LA PRINCESA Y EL CAMPESINO
El marido, feliz, ordenó invitar a todo el mundo a una gran fiesta para celebrar la
estupenda noticia. La niña nació antes de lo que esperaban, nació muy débil, pero
cuando todos pensaban que no habría esperanzas para ella, aparecieron tres
hadas mágicas. El hada de la felicidad, el hada de la fuerza y el hada del amor. Las
hadas se acercaron al rey Rafael y le dijeron que le concederían tres dones a su
hija. La primera, el hada de la felicidad, le concedió el don de hacer felices a
quiénes la rodeaban.
La segunda, el hada de la fuerza, la concedió el don de tener fuerza ante la
adversidad, que en ese momento era uno de los más importantes, pues sería el
que la haría sobrevivir. La tercera, el hada del amor, la concedió don de ser capaz
de amar a una persona con todo su corazón. La niña logró sobrevivir y sus padres
la llamaron Ana, pues Ana significaba la de la gracia, y según decían los sabios del
reino sería una persona buena, cariñosa y sensible.
Y así fue, la niña era muy buena y hacía felices a todos los que la rodeaban, pues
ella tenía el don de hacerlo. Ana era una de las niñas más bonitas del reino, tenía
una belleza tanto por fuera como por dentro, que todas las niñas del reino
envidiaban. Pero los padres de Ana desde antes de que naciera la
comprometieron con el príncipe de Jaén, pues Rafael ansiaba poder unir los dos
reinos, y esa era la única forma.
Los años fueron pasando, y nuestra querida y preciosa Ana ya era toda una mujer
de diecinueve años. Se había convertido en una mujer tremendamente bonita y
todos los príncipes de los reinos próximos soñaban con poder casarse con ella. Un
precioso día de verano, Ana salió al bosque con su precioso caballo blanco a coger
fresas, la seguían unas preciosas mariposas, pues ni los animales podían
controlarse con tanta belleza cerca.
Pero de repente apareció un muchacho, al parecer un campesino, con aspecto
pordiosero, la verdad no muy guapo pero tenía aspecto de ser muy feliz. El
muchacho quedó impresionado con la princesa, supo al instante que se había
enamorado de la joven del caballo. La princesa se acercó al joven y le preguntó
que por qué estaba tan feliz, el muchacho casi sin poder articular palabra, pues
aún no había logrado salir del embrujo de sus ojos, la contestó: usted mi señora,
usted es la que me hace feliz, ha sido verla y saber lo que es la felicidad plena.
La princesa, se quedó un poco confusa, sin saber muy bien qué decir, ella se bajó
del caballo y se acercó al muchacho, y mirándole a los ojos le preguntó que cuál
era su nombre. El muchacho, avergonzado por no haberse presentado antes, hizo
una reverencia y la dijo que se llamaba Javi y que era un campesino que trabajaba
cultivando el campo.
Los dos jóvenes estuvieron toda la tarde paseando y conversando, él la hacía reír
y ella le hacía sonrojar cada vez que sus ojos se juntaban. Cuando calló la noche
ella tuvo que irse, pues sus padres la esperaban en el palacio para darle una
noticia muy importante.
Cuando llegó al palacio, encontró que sus padres estaban reunidos en el salón
principal esperándola, con un muchacho muy guapo. Ella se acercó y preguntó
que cuál era esa noticia que tenían que darle. Sus padres la dijeron que desde el
momento que supieron que ella iba a venir al mundo, estaba comprometida con
el príncipe Andrés de Jaén, que era el muchacho guapo que estaba a su lado.
Ella y el príncipe se fueron al patio para poder conocerse, al instante la princesa
se dio cuenta de que el príncipe era un presumido y un arrogante, y ella no quería
casarse con él por nada del mundo. Durante el siguiente año, mientras todos
preparaban la boda de los príncipes, la princesa Ana seguía yendo al bosque para
poder conversar con su amigo Javi el campesino. Ella le contaba que no quería
casarse con el príncipe Andrés, porque era un chico muy presumido y no podría
amarle nunca.
