte y terminaría fugándose.
Después de eso, él sería forzado a abandonar todo. Tendría la
necesidad de confiar en Saitou y Mahiru.
Mahiru quería que hiciera esto. Saitou también lo quería.
Ellos querían que él abandonara todos los obstáculos aburri-
dos a su alrededor.
Dijeron que esta era una forma de hacerse más fuerte.
—…….
A pesar de eso, él solo procedió luego de asegurarse que Shin-
ya llegara.
Él quería ayuda de sus amigos.
Probablemente encontré el valor de avanzar sin renunciar a
nada.
89
— Amistades aburridas, ¿eh?
Guren dijo eso y Shinya volvió a reía.
— Si. Pero realmente no lo odio –Guren miró a Shinya, y este
continuó–. Si no, no habría valor alguno en vivir. Si no hubiese
amistad, entonces ¿para qué valdría la pena vivir?
—………
— Siempre se me dijo que fuera tan fuerte como el apellido
Hiiragi lo sugería. Crecí compitiendo. La fuerza era justicia. Sin
embargo, sin importar cuan fuerte me volviese, no podría ser in-
humanamente excepcional, y convertirme en dios.
—………
— Por eso, si no puedo convertirme en dios, al menos puedo
convertirme en la Cabeza de la Casa Hiiragi, ¿cierto? Eso también
es imposible. Después de todo, soy una escoria adoptada. Más allá
de eso, no tengo tal motivación en ser el sucesor de la Casa Hii-
ragi.
—….
— Entonces, ¿para qué estoy viviendo? Mi objetivo se fue. Sin
importar cuan fuerte me volviese, la respuesta nunca sería halla-
da. Entonces, ¿para qué estoy viviendo? –preguntó Shinya.
Para un cerebro que ha pasado por un día agotador, esta era
una pregunta bastante apática. Guren no respondió.
— Oye, Guren.
— ¿Hmm?
— Yo solía establecer mi objetivo mientras te conocía. Des-
pués de todo, fuiste mi rival de amor compitiendo por mi prome-
tida. ¿Qué tipo de hombre le gusta a Mahiru…? Mahiru, quien ni
siquiera me lanzó una mirada. Pensé y anticipé. Pensé que si veía
a ese tipo, podría encontrar un objetivo para avanzar.
Guren miró a Shinya y preguntó.
— ¿Y después de eso? ¿Qué paso?
Shinya sonrió.
— Ese tipo resultó ser un desgraciado que solo sabe cómo
tolerar y no tiene poder…
— ¿Ah?
90
— En este mundo, queda claro que poner esfuerzos hace que
uno salga perdiendo. Pero tú seguiste esforzándote como un idio-
ta. Ocultando tu fuerza hasta más no poder.
—……..
—…sin embargo, este aspecto parece algo carismático. En-
tendí de inmediato por qué a Mahiru le gustas. Porque nunca re-
nuncias a nada. A diferencia de mi, tu sigues teniendo una meta.
— ¿Cuál meta?
— Proteger a alguien. Quieres fortalecerte y protegerlos a to-
dos, ¿cierto?
—……..
— Al final, sigues fortaleciéndote para hacer amigos. Solo te
interesa proteger a los demás. Entonces, ¿qué hay de volver esta
meta ilimitada?
—…entonces, tu punto es, ¿quieres que nuestra relación se
vuelva más íntima?
— Si. Verás, hay muchas cosas melancólicas que han sucedido
recientemente. Está bien si quieres actuar como un niño mimado
frente a mí. ¿Quieres que te traiga una taza de café?
— ¿Qué tontería es esa?
— Jajaja.
— Además, quiero es gaseosa.
Shinya sonrió. Sacó su billetera y caminó hacia una maquina
dispensadora que había cerca. Parecía que quería servirle a Gu-
ren.
Mirando su espalda, Guren preguntó.
— Entonces, ¿has encontrado tu objetivo?
— No del todo –respondió Shinya–. Pero quiero intentarlo y
proteger a partir de ahora a mis amigos.
— ¿En serio?
— Si.
— Oh, ¿e incluso hacer más amigos?
— Jajaja, te daré una paliza, ¿bien?
Shinya sonrió y tomó la gaseosa y se la lanzó a Guren.
La gaseosa estaba bastante fría por la máquina. Al tomar un
poco, él se relajó.
91
— Ser buen amigo con los demás, ¿eh?
Él solo estaba persiguiendo eso. Ya estaba claro.
Él, quera débil y un enclenque, perseguía eso.
Pero ¿eso realmente era una debilidad?
— ¿Shinya?
— ¿Hmm?
— Pero ¿acaso Mahiru no estaba preparada para convertirse
en un tipo de dios inhumanamente poderoso como el que nom-
braste?
Shinya tomó un sorbo de gaseosa y sonrió:
— Es cierto… por eso, es muy duro hacer buenos amigos
mientras tratas de alcanzarla. Pero, a pesar de eso, esto puede lo-
grarse con práctica. Después de todo, Mito-chan dice que ella se
las ha arreglado para superar escenarios extremadamente difíciles
y completar escenarios adicionales.
— ¿Estás hablando de ese juego?
— Si, bomberman.
— ¿Esa aún sigue con ese jueguito?
Él siempre creyó que ella continuaría con el juego de lucha
libre profesional que jugaron juntos la última vez.
— No puedes hacerlo si practicas sin cesar –dijo Shinya–. In-
cluso si este es un escenario adicional.
— El punto es, que si tolero y mantengo mi amistad con to-
dos, ¿seré capaz de lograrlo algún día?
Al oír eso, Shinya parecía que estuviese pensando fuerte.
— ¿Entonces qué es esto exactamente?
— ¿Qué?
— Sin embargo, si no mantienes esa amistad, no habrá mo-
tivos para vivir. Es como esto, ¿bien? ¿Solo estás interesado en
volverte fuerte, Guren?
—……….
— Creo que el verdadero valor yace en proteger a alguien o
apoyar a alguien… ¿por qué es esto entonces? No pudiste llevarte
a ti mismo a hacer cosas egoístas como esas.
Esa era una opinión totalmente distinta a la de Saitou y Ma-
hiru.
92
Volverse vagamente fuerte no tenía sentido.
Él podía entender eso también. Él mismo se sentía más atraí-
do a ese lado. Ese era exactamente el por qué el mantuvo su forma
humana y se estancó en ese punto.
Cuando llegaron a casa, Goshi y Mito ya habían llegado.
Toda la habitación estaba limpia; los cristales rotos de la ven-
tana también habían sido reemplazados. Todo fue hecho por Sa-
yuri.
Mientras comían curry, Guren reveló todo lo sucedido ese
día.
Un poderoso vampiro de identidad desconocida.
Mahiru cooperando con los vampiros, preparándose para ha-
cer algo.
No había más temas de los que pudiesen hablar.
Él quería alcanzar a Mahiru, pero no tenía idea de dónde es-
taba. Aunque tenían información del lado de la reina vampiro,
los recuerdos de la batalla con el monstruo de hace poco fueron
suficientes para convencerlos de que si encontraban algún asenta-
miento de vampiros, ellos no podían acercarse.
Hasta ahora, el simple hecho de capturar a un vampiro nor-
mal que no fuese de la nobleza, requería que todos pusieran sus
vidas en riesgo.
Ellos no podía luchan contra unos cuantos vampiros o los no-
bles.
Era necesario hacerse más fuerte.
Tal como lo dijo Kureto, los experimentos «Kiju» y sus entre-
namientos continuarían a partir de mañana. Aunque era desco-
nocido cuán poderoso podía ser el «Kiju»…..
Guren desarrolló cierta cantidad de determinación luego de
hablar con Shinya hace poco.
Al final, él quería poder para construir amistadas.
Poder para proteger.
Poder para, al menos, resistir las lágrimas cuando presenciaba
la ejecución de sus circulo interno –amigos, familiares, subordi-
nados.
Y después de eso, a largo plazo, si él pudiese obtener un poder
que fuese más allá de la cantidad que Mahiru imaginara…
—……….
¿Acaso las buenas cosas eran tan fáciles de obtener?
Luego de cenar curry, todos jugaron con los videojuegos.
93
El momento en que Mito dijo «déjenme echarle un vistazo al
juego de bomberman», ella exhibió habilidades increíbles. Nadie
podía entender como ella controló ese avatar.
Dios.
Monstruo.
Ella había, al menos, en el juego bomberman que más nadie
jugaba, superado las habilidades humanas.
— E-esto no es nada. Siempre y cuando practiquen, todos po-
drán hacerlo.
Mito, quien escuchó eso, fue incapaz de ocultar su orgullo.
Realmente era un poco hermosa.
Al verla tan alegre, él pensó, desde lo más profundo de su
corazón, que él quería protegerla.
Quería proteger a Goshi, Shinya, Shigure, Sayuri.
¿Eso era equivalente a caminar en el lugar de Mahiru?
Si ese era el caso, entonces, hoy, él solo caminó en ese lugar
por otro día.
Este mundo terminaría esta navidad.
Por eso, días como estos, probablemente eran muy, muy pre-
ciosos.
Pero Guren no se lamentaría de pasar el tiempo de esta forma.
Esas fechas cambiaron.
Guren continuó jugando lucha libre profesional.
El dio una mirada casual hacia la ventana. Allí pudo visuali-
zar una asombrosa luna nueva.
94
2 de diciembre:
Mahiru Hiiragi finalmente fue liberada de la ciudad subte-
rránea de los vampiros. Ahora caminaba en la superficie. Por las
calles de Tokio.
Como siempre, había mucha gente.
¿Qué hora era?
Ella levantó su cabeza para mirar al cielo. Aunque el sol se
estaba ocultando, ella sintió el calor de ese sol que no había visto
en mucho tiempo.
95
96
De entre la multitud, ella sintió que alguien la estaba miran-
do. Al principio, ella se imaginó que fuese Guren para buscarla,
pero naturalmente comprendió que eso era imposible.
De inmediato, ella ubicó la fuente de la mirada.
Era un hombre de traje negro: Saitou.
Acercándose, le dijo:
—…ah, buen trabajo.
— Ni siquiera me cansé. ¿Cuál es la situación en el exterior?
— Transcurren sin problemas. El mundo se mueve sin pro-
blemas hacia la destrucción.
Si hoy realmente era 2 de diciembre, entonces solo quedaban
23 días.
Luego de eso, el telón hacia la destrucción del mundo se le-
vantaría.
Mientras miraba a Mahiru, una sonrisa se dibujó en el rostro
de Saitou, luego dijo:
— Entonces, ¿obtuviste la fuerza que querías?
— Con solo verme, ya deberías saberlo.
— Seguro. Bueno, incluso si está anocheciendo, la luz solar te
debe estar afectando. Los vampiros odian el sol.
Al oír eso, Mahiru volvió a mirar al cielo.
Ella miró al cielo con sus pupilas color carmesí – eran pupilas
con el color de la sangre.
El cielo era igual de rojo. La puesta del sol.
Parecía más hermoso que antes, probablemente su visión ha-
bía mejorado. Comparado a cuando ella había solo simplemente
humana, ella podía discernir más sombras de colores.
Sus sentidos también se habían agudizado.
Los movimientos y la temperatura del aire. La humedad. To-
das esas cosas se sentían hermosas, hacían que uno sintiera que
tales cosas eran importantes.
Este mundo era extremadamente importante. Sin embargo…
—……….
Frente a todas esas cosas hermosas, ella no se sintió del todo
conmovida. Aún estaba sedienta. Sed de sangre.
97
Quería ingerir sangre. Sangre humana. Quería tomarse la
sangre de la humanidad.
Si. Ya no era humana. Saitou sacó un anillo que pudo haber
estado en el brazo de alguien.
— Toma, usa esto, te permitirá moverte vigorosamente inclu-
so en horas diurnas.
— ¿Qué es?
— Un anillo de luz ultravioleta.
— Bien.
Mahiru aceptó el anillo y lo deslizó en su brazo.
Luego, la sensación del sol rechazándola de este mundo dis-
minuyó. Era como si se hubiese vuelto inmune a los rayos UV.
— Además, si quieres camuflarte como humana, solo usa len-
tes de contacto. ¿Necesitas que te recomiende tiendas de acceso-
rios visuales?
Al oír las palabras de Saitou, Mahiru rió.
— Si son tiendas, puedo encontrarlas yo misma.
— ¿En serio?
— Si.
— Entonces, ¿en vasallo de quien te convertiste?
— Krul Tepes.
— Todo conforme al plan. Entonces, ¿ha aceptado tu petición?
— No es como si hubiese dado alguna condición que ella
rechazaría –dijo Mahiru, sonriendo.
Para Krul, existía algo que ella quería tener a toda costa. Ma-
hiru también tenía algo así, por eso es que cooperarían.
Saitou asintió.
— Bueno, comencemos. Quedan 23 días.
— Solo 23 días.
— Es suficiente.
Al decir eso, él se regresó por donde había llegado, dándole la
espalda a Mahiru.
Ella quiso atacar esa espalda. Blandió con todas sus fuerzas la
guadaña «Kiju» manifestada de dentro de su cuerpo - «Shikama
Doji».
98
La velocidad que ella experimentó en ese instante no fue nada
parecido a lo intentado anteriormente.
Aunque la fuerza del «Kiju» no estaba siendo provista a su
cuerpo, su propia velocidad era superior a la que tenía cuando
usaba el «Kiju».
Saitou se volvió. Se preparó para evadir la guadaña, pero,
como si comprendiera que era imposible hacerlo, él levantó su
mano.
Bloqueó la hoja de la guadaña con un solo dedo.
Mahiru ejerció fuerza para cortarle el dedo, pero la guadaña
no siguió.
Saitou miró esa enorme guadaña-
— ¿Esto qué es? La sensación de probar la fuerza de un vam-
piro.
Aun presionando la guadaña hacia adelante, Mahiru habló.
— Si no puedo matarte, entonces no contaría mucho.
— ¿Cómo es posible? Esos movimientos eran perfectos.
Como era de esperar de una dependiente de la Tercera Progeni-
tora Krul Tepes – incluso una vampira recién convertida es tan
poderosa.
La mayoría de la fuerza de los vampiros era determinada por
quien lo o la convertía en un vampiro o vampira, y el número de
años que vivía.
— Si me hubieses convertido en vampira, entonces no ha-
bría tenido que pasar por tanto problema.
— Soy de los que no deja que el número de vampiros incre-
mente.
— Pero fuiste tú quien me dijo que lo hiciera.
— De acuerdo a mi plan, ¿no te has convertido ya en una?
Mahiru miró a Saitou, empujó la guadaña. Luego ella sacó
fuerza del arma.
El poder del «Kiju» recorrió su cuerpo.
Para los vampiros, el «Kiju» era veneno. Pero como ella había
nacido con el Demonio en su cuerpo, ella era capaz de manejarlo.
Usar al mismo tiempo el poder vampírico y el demoniaco,
lograba que sus movimientos fuesen mucho más rápidos.
Ella sacudió su guadaña nuevamente en el aire.
Saitou sacó algo parecido a un pequeño cuchillo. Era algo que
podría permitir a los vampiros mejorar su fuerza física. Usando
ese cuchillo, él bloqueó la guadaña.
99
Por eso, Mahiru fue incapaz de recibir la tensión y soltó la
guadaña.
El arma salió volando, girando sin parar. Antes de aterrizar en
el suelo, desapareció.
En cuanto a Mahiru.
— ¿Qué…? Es que incluso siendo una vampira me encuen-
tro a ese nivel, ¿eh?
Ella gruñó, y Saitou rió.
— Ya eres lo bastante fuerte.
— ¿Entonces qué eres tú? ¿Un dios autoproclamado?
Saitou se encogió de hombros. La identidad de este desgra-
ciado seguía siendo desconocida. Ella no tenia claro cual era el
objetivo de él.
Como compartían los mismos intereses, él había ayudado a
Mahiru hasta ahora, pero cuando ya ella no fuera útil, él la ma-
taría.
Este desgraciado tenía la fuerza hasta tal nivel. En eso dijo:
— ¿Quieres volver a la «Secta Hyakuya»?
— Soy una traidora.
— Allí eso no importa. Comparado al «Mikado no Oni», ese
lado tiene menos resultados en su deseo de poder. Y tú posees la
fuerza suficiente para que te reciban con los brazos abiertos.
Él hablaba como si manipulara algo.
¿Qué demonios quería?
Lo que ella sabía, era que él estaba usando a la «Secta Hyaku-
ya» para completar el «Serafín del Final». Por eso, luego de entrar
a la «Secta Hyakuya», él vivió una vida ordinaria como un simple
asesino.
Pero incluso así, mientras él proveyese asistencia, la «Secta
Hyakuya» definitivamente completaría la investigación del «Se-
rafín del Final».
Si se llegaba a saber públicamente que ellos estaban llevando
a cabo tal investigación, por el bien de mantener el balance de
poder en el mundo, los vampiros atacarían.
Los vampiros eran los vigilantes.
Monitoreaban a los orgullosos humanos que no respetaban
las reglas.
Por eso es que él no podía permanecer entre los vampiros.
Pues él quería el «Serafín del Final».
Pero, ¿por qué? ¿Por qué el «Serafín del Final» era necesario
para él?
100
Sin embargo, ella nunca lo preguntó. En fin, incluso si lo ha-
cía, ella no recibiría respuesta alguna, ella ni siquiera tenía interés
en la vida de él.
Por eso, Mahiru dijo:
— Si no hay nada más, ¿te puedes largar?
— Aunque no hay más nada, ¿te di un presente, no?
Él se refería al anillo de luz ultravioleta.
— Ah, esto, gracias.
— Bueno, me voy. No tenemos mucho tiempo, hazle un elo-
gio a la humanidad.
Con eso, Saitou se desvaneció.
El tiempo restante era demasiado corto. Solo quedaban 23
días.
Luego de ese tiempo, Saitou y la «Secta Hyakuya», comenza-
rían con el «Serafín del Final».
Y su fuerza actual no era suficiente para detenerlos.
Si es así, ella necesitaba mucha más fuerza.
Una fuerza enorme, que aunque el mundo acabase, ella pu-
diese ser capaz de sobrevivir.
Fuerza para ser capaz de estar junto a Guren.
—……….
Mahiru agarró el anillo de luz UV y lo reventó.
La luz del sol nuevamente se volvió cegadora. Aunque el sol
se había puesto, y el cielo ya se tornaba oscuro.
—…este anillo, ¿qué estructura tiene? Necesito investigar-
lo y hacerme uno.
Ella no quería ser manipulada por Saitou. Ella no podía ser
tragada por el desastre y ser asesinada.
Ella tenía su propia investigación. A diferencia del «Serafín
del Final», su investigación estaba apuntada hacia el robo de la
fuerza del «Kiju».
Su transformación en vampiro solo era por ese objetivo. Aun-
que le había tomado algo de tiempo, si quedaban 23 días, enton-
ces, probablemente…
— ¿…pueda completarlo… quizá?
Ella murmuró con algo de nerviosismo.
Fuera de todo, ella de repente quiso ver a Guren.
101
Ella ya había sido incapaz de verlo en unos cuantos meses.
— Ah, Guren –dijo suavemente.
Entonces ella sintió que el deseo en su corazón se expandía.
¿Era lujuria? ¿Estaba siendo posesiva?
Guren, Guren, Guren –cada vez que ella pensaba en él, su
corazón se llenaba.
— Ahh, ¿quiero beber sangre?
Ella comprendió que era ese deseo. Sed de sangre. Ya no era
humana. Bueno, incluso antes de volverme una vampira, yo no
era humana –rió y luego comenzó a moverse.
Sujetando a una mujer que caminaba sola, ella la arrastró ha-
cia un callejón oscuro.
Ella no la dejó gritar. Con un golpe en el estómago, la mujer
se desmayó. Mahiru clavó sus colmillos en su cuello y le succionó
la sangre.
Glu, glu, glu.
No podía controlarlo. Tampoco es que quisiera hacerlo.
El deseo de sangre era muy fuerte.
Ya había succionado la sangre de unas cuantas personas, ma-
tándolas, pero cada vez que lo hacía, la diversión de tomar sangre
parecía incrementarse. Más que eso, el sabor cambiaba. Cambia-
ba de acuerdo al género y edad de la víctima.
¿Ah, a que sabrá la sangre de Guren?
Mientras lo imaginaba, ella se bebió la sangre de la mujer,
sintiendo un inmenso placer que podría desmayar a uno.
Ella escuchó que los latidos de la mujer se debilitaban.
Filtrando los sonidos de las máquinas de las calles de Kioto,
ella escuchó solo los latidos.
Thud-thud-thud.
En ese momento, el sonido se detuvo. La mujer estaba muer-
ta.
Cuando la fuente moría, la sangre se tornaba asquerosa, era
algo repentino.
Ella lanzó el cuerpo de la mujer a un lado. El cuerpo poco
apetecible, drenado de sangre provocativa, cayó al suelo.
— Uwaah…
102
De pie en el callejón, ella levantó su cabeza hacia el cielo.
La sed había aumentado. La fuerza brotó. Los alrededores
eran tan bellos como siempre.
El sol ya se había puesto. Este callejón estaba cerrado, sin luz,
por lo que se suponía estar completamente negro, pero para Ma-
hiru, todo era tan luminoso como el dia.
Ella pateó el suelo, saltó alto, luego pateó una pared, y aterrizó
en el tejado junto al callejón.
Allí abajo, la calle brillaba fuertemente.
El cielo estaba completamente negro, pero con un brillo azul
al mismo tiempo.
Ella recordó los dos millones de personas que vivían en Kioto.
¿Cuánta gente sobreviviría luego de navidad?
— Bueno, debería regresar a Tokio.
Al decir eso, ella comenzó a moverse una vez más.
◆ ◆ ◆
10 de diciembre.
Quince días para navidad.
En una escuela ubicada en Shibuya, unos demonios apare-
cieron.
Ya que los armamentos «Kiju» fueron puesto en uso y entre-
gados a los estudiantes de la Secundaria Shibuya, los estragos co-
menzaron a producirse periódicamente.
— ¡Uwahhhhh! ¡Voy a matarlos a todos, A TODOS!
En la distancia, los aullidos de un estudiante poseído por un
demonio se podían escuchar.
Estaba anocheciendo en la escuela.
Los estudiantes corrían caóticamente en todas direcciones.
Yendo contra el flujo de la multitud, Guren avanzó por el pa-
tio escolar.
Kureto había dado órdenes de matar a los estudiantes des-
controlados.
104
103
—……….
Él no había estado en esa escuela en mucho tiempo.
Gracias a su entrega de «Asuramaru», la investigación «Kiju»
se incrementó de repente, por lo que, durante los últimos meses,
él pasó casi todo su tiempo en el laboratorio y el salón de entre-
namiento.
Por eso, él ya no usaba el mismo uniforme escolar que tenían
los estudiantes que escapaban.
En lugar de eso, él usaba un uniforme militar provisto por el
«Mikado no Oni». Al ver ese uniforme, los estudiantes gritaron:
— ¡La ayuda llegó! ¡Los rescatistas del «Mikado no Oni» están
aquí!
— ¡Pero si solo es una persona!
— ¡Idiota, ese es Guren Ichinose-sensei! ¡La mano derecha de
Kureto-sama!
Parecía que él ahora era la mano derecha de Kureto. Bueno,
ya que estaba bajo el mando de él, no importaba lo que él hiciera,
no sería sospechoso por la Casa Hiiragi, eso probablemente era
algo afortunado.
Guren entró en el bloque de docencia.
Los estudiantes estaban huyendo con lágrimas recorriéndo-
les el rostro. Ese grupo de estudiantes debería estar armados con
equipos «Kiju», por lo que incluso si este número de estudiantes
era incapaz de derrotar al descontrolado, entonces ese chico debe-
ría de ser bastante poderoso.
Kureto también debió haberle dado órdenes a Shinya, Shigu-
re, Sayuri, Mito y Goshi. Ellos también deberían estar dirigiéndo-
se allí, pero…
—…parece que seré el primero en verlo –dijo, mientras corría
hacia la escuela. Subía las escaleras, hasta llegar al tercer piso.
Ya en ese piso había algunos cadáveres. Los estudiantes ha-
bían desenvainado sus espadas, pero aun así fueron asesinados.
Él contó el número de cuerpos. De los que estaban armados
con el «Kiju» eran 27.
Aunque no parecía que hubiesen atacado al unísono, signifi-
caba que para esos que usaban el «Kiju» normal, este era un des-
controlado que ni siquiera 27 personas podían detener.
En ese momento, una estudiante femenina llegó volando des-
de un salón distante. La chica no tenía mano derecha ni pierna
izquierda. La habían cortado.
— ¡No, no! ¡NOOOOOOOOOO!
104
Aunque gritó y lloró, ella no estaba en una distancia en la que
pudiera ser salvada.
El chico que permitió que su «Kiju» se descontrolara salió co-
rriendo del salón. Preparándose para asestarle el golpe de gracia
a la chica, él levantó su espada.
— ¡OYE! –gritó Guren audiblemente en dirección al estu-
diante. Este miró en su dirección. Sus ojos eran netamente ne-
gros. La maldición rodeaba su cuerpo.
De sus labios, una sonrisa se marcó, y lentamente dijo:
— ¿Quién eres?
— Tu cazador.
— ¿Eres un negociante del «Mikado no Oni»?
— Si, he venido a matarte.
Mientras decía eso, Guren desenvainó su espada. Sin embar-
go, el estudiante dijo, sonriendo.
— No puedes hacerlo.
— ¿En serio? Vamos a intentarlo.
El estudiante continuó:
— No, no. Te estoy diciendo que no puedes salvar a esta mu-
jer.
Al decir eso, su espada vagamente se clavó en el cuello de la
chica.
— Ah, ah, ah…
Llorando, la chica murió. Él no había sido capaz de salvarla.
— ¡Jajajajaja, no te muestres tan decepcionado! ¡Pronto te le
unirás!
El estudiante pateó la superficie y saltó. Y con una velocidad
imposible para los humanos, recortó la distancia en un abrir y
cerrar de ojos.
Guren avanzó lentamente. Dejando algo de espacio detrás de
su espalda a la oportunidad que pudiese necesitar.
— Jajajaja –dijo el estudiante–, ¿estás temblando, no? ¿Asus-
tado? ¿Aterrorizado? ¡Soy yo! ¡Yo soy el más fuerte! ¡Solo yo soy el
más fuerte de este mundo! ¡Asi que todos ustedes, MUERÁNSE!
Parecía que esto era lo que él quería.
Pateando el piso, paredes y techo, él se abalanzó hacia Guren.
El estudiante ahora debería estar experimentando un inmen-
so placer. Como Guren había sido así cuando se descontroló, él
podía entenderlo.
105
Cuando usaba el sello para controlar la fuerza de uno, era im-
posible que alguien comprendiera el placer de liberar su propio
poder. Sin embargo…
— ¿Cómo que el más fuerte del mundo? Nada cambia con
solo tener esos movimientos estando descontrolado.
Guren sacó su espada. El sello fue liberado a un nivel que no
pudiese causarle daño a su cuerpo. Liberando la cantidad mínima
de la fuerza de Noya.
Esta fuerza, es decir, la cantidad que podía controlar en ese
momento, era el 30% del poder de Noya. Ya era mucho más fuerte
que en la batalla con los 2 vampiros que tuvo 2 meses atrás.
Pues en ese tiempo él se la pasó entrenando.
— Noya, vamos.
Cuando dijo eso, el Demonio respondió.
«De acuerdo»
Pateó hacia el techo, luego, la espada del estudiante que estaba
atacando a una velocidad terrorífica, fue –con solo usar su mano
derecha–, bloqueada por Guren usando a Noya.
Allí, se produjo el choque del metal contra el metal.
— ¡Muere, muere, muere! –dijo el estudiante, oscilando su
espada, y Guren bloqueó los ataques mientras sacaba un talismán
con su mano izquierda. Luego lo lanzó.
— ¡¿Cómo pude ser golpeado?! ¡AHHHHH!
Gritó el estudiante. Él usó su espada para cortar el talismán.
En el momento en que este fue partido a la mitad, Guren mur-
muró.
— Explota.
Y así, el talismán explotó. En eso, la espada del estudiante va-
ciló. Aprovechando esa abertura, Guren clavó su espada.
— Maldición –el estudiante asustado levantó su espada con
dificultad para bloquear la espada de Guren. Aunque la bloqueó…
— Se acabó –dijo Guren. Lanzó una patada hacia el rostro
del estudiante. Su tacón alcanzó el mentón del chico. Debido al
impacto, la cabeza del estudiante giró hacia un lado.
— Agh.
El estudiante fue incapaz de ver en dirección a Guren. En ese
momento, Guren dio un paso al frente, pisando en el punto ciego
del estudiante.
106
«Mátalo»
Gritó Noya, pero Guren lo ignoró y le dio una vuelta a su
espada. Con el dorso de la misma, él golpeó la espalda del chico.
— Ugh.
El estudiante salió volando. Todo su cuerpo se estrelló contra
la pared.
— Ugh…maldición.
Si hubiese sido una persona normal, él habría muerto por el
impacto. Sin embargo, el cuerpo de este estudiante había sido for-
talecido por el demonio.
Incluso así, él no debería ser capaz de resistirlo. En primer
lugar, Guren había lanzado su ataque con la intención de otorgar
tal daño.
— Mierda, mierda, mierda, te mataré.
— Cállate.
De nuevo, él pateó la cabeza del estudiante. Y así, el chico
perdió el conocimiento.
El descontrol del demonio no se detendría simplemente por
quedar inconsciente. Él tuvo que despojar al chico del arma, y
luego imponer un sello…
En ese momento, hubo un sonido de aplauso.
Clap, clap.
— Que fuerte, Guren –se escuchó una voz femenina muy
clara.
Guren conocía esa voz. Su cuerpo se tensó. La mujer que se
había estado ocultando, regresó.
—….Mahiru.
Se volvió en dirección al aplauso. En la parte opuesta del pa-
sillo. En dirección al salón de clases de donde había salido el es-
tudiante.
Si, se trataba de Mahiru. Ella estaba usando un uniforme de
marinero de la Secundaria Shibuya, como siempre. Ella se había
infiltrado en la escuela.
Mirando a Guren con jovialidad, habló.
— Ese uniforme realmente te queda bien.
—……….
— Bueno, pareces bueno en algo, Guren.
Ignorando esa habladuría sin sentido, Guren apuntó al estu-
diante a sus pies y dijo:
107
— Oye, ¿fuiste tú quien dejó que este bastardo se descontro-
lara?
Al oír eso, sin decepción aparente, Mahiru asintió con su ca-
beza.
— Si. Fui yo. También lo hice destrozar las cámaras CCTV.
— ¿Para verme?
— Si. ¿No te alegra?
— Mucha gente volvió a morir.
— ¿Y?
—………
Guren miró a Mahiru. Parecía no importarle. Luego tomó el
brazo de alguien que estaba en el piso. Ese brazo sostenía una
katana «Kiju». Un equipo «Kiju» normal, uno que había sido pro-
ducido en masa.
— Aunque esta arma no es gran cosa… -dijo mientras lo
miraba.
— Noya ya está casi completo. ¿Cómo está el «Asuramaru»
que te di? Debería estar usándose.
Era cierto que debido a que el llevó a «Asuramaru», la fuerza
del «Kiju» había sido incrementada notablemente. La fuerza de
un demonio variaba de acuerdo a su tipo, y los métodos de invo-
cación para diversos tipos de demonios habían experimentado
avances debido al estudio de «Asuramaru».
Por ejemplo, de acuerdo a los pros y contras de cada tipo, tal
como los tipos Demonios Negros, Boshisattva, Rakshasa y Niños,
la habilidad de uno para controlar al Demonio era determinada
por el tipo y compatibilidad con el mismo.
Incluso con respecto a la modificación que sugería que los
humanos tenían que sufrir para ser capaces de manejar la serie de
Demonios Negros que era el rango de demonios más alto, había
existido grandes avances en el conocimiento…
Por eso…
— También debes haber renunciado a ser humano, ¿no? –
dijo Mahiru. Parecía que solo por ver, ella podía entender que
Guren había aceptado la cirugía.
Esa operación no era una que cualquier persona pudiese
aceptar. Incluso si uno entendía muy bien al «Kiju», era hábil con
los hechizos y tenía compatibilidad natural, el nivel de éxito de la
cirugía se encontraba por debajo del 20%
Mucha gente talentosa había aceptado dicha cirugía, y había
muerto.
108
Goshi, Mito, Sayuri, Shigure ni siquiera reunían los criterios
básicos para aceptar la operación.
Solo una minoría había tenido éxito en ella.
Kureto, Shinya, y…
—…ya que Noya es un Demonio Negro, ¿es difícil de con-
trolar? –preguntó Mahiru.
Si. Este demonio que ella le había dado era un Demonio Ne-
gro que tenía una actitud terrible por naturaleza. En el proceso de
liberación lenta del sello, él había aprendido cómo manejar a los
demonios de esa categoría.
Así tuvo éxito.
Ese éxito no se compartió con la «Secta Hyakuya». Justo aho-
ra, la «Secta Hyakuya» debería estar investigando los equipos
«Kiju» más débiles.
Si ellos llegaban a descubrir que dicha información no fue
compartida, probablemente podría iniciarse una guerra.
Sin embargo, el «Mikado no Oni» calculó que incluso si se
iniciaba la guerra, ellos serían capaces de ganar.
Los equipos «Kiju» que ellos poseían ahora tenían un nivel de
fuerza notable.
Guren prestó algo más de fuerza. A diferencia de la batalla
con el estudiante de hace poco, él estaba usando la fuerza que se
acercaba a un descontrol del «Kiju».
Ya estaba a punto de fundirse con el demonio.
La maldición que había estado imbuida en su cuerpo debido
a la cirugía estaba a punto de ser presionada a la fuerza.
La fuerza que él no podía controlar salió de todo su cuerpo
como si fuese sombra.
Viendo eso, Mahiru habló alegremente.
— Ohh, que fuerza tan asombrosa. Realmente parece que
ya no eres humano.
La persona que había dejado de ser humana mucho antes le
dijo eso.
Sin embargo, habiendo progresado a tal nivel, la investigación
no debería ser capaz de avanzar más.
Él había alcanzado el tipo demoniaco de mayor rango entre
los «Kiju» - la serie de «Demonios Negros», sin mencionar que
había entrenado frenéticamente todos los días con el fin de con-
trolarlo.
109
— Noya, posesión –dijo. De los armamentos «Kiju» de alto
rango, había dos tipos: el tipo posesión y el tipo manifestación.
El tipo posesión, poseía al usuario para incrementar su fuer-
za.
El tipo manifestación creaba una forma física con habilidades
especiales.
Noya era de tipo posesión. Luego, una voz alegre sonó en su
cabeza.
«¿Así que el día de matar a tu amada finalmente llegó, eh?»
—…….
Guren no respondió.
Noya lo poseyó.
Poseyó su corazón.
Poseyó su alma.
En eso, él sintió una fuerza alarmante siendo liberada en su
cuerpo.
Para ser honestos, él no estaba seguro si podía seguirse lla-
mando humano. Él ya se había convertido en algo distinto a ellos.
Sin embargo…
—…finalmente te he alcanzado.
Al oír a Guren decir eso, Mahiru volvió a reír con diversión.
— Si –lo confirmó. Asintió con franqueza, y dijo–. Si solo
tuviésemos esa fuerza cuando éramos jóvenes… ese día, en ese
momento, si hubiésemos tenido la fuerza que tenemos ahora,
habríamos sido capaces de escapar juntos.
Eso dijo, pero, ¿realmente era el caso? ¿Sería cierto que si ellos
hubiesen tenido esa fuerza, habrían podido hacer lo que desea-
ban?
Él no podía imaginarlo, ya no.
Observando a Mahiru detenidamente, Guren habló.
— Incluso si tengo esta fuerza, no podría ser capaz de escapar
contigo. Después de todo, la razón por la que me fortalecí, no fue
por ti.
— ¿Entonces por qué fue?
— Para proteger a mis compañero.
— En serio, ahora.
Mahiru sonrió con tristeza. Pero él no paró.
— La gente a la que quiero proteger, te incluye.
—………
Ella volvió a sonreír alegremente.
110
— Mahiru. He esperado tanto tiempo para volver a verte. No
te resista cuando te tomemos bajo nuestro control. La tecnología
para extraer al demonio de tu cuerpo ya ha comenzado a estable-
cerse.
—……….
— Puedo salvarte.
En eso, Mahiru dijo:
— Pero dime, ¿qué será después de eso? Después que siga
viviendo como una esclava de la Familia Hiiragi, ¿eh?
— Lo que venga después, es algo que podemos discutir con
el tiempo.
— Incluso si regreso, seré ejecutada. ¿No es así?
— Entonces, extrae el demonio primero, luego que vuelvas a
ser humana, podrás pensarlo más.
— Entonces, si vuelvo a ser humana, ¿escaparás conmigo?
A esa pregunta, Guren era incapaz de responder. Él no po-
día escapar. A estas alturas, ambos deberían estar claros sobre
ello.
Por eso es que estaban en dicha situación.
Porque no podían escapar, porque tenían que luchar por las
cosas que tenían, por eso es que estaban como estaban.
Incluso así…
— Aun podemos hacerlo, Mahiru.
Mahiru sonrió eufóricamente.
— Tu demonio se descontrola. A menos que sea extraído
de tu corazón, no puedes volver a ser humano.
Ella solo seguía sonriendo con euforia.
— Estás tan desesperado por salvarme, eso me complace.
— Entonces…
— Desafortunadamente, el mundo terminará este mes.
Todo cambiará. Aquellos que mantengan un cuerpo humano
serian incapaz de pasar este obstáculo.
Pero Guren la interrumpió y dijo:
— El mundo no acabará. Derrotaremos a la «Secta Hyaku-
ya». El último enfrentamiento comenzará en cinco días. Siempre
y cuando los acabemos, la destrucción del mundo se detendrá,
¿no?
111
Mahiru solo seguía sonriendo tristemente.
Pero no era necesario discutir más. Todo se reducía a captu-
rarla viva, y luego sacarle la información.
En la oportunidad de que el mundo realmente fuese des-
truido en navidad –dentro de quince días–, ellos aún tenían que
mantener su estatus quo.
Por eso…
— Mahiru.
— ¿Sí?
— Te llevaré detenida.
Ella sonrió cautivadoramente.
— No puedes hacerlo –dijo. Su armamento también era un
Demonio Negro. Después de todo, en frente de Guren, ella había
logrado matar a decenas de personas solo con un «Kiju» normal.
Sin embargo, ahora Guren también tenía un armamento De-
monio Negro.
Más que eso, él ahora tenía compañeros. Sus compañeros ha-
bían llegado.
Evidentemente, la orden de matar al estudiante descontrola-
do no le había sido ordenada solo a Guren.
En el otro extremo del pasillo, Shinya estaba sujetando un
arma similar a una pistola ya preparada. El armamento Demonio
Negro que Shinya usaba era del tipo que disparaba balas.
Él pudo sentir unas cuantas personas más.
