El documento discute la influencia negativa de los medios de comunicación masivos en la transmisión de tradiciones culturales y la experiencia religiosa, alertando sobre su capacidad para imponer antivalores. A pesar de los riesgos, se propone que la Iglesia utilice estos medios para la evangelización y formación crítica, comprometiéndose a promover la creación de medios católicos y educar en su uso. Se enfatiza que el internet, aunque valioso, debe ser un complemento y no un sustituto de las relaciones personales y la vida comunitaria.