La ira de Dios se manifiesta cuando los hombres desobedecen su palabra y se rebelan contra él. Dios destruyó a las naciones impías en el pasado con su ira. Sin embargo, Jesús, como el Cordero de Dios, experimentó la ira de Dios en nuestro lugar en la cruz para salvarnos. Ahora, para los que creen en él, no habrá ira sino salvación.