El día de la boda, la princesa se despertó muy triste, pues sabía que ya no podría
hacer nada y que hoy sería la princesa Ana de Jaén, estaba muy triste. Sus amas
de llave la ayudaron a vestirse con el vestido que la había comprado para la boda,
y ellas también estaban tristes, pues sabían que la princesa no amaba al príncipe.
En el momento de la boda, mientras el cura los estaba casando, apareció por la
puerta un joven campesino gritando que detuvieran la boda, diciendo que no
podían casarse porque él amaba a la princesa y aunque no sabía si ella le
correspondía sabía que ella no amaba nunca.
El día de la boda, la princesa se despertó muy triste, pues sabía que ya no podría
hacer nada y que hoy sería la princesa Ana de Jaén, estaba muy triste. Sus amas
de llave la ayudaron a vestirse con el vestido que la había comprado para la boda,
y ellas también estaban tristes, pues sabían que la princesa no amaba al príncipe.
En el momento de la boda, mientras el cura los estaba casando, apareció por la
puerta un joven campesino gritando que detuvieran la boda, diciendo que no
podían casarse porque él amaba a la princesa y aunque no sabía si ella le
correspondía sabía que ella no amaba al príncipe y él quería que ella fuera feliz y
se casara con el hombre que ella quería.
La madre del príncipe, que en realidad era una malvada hechicera, al ver que los
padres de ella no estaban dispuestos a obligar a su hija a casarse con alguien que
no amara, se convirtió en dragón y fue directa hacia el campesino para matarlo
por su traición. El príncipe, con mucho valor enfrentó a la malvada hechicera,
cabalgando en su caballo fue hacia ella envainando su espada.
Fue una labor difícil, pues la malvada hechicera se valía de cualquier conjuro para
echar fuego por la boca, e incluso volar con sus pequeñas alas de dragón. Pero el
valiente campesino, con una fuerza mayor a la magia, el el amor que sentía por la
princesa, hizo que tuviera la suficiente fuerza para derrotar a la malvada
hechicera.
Al final, la princesa y el campesino se casaron, y todos los días se iban a cabalgar
al bosque, a ir a beber chocolate de los ríos, pues el chocolate de los ríos de
aquella zona eran los más dulces de todo el país. Y los dos jóvenes, con un
precioso beso final, vivieron felices y comieron perdices.
FIN

La princesa y el campesino

  • 1.
    LA PRINCESA YEL CAMPESINO El marido, feliz, ordenó invitar a todo el mundo a una gran fiesta para celebrar la estupenda noticia. La niña nació antes de lo que esperaban, nació muy débil, pero cuando todos pensaban que no habría esperanzas para ella, aparecieron tres hadas mágicas. El hada de la felicidad, el hada de la fuerza y el hada del amor. Las hadas se acercaron al rey Rafael y le dijeron que le concederían tres dones a su hija. La primera, el hada de la felicidad, le concedió el don de hacer felices a quiénes la rodeaban. La segunda, el hada de la fuerza, la concedió el don de tener fuerza ante la adversidad, que en ese momento era uno de los más importantes, pues sería el que la haría sobrevivir. La tercera, el hada del amor, la concedió don de ser capaz de amar a una persona con todo su corazón. La niña logró sobrevivir y sus padres la llamaron Ana, pues Ana significaba la de la gracia, y según decían los sabios del reino sería una persona buena, cariñosa y sensible. Y así fue, la niña era muy buena y hacía felices a todos los que la rodeaban, pues ella tenía el don de hacerlo. Ana era una de las niñas más bonitas del reino, tenía una belleza tanto por fuera como por dentro, que todas las niñas del reino envidiaban. Pero los padres de Ana desde antes de que naciera la comprometieron con el príncipe de Jaén, pues Rafael ansiaba poder unir los dos reinos, y esa era la única forma. Los años fueron pasando, y nuestra querida y preciosa Ana ya era toda una mujer de diecinueve años. Se había convertido en una mujer tremendamente bonita y todos los príncipes de los reinos próximos soñaban con poder casarse con ella. Un precioso día de verano, Ana salió al bosque con su precioso caballo blanco a coger fresas, la seguían unas preciosas mariposas, pues ni los animales podían controlarse con tanta belleza cerca. Pero de repente apareció un muchacho, al parecer un campesino, con aspecto pordiosero, la verdad no muy guapo pero tenía aspecto de ser muy feliz. El muchacho quedó impresionado con la princesa, supo al instante que se había enamorado de la joven del caballo. La princesa se acercó al joven y le preguntó que por qué estaba tan feliz, el muchacho casi sin poder articular palabra, pues aún no había logrado salir del embrujo de sus ojos, la contestó: usted mi señora, usted es la que me hace feliz, ha sido verla y saber lo que es la felicidad plena. La princesa, se quedó un poco confusa, sin saber muy bien qué decir, ella se bajó del caballo y se acercó al muchacho, y mirándole a los ojos le preguntó que cuál era su nombre. El muchacho, avergonzado por no haberse presentado antes, hizo una reverencia y la dijo que se llamaba Javi y que era un campesino que trabajaba cultivando el campo. Los dos jóvenes estuvieron toda la tarde paseando y conversando, él la hacía reír y ella le hacía sonrojar cada vez que sus ojos se juntaban. Cuando calló la noche
  • 2.