Goshi, Mito, Sayuri y Shigure probablemente también habían
llegado.
Aunque sus armamentos no eran Demonios Negros, ellos
aun así tenían «Kiju» con habilidades especiales.
Incluso Mahiru permitió que el demonio se descontrolara al
nivel que no pudiese mantener un corazón humano, si eran seis,
ellos deberían ser capaces de controlarla.
En otras palabras, hoy…
—…tu escape termina aquí.
Al oír las palabras de Guren, Mahiru sonrió y se preparó para
decir algo. Pero él no la escuchó.
Shinya comenzó a atacar. Desde el pasillo opuesto, se escuchó
un fuerte BANG.
112
Al mismo tiempo, la bala que Shinya disparó llegó volando
hacia ellos. Tenía la forma de un tigre gigante. La bala del demo-
nio manifestado que Shinya usaba.
El tigre se preparó para clavar sus colmillos en Mahiru.
Con un movimiento de su mano, una guadaña apareció, y
cortó la bala.
Guren miró sus movimientos. Eran ligeramente más lentos
que los suyos.
Él sentía que podía hacerlo. Que finalmente podía capturar-
la…
— ¡No te he dado tales expectativas, ¿cierto?!
Mahiru sonrió y se volvió.
Ella osciló la guadaña a una velocidad muchas veces mayor a
lo que Guren imaginó.
Guren levantó a Noya. La guadaña chocó con el cuerpo de la
espada. Un impacto inimaginable recorrió su brazo.
—…ugh.
Él permitió que la guadaña se deslizara. Pues, si la bloqueaba,
él sería enviado a volar hacia atrás.
La guadaña llegó a él otra vez.
Una, dos, tres, cuatro veces. Trató desesperadamente de pen-
sar en una forma de contrarrestar los ataques de esa guadaña.
Todo lo que podía hacer era no dejarse asesinar por el arma.
Era obvio que ella era más fuerte.
Él no podía entender por qué había una enorme diferencia
entre sus poderes. Su análisis sobre el «Kiju» ya debería estar casi
completo.
A cierto nivel, él podía predecir cuán poderoso podría ser
uno cuando ser respondía al «Kiju».
Asumiendo que Mahiru estuviese usando el «Kiju», el que
ella fuese más fuerte qué, también estaba en sus predicciones.
Sin embargo, sus movimientos anteriores fueron notable-
mente distintos a los de él usando el «Kiju».
Si era así, ella estaba usando otro tipo de fuerza. Sin embar-
go…
— Si no puedes matarme en un instante, puedo ganar yo.
Guren miró a Mahiru, y ella sonrió.
113
— ¿Es porque tienes compañeros?
Si.
En eso, los pies de Mahiru estaban casi cubiertos por el hechi-
zo ilusorio de Goshi. Ella miró el humo, y dijo alegremente.
— Asombroso. Las habilidades del «Kiju» se extienden a
los hechizos de ilusión. Caer en un truco así, es bastante malo.
Ella saltó hacia la ventana. Pero la ventana ya había sido se-
llada por Shigure. Para romper el sello, Mahiru tuvo que usar la
guadaña.
Y ese movimiento, crearía una abertura.
Guren volvió su espada y atacó. Se preparó para usar el dorso
del arma y golpearla.
— ¡Se acabó, Mahiru!
— Maldición.
El dorso de la espada estaba a punto de alcanzar su hombro…
Pero, ella se desvaneció de repente. Lo que él creía que era su
cuerpo, se había convertido en un trozo de papel.
— ¡¿Un hechizo de ilusión?!
En respuesta a su exclamación, una voz tenue llegó desde de-
trás.
— Así es. Yo también puedo usarlos.
Si él se volviera a ver, sería muy tarde. Por eso, Guren dio un
gran salto hacia adelante.
— ¡Shinya! ¡Ayúdame aquí!
Al mismo tiempo que él grito eso, tres disparos sonaron.
Desde el otro extremo del pasillo, tres tigres pequeños fueron
disparados. Uno voló hacia Guren, pero usó a Noya para cortarlo.
Luego que la bala fuese dividida en dos mitades, ambas se
dirigieron hacia Mahiru, que estaba detrás de él.
Incluso si fuese alguien armado con el «Kiju», si eso los gol-
peara, moriría – así de fuerte era el poder asesino de las balas de
Shinya.
Sin embargo, ella no era normal.
Con su cuerpo tenso, Guren se volvió.
114
Asegurándose de ser capaz de contrarrestar cualquier ataque.
—…………..
En el estrecho pasillo, Mahiru giró la enorme guadaña, y sus
agiles movimientos rasgaron las balas de Shinya.
Esos movimientos fueron anormalmente rápidos, precisos y
hermosos.
Si fuese un uno a uno, él definitivamente sería incapaz de ga-
narle.
Incluso si era él y Shinya, ellos podrían no ser capaces de ga-
narle.
Pero ahora, todos estaban reunidos como un equipo de seis
personas.
Dado su ataque y defensa actual, el próximo movimiento pro-
bablemente sería el momento decisivo.
Si ese ataque fuese realizado por Guren, Shinya, Goshi y Shi-
gure…
Añadiendo a Mito y Sayuri, ellos ganarían. Mito y Sayuri no
se habían unido al ataque de ahora, y solo miraban desde los la-
terales.
Incluso si ellas no se unían a la batalla, él también podría pre-
decir que sus compañeros no morirían.
De ser así, el próximo ataque probablemente tendría éxito.
Era probable que Mahiru lo entendiese. Por eso Guren dijo:
— Mahiru.
— ¿Si?
— Baja tus armas. Esta vez ganamos.
Luego, ella vagamente bajó la guadaña en su mano. Esa gua-
daña que ellos creían que aparecía y desaparecía a voluntad, cayó
al suelo y se convirtió en una pequeña pieza de ajedrez.
Luego, como si se rindiera, ella levantó ambas manos.
— Muy bien. He soltado mi arma.
Pero Guren no bajó la guardia. Ella era fuerte y astuta. Inclu-
so sin un arma, él no sabía qué otra cosa podría sacar. Por eso,
Guren añadió.
— Arrodíllate.
— Muy bien…
Mahiru se arrodilló.
115
Su falda rozó el suelo. Aún quedaban los cadáveres de otros
estudiantes en el suelo, sus pálidas rodillas y su falda se tiñeron
con la sangre fresca.
Verla en esa posición no era algo que pudiese relajar a uno.
Pues ella siempre ha parecido tan fuerte y confiada.
Él sintió que sus compañeros estaban corriendo hacia él. La
batalla había acabado.
Al final, él había salido victorioso contra Mahiru.
— ¿Por qué viniste? –preguntó Guren.
— Para verte.
— Entonces, ser capturada en este lugar, ¿es algo que estaba
en tus planes?
— Si. ¿Me abrazarás con fuerza?
Sin embargo, antes de que sus compañeros llegaran, él no se
le acercaría.
— No tengas miedo –sonrió Mahiru.
— Si no quieres que tenga miedo, entonces dime tu objetivo.
— Estoy protegiendo algo importante –respondió ella con
seriedad.
— ¿Algo importante?
— Si.
— ¿A qué te refieres?
— Tu… y mi hermanita –dijo. Su hermanita. ¿Estaba hablan-
do con el corazón?
— Si realmente quieres protegerla, quédate a su lado –dijo
Guren, haciéndola sonreír.
— Aunque quiero hacerlo… tú ni siquiera te puedes prote-
ger a ti mismo –dijo eso, aun con las manos levantadas.
— No tengo ningún armamento «Kiju» en este momento.
Además he soltado a «Shikama Doji».
Parecía que el nombre de la guadaña que había sido lanzada
al suelo y se había convertido en una pequeña pieza de ajedrez era
«Shikama Doji».
— También bajaste a «Asuramaru», no hay «Kiju» alguno
en mi mano.
Con solo bajar al «Kiju» no sería suficiente para liberar la
maldición del demonio, pero cuando se separaba del cuerpo, la
fuerza de uno disminuía.
116
En otras palabras, debido a su unión con el demonio, ella aho-
ra era más fuerte que los humanos, pero para Guren, quien estaba
equipado con un Demonio Negro, ella había quedado débil.
— Entonces, perderás ante una chica desarmada que origi-
nalmente no puede hacer nada.
Guren fijo su mirada con esos ojos llenos de confianza que
ella tenía.
Eran unos ojos negro azabache, muy claros.
En esos ojos, parecía que brillaba un ligero brillo rojo.
— Tu…
Sin embargo, para entonces, ella ya se había movido. Ella lan-
zó una patada hacia Guren. Ese movimiento fue más rápido que
cuando estaba usando a «Shikama Doji».
— Ugh…
Guren usó todas sus fuerzas para evadir esas patadas, pero
falló. El dorso de su pie se conectó con el mentón de él.
— Ah…
Aunque solo lo rozó ligeramente, su cabeza fue echada hacia
atrás con violencia. Su cerebro traqueteó en su cráneo. Eso era
malo. Él había sufrido una herida traumática. Sus rodillas tam-
bién comenzaron a sacudirse, y fue usando la fuerza del «Kiju»
que se las arregló para no perder el conocimiento.
Mahiru habló, sonreía.
— Ah, ¿viste dentro de mi falda? Que pervertido, así que,
por favor, acepta mis ataques al mismo nivel que hace poco…
El tintineo en sus oídos no desapareció. El mundo giraba ante
sus ojos.
— Ugh…
Guren quiso empujarla. Le agarró el hombro. Era suave como
el de una chica, sin embargo, no se movió.
La maldición no se había manifestado en su piel. Ella no pa-
recía estar usando el «Kiju».
Sin embargo, esto no se parecía a la fuerza de un humano que
no usara el «Kiju».
Guren trató de dar un puñetazo con su mano izquierda al ros-
tro de Mahiru, intentando apartarla. Pero su brazo fue agarrado.
Trató de golpear con la empuñadura de su espada en su mano
derecha, pero también fue agarrada.
Esencialmente, eso se volvió una comparación de fuerza bru-
ta.
117
— ¿…qu-qué demonios eres?
Él no logró sentir que podía ganar.
Así, él fue abrumado y forzado a arrodillarse.
Mahiru mostró la misma sonrisa de antes. Era la expresión
de alguien que quería decir algo. Ella mostró una expresión in-
toxicada.
— Solo una chica.
—…ugh.
— Entonces, tú, que no puedes ganarle siquiera a una chi-
ca, ¿cómo puedes salvar el mundo? ¿A quién puedes salvar en
un mundo que ya ha acabado?
— ¡…ugh, maldición!
Guren le dio un cabezazo, pero su ataque no funcionó. Él fue
forzado nuevamente hacia el piso.
El rostro de Mahiru se acercó al de Guren.
— Sigo delante de ti. Pero la distancia es pequeña. Así que
apresúrate y alcánzame, y luego abrázame con fuerza.
Ella siguió acercándose.
— Primero, hay algo importante que tengo que decirte. El
«Shikama Doji» que lancé, está en tu bolsillo. Entrégaselo a
Shinoa. Lo necesitará para sobrevivir en el mundo luego de la
destrucción…
— Entonces, vas…
— Entrégaselo. Luego de eso, no te acerques más a la «Secta
Hyakuya». Si algo sale mal y te matan, me sentiré muy frustra-
da.
— No hay manera de que escuche tus órdenes.
Ella se mostró confundida, y acercó más su rostro. Se acercó
lo suficiente como para tocarle los labios.
— Ah… amo tu esencia, Guren. Seria lindo si pudiésemos
permanecer siempre así.
Ella rozó ligeramente sus labios contra los de él.
Allí estaba su sabor. En el corazón de Guren, algo se encendió.
¿Era amor, o lujuria?
118
Con un dolor suave, y el placer de tener su cuerpo siendo
retenido a la fuerza, una humillación extraña cubrió su cuerpo.
Él no podía moverse. Mucho menos resistirse.
Él era como una presa que había sido cazada. Se sintió des-
esperado.
— Ah…
Mahiru levantó su cabeza. Hilillos de sangre caían de sus la-
bios.
En su boca, había colmillos como hojillas afiladas.
¿Qué demonios era?
Ella parecía completamente una…
— ¿Lo ves? No puedes alcanzarme, ¿cierto?
Mahiru se limpió la sangre de la comisura de sus labios. Su
lengua lamió la sangre restante en su mano.
119
En ese momento.
— ¡Guren! –se escuchó la voz de Shinya.
Shinya estaba cerca, sujetando un «Kiju» con la forma de un
rifle con una bayoneta.
— Mahiru, no te muevas.
Mahiru se volvió ligeramente. Shinya tiró del gatillo al ins-
tante.
Pero Mahiru fue rápida. Con sus pies, ella levantó la espada
que Guren había soltado –Noya–, y la pateó en dirección a Shin-
ya.
La espada voló con una fuerza temible, y perforó el pecho de
Shinya.
Él ni siquiera tenía la fuerza para gritar ¡Shinya!
Luego de que le hubiesen succionado la sangre, él no podía
moverse.
Sin embargo, una voz resonó a un lado de su oído.
— Es una ilusión de Goshi. Ya vi sus movimientos. Nuestros
yo actuales no pueden ganarle. Apresúrate y escapa –era la voz
de Shinya.
Como si protegiese a Guren, Shinya se situó delante de él con
su arma. Parecía que la perforación de su pecho simplemente ha-
bía sido una ilusión.
La ilusión no se desvanecía aun. Él todavía podía ver el cuer-
po del Shinya que había muerto por haber recibido un corte de
pecho.
Él pudo ver que junto al cuerpo de Shinya, Sayuri, Shigure,
mito y Goshi observaban a Mahiru con una expresión de estar a
punto de llorar, todos esos eran ilusiones.
Pues, justo ahora, Sayuri, Shigure y Mito estaban abrazando
el cuerpo de Guren desde atrás.
Todos contuvieron la respiración. La tensión era alta. Pues
todos sabían que Mahiru era exageradamente fuerte. Por eso ellos
no habían rescatado a Guren a tiempo.
— Vamos –susurró Shinya.
Sayuri y los demás asintieron, preparándose para moverse
mientras apoyaban a Guren.
Sin embargo, en ese momento, ellos vieron a Mahiru volverse.
Los miró. Miró a Guren que no podía moverse.
—……..
Y solo sonrió.
120
Parecía que no tenía intenciones en perseguirlos. Lo que ella
quería hacer, ya lo había hecho.
Sus labios se movieron ligeramente. Y Guren leyó lo que dijo.
Luego comprendió que ella decía: te amo demasiado.
Eso realmente no era importante. Probablemente era la ver-
dad.
¿Se había convertido en una vampira? ¿Qué demonios perse-
guía como para llegar a esos extremos?
Si fuese solo para proteger lo que era más importante para
ella, ¿habría que llegar tan lejos?
Ella retrocedió. Luego se desvaneció en las profundidades del
pasillo.
Unos días después, el telón hacia una guerra se abriría.
Y en quince días, el mundo acabaría.
Sin embargo, él todavía carecía de la fuerza necesaria para
cambiar todo eso.
Para proteger a sus compañeros. Para proteger lo que era im-
portante para él, ¿qué debía hacer?
Mientras era salvado por sus compañeros, él seguía pensando
en todo ello.
◆ ◆ ◆
11 de diciembre:
Guren no formó parte del entrenamiento «Kiju».
Él estaba sentado en el sofá de su casa, considerando sus ideas
sin torcer un musculo.
¿Qué debería hacer para emerger en frente de Mahiru? Era la
pregunta que se repetía.
Probablemente ella estaba anticipando eso. Esperando que él
la alcanzara. Actuando como si necesitara ayuda.
Él miró el armamento «Kiju» de color negro y con forma de
varita pequeña, llamado «Shikama Doji» que estaba ubicado so-
bre la mesa.
Ella le había dicho que era algo necesario para vivir luego que
este mundo terminada.
Lo miró fijamente:
—……
¿Eso de querer proteger a su hermana, era cierto? ¿O era que
ella quería manipularla?
121
Si él llevaba el «Shikama Doji» al laboratorio del «Mikado no
Oni», probablemente él fuese incapaz de entregárselo a Shinoa.
Como precedente, estaba «Asuramaru». Este armamento
«Kiju» que Mahiru le había confiado, ahora era un sujeto de prue-
ba, y ya no podía sacarlo de allí.
Entonces, ¿realmente estaba bien entregarle el «Shikama
Doji» a Shinoa sin colocarle sellos?
Él pensaba en todo eso. Si el amor que Mahiru le tenía a su
hermana era cierto, él tenía que entregárselo así como estaba.
Si no, él no debería entregárselo, y si tuviese que hacerlo, hoy
era el día limite.
La razón era que al día siguiente, el asalto a la «Secta Hyaku-
ya» se llevaría a cabo.
—………
Ayer, él le había dicho a Mahiru que el ataque comenzaría en
5 días, pero eso era una mentira. La realidad era que el ataque
seria mañana.
Esa sería una guerra total.
Aunque la investigación del «Kiju» de su lado estaba progre-
sando sin problemas, dado el inmenso tamaño de la organización
«Secta Hyakuya», sin importar como él lo viera, dudaba que esa
gente se fuese a rendir tan fácilmente.
Pero aun así, era necesario hacerlo.
La «Secta Hyakuya» había alcanzado lo prohibido, una in-
vestigación destructiva llamada «El Serafín del Final». Esto había
quedado claro luego de la investigación del «Mikado no Oni».
Si ellos ignoraban eso, el mundo podría ser destruido.
Por eso, mañana ellos comenzarían una guerra que podía in-
volucrar al mundo entero. En cuanto a Guren, él había sido forza-
do a estar en las líneas delanteras.
En otras palabras, él podría morir.
Si ese era el caso, él tenía que entregarle el «Shikama Doji» a
Shinoa, y tenía que ser hoy.
Mientras él pensaba en eso, el timbre sonó de repente.
Se levantó del sofá, miró el monitor CCTV. En la pantalla,
Mito apareció.
— ¿Qué quieres, Mito?
122
— Eh… ya que no fuiste a entrenar, me preguntaba qué esta-
bas haciendo.
— Iré pronto. ¿No te lo dije hace poco?
— No, eh…
— Hoy estoy ocupado. Deberías irte. Luego, él apagó el moni-
tor. Pues, si él le fuese entregar eso a Shinoa, tenía que asegurarse
de que nadie lo viese. Y Mito podría estropearle el plan.
Sin embargo, el timbre volvió a sonar.
— Que molesta. ¿Ahora qué?
— Eh… tengo algo que decirte.
— Dilo desde allí.
— No, eh… si me quedo afuera, no puedo decirlo…
— Bueno, lo dirás luego. De todas formas, todos tienen que ir
esta noche a la reunión sobre la batalla. En ese momento….
Sin embargo, ella habló con un tono de súplica.
— Por favor. No te quitaré mucho tiempo, te lo pido, déjame
entrar. Antes de morir mañana, tengo algo que decirte…
Ella dijo eso con una expresión preocupada.
Mañana ellos se dirigirían a las líneas delanteras de la batalla,
por eso, la supervivencia no estaba garantizada.
Guren dudó un momento, luego presionó el botón del seguro
automático.
— Entra.
La expresión de Mito brilló. La imagen del monitor se desva-
neció.
¿Qué tenía que decir?
Dado que podrían morir mañana, ¿en qué estaría pensando?
—…….
Volvió a la mesa, recogió a «Shikama Doji» con un paño, y lo
guardó en su bolsillo sin tocarlo directamente.
Luego se volvió a sentar en el sofá. Encendió el televisor. En
ese momento, lo que se mostraba en la pantalla era la transmisión
de las noticias de entretenimiento del día.
Como siempre, ellos estaban parloteando sobre quien podría
estar teniendo una cita, cosas sin importancia.
—……….
No, era posible que ese tipo de cosas fuese más importante.
123
Si él quería fortalecerse o lo que sea, querer obtener algo, o
querer salvar el mundo, y cosas así, era posible que eso solo fuese
para dejar un legado.
Si era así, entonces todos podrían decir que lo hicieron en
nombre del amor, tener sexo, tener hijos o así.
Entonces…
— Comparado a los idiotas que se involucraran mañana en
una guerra, estos cretinos de allí son lo que tienen la razón.
Viendo las noticias de entretenimiento, Guren rió amarga-
mente.
El timbre volvió a sonar.
— La puerta está abierta –dijo en dirección a la entrada, y
Mito entró.
Parecía tensa. Su rostro estaba ruborizado.
Mañana ella entraría en el campo de batalla.
Antes de eso, los humanos que querían dejar sus legados, ¿qué
tipo de emociones estarían atendiendo?
— L-lamento molestar.
Mito se quitó los zapatos y entró en la casa.
Pasando por la sala de estar, él estudió los alrededores.
— ¿Y Yukimi-san y Sayuri-san dónde están?
— Fueron a la reunión con la gente esa del «Mikado no Oni»,
y todos esos que irán a la guerra de mañana.
— ¿Sí?
— Si. Dime, ¿qué pasa?
— No, eh, eh…
Tartamudeó. Pero lo que ella quería decir, ya él lo sabía. Ella se
había enamorado. Mirándola, Guren dijo:
— ¿Entonces?
— Eh… t-tengo algo que decirte.
— ¿Qué es?
— Eh… es lo mismo que te dije por teléfono la última vez.
—……
124
— Eh, eh, en ese momento, debido a la ilusión de Mahiru-sa-
ma, tuve algo así como, una pérdida de la razón o algo así… por
eso no te transmití voluntariamente mis sentimientos…
— Sin embargo, Guren la interrumpió.
— Bueno, hoy es igual. La batalla de mañana será cruel. Por
eso, estás temblando, solo debes estar malinterpretando todo.
— ¡D…de ninguna manera! –gritó. Luego lo miró.
Al verla así, Guren dijo:
— Pero, que yo te guste, no es nada bueno.
— Ah…
En eso, su expresión se convirtió en pena. Se apretó su pecho
con dolor.
— E-entonces… ¿eso significa que he sido rechazada?
Parecía que estuviese luchando por no llorar, quizá eso se po-
dría decir que era hermoso.
Mirando esa expresión tan linda. Ella decía que era su primer
amor. Hasta ahora, ella solo había perseguido entrenamientos re-
ligiosos, y nunca antes había tenido amigos.
Entonces, ¿él debería aceptar su confesión?
—……….
En su corazón, él pensó que estaría bien aceptarla. Él no la
odiaba. Si ellos muriesen mañana, si ellos pudiesen al menos dis-
frutar el momento actual, entonces estaría bien aceptar sus sen-
timientos.
Sin embargo, Guren dijo:
— Entonces, ¿tú lo que quieres es acostarte conmigo ahora?
Al oír eso, Mito abrió sus ojos de par en par. Todo su rostro
se ruborizó.
— ¿Q-que estás diciendo…?
Guren la interrumpió y dijo:
— ¿Entonces quieres hacer algo más? ¿Casarte? Pero eso es
algo que tus padres no aprobarán, ¿cierto?
—…es verdad.
— La Casa Jūjō siempre ha sido una de las familias más pres-
tigiosas que sirven a la Casa Hiiragi en el «Mikado no Oni». Es
definitivo que ellos no te permitirán
125
casarte con una escoria de la Casa Ichinose. La Casa Hiiragi
también se rehusará. Podrían castigarme, incluso todos los de la
Casa Jūjō lo harían.
Mito probablemente ya entendería las cosas. Esa era una re-
lación prohibida.
Incluso si ambas partes compartieran los mismos sentimien-
tos, ellos no tenían futuro, solo sería una relación fugaz.
Como ellos podrían morir mañana, eso no era algo del todo
malo. Más que eso, abrazarse completamente desnudos con el
fin de liberar su mente del miedo, era algo tentador. Al final, en
las noticias de entretenimiento, ese tipo de cosas seria discutido
como algo importante.
Sin embargo…
—…Mito –dijo Guren.
Aun llorando, ella lo miró.
— No trato de morir mañana.
—…pero.
— Y mucho menos dejarte morir. Pues eres una compañera
muy importante para mí.
Al oír lo que Guren decía.
—…compañera.
Ella dijo con voz temblorosa. Como si soportara la pena en su
corazón, ella frunció el ceño, pero no pudo soportarlo, las lágri-
mas cayeron por su rostro.
—…no soy atractiva, ¿cierto?
Ella susurró tan suave que él casi no podía oírla. Fue en ese
momento en que él lo notó, ella se había maquillado un poco. Ella
también llevaba ropa un ligeramente más atractiva de lo usual.
Era bastante atractiva. Desde la primera vez que la vio, él lo
creyó así.
Guren siguió pensándolo, ¿cómo lograr que ella lo entendie-
ra? Que entendiera que ella era una compañera importante por la
que él arriesgaría su vida para protegerla.
— Eres muy atractiva. Puedo aceptar tu declaración de hoy,
puedo abrazarte también. Pero, ¿qué utilidad tiene? Si te abrazo,
entonces ya no seriamos compañeros.
—….
126
— Conversar y casarnos está prohibido. Por eso es que, si
acepto tu confesión, entonces perdería una compañera impor-
tante. Y eso no es algo que quiero.
Debido a esas palabras, las lágrimas de Mito cayeron como
lluvia.
— Entonces, ¿qué debería hacer?
—……
— ¿Qué hago…con estos sentimientos…?
—……
Apretándose el pecho, Mito lloró.
Parecía como si tratara desesperadamente de suprimir el llan-
to. Exhaló profundamente, y luego inhaló.
Luego…
—…d-dijiste que yo soy muy importante, ¿cierto?
Guren le respondió con seriedad.
— Si. Es cierto.
— Entonces… eh… somos compañeros.
— Si.
— Compañeros, muy importantes.
— Si.
Mito se secó las lágrimas con el dorso de su antebrazo. Luego
dijo:
—…lo entiendo. Me iré.
— Bien. Esta noche, entes del encuentro, juguemos juntos.
Ella sonrió, sus ojos se humedecieron.
— Me aseguraré de que pierdas.
— Jajaja.
Mito se volvió. Rápidamente salió de la habitación. Guren lo
sabía, ella estaba llorando todavía.
Luego que Mito se fue, él apagó la TV, y su casa quedó en
silencio.
Guren quedó inmóvil por un momento.
El tic-tac del reloj sonó en la habitación.
127
Sonaba como la cuenta regresiva para el inicio de la batalla, y
además un conteo hacia la destrucción del mundo.
Proteger a sus compañeros más importantes, esos que depen-
dían de él.
¿Qué debería hacer para eso?
◆ ◆ ◆
12 de diciembre:
De acuerdo al plan secreto, el ataque apuntado a la investi-
gación del «Serafín del Final» de la «Secta Hyakuya», comenzó.
Las enormes arenas donde la investigación «Serafín del Fi-
nal» se llevaban a cabo, daban un total de 8 solo en Japón. Ellos
las atacarían al mismo tiempo. El «Mikado no Oni» había pasado
todo un mes preparando eso.
Se suponía que Guren y los demás atacarían un instituto de
investigación oculto en los bosques de Saitama.
Conteniendo sus alientos y ocultos en el pasto, el escuadro de
doscientas personas armadas con el «Kiju», y liderados por Kure-
to Hiiragi, esperaban la señal del inicio del ataque.
Sin embargo, ellos no atacaron el instituto de investigación de
la «Secta Hyakuya».
Unos cuantos helicópteros flotaban en el aire.
De esos helicópteros, unas cuantas figuras humanas descen-
dieron al instituto, y luego de eso, hubo explosiones en las áreas
cercanas al lugar.
Guren observó esas rojas y furiosamente ardiendo bolas de
fuego.
Detrás de él, Shinya preguntó.
— ¿Qué diablos pasa?
No tenía forma de saberlo.
Los eventos sucedieron repentinamente antes del ataque.
Kureto se levantó, y desplegó órdenes de retirada a los 200
hombres del escuadrón, incluyendo a Guren.
En ese momento, alguien saltó del helicóptero, y aterrizó cer-
ca de un grupo de personas.
128
Cuando tocó tierra, hubo un estruendo. La gente normal ha-
bría sido asesinada por saltar de tal altura. Incluso si activaban el
«Kiju», los huesos de sus piernas hubiesen terminado rotos.
Sin embargo, la persona que aterrizó parecía estar desarma-
da. Era un hombre que usaba un uniforme de batalla de color
blanco, uno que ya habían visto antes.
Sus ojos eran rojo sangre.
En su boca, unos colmillos hacían presencia.
— ¿…vampiros otra vez? –suspiró Guren.
Recientemente, parecía que los vampiros aparecían con más
frecuencia frente a él. Habiendo obtenido el «Kiju», él debería ha-
ber obtenido más fuerza que los humanos, pero justo cuando la
obtenía, una fuerza aun mayor aparecía ante sus ojos.
Después de todo, cuando luchó con un vampiro, incluso con
la tecnología del «Kiju» que había avanzado a tal estado, él no
sería capaz de ganar – esa era su conclusión actual. Para ser ho-
nestos, el escuadrón de seis personas que Guren lideraba no había
sido capaz de tratar con Mahiru.
En otras palabras, en este momento, ellos no podían ganarse
de enemigos a la organización de los vampiros.
Kureto también debería entenderlo. Si ellos fuesen vistos, to-
dos serian matados en un instante.
El vampiro ni siquiera volvió su cabeza antes de dirigirse al
escuadrón camuflado en el pasto.
—…hermanitos de las hormigas, ¿quiénes son ustedes?
— No somos la «Secta Hyakuya». Venimos a atacarlos a ellos.
— ¿El «Serafín del Final», es su objetivo?
—…si digo que sí, ¿qué harás?
— Matarlos a todos.
Mirando a Kureto, uno podía decir que él comenzaba a pre-
ocuparse.
Los vampiros probablemente matarían a los humanos rela-
cionados al «Serafín del Final».
El instituto de investigación seguía siendo destruido por las
explosiones. Los humanos y la investigación seguían dentro, to-
dos eran quemados y se reducirían a cenizas.
129
Evidentemente, esas no eran acciones de alguien que desease
obtener el «Serafín del Final».
Lo que los vampiros querían era la destrucción completa.
— ¿Qué deberíamos hacer para que ustedes nos salven?
— Sálganse de mi vista. La «Secta Hyakuya» acabará hoy.
— ¿Quieren ayudarnos a acabar con el plan «El Serafín del
Final» de esos bastardos?
— Exacto.
— Entonces, ¿la destrucción que vendrá en 13 días también
será prevenida?
Al oir esas palabras, el vampiro se volvió.
— ¿De qué estás hablando?
— La «Secta Hyakuya» comenzará el «Serafín del Final» este
año, en Navidad. Alguien dijo que luego de eso, el mundo termi-
nará.
— Jajaja –rió el vampiro–, ¿qué es eso? ¿Esos cretinos pueden
predecir el futuro?
—……
— ¿Son profetas o algo así? –con una mirada como si menos-
preciara algo insignificante, el vampiro miró a Kureto y dijo con
desprecio.
Luego, otro vampiro apareció desde la dirección del instituto
de investigación.
— Luigi.
En eso, el vampiro llamado Luigi se volvió.
— Lucal Wesker-sama.
— ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no has matado a esos?
— Pues no parecen ser de la «Secta Hyakuya».
— ¿Ah, sí?
El vampiro que fue llamado como Lucal Wesker se les acer-
có. Era un hombre vestido de forma inusual. Vestía un sombrero
alto, ropa arcaica. Con una mirada, se podría decir que era de la
nobleza.
Sin embargo, los humanos eran incapaces de ganarle a los no-
bles.
Sus ojos calculadores miraron en su dirección. Su lengua so-
bresalió.
— Si no son de la «Secta Hyakuya», ¿podemos bebernos su
sangre?
130
—…no tengo opinión alguna.
Lucal se le acercó a Kureto.
Guren observó todo eso. Kureto no se podía mover. Aunque
había 200 tropas armadas con el «Kiju», ocultas, cuando enfren-
taban a los vampiros, no podían moverse.
No, la verdad era que entre los subordinados de Kureto, había
algunos que querían atacar. Si fuesen 200 hombres, matar a sus
oponentes podría ser posible.
Sin embargo, Kureto hizo señas detrás de su espalda para que
se detuviesen.
— Lucal también pareció haber notado eso.
— Sabia decisión. Ganado estúpido, tu cabeza está a punto de
caer al suelo.
—…fingir no ver nada.
Luego, Lucal extendió ligeramente un dedo hacia la cabeza de
Kureto. En él, había una larga uña. Si al menos llegase a temblar,
la cabeza de Kureto seria fácilmente cortada. Luego…
— Muy bien. Como recompensa por no atacar tan ruidosa-
mente, los dejaré ir. De todas formas, lo que me interesa en la
sangre de los niños.
Así, empujó el pecho de Kureto con fuerza.
Kureto se tambaleó.
Lucal se volvió de espaldas a Kureto, expuesto completamen-
te.
Su actitud era la de menospreciar al ganado vulnerable, como
si no hubiese necesidad de prestarles atención.
Desde el helicóptero en el cielo, una voz llegó.
— ¡Destrucción completada! ¡Procederemos a aniquilar la
próxima fortaleza de la «Secta Hyakuya».
Lucal levantó la mirada.
— ¿Acaso Krul no dijo que ella podía hacer eso por si sola?
Mientras hablaba, él se fue con Luigi.
En cuanto a los humanos, lo único que podían hacer era mi-
rar todo eso en silencio, estupefactos.
◆ ◆ ◆
Durante los diez días siguientes, la «Secta Hyakuya» fue em-
pujada al borde de la destrucción.
131
Todos los vampiros del mundo unieron fuerzas para atacar
las fortalezas de la «Secta Hyakuya».
En el mundo de las organizaciones mágicas, este fue reporta-
do como un gran evento. La organización mágica más grande, la
cual había quedado ubicada en primer o segundo lugar en térmi-
nos de fuerza global, había sido destruidas casi por completo en
tan solo 10 días.
En los corazones de todos, eso quedó profundamente graba-
do, el destino que cayó sobre aquellos involucrados en la investi-
gación del «Serafín del Final».
Era probable, que por ahora, no hubiese más organizaciones
que quisieran formar parte en esa investigación.
Era demasiado peligroso. Sin importar cómo lo colocaran,
era cierto que la «Secta Hyakuya» fue aniquilada en un instante.
Por eso era que esto sería el fin de ello.
Siempre y cuando ellos no investigaran al «Serafín del Final»,
el mundo no sería destruido.
En otras palabras, el mundo había sido salvado.
Los humanos no recibirían la retribución divina.
Sin embargo.
— ¿Ese era realmente el caso?
◆ ◆ ◆
23 de diciembre:
Guren decidió de repente ir al Orfanato Hyakuya operado
por la «Secta Hyakuya», es decir, el edificio experimental de dicha
organización al que Mahiru no quería que él se acercara.
La investigación del «Serafín del Final» también debería es-
tarse llevando a cabo allí. Él recordó que Saitou parecía estar con
un sujeto de prueba llamado Mikaela. Ese era un nombre que
también aparecía en la información que Mahiru dejó, esa relacio-
nada al «Serafín del Final».
Él pensó que el orfanato estaría vacío esos niños ya debería
estar muertos.
Como estaban relacionado al «Serafín del Final», ellos debie-
ron haber sido masacrados por los vampiros.
Guren caminó por el edificio vacío.
Aun había rastros de que los niños vivieron antes allí.
132
Un perro extraño dibujado en el pizarrón.
Carteles pegados en los muros.
Futones abiertos.
Había incluso algunas habitaciones donde los nombres de los
niños que vivían allí estaban escritos.
Iida Akane.
Hayama Juni.
Endo Isamu.
Entre ellos, él lo encontró.
Shindo Mikaela.
Ese nombre.
—……..
Guren entró en la habitación.
Se trataba de un cuarto para dos personas.
Había dos camas, y dos mesas.
Algo como un diario yacía abierto en una de las mesas. Guren
lo miró.
Si era un diario. La última fecha escrita en él era el 8 de di-
ciembre.
Eso fue 4 días antes del ataque de los vampiros.
En el diario, había una caligrafía tan hermosa que no parecía
pertenecer a un niños, y el contenido era…
Hoy, Akane se cayó y se hirió. Akane, que siempre es tan ale-
gre, lloró todo el día por haberse caído.
Ella debió sentirse muy sola.
Por supuesto, yo también estoy solo.
Aunque hoy debíamos decir adiós al orfanato, el ser capaz de
mudarnos a un lugar distinto con todos aquí, me alegra mucho.
Porque incluso si se trata de un lugar nuevo, seguiremos estando
juntos. Por eso no tenemos que llorar.
Pero incluso así, se siente solitario dejar este lugar.
133
Seria lindo si el lugar al que vamos, fuese un lugar bonito…
Cosas así estaban escritas.
El diario era irrelevante. Los niños del orfanato fueron trasla-
dados a otro lugar, un lugar erróneo.
Así es como era. Sin embargo…
—…cuatro días antes de que los vampiros atacaran. ¿Es una
coincidencia? –murmuró Guren–. ¿O es que esos desgraciados ya
sabían que serían atacados por los vampiros?
Si ese fuera el caso, entonces todo se complicaba.
Si realmente Shindo Mikaela estaba vivo en algún lugar, que-
ría decir que el plan del «Serafín del Final» seguía en marcha.
Dentro del oscuro orfanato, Guren sintió que los latidos de su
corazón se aceleraron un poco.
Era ansiedad. Una ansiedad muy fuerte.
Ya hoy era 23 de diciembre. Si la investigación continuaba, y
la destrucción del mundo ocurría el 25 de diciembre, como Ma-
hiru lo dijo, ¿qué debería hacer él entonces?
Guren salió del orfanato. Sacó su celular y marcó un numero.
La llamada conectó de inmediato.
— ¿Qué?
— Kureto, ¿la «Secta Hyakuya» ha sido realmente destruida?
— Claro.
— ¿Estás seguro?
— ¿Cuál es el problema?
— Fui al orfanato Hyakuya. Leí un diario que quedó, perte-
neciente a uno de los huérfanos. Ellos fueron trasladados a otro
lugar, cuatro días antes del ataque de los vampiros.
—…..
— Déjame confirmarlo de nuevo. ¿La «Secta Hyakuya» ha
sido…?
En ese momento, Kureto habló.
— Ya he recibido reportes sobre el Orfanato Hyakuya en Shi-
buya. Se dice que todos los niños fueron asesinados, indepen-
dientemente del lugar.
134
— ¡De ninguna manera! Eso no puede ser. El orfanato no fue
atacado. No hay rastros de sangre o daño.
— Tsk…
Él pudo escuchar el sonido de Kureto quedando sin habla.
— ¿De quién recibiste el reporte? –preguntó Guren.
— La gente a cargo perteneciente a Nii y Kuki.
Nii y Kuki eran los apellidos de dos familias prestigiosas e
influénciales entre los sirvientes de la Casa Hiiragi.
Si Nii y Kuki se habían convertido en traidores…
Si ellos estuviesen siguiendo a la «Secta Hyakuya».
— Investiga esto de inmediato. Estás a la espera.
— ¿Dónde?
