Este documento describe las bodas del Cordero como la celebración de la unión eterna entre Cristo y su Iglesia. Explica que la Iglesia es la esposa del Cordero, quien ha sido preparada y vestida por Dios para las bodas. También discute que Israel fue invitado originalmente a las bodas pero lo rechazó, resultando en juicio. Finalmente, detalla las obligaciones de la Iglesia de reconocer el reino de Dios, alabarlo y actuar justamente mientras espera las bodas celestiales.