    ella tuvo queirse, pues sus padres la esperaban en el palacio para darle una noticia muy importante. Cuando llegó al palacio, encontró que sus padres estaban reunidos en el salón principal esperándola, con un muchacho muy guapo. Ella se acercó y preguntó que cuál era esa noticia que tenían que darle. Sus padres la dijeron que desde el momento que supieron que ella iba a venir al mundo, estaba comprometida con el príncipe Andrés de Jaén, que era el muchacho guapo que estaba a su lado. Ella y el príncipe se fueron al patio para poder conocerse, al instante la princesa se dio cuenta de que el príncipe era un presumido y un arrogante, y ella no quería casarse con él por nada del mundo. Durante el siguiente año, mientras todos preparaban la boda de los príncipes, la princesa Ana seguía yendo al bosque para poder conversar con su amigo Javi el campesino. Ella le contaba que no quería casarse con el príncipe Andrés, porque era un chico muy presumido y no podría amarle nunca. El día de la boda, la princesa se despertó muy triste, pues sabía que ya no podría hacer nada y que hoy sería la princesa Ana de Jaén, estaba muy triste. Sus amas de llave la ayudaron a vestirse con el vestido que la había comprado para la boda, y ellas también estaban tristes, pues sabían que la princesa no amaba al príncipe. En el momento de la boda, mientras el cura los estaba casando, apareció por la puerta un joven campesino gritando que detuvieran la boda, diciendo que no podían casarse porque él amaba a la princesa y aunque no sabía si ella le correspondía sabía que ella no amaba nunca. El día de la boda, la princesa se despertó muy triste, pues sabía que ya no podría hacer nada y que hoy sería la princesa Ana de Jaén, estaba muy triste. Sus amas de llave la ayudaron a vestirse con el vestido que la había comprado para la boda, y ellas también estaban tristes, pues sabían que la princesa no amaba al príncipe. En el momento de la boda, mientras el cura los estaba casando, apareció por la puerta un joven campesino gritando que detuvieran la boda, diciendo que no podían casarse porque él amaba a la princesa y aunque no sabía si ella le correspondía sabía que ella no amaba al príncipe y él quería que ella fuera feliz y se casara con el hombre que ella quería. La madre del príncipe, que en realidad era una malvada hechicera, al ver que los padres de ella no estaban dispuestos a obligar a su hija a casarse con alguien que no amara, se convirtió en dragón y fue directa hacia el campesino para matarlo por su traición. El príncipe, con mucho valor enfrentó a la malvada hechicera, cabalgando en su caballo fue hacia ella envainando su espada. Fue una labor difícil, pues la malvada hechicera se valía de cualquier conjuro para echar fuego por la boca, e incluso volar con sus pequeñas alas de dragón. Pero el valiente campesino, con una fuerza mayor a la magia, el el amor que sentía por la princesa, hizo que tuviera la suficiente fuerza para derrotar a la malvada hechicera. Al final, la princesa y el campesino se casaron, y todos los días se iban a cabalgar al bosque, a ir a beber chocolate de los ríos, pues el chocolate de los ríos de
  • 3.
    aquella zona eranlos más dulces de todo el país. Y los dos jóvenes, con un precioso beso final, vivieron felices y comieron perdices. FIN