— Te enviaré un mensajero. No me llames. Si esto es cierto…
Ellos estarían siendo espiados. Eso era cierto. Sin embargo,
antes de esas últimas palabras, Kureto jadeó débilmente.
— ¿Qué sucede?
—…….
— Oye, ¿Kureto?
— El enemigo está aquí –respondió Kureto.
— ¿Enemigo? ¿Quién demonios es el enemigo?
En eso, Kureto habló fríamente.
—…Mahiru y la Casa Nii están liderando a los escuadrones
aquí.
— ¿…qué?
— Voy a colgar, Guren. Mataré a los traidores.
— Espera un minuto. Iré a ayudar…
Pero en ese momento, la llamada finalizó.
Guren miró su celular, el cual acababa de ser colgado. Luego
consideró lo que realmente debía hacer a continuación.
Él no entendía lo que iba a pasar ahora.
135
Aunque la «Secta Hyakuya», que había estado llevando a cabo
el estudio «Serafín del Final» había sido destruida, parecía que la
investigación continuaba.
Probablemente involucraba infiltrados en el «Mikado no
Oni».
Ya hoy era 23 de diciembre.
Si esto realmente era el punto muerto del mundo tal como
Mahiru lo había predicho, entonces solo quedaban 2 días.
Parecía que todo lo que estaba sucediendo ahora era de
acuerdo a la voluntad de Mahiru. Sin importar lo que él dijera,
no sabía siquiera que estaba pasando o donde iban a suceder las
cosas ahora.
Tan pronto como comprendió que Nii y Kuki se habían con-
vertido en traidores, él fue incapaz de distinguir quien era el ene-
migo y quienes los aliados de entre las nueve familia bajo la Casa
Hiiragi. En esta situación, el «Mikado no Oni» también estaba en
riesgo. Además, en este caso, donde él no conocía a sus aliados
y enemigos, un enfrentamiento directo estaba por brotar. En tal
situación, ¿qué era lo más correcto que pudiese hacer él?
El mundo estaba por acabar.
Mejor dicho, el mundo se acabaría.
Era como si todo esto hubiese sido planificado y no se pudie-
se detener.
◆ ◆ ◆
Guren llegó a la 1 de la tarde al apartamento de Shinoa – la
hermanita de Mahiru.
Sin presionar el timbre, Guren abrió una ventana y entró a la
habitación.
Como siempre, Shinoa estaba sentada en el sofá mirando al
espacio. Mirando a Guren, dijo:
— ¿Podrías NO entrar en las habitaciones de otro como si
nada?
Ignorándola, Guren sacó el objeto que Mahiru le había ins-
truido entregarle a Shinoa y lo colocó en la mesa frente a ella.
Era una pequeña varita con la fuerza de un «Kiju». Se llamaba
«Shikama Doji». Mirándola, Shinoa dijo:
— ¿…eso qué es?
— Es un armamento «Kiju».
— Y ¿por qué viniste aquí con ese armamento?
— Mahiru me dijo que te lo entregara. Parece ser capaz de
protegerte.
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— ¿Y de qué diablos se supone que me va a proteger?
— De la destrucción del mundo.
— ¿Ah? ¿El mundo va a ser destruido?
— ¿Quién sabe? Pero lo detendré.
Al decir eso, Guren se devolvió por el camino que llegó. Ya no
podía seguir perdiendo el tiempo allí.
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— ¿Qué necesitaba hacer?
— ¿Qué era lo que necesitaba hacer para prevenir la destruc-
ción del mundo?
Guren salió de la habitación de Shinoa.
Luego, desde el exterior, se escucharon los sonidos de explo-
siones. Era otra vez la guerra. Parecía que la guerra había explo-
tado cerca de Shibuya.
Desde el elevador, él sintió un aura asesina.
Un hombre usando el uniforme de batalla del «Mikado no
Oni», igual que Guren, levantó una espada «Kiju», acercándosele.
Ciertamente, era una lucha interna.
El enemigo no era la «Secta Hyakuya». Parecía que dentro del
«Mikado no Oni», la «Secta Hyakuya» se había infiltrado insidio-
samente hasta el punto de no volver.
—…maldita sea.
Guren regresó a la habitación de Shinoa. Cerró la ventana.
— ¿Eh, ya terminaste de salvar el mundo? –dijo, forzando sus
palabras. Guren no tuvo tiempo de responderle. Colocó su mano
en la espada en su cintura.
— Noya. Dame fuerza.
Él activó el «Kiju». La maldición del Demonio Negro apare-
ció por todo su cuerpo. Luego, sus sentidos se agudizaron, y supo
que había tres personas detrás de él a punto de atacar.
Guren movió su cabeza a un lado y gritó.
— ¡Shinoa!
Luego, desde fuera de la ventana de la habitación, hombres
con el mismo uniforme de batalla que él, entraron.
Uno lanzó un ataque hacia Shinoa. Los otros dos miraron a
Guren y atacaron.
— ¡Muévete, Noya!
Guren saltó. Osciló su espada, y se movió a una velocidad
varias veces mayor a la de sus enemigos.
En un instante, él cortó los cuerpos de los tres hombres que
entraron allí.
En un instante, él había arrebatado tres vidas. La sangre fresca
que se esparció del cuerpo, se marcó en toda la habitación. Shinoa
fue bañada de la cabeza hasta los pies, todo su cuerpo era carmesí.
Pero a él no le importó eso. Tomó el brazo de Shinoa y dijo:
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— ¡Apresúrate y toma el armamento «Kiju»!
No tenían tiempo para elegir. Todo sucedía de acuerdo al plan
de Mahiru. Si era así, entonces había una enorme posibilidad de
que el mundo fuese destruido.
Cuando ese momento llegara, esta arma sería necesaria.
Shinoa miró a Guren con una expresión ligeramente confun-
dida antes de tomar la varita.
En un abrir y cerrar de ojos, ella perdió el conocimiento.
Él no comprendió que le pasaba a su cuerpo.
¿Cuáles eran los efectos de ese equipo «Kiju» que Mahiru le
había dado a ella? ¿Qué quería Mahiru lograr con usarla? Eso no
lo sabía Guren.
Guren tomó a la inconsciente Shinoa con su mano izquierda.
Luego cortó la cabeza del hombre que lo atacó.
El celular en su bolsillo sonó. Lo sacó con la mano que suje-
taba la espada, y vio que era Goshi. Presionó el botón contestar.
Luego lo colocó en altavoz, subió todo el volumen, hasta final-
mente guardarlo en el bolsillo de su pecho.
Desde allí, la voz de Goshi llegó.
— ¡Oye, Guren! ¿Estás bien?
Guren respondió mientras saltaba de la ventana de la habita-
ción de Shinoa.
— ¿Dónde estás?
— En tu casa con Mito-chan, está incendiándose.
— ¿Fue un ataque?
Shigure y Sayuri deberían estar en casa. Goshi continuó.
— ¿Quiénes eran? Estaban usando uniformes de batalla del
«Mikado no Oni».
— Nii y Kuku nos traicionaron.
— ¡¿EH?!
— En fin, primero debemos reagruparnos. Si los atacan…
— ¡Mierda! Ten cuidado…
En ese momento, la llamada se cortó.
— ¡Maldición!
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Afortunadamente, su casa no estaba lejos de la de Shinoa.
Guren saltó del apartamento. Clavó su espada en la pared para
descender lentamente. Luego aterrizó en el suelo.
Se dirigió a la calle principal.
Los transeúntes vieron a Guren quien estaba bañado en san-
gre, abrazando a una niña y sujetando una espada japonesa, que-
daron en shock pero no gritaron.
Así, Guren corrió a la calle. Detuvo a un motociclista al frente
del semáforo.
— ¡Oye, tú!
Comenzó el motociclista, pero al ver que Guren estaba baña-
do en sangre, se calló.
— La tomaré prestada –dijo mientras se montaba en la moto.
Ignorando las luces en rojo, arrancó a toda velocidad.
La motocicleta aceleró a 80Km/h. zigzagueando entre los ca-
rros. Cuando estuvo a punto de llegar a su casa, una van se acercó
hacia él desde la dirección contraria.
El lado de la van chocó con Guren. La motocicleta se deslizó.
Guren fue lanzado de la motocicleta. Para proteger a Shinoa,
él la abrazó y clavó sus pies en el suelo. Sus piernas recibieron un
impacto tremendo. Sus huesos y músculos crujieron, pero no se
rompieron. Guren usó el «Kiju» para protegerse.
La ventana de la van se abrió. Dentro se encontraban unos
soldados con uniformes del «Mikado no Oni».
Al ver que las armas de los soldados eran espadas japonesas
que había visto antes, el corazón de Guren se hundió.
Si ellos estuviesen usando simples espadas japonesas, en una
situación normal, eso significaría que estaban el «Kiju» produci-
do en masa.
Sin embargo, si se trataban de otras armas como hachas o
revólveres, entonces serian soldados que formaron contratos con
demonios de forma independiente para usar el «Kiju» y obtener
resultados extraordinarios.
En el carro, había soldados con un hacha, un arco y una kata-
na con una hoja roja.
En otras palabras, al menos tres personas no usaban «Kiju»
normales. Esta batalla no sería fácil de ganar. Ya no podría diri-
girse de inmediato al lugar donde Goshi y los demás estaban.
—……
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Justo cuando estaban pensando en eso, desde una distancia
detrás de la van, varias balas con forma de tigre llegaron volando.
Las balas se tragaron la van.
Eran balas disparadas por el Demonio de Shinya llamado
«Byakkomaru». Esas balas se tragaron el vehículo. Con una ex-
plosión feroz, la van se desvaneció.
Unos segundos después, la motocicleta que Shinya conducía
se detuvo detrás de Guren.
— Wow, eso fue peligroso, Guren.
Guren miró a Shinya.
— La situación…
Pero Shinya asintió rápidamente.
— Lo escuché todo.
— ¿Quién te crees? ¡¿El rey del espionaje?!
Shinya lo ignoró y dijo:
— La situación actual es bastante grave. Ya estamos a 23 de
diciembre.
— Es grave, por eso estoy corriendo.
— ¿Tienes algún método para salvar el mundo?
— ¿Cómo voy a saberlo? En fin, no hay tiempo que perder.
Goshi y los demás.
Pero Shinya sacó un teléfono de su bolsillo, girándolo de un
lado a otro.
— Ya he confirmado que están bien. Sayuri, Shigure y yo nos
reagrupamos, y matamos a 20 enemigos. Sorprendente, ¿no? So-
mos asesinos en serie.
Al oírlo hablar así, Guren se relajó. Todo estaba bien siempre
y cuando ellos lo estuviesen. Más que eso, ellos habían matado a
20 de sus antiguos camaradas.
Sus oponentes también deberían poseer equipos «Kiju». En
otras palabras, Goshi y los demás – sus compañeros eran exce-
lentes.
— Muy bien, agárrate.
Shinya extendió una mano hacia él. Sujetándola, Guren se le-
vantó.
En eso, Goshi y los demás también llegaron en una van. Gos-
hi, quien estaba sentado en el asiento del conductor, dijo:
— ¡Suban! ¡Es un carro robado, por eso hay policía siguién-
donos!
Guren y Shinya entraron en el vehículo.
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Luego vio a Mito, Sayuri y Shigure dentro.
— ¡Guren!
— ¡Guren-sama!
— ¡¿Está ileso?!
Ellas, que estaban preocupadas por él, estaban todas heridas.
Sin embargo, esas heridas desaparecerían pronto. Pues ellas tam-
bién tenían la fuerza del «Kiju».
La van aceleró.
— ¿Hacia dónde iremos?
Goshi se dirigió hacia Shinya, quien estaba con su escopeta.
Pero este no le respondió, sino que se volvió sobre su hombro
hacia Guren.
— Goshi te está preguntando, ¿qué deberíamos hacer, Guren?
—………..
— ¿Qué deberíamos hacer para salvar el mundo?
Guren no lo sabía. Pero si él evitaba esa responsabilidad, el
mundo terminaría.
Entonces ¿qué demonios deberían hacer?
Guren le entregó a Shinoa a Sayuri y Shigure quienes estaban
sentadas en la tercera hilera, y se sentó en la segunda hilera.
En eso, él sacó el celular que había ubicado en el bolsillo de su
pecho. Recorrió el registro de llamadas.
Había unos cuantos números telefónicos de Mahiru. Eran
números que ella había usado para llamarlo hasta ahora. Guren
no sabía cuál numero marcar, y la van se detuvo en un semáforo
en rojo.
A un lado de la calle había una tienda de conveniencia. Allí
había un cartel con las palabras «Pastel de Navidad» escritas.
Los empleados de la tienda estaban disfrazados de Santa
Claus. Mirando todo eso…
—…en la Navidad de este año, realmente quiero comer un
pastel de navidad –dijo algo que no encajaba con la ocasión.
Todos sus compañeros lo miraron al mismo tiempo.
Goshi se echó a reír.
— ¿Pastel de chocolate?
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— Quiero comer una torta de lujo. De esas con muchas fresas
–dijo Mito.
— ¡Ah, bueno, haré ambas! –se unió Sayuri.
Shinya sonrió:
— Después de eso, ¿quieren intercambiar regalos?
— ¡No está mal! –dijo Goshi. En ese momento, Shigure habló
delicadamente.
— Eh, eh… si este es el último pastel de mi vida, me gustaría
comer ese pastel de castañas…
Como era raro que Shigure expusiera sus ideas, todos rieron.
Sin embargo, si el apocalipsis llegaba en dos días, este tema de
pasteles sería un sueño dentro de un sueño.
Por eso…
— Escuchen, voy a contactar a Mahiru, y pedirle ayuda. Esta
conversación probablemente sea espiada por el «Mikado no
Oni». Así que, creo que incluso si tenemos éxito en detener la
destrucción del mundo, también nos convertiremos en traidores
y seremos ejecutados.
—…..
Todos escuchaban en completo silencio. Guren continuó:
— Si hay alguien que no quiera continuar, se puede bajar. In-
cluso si estoy solo…
— Ah, bien, está bien –lo interrumpió Shinya–. Apresúrate y
muévete.
A esto, Goshi se le unió.
— Si el mundo se acaba, la conclusión seria la misma que ser
ejecutado con todos.
— Confío en ti, Guren –añadió Mito–. Pues eres nuestro
compañero más importante.
Compañero más importante. Ella le dijo eso.
Sayuri y Shigure no dijeron nada. Incluso si no lo hacían, sus
expresiones dejaban en claro que ellas seguirían a Guren.
Mirando a sus compañeros, Guren rió.
— Sabía que dirían eso. Por eso, si podemos sobrevivir a la
Navidad, comamos pastel de chocolate, castañas y de lujo mien-
tras jugamos juntos.
Todos sonrieron y asintieron.
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— Bien, me esforzaré por el bien de esta meta. Llamaré a Ma-
hiru.
Guren presionó el botón llamar.
El teléfono no sonó. Guren se rindió de inmediato y marcó
otro número.
La línea sonó una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Cuatro veces.
Al quinto sonido, la llamada conectó.
— Guren.
— Mahiru.
— ¿Me estas invitando a una cita navideña?
— Si. Traicioné a la Casa Hiiragi. Te ayudaré.
— Jajaja~
Mahiru rió, complacida.
Luego el sonido volvió a sonar.
Un kacha-kacha.
El sonido de la desesperación.
El sonido de los pasos aproximándose a la destrucción.
Solo quedan dos días hasta la destrucción del mundo.
Quedaba muy poco tiempo para el fin del mundo.
Hacia un mundo de sangre.
Esta es una historia de humanos luchando contra la destruc-
ción de la humanidad.
La historia de los humanos que desesperadamente resisten
hasta el final.
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owari

  • 1.
  • 2.
  • 3.
  • 4.
  • 5.
    5 De repente recordólas cosas que sucedieron cuando la cono- ció por vez primera. Fue una noche de verano. Sucedió después que Guren termi- nara sus entrenamientos diarios. Él fue al cauce de río cerca de su casa para calmar un poco su cuerpo herido. — ¿…eres Guren? — ¿Quién? Él se volvió, y vio a una hermosa chica con cabello cenizo allí de pie. Probablemente tenían la misma edad. Era una niña de unos 5 o 6 años de edad. Sin embargo, él nunca había visto su rostro. Los terrenos veci- nos pertenecían a la Casa Ichinose, no debería haber nadie en las cercanías, que él no reconociera. La chica miró la parte superior desnuda del cuerpo de Guren y entrecerró sus ojos. — Esas son unas heridas bastante serias. ¿Te estaban inti- midando? — No –respondió él–, no me estaban intimidando. — ¿Entonces por qué tienes esas heridas tan serias? — Es por el entrenamiento. — ¿Entrenamiento? — Si. — ¿Qué tipo de entrenamiento? Él dirigió su mirada hacia la espada de madera que estaba clavada en las rocas del cauce del río. Cuando ella miró dicho objeto, dijo: — Eh. Entonces debes ser fuerte, Guren. Volvió a decir Guren. Eso quiere decir que ella sabe quién soy. — Oye, ¿de dónde eres? –preguntó él. — Me pregunto dónde… si te digo que soy el hada de este bosque, ¿qué vas a hacer? –dijo sonriendo traviesamente. — Este no es un bosque, es una montaña. — Bueno, el hada de la montaña.
  • 6.
    6 — ¿Entonces quenegocios tiene conmigo, hada ojou-san? — Si te están intimidando, puedo ayudarte~ — Ya dije que no es eso. Él se levantó del rio y secó su cuerpo con una toalla. La joven- cita se le acercó y estuvo a punto de tocarle las heridas cuando… — Oye… Él habló y retrocedió, haciendo que ella volviera a reía. — Guren, eres muy tímido. — No quiero que una desconocida me toque, ni siquiera se tu nombre. — Entonces si te digo mi nombre, ¿podré tocarte? — No. — Jajaja –dijo eso mientras reía. La luz de la luna ese día era especialmente luminosa y etérea, iluminando su hermosura. Cómo él estaba siendo cautivado por su sonrisa, ella le dijo su nombre–. Me llamo Mahiru. — ¿Mahiru? — Si. — ¿Es como la Mahiru que significa almorzar? — Sí, sí. La Mahiru que significa almorzar. Un bonito nom- bre, ¿cierto? Aunque él no sabía si eso podría considerarse un buen nom- bre, él sintió que era bastante acorde para una niña como ella, que sonreía tan brillantemente. — Bueno, ¿de dónde eres, Mahiru? A lo mejor, ella era la hija de un seguidor del «Mikado no Tsuki». Pues, entre los más obedientes de la Casa Ichinose, solo aque- llos que eran completamente leales y destacados podían entrar a esta área. — Si vienes a un lugar como este, a estas horas, tus padres te regañaran –dijo. Ciertamente, ya eran más de la 1 de la maña- na. La gente del «Mikado no Tsuki» no tendrían permitido acer- carse a Guren a tales horas. A pesar de eso, Mahiru sonrió. — No tengo padres. Eso era imposible. Una niña sin padres no podría ser capaz de entrar a esa área. Sin embargo, ¿quién era ella exactamente?
  • 7.
    7 Guren la mirócon cautela, y ella volvió a reía. — Por eso es que te dije, que yo soy el hada de este bosque. — Déjate de bromas. ¿Quién eres exactamente? — Si quieres que te lo diga. Mañana, a esta hora, vuelve a bañarte aquí. De esa forma, serás capaz de volverme a ver –dijo eso antes de desaparecer en la profundidad del bosque. Así, él la perdió de vista con facilidad. La primera vez que ellos se vieron, ella era un hada. Desde entonces, y durante unos meses, ella aparecía cada día. Mahiru eligió aparecer en frente de él, estuviesen o no, los adultos presente, y conversaba con él. — Oye, Guren. — ¿Hmm? — ¿Cuál es tu color favorito? — Incluso si me lo preguntas… — Oye, Guren. — ¿Qué? — ¿Has detestado los entrenamientos? — No realmente. Después de todo, todos depositan sus ex- pectativas en mí. — Oye, Guren. — ¿Hmm? — ¿Tuviste una relación amorosa anteriormente? ¿Tienes una novia o algo por el estilo? — Acerca de eso… — Oye, Guren… —………. — Oye, oye, Guren. — ¿Ahora qué, Mahiru? — ¿Qué tipo de chico quieres ser cuando crezcas? — ¿En el futuro? — Si.
  • 8.
    8 — Bueno, definitivamentequiero ser fuerte. — ¿Qué pasará si lo logras? — ¿Eh? ¿Hmm, qué sucederá? Bueno, si me hago fuerte, pue- do hacer lo que sea. — ¡¿Lo que sea?! Si es así, entonces si te pido que me traigas algún pastel, ¿podrías hacerlo? — Ehh, probablemente, no podría. — ¿No puedes hacer nada, cierto? Mahiru rió mientras decía eso. Al ver su sonrisa, él también rió. Él la veía cada día, durante varios meses. Sentía como si su encuentro con ella era el centro de su día. Independientemente de si podía ver a Mahiru, la severidad de sus entrenamientos diarios no cambiaba. Casi no tenía tiempo para descansar mientras estudiaba el manejo de la espada y he- chicería. Los entrenamientos para volverse la próxima Cabeza de la Casa Ichinose también procedían como siempre. Todas las esperanzas estaban sobre él. Él era visto como el talentoso en la espada y hechicería. La Casa Ichinose nunca antes había tenido un chico tan ta- lentoso. Su padre también se veía bastante feliz con esto. Por eso, él era adiestrado para ser el más fuerte. Él mismo también quería animar esas expectativas, creyendo que todo podría resolverse una vez que se fortaleciera. Todo podría resolverse una vez que se hiciera fuerte. — Oye, ¿qué quieres llegar a ser en el futuro, Mahiru? — ¿Yo? — Si. Pues siempre estás haciéndome preguntas. — Yo… bueno… primero, quiero ser una novia hermosa. Guren pensó que ya ella era lo suficientemente hermosa, pero él no lo dijo. — Y quiero comer pastel todos los días. — ¿Todos los días?
  • 9.
    9 — Si. — ¿Tegustan mucho, cierto? — ¿A ti no? — ¿Hmm? Eh, nunca antes he comido uno. — ¿Ehhhh, nunca has probado un pastel? — Asi es. — Entonces comamos uno la próxima vez. Recuerda pre- pararlo, Guren. — ¿Eh, se supone que debe ser así? — ¿Acaso quieres que una chica lo prepare? —…sobre eso, no tengo dinero, por lo que no podré com- prarlo. Al oír eso, Mahiru lo miró y sonrió amablemente. — Bueno, hagamos un pastel de arena. — Lo siento –se disculpó Guren. — ¿Por qué te disculpas? — Por no poder comprar un pastel. — Tranquilo, está bien. Incluso si no tengo el pastel, el po- der jugar cada día contigo, me hace feliz. —………… — Más que eso, definitivamente te volverás fuerte, y un día me conseguirás un pastel, ¿cierto, Guren? Aunque él no creía que pudiese elaborar un pastel solo siendo fuerte, él respondió: — Si. Si se fortalecía, probablemente tendría dinero para comprar pasteles. Probablemente. Después de eso, Mahiru rió alegremente. — Bueno, esperaré hasta que te hagas fuerte. — Me tomará mucho tiempo. Actualmente, no tengo dinero de bolsillo. — Está bien. Pero debes dejarme convertirme en una novia muy linda. — ¿Eh?
  • 10.
    10 — La lindanovia de Guren. En el futuro, quiero llegar a ser así. Mientras decía eso, ella era ciertamente hermosa, era como si brillara. Al día siguiente, Guren habló con su padre. — Eh, padre, ¿puedo tener tu atención un momento? — ¿Qué sucede? Pareces muy formal. — ¿Puedo tener algo de dinero de bolsillo? — ¿Dinero de bolsillo? ¿Por qué? ¿Quieres comprar algo? — Si. — ¿Qué es? — Bueno… un pastel. — ¿Pastel? No te puedo permitir eso. Tu dieta necesita estar controlada. Eso te retrasará en tu proceso de fortalecerte. — Ah, pero, no soy el que se lo comerá. Al oír esas palabras, una sonrisa gentil apareció en el rostro de su padre. — Ah, ¿no lo comerás? — Asi es. — Entonces, así si lo permito. ¿Cuánto necesitas? — Ni idea. Nunca antes he tenido un pastel. — ¿En serio? — Si. — Bueno, te daré 1.000 yenes. Puedes comprar dos. —………. — ¿Es necesario que compre dos, no? El otro es para cierta persona a las que ves cada noche. —….. — Por cierto, ¿de qué casa es? ¿Yukimi? ¿O es Hanayori? Aunque lo encuentro un poco apresurado, pero, ser popular es algo bueno. En fin, es necesario que un día te cases. El padre llamó a un subordinado y le dio a Guren 1.000 yenes.
  • 11.
    11 Durante todo esemomento, Guren, quien no sabía por qué estaba avergonzado, quedó completamente en silencio. Aun podía recordar a su padre bastante complacido. Su padre siempre era así. Observándolo alegremente mien- tras crecía. A Guren le gustaba eso de su padre. Poderoso, gentil, y res- petado por sus seguidores. Él levantaba la mirada a tal existencia. Después de eso, él fue a comprar el pastel. Con mil yenes, él podía comprar un pastel incluso si todavía no se había fortaleci- do. Como había una gran variedad de pasteles, él no sabía cuál comprar. Por eso, él le preguntó al asistente de ventas: ¿Cuál pue- de ser el pastel, que al dárselo a una chica, la haga feliz?, y compró el pastel de fresas y uno de chocolate. Fue en eso cuando le preguntaron qué cuánto tiempo lo iba a preservar, con eso recordó que, al igual que otros días, él solo podría verla temprano en la mañana. Por eso, él guardó el pastel en el refrigerador. Esta noche, junto al lecho del río, él disfrutaría un pastel con la hermosa hada del bosque. Sin embargo, cuando llegó la noche, un grupo desconocido invadió la Casa Ichinose. Aparentemente, era gente del «Mika- do no Oni», una organización religiosa más grande que la que la Casa Ichinose regía. Luego de eso, se dijo que una persona, bajo la cual el «Mikado no Oni» operaba, estaba desaparecida. El nombre de la desaparecida era Mahiru Hiiragi. Por primera vez en todo el tiempo, Guren presenció los ros- tros de completo pánico de la Casa Ichinose y de los maestros más fuertes del «Mikado no Tsuki», esos que lo entrenaron a él. Su padre parecía estar bastante asustado. Muchas veces bajó su cabeza. Cuando preguntó lo sucedido, se le dijo, por primera vez, la relación entre la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose, y la relación en- tre el «Mikado no Oni» y el «Mikado no Tsuki». La diferencia opresiva en relación a la fuerza. Era una existen- cia que la Casa Ichinose no podía desobedecer. Que palabras tan veraces aunque desesperanzada. Y Mahiru… Ella era un miembro de la Casa Hiiragi. Esa noche, Guren tomó el pastel y lo llevó al lecho del río. El hada del bosque apareció.
  • 12.
    12 Estaba tan alegrecomo antes. Viendo lo que él sostenía en las manos, sonrió amablemente. —…trajiste el pastel. Él asintió y ella volvió a reír. — ¿Es porque creíste que eso me alegraría? —…… — Guren. — ¿Hmm? — Lo amo mucho. — ¿Amas el pastel? — Te amo, Guren. —…….. Fuese lo que fuese que le pasara, los latidos de su corazón se incrementarían y se le dificultaría hablar. Mahiru se inclinó hacia él y dijo: — ¿Qué tipo de pastel? — Chocolate y frutillas. — ¡Ambos me fascinan! ¡Oye, Guren, vamos a dividirlos! — No es necesario, si te gustan tantos, puedes quedártelos. Sin embargo, ella sacudió su cabeza. — Quiero partirlos a la mitad. Oye, oye, ¿dónde está el cu- chillito? — Ah… — ¡Bueno, vamos a comerlos con las manos! Mientras decía eso, ella tomó el pastel de frutillas y comenzó a comerlo. — ¡Que rico! Ella parecía bastante feliz al decirlo. Guren comenzó a ale- grarse con solo ver su rostro. Luego de eso, ella dio un pequeño mordisco a la fresa. Sus labios tocaron la fruta y quedó con una pequeña marca de su mordida. Luego de eso… — Oye, Guren. — ¿Qué?
  • 13.
    13 — Toma, unafresa. Ella sujetó la fresa medio mordida cerca de la boca de Guren.
  • 14.
  • 15.
    15 — Vamos, abrela boca. —…….. En eso, Guren habló: — Oye, Mahiru. — ¿Eh? — Hoy escuché que no eres el hada del bosque. — Pero, ciertamente soy el hada del bosque. — Escuche las cosas relacionadas con la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose. —……… Las manos de Mahiru dejaron de moverse. El jugo rojo co- menzó a caerse de la fresa medio mordida. — ¿Entonces…? — Bueno… — ¿Ahora no me quieres? Guren sacudió su cabeza. No había razón para no quererla. Pero de lo que su padre había dijo, existía un conflicto sanguí- neo entre la Casa Ichinose y la Casa Hiiragi que estaba persistien- do durante unos cientos de años. Ambos eran completamente incompatibles. Eso era también porque el oponente era más fuerte que ellos. Eran tan fuertes, que la Casa Ichinose no podría quejarse sin im- portar cuanta humillación recibiera. Él recordó el rostro pálido de su padre. Ese, que una vez asu- mió ser muy fuerte, se había vuelto lamentable y maltratado. Pero eso también significaba que él y Mahiru… — Guren –dijo ella–, ¿te volverá fuerte y me tendrás, cierto? Anteriormente, él solía sentir que esto era posible. Solía sentir que podía tener todo, siempre y cuando fuera fuerte. Solía sentir que podría tenerlo todo, una vez que se fortale- ciera. Solía sentir que cualquier sueño podría cumplirse si trabajaba duro. Él tenía talento. Las personas tenían sus esperanzas en él. Solía creer que definitivamente podría lograrlo todo.
  • 16.
    16 Sin embargo, sumundo se transformó dramáticamente en tan solo un día. — Oye, Guren. —……. — Oye, Guren. Escuchando eso, dijo: — Oye, Mahiru. — Hasta que finalmente respondes. — Tú… no, siendo de la Casa Hiiragi, ¿por qué estás aquí? — ¿Debe existir alguna razón para nuestro encuentro? — En cuanto a mí, no le encuentro necesidad. Pero debes estar pensando en algo. Te acercaste a mí, aun conociéndome. Sabias mi nombre desde un principio. Sabias todo sobre la Casa Ichinose y la Casa Hiiragi. Sabías que ellos eran las familias se- cundaria y principal respectivamente. — Si. — Entonces, ¿por qué te me acercaste? — Yo… Ella estuvo a punto de responder cuando sintieron que al- guien se acercaba. Un grupo de hombres vistiendo un uniforme distinto estaba caminando hacia ellos. No era gente del «Mikado no Tsuki». — Oye, mocoso –dijo uno de los hombres. El hombre llamó a Guren mocoso en terreno Ichinose. Eso no debería permitirse. Su padre estaba detrás del hombre. Su padre no objetó. El hombre estuvo a punto de agarrar a Guren por el cuello. Sus movimientos fueron muy lentos. Si el agarraba su brazo, se lo fracturaría. Mientras pensaba sus movimientos, sus pupilas se dilataron de inmediato. Sin embargo, su padre, Sakae Ichinose, dijo: — Guren. La precaución fue evidente en su voz. Estaba ordenándole detenerse. Por eso, dejó de moverse.
  • 17.
    17 El cuello desu camisa fue agarrado por el hombre. Un cuerpo joven era ligero. Él estaba siendo levantado fácilmente y su cuello resultó herido. Sin embargo, en lugar de dolor, él sintió ira ante esa injusticia repentina. — Oye, mocoso. Había noticias que tenían reuniones secretas con una persona. ¿Quién es? Guren no sabía si debía responder esa pregunta. Él no sintió la presencia de Mahiru. Quizá ya ella había es- capado. En cuanto Mahiru, sería bastante terrible para ella si sus reuniones allí eran expuesta. Si él quería protegerla, entonces no podía decir su nombre. Pero en ese momento, su padre dijo: — Guren, habla con la verdad. Él miró a su padre, quien parecía extremadamente cansado, no sabía que elección tomar. El hombre levantó su puño. Su movimiento fue bastante len- to. Incluso ahora, él podía fracturarle ese brazo que lo sujetaba, sacarle los ojos y matarlo. Y su padre era incluso más fuerte. A pesar de eso, su padre no se movió. Quizá era porque incluso su ellos asesinaban a esos hombres, ellos serían inútiles cuando las fuerzas principales de la Casa Hii- ragi llegaran. No importa cuán fuerte sea un cuerpo. No importa cuán habilidosos sean con la espada. Nada de ello importaría. — ¡Maldito mocoso, respóndeme! –le gritó. — ¿Con quién te reunías aquí? Él no sabía cómo responder a esa pregunta. Ni sabía cuál era la respuesta correcta. Sin importar qué, no tenía idea. Por eso, él eligió lo que quiso. — No. — ¿En serio? — Es cierto. — No puedo garantizar tu vida tan insignificante si mientes. — No miento –en realidad, Guren si estaba mintiendo. Otro hombre tiró de la espalda del hombre y dijo:
  • 18.
    18 — No deberíaexistir razón alguna para que Mahiru-sama vi- niese aquí, ¿cierto? — Pero de acuerdo a la información que tenemos… — Eso podría ser información falsa entregada por ella mis- ma… — Que fastidio… ella sigue siendo una niña, ¿en qué está pensando realmente, Mahiru-sama? En eso, el hombre soltó a Guren. Justo cuando él creyó que todo había acabado, el hombre es- tuvo a punto de patear a Guren. Él podía evitarlo también. Pero recibió el golpe a propósito. Le pegó en medio del estó- mago. No podía respirar. — Ugh… Dejó escapar un gemido y aterrizó en el suelo. — Basura de la familia secundaria, que vista tan molesta. Él escupió a Guren, quien estaba tosiendo. La saliva cayó en su cabeza. Su padre no se movía. La tristeza se marcaba en su rostro. En otras palabras, esta era la relación entre la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose. Los chicos de la Casa Hiiragi se fueron. Solo quedó su padre. Era tarde en la noche. Todo lo que se podía oír en los alrededores era el sonido del agua fluyendo y el sonido de los latidos de su corazón. Él podía sentir el dolor de ser pateado en el abdomen. Mahiru realmente se había ido. Su padre dijo: — Lo siento, Guren. — ¿Por qué te disculpas? — Te dejé ver la parte más indignante de mí. — No fuiste indignante. —…..
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    19 Guren se levantó.Miró a su espalda, realmente Mahiru no estaba allí. Había desaparecido completamente. Su padre dijo: — ¿Duele donde te patearon? — No. — ¿Mentiste? —………. — Estuviste reuniéndote aquí con una chica. —………. — ¿Se llama Mahiru Hiiragi? — No. — ¿Entonces con quién te comiste el pastel? — Me lo comí yo solo. — Si mientes, te mataran. Ellos no serán piadosos con noso- tros. —……….. — Oye, Guren. Escucha apropiadamente. No quiero perder a mi hijo por algo como eso. Dijo su padre, mirándolo con sinceridad. Guren también miró esos ojos amables. — No mentí –dijo tal mentira. A su propio padre. Incluso hasta ahora, él no sabía si eso había sido la elección correcta. Su padre lo miró, sus pupilas estaban inmóviles. Aun había cansancio en su rostro. Sin embargo, por alguna razón, él parecía un poco orgulloso. — Bueno, está bien. Elige lo que sientas que sea lo correcto –dijo de repente. Guren levantó su cabeza y miró el rostro de su padre. — ¿Lo que crea correcto? — Si. — Pero, padre. — ¿Qué? — Realmente no entiendo lo que significa lo correcto.
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    20 Al oír eso,su padre respondió. — Tienes razón en ello. Yo tampoco lo entiendo mucho. Des- pués de esto, habrá muchas cosas más que no entenderemos El padre colocó su palma en la cabeza de Guren, y se la aca- rició con amabilidad. A él le encantaba la calidez de esas manos. Siempre había querido a su padre. — Por eso, si no entiendes lo que es hacer lo correcto. Enton- ces comienza haciendo las cosas que creas correctas. —……… — Después de eso, ya que eres más fuerte que yo, tu respuesta se acercará más a la correcta en comparación a la mía. Guren pudo sentir cómo esa frase atravesaba lo más profun- do de su corazón. Hacer algo que creyese correcto. Su padre también se fue. Guren quedó completamente solo en el lecho del río. Aunque esperó por dos horas, Mahiru no volvió esa noche, Unos cuantos días después, Mahiru apareció durante el des- canso de la tarde. Era un área bastante amplia. Los rayos luminosos de un día soleado bañaban el campo, produciendo una tonalidad verdosa. Era un lugar hermoso. Mahiru continuó riendo de esa forma tan inocente y hermo- sa. — Oye, Guren. ¿Te asustaste, no? — ¿…está bien que vengas a este lugar? Si te ven… — No importa. Ya he verificado que no haya nadie. Ade- más, incluso si me descubren, tú te volverás fuerte y me prote- gerás, ¿cierto? –dijo. Él agarró su espada de madera con fuerza. Su yo actual no tenía el poder para protegerla. Él ni siquiera sabía cuán poderoso debía volverse para prologarla. Sin embargo, ella sonrió. Lo miró de forma preciosa y rió. Guren le dijo: — Aunque ya te lo pregunté antes… — Si. — ¿Por qué quieres venir aquí? ¿Por qué estás aquí ahora? Ella sonrió amablemente y respondió: — Odio estás en casa.
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    21 — ¿En laCasa Hiiragi? — Si. — ¿Por qué la odias? — Porque mi mamá fue asesinada. —………. — Mi madre fue forzada a entrar en un punto muerto por la Casa Hiiragi antes de morir. Papá no ha querido mirarme ni una sola vez. Por eso, quiero hacer algo que la Casa Hiiragi odie más. — ¿…acercarte a mí? —…….. — Acercarte a escorias como nosotros, la casa secundaria, la Casa Ichinose. Para la Casa Hiiragi, esto es lo más irritante que los haría perder la cabeza. Por eso es que te me acercaste, ¿no? Mahiru dio un paso más cerca. — Hmm, sí. Ya que hablar con el hijo de la asquerosa Casa Ichinose debe ser lo que más odia mi padre. Sin embargo… Mientras decía eso, Mahiru extendió su brazo y acunó el ros- tro de Guren. Su mirada estaba llena de amor mientras lo miraba. — Sin embargo, las cosas no progresaron tan rápidamente. Pues el hijo de la Casa Ichinose es demasiado hermoso, acci- dentalmente me enamoré. Guren tomó su mano, pero no podía hablar. Digamos si su amor por él era genuino. Digamos si él la amaba también. Él aun no tenía el poder para tenerla. — Guren. —…… — Oye, Guren. Te amo. —……. — ¿Qué hay de ti, Guren? —….yo. La conversación terminó allí, él no podía responderle ese día.
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    22 Pero Mahiru tampocodijo mucho. Ella alegremente se sentó al lado de Guren. Desde entonces, los días así continuaron por algún tiempo. Ella ya no aparecía de noche en el lecho del río. En lugar de eso, ella optó por aparecer durante el descanso vespertino. Ellos tuvieron muchas conversaciones ingenuas y aburridas. Ya no hablaban del futuro o de cómo las cosas avanzarían desde entonces. Sin embargo, él entrenó más fuerte que antes. Necesitaba ser más fuerte. Mucho, mucho más fuerte. Pero antes de volverse lo suficientemente fuerte como para obtener lo deseado, el día en que todo terminara llegó. Fue en el mismo lugar. En el mismo espacio lleno de pasto. — Oye, Guren –dijo Mahiru. —……. — Oye, Ichinose Guren. — ¿Hmm? — Sobre eso… nosotros… —…. — Luego que nos volvamos adultos… eh, ¿n-nos podemos casar? Ella, quien siempre habló del futuro, dijo algo así. Ella debió saber en ese entonces que las cosas como estas llegarían pronto a su fin. — Tal como estamos ahora, ¿podremos estar juntos por siempre? –dijo. Pero ese sueño fue despedazado de inmediato. Ambos fueron separados, y una década transcurrió desde la última vez que se vieron. Encima de eso, ellos estaban en lados opuestos cuando se vol- vieron a encontrar. Ella estaba siendo poseída. Si no la asesinaban, su familia y subordinados serian ejecutados. La fecha límite era el treinta de septiembre. Antes del 30 de septiembre, si Mahiru no era asesinada, él perdería cosas impor- tantes. Y hoy era…
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    23 2 de octubre. GurenIchinose estaba siendo llevado al centro penitenciario. El mismo en el que su padre estaba siendo retenido. Al ver a su hijo entrar en prisión, hizo que su padre se mostrara apático. — ¿…por qué estás viniendo este lugar? Guren miró el rostro de su padre – Sakae Ichinose. Él no se parecía mucho a su padre. Ojos amables, piel blanco-leche. Una personalidad estoica. Ese padre había sido gentil con Guren mientras él lo bañaba con elogios. Por eso, comparado conmigo, definitivamente te convertirás en una mejor Cabeza de la Casa Ichinose. Él extrañaba a ese padre que no era competitivo y era tran- quilo y alegre sin importar lo que sucediera. Sin embargo, el actual padre estaba carente de energías. Su ca- bello estaba desaliñado y se veía feo. Su blanca cabellera era muy notable. Círculos negros adornaban sus ojos, haciéndolo parecer más anciano de lo usual. Aunque a estas alturas Guren no recordaba la edad exacta de su padre, él estaba seguro que no estaba tan viejo como la última vez que se vieron en Nagoya. — ¿…te interrogaron? –preguntó Guren. — No, es falta de sueño. Es todo –dijo su padre, sonriendo amablemente. —……… — Más que eso, Guren, con respecto a ti. ¿Qué haces acá? —……….. — ¿Es por mí? ¿Porque te atraje? — No, padre, no es tu error. — Pero, Guren. — Está bien. No me interrogaron. Tranquilo. — ¿En serio?
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    24 — Si. — Entonces,¿qué haces aquí? Al oírlo, él frunció el ceño. ¿Por qué vino? Estaba allí para mirar a su padre. Para reunirse con él. Eso fue permitido por Kureto. —………. Antes de la ejecución, ellos podrían verse una vez. Hiiragi-sa- ma amablemente le garantizó tener la oportunidad de venir y re- unirse con su padre, aunque era duro de hacer. Sus manos temblaban. Parecía como si, aunque estuviese un poco relajado, él pudiese ser tragado por las llamas de la ira. Por- que el Demonio en su cuerpo ya estaba preparado para aprove- charse. Por eso, él trató mucho de no dejar que sus emociones aumentaran. Sin embargo, a pesar de eso… —…padre, lo siento –su voz seguía temblando. — ¿Qué? –respondió su padre con calma, como siempre. — No puedo… salvarte. — ¿Entonces me ejecutarán? — Si. — Ya veo. — Todo es mi culpa. Su padre sonrió y dijo: — No, no lo es. — Pero… Su padre lo interrumpió y colocó su mano sobre la cabeza de Guren. Tal como cuando era un niño, le acarició la cabeza. Como ya era más alto que su padre, él no levantó la mirada como hacía de niño. En lugar de eso, inclinó su cabeza. — Lo siento, padre. Volviendo a sonreír, su padre dijo: — No llores, idiota.
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    25 — Pero… — Lohas hecho muy bien. Soy afortunado de tener un hijo como tú, y eso me alegra. —…….. Las lágrimas fluyeron sin cesar; no podían detenerse sin im- portar qué. Él quedó en silencio mientras pensaba en su debilidad lamentable. — Bueno –dijo su padre–, si muero, ¿los demás subordinados serán rescatados? Guren asintió. — Si, ya lo negocié. Encima de eso, Mahiru le dio un «Kiju» desconocido con Asuramaru residiendo en él. Esto debería servir como la mayor cosecha de la guerra. Asuramaru tenía la posibilidad de ser capaz de incrementar substancialmente la capacidad natural de las ar- mas «Kiju» con una ligera investigación. Kureto lo recompensó por eso. Al principio fue para que la fecha de ejecución de su padre y subordinados fuera suspendida. Sin embargo, no fue así. Durante la reunión de los altos mandos del «Mikado no Oni», la ejecución de Sakae Ichinose fue decidida. Los miembros de la reunión de los altos mandos incluían a la Cabeza de la Casa Hiiragi –Tenri Hiiragi–, y sus nueve unidades. Esas nueve unidades consistían en las nueve Cabezas restan- tes, excluyendo a la Casa Ichinose. La Casa Nii. La Casa Sanguu. La Casa Shijin. La Casa Goshi. La Casa Rikudou. La Casa Shichikai. La Casa Hakke. La Casa Kuki. La Casa Jūjō. 27
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    26 Los padres deGoshi y Mito también deberían estar entre ellos. La decisión de la ejecución de Sakae Ichinose fue unánime. La razón fue atroz. Todos acordaron que por traer de vuelta a la vampira y a Asu- ramaru, la cosecha de Guren Ichinose, quien juró lealtad a Kureto Hiiragi, podría incrementar el número de seguidores del «Mika- do no Tsuki». Por eso, para el balance, la ejecución de la Cabeza de la Casa Ichinose –Sakae Ichinose–, fue decidida para reforzar su posi- ción. Esa era la conclusión obtenida. Los minutos de esa reunión fueron escuchados por Goshi y Mito, por lo que fue bastante precisa. En otras palabras, matar a Sakae era un acto para protegerse contra Guren, quien mostró sus habilidades con mucha arrogan- cia. Por eso, Guren Ichinose, quien ni siquiera pudo evitar la muerte de su padre, aumentaría su reputación como un esclavo leal a la Casa Hiiragi. — Oye, padre –preguntó Guren. — ¿Qué? –respondió su padre mientras le acariciaba su ca- beza. — ¿Para qué estamos viviendo? —…… — Si esto continua, solo quedaremos como esclavos. Sin im- portar cuanto nos esforcemos, las cosas no se moverán en la di- rección que queremos. — Todos quieren invertir esta situación –respondió su pa- dre–. Pero esto se debe a la diferencia en el nivel de habilidades, por esto las cosas terminaron de esta forma. — Pero gracias al egoísmo de esos bastardos, vas a morir, pa- dre. — Sí, es cierto. Si me entristezco por eso, entonces, quizá, no exista razón para vivir. Sin embargo, ¿doy la impresión de estar triste? Guren levantó la mirada, y vio que su padre sonreía como siempre. Mirando a su padre de esa forma, él frunció el ceño y dijo: — Siempre sonríes. No lo entiendo. — Porque estoy feliz. Siempre he sentido la felicidad.
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    27 — Mentiroso. — Cielos. —¿Dónde está esa felicidad? Tener todas esas cosas terribles siendo lanzadas sobre nosotros, solo para morir lamentablemen- te. A pesar de eso, su padre sonrió amablemente y le dio una palmadita en la cabeza. — Pero puedes seguir viviendo. Luego de mi muerte, serás la Cabeza de la Casa Ichinose. Si se trata de ti, nadie protestará. De eso me siento muy satisfecho. Su padre parecía bastante feliz con eso mientras miraba a Gu- ren sin duda que se presentara en sus ojos. Al oír eso… —……. Guren sintió un dolor amargo recorrer su corazón. Sus lágri- mas amenazaban con volver a brotar… —…f-fui incapaz de ser como tú, padre. — Puedes hacerlo. — Pero… Su padre lo interrumpió: — Si se trata de ti, entonces, todo se puede lograr. Por eso, continúa haciendo lo que creas correcto. En eso, una voz resonó desde fuera. — Oigan, ustedes, salgan. Es hora de ejecutar a Sakae Ichi- nose. Esa frase no sonó como era en realidad. Sin embargo, esas palabras se convertirían en realidad al instante. Su padre sería ejecutado. Las puertas de la prisión se abrieron. Unos cuantos hombres desconocidos entraron corriendo. A su padre no le importó esos hombres, y abrazó fuertemente a Guren. — Bueno, es hora de decir adiós, Guren. — No –Guren respondió con una voz suave y temblorosa. — Es el final. Sonriamos mientras nos separamos. — No quiero. — Gracias, Guren. Por convertirte en mi hijo luego de venir a este mundo. — No quiero esto. Sin embargo, su padre fue agarrado por esos hombres y en- cadenado.
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    28 Él no podíadetener lo que sucedía. Si trataba de intervenir, la ejecución de cientos de sus subordinados seria lo siguiente. Por eso, él no tenía el poder de detener eso. Esto era el adiós. Ya ellos no serían capaces de volverse a ver. — Maldita sea, ¿por qué? ¿Qué es lo que debería hacer exac- tamente…? Guren murmuró mientras su padre habló: — Sonríe, Guren. ¡A partir de ahora, dirigirás el «Mikado no Tsuki»! Eso fue lo que gritó, y con eso, Guren levantó la mirada. Veía como su padre estaba siendo sacado de la prisión. Mirando a su padre ser llevado, él dejó salir algo que nunca había dicho antes. Algo que debió haber dicho muchas, muchas veces antes… — ¡PAPAAAAAAAÁ! —……. — ¡T-también me siento muy orgulloso de haber venido a este mundo siendo tu hijo! Al oír eso, su padre sonrió desde lo más profundo de su co- razón. Luego, él fue sacado de la prisión. El campo de ejecución es- taba afuera. Su padre seria asesinado allí. Guren no podía ver la ejecución de su padre. Su cuerpo care- cía de energías; temporalmente fue incapaz de moverse. Se sentó en la camilla de la celda que su padre usó para acos- tarse, tolerando el flujo del tiempo sin moverse. Tolerando la ejecución de su padre. Tolerando los diversos obstáculos lanzados hacia él. En eso, sin saber cuánto tiempo había pasado, alguien lo vol- vió a llamar. — Oye, Guren. Levantando la mirada, Kureto Hiiragi estaba de pie fuera de la prisión. Mirándolo, Kureto dijo; — Ya terminó. Él quería decir que su padre ya había sido ejecutado. Este bastardo le entregaba el mensaje sin emoción alguna. Sonriendo débilmente, Guren respondió.
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    29 — ¿Ya? ¿Satisfecho? —Si, mucho. — Bueno, lárgate. — Si. Kureto asintió y se preparó para irse. Pero, deteniendo a mi- rad del camino, dijo: — Una última cosa, estuve bastante complacido con lo que trajiste. Por eso, me opuse a la ejecución. Mi padre fue el que tomó la decisión final. Guren miró a Kureto y dijo; — Eh, ya veo. — Pagaré con lo que trajiste. — ¿Asi que quieres que te lo agradezca? — Si, así eso. — ¿…de qué coño hablar? Al oír la suave quejad e Guren, Kureto lo miró con un poco de pena. — Bueno, comprendo cómo te sientes. Ya él no quería responder. Este bastardo, por nacer en la Casa Hiiragi, probablemente no podía entender nada de eso. Sin embargo, Kureto continuó. — Tus amigos están reunidos aquí. Los dejaré consolarte. — ¿Ah? ¿Qué fue eso? ¿Estas siendo amable conmigo? ¿Qué tipo de brisita está soplando hoy? Kureto le dijo: — A partir de hoy será la Cabeza de la Casa Ichinose. Serás convocado por mi padre. Quiero que entiendas tu posición antes de que eso suceda. — ¿Un esclavo de la Casa Hiiragi? Sin embargo, Kureto sacudió su cabeza. — No. Tú eres mi subordinado. Al oir eso, Guren miró a Kureto. Kureto dijo algo sobre entender su posición antes de encon- trarse con la Cabeza de la Casa Hiiragi – Tenri Hiiragi.
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    30 Sonaba como quedebía priorizar las ordenes de Kureto pri- mero que las de Tenri Hiiragi. Guren siguió mirando a Kureto y dijo: — ¿De qué va todo eso? — Asi como suena. — Podrías ser sospechoso de rebelión. — No. ¿O es que acaso discutirás esto en detalla con alguien? — ¿Y qué si lo hiciera? — También te ejecutarán –dijo Kureto. Pero esto era una falta de su propia debilidad. Sus objetivos no estaban claros. Esto también podía ser una trampa. Una trampa para determinar si Guren, quien se convertiría en la Cabeza de la Casa Ichinose, tenía alguna intención de re- belarse. Por eso, Guren miró a Kureto y dijo: — Kureto. — ¿Hmm? — Hace un momento dijiste que te opusiste a la ejecución de mi padre. — Si. — Solo te agradeceré por eso –dijo Guren. — Tu gratitud es simplemente natural –asintió Kureto y se fue. Guren se sentó en la prisión por algo más de tiempo. Salir de allí significaba enfrentar un mundo diferente. Él lideraría al «Mikado no Tsuki» y a sus seguidores, se con- vertiría en la Cabeza de la Casa Ichinose. El estrés era anormalmente opresivo. Él no creía que sería ca- paz de emular inmediatamente a su padre. Sin embargo… — No tengo más elección que hacerlo… Con eso, se levantó.
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    31 Porque su padredepositó sus esperanzas en él. Porque él aun quería seguir siendo elogiado por su padre. Porque él quería que su padre se sintiese orgulloso de él la próxima vez que se vieran. Se levantó, salió de prisión, y después de eso, él miró los edi- ficios y dio un paso al frente. En el exterior, eso se había convertido en algún punto de con- gregación. Como si intentaran rodear algo, la gente del «Mikado no Oni» estaba mirando el centro del espacio abierto. Las cámaras alrededor estaban ubicadas de forma estratégica, era como si transmitieran toda la escena a los exteriores. Un cuerpo yacía en el centro de ese espacio abierto. Era el cuerpo de Sakae Ichinose… su padre. Su cabeza cortada estaba a un lado, en el suelo. Parecía que a nadie le interesaba levantar el cuerpo. A lo me- jor ese era el trabajo de Guren. Esto también seria filmado por las cámaras, el poder absoluto de la Casa Hiiragi y la debilidad y ser- vilismo de la Casa Ichinose. Eso sería entregado a los seguidores. —…….. De repente, una voz sonó junto a su oreja. No, quizá era una voz desde su corazón. La voz del Demonio. El Demonio en el arma demoniaca de Guren: «Noya». «Ah, ah, ah, que poderoso. Guren. Que odio tan poderoso. Enloquezcamos. Esto será muy catártico» —……. Guren no respondió. Sin embargo, Noya seguía siendo muy ruidoso. «Incluso si finges estar calmado, no es de utilidad, Guren. Una gran porción de ti ya está fusionada conmigo. Y con Mahiru. Este odio no cesará» Noya dijo mientras le daba poder a Guren. Un poder enorme. Uno que le permitiría difundir su odio de inmediato. Si este poder se descontrolaba, él, al menos, podría matar a esos bastardos a ver como sucedía esta broma tan cruel. Si masacraba, podría liberar su ira, entregar su cuerpo a la ira parecía una elección bastante correcta. —……….
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    32 Pero Guren nose movió. Ni escuchó el engaño de Noya. Solo en eso, el celular en su bolsillo comenzó a vibrar. Toman- do su celular, un número desconocido se mostró en la pantalla. Él respondió: Las voces de sus amigos sonaron desde el otro extremo de la línea telefónica. Era la voz de Shinya Hiiragi: [¡GUREN! No tienes que hacer eso. Lo limpiaremos. No te muevas] La voz de Mito también se pudo oír desde muy atrás. Sonaba como si estuviese al borde del llanto. [¡Guren, ¿estás bien?!] Incluso la voz de Goshi estuvo presente. [Llegaremos allá lo más pronto posible. ¡Espera un poco más!] Desde la cámara, esos chicos también estaban observando. Eso significaba que Shigure y Sayuri también lo veían. Los seguidores del «Mikado no Tsuki» observaron el desarro- llo de toda esta escena. En frente de ellos, él no podía hacer nada inapropiado. Por eso, Guren dijo: — Shinya. [Solo cinco minutos. Llegaremos de inmediato] — Está bien. No es necesario que vengan. [Imposible. Guren, ahora somos…] Pero Guren lo interrumpió, y dijo: — Luego pueden consolarme apropiadamente. Juguemos. [¡OYE!] Guren terminó la llamada, y apagó su celular. Luego de eso, se enderezó, y miró al centro del espacio abier- to. Subsecuentemente, caminó hacia adelante con la valentía que mostraba qué, a partir de hoy, él sería el que soportaría la Casa Ichinose. Su expresión no se distorsionó.
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    33 Ocultó su debilidad. Sinimportar en qué tipo de situación lo pusieran, él juró res- ponder con calma y paciencia, tal como su padre. Guren se acercó al cuerpo de su padre. Al hacerlo, el odio, nuevamente, surgió de la desesperación, el miedo y la melancolía. Las llamas de la indignación se volvieron a encender. La debilidad e intención de escapar aparecieron. A pesar de eso, él lo suprimió todo. —…está bien, papá –dijo–. Está bien, lo haré. Me convertiré en el buen chico que esperabas que fuera. Por eso, por favor, ob- serva. Él murmuró eso mientras tomaba la cabeza cortada de su pa- dre y la sujetó cerca de su pecho. Después de eso, él cargó con el cuerpo decapitado. En ese momento, él prestó un poco del poder del demonio. Noya le fortaleció sus habilidades físicas. Si no fuese por Noya, probablemente él no habría tenido va- lor y no podría haber sido capaz de mover el cuerpo de su padre. Los espectadores que observaban a Guren estaban en com- pleto silencio. Estaban inmersos en la vista. Observaron calmada mente a la escoria Ichinose que estaba moviendo el cuerpo de su padre. Luego de eso, había más cosas por hacer, ¿no? Él no tenía más elección que vivir una vida estructurada, ¿verdad? Guren siempre sintió que vio la respuesta ese día. La posición en la que estaba y lo que debía proteger. Y en ese día, en medio de la humillación… Guren Ichinose se convirtió en la Cabeza de la Casa Ichinose.
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    34 El tiempo fluyóa una velocidad asombrosa en los días si- guientes. El cuerpo de su padre le fue permitido se llevado de vuelta a la casa ancestral en Aichi para su respectivo funeral. El «Mikado no Tsuki» tenía la práctica de un entierro natural. Por eso, Guren tuvo que unir la cabeza al cuerpo de su padre an- tes de enterrarlo en la tumba ancestral. Un gran funeral tomó lugar luego. Duró una semana entera. Para entonces, todos habían recibido información de que Gu- ren se convertiría en la nueva Cabeza. Los representantes de las prominentes casas que apoyaban al «Mikado no Tsuki» siempre se habían centrado en el padre para sus saludos. Pero esta vez, ellos desviaron su atención hacia Guren. Quizá todos habían visto la transmisión de la escena en el patio de ejecuciones. La ejecución del padre y la silueta de Guren. Todos vieron –se les permitió ver– esa escena inapropiada de él, y así, prometieron contribuir incansablemente con el progre- so del «Mikado no Tsuki» dedicándolo todo. Se podía decir que ahora, la organizaciones taba más unida. Por otro lado, bajo esa situación, ¿cómo progresaría el «Mi- kado no Tsuki» desde aquí? Cada vez que a él le preguntaban eso, solo podía pensar duramente en esa pregunta. ¿Qué debería hacer exactamente, cuando su padre fue asesi- nado de esa forma y siendo incapaz de hacer algo? —…….. Sin embargo, esa cadena meditativa no podía durar para siempre. Como recibía a los visitantes, él no tuvo mucho tiempo de dormir durante unos cuantos días. —….huh. Guren dejó el depósito de cadáveres y regresó a casa para po- der descansar un poco. Una vez que entró, él vio la sala de estar de estilo patio que su padre adoraba y se sentó. La ropa que llevaba puesta era la que su padre solía usar tam- bién. Ya sea que se tratase de una gran ceremonia, su padre vestía eso. Él nunca esperó usar eso tan pronto. Se sentó de piernas cruzadas en frente de la mesita del café y analizó la sala de estar con una mirada de asombro. Ese jardín también era una creación de su padre.
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    35 Siempre se sentíaque, independientemente de que su padre no tuviese nada que establecer, él estaría presente en esa sala de estar o en el jardín. En este jardín, Guren también recibió lecciones básicas del manejo de la espada por parte de su padre. Él recordó lo sucedido en el pasado. Su padre era estricto du- rante sus entrenamientos, siempre le decía: — Tienes talento. Guren, quien era elogiado y se sentía complacido, comenzó a obsesionarse con la espada. Él nunca lo notó. Pero ahora que lo volvía a ver, él sentía que el jardín era muy hermoso. El sol había comenzado a ponerse. Debían de ser las 5 de la tarde. En eso, desde la esquina de su visión, sus dos asistentes aso- maron sus cabezas desde la puerta. — Eh, Guren-sama. — Guren-sama. Esas eran Sayuri y Shigure. La apatía cubría sus rostros. Tam- bién habían observado la ejecución. Cuando ellas lo vieron abrazar el cadáver de su padre, ambas gritaron de melancolía. — Lamentamos mucho no haber podido estar a su lado. — No pudimos protegerlo, lo lamentamos muchísimo. Ellas lo repitieron una y otra vez. Probablemente no descansaron mucho después de eso. Tras llevar de vuelta el cadáver a Aichi, ambas corrieron con prisa de aquí para allá con los preparativos del funeral. Ambas, quienes se suponían estar más apáticas, dijeron. — Eh, Guren-sama. ¿Está cansado? Shigure continuó. — Un futón ha sido preparado en la habitación, por favor, descanse un poco. — Ustedes descansen –dijo Guren–. Probablemente hayan dormido menos de lo que yo lo hice.
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    36 — ¡Estamos bien! —Le prepararemos un cambio de ropa de inmediato, Gu- ren-sama, descanse un poco. Guren sacudió su cabeza, — Aun es temprano. — Pero… — Pero descansaré esta noche. Ya he saludado a la gente de las Casas prominentes. Además de eso, ¿podrían traerme una taza de té? Estoy sediento. Ambas parecieron bastante alegres. — Ah, ah, lo prepararé de inmediato. Ellas se fueron mientras respondían. Ambas parecían estar buscando algo con lo que ayudar. Tra- bajar de forma tan incesante, las podría hacer colapsar un día. Hay gente que debería tener un pequeño descanso. Les orde- naré descansar un poco luego que vuelvan –pensó Guren. —………. Con una mirada de asombro, él permitió que el tiempo pa- sara. Sin preocuparse por el futuro, él vagamente miraba el jardín que su padre adoraba. Se oía el susurro de las hojas. Y el fluir del agua. Ahora que pensaba en ello, había unas carpas en el estanque. Aun podía recordar cuan orgulloso estaba su padre cuando logró comprar unas cuantas carpas enormes. Muy impresionante, ¿no, Guren? ¿Cómo respondió a eso? Él dijo algo como si no estuviese in- teresado. Si tan solo hubiese podido compartir la diversión junto a su padre ese día. Ahora que todo era cosa del pasado, él comen- zaba a lamentarse. Justo en eso, un hombre que vestía un traje negro y una cor- bata negra apareció en frente del estanque: era Shinya Hiiragi. Él sostenía una caja grande en su mano. Luego de analizar los alrededores, miró a Guren, y luego: — Hola, Guren –saludó con una sonrisa. — No te llamé para que vinieras –respondió Guren.
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    37 — ¿Eh? ¿Enserio? Shinya dijo mientras se acercaba. Entró en los pasillos sin permiso antes de ir directamente a la sala de estar. — Además, tampoco te di permiso de entrar. Pero Shinya lo ignoró y se sentó al lado opuesto de Guren, diciendo. — ¿Por qué estás en kimono? — No es tu problema. — Eso no te queda bien. — Que molesto. — Solo mentía. Te queda un poco bien, supongo. ¿Es el atuen- do ceremonial de la Casa Ichinose? — Lo que sea. ¿Por qué estás aquí? Al oír eso, Shinya se encogió de hombros y dijo: — Deberías comprenderlo por la forma en la que ando ves- tido… Obviamente era un atuendo de funeral. En otras palabras, este bastardo también había venido para eso. — Al hacer esto, ¿no creíste que un Hiiragi seria cálidamente bienvenido al funeral de la Casa Ichinose? — No, no lo hice. — Pero eres un Hiiragi. — Bueno, es cierto… pero, está bien porque no vine por el funeral. — Entonces, ¿para qué estás aquí? — Eh, obviamente, vine a verte. — ¿Eh? — ¿No lo dijiste por teléfono? Algo así como «consolarme». Verás, traje el juego. El colocó la gran caja en la mesa. El videojuego debería estar dentro. Mirando la caja, las comisuras de los labios de Guren comen- zaron a levantarse sin querer. Con el fin de negarlo, Guren cha- queó su lengua. — Tsk, no puedo andar perdiendo el tiempo como un idiota. Al oír eso, Shinya sonrió.
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    38 — Aunque digaseso, en realidad estás muy feliz… — No. — ¿Eh? ¿Quisiste decir que tener amigos a estas alturas de la vida se siente grandioso, no? — Nunca dije algo así. — Ahora que hablamos de ello, ¿aquí en tu casa hay algún televisor? Conectemos el jugo. — Ahora estoy muy ocupado, no tengo tiempo para los jue- guitos. — Pero compre un nuevo videojuego, ¿sabes? — ¿Y qué me importa? — Oye, Guren. — ¿Qué? — ¿Está todo bien? Shinya dijo mientras observaba a Guren con una preocupa- ción presente en sus ojos. — Escucharé si necesitas quejarte. —…….. — Está bien si solo necesitas gritar para deshacerte del estrés. Toleraré un poco los gritos y te escucharé. Que molesto, que bastardo tan irritante. Venir todo el camino hasta Aichi con un videojuego y tener tal actitud. — ¿Quién eres? — Tu amigo, ¿bien? –respondió Shinya. — Huh. — Por eso, incluso si lloras en frente de tu amigo, todo está bien. Este es el momento para llorar, ¿no? haber pasado por cosas tan tristes. Ven, llora todo lo que quieras. Llora, llora. Guren frunció el ceño con irritación y dijo: — Realmente eres un bastardo ruidoso. — Pero escuché que si lloras, el cortisol en tu cuerpo saldrá. Eso te ayuda a salir del estrés, ¿sabías?
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    39 — Ya hellorado. Todo está bien. Shinya lo miró. — Ahh, ¿en serio? — SI. — ¿En frente de quién? Debe ser Shigure o Sayuri, ¿no? Llo- rando de todo corazón diciendo cosas como: esto es tan doloroso, uwahhh, ¿no? Pero Guren miró al jardín y dijo: — En frente de mi padre. Ahí fue cuando lloré. Antes de la ejecución. —…ah, ya veo. — Si. Shinya también miró al jardín. — ¿Este es el jardín de tu padre? — Si. — Es muy hermoso. — Si, mucho… aunque hoy es la primera vez que lo siento de esa forma. En eso, otros visitantes llegaron. Goshi y Mito, quienes ves- tían un traje y atuendo de funeral respectivamente, aparecieron en el jardín. Esto debió haber sido algo imposible. La Casa Ichinose estaba fuertemente custodiada; invadirla era algo fuerte. Claro, si ellos revelaban que eran un Hiiragi, un Goshi y una Jūjō, los cuales eran las Casa prominentes del «Mikado no Oni», ellos podrían entrar de acuerdo a los procedimientos regulares. Sin embargo, Guren no recibió reportes de ello. En otras palabras, no importaba si eran Shinya, Goshi y Mito; todos tomaron sus responsabilidades e invadieron su casa. — Ustedes –dijo Guren–, ¿qué hicieron con las alarmas? — Las desactivamos –dijo Shinya, quien estaba sentado a un lado. Su voz fue calmada. — Sin romperlas. Costó un poco. — Fue porque esas cosas fueron fáciles de destruir. Los guar- dias eran como monos.
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    40 Imposible. Pero esostipos podían usar sus armas «Kiju». Po- dían hacer cosas que estaban mucho más allá de los límites de las habilidades humanas. Ellos pudieron evadir las CCTV, y desacti- var la red de seguridad debería ser un trozo de pastel. Más que eso, todo el «Mikado no Oni» ha comenzado a uti- lizar las armas «Kiju». Los rumores también dicen que el veneno del Demonio ha sido inyectado en las masas inocentes por las calles. Una experimentación humana con miles de sujetos experi- mentales ha comenzado. Si ese fuera el caso, la red de seguridad necesitaba ser revisada para evitar objetivos no humanos. Mito miró a su alrededor y luego a Guren. — ¡Ah, allí está! –dijo mientras apuntaba a Guren. Goshi miró también y se acercó, saludando. — Eh, ¿qué tal, Guren? ¿No estás rebosando de vitalidad? Mito continuó, — ¡Estúpido Goshi! ¡¿Cómo puede estar rebosando de vitali- dad?! ¡Guren, eh, ¿estás bien?! Esto, ehhh… Esos dos entraron saludando también. Mito parecía sentir dolor mientras observaba. — Ehh… — ¿Qué? — Por favor, no te sientas triste… Parecía que le tomó mucho tiempo decir eso. Aun así, Guren asintió. — Si –dijo. Y Mito continuó: — Bueno, si existe algo con lo que pueda ayudar… — No hay nada. — Pero… Con su presencia es suficiente, gracias. — Ah… Mito se detuvo. Lo miró, parecía querer decir algo, pero se limitó a no hacerlo.
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    41 — Comprendo –respondióy se sentó un poco alejada. Goshi se levantó y miró a su alrededor. — Asi que aquí fue donde creciste, ¿eh? Se siente bastante simple. Shinya levantó la mirada hacia Goshi y dijo: — Pero, Goshi, tu provienes de una Casa prominente tam- bién. ¿Acaso tu residencia no es una de estilo japonés? — No, mi residencia tiene un diseño fundamentalmente Oc- cidental. ¡No solo en eficiencia sino que también posee fuerza! ¡Y yo soy el que los retiene a todos! Goshi sonrió frívolamente mientras decía eso. Caminó lentamente sobre el tatami y cruzó sus brazos mien- tras miraba las volutas de pared antes de intentar enrollarlos. — Oye, Guren. — ¿Hmm? — ¿Son caros? — Ni idea. — Pero esta es una decoración de la Casa Ichinose, debe ser costosa. Nunca he podido comprender por qué esta cosa es tan buena. Luego de mirar la voluta por un rato… — Ah, hablando de esto, Guren. Con el fin de alegrarte, te traje un regalo. Al decirlo, él sacó unas cuantas revistas de la bolsa de plástico que llevaba en su mano. Lo que apareció fue una revista cuya por- tada mostraba una mujer usando ropa obscena. Y unas palabras vulgares adornaban su pecho y trasero. — ¡Oye, Goshi! –aunque Mito gritó mientras se levantaba, Goshi… — Oye, oye, Mito-chan. Esto es para Guren. Los hombres recuperan la vitalidad cuando miran cosas como estas durante momentos de tristeza. — Mentiroso. — No miento. Deberías entregar tu cuerpo al deseo, así como esto. Si solo piensas en cosas estúpidas, la tristeza disminuirá… Mito-chan, ¿también piensas así, no? además de dejar que Guren entristezca, quieres que él se relaje, ¿cierto? — No, ehh. Así es como lo pones tú… pero al ver esto, no todo es tan fácil… — Los hombres somos así. Que criaturas tan lamentables. ¿Verdad, Guren? ¿Verdad que es así?
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    42 — ¿Es así,Guren? De serlo, entonces, solo por esta vez, te permitiré satisfacerte… y leer algo como esto que está aquí. Mito estaba sonrojada por alguna razón. Incluso tenía una mirada misteriosa en su rostro.
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    44 Goshi alegremente abrióla revista porno. Shinya sonrió suavemente mientras miraba a Goshi y a Gu- ren. Sin importar qué, esos tres estaban allí para confortarlo. Amigos, estaba haciendo el tonto por esa inmensa palabra. Ellos incluso hicieron un viaje especial a Aichi. Guren le respondió: — ¿La Casa Goshi y la Casa Jūjō permiten que ustedes ven- gan? Goshi y Mito se miraron entre si y no respondieron. En otras palabras, no se les permitía. La gente de las familias prominentes del «Mikado no Oni» no tenían permitido asistir al funeral de la Casa Ichinose. Eso no era todo, la Cabeza de las Casas Jūjō y Goshi también acordaron la ejecución de Sakae Ichi- nose. Estos chicos hicieron algo prohibido y vinieron acá. Sin embargo, Goshi sonrió: — Estamos de vacaciones en Aichi. Por eso no nos castigarán. Sin embargo, como pagar un hotel es demasiado caro, decidimos quedarnos en la casa de un amigo. — ¿Incluso quieren quedarse? — Preparemos comida deliciosa. — ¿Por qué no se regresan? En eso, Shigure y Sayuri entraron, y, de acuerdo al número de gente presente, trajeron té y bocadillos. — Ah, Sayuri-chan, Shigure-chan, ha pasado mucho tiempo –saludó Goshi. Sayuri y Shigure lo miraron e inclinaron sus cabezas. Mito le siguió: — Ah, Shigure-san, si hay algo en lo que pueda ayudar. — No es necesario –respondió Shigure–. Todo está bien, como visitantes, por favor, diviértanse. Ella colocó las tazas de té en la mesa de café mientras decía eso. — Guren-sama. — ¿Hmm?
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    45 — Si necesitaalgo, llámenos. — Quédense –interrumpió Goshi. — Pero, esto está contra las reglas. — ¿Somos amigos, no? — Somos las subordinadas. Al oír eso, Guren asintió. — No, si se quedan aquí, todo estará bien. Sayuri y Shigure se miraron entre sí antes de sonreír alegre- mente. Luego se sentaron en una esquina de la habitación. — Espera –dijo Goshi mientras las miraba–, ¿cómo es posible que esas dos sean tan hermosas, Guren? ¿Qué sucede? ¿Acaso la Casa Ichinose contrata a sus subordinadas de acuerdo a la belle- za? Que pervertido, Guren. Ambas ignoraron la broma de Goshi. — Ehhh, bueno –dijo Mito–, aunque esto no se hará como tributo… Ella le entregó un regalo a Sayuri y a Shigure. Independientemente si esos chicos iban, los alrededores eran muy ruidosos. Guren pudo sentir su ira interna, venganza, miedo y senti- mientos similares que estaban disminuyendo poco a poco. Luego de eso, él pudo sentir el cordón sobre-tensado en su energía. De repente se sintió muy somnoliento. Guren tomó un sorbo del té, esforzándose para reducir el cansancio. — Hmm –murmuró. Al final, él seguía sintiéndose somnoliento. Goshi, Mito, Sayuri y Shigure habían estado muy ruidosos. Goshi hojeaba la revista justo en frente de las chicas, causando un alboroto. En medio de la conmoción, Shinya levantó la caja con el vi- deojuego y se levantó antes de acercarse –a propósito– a un lado de Guren. — Hablemos, Guren. Quiero discutir sobre este nuevo video- juego contigo. Se sentó y comenzó a abrir la caja mientras murmuraba algo más. — ¿Entonces, qué planeas hacer luego de esto? —……..
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    46 Guren pensó enel significado de esas palabras. ¿Le estaba preguntando cómo planeaba vivir luego de la muerte de su padre, o sobre la desaparecida Mahiru? La ejecución de cientos de subordinados en caso de que Ma- hiru no fuese asesinada ya había sido revocada. Se intercambió por la muerte de su padre, haber llevado vivo un vampiro y un arma «Kiju» desconocida que contenía a «Asu- ramaru». Además, luego de ver cómo Guren se mantuvo leal a Kureto Hiiragi a pesar de la muerte de su padre, los seguidores del «Mi- kado no Oni» parecieron haber tenido una impresión sobre él ligeramente mejor. Un esclavo fiel. Por eso, no existía la necesidad de continuar buscado a Ma- hiru para matarla. Shinya también debería saberlo. No había que seguir buscando a Mahiru. No existía nada para resistirse al «Mikado no Oni». Entonces, ¿qué acciones de deberían tomar a partir de ahora? Temporalmente estaba viviendo la vida de un esclavo. Si exis- tiera la oportunidad de que él avanzara, el único punto de avance estaba oculto en Mahiru. Ya que ella fue la única que tuvo éxito en rebelarse contra el «Mikado no Oni». Hasta ahora, nadie comprendía sus acciones. Aliarse con la «Secta Hyakuya», llevar a cabo experimentos, por su cuenta, y así militarizar el «Kiju» y luego aliarse con los vampiros para avanzar más. Si él quería superar su situación actual de ser impotente in- cluso contra la muerte de su propio padre, entonces era necesario encontrarse con ella. —….. Guren meditaba con los brazos cruzas. Era una venganza personal. Y la paz para los numerosos se- guidores del «Mikado no Tsuki». ¿Cuál lado era el importante? Mahiru le concedió un poder maldito. Un poder que solo podía volverlo fuerte si renunciaba a todo. Aunque sentía que no podía aceptar ese poder, a pesar de eso… —…es necesario volver a ver a Mahiru –dijo y Shinya asintió:
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    47 — Incluso sino la buscas, si lo que está escrito en su carta de amor, entonces el mundo ciertamente terminará en Navidad. Ciertamente. Todos los que estaban allí lo sabían. El plan del «Serafín del Final» conducido por la «Secta Hyakuya». Aun no estaba claro que daría como resultado. Quizá solo podría tratarse de una amenaza al mundo sin el uso de armas, pero ¿eso era para usar una arma destructiva que pudiese destruir todo el mundo? A pesar de eso, Mahiru solía decir eso. Era necesario renunciar a la humanidad con el fin de vivir. Porque después que el mundo acabase, los humanos no se- rían capaces de sobrevivir. —………. Aun así, Mahiru seguía dirigiendo el camino frente a él. Sin embargo, si el mundo realmente acabase en la navidad presente, entonces era necesario alcanzarla para proteger a sus amigos y seguidores. Por eso, Guren dijo: — Buscar a Mahiru, para proteger a mis amigos. Shinya lo miró y asintió: — Si, te ayudaré. Sin embargo, ¿quieres jugar algunos juegui- tos hoy, verdad? Luego de eso, querrás descansar. Te ves somno- liento. — Si, tanto así, que me quiero morir. — ¿Quieres dormir ahora? — Si me duermo ahora, probablemente me despertaré a mi- tad de la noche. Mejor jugaré contigo. ¿Cuál juego compraste? Shinya sacó la consola de la caja. — Béisbol y lucha libre profesional. ¡Oigan, Guren dijo que quería jugar! Al oír eso, sus amigos lo miraron con diversión. Guren sonrió amargamente. Hace poco había muerto su padre, sin embargo, él se relajó un poco con la gente a su alrededor. Estaba atónito ante su inge- nuidad. Ese día, él no trató de dormir. En lugar de eso, jugó hasta las 2 de la mañana.
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    48 El juego delucha libre fue inesperadamente interesante. El gas venenoso que lanzó el avatar enmascarado de Mito fue muy fuerte, haciendo que todos gritaran que ella hacia trampa. Todos los presentes fueron impulsados en medio de la conmoción. Luego del juego, Guren colocó un futón en frente de las con- solas de juego y durmió como un muerto. Sus otros compañeros probablemente también querían des- cansar. Pasar el tiempo con esos amigos, realmente le permitió olvi- dar, en segundos, su ira. Olvidar el estrés opresivo, el miedo. Eso fue algo realmente placentero. Los amigos probablemente lo fortalecen a uno. Luego del uso de las armas demoniacas, esta convicción se vuelve más fuerte. Porque si uno, en frente de sus amigos y familiares, no posee ese tipo de convicción que solo un ser humano podría dominar, entonces, el corazón seria controlado al instante por el Demonio. Por eso es que, tener a Shinya y a los demás visitándolo ese día fue algo realmente grandioso. Sin embargo, a pesar de eso... ◆ Él tuvo un sueño. No, quizá se trataba del mundo dentro de su corazón. En el medio de ese mundo completamente blanco, estaba un pequeño Demonio. Era Noya. Sonreía. «Sin embargo, sin importar cuán calmado pretendas estar, aun puedo comprender la naturaleza de tu corazón, Guren» —………. «Antes de yo llegar aquí, en tu corazón ya residía un Demo- nio. Ese es un fuerte deseo de no perder ante nadie y obtener todo lo posible. Cuando eras joven, creíste que todo era posible, ¿cierto? Esa idea aun la posees» —…….. «Normalmente, este sueño ya debería haber sido abandona- do. Eres como un niño, queriendo cumplir sus sueños. Incluso si eso significa herir a alguien,
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    49 aun quieres hacerlo.Los deseos se descontrolan. Eso es lo que a Mahiru debió haberle gustado de ti» —………. «A mi también me gusta esa versión de ti. Jajaja, que lamen- table. Tu padre fue asesinado. Te esforzaste para ocultar tu ira. Te resististe a la necesidad de llorar. Jugaste alegremente con todos. Sin embargo, durante ese proceso… tratas de pensar en una for- ma de darle la vuelta al mundo…» — Cállate. «Estas considerando vengart…» — Te dije que te callaras. «Jajaja, me gustas más. Guren. Me gustas. Si puedes conver- tirte en un Demonio, me alegraría muchísimo. Necesitaría agra- decerle a Mahiru» ◆ Se despertó. El sudor bañaba su espalda. En la sala de estar, Shinya, Goshi, Mito, Shigure y Sayuri co- lapsaron en sus futones y dormían, amontonados. Miró el reloj: eran las 4 de la mañana. — ¿…este no es algún tipo de trasnocho? Graznó mientras levantaba su cabeza para ver el techo. Su garganta ardía por la sed. Guren deslizó la puerta y salió. Una hermosa luna colgaba en lo alto del cielo, iluminando el jardín que su padre construyó. Bajo la brillante luz de luna, un Guren débil se paró. No podía suprimir ese aburrido deseo de venganza. Bajo la luna, un Demonio insaciable –el Demonio de la luna– , miró el cielo nocturno iluminado. ◆ ◆ ◆ El funeral duró dos días más.
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    50 Los fieles seguidores,esos que estaban esparcidos por el país y no se veían con regularidad, se habían congregado en Aichi. Guren se reunió con todos y cada uno de ellos. Todos lamentaron la muerte de Sakae Ichinose y felicitaron a Guren por convertirse en la nueva Cabeza. Le juro mi lealtad a usted. He escuchado mucho sobre usted, Guren-sama. Al tener un sucesor tan excepcional, Sakae-sama debe estar muy feliz. Los mismos saludos se repitieron durante todo el día, dos jó- venes de aproximadamente diez años de edad aparecieron ante él. Uno habló: — ¡Oye, Guren Ichinose! Todos los adultos que estaban cerca quedaron sorprendidos por la forma en como ese chico se dirigió hacia Guren. — Oye, tú. Pero Guren levantó su mano para detener al adulto. — Tranquilo, déjenlo continuar. Después de todo, él vino al funeral. Luego miró al chico, este tenía un cabello marrón té, y unos parpados ligeramente caídos. Detrás de él estaba un chico de cabello negro y una expresión calmada. — ¿Tu nombre? –preguntó Guren. Parpados caídos respondió: — Soy Makoto, y él es Shusaku. — Makoto Narumi y Shusaki Iwasaki –añadió el que se lla- mada Shusaku. Guren había oído esos nombres con anterioridad. Narumi e Iwasaki. Aunque ellos no eran parte de las reconocidas familias funda- doras, ellos habían liderado numerosos seguidores durante bas- tante tiempo. Familias extraordinarias. Por lo que él pudo recor- dar, ellos residían en Nagoya. Guren asintió y dijo: — Asi que eso era. Parece que tienen algo que decir.
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    51 Narumi asintió fervientementecon su cabeza. — Claro. ¡N-nosotros vimos el video de la ejecución! —…… En lo que Narumi dijo eso, todo el lugar quedó en silencio. Pues eso era un tema prohibido. Podía haber espías de los Hiiragi presentes. Ese era un tema prohibido. Quizá, este tal Narumi era un espía enviado por los Hiiragi para verificar la actitud de Guren. Sin embargo, Guren preguntó. — ¿Entonces? — ¿Entonces qué? Quiero conocer tu opinión luego de haber sido forzado a tolerar eso. — Si. — Crecí en un lugar donde todos a mi alrededor decían que el «Mikado no Tsuki» es la mejor organización existente. Entonces, ¿de qué va todo eso? —………… — ¿Qué fue ese tipo de trato humillante, eh? Yo, yo te admiro mucho. Pues mi padre dijo que los Ichinose son fuertes y gentiles. Ellos pueden dirigirnos por el camino correcto hacia un futuro brillante… pero, eso… Los ojos de Narumi comenzaron a cristalizarse con lágrimas. Parecía que no estaba listo para resistirlo todo. Este sentimiento se podía entender. Cuando Guren conoció por primera vez esa existencia que su yo actual nunca sería capaz de poder contactar, él tuvo la misma sensación. — Si vas a convertirte en la Cabeza de la Casa Ichinose –dijo Narumi–, entonces dímelo. ¿Vamos a ser menospreciados por siempre? —……. — ¿Debemos continuar tolerando esas cosas? —………. — Mi padre no me dio la respuesta. Todo lo que pudo decir fue que tolerara esto, que no había elección y cosas así. Entonces, ¿puedes responderme? Guren Ichinose. Si te vas a convertir en la Cabeza de la Casa Ichinose y liderarnos, entonces, dime, ¿vamos a mantenernos como escorias el resto de nuestras vidas? Narumi lloró. Lloró tanto que parecía poco presentable.
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    52 Él no eraun espía. Eso era seguro. Era un seguidor extrema- damente leal. Pero lo traicioné todo. Los adultos quedaron completamente en silencio mientras esperaban la respuesta de Guren. — ¿Te me acercaste solo para preguntarme esto? –habló Gu- ren. — Si –asintió Narumi. Y Guren le respondió: — Bueno, déjame decirte la verdad. Tal como tu padre lo puso. Somos escorias. Por eso, por mi bien, toleraré esto. Es algo que no se puede evitar. Las lágrimas volvieron a brotar de los ojos del chico, mientras la desesperación y la tristeza cubrían su rostro. Pero Guren ignoró eso y agarró el collar de Narumi y lo acer- có. — Pero esto es temporal. No seas ruidoso y digas cosas tan inútiles. Solo sígueme. Te dejaré ver como es un futuro apropiado. Ante eso, Narumi abrió sus ojos de par en par. En ese momento, las puertas del depósito de cadáveres se ce- rraron rápidamente. Las puertas de la habitación en la que Guren y los demás seguidores estaban también se cerraron. Quizá sus palabras fueron consideradas una información que no debía escaparse. Solo las familias prominentes estaban presente. Y los hom- bres que eran la mano derecha de su padre. Todos eran élites que adiestraron a Guren en el manejo de la espada y la hechicería. Sus movimientos eran rápidos. Ellos rápidamente notarían la presencia de espías. En eso, un hombre de unos cuarenta años de edad, el cual estaba descansando al final, habló. Era el padre de Shigure: Sami- dare Yukimi. — Guren-sama, por favor, compórtese con dignidad. — Esta forma de ponerlo no es nada acorde, ¿cierto? Preguntó Guren. Esta vez, el padre de Sauri, Seishō Hanayori respondió. — No, estamos calmados. Guren-sama, incluso después de ir a Shibuya, que es donde se encuentran los Hiiragi, usted no ha cambiado. Esos dos hombres parecían haber crecido con el padre de Gu- ren. Ellos debieron haberse sentido muy tristes desde el fondo de sus corazones.
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    53 — Si –asintióGuren, soltó a Narumi y amablemente le dio un empujón en el pecho. Narumi, quien retrocedió unos pasos, parecía un poco alar- mado. — Bueno, ¿te vengarás en nombre de nosotros? Venganza. Venganza. ¿Qué era la venganza? ¿Qué debía ha- cerse para traer felicidad a los seguidores? Aunque era necesario considerarlo, Guren respondió. — ¿Qué acabas de decir? — Eh… ah, cállate, y síguelo. — Eso haré. Narumi levantó la mirada con un poco de felicidad en su ros- tro. — ¿P-puedo confiar en ti? Guren se encogió de hombros. — Confía en lo que quieras confiar. —…y-yo quiero confiar en ti. — Cielos. Entonces mejora. Los enemigos son fuertes. Forta- lécete y ayúdame. — ¡Si! Narumi sonó bastante alegre mientras respondía. Iwasaki, quien estaba detrás de él, le palmeó la espalda y asintió. Viendo a esos dos, Guren entendió que el video de la ejecu- ción lo hirió profundamente a todos. ¿Qué era lo que esos –los que lo seguían a pesar de todo–, estaban persiguiendo? ¿La venganza? ¿La paz? ¿O acaso ambas? ¿Qué debería hacer él? Él comenzó a meditar en la forma en la que debía progresar como Cabeza de la Casa Ichinose. ◆ ◆ ◆ El funeral terminó.
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    54 Guren planeaba volvera Tokio al día siguiente. Él, quien heredó la posición como Cabeza de la Casa Ichi- nose, fue llamado a asistir a la reunión con los altos mandos del «Mikado no Oni». Era la 1 de la mañana. El metro estaba fuera de servicio. Era necesario tomar un carro hasta Tokio. Si él se iba ahora, llegaría pasadas las 6 de la mañana. Shinya condujo una minivan para recoger a Guren. — Hola, Guren. Bien, volvamos –dijo Shinya. Las ventanas en la parte trasera se abrieron, mostrando a Goshi y a Mito. — Vayamos a casa, Guren. — Vámonos. Al oír eso, Guren respondió. — Se supone que esta es mi casa. — Bueno –dijo Shinya riendo–, eso es cierto. Shigure y Sayuri prepararon su equipaje: — Guren-sama, todo está preparado. Podemos irnos en cual- quier momento. Guren asintió mientras se preparaba para sentarse en la parte posterior del vehículo. Sin embargo, sería muy ruidoso ir junto a Goshi y Mito. Por eso, él se sentó en el asiento junto al conductor. — Entonces, ¿de qué va esto? — Ciertamente, incluso tenemos cartas de póquer listas. Al oír las palabras de Mito, Guren frunció el ceño. — ¿Acaso existe alguien que juegue póquer hasta altas horas de la noche? — Pero es muy interesante. Aparentemente hay una variante llamada «Póquer Cerrado». En eso, ella procedió a explicar cómo jugar Póquer Cerrado, pero Guren la ignoró. Shigure y Sayuri cargaron el equipaje en la van. Todo el es- cuadrón se había reunido y estaba listo para partir. — ¡Bien, nos vamos! ¡Es una oportunidad fuerte la que se avecina, así que mantengámonos despiertos toda la noche y orde- nemos platillos deliciosos en todas las áreas de servicio que haya por el camino!
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    55 Dijo Goshi conentusiasmo. Y así, el caro comenzó a dirigirse a Tokio.
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    56 En las profundidadesde un calmado sitio residencial en Shi- buya, se encontraba un edificio. Era un lugar que podía llamarse: la sede del «Mikado no Oni». Esta era la primera vez que a Guren lo hacían ir. Aparente- mente, se decía que, sin importar lo que pasase, era necesario reportar al «Mikado no Oni» acerca de la llegada de la nueva Ca- beza de la Casa Ichinose. Luego del estricto chequeo de seguridad y la verificación de identidad, él fue llevado a situarse frete a una enorme puerta ne- gra. La dama que lo recibió le dijo: — Por favor, espere aquí a que sea llamado –y se fue. Guren asintió y esperó allí desde ese momento. Parecía que la Cabeza de la Casa Hiiragi –Tenri Hiiragi–, que también era padre de Kureto, Mahiru y Seishirō, se encontraba en esa habitación. La figura autoritaria que gobernaba todo el «Mikado no Oni». Además de él, se decía que las nueve Casas que decidieron la ejecución del padre de Guren también estaban presente. —…que lentos. Nadie pareció responderle. En ese espacio vacío, 10… no, 20 minutos transcurrieron. ¿Acaso era para reforzar la diferencia en su estatus, o lo había olvidado por completo? Él no lo sabía. En eso, una hora pasó… —…adelante –habló alguien, y con eso, Guren entró en la ha- bitación. Había una mesa redonda. Unos cuantos hombres y mujeres de mediana edad estaban sentados alrededor de la misma. Eran 10 personas en total. Probablemente, Tenri Hiiragi y las nueve Cabezas de las Ca- sas. En otras palabras, los padres o madres de Goshi y Mito de- berían estar presentes. Pero Guren no estaba seguro de quienes eran. El hombre sentado en la parte más interna de la mesa redon- da, habló: — ¿Eres el hijo de Sakae Ichinose?
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    57 El hombre haciaque uno se sintiera oprimido. Un cuerpo ro- busto y grande, pupilas gélidas. Probablemente era muy fuerte. Por el aura que emitía, se podía deducir que él era el maestro aquí. En otras palabras, era Tenri Hiiragi. Guren asintió y bajó su cabeza. — Ciertamente, así es. Tenri mantuvo su expresión fría y dijo: — Oye, ¿qué te sucede? — ¿Que qué me sucede? — ¿No comprendes tu estatus? Arrodíllate. Baja más tu ca- beza. Bájala lo suficiente como para destrozar tu estúpida autoes- tima –le ordenó. Debía arrodillarse. Le ordenó adoptar una po- sición que mostrase un servilismo completo al desgraciado que mató a su padre. Guren levantó su cabeza, miró a Tenri y dijo: — Ciertamente, esta es una falta de respeto de mi parte. Al decirlo, sus rodillas tocaron el suelo. — ¿No estás dispuesto a resignarte? —…no, ¿cómo podría? — Es imposible. No ocultaste la furia en tus ojos. —…… — Tu padre fue más fuerte que tú. Incluso cuando se le orde- nó bailar desnudo allí, él siempre sonreía. Guren sintió como apretaba sus puños de inmediato. Él no ocultó su ira, por eso estaba así. Él aún no se había vuelto más fuerte que su padre. — Bueno –dijo Tenri–, además de fuerte, debería ponerlo como inútil. —…. — Pero, escuché que tú eres, más o menos, un poco inteligen- te. Parece que te las arreglaste para engañar una vez a Seishirō, ¿no? Él había mentido. Dijo algo como, con el fin de investigar las acciones de Kureto, él recibió unas órdenes especiales de Tenri. Después de eso, él le dijo a Seishirō que lo mantuviese en secreto. Pero parecía que ese estúpido hijo era un boquiflojo. Guren levantó su cabeza, y dijo:
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    58 — ¿Cómo podría?Eso fue una simple broma. No creí que Seishirō-sama escucharía a alguien como yo. — Si –asintió Tenri–, es cierto. Fue culpa de Seishirō por ha- berle creído a una escoria como tú. La Casa Hiiragi no necesita cobardes. Si no fuera mi favorito, no me interesara que fuese ase- sinado. — Le ruego que no diga esas bromas. — Porque por una broma como esta podría matar a todos los del «Mikado no Tsuki». — SI, lo entiendo. — Ya que lo entiendes, ¿dime por qué tienes esa mirada en tus ojos? — Me disculpo profundamente. Incluso si este es el caso, se- guiré siendo obediente. Tenri lo miró como si lo juzgara. — Oye, ¿conoces el significado de tu existencia? — ¿…disculpe? — Te estoy haciendo una pregunta. ¿Conoces la historia de cómo la Casa Hiiragi y la Casa Ichinose se dividieron? Claro que lo sabía. Una mujer Ichinose se enamoró del se- gundo hijo de la Casa Hiiragi –el primogénito de dicha Casa en- loqueció de la rabia por eso. El momento en el que él cargó contra esa pareja por desesperación, fue el momento en el que la historia del «Mikado no Tsuki» comenzó. Desde entonces, la humillación constante que la Casa Ichi- nose recibía fue permitida por la Casa Hiiragi. Menospreciar a la Casa Ichinose ya era parte del sistema educativo de la Casa Hiiragi y del «Mikado no Oni». — Una basura de Casa Secundaria como ustedes solo existen para ser discriminados –dijo Tenri. —…… — Aunque no tengo intención de contar la historia de amor de los ancestros hasta la actualidad, este sistema parece funcionar muy bien. Los seguidores del «Mikado no Oni» fueron capaces de reforzar sus identidades y unirse para discriminarlos a ustedes. —……… — Esta es la razón por la que vives. Si esta razón no existiera, se hubiesen desintegrado hace mucho. Es mejor que aceptes tu destino.
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    59 Tenri se levantóy se acercó a Guren, quien estaba arrodillado. — Vuelve a bajar tu cabeza. Al oír la orden, Guren bajó su cabeza. Lo siguiente que supo, era que su cabeza fue pisada fuerte- mente.
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    61 Su frente golpeóel piso con tanta fuerza, que la piel se le ras- gó y la sangre comenzó a fluir de la herida. Pero él no se quejó. Incluso si se sentía como si fuese a ser despedazado por la humillación, él no se quejó. Debió ser en el mismo lugar. En esa misma habitación, su padre experimentó algo similar. Una vez cada tantos años, su padre era llamado a asistir a la reunión de los altos mandos del «Mikado no Oni». Cada vez que esto sucedía, su padre sonreía y decía: «Iré a pasear a Tokio», antes de salir de casa. Luego de eso, este tipo de cosas pasaban. Si ese fuera el caso, entonces él también debería ser capaz de tolerar esto. Su cabeza fue pisoteada otra vez. El dolor ya no se sentía. La ira era la única cosa que se encontraba en su corazón; hizo lo posible para suprimir esa furia. —…muy bien –dijo Tenri–. Ahora te reconozco como la Ca- beza de la Casa Ichinose. Por mi bien, esfuérzate en mantener tu existencia obediente. Su hombro fue pateado, forzando su cabeza a levantar la mi- rada. La sangre brotando de su herida tiñó su ojo derecho; él no podía abrir ese ojo. Por eso, Guren estudió la habitación con su ojo izquierdo. Unos cuantos hombres se reían de él. Parecía que esa era una escena divertida. En eso, Guren comprendió que Mahiru realmente había cre- cido en ese lugar. Detrás de este padre. Ella solía ser un sujeto de experimentación humana. Una pequeñita, en medio de un ambiente tan cruel. Durante su cre- cimiento, ella nunca recibió el amor de nadie. ¿En qué tipo de persona se convertiría? Todo eso era lo que él pensó. Guren recordó su rostro durante su primer encuentro. Ella dijo ser un hada del bosque. — Oye, ¿de dónde eres? — Me preguntó dónde. Si te digo que soy el hada de este bosque, ¿qué vas a hacer? — Este no es un bosque, es una montaña. — Bueno, el hada de la montaña. — ¿Entonces que negocios tiene conmigo, hada ojou-san?
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    62 — Si teestán intimidando, puedo ayudarte~ Pero, quien necesitaba ayuda, probablemente era ella. Ella debió estar esperando su redención. Ella quería un compañero para rebelarse de ese destino. Incluso si se trataba de la basura Ichinose. Esa esperanza debió haber persistido hasta ahora. Ella había estado esperando su redención. Esperando que alguien cambiara su destino incurable. — Puedes irte. Desaparece. Dijo Tenri mientras regresaba a su asiento. Guren se levantó y bajó su cabeza. —…muy bien, me retiro. Se retiró y salió de la habitación. Luego que saliera, otro de los hijos de Tenri estaba esperando en los pasillos: Kureto Hiiragi. Cruzó sus brazos y se inclinó contra el muro. Mirando al en- sangrentado Guren, Kureto habló: — Que vista tan inapropiada. Guren lo ignoró y siguió caminando. Como resultado, Kureto lo siguió. — ¿Qué? ¿No viniste a ver a tu padre? — No, vine a verte. — ¿Para humillarme? — Bueno, eso puede ser. — Entonces, ríete. — Jajaja. Era una risa que sonaba seca y carente de humor. Luego, Ku- reto alcanzó a Guren. — ¿Te reuniste con mi padre? —……. — ¿Qué sucedió? — Al menos no me puso a bailar desnudo. — Eso es porque padre estaba de muy buen humor hoy.
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    63 Parecía que élestaba de buen humor. Fue salvado por una vez. Guren se frotó el ojo derecho con su palma. La sangre había cesado. Quizá la herida comenzaría a sanarse también. Ese era el poder del «Kiju». Una habilidad curativa que los humanos nor- males no poseían. Guren se frotó los rastros de sangre. Kureto le entregó un pañuelo. — Usa esto. Guren lo ignoró y Kureto se encogió de hombros. Ambos quedaron en silencio mientras avanzaban por los pa- sillos y salían del edificio. El coche con chofer de Kureto estaba estacionado afuera. — ¡¿Quieres pasear?! Puedo llevarte de vuelta. — ¿Qué tipo de brisita está soplando hoy? –respondió Guren. — Al verte en tus débiles momentos, pensé en venderte un poco de amabilidad. Pero no era necesario. Kureto tenía la autoridad absoluta. Eso era algo que Guren no podía contradecir. Después de todo, este desgraciado estaba reservado para ser la próxima Cabeza de la Casa. Por esa razón, si existiese una necesidad para ayudar a Guren, entonces esa era… —…el débil, ¿no eres tú, Kureto? –dijo Guren. Por alguna razón, él pensó en Mahiru. Pensó en ella, quien nació en la Casa Hiiragi y que esperaba redención. Kureto sonrió ligeramente. Mientras se sentaba en la parte trasera del vehículo. — Bueno, él hecho de que no te hayan matado hoy es bueno. Porque tu eres una pieza de ajedrez importante para mí. Pero, ¿qué es lo que estaba tratando de lograr? Eso fue algo que Guren pensó en silencio. Kureto lo tenía todo. El poder de hacer todo posible estaba en sus manos. Si había algo que faltara, entonces ese sería el poder para rebelarse ante su padre. Mahiru odió su nacimiento. ¿Con Kureto era igual? Guren miró al carro irse. Al final, todos trataban duramente de lograr algo.
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    64 ¿Acaso era unlugar más feliz que este? Guren levantó la mirada mientras pensaba en eso. Observaba el cielo de Shibuya. ◆ ◆ ◆ Guren fue a casa todo golpeado y ensangrentado. Tanto Sayu- ri como Shigure quedaron en shock al ver eso. — ¡Guren-sama! — ¿Qué sucedió? — Nada serio –respondió él. Sayuri entró en pánico. — Sin embargo, necesitamos tratar esto de inmediato. A pesar de eso, la herida ya a estas alturas debería estar sana- da. Pues el «Kiju» ya poseía habilidades regenerativas inhumanas. Noya estaba ayudando a sanar la herida. Por eso… — La herida ya ha desaparecido. Déjenme tomar un baño y quitarme la sangre –respondió Guren. — Lo prepararé de inmediato. Mientras decía eso, Shigure se preparó para alistar el agua. Guren caminó entre el dúo ruidoso y entró en la sala de estar. Había un visitante. Un hombre de traje negro: el espía de la «Secta Hyakuya» que conspiró con Mahiru – Saitou. Saitou estaba sentado en el sofá. Sonrió ligeramente mientras lentamente se volvía hacia él. — Yuju, bienvenido de nuevo, Guren-kun. Guren miró a Saitou y dijo: — ¿Qué haces aquí? — ¿Esto no debería sorprenderte, cierto? Despeas de todo, bajo la situación especial sobre la investigación del «Kiju», la «Secta Hyakuya» y el «Mikado no Oni» son aliados.
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    65 — ¿Y? Soyla basura del «Mikado no Tsuki». Esta alianza no me concierne, ¿cierto? — No de nuevo –sonrió Saitou–. Te llevaste a «Asuramaru» y el progreso de la investigación logró dar otro salto al frente, ¿cier- to? El que lideró las líneas delanteras, fuiste tú. Podría estar diciendo eso, pero él era, de hecho, compañero de Mahiru. Y la persona que le pasó «Asuramaru» a él, fue Mahiru. Es decir, este tipo estaba con quien lo controlaba todo. Guren colocó su mano en la katana en su cintura. Había cosas que él necesitaba preguntarle a ese tipo. A pesar de eso, Saitou mantuvo su sonrisa. — Ah, hablando de tus subordinadas, ellas no están aquí a pesar de hablamos durante un rato. ¿Sucedió algo? –dijo. Guren se volvió. Sayuri y Shigure estaban envueltas con cadenas, habían per- dido el conocimiento en el pasillo. Eran las cadenas que Saitou había usado antes. Guren estaba preparado para desenvainar su espada y cortar las cadenas, pero… — Muy bien, te mueves, y mato a tus subordinadas, ¿queda claro? —………. Guren se detuvo. Saitou lo miró y sonrió. — Ohh, te detuviste. Sacrificar a tus subordinadas y atacarme habría sido la mejor opción, ¿no crees? Guren se volvió y miró a Saitou. Este seguía sonriendo. — Debido a que eres así, no podrás alcanzar a Mahiru Hiira- gi. Esto va en contra de tu deseo de fuerza. Hay demasiadas cosas que atesoras… Antes de poder terminar, Guren preparó su espada. Absorbió el poder de Noya y estuvo a punto de descontrolarse mientras atacaba con todas sus fuerzas. Así, logró reventar las cadenas al- rededor de Sayuri y Shigure. Guren pudo sentir un aura asesina desde detrás. Las cadenas de Saitou se dispararon hacia él. Si él se volviera para acertar al objetivo, podría ser demasiado tarde. Por eso, él cerró sus ojos y sintió la atmosfera.
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    66 Sintió las vibracionesen el aire. Existía una ligera disonancia. La imagen de él cortado esa disonancia apareció en su mente. — ¡Ahora, Noya! Guren se volvió y osciló su espada de acuerdo a lo que ima- ginó. Siete cadenas fueron disparadas hacia él. Pero él las cortó todas. — Ay, ¿qué sucede? Esto es demasiada fuerza. Saitou saltó hacia atrás para mantener la distancia. Observó las acciones de Guren con cautela. Ya que los movimientos de Guren fueron más rápidos de lo esperado. En eso, Guren miró a Saitou. — ¿A quién dijiste que no podía alcanzar? Sin embargo, a Saitou no pareció importarle, y solo sonrió frívolamente. — Tú eres el que entiende más esto. Era cierto. Él aun no podía igualarse a Mahiru. — ¿Exactamente, quién eres? — Un asesino de la «Secta Hyakuya» — Mentiroso. Tú traicionaste a la «Secta Hyakuya». Más bien, el número de cosas inexplicables serian demasia- das. Por ejemplo, el caso de «Yūichirō Amane». Saitou era la razón por la que se dio a conocer ese incidente. Normalmente, tales sucesos nunca serian reportados en los bo- letines. Fue lo mismo cuando Guren se descontroló. Él intentó borrar el raciocinio de Guren. Sin embargo, ¿para qué fue eso? Para la «Secta Hyakuya» esto solo era un error. Después de todo, que Guren se descontrolara fue permitido por el «Mika- do no Oni» para obtener el poder del «Kiju», igualándolos con la «Secta Hyakuya» y haciéndolos formar una alianza. Gracias al acuerdo de esas dos organizaciones, el progreso del «Kiju» se in- crementó por saltos y límites. Más allá de ello, esto debía ser algo que Mahiru esperara. En resumen, este desgraciado estaba controlando el mundo junto a Mahiru. — ¿Qué punto en común compartes con Mahiru? –preguntó Guren. — Si te dijera que ahora somos amantes, ¿qué harías? –dijo Saitou, sonriendo.
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    67 —….. — Ah, ¿note vas a enojar? Bueno, no somos amantes, así que, relájate. No me atrevería acercarme a una muchachita tan terri- ble… Guren lo interrumpió y dijo: — Cállate. No intento involucrarme en una conversación tan aburrida. Solo respóndeme. — Solo si haces una pregunta interesante. — ¿Quién es «Mikaela Shindo»? Al oír eso, la expresión de Saitou cambió. — ¿Y «Yūichirō Amane»? Ambos de los cuales habían aparecido junto a Saitou. Más allá de ello, esos dos nombres también aparecían en los documentos provistos por Mahiru. El experimento militar llamado «El Serafín del Final» que ac- tualmente ella conducido por la «Secta Hyakuya» y que requería sujetos humanos. Encima de eso, había muchos nombres escritos. Amane Yūichirō. Mikaela Shindo. Saotome Yoichi. Saotome Tomoe. ………… ………….. ………… ………….. ¿Quién sabía si todos tenían algún tipo de conexión con él? Este tipo definitivamente apreció junto a esos dos chicos. Encima de ello, podría decirse que este desgraciado quería que Guren viera eso. ¿De qué iba todo esto? — ¿Exactamente qué es «El Serafín del Final»? –preguntó Guren. — ¿Qué era lo que estaba escrito en los documentos que Ma- hiru ojou-san dejó? Se plasmaba que era un arma mágica capaz de destruir masi- vamente. Superaba al «Kiju» y podría llevar todo a un apocalipsis. Además de eso, ella dejó unas cuantas pistas. Guren recordó unas palabras proféticas que ella dijo:
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    68 — El primerode los escenarios de la destrucción visitará a los avaros y horrendos adultos. Para ser más precisos, a nivel mun- dial, todos lo que sean mayores de 13 años morirán. La tierra será un caos. Los monstruos vagaran por la tierra. El veneno lloverá del cielo. El Serafín del Final tocará la trompeta. El mundo será destruido. Los humanos no vivirán. Los débiles humanos serán incapaces de vivir en un mundo así. Eso era lo que ella solía decir. Solía decir que el mundo sería destruido en la navidad próxi- ma. Un apocalipsis haría su visita. Un virus desconocido provo- caría una epidemia global. En otras palabras, «El Serafín del Fi- nal»… — ¿Se trata de un arma biológica a gran escala? Saitou se rió de lo que Guren decía. — No, no es eso. — Entonces, ¿qué es exactamente? — Un castigo de los dioses. — ¿Ah? — Es un castigo de los dioses, para castigar a los humanos arrogantes. Pero esos estúpidos quisieron utilizarlo, militarizarlo. Ellos ni siquiera saben que hay mejores formas de usarlo. Guren miró a Saitou y habló. — Dices qué, si eres tú, ¿tendrías una mejor forma de usarlo? Saitou asintió con algunos rastros de duda. — Si, ciertamente así es. Después de eso, Guren Ichinose-san, ¿no te volverías nuestro aliado? —…….. — Ah, no te preocupes por ser espiado. Todos están destroza- dos. Todos los que observaban esto también están muertos. —………. — Asi que, por favor, sea sincero con sus deseos. Ahora, es- tas acercándote a la verdad de este mundo. Puedes saberlo antes que la «Secta Hyakuya», el «Mikado no Oni», y que la mismísima Casa Hiiragi, conviértete en el centro de todo. Puedes tener todo lo que deseas. Siempre y cuando tomes mi mano y expreses tu deseo de ser mi compañero.
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    69 Saitou extendió sumano. Guren miró esa palma y dijo: — ¿…que tipo de engaño religioso es este? — Jajaja, ¿acaso la Cabeza de la Casa Ichinose, la cual gobier- na una organización religiosa, diría esto? — Además, no tengo razón alguna en cooperar contigo. Ni siquiera me has ofrecido algo que quiera. Saitou se encogió de hombros. — Una vez que seamos aliados, te daré la información que quieres. La información de Mahiru ojou-san. Información rela- cionada al «Serafín del Final». Información para controlar este mundo. — ¿Qué necesito ofrecer? ¿Cuál es el precio por toda esta in- formación? Saitou pareció bastante sonreír alegremente. — Tu alma. —………… — Para ser más precisos, mata a esas dos subordinadas detrás de ti. Si puedes hacerlo, entonces serás mi compañero. —……… — Hay muchas cosas aburridas y engorrosas que estas car- gando. No puedes moverte rápidamente hacia adelante debido a eso. No puedes igualar a Mahiru ojou-san. Si quieres ser más rá- pido y más fuerte que nadie, y obtener lo que quieres… — ¿Entonces mato a mis amigos? Saitou sonrió. — Ellas no son tus amigas. La tiranía que anticipan de ti es completamente inútil. —….. — Ellas simplemente son… obstáculos. Acábalos rápido. —……. — Bueno, te diré la verdad, si te hubiese ayudado a matarlas cuanto estábamos en el tejado de la escuela, las cosas habrían sido mucho mejores. Sin embargo, debe haber un crecimiento mayor si las matas con tu propia voluntad. Por eso, mátalas, por favor. Mahiru también le había dicho eso incontables veces. No puedes tomar acciones de esa forma. No puedes avanzar con rapidez.
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    70 Él también losentí así. ¿Qué puedes obtener protegiendo a tus amigos? Si uno quería ser más fuerte que los demás y moverse con ra- pidez, tal debilidad errónea no era más que un obstáculo. Incluso si él mataba a Shigure y a Sayuri, si él no deseaba, con todo el corazón, avanzar, él no se volvería fuerte. Al menos, Kureto estaba avanzando por ese camino. Quizá Tenri Hiiragi también era así. Y ni hablar de Mahiru. ¿Qué sacrificaron para volverse más fuerte? ¿En qué estaba pensado él? ¿Realmente quería fortalecerse? Guren sujetó su espada con fuerza. Y en su corazón, habló con Noya. — Noya. «¿Qué?» — Quiero poder. El tipo de poder que pueda callar a ese tipo. «Pero lo que él dijo es cierto» —………. «Lo más triste es que tu también lo sabes. Si no renuncias a esa debilidad, nunca podrás avanzar» —….a pesar de esto, ya he decidido avanzar por este camino. Esta convicción ya fue decidida cuando Shinya, Goshi, Mito, Shigure y Sayuri arriesgaron sus vidas para salvarlo y le ofrecie- ron sus manos. Él quería caminar por ese sendero. Manteniendo esa aburrida amista. Así quería avanzar. Shinya dijo que eso era una locura. Dijo que en este aloca- do mundo, gritar sobre los amigos y la amistad como un mismo idiota estaba más allá de la imaginación de Kureto. Pero él también dijo que por eso, él tuvo que tomar la respon- sabilidad. Esa responsabilidad de ser el pionero. Y ahora, Guren quería tomar esa responsabilidad. Por eso…
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    71 — Ya basta,dame poder. Entrégale a mi yo actual, el poder que pueda hacer que todo se rinda ante mí. Él pudo sentir que Noya reía amargamente. «Me convertí en el Demonio de un anfitrión obstinado» Luego de eso, él se sintió como recibía el poder más grande. Una inimaginable cantidad de maldiciones comenzaron a circu- lar en sus brazos y rostro. Saitou miró a Guren y dijo: — ¿Vas a volver a usar el mismo truco? —…… — ¿Hacerme rendir con un poder absoluto, forzarme a darte la información? — Si. — Si este es el caso, no puedes volverte fuerte. Incluso me lograr rendirme con ese poder, no podrás ser capaz de alcanzar a Mahiru ojou-san. — Si no lo intento, ¿cómo podré saberlo? — Lo sé. Además, no puedes ganarme. Guren no lo sentía de esa forma. Las cadenas de Saitou no fueron muy rápidas. Seguía siendo el mismo poder que posiblemente podría ser una amenaza. Pero ahora, una vez que Guren se concentró, él po- dría solucionar eso de inmediato. Saitou, con quien peleó unas cuantas veces, también debería saber eso. La investigación «Kiju» estaba progresando a un ritmo sor- prendente. Entre todo esto, él frecuentemente producía los me- jores resultados. Incluso si Saitou estaba equipado con el «Kiju», aun así él po- dría ganar –esa era la conclusión a la que él había llegado. — Saca tus armas «Kiju». De todas formas la tienes, ¿cierto? — No. eso no es bueno para el cuerpo. — ¿Entonces viniste con las manos vacías? — Si. — ¿Eres olvidadizo o despreocupado? — ¿En serio? Yo, por otro lado, siento que podría derrotarte con mis manos desnudas. Tu yo actual no puede ni siquiera re- nunciar a su debilidad.
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    72 — ¡Haré quete arrepientas de ser tan arrogante! Guren levantó su espada en alto. Y avanzó. Fue tan rápido que Saitou no pudo reaccionar a tiempo. Él os- ciló su espada lateralmente. La parte inferior del cuerpo de Saitou seria cortada. Sin embargo… — ¿Hmmm? Se sintió como si el corte no se realizó. Saitou saló a una velocidad impresionante y se situó en el te- jado. Mientras miraba a Guren lánguidamente, él mantenía una sonrisa relajada. — Ay, por favor, haz que me arrepienta. Guren lo atacó. Pero su espada no hizo golpe. No fue solo eso. El cuerpo completo de Saitou desapareció. Lo único que él pudo sentir fue un aura asesina llegándole desde detrás. — ¡Mierda! Se volvió para atacar. El cuello de Saitou se encontraba en la punta de su espada. Aunque sintió que finalmente podría decapi- tarlo, el golpe seguía sintiéndose como si no alcanzó nada. Saitou retrocedió y lo esquivó. — Eh, aun no puedes golpearme. Cadenas volaron del pecho de Saitou. Eran 2. Los movimien- tos fueron lentos. Guren pudo romper esas cadenas con su espa- da. Pero Saitou volvió a desaparecer. Sus movimientos ni siquiera parecían ser de la misma per- sona. Aunque los sonidos que hacia mientras pisaba el techo y las paredes podían oírse, sus movimientos eran indetectables. Desde detrás de él, algo sonó. Guren levantó nuevamente su espada hacia el origen del so- nido –sin embargo, Shigure estaba ubicada donde su espada pro- yectaba el corte. — ¡¿QUÉ?! Guren usó todas sus fuerzas para detener la espada. Pero no pudo. — ¡NOYA! –gritó. Era una orden para que el Demonio se de- tuviera. No este no lo hizo. Utilizó todos los músculos de su cuerpo para detener la espa- da. Finalmente, logró cambiar el curso del arma. Pero a pesar de eso, solo fue un ligero cambio.
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    73 Él cortó elbrazo izquierdo de Shigure. Fue cortado tan fácil- mente y enviado a volar. Estando en un estado comatoso, ella no aulló de dolor. Pero aun así, el brazo salió volando. Había cortado el brazo de su amiga. La sangre se esparcía por todos lados. No cesaba. La sangre de su amiga brotaba como si de una fuente se tra- tara. De pie ante toda esa sangre, el sonriente Saitou se paró. — Jajaja, esa estuvo buena. Avanza paso a paso. La próxima vez, será el cuello. La furia circulaba por su cuerpo. Mientras tanto, Noya devo- raba esa furia. Se la tragaba con grandes bocados. «Muy bien, Guren. Por eso, te daré más poder» La cantidad de poder que Guren recibió fue unas cuantas ve- ces mayor a la de hace poco. Estaba a punto de descontrolarse. Era necesario suprimir esa ira. Sin embargo, eso no se podía lograr. — Maldito…. Luego de eso, Saitou incluso colgó a Sayuri con sus cadenas. Ella, que estaba detrás de Shigure, también había perdido el co- nocimiento. — Tengo 2 escudos. ¿Podrás ser capaz de derrotarme? —…… — Bueno, hablando de eso, incluso si no tuviese estos dos es- cudos conmigo, seguirá siendo más fuerte. ¿Por qué crees que sea así? ¿Por qué es que yo, quien no está usando un «Kiju», puedo derrotarte? Guren miró a Saitou y dijo: — Di lo que te dé la gana. — Es porque aún no te has acercado a la verdad. Pero si te vuelves nuestro compañero, podrás tener el mismo poder. Ven, elige. Corta el escudo y ven a mi lado. Te llevaré a un lugar com- pletamente nuevo. Guren no se movió. Su atención estaba en la sangre que fluía del brazo de Shigure. Mirando a Guren, Saitou dijo:
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    74 — Bueno, esteaspecto es el que le gusta a Mahiru ojou-san, tus ventajas. —…….. — El final no cambiará, sin embargo, has desperdiciado ener- gía con tanto forcejeo. Al final, tienes que elegir, pero… Saitou soltó a Shigure y Sayuri. Parecía que no planeaba ma- tarlas. No, eso era lo que parecía, si no era Guren el que las mataba, no valdría la pena. Guren seguía sin moverse. De la batalla reciente, él podía decir que este tipo era indes- tructible. Después de todo, sus movimientos eran más rápidos que los del vampiro noble, Ferid, con quien luchó en Ueno. — ¿…exactamente, quién eres? –preguntó Guren. — Un humano –respondió Saitou. — ¿A quién perteneces? — A nadie, ¿no lo dije antes? Los obstáculos y romances abu- rridos solo debilitan a la gente. Ciertamente, él no estaba junto a la «Secta Hyakuya». Saitou abrió sus ojos de par en par. Cosas que parecían lentes de contacto cayeron. Sus pupilas eran rojas. Rojo sangre. Ese tipo de pupilas rojas eran una característica de los vampi- ros. En su boca, también había colmillos presentes. — ¡¿ERES un vampiro?! Saitou sonrió y asintió. — No, soy humano a la vez. Aunque eso fue hace miles de años… las cosas del pasado ya no importan. Lo diré otra vez. Eres el elegido. Puedes convertirte en nuestro compañero. Mata a tus amigos y toma mi mano. Guren miró al vampiro frente a él. — ¿Quieres que me convierta en vampiro? — No, no –dijo Saitou sacudiendo su cabeza–. Yo no perte- nezco a los vampiros. Han pasado cientos de años desde que fui llamado el Segundo Progenitor. Guren pudo recordar al vampiro llamado Ferid Bathory, a quien conoció en Ueno, confesar una vez que él era el Séptimo Progenitor. Parecía que existía algún tipo
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    75 de jerarquía enel mundo de los vampiros. Si el menor núme- ro era el mayor rango, entonces este bastardo debió haber tenido una posición bastante elevada. — ¿Qué estás buscando? –preguntó Guren. — Te lo diré cuando seamos amigos. — ¿Acaso los amigos no son obstáculos? — Jajaja –rió Saitou. Lo hacía frívolamente y de una forma que no parecía humana. — ¿Por qué yo? ¿Qué puedo ofrecer? — Es porque eres lindo, ¿bien? — No me jodas. — Al menos, Mahiru ojou-san cree que eres muy lindo. Ella te eligió como su pareja. — ¿Pareja para qué? — Una pareja con quien ir al infierno. — Deja de evadir mi pregunta. ¡Respóndeme apropiadamen- te! Al oir el grito de Guren, Saitou rió otra vez. — No estoy obligado a responder. Sin embargo, bueno, hay un aspecto que si puedo. Saitou miró a Shigure, quien estaba tendida en el suelo. La sangre brotaba de su brazo. Si su brazo no era único por los pode- res regenerativos del «Kiju», ella podría morir por derrame. — ¿Qué piensas hacer después de esto? –dijo Saitou–. ¿Seguir conversando? Luego que ella muera, responderé lo que sea. Guren frunció el ceño y Saitou rió. — Está bien. Sigue con tu romance y no progreses. Llegará el día en que te lamentes de no haber matado a tus subordinadas para avanzar. Pues deseas todo con codicia. Porque recogiste algo aburrido… y perdiste otras cosas. Las cadenas se movieron y rompieron el cristal. Ráfagas de viento entraron. Ese era el vigésimo quinto piso. Una persona normal no po- dría escapar por las ventanas. Sin embargo, para este desgraciado, eso no era un problema.
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    76 Encima de eso,Guren no podía detenerlo. Y a pesar de eso, habló. — Déjame preguntarte algo más. — ¿Qué? — ¿Fuiste tú quien hizo que Mahiru se descontrolara? — Ya ella estaba loca desde el comienzo –dijo Saitou enco- giéndose de hombros. —……… Él no tenía idea de lo cierto de eso. Saitou controlaba la infor- mación. Controlaba a la gente a su alrededor, a las organizacio- nes, al mundo entero… A pesar de eso, Guren preguntó… — ¿Y Mahiru… qué es lo que ella quiere? — Eso –respondió Saitou con calma–, eso tú lo sabes, ¿no? —…….. — Escuché que ustedes hicieron una promesa cuando eran unos niños. Ella solo te quiere a ti. Y solo vive por eso. Para cons- truir un futuro contigo. En eso, Saitou volvió a mirar a Shigure. — Ella imaginó y esperó a que despertaras, que renunciaras a esas mujeres aburridas y toda esa mierda de estar acaramelados, por irla a salvar. Luego de decir eso, él sonrió. Durante ese tiempo, la sangre seguía brotando del brazo de Shigure. Ya no quedaba tiempo. No había tiempo para charlar. — Vete. Desaparece de mi vista. Al oír eso, Saitou volvió a sonreía. — Que amante tan traicionero. Dijo. Saltó por la ventana y Guren lo vio irse. — Maldita sea. Entró en pánico y rápidamente tomó el brazo cortado de Shi- gure antes de colocarlo en su punto de corte. Mantuvo esa postu- ra mientras tomaba a Shigure y la llevaba a su habitación. La habitación de Shigure tenía el color rosa como paleta prin- cipal, algo que era sorprendente para alguien que siempre carecía de emociones, ingeniosa y tranquila. Había demasiadas mario- netas de tela presentes. Guren entró en la habitación y tomó la katana que estaba junto a la mesa.
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    77 El arma «Kiju»con la que Shigure hizo su contrato. Guren colocó el arma en el pecho de Shigure. El «Kiju» debe- ría ser capaz de fortalecer sus habilidades curativas. Mientras más cerca estuviese… la katana al corazón, más fuerte era el poder del Demonio. — ¡Oye, Shigure, despierta! Activa el «Kiju». ¡Debes unir tu brazo! Pero Shigure no despertó. Guren abofeteó ligeramente su rostro y presionó el punto de acupuntura que ayudaba a la gente a despertar, tratando de lograr que recuperara el conocimiento. Pero no lo logró. — ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Fui un estúpido? Hable dema- siado. A pesar de eso, el brazo estaba comenzando a regenerarse. Pero lo hacía muy lento. Si eso continuaba, ella moriría por derra- me antes de que su brazo pudiese ser unido de nuevo. Guren sacó su celular del bolsillo. Ella necesitaba una transfu- sión de sangre. ¿Era necesario llevarla a un hospital? No, ella no podía ir. Incluso si era salvada, su brazo no podría ser capaz de regenerarse. Además, si se le practicaba la transfu- sión de sangre, no se podía garantizar su supervivencia. Era necesario llevarla a un lugar donde se pudiese lograr que su «Kiju» se descontrolara. Y este… Guren miró el registro telefónico. Y marcó un número. Sonó un par de veces, y luego contestaron. — ¿Qué pasa? Al otro lado de la línea, la voz de Kureto resonó. — Por favor, ayúdame esta vez. Mi amiga está herida. Haz que el «Kiju»… Kureto le interrumpió. — Te enviaré un helicóptero. Llévala al laboratorio que usas comúnmente. Ahí terminó la llamada. Parecía que ellos serían recogidos. Guren cargó con Shigure y corrió hacia la puerta.
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    78 Fuera de loslaboratorios del «Mikado no Oni», Guren se sen- tó en la silla de los pasillos, esperando que el tratamiento de Shi- gure terminara. Cuando ellos llegaron, la vida de Shigure pendía de un hilo. La velocidad de la pérdida de sangre era mayor a la de su recu- peración; si ellos hubiesen llegado un poco más tarde, ella habría perdido la vida. Pero ahora, el poder del «Demonio» había sido controlado a la fuerza por equipos externos y su brazo había sido unido exito- samente. La persona que le había cortado el brazo había sido él. Un error cometido por su ser arrogante que creyó que Saitou podía ser derrotado. Si él tuviese poder, las cosas no habrían terminado así. Si él tuviese más poder, la ejecución de su padre y el hecho de haber sido forzado a ir a un punto muerto por Mahiru, no habría sucedido. Poder. — ¿…poder, eh? Guren murmuró suavemente. En eso, su celular volvió a so- nar. — Soy yo. — Ah, ¿todo está bien? — ¿Qué? — Ah, lo escuché todo… — No andes espiando a los demás. — ¿Quién salió herido? — Shigure. — ¿Qué sucedió? — Ella estaba a punto de cortar un rábano, pero vio algo raro en esa cosa y al final se picó el brazo. — ¿…qué fue lo que pasó exactamente? Guren respondió. — Estoy seguro que hay otros allí que comparten tu mal há- bito de estar espiando.
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    79 — Bien. Entonceshablaremos cuando nos veamos. Iré esta noche a tu casa. El realmente estaba acaramelándose nuevamente con sus amigos. Esa fue la elección que tomó. A pesar de ello, ¿qué era lo que le esperaba adelante exacta- mente? — Si. Volveré cuando la condición de Shigure se estabilice. La llamada terminó. Su teléfono volvió a sonar. Parecía que Sayuri acababa de despertar. — ¡G-GUREN-SAMA! — Cálmate, ahora todo está bien. Sin embargo. — Está bien. En estos momentos nos están interviniendo. No digas nada. — Ah… — Shinya irá más tarde. Por favor, limpia la habitación. La habitación en este momento debería ser un mar de sangre. Pura sangre de Shigure. Normalmente, tras perder tanta sangre, uno no sería capaz de sobrevivir. Si el tratamiento se hubiese tardado ligeramente. Si Kureto no hubiese enviado el helicóptero. Si la energía de Shigure no hubiese sido conservada. Él habría matado a un amigo. Si él se hubiese detenido y re- nunciado a la lucha luego que el brazo hubiese sido cortado, no habría sido nada tan serio. Sin embargo, él había hecho eso. ¿Era equivalente a dejar que su amiga muriera? —……… Él pudo escuchar los sollozos de Sayuri desde el otro lado de la líne — F-fui una inútil… Al final, todos se culpaban por su falta de poder. — Cálmate, Sayuri. No es nada serio. Cenemos curry esta no- che. — Eh…ah, ¡está bien, está bien!
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    80 La llamada terminó.En eso, alguien lo llamó. — Oye. Siguiendo la fuente del sonido, un Kureto uniformado apare- ció de pie allí. Una katana con el «Kiju» inyectado colgaba de su cinturón. Los resultados del entrenamiento del «Kiju» de Kureto tam- bién eran bastante impresionantes. Sin embargo, aún no era sufi- ciente como para derrotar al monstruo de hace poco. — ¿Qué sucedió? Kureto preguntó de inmediato lo que no fue revelado por el teléfono. Él ya se había preguntado qué tipo de información él revela- ría, que tipo de información compartiría. La conclusión era que tenía que revelar básicamente todo. O nunca podría igualar a Mahiru. — ¿…atacó? — ¿Quién? — Un hombre llamado Saitou. — ¿Quién es ese? — Uno que solía ser un asesino de la «Secta Hyakuya». — Oh. Deberíamos ser aliados de la «Secta Hyakuya». — Ese tipo está haciendo equipo con Mahiru. Parece que ya ha traicionado a la «Secta Hyakuya». — Cierto. Justo ahora, la «Secta Hyakuya» no querría una ba- talla con nosotros. Entonces, ¿es que son estúpidos? Guren sacudió su cabeza. — Entonces ¿dejaste que escapara? Esta pregunta estaba en un nivel errado. Después de todo, él no pudo ver claramente sus movimientos. — Es un vampiro –dijo Guren. — ¿Vampiro?
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    81 — Si. Nisiquiera pude bloquear un ataque con mis poderes «Kiju». Ese desgraciado dijo ser el Segundo Progenitor. Pero pa- rece que también ha traicionado a los vampiros. Asi que no tengo ni la menor idea de adonde pertenece. Kureto se situó junto a Guren. Cruzó sus brazos, miró al labo- ratorio donde Shigure estaba siendo tratada. —…este tipo de desgraciado, ¿qué méritos piensa recibir por cooperar con Mahiru? — Quien sabe. — ¿Por qué fue a tu casa? — No tengo idea. Parece que Mahiru estaba buscándome. — ¿Con qué razón? Guren se encogió de hombros. — Si lo supieras, no habría revelado tantos detalles. Kureto sonrió. — Esa mujer problemática está encaprichada contigo. — ¿Acaso no es tu hermana? — Tenemos el mismo padre, pero madres distintas. A pesar de eso, había demasiadas similitudes entre Mahiru y Kureto. — Bueno –dijo Kureto–, ¿cómo te las arreglaste con ese monstruo? — No hice nada. Él quería que yo matara a mis subordinadas y lo siguiera… se resignó luego que lo rechacé. Realmente no es- taba siendo tomado en serio. Y así terminó. — Bueno, gracias por esforzarte. ¿Cómo está la condición de tu subordinada? — Parece estar recuperándose. — Ahora, ¿dónde quedaron los agradecimientos? — Odio eso de ti –respondió Guren. — Jajaja. — Pero, ¿será suficiente con solo agradecerte? — Si –asintió Kureto–. Eso será suficiente. Trataré de investi- gar a ese tal Saitou. Si hay casos serios que involucren a los vam- piros, necesitaríamos poder para cambiar.
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    82 — ¿Ese tipode poder será algo que seremos capaces de obte- ner de inmediato? Kureto lo miró y dijo: — Gracias al «Asuramaru» que trajiste, nuestra comprensión del «Kiju» ha mejorado a un nivel notable. Con eso, deberíamos ser capaces de superar cualquier cosa, incluso si se trata de Mahi- ru o los vampiros. ¿En serio? ¿Ya esto no estaba bajo su control? — Estamos llevando el poder del «Kiju» al próximo nivel. En un mes comenzaremos la distribución masiva. Espero me ayudes con eso. — ¿No he estado ayudándote con eso todo este tiempo? — Es cierto. Pero ayúdame más. Ya eso no importa –pensó Guren. Si él podía alcanzar a Mahi- ru, aportaría toda la ayuda necesaria. Sin embargo. — Kureto. — ¿Hmm? — Voy en serio con lo de alcanzar a Mahiru. —…… Kureto lo miró y dijo: — Sígueme, y serás capaz de alcanzarla. Guren sonrió y levantó la mirada. — ¿Seguirte aun cuando eres más lento que Mahiru? — Nuestro método de acercarnos es distinto, te digo. Yo seré el ultimo ganador. — Eh. — Si sientes que no es suficiente, ven y ayúdame. Guren asintió. — Haré lo que pueda. En fin, es necesario superar a Mahiru. Por esto, era necesario utilizar los poderes del «Mikado no Oni» y de la «Secta Hyakuya». Él admitía su debilidad actual. Ad- mitía que era una débil hormiga que no podía cumplir nada sin esa gente. Encima de eso, él planeaba ir más allá de la imaginación de Mahiru. Kureto habló:
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    83 — Esto escómo lo ponemos. Pero no es algo que se pueda lograr en un dia. Por eso, descansemos. Debes estar cansado, ¿no? Ciertamente había sido un día bastante agotador. Forzado a arrodillarse, su cabeza fue pisoteada, incluso se vio forzado a saber que su padre bailó desnudo y además de haber cortado el brazo de Shigure. Kureto lo miró una vez y se fue. Parecía que Shigure aún no recuperaba el conocimiento. Pero eso era porque se encontraba anestesiada, quizá mañana desper- taría. Aunque su brazo había sido unido, quedaba una cicatriz. Guren se quedó a su lado durante unas horas más antes de decidir irse a casa. ◆ ◆ ◆ De regreso a casa, él se enfrentó con una tropa de fuerzas ar- madas que le tendieron una emboscada. De pie en el centro de ella, estaba Seishirō Hiiragi. — Oye, basura Ichinose, maldito, te atreviste a subestimarme. Él parecía bastante enojado. Aparentemente había compren- dido la mentira de Guren. Quizá también fue reprendido por su padre. Todos tenían armas «Kiju» con ellos. Diez soldados rodearon lentamente a Guren. Parecía que él no sería capaz de ganar esa batalla por su cuen- ta. Quizá lo asesinarían. A pesar de eso, Guren suspiró ante esa gente. Sintió que estaba siendo salvado por su ingenuidad – que ellos apenas habían llega- do luego de ser avergonzados y buscaban venganza. Al menos no se trataba de vampiros. — Ah, mierda, si solamente todo fuera ingenuo. — ¡¿AH?! ¿Qué murmuras? –rugió Seishirō. — Una débil basura Ichinose… ¡déjame decirte cuales son las consecuencias de haberme mentido! —…….
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    84 — ¡JA! ¿Quétipo de actitud es esa? ¿Estás tan asustado que quedaste sin habla? ¡Si no quieres esto, entonces arrodíllate! Recibió la orden de arrodillarse. Era la segunda vez en ese dia. Este desgraciado, ciertamente, era hijo de Tenri. — ¡Arrodíllate aquí mismo, di soy tan estúpido, discúlpate conmigo y teme como un perro! Al oír esas palabras, Guren sonrió cansadamente. — Jajaja, realmente te las arreglaste para pensar en un dialogo tan extenso y estúpido. En eso, la expresión de Seishirō cambió. — ¿Qué dijiste? Guren continuó: —…hablando de ellos, la culpa es tuya. Tú te dejaste engañar. — ¡¿AH?! — Tu padre lo dijo antes. Para un bastardo inútil que ni si- quiera es digno del apellido Hiiragi, incluso si muere, no es algo que importe mucho. — ¡¿QUÉ?! ¿Qué dijiste? ¡P-padre nunca diría cosas como esas! Sin embargo, este tipo sabía que su padre dijo algo así. Sin su padre como escudo, este bastardo colapsaría en el primer golpe. — Imposible. Soy excepcional. Él ciertamente no era una persona de nivel tan bajo. Él tam- bién produjo unos resultados bastante impresionantes en los ex- perimentos de prueba del «Kiju». Aunque él era peor que Guren, Kureto, Shinya… — Maldito. Incluso te atreviste a menospreciarme. Ni siquie- ra pienses que te dejaré salir de esta, ¿de acuerdo? Claro que no. cualquier cosa que dijera no lo beneficiaria. Por eso, la elección correcta arrodillarse de inmediato. Dejar que su cabeza fuese pisoteada una o dos veces. Este bastardo se sentiría satisfecho, ¿cierto? Así no incrementaría el número de enemigos aburridos. Sin embargo, su humor había tocado fondo hoy. Perdió ante Saitou. Le ordenaron arrodillarse 2 veces.
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    85 En otras palabras,era momento de descargar esta ira en al- guien. Encima de eso, este desgraciado una vez derrotó a Sayuri. La venganza era algo necesario. Guren miró a Seishirō y dijo: — Ay, ya baste. Muévete. — ¿Ah? ¿Eres estúpido o qué? ¿No eres capaz de ver los sol- dados que tengo…? — No me interesa cuanta gente tengas –le interrumpió Gu- ren–. Si te mato, todo acabará, ¿no es así, Seishirō Hiiragi? — ¿Qu…? Guren colocó su mano en la katana en su cintura. Y llamó el poder del «Kiju». El poder fluyó por todo su cuerpo. — Oye, oye, ¿no crees que por hacer esto, tú…? — Ya me dieron permiso de matar a los bastardos inútiles. — ¡Tonterías! ¡Y-yo soy un Hiiragi! — Cállate y desenvaina tu espada. — O-oigan, protéjanme… Guren ya había corrido hacia adelante. No había forma de acabar con esto tan rápido. Era necesario suprimir a Seishirō antes de que las interferen- cias problemáticas llegaran. Él solo dio un gran paso al frente y ya la distancia entre Sei- shirō y él había sido recortada notablemente. La reacción de esos guardias fue muy lenta. Esto era comple- tamente incomparable con Saitou. Un grupo de ellos finalmente había desenvainado sus armas. Pero ni siquiera pudieron igualar a Guren. — Muere. Guren levantó su espada. Seishirō desenvainó la suya de in- mediato para bloquear el ataque. Ciertamente, este era un joven maestro de la Casa Hiiragi. Su respuesta fue totalmente distinta a la de los soldados. Las espadas de Guren y Seishirō chocaron entre sí, producien- do ruidos metálicos ensordecedores. Luego de unos cuantos intercambios, Seishirō sonrió.
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    86 — Jajaja, debistehaberme matado con el primer golpe. Oigan, chicos, ¡maten a este bastardo! — Mostré piedad –dijo Guren–. Debiste sentir miedo, ¿no? — Eh. En eso, Guren osciló su espada con todas sus fuerzas. Esta vez, él estaba apuntando a la espada de Seishirō. Si el quisiera cortarlo, la cabeza de Seishirō ahora estuviese rodando. Pero con el fin de que su oponente entendiera la dife- rencia entre sus poderes, él cortó hacia la espada. Un choque resonó; ni siquiera sonó como una colisión me- tálica. Fue más bien un sonido anormal. Seishirō fue incapaz de bloquear el golpe, su brazo fue lanzado hacia atrás y hacia afuera. La espada voló y giró en el aire. Guren rió. — Muere… En ese momento, desde un lateral, una voz resonó. — No puedes hacer eso… Era la voz de Shinya. Por eso, él se vio forzado a parar. Guren fue golpeado y voló hacia un lado. Rodó unas cuantas veces en el suelo y se detuvo. Mientras Shinya clavaba a Guren en el suelo… — Oye, Guren. Si realmente matas a un Hiiragi, sin importar qué, te castigarán –dijo. Y Guren sonrió mientras decía. — Te vi. — Eh, ¿así que querías detenerme como el prerrequisito, eh? — Luego de esto, utilizaré la autoridad de Hiiragi-sama para tratar con esto. — Eh… siento que se aprovecharon de mi masivamente. — Somos amigos, ¿no? — Siempre usas esa palabra en situaciones así. Shinya se levantó. Al ver esto, Seishirō gritó. — ¡Oye, SHINYA! ¡Ese desgraciado es un rebelde! ¡Mátalo! Shinya entrecerró los ojos, y miró a Seishirō.
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    87 — See, lovi todo, esa fue una batalla, ¿cierto…? Además, per- der luego de tener un equipo respaldándote, ¿qué crees que pen- sará padre de esto? — Ehh…–Seishirō frunció el ceño–. Tú simplemente eres un adoptado, UN ADOPTADO. ¿Cómo puedes entender a padre? — Incluso si no puedo comprenderlo, sigo estando muy cons- ciente de la situación aquí entre los Hiiragi. Pues me educaron a la fuerza de esta forma. —………. — Por eso, sea lo que sea que haya pasado, no lo divulgue- mos. Esta es la mejor elección. Además, Seishirō-nii… — ¿Qué? — Vengarte de una escoria Ichinose y cosas similares es algo que no se puede hacer. Esto es algo inapropiado para un Hiiragi. Después de todo, tu y yo –el adoptado–, somos diferentes. El ver- dadero Hiiragi aquí, eres tú. —…… — Además, Guren es el tipo de persona que se escapa de las manos una vez que se enoja. Por eso, lo convenceré. ¿Podrías irte? Seishirō los miró por un momento. Rastros de temor aun col- gaban en su rostro. Eso fue suficiente. Seishirō miró a Guren. — Oigan, chicos, me voy. Y se fue. Luego de verlo irse, Shinya miró a Guren y dijo: — ¿Qué tipo de cosas tan molestas se te atravesaron en el ca- mino esta vez? — Un montón –respondió Guren. — ¿Quieres contarme? — Luego que llegue a casa, y tome un baño. Al final, la sangre de la herida en su frente, la que tuvo en horas de la tarde, aun no había sido limpiada apropiadamente. Aunque se la limpió con una toalla. Shinya extendió su mano y dijo: — Ven, toma mi mano. Guren tomó esa mano y se levantó. — Huh. Guren suspiró y Shinya rió.
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    88 — Que vistatan rara. — ¿Qué? — Hace un momento, tu actitud hacia Seishirō-nii. Usual- mente eres bastante racional bajo tales situaciones. Cierto. Pero él estaba cansado. Ser obediente. Ocultar su po- der, esperar el momento en que exponga sus colmillos. Aunque él se esforzaba mientras pensaba en eso, Mahiru estuvo desapa- recida durante ese tiempo. Su padre fue asesinado. El brazo de Shigure fue cortado, y aun no recuperaba el conocimiento. Entonces, ¿cuándo es que podría exponer sus colmillos? — Un pequeño vacío. Shinya sonrió amargamente. — A pesar de eso, te aseguraste de que estaba presente antes de atacar, ¿cierto? — Si. — Si no hubiese interferido, ¿qué habrías hecho? — Tu habrías intervenido. — Deja de actuar como un niño mimado… es un poco mo- lesto. Es cierto, estuve actuando como un niño mimado. ¿O podría ser que él estaba pensando cosa que no importa- ban incluso si se abandonaba en la desesperación? Si él hubiese matado a Seishirō, las cosas habrían cambiado de inmediato. Gu- ren seria sentenciado a muerte y terminaría fugándose. Después de eso, él sería forzado a abandonar todo. Tendría la necesidad de confiar en Saitou y Mahiru. Mahiru quería que hiciera esto. Saitou también lo quería. Ellos querían que él abandonara todos los obstáculos aburri- dos a su alrededor. Dijeron que esta era una forma de hacerse más fuerte. —……. A pesar de eso, él solo procedió luego de asegurarse que Shin- ya llegara. Él quería ayuda de sus amigos. Probablemente encontré el valor de avanzar sin renunciar a nada.
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    89 — Amistades aburridas,¿eh? Guren dijo eso y Shinya volvió a reía. — Si. Pero realmente no lo odio –Guren miró a Shinya, y este continuó–. Si no, no habría valor alguno en vivir. Si no hubiese amistad, entonces ¿para qué valdría la pena vivir? —……… — Siempre se me dijo que fuera tan fuerte como el apellido Hiiragi lo sugería. Crecí compitiendo. La fuerza era justicia. Sin embargo, sin importar cuan fuerte me volviese, no podría ser in- humanamente excepcional, y convertirme en dios. —……… — Por eso, si no puedo convertirme en dios, al menos puedo convertirme en la Cabeza de la Casa Hiiragi, ¿cierto? Eso también es imposible. Después de todo, soy una escoria adoptada. Más allá de eso, no tengo tal motivación en ser el sucesor de la Casa Hii- ragi. —…. — Entonces, ¿para qué estoy viviendo? Mi objetivo se fue. Sin importar cuan fuerte me volviese, la respuesta nunca sería halla- da. Entonces, ¿para qué estoy viviendo? –preguntó Shinya. Para un cerebro que ha pasado por un día agotador, esta era una pregunta bastante apática. Guren no respondió. — Oye, Guren. — ¿Hmm? — Yo solía establecer mi objetivo mientras te conocía. Des- pués de todo, fuiste mi rival de amor compitiendo por mi prome- tida. ¿Qué tipo de hombre le gusta a Mahiru…? Mahiru, quien ni siquiera me lanzó una mirada. Pensé y anticipé. Pensé que si veía a ese tipo, podría encontrar un objetivo para avanzar. Guren miró a Shinya y preguntó. — ¿Y después de eso? ¿Qué paso? Shinya sonrió. — Ese tipo resultó ser un desgraciado que solo sabe cómo tolerar y no tiene poder… — ¿Ah?
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    90 — En estemundo, queda claro que poner esfuerzos hace que uno salga perdiendo. Pero tú seguiste esforzándote como un idio- ta. Ocultando tu fuerza hasta más no poder. —…….. —…sin embargo, este aspecto parece algo carismático. En- tendí de inmediato por qué a Mahiru le gustas. Porque nunca re- nuncias a nada. A diferencia de mi, tu sigues teniendo una meta. — ¿Cuál meta? — Proteger a alguien. Quieres fortalecerte y protegerlos a to- dos, ¿cierto? —…….. — Al final, sigues fortaleciéndote para hacer amigos. Solo te interesa proteger a los demás. Entonces, ¿qué hay de volver esta meta ilimitada? —…entonces, tu punto es, ¿quieres que nuestra relación se vuelva más íntima? — Si. Verás, hay muchas cosas melancólicas que han sucedido recientemente. Está bien si quieres actuar como un niño mimado frente a mí. ¿Quieres que te traiga una taza de café? — ¿Qué tontería es esa? — Jajaja. — Además, quiero es gaseosa. Shinya sonrió. Sacó su billetera y caminó hacia una maquina dispensadora que había cerca. Parecía que quería servirle a Gu- ren. Mirando su espalda, Guren preguntó. — Entonces, ¿has encontrado tu objetivo? — No del todo –respondió Shinya–. Pero quiero intentarlo y proteger a partir de ahora a mis amigos. — ¿En serio? — Si. — Oh, ¿e incluso hacer más amigos? — Jajaja, te daré una paliza, ¿bien? Shinya sonrió y tomó la gaseosa y se la lanzó a Guren. La gaseosa estaba bastante fría por la máquina. Al tomar un poco, él se relajó.
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    91 — Ser buenamigo con los demás, ¿eh? Él solo estaba persiguiendo eso. Ya estaba claro. Él, quera débil y un enclenque, perseguía eso. Pero ¿eso realmente era una debilidad? — ¿Shinya? — ¿Hmm? — Pero ¿acaso Mahiru no estaba preparada para convertirse en un tipo de dios inhumanamente poderoso como el que nom- braste? Shinya tomó un sorbo de gaseosa y sonrió: — Es cierto… por eso, es muy duro hacer buenos amigos mientras tratas de alcanzarla. Pero, a pesar de eso, esto puede lo- grarse con práctica. Después de todo, Mito-chan dice que ella se las ha arreglado para superar escenarios extremadamente difíciles y completar escenarios adicionales. — ¿Estás hablando de ese juego? — Si, bomberman. — ¿Esa aún sigue con ese jueguito? Él siempre creyó que ella continuaría con el juego de lucha libre profesional que jugaron juntos la última vez. — No puedes hacerlo si practicas sin cesar –dijo Shinya–. In- cluso si este es un escenario adicional. — El punto es, que si tolero y mantengo mi amistad con to- dos, ¿seré capaz de lograrlo algún día? Al oír eso, Shinya parecía que estuviese pensando fuerte. — ¿Entonces qué es esto exactamente? — ¿Qué? — Sin embargo, si no mantienes esa amistad, no habrá mo- tivos para vivir. Es como esto, ¿bien? ¿Solo estás interesado en volverte fuerte, Guren? —………. — Creo que el verdadero valor yace en proteger a alguien o apoyar a alguien… ¿por qué es esto entonces? No pudiste llevarte a ti mismo a hacer cosas egoístas como esas. Esa era una opinión totalmente distinta a la de Saitou y Ma- hiru.
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    92 Volverse vagamente fuerteno tenía sentido. Él podía entender eso también. Él mismo se sentía más atraí- do a ese lado. Ese era exactamente el por qué el mantuvo su forma humana y se estancó en ese punto. Cuando llegaron a casa, Goshi y Mito ya habían llegado. Toda la habitación estaba limpia; los cristales rotos de la ven- tana también habían sido reemplazados. Todo fue hecho por Sa- yuri. Mientras comían curry, Guren reveló todo lo sucedido ese día. Un poderoso vampiro de identidad desconocida. Mahiru cooperando con los vampiros, preparándose para ha- cer algo. No había más temas de los que pudiesen hablar. Él quería alcanzar a Mahiru, pero no tenía idea de dónde es- taba. Aunque tenían información del lado de la reina vampiro, los recuerdos de la batalla con el monstruo de hace poco fueron suficientes para convencerlos de que si encontraban algún asenta- miento de vampiros, ellos no podían acercarse. Hasta ahora, el simple hecho de capturar a un vampiro nor- mal que no fuese de la nobleza, requería que todos pusieran sus vidas en riesgo. Ellos no podía luchan contra unos cuantos vampiros o los no- bles. Era necesario hacerse más fuerte. Tal como lo dijo Kureto, los experimentos «Kiju» y sus entre- namientos continuarían a partir de mañana. Aunque era desco- nocido cuán poderoso podía ser el «Kiju»….. Guren desarrolló cierta cantidad de determinación luego de hablar con Shinya hace poco. Al final, él quería poder para construir amistadas. Poder para proteger. Poder para, al menos, resistir las lágrimas cuando presenciaba la ejecución de sus circulo interno –amigos, familiares, subordi- nados. Y después de eso, a largo plazo, si él pudiese obtener un poder que fuese más allá de la cantidad que Mahiru imaginara… —………. ¿Acaso las buenas cosas eran tan fáciles de obtener? Luego de cenar curry, todos jugaron con los videojuegos.
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    93 El momento enque Mito dijo «déjenme echarle un vistazo al juego de bomberman», ella exhibió habilidades increíbles. Nadie podía entender como ella controló ese avatar. Dios. Monstruo. Ella había, al menos, en el juego bomberman que más nadie jugaba, superado las habilidades humanas. — E-esto no es nada. Siempre y cuando practiquen, todos po- drán hacerlo. Mito, quien escuchó eso, fue incapaz de ocultar su orgullo. Realmente era un poco hermosa. Al verla tan alegre, él pensó, desde lo más profundo de su corazón, que él quería protegerla. Quería proteger a Goshi, Shinya, Shigure, Sayuri. ¿Eso era equivalente a caminar en el lugar de Mahiru? Si ese era el caso, entonces, hoy, él solo caminó en ese lugar por otro día. Este mundo terminaría esta navidad. Por eso, días como estos, probablemente eran muy, muy pre- ciosos. Pero Guren no se lamentaría de pasar el tiempo de esta forma. Esas fechas cambiaron. Guren continuó jugando lucha libre profesional. El dio una mirada casual hacia la ventana. Allí pudo visuali- zar una asombrosa luna nueva.
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    94 2 de diciembre: MahiruHiiragi finalmente fue liberada de la ciudad subte- rránea de los vampiros. Ahora caminaba en la superficie. Por las calles de Tokio. Como siempre, había mucha gente. ¿Qué hora era? Ella levantó su cabeza para mirar al cielo. Aunque el sol se estaba ocultando, ella sintió el calor de ese sol que no había visto en mucho tiempo.
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    96 De entre lamultitud, ella sintió que alguien la estaba miran- do. Al principio, ella se imaginó que fuese Guren para buscarla, pero naturalmente comprendió que eso era imposible. De inmediato, ella ubicó la fuente de la mirada. Era un hombre de traje negro: Saitou. Acercándose, le dijo: —…ah, buen trabajo. — Ni siquiera me cansé. ¿Cuál es la situación en el exterior? — Transcurren sin problemas. El mundo se mueve sin pro- blemas hacia la destrucción. Si hoy realmente era 2 de diciembre, entonces solo quedaban 23 días. Luego de eso, el telón hacia la destrucción del mundo se le- vantaría. Mientras miraba a Mahiru, una sonrisa se dibujó en el rostro de Saitou, luego dijo: — Entonces, ¿obtuviste la fuerza que querías? — Con solo verme, ya deberías saberlo. — Seguro. Bueno, incluso si está anocheciendo, la luz solar te debe estar afectando. Los vampiros odian el sol. Al oír eso, Mahiru volvió a mirar al cielo. Ella miró al cielo con sus pupilas color carmesí – eran pupilas con el color de la sangre. El cielo era igual de rojo. La puesta del sol. Parecía más hermoso que antes, probablemente su visión ha- bía mejorado. Comparado a cuando ella había solo simplemente humana, ella podía discernir más sombras de colores. Sus sentidos también se habían agudizado. Los movimientos y la temperatura del aire. La humedad. To- das esas cosas se sentían hermosas, hacían que uno sintiera que tales cosas eran importantes. Este mundo era extremadamente importante. Sin embargo… —………. Frente a todas esas cosas hermosas, ella no se sintió del todo conmovida. Aún estaba sedienta. Sed de sangre.
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    97 Quería ingerir sangre.Sangre humana. Quería tomarse la sangre de la humanidad. Si. Ya no era humana. Saitou sacó un anillo que pudo haber estado en el brazo de alguien. — Toma, usa esto, te permitirá moverte vigorosamente inclu- so en horas diurnas. — ¿Qué es? — Un anillo de luz ultravioleta. — Bien. Mahiru aceptó el anillo y lo deslizó en su brazo. Luego, la sensación del sol rechazándola de este mundo dis- minuyó. Era como si se hubiese vuelto inmune a los rayos UV. — Además, si quieres camuflarte como humana, solo usa len- tes de contacto. ¿Necesitas que te recomiende tiendas de acceso- rios visuales? Al oír las palabras de Saitou, Mahiru rió. — Si son tiendas, puedo encontrarlas yo misma. — ¿En serio? — Si. — Entonces, ¿en vasallo de quien te convertiste? — Krul Tepes. — Todo conforme al plan. Entonces, ¿ha aceptado tu petición? — No es como si hubiese dado alguna condición que ella rechazaría –dijo Mahiru, sonriendo. Para Krul, existía algo que ella quería tener a toda costa. Ma- hiru también tenía algo así, por eso es que cooperarían. Saitou asintió. — Bueno, comencemos. Quedan 23 días. — Solo 23 días. — Es suficiente. Al decir eso, él se regresó por donde había llegado, dándole la espalda a Mahiru. Ella quiso atacar esa espalda. Blandió con todas sus fuerzas la guadaña «Kiju» manifestada de dentro de su cuerpo - «Shikama Doji».
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    98 La velocidad queella experimentó en ese instante no fue nada parecido a lo intentado anteriormente. Aunque la fuerza del «Kiju» no estaba siendo provista a su cuerpo, su propia velocidad era superior a la que tenía cuando usaba el «Kiju». Saitou se volvió. Se preparó para evadir la guadaña, pero, como si comprendiera que era imposible hacerlo, él levantó su mano. Bloqueó la hoja de la guadaña con un solo dedo. Mahiru ejerció fuerza para cortarle el dedo, pero la guadaña no siguió. Saitou miró esa enorme guadaña- — ¿Esto qué es? La sensación de probar la fuerza de un vam- piro. Aun presionando la guadaña hacia adelante, Mahiru habló. — Si no puedo matarte, entonces no contaría mucho. — ¿Cómo es posible? Esos movimientos eran perfectos. Como era de esperar de una dependiente de la Tercera Progeni- tora Krul Tepes – incluso una vampira recién convertida es tan poderosa. La mayoría de la fuerza de los vampiros era determinada por quien lo o la convertía en un vampiro o vampira, y el número de años que vivía. — Si me hubieses convertido en vampira, entonces no ha- bría tenido que pasar por tanto problema. — Soy de los que no deja que el número de vampiros incre- mente. — Pero fuiste tú quien me dijo que lo hiciera. — De acuerdo a mi plan, ¿no te has convertido ya en una? Mahiru miró a Saitou, empujó la guadaña. Luego ella sacó fuerza del arma. El poder del «Kiju» recorrió su cuerpo. Para los vampiros, el «Kiju» era veneno. Pero como ella había nacido con el Demonio en su cuerpo, ella era capaz de manejarlo. Usar al mismo tiempo el poder vampírico y el demoniaco, lograba que sus movimientos fuesen mucho más rápidos. Ella sacudió su guadaña nuevamente en el aire. Saitou sacó algo parecido a un pequeño cuchillo. Era algo que podría permitir a los vampiros mejorar su fuerza física. Usando ese cuchillo, él bloqueó la guadaña.
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    99 Por eso, Mahirufue incapaz de recibir la tensión y soltó la guadaña. El arma salió volando, girando sin parar. Antes de aterrizar en el suelo, desapareció. En cuanto a Mahiru. — ¿Qué…? Es que incluso siendo una vampira me encuen- tro a ese nivel, ¿eh? Ella gruñó, y Saitou rió. — Ya eres lo bastante fuerte. — ¿Entonces qué eres tú? ¿Un dios autoproclamado? Saitou se encogió de hombros. La identidad de este desgra- ciado seguía siendo desconocida. Ella no tenia claro cual era el objetivo de él. Como compartían los mismos intereses, él había ayudado a Mahiru hasta ahora, pero cuando ya ella no fuera útil, él la ma- taría. Este desgraciado tenía la fuerza hasta tal nivel. En eso dijo: — ¿Quieres volver a la «Secta Hyakuya»? — Soy una traidora. — Allí eso no importa. Comparado al «Mikado no Oni», ese lado tiene menos resultados en su deseo de poder. Y tú posees la fuerza suficiente para que te reciban con los brazos abiertos. Él hablaba como si manipulara algo. ¿Qué demonios quería? Lo que ella sabía, era que él estaba usando a la «Secta Hyaku- ya» para completar el «Serafín del Final». Por eso, luego de entrar a la «Secta Hyakuya», él vivió una vida ordinaria como un simple asesino. Pero incluso así, mientras él proveyese asistencia, la «Secta Hyakuya» definitivamente completaría la investigación del «Se- rafín del Final». Si se llegaba a saber públicamente que ellos estaban llevando a cabo tal investigación, por el bien de mantener el balance de poder en el mundo, los vampiros atacarían. Los vampiros eran los vigilantes. Monitoreaban a los orgullosos humanos que no respetaban las reglas. Por eso es que él no podía permanecer entre los vampiros. Pues él quería el «Serafín del Final». Pero, ¿por qué? ¿Por qué el «Serafín del Final» era necesario para él?
  • 100.
    100 Sin embargo, ellanunca lo preguntó. En fin, incluso si lo ha- cía, ella no recibiría respuesta alguna, ella ni siquiera tenía interés en la vida de él. Por eso, Mahiru dijo: — Si no hay nada más, ¿te puedes largar? — Aunque no hay más nada, ¿te di un presente, no? Él se refería al anillo de luz ultravioleta. — Ah, esto, gracias. — Bueno, me voy. No tenemos mucho tiempo, hazle un elo- gio a la humanidad. Con eso, Saitou se desvaneció. El tiempo restante era demasiado corto. Solo quedaban 23 días. Luego de ese tiempo, Saitou y la «Secta Hyakuya», comenza- rían con el «Serafín del Final». Y su fuerza actual no era suficiente para detenerlos. Si es así, ella necesitaba mucha más fuerza. Una fuerza enorme, que aunque el mundo acabase, ella pu- diese ser capaz de sobrevivir. Fuerza para ser capaz de estar junto a Guren. —………. Mahiru agarró el anillo de luz UV y lo reventó. La luz del sol nuevamente se volvió cegadora. Aunque el sol se había puesto, y el cielo ya se tornaba oscuro. —…este anillo, ¿qué estructura tiene? Necesito investigar- lo y hacerme uno. Ella no quería ser manipulada por Saitou. Ella no podía ser tragada por el desastre y ser asesinada. Ella tenía su propia investigación. A diferencia del «Serafín del Final», su investigación estaba apuntada hacia el robo de la fuerza del «Kiju». Su transformación en vampiro solo era por ese objetivo. Aun- que le había tomado algo de tiempo, si quedaban 23 días, enton- ces, probablemente… — ¿…pueda completarlo… quizá? Ella murmuró con algo de nerviosismo. Fuera de todo, ella de repente quiso ver a Guren.
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    101 Ella ya habíasido incapaz de verlo en unos cuantos meses. — Ah, Guren –dijo suavemente. Entonces ella sintió que el deseo en su corazón se expandía. ¿Era lujuria? ¿Estaba siendo posesiva? Guren, Guren, Guren –cada vez que ella pensaba en él, su corazón se llenaba. — Ahh, ¿quiero beber sangre? Ella comprendió que era ese deseo. Sed de sangre. Ya no era humana. Bueno, incluso antes de volverme una vampira, yo no era humana –rió y luego comenzó a moverse. Sujetando a una mujer que caminaba sola, ella la arrastró ha- cia un callejón oscuro. Ella no la dejó gritar. Con un golpe en el estómago, la mujer se desmayó. Mahiru clavó sus colmillos en su cuello y le succionó la sangre. Glu, glu, glu. No podía controlarlo. Tampoco es que quisiera hacerlo. El deseo de sangre era muy fuerte. Ya había succionado la sangre de unas cuantas personas, ma- tándolas, pero cada vez que lo hacía, la diversión de tomar sangre parecía incrementarse. Más que eso, el sabor cambiaba. Cambia- ba de acuerdo al género y edad de la víctima. ¿Ah, a que sabrá la sangre de Guren? Mientras lo imaginaba, ella se bebió la sangre de la mujer, sintiendo un inmenso placer que podría desmayar a uno. Ella escuchó que los latidos de la mujer se debilitaban. Filtrando los sonidos de las máquinas de las calles de Kioto, ella escuchó solo los latidos. Thud-thud-thud. En ese momento, el sonido se detuvo. La mujer estaba muer- ta. Cuando la fuente moría, la sangre se tornaba asquerosa, era algo repentino. Ella lanzó el cuerpo de la mujer a un lado. El cuerpo poco apetecible, drenado de sangre provocativa, cayó al suelo. — Uwaah…
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    102 De pie enel callejón, ella levantó su cabeza hacia el cielo. La sed había aumentado. La fuerza brotó. Los alrededores eran tan bellos como siempre. El sol ya se había puesto. Este callejón estaba cerrado, sin luz, por lo que se suponía estar completamente negro, pero para Ma- hiru, todo era tan luminoso como el dia. Ella pateó el suelo, saltó alto, luego pateó una pared, y aterrizó en el tejado junto al callejón. Allí abajo, la calle brillaba fuertemente. El cielo estaba completamente negro, pero con un brillo azul al mismo tiempo. Ella recordó los dos millones de personas que vivían en Kioto. ¿Cuánta gente sobreviviría luego de navidad? — Bueno, debería regresar a Tokio. Al decir eso, ella comenzó a moverse una vez más. ◆ ◆ ◆ 10 de diciembre. Quince días para navidad. En una escuela ubicada en Shibuya, unos demonios apare- cieron. Ya que los armamentos «Kiju» fueron puesto en uso y entre- gados a los estudiantes de la Secundaria Shibuya, los estragos co- menzaron a producirse periódicamente. — ¡Uwahhhhh! ¡Voy a matarlos a todos, A TODOS! En la distancia, los aullidos de un estudiante poseído por un demonio se podían escuchar. Estaba anocheciendo en la escuela. Los estudiantes corrían caóticamente en todas direcciones. Yendo contra el flujo de la multitud, Guren avanzó por el pa- tio escolar. Kureto había dado órdenes de matar a los estudiantes des- controlados. 104
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    103 —………. Él no habíaestado en esa escuela en mucho tiempo. Gracias a su entrega de «Asuramaru», la investigación «Kiju» se incrementó de repente, por lo que, durante los últimos meses, él pasó casi todo su tiempo en el laboratorio y el salón de entre- namiento. Por eso, él ya no usaba el mismo uniforme escolar que tenían los estudiantes que escapaban. En lugar de eso, él usaba un uniforme militar provisto por el «Mikado no Oni». Al ver ese uniforme, los estudiantes gritaron: — ¡La ayuda llegó! ¡Los rescatistas del «Mikado no Oni» están aquí! — ¡Pero si solo es una persona! — ¡Idiota, ese es Guren Ichinose-sensei! ¡La mano derecha de Kureto-sama! Parecía que él ahora era la mano derecha de Kureto. Bueno, ya que estaba bajo el mando de él, no importaba lo que él hiciera, no sería sospechoso por la Casa Hiiragi, eso probablemente era algo afortunado. Guren entró en el bloque de docencia. Los estudiantes estaban huyendo con lágrimas recorriéndo- les el rostro. Ese grupo de estudiantes debería estar armados con equipos «Kiju», por lo que incluso si este número de estudiantes era incapaz de derrotar al descontrolado, entonces ese chico debe- ría de ser bastante poderoso. Kureto también debió haberle dado órdenes a Shinya, Shigu- re, Sayuri, Mito y Goshi. Ellos también deberían estar dirigiéndo- se allí, pero… —…parece que seré el primero en verlo –dijo, mientras corría hacia la escuela. Subía las escaleras, hasta llegar al tercer piso. Ya en ese piso había algunos cadáveres. Los estudiantes ha- bían desenvainado sus espadas, pero aun así fueron asesinados. Él contó el número de cuerpos. De los que estaban armados con el «Kiju» eran 27. Aunque no parecía que hubiesen atacado al unísono, signifi- caba que para esos que usaban el «Kiju» normal, este era un des- controlado que ni siquiera 27 personas podían detener. En ese momento, una estudiante femenina llegó volando des- de un salón distante. La chica no tenía mano derecha ni pierna izquierda. La habían cortado. — ¡No, no! ¡NOOOOOOOOOO!
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    104 Aunque gritó ylloró, ella no estaba en una distancia en la que pudiera ser salvada. El chico que permitió que su «Kiju» se descontrolara salió co- rriendo del salón. Preparándose para asestarle el golpe de gracia a la chica, él levantó su espada. — ¡OYE! –gritó Guren audiblemente en dirección al estu- diante. Este miró en su dirección. Sus ojos eran netamente ne- gros. La maldición rodeaba su cuerpo. De sus labios, una sonrisa se marcó, y lentamente dijo: — ¿Quién eres? — Tu cazador. — ¿Eres un negociante del «Mikado no Oni»? — Si, he venido a matarte. Mientras decía eso, Guren desenvainó su espada. Sin embar- go, el estudiante dijo, sonriendo. — No puedes hacerlo. — ¿En serio? Vamos a intentarlo. El estudiante continuó: — No, no. Te estoy diciendo que no puedes salvar a esta mu- jer. Al decir eso, su espada vagamente se clavó en el cuello de la chica. — Ah, ah, ah… Llorando, la chica murió. Él no había sido capaz de salvarla. — ¡Jajajajaja, no te muestres tan decepcionado! ¡Pronto te le unirás! El estudiante pateó la superficie y saltó. Y con una velocidad imposible para los humanos, recortó la distancia en un abrir y cerrar de ojos. Guren avanzó lentamente. Dejando algo de espacio detrás de su espalda a la oportunidad que pudiese necesitar. — Jajajaja –dijo el estudiante–, ¿estás temblando, no? ¿Asus- tado? ¿Aterrorizado? ¡Soy yo! ¡Yo soy el más fuerte! ¡Solo yo soy el más fuerte de este mundo! ¡Asi que todos ustedes, MUERÁNSE! Parecía que esto era lo que él quería. Pateando el piso, paredes y techo, él se abalanzó hacia Guren. El estudiante ahora debería estar experimentando un inmen- so placer. Como Guren había sido así cuando se descontroló, él podía entenderlo.
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    105 Cuando usaba elsello para controlar la fuerza de uno, era im- posible que alguien comprendiera el placer de liberar su propio poder. Sin embargo… — ¿Cómo que el más fuerte del mundo? Nada cambia con solo tener esos movimientos estando descontrolado. Guren sacó su espada. El sello fue liberado a un nivel que no pudiese causarle daño a su cuerpo. Liberando la cantidad mínima de la fuerza de Noya. Esta fuerza, es decir, la cantidad que podía controlar en ese momento, era el 30% del poder de Noya. Ya era mucho más fuerte que en la batalla con los 2 vampiros que tuvo 2 meses atrás. Pues en ese tiempo él se la pasó entrenando. — Noya, vamos. Cuando dijo eso, el Demonio respondió. «De acuerdo» Pateó hacia el techo, luego, la espada del estudiante que estaba atacando a una velocidad terrorífica, fue –con solo usar su mano derecha–, bloqueada por Guren usando a Noya. Allí, se produjo el choque del metal contra el metal. — ¡Muere, muere, muere! –dijo el estudiante, oscilando su espada, y Guren bloqueó los ataques mientras sacaba un talismán con su mano izquierda. Luego lo lanzó. — ¡¿Cómo pude ser golpeado?! ¡AHHHHH! Gritó el estudiante. Él usó su espada para cortar el talismán. En el momento en que este fue partido a la mitad, Guren mur- muró. — Explota. Y así, el talismán explotó. En eso, la espada del estudiante va- ciló. Aprovechando esa abertura, Guren clavó su espada. — Maldición –el estudiante asustado levantó su espada con dificultad para bloquear la espada de Guren. Aunque la bloqueó… — Se acabó –dijo Guren. Lanzó una patada hacia el rostro del estudiante. Su tacón alcanzó el mentón del chico. Debido al impacto, la cabeza del estudiante giró hacia un lado. — Agh. El estudiante fue incapaz de ver en dirección a Guren. En ese momento, Guren dio un paso al frente, pisando en el punto ciego del estudiante.
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    106 «Mátalo» Gritó Noya, peroGuren lo ignoró y le dio una vuelta a su espada. Con el dorso de la misma, él golpeó la espalda del chico. — Ugh. El estudiante salió volando. Todo su cuerpo se estrelló contra la pared. — Ugh…maldición. Si hubiese sido una persona normal, él habría muerto por el impacto. Sin embargo, el cuerpo de este estudiante había sido for- talecido por el demonio. Incluso así, él no debería ser capaz de resistirlo. En primer lugar, Guren había lanzado su ataque con la intención de otorgar tal daño. — Mierda, mierda, mierda, te mataré. — Cállate. De nuevo, él pateó la cabeza del estudiante. Y así, el chico perdió el conocimiento. El descontrol del demonio no se detendría simplemente por quedar inconsciente. Él tuvo que despojar al chico del arma, y luego imponer un sello… En ese momento, hubo un sonido de aplauso. Clap, clap. — Que fuerte, Guren –se escuchó una voz femenina muy clara. Guren conocía esa voz. Su cuerpo se tensó. La mujer que se había estado ocultando, regresó. —….Mahiru. Se volvió en dirección al aplauso. En la parte opuesta del pa- sillo. En dirección al salón de clases de donde había salido el es- tudiante. Si, se trataba de Mahiru. Ella estaba usando un uniforme de marinero de la Secundaria Shibuya, como siempre. Ella se había infiltrado en la escuela. Mirando a Guren con jovialidad, habló. — Ese uniforme realmente te queda bien. —………. — Bueno, pareces bueno en algo, Guren. Ignorando esa habladuría sin sentido, Guren apuntó al estu- diante a sus pies y dijo:
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    107 — Oye, ¿fuistetú quien dejó que este bastardo se descontro- lara? Al oír eso, sin decepción aparente, Mahiru asintió con su ca- beza. — Si. Fui yo. También lo hice destrozar las cámaras CCTV. — ¿Para verme? — Si. ¿No te alegra? — Mucha gente volvió a morir. — ¿Y? —……… Guren miró a Mahiru. Parecía no importarle. Luego tomó el brazo de alguien que estaba en el piso. Ese brazo sostenía una katana «Kiju». Un equipo «Kiju» normal, uno que había sido pro- ducido en masa. — Aunque esta arma no es gran cosa… -dijo mientras lo miraba. — Noya ya está casi completo. ¿Cómo está el «Asuramaru» que te di? Debería estar usándose. Era cierto que debido a que el llevó a «Asuramaru», la fuerza del «Kiju» había sido incrementada notablemente. La fuerza de un demonio variaba de acuerdo a su tipo, y los métodos de invo- cación para diversos tipos de demonios habían experimentado avances debido al estudio de «Asuramaru». Por ejemplo, de acuerdo a los pros y contras de cada tipo, tal como los tipos Demonios Negros, Boshisattva, Rakshasa y Niños, la habilidad de uno para controlar al Demonio era determinada por el tipo y compatibilidad con el mismo. Incluso con respecto a la modificación que sugería que los humanos tenían que sufrir para ser capaces de manejar la serie de Demonios Negros que era el rango de demonios más alto, había existido grandes avances en el conocimiento… Por eso… — También debes haber renunciado a ser humano, ¿no? – dijo Mahiru. Parecía que solo por ver, ella podía entender que Guren había aceptado la cirugía. Esa operación no era una que cualquier persona pudiese aceptar. Incluso si uno entendía muy bien al «Kiju», era hábil con los hechizos y tenía compatibilidad natural, el nivel de éxito de la cirugía se encontraba por debajo del 20% Mucha gente talentosa había aceptado dicha cirugía, y había muerto.
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    108 Goshi, Mito, Sayuri,Shigure ni siquiera reunían los criterios básicos para aceptar la operación. Solo una minoría había tenido éxito en ella. Kureto, Shinya, y… —…ya que Noya es un Demonio Negro, ¿es difícil de con- trolar? –preguntó Mahiru. Si. Este demonio que ella le había dado era un Demonio Ne- gro que tenía una actitud terrible por naturaleza. En el proceso de liberación lenta del sello, él había aprendido cómo manejar a los demonios de esa categoría. Así tuvo éxito. Ese éxito no se compartió con la «Secta Hyakuya». Justo aho- ra, la «Secta Hyakuya» debería estar investigando los equipos «Kiju» más débiles. Si ellos llegaban a descubrir que dicha información no fue compartida, probablemente podría iniciarse una guerra. Sin embargo, el «Mikado no Oni» calculó que incluso si se iniciaba la guerra, ellos serían capaces de ganar. Los equipos «Kiju» que ellos poseían ahora tenían un nivel de fuerza notable. Guren prestó algo más de fuerza. A diferencia de la batalla con el estudiante de hace poco, él estaba usando la fuerza que se acercaba a un descontrol del «Kiju». Ya estaba a punto de fundirse con el demonio. La maldición que había estado imbuida en su cuerpo debido a la cirugía estaba a punto de ser presionada a la fuerza. La fuerza que él no podía controlar salió de todo su cuerpo como si fuese sombra. Viendo eso, Mahiru habló alegremente. — Ohh, que fuerza tan asombrosa. Realmente parece que ya no eres humano. La persona que había dejado de ser humana mucho antes le dijo eso. Sin embargo, habiendo progresado a tal nivel, la investigación no debería ser capaz de avanzar más. Él había alcanzado el tipo demoniaco de mayor rango entre los «Kiju» - la serie de «Demonios Negros», sin mencionar que había entrenado frenéticamente todos los días con el fin de con- trolarlo.
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    109 — Noya, posesión–dijo. De los armamentos «Kiju» de alto rango, había dos tipos: el tipo posesión y el tipo manifestación. El tipo posesión, poseía al usuario para incrementar su fuer- za. El tipo manifestación creaba una forma física con habilidades especiales. Noya era de tipo posesión. Luego, una voz alegre sonó en su cabeza. «¿Así que el día de matar a tu amada finalmente llegó, eh?» —……. Guren no respondió. Noya lo poseyó. Poseyó su corazón. Poseyó su alma. En eso, él sintió una fuerza alarmante siendo liberada en su cuerpo. Para ser honestos, él no estaba seguro si podía seguirse lla- mando humano. Él ya se había convertido en algo distinto a ellos. Sin embargo… —…finalmente te he alcanzado. Al oír a Guren decir eso, Mahiru volvió a reír con diversión. — Si –lo confirmó. Asintió con franqueza, y dijo–. Si solo tuviésemos esa fuerza cuando éramos jóvenes… ese día, en ese momento, si hubiésemos tenido la fuerza que tenemos ahora, habríamos sido capaces de escapar juntos. Eso dijo, pero, ¿realmente era el caso? ¿Sería cierto que si ellos hubiesen tenido esa fuerza, habrían podido hacer lo que desea- ban? Él no podía imaginarlo, ya no. Observando a Mahiru detenidamente, Guren habló. — Incluso si tengo esta fuerza, no podría ser capaz de escapar contigo. Después de todo, la razón por la que me fortalecí, no fue por ti. — ¿Entonces por qué fue? — Para proteger a mis compañero. — En serio, ahora. Mahiru sonrió con tristeza. Pero él no paró. — La gente a la que quiero proteger, te incluye. —……… Ella volvió a sonreír alegremente.
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    110 — Mahiru. Heesperado tanto tiempo para volver a verte. No te resista cuando te tomemos bajo nuestro control. La tecnología para extraer al demonio de tu cuerpo ya ha comenzado a estable- cerse. —………. — Puedo salvarte. En eso, Mahiru dijo: — Pero dime, ¿qué será después de eso? Después que siga viviendo como una esclava de la Familia Hiiragi, ¿eh? — Lo que venga después, es algo que podemos discutir con el tiempo. — Incluso si regreso, seré ejecutada. ¿No es así? — Entonces, extrae el demonio primero, luego que vuelvas a ser humana, podrás pensarlo más. — Entonces, si vuelvo a ser humana, ¿escaparás conmigo? A esa pregunta, Guren era incapaz de responder. Él no po- día escapar. A estas alturas, ambos deberían estar claros sobre ello. Por eso es que estaban en dicha situación. Porque no podían escapar, porque tenían que luchar por las cosas que tenían, por eso es que estaban como estaban. Incluso así… — Aun podemos hacerlo, Mahiru. Mahiru sonrió eufóricamente. — Tu demonio se descontrola. A menos que sea extraído de tu corazón, no puedes volver a ser humano. Ella solo seguía sonriendo con euforia. — Estás tan desesperado por salvarme, eso me complace. — Entonces… — Desafortunadamente, el mundo terminará este mes. Todo cambiará. Aquellos que mantengan un cuerpo humano serian incapaz de pasar este obstáculo. Pero Guren la interrumpió y dijo: — El mundo no acabará. Derrotaremos a la «Secta Hyaku- ya». El último enfrentamiento comenzará en cinco días. Siempre y cuando los acabemos, la destrucción del mundo se detendrá, ¿no?
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    111 Mahiru solo seguíasonriendo tristemente. Pero no era necesario discutir más. Todo se reducía a captu- rarla viva, y luego sacarle la información. En la oportunidad de que el mundo realmente fuese des- truido en navidad –dentro de quince días–, ellos aún tenían que mantener su estatus quo. Por eso… — Mahiru. — ¿Sí? — Te llevaré detenida. Ella sonrió cautivadoramente. — No puedes hacerlo –dijo. Su armamento también era un Demonio Negro. Después de todo, en frente de Guren, ella había logrado matar a decenas de personas solo con un «Kiju» normal. Sin embargo, ahora Guren también tenía un armamento De- monio Negro. Más que eso, él ahora tenía compañeros. Sus compañeros ha- bían llegado. Evidentemente, la orden de matar al estudiante descontrola- do no le había sido ordenada solo a Guren. En el otro extremo del pasillo, Shinya estaba sujetando un arma similar a una pistola ya preparada. El armamento Demonio Negro que Shinya usaba era del tipo que disparaba balas. Él pudo sentir unas cuantas personas más. Goshi, Mito, Sayuri y Shigure probablemente también habían llegado. Aunque sus armamentos no eran Demonios Negros, ellos aun así tenían «Kiju» con habilidades especiales. Incluso Mahiru permitió que el demonio se descontrolara al nivel que no pudiese mantener un corazón humano, si eran seis, ellos deberían ser capaces de controlarla. En otras palabras, hoy… —…tu escape termina aquí. Al oír las palabras de Guren, Mahiru sonrió y se preparó para decir algo. Pero él no la escuchó. Shinya comenzó a atacar. Desde el pasillo opuesto, se escuchó un fuerte BANG.
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    112 Al mismo tiempo,la bala que Shinya disparó llegó volando hacia ellos. Tenía la forma de un tigre gigante. La bala del demo- nio manifestado que Shinya usaba. El tigre se preparó para clavar sus colmillos en Mahiru. Con un movimiento de su mano, una guadaña apareció, y cortó la bala. Guren miró sus movimientos. Eran ligeramente más lentos que los suyos. Él sentía que podía hacerlo. Que finalmente podía capturar- la… — ¡No te he dado tales expectativas, ¿cierto?! Mahiru sonrió y se volvió. Ella osciló la guadaña a una velocidad muchas veces mayor a lo que Guren imaginó. Guren levantó a Noya. La guadaña chocó con el cuerpo de la espada. Un impacto inimaginable recorrió su brazo. —…ugh. Él permitió que la guadaña se deslizara. Pues, si la bloqueaba, él sería enviado a volar hacia atrás. La guadaña llegó a él otra vez. Una, dos, tres, cuatro veces. Trató desesperadamente de pen- sar en una forma de contrarrestar los ataques de esa guadaña. Todo lo que podía hacer era no dejarse asesinar por el arma. Era obvio que ella era más fuerte. Él no podía entender por qué había una enorme diferencia entre sus poderes. Su análisis sobre el «Kiju» ya debería estar casi completo. A cierto nivel, él podía predecir cuán poderoso podría ser uno cuando ser respondía al «Kiju». Asumiendo que Mahiru estuviese usando el «Kiju», el que ella fuese más fuerte qué, también estaba en sus predicciones. Sin embargo, sus movimientos anteriores fueron notable- mente distintos a los de él usando el «Kiju». Si era así, ella estaba usando otro tipo de fuerza. Sin embar- go… — Si no puedes matarme en un instante, puedo ganar yo. Guren miró a Mahiru, y ella sonrió.
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    113 — ¿Es porquetienes compañeros? Si. En eso, los pies de Mahiru estaban casi cubiertos por el hechi- zo ilusorio de Goshi. Ella miró el humo, y dijo alegremente. — Asombroso. Las habilidades del «Kiju» se extienden a los hechizos de ilusión. Caer en un truco así, es bastante malo. Ella saltó hacia la ventana. Pero la ventana ya había sido se- llada por Shigure. Para romper el sello, Mahiru tuvo que usar la guadaña. Y ese movimiento, crearía una abertura. Guren volvió su espada y atacó. Se preparó para usar el dorso del arma y golpearla. — ¡Se acabó, Mahiru! — Maldición. El dorso de la espada estaba a punto de alcanzar su hombro… Pero, ella se desvaneció de repente. Lo que él creía que era su cuerpo, se había convertido en un trozo de papel. — ¡¿Un hechizo de ilusión?! En respuesta a su exclamación, una voz tenue llegó desde de- trás. — Así es. Yo también puedo usarlos. Si él se volviera a ver, sería muy tarde. Por eso, Guren dio un gran salto hacia adelante. — ¡Shinya! ¡Ayúdame aquí! Al mismo tiempo que él grito eso, tres disparos sonaron. Desde el otro extremo del pasillo, tres tigres pequeños fueron disparados. Uno voló hacia Guren, pero usó a Noya para cortarlo. Luego que la bala fuese dividida en dos mitades, ambas se dirigieron hacia Mahiru, que estaba detrás de él. Incluso si fuese alguien armado con el «Kiju», si eso los gol- peara, moriría – así de fuerte era el poder asesino de las balas de Shinya. Sin embargo, ella no era normal. Con su cuerpo tenso, Guren se volvió.
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    114 Asegurándose de sercapaz de contrarrestar cualquier ataque. —………….. En el estrecho pasillo, Mahiru giró la enorme guadaña, y sus agiles movimientos rasgaron las balas de Shinya. Esos movimientos fueron anormalmente rápidos, precisos y hermosos. Si fuese un uno a uno, él definitivamente sería incapaz de ga- narle. Incluso si era él y Shinya, ellos podrían no ser capaces de ga- narle. Pero ahora, todos estaban reunidos como un equipo de seis personas. Dado su ataque y defensa actual, el próximo movimiento pro- bablemente sería el momento decisivo. Si ese ataque fuese realizado por Guren, Shinya, Goshi y Shi- gure… Añadiendo a Mito y Sayuri, ellos ganarían. Mito y Sayuri no se habían unido al ataque de ahora, y solo miraban desde los la- terales. Incluso si ellas no se unían a la batalla, él también podría pre- decir que sus compañeros no morirían. De ser así, el próximo ataque probablemente tendría éxito. Era probable que Mahiru lo entendiese. Por eso Guren dijo: — Mahiru. — ¿Si? — Baja tus armas. Esta vez ganamos. Luego, ella vagamente bajó la guadaña en su mano. Esa gua- daña que ellos creían que aparecía y desaparecía a voluntad, cayó al suelo y se convirtió en una pequeña pieza de ajedrez. Luego, como si se rindiera, ella levantó ambas manos. — Muy bien. He soltado mi arma. Pero Guren no bajó la guardia. Ella era fuerte y astuta. Inclu- so sin un arma, él no sabía qué otra cosa podría sacar. Por eso, Guren añadió. — Arrodíllate. — Muy bien… Mahiru se arrodilló.
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    115 Su falda rozóel suelo. Aún quedaban los cadáveres de otros estudiantes en el suelo, sus pálidas rodillas y su falda se tiñeron con la sangre fresca. Verla en esa posición no era algo que pudiese relajar a uno. Pues ella siempre ha parecido tan fuerte y confiada. Él sintió que sus compañeros estaban corriendo hacia él. La batalla había acabado. Al final, él había salido victorioso contra Mahiru. — ¿Por qué viniste? –preguntó Guren. — Para verte. — Entonces, ser capturada en este lugar, ¿es algo que estaba en tus planes? — Si. ¿Me abrazarás con fuerza? Sin embargo, antes de que sus compañeros llegaran, él no se le acercaría. — No tengas miedo –sonrió Mahiru. — Si no quieres que tenga miedo, entonces dime tu objetivo. — Estoy protegiendo algo importante –respondió ella con seriedad. — ¿Algo importante? — Si. — ¿A qué te refieres? — Tu… y mi hermanita –dijo. Su hermanita. ¿Estaba hablan- do con el corazón? — Si realmente quieres protegerla, quédate a su lado –dijo Guren, haciéndola sonreír. — Aunque quiero hacerlo… tú ni siquiera te puedes prote- ger a ti mismo –dijo eso, aun con las manos levantadas. — No tengo ningún armamento «Kiju» en este momento. Además he soltado a «Shikama Doji». Parecía que el nombre de la guadaña que había sido lanzada al suelo y se había convertido en una pequeña pieza de ajedrez era «Shikama Doji». — También bajaste a «Asuramaru», no hay «Kiju» alguno en mi mano. Con solo bajar al «Kiju» no sería suficiente para liberar la maldición del demonio, pero cuando se separaba del cuerpo, la fuerza de uno disminuía.
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    116 En otras palabras,debido a su unión con el demonio, ella aho- ra era más fuerte que los humanos, pero para Guren, quien estaba equipado con un Demonio Negro, ella había quedado débil. — Entonces, perderás ante una chica desarmada que origi- nalmente no puede hacer nada. Guren fijo su mirada con esos ojos llenos de confianza que ella tenía. Eran unos ojos negro azabache, muy claros. En esos ojos, parecía que brillaba un ligero brillo rojo. — Tu… Sin embargo, para entonces, ella ya se había movido. Ella lan- zó una patada hacia Guren. Ese movimiento fue más rápido que cuando estaba usando a «Shikama Doji». — Ugh… Guren usó todas sus fuerzas para evadir esas patadas, pero falló. El dorso de su pie se conectó con el mentón de él. — Ah… Aunque solo lo rozó ligeramente, su cabeza fue echada hacia atrás con violencia. Su cerebro traqueteó en su cráneo. Eso era malo. Él había sufrido una herida traumática. Sus rodillas tam- bién comenzaron a sacudirse, y fue usando la fuerza del «Kiju» que se las arregló para no perder el conocimiento. Mahiru habló, sonreía. — Ah, ¿viste dentro de mi falda? Que pervertido, así que, por favor, acepta mis ataques al mismo nivel que hace poco… El tintineo en sus oídos no desapareció. El mundo giraba ante sus ojos. — Ugh… Guren quiso empujarla. Le agarró el hombro. Era suave como el de una chica, sin embargo, no se movió. La maldición no se había manifestado en su piel. Ella no pa- recía estar usando el «Kiju». Sin embargo, esto no se parecía a la fuerza de un humano que no usara el «Kiju». Guren trató de dar un puñetazo con su mano izquierda al ros- tro de Mahiru, intentando apartarla. Pero su brazo fue agarrado. Trató de golpear con la empuñadura de su espada en su mano derecha, pero también fue agarrada. Esencialmente, eso se volvió una comparación de fuerza bru- ta.
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    117 — ¿…qu-qué demonioseres? Él no logró sentir que podía ganar. Así, él fue abrumado y forzado a arrodillarse. Mahiru mostró la misma sonrisa de antes. Era la expresión de alguien que quería decir algo. Ella mostró una expresión in- toxicada. — Solo una chica. —…ugh. — Entonces, tú, que no puedes ganarle siquiera a una chi- ca, ¿cómo puedes salvar el mundo? ¿A quién puedes salvar en un mundo que ya ha acabado? — ¡…ugh, maldición! Guren le dio un cabezazo, pero su ataque no funcionó. Él fue forzado nuevamente hacia el piso. El rostro de Mahiru se acercó al de Guren. — Sigo delante de ti. Pero la distancia es pequeña. Así que apresúrate y alcánzame, y luego abrázame con fuerza. Ella siguió acercándose. — Primero, hay algo importante que tengo que decirte. El «Shikama Doji» que lancé, está en tu bolsillo. Entrégaselo a Shinoa. Lo necesitará para sobrevivir en el mundo luego de la destrucción… — Entonces, vas… — Entrégaselo. Luego de eso, no te acerques más a la «Secta Hyakuya». Si algo sale mal y te matan, me sentiré muy frustra- da. — No hay manera de que escuche tus órdenes. Ella se mostró confundida, y acercó más su rostro. Se acercó lo suficiente como para tocarle los labios. — Ah… amo tu esencia, Guren. Seria lindo si pudiésemos permanecer siempre así. Ella rozó ligeramente sus labios contra los de él. Allí estaba su sabor. En el corazón de Guren, algo se encendió. ¿Era amor, o lujuria?
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    118 Con un dolorsuave, y el placer de tener su cuerpo siendo retenido a la fuerza, una humillación extraña cubrió su cuerpo. Él no podía moverse. Mucho menos resistirse. Él era como una presa que había sido cazada. Se sintió des- esperado. — Ah… Mahiru levantó su cabeza. Hilillos de sangre caían de sus la- bios. En su boca, había colmillos como hojillas afiladas. ¿Qué demonios era? Ella parecía completamente una… — ¿Lo ves? No puedes alcanzarme, ¿cierto? Mahiru se limpió la sangre de la comisura de sus labios. Su lengua lamió la sangre restante en su mano.
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    119 En ese momento. —¡Guren! –se escuchó la voz de Shinya. Shinya estaba cerca, sujetando un «Kiju» con la forma de un rifle con una bayoneta. — Mahiru, no te muevas. Mahiru se volvió ligeramente. Shinya tiró del gatillo al ins- tante. Pero Mahiru fue rápida. Con sus pies, ella levantó la espada que Guren había soltado –Noya–, y la pateó en dirección a Shin- ya. La espada voló con una fuerza temible, y perforó el pecho de Shinya. Él ni siquiera tenía la fuerza para gritar ¡Shinya! Luego de que le hubiesen succionado la sangre, él no podía moverse. Sin embargo, una voz resonó a un lado de su oído. — Es una ilusión de Goshi. Ya vi sus movimientos. Nuestros yo actuales no pueden ganarle. Apresúrate y escapa –era la voz de Shinya. Como si protegiese a Guren, Shinya se situó delante de él con su arma. Parecía que la perforación de su pecho simplemente ha- bía sido una ilusión. La ilusión no se desvanecía aun. Él todavía podía ver el cuer- po del Shinya que había muerto por haber recibido un corte de pecho. Él pudo ver que junto al cuerpo de Shinya, Sayuri, Shigure, mito y Goshi observaban a Mahiru con una expresión de estar a punto de llorar, todos esos eran ilusiones. Pues, justo ahora, Sayuri, Shigure y Mito estaban abrazando el cuerpo de Guren desde atrás. Todos contuvieron la respiración. La tensión era alta. Pues todos sabían que Mahiru era exageradamente fuerte. Por eso ellos no habían rescatado a Guren a tiempo. — Vamos –susurró Shinya. Sayuri y los demás asintieron, preparándose para moverse mientras apoyaban a Guren. Sin embargo, en ese momento, ellos vieron a Mahiru volverse. Los miró. Miró a Guren que no podía moverse. —…….. Y solo sonrió.
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    120 Parecía que notenía intenciones en perseguirlos. Lo que ella quería hacer, ya lo había hecho. Sus labios se movieron ligeramente. Y Guren leyó lo que dijo. Luego comprendió que ella decía: te amo demasiado. Eso realmente no era importante. Probablemente era la ver- dad. ¿Se había convertido en una vampira? ¿Qué demonios perse- guía como para llegar a esos extremos? Si fuese solo para proteger lo que era más importante para ella, ¿habría que llegar tan lejos? Ella retrocedió. Luego se desvaneció en las profundidades del pasillo. Unos días después, el telón hacia una guerra se abriría. Y en quince días, el mundo acabaría. Sin embargo, él todavía carecía de la fuerza necesaria para cambiar todo eso. Para proteger a sus compañeros. Para proteger lo que era im- portante para él, ¿qué debía hacer? Mientras era salvado por sus compañeros, él seguía pensando en todo ello. ◆ ◆ ◆ 11 de diciembre: Guren no formó parte del entrenamiento «Kiju». Él estaba sentado en el sofá de su casa, considerando sus ideas sin torcer un musculo. ¿Qué debería hacer para emerger en frente de Mahiru? Era la pregunta que se repetía. Probablemente ella estaba anticipando eso. Esperando que él la alcanzara. Actuando como si necesitara ayuda. Él miró el armamento «Kiju» de color negro y con forma de varita pequeña, llamado «Shikama Doji» que estaba ubicado so- bre la mesa. Ella le había dicho que era algo necesario para vivir luego que este mundo terminada. Lo miró fijamente: —…… ¿Eso de querer proteger a su hermana, era cierto? ¿O era que ella quería manipularla?
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    121 Si él llevabael «Shikama Doji» al laboratorio del «Mikado no Oni», probablemente él fuese incapaz de entregárselo a Shinoa. Como precedente, estaba «Asuramaru». Este armamento «Kiju» que Mahiru le había confiado, ahora era un sujeto de prue- ba, y ya no podía sacarlo de allí. Entonces, ¿realmente estaba bien entregarle el «Shikama Doji» a Shinoa sin colocarle sellos? Él pensaba en todo eso. Si el amor que Mahiru le tenía a su hermana era cierto, él tenía que entregárselo así como estaba. Si no, él no debería entregárselo, y si tuviese que hacerlo, hoy era el día limite. La razón era que al día siguiente, el asalto a la «Secta Hyaku- ya» se llevaría a cabo. —……… Ayer, él le había dicho a Mahiru que el ataque comenzaría en 5 días, pero eso era una mentira. La realidad era que el ataque seria mañana. Esa sería una guerra total. Aunque la investigación del «Kiju» de su lado estaba progre- sando sin problemas, dado el inmenso tamaño de la organización «Secta Hyakuya», sin importar como él lo viera, dudaba que esa gente se fuese a rendir tan fácilmente. Pero aun así, era necesario hacerlo. La «Secta Hyakuya» había alcanzado lo prohibido, una in- vestigación destructiva llamada «El Serafín del Final». Esto había quedado claro luego de la investigación del «Mikado no Oni». Si ellos ignoraban eso, el mundo podría ser destruido. Por eso, mañana ellos comenzarían una guerra que podía in- volucrar al mundo entero. En cuanto a Guren, él había sido forza- do a estar en las líneas delanteras. En otras palabras, él podría morir. Si ese era el caso, él tenía que entregarle el «Shikama Doji» a Shinoa, y tenía que ser hoy. Mientras él pensaba en eso, el timbre sonó de repente. Se levantó del sofá, miró el monitor CCTV. En la pantalla, Mito apareció. — ¿Qué quieres, Mito?
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    122 — Eh… yaque no fuiste a entrenar, me preguntaba qué esta- bas haciendo. — Iré pronto. ¿No te lo dije hace poco? — No, eh… — Hoy estoy ocupado. Deberías irte. Luego, él apagó el moni- tor. Pues, si él le fuese entregar eso a Shinoa, tenía que asegurarse de que nadie lo viese. Y Mito podría estropearle el plan. Sin embargo, el timbre volvió a sonar. — Que molesta. ¿Ahora qué? — Eh… tengo algo que decirte. — Dilo desde allí. — No, eh… si me quedo afuera, no puedo decirlo… — Bueno, lo dirás luego. De todas formas, todos tienen que ir esta noche a la reunión sobre la batalla. En ese momento…. Sin embargo, ella habló con un tono de súplica. — Por favor. No te quitaré mucho tiempo, te lo pido, déjame entrar. Antes de morir mañana, tengo algo que decirte… Ella dijo eso con una expresión preocupada. Mañana ellos se dirigirían a las líneas delanteras de la batalla, por eso, la supervivencia no estaba garantizada. Guren dudó un momento, luego presionó el botón del seguro automático. — Entra. La expresión de Mito brilló. La imagen del monitor se desva- neció. ¿Qué tenía que decir? Dado que podrían morir mañana, ¿en qué estaría pensando? —……. Volvió a la mesa, recogió a «Shikama Doji» con un paño, y lo guardó en su bolsillo sin tocarlo directamente. Luego se volvió a sentar en el sofá. Encendió el televisor. En ese momento, lo que se mostraba en la pantalla era la transmisión de las noticias de entretenimiento del día. Como siempre, ellos estaban parloteando sobre quien podría estar teniendo una cita, cosas sin importancia. —………. No, era posible que ese tipo de cosas fuese más importante.
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    123 Si él queríafortalecerse o lo que sea, querer obtener algo, o querer salvar el mundo, y cosas así, era posible que eso solo fuese para dejar un legado. Si era así, entonces todos podrían decir que lo hicieron en nombre del amor, tener sexo, tener hijos o así. Entonces… — Comparado a los idiotas que se involucraran mañana en una guerra, estos cretinos de allí son lo que tienen la razón. Viendo las noticias de entretenimiento, Guren rió amarga- mente. El timbre volvió a sonar. — La puerta está abierta –dijo en dirección a la entrada, y Mito entró. Parecía tensa. Su rostro estaba ruborizado. Mañana ella entraría en el campo de batalla. Antes de eso, los humanos que querían dejar sus legados, ¿qué tipo de emociones estarían atendiendo? — L-lamento molestar. Mito se quitó los zapatos y entró en la casa. Pasando por la sala de estar, él estudió los alrededores. — ¿Y Yukimi-san y Sayuri-san dónde están? — Fueron a la reunión con la gente esa del «Mikado no Oni», y todos esos que irán a la guerra de mañana. — ¿Sí? — Si. Dime, ¿qué pasa? — No, eh, eh… Tartamudeó. Pero lo que ella quería decir, ya él lo sabía. Ella se había enamorado. Mirándola, Guren dijo: — ¿Entonces? — Eh… t-tengo algo que decirte. — ¿Qué es? — Eh… es lo mismo que te dije por teléfono la última vez. —……
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    124 — Eh, eh,en ese momento, debido a la ilusión de Mahiru-sa- ma, tuve algo así como, una pérdida de la razón o algo así… por eso no te transmití voluntariamente mis sentimientos… — Sin embargo, Guren la interrumpió. — Bueno, hoy es igual. La batalla de mañana será cruel. Por eso, estás temblando, solo debes estar malinterpretando todo. — ¡D…de ninguna manera! –gritó. Luego lo miró. Al verla así, Guren dijo: — Pero, que yo te guste, no es nada bueno. — Ah… En eso, su expresión se convirtió en pena. Se apretó su pecho con dolor. — E-entonces… ¿eso significa que he sido rechazada? Parecía que estuviese luchando por no llorar, quizá eso se po- dría decir que era hermoso. Mirando esa expresión tan linda. Ella decía que era su primer amor. Hasta ahora, ella solo había perseguido entrenamientos re- ligiosos, y nunca antes había tenido amigos. Entonces, ¿él debería aceptar su confesión? —………. En su corazón, él pensó que estaría bien aceptarla. Él no la odiaba. Si ellos muriesen mañana, si ellos pudiesen al menos dis- frutar el momento actual, entonces estaría bien aceptar sus sen- timientos. Sin embargo, Guren dijo: — Entonces, ¿tú lo que quieres es acostarte conmigo ahora? Al oír eso, Mito abrió sus ojos de par en par. Todo su rostro se ruborizó. — ¿Q-que estás diciendo…? Guren la interrumpió y dijo: — ¿Entonces quieres hacer algo más? ¿Casarte? Pero eso es algo que tus padres no aprobarán, ¿cierto? —…es verdad. — La Casa Jūjō siempre ha sido una de las familias más pres- tigiosas que sirven a la Casa Hiiragi en el «Mikado no Oni». Es definitivo que ellos no te permitirán
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    125 casarte con unaescoria de la Casa Ichinose. La Casa Hiiragi también se rehusará. Podrían castigarme, incluso todos los de la Casa Jūjō lo harían. Mito probablemente ya entendería las cosas. Esa era una re- lación prohibida. Incluso si ambas partes compartieran los mismos sentimien- tos, ellos no tenían futuro, solo sería una relación fugaz. Como ellos podrían morir mañana, eso no era algo del todo malo. Más que eso, abrazarse completamente desnudos con el fin de liberar su mente del miedo, era algo tentador. Al final, en las noticias de entretenimiento, ese tipo de cosas seria discutido como algo importante. Sin embargo… —…Mito –dijo Guren. Aun llorando, ella lo miró. — No trato de morir mañana. —…pero. — Y mucho menos dejarte morir. Pues eres una compañera muy importante para mí. Al oír lo que Guren decía. —…compañera. Ella dijo con voz temblorosa. Como si soportara la pena en su corazón, ella frunció el ceño, pero no pudo soportarlo, las lágri- mas cayeron por su rostro. —…no soy atractiva, ¿cierto? Ella susurró tan suave que él casi no podía oírla. Fue en ese momento en que él lo notó, ella se había maquillado un poco. Ella también llevaba ropa un ligeramente más atractiva de lo usual. Era bastante atractiva. Desde la primera vez que la vio, él lo creyó así. Guren siguió pensándolo, ¿cómo lograr que ella lo entendie- ra? Que entendiera que ella era una compañera importante por la que él arriesgaría su vida para protegerla. — Eres muy atractiva. Puedo aceptar tu declaración de hoy, puedo abrazarte también. Pero, ¿qué utilidad tiene? Si te abrazo, entonces ya no seriamos compañeros. —….
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    126 — Conversar ycasarnos está prohibido. Por eso es que, si acepto tu confesión, entonces perdería una compañera impor- tante. Y eso no es algo que quiero. Debido a esas palabras, las lágrimas de Mito cayeron como lluvia. — Entonces, ¿qué debería hacer? —…… — ¿Qué hago…con estos sentimientos…? —…… Apretándose el pecho, Mito lloró. Parecía como si tratara desesperadamente de suprimir el llan- to. Exhaló profundamente, y luego inhaló. Luego… —…d-dijiste que yo soy muy importante, ¿cierto? Guren le respondió con seriedad. — Si. Es cierto. — Entonces… eh… somos compañeros. — Si. — Compañeros, muy importantes. — Si. Mito se secó las lágrimas con el dorso de su antebrazo. Luego dijo: —…lo entiendo. Me iré. — Bien. Esta noche, entes del encuentro, juguemos juntos. Ella sonrió, sus ojos se humedecieron. — Me aseguraré de que pierdas. — Jajaja. Mito se volvió. Rápidamente salió de la habitación. Guren lo sabía, ella estaba llorando todavía. Luego que Mito se fue, él apagó la TV, y su casa quedó en silencio. Guren quedó inmóvil por un momento. El tic-tac del reloj sonó en la habitación.
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    127 Sonaba como lacuenta regresiva para el inicio de la batalla, y además un conteo hacia la destrucción del mundo. Proteger a sus compañeros más importantes, esos que depen- dían de él. ¿Qué debería hacer para eso? ◆ ◆ ◆ 12 de diciembre: De acuerdo al plan secreto, el ataque apuntado a la investi- gación del «Serafín del Final» de la «Secta Hyakuya», comenzó. Las enormes arenas donde la investigación «Serafín del Fi- nal» se llevaban a cabo, daban un total de 8 solo en Japón. Ellos las atacarían al mismo tiempo. El «Mikado no Oni» había pasado todo un mes preparando eso. Se suponía que Guren y los demás atacarían un instituto de investigación oculto en los bosques de Saitama. Conteniendo sus alientos y ocultos en el pasto, el escuadro de doscientas personas armadas con el «Kiju», y liderados por Kure- to Hiiragi, esperaban la señal del inicio del ataque. Sin embargo, ellos no atacaron el instituto de investigación de la «Secta Hyakuya». Unos cuantos helicópteros flotaban en el aire. De esos helicópteros, unas cuantas figuras humanas descen- dieron al instituto, y luego de eso, hubo explosiones en las áreas cercanas al lugar. Guren observó esas rojas y furiosamente ardiendo bolas de fuego. Detrás de él, Shinya preguntó. — ¿Qué diablos pasa? No tenía forma de saberlo. Los eventos sucedieron repentinamente antes del ataque. Kureto se levantó, y desplegó órdenes de retirada a los 200 hombres del escuadrón, incluyendo a Guren. En ese momento, alguien saltó del helicóptero, y aterrizó cer- ca de un grupo de personas.
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    128 Cuando tocó tierra,hubo un estruendo. La gente normal ha- bría sido asesinada por saltar de tal altura. Incluso si activaban el «Kiju», los huesos de sus piernas hubiesen terminado rotos. Sin embargo, la persona que aterrizó parecía estar desarma- da. Era un hombre que usaba un uniforme de batalla de color blanco, uno que ya habían visto antes. Sus ojos eran rojo sangre. En su boca, unos colmillos hacían presencia. — ¿…vampiros otra vez? –suspiró Guren. Recientemente, parecía que los vampiros aparecían con más frecuencia frente a él. Habiendo obtenido el «Kiju», él debería ha- ber obtenido más fuerza que los humanos, pero justo cuando la obtenía, una fuerza aun mayor aparecía ante sus ojos. Después de todo, cuando luchó con un vampiro, incluso con la tecnología del «Kiju» que había avanzado a tal estado, él no sería capaz de ganar – esa era su conclusión actual. Para ser ho- nestos, el escuadrón de seis personas que Guren lideraba no había sido capaz de tratar con Mahiru. En otras palabras, en este momento, ellos no podían ganarse de enemigos a la organización de los vampiros. Kureto también debería entenderlo. Si ellos fuesen vistos, to- dos serian matados en un instante. El vampiro ni siquiera volvió su cabeza antes de dirigirse al escuadrón camuflado en el pasto. —…hermanitos de las hormigas, ¿quiénes son ustedes? — No somos la «Secta Hyakuya». Venimos a atacarlos a ellos. — ¿El «Serafín del Final», es su objetivo? —…si digo que sí, ¿qué harás? — Matarlos a todos. Mirando a Kureto, uno podía decir que él comenzaba a pre- ocuparse. Los vampiros probablemente matarían a los humanos rela- cionados al «Serafín del Final». El instituto de investigación seguía siendo destruido por las explosiones. Los humanos y la investigación seguían dentro, to- dos eran quemados y se reducirían a cenizas.
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    129 Evidentemente, esas noeran acciones de alguien que desease obtener el «Serafín del Final». Lo que los vampiros querían era la destrucción completa. — ¿Qué deberíamos hacer para que ustedes nos salven? — Sálganse de mi vista. La «Secta Hyakuya» acabará hoy. — ¿Quieren ayudarnos a acabar con el plan «El Serafín del Final» de esos bastardos? — Exacto. — Entonces, ¿la destrucción que vendrá en 13 días también será prevenida? Al oir esas palabras, el vampiro se volvió. — ¿De qué estás hablando? — La «Secta Hyakuya» comenzará el «Serafín del Final» este año, en Navidad. Alguien dijo que luego de eso, el mundo termi- nará. — Jajaja –rió el vampiro–, ¿qué es eso? ¿Esos cretinos pueden predecir el futuro? —…… — ¿Son profetas o algo así? –con una mirada como si menos- preciara algo insignificante, el vampiro miró a Kureto y dijo con desprecio. Luego, otro vampiro apareció desde la dirección del instituto de investigación. — Luigi. En eso, el vampiro llamado Luigi se volvió. — Lucal Wesker-sama. — ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no has matado a esos? — Pues no parecen ser de la «Secta Hyakuya». — ¿Ah, sí? El vampiro que fue llamado como Lucal Wesker se les acer- có. Era un hombre vestido de forma inusual. Vestía un sombrero alto, ropa arcaica. Con una mirada, se podría decir que era de la nobleza. Sin embargo, los humanos eran incapaces de ganarle a los no- bles. Sus ojos calculadores miraron en su dirección. Su lengua so- bresalió. — Si no son de la «Secta Hyakuya», ¿podemos bebernos su sangre?
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    130 —…no tengo opiniónalguna. Lucal se le acercó a Kureto. Guren observó todo eso. Kureto no se podía mover. Aunque había 200 tropas armadas con el «Kiju», ocultas, cuando enfren- taban a los vampiros, no podían moverse. No, la verdad era que entre los subordinados de Kureto, había algunos que querían atacar. Si fuesen 200 hombres, matar a sus oponentes podría ser posible. Sin embargo, Kureto hizo señas detrás de su espalda para que se detuviesen. — Lucal también pareció haber notado eso. — Sabia decisión. Ganado estúpido, tu cabeza está a punto de caer al suelo. —…fingir no ver nada. Luego, Lucal extendió ligeramente un dedo hacia la cabeza de Kureto. En él, había una larga uña. Si al menos llegase a temblar, la cabeza de Kureto seria fácilmente cortada. Luego… — Muy bien. Como recompensa por no atacar tan ruidosa- mente, los dejaré ir. De todas formas, lo que me interesa en la sangre de los niños. Así, empujó el pecho de Kureto con fuerza. Kureto se tambaleó. Lucal se volvió de espaldas a Kureto, expuesto completamen- te. Su actitud era la de menospreciar al ganado vulnerable, como si no hubiese necesidad de prestarles atención. Desde el helicóptero en el cielo, una voz llegó. — ¡Destrucción completada! ¡Procederemos a aniquilar la próxima fortaleza de la «Secta Hyakuya». Lucal levantó la mirada. — ¿Acaso Krul no dijo que ella podía hacer eso por si sola? Mientras hablaba, él se fue con Luigi. En cuanto a los humanos, lo único que podían hacer era mi- rar todo eso en silencio, estupefactos. ◆ ◆ ◆ Durante los diez días siguientes, la «Secta Hyakuya» fue em- pujada al borde de la destrucción.
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    131 Todos los vampirosdel mundo unieron fuerzas para atacar las fortalezas de la «Secta Hyakuya». En el mundo de las organizaciones mágicas, este fue reporta- do como un gran evento. La organización mágica más grande, la cual había quedado ubicada en primer o segundo lugar en térmi- nos de fuerza global, había sido destruidas casi por completo en tan solo 10 días. En los corazones de todos, eso quedó profundamente graba- do, el destino que cayó sobre aquellos involucrados en la investi- gación del «Serafín del Final». Era probable, que por ahora, no hubiese más organizaciones que quisieran formar parte en esa investigación. Era demasiado peligroso. Sin importar cómo lo colocaran, era cierto que la «Secta Hyakuya» fue aniquilada en un instante. Por eso era que esto sería el fin de ello. Siempre y cuando ellos no investigaran al «Serafín del Final», el mundo no sería destruido. En otras palabras, el mundo había sido salvado. Los humanos no recibirían la retribución divina. Sin embargo. — ¿Ese era realmente el caso? ◆ ◆ ◆ 23 de diciembre: Guren decidió de repente ir al Orfanato Hyakuya operado por la «Secta Hyakuya», es decir, el edificio experimental de dicha organización al que Mahiru no quería que él se acercara. La investigación del «Serafín del Final» también debería es- tarse llevando a cabo allí. Él recordó que Saitou parecía estar con un sujeto de prueba llamado Mikaela. Ese era un nombre que también aparecía en la información que Mahiru dejó, esa relacio- nada al «Serafín del Final». Él pensó que el orfanato estaría vacío esos niños ya debería estar muertos. Como estaban relacionado al «Serafín del Final», ellos debie- ron haber sido masacrados por los vampiros. Guren caminó por el edificio vacío. Aun había rastros de que los niños vivieron antes allí.
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    132 Un perro extrañodibujado en el pizarrón. Carteles pegados en los muros. Futones abiertos. Había incluso algunas habitaciones donde los nombres de los niños que vivían allí estaban escritos. Iida Akane. Hayama Juni. Endo Isamu. Entre ellos, él lo encontró. Shindo Mikaela. Ese nombre. —…….. Guren entró en la habitación. Se trataba de un cuarto para dos personas. Había dos camas, y dos mesas. Algo como un diario yacía abierto en una de las mesas. Guren lo miró. Si era un diario. La última fecha escrita en él era el 8 de di- ciembre. Eso fue 4 días antes del ataque de los vampiros. En el diario, había una caligrafía tan hermosa que no parecía pertenecer a un niños, y el contenido era… Hoy, Akane se cayó y se hirió. Akane, que siempre es tan ale- gre, lloró todo el día por haberse caído. Ella debió sentirse muy sola. Por supuesto, yo también estoy solo. Aunque hoy debíamos decir adiós al orfanato, el ser capaz de mudarnos a un lugar distinto con todos aquí, me alegra mucho. Porque incluso si se trata de un lugar nuevo, seguiremos estando juntos. Por eso no tenemos que llorar. Pero incluso así, se siente solitario dejar este lugar.
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    133 Seria lindo siel lugar al que vamos, fuese un lugar bonito… Cosas así estaban escritas. El diario era irrelevante. Los niños del orfanato fueron trasla- dados a otro lugar, un lugar erróneo. Así es como era. Sin embargo… —…cuatro días antes de que los vampiros atacaran. ¿Es una coincidencia? –murmuró Guren–. ¿O es que esos desgraciados ya sabían que serían atacados por los vampiros? Si ese fuera el caso, entonces todo se complicaba. Si realmente Shindo Mikaela estaba vivo en algún lugar, que- ría decir que el plan del «Serafín del Final» seguía en marcha. Dentro del oscuro orfanato, Guren sintió que los latidos de su corazón se aceleraron un poco. Era ansiedad. Una ansiedad muy fuerte. Ya hoy era 23 de diciembre. Si la investigación continuaba, y la destrucción del mundo ocurría el 25 de diciembre, como Ma- hiru lo dijo, ¿qué debería hacer él entonces? Guren salió del orfanato. Sacó su celular y marcó un numero. La llamada conectó de inmediato. — ¿Qué? — Kureto, ¿la «Secta Hyakuya» ha sido realmente destruida? — Claro. — ¿Estás seguro? — ¿Cuál es el problema? — Fui al orfanato Hyakuya. Leí un diario que quedó, perte- neciente a uno de los huérfanos. Ellos fueron trasladados a otro lugar, cuatro días antes del ataque de los vampiros. —….. — Déjame confirmarlo de nuevo. ¿La «Secta Hyakuya» ha sido…? En ese momento, Kureto habló. — Ya he recibido reportes sobre el Orfanato Hyakuya en Shi- buya. Se dice que todos los niños fueron asesinados, indepen- dientemente del lugar.
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    134 — ¡De ningunamanera! Eso no puede ser. El orfanato no fue atacado. No hay rastros de sangre o daño. — Tsk… Él pudo escuchar el sonido de Kureto quedando sin habla. — ¿De quién recibiste el reporte? –preguntó Guren. — La gente a cargo perteneciente a Nii y Kuki. Nii y Kuki eran los apellidos de dos familias prestigiosas e influénciales entre los sirvientes de la Casa Hiiragi. Si Nii y Kuki se habían convertido en traidores… Si ellos estuviesen siguiendo a la «Secta Hyakuya». — Investiga esto de inmediato. Estás a la espera. — ¿Dónde? — Te enviaré un mensajero. No me llames. Si esto es cierto… Ellos estarían siendo espiados. Eso era cierto. Sin embargo, antes de esas últimas palabras, Kureto jadeó débilmente. — ¿Qué sucede? —……. — Oye, ¿Kureto? — El enemigo está aquí –respondió Kureto. — ¿Enemigo? ¿Quién demonios es el enemigo? En eso, Kureto habló fríamente. —…Mahiru y la Casa Nii están liderando a los escuadrones aquí. — ¿…qué? — Voy a colgar, Guren. Mataré a los traidores. — Espera un minuto. Iré a ayudar… Pero en ese momento, la llamada finalizó. Guren miró su celular, el cual acababa de ser colgado. Luego consideró lo que realmente debía hacer a continuación. Él no entendía lo que iba a pasar ahora.
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    135 Aunque la «SectaHyakuya», que había estado llevando a cabo el estudio «Serafín del Final» había sido destruida, parecía que la investigación continuaba. Probablemente involucraba infiltrados en el «Mikado no Oni». Ya hoy era 23 de diciembre. Si esto realmente era el punto muerto del mundo tal como Mahiru lo había predicho, entonces solo quedaban 2 días. Parecía que todo lo que estaba sucediendo ahora era de acuerdo a la voluntad de Mahiru. Sin importar lo que él dijera, no sabía siquiera que estaba pasando o donde iban a suceder las cosas ahora. Tan pronto como comprendió que Nii y Kuki se habían con- vertido en traidores, él fue incapaz de distinguir quien era el ene- migo y quienes los aliados de entre las nueve familia bajo la Casa Hiiragi. En esta situación, el «Mikado no Oni» también estaba en riesgo. Además, en este caso, donde él no conocía a sus aliados y enemigos, un enfrentamiento directo estaba por brotar. En tal situación, ¿qué era lo más correcto que pudiese hacer él? El mundo estaba por acabar. Mejor dicho, el mundo se acabaría. Era como si todo esto hubiese sido planificado y no se pudie- se detener. ◆ ◆ ◆ Guren llegó a la 1 de la tarde al apartamento de Shinoa – la hermanita de Mahiru. Sin presionar el timbre, Guren abrió una ventana y entró a la habitación. Como siempre, Shinoa estaba sentada en el sofá mirando al espacio. Mirando a Guren, dijo: — ¿Podrías NO entrar en las habitaciones de otro como si nada? Ignorándola, Guren sacó el objeto que Mahiru le había ins- truido entregarle a Shinoa y lo colocó en la mesa frente a ella. Era una pequeña varita con la fuerza de un «Kiju». Se llamaba «Shikama Doji». Mirándola, Shinoa dijo: — ¿…eso qué es? — Es un armamento «Kiju». — Y ¿por qué viniste aquí con ese armamento? — Mahiru me dijo que te lo entregara. Parece ser capaz de protegerte.
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    136 — ¿Y dequé diablos se supone que me va a proteger? — De la destrucción del mundo. — ¿Ah? ¿El mundo va a ser destruido? — ¿Quién sabe? Pero lo detendré. Al decir eso, Guren se devolvió por el camino que llegó. Ya no podía seguir perdiendo el tiempo allí.
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    138 — ¿Qué necesitabahacer? — ¿Qué era lo que necesitaba hacer para prevenir la destruc- ción del mundo? Guren salió de la habitación de Shinoa. Luego, desde el exterior, se escucharon los sonidos de explo- siones. Era otra vez la guerra. Parecía que la guerra había explo- tado cerca de Shibuya. Desde el elevador, él sintió un aura asesina. Un hombre usando el uniforme de batalla del «Mikado no Oni», igual que Guren, levantó una espada «Kiju», acercándosele. Ciertamente, era una lucha interna. El enemigo no era la «Secta Hyakuya». Parecía que dentro del «Mikado no Oni», la «Secta Hyakuya» se había infiltrado insidio- samente hasta el punto de no volver. —…maldita sea. Guren regresó a la habitación de Shinoa. Cerró la ventana. — ¿Eh, ya terminaste de salvar el mundo? –dijo, forzando sus palabras. Guren no tuvo tiempo de responderle. Colocó su mano en la espada en su cintura. — Noya. Dame fuerza. Él activó el «Kiju». La maldición del Demonio Negro apare- ció por todo su cuerpo. Luego, sus sentidos se agudizaron, y supo que había tres personas detrás de él a punto de atacar. Guren movió su cabeza a un lado y gritó. — ¡Shinoa! Luego, desde fuera de la ventana de la habitación, hombres con el mismo uniforme de batalla que él, entraron. Uno lanzó un ataque hacia Shinoa. Los otros dos miraron a Guren y atacaron. — ¡Muévete, Noya! Guren saltó. Osciló su espada, y se movió a una velocidad varias veces mayor a la de sus enemigos. En un instante, él cortó los cuerpos de los tres hombres que entraron allí. En un instante, él había arrebatado tres vidas. La sangre fresca que se esparció del cuerpo, se marcó en toda la habitación. Shinoa fue bañada de la cabeza hasta los pies, todo su cuerpo era carmesí. Pero a él no le importó eso. Tomó el brazo de Shinoa y dijo:
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    139 — ¡Apresúrate ytoma el armamento «Kiju»! No tenían tiempo para elegir. Todo sucedía de acuerdo al plan de Mahiru. Si era así, entonces había una enorme posibilidad de que el mundo fuese destruido. Cuando ese momento llegara, esta arma sería necesaria. Shinoa miró a Guren con una expresión ligeramente confun- dida antes de tomar la varita. En un abrir y cerrar de ojos, ella perdió el conocimiento. Él no comprendió que le pasaba a su cuerpo. ¿Cuáles eran los efectos de ese equipo «Kiju» que Mahiru le había dado a ella? ¿Qué quería Mahiru lograr con usarla? Eso no lo sabía Guren. Guren tomó a la inconsciente Shinoa con su mano izquierda. Luego cortó la cabeza del hombre que lo atacó. El celular en su bolsillo sonó. Lo sacó con la mano que suje- taba la espada, y vio que era Goshi. Presionó el botón contestar. Luego lo colocó en altavoz, subió todo el volumen, hasta final- mente guardarlo en el bolsillo de su pecho. Desde allí, la voz de Goshi llegó. — ¡Oye, Guren! ¿Estás bien? Guren respondió mientras saltaba de la ventana de la habita- ción de Shinoa. — ¿Dónde estás? — En tu casa con Mito-chan, está incendiándose. — ¿Fue un ataque? Shigure y Sayuri deberían estar en casa. Goshi continuó. — ¿Quiénes eran? Estaban usando uniformes de batalla del «Mikado no Oni». — Nii y Kuku nos traicionaron. — ¡¿EH?! — En fin, primero debemos reagruparnos. Si los atacan… — ¡Mierda! Ten cuidado… En ese momento, la llamada se cortó. — ¡Maldición!
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    140 Afortunadamente, su casano estaba lejos de la de Shinoa. Guren saltó del apartamento. Clavó su espada en la pared para descender lentamente. Luego aterrizó en el suelo. Se dirigió a la calle principal. Los transeúntes vieron a Guren quien estaba bañado en san- gre, abrazando a una niña y sujetando una espada japonesa, que- daron en shock pero no gritaron. Así, Guren corrió a la calle. Detuvo a un motociclista al frente del semáforo. — ¡Oye, tú! Comenzó el motociclista, pero al ver que Guren estaba baña- do en sangre, se calló. — La tomaré prestada –dijo mientras se montaba en la moto. Ignorando las luces en rojo, arrancó a toda velocidad. La motocicleta aceleró a 80Km/h. zigzagueando entre los ca- rros. Cuando estuvo a punto de llegar a su casa, una van se acercó hacia él desde la dirección contraria. El lado de la van chocó con Guren. La motocicleta se deslizó. Guren fue lanzado de la motocicleta. Para proteger a Shinoa, él la abrazó y clavó sus pies en el suelo. Sus piernas recibieron un impacto tremendo. Sus huesos y músculos crujieron, pero no se rompieron. Guren usó el «Kiju» para protegerse. La ventana de la van se abrió. Dentro se encontraban unos soldados con uniformes del «Mikado no Oni». Al ver que las armas de los soldados eran espadas japonesas que había visto antes, el corazón de Guren se hundió. Si ellos estuviesen usando simples espadas japonesas, en una situación normal, eso significaría que estaban el «Kiju» produci- do en masa. Sin embargo, si se trataban de otras armas como hachas o revólveres, entonces serian soldados que formaron contratos con demonios de forma independiente para usar el «Kiju» y obtener resultados extraordinarios. En el carro, había soldados con un hacha, un arco y una kata- na con una hoja roja. En otras palabras, al menos tres personas no usaban «Kiju» normales. Esta batalla no sería fácil de ganar. Ya no podría diri- girse de inmediato al lugar donde Goshi y los demás estaban. —……
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    141 Justo cuando estabanpensando en eso, desde una distancia detrás de la van, varias balas con forma de tigre llegaron volando. Las balas se tragaron la van. Eran balas disparadas por el Demonio de Shinya llamado «Byakkomaru». Esas balas se tragaron el vehículo. Con una ex- plosión feroz, la van se desvaneció. Unos segundos después, la motocicleta que Shinya conducía se detuvo detrás de Guren. — Wow, eso fue peligroso, Guren. Guren miró a Shinya. — La situación… Pero Shinya asintió rápidamente. — Lo escuché todo. — ¿Quién te crees? ¡¿El rey del espionaje?! Shinya lo ignoró y dijo: — La situación actual es bastante grave. Ya estamos a 23 de diciembre. — Es grave, por eso estoy corriendo. — ¿Tienes algún método para salvar el mundo? — ¿Cómo voy a saberlo? En fin, no hay tiempo que perder. Goshi y los demás. Pero Shinya sacó un teléfono de su bolsillo, girándolo de un lado a otro. — Ya he confirmado que están bien. Sayuri, Shigure y yo nos reagrupamos, y matamos a 20 enemigos. Sorprendente, ¿no? So- mos asesinos en serie. Al oírlo hablar así, Guren se relajó. Todo estaba bien siempre y cuando ellos lo estuviesen. Más que eso, ellos habían matado a 20 de sus antiguos camaradas. Sus oponentes también deberían poseer equipos «Kiju». En otras palabras, Goshi y los demás – sus compañeros eran exce- lentes. — Muy bien, agárrate. Shinya extendió una mano hacia él. Sujetándola, Guren se le- vantó. En eso, Goshi y los demás también llegaron en una van. Gos- hi, quien estaba sentado en el asiento del conductor, dijo: — ¡Suban! ¡Es un carro robado, por eso hay policía siguién- donos! Guren y Shinya entraron en el vehículo.
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    142 Luego vio aMito, Sayuri y Shigure dentro. — ¡Guren! — ¡Guren-sama! — ¡¿Está ileso?! Ellas, que estaban preocupadas por él, estaban todas heridas. Sin embargo, esas heridas desaparecerían pronto. Pues ellas tam- bién tenían la fuerza del «Kiju». La van aceleró. — ¿Hacia dónde iremos? Goshi se dirigió hacia Shinya, quien estaba con su escopeta. Pero este no le respondió, sino que se volvió sobre su hombro hacia Guren. — Goshi te está preguntando, ¿qué deberíamos hacer, Guren? —……….. — ¿Qué deberíamos hacer para salvar el mundo? Guren no lo sabía. Pero si él evitaba esa responsabilidad, el mundo terminaría. Entonces ¿qué demonios deberían hacer? Guren le entregó a Shinoa a Sayuri y Shigure quienes estaban sentadas en la tercera hilera, y se sentó en la segunda hilera. En eso, él sacó el celular que había ubicado en el bolsillo de su pecho. Recorrió el registro de llamadas. Había unos cuantos números telefónicos de Mahiru. Eran números que ella había usado para llamarlo hasta ahora. Guren no sabía cuál numero marcar, y la van se detuvo en un semáforo en rojo. A un lado de la calle había una tienda de conveniencia. Allí había un cartel con las palabras «Pastel de Navidad» escritas. Los empleados de la tienda estaban disfrazados de Santa Claus. Mirando todo eso… —…en la Navidad de este año, realmente quiero comer un pastel de navidad –dijo algo que no encajaba con la ocasión. Todos sus compañeros lo miraron al mismo tiempo. Goshi se echó a reír. — ¿Pastel de chocolate?
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    143 — Quiero comeruna torta de lujo. De esas con muchas fresas –dijo Mito. — ¡Ah, bueno, haré ambas! –se unió Sayuri. Shinya sonrió: — Después de eso, ¿quieren intercambiar regalos? — ¡No está mal! –dijo Goshi. En ese momento, Shigure habló delicadamente. — Eh, eh… si este es el último pastel de mi vida, me gustaría comer ese pastel de castañas… Como era raro que Shigure expusiera sus ideas, todos rieron. Sin embargo, si el apocalipsis llegaba en dos días, este tema de pasteles sería un sueño dentro de un sueño. Por eso… — Escuchen, voy a contactar a Mahiru, y pedirle ayuda. Esta conversación probablemente sea espiada por el «Mikado no Oni». Así que, creo que incluso si tenemos éxito en detener la destrucción del mundo, también nos convertiremos en traidores y seremos ejecutados. —….. Todos escuchaban en completo silencio. Guren continuó: — Si hay alguien que no quiera continuar, se puede bajar. In- cluso si estoy solo… — Ah, bien, está bien –lo interrumpió Shinya–. Apresúrate y muévete. A esto, Goshi se le unió. — Si el mundo se acaba, la conclusión seria la misma que ser ejecutado con todos. — Confío en ti, Guren –añadió Mito–. Pues eres nuestro compañero más importante. Compañero más importante. Ella le dijo eso. Sayuri y Shigure no dijeron nada. Incluso si no lo hacían, sus expresiones dejaban en claro que ellas seguirían a Guren. Mirando a sus compañeros, Guren rió. — Sabía que dirían eso. Por eso, si podemos sobrevivir a la Navidad, comamos pastel de chocolate, castañas y de lujo mien- tras jugamos juntos. Todos sonrieron y asintieron.
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    144 — Bien, meesforzaré por el bien de esta meta. Llamaré a Ma- hiru. Guren presionó el botón llamar. El teléfono no sonó. Guren se rindió de inmediato y marcó otro número. La línea sonó una vez. Dos veces. Tres veces. Cuatro veces. Al quinto sonido, la llamada conectó. — Guren. — Mahiru. — ¿Me estas invitando a una cita navideña? — Si. Traicioné a la Casa Hiiragi. Te ayudaré. — Jajaja~ Mahiru rió, complacida. Luego el sonido volvió a sonar. Un kacha-kacha. El sonido de la desesperación. El sonido de los pasos aproximándose a la destrucción. Solo quedan dos días hasta la destrucción del mundo. Quedaba muy poco tiempo para el fin del mundo. Hacia un mundo de sangre. Esta es una historia de humanos luchando contra la destruc- ción de la humanidad. La historia de los humanos que desesperadamente resisten hasta el final